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Opinión

La última barajita reposaba en los tribunales penales de cincos estados del país y fue dada a conocer a la opinión pública nacional por los respectivos gobernadores, todos militantes del PSUV. Sin que fuera su competencia, tales tribunales determinaron la ilegalidad del proceso de recolección de firmas, equivalente al 1% del padrón electoral, realizado hace varias semanas con el objetivo de a activar el referéndum revocatorio presidencial.

Digo la última barajita porque la solicitud de este derecho, que la Constitución establece en el ya ultra conocido artículo 72 que casi todos nos sabemos de memoria, ha tenido que transitar un camino empedrado por ingeniosos recursos jurídicos y administrativos, urdidos por el CNE y el TSJ y orientados a dilatar, dificultar o impedir que se cumpla con los requisitos pedidos en la ley, coincidiendo, así, con el propósito del Gobierno, evidenciado por el mismo Presidente Maduro, quien señaló, sin siquiera pestañear, que las elecciones regionales no son prioritarias y que, palabras más, palabras menos, el revocatorio no debía realizarse porque se corría el peligro de perderlo.

En fin, y para no hacer el cuento largo, luego del pronunciamiento salido de los cinco tribunales penales, el CNE comunicó en un gesto de inusual rapidez, que el referéndum revocatorio quedaba en veremos hasta nuevo aviso, a pesar de que anteriormente había validado más del doble de las firmas necesitadas para tuviera lugar.

II.

Hasta que se diga lo contrario, y salvo que comencemos a pensar al revés, la consulta a los ciudadanos, en cualquiera de sus formas y propósitos, es un elemento medular, aunque no el único, desde luego, del sistema democrático. Preguntarle a la gente a que candidato escoge para tal o cual cargo en la estructura del Estado, cuál es su parecer respecto a algún tema de interés colectivo o, por decir solo algo más, si quiere que cierto funcionario permanezca en el puesto para el que fue elegido por el voto popular, son algunos de los elementos que le dan su identidad. Pero, en estos tiempos venezolanos siempre hay lugar para las sorpresas y de repente uno se entera de que estos ingredientes pueden suspenderse sin mayores explicaciones, como, por ejemplo, postergar los comicios regionales para finales del primer semestre del próximo año y el referéndum revocatorio para quien sabe cuándo.

Dentro de la Constitución todo, fuera de ella nada ¿De verdad?

III.

La convivencia, da hasta pena tener que recordarlo, solo puede nacer del dialogo, no hay otro invento a la vista. En el sistema democrático éste es un medio para canalizar pacíficamente la pluralidad política y, a la vez, una forma de producir los necesarios consensos que abonen la convivencia social. El diálogo es la identificación de los límites del espacio común, el reconocimiento al otro y el respeto a las diferencias que se tienen con él. Es el antídoto contra la violencia en sus diversos formatos. Hay, pues, que recuperar la conversación política luego de no tenerla durante de tantos años. Regresar a ella para negociar y acordar en nombre del interés de todos. Así lo cree la mayoría de la gente, persuadida, como indican las encuestas, de que el país debe salir de sus problemas mediante la palabra. Es el diálogo, coño, diría Clinton si fuera venezolano.

Cuánto tiempo debe pasar y, sobre todo, que más debe pasar (ya uno de cada diez venezolanos explora en la basura para averiguar que puede comer) a fin de que se entienda que no hay otra vía que la de mirarse las caras y comenzar a hablar.

Con mucho ruido, en medio de dudas y desconfianzas, y en el marco de la crisis política creada por las decisiones del CNE, el próximo domingo tendrá lugar en Margarita una conversa entre la MUD y el Gobierno, con mediación principal de El Vaticano. Las condiciones para la plática no son las ideales, pero ¿en cual encuentro de este tipo lo son?.

En fin, habrá que cruzar los dedos, aunque suene a superstición.

HARINA DE OTRO COSTAL

El fútbol femenino venezolano vuelve a hacer de las suyas. La selección sub-17 finalizó cuarta en el Campeonato Mundial recientemente celebrado en Jordania, ratificando que es parte de la crema y nata del balompié internacional. En su currículum registra, que yo recuerde, cuatro clasificaciones al mundial, dos campeonatos de Conmebol, una medalla de plata en los Juegos Olímpicos Juveniles y una medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, siempre sorteando infinidad de estorbos colocados a lo largo de su ruta, a cuenta, en gran medida, de que es un equipo femenino.

Es que, como se sabe, el machismo no está muerto, sólo anda de parranda. Inclusive en las canchas de fútbol.

El Nacional, miércoles 26 octubre 2016

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Luis Ugalde

La justa rebelión contra los gobiernos tiránicos es una doctrina católica milenaria y un derecho humano fundamental. La justificación ética base de todo gobierno es su condición de medio necesario para lograr el bien común. Por eso, cuando el régimen se convierte en instrumento del mal común del conjunto de los ciudadanos y los agrede con un gobierno de creciente pobreza, corrupción, inseguridad y manejo de lo público como botín privado, ya es dictadura. Hace mucho tiempo que era clara la condición dictatorial del régimen imperante en Venezuela, pero las desvergonzadas decisiones de la semana pasada para impedir el revocatorio presidencial, ponen en evidencia un radical atentado contra la democracia social venezolana.

Los artículos 2 y 3 de la Constitución definen la naturaleza y fines de nuestra democracia y los deberes de su Estado y gobernantes. Los viola el Ejecutivo apoyado en el uso servil del poder judicial, electoral y de la fuerza armada: Ya no estamos en “un Estado democrático y social de Derecho y Justicia”, ni hay “preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” y el gobierno no está ordenado a defender “la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad y la democracia", sino a imponerse y mantenerse en el poder ( Const. art. 2).

En consecuencia este régimen atenta contra los fines esenciales del Estado democrático venezolano como son “la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad y el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo”( Const. art.3).

Esto desata y activa en todos los demócratas un deber, una obligación: salir del régimen dictatorial. Es un derecho y un deber humano fundamental, aunque no esté escrito en ninguna parte. Pero en Venezuela además está recogido en el artículo 350 de la Constitución: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos” (art. 350). En esa situación todo ciudadano o ciudadana “tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia” (art. 333). Por si alguien tenía dudas, el Gobierno se ha encargado de demostrarnos su condición dictatorial y recordarnos nuestra obligación de desconocer sus decisiones antidemocráticas y cambiar el régimen.

Estamos en tiempos que exigen inteligencia política, flexibilidad y valor para salir de la dictadura. Todos los demócratas y muy especialmente sus representantes de la Asamblea Nacional y los líderes políticos deben caminar decididos y unidos al rescate de la democracia. Tiene especial responsabilidad la Fuerza Armada en el restablecimiento de la democracia. El régimen venezolano es un escándalo mundial y un reto a la responsabilidad de todas las instancias democráticas. Que nadie espere que la Iglesia actúe con neutralidad equidistante entre dictadura y democracia.

Al mismo tiempo hay que poner las bases para la difícil reconstrucción económica, social, política y moral del país, con un gobierno de salvación nacional que solo es posible con un diálogo eficaz abierto que incluya todas las posiciones políticas. Sin diálogo para cambiar y reconstruir no habrá democracia social. Bloquearlo sería un suicidio para los demócratas, como lo sería ser ingenuos ante el cinismo dictatorial. Que Dios bendiga a Venezuela y a los venezolanos en esta hora de definiciones y de renacer de una democracia social que supere la pobreza y la exclusión.

Caracas, jueves 27 de octubre de 2016

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Vivimos momentos aciagos. La situación actual es extremadamente peligrosa para el país, porque si se dejamos que se quiebre definitivamente el orden constitucional solo nos quedan los escenarios de la arbitrariedad y la violencia, y es hacia allá donde nos quiere arrastrar la cúpula madurocabellista enquistada en el gobierno.

Consecuente con nuestros principios y valores, seguimos soñando una Venezuela democrática, solidaria, generosa y próspera, en la que podamos vivir con dignidad sin renunciar a la forma en que pensamos. Esa es la que queremos para que regresen nuestros hijos, y para que crezcan nuestros nietos. Para lograr esa meta, siempre hemos estado a favor de la UNIDAD, pues los avances obtenidos en búsqueda de un mejor país, solo han sido posibles en el marco de esa estrategia política.

La Asamblea Nacional, nuestra más reciente victoria, acordó el pasado martes 23 de octubre declarar la ruptura del orden constitucional, y la necesidad de rescatar la Constitución y el Estado de Derecho para garantizar una convivencia pacífica y democrática. En ese marco de acciones, en el día de ayer, se produjo una amplia movilización nacional generando, una vez más, una ola represiva y vandálica, auspiciada, autorizada y dirigida desde las Gobernaciones. Sin embargo, en vez de amedrentarnos, solo consiguen solidificar el esfuerzo para lograr el propósito: salir de este gobierno autoritario, corrupto, ineficaz y delincuente, por la vía constitucional.

La presión ciudadana va a continuar, bien sea a través de la manifestación pacífica, o de otros medios legales y no violentos, hasta que se nos devuelva el derecho a revocar o elegir a nuestros gobernantes mediante el voto. Se trata de generar un gran movimiento de repudio y de rechazo a este gobierno, quien con el control de otros poderes del Estado nos quiere conculcar nuestros derechos.

Para mañana, viernes 28 de octubre, la Unidad Democrática ha convocado a todo el pueblo venezolano a cumplir un Gran Paro Ciudadano Nacional de 12 horas para presionar que el gobierno acate la Constitución y respete nuestro derecho a elegir.

Aragua Sin Miedo se suma a esta convocatoria e invita a la gente de Aragua a dejar las calles y puestos de trabajo vacíos desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, o colaborando para que esto pueda suceder.

Esto no es un paro patronal o comercial, es un paro de TODOS.

Que nadie salga de su casa!

Si podemos hacerlo, mañana será una gran día!

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Bolívar: "Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo"

Y la soberanía se encuentra representada por lo miembros del parlamento nacional quienes en uso de sus facultades legislativas han hecho un llamado a los ciudadanos de la República para que en el día de mañana viernes 28 de octubre de 2016 se sumen a un paro general de 12 horas comprendidas desde las 6 am hasta las 6 pm. En consecuencia desde Aragua en Red queremos exhortar a la sociedad aragüeña para que se adhieran a este método de protesta cívica, pacífica y democrática cuya única responsabilidad es la de permanecer en vuestras casas quedado a discreción de salir solo en caso de extrema necesidad por asuntos de salud.

Estamos plenamente conscientes de la hora menguada que vive la Republica y todos estamos obligados a enfrentar la situación con valentía y coraje, ayer, la Gente del Petróleo anticipó la catástrofe que se avecinaba y asumieron su responsabilidad histórica ante el país, hoy nos corresponde el turno de adjudicarnos ese compromiso y esa solidaridad con nuestro país. El momento es este y no otro, de nuestra participación activa y de la fortaleza de nuestras decisiones depende el futuro de la Nación. Rescatar el hilo de la constitucionalidad y de las instituciones democráticas para el logro del respeto a los derechos políticos y civiles de los ciudadanos es una tarea de todos los demócratas.

Reafírmanos que nos enfrentamos a un régimen que mantenía ciertos espacios de democracia disimulada, solo para cubrir las apariencias necesarias de legitimidad de origen, pero que hoy no queda otra que reconocer que con sus actuaciones en contra de la expresión popular, materializada en contra del Referéndum Revocatorio, se ha convertido en un gobierno de facto.

Hacemos un llamado a la institución castrense al fiel cumplimiento de la Constitución y leyes de la Republica, las armas que le fueron entregadas en custodia jamás deberán usarse en contra de su mismo pueblo.

Finalmente queremos saludar la iniciativa de diálogo promovido por la Santa Sede, en el entendido que el mismo debe fundamentarse en el restablecimiento del orden constitucional, la restauración de la expresión soberana y popular, liberación de los presos políticos y la asunción de las responsabilidades individuales por la violación de los derechos humanos en contra de nuestra población.

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Mañana puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti.

Dale el día libre a la experiencia para comenzar, y recíbelo como si fuera fiesta de guardar.

No consientas que se esfume, asómate y consume la vida a granel. Mañana puede ser un gran día, duro con él.

Mañana puede ser un gran día donde todo está por descubrir, si lo empleas como el último que te toca vivir.

Saca de paseo a tus instintos y ventílalos al sol y no dosifiques los placeres; si puedes, derróchalos.

Si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad. Mañana puede ser un gran día date una oportunidad.

Mañana puede ser un gran día imposible de recuperar, un ejemplar único, no lo dejes escapar. Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti. No lo mires desde la ventana y siéntate al festín. Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien.

Mañana puede ser un gran día y los próximos también.

Mañana puede ser un gran día duro, duro, duro con él.

Nota: nos permitimos la licencia de cambiar la letra original (en cursivas), seguros que su autor, un demócrata cabal, no se molestará por ello. Mañana puede ser un gran día si nos lo proponemos TODOS y sin ningún tipo de exclusión.

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Con toda razón, son muchas las carencias de las cuales nos quejamos los venezolanos: medicamentos, alimentos, seguridad personal y económica, etc., pero hay una que siendo la madre de todas las demás parece no ser percibida por las grandes mayorías: la ausencia de democracia real, verdadera y tangible.

A riesgo de parecer irreverente, me atrevo a dudar públicamente del contenido verdaderamente popular y democrático de los gobiernos que se iniciaron en enero de 1958 y que vieron su ocaso cuarenta años después, con la llegada de Chávez al Palacio de Miraflores.

Los mismos que lideraron la política durante esas cuatro décadas, llegaron a admitir que estaban al frente de una democracia formal, es decir, de un régimen que priorizaba las formas sobre lo sustancial, que cuidaba más el «qué dirán» nacional e internacional que el ejercicio diario de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como orara Lincoln en noviembre de 1863.

El nutriente de la democracia es el ejercicio de sus principios, que sirvan de ejemplo y brújula a los que vienen detrás en el tiempo; las formas sin contenido, oscilan entre el teatro bufo y el trágico, entre la verdad a medias y la mentira completa, entre la artería y el despropósito.

No se puede ser demócrata si no se cree en la democracia ni se ejercitan sus principios. No basta la auto etiqueta ni el gesto dirigido a la galería intelectual. El verdadero demócrata debe creer en la democracia y entenderla más como forma de vida que como régimen de gobierno. La actividad humana que no sea reverente ante el derecho ajeno a disentir individual o colectivamente y ante la suprema potestad del pueblo a determinar su destino, como real expresión de su soberanía, está más cerca del delito que del mérito.

Estas reflexiones vienen al caso ante la grave situación política de este 2016, venezolano. Por un lado, observamos un gobierno que ha convertido la Constitución en un librito azul sin contenido ni propósito; por el otro, una confederación de partidos políticos que prioriza el interés de sus dirigentes y no los populares, mostrándose como un grupo de hombres ávidos de poder personal, dispuesto a irrespetar cualquier regla que señale la decencia para obtener sus fines; siempre listos a pactar con el diablo para mantener sus canonjías y preservar sus intereses mezquinos.

Ante tan difícil realidad, tan llena de peligros e incertidumbre, surge un especial deber para el pueblo venezolano: la sagrada obligación de no dejarse engañar nunca más, por quienes llevan décadas cambiándonos el oro de nuestro futuro por los espejitos de promesas vacías y ofertas sin sentido. No debemos permitir más engaños, ni admitir que en nuestro nombre y representación se repartan la República con la gula propia de niños tirados en el suelo para embolsarse el mayor número de caramelos desprendidos de la piñata rota.

Debemos jurar ante nosotros mismos, por nosotros mismos y por nuestros hijos y nietos, que no permitiremos más burlas; que rechazaremos a quienes han convertido la política en medio de asaltar la cosa pública, ya desde el gobierno o desde una fingida oposición.

Cada voto debe ser valorado como una acción de esta gran empresa llamada Venezuela. Como accionistas responsables, debemos rechazar vehementemente los conciliábulos y los acuerdos a escondidas; ejercitar nuestro derecho a la abstención ante cualquier designación de candidatos a cargos de representación popular que no haya sido sometida a elecciones primarias, transparentes y universales; que rechazaremos, por perversa, la actividad de «el dedo», esa fuerza omnímoda y omnipresente que todo lo decide y que es el verdadero detentador de la soberanía, a que se refiere el artículo 5 de nuestra Constitución.

Nosotros, los ciudadanos de a pie, casi treinta millones, somos los propietarios de la patria que nos legó Bolívar. Si por indolencia permitimos su desguace, que sus malos hijos le quiten su antiguo esplendor y la suman en la miseria moral y material, no solamente seremos apátridas, sino que habremos perdido el derecho de mirar a los ojos con fijeza a los hombres de los pueblos libres.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

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Venezuela vive una grave alteración del orden constitucional y democrático. Se trata de un proceso que se ha venido desarrollando aceleradamente desde las elecciones parlamentarias del pasado 5 de diciembre.

Primero fuimos testigos de la resistencia del gobierno a reconocer la victoria de las fuerzas de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en las elecciones parlamentarias de diciembre 2015. Posteriormente vimos cómo se empleó el artificio de utilizar la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia para despojar a la Asamblea Nacional de su independencia y del cumplimiento de sus funciones contraloras y legislativas. Al mismo tiempo se ha intensificado la persecución política y el uso de la violencia contra dirigentes opositores. En paralelo se ha venido criminalizando el derecho a la protesta pacífica de los ciudadanos. Hace poco tiempo asistimos nuevamente a la prórroga del decreto de estado de excepción y de emergencia económica vigentes desde mayo pasado.

Recientemente observamos cómo se suplantaba nuevamente a la Asamblea Nacional al consignar el presupuesto del año 2017 ante el Tribunal Supremo de Justicia.

Como si lo anterior no fuera suficiente, el 20 de octubre llegamos a un punto de inflexión. El Consejo Nacional Electoral, basado en las sentencias de algunos Tribunales Penales de la República, decide suspender temporalmente la recolección del 20% de las manifestaciones de voluntad para el Referendo Revocatorio Presidencial, pautada para los días 26, 27 y 28 de octubre de 2016, violando abiertamente el orden constitucional y los derechos y garantías del pueblo venezolano.

Por su parte, la Asamblea Nacional, en sesión extraordinaria celebrada el pasado domingo 23 de octubre, acordó declarar la ruptura del orden constitucional. La situación planteada es extremadamente peligrosa para el país, porque si se evapora el orden constitucional quedamos sometidos al dominio de la arbitrariedad y la violencia.

Se requiere entonces, urgentemente, recuperar la Constitución y con ella el Estado de Derecho y sus instituciones, para garantizar una convivencia pacífica y democrática, en donde los conflictos y la terrible crisis social y económica que vivimos encuentren cauces adecuados.

En este sentido es necesario hacer uso de todos los medios disponibles para alcanzar este fin, entendiendo que se trata de generar una gran sinergia social de recursos y posibilidades. Por ello es importante la presión ciudadana a través de la manifestación pacífica, la presión institucional a través de la Asamblea Nacional, la búsqueda de apoyo internacional y la búsqueda de acuerdos a través de la negociación y el diálogo entre oposición y gobierno.

Vemos con esperanza la mesa de diálogo nacional que se instaló el lunes 24 de octubre, presidida por el Nuncio Apostólico en Argentina, Mons. Emil Paul Tscherrig, enviado especial de Su Santidad el Papa Francisco. Hay notas que sostienen esta esperanza: la primera, es que se propone un diálogo con premisas, tema, metodología y cronograma avalados por las partes y la intención de que los acuerdos alcanzados se cumplan. Al mismo tiempo se señala que, el hecho de sentarse a dialogar, no implica la suspensión de manifestaciones públicas que los ciudadanos legítimamente quieran realizar. En este sentido se exige la garantía de seguridad para su desarrollo pacífico y democrático.

El momento que vive Venezuela es sumamente delicado. Se requiere un esfuerzo especial de todos para buscar la restitución de la democracia en el país. Ahora más que nunca debemos defender la trinchera de la democracia con convicción, perseverancia y creatividad.

fjvirtuoso@ucab.edu.ve

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/restituir-constitucion_624053

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