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Opinión

Alejandro J. Sucre

Hay una especie de regreso al mundo físico luego del gran viaje hacia el mundo digital que tuvimos en los últimos 25 años. Y las empresas mineras pequeñas tienen un buen horizonte en este nuevo mundo que se avizora. Hay un temor grande de que haya una recesión económica luego de la guerra de Rusia contra Ucrania. La criptomonedas han perdido la mitad de su valor en los últimos meses. La supervivencia de empresas como Tesla depende más que nunca del surgimiento de pequeñas empresas mineras. Por primera vez en el Bolsa de Valores de Toronto, en el año 2022, las empresas junior de minería han dominado los montos transados. Han estado por encima de los montos transados por empresas mineras de larga experiencia, y por el resto de las empresas de los demás sectores de la economía canadiense.

Según Kaiser Research, EEUU y China tendrán el mismo % del PIB mundial para el año 2027 según el FMI, con un 25 % cada una. India será el 5 % de la economía mundial. La economía mundial se estima estará en $140.000 millones de millones. El gato militar de EEUU está alrededor del 41% del gasto militar mundial y el de China en 15%. La idea de que China y Rusia eventualmente iban a convertirse en una democracias ya no está a la vista ni en el panorama. Este es un gran tema moderno. Los metales raros son otro tema de interés mundial conectado a la evolución política y económica de los próximos años. El oro seguirá siendo una manera de protección. China es el productor de oro más grande del mundo. Y China y EEUU tienen la misma cantidad de reservas de oro hoy.

Para el año 2030 se avizora una especie de nuevo mundo. China va a controlar el eje asiático, Rusia el eje europeo y EEUU el eje americano. Una reversión de la globalización. 19 de los metales raros más importante están concentrados en Rusia y China en un 40 %. La gran pregunta es quien va a movilizar la producción física de materiales mineros si Rusia y China se salen del comercio global. Las grandes empresas mineras no van a ser los grandes jugadores e los próximos años. Esas grandes mineras necesitan grandes proyectos para movilizarse. Las pequeñas empresas mineras de Canadá y de Australia son las mejores posicionadas para atender la demanda de minerales en los próximos años. Tienen tecnología y acceso a capital. Las grandes empresas prefieren esperar que suban los precios en lugar de explorar más en pequeñas reservas. El Litio es un gran ejemplo de lo que ocurre. La oferta se debe incrementar de 100.000 tn a 1.000.000 en el año 2030 para seguir la evolución de los carros eléctricos. El reciclaje es totalmente insuficiente ya que lo que se usa hoy no está disponible sino en 10 años y es mucho menos de lo que se necesita en el 2030. Hay grandes depósitos en Brasil pero no suficientes. Pero la mayoría son pequeños depósitos alrededor de las Américas. El litio que se vende hoy a $36 es 10 veces más que el precio hace dos años. El carro eléctrico se baja en litio entre 10 y 20 $ .Un mayor precio no permitirá que siga aumentando al demanda de carros eléctricos. El cobre es otro mineral importante que escasea. Las fincas eólicas y las fincas solares usan 7 veces más cobre que la energía eléctrica de hoy. Se necesitan 5 millones de toneladas de cobre para el año 2028. Sin cobre no hay vehículos eléctricos ni fincas eólicas. Y los europeo no obtuvieron suficientes vientos este año 2021. Lo cual implica producir más de 250% en cobre en comparación con el año 2019. Para el 2040 hay que multiplicar por 30 veces. Hay una deficiencia gigante de cobre para el 2030. Cada vez se necesita más agua para procesar el cobre. Un carro de gasolina usa 30 kg de cobre. El carro hibrido usa 42 kg. El carro eléctrico usa 100 kg. Cómo se va a reducir el calentamiento global si hay que producir millones de carros eléctricos. Los vehículos de carga grandes serán transportados por hidrogeno.

El mundo va a necesitar unos $200.000 millones para desarrollar nuevas minas en los próximos 5 años y así atender la demanda de minerales. Digitalización, Inteligencia Artificial será indispensable ya que las reservas serán mucho más pequeñas y complejas. Así que la minería cada vez más va a depender de buenas relaciones entre gobiernos, inversionistas y operadores para ser viables. Las minas deberán ser mucho más eficientes desde el punto de vista ambiental. Todas las operaciones van a cambiar. Para atraer capital va a ser mucho más complejo.

Twitter @alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Nunca pensé ver un champignon atómico sino en películas, pero ahora tengo la posibilidad de hacerlo en vivo. Vamos al séptimo paquete de sanciones para descalabrar la economía rusa y la presidenta del Banco Central, la muy mediática Elvira Nebiúllina (orienta la economía rusa con sus prendedores), avisora sobre la crisis en invierno –igual que en Europa, aunque por razones contrarias- y no en el sector financiero, lo que sería una crisis vegetariana, sino carnívora porque afectará la estructura industrial y la producción de bienes. En esta guerra hay dos perdedores seguros Ucrania y Europa. Ni los EE. UU ni Rusia parecen dispuestos a perder y eso recuerda el hongo, lo que haría perdedora a la raza humana. La tercera guerra mundial ya comenzó en su forma posmoderna, la guerra híbrida según resume Frank Hoffman (2007): conjugación de ofensivas múltiples: cibernética, comunicacional, convencional, económica y militar (si fuera necesaria). Por el momento es una guerra de desgaste en favor del que aguante más. El año pasado polemicé desde este espacio con un libro de Vladimir Padrino, la Escalada de Tucídides, quien anunciaba la posibilidad de guerra. Él tenía razón.

La guerra comunicacional hace desaparecer la información sobre el conflicto que intente objetividad analítica, e histeriza en las redes, veto al conocimiento del que no se salva siquiera Kissinger, “putinista” para Ucrania. Los rusos vienen de una terrible tradición de precariedades comunistas, saben vivir sin calefacción y desde 2014 que vieron el mango del puñal, se desligan de occidente y se preparan para bañarse con agua fría. Por eso sancionarla es más bien un incomprensible masoquismo de consecuencias terribles. Vivimos un trágico enfrentamiento del sistema económico global en dos bloques, aunque la mayoría de los países no sancionó a los rusos, sino solo Europa y los aliados más cercanos de EE.UU.

Ucrania le cuesta y le costará al mundo una masa incalculable, impagable de dinero, y su recuperación es incierta. Antes de la guerra era ya un estado fallido en lo económico. Pese a que hay países ex socialistas muy pobres, Moldavia, Tayikistan, Kirguistán, el de Trotsky es el único que no pudo crecer, mantuvo el mismo PIB de 1990. El gasto militar es un gran negocio para EE. UU que suministra las armas de defensa más caras, su gas licuado vale tres veces más que el de tubería y en materia económica está ganando, aunque aterra escuchar a Borrel decir “esta guerra hay que ganarla en el campo de batalla”, es decir, hasta la última gota de sangre ucraniana. En seis meses Rusia controla 20% del territorio, 28% de la población y pese a que el armamento occidental entorpece su avance, priva la superioridad de la artillería rusa.

Rusia controla la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, fuente eléctrica de Ucrania y el continente. Devastaron la infraestructura y las fábricas con pérdidas por 160.000 millones de dólares, la mitad de los empleos y las refinerías con daños de otros 200.000 millones de dólares. Ocuparon las zonas industriales y los recursos naturales ucranianos: 60% del carbón, 42% de los yacimientos de metales, un tercio de las tierras raras y litio (con eso Rusia puede pagar la guerra) El PIB caerá este año 45% según el BM, y los bancos enfrentan morosidad que los conduce a la quiebra. La recaudación ha caído en 40% mientras el gasto fiscal aumenta en 60%, el déficit crece 5000 millones de dólares mensuales, que será este año 50% del PIB. La recuperación costaría alrededor de 400 mil millones de dólares.

¿Quién cubrirá el presupuesto de Ucrania y pagará salarios, pensiones, médicos? Imprimen moneda desaforadamente, la devalúan 25% y queman divisas por 1000 millones semanales. Tienen las reservas de gas más bajas de Europa, apenas 20%. Suplirlo vale 15. 000 millones de dólares y 15.000 recuperar la red eléctrica. Recibió 12 mil millones de ayudas y vienen 20 mil millones más para fin de año. Más 80 mil millones de ayudas humanitaria y militar, pero ganar la guerra costaría masivamente más. La deuda externa es impagable, gobierno no es transparente y por eso el apoyo de Francia y Alemania disminuye. Según Bill Gates las consecuencias serán siniestras y perseguirán a la humanidad por mucho tiempo porque en los próximos meses estallará una crisis económica sin precedentes en cien años.

Estados Unidos entró en recesión, la crisis energética auto inducida arrastra a Europa a la escasez de alimentos de trigo, granos, maíz, soya, caña, aceites y arroz, de los que se deriva 80% de lo que consumimos. Provenían de Rusia-Ucrania 64% del aceite de girasol 19% de la cebada, 12% de las calorías consumidas. Los fertilizantes venían de Rusia, y los precios subirán porque lo que comemos hoy se produjo el año pasado. Según Gates la guerra nos lleva a la stagflación, recesión con inflación, caída del PIB mundial, hambrunas y crisis humanitarias. Sacrifican a Ucrania, que puede quedar a la deriva, una especie de Haití. África arriesga hambrunas, Europa se tercermundiza (Scholz recomienda no bañarse mucho) ¿Sobrevivirá la U,E?. Por algo dijo el FMI, que luego de un embargo energético a Rusia, tal vez haya potencias que no sigan siéndolo.

@CarlosRaulHer

 4 min


Griselda Reyes

A propósito del inicio de la carrera electoral –a nuestro juicio más que adelantado–, veo a muchos políticos intentar reconectar con la gente. Digo intentar porque el grueso de estos se sigue mirando al espejo, diciéndole a su militancia lo que quiere escuchar sin ir mucho más allá. Entre tanto, el grueso de la población sigue en su supervivencia ciudadana, surfeando la ola del vaivén del precio del dólar y de servicios públicos cada vez más fallos.

Sobre la importante devaluación del bolívar frente al dólar, quisiera hacer un breve inciso antes de adentrarme en lo político. Y es que nuestros empleados públicos y pensionados, esos millones de venezolanos, que siguen cobrando en bolívares se sienten huérfanos, sin que unos ni otros hagan algo por frenar la atroz crisis económica que a diario les golpea el bolsillo.

Es un país entrampado entre dedos que se señalan mutuamente de corruptos, y a otros más de especuladores y mercenarios. Sí, la corrupción le ha hecho un daño imperdonable al desarrollo nacional, y la gente está clara quiénes son los culpables de la estrepitosa caída del Producto Interno Bruto y de todos los índices macroeconómicos en menos de 10 años.

Y la gente lo ha entendido a trancazo limpio, porque cada vez que se les devalúa el salario, la canasta básica se vuelve más inalcanzable y no hay posibilidad alguna de recuperar calidad de vida.

En este enjambre que sigue agobiando el estómago de nuestra gente, hay una serie de actores políticos que en lugar de reconectar con ella han salido desbocados a buscar votos y remendar pobres estructuras partidistas para cuidar las mesas de votación.

Efectivamente esas estructuras son vitales para intentar dar la pelea en 2024, pero hay una tarea trascendental que debemos asumir como prioridad: presentar una propuesta creíble que permita ganar la confianza de nuestra gente. No basta con ser mayoría, hay que saber utilizarla.

El venezolano común ha sido víctima de la peor tragedia humanitaria de nuestra historia contemporánea. En paralelo, le han intentado vender esperanza con puros potes de humo. Lo alerté con anticipación y el tiempo me dio la razón. Un ejemplo de esto es cuando recorro los municipios más alejados del céntrico estado Miranda, donde nuestra gente nos dice que no hay político que llegue más allá de la propia campaña electoral.

No estoy hablando de Zulia o Delta Amacuro o Trujillo… No. Aquí cerquita, en el municipio Independencia, donde los caminos son de tierra y nuestros niños no tienen ni zapatos con qué caminar, el reclamo ciudadano es que tirios y troyanos los toman en cuenta solo para utilizarlos políticamente.

Esta práctica hay que dejarla atrás y meternos de verdad en los sectores populares a concientizarlos de la necesidad de cambio. Es hablarles a nuestros ciudadanos más vulnerables y ayudarlos. No me refiero a llevarles cajas de comida o darles dádivas o bonos. Esta cuota la tiene cubierta la actual administración oficial con su dinero inorgánico que termina siendo una espada de Damocles para todo el país.

Me refiero a asistirlos con jornadas médicas que les permitan atender sus problemas más inmediatos; me refiero a formación real en materia legal para que aprendan a hacer valer sus derechos. Incluso, voy más allá, capacitarlos y comprometerlos en materia electoral para así garantizar desde ya desmercantilizar los procesos comiciales. Con poco se puede hacer mucho, es voluntad política lo que se necesita.

Sigo citando, el Ejecutivo a través del partido de Gobierno aceita sus bases con elecciones de UBCH y consejos comunales. Estamos obligados a explicarles a nuestra gente la importancia de estos procesos y sus incorporación al caso de la participación comunal. Es frentear en todos los niveles y ocupar todos los espacios posibles para asumir soluciones reales para la gente.

Como alternativa de poder no podemos seguir viéndonos en el espejo, pretendiendo creer que seguimos sumando sin incluir al que piensa distinto. Es entender la realidad de la Venezuela profunda donde el chavismo existe y dentro del cual muchos se sienten huérfanos también. Es incorporar a los mejores para presentarle, a la gente que espera respuesta de nuestra parte, una visión de país posible.

Twitter: @griseldareyesq

griseldareyes@gmail.com

www.griseldareyes.com

 3 min


Ismael Pérez Vigil

“Ahora es que la gente está comenzando a entender el tema de la Guerra de las Galaxias, Sr. Presidente, hay que continuar hablando de él”, palabras más o menos, fue la respuesta de uno de sus asesores cuando el Presidente Ronald Reagan le reclamaba que en todos los discursos lo ponían a hablar de ese tema. Sin pretender comparaciones y guardando las debidas distancias, de respeto e ideológicas, la anécdota, que no sé si es apócrifa, me sirve para justificar porque de nuevo toco temas de los que ya he hablado.

He comprendido dos cosas, en este trajinar de escribir sobre política; una, que es necesario volver varias veces sobre temas y argumentos, resumirlos, explicarlos, porque hay mucha gente que les pasa por encima o ni siquiera les pasa por encima; y dos, que como los temas políticos son infinitos en sus derivaciones y matices y dado el limitado espacio de esta forma de comunicarse, no queda más remedio que, en cada uno de ellos, seleccionar algún aspecto a tratar y prescindir de otros, con el riesgo de que quien los lea, seguramente echará de menos justamente aquellos que no se tratan y que para él son los verdaderamente importantes.

Las últimas semanas he tocado temas álgidos y polémicos −Negociación, Las Primarias, Voto en el exterior, Empresarios y Política, Muerte de los Partidos, Muerte de las Ideologías, Tareas Opositoras, Propuesta de Almagro, etc.− sobre los cuales he recibido comentarios muy diversos; de manera que, dadas las presiones, comentarios y críticas me parece oportuno recapitular, más bien, resumir, mi posición sobre algunos de ellos.

Recuperación económica y empresarios.

Es una tontería negar los indicadores económicos que nos arrojan que ha habido algún crecimiento de la economía: Magro crecimiento del PIB, después de una caída cercana al 80% desde 2013; la circulación de dólares, que cada vez compran menos; la construcción de edificios de oficinas en algunas zonas del este de Caracas; la proliferación de productos importados en las estanterías, pero fuera del alcance de la mayoría de la población; la apertura −y cierre cada vez más frecuente−, de lujosos “bodegones” y otros puntos, que no vale la pena enumerar; pero que es claro que no significa que ese “crecimiento” esté llegado a la gran masa de la población −más del 90% − que sobrevive precariamente, algunos en la pobreza. Es indudable una cierta desregulación económica y la apertura en algunas áreas; pero, aunque algunos de esos indicadores que vemos puedan tener algún asidero económico temporal, nadie puede garantizar que tengan algún resultado sostenible en el tiempo.

Eso es algo que los empresarios −que son los generadores de empleos bien remunerados y riqueza sólida−, deben tomar muy en cuenta, para no errar en sus estrategias políticas y confundir la necesaria coexistencia e inevitable relación con el gobierno, con una posición y relación que confunda, al país y a ellos mismos. Como dije, aunque ese “crecimiento” pueda tener algún asidero económico temporal, es insostenible en el tiempo, si no hay un cambio político de fondo, que hoy nadie puede garantizar; y ya estamos viendo como la devaluación de las últimas semanas −sorpresiva según algunos, provocada, según otros− está acabando con la “ilusión de cambió”; por tanto, la supuesta “mejora” no puede ser el basamento de una actitud o posición política que desconozca la realidad de un país arruinado. Así como no se pueden negar los signos de mejoramiento y algunos indicadores económicos positivos, también es una tontería negar que gran parte de la población del país sigue sumida en la pobreza, sin servicios básicos de agua, electricidad, salud, educación, transporte público, por solo nombrar los más gruesos, aunque el gobierno ofrezca pingues negocios y espejitos llamativos.

Tal pareciera que, para algunos, nada de eso es relevante, porque lo importante es la propaganda del gobierno y sus acólitos, que dicen que se están produciendo cambios. Y sí las cosas ya están cambiando, ¿Para qué hacer nada?, quedémonos como estamos, porque, además, los que hacen algo, corren riesgos innecesarios, los que bien apunta Luis Almagro, en sendos artículos publicados en julio y agosto de este año.

En la propuesta de Luis Almagro

En efecto, Luis Almagro, otrora campeón de la “resistencia”, con críticas se refiere a la situación económica, propone contrapesos y dice, a su modo, que hay que buscar la convivencia con el régimen. Mas allá de cualquier consideración política o ideológica sobre la propuesta Almagro −porque es así, política o ideológicamente, como se evalúa su propuesta−, desde un punto de vista meramente práctico la propuesta tiene una piedra de molino atada al cuello: Quien tiene el poder −el régimen− y por lo tanto la capacidad de acceder a compartirlo, no tiene hoy ninguna razón, aliciente o estímulo para hacerlo. La propuesta Almagro se vuelve así una utopía.

En un segundo artículo, publicado el 31 de agosto en Infobae −Venezuela o la continuación de la nada; https://bit.ly/3ee2Am1 − Luis Almagro, aclara que su propuesta va en el sentido de estimular la negociación y explica que su “cohabitación” no implica “complicidad” ni “connivencia”, sino el reconocimiento que la política en Venezuela no puede seguir siendo un juego de “todo-o-nada”, como ha sido en los últimos 20 años, sino una “solución política” a la cual pocos en el régimen y en la oposición están dispuestos; la aclaratoria de Almagro es concluyente: “La noción de cohabitación subraya la necesidad de compartir el poder… Funciona con contrapesos, no es un sistema de complicidad e impunidad, pues revertir la crisis venezolana requiere un nuevo compromiso político.”

No voy a profundizar sobre este nuevo texto de Almagro, me basta para mi propósito actual que Almagro, en ambos artículos, reconoce que la situación del país sigue más o menos igual para el 80% o más de los venezolanos y así lo refleja cuando formula su propuesta y advierte sobre la pésima condición de vida de la mayoría de los venezolanos. El meollo de la propuesta Almagro no es la situación económica del país y nada puede ocultar la intención de su recomendación, que aclaró más en su segundo artículo: Es necesario negociar con el régimen de Miraflores, para encontrar una salida que alivie al pueblo venezolano y nos lleve de regreso a la democracia.

Negociación y elecciones

Y así llegamos a los temas álgidos, a los que se teme abordar, que a muchos producen urticaria y no saben bien cómo enfrentar: Negociación y vía electoral, para superar la crisis humanitaria y restablecer el estado de derecho.

No voy a argumentar más de lo ya argumentado, solo resumiré lo que pienso al respecto porque cuando no se tiene fuerza para obligar al contrario a dejar el poder −por la fuerza de las armas o de las masas en la calle−, la única vía que queda para encontrar una salida es negociar. Y habrá que ir al infierno, si es preciso, a negociar con el diablo; mucho más habrá que hacerlo con los que de facto gobiernan en Venezuela, aunque los califiquemos como sea; habrá que negociar con quien sea y donde sea necesario, para aliviar los padecimientos y sufrimientos de la gente.

Y al final de todo, resumiendo mi segunda premisa, la solución última a la que habrá de llegarse se reducirá a un proceso electoral, a unas elecciones, pues por eso somos demócratas y queremos que sea el pueblo quien decida quién y cómo quiere ser gobernado; por lo tanto, ¿Que de malo tiene, entonces, irnos organizando cuanto antes para esa eventualidad inevitable? Sobre todo si sabemos que el régimen se prepara a conciencia para ese evento y con todo su poder y artimañas desplegadas y su precaria minoría, menor al 15% del electorado, se dispone a imponernos su voluntad hasta el 2030.

Pero ojo, no antepongo principios y creencias como leyes y valores universales e inmutables; cuando hablo en favor de la negociación y en favor de la vía electoral, lo hago como vías políticas, no fanáticas, disfrazadas de “principios”; eso quiere decir que, a pesar de creer en esos dos principios fundamentales, negociación y elecciones, estoy dispuesto a aceptar que no se negocie y a abstenerme −como lo he hecho en tres oportunidades: 2005, 2018 y 2020− si esa es la decisión de la mayoría opositora, pues por encima de esos dos principios está el valor de la unidad opositora, del pueblo, para derrotar este régimen.

Por eso, en esos aspectos no soy muy “kantiano”, no me pongo como “modelo” de acción para la conducta de otros; escribo para reflexionar e inducir la reflexión; escribo en Venezuela y sobre todo no predico ni aconsejo a otros hacer cosas que yo no estoy dispuesto a hacer o a participar.

El voto en el exterior.

Concluyo, brevemente, con el voto en el exterior, tema al que me referí en un par de artículos, y que sigue tomando calor. Yo hablé de cuatro razones, en orden de su importancia y de menor a mayor, como barreras para votar en el exterior; la primera es la jurídica, el “marco legal” electoral, que llaman algunos, y que es el más fácil de superar; pero después vienen por orden de gravedad: las técnicas, las políticas y la más grave de todas las barreras, la falta de motivación para participar… ¿O es que alguien cree que quienes están en el exterior se fueron de vacaciones o por turismo? La mayoría se fueron por razones de peso y miles no quieren saber mucho de lo que dejaron atrás, excepto de sus familias. Por lo tanto, la barrera emocional contra el voto, contra la política y los políticos, esa “antipolítica” que ha sido cuidadosa y sistemáticamente cultivada, alentada por el régimen y secundada por algunos “opositores”, será la barrera más difícil de romper.

¿Es factible superar todas las dificultades para que quienes están en el exterior puedan votar? Es difícil, pero posible. En una próxima entrega hablaré de algunas experiencias concretas, desarrolladas incluso en Venezuela, que demuestran que es posible hacerlo si se logra la decisión política.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 7 min


Guillermo Mendoza Dávila

Ante la pregunta de un amigo, de cómo se avizora el futuro inmediato del país, se me ocurrió que la respuesta es una mezcla de teoría económica con finanzas corporativas.

Considero que las dos condiciones necesarias para lograr la ansiada recuperación de nuestra economía son la generación de confianza entre todos los actores en las medidas aplicadas por el Estado y la disponibilidad del financiamiento requerido por el empresariado. Nótese que no digo condiciones suficientes, solamente necesarias, ya que sin éstas no se logrará el objetivo.

Por una parte, la confianza. Nuestro sistema económico es fiduciario, al igual que el de casi todas las naciones del mundo. Eso significa que nuestra moneda está respaldada por la solidez de la economía, su capacidad de producir bienes y servicios de manera abundante, eficiente y competitiva. Mientas mayor sea la robustez del aparato productivo y su capacidad de transitar los altibajos habituales de los ciclos económicos con mínimos daños, mayor será la solvencia de la moneda y la confianza de los agentes económicos en “su” divisa. Aquí no hay lingotes de oro ni cestas de otras monedas respaldando directamente el valor de la nuestra, así que no podemos dirigirnos al Banco Central a canjear nuestros bolívares, exigiendo que nos entreguen el contravalor en oro u otra moneda; aun cuando unas reservas generosas son de los muchos alicientes que invitan a tener más confianza en la divisa del país.

Ahora bien, esa ansiada robustez depende directamente de las condiciones bajo las cuales se opera en cada país; todo el esquema de medidas fiscales, monetarias y cambiarias, junto a las condiciones y garantías jurídicas que dan sustento a quienes deciden emprender. Si las medidas económicas invitan a invertir y hay respaldo legal para quien acepte la invitación, porque CONFÍA en las circunstancias vigentes y en los tribunales que velan por su cumplimiento “apegado a derecho”, entonces y sólo entonces podrá haber crecimiento económico.

Por otra parte, el crédito bancario. Las Finanzas Corporativas son la rama que se ocupa, entre otras cosas, de cómo las empresas deciden financiar sus operaciones. En nuestro país, el sector productivo ha sido inmensamente resiliente, aguantando estoicamente varios años de condiciones adversas que lo han llevado a una inmensa descapitalización. Actualmente, el empresario no cuenta con los recursos necesarios para cubrir sus necesidades de capital de trabajo, el elemento primario de sus operaciones. Las instalaciones y la maquinaria están allí, esperando por los insumos y por los trabajadores que habrán de generar los bienes que nuestra amplísima industrialización permite producir, si tan sólo contaran con fuentes de crédito.

Los nuevos emprendimientos atraviesan por lo mismo, ¿cómo financiarse? Recordemos que los niños nacidos en Venezuela en la segunda mitad del siglo pasado llegaron a adultos habiendo consumido productos importados que no incluían ni alimentos, ni vestimenta y calzado, ni artículos escolares, ni productos de aseo personal y limpieza, ni tantas otras cosas que hoy día importamos porque nuestras fábricas cerraron a trabajan a una mínima capacidad.

Hacen falta recursos, pero cómo. Sabemos que el encaje legal en bolívares no puede bajar de inmediato, aun cuando se debe reducir gradualmente. Pero si se puede permitir un nivel mucho mayor de crédito a partir de las captaciones en divisas, con préstamos denominados directamente en dichas divisas, con un encaje no mayor al 20%, con lo cual la banca podría de inmediato quintuplicar el financiamiento empresarial en moneda extranjera.

Adicionalmente, el Estado podría participar en el Mercado de Capitales y permitirle a la banca pública y privada invertir en títulos valores, proporcionando la liquidez bursátil que permita una mayor actividad y el retorno de los títulos de mediano plazo, que sería un mejor uso de las reservas que su empleo en la contención de la paridad cambiaria. Opciones hay y todas deben ser estudiadas y acordadas para emplear las que ofrezcan las mejores posibilidades de éxito; pero urge prontitud.

Hablar de medidas necesarias es una cosa y suficientes es otra. La disponibilidad permanente de electricidad y combustibles es imperativa, eliminar las trabas y “costos” a la libre circulación también es crucial, acabar con el contrabando también ayudaría mucho. La lista no es tan larga como pareciera, pero si partimos de las políticas adecuadas y el financiamiento necesario, el motor productivo arrancaría de inmediato.

guillermomendozad@gmdconsultor.com

 3 min


Manuel Malaver

No tardó diez meses la última reconversión, la que oficializó la dolarización de un sector nada desestimable de la economía para detener la pavorosa hiperinflación que pasó a la historia como la de más dígitos conocida en los tiempos modernos.

Una variable que ningún economista previó podría desencadenarse en una economía petrolera, pues se condujera como se condujera, la economía en un país que se favoreciera con las exportaciones crecientes o decrecientes del oro negro, siempre tendría recursos para responder a los gastos de una sociedad racionalmente administrada.

Pero llegó el socialismo, de los cuarteles y de la mano de un oficial de mediana graduación, el teniente coronel, Hugo Chávez y que seguido de una logia de militares de su misma laya y de su misma traza, después de fracasar en una intentona golpista el 4 de febrero de 1992, ascendieron al poder en las elecciones democráticas en 1998, y a partir de ahí, empezaron a aplicar la receta perfecta que condujo el país a la ruina: “Estatización de la economía, crecimiento exponencial del gasto público al inflar la burocracia, la corrupción y las política sociales y expropiaciones de empresas productivas privadas para poner fin a la “explotación del hombre por el hombre” y construir el “Reino de Dios en la tierra”.

Es el sistema que concibieron dos filósofos alemanes del siglo XIX, Carlos Marx y Federico Engels y llamaron “socialismo”, implantaron en Rusia en febrero de 1917 dos de sus seguidores, Lenin y Stalin y extendieron al “Imperio de los Zares” que llamaron “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”, alcanzó a China y los países de Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial, a Cuba a comienzos de los 60 y a Vietnam a mediados de los 70.

Y que en 1978 China desmontó y denunció como un fraude, desestatizó la economía y se adscribió al sistema de economía capitalista y de mercado, Rusia y la URSS siguieron su mismo camino a comienzos de los 90 y solo Cuba y Corea del Norte han mantenido tal vez como prueba histórica y antropológica de lo que los ciudadanos no pueden hacer con sus países.

Y hubo júbilo y celebraciones en el mundo porque la humanidad había superado tamaño error y se preparaba para proclamar al planeta como una estación democrática donde imperarían los Derechos Humanos y una economía libre, abierta y de mercado donde el conocimiento, el mercado y la innovación construirían un mundo mejor.

Pero en Venezuela, diez años después, en 1998, Chávez y sus militares dijeron que la comunidad internacional estaba equivocada y que quienes tenían razón eran los dictadores de Cuba y Corea del Norte que habían resistido y que él empezaba la cruzada para restaurar el socialismo e reimplantar la justicia social en la tierra.

Y por supuesto que hablaba a nombre de la renta petrolera venezolana que por aquellos años jugaba hacia la baja (30 dólares el barril), pero cuando el 2004 irrumpió un nuevo boom petrolero y los precios se elevaron a 130 dólares el barril, Chávez entró en aquelarre, y secundado por los hermanos Castro de Cuba, los comandantes narcoguerrilleros de las FARC de Colombia y de cuanto malandro marxista y socialista andaba por América y Europa desempleados y buscando emplearse en una empresa grande, siguió adelante en una de las peores experimentos de maldad y destrucción que ha conocido la humanidad.

Otros merodeadores de la riqueza ajena, como los socialistas Lula da Silva de Brasil, Néstor y Cristina Kirchner de Argentina, Evo Morales de Bolivia, Rafael Corea de Ecuador y Daniel Ortega de Nicaragua se acercaron al nuevo reventón de la riqueza petrolera venezolana que ahora pertenecía a un salvador de la Humanidad salido de los cuarteles, y de conjunto, ejecutaron con campañas electorales para ascender al poder en sus países, la volatización en menos de 10 años de la bicoca de cuatro billones de dólares (4.000.000.000.000) producidos por el subsuelo venezolano, pagados por los países capitalistas de América, UE y Asia y despilfarrados por una pandilla de mesías, corruptos e incompetentes.

Con anotar que pretendieron desde la pobre y desvalijada América del Sur implementar una nueva “Guerra Fría”, sustituir a la “Organización de Estados Americanos, la OEA” (ministerio de Colonias del Imperialismo yanqui según la jerga izquierdista) por una nueva multilateral, la CELAC (donde solo participarían gobiernos de habla hispana), que desaparición a la Comunidad Andina de Naciones (por que era demasiado pro gringa) por un matroteto que se llamó la Unasur y hasta pensaron crear un ejército regional para enfrentar cualquier invasión gringa, ofrecemos un panorama resumido pero perfectamente corroborable de la tragedia que le hizo perder otro siglo a América Latina y tiene a Venezuela al borde de la disolución.

Porque cuando murió Chávez de muerte natural el 5 de marzo de 2013 y fue sustituido por un heredero nombrado desde La Habana, Nicolás Maduro, Venezuela inició un descenso en caída libre que redujo su PIB de un 80 a un 20 por ciento, empezó una monstruosa hiperinflación que alcanzó en 2018 un pico de un 1000000 por ciento, y un Estudio, Encovi, ordenado por la Universidad Católica Andrés Bello, trajo cifras espeluznantes como que un 90 por ciento de los 30 millones de venezolanos están en “estado de pobreza” y un 75 por ciento en “estado de pobreza crítica”.

Resultado del delirio de restauración en América del Sur del socialismo que había fracasado en China a finales de los 70, en la Unión Soviética a comienzos de los 90 y aún en los países que decidieron sostenerlo como una reliquia anacrónica como Cuba y Corea del Norte y que un grupo de náufragos reunidos en Sao Paulo en Brasil decidió embalsamar con miras a traerlo a la vida si las condiciones lo ofrecían, “El Foro de Sau Paulo” y entre cuyos fundadores estuvieron Fidel Castro, Lula da Silva y Manuel Marulanda, alias “Tiro Fijo”, primer comandante de las Farc colombiana.

Chávez ofreció a Venezuela como la víctima propiciatoria y ahora, en 2018, seis de sus 30 millones de habitantes han tomado el camino del exilio, la principal industria petrolera del país, PDVSA, ha sido destruida, así como las empresas del aluminio y del hierro y cientos de millones de tierra fértil expropiadas a dueños de fundos que abastecían de carne y productos agrícolas al país, convertidos en rastrojos y maquinaria abandonada y oxidada.

Pero nada que convenza a Maduro y su pandilla de socialistas destructores de entregar el gobierno y ni siquiera de aplicar correctivos y reformas, que alivien semejante cuadro de horror y desolación. Solo atajos que en sentido alguno cambian o modifican raigalmente la economía de país, como este de dolarizar parte del sector comercial al permitir que una moneda capitalista, “el dólar”, sustituya el bolívar, pero asignándole desde el BCV una paridad de 6,30 bs X 1 $, mientras el mercado asigna el precio real, que en tanto haya dólares en el BCV, y en los sectores público y privado, trajeron el alivio de no volver a verle los ojos jamás a la hiperinflación.

Y por diez meses la dolarización funcionó, trajo un cierto respiro y un cierto alivio de que las cosas podrían ser diferentes, pero al ser una medida que no fue acompañada de un ajuste real, digamos de una liberación del mercado y una política de inversión agresiva en los sectores público y privado, el BCV solo pudo recibir divisas de las pocas operaciones que realiza el gobierno con sus aliados de China, Rusia e Irán (en problemas por las consecuencias de la guerra Rusia-Ukranía) y de los remeseros también en problemas porque como trabajadores venezolanos en el exterior no pueden evitar ver mermadas sus cuentas y envíos. Y así el bolívar revaluado en su paridad con el dólar (1$: 6, 30 bs), hoy se cotizó a 9 y los pronósticos son que para fin de año se coloque en 20 bs o más.

En otras palabras, que el fantasma de la hiperinflación vuelve a rondar los hogares de los venezolanos y no hay gente sensata en el gobierno que entienda que el socialismo tiene 22 años destruyendo al país y hay que extirparlo, exterminarlo y desaparecerlo para siempre y si no crear una fuerza nacional o internacional que llegue a ponerle fin a un infierno que jamás prende una lucecita sino un abismo de más y más tinieblas.

28 de agosto 2022

Noticiero Digital

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Ignacio Avalos Gutiérrez

En su “Gran Hermano” y otros escritos, George Orwell predijo hace unas cuantas décadas, varias de las transformaciones que están afectando esencialmente, dicho sea sin pizca de exageración, las raíces de la vida humana. Por cierto, su obra central, “El Gran Hermano”, figura en una lista de libros, junto a “El Mundo Feliz” de Aldous Huxley, cuya lectura se censura en Estados Unidos.

“Wearables” para perros

Dentro del extenso, casi infinito, repertorio de innovaciones que de manera constante están apareciendo, en estas líneas se hará referencia a la denominada Internet de las Cosas, ese sistema tecnológico que, descrito brevemente y sin entrar en aguas profundas, constituye una red de interconexión digital entre dispositivos, personas y la propia Internet, que permite el intercambio de datos entre ellos y capturar información clave sobre el uso y el rendimiento de los dispositivos y los objetos. Diversos estudios anuncian que para el año 2025, esto es, a la vuelta de la esquina, habrá en el mundo alrededor de cuarenta mil millones de dispositivos haciendo posible el enlace de todos los objetos.

Entramos, pues, al escenario de los autos sin conductor, las maleta robot, los edificios climáticos, las impresoras 3D, los cepillo de dientes que anuncian las caries, los zapatos que registran los kilómetros que se caminan, las conversas con las inefables Siri y Alexa, las pulseras que monitorizan la tensión, los drones y los “wereables” para las mascotas, todo ello una parte mínima, apenas, de una lista interminable y surtida de innovaciones.

Y entramos, así mismo, al tema de los hogares inteligentes. En su más avanzada versión tecnológica, disponible sólo en pocos países, alude a sistemas que permiten manejar de manera remota las luces, la climatización y hasta verificar si las puertas y ventanas de la casa están debidamente cerradas. Y yendo más allá, a la posibilidad de modificar en distintos aspectos la sala de estar, las habitaciones y la cocina, hasta llegar al baño, un sitio al que no alcanzaron a llegar los vaticinios de Orwell.

Los retretes inteligentes.

En este caso, las propuestas desde el Internet de las Cosas incluyen música y noticias, duchas que regulan la temperatura del agua, espejos que analizan la piel, además de un inodoro eficiente desde el punto de vista energético y admite el uso de agua reciclada, además de deshidratar, secar y quemar los desechos sólidos

Por otra parte, en el marco de la salud personal, se cuenta con un catálogo de sensores que permite medir distintos valores de nuestro propio cuerpo (el porcentaje de grasa corporal o el azúcar en sangre, por ejemplo) e igualmente examinar de manera automática las heces y la orina para detectar ciertos tipos de cáncer, así como algunos trastornos digestivos y renales e, inclusive, ayudar a detectar enfermedades en etapa temprana. Por estas vías se reúne, así pues, un buen número datos con la identificación de la persona, que pueden hacerse llegar a manos del médico (y quién sabe a cuántas manos más, con qué propósitos).

Es posible suponer que hoy en día en Venezuela los baños inteligentes deben ser muy poco comunes y que seguramente hacen parte de la economía de burbujas en la que ahora se ha convertido el Socialismo del Siglo XXI. Y, por otro lado, estimar que los existentes no tienen la sofisticación tecnológica retratada en el presente artículo. Pero, en cualquier caso, no hay duda de que, como veremos en los próximos párrafos, remite a una cuestión que tarde o temprano, debemos considerar en sus distintos efectos.

¿Y la privacidad?

Los hogares inteligentes, con sus baños, forman parte de lo que distintos autores, cada quien a su manera, han descrito como “la sociedad de la transparencia”, indicando que los modernos dispositivos y objetos hiperconectados nos “desnudan socialmente”, dejando huellas que se convierten en datos que pueden ser utilizados, a veces causando grandes beneficios sociales y personales, otras generando enormes daños.

Visto lo escrito en estas líneas cabe deducir el grado en que se puede lesionar la privacidad, fundada en la inviolabilidad de la persona humana y cuya protección no es solo tema de los individuos, sino a toda la sociedad. La transgresión de ese principio, cuestiona seriamente la premisa de que sólo el individuo tiene el derecho de hacer públicos los asuntos relativos a su intimidad, aun cuando no es nada fácil delimitar qué debe quedar protegido y qué debe calificarse como intromisión. Un factor que agrava esto último es que, como ha sido señalado en varias investigaciones, se está generalizando la aceptación de la vigilancia por parte del vigilado, bajo el entendido de que vale la pena sacrificar en alguna medida la libertad, a cambio de seguridad. En suma, la entrega de los datos es apreciada como una compensación, según pudo verse el año pasado, durante la pandemia.

Los Ojos de Chávez

Se están eliminando de muchas partes, exigencia tal vez del capitalismo de bodegones que ahora nos rige y nos gobierna. Me refiero a los Ojos de Chávez, dibujados en las paredes del país, concebidos para darnos la sensación de que aún nos observa y controla.

En efecto, es cierto que los están borrando en algunos sitios pero la acción no es suficiente para disipar la amenaza asociada, entre otras cosas, al Sistema Patria, que apuntan a reducir los espacios de la intimidad de las personas, dejando a un lado el hecho de que la Constitución no sólo establece el respeto a la privacidad, sino que registra el derecho de las personas de acceder a la información y a los datos que sobre ellas mismas o sobre sus bienes, consten en registros oficiales o privados.

Aparte de lo anterior, no está de más recordar que obviamente nos encontramos con dificultades que en distinto grado y de diferente manera, interpelan al mundo en todos los escenarios por los que transita la vida humana y que, en medida importante, derivan de la velocidad y profundidad de los cambios tecnológico que tienen lugar en la Sociedad 4.0.

Advertir por otra parte que ha aumentado considerablemente la conciencia respecto a los desafíos planteados, abriendo el espacio a muchas iniciativas con el propósito de reorientar el desarrollo tecnocientífico, hoy en día plegado sin reservas a los dictados del crecimiento económico, al margen de casi cualquier otra consideración. Y añadir, finalmente, que las tareas que vienen realizándose, lo hacen a partir de la libertad del ser humano y de su capacidad de control sobre los procesos de transformación, teniendo como norte la solución de las múltiples crisis que, entrecruzándose unas con otras, perfilan el actual desmadre planetario.

Miércoles 31 de agosto de 2022

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