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Opinión

Eddy Reyes Torres

(Este artículo está dedicado a nuestra recordada amiga Rayna Petkoff, QEPD)

En julio de 2010 salió a la calle un nuevo libro de Teodoro Petkoff: El chavismo como problema. En ese trabajo, el célebre líder político y escritor hizo un apasionado análisis del régimen de Hugo Chávez Frías, en todos sus órdenes, y también una crítica demoledora a la actuación de la oposición en el lapso que va desde la relegitimación de todos los poderes (en el año 2000) hasta el momento en que ella decide no participar en las elecciones a la Asamblea Nacional (2005).

En resumen apretado, Teodoro nos recuerda que al aprobarse la Constitución, en diciembre de 1999, fueron “relegitimados” todos los poderes en 2000. La correlación de las fuerzas electorales le fue enteramente favorable al régimen; fue elegido un nuevo Parlamento (Asamblea Nacional), con mayoría chavista, pero con importante presencia opositora; además, la oposición ganó 8 de las 23 gobernaciones, incluida varias de las más importantes del país, así como apreciable número de alcaldías. De modo que los opositores –resalta Petkoff– siguieron contando con fuertes puntos de apoyo institucional que habrían de ser despilfarrados en los años siguientes por el golpismo y el abstencionismo. En fin, las condiciones estaban dadas para el pulseo entre un gobierno con vocación autoritaria y autocrática y una oposición que contaba con importante andamiaje institucional para la batalla democrática; pero la fuerza opositora estaba dirigida por poderes fácticos, no por los partidos políticos, y aquellos poderes impusieron una estrategia, cuya premisa principal era que se trataba de un gobierno “totalitario”, frente al cual no quedaba otro camino que el de su derrocamiento. Esa estrategia se tradujo al final en tres tentativas golpistas: la de abril de 2002, la de octubre de ese mismo año, que culminó patéticamente en el escenario de la plaza Altamira –dándole a Chávez un certificado internacional de demócrata–, y en el golpe nonato, asociado al paro petrolero de 2002-2003. La estrategia, profundamente equivocada, desprestigió mucho a la oposición en el campo popular nacional y en el escenario internacional..

Pero los errores no se quedaron ahí. Teodoro también nos rememora que, a raíz de la denuncia de fraude que hizo la Coordinadora Democrática, después del referéndum revocatorio de agosto de 2004, ganado por Chávez, el universo opositor había sido presa de una “abstencionitis” aguda, que lo llevó a no votar en las inmediatamente subsiguientes elecciones, de tal modo que Chávez pudo conquistar, sin ningún esfuerzo electoral particular, hacia finales de 2004, 21 de 23 gobernaciones del país, así como la Alcaldía Metropolitana de Caracas, prácticamente todas las legislaturas regionales, casi 300 de las 335 alcaldías y todos los concejos municipales. La guinda de la torta se puso en 2005, como consecuencia de la decisión de los partidos de abstenerse en las elecciones parlamentarias de diciembre de aquel año, entregándolo prácticamente de gratis, y con aquél, todos los poderes derivados: Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo y Consejo Nacional Electoral.

Lo anterior es importante tenerlo en mente con ocasión de los comicios de gobernadores que se llevarán a efecto mañana 15 de octubre.

En tal sentido, es alentador haber leído recientemente los artículos de opinión de varias figuras emblemáticas de la oposición (Oswaldo Álvarez Paz, Manuel Malaver y Gustavo Tarre Briceño), en los que reconsideran sus puntos de vista iniciales en contra de ir a votar y ahora hacen un llamado a favor del ejercicio de ese derecho. Otros, no obstante, a estas alturas todavía mantienen alta la tensión.

Con todo y eso último es harto probable que en esta ocasión conquistemos más gobernaciones que el PSUV. Pero también es posible que perdamos algunas de ellas, incluso por un margen pequeño, como consecuencia de la menor afluencia de votantes opositores molestos con la MUD. Eso, sin duda, será un duro golpe para los demócratas de esos estados que hayan apoyado a los candidatos de la Unidad, los cuales no contarán a futuro con el respectivo respaldo institucional de dichos centros de poder. En pequeño se estaría repitiendo la acción antipolítica a la que alude Petkoff en el libro arriba mencionado y, más terrible todavía, se estaría también reconociendo que al enemigo lo tenemos a nuestro lado y no frente a nosotros, lo que no es un simple matiz.

A los opositores todavía renuentes les decimos que hay que apartar, de una vez por todas, la extrema molestia que los embarga y darle entrada en el ánimo perturbado por la desesperación a lo que tiene más preminencia: la lucha que debe centrarse en la dictadura roja que está enfrente. Hay que concienciar que la oposición es multicolor, con posiciones políticas variopintas, pero unida por el ideal democrático de respeto a la mayoría, lo que es contrario a las unanimidades absolutas que son consustanciales a las dictaduras y las autocracias.

Con Gustavo Adolfo Bécquer en nuestros recuerdos, no permitamos entonces que vuelvan las oscuras golondrinas en nuestro balcón sus nidos a colgar.

@EddyReyesT

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/evocando-pasado-del-vete_...

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Juan Fernando Marrero C.

Entre las actividades esenciales para la sociedad está la agricultura. También es de las actividades más complejas. Su misión principal es producir alimentos y materias primas agrícolas para el procesamiento agroindustrial que serán a su vez convertidas en bienes para consumo humano o animal. La agricultura es, sin embargo, multifuncional, cuya finalidad va más allá de la fundamental producción de alimentos.

La agricultura tiene importantes funciones ambientales, económicas y sociales: regula la ocupación territorial, provee insumos para otros sectores de la economía como el industrial, refleja y conserva los valores culturales que identifican a una nación en particular, entre otros. La actividad agrícola es, ciertamente, más que un negocio, pero necesita ser rentable para que sustente la producción de alimentos y las demás funciones que le son inherentes.

El desarrollo rural integral pasa por procurar una agricultura próspera y esta se alcanza con un marco legal e institucional racional, coherente, predecible y estable. Es por ello que los países que han logrado el desarrollo eficiente de su sector primario, dictan leyes y gestionan un marco institucional favorable a la adopción de tecnologías, al crédito, a las inversiones agrícolas, a la rentabilidad del negocio agrícola, compensando las adversidades que le son propias a la naturaleza de la actividad, como son la dependencia de factores aleatorios como el clima, los ciclos biológicos de los agentes involucrados, la desigual distribución de beneficios tanto a nivel nacional como internacional, la demanda inelástica de los productos básicos, la oferta inelástica una vez iniciado el ciclo productivo, entre otros factoreEs cierto que la regulación de la agricultura tiene un precio que eventualmente pagan los consumidores, pero también es cierto que los países con un alto desarrollo agrícola protegen su agricultura y lo que hacen en el plano internacional es negociar el grado de protección, porque la regulación racional de la actividad agrícola rinde sus frutos, sea con una oferta estable y permanente de alimentos, inclusive excedentaria y por tanto exportable, sea a través de una oferta diversa en calidad, sea a través de mercados abundantes y competitivos, que permiten al consumidor tener acceso a precios económicos de los bienes básicos de la canasta alimentaria. Todo esto se logra con políticas públicas ampliamente debatidas en parlamentos democráticos y generalmente concertadas entre el gobierno, el sector productivo y el sector encargado de la ciencia y tecnología agrícola como son las universidades y centros de investigación agrícola.

Los países de la Unión Europea, los Estados Unidos de América, Canadá, Brasil, México, Australia, Nueva Zelanda o países más pequeños en tamaño y desarrollo como Uruguay, Paraguay, Chile, Colombia, Perú o Costa Rica, son ejemplos de naciones que han logrado un ambiente institucional estable y eficiente que les ha permitido desarrollar un sector agroalimentario altamente productivo y competitivo, mediante la aplicación de fórmulas negociadas entre el gobierno, los productores y los sectores tecnológicos de la ciencia.

Nuestro país, Venezuela, por el contrario, ha optado en los últimos tres lustros por la opción unilateral, impositiva, de regulaciones inconsultas y de leyes que se aplican con criterio sancionador, vengador, sin sentido real de justicia, lo cual ha traído graves consecuencias sobre el sector productivo, reforzando la condición de país altamente dependiente de las importaciones de alimentos, un medio rural decaído, con problemas de escasez y desabastecimiento, la inflación alimentaria más elevada del mundo y niveles peligrosos de desnutrición, que se registran en el más reciente estudio de la FAO de 2016 sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en el Mundo.

La regulación por decreto del Ejecutivo Nacional, del precio de venta de más de veinte productos alimenticios, es una muestra de parte del problema alimentario en el país, que no ha resuelto el elevado precio de los alimentos y ha empeorado su abastecimiento, al reducir el margen de utilidad, al punto de estar en ocasiones por debajo de los costos de producción. Como demostración de este desalentador resultado el Banco Central de Venezuela, registró para 2016, un índice de escasez de productos y al que eufemísticamente el ente financiero llama Índice de percepción de acaparamiento, que llegó a promediar 87 %.

Desafortunadamente, el control de precios y luego de casi una década de comenzar a ser implantado, parece convertirse en una política estructural, luego que el gobierno recién anunciara aumentar a cincuenta la lista de productos cuyos precios serán controlados.

Otra muestra de una política adversa al desarrollo del sector agroalimentario y contraria igualmente al principio constitucional de la seguridad alimentaria propuesta mediante el desarrollo de la producción agropecuaria interna con el objetivo de lograr niveles estratégicos de autoabastecimiento, es el control de cambios.

La tasa preferencial oficial de 10 Bs/$ para importar alimentos, representa un absoluto desestimulo a la producción nacional, ya que esta depende para establecer su estructura de costos de un referencial cambiario que puede estar alrededor de 6000 Bs/$ (Tasa Oficial Dicom para divisas de acceso restringido a sectores económicos que no siempre o nunca es el agrícola) o peor aún, a una tasa de cambio libre, no oficial y que resulta el referencial efectivo dada las restricciones para adquirir divisas al cambio oficial.

No resulta difícil comprender qué efecto puede tener sobre la economía productiva agrícola doméstica, importar alimentos a 10 Bolívares por dólar versus producirlos calculando costos a 6000 Bs/$ o la mayor parte de las veces a 20.000 Bs/$.

Un tercer ejemplo, que muestra como en la República Bolivariana de Venezuela el ambiente institucional de políticas públicas y normas es absolutamente adverso a la producción interna, es la Ley de Seguridad y Soberanía Alimentaria, promulgada en 2008. Este instrumento normativo contradice a la propia Constitución de la República cuando desde su exposición de motivos se sataniza al libre mercado, pretendiendo expresamente su supresión por considerarse un menoscabo al derecho a la alimentación. Con una concepción semejante de la economía agrícola, no podía tardar lo que a la fecha ha sucedido con el sector agroalimentario del país. Hoy en día Venezuela es más insegura y menos soberana desde el punto de vista agroalimentario, vale decir, todo lo contrario a lo buscado por la ley y por la carta magna.

Los venezolanos hacen cola por comida, pagan muy caro con escasez, contrabando y mercado negro de alimentos, llamado “bachaqueo”, el precio de la improvisación en el diseño de políticas públicas y sobre todo la ideologización de las concepciones económicas modernas. Los sectores más vulnerables como los infantes reflejan índices de desnutrición severa y los indigentes hurgan en la basura en busca de alimentos para cubrir sus necesidades alimentarias.

El país bajo la llamada “revolución bolivariana” o “socialismo del siglo XXI”, instaurado en 1999, no ha diversificado su economía sino que depende como nunca para importar, de las divisas que genera la estatal petrolera Pdvsa.

Por tanto, el rentismo del país se ha exacerbado y al caer los precios del petróleo de 100 $/ barril a 40 $/barril en la actualidad, con un alto nivel de endeudamiento, y con reservas internacionales en un riesgoso nivel aproximado de unos 10 MM de $, la disponibilidad en moneda extranjera para importar se ha visto reducida a una mínima cantidad que hace del país ser el centro del debate internacional de cómo Venezuela, con todo el potencial para ser una nación floreciente, próspera y emergente como llegó a serlo antes de 1999, se ha derrumbado a niveles de tener que implorar ayuda humanitaria si quisiera levantar de forma urgente, los niveles de abastecimiento y disponibilidad de alimentos mínimos requeridos por la población.

La inestabilidad política sufrida a lo largo del año 2017, particularmente durante los meses de abril y julio, en los que parte importante de las protestas refieren que la escasez de alimentos y también de medicinas, son fuente primordial de las manifestaciones, muestra cómo la cuestión alimentaria de un país puede dar al traste con la estabilidad de un gobierno y con su aceptación por parte de la población. El fondo del problema radica en la falta de una institucionalidad adecuada para producir alimentos y comercializarlos adecuadamente. Hay que abrir un debate sincero sobre el estado de la cuestión agroalimentaria en Venezuela.

Profesor Facultad de Agronomía

Universidad Central de Venezuela

Campus Maracay

27 septiembre, 2017

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Con voz propia

No insinuamos alusión con la sumisa jerarquía del subordinado Consejo Electoral (CNE), al mencionar el término «Luciérnaga», porque es considerado el insecto más bello del mundo. Más apropiado es referirnos a la frase luciérnaga contra el oscurantismo que caracteriza a este narco régimen y se evidencia a en las aciagas expresiones de la Lucena, su presidenta. Para desparpajo –no confundir con escarabajo- justifica la sucia trampa montada con la no sustitución de candidatos que renunciaron a postulaciones.

Colmo de inmundicia reubicar a última hora 200 centros de votación, cambio que afectaría a 312 mil ciudadanos. Análisis del periodista especializado en la fuente electoral, Eugenio Martínez, señala como estados afectados a Aragua, con reubicación de 36 centros y 42.000 electores; Táchira, con 39 y 31.000 votantes; Lara, con 28 y 53.000 electores; Zulia, con 12 centros y 24.000 personas; y Miranda, con 30 centros. En 2015 en esos centros 80% de votos fueron para oposición.

Más que bicho de luz son apreciadas poéticas las luciérnagas, tenidas de encantadoras; inolvidables al recuerdo de insectos luminiscentes. “Un mundo sin luciérnagas sería un mundo más triste”.

Según uno de tantos cuentos, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga que huía, con miedo de la feroz predadora y al tercer día ya sin fuerzas le preguntó por qué, si no la iba devorar, menos a comer, y si no hizo algún mal “Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?”.

Y la serpiente le contestó:

-¡Porque no soporto verte brillar!

“Lamentablemente –dice el aludido cuento- en el mundo hay gente con maldad, personas que no aprendieron a controlar sus instintos negativos, que detestan ver felices a las personas y a veces nos convierten en blanco de sus agravios.

Parece ser la actitud de la Lucena presidenta del CNE, como lo evidencia en esta su afirmación: “no hay muertes en Venezuela. ¡Que no quede impune!”

Ante semejantes expresiones no queda más que recurrir a la frase de luciérnaga contra el oscurantismo, de la cual hizo bandera, Fabio Castillo Figueroa, recientemente fallecido, uno de los fundadores del FMLN de El Salvador. Asumió con actitud valiente al oscurantismo del régimen oligárquico-militar y opresor.

El CNE uno de los 5 poderes de la República de Venezuela, es garante de la transparencia de los procesos electorales y refrendarios. Pero abiertamente viola los principios constitucionales atribuidos.

Subordinado al régimen propicia el voto nulo y la abstención que gracias a los llamados de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), al decir de las encuestas más de 65% del electorado participará en el proceso de elecciones regionales.

De acuerdo a editorial del decano diario El Impulso dejar de votar equivale en definitiva, el peor de los castigos se lo habríamos infligido a la democracia, que se construye con debate, con disensos, aprobaciones y rebeldías, pero jamás con el silencio. Jamás con displicencia.

“El 15 de octubre no hay sino una opción: votar. Votar por el cambio, la democracia y la esperanza” editorializa El Nacional.

La constitucional fiscal general Luisa Ortega Díaz invitó desde Bogotá, a ejercer el derecho al sufragio. “Pido que venzan el miedo de quienes han querido someternos a través del hambre, la miseria y la enfermedad”

El coordinador del comando de campaña de la MUD, Gerardo Blyde, declaró que: “Siendo minoría, el gobierno pretende ganar tratando de confundir a los electores para que voten nulo”.

Un estudio de Venebarómetro valora destaca que un 90,2 % valoran la situación actual del país como negativa.

La consigna, sin alterar la prohibición de propaganda electoral, llama a todo el mundo a votar el domingo, confiados en que todos saben cómo hacerlo.

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Escribo antes de las elecciones del 15-O, en Venezuela. No serán cualquier cosa. Aunque, la verdad sea dicha, desde que hay chavismo, nunca las elecciones han sido cualquier cosa. Todas han tenido un carácter plebiscitario. Así se vota en dictadura.

Uno de los principales dilemas es si la dictadura será legitimada el 15-O. Para lograrlo, requiere ganar por lo menos la mitad de los gobernaciones. Empresa imposible, dice la demoscopía. La misma dictadura, advirtiendo lo que le espera, ha optado por deslegitimar a las elecciones. Así ha inventado que las elecciones, pautadas en la Constitución, son un obsequio de la constituyente. La trampa, hasta el más lento la entiende.

Las elecciones son constitucionales, no constituyentistas. La mayoría de la oposición ha captado que no votar es reconocer a la constituyente. Más aún –y en eso no ha sido suficientemente enfática la oposición- lo que está en juego el 15-O es la vigencia de la Constitución. Constitución o constituyente, ese es el gran dilema. Si la dictadura -por medio de algún milagro o de un horroroso fraude- obtiene una aceptable votación, logrará imponer su constituyente. Ahí no hay como perderse.

Votar en contra de los candidatos de Maduro es defender a la Constitución. En ese sentido la oposición continúa la ruta trazada desde hace años: democrática, pacífica, constitucional y electoral.

Las elecciones, en consecuencia, no son un tablero más en una lucha con muchos tableros, como han dicho algunos dirigentes de la MUD. Las elecciones son el único tablero en donde puede jugar la oposición. En ese único tablero ha logrado propinar fuertes derrotas a la dictadura.

La MUD nació como un amplio frente democrático electoral constituido por los principales partidos democráticos de la nación. Las elecciones –y ese debe ser su orgullo –han sido sus caminos. Más aún, no debe – so pena de dejar caer el hilo constitucional que la sostiene- transitar por ningún otro. Incluso: no puede. O dicho aún más claro: no sabe.

La oposición solo puede ser electoral o no ser. Sin elecciones no hay oposición; sin oposición no hay elecciones.

Desde las jornadas a favor de las elecciones (sí, elecciones) por el revocatorio, la dictadura decidió transitar por la vía anti-electoral. Por eso procedió a destruir la representación electoral del pueblo: la AN. Precisamente, en defensa de las agresiones a su AN (y por ende, en defensa de la vía electoral) salió la gente a las calles en abril de 2017.

Cuando la dictadura intentó imponer la constituyente con el propósito de evadir las elecciones en nombre de un estado comunal a la cubana, las manifestaciones cobraron nueva intensidad. A esas luchas fue sumándose la oposición internacional. Por esas y no por otras razones, la dictadura hubo de ceder y reabrir, en contra de sus opciones, la ruta electoral. Las elecciones –entiéndase de una vez- son una conquista de la oposición y no una dádiva de la dictadura.

También hay que decirlo: en el transcurso de las grandes marchas, entre las balas y la muerte, hubo quienes creyeron que en Venezuela podía aparecer una salida ucraniana o egipcia, es decir, que el ejército se partiría en dos. Eso no ocurrió. Poco a poco quedó en evidencia que las FAN no son solo un instrumento de la dictadura. Son la dictadura. Y sin embargo, aún así, la brecha electoral ya ha sido abierta.

El tablero electoral, que es el de la democracia y el de la Constitución, es también el de la oposición. Si las fuerzas malignas del abstencionismo no logran imponerse, el 16-O la dictadura amanecerá con menos poder que el 14-O. Y el 15-O será recordado como una batalla decisiva en el marco de una larga guerra política cuya meta es la conquista de la democracia.

Hay además, en el 15-O, otro hecho imposible de pasar por alto. Por primera vez en su historia la oposición se encuentra cercada por dos enemigos. O entre dos fuegos. Por un lado, el régimen llamando a la abstención. Por otro, los abstencionistas, haciendo lo mismo. La verdad, siempre ha sido así, pero la intensidad, la militancia y, sobre todo la virulencia que ha tomado el abstencionismo en los días previos al 15-O, es un fenómeno inédito. Derrotar a ambos enemigos, al régimen y al abstencionismo político, esa será la tarea crucial del 15-O.

¿Enemigos quienes no votan? De ninguna manera. Cada ciudadano es dueño de votar o no votar. Es su derecho inalienable y ese tema no está puesto bajo ninguna discusión. En todas las elecciones, sobre todo cuando no son presidenciales, hay un alto grado de abstención. Los motivos por las cuales uno decide votar o no votar pueden ser muchos. Pero ahí cabe sí, anotar una diferencia. Es la que se da entre los ciudadanos que por decisión individual, cualquiera que sea, no votan, y el abstencionismo militante, vale decir, esa tendencia dotada de organizaciones, partidos y medios que ha hecho de la abstención una doctrina cuyo objetivo confeso es destruir a la MUD para sustituirla por un organismo insurreccional que solo existe en las fantasías. En ese contexto, esos abstencionistas son tan enemigos de la MUD como lo es el propio régimen. Afirmación que para muchos puede parecer desproporcionada. Pero, en el sentido estrictamente político del término, no lo es.

El enemigo en política no es el que te adversa, ni siquiera es el que te contradice y en ningún caso es quien piensa diferente. El enemigo político es quien desea tu muerte política. El enemigo político es, por lo mismo, tu enemigo existencial. No quiere competir, simplemente quiere que tú no existas (políticamente, por supuesto) y para eso hará todo lo posible, incluso concordar con otros enemigos, a fin de destruir tu existencia. Ese es el caso del “partido abstencionista”. Sus portavoces han declarado a través de las redes y otros medios, que la abstención políticamente organizada no persigue otro objetivo que no sea liquidar a la MUD. Ni más ni menos.

Entre la oposición democrática y el abstencionismo militante no solo hay entonces una diferencia en los medios a emplear frente a un enemigo común, sino también en los fines. Ha sido por lo demás la historia de las luchas democráticas en otros países la que ha demostrado hasta el cansancio que en política las diferencias entre medios y fines no existe. Eso quiere decir, quienes rechazan los medios democráticos de lucha persiguen a la vez objetivos anti-democráticos. O lo que es lo mismo: cada vez que se han impuesto los extremistas en las luchas en contra de regímenes antidemocráticos, han surgido nuevos regímenes antidemocráticos.

El 15-O será para toda la oposición un día en el cual tendrá lugar un doble enfrentamiento. Si la oposición democrática logra derrotar a sus dos enemigos, el partido de la dictadura y “el partido de los abstencionistas”, la MUD estará más fortalecida que nunca. Ese día será, además, decisivo para la continuidad política de la lucha anti-dictatorial, para la formación de poderes territoriales, y para la emergencia y legitimidad de nuevos líderes populares. Es mucho lo que está en juego. El 15-O es un día clave.

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Sam Courtney-Guy para The World Weekly / La Patilla.com

Venezuela está en remate. El gobierno del presidente Nicolás Maduro se aferra al poder a través del colapso económico a cámara lenta del país, pero se cierne sobre sus tácticas de supervivencia diaria de brutal represión y encarcelamiento político, una creciente montaña de deudas.

Los intentos del feroz presidente por evitar el incumplimiento han funcionado hasta ahora, pero a costa de la independencia financiera del país, cuya magnitud está en espiral más allá de la imaginación.

Incluso si se las arreglara para hallar una solución, es probable que sea temporal, en el mejor de los casos. Caracas y PDVSA deben devolver alrededor de $ 13 mil millones para fines del próximo año, sin embargo, sus reservas internacionales de divisas se han hundido a menos de $ 10 mil millones. No es de extrañarse que los mercados financieros pongan el riesgo de incumplimiento de Venezuela en los próximos cinco años al 98%, según Bloomberg.

Un incumplimiento no necesariamente desalojará al Sr. Maduro del poder. La historia, al menos, puede ofrecerle consuelo en ese frente. Venezuela ha incumplido diez veces desde comienzos del siglo XIX, un récord que solo iguala Ecuador, pero sólo una vez condujo a la caída del gobierno de turno.

Dato | La tasa de inflación de Venezuela sobrepasará el 2.300% el año próximo, según estimaciones del FMI

Sin embargo, la creciente desesperación del Sr. Maduro para evitar el incumplimiento sugiere que no quiere arriesgarse.

En los últimos años, ha logrado mantenerse apenas justo por delante de sus obligaciones de deuda al restringir las importaciones de bienes esenciales como alimentos y medicinas para preservar las divisas extranjeras necesarias para pagar a sus acreedores, principalmente en los Estados Unidos, Rusia y China.

Este verano, el gobierno vendió $ 2,8 mil millones en bonos de PDVSA, en un acuerdo en el que sólo recaudó $ 865 millones en efectivo, pero que lo comprometió a pagar $ 3,65 mil millones en el año 2022. El blog venezolano Caracas Chronicles lo comparó con “vender el cableado eléctrico de su propia casa convirtiéndola en chatarra para meterse metanfetamina”.

Apenas una semana más tarde, según informes, la primera emisión de bonos del gobierno de Venezuela desde 2011, valorada en 5.000 millones de dólares, terminó siendo ofrecida a 20 centavos por dólar en una bolsa china. Se cree que la venta, en un oscuro acuerdo fuera del mercado, dejará a Venezuela enganchada por $ 11 mil millones para 2036 a cambio de mil millones de dólares en efectivo ahora.

En última instancia, un incumplimiento podría llevar a los acreedores a apoderarse del dinero de PDVSA a través de los tribunales. Si eso sucediera, Venezuela perdería su único sustento económico. ¿Cómo verían los soldados a su gobierno si ya no puede pagarlos?

Sin holgura

El Sr. Maduro se encuentra entre una roca y un lugar difícil, y rápidamente se está quedando sin espacio.

No está claro cuánto más espacio tiene el gobierno para reducir las importaciones. La escasez de alimentos está en el centro de un empeoramiento de la crisis humanitaria en Venezuela, y una población hambrienta solo puede alimentar la crisis política del país.

Al final del verano, el gobierno de Trump prohibió en todo Estados Unidos la compra-venta cualquier nuevo bono emitido por el gobierno de Venezuela y PDVSA. El gobierno de Maduro previamente había negociado préstamos por su petróleo con Rusia y China, lo que podría intentar hacer de nuevo. Sin embargo, siendo una inversión cada vez más riesgosa, ¿puede contar Venezuela con más generosidad?

En su visita a Moscú la semana pasada, el Sr. Maduro agradeció al presidente ruso, Vladimir Putin, por su apoyo en “tiempos difíciles”. Rusia ha prestado a Venezuela millones de dólares en los últimos dos años.

Sin embargo, Moscú tiene muchos problemas económicos propios y tendrá cuidado de exponerse a sí mismo. Cuando Caracas incumplió un pago a Moscú a principios de este año, el Kremlin se vio obligado a recortar sus proyecciones del presupuesto estatal en mil millones de dólares.

Maduro insiste en que Venezuela ha estado pagando sus cuotas, pero insinuó fervorosamente su deseo de discutir la reestructuración de su deuda de mil millones de dólares con Rusia. Sin embargo, eso le dejaría muy lejos de los $ 3,5 mil millones que necesita encontrar en las próximas semanas. Altos funcionarios de la administración Trump han sugerido que Rusia podría estar elaborando otro plan de rescate.

“Rusia no puede retroceder. Ya está hasta la cintura “, dice David Smilde, miembro senior del Washington Office on Latin America (WOLA). Un Chavista venezolano ofrece mucho más que solo dinero al Sr. Putin, argumenta: tener una “cabeza de playa” autoritaria anti-estadounidense en el hemisferio occidental es enormemente atractiva para Moscú.

“Rusia no tiene mucho más que poner en Venezuela, pero hará lo que pueda”, dijo el Sr. Smilde a The World Weekly.

Quemando miles de millones

Ya que esto no es suficiente, Venezuela tendrá que buscar a su mayor acreedor: China. Sin embargo, sus intereses geopolíticos no son exactamente los mismos que los de Rusia. El principal objetivo de China será proteger los importantes intereses que ha acumulado, incluyendo $ 60 mil millones en préstamos. China puede optar por observar la crisis y dejar que el señor Maduro se defienda por sí mismo.

Huo Jianguo, vicepresidente de un think tank afiliado al Ministerio de Comercio de China, dijo al South China Morning Post que la mayoría de los inversionistas y trabajadores chinos en Venezuela habían abandonado el país. Sugirió que Venezuela podría ser visto como una lección que se debe aprender para la inversión extranjera en China, en lugar de ser un activo que se debe recuperar.

Sin embargo, sin importar de donde vengan, cada nuevo plan de rescate de última hora tiene un costo mayor que el anterior. El Sr. Maduro ya ha empeñado las franjas del futuro de Venezuela a través del remate de sus bonos, quedándole solo la riqueza petrolera para negociar.

Un préstamo de 1.500 millones de dólares del gigante petrolero estatal de Rusia, Rosneft, a fines del año pasado, obligó que Venezuela les cediera el 49.9% de Citgo, una empresa refinadora de Pdvsa con sede en los Estados Unidos, como garantía. Rusia parece estar haciendo que Venezuela pague sus cuotas enviando petróleo a la India, donde Rosneft recientemente compró una refinería.

Ellos ascendieron a 172,000 barriles por día en agosto, tres veces mayor que los envíos de julio.

Algunas personas de la industria creen que esto pone a Venezuela en camino de pagar a Rusia alrededor de $ 250 millones por mes, lo suficiente como para mantener al Kremlin de su lado.

Sin embargo, eso todavía deja a los miles de millones más que vencerán el próximo año.

El Sr. Maduro y su gobierno argumentan que son víctimas de una conspiración occidental para socavar su proyecto chavista. “El pueblo de Venezuela responderá con dignidad y firmeza a los ataques imperialistas, para garantizar la soberanía económica del país”, escribió el Sr. Maduro en Twitter en respuesta a la última ronda de sanciones de Estados Unidos.

Pero comprometiendo gran parte de los principales ingresos de exportación de Venezuela al pago de la deuda del gobierno en lugar de atender a su gente, es difícil entender a qué soberanía se podría haber estado refiriendo.

Lo que fue una nación orgullosa ahora está en servidumbre. Decenas de miles de venezolanos han huido a los países vecinos por desesperación, y se espera que muchos más los sigan.

Tal vez Venezuela ya se ha vendido, y al peor postor.

https://www.lapatilla.com/site/2017/10/13/the-world-weekly-de-como-nicol...

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No la tenemos fácil los venezolanos. Con instituciones secuestradas, sin democracia, sin sistema electoral confiable, llamar a votar parece un acto de insensatez, de difícil argumentación a su favor. El gobierno venezolano tiene nula capacidad para la administración del país y para el respeto de las instituciones democráticas, pero lo que le falta en estos terrenos, le sobra en habilidad para urdir componendas, para la manipulación, el engaño y especialmente para el ejercicio del cinismo como forma política.

Luego de la fraudulenta elección de la Asamblea Constituyente y de la denuncia de fraude por parte de la empresa que manejaba los procesos informáticos del CNE, el régimen se apura a convocar, con una celeridad asombrosa e inusual, en tiempo récord, unas elecciones regionales arbitrariamente e ilegalmente pospuestas. Estamos hablando del mismo organismo electoral que nos dijo el año pasado que era imposible por razones de tiempo realizar el referéndum revocatorio que la Constitución contempla y para el cual los ciudadanos recogimos debidamente las firmas necesarias. ¿Qué lectura debe darse a esto? Sin duda la que dan las salas situacionales que inspiran la política oficial y organizan todas estas componendas: después de este denunciado fraude, confirmado nada menos que por Smartmatic, a ningún partido opositor se le ocurrirá la peregrina idea de acudir a las elecciones regionales y si lo hacen, todos sus copartidarios se le vendrán encima. Ante este riesgo decidirán no acudir y sucederá lo mismo que en aquellas elecciones parlamentarias en las que la oposición no concurrió: ganar la totalidad de los cargos a elegir, que es el propósito explícito del régimen.

La pelota se ubica entonces en el terreno opositor, que también se enfrenta a un gran dilema: ¿cómo concurrir a unas elecciones convocadas por un régimen dictatorial, que controla todas las instituciones, incluida la electoral, descaradamente paralizada, sin que esto sea una contradicción con las propias denuncias realizadas y con tantos meses de lucha, con tanta represión mortal recibida? El pueblo opositor no podrá comprender una participación en estos términos, lo considerarán una concesión al gobierno, es decir, una traición. Sin embargo, decide concurrir por una razón fundamental: cuenta con los votos para ganar. Pero ¿cuenta con ellos en verdad? Otro dilema: si la oposición legítimamente indignada se abstiene, será un fracaso estrepitoso, pues los que afirman ser la mayoría del país terminaran siendo una patética minoría. Esto reforzará el discurso oficial de que la oposición está conformada por una escuálida facción.

Por otra parte, ¿concurrir garantiza la victoria? Pues depende de muchos factores: de la posibilidad de frenar la trampa oficial, de controlar con testigos el proceso, de tener observadores que impidan fraude y naturalmente de que sus electores concurran. Pero más allá de esto, el obtener gobernaciones garantiza parcelas de gobierno para la oposición: tampoco necesariamente. El régimen tiene la sartén agarrada por el mango. Puede negarles presupuesto a los gobernadores de oposición, puede inhabilitarlos, puede encarcelarlos, puede crear –como ya ha hecho– gobiernos paralelos designados a dedo que sustituyan al legítimamente electo, que quedará reducido a la figura del jarrón chino.

¿Cambiarían estas elecciones el régimen político venezolano, que es el propósito opositor? Tampoco, esto continuará después del 15 de octubre, ahora urdiendo estrategias nuevas para aniquilar el mayoritario sentimiento que le adversa y que ya se halla en estado de frustración por tanta lucha que no alcanza el objetivo planteado, que es, curiosamente, lograr una elecciones anticipadas que cambien el patético rumbo de nuestra nación ya en caída libre en el abismo de la ingobernabilidad.

Dicho lo anterior, hay razones para votar. Quien suscribe encuentra dos razones:

  1. Porque la única fuerza con la que cuenta la oposición es la de los votos. Es menester ejercerla y exhibirla, aunque solo sea para que el mundo confirme lo que ya conoce y el desacuerdo encuentre cauce.
  2. Porque cuando ante tanto despropósito, uno se pierde en este océano de cinismo en el que naufragamos, debemos preguntarnos: “¿qué es lo que el régimen quiere que hagamos?” y al encontrar la respuesta, hacer exactamente lo contrario.

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Editorial de El Nacional/ 11/10/17

Las campañas electorales son parcela abonada para las ofertas. Desde que se inventaron los procesos de selección de personas para el ejercicio de cargos públicos, los candidatos se dedican a conquistar electores para llegar a la meta que se propusieron. Que ahora, en plena pesca de sufragios para ganar las gobernaciones, los nominados se afanen en ofrecer y proponer es asunto corriente.

De eso se trata, precisamente, porque de lo contrario no tienen vida. Sin embargo, las propuestas, las flirteos y los coqueteos tienen un límite, que no se debe traspasar sin promover situaciones de escepticismo a través de las cuales se observa la degradación de las campañas electorales.

Es el caso de la conducta de los candidatos del oficialismo ante la empinada cuesta que deben superar para no ser borrados del mapa. Sacan del bolsillo cualquier tipo de anzuelos. Ofrecen el oro y el moro para no quedarse en la soledad, para no quedar mal parados en los escrutinios. Su chistera es generosa cuando descubre conejos y embelecos para conquistar unos votos cada vez más escurridizos. Construyen un paraíso de patrañas, que quieren transformar en fortaleza contra la realidad que los apabulla. La manipulación pudiera tener sentido si el entorno que visitan no los traicionara de manera inclemente.

La administración pública está quebrada, pero ellos aseguran que la botija está llena y que de su fondo saldrán los recursos para infraestructuras colosales. Cerca de los lugares en los cuales levantan sus tarimas se observan los restos de edificaciones sin terminar, los testimonios de una desidia que va a cumplir dos décadas, las evidencias del dolo debido al cual los paisajes circundantes se caracterizan por el abandono generalizado. Sin embargo, los heraldos rojos rojitos se niegan a ocultar la depredación que reina en el país y que es responsabilidad absoluta de sus compañeros de régimen y de ellos mismos.

Así la mentira se convierte en insulto. Así la oferta se vuelve timo gigantesco. Así la palabra pierde su valor del todo para convertirse en falsificación indiscutible. Así nos toman por incautos y por idiotas, no en balde piensan que bastan los patrañas y los gritos para que los electores se vuelvan ciegos y saquen de su ceguera las ganas de votar, para que ignoren la existencia del infierno y se animen a regocijarse en la ardiente paila que les queda más abajo y que será más benigna que las anteriores. Es una paila hermosa, en ella cabe más gente y los demonios serán hospitalarios, hasta puede tener aire acondicionado, sugieren las arengas de los candidatos gobierneros, esperando que se abarrote de incautos.

Por lo tanto, los candidatos oficialistas para las elecciones regionales están ante el desafío de ser descubiertos desde las primeras palabras de sus mítines como los mayores embaucadores de la historia nacional, como los embusteros por excelencia de las justas electorales que han sucedido desde el inicio de la república.

Todo lo que desembuchan es falso. La dictadura incompetente y depredadora que representan los condena a mentir de micrófono a micrófono, de auditorio a auditorio, y, seguramente, a quedarse con las ganas de controlar un mapa habitado por ciudadanos que no son cogidos a lazo.

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