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Opinión

Benjamín Tripier

Al aparecer en escena informaciones que parecen contradictorias entre sí, cuando pareciera que las cosas pueden cambiar, es conveniente antes de aceptarlo volver a las bases y a las premisas duras que nos vuelvan a poner en la realidad.

Las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos comenzaron a enturbiarse durante el gobierno de Chávez (aquí huele a azufre), y terminaron de romperse en el gobierno de Maduro. En el ínterin, el presidente Obama nos declaró una “amenaza inusual y extraordinaria” por el riesgo que significaba nuestra relación estrecha con China, Irán y Rusia; pero especialmente por la presunta presencia, en nuestro territorio, de elementos vinculados al terrorismo iraní y sirio.

Luego vino la era Trump, quien realmente se interesó por nuestro caso y nos habilitó las condiciones como para que hubiera una renovación política, que no fue aprovechada por la oposición, y que puso al chavismo a la defensiva, pero que logró sortearlas.

El levantamiento de las sanciones a Malpica Flores tiene como lecturas, entre otras, un gesto de buena voluntad –convirtiendo en ciertos los rumores improbables de la visita de marzo pasado– a cuenta de reacciones positivas de cara al diálogo, y que si no se cumplieran, bueno, “hay más peces para freír” (Story dixit); y también un mensaje, como dice un amigo, a tantos millonarios sancionados, mostrándoles que de las sanciones hay salida, pero que de la justicia no… para que no permitan que sus casos lleguen a la justicia, que se cambien de bando antes, porque de la justicia no hay vuelta atrás.

Porque ese levantamiento de sanciones produjo una ola de inseguridades en los opositores de base (que son millones) que lo vieron como una victoria del chavismo, y una debilidad de Estados Unidos; es tal vez un movimiento de piezas que, eventualmente, pudiera mover el juego en otra dirección, poniendo foco en el chavismo, que está atravesando una transición generacional, por una parte, pero pragmático-ideológica por la otra.

Volviendo a las bases y referencias duras de la situación, no ha habido cambios en la apreciación estructural que el establishment norteamericano tiene del chavismo, porque en realidad los gobiernos (Obama, Trump, Biden) tienen un limitado margen de maniobra, porque las decisiones de fondo son decisiones de Estado y suelen contar con el respaldo de los dos partidos; y eso, en el caso de Venezuela, no ha cambiado.

El caso del avión iraní con bandera venezolana detenido en Buenos Aires, está tomando un color diferente, porque todo indica que el tema va por terrorismo y espionaje; pensando que el piloto es el director de logística de la fuerza Quds (brazo logístico para transporte de armas, equipos y personal para acciones en el extranjero de la guardia revolucionaria de Irán), y el copiloto, dicen desde Argentina, que es un iraquí, miembro de la inteligencia de Hezbolá del Líbano.

Toda la sospecha recae en la posibilidad de un atentado antijudío en territorio argentino, ya sea sobre instituciones o sobre personas… de hecho, hay un abogado amenazado por ellos, que hoy está bajo protección policial.

Toda la información anterior es parte de lo que se llama “inteligencia abierta” (que se consigue en Internet y en los medios), alimentada por inteligencia directa de las agencias internacionales de Estados Unidos (CIA y FBI) y de Israel (Mossad). O sea, que lo del avión era un tema que ya se había anticipado, que países como Brasil, Paraguay y Uruguay conocían, pero que Argentina no; por eso es que el avión entró y salió como quiso, y finalmente fue detenido en Argentina, donde permanece bajo investigación, con el avión y los pasaportes de los tripulantes retenidos, y una causa bajo investigación que pudiera terminar en:

  • Libertad absoluta para todos por falta de méritos
  • Prisión para todos por espionaje, por el perfil de los implicados, y los hallazgos que se pudieran obtener de los datos recabados (caja negra, celulares, computadoras y tablets)

Y la opción que resulte, dependerá del grado de presión política que sean capaces de ejercer, y de recibir.

Entre la cercanía que podría inferirse con el levantamiento de la sanción mencionada más arriba, y el alejamiento resultante de la participación de un avión venezolano en el affaire iraní en Argentina, podría pensarse un saldo negativo para la relación bilateral con Estados Unidos. Tan cerca, por un lado, y tan lejos por el otro.

Nuestra política interna aparenta estar en calma, cuando por debajo están pasando cosas en los dos bandos. Todas las encuestas muestran una caída muy grande en la credibilidad de la dirigencia, chavista y opositora, dejando para repartir entre los dos 30% de las preferencias. El 70% restante no quiere a ninguno, pero si tuviera que votar, se inclinaría por la oposición. Son pocos los que creen que el gobierno puede arreglar esto y sacar al país adelante, así haga esfuerzos para intentarlo.

Entonces, ambos lados de la fuerza tratan de aparentar que tienen una solución, como para atraer al electorado. Y hay campañas, y recorridos por el país como no los había habido en años; y lo hacen convencidos de que lo que están ofreciéndole al país es lo que creen que el país necesita. Y no es así.

Este es un mercado de compradores, que no encuentra una oferta que les haga click. Y esa brecha, deja claro que la dirigencia se desconectó –hace ya mucho tiempo– de las bases y será difícil que con la inercia conceptual que arrastran puedan cambiar la oferta. Porque esa oferta es más de lo mismo, ambos estatistas y rentistas a ultranza, y con el chavismo asustando con neoliberalismo, y la oposición mostrando lo que el gobierno chavista ha destruido en 24 años.

Hay un espacio enorme para la disrupción, para una oferta distinta y novedosa. Que no prometa lo imposible…porque rescatar las empresas del estado. Tal como están,difícilmente pueda suceder. Ya la tecnología cambió, las condiciones del entorno cambiaron; las grandes refinerías y las grandes acerías, están siendo reemplazadas por plantas más pequeñas y modulares, más cerca de los mercados que de las minas o los yacimientos.

Quien pueda ofrecer lo diferente, lo posible, y lo que nos pueda volver a conectar con el resto del mundo, es quien se quedará con ese espacio. Porque así parezca contradictorio, estamos casi en condiciones de comenzar de nuevo desde cero…de un “borrón y cuenta nueva”.

Pareciera que internamente aún no se ha tomado consciencia de la dependencia que tenemos de los países que están en el conflicto europeo que, según sus líderes, derivará en una guerra mundial. Porque el sector privado depende de lo que proveen los aliados, mientras que nuestro sector público depende los otros. Hacemos lobby político con los aliados y firmamos acuerdos con los otros.

Sería interesante hacer algunos ejercicios de tormenta de ideas para evaluar el impacto que la guerra europea que se viene, tendrá en nuestros espacios vitales. En la cadena de suministros, en el abastecimiento interno; en los insumos importados para lograr todo lo que se produce aquí, en el sistema financiero. También en el impacto que tendrá en nuestra burbuja, la recesión global combinada con inflación que se profundizará en nuestros proveedores, no solo de bienes y servicios, sino también de medios de pago.

Lo anterior sin considerar el impacto político que estará asociado a nuestro alineamiento al momento en que no tengamos más opción que definirnos como aliados o como enemigos. Y de esa definición dependerán muchas cosas.

El nuevo comandante en jefe del ejército británico, durante su acto de toma del cargo, instó a las tropas a prepararse para la tercera guerra mundial, que tendrá características similares a la Segunda Guerra, en Europa continental y con preeminencia de combates en tierra, infantería y blindados; y que duraría varios años.

Biden en su cierre de la Cumbre de la semana pasada, les advirtió a los presidentes latinoamericanos sobre la inminencia de la tercera guerra mundial, tema que ninguno mencionó al regreso de su viaje. Los alemanes, el jefe de la OTAN y el propio Papa, coinciden en que habrá guerra. Y Putin, en su última intervención cerró el circuito, como recogiendo el guante.

Si de los dos lados están de acuerdo en comenzar una guerra, pues entonces comenzará. Porque los dos principales, uno de cada lado, Biden y Putin, están de acuerdo…pues entonces comenzará.

Y si bien la guerra será en Europa, aquí en nuestra región habrá que prepararse desde el punto de vista de los cambios en el comercio, en la inversión y en la necesidad de los alineamientos, ya no con la ideología, sino con el pragmatismo del amigo-enemigo. En una guerra, los enemigos son tratados muy mal, y sin reglas ni democracia, ni derechos humanos; sino el derecho de guerra… la ley del más fuerte. Y si no ajustamos nuestra posición, pues lo pasaremos mal.

El chavismo nos ha mostrado, últimamente, una capacidad de mimetización importante. Con un amigo revisábamos por qué Maduro no se había reunido con Putin, estando tan cerca, y siendo evidente y hasta necesario; y no llegábamos a una conclusión si había sido Putin que no lo recibió, o si, por el contrario, fue un gesto de Maduro hacia Estados Unidos, y decidió no hacerlo.

Cualquier acercamiento es bueno para que la guerra no nos agarre del lado equivocado de la ecuación, y terminemos invadidos; pero no por lo que creíamos, sino por lo que -seguramente para los gringos- debíamos… por las malas juntas y la “amenaza inusual y extraordinaria”.

Recomendación

Al gobierno:

Que complementando la intencionalidad que se manifiesta de reactivar con apoyo privado las empresas del Estado (“necesitamos inversión y tecnología”, Maduro dixit), inicie una reforma del Estado para hacerlo más ágil y que cueste menos. Es un Estado muy grande para un país que se volvió muy pequeño. Y le daría más profundidad y consistencia a la voluntad de mejorar la economía.

A la dirigencia de la oposición:

Que se preparen para convertirse en una fuerza opositora capaz de ofrecerle a la sociedad un cambio casi radical que rompa la continuidad, pues ofrecer más de lo mismo beneficia al chavismo, que es el que detenta el poder. Y no renunciará a ese poder, de ninguna manera.

A los dirigentes empresarios:

Que revisen su estructura patrimonial y tecnológica al cierre del primer semestre. Hoy más que nunca, tal vez, hay que buscar alianzas, tanto de integración vertical, como de integración horizontal, vía las finanzas corporativas. Cada uno por sí solo –salvo honrosas excepciones– no logrará superar esta etapa. Hay demasiada capacidad subutilizada como para no pensar en optimizar las inversiones y hacerlas más sólidas y competitivas.

Mail: btripier@ntn-consultores.com

 8 min


Fernando Mires

A occidente también pertenece el antioccidentalismo. Tanto el nazismo como el comunismo han sido doctrinas esencialmente antioccidentales, ambas generadas en occidente. Ese antioccidentalismo occidental se manifiesta, sobre todo hoy, en la guerra que comete Rusia en Ucrania, a través de una adhesión, sí, incluso de una identificación, con el agresor.

No deja de ser sintomático que los partidos extremistas europeos y latinoamericanos sean los que han tomado desde el comienzo posiciones a favor de Putin. En América Latina pesan más los extremistas de izquierda. En Europa, los extremistas de derecha. Y sin embargo, en la argumentación, como si compusieran una conjunta poesía, ambos riman.

El principal método del proputinismo ha sido poner la realidad histórica de cabeza y con los pies hacia arriba. Siguiendo a su versión preferida, los putinistas, militantes o encubiertos, propagan que Putin está librando una guerra defensiva y preventiva en Ucrania en contra de una agresión occidental.

De acuerdo a ese discurso, Putin solo habría reaccionado en contra de la expansión de la OTAN, como si la OTAN anexara naciones a la fuerza y las incorporara a una suerte de imperio occidental dirigido por una siniestra Casa Blanca cuyo objetivo no es otro que acorralar a la pobre e inocente Rusia.

Pensando con serenidad podemos entender en cambio que la OTAN nunca se ha expandido sino, algo muy diferente, se ha ampliado. No es una diferencia semántica. Expandir significa crecer sobre espacios ajenos. Ampliar quiere decir, incorporar a naciones que solicitan su ingreso si ellas están o creen estar geopolíticamente amenazadas por una nación de reconocido pasado y presente imperial, en este caso Rusia. La OTAN crece y crecerá –eso es lo que olvidan los putinistas– de un modo estrictamente proporcional al crecimiento de las democracias nacionales europeas, sobre todo de aquellas constituidas después de la gran revolución democrática que tuvo lugar como consecuencia del colapso de la URSS, vale decir, desde los días de Gorbachov y Yelzin.

En otros términos: La ampliación de la OTAN es el resultado lógico y natural de la ampliación del espectro democrático en Europa Central y del Este. Todas las naciones incorporadas a la OTAN fueron naciones liberadas del imperio soviético. Auto-liberadas, debería ser la palabra más exacta, pues ni EE. UU ni la OTAN movieron un solo dedo para ayudar a liberarse a Hungría, Polonia, Checoeslovaquia y después a Rumania, Estonia, Lituania, Letonia, Eslovenia, Bulgaria, luego a Albania y Croacia y finalmente Georgia, Macedonia, Bosnia y Herzegovina. Por supuesto, todas solicitaron su ingreso a la OTAN. Ucrania, si no hubiera padecido tantas crisis políticas, también habría debido entrar a la OTAN.

La OTAN es en estos momentos, junto con los EE UU, la Europa armada, así como la UE es (o debería ser) la Europa política.

Nunca la OTAN, ni tampoco ningún país miembro de la OTAN, asumió posiciones ofensivas en contra de Rusia. Todo lo contrario, al igual que la mayoría de los países de Europa Occidental, todas sus naciones se esmeraron por mantener buenas relaciones diplomáticas y sobre todo económicas con la Rusia de Putin. Las relaciones contraídas por los países europeos, incluso por los EE UU con Rusia, fueron siempre amistosas, hasta el punto de que llegó a primar en Europa una doctrina que podríamos llamar doctrina de interrelación (diferente a la de coexistencia pacífica elaborada por Jrushchov y Kennedy).

De acuerdo al tenor de esa doctrina, Europa se hizo económicamente dependiente de Rusia y Rusia se hizo económicamente dependiente de Europa. Los lazos que unían a Rusia con Europa parecían ser inseparables.

Nunca en la historia, como en los dos primeros decenios del siglo XXI, Europa y Rusia estuvieron tan unidas y a la vez tan cerca de realizar el ideal kantiano de la paz perpetua. En cortas palabras, jamás la OTAN fue una amenaza militar para Rusia. ¿En qué momento se produjo el quiebre? Esa es una tarea que deberán emprender los futuros historiadores. Lo que hoy podemos aventurar son simples hipótesis.

¿Fue tal vez cuando Putin llegó a la conclusión de que nunca su gobierno podría atraer a las naciones liberada de la URSS a volver a vivir en comunidad con Rusia? ¿Fueron las doctrinas de los nacional-bolcheviques (partido fundado por el extravagante filósofo antioccidentalista Aleksandr Dogin) en las filas del gobierno de Rusia? ¿Fueron los fanáticos sacerdotes antioccidentales dirigidos por Kirill? ¿O fue simplemente la mente diabólica de Putin que aguardó el momento preciso para contraatacar? No lo sabemos, quizás hay un poco de cada cosa.

Lo cierto, lo objetivamente cierto, es que así como ningún gobierno occidental quería enemistarse con Rusia, ninguno quería, ni por nada en el mundo, una guerra. Y si eso es así, significa que solo alguien quería una guerra. Ese alguien se llama Vladimir Putin.

En esa decisión Ucrania no fue más que un pretexto, y por dos razones: La primera, es que todos los países europeos más los EE. UU, estaban de acuerdo en no hacer ingresar a Ucrania en la OTAN. La segunda, es que Ucrania nunca fue una amenaza para la soberanía de Rusia. Incluso Zelenski, a diferencias de su predecesor Porochenko, se manifestó dispuesto a mediar entre los intereses de los ruso-parlantes y de los ucranianos, haciendo diversas concesiones a los primeros. ¿No recuerda nadie cuando Zelenski repartía personalmente pasaportes rusos, accediendo a una petición de Putin?

Sin embargo, ya tenemos algunas certezas: Cierto es que la invasión del 24-F no surgió como reacción espontánea frente a alguna agresión occidental. Una empresa de ese tipo, cualquiera lo sabe, requiere de larga planificación. Cierto es que los países europeos, antes de esa fecha ya habían acordado el no-ingreso de Ucrania a la OTAN. Cierto es que desde mediados de 2021, los servicios de inteligencia de los EE UU y del Reino Unido ya habían detectado el plan invasor de Putin (a diferencia de los servicios alemanes y franceses que solo se enteran por la prensa). Cierto es que, poco antes y después del 24-F, los gobiernos europeos y la UE insistían en buscar una solución diplomática al conflicto. Cierto es, por último, que Putin no aceptó ninguna salida diplomática.

Y bien, a la luz de todos estos hechos, afirmar que Europa y EE UU empujaron a Ucrania a la guerra para después abandonarla, es una falsedad que solo puede provenir de mentes putinistas fanáticas.Hablar de la irresponsabilidad de los gobiernos europeos frente a Putin, no solo es injusto. Y hacerlo en medio del genocidio que está cometiendo Putin en Ucrania, es criminal.

P S. He leído atentamente las declaraciones de Putin en el “Foro Internacional” de San Petersburgo. Definitivamente, ha cambiado su libreto. Ya no habla de su guerra defensiva o preventiva en Ucrania, ni tampoco de preservar la seguridad internacional de Rusia frente a amenazas reales o imaginarias. Habla, como todos los enajenados con poder que lo han precedido – llámense Hitler o Stalin, Castro o Bin Laden – de crear un nuevo «orden mundial». Así nos enteramos al fin de lo que ya sospechábamos. De que Ucrania es solo una pieza en el juego meta-histórico del dictador ruso.

Al parecer, nadie ha dicho a Putin que los órdenes mundiales no son el producto de actos de guerra, sino de configuraciones objetivas que tienen lugar en diversos espacios simultáneos, sean los de la cultura, la ciencia, la economía, el arte y la política. Y de esos espacios, Rusia, gracias a la propia obra de Putin, se encuentra muy alejada. Cada vez más alejada.

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político,

 5 min


Carlos Raúl Hernández

La Cumbre de Los Ángeles 2022 expresa el nuevo orden mundial producto de la guerra de Ucrania y el fin de unipolaridad. Tal como afirma Putin esta semana en el Foro Económico de San Petesburgo, EEUU no prestó atención a la metamorfosis china y el resurgimiento de Rusia, y reaccionó al contrario de como lo hizo tres décadas atrás ante un reto parecido. La Cumbre parte de un diseño rústico al excluir a Venezuela, Cuba y Nicaragua; por eso seis presidentes no se presentan (México, Uruguay, Guatemala, Honduras, Bolivia, El Salvador), y Argentina cuestiona in situ enérgicamente la reunión. Esto pone de relieve un costo político para EEUU, prueba su pérdida de influencia en la región y lesiona las normales relaciones con ella. Todo inicia con la ofensiva de Trump contra China y el posterior viraje anti ruso de Biden. Embisten a esas dos grandes potencias y cancelan 60 años de diplomacia exitosa.

Expliquémonos por contraste. Durante la Presidencia de Jimmy Carter (77/81) hicieron eclosión todas las taras tercermundistas del modelo de desarrollo instituido por F.D. Roosevelt. El New Deal estableció un estado paternal, la administración pública proporcionaba empleo y beneficencia, malos servicios gubernamentales, intervencionismo, protección a la “industria nacional”, que hubieran colapsado antes a no ser por la tabla salvadora de la guerra mundial y el tratado de Bretton Woods (1946) que hace al dólar moneda universal. Esto da oxígeno a la economía, que en los 70 regresa a las crisis con devaluaciones del dólar. En la presidencia de Carter, EEUU es una gigantesca nación subdesarrollada, de altos niveles inflación, recesión y desempleo: la stagflación. Al estallar la Crisis energética y los precios de los combustibles, Ford, Chrysler, GM, producían enormes e ineficientes carcamales de acero, mientras Toyota fabricaba autos pequeños de plástico, aluminio y alto rendimiento, que ponen las empresas americanas en quiebra.

Para aquel entonces prolifera una literatura apocalíptica sobre EEUU. Paul Kennedy publica su magistral obra Auge y caída de las grandes potencias, 600 páginas para demostrar que EEUU era una potencia del pasado que había perdido los liderazgos de la creación con Japón y de la guerra con la URSS. En 1981 triunfa Reagan con una audaz, dramática y genial reforma económica: abre a la competencia global el mercado automotriz, informático, altas tecnologías y demás actividades. Se desata la histeria y Hollywood produce cantidades de films para denunciar la “venta de EEUU” a “los amarillos”. Reagan enfrentó la URSS al reto de “la guerra de las galaxias”, el escudo espacial, y la derrumbó. Luego Clinton en 1989 impulsa con Al Gore la revolución informática y profundizó el modelo competitivo, se reconvirtieron las empresas creando el milagro de 20 millones de empleos, y EEUU recuperó el liderazgo mundial. No declararon la guerra a Japón y la URSS, sino compitieron y ganaron en eficiencia económica y tecnológica.
En nuestros días el mundo carece de la fortuna de contar con Reagan, Clinton, Deng Xiaoping, Gorbachov, Thatcher, González, Aznar. Por el contrario, Trump reaccionó con anacrónico proteccionismo al salto chino consecuencia del socialismo de mercado en los setentas, y Biden intenta destruir la economía rusa destruyendo la occidental. En vez de actuar como Reagan y Clinton, bloque de progresos humanos como el 5G y el intercambio comercial. Biden se arroja contra Rusia a través de Ucrania, que la inconciencia de Zelensky luce dispuesto a sacrificar. Finalizada la unipolaridad norteamericana, hoy el mundo, diría @Mibelis, zanja dos bloques “líquidos”, interdependientes: EEUU (seguido por Europa) frente a China-Rusia. Pero importantes potencias regionales adquieren importancia estratégica por diversas razones: India, Brasil, Sudáfrica, Japón, Irán, México, Turquía, sin olvidar el dolor de cabeza de Norcorea. Las incidencias de la Cumbre de Los Ángeles demuestran el peso que da a China ser en 2021 el segundo socio comercial de Latinoamérica con más de 500 mil millones de dólares de intercambio, casi el doble que el año anterior, mientras aumenta en 33% (2021) sus inversiones en Europa.
Desde el triunfo de Putin en el 2000, la emergencia china y la deriva del populismo revolucionario en Latinoamérica, se habla en los círculos académicos del languidecimiento de la democracia, palpable en los liderazgos globales. El fin de la unipolaridad es también un mal momento para la democracia, siempre un sistema político minoritario en el contexto global, con auges como lo que Huntington llamó la “tercera ola de democratización”. Surge una versión autoritaria que conjuga la fuerza, sus habilidades y falta de escrúpulos, con eficiencia económica. No importa que intelectualoides y opinadores se equivoquen, y escriban panfletos llenos de fuego fatuo y vacíos de racionalidad. Grave es que los que dirigen la política mundial desde la “era Trump”, salvo Merkel y los suyos, demuestran no saber ni el alfabeto. Por eso Kissinger los comparó con “vendedores de electrodomésticos”. Carecen de lo que Isaiah Berlín consideraba esencial en un dirigente político: “el sentido de la realidad”. El diagnóstico de Putin obliga a las democracias a responder con inteligencia.
@CarlosRaulHer

 3 min


Jesús Elorza G.

El viernes 24 de junio, tuvo lugar la ceremonia de inauguración de los XIX Juegos Deportivos Bolivarianos en la ciudad de Valledupar, Colombia. En ese acto desfiló la delegación de nuestro país con 584 jóvenes deportistas que por encima de las dificultades que tuvieron que confrontar, se sienten comprometidos y orgullosos de defender el tricolor venezolano.

La suspensión de los Juegos Deportivos Nacionales por más de nueve años, es quizás, el aspecto que mayor afectación causó en la preparación de nuestros jóvenes, al ver disminuidas las competencias necesarias para su desarrollo deportivo. A eso, hay que sumarle, las insuficiencias presupuestarias para los Programas Operativos Anuales (PAO) de las Federaciones Deportivas y la falta de Protección Social a nuestros atletas y entrenadores.

Otro de los hechos, que llamó la atención en todo lo relacionado con nuestra participación en los referidos Juegos Bolivarianos, es la ruptura de la costumbre tradicional de las autoridades deportivas, de anunciar el estimado de medallas a obtener y la posición a ocupar en el evento, repitiendo en esta oportunidad la conducta asumida desde el año 2013, de no presentar el Comité Olímpico, ni el Ministerio del Deporte, ni el Instituto Nacional de Deporte, sus pronósticos de medallas.

Entre los años 2001-2009 el anuncio de los pronósticos por parte de las autoridades deportivas del régimen socialista bolivariano siglo XXI, era todo un espectáculo mediático, con ruedas de prensa cubiertas por todos los medios comunicacionales y allí se veía como, casi babeándose, el ministro o los presidentes del COV-IND anunciaban con bombos y platillos que íbamos a ganar los juegos y sonaban las fanfarrias para hacer ver que somos “Una generación de Oro” y “Una Potencia Deportiva”.

La historia se encargó de dejar al desnudo a esos populistas incapaces de atender y superar las fallas que presentaba nuestro deporte. Y el descalabro se hizo presente el 2013, en la edición número XVII de los Juegos Bolivarianos, realizados en Perú. Allí, perdimos la supremacía que durante 48 años habíamos mantenido frente a Colombia.

En esos juegos, Colombia nos desplazó del primer lugar al alcanzar 30 medallas de Oro, 20 de Plata y 20 de Bronce contra las 17 de Oro, 28 de Plata y 20 de Bronce obtenidas por Venezuela. La diferencia en el total solo fueron 5 medallas.

Lejos de corregir los errores cometidos, la conducta de las incapaces autoridades del régimen fue la de “Suspender los Juegos Nacionales” y dejar sin este evento competitivo a la juventud del país, quedando nuestro alto rendimiento sin el evento principal para la conformación de nuestras selecciones nacionales para los venideros ciclos olímpicos.

Cuatro años después, en los Bolivarianos del 2017, quedaron al descubierto las incapaces autoridades deportivas del régimen al ver que en el cuadro final de medallas Colombia se mantuvo en el primer lugar ampliando el número de medallas; Oro 45, Plata 35, Bronce 39 mientras que Venezuela solo obtuvo 15 de Oro, 27 de Plata y 32 de Bronce. En el total de medallas la diferencia fue abismal 119 Colombia y 74 nuestro país.

Estas y no otras son las razones históricas por las cuales dejaron de realizarse las rimbombantes ruedas de prensa para anunciar “Los pronósticos del régimen” en relación a los juegos bolivarianos. Ahora, la fanfarria populista del régimen es “Venezuela se arregló”. Pero, la historia final de los Juegos en Valledupar nuevamente se encargará de dejar al desnudo a las incapaces e incompetentes autoridades deportivas del Comité Olímpico, Ministerio del Deporte y el IND.

Pretender creer que con consignas populistas, vacías de contenido, van a superar la crisis del deporte es una conducta de seres incompetentes e incapaces. Superar los problemas del Deporte requiere un cambio de gobierno, planes y programas para restituir integralmente los Juegos Nacionales, un programa de Asistencia Social para los atletas y entrenadores, acabar el flagelo de la corrupción, fortalecer la autonomía del sector deportivo federado, recuperar nuestras instalaciones deportivas, una ley de deporte que limite la dualidad de cargos en las organizaciones, que elimine la reelección indefinida, que prohíba la elección de funcionarios públicos de libre nombramiento y remoción en la dirigencia deportiva, un acuerdo con el sector universitario para la formación de entrenadores, el manejo transparente del Fondo Nacional del Deporte, la descentralización del programa Deporte para Todos y un presupuesto acorde con las necesidades del sector deportivo.

Pronósticos, sin haber atendido y superado los problemas, solo son cantos de sirenas propios de dirigentees populistas.x

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Ismael Pérez Vigil

Los venezolanos, como todos los pueblos, analizamos la realidad de otros países a través del prisma de nuestra propia realidad; ni más ni menos eso ocurre al analizar el triunfo de Gustavo Petro en Colombia. Por supuesto, hay motivos para ello, dadas las similitudes en historia, costumbres, cultura y demás. Pero eso muchas veces hace que no consideremos a algunas diferencias importantes.

Diferencias con Colombia

En el caso de Colombia, creo que hay dos diferencias que destacan notoriamente. La primera, es lo que algunos denominan la “institucionalidad” de ambos países; esto se refiere a que el gobierno colombiano, su Poder Ejecutivo, a pesar de ser un país presidencialista, como casi todos los países latinoamericanos −y más allá−, no es tan poderoso como lo es en Venezuela.

Lo que se denomina el “balance de poderes”, el control que pueden ejercer otros poderes públicos, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, sobre el Ejecutivo es mucho más fuerte en Colombia que lo que es y fue en Venezuela, por la muy simple razón que en Colombia, el Gobierno no cuentan con la renta petrolera, con la que contamos en Venezuela, que fortaleció de una manera muy importante al poder ejecutivo por sobre los demás poderes.

Amén de que el sector económico privado en Colombia es mucho más fuerte y significativo que el sector económico privado en Venezuela, lo que hace que el Estado colombiano sea mucho más dependiente de los ingresos fiscales que genera la economía privada colombiana, lo que lo hace más dependiente y con menos “grados de libertad” para definir políticas económicas y fiscales.

La segunda diferencia importante creo que es la historia y el papel que ha jugado la Fuerza Armada en ambos países. El Ejército colombiano vine de sostener una guerra contra el narcotráfico y la guerrilla izquierdista −sector del que proviene Gustavo Petro− durante más de 70 años, período en el cual cuenta en miles sus muertos, por lo que no es difícil suponer que el gobierno de Petro no contará con el apoyo irrestricto de la fuerza armada a la hora de reprimir u obtener apoyo para abusos contra derechos humanos o para imponer ciertas políticas que requieran de un fuerte control por parte de la fuerza armada.

Sin abundar en otras, creo que esas dos son diferencias importantes a la hora de esperar que la conducta del gobierno que tomará posesión en agosto −aunque lo desee fervientemente− vaya a seguir el camino por el cual se desenvolvió Hugo Chávez Frías en Venezuela.

Resultados en otros países

Pero, sobre el análisis de las consecuencias del triunfo de Gustavo Petro en Colombia, sobre ese país, sobre Venezuela y en general, sobre toda América Latina, no abundaré, lo considero cubierto por la serie de agudos y profundos análisis de diversos especialistas que hemos visto las dos últimas semanas; mi punto de enfoque es otro, es reflexionar en “voz alta” sobre el tema: ¿Por qué surgen los Petro, de manera casi silvestre por todo el continente y fuera de él?

Es decir, se trata de reflexionar sobre los resultados de los procesos electorales en nuestro entorno, en Ecuador, Perú, Chile, el más reciente de Colombia, lo que se espera de Brasil −sea que gane Lula o que continúe Bolsonaro− y los ya más antiguos resultados en México, Honduras, El Salvador, Argentina y por supuesto, Venezuela.

Algunos han caracterizado acertadamente lo que ocurre como producto de dos fenómenos concomitantes; por una parte, la insatisfacción popular ante el fracaso de las democracias y del liberalismo ante el aumento de la desigualdad, la inequidad, a que se mantengan millones en la pobreza, a la ausencia de “justicia social”, que provoca un gran descontento ciudadano, que en algunos casos −Chile, Colombia, Ecuador, entre otros− los lleva a la violencia y destrucción.

Muerte de las ideologías

Al hacer el análisis, en el mundo, pero especialmente en América Latina y constatar la desesperanza y poca fe en los partidos y líderes políticos tradicionales algunos recurren al termino “muerte de las ideologías”, para remarcar que esa debe ser una de las causas para el resurgimiento del “populismo” y la deriva hacia la “izquierda”, hacia el “socialismo”, debido a lo dicho del supuesto −o real− fracaso de las democracias y del liberalismo en resolver los problemas de las grandes mayorías.

Cuando hablamos de muerte de las ideologías, el concepto “ideología” no se refiere a la falsificación de la realidad, como muchos autores la definen, sino al conjunto de ideas, usualmente conectadas a algún “programa” de trabajo o propuesta, usualmente partidista, para enfrentar los problemas económicos, sociales y políticos.

El sujeto de referencia, el portador de esas ideologías, que ahora supuestamente fenecen, son las élites, académicas, políticas, todo lo más algunos dirigentes y lideres de partidos políticos, que se identifican con conceptos o ideas: liberales, socialistas, comunistas, anarquistas, fascistas, social demócratas, demócrata cristianas, hasta “nazis” y otras; pero son eso, grupos reducidos, élites, para quienes esos conceptos significan o tienen algún valor como referencia; porque para el pueblo común y corriente esas “ideas” solo se expresan en partidos y líderes por los que votan, convencidos por la fogosidad, retórica y promesas de algún líder, al que llevan al poder con la esperanza de que una vez en el gobierno, acaben con las ineficacias, eventualmente con la corrupción, pero sobre todo que resuelvan los problemas, generen empleo y bienestar, garanticen una educación popular adecuada, mejoren los servicios públicos y un largo etcétera.

Conclusión

Pero, lo de la muerte de las ideologías −que puede ser cierta o no− en todo caso, no es el punto al que me quiero referir; creo que de lo que tenemos que continuar hablado o constatando es, en todo caso, de la “muerte de los partidos tradicionales”, algo a lo que hemos venido contribuyendo en los últimos 40 años y que continuaré desarrollando la próxima semana.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


Joschka Fischer

Una vez más, la guerra de Rusia en Ucrania bifurcará a Europa. El este quedará separado del oeste, y probablemente la frontera entre ambos será una zona segura y militarizada durante el futuro previsible.

Por supuesto, no sabemos cuándo o cómo acabará la guerra. Pero, tras los últimos acontecimientos, parece seguro suponer que tanto Ucrania como Moldavia se convertirán en candidatos a ser parte de la Unión Europea, y miembros plenos al cabo de unos años. Los líderes de los tres mayores estados miembros de la UE (Francia, Alemania e Italia) y de Rumanía lo dejaron en claro al visitar Kiev la semana pasada. Ofrecieron a ambos países su completo apoyo a sus candidaturas, tal como lo hizo después la Comisión Europea.

Este proceso de ampliación cambiará la UE de manera fundamental, convirtiéndola decididamente en un actor geopolítico y, de hecho, en el principal adversario de Rusia en el continente. Con su guerra de agresión sobre Ucrania, el Presidente ruso Vladimir Putin ha dejado absolutamente en claro que aspira a restaurar el Imperio Ruso. Como tal, funciona sobre principios totalmente incompatibles con los de la UE, que se sustentan en la igualdad soberana, la integridad territorial, la inviolabilidad de las fronteras y el imperio de la ley.

La UE ha decidido integrar a Ucrania no porque lo haya querido ni por ambiciones imperiales propias, sino porque Putin la obligó con su actitud de iniciar la lucha y así obligar a Europa a optar entre dos alternativas. Europa podía ceder a las pretensiones de poder del Kremlin o bien defender su propia identidad e intereses, basados en el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos.

Ahora la UE ha decidido su opción por la defensa de sus principios y de la libertad. Algunos críticos de su decisión dirán que debería haber intentado negociar con Rusia, pero ese argumento carece de credibilidad. Incluso si la UE hubiera estado dispuesta a llegar a un dudoso compromiso con el Kremlin, no hubiera funcionado, ya que la Unión está en una posición que hoy es mutuamente excluyente con la de Putin y sus sueños imperiales revisionistas.

Puesto que ninguno de los bandos puede ceder, debemos prepararnos para un largo conflicto. Y ya que la fuerza militar y las capacidades disuasivas jugarán un papel decisivo, la guerra cambiará definitivamente el carácter de la UE. El proyecto de integración económica ya no será la gran prioridad. Desde hoy, los intereses de seguridad y geopolíticos deberán tener precedencia.

La declaración de apoyo a las candidaturas de Ucrania y Moldavia marca el comienzo de la segunda fase de ampliación de la UE hacia el este. A pesar de que el ingreso de ninguno de los dos países ocurrirá pronto, el proceso mismo tendrá un efecto irreversible. La Europa del futuro ya no podrá hacerse realidad sin los estados de Europa del este, si es que estos siguen estando dispuestos y capaces de unirse.

La razón es simple. Cuando llega la hora de una idea, esta se vuelve imparable. En contraste, una idea cuyo tiempo ha pasado solo puede perdurar apoyada por la fuerza militar, e incluso así no sobrevivirá. El nuevo conflicto entre Europa y Rusia gira en torno a ideas. Es un choque entre imperialismo y democracia.

Dada la importancia histórica de esto, los europeos occidentales no deben sucumbir a cómodos autoengaños sobre los riesgos que enfrentan. El actual orden de estados europeos se construyó originalmente alrededor del objetivo de integrar Rusia y Europa. Pero Putin ha arruinado el proyecto de forma irreversible, convirtiéndolo en cosa del pasado.

Con la guerra de Ucrania, Europa se enfrenta a una prueba de madurez: ha alcanzado la adultez en un mundo definido por rivalidades nucleares y grandes potencias. Le guste o no, estas son las realidades geopolíticas de comienzos del siglo XXI. Ante la falta de una continuidad en la alianza con los Estados Unidos, Europa, en su frágil condición, sería demasiado débil como para sobrevivir en este escenario. Por sí solos, los intereses y valores no pesan.

La alternativa es que Europa acepte su debilidad actual y se aferre a fantasiosas ilusiones. Ese camino lleva al sometimiento y la dependencia. No puede esperar obtener una estima y consideración recíprocas en un mundo marcado por la rivalidad entre grandes potencias.

En consecuencia, la única opción real de Europa es buscar alianzas prudentes, desarrollar su propia fuerza e impulsar sus propias capacidades disuasorias. Para sobrevivir al nuevo conflicto de ideas, las prolongadas ilusiones deben ser reemplazadas por una estrategia coherente. Europa tiene que aceptar que vive en un vecindario lleno de peligros.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen (Project Syndicate)

24 de junio 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/06/joschka-fischer-la-nueva-guerra...

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Redacción ALN

Según el último informe que presentó la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas (ACNUDH) Michelle Bachelet, y que abarcó el período comprendido entre el 1 de mayo de 2021 y el 30 de abril de 2022, en Venezuela siguen las detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas, torturas y tratos crueles e inhumanos.

ACNUDH documentó al menos seis casos que involucraron a las fuerzas de seguridad del Estado en barrios marginados en la capital Caracas y El Tocuyo, Carora, estado Lara, que terminaron con la muerte de ciudadanos. En al menos tres casos, el fallecido habría sufrido presuntamente torturas o malos tratos antes de su muerte.

El informe de la oficina de Bachelet indicó que estas operaciones se habrían realizado en grupos de seis elementos de seguridad fuertemente armados, en las cuales personas residentes, incluidos los familiares de las personas afectadas y menores, habrían sido intimidadas y no se presentaron órdenes de allanamientos o arrestos.

Asimismo, dos de las muertes documentadas por el ACNUDH son atribuibles a miembros del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC) y una de las muertes se atribuiría al Comando Nacional Antiextorsión y Secuestros (CONAS) de la Guardia Nacional GNB, otra a la Policía Nacional Bolivariana (PNB), una conjuntamente a la Dirección contra la Delincuencia Organizada y las FAES, y otra a la policía municipal de Sucre, en el estado Miranda. Según ACNUDH, se abrieron investigaciones sobre estos casos.

De igual modo, la oficina documentó la detención arbitraria de al menos 13 personas, incluidas 2 mujeres, entre el 9 y el 13 de julio de 2021 en Caracas, y entre agosto y septiembre de 2021 en Apure y Táchira durante operaciones de cuerpos de seguridad del Estado.

De igual forma, documentaron denuncias de detenciones donde las personas fueron incomunicadas, ya que los familiares no recibieron información sobre su paradero durante aproximadamente un mes. En al menos tres de estos casos, los detenidos fueron presuntamente torturados o maltratados.

En enero 2022 los enfrentamientos entre ELN, FARC y FANB en Apure, causaron el desplazamiento de más de 1.000 personas, incluidos pueblos indígenas, y expusieron a la población local a desapariciones forzadas, violencia basada en género y reclutamientos forzados, reseña la Coalición DDHH en una nota de prensa.

24 de junio 2022

Alnavio

https://alnavio.es/bachelet-registra-nuevas-denuncias-de-torturas-tratos...

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