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Opinión

Edgar Benarroch

“MÁS VALE ENCENDER UNA VELA …”

“Más vale encender una vela que maldecir la obscuridad”, es el lema que últimamente a adquirido la asociación Amnistía Internacional. Es un gran mensaje que encierra una idea de cómo debemos comportarnos ante las dificultades y desavenencias que la vida nos presenta.

Las dificultades se enfrentan con alegría, entusiasmo y mucha voluntad de superación, nunca con más dificultades. Las tinieblas se combaten con luz, nunca con más obscuridad. La vida nos presenta situaciones en las que tenemos que tomar decisiones, unas de esas situaciones son bien recibidas porque nos transmiten felicidad y en en ellas es muy fácil y hasta placentero desenvolverse, pero también otras son cargadas de dificultades y sinsabores que afectan nuestro ánimo negativamente y ante ellas debemos tener claro cómo comportarnos para no ser preso de la negatividad que nos limitaría y es posible inutilice.

Las horas buenas las disfrutamos con entusiasmo y las malas debemos enfrentarlas no con más malestar sino con entusiasmo, optimismo y esperanza que la superaremos. Ante la infelicidad felicidad, ante la tristeza alegría, ante el desespero esperanza, ante las dificultades optimismo y todo ello depende exclusivamente de nosotros, de nuestra voluntad y disposición.

La inmensa problemática que afecta al país y a todos nosotros en particular, es muy honda y tiene características de una crisis muy severa; ante ella no debemos ser contemplativos y menos aún entregarnos resignados, lo que debemos hacer es cargarnos de coraje, valentía y disposición para salir de lo que nos atormenta y ello supone un cambio radical de lo que tenemos que es el origen de todos nuestros males. Salir de este régimen totalitario y populista y entregarnos a la dura y ardua, pero apasionante tarea de reconstruir el país y si es necesario refundar la Republica.

La Patria, hoy más que nunca, nos emplaza a la lucha sin descanso, al trabajo diario para organizarnos y construir la necesaria y urgente UNIÓN de todos quienes aspiramos cambio radical ya.

Está constituida la Plataforma Unitaria de Oposición, coordinada por un hombre serio, trabajador y responsable con claridad del camino que debemos transitar, Omar Barboza, y a ella y a él debemos rodear para vigorizar cada día más la salida de lo que tenemos y el advenimiento de un nuevo tiempo de trabajo, pero también de prosperidad, bienestar y felicidad para todos. Encendamos una vela por nuestro futuro próximo inmediato.

8 de septiembre 2022

DUELE MUCHO

Duele mucho ver a nuestro país en las condiciones que se encuentra, de ser uno de los más ricos de Latinoamérica, hoy somos de los más pobres del mundo. De tener la cuarta empresa más importante del mundo, PDVSA, que producía 3 millones 500 mil barriles diarios de petróleo en 1998, con programación de llegar a 6 millones en los siguientes cinco años, ahora tiene una producción de 400 mil barriles al día y se encuentra en las peores condiciones de su historia, al borde de la quiebra, aunque no se crea. Producíamos para satisfacer la demanda interna y el remanente que era la gran parte la destinábamos a la exportación que era el gran rubro del ingreso nacional. Pagábamos el litro de gasolina a 25 céntimos de bolívar y ahora nos cuesta veinte veces más y estamos en la necesidad de importarla. La inseguridad pública, personal y de bienes se mantenía por debajo del promedio latinoamericano ahora somos uno de los países más inseguros del mundo.

Duele mucho enterarnos que el 80% de nuestra población padece de hambre y que de ese porcentaje más de la mitad está en condiciones críticas, existiendo además el terrible y muy lamentable segmento que recurre a los desperdicios en busca de comida, se llama pobreza atroz. Mucho dolor por la hiperinflación que nos empobrece cada día más a todos y que el régimen no sabe cómo controlar y dominar, al contrario cada vez lanza más dinero inorgánico al mercado sin ningún respaldo, que la incentiva.

Duele mucho después de tener una planta industrial de las más importantes ahora nuestras zonas industriales son cementerios de galpones vacíos, más del 70% de las empresas han cerrado como consecuencia de una desastrosa política equivocada y mal intencionada del régimen mediante controles e imposiciones que hicieron imposible el funcionamiento. Duele mucho saber que estamos entre los países más corruptos del mundo, donde no hay transparencia ni control del gasto público y donde todos los poderes públicos están resumidos en Miraflores. Duele mucho saber que todo lo que antes estaba bien, ahora está mal y lo que estaba mal está peor. Antes teníamos servicios públicos eficiente y continuos, ahora son intermitentes y deficientes.

En fin, teníamos un país que, en medio de las dificultades, era vivible y nos desenvolvíamos con relativa paz y bienestar y alcanzamos niveles de progreso importantes donde venían gente de otros pueblos a disfrutar de nuestras bondades, ahora a nadie se le ocurre ni siquiera visitarnos y casi siete millones de venezolanos ha huido del país en busca de mejores condiciones de vida.

Nos cambiaron el país para peor. Necesitamos con urgencia revertir esta horrenda situación y ello empieza por un cambio radical de gobierno ya, lo que es posible y diría con relativa facilidad, si nos UNIMOS todos los que aspiramos una Venezuela muy distinta y mucho mejor.

7 de septiembre 2022

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO

La oración de San Francisco u oración Simple es hermosa, tradicional y de elevado mensaje y suele considerarse con Francisco de Asís. Cuando el Santo Papa Juan Pablo II se reunió con representantes de las Iglesias cristianas y religiones del mundo para orar por La Paz, la rezó. Es un poema escrito probablemente a principios del siglo XX pero atribuido al fraile italiano Francisco de Asís, aunque investigaciones posteriores dejan entrever otros orígenes de la oración, cuya autoría aún es incierta.

Esta oración, tras la del Padre Nuestro, es quizás la más conocida por su sencillez, calidez y hermoso mensaje repleto de buenos propósitos y deseos, se inicia así: “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: Donde haya odio, ponga yo amor; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo la fe; donde haya desesperación, ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría”; …. y concluye “Dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado y muriendo se resucita a la vida eterna”.

Esta oración es una de las más populares dentro del cristianismo, es un mensaje de paz y esperanza que cobró mucha fuerza antes y durante la Primera Guerra Mundial.

La oración es un mensaje por el cual invocamos a un Santo o Divinidad. Está basada en la fe, devoción y súplica. Rezar es repetir, es citar, mientras que oración es petición.

En estos tiempos tan convulsionados y particularmente críticos en nuestro país, debemos rezar y orar esta famosa oración de San Francisco o Simple en la seguridad que Dios, nuestro Señor, nos atenderá a cada uno de nosotros y seremos un instrumento útil y eficaz en la construcción de un mundo distinto y mucho mejor, donde el bienestar, la prosperidad y la felicidad estén presentes para hacer nuestras vidas más humanas.

Orar que es rogar, desear y pedir es una manera de expresarnos con elevación, entrega y convicción y de comunicarnos con El Creador que siempre está atento a nuestras súplicas y nos acompaña en nuestro desenvolvimiento.

6 de septiembre 2022

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Jesús Elorza G.

El tema de conversación, en los diferentes Dojos del país, era uno solo. Atletas, senseis y dirigentes, se preguntaban sobre el por qué circulaban una serie de rumores sobre la participación de nuestros karatecas en el XII Campeonato Mundial de Karate Junior, Cadete y Sub-21, a celebrarse en la ciudad de Konya Turquía del 26 al 30 de octubre de este año. Se comenta que el anterior presidente de la Federación Venezolana de Karate FVK, Arturo Castillo, solo permite la inscripción de los atletas si la misma es refrendada con su firma o aval.

-Ese señor está loco e bola, manifestaron los dirigentes. Como se le ocurre semejante barbaridad. si el ya no es presidente de la FVK. Pretende con esa conducta soberbia pasar por alto el mensaje que le dejó, la Asamblea General federativa, sobre su nefasta gestión como dirigente deportivo, llena de caprichos, imposiciones, arbitrariedades y manipulaciones, dedicado a imponerte brutalmente cuando alguien no te era de tu agrado.

-No olvidemos, dijo uno de los sensei que, el personaje de marras, es conocido como “El Pistolero Olímpico” por haber dicho públicamente que “tenía una pistola 9mm en su escritorio para echarle plomo a quien no estuviera de acuerdo con él”

-Tiene razón el sensei, señaló uno de los atletas. Tengo fresco en mi memoria, lo acontecido el pasado martes 25 de mayo 2021, cuando pudiéramos decir que la sede del Comité Olímpico Venezolano (COV), se transformó en un “Dojo” para albergar la Asamblea de Asociaciones, que había sido convocada para elegir a la Comisión Electoral que se encargaría del llevar a cabo las elecciones de la Federación Venezolana de Karate Do, para el periodo 2021-2025. En horas de la mañana, comenzamos a llegar atletas, entrenadores, personal técnico y dirigentes deportivos acreditados como representantes de las asociaciones para la referida asamblea. Pero, todos fuimos sorprendidos al encontrarnos que las puertas del Auditórium del COV ¡¡¡estaban cerradas!!!, por orden de Arturo Castillo, presidente de la Federación y Tesorero del Comité Ejecutivo del COV. Este personaje ni siquiera se hizo presente en la asamblea, “¡¡¡dirigió el cierre de las puertas y sus amenazas por video conferencia”…..el culillo es libre, dirían algunos.

-Cuarenta (40) personas debidamente acreditadas, en representación de diez (10) asociaciones, que decidimos proceder de acuerdo con la Ley y realizar la asamblea para la cual fuimos convocados, elegimos la Comisión Electoral para la elección federativa, propinándole, un “KO” fulminante, a todos aquellos, y muy especialmente a Arturo Castillo, que pretendieron perpetuarse ilegal y arbitrariamente en la dirigencia deportiva.

-Pero el personaje citado no se quedó tranquilo, expresó uno de los dirigentes que era abogado. Cuando Castillo se enteró que Miguel Obando se iba a postular dentro del proceso electoral correspondiente, ordenó abrir un fraudulento procedimiento disciplinario para sancionarlo y que gracias a la intervención oportuna de los tribunales de justicia, fue impedido mediante una medida cautelar que yo mismo redacté y que dan muestra inequívoca de sus perversas intenciones.

Al final, al celebrarse la Asamblea electoral los resultados fueron más que evidentes. Obando fue electo como nuevo presidente, nada más y nada menos que con 185 votos a favor contra 5 votos para el Pistolero Olímpico, de 190 votos válidos; qué merecida tenías la paliza y pena mayor que recibiste. Además, Obando y su equipo fueron proclamados por la máxima autoridad rectoral electoral, el Consejo Nacional Electoral (CNE).

-Bajo el mandato de ese señor Catillo, la podredumbre era el olor característico de esa nefasta gestión y de allí que, en muchas ocasiones las personas vinculadas con este arte marcial preferían calificarlo como “KARATE-FO” para dejar en claro las marramuncias que allí ocurrían y que, aprovechándose de su simultanea condición de tesorero del Comité Olímpico Venezolano (COV), utilizó este organismo como protección para mantenerse en el cargo.

De manera irresponsable y contrario al ordenamiento jurídico, el COV avaló el proceso írrito e ilegal de reelección de Castillo a la presidencia de la FVK, notificando al Comité Olímpico Internacional y a la Federación Internacional de Karate que la autoridad federativa venezolana reconocida era este individuo, generando así un grave problema para la participación del país en eventos internacionales.

-Llama la atención que las autoridades deportivas del país, Ministerio del Deporte y el Instituto Nacional de Deporte (IND) guarden un silencio cómplice frente a estos hechos y sigan sin convocar al Directorio del IND, que es el organo facultado por ley para aprobar las Providencias Administrativas a las Federaciones Deportivas. Además, también corresponde a esos organismos aclarar las informaciones que circulan sobre órdenes de captura emitidas por INTERPOL y la casa por cárcel que supuestamente se le ha concedido a Castillo y su grupo.

Los integrantes de la familia del KARATE-DO luchan constantemente por un Deporte Mejor en una Sociedad Mejor. Por el contrario, los que pretenden perpetuarse ilegal y arbitrariamente en la dirigencia deportiva, lo hacen para mantener la podredumbre que rodea al KARATE-FO.

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Julio Castillo Sagarzazu

Conversando hace unos días con el buen amigo Andrés Velásquez, discutíamos sobre si la nueva realidad de la oposición venezolana debía considerarse como el cierre de un ciclo o una etapa. Una discusión en apariencia bizantina, pero, como toda caracterización en la política, el tema no es semántico, sino esencial.

Al final del día, Andrés termino convenciéndome de que la idea de ciclo sugiere un volver a comenzar y una suerte de bucle que se cierra sobre sí mismo. De manera, que me pase a su tesis de las etapas, sin que me quedara nada por dentro.

No obstante, esta “capitulación” argumental no resuelve el problema de fondo. La realidad, mil veces testaruda, nos sugiere que sería importante volver a andar esos pasos y seguir sacándole el jugo al debate.

A propósito, me permitirá el lector, traer otra conversación con otro buen amigo, el Prof. Frank López (muy conocido en los medios académicos carabobeños). A él le escuche en una interesante exposición, un estudio que había hecho sobre “los ciclos” de la movilización social y política en Venezuela. Para hacer el cuento corto, López nos sugiere que cada 15 años hay una efervescencia social y política que trae consecuencias. (Por cierto, estaríamos entrando en una de ellas) Le comenté que Henrique Salas Romer, glosando a Ortega y Gasset, hacia un parangón similar e interesante. De manera que hay elementos para considerar el tema, como sugerente, para decir lo menos.

¿Se repite la historia? ¿Lo hace disfrazándose de etapas o ciclos que se abren y cierran? ¿Lo que pasa en Venezuela y otros lugares del mundo pueden reproducirse en el curso del tiempo?

Veamos:

Ya Heráclito nos recordaba que “nadie se baña dos veces en un mismo rio”. En efecto, el agua que pasa no regresará y los acontecimientos nunca se reproducen exactamente igual. Incluso, cuando Carlos Marx señaló, a propósito del golpe de estado de Luis Bonaparte (Napoleón “Le petit”, como lo llamaba Víctor Hugo) que la historia se había repetido, tuvo el cuidado de señalar que una vez lo hizo como tragedia y otra, como farsa. La tragedia fue la de Napoleón cuando el 18 de Brumario se entronizo como Primer Cónsul y la farsa, cuando su sobrino, elegido en comicios democráticos, resolvió proclamarse igualmente emperador, dando así inicio a lo que la moda, la arquitectura, el diseño y el urbanismo, llamaron entonces, el “Segundo Imperio”

La historia, podríamos decir entonces, que no se repite. Sin embargo, no cabe duda de que los acontecimientos se contienen unos a otros. Si el universo continúa expandiéndose constantemente y si, aun vemos en el presente, la luz de estrellas que desaparecieron hace miles de años, no es aventurado pensar que acontecimientos similares, pueden traer consecuencias similares. Quizás la historia se contenga si misma, de la misma manera que las “matrioshkas” (las muñequitas rusas) se contienen unas a otras, pareciendo iguales, aunque en realidad no lo sean.

La verdadera diferencia entre la naturaleza, el universo y la historia es que en la historia y en la vida social, la voluntad humana puede cambiar el curso de los acontecimientos. A veces lo hace de manera imprevisible y, en esto, copia la imprevisible libertad de trayectoria del electrón. Hay, efectivamente, acontecimientos que son revulsivos o catalizadores de cambios sociales: La nariz de Cleopatra; el pistoletazo de Sarajevo; el collar de María Antonieta, son buenos ejemplos. No obstante, son acontecimientos o situaciones que solo cambian el rumbo de la historia si los preceden y/o suceden, otros hechos y si la voluntad organizada de miles de hombres y mujeres, los conduce a un objetivo determinado.

Ese es el papel de una vanguardia organizada, sea esta partidista o no. Esa vanguardia, en Venezuela, tiene la obligación de interpretar los acontecimientos y no dar por sentado que, porque una vez cayo Pérez Jiménez o, porque otra vez Chávez, se fue momentáneamente, los hechos podrán repetirse. Tampoco es obligatorio que, porque la gente esté “pasando roncha”, se sacudirán automáticamente, un mal gobierno.

Quedarse sentados esperando no es una opción. Hoy, hay una clara oportunidad de accionar los mecanismos políticos que puedan producir un cambio de percepción de la mayoría de los venezolanos sobre el papel de las fuerzas democráticas. Los errores que hemos cometido pesan, y mucho, pero no son insalvables. La historia tiene muchas cualidades y una, es que puede ser indulgente y, a veces, da nuevas oportunidades. Nuestro desafío es aprovecharlas.

Es auspicioso ver el debate sobre cómo nos organizamos para enfrentar un eventual proceso electoral. Opiniones hay para todos los gustos. Unas de buena fe y, otras, como suele ocurrir, no lo son tanto.

Las primarias son una buena oportunidad para volver a tomar la iniciativa (algo que en la política es fundamental) pero no podemos hacer cualquier primaria. Ya, desde varios flancos, están disparando contra ellas. De allí que es necesario dejar la menor cantidad de grietas posibles.

Unas primarias organizadas por personalidades inobjetables, donde puedan participar todos los venezolanos, se encuentren donde se encuentren. Unas primarias que sirvan también para dirimir el tema de la dirección política y un programa consensuado dejaran, sin argumentos creíbles, a sus detractores.

La historia no podemos controlarla, venga vestida en ciclos o en etapas. Tampoco se repite idénticamente. Sin embargo, lo que si podemos hacer es trabajar y poner toda nuestra voluntad para que se parezca a lo que queremos.

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Humberto García Larralde

Un principio básico de economía, grabado en piedra, es que la productividad determina la capacidad adquisitiva de una población en el tiempo. Nos referimos a la productividad laboral, que mide los bienes y servicios producidos por trabajador. Entre los factores que explican su mejora está la inversión en maquinaria y equipos, la innovación y aplicación de nuevas tecnologías, la capacitación de la mano de obra y la reducción de las trabas de todo tipo a las actividades de producción e intercambio.

Durante muchos años Venezuela eludió esta ley de hierro gracias a las rentas internacionales que captaba por la venta de su crudo. Permitían, en el marco de un esquema proteccionista, remunerar a trabajadores y empleados por encima del valor de su productividad. Bajo los gobiernos democráticos redundó en altos niveles de bienestar. Pero alimentó una cultura rentista, propicia a prácticas populistas y clientelares, cuyas perversiones fueron minando las bases de sustento de la democracia. Le tendió la cama al advenimiento de un “salvador de la Patria”, quien buscó el control personal de PdVSA para dilapidar estas rentas entre cómplices y en programas populistas que le dieran réditos políticos: “ahora PdVSA es de todos” (¡!). Con tan formidables recursos, Chávez procedió a desmontar las instituciones que amparaban a las actividades económicas del sector privado, bajo la consigna de construir el “Socialismo del Siglo XXI”. Creó, así, las condiciones que terminaron por arruinar la economía.

Como sabemos, Maduro acentuó este desastre. A ello contribuyó mucho la profundización y extensión de prácticas depredadoras entre militares corruptos y “enchufados”, propiciadas por su mentor. Ahora resultaban aún más decisivas para mantenerse en el poder. Pero al bajar los precios internacionales del crudo de los niveles abultados que había disfrutado Chávez, la economía cayó en barrena. Se encogió a menos de la cuarta parte de cuando asumió Maduro. Imposible satisfacer en estas circunstancias a sus secuaces y mantener un nivel manejable de paz social. Atendiendo, presumiblemente, a quienes habían asesorado a Rafael Correa en Ecuador, Maduro engavetó la prédica socialista y se acercó al sector privado, liberando precios y la circulación de dólares. A pesar de respuestas que parecían auspiciosas, la incipiente liberalización no tardó en verse comprometida por los desequilibrios intrínsecos a la gestión chavo-madurista. Saltó el precio de la divisa, con impacto en algunos precios internos, porque el sustrato productivo de la economía seguía siendo muy precario. Veamos.

Durante los años en que la actividad económica se reducía (2014-2020) y, con ello, la productividad laboral, Maduro pretendió defender la capacidad adquisitiva de los trabajadores decretando sucesivos aumentos del salario mínimo (21 hasta finales de 2021). Pero, con el colapso de la base impositiva por la ruina de la economía doméstica y de la capacidad productiva de PdVSA, y el aislamiento financiero internacional del Estado, luego del default fáctico sobre sus deudas en 2017, no tenía cómo pagarlos. Acudió al financiamiento monetario del Banco Central, que terminó multiplicando la liquidez en más de 70 millones durante estos años, sumiendo al país en una hiperinflación pavorosa. Sus decretos produjeron el efecto contrario: para finales de 2021 el salario mínimo real (con bono de alimentación) se había reducido a solo el 5% de cuando asumió la presidencia. Pero en marzo, Maduro decretó otro alza.

El combate a la hiperinflación lo emprendió Maduro demasiado tarde, cuando ya había acabado casi por completo la capacidad adquisitiva de los venezolanos. Se concentró, además, en reducir de forma drástica la oferta monetaria, recortando el gasto público, paralizando prácticamente la actividad crediticia de la banca con encajes prohibitivos y vendiendo los escasos dólares que entraban al BCV para “anclar” su precio y absorber liquidez. Contribuyó, así, a deprimir aún más la actividad productiva y, con ello, la remuneración de los trabajadores. En absoluto introdujo medidas que buscaran reequilibrar la economía promoviendo una mayor demanda de las variables monetarias. De ahí su precariedad.

La economía venezolana revela actualmente un desempleo altísimo de recursos productivos, mídase como se mida. Obviando la incómoda discusión de cuál es el producto potencial real del país en estos momentos –parte del aparato productivo ha sido destruido más allá de toda recuperación--, es patente que, con las políticas adecuadas, la actividad económica podría incrementarse radicalmente en poco tiempo. Estamos hablando de superar el nivel más alto del PIB (real) registrado, el de 2013, en menos de quince años. Por el contrario, con la “normalización” de Maduro ello tardaría, en el mejor de los casos, unos 40 años. Tan rápida reactivación conllevaría un incremento significativo de las transacciones –actividades de compraventa, contrataciones, créditos, empleo, inversiones-- que permitirían reabsorber los excedentes monetarios. Sería un ajuste expansivo. En presencia de un fuerte desempleo de recursos, la política antiinflacionaria no debe dejar por fuera la activación de la demanda monetaria.

¿Cómo se diferenciaría de la gestión de Maduro? A continuación, algunos aspectos centrales:

1) Un retorno al ordenamiento constitucional y a las garantías inherentes al Estado de Derecho, que impliquen reglas de juego que den seguridad y confianza a los inversionistas;

2) La concertación de un generoso financiamiento internacional, con una reestructuración profunda de la deuda externa, capaz de auxiliar un programa exitoso de estabilización macroeconómica y proveer los recursos con los cuales recuperar la capacidad de gestión del Estado;

3) Aprovechamiento cabal de la capacidad ociosa del aparato productivo nacional en el corto plazo;

4) Una estrategia de desarrollo explícitamente orientada al desarrollo de la competitividad, con base en políticas industriales bien concebidas y articuladas, favorables al emprendimiento productivo;

5) El aprovechamiento de la transición energética y de las oportunidades de la 4ª Revolución Industrial, fortaleciendo las capacidades de innovación y de desarrollo tecnológico del aparato productivo.

La “normalización” de Maduro se centra, por el contrario, en el consumo de bienes importados pagados en dólares. Un rentismo raquítico, porque éstos escasean. Muy poco va en aumentos en la producción y en la generación de empleo productivo. De ahí su tipificación como burbuja. Para nada se orienta a superar los factores que entraban el aprovechamiento de la enorme capacidad inutilizada que presenta, hoy, el aparato productivo doméstico, en particular:

a) La emigración de mano de obra calificada y de talento profesional;

b) El colapso de los servicios públicos y de la infraestructura física;

c) Un marco institucional –leyes, reglamentos— asfixiante y punitivo, aplicado a discreción;

d) La destrucción del tejido industrial (clusters que sustentan la competitividad): proveedores, industrias complementarias, servicios especializados de apoyo, etc.

e) Una banca atrofiada, que ha visto reducir sus activos en un 90% y su capacidad de intermediación en su casi la totalidad desde 2013;

f) El colapso de la capacidad de respuesta administrativa y de gestión del Estado en tantas áreas;

De resolverse exitosamente los cuellos de botella señalados, el salto en la productividad sería inmediato. Permitiría aumentar las remuneraciones significativamente en un corto plazo, satisfaciendo expectativas de mejora sostenida en las condiciones de vida de la población trabajadora. Pero ello sólo sería posible en el marco de condiciones como las referidas arriba. ¿Podrá Maduro con eso?

“¡Mucho camisón pa’ Petra”!, habrían exclamado nuestros padres. Por las denuncias que se leen a diario, Maduro en absoluto le interesa alterar la dinámica de expoliación de militares corruptos y enchufados. ¿Dónde están las garantías para quienes quisieran invertir con miras en el largo plazo? ¿Y para que el talento emigrado retorne, aunque sea en parte? ¿Dónde los derechos laborales que permitan luchar por mejoras en las condiciones de trabajo y negociar las remuneraciones que se merecen? ¿Y la transparencia y la rendición de cuentas en el manejo de los recursos de la nación que se confían a quienes dirigen el Estado? ¿Dónde están los derechos humanos y civiles que amparen la movilización ciudadana a favor de la recuperación de los servicios públicos y niveles dignos de seguridad? ¿Cómo queda la libertad? Agenda obvia para el cambio político por el que claman los venezolanos.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

Las elecciones primarias para elegir al candidato de la oposición que deberá enfrentar a Nicolás Maduro es el procedimiento que pareciera tener aceptación general. Es el más democrático y, además, ningún dirigente de los partidos políticos sobresale. De los precandidatos que se asoman, unos tienen méritos, otros no tanto. ¿El ganador tendría suficiente apoyo de los perdedores y del resto de los ciudadanos? ¿Su grado de aceptación sería suficiente para convencer a los abstencionistas y para vencer al aparato electoral del régimen? ¿Es posible unas primarias sui géneris?

El panorama político es complejo. Discutir si conviene o no negociar con el régimen pareciera que, en estos momentos, es una discusión bizantina, ya que Maduro considera que el chaparrón que le estuvo cayendo es hoy una simple garúa, por lo que no tiene interés en conversar. Ello implica que las elecciones se realizarán cuando le convenga, con un registro electoral no depurado, ni actualizado y en las mismas condiciones actuales; además, colocará todos los obstáculos para impedir el voto masivo en el exterior.

Del lado de la oposición, los dirigentes políticos no se ponen de acuerdo sobre cuándo deben ser las primarias, quiénes pueden participar, si es con el CNE o sin él, y si apoyan o no el voto de los venezolanos en el exterior.

Realizar primarias sin el CNE tiene la ventaja de que podrían votar los venezolanos que están en el exterior. La desventaja es el mayor costo y que, aunque no nos guste, las elecciones se realizarán con este CNE. ¿Cómo reaccionarían los ciudadanos si se les dice que las primarias se harían sin el CNE porque no le tenemos confianza, pero después los convocan a votar en la presidencial con ese mismo organismo?

Por si fuera poco, abundan los candidatos que solo cuentan con el apoyo familiar o de sus vecinos. Estos no deben preocuparnos, ya que los votantes los descartarán. Del grupo de los “alacranes” surgirá uno o más candidatos. Ya José Brito se lanzó al ruedo, aunque no tiene cuadrilla, ni simpatizantes en los tendidos. El único que podría restar algunos votos al candidato de la oposición es Bernabé Gutiérrez, pero confiamos que logren neutralizarlo quienes conocen su trayectoria.

Los probables precandidatos de los partidos cuentan con un porcentaje bajo de aceptación y un rechazo considerable. Además, varios de ellos están inhabilitados, aunque injusta e ilegalmente, y la dictadura no los aceptará. Entre los dirigentes de los partidos que podrían participar y que tienen cierta aceptación están María Corina, Andrés Velásquez, César Pérez Vivas y Omar Barboza. ¿Sería posible considerar otros nombres, como Ramón Guillermo Aveledo, Werner Corrales, Asdrúbal Aguiar, José Guerra, Eduardo Fernández, Cecilia García Arocha y Humberto Calderón Berti, entre muchos otros con méritos?

¿Es factible que uno de ellos sea apoyado por la mayoría y que su nombre sea sometido como el candidato de mayor respaldo en las primarias? Serían unas primarias sui géneris, en las que se presenta un candidato con más probabilidades de ganarlas, pero que debe competir con otros y ser avalado por el voto.

Nuestro candidato electo en las primarias debe comprometerse a tener testigos en todas las mesas electorales, asegurar que no se presentará a la reelección, promover la reconciliación de los venezolanos, que haya justicia y no retaliación por motivos políticos; dispuesto a gobernar con un equipo integrado por ciudadanos conocidos por su honestidad y experticia para reconstruir el país, pertenezcan o no a un partido político. Tiene que asegurar que sus prioridades serán enfrentar el problema de la pobreza, reactivar la industria de los hidrocarburos, la agricultura y la producción de acero, aluminio y petroquímica, y luchar para que puedan votar los venezolanos en el exterior.

El electorado está cansado de muchas décadas de promesas incumplidas, por lo que nuestro candidato debe tener credibilidad, ser capaz de convencer de que sí es posible tener un mejor país y tener el coraje de defender su eventual victoria electoral. Respetamos a quienes piensan que no hay salida electoral. Es probable que tengan razón, pero en las circunstancias actuales no se visualiza otra vía. Hay que votar como instrumento de lucha. Una vez más, instamos a los partidos a unirse alrededor de un candidato.

Como (había) en botica

Las ONG de derechos humanos deben investigar las denuncias sobre el intento de asesinar y torturas al mayor Andrik Cañizales, quien perdió un ojo. Hay señalamientos contra un coronel y un sargento, entre otros.

Las acusaciones entre Rafael Ramírez y Tarek El Aissami evidencian el grado de corrupción del régimen Chávez-Maduro. Contundente la intervención del diputado Julio Montoya sobre la responsabilidad de Maduro en la corrupción en Pdvsa

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Gregorio Salazar

Tarek El Aissami buscaba un calificativo que pudiera dar la idea más acabada del hecho monstruoso que venía a anunciarle con toda solemnidad a la nación. Apenas le salieron dos: megafraude y megarobo. Se quedó corto porque lo pudo haber etiquetado como una «estafa galáctica» e igual se quedaba corto.

En cambio, al referirse al autor intelectual y gran aprovechador del delito, el ex Ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, los epítetos le fluyeron como manantial de aguas servidas: ladrón, bandido, traidor, monstruo de mente perversa, gángster…

El hombre hizo todo los esfuerzos histriónicos para mostrar indignación. En efecto, venía a denunciar, «una de las tramas de corrupción más graves que hayamos conocido en la industria petrolera», con lo que dejó muy claro que, lejos de ser la única, ha habido otras –¡quién sabe cuántas!– del mismo tenor. Bueno, eso ya es caliche…

En pocas palabras, el tan ponderado Rafael Ramírez, aquel que fue uña y sucio, sucio y uña con el comandante Chávez; ese que juró hacernos entender a carajazos que Pdvsa era «roja rojita»; el mismo cooperador necesario e imprescindible para que Hugo manejara a la industria petrolera como «caja chica» personal, logró birlar a Pdvsa la minucia de 4.850 millones de dólares.

Lo hizo así: «contrató» con una empresa de unos panas bolichicos una línea de crédito de Bs. 17. 490 millones que nunca entraron a las arcas de Pdvsa, y que ésta pagó a lo largo de un año en 28 cómodas cuotas depositadas en cuentas de Panamá y Saint Vincent. Lo demás fue «repartirse la cochina».

Una de las cosas que estremeció a El Aissami en la rueda de prensa fue recordar que Ramírez, también conocido con el alias de El Largo (y de dedos vaya si lo es) cometió tamaña bellaquería cuando Chávez (unos dicen que en Cuba y otros que el Hospital Militar), se disponía a entregar su alma al Señor, no se sabe si de los cielos o al de otros espacios inmensamente más calurosos. Todo es incierto en la revolución bolivariana.

Tal circunstancia fue calificada por el declarante como «una puñalada al alma de la revolución bolivariana”. Debió ser, en todo caso, con un puñal empapado de anestesia porque, vea usted, ha venido a doler diez años más tarde. Es así, los hechos narrados como fresquitos por El Aissami ocurrieron hace más de una década, mientras entretenían a la población con el cuento de la «Venezuela potencia».

Un momento estelar de la rueda de prensa sobrevino cuando al señalar que en el mismo mes en que se firmó el contrato de marras –y sin haber recibido un centavo– Pdvsa entregó a sus timadores $ 230 millones, El Aissami, como si le quedara un rezago de incredulidad, casi suelta la risa. Sólo le faltó agregar: ¿Qué bolas, no?

Pasaron pocas horas para que Ramírez contraatacara en un canal colombiano. Acusó a Erik Malpica Flores, sobrino de Cilita, de haber vaciado la arcas de Pdvsa, utilizando el doble sombrero de vicepresidente de finanzas de la petrolera y Tesorero Nacional, e involucró en operaciones de lavado a un famoso dueño de una planta televisiva. Otra vuelta para ese ventilador.

En cualquier país un robo tan descarado y por esa ingente suma hubiera cimbrado las bases del gobierno. Aquí es como si se oyera llover. De cuando en cuando estallan estas tramas grotescas de corrupción y abuso de poder en las que los involucrados se lanzan réplicas y contra réplicas hundidos en una ciénaga con el lodo a las pestañas. Son los actores que hemos visto desfilar por los más altos cargos de la administración pública, miembros exclusivos de la cúpula, salidos de las propias entrañas de la revolución que convirtió una petrolera estatal modelo en un montón de chatarra.

Una cosa es cierta: no es posible entrarle a palos a Rafael Ramírez sin que le salgan chichones a Chávez, el mismo que manejó la mayor riqueza petrolera que ha recibido la nación venezolana y la dejó hundida en la más abyecta miseria. ¿Qué bolas, no?

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

Twitter: @goyosalazar

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Fernando Mires

Un milagro pareció ser Gorbachov. Un milagro, a su vez, parece ser todo aquello que no encuentra explicación inmediata y aparece donde me­nos se piensa. Pues que el imperio soviético llegara a su fin, era algo que soñaban muchos disidentes. Pero que la ruptura decisiva proviniera de la cima del aparato de poder más burocrático de la historia mundial, no se lo imaginaba ni el más optimista. Y sin embargo, así ocurrió.

Pero los milagros son fenómenos sin explicación. Desde esa perspectiva Gorbachov no es un milagro, sino que parte de un proceso bastante racio­nal. Por de pronto, Gorbachov no era una persona aislada. En cierto modo era un dirigente típico de partido y en gran medida, un ciudadano soviético normal. De su historia personal sabemos que su abuelo, un kulak a quien parece haber admirado bastante, fue expropiado y perseguido por Stalin, debiendo pasar nueve años en el siniestro Gulag; que el abuelo de su que­rida Raisa fue asesinado durante el régimen de Stalin; que su padre murió en la guerra. Razones familiares no tenía Gorbachov para adorar a Stalin, y sin embargo como ocurrió con tantos rusos, lo adoraba. Incluso, en los tiem­pos en que era un brillante joven comunista trataba de emularlo hasta en el tono y forma de hablar.

Esa dualidad de acción y pensamiento era preci­samente una de las características del «homo soviéticus», como observó G. Sheehy, uno de sus buenos biógrafos. Por un lado, lleva en su inconsciente las heridas que provocan los asesinatos a los seres amados, la represión sistemática, la degradación de la moral personal en función de la razón de Estado a la cual pertenece delatar a los propios amigos. Por otra, sabe que para sobrevivir, hay que adaptarse a reglas del juego que impo­nen los detentores del poder. Si es miembro del Partido, debe combinar téc­nicas de sobrevivencia con capacidad para conseguir protectores que le ayuden a escalar posiciones, tanto burocráticas como profesionales. De la misma manera, sabe que repentinamente pueden originarse cambios en la cúspide y debe estar preparado para readaptarse a nuevas circunstancias.

La sociedad soviética y el Partido eran verdaderas escuelas en la formación de «camaleones sociales» lo que en la profesión política puede, bajo ciertas condiciones, ser una virtud. De la misma manera, quien quería llegar lejos en la vida debía desarrollar una suerte de «disonancia cognitiva», que significa algo así como realizar algo con la mayor naturalidad, pensando exactamente lo contrario.

Vivir en la contradicción puede ser para un miembro de una so­ciedad democrática, insoportable. En la URSS era no sólo normal, sino que una condición de sobrevivencia y de progreso personal. Y precisamente esas características aparentemente negativas supo convertirlas Gorbachov en cua­lidades. Quien había pasado por la escuela del stalinismo y ganado el apoyo de protectores tan poderosos como Suslow (una especie de Richelieu rojo) o Andropov (durante largo tiempo jefe de la KGB) y que además reunía condi­ciones personales muy valoradas por el régimen como una disciplina que ra­yaba en el ascetismo, capacidad fanática de trabajo, inteligencia, una cultura más que sobresaliente para su medio, y sobre todo, un irresistible «charme» – que lo llevó a cautivar (políticamente, por supuesto) nada menos que a la «dama de hierro» inglesa y a que Reagan le tomara casi tanto cariño como a Micky Maus – estaba llamado a entrar alguna vez al umbral de «los elegi­dos».

Si hubiera que buscar una fórmula clave para designar el sentido las reformas propuestas originariamente ella es: informática+ de­mocratización o, en la terminología de Gorbachov, Perestroika+ Glasnost. Esa fórmula buscaba expresarla Gorbachov en otra, aún mucho más llamativa: La Segunda Revolución es precisamente el subtítulo de su libro escrito en 1987: Perestroika. La primera revolución era naturalmente la de octubre de 1917. La de Gorbachov y una fracción bastante numerosa del PCUS, buscaba establecer continuidad con la primera, y cumplir el sueño leninista- stalinista- jruscheviano de desarrollar las fuerzas productivas y transformar a la Unión Soviética en una potencia moderna. En ese sentido la fracción gorbachiana no se apartaba un ápice de la ideología modernizadora de sus principales predecesores.

No olvidemos que para Lenin el socialismo era electrificación+ Soviets. Para Stalin había sido Gulag+ industria pesada. Para Kruschev era conquista del espacio+ bomba atómica. En esa carrera loca para emular al enemigo, al «capitalismo imperialista», sólo la era Breschnew echaba a perder el juego, pues su política no estaba dirigida tanto a desarrollar las fuerzas productivas, sino a la mantención precaria del orden establecido. Es por eso que en sus primeros momentos, los cañones ideológicos de Gorbachov estaban dirigidos no contra el stalinismo, sino contra el período Breschnew, bautizado como la estagnación, lo que en cierto modo implicaba una justificación ideológica indirecta del stalinismo. Y en efecto: la ideología del bolchevismo, aún presente en los años ochenta, podía tolerar los crímenes de Stalin y de Lenin, pero no la falta de «crecimiento económico».

Debido a esa razón, la constatación del principal asesor econó­mico de Gorbachov, Abel Aganbegjan, relativa a que el último plan económico (1981-1985) arrojaba un saldo de cero, no podía sino constituir un escándalo político al interior de la «Nomenklatura». El desarrollo de las fuerzas productivas era, entre otros puntos, parte de la racionalidad interna del marxismo soviético; «la guerra económica» que, a fin de cuentas, debía de ser tanto o más decisiva que la política o la militar frente al «mundo ca­pitalista».

En 1982, Andropov, esa extraña simbiosis de policía e intelectual, había hecho preparar un informe en el que participaron los más connotados espe­cialistas soviéticos. El resultado, para la ideología comunista, no pudo ser más desalentador (Spiegel Spezial 1991:92). Sobre esa situación se ha escrito bastante y lo concreto puede resumirse así: la URSS se encontraba al borde del colapso financiero y, lo que era peor, en los niveles de producción, y en el tecnológico, muy atrasada respecto «al capitalismo». Cuando el último re­presentante de la gerontocracia bolchevique, Chernenko, falleció (10 de marzo de 1985), el relativamente joven Gorbachov traía como principal misión sacar a la URSS de la estagnación y reencauzarla por las sendas del pro­greso en dirección del socialismo. Gorbachov debía ser el encargado de restaurar el orden histórico. Y para eso era necesario una segunda revolu­ción.

La primera revolución, la antizarista, había sido nacional, democrática, y sobre todo, popular. Esto último no se puede decir desgraciadamente de la que quería encabezar Gorbachov. Que se sepa, Gorbachov no alcanzó el po­der montado en ninguna ola revolucionaria, ni nunca hubo alguna manifesta­ción popular de importancia en contra de Brechner.

Gorbachov era, en el mejor de los casos, el representante de una revolución interpartidaria. Es por eso que la lectura que él y su fracción hicieron de la realidad no podía ser la misma que hacía el pueblo.

Digámoslo así: el pueblo soviético no estaba interesado mayormente en el desarrollo de las fuerzas productivas, ni en que la Unión Soviética se convirtiera en potencia mundial, ni en derrotar al imperialismo, ni en nada de las cosas en las que estaba interesado su «glorioso Partido». Más aún: y espero que el lector me entienda: parece que nunca, en su triste historia del último centenio, lo pasó mejor que durante Breschnew.

Por cierto, subsistían los sistemas leninistas- stalinianos de vi­gilancia, las relaciones de desconfianza, las tristemente famosas clínicas psi­quiátricas, y las persecuciones a disidentes. Nadie podía leer lo que quería, ni manifestar libremente sus opiniones. Pero comparada con el pasado, la generación de Breschnew vivía una especie de stalinismo con rostro humano. No había gran escasez; por lo menos lo suficiente para comer y sobre todo para beber, y lo que no se conseguía en tiendas, se adquiría a buen precio en el mercado negro, como viene ocurriendo desde la antigüedad hasta nuestros días en todas partes. Se trabajaba lo suficiente, pero no dema­siado, y sin mística patriótica ni comunista, sino simplemente para tener lo suficiente para alimentar a la familia, salir en las escasas tardes de verano a comer esos deliciosos helados rusos, y emborrachare el fin de se­mana como ocurre con los trabajadores de casi todo el mundo. Y la URSS era fundamentalmente un país de trabajadores (y de burócratas). En cual­quier caso, no era un país revolucionario, y eso es lo más normal que le puede suceder a cualquier país.

Por cierto, había que pagar ciertos precios: asistir por lo menos irregularmente a reuniones de partido o de sindicato (era lo mismo), desfilar marcialmente el primero de mayo, inscribir a los hi­jos en los «pioneros», y trabajar un par de días voluntarios al año por Cuba, Vietnam, Chile, o cualquier otro país caído en desgracia. Pero eso no era nada comparado con el Gulag y las guerras que habían tenido que so­brellevar en el pasado. Quizás fue esa la razón por la cual el pueblo sovié­tico se asustó tanto cuando Gorbachov pretendió movilizarlo en función de una nueva revolución. En nombre de la revolución había tenido que sufrir demasiado y ya no quería hacer ninguna más. También los pueblos tienen derecho a descansar.

Pero Gorbachov no pertenecía al pueblo. Era un hombre de Partido, y por lo tanto le interesaba más el futuro que el presente, sobre todo si se tiene en cuenta que su Partido vivía de ficciones históricas. La fracción mo­dernizante, desde los tiempos de Andropov, estaba evidentemente escanda­lizada de lo que ocurría entre los seres mortales.

Como herederos de la tra­dición revolucionaria inaugurada por los bolcheviques, era puritana. De otra manera no se explica que Gorbachov haya iniciado su proyecto democrático con una campaña en contra del alcoholismo. Puritano, como Lenin y Stalin, como Kruschev y Andropow, como Robespierre, pero no como Dantón, no po­día tolerar que el país se escapara del orden histórico asignado desde el Olimpo.

El leninista puritano que era Gorbachov en 1987 escribía por ejemplo que el pueblo (o su Partido) «ven con conmoción y disgusto que los sagrados valo­res de la revolución de octubre sean tratados a puntapiés». Y como un profesor de escuela frente a una desordenada clase se indignaba por «la erosión de la moral pública, del digno sentimiento de soli­daridad de los primeros años de la revolución, de los primeros planes quin­quenales, de la de la gran Guerra Patria, y de la reconstrucción de post­guerra, los que han perdido su significado».- Y agregaba todavía más irri­tado – «En cambio aumentan el alcoholismo, la drogadicción y la criminalidad. Se fortalece la penetración de los estereotipos de la cultura de masas, que a nosotros nos son extraños y que conllevan un gusto primitivo y al empobreci­miento ideológico».

Gorbachov, siguiendo la línea de An­dropow, llegaba al poder en su doble condición de modernizador y restaura­dor. Él se encargaría de restaurar el orden de la historia en contra del caos breschneviano. Democracia sí, pero de acuerdo a las normas socialistas y, como se deja ver en las líneas citadas, reivindicando incluso la obra de Stalin. Como los grandes revolucionarios, el desrevolucionario Gorbachov no podía entender que el pueblo soviético no quería vivir en el curso de la historia sino en de la vida real y cotidiana, nada de heroica, pero a veces más hermosa.

La historia de Rusia desde Pedro el Grande hasta Yelzin, pasando natu­ralmente por Stalin, ha sido la de modernizar «desde arriba» al país. En al­gunos terrenos como en el tecnológico- militar había sido alcanzado ese ob­jetivo. Pero el objetivo máximo, alcanzar, y después superar al «capitalismo», estaba lejos de materializarse durante la época Breschnew. Kruschev había prometido nada menos que la sociedad comunista para 1980. Durante Breschnew ya nadie quería acordarse de eso.

En el terreno militar, por ejemplo, ya habían perdido la guerra. En el de la produc­ción se habían quedado más que rezagados. Ni hablar del cultural, pues Coca Cola y Rock and Roll ya se habían apoderado de la so­ciedad soviética, como constataba escandalizado Gorbachov. Por si fuera poco, la violación permanente de la realidad en función de un objetivo meta histórico: la revolución industrial en un sólo país, había degradado las fuentes de todo proceso económico: la naturaleza y el ser humano.

El drama de la URSS era tener que alcanzar siempre «al enemigo». La lógica militar, en función de ese objetivo, había sido trasladada durante la Guerra Fría a la de la producción. No por casualidad la terminología econó­mica estaba plagada con la jerga militar. Y cada año, los jerarcas llenaban de medallas los pechos enflaquecidos de «los héroes del trabajo». En pocos países del mundo «la ideología del crecimiento» ha sido impuesta con mayor fanatismo que en la URSS. El problema es que de tanto perseguir al ene­migo, la economía, en su conjunto, se había estructurado como «una economía de alcance». La producción no «crecía» de acuerdo a las necesidades inter­nas, sino que de los avances del enemigo.

En otras palabras: para alcanzar al enemigo, necesitaba del enemigo. El enemigo era el principal factor de crecimiento. Pero, para que esa economía funcionara, el enemigo no debía ser nunca alcanzado, pues de otra manera dejaba de ser una economía de al­cance. El drama de Sísifo estaba presente en la economía soviética en toda su magnitud. En tiempos de Gorbachov ya era evidente, que después de Stalin, la URSS había realizado hasta sus últimas consecuencias, la segunda revolución industrial, y precisamente cuando se disponía, durante Breschnew, a disfrutarla, el enemigo ya había realizado la tercera.

De un modo general es posible decir que el proyecto originario de Gor­bachov era crear marcos políticos institucionales a fin de modernizar al país en función de los objetivos determinados por la tercera revolución industrial. En los propios términos marxistas, la URSS vivía un momento en que las fuerzas productivas habían entrado en contradicción con las relacio­nes sociales de producción. Tal era al menos el diagnóstico de Andropov hecho suyo por la fracción gorbachiana. De ahí la importancia que tenía, a juicio de Gorbachov, la democratización, a la que concebía como una condi­ción para el desarrollo y la modernización económica. «Perestroika» -escri­bía- «es sólo posible sobre fundamentos democráticos».

De acuerdo a la lectura de la realidad hecha hasta 1987, Gorbachov se en­contraba en perfecta sintonía con el orden histórico que regía en la URSS. Stalin había realizado, sobre las bases de una acumulación originaria de ca­pitales, la revolución industrial, la que se había estagnado durante Breschnew. La revolución modernizadora debería iniciarse bajo su reinado. Como las condiciones no estaban dadas para una reestalinización del poder, lo que además habría sido imposible – no sólo porque la introducción de tecnología basada en la informática es relativamente incompatible con siste­mas políticos cerrados (Mandel 1989:34) sino además porque era contraprodu­cente para la distensión internacional que a su vez era fundamental en la provisión tecnológica que requería la URSS, no quedaba más alternativa que «activar al factor humano», como continuamente repetía Gorbachov en su li­bro acerca de la Perestroika.

De ahí que invirtiendo la lógica economicista de sus predecesores teóricos, la democracia aparecía ahora no como el re­sultado del desarrollo, sino que como su condición. Perestroika quería ser, a la vez, la segunda revolución política (la primera era la de Lenin) y la se­gunda revolución industrial (la primera era la de Stalin). Al final no fue ninguna de las dos. Pero sí fue la primera desrevolución del mundo.

El aporte verdaderamente revolucionario de Perestroika residía sin em­bargo en sus proyecciones internacionales. No sin razón Gorbachov era mucho más aplaudido en el extranjero – donde era visto como una suerte de milagroso mensajero de la paz – que en su país, donde nunca fue realmente amado.

Que se hubiera desatado una verdadera «gorbimanía» en Alemania, donde sus habitantes no son precisamente muy tropicales, muestra como Gorbachov estableció una suerte de alianza entre un amplio movimiento paci­fista que desde tiempo atrás venía erosionando las estructuras belicistas de sus países, y su proyecto distensionador. En el extranjero, efectivamente, Gorbachov era otra persona. Franco, abierto, simpático, se adaptaba a las normas de la política internacional con la misma facilidad que cuando en su juventud se adaptaba a las del stalinismo. Las principales revisiones teóri­cas de la Perestroika se encontraban precisamente en el terreno de la polí­tica internacional, y de eso tomaron nota rápidamente los expertos europeos y norteamericanos.

A primera vista, la propuesta internacional de Gorbachov parecía ser una confirmación retórica de la política de «coexistencia pacífica» iniciada por Kruschev. Sin embargo había tres innovaciones altamente interesantes. La primera era que dejaba de considerar como fundamental la contradicción entre el mundo capitalista y el socialista que venía rigiendo hasta Breschnev, poniendo en su lugar a la que se daba entre la guerra y la paz. Esa contradicción -y esta era una sorpresa en el discurso marxista-sovié­tico- se encontraba más allá de las propias contradicciones de clase, o como formulaba en su Perestroika «por primera vez se ha constituido un interés común a toda la humanidad que no es especulativo sino que real: la salva­ción de la humanidad frente a la catástrofe» .

La se­gunda innovación era «la relación de causa y efecto entre guerra y revolu­ción no existe más». La imagen del socialismo emergiendo de las cenizas como el Ave Fénix no podía seguir siendo válida pues después de las cenizas atómicas no hay Ave Fénix posible o lo que es pare­cido: el socialismo no podía ser fundado sobre las bases del apocalipsis.

La tercera innovación era quizás la más radical: Gorbachov renunciaba explícitamente a expandir el imperio hacia el llamado Tercer Mundo, desapare­ciendo una de las principales fuentes de conflictos entre USA y la URSS que, complementados entre sí habían externalizado esos conflictos hacia los países pobres instalando en muchos de ellos dictaduras stalinistas o facistoides a fin de asegurar sus «zonas de influencia» (en el lenguaje de la Guerra Fría). En ese sentido, Gorbachov era brutalmente franco: «nosotros sabemos cómo de importantes para la economía americana y europea son el Cercano Oriente, Asia, Latinoamérica y otras regiones del Tercer Mundo, como también Sudáfrica, en lo que respecta a las fuentes de materias pri­mas. Romper esos vínculos es lo último que nosotros deseamos». Por supuesto, la nueva política de la URSS hacia el «Tercer Mundo» no sería recibida con alegría por Huseim, Gadafi y Castro.

Sabiendo Gorbachov que la política de las armas ya no tenía sentido, recurrió a las armas de la política. Y no se puede negar: en ese terreno era mejor guerrero que casi todos sus colegas occidentales. Gorbachov ha sido incluso uno de los pocos gobernantes que ha logrado convertir una derrota militar en un triunfo político, como fue su retirada de Afganistán.

Sin haber leído a Maquiavelo y a Gramsci, sabía que los principios de la he­gemonía política son más importantes que los de la dominación. Técnica y militarmente la URSS ya no tenía medios para ejercer una política de domi­nación. No le quedaba más que jugar la carta política. Y en ese juego Gor­bachov demostró poseer dotes que rayaban en la genialidad. Durante un largo tiempo fue la figura hegemónica de la política mundial, desarmando por completo la lógica de Reagan quien se preparaba para la «guerra de las ga­laxias». Fue, en buenas cuentas, un líder político occidental. Donde iba era aclamado, aún más que el Papa. Pero en su casa, no.

Este artículo es una reelaboración de un fragmento de mi libro «El Orden del Caos», «historia del fin del comunismo», Buenos Aires, 2006.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS.

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