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Opinión

Dylan J Pereira

El desenlace de la guerra en Ucrania es incierto y con ello el destino de la humanidad. Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, habla de una historia que se repite; “Y si extendemos la mirada a la totalidad de nuestra historia y a lo ancho y largo del mundo, todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano.” (Papa Francisco, 2020, párrafo 69); de esta forma Su Santidad denuncia de forma activa que, si se quiere, han sido la exclusión, el descarte, el resentimiento, el dolor, la omisión, el desentendimiento, los grandes vectores de una historia que en este punto se presenta como cíclica, pero que está llamada a escapar de este círculo vicioso y a construir una sociedad digna de tal nombre.
Los acontecimientos recientes en Ucrania son un punto de inflexión para la humanidad, y del viraje que allí se geste, emergerá una nueva arquitectura geopolítica global, reposicionando temas vitales en el sistema internacional, como la seguridad euroasiática, la reconfiguración de las zonas de influencia, el reajuste de los mercados financieros, la revisión de los patrones de producción y consumo energéticos, e incluso un eventual “rearme mundial”, colándose un espíritu belicista ajeno a los cánones de un mundo democrático, plural, y multilateral.
Las potencias internacionales occidentales apuestan por la rapidez y la articulación; las últimas negociaciones entre Kiev y Moscú acogidas en Estambul avizoran los primeros avances de un arduo, complejo y estancado proceso de negociación entre las partes. La concreción de un alto al fuego permanente es primordial si se quiere terminar por la vía política y diplomática esta guerra carente de sentido. Kiev advierte que todas las decisiones serán sometidas a referéndum. La negociación de un tratado de seguridades recíprocas es un elemento primario sobre la mesa de negociaciones.
La UE reafirma su misión fundacional, crear la paz en un continente devastado por la guerra, al promover el ingreso de Kiev al bloque comunitario. Las señales recientes son pesimistas, y se traducen en una eventual “paz inestable” que no sofocaría este foco de inestabilidad. Por primera vez en décadas la hipótesis de agresión atómica se ha volcado en el tablero geopolítico internacional. Hoy se estima que Rusia tiene 1.588 ojivas nucleares desplegadas y 2.889 en reserva, números similares a los de Estados Unidos. Incluso durante la mayor parte de la guerra fría, la Unión Soviética y Estados Unidos trataron las armas nucleares como el último elemento de disuasión
Pese a que EEUU, Europa y otros aliados de la OTAN han congelado en torno al 60% de las reservas internacionales del Banco Central ruso, entre otras medidas, parte sustancial de la actividad comercial continúa, y el caos bursátil de Moscú parece haberse ralentizado; la reciente decisión del presidente Vladímir Putin, de “obligar” a los países "hostiles", léase Europa, a pagar en rublos el suministro de gas, del que Europa depende en más de un 40%, podría conducir a un giro radical de escenarios; si los países occidentales compradores se niegan disponer de cuentas en rublos en bancos rusos, Rusia amenaza con suspender los contratos vigentes y cerrar los grifos en oleoductos y gaseoductos; de ser así Europa podría insertarse en una inquietante disputa por los suministros energéticos, disputándose una “guerra del gas” a nivel mundial. Sin embargo, Rusia teme en entrar en recesión este año no sólo por la presión financiera generada por las sanciones, que incluye el riesgo de default, sino por los obstáculos que pueda enfrentar en sus procesos productivos domésticos.
En países como Alemania y Francia ya se activan planes de emergencia para gestionar el suministro de gas en caso de que Rusia cierre el grifo. Berlín ha comenzado las negociaciones con Doha para estrechar el suministro y cooperación energética; Argelia goza de un lugar privilegiado en esta ecuación al evaluarla como un proveedor estable de gas natural; de hecho, no es azaroso que el Secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken haya culminado su gira allí, donde el engorroso tema del Sahara Occidental y las relaciones con Marruecos fueron también abordadas.
Lo cierto es que detener las importaciones de energía de Rusia provocaría una profunda recesión; los expertos concuerdan en que encontrar sustitutos rápidos para el gas en los procesos industriales es una tarea abrumadora. OPEP+ no han cedido a la presión occidental liderada por Washington para aumentar la producción más allá del aumento de suministro de 432,000 barriles por día que habían planeado previamente. El pánico al recrudecimiento de una espiral inflacionaria en las economías más industrializadas, incluyendo EEUU, ha llevado al presidente Biden a liberar hasta 180 millones de barriles de las reservas estratégicas de Estados Unidos de aquí a fin de año para combatir los altos precios de la energía. Venezuela, país que en 2005 suministró el 4% del crudo mundial, podrá ejercer un papel clave en este marco. En lo inmediato, un renacer de la energía nuclear podría ser irreversible en países como el Reino Unido o Francia en su gesta por la “independencia energética total”;
La Transición verde se haya en una encrucijada; si el mundo se embarca en un curso para convertirse en carbono neutral para 2050, la Agencia Internacional de Energía predice que la energía eólica y solar podrían representar el 70 % de la generación de energía para 2050, frente al 9 % en 2020; lamentablemente los últimos datos no se afilian a este paradigma. Curiosamente encontramos en territorio ucraniano el ‘oro blanco’: enormes reservas de litio, un material clave para la transición ecológica. De esta forma nos encontramos en una suerte de Kairós, un vacío en el tiempo de prolongación inexacta en el que el mundo se transforma radicalmente.
Dylanjpereira01@gmail.com

 4 min


José Luis Cordeiro

Durante el siglo XIX Venezuela vivió de lo que tenía sobre la superficie: el cacao, el café y el ganado, principalmente. Durante el siglo XX el país se concentró en los enormes recursos petroleros que tiene debajo de la superficie. En el siglo XXI los venezolanos tenemos que utilizar los recursos que tenemos dentro de nosotros mismos para progresar. Lo importante ya no es la agricultura y la ganadería de arriba, ni el petróleo de abajo, en el futuro es mucho más importante el cerebro dentro de cada uno de nosotros.

Mientras las naciones desarrolladas avanzan rápidamente hacia la revolución de la inteligencia, parcialmente iniciada en Venezuela con las ideas de Luis Alberto Machado, nuestro país todavía no sale de la revolución agrícola centrada en la explotación de los recursos primarios que nos ha dado la naturaleza, desde la tierra hasta el petróleo. En vez de progresar hacia le era del capital humano, Venezuela se ha quedado en los tiempos del capital físico.
Las grandes industrias del futuro no serán de la manufactura sino de la “mentefactura”. Las fábricas ya no dependerán de las manos de obra sino de las mentes creadoras. Las tendencias mundiales son muy claras al respecto, y mucha gente habla ahora de la Industria 4.0.
La revolución de la inteligencia ha transformado totalmente el mundo de la manufactura tradicional. General Motors, quizás la compañía más grande y representativa de la revolución industrial durante el siglo XX, hoy vale bastante menos que Microsoft, quizás la primera gran compañía de la revolución de la inteligencia comenzando el siglo XXI. Además de Microsoft ahora también existen Apple, Google y muchas otras empresas de la mentefactura del futuro que hacer palidecer a la otrora gran Pdvsa y las compañías de la manufactura del pasado. Como ya dijo el gran visionario Arturo Uslar Pietri: “La materia prima más preciosa del presente y futuro no será ni el petróleo, ni el hierro, ni el uranio, ni la tierra arable, sino la materia gris.”

www.Cordeiro.org

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Carlos Raúl Hernández

El profundo cambio social, político y cultural del siglo XX, es obra en estimable medida de Hollywood: la propagación de la libertad y la democracia, la modernización vertiginosa de las pautas productivas, culturales, de consumo y vida, la revolución científica e ideática. Una sacudida mayor a todo lo hecho por el hombre en 40 mil años anteriores. Tal vez sea por eso, sin tenerlo muy claro, que los premios Oscar ocupan la atención en todas las latitudes. El cine, además de difusor masivo de cultura, es un entretenimiento popular, barato; los cines se llamaban nikelodios porque la entrada valía un níquel, salas que abarrotaban los pobres en EEUU y tantos países, particularmente en aquél los trabajadores emigrantes. Se desarrolló una de las tres grandes industrias del mundo contemporáneo. En las lejanas décadas de los treinta, cuarenta, cincuenta, incontables millones de tercermundistas conocieron automóviles, antibióticos, detergentes y champú, gracias al cine, la radio y la televisión. Supieron de la vida moderna.

Más recientemente los estudios de California hicieron que De Niro y Zellweger aumentaran treinta kilos, para sorpresa del mundo. También tornaron a Dustin Hoffman en Tootsi (Pollack: 1982), a Robin Williams en la señora Doubtfire (Columbus:1993) y a Nicole Kidman en Virginia Woolf (Las horas: Daldry, 2003) La perfecta Charlize Theron se metamofosea en la horrenda asesina Aileen Wuornos (Monstruo: Patty Jenkins, 2003); a Cate Blanchett en Bob Dylan (No estoy allí: Haynes, 2007), a Travolta en la obesa Edna Turnblad (Hairspray: Shankman, 2007), Ralph Finnes en Voldemort (Harry Potter:2011) son detalles maravillosos. Hollywood se forjó en una épica de acero, una nueva conquista del Oeste. El gran inventor Thomas Alba Edison doblega a los competidores y crea con ellos en la Costa Este un todopoderoso oligopolio de los recursos para hacer cine: cámaras, revelados y celuloide, patente que compró al fundador de Kodak. Los intentos de producir películas fuera de su control en la época del cine mudo, terminaban a tiros.
Al comienzo, el dominio de la industria lo tenían estudios europeos, concretamente franceses, Pathé, Gaumont y otros. Después de la Primera Guerra, la hegemonía pasó a Estados Unidos, aunque florecieron el expresionismo alemán, el surrealismo y Sergei Eisenstein. Siempre huyendo de la persecución de Edison, Samuel Goldwyn y Cecil B. DeMille hacían una película en Nueva Jersey, y ante la arremetida de los esbirros, huyen de su larga mano a Arizona. Luego siguieron a Los Ángeles, cerca de México por si había que correr. Los acompañaron grupos inmigrantes, la mayoría de origen judío, que intuían la nueva fiebre del oro californiana, ahora fiebre de celuloide. Darryl F. Zanuck, Samuel Bronston, Goldwyn, DeMille, los hermanos Warner, crearon Universal, Paramount, 20th Century Fox, Metro-Goldwyn-Mayer. Luego en rebelión de los actores contra el star sistem, Chaplin, Pola Negri y otros fundaran United Artist, su propia productora para defenderse de las grandes empresas.
El gran cine de masas producido (o distribuido) por Hollywood, fue centro de los terremotos en la cultura; dio origen a la revolución sexual que liberó a las mujeres. La primera mujer que aparece desnuda en pantalla fue Hedy Lamarr en 1934 (Éxtasis de Gustav Machaty) pero la que alcanzó auditorios masivos fue Bardot en Dios creó a la mujer (Vadim: 1956) El primer orgasmo femenino aparece con Jane Fonda en Barbarella (Vadim: 1968) La primera relación sexual auténtica en cámara, Donald Sutherland y Julie Christie (Amenaza en la sombra. Roeg: 1973) Una angustiosa relación en la cama entre el parapléjico John Voight y Fonda (Regreso sin gloria (Ashby: 1978). Las inquietantes escenas eróticas con close up en los rostros maravillosos de Juliette Binoche y Lena Olin (La insoportable levedad del ser: Kaufman: 1988) y de Naomi Watts y Laura Elena Harring en Mulholland Drive (Lynch: 2001) El rudo enamoramiento entre dos vaqueros (Secreto de la montaña: Lee, 2006).

El primer beso entre un negro y una blanca, Wesley Snipes y Natassja Kinsky (Después de una noche. Figgis: 1997) son auténticos volcanes en la cultura universal ya que si en otras partes plantearon esos temas (Bergman, Antonioni, De Sica, Machaty) no tenían la potencia para llegar a las grandes masas. El pensamiento anacrónico ha tenido y tiene el cine masivo como enemigo predilecto, junto a la televisión y ahora las redes sociales, precisamente porque conoce su enorme fuerza revolucionaria. La yunta cine-TV es una de las potencias subversivas más poderosas del siglo XX. Devela la corrupción policial (Asuntos internos: Figgis, 1990) y el racismo en EEUU (Mississippi en llamas: Hambling, 1988), (Fantasmas del Mississippi: Reiner, 1996); la guerra de Vietnam (Apocalipsis Now: Coppola, 1979), (El cazador de venados: Cimino:1978), (Pelotón: Stone,1986); la negación y la lucha de los homosexuales (Milk: Gus Van Sant, 2009) A veces sus visiones son ingenuas y suele concebir en la revolución tecnológica un “peligro” para el hombre, desde Tiempos modernos de Chaplin y Soylent Green (Fleischer: 1973) hasta la gran Matrix (Wachonsky: 1999-2003), pasando por 2001 Odisea del Espacio (Kubrick: 1968) y Terminator (Cameron:1984-2009). Hollywood produjo el terremoto cultural.

@carlosraulher

 3 min


Fernando Mires

Para quien circula en Twitter -esa ágora virtual de la sociedad de masas- le será fácil encontrar opiniones que condenan a las masacres cometidas por el gobierno ruso en Ucrania (la enorme mayoría), algunas que las defienden o justifican (casi todos exponentes de alguna izquierda trasnochada), y otros que simplemente las relativizan. Estos últimos pueden ser divididos a su vez en dos grupos. Los que intentan convertir a las víctimas en agresores, justificando las muertes como consecuencia de una supuesta expansión de la OTAN, y otro grupo que, insistentemente, intenta disminuir el impacto de las horribles escenas que nos brindan los medios, con otras aparentemente parecidas, llevadas a cabo por EE UU en otras fechas y en otros territorios.

A los exponentes del primer grupo me he referido extensamente en otros artículos. Entre ellos, el lector puede consultar a dos de los más recientes: Las tres grandes mentiras del putinismo y ¿Qué significa derrotar a Putin?

Esta vez me concentraré en los exponentes del segundo grupo. Me refiero a los que al realizar la macabra operación de comparar masacres, destacan que las de Putin son solo unas entre tantas. En contra de esa afirmación cabe decir que ninguna de las por ellos nombradas es igual a otra, o que ninguna es comparable y que, si bien todas son condenables -no conozco a nadie que esté a favor de las guerras, o que diga estarlo– obedecen a distintos contextos históricos. Dicho en términos más coloquiales, no podemos meterlas a todas dentro de un mismo saco.

Nada más absurdo sería hacer una competencia que mida cual invasión es peor. O ponerse a contar cadáveres para justificar a unas en contra de otras. Pues, convengamos: en cada guerra hay por lo menos dos países o dos bloques de países y las razones que legitiman a cada enemigo nunca pueden ser las mismas que las usadas para entender a otras guerras con otros actores y en otros tiempos. En ese punto, sé muy bien de qué estoy hablando.

Quien escribe proviene de una generación en la que muchos nos socializamos políticamente protestando en contra de la guerra de Vietnam. Una generación global, podríamos decir. Tanto en Europa como en Japón, tanto en América del Norte como en América del Sur, los estudiantes salíamos a las calles a protestar con nuestras consignas y pancartas en contra de la guerra de EE UU en suelo vietnamita primero, y en todo el Sudeste asiático, después. Podría afirmar que las manifestaciones en contra de los desmanes de las tropas americanas en Vietnam forjaron una nueva cultura política. Las canciones de Joan Baez, Bob Dylan, las primeras de los Beatles, tararean aún en nuestros recuerdos.

Luego vinieron otras guerras y otras invasiones. Así pude comprobar que los que íbamos a las primeras no eran los mismos que fuimos a las segundas. Algunos, por ejemplo, rompimos con las directivas de los partidos, e íbamos también a protestar en contra de la invasión soviética que aplastó a la primavera de Praga. Lentamente comencé a entender que para muchos había invasiones justificables y otras condenables, invasiones buenas e invasiones malas.

Cada tiempo -eso lo percibí mucho después- tiene sus razones, sus éticas, sus ideas e ideologías. Ahora sabemos, por ejemplo, que los regímenes que apoyábamos en Vietnam o en Camboya o en Laos eran dictaduras espantosas. Películas como Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola, o The Deer Hunter, de Michel Cimino, terminaron por abrirnos los ojos. Nuestros héroes vietnameses o camboyanos eran, seguro, los mismos que defendían feroces regímenes opresivos. Y, sin embargo, sigo pensando que, de acuerdo a las coordenadas de tiempo en las que nos desenvolvíamos, nuestras protestas fueron justas y necesarias.

El tiempo ha seguido la ruta trazada. Ya maduros, algunos, aún emprendiendo la ruta del regreso, apoyamos a los sandinistas de Nicaragua, aunque, he de decirlo, con ciertas reticencias. No queríamos una segunda Cuba. Y si hubiéramos sabido que la gesta nicaragüense iba a culminar en una dictadura como la de Ortega, no habríamos apoyado nunca a los sandinistas, ni a los de la primera ni a los de la segunda hora. Después, profesionales y más centrados, dimos algunos nuestro apoyo a Walesa de Polonia e incluso salimos a protestar en contra del golpe del general Jarzuzelsky (solo después entendimos que el general había dado el golpe para proteger a su país de una invasión soviética).

Ya en el otoño de mi vida no había muchas razones para protestar, ni en las calles, ni en otras partes. Tampoco para las nuevas generaciones. Naturalmente, los excesos de los militares norteamericanos en Irak eran condenables. También los de Afganistán. Pero ¿quién en su sano juicio iba a salir a la calle en defensa de Saddam Hussein? ¿o de los siniestros Talibanes? ¿Íbamos a justificar a Bin Laden y al 11 de septiembre en aras de la paz? También seguramente podíamos estar en desacuerdo con las avanzadas de Israel en zonas palestinas, pero ¿íbamos por eso a apoyar al terrorismo de Hammas?

No hay invasiones buenas ni invasiones malas, pero sí hay invasiones distintas. Hoy, ahora, ya en el invierno de mi vida, parece ser más que evidente. Esa es la razón por la cual, junto con otros políticos, pensadores y analistas, me he posicionado abierta y radicalmente en contra de la invasión rusa en Ucrania, quizás con la misma furia como cuando protestaba en nombre de los muertos de Vietnam. Y sí: sigo pensando, aún después de tanto tiempo, que la defensa que hicieron los vietnameses de su territorio, más allá de toda justificación ideológica, era legítima y justa porque ese territorio era suyo, de ellos, y de nadie más. Pero también veo las diferencias.

Los vietnameses pertenecen a una cultura muy lejana a la que, si he de ser franco, todavía no entiendo. No así los ucranianos. Los ucranianos pertenecen al mismo Occidente al que uno pertenece. Las diferencias culturales pueden ser, no lo dudo, enormes. Pero en este momento los ucranianos defienden no solo a su territorio, sino a un estado de derecho, a una Constitución, a un régimen político competitivo, a la libertad de opinión y de prensa, a las libertades sexuales, a los derechos humanos, en fin a todo lo que para Putin es decadente, débil o enfermizo. En pocas palabras: defienden a Occidente y a su siempre imperfecta democracia. Ahí reside la unicidad de la resistencia ucraniana. Eso es inédito.

Cuando EE UU llevaba a cabo crueldades en Vietnam, las cometía en contra del género humano representado en los aldeanos de Vietnam. Pero cuando la Rusia de Putin comete las mismas en Ucrania, las comete en contra de nosotros mismos, o en contra de los que, queramos o no, somos o nos definimos como occidentales. No es nuestra sangre, no es nuestra cultura, religión, civilización o tradición lo que nos une con los ucranianos; es nuestra pertenencia a un orden político basado en constituciones y leyes. Las mismas constituciones y leyes con las que ha roto Putin al pasarse todos los acuerdos bi-laterales con Ucrania y con Europa, por el forro. Eso es inédito.

A EE UU no lo unía ningún contrato ni acuerdo bilateral con Vietnam, tampoco ningún pacto de no agresión. Mucho menos con monstruos antipolíticos como fueron Hussein, Gaddafi o como hoy, al- Asad. En cambio Putin ha atentado, como el mismo escribió en su artículo sobre Ucrania, en contra de su propio pueblo. Ucrania, lo dice Putin, es parte inalienable de la cultura rusa, y (solo) en ese sentido cultural, Ucrania y Rusia pertenecen al mismo pueblo. Pero a la vez, y eso es lo que no puede entender Putin ni su ideológico perro faldero, Alexander Dugin, pueblo y nación son dos conceptos distintos. Putin ha masacrado al pueblo ucraniano y al mismo tiempo ha encarcelado al pueblo ruso. A sus dos pueblos que, según él, son uno solo.

¿Tengo que contar a los relativistas que las demostraciones más grandes en contra de la guerra de Vietnam tuvieron lugar en los propios EE UU? ¿Tengo que decirles que el fin de la guerra del Vietnam no lo lograron los vietnameses sino miles, tal vez millones de jóvenes occidentales, muchos de ellos norteamericanos, gente que hizo uso de su legítimo derecho a protestar, sabiendo que nadie los iba a enviar a un campo de concentración como hoy ocurre en la Rusia de Putin? EE UU ha tenido al igual que Rusia presidentes nefastos. Pero los norteamericanos han debido pagar ante la opinión pública sus desmanes. ¿Cuántos casos Watergate se cometen todos los días en Rusia en absoluta impunidad?

¿Habrá que decir a los relativistas que una agresión militar a un país no puede compararse con una guerra de anexión territorial? Estamos hablando, entiéndase, de un tipo de guerra que estaba en extinción después de la Segunda Guerra Mundial. Y sobre todo ¿decirles que esta es la primera guerra, después de las de Hitler, cuyos objetivos previstos y calculados, no son militares sino civiles?

Por cierto, en todas las guerras se producen daños terribles a la población civil. Pero elegir como blanco directo a los hospitales, a los mercados, a las guarderías infantiles, a los barrios residenciales, a todo recinto donde haya seres humanos, es algo que rompe con todas las normas vistas y quizás por ver. Eso es inédito. Tan inédito, que un comentarista televisivo se permitió una broma muy cruel: “hoy las bombas rusas han producido grandes daños en los establecimientos civiles, y también algunos leves “daños colaterales” en los militares”. La broma es siniestra, pero lo es porque no solo es una broma. Es la verdad. Basta mirar las ruinas de Mariupolis. Ahí no quedó nada en pie, ahí no se ve un solo rastro de vida. Eso es inédito.

Como inédita es la amenaza de utilizar armamento nuclear no solo en contra de las naciones de la OTAN en caso de que estas intenten ayudar directamente a los patriotas ucranianos, sino también en contra de Ucrania. “Si os acercáis, volaremos todo por los aires”, había sido hasta ahora una frase que pronunciaban los criminales enloquecidos de las series de la TV. Putin ha roto así no solo con las leyes de su país y de Ucrania, con los tratados y con las convenciones internacionales. También lo ha hecho con los tabúes que hacen posible la convivencia humana sobre un mismo planeta. Eso es lo inédito.

Eso, la infinita maldad de ese maldito ser humano llamado Putin, eso es lo inédito.

1 de abril 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/03/fernando-mires-ucrania-lo-inedi...

 8 min


Mari Elka Pangestu|

Los impactos de la devastadora guerra en Ucrania, que causa un sufrimiento incalculable, se están sintiendo mucho más allá de sus fronteras , y afectan a un mundo que emerge de una pandemia que ha provocado los mayores daños en los países en desarrollo. Una de las consecuencias más críticas es la crisis del precio de los alimentos, poniendo en tela de juicio la asequibilidad y la disponibilidad de trigo y otros alimentos básicos.

No se puede restar importancia al efecto que la guerra ha tenido en los sistemas alimentarios, ya frágiles por los dos años de alteraciones provocadas por la COVID-19, los fenómenos climáticos extremos, las devaluaciones monetarias y el empeoramiento de las restricciones fiscales. Dado que Ucrania y Rusia representan más de una cuarta parte de las ventas anuales de trigo en el mundo, la guerra ha causado un aumento significativo del precio de los alimentos: no solo del trigo, sino también de la cebada, el maíz y el aceite comestible, entre otros productos exportados por estos dos países. Los precios de los alimentos a nivel local y mundial ya estaban cerca de máximos históricos antes de la guerra, y un gran signo de interrogación se cierne sobre las cosechas de las próximas temporadas en todo el mundo debido al fuerte aumento de los precios de los fertilizantes.

Por muy preocupantes que sean estas tendencias, no es momento de sentir pánico. He aquí un hecho que puede sorprenderle: las existencias mundiales de arroz, trigo y maíz —los tres principales alimentos básicos del mundo— siguen siendo históricamente altas. En el caso del trigo, el producto básico más afectado por la guerra, las existencias se mantienen muy por encima de los niveles durante la crisis de los precios de los alimentos de 2007-08. Las estimaciones indican también que alrededor de tres cuartas partes de las exportaciones rusas y ucranianas de trigo ya se habían entregado antes del inicio de la guerra.

Gestionar la volatilidad de los precios de los alimentos y salir de esta nueva crisis depende de las políticas nacionales y de la cooperación mundial. Desafortunadamente, esta no es la primera vez que enfrentamos una crisis alimentaria.

Recuerdo las lecciones aprendidas durante la crisis mundial de los alimentos de 2007-08, que tuvo su origen en la sequía y el aumento de los precios del petróleo. Cuando los grandes países productores, preocupados por el abastecimiento interno de alimentos, restringieron las exportaciones, esto agravó los aumentos de los precios y empeoró la malnutrición, particularmente en los niños.

No debemos cometer el mismo error. En cambio, al principio de la pandemia de COVID-19, los países siguieron vendiendo productos alimenticios a pesar de que los confinamientos afectaron a los puertos, el transporte de carga y la movilidad de los trabajadores. Este comportamiento cooperativo ayudó a limitar las interrupciones en las cadenas mundiales de suministro de alimentos y evitó que la situación empeorara, beneficiándose así todos los países.

Esas pruebas y experiencias deben servirnos de guía para equilibrar la respuesta inmediata a la crisis con el largo y difícil camino que hay que recorrer para construir un sistema alimentario más resiliente que proteja a las personas frente a las crisis. Veo cuatro prioridades para los países y la comunidad internacional:

En primer lugar, mantener el comercio de alimentos. A partir de la experiencia, los países y las organizaciones internacionales deben volver a unirse en su compromiso de mantener el flujo comercial de productos alimenticios. El Grupo de los Siete (G-7) ha exhortado a todos los países a mantener abiertos sus mercados alimentarios y agrícolas, y a evitar toda restricción injustificada a sus exportaciones.

En segundo lugar, apoyar a los consumidores y los hogares vulnerables a través de redes de protección social. Es imprescindible mantener o ampliar los programas de protección social que ayudan a proteger a los consumidores. No solo la disponibilidad de alimentos, sino la asequibilidad de estos es una preocupación especialmente en los países de ingreso bajo y mediano , donde la gente tiende a gastar una mayor proporción de sus ingresos en alimentos que en los países de ingreso alto. Muchas personas ya estaban reduciendo el gasto antes de la guerra debido a la reducción de los ingresos y el aumento de los precios de los alimentos. En un entorno de recursos limitados, los Gobiernos deben priorizar la asistencia a los hogares más vulnerables.

En tercer lugar, apoyar a los agricultores. Si bien las existencias mundiales de alimentos son adecuadas ahora, debemos proteger las cosechas de la próxima temporada ayudando a los productores de alimentos a enfrentar un marcado aumento de los insumos, incluidos los costos de los fertilizantes y la menor disponibilidad de dichos insumos. Medidas como eliminar los obstáculos al comercio de insumos, poner mayor énfasis en el uso más eficiente de los fertilizantes, y reorientar las políticas públicas y el gasto para dar un mejor apoyo a los agricultores podrían ayudar a proteger la producción de alimentos dentro de seis meses. También es hora de invertir más en investigación y desarrollo en esta área: ampliar la ciencia incipiente y la aplicación de biofertilizantes, que dependen menos de los combustibles fósiles que los fertilizantes sintéticos, aumentaría las alternativas sostenibles para los agricultores.

Y esto me lleva al cuarto punto, y el más crucial: aun cuando respondamos a las necesidades inmediatas, debemos trabajar para transformar los sistemas alimentarios de modo que sean más resilientes y lograr una seguridad alimentaria y nutricional que perdure en el tiempo. Los sistemas alimentarios ya se estaban recuperando de múltiples crisis antes de la guerra. La inseguridad alimentaria aguda iba en aumento en muchos países, como consecuencia de las crisis económicas, los múltiples conflictos, una sequía histórica en África oriental y una plaga extrema de langostas.

Tan solo en los últimos dos años, el Banco Mundial proporcionó un apoyo significativo para medidas de seguridad alimentaria: alrededor de USD 17 000 millones anuales, frente a USD 12 000 millones anuales en promedio en los tres ejercicios anteriores, principalmente para iniciativas agrícolas y de protección social. También hemos ayudado a los países a responder de manera temprana a las nuevas crisis de seguridad alimentaria, por ejemplo, movilizando asistencia del Servicio de Respuesta ante las Crisis de la AIF, que abarca financiamiento otorgado tempranamente, y trabajando con asociados humanitarios para hacer un seguimiento de la inseguridad alimentaria.

Es crucial mantener el rumbo y ayudar a los países en desarrollo a retomar el camino de la recuperación. A largo plazo, los Gobiernos, las empresas privadas y los asociados internacionales deben trabajar para lograr sistemas de producción eficientes en términos de recursos, diversos, nutritivos y más productivos y garantizar la seguridad alimentaria y nutricional ante el aumento de los riesgos climáticos, económicos y de conflictos. Esta es una de las cinco áreas que priorizamos en la acción climática.

Una mejor focalización en el gasto público, la movilización de financiamiento privado y la inversión en innovación e investigación serán clave para "hacer más con menos": producir alimentos más diversos y nutritivos para una población en crecimiento, con menos agua y fertilizantes, limitando al mismo tiempo el cambio en el uso de la tierra y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Transformados, los sistemas alimentarios pueden convertirse en la piedra angular del desarrollo verde, resiliente e inclusivo, y promover la salud de las personas, las economías y el planeta.

25 de marzo 2022

Banco Mundial blogs

https://blogs.worldbank.org/es/voces/cuatro-vias-para-responder-la-crisi...

 5 min


​José E. Rodríguez Rojas

En el año 2010, en el marco de una agenda orientada a la instauración del Socialismo del Siglo XXI, Chávez expropió la empresa Agroisleña. Se convirtió en un caso emblemático de una empresa exitosa que fue llevada a la quiebra, con un efecto devastador sobre la actividad productiva. Los representantes de la empresa intentaron negociar pero al final debieron acudir a un organismo de arbitraje internacional del Banco Mundial, el cual acaba de fallar a favor de la empresa expropiada. De acuerdo al fallo el Estado venezolano debe pagar 1400 millones de euros.

La agenda del gobierno bolivariano implicó en sus inicios una agenda político ideológica antiliberal orientada al hostigamiento a la iniciativa individual y a una expansión desordenada de la presencia del Estado. Estas políticas se enmarcaron en lo que dio en llamarse el Socialismo del Siglo XXI que buscaba reproducir el modelo cubano. Esto se tradujo en la expropiación y confiscación de empresas productivas exitosas que cuando llegaban a manos del Estado entraban en un proceso de mengua hasta llegar, en muchos casos, a una situación de quiebra que requería del permanente auxilio financiero por parte del Estado. Ello incluyó a compañías como CANTV, Electricidad de Caracas e innumerables empresas agroindustriales procesadoras de materias primas agrícolas como Lácteos los Andes. Contempló también la estatización de empresas generadoras de insumos agrícolas como Agroisleña, que se constituyó en un caso emblemático en el sector agroalimentario de una empresa exitosa que fue llevada a la quiebra después de ser intervenida por el régimen bolivariano, lo que tuvo un fuerte impacto en el campo por las múltiples actividades que esta empresa llevaba a cabo.

“Al momento de su expropiación Agroisleña tenía 52 años de fundada en el país, más de 60 tiendas, silos, centros de distribución, cerca de 3.000 empleados y un conglomerado de empresas asociadas al negocio agrícola como Insecticidas Internacionales, Proyefa, y Venezolana de Riego. Así proveía y daba asistencia técnica a más de 18.000 pequeños y medianos productores” (El Pais. 2022). La expropiación tuvo un fuerte impacto en el sector de los técnicos del agro conscientes de la labor e importancia de la empresa. Rodrigo Agudo un experto en el área de lácteos señaló, diez años después de la expropiación, que el efecto de tal acción fue devastador en el sector agrícola (El Impulso. 2020).

Después de la ocupación por el gobierno de todas las instalaciones de Agroisleña vino el cambio de nombre a Agropatria la cual asumió el control de la importación de insumos. El gobierno ofreció que los precios de los insumos y servicios disminuirían lo cual generó una expectativa favorable en los agricultores. Pero pronto cundió la frustración, pues con esta empresa pasó lo que sucedió con la mayoría de las empresas estatizadas. Agopatria se convirtió en una centrifugadora de corrupción. Su desempeño estuvo lejos de equiparse con el de Agroisleña, pues la escasez de insumos y de asistencia técnica y financiera fue lo que privó, contribuyendo al colapso de la producción agrícola. Según Rodrigo Agudo la raíz del problema radicaba en la ideologización de los que administraban la empresa, ignorantes de las funciones que les tocaba cumplir y proclives a la corrupción. El gobierno se vio obligado a inyectarle recursos en cuatro oportunidades para evitar la quiebra (El Impulso. 2020). Después de que Agropatria naufragara, Nicolás Maduro dio luz verde en el año 2013 para que una empresa de la Fuerza Armada Nacional denominada Agrofanb asumiera el control, sin embargo la situación no mejoró.

Chávez firmó el decreto de expropiación de Agroisleña a principios de octubre del 2010, casi a la medianoche. El comandante de la revolución bolivariana alegaba en ese momento que la acción estaba orientada a luchar contra un supuesto oligopolio a fin de garantizar la seguridad alimentaria. Después de la expropiación y ocupación de sus instalaciones los representantes de la empresa intentaron negociar con el gobierno pero las conversaciones no prosperaron, por lo que los representantes de la empresa se vieron obligados a recurrir a un organismo internacional de arbitraje para reclamar una indemnización por el valor de los bienes expropiados y daños sufridos como consecuencia de la arbitraria toma de la empresa. La empresa fue fundada en 1958 por Enrique Fraga Alonso un canario que emigró a Venezuela en los años cuarenta del siglo pasado; como era una compañía de capitales y dueños españoles los representantes de la misma se aferraron, en su reclamación, al Acuerdo España Venezuela que protege las inversiones españolas en el país.

En consecuencia la empresa española Agroinsumos Iberoamericanos a la cual pertenece Agroisleña acudió en el año 2016 al tribunal de arbitrajes internacionales del CIADI-Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, una instancia del Banco Mundial- a fin de plantear su reclamación. El CIADI acaba de fallar en fecha reciente a favor de los representantes de Agroisleña. Como consecuencia del fallo el Estado Venezolano está obligado a pagar 1.400 millones de euros a la empresa mencionada como compensación por el incumplimiento del Acuerdo España Venezuela. A estos gastos deben sumarse los gastos administrativos del procedimiento. La arbitraria decisión tomada por Chávez en el año 2010 se revierte ahora como un boomerang contra la administración de su sucesor como una deuda más que debe pagar el Estado Venezolano por las arbitrarias acciones cometidas contra los propietarios de empresas.

Profesor UCV

Referencias

Diario de las Américas. 2016. Empresa Agroisleña demanda a gobierno de Venezuela por expropiación. Julio, 7.

El Impulso. 2020. A 10 años de la expropiación de Agroisleña el resultado es devastador. Octubre, 12.

El País. 2022. Las expropiaciones de Hugo Chávez empiezan a costarle caras a Venezuela. Marzo, 26.

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Jesús Elorza G.

Las Federaciones Deportivas, ponen al descubierto, un nuevo elemento en la crisis por la cual atraviesa el deporte venezolano, al emitir un pronunciamiento público, refrendado por más de 35 organizaciones del sector deportivo federado.

En el referido documento, exigen al Ministerio del Deporte la inmediata reactivación del Directorio del Instituto Nacional de Deporte (IND). Justifican su posición, por ser el Directorio la instancia que permitirá otorgar legitimidad y reconocimiento a las organizaciones deportivas del país que ya han cumplido con sus procesos electorales, en vías de pujar hacia una transparente y pronta resolución en la escogencia de la nueva junta directiva del Comité Olímpico Venezolano. Resulta incomprensible e inaceptable, señalan los dirigentes federativos, que, desde hace año y medio, o quizás más, no esté funcionando el directorio del IND.

Una revisión de la Ley Orgánica de Deporte, Actividad Física y Educación Física (LODAEF) nos hace ver la profundidad y gravedad de esta denuncia federativa. En su Art 30 la referida ley establece que “El Directorio es la máxima autoridad del IND”. Entonces, cabría señalar que desde hace año y medio este organismo está funcionando sin autoridad legal, lo cual vendría a ser una flagrante violación del ordenamiento jurídico y plantearía la nulidad absoluta de las decisiones que en ese periodo hayan tomado individualidades dentro de la institución.

La gravedad de este hecho, se puede observar con mayor claridad, al revisar el Art 31 de la LODAEF, que establece las competencias del Directorio del IND:

-Aprobar el Plan Operativo Anual de la institución e instruir su ejecución. Lo que vendría a significar que el IND tiene más de 18 meses operando sin planes. Con razón, a las federaciones no se les informa sobre sus Planes Operativos Anuales solo se reciben los proyectos, pero estos nunca son aprobados.

-Asesorar al Presidente o Presidenta del Instituto para la toma de decisiones. Al no haber directorio, es lógico pensar que las decisiones del presidente son discrecionales o personalistas.

-Someter a consideración y aprobación del Ministro del Poder Popular para el Deporte el reglamento interno del IND y demás normas que rijan su funcionamiento…sobran las palabras, estamos en presencia que opera de acuerdo a como le venga en gana a su presidente.

-Autorizar expresamente todo acto de administración cuya cuantía exceda de cinco mil Unidades Tributarias (5.000 UT)…….sin directorio, esto significa el manejo fraudulento de los recursos presupuestarios asignados al deporte.

-Autorizar la inscripción de las entidades deportivas nacionales en el Registro Nacional del Deporte…. Lo que se traduce, al no tener directorio, en la no aprobación de las Providencias Administrativas del sector deportivo federado y el Comité Olímpico.

-…Rendir cuenta anual de su gestión, ante los órganos y entes públicos y sociales del Sistema Nacional del Deporte…. Eso quiere decir, que el presidente del IND no ha entregado cuenta desde hace año y medio. En otras palabras, despacha y se da el vuelto con el presupuesto para el deporte ¡¡¡sin entregarle cuenta a nadie!!!...que mantequilla.

-Autorizar la firma de convenios interinstitucionales…en otras palabras la firma de convenios con Cuba, China y Rusia es por orden superior del régimen sin la autorización del directorio…cúmplase.

Además, de esta flagrante violación de la LODAFEF, también dejaron sin efecto el Art 35 del Reglamento Parcial Numero 1 de la Ley Orgánica de Deporte, Actividad Física y Educación Física que faculta al Directorio del IND para “fijar anualmente los lineamientos para la ejecución de los recursos que conforman el Fondo Nacional del Deporte, estableciendo el porcentaje que se destinará para el financiamiento de las siguientes políticas: Masificación del Deporte; la actividad física y la educación física ; desarrollo del deporte de alto rendimiento; patrocinio del deporte profesional; seguridad y asistencia social de los atletas activos, programas sociales para los atletas en condición de retiro y Glorias del Deporte, proyectos de investigación científica vinculados al deporte en las universidades de gestión pública, la promoción de empresas de propiedad social directa para la producción de bienes y servicios vinculados a la práctica del deporte…” de hecho, está claro que el manejo de los recursos económicos del Fondo Nacional del Deporte ha sido discrecional desde la administración de Héctor Rodríguez (2010-2013), cuando dejo de convocar al directorio.

En fin, de cuentas, con este vacío de autoridad, al no estar en plenitud de funcionamiento la máxima autoridad del IND como lo establece la ley, el manejo de los recursos presupuestarios y los programas deportivos están manejados de forma discrecional, por antojos o caprichos del presidente del IND, constituyendo de hecho y de derecho una expresa violación del ordenamiento jurídico y su principal ejecutor, el presidente o presidenta del organismo, pasan a ser sujetos con responsabilidades jurídicas o penales.

Ahora bien, esta bizarra situación, no podrá ser resuelta mientras las autoridades contraloras y judiciales miren hacia otro lado, con conductas de silencios cómplices que hacen permisible la continua violación a las leyes. Una ley que no se cumple es letra muerta.

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