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Opinión

Fernando Mires

El hecho de que el secretario de estado Antony Blinken se haya visto en la necesidad de reinterpretar a Joe Biden, después que el presidente en un rapto de retórica emoción y fuera de libreto dijera que “Putin no puede seguir en el poder”, muestra una inaceptable falta de coordinación estratégica. Fueron palabras que sin duda hablan muy bien de Biden como persona moral –millones deseamos lo mismo– pero como persona de estado, Biden cometió un error político de proporciones.

Putin, nos guste o no, es el representante del estado de Rusia, elegido presidente de acuerdo al sistema de votación ruso y, como tal, reconocido por la comunidad internacional. No corresponde al presidente de una nación, aunque sea EE UU, decidir quienes deben o no gobernar en otro país. Lo más grave es que con esa frase, Biden oscureció el sentido de la guerra que lleva a cabo el pueblo ucraniano.

La guerra que libra Ucrania es contra un país cuyo mandatario busca anexarla, es decir, hacerla desaparecer del mapa como nación. Para Ucrania es, por lo tanto, una guerra de vida o muerte. Una guerra existencial. Lo que está en juego es nada menos que la existencia de Ucrania como nación independiente y soberana.

Ucrania no ataca a Rusia - ¿habrá que repetirlo? -pero Rusia sí ataca a Ucrania. La de Ucrania es –y esto es lo decisivo- una guerra esencialmente defensiva. Por eso mismo, legítima, justa y necesaria. Y por ser defensiva, la guerra debe ser mantenida dentro del espacio del territorio a ser defendido. Lo que pase con Putin en el territorio ruso no debe ser tema para el gobierno de Ucrania y mucho menos para el presidente de un país como EE UU.

Con su desafortunada frase Biden pasó por alto, además, los objetivos de la guerra de los patriotas ucranianos, objetivos que son exactamente lo contrario a los que persigue la Rusia de Putin. Digámoslo en su modo más simple: Putin quiere derrocar a Zelenski pero Zelenski no quiere derrocar a Putin

Todos conocemos los objetivos de la Rusia de Putin: convertir a Ucrania en una provincia rusa como logró hacerlo con Chechenia y Georgia, o en el mejor de los casos, en un apéndice colonial como Bielorrusia. Y para cumplir ese objetivo, Putin necesita hacer desaparecer a la institución jurídica y política que da forma a Ucrania como nación: el estado ucraniano, representado por el gobierno de Volodymyr Zelenski.

Seamos claros: el objetivo de Rusia no es oponerse a la expansión de la OTAN, como divulgan los propagandistas de Putin. La OTAN es la institución militar que cobija y protege naciones democráticas europeas y, por lo mismo, sus objetivos no son imperiales sino estrictamente defensivos. No hay ninguna nación que forme parte de la OTAN que esté ahí en contra de la voluntad de sus gobiernos y de sus ciudadanos. Es muy esclarecedor el hecho de que Zelenski, cuando ofreció como garantía de paz al gobierno ruso su renuncia a solicitar el ingreso de Ucrania a la OTAN, no haya apaciguado en absoluto la guerra declarada por Putin. En el fondo, a Putin le importa un bledo la OTAN. Lo que sí le interesa, lo único que le interesa, es hacer desaparecer a Ucrania como nación y por lo mismo como estado, esté Ucrania dentro o fuera de la OTAN.

Ahora bien, ese único objetivo de Putin es el que debe configurar el único objetivo de Occidente. Y este no puede ser otro sino evitar que Putin haga desaparecer a Ucrania como nación. Para y por eso, Occidente necesita que Putin pierda la guerra en Ucrania. Y perder la guerra significa para el gobierno ruso reconocer la existencia de Ucrania. Como escribiera el siempre pragmático Michael Ignatieff: “El objetivo estratégico de Occidente en esta guerra debería ser preservar el gobierno de Zelenski. Al salvar el gobierno, Occidente puede salvar a Ucrania. Cualquier esfuerzo ruso para acabar con el gobierno de Zelenski debería ser la línea roja de Occidente: el momento en el que envíe un mensaje a Putin de que si no se detiene, responderá con fuerza”.

En otras palabras, derrotar a Rusia significa preservar la vida del presidente como persona, pero sobre todo, como institución. La razón es obvia; Zelensky, no solo es un héroe. Zelenski es antes que nada la representación humana del estado ucraniano. Así lo entendió el ex-presidente Poroshenko al deponer sus diferencias políticas frente a Zelenski. Lo que está en juego, lo dijo, es el estado de la nación común, de esa polis a la que pertenecen todos los ciudadanos de Ucrania.

La guerra, hay que decirlo mil veces, no es una cosa en sí. La guerra es un medio para lograr un objetivo de poder. Ganar una guerra significa derrotar al enemigo lo que a su vez significa impedir que los objetivos del enemigo sean convertidos en realidad. Solo teniendo claro el objetivo se pueden tener claros los medios para alcanzarlo. El fin no justifica, pero sí, determina a los medios.

Las sanciones a Rusia por ejemplo, no pueden estar destinadas a castigar al pueblo ruso ni mucho menos a perseguir la ilusoria esperanza de que un día, cansado y hambriento, ese pueblo se levantará en contra de Putin. Ni la política ni la guerra se pueden hacer sobre la base de fantasías. Eso quiere decir también: no se saca nada con cerrar locales de Mc Donald o de Pizza Hut si los gobiernos de Europa, sobre todo Alemania, continúa pagando a Putin por el gas y por el petróleo y así financiando la guerra a Ucrania. Las sanciones, para ser efectivas, deberían apuntar estratégicamente a bloquear todos los canales que lleven al perfeccionamiento de la guerra ofensiva de Putin.

Lo mismo se puede decir con respecto a la ayuda militar que Occidente presta al ejército de Ucrania. Las armas a ser enviadas deben ser, en primera línea, aptas para la guerra defensiva. La ayuda militar no puede ser simbólica, como el vergonzante envío de chatarras bélicas expropiadas a la ex RDA por el gobierno alemán. El armamento que necesita Ucrania debe corresponder con los más altos y sofisticados niveles de la moderna guerra defensiva. Detener tanques y hacer estallar aviones es primordial para derrotar a Putin. Un misil bien disparado vale más que cualquier argumento frente al cruel autócrata ruso. Es duro decirlo, pero es la verdad.

Mucho más claro que Biden fue la primer ministro de Estonia, la aparentemente frágil Kaja Kallas: “En la OTAN, nuestro enfoque debe ser simple: El Sr. Putin no puede ganar esta guerra. Ni siquiera puede pensar que ha ganado, o su apetito crecerá. Necesitamos demostrar voluntad y comprometer recursos para defender el territorio de la OTAN. Para controlar la agresión de Rusia, debemos implementar una política a largo plazo de contención inteligente” (...) “los soldados ucranianos son combatientes capaces, pero necesitan armas y material, incluido activos de defensa aérea y misiles antitanque para proteger mejor los cielos. La ayuda militar defensiva debe ser nuestra principal prioridad y debemos comprometernos con ella a largo plazo”.

No vamos a negar que en las guerras también existen triunfos simbólicos o victorias morales. Dentro de estas últimas, una de las más elocuentes fue esa cantidad de 141 votos de las Naciones Unidas condenando la agresión de Putin. Hay que agregar que Europa, hasta hace poco sumida en ociosas discordias, está hoy unida más que nunca; y lo está en torno a Ucrania. E incluso, la por Trump tan maltratada China, ha decidido asumir una posición neutral frente a la locura putinista. Pero todo eso no servirá de nada si Ucrania, apoyada por Occidente, pierde la guerra militar.

Ganar la guerra militar no significa matar a Putin. Pero sí significa evitar que Putin mate a Zelenski, o a quien lo represente, en la legítima defensa del estado nacional ucraniano. Ese y no otro es y debe ser el objetivo de Occidente en la guerra desatada por Putin.

29 de marzo de 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/03/fernando-mires-que-significa-de...

 6 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

La tragedia ucraniana sigue su curso, registrada en rostros lastimados y tristes que no alcanzan a traslucirse en la frialdad de las estadísticas, pero sí para poner de manifiesto a un planeta desorientado, cuyos habitantes no terminan de entender la urgencia de modificar las pautas que rigen los vínculos que establecen entre sí y con la naturaleza.

Como cabía esperar el conflicto arropa a todo el mundo, cada vez más interdependiente y conectado, pero simultáneamente fragmentado y mapeado por enfrentamientos bélicos y no bélicos, parte de un repertorio que en algún lugar tiene anotada la posibilidad de una tercera guerra mundial, si a alguna de las potencias se le ocurre apretar el famoso “botoncito” que dispara los "misiles nucleares estratégicos”, capaces de reducir al mundo a escombros.

Los niños

Entre las tantas calamidades que sufre Ucrania, imposible dejar de pensar en los niños que tienen frente a sus ojos un escenario aterrador, además de inentendible. Duele pensar que cualquiera sea el resultado de esta guerra, a ellos les tocara sufrir y enfrentar las consecuencias más severas y la tarea más dura para irse librando de ellas, sobre todo, aunque no sólo, de las que les quedan estampadas en la zona de sus emociones.

Diversas organizaciones revelan que la crisis de refugiados motivada por la situación que se está viviendo, en términos de escalada, no tiene precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. El número total de personas que han huido de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa, ha superado ya los tres millones de personas, incluyendo entre ellas a quinientos mil niños.

Adicionalmente, un informe de la UNICEF denuncia que los bombardeos dejan a millones de menores en condiciones precarias, ubicados en las zonas más peligrosas del país.

Granjas de bebés

En medio de los casi infinitos desacomodos que trazan la situación de Ucrania, tal vez haya pocas cosas que conmocionen más que los explosivos caídos sobre las llamadas Granjas de Bebes, ocupadas por niños recién nacidos gracias al empleo de las diversas técnicas de reproducción asistida, que, como se sabe, se ofrecen como opción a parejas heterosexuales con problemas de infertilidad, parejas del mismo sexo o mujeres solteras que desean ser madres.

Se da así origen a la llamada “maternidad subrogada”, término que supone un acto legal mediante el que una mujer acuerda, ya sea con fines altruistas o económicos (sobre todos estos últimos), gestar en su útero un embrión, que puede o no tener su material genético. Desde hace mucho tiempo, Ucrania ha legalizado esta práctica (la han acusado de auspiciar “tiendas de bebés en línea”) y es uno de los relativamente pocos países que otorga facilidades para atender a parejas venidas de otros lados en plan de “turismo reproductivo”, según lo califican.

Son obvias las dificultades que se han generado alrededor de estos bebés a raíz de la guerra, con sus padres fuera de Ucrania y sin saber cuándo podrán recogerlos, con las empresas que se ocupan de manejar los acuerdos mercantiles entre las partes, con las madres que los dieron a luz y muchas otras complicaciones similares que, según es fácil imaginar, pasan desapercibidas entre tanto disparo.

Al margen de lo expresado en las líneas de arriba, cabe decir, aunque sea de pasada, que se ha diversificado el concepto tradicional de la “maternidad”, generando un debate en el ámbito científico, bioético, religioso, social y jurídico, que envuelve, incluso, la duda respecto a quien es la madre del bebé. E igualmente resulta pertinente señalar, también en formato de digresión, que hoy en día se están llevando a cabo diversas investigaciones en el ámbito de la genética, orientadas, en medio de grandes polémicas, a descartar el azar que se produce en el momento de la fecundación como parte de un proceso natural.

Así las cosas, pareciera que los escritores de ciencia ficción han pasado a considerarse más bien como escritores costumbristas.

El pacto intergeneracional

El conflicto entre Rusia y Ucrania revela que seguimos pensando y actuando como si no estuviera pasando lo que está pasando. Es una disputa que va en contra de los vientos que soplan en esta época, soslayando las infinitas circunstancias que nos enlazan e ignorando que el planeta tierra no da más de sí.

Desde hace un buen tiempo las alarmas están sonando, cada vez con más ruido, pero los terrícolas se hacen los desentendidos. El mundo se encuentra en aprietos graves que comprometen la vida humana, bajo el pronóstico de que irá progresivamente desmejorando, a partir de una crisis múltiple que afecta en particular a los sectores más pobres, que son los mayoritarios. Hace rato se predica, entonces, la necesidad de un nuevo Contrato Social a nivel mundial, que abarque un pacto intergeneracional

Dicen los que andan en estas cavilaciones, que todos las personas, sin exclusión, pertenecen a la vez a una comunidad política determinada y a una comunidad humana, que trasciende todas las barreras étnicas, lingüísticas, sexuales, religiosas y nacionales, y que no se construye prescindiendo de esas peculiaridades, sino desde ellas. Diversos autores definen así, palabras más, palabra menos, el Cosmopolitismo, describiendo y postulando la exigencia de que los terrícolas nos paremos de otra manera en la cancha de la vida.

Ignacio Avalos Gutiérrez

El Nacional, jueves 31 de marzo de 2022

 4 min


Isglovi Alcalá

Carlos Romero, presidente de la Federación de Fruticultores y director del sector frutales de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), afirmó que aproximadamente 95% de la siembra de frutos cítricos se ha perdido en Venezuela, debido al impacto letal que ha causado el insecto Huanglongbing (HLB), también conocido por ‘el dragón amarillo’.

Explicó que la plaga del HLB ha afectado la mayoría de las plantaciones de frutas cítricas en Venezuela, a tal punto que “actualmente solo quedan de 3 a 4 mil hectáreas sembradas en todo el país. Solo queda un poco de mandarina en el pueblo de Barlovento, en algunas zonas del Táchira, un poco en Yaracuy y en otras regiones, pero en zonas aisladas y altas que estén a 500 metros sobre el nivel del mar, lo cual no evita que se contamine la siembra, sino que sea más lenta porque igual llega la plaga”.

Romero destacó que, en la actualidad, el limón no se está produciendo en Venezuela, sino que está siendo “importando desde Colombia, ya que es un cítrico más delicado que la naranja o la mandarina, lo que ha hecho que se pierda más rápido y el mercado nacional opte por traerlo de afuera”.

Enfatizó que antes los fruticultores podían exportar sus productos, como el limón y el aguacate, pero “ahora ya no se exportan, sino que solo es para el consumo nacional”. “Nuestro país era un gran exportador de frutas, sobretodo de limones, naranjas, aguacate y otros rubros, pero hoy en día por el problema del HLB prácticamente el limón, la naranja y la mandarina están fuera de exportación, porque no hay ni en el país. Lo que se está exportando un poquito es el aguacate a Rusia”, sostuvo.

Indicó que, ante la problemática con los cítricos, los productores se han reunido con el ministro de agricultura y otras entidades. “Sin embargo, creo que a nivel gubernamental no es un rubro muy importante. De lo contrario, hubiesen hecho mayores esfuerzos, tanto así que en otros países ha pasado lo mismo y ya han levantado la producción y el Estado ha estado al pendiente”, comentó.

Opciones privadas hay, pero pueden resultar costosas. “Las nuevas plantas de cítricos que se están pensando en este momento no son inmunes a esta plaga, pero sí un poco resistentes. Pero existe el riesgo de que el que haga la inversión y no tenga el control adecuado, pueda perderlo todo y una mata está valorizada entre 8 y 9 dólares”, indicó.

No obstante, aclaró que pese a la problemática con los cítricos y el dragón amarillo en el campo, los fruticultores cuentan con las “técnicas que se están usando en todo el mundo. Se hacen injertos, se usa riego por goteo, se usa microaspersión y se usa todo lo que técnicamente se necesite usar para que tengas la mejor calidad de fruta”, agregó.

Aseguró que “cuando dicha plaga acabe con el resto de las plantaciones, todo quedará hasta ahí y hasta que haya una nueva siembra y nuevas condiciones”. “En muchos casos han preguntado por qué los productores no se levantan solos y es porque no hay manera de eso, pero cuando se acaben los cítricos muchos van a buscar otras alternativas y sembrar otros rubros”, afirmó.

Fruticultores con capital propio emprenden iniciativas
Romero destacó que todas las frutas que se producen en Venezuela son demandadas por los consumidores. “En Falcón se produce mucha patilla y mucho melón, por la zona de San Carlos también se produce algo de patilla y melón, y así en cada zona se va produciendo un poco de algo. En La Colonia Tovar se produce durazno y todas tienen un consumo más o menos uniforme en todo el país, solo que es cíclico. Entonces, cuando hay producción de mucha patilla, también el precio baja y eso hace que el consumidor esté interesado en las que tengan menos valor, pero eso es natural en el mercado de la frutas”, afirmó.

Sin embargo, aseveró que “en el país, en estos momentos, no se está reactivando parte de la producción de frutas, ya que la fruta va paralelo al crédito agrícola y cuando no hay crédito agrícola, prácticamente la producción o las iniciativas nuevas de cultivo de frutales están prácticamente paralizadas. Algunos frutales hay que esperar hasta cuatro años para comenzar a producir y eso sería un costo muy grande para una persona poderlo hacer; sin embargo, hay algunas que con capital propio están haciendo algunas iniciativas, pero muy suave y no de gran envergadura”, expresó.

Indicó que la situación de la “fruticultura es muy parecida a la situación nacional de la agricultura”, debido a que los agroquímicos, tantos fungicidas y fertilizantes, están prácticamente dolarizados y han subido de precio.
25 de marzo de 2022
Hispanopost
https://hispanopost.com/el-dragon-amarillo-amenaza-los-citricos-en-venez...

 3 min


Sergio Ramírez

Así como desde lejos es imposible apreciar los relieves de un paisaje, hay que adentrarse en los meandros de la izquierda latinoamericana para darse cuenta de que está lejos de representar un todo homogéneo. La variedad es extensa. Una izquierda que tomó en algún momento las armas y creyó en la revolución; una izquierda que nunca se desapegó del credo de la Tercera Internacional; la izquierda populista, que llegó al poder para quedarse; la izquierda nostálgica, la izquierda académica. La nueva izquierda.

Pero lo que un examen cercano mejor nos deja ver es la división entre izquierda autoritaria e izquierda democrática. Entre la que considera anatema todo lo que se oponga a la hegemonía de un solo partido o de un solo líder; y la que busca rescatarse a sí misma afirmando su fidelidad a la democracia sin apellidos que permite elegir libremente a los gobernantes, y se adhiere al respeto a las libertades públicas y a los derechos humanos. Ni democracia proletaria ni democracia burguesa. La democracia.

“Izquierda cobarde” llama Nicolás Maduro a esta izquierda que se atreve a desembarazarse de los ropajes del pasado que huelen a naftalina. Y la invasión de las tropas rusas a Ucrania ha servido para dejar patente esta diferencia fundamental, que desde las concepciones ideológicas del poder se extiende a los alineamientos geopolíticos.

La falla geológica que se abre en el paisaje entre izquierda autoritaria e izquierda democrática, la vemos mejor al comparar las declaraciones del caudillo boliviano Evo Morales con las del nuevo presidente de Chile Gabriel Boric.

“Rusia ha optado por la guerra para resolver conflictos. Desde Chile condenamos la invasión a Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegítimo de la fuerza. Nuestra solidaridad estará con las víctimas y nuestros humildes esfuerzos con la paz”, escribe Boric en un tuit. En otro tuit, Morales escribe: “Hacemos un llamado a una movilización internacional para frenar el expansionismo intervencionista de la OTAN y EE UU La humanidad clama por pacificación, la conflagración no es la solución. La hegemonía armamentista e imperialista pone en riesgo la paz mundial”.

El lenguaje de Evo Morales es una herencia de la Guerra Fría, cuando la izquierda latinoamericana creía su deber militante no apartarse del evangelio del Kremlin. Es así que cuando en agosto de 1968 las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoeslovaquia para aplastar la primavera de Praga, Fidel Castro, que entonces representaba a toda la feligresía revolucionaria, respaldó la intervención apelando a los intereses supremos del socialismo mundial.

Sólo había un imperialismo, el de los Estados Unidos; la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia defendían la paz mundial. Evo Morales, medio siglo después, no se aparta de ese guion.

Por una suerte de artilugio ideológico, Putin encarna a ese mundo soviético de los manuales leninistas anterior a Gorbachov, aquel mismo de ancianos miembros del politburó, que protegidos con gruesos gabanes y sombreros de fieltro revistaban los desfiles militares desde arriba del mausoleo de Lenin, desfile que cerraban los cohetes cargados con ojivas nucleares, las mismas con las que Putin amenaza hoy al mundo sino le dejan consumar su conquista de Ucrania.

Putin, cuyo apoyo político se teje en una red de organizaciones ultranacionalistas y antisemitas, padrino de una mafia de oligarcas multimillonarios que se apropiaron de los despojos de la era soviética, y decidido a reconstituir la vieja Rusia de los zares, es para los nostálgicos de la vieja izquierda uno de los suyos, y por eso mismo justifican la invasión de Ucrania, o apartan la vista y se diluyen en declaraciones que no dicen nada.

Lula de Silva, sin señalar quién invadió a quién, ofreció un consejo conciliador tanto a Putin como a Zelenski: “Gobernantes, bajen las armas, siéntense en la mesa de negociaciones y encuentren la salida del problema que los llevó a la guerra’”. Y nada más. Muy cerca, quién lo diría, de Bolsonaro, que en vísperas de la invasión voló a Moscú para tomarse la foto de ocasión con Putin y que al regresar a Brasil declaró: “No tomaremos partido, seguiremos siendo neutrales”.

Boric, al contrario, recuerda con sus palabras que, si la izquierda tiene algún fundamento, es el humanismo, y que las guerras de agresión son un crimen. Quien no puede quitarse las telarañas ideológicas de los ojos para ver los bombardeos sobre la población civil, los ataques aéreos contra hospitales y edificios de apartamentos, el éxodo de millones de seres humanos obligados a buscar refugio en los países vecinos huyendo de la destrucción y la muerte, demuestra su fidelidad a la izquierda jurásica, o se ha quedado perdido en los vericuetos del cinismo y la dualidad.

Nada más sublime, agreguemos, que estas opiniones de un científico social argentino de izquierda, publicadas en un diario de Buenos Aires: “las apariencias no siempre revelan la esencia de las cosas, y lo que a primera vista parece ser una cosa —una invasión— mirada desde otra perspectiva y teniendo en cuenta los datos del contexto puede ser algo completamente distinto”.

Igual que la famosa frase atribuida a un presidente mexicano de tiempos del PRI, pero que en realidad es de Mario Moreno, Cantinflas: “Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”.

15 de marzo 2022

El País

https://elpais.com/opinion/2022-03-15/una-izquierda-jurasica.html

 4 min


Humberto García Larralde

La despenalización de la tenencia y uso de moneda extranjera, más el levantamiento del control de precios, explican, en buena medida, el frenazo en la caída de la economía venezolana. A pesar de la enorme destrucción fraguada por Maduro y sus cómplices, con sólo levantar algunas las trabas, afloran indicios de las potencialidades del país, cruelmente sofocadas. No es sólo el comercio de bienes importados en bodegones. Empiezan a observarse signos de reactivación en la agricultura y la ganadería en algunos estados, así como de establecimientos agroindustriales. La Encuesta Cualitativa de Coyuntura Industrial de CONINDUSTRIA, correspondiente al cuarto trimestre del año pasado, recoge atisbos de cambios y de expectativas favorables en algunos sectores. De confirmarse tales mejoras, lleva a preguntarse: ¿Se sostendrán en el tiempo? Los que controlan al Estado actualmente, ¿están dispuestos a efectuar los cambios para que así sea? ¿De qué depende?

Antes de examinar estas interrogantes, es menester aclarar que estos indicios se notan con relación a una economía devastada, cuyo tamaño es de apenas la quinta parte de la de ocho años, con terribles efectos para su población. Un crecimiento del 4% para 2021 pudiera aparecer respetable, pero con relación a un monto tan exiguo como el del PIB venezolano, el incremento es prácticamente nulo. Más de 94% de los hogares son pobres (por ingreso), según la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI, 2021) realizada por la UCAB, 76.6% padecen de pobreza extrema. Si se examina la pobreza desde una perspectiva multidimensional, 65,2% se encontraban en condiciones de privación. Fuimos el país más desigual de América Latina el año pasado, con un índice GINI estimado de 56,7.

Las políticas sociales se habrían reducido básicamente al reparto de bolsas CLAPs, de distribución inconstante, y míseras transferencias a través del Carnet de la Patria. 24,5% de los hogares padecían de una inseguridad alimentaria extrema, 35,2% una inseguridad moderada y 34,5% de una inseguridad alimentaria leve. Las secuelas de este panorama sobre la salud general de la población no podían ser sino terribles. Hoy se estiman más de 6 millones los venezolanos que, desde 2015, han emigrado huyendo de esta situación.

“Eppur si muove” ...aparentemente. ¿Podrá mantenerse? A falta de datos oficiales sobre el desempeño de la economía venezolana que permitan aproximarnos a una respuesta confiable, ayuda un enfoque de economía política. Empecemos por señalar que el marco de intervención estatal asociado a la destrucción del país no se ha superado, si bien la aplicación de algunos aspectos ha sido suspendida. Continúa la ausencia de un Estado de Derecho efectivo y, con ello, de las garantías y seguridades asociadas a un clima de confianza favorable a la actividad económica y a las libertades civiles, desmanteladas con la excusa de construir el “socialismo del siglo XXI”. Este desapego por la normativa que debía regir en democracia, amparado en tribunales anuentes con quienes la obvian desde el poder, ha permitido que éstos hayan privatizado el patrimonio público, pero en nombre de este “socialismo”. Sus escandalosas corruptelas aparecen como depósitos multimillonarios en bancos suizos, panameños, españoles, rusos y otros, en reportajes de valiosos periodistas de investigación.

Los intereses creados en torno a estas prácticas, tan notorias entre integrantes de la cúpula militar que sostiene a Maduro y entre los “enchufados” que se benefician de sus tratos con el Estado, ¿acaso han sido suprimidos? ¿Se ha restituido el imperio de la ley? La depredación de las riquezas minerales en ese territorio sin ley en que han convertido Guayana, la presencia activa de bandas criminales en ese saqueo y/o dedicadas al tráfico de drogas --ambas con complicidad militar--, las empresas de maletín, las compras con sobreprecio, las extorsiones y tantos otros desmanes, indican que no.

El colapso de los servicios es parte de la misma patología. Las denuncias de sabotaje para explicar la incontenible ristra de interrupciones del servicio eléctrico a todo lo largo del país del general Néstor Riverol, como de quienes lo antecedieron frente a ese ministerio, son patéticas. ¿Y el agua? En algunos sitios, como en los altos mirandinos, suele llegar solo una vez por semana. Y ocurre en una geografía con ríos por todos lados, una de las mayores dotaciones de agua por habitante a nivel mundial, y en un país que se esmeraba, antes de la plaga chavista, en mantener una cómoda capacidad sobrante en la generación de electricidad a través de la inversión previsiva en represas y plantas termoeléctricas. ¿Por qué, entonces, el colapso de estos servicios? Las partidas para su mantenimiento, como los apartes para la inversión, fueron esquilmadas por los “revolucionarios” que se colocaron al frente de su administración. ¿Y qué hay del gas, de la gasolina y el diésel para transportar la producción del campo a la ciudad? ¿De la salud y de la educación, cuyos profesionales --bien preparados en su mayoría y con vocación de servicio-- están tan miserablemente remunerados?

La destrucción de la gestión pública no obedece a anomalías que pasaron desapercibidas y que escaparon del castigo de la ley. El desmantelamiento de los mecanismos de control y de supervisión, del mandato de rendir cuentas, la ausencia total de transparencia en la gestión pública y la aquiescencia de un poder judicial muchas veces partícipe en estos procesos de expoliación, hicieron de ello la norma, no la excepción. El “socialismo” del chavomadurismo resultó, en esencia, en el saqueo de la cosa pública, despojando a los entes del Estado de su capacidad de atender los asuntos para los cuales fueron creados. Forjaron un Estado patrimonialista, expresión de un régimen de expoliación bajo su control y usufructo exclusivo. Pero, al anteponer el cognomento de “poder popular” a cada ministerio, las mafias ahí enquistadas creyeron lavarse la cara. Son “revolucionarios”.

Pero esta “dicha” se les tambalea. La “acumulación originaria de capital” de algunas mafias, ejecutada, como es de rigor, con su cuota de violencia, busca legitimarse a través de su inversión en negocios que, al menos, aparentan ser sanos: como la mafia estadounidense terminó montando un emporio de casinos en Las Vegas y Atlantic City. Ello es tanto más plausible si se considera que las oportunidades de expoliación se han ido reduciendo por la ruina del país y por las sanciones. Y, al ampliarse las alianzas internas y externas que mantienen al régimen, sus frutos tienen que compartirse con un mayor número de cómplices. A esta lavandería de capitales le interesa contar con un mínimo de resguardo para su futuro, ante la previsión de cambios políticos ineludibles. Eso la enfrenta a las viejas prácticas de expoliación, que no aceptan límites a sus tropelías. La incautación de las instalaciones de El Nacional en los Cortijos por Diosdado Cabello es un claro ejemplo de esto último.

La desavenencia entre mafias augura reacomodos influidos, además, por los cambios que ocasiona la agresión putinesca en Ucrania. Vuelve a colocar sobre el tapete al petróleo venezolano y las sanciones en su contra. Los mayores precios de un embargo del crudo ruso y algunas señales de que EE.UU. explora posibilidades para ofrecer un trato distinto, siempre que el país se convierta en fuente confiable de este recurso, llevará a más de uno a preguntarse si no conviene considerar las condiciones que permitirían una salida de este tipo, siempre sujetas, claro está, a ciertas garantías de que no implicará, necesariamente, ser apresados o despojados de sus fortunas ante su eventual salida del poder.

Para las fuerzas democráticas, lo examinado ofrece rendijas para presionar por mayores cambios. Si bien son muy pobres las mejoras en comparación con lo que hace falta hacer y con las potencialidades del país, invitan a reclamar reformas ulteriores como parte de un programa político post rentista, capaz de conseguir apoyos de emprendedores y los nuevos liderazgos que, a nivel de base, van surgiendo.

Frente a ello declara el troglodita Ameliach que no hace falta división de poderes porque el país les pertenece, y las burlas cínicas de Maduro de que merece el premio Nóbel de economía. Manifestación crasa de que toda posibilidad de avance presupone la salida de semejantes bárbaros del poder.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

Todos los indicadores evidencian el foso en que se encuentra Venezuela. Las causas no han sido guerras civiles o confrontación con otros países, tampoco por fenómenos naturales, sino por malas políticas de los gobernantes. El descenso se inició gradualmente durante los últimos gobiernos de la etapa democrática, pero a partir de la presidencia de Hugo Chávez se produjo una caída abrupta por su política populistas de apropiarse de la propiedad privada y destrucción del aparato productivo. Sus desaciertos pasaron un tanto desapercibidos por los elevados precios del petróleo y su poder de comunicación. Con Maduro se produjo la tormenta perfecta: precios bajos del crudo, pésima política económica y nula habilidad para convencer.

Afortunadamente, tenemos varias opciones para iniciar la recuperación. En este artículo nos referirnos a la visión del futuro de la industria de los hidrocarburos, captada a través de las charlas y escritos de distinguidos conocedores del tema, que generalmente forman parte de grupos de trabajo. Varios de ellos participaron en los excelentes webinar organizados por Venamérica-VAPA, y el reciente por Gente del Petróleo.

Los equipos interdisciplinarios están integrados por profesionales jubilados de Pdvsa, por despedidos ilegalmente de la empresa a raíz del paro cívico nacional y por otros conocedores del tema. Todos comprometidos con la recuperación de nuestra industria de los hidrocarburos y petroquímica.

Hay consenso en que Venezuela no tiene la cantidad de reservas probadas de petróleo y gas que dice el régimen, pero que las mismas son muy abundantes, y que parte de ese petróleo se quedará bajo tierra ante el surgimiento de fuentes alternas de energía. Consideran que la transición energética es inevitable, pero que el petróleo seguirá teniendo un importante rol como fuente de energía durante varios años. Ante la presión mundial para reducir las emisiones de CO2, para limitar el calentamiento global, una de las opciones es inyectar, o sea secuestrar, ese gas en el subsuelo; para aplicar esta solución, tenemos la ventaja de disponer de numerosos yacimientos ya explotados.

Como es sabido, la mayor parte de nuestras reservas son de petróleo pesado y extrapesado en la Faja del Orinoco. Algunos piensan que el esfuerzo debe dirigirse a explotar dicha Faja. Otros consideran que todavía tenemos mucho petróleo mediano y liviano. Al respecto, hay que evaluar qué tipo de petróleo demandan los diferentes mercados a los que nos conviene exportar. En vista de que el sector automotor es el que está migrando más rápidamente del uso de diesel y gasolina a vehículos eléctricos, recomiendan que las nuevas plantas petroquímicas se ubiquen a la par de las refinerías. Ello facilitará que, a medida que descienda la demanda de combustibles, aumente la producción de productos petroquímicos, que tienen una demanda creciente.

Así mismo, consideran que el Estado no tiene suficientes recursos para invertir en la recuperación y crecimiento de esta industria. Por eso, es imprescindible la participación del sector privado internacional e ir incorporando empresas venezolanas. Así mismo, dar prioridad a las empresas mixtas existentes, reduciendo la participación accionaria de Pdvsa y otorgándoles mayor autonomía. Existe la certeza de que el actual sistema fiscal de impuestos y regalías no estimula a los inversionistas, por lo que recomiendan flexibilizarlo, considerando la rentabilidad de cada proyecto.

Desde el 2016 Pdvsa no presenta informes, por lo que se desconoce la cifra actual de trabajadores. Para esa fecha tenía 168.905; en el 2002 eran 69.000, en ambos casos se incluyen los contratados. Lo que se conoce es que muchísimos han desertado por temor a los accidentes, inconformidad con las malas decisiones gerenciales, rechazo a la corrupción, bajísimos sueldos y deficiente atención médica. Para la recuperación de la empresa hay que contar con el personal existente, sustituyendo a los directores y gerentes generales, así como al personal que no agrega valor.

Recomiendan la creación de un Ente Independiente de Energía, que otorgue los permisos para explorar y extraer crudo, mediante rondas de licitación, y supervise el cumplimiento. Algunos piensan que en el corto plazo debe desaparecer Pdvsa y que el Estado no tenga ninguna empresa, otros que es recomendable una petrolera estatal redimensionada. La realidad es que, se esté o no de acuerdo, durante unos años Pdvsa tendrá que seguir existiendo. Después corresponderá al sector político decidir su futuro.

Un punto mencionado en los diferentes grupos es que Venezuela tiene también importantes fuentes alternas de energías renovables e inmensas áreas de bosques y posibilidades de replicar la experiencia de las plantaciones de Uverito. Eso permitiría satisfacer holgadamente los requisitos de disminuir la llamada huella de carbono, e incluso lograr la meta de equilibrio entre lo que se emite y se captura en las operaciones industriales. Las industrias del acero y aluminio, ubicadas en una zona con producción de energía hidráulica, tienen una reducida huella de carbono y bajo costo de producción.

La conclusión es contundente. El futuro de la industria de los hidrocarburos, base de la recuperación de nuestra economía, es promisorio. Además, Venezuela tiene la oportunidad de convertirse en un centro energético regional. Ojalá el sector político acepte las recomendaciones de los expertos, para que el nuevo gobierno las ejecute y podamos salir del subdesarrollo.

Como (había) en botica:

La dictadura de Chávez-Maduro rinde homenaje a nuestros indígenas caídos durante la conquista, pero asesina a nuestros actuales compatriotas, sean yanomani, wayuu, pemones o waraos.

Se robaron Agroisleña y ahora tenemos que pagar 1.600,00 millones de dólares en compensación; crearon Agropatria y la quebraron, perjudicando a miles de agricultores.

El genocida Putin solo cuenta con el apoyo de sus iguales, Lukashenko, Maduro y Daniel Ortega.

Lamentamos los fallecimientos de Marisol Schiaffino y de Rafael Tinaure, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetro.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Marcos Hernández López

Foucault dice que “todo poder es un modo de acción de unos sobre otros. Se ejerce el poder cuando unos individuos son capaces de gobernar y dirigir conductas. Conducir conductas implica gobernar, y gobernar constituye la forma más acabada del poder”. El poder como gobierno no resiste en el tiempo, la idea de un sometimiento absoluto en la conducta de la gente; en contradicción el poder revolucionario se enfrenta a sus propios límites o decadencia, por ejemplo: la posibilidad que germine contundencia la rebeldía del todo social, convocando el rescate del voto como sustancia significativa de toda democracia.

Es evidente, que la revolución bolivariana hasta el momento ha fracasado en su objetivo de atender las necesidades de la población. Es necesario un nuevo plan de desarrollo que logre una mejor articulación entre gobierno y la gente, y a la vez refunde el país en procura del bien colectivo. Esta realidad transita de pasar de las protestas a las propuestas, y demostrar que es posible, con la participación ciudadana, construir una mejor Venezuela, tarea nada fácil por sus actuales protagonistas. Refundar el país desterrando un gobierno que se convirtió en “un verdadero peligro” para muchos países democráticos,

Refundar al país es una necesidad, y hasta cierto punto urgente. Pero es una propuesta condenada por ahora sin temor a equivocarme al fracaso. Por lo menos en las condiciones actuales tan complejas. Para refundar a Venezuela, si es que esta posibilidad existiera, no bastaría con una nueva constitución porque nada garantiza su cumplimiento.

Para el sociólogo francés Alain Touraine, el debilitamiento general de la democracia en muchos países tiene como causa última la progresiva separación entre la efectividad de la gestión pública y las demandas lógicas de los ciudadanos. En el caso venezolano, la significación que debe tener el espacio del derecho de la ciudadanía es casi inexistente por intereses mezquinos del decadente proyecto ideológico continental llamado socialismo del siglo XXI.

La naturaleza de la crisis política, económica y social convoca cualquier escenario electoral, no se puede descartar con garantía del voto y elecciones competitivas: comicios generales. En el país se observa el agotamiento de su clase política /dirigentes. El ciudadano en su mayoría se identifica más con un escenario de cambios gobierno municipal, regional y nacional, a través de la vía democrática y constitucional. Las elecciones generales, una propuesta para refundar el país, son una alternativa para resolver la problemática política inmediatas, frente a discurso ideológico trasnochado, sin visión de futuro, deslizándose en lo aburrido y repetitivos que encuentran rechazo casi unánime por parte de 80%, es decir la mayoría de los venezolanos. La situación de Venezuela está conectada a una crisis económica en ascenso por ahora indetenible, como consecuencia de un modelo económico reconfigurado sobre la base de un incomprensible neo marxismo, articulado en su dinámica a la ingobernabilidad y la corrupción, teniendo como consecuencia inevitable el fracaso en lo económico y social.

El primer mandatario nacional sigue gravitando nacional e internacionalmente en busca oxígeno a través del diálogo o diálogos inducidos, renunciando a ver el “bosque” de la crisis económica y política que transita el país…lo grave es que el futuro Venezuela es abstracto, Maduro prefiere seguir siendo interpelado negativamente por el pueblo, no se inmuta, mantiene la anti postura democrática en vez de hacer una comprensión final, objetiva, de la naturaleza de la magnitud de la crisis y plantear la urgencia de convocar a una elecciones generales, como alternativa inmediata para refundar el país… Venezuela tiene que salir de este abismo… cada minuto, hora, día, mes, cuenta en las reconfiguraciones y posturas que pueda tomar un pueblo abrumado por una situación política y económica que perturba su paz y equilibrio emocional.

26 de marzo 2022

Hispanopost

https://hispanopost.com/la-refundacion-necesaria/

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