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Opinión

Josep Borrell

A esta hora muy oscura, en la que vemos como ocurre la invasión no provocada e injustificada de Rusia a Ucrania y las campañas masivas de desinformación y manipulación informativa, debemos separar las mentiras ―inventadas para justificar lo injustificable― de los hechos. Los hechos son que Rusia, una de las principales potencias nucleares, ha atacado e invadido un país vecino pacífico y democrático, que no suponía ninguna amenaza para ella. Además, el presidente Putin amenaza con tomar represalias contra cualquier otro país que pudiera acudir al rescate del pueblo ucraniano. Este uso de la fuerza y coerción no tiene cabida en el siglo XXI.

Lo que está haciendo el presidente Putin no sólo es una grave violación del derecho internacional, sino que es una violación de los principios básicos de la coexistencia humana. Con su decisión de traer la guerra a Europa, vemos un regreso de la «ley de la selva», en la que la fuerza da la razón. El objetivo no es sólo Ucrania, sino la seguridad de Europa y todo el orden internacional basado en normas, el sistema de la ONU y el derecho internacional.

Su agresión se está cobrando vidas inocentes, destruyendo el deseo de la gente de vivir en paz. Se están atacando objetivos civiles, violando claramente el derecho internacional humanitario, obligando a la gente a huir. Vemos una catástrofe humanitaria desarrollándose. Durante meses, invertimos todos nuestros esfuerzos en lograr una solución diplomática. Pero Putin mintió a la cara de todos aquellos que se reunieron con él, fingiendo que le interesaba una solución pacífica. Sin embargo, ha optado por una invasión total, una guerra a gran escala.

Rusia debe poner fin de inmediato a sus operaciones militares y retirarse incondicionalmente de todo el territorio de Ucrania. Lo mismo debe hacer Bielorrusia, que debe dejar inmediatamente de estar involucrada en esta agresión y respetar sus obligaciones internacionales. La Unión Europea está unida para ofrecer su firme apoyo a Ucrania y a su pueblo. Se trata de una cuestión de vida o muerte. Acabamos de adoptar un paquete de emergencia para apoyar a las fuerzas armadas ucranianas en su lucha.

En respuesta, la comunidad internacional optará ahora por un aislamiento total de Rusia, para responsabilizar al presidente Putin de esta agresión. Estamos sancionando a quienes financian la guerra, paralizando el sistema bancario ruso y su acceso a las reservas internacionales.

La UE y sus socios ya han impuesto sanciones masivas a Rusia que apuntan a sus dirigentes y élites y a sectores estratégicos de la economía dirigida por el Kremlin. El objetivo no es perjudicar al pueblo ruso, sino debilitar la capacidad del Kremlin para financiar esta guerra injusta. Para ello, estamos estrechamente alineados con nuestros aliados ―Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Australia―. También vemos que muchos países del mundo se unen para proteger la integridad territorial y la soberanía de Ucrania, incluidos nuestros amigos de América Latina y el Caribe. Nos mantenemos unidos, del lado correcto de la historia, frente al horrible ataque de Rusia contra un país libre y soberano.

Para justificar sus crímenes, el Kremlin y sus partidarios, han emprendido una campaña de desinformación masiva, que ya comenzó hace semanas. Hemos visto a los medios de comunicación estatales rusos y su ecosistema propagando falsedades en las redes sociales con el objetivo de engañar y manipular. Los Balcanes occidentales también han sido el objetivo de las operaciones de desinformación del Kremlin durante demasiado tiempo y saben cómo detectar cuando están expuestos a la manipulación informativa.

Los propagandistas del Kremlin llaman a la invasión una «operación especial», pero este cínico eufemismo no puede ocultar el hecho de que en realidad estamos siendo testigos de una invasión en toda regla de Ucrania, con el objetivo de aplastar su libertad, su gobierno legítimo y sus estructuras democráticas. Llamar al gobierno de Kiev «neonazi» y «ruso-fóbico» es un despropósito: todas las manifestaciones del nazismo están prohibidas en Ucrania. En la Ucrania moderna, los candidatos de extrema derecha son un fenómeno marginal con un apoyo mínimo, sin llegar al límite establecido para entrar en el parlamento. El gobierno ucraniano no ha aislado al Donbás, ni ha prohibido el uso de la lengua y la cultura rusas. Donetsk y Luhansk no son repúblicas, son regiones ucranianas controladas por grupos separatistas armados y respaldados por Rusia.

Nosotros lo sabemos, y muchos rusos lo saben también. Desde el inicio de la invasión se han producido valientes protestas en ciudades de toda Rusia, exigiendo el fin de la agresión contra una nación vecina pacífica. Escuchamos sus voces y reconocemos su valentía al manifestarse, y también vemos a muchas figuras públicas destacadas en Rusia protestando contra esta invasión sin sentido.

Sigo trabajando con nuestros socios de todo el mundo para garantizar un frente conjunto de la comunidad internacional contra el comportamiento del Kremlin. El pasado 25 de febrero, sólo Rusia vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la agresión rusa, con la abstención de China, India y los Emiratos Árabes Unidos. Desde todo el mundo, los países condenan los ataques de Rusia y en la Asamblea General, toda la comunidad internacional debe unir sus fuerzas y ayudar a poner fin a la agresión militar de Rusia mediante la adopción de la correspondiente Resolución de la ONU. Damos las gracias especialmente a Albania como copartícipe de la resolución.

Considero que todos los países con voluntad democrática deben exigir a Rusia el fin de esta agresión que viola de manera flagrante el derecho internacional, y los principios de soberanía de los Estados y su integridad territorial, la solución pacífica de las controversias y el pleno respeto por los derechos humanos. En este contexto, destaco la importancia de que Argentina, como presidencia del Consejo de Derechos Humanos, continúe defendiendo estos mismos principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y reiterando su llamamiento a Rusia a cesar sus acciones militares en Ucrania.

Tras esta guerra, el mundo no volverá a ser el mismo. Ahora, más que nunca, es el momento de que las sociedades y las alianzas se unan para construir nuestro futuro sobre la base de la confianza, la justicia y la libertad. Es el momento de levantarse y hacerse escuchar. La fuerza no da la razón. Nunca lo hizo. Nunca lo hará.

 5 min


Carolina Jaimes Branger

Un museo en Camboya relata el genocidio cometido durante el régimen de Pol Pot | Getty Images

¡Ojalá se les enseñara marxismo a los estudiantes de bachillerato! Los profesores tendrían que explicarles a los muchachos que en los regímenes comunistas existe el más salvaje de todos los capitalismos: el capitalismo de Estado. Este se adueña de todos los espacios y secuestra no solo la propiedad privada, sino también la de los medios de producción, que debería pertenecer a los ciudadanos.

Tendrían que explicarles que en 1917 una revolución puso fin a una monarquía absolutista, la de los Romanov en Rusia, para dar paso a otro absolutismo más esclavista, más tiránico y más depredador que el régimen de los zares. Primero Lenin y luego Stalin, uno de los peores carniceros de la historia. Tal vez nunca se sabrá el número de muertos, pero los indicios hablan de decenas de millones. Les explicarán a los estudiantes que los iconos que trataron de destruir, resurgieron a la caída del régimen con más fuerza que nunca y que hasta los miembros de la familia real asesinada son venerados como santos por un gran sector de los rusos. Y que hoy en día Vladimir Putin intenta reconstruir ese fracaso histórico teñido de sangre por todas partes que fue la Unión Soviética.

Tendrían que explicarles que el paralelo 38 divide dos Estados, Corea del Sur y Corea del Norte. Que el primero, capitalista, es una de las primeras economías del mundo. Que sus habitantes gozan de un alto índice de ingreso per cápita, la educación es una de las mejores del mundo y poseen un sólido sistema democrático. Que del segundo, sin embargo, más de 500.000 refugiados han huido desde 2000 y 4 millones de muertos es el saldo de la hambruna a raíz de la caída del régimen soviético. Un país pobre, rico en recursos naturales, víctima de un régimen autoritario que comenzó con Kim Il-sung, continuó con su hijo Kim Jong-il, investido de todos los poderes por la Asamblea Nacional y donde hoy su nieto, Kim Jong-un, un monstruo peor que su padre y su abuelo, manda a matar a quien le da la gana, por cualquier nimiedad. Corea del Norte es el país más aislado del mundo.

Tendrían que explicarles también que Mao Tse-tung construyó su régimen sobre el terror y que el exceso de trabajo y la hambruna que hubo entre 1958 y 1961 produjeron la muerte documentada de 38 millones de personas y muchos millones más que jamás pudieron contabilizarse. Que la violencia de Mao y sus acólitos, sucesora directa de la violencia estalinista de la mal llamada Revolución Cultural, dejó como saldo muchos más millones de muertos.

Tendrían que hablarles de los jemeres rojos (Khmer Rouge), un ejército de revolucionarios comandados por una de las figuras más monstruosas que haya producido la humanidad: Saloth Sar, mejor conocido como Pol Pot. El odio fue el motor de su vida y obra. La llamada Kampuchea Democrática marcaba el “año cero”. Todo el pasado capitalista, hasta el más mínimo vestigio, debía ser eliminado. Se quemaron industrias hasta que no quedó piedra sobre piedra. Todos los medios de transporte fueron también destruidos. La carreta de bueyes o mulas fue decretada como el medio de transporte nacional. Se quemaron escuelas, bibliotecas, laboratorios, se prohibieron todos los medicamentos, pues los “remedios” residían nada menos que en la sabiduría popular. Los ciudadanos perfectos eran los campesinos, pues no habían sido contaminados. Y bajo la orden de Pol Pot, de acabar con “todos los elementos subversivos” se ejecutó indiscriminadamente, previa toda clase de horrendas torturas que los hacían confesar cualquier cosa, a toda la clase media y culta, profesionales de todas las ramas. Llegaron hasta a asesinar a quienes usaban lentes “porque los lentes eran síntomas de intelectualidad”. La liberación para aquellos infelices era el tiro de gracia que acababa con sus vidas. “El que protesta es un enemigo, el que se opone, un cadáver” era el lema de Pol Pot.

Tendrían que contarles sobre los fusilados y los presos, sobre los que se fueron de Cuba y los que quedaron sin libertades en su propio país. Y por supuesto, hablarles de cómo una revolución inspirada en la cubana acabó con nuestro país.

Tendrían que hablarles de Marx, un misógino, maltratador de su mujer y sus hijos, que nunca trabajó sino en escribir sus teorías imposibles, llenas de odio y violencia, ha producido la mayor cantidad de muertos que haya conocido la humanidad, para, como decimos aquí, “curarles el sarampión desde chiquitos”.

@cjaimesb

 3 min


El Nacional

Por más que se busquen razones para llevar la vida del país como si nada estuviera pasando, por más que algunos municipios pongan banderas de colores y armen comparsas por las calles principales, el sufrimiento de Venezuela es genuino y profundo y no se borra con voltear para otro lado.

Esa ha sido la práctica del gobierno chavista durante los 20 años que han ocupado Miraflores. Los líderes rojos han sido expertos y han perfeccionado las artes escapatorias, más por cinismo que por ser capaces de algo en su vida. Ellos saben con lujo de detalles el porcentaje del hambre, de la desnutrición, la cantidad de familias en pobreza extrema que ha perdido todas las esperanzas, la cantidad de niños que han despedido a sus padres en cualquier paso fronterizo, la cantidad de ancianos solos sin cuidados. Pero nada de eso les importa y no se preocupan ni en fingir.

Lo malo es que vengan otros, que se dicen oposición, y sigan el mismo tipo de comportamiento, escudados en alguna excusa barata; usan la cultura y las tradiciones como si con eso comieran los cientos de niños que ponen a desfilar por las calles, cuando saben que muchos no tienen en su estómago ni un magro desayuno que les dé fuerzas. ¿Disfraces para qué? ¿Por qué hay que enseñarles a los niños a ocultar sus sentimientos y emociones tras una farsa? ¿Por qué, lo que es peor, hay que gastar dinero en organizar comparsas que no representan ninguna mejoría en sus condiciones de vida?

Hay que aplaudir decisiones como las del alcalde del municipio Carrizal del estado Miranda, José Morales, quien prefirió destinar el presupuesto de 20.000 dólares a la compra de alumbrado público que gastarlos en unas fiestas que no le dejarán nada a los habitantes de la zona. Ha sido valiente, ha hecho lo correcto por lo que lo eligieron como mandatario local y ha sido consecuente con la situación del país.

El que quiera y tenga cómo festejar, viajar y disfrazarse, que lo haga, pero en estas circunstancias de país no se justifica que se gaste el dinero del presupuesto público en banalidades como las de celebrar un Carnaval mientras los niños venezolanos se mueren de hambre.

Los ciudadanos necesitan gobernantes y líderes que piensen en ellos primero, no que sigan el mal ejemplo de los 20 años del gobierno chavista, que ha sido puro pan y circo. Esto es parte de los cambios que la oposición debe hacer para recuperar la confianza de un electorado que está cansado de ser el último eslabón de la cadena. Acciones, no discursos.

 2 min


Enrique Prieto Silva

El Jueves, 06 de junio de 2017 escribimos sobre el juez y la naturaleza del delito; hoy, a manera de complemento, nos referiremos a la naturaleza del delito militar, con el fin de insistir en un tema por demás controversial, luego de que la justicia militar en Venezuela fuera constitucionalizada con el artículo 261, al que se ha hecho poco o ningún caso al hablar de la justicia militar, que lo consideramos un error porque es el fundamento de la crisis político-militar, toda vez que pocos juristas asesores u orientadores yerran al creer que son versados en la materia del Derecho Militar por su formación curricular.

No fue fácil para nosotros imbuirnos en la realidad del tema, aún cuando nos considerábamos expertos en la materia del Derecho y la Justicia Militar, hasta que por coincidencias del destino fuimos incluidos en la Comisión Mixta de la Asamblea Nacional para la reforma de los códigos Penal, Orgánico Procesal Penal y Orgánico de Justicia Militar, Comisión que funcionó entre 2002 y 2005, cuando fue eliminada por razones políticas. Y en esta Comisión nos correspondió el rol de relatador y el de la preparar del documento doctrinario justificativo que denominamos “Lineamientos y Bases Fundamentales: Jurídica, Doctrinaria y de Principios para el Nuevo Código Orgánico de Justicia Militar”, donde plasmamos la base conceptual que fundamentó nuestra frustrada propuesta. De ella nos valemos para exponer algunos conceptos en este escrito.

La justicia militar en Venezuela

En el referido documento exponemos: “Podemos diluirnos en muchos conceptos, tantos cuantos comprende la norma constitucional para referir, definir y crear la Justicia Militar y en ella: órganos, jurisdicción, competencia, proceso y procedimiento, delito militar especifico, delito común, delitos de lesa humanidad, derechos humanos, poder judicial. No es fácil y simple encontrar argumentos para mantenerla, reducirla o para eliminarla. Todo puede ser justo y necesario, no obstante, en la búsqueda de la verdadera Justicia Penal Militar debemos guiarnos por preceptos que creemos nos ayudan a entender el problema. En primer término, considerar como premisa que: ´’Las Instituciones no deben justificarse porque existen, sino que deben existir si se justifican’ y en cuanto a lo organizativo y a la necesidad que: ‘La Justicia Militar, que es parte del Derecho Público, no debe convertirse en derecho de los militares’. Y mucho menos debe ser convertido en “Derecho de algunos y de algunas circunstancias”

Antes dijimos, que la CRBV en su artículo 261 establece, que “la jurisdicción penal militar es parte integrante del Poder Judicial”, por lo que la Justicia Militar como ente jurídico con jueces autónomos y órganos operadores de esta jurisdicción, debe conformarse al criterio que emana de los principios de “autonomía en la administración de justicia”, “seguridad jurídica”, “unidad y celeridad procesal”. Igualmente establece que: “Su ámbito de competencia, organización y modalidades de funcionamiento, se regirán…de acuerdo con lo previsto en el Código Orgánico de Justicia Militar”. Esto le da vigencia e independencia al Código Orgánico de Justicia Militar, por lo que tiene que ser un instrumento jurídico orgánico e independiente de los códigos: Penal y Procesal Penal. Además, establece para su contenido las materias: tipológica delictiva, organizativa del subsistema jurídico penal militar y; lo correspondiente a la materia procedimental (procesal). No obstante, exceptúa el contenido de la competencia al establecer que: “La competencia de los tribunales militares se limita a delitos de naturaleza militar”. Es este el meollo del problema para entender el delito militar.

Naturaleza jurídica de los delitos militares

En la Comisión referida, durante 18 meses estuvimos investigando, analizando y estudiando conceptos y doctrinas que nos llevara a entender el concepto de “naturaleza militar del delito” para definirlo y establecerlo con claridad, tanto más, cuando la misma norma establece la necesidad de legislar para la especialidad delictiva a los fines de diferenciarla de los delitos comunes. En este sentido, creímos oportuno incorporar al estudio la doctrina que consideramos con mayor acierto para entender lo referente a la naturaleza jurídica de los delitos militares, la cual nos puede servir de orientación para resolver la materia que nos ocupa, es así, como referimos el contenido de la Enciclopedia Jurídica OMEBA, con escrito del autor RAÚL AUGUSTO BADARACCO, quien al tratar acerca de los Delitos Militares, expresa lo siguiente: “… DELITOS MILITARES…

1- Naturaleza de los delitos militares. El interés, jurídicamente protegido por la legislación, al crear los delitos militares, es el interés público del Estado de proteger la organización de sus fuerzas armadas. Y el Estado tiene interés en proteger la organización de sus fuerzas armadas, porque con ellas provee la defensa nacional, que es uno de sus fines vitales.

Por lo tanto, serán delitos militares todos aquellos actos que, atentando de una manera u otra contra la organización de las fuerzas armadas, se encuentren reprimidos por el Código de justicia militar.

En el terreno doctrinario entonces, para que haya delito militar será necesario: A) Que el acto de que se trate atente contra la organización de las fuerzas armadas. B) Que sea reprimido por el Código de justicia militar.

Así, desde un punto de vista doctrinario, si un acto no atenta contra la organización de las fuerzas armadas, aunque se encuentre legislado como delito militar en el Código respectivo, ello no bastaría para que ese acto sea un delito militar, porque por su naturaleza jurídica no lo sería. De la misma manera, aunque el acto de referencia atente realmente contra la organización de las fuerzas armadas, si no está específicamente reprimido por el Código de justicia militar, no puede considerarse un delito militar; de la misma manera, y por la misma razón que, aunque un acto humano sea antijurídico, no por ello será un delito si no se encuentra tipificado como tal en el respectivo código penal (aplicación del principio nulla poena sine lege).

En síntesis: un fin vital del Estado es proveer a la defensa nacional; para ello organiza sus fuerzas armadas; todo lo que atente de alguna manera contra la organización de dichas fuerzas armadas, si está previsto y castigado por el Código de justicia militar, será un delito militar.

Aclarado el principio básico precedente, surge con claridad la naturaleza jurídica de los delitos militares: no se trata de acciones que denotan más o menos peligrosidad social en el sujeto que las comete, o más o menos falta de adaptación al medio social en el mismo, sino que se trata de acciones en las cuales se considera, principalmente, la medida en que las mismas gravitan o pueden gravitar en lo referente a disminuir o debilitar la capacidad bélica del Estado. En los delitos militares, entonces, la naturaleza jurídica puede determinarse dentro de las siguientes líneas generales: tienden hacia un carácter más bien formal; buscan una finalidad utilitaria, que es defender la capacidad bélica del Estado; y tienden a seguir un criterio clásico más bien que positivista, porque atienden más al delito que al delincuente.

Son delitos que crea el Estado en su función de policía militar; y no en su función de regulador social, como cuando dicta el Código penal.

2- Concepto específico de “delito militar”. Vimos que, por su naturaleza jurídica, delito militar es aquella acción u omisión que atenta contra la organización bélica del Estado.

Cabe ahora determinar, concretamente, cuando estará lesionada por un acción o por una omisión la capacidad bélica del estado.

La organización bélica del estado supone dos elementos básicos: A) Material humano; B) Material físico. En el material humano está incluido todo lo referente al personal, de cualquier grado o jerarquía, afectado directa o indirectamente a los fines bélicos del Estado. En el material físico se incluye todo lo referente a armamentos, locales, medios de movilidad, medios de información y medio de abastecimiento del personal afectado, directamente o indirectamente, a los fines bélicos del estado.

Por lo tanto, resulta fácil determinar por deducción, el concepto especifico de delito militar: será aquella acción u omisión que, de una manera u otra, específicamente, destruya o anule, disminuya o perjudique, en cuanto a su función de elemento bélico del Estado, los elementos del material humano o del material físico del mismo…”

Antes de concluir este resumen, creemos necesario referir lo que consideramos un error interpretativo lo que hizo la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, limitando el alcance de estos delitos a que “deben entenderse por estos delitos aquellas infracciones que atenten a los deberes militares” (Tribunal Supremo de Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia del 23-10.2001. Expediente N° CC01-0687). Entendemos una confusión o contradicción en esta decisión, por cuanto en la misma sentencia relaciona el delito con la persona del militar al indicar que: “No existe fuero castrense en razón de las personas que cometan o en víctimas de delitos, sino que la jurisdicción sigue la naturaleza de la infracción”. A nuestro entender e interpretación, como dice el referido artículo 261, se sigue a la naturaleza militar del delito.

Además de este análisis para entender la naturaleza del delito militar; cuando se habla de las Fuerzas Armadas y su fin, es necesario analizar y el qué, y el para qué son las FAN de Venezuela, que como dijimos: “El interés, jurídicamente protegido por la legislación, al crear los delitos militares, es el interés público del Estado de proteger la organización de sus fuerzas armadas. Y el Estado tiene interés en proteger la organización de sus fuerzas armadas, porque con ellas provee la defensa nacional, que es uno de sus fines vitales”, lo que nos obliga a exponer. La relación constitucional con los artículos 322 y 326 que desarrollan lo referente a la Seguridad de la Nación”, además de otras concomitantes.

(Resumen tomado de “El Derecho y la Justicia Militar en Venezuela”, en preparación para https://amzn.to/3JkDCLN)

@Enriqueprietos

 7 min


Fernando Mires

Con la declaración de independencia hecha por Putin con respecto a las “repúblicas” separatistas de Donetsk y Lugansk (21.02.2022) ha comenzado la ocupación rusa de Ucrania.

Una maniobra habilísima que solo se puede permitir quien consulta sus problemas con la almohada y con nadie más. Una gran ventaja de Putin sobre Occidente, donde cada resolución ha de surgir de compromisos entre una multitud de países con distintos gobiernos y, por lo mismo, con diferentes intereses. Los pasos que vendrán después del reconocimiento de las republiquetas, seguirán una práctica de “solidaridad armada”. Enseguida Putin provocará el terror entre la población de Ucrania hasta consumar la rendición del país y luego su reintegración al imperio ruso, conservado su autonomía “cultural” pero no la administrativa y mucho menos la política, al estilo de Bielorrusia. Donnetsk y Lugansk son por el momento dos enclaves militares rusos hendidos en el Este de la nación ucraniana.

La reacción del conjunto occidental hegemonizado por EE UU fue demasiado previsible. Putin la conocía de antemano: sanciones que no serán cumplidas en su totalidad y que no afectarán demasiado a la economía rusa, máxime si se tiene en cuenta de que esta ya está articulada con economías dirigidas por dictaduras, como son las de China e Irán.

Más del 60 por ciento de las naciones de este mundo no son democráticas y, por lo mismo, aliadas reales o potenciales de Rusia en su cruzada antioccidental.

Con esa parte del mundo le basta a Putin para sobrevivir sin contratiempos a las sanciones norteamericanas y europeas, cualquieras que ellas sean. Para colmo, según cálculos de sectores empresariales, las sanciones de Alemania serán más perjudiciales para la economía alemana que para la rusa. Lo mismo sucederá en otros países europeos. Entre naciones económicamente interdependientes, las sanciones se transforman, tarde o temprano, en autosanaciones.

Aparte de la capacidad de decidir solo y por su cuenta –desde Hitler no existía un gobernante tan desligado de partidos, instituciones y constituciones como Putin– el jerarca ruso, a diferencia de los países europeos, cuenta con la pasividad y control de su frente interno. No permite disidencias, es radicalmente cruel con sus opositores y cuenta con el apoyo de “la Rusia profunda” basada en la servidumbre incondicional al poder central.

En cada aldea, pueblo o ciudad existe un poder putinista expresado en jefes de la policía, alcaldes, gobernadores, toda suerte de pequeños putines, dispuestos a reventar cualquiera oposición antes aún de que esta nazca. Esa es la impresión que deja entrever el escritor francés Emmanuel Carrére en su libro Una novela rusa. Allí nos enteramos como el aparato de dominación zarista, perfeccionado por Stalin y hoy por Putin, continua siendo el mismo de los tiempos de Tolstoi, Chejov y Gorki.

Putin domina sobre un país a prueba de sanciones económicas. No así los países occidentales donde cualquier alza de precios, cualquiera caída de la bolsa, cualquier síntoma de escasez, se traducirá pronto en un malestar activo en contra de los respectivos gobiernos. En ese sentido Putin cuenta con ayudistas internos en los países de Occidente. No me refiero a sus espías, que también los tiene por montones. Ni siquiera a los partidos putinistas como son la mayoría de los nacional populistas de derecha e izquierda. Putin cuenta sobre todo con una población europea que no quiere perder su nivel de vida, que desde hace casi ochenta años no sabe de guerras ni de hambrunas, que aún en sus estratos más bajos quiere gozar la vida material, en fin, con una ciudadanía consumista, turística y lúdica. En un mano a mano con las naciones occidentales para saber quién perdería más en un periodo de tensión bélica, Putin ganaría lejos.

Putin, ha descubierto al igual que sus antecesores despóticos, la estrategia del invierno ruso, solo que esta vez el invierno no es ruso sino europeo. Por eso, Putin, calculador como es, utiliza el negocio del gas como arma militar y política.

Cuenta para eso con el pacifismo europeo, incrustado a fondo en la liturgia de los partidos izquierdistas y socialdemócratas. Ese mismo pacifismo que pavimentó el camino a Auschwitz para decirlo con las palabras de ese gran político socialcristiano que fue Heiner Geißler. Ese pacifismo sigue latente, más aún, fortalecido con la emergencia de los partidos ecologistas cuya fobia a la violencia linda con lo religioso.

Por si fuera poco, Putin cuenta con la corrupción de los gobiernos europeos. Que un “lobbista” financiado por Putin, como el ex canciller Gerhatd Schroeder, maneje los negocios del gas ruso en Alemania, habría sido visto en periodos menos materialistas que los actuales, como un escándalo de proporciones. Schroeder y los grupos mafiosos de la socialdemocracia alemana ligados al gobierno Putin, habrían sido calificados por lo menos de traidores a la patria. Hoy, en cambio, esa corrupción es vista como algo normal, algo así como un mero síntoma de la globalización. “El negocio del gas es un asunto de la economía privada”, dijo sin ningún pudor el actual canciller alemán Olaf Scholz.

Malvado, pero inteligente, Putin ha sabido esperar el momento preciso. Ese momento llegó junto con la pandemia. Definitivamente Putin ha logrado convertir en aliado suyo al Covid 19, en todas sus múltiples variantes. El bicho sigue efectivamente una estrategia muy parecida a la del gobernante ruso. Parece que por momentos se va, pero solo para volver mutado en diversas variantes.

Covid 19 cansa, agota, desquicia psíquicamente a las multitudes enmascaradas de las grandes ciudades europeas, y sobre todo, al igual que Putin, aterroriza a los mortales con la posibilidad de la muerte. Una población histérica y pandemizada no está definitivamente en condiciones de soportar un clima de guerra por mucho tiempo, ha de haber calculado Putin. El tiempo, ese es su otro aliado.

Mientras más pase el tiempo, mejor para Putin. Ese invierno ruso que es la economía occidental no podrá resistir durante largos periodos el auto asedio impuesto a sus países por sus gobernantes. Puede suceder incluso que como su socio el Covid, Putin no termine nunca de irse. Ha olido el olor del miedo europeo y ya sabe como dosificarlo con sus amenazas y chantajes.

Desde el punto de vista político, Putin ha aprendido a actuar en el momento preciso. A primera vista debe haberse dado cuenta de que el tímido Scholz no es Merkel, que está atado dentro y fuera de su partido a múltiples compromisos. Debe haber captado que Macron solo está interesado en su reelección y que una guerra sin solución no es su mejor carta para acceder al gobierno.

Observa como Boris Johnson está al borde de su caída, empantanado en el fango de una crisis política sin precedentes. Y lo más importante: entiende que después del caótico retiro de las tropas norteamericanas en Afganistán, Biden no es visto por nadie como un gran estratega, ni político ni militar. En otras palabras, Putin conoce los talones de aquiles de las democracias liberales. Puede ser entonces que su máxima preocupación sea China y no Europa.

China no se pondrá nunca al servicio de Putin. Eso quedó muy claro en el documento que firmaron durante los Juegos Olímpicos ambos gobernantes, y eso el presidente ruso lo acepta. Pero seguramente no escapa a su atención que después de los destrozos diplomáticos de Trump, China ve con suma desconfianza la política exterior de los EE UU.

Biden, quizás ese ha sido su máximo error, no se ha esforzado demasiado por mejorar las relaciones políticas de EE UU con China. Todavía podría intentarlo, pero bajo peores condiciones que en los comienzos de su mandato. Después de todo, para China, Europa y EE UU son todavía sus mejores mercados. Probablemente Xi Jinping y los suyos, a diferencia de Putin, no está interesado en arruinar a las economías occidentales. Ningún vendedor quiere eliminar a sus compradores. Pero tampoco está dispuesto a aplaudir las acciones de la OTAN ni permitir que los EE UU dirijan el concierto mundial. En fin, Putin está en condiciones de ganar la guerra en contra de Occidente, aunque esta guerra nunca tenga lugar. ¿Cuál será su próxima movida? Nadie lo sabe. Seguramente será la menos previsible.

Quizás no estamos todavía frente a esa decadencia de Occidente proclamada por Oswald Spengler hace ya más de un siglo. El capítulo ucraniano ha mostrado, sin embargo, que Occidente atraviesa por una grave crisis de identidad. Su tecnología y su capacidad de fuego siguen intactas. Pero su depresión política más que económica, lo mantiene paralizado. Puede ser que el descubrimiento de un peligro común, y hoy ese enemigo se llama Putin, haga reaccionar a Occidente. Pero también es posible que cuando eso suceda ya sea demasiado tarde.

Al fin y al cabo, pensarán algunos filósofos, Occidente no es un territorio. Ni siquiera es un conjunto de ideas. Occidente es un modo de ser libre en el mundo. Permanentemente derrotado por naciones bárbaras, el ser de las atenas y las romas ha sobrevivido a través los siglos. Eso es lo que seguramente ignora el Atila de nuestro tiempo: Vladimir Putin. ¿Un pobre consuelo frente a la nueva derrota que nos espera? Puede que sí. Pero es un consuelo basado en la evidencia.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político,

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Alejandro J. Sucre

En conversaciones con varias empresas que operan en EEUU. he podido observar que un simple restaurant en Miami recibió $200,000 de subsidio para pasar el chaparrón que les genero el covid-19, como susidio y no debe ser rembolsable al fisco. Igualmente, una agencia de viajes para superar las dificultades del sector turístico recibió un préstamo reembolsable por $400,000 pagadero en 30 años y a tasas de interés muy bajas. Mientras tanto, el gobierno de los EEUU intenta mantener el costo de la gasolina barato, para hacer eficiente el costo de movilización de las cargas y ciudadanos, intenta traer mano de obra de otros países para que no suba el precio de los productos, incentivan la tecnología para no haya falta de eficiencia. Analizan qué productos son mas baratos producir en EEUU versus otras naciones para concentrar sus gastos de infraestructura y ser mas eficiente. Todo el sistema y la burocracia estadounidense están enfocada a buscar cuellos de botella para que haya más inversión, más empleo y más prosperidad. Se trabaja como equipo entre los distintos sectores de la economía. Aunque batallan sindicatos y empresarios, entre partidos políticos, y entre los medios de comunicación, todos tienen claro que la batalla entre ellos es para posicionar las mejores ideas y prácticas comerciales para que EEUU. sea productiva en su conjunto.

En otras naciones, las burocracias son menos enfocadas en la prosperidad de la nación como conjunto y se enfocan más en concentrar el poder e intentan controlar más que servir a la sociedad en su conjunto. Hay burocracias en Europa y en otras naciones cuyos dirigentes gubernamentales se montan en el poder usando ideologías como los ambientalistas o los socialistas pretendiendo con falsas informaciones crear un temor en sectores de la población para que voten por ellos. Otros crean amenazas externas muchas veces falsas para justificar su permanencia en el poder. Logran el poder y usan el presupuesto nacional para fines distorsionados y distanciados a las verdaderas necesidades de las naciones que gobiernan. Por ejemplo, en los países donde los ambientalistas gobiernan, colocan impuestos a la gasolina bajo el pretexto de ayudar al ambiente. Mientras tanto hacen el costo de transporte más alto. Luego usan esos impuestos para subsidiar energías verdes, cuyos plazos y tiempos de obtención de resultados son muy poco transparentes. En esos procesos ideológicos, las burocracias obedecen a los líderes políticos que las representan y colocan trabas y regulaciones que muchas veces alejan a las sociedades de sus fortalezas competitivas y pierden poder adquisitivo en favor de las economías cuyas burocracias fueron más objetivas y no se afanaron de ninguna ideología cognitivamente errada para llegar al poder.

Europa y muchas naciones han perdido competitividad, y ni se diga la venezolana, debido a que sus políticos y burocracias han pensado más en perpetuarse en el poder usando ideologías, complaciendo y mal informando al voto del ciudadano menos educado. Si a estas burocracias que obedecen a batallas ideológicas le agregamos el tema de la corrupción como en el caso venezolano y muchas en África, entonces esas sociedades no tienen casi chance de prosperar. Venezuela y muchas naciones pobres en el mundo son producto de las propias fallas de sus clases políticas que no estudian las realidades y requerimientos que deben cumplir las sociedades que dirigen para hacer sus naciones competitivas ni tampoco hablan claro a sus habitantes para prepararlos para esa carrera del desarrollo. Es imposible saber si son los políticos culpables de manipulación y falta de entendimiento de su papel en la sociedad o si son los ciudadanos enceguecidos los que escogen políticos sin visión. Podría ser que los políticos no actúen de mala fe sino por ignorancia propia. Pero si fuera la ignorancia y no la mala fe los políticos del tercer mundo, entonces deberían permitir más debate de ideas y más democracia.

El político no ejerce en su profesión algo muy diferente a la de un entrenador de un equipo de futbol. La diferencia entre un entrenador deportivo y un político es que el segundo no solo debe saber cómo hacer a sus jugadores más competentes con buenos entrenamientos, sino también ayudarlos a los a definir que deportes jugar y concentrar sus talentos para producir resultados destacados en un mundo globalizado. El subdesarrollo se pudiera entender como falta de visión de las oportunidades que tienen los ciudadanos y esta falta de visión los hace elegir o aceptar dirigentes que salen de las mismas filas de los ciudadanos. Si los ciudadanos eligen líderes que contratan burocracia que no desarrollan las ventajas comparativas de esas sociedades, sino que les restan valor y flujo de ideas, los ciudadanos se van perpetuando en la pobreza. Los ciudadanos menos conformes viendo que son reprimidos se van a otras naciones a desarrollar sus talentos. Y los líderes de las naciones subdesarrolladas terminan con mucho poder local pero siendo dirigentes de un barco que no se mueve o de un equipo vacío que no mete goles en sus propias naciones sino que trabajan para fortalecer el equipo de las naciones que los reciben.

Es sumamente importante que los lideres de Venezuela y de las naciones subdesarrolladas logren desarrollar estrategias para lograr estimular a sus ciudadanos a ser productivos y que sus aspiraciones de riqueza personal no obstruya ese potencial y futuro que merecen tantos niños y ancianos a una vida activa y decorosa desarrollando sus talentos naturales.

Twitter: alejandrojsucre

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Carlos Raúl Hernández

Para mi admirado amigo Eduardo Jorge Prats

Una revelación para mí volver a Antígona de Sófocles, leída la última vez hace muchos años por su belleza literaria, sin captar entonces parte de la profundidad ética, política y la exaltación al “acto in jus concepta” del poder, vigentes aún transcurridos 2500 años. La tragedia ática, Esquilo, Sófocles y Eurípides, resplandece en el siglo V a. C en la Atenas de Pericles. Hoy mera diversión previa a cenar con apego a unos vinos, para los griegos el teatro era actividad esencial en su formación ciudadana, política. Para comprenderlo, basta un dato. De los lugares más sagrados de Grecia era el santuario de Delfos, un complejo formado por el stadium, los templos de Apolo y Dionisio, el espacio para la Asamblea… y el theátron.
La tragedia (y la comedia) era de las más importantes instituciones de la polis, que promovía debates y respuestas sobre el ser y el deber ser, orientaba críticamente la opinión pública. Era la catarsis, término médico, para librar al alma de pasiones dañinas al analizar la vida de los hombres, el destino, tiké, las conflictivas relaciones entre ellos y con los dioses. Antígona decide enterrar a su hermano Polinices, contra una decisión brutal de su tío, el rey Creonte, quién ordena dejar pudrir el cadáver a la intemperie, como castigo por levantarse al mando de tropas extranjeras, argivas, contra Tebas, su propia ciudad. Tal cosa ocurre porque Teocles, el hermano de Polinices, incumplió el acuerdo de alternabilidad entre ambos y usurpa el poder. Se matan mutuamente en combate, asume Creonte el trono, y en siniestra venganza por la apatridia, dictamina que al cadáver del sobrino sea alimento de perros y zopilotes. Y a quien ose sepultarlo, lo sentencia a muerte.
Capturada luego de violar el mandato real, comparece Antígona ante Creonte, quien la condena a que la entierren viva, pese a ser su sobrina y novia de su hijo Hemón. Valerosa al extremo, Antígona responde altivamente al rey: “lo hice, no niego nada. Tus edictos no pueden estar por encima de las leyes no escritas de los dioses, que son para la eternidad”. Se lamenta de que a su edad (14 o 15 años) no conoció el amor. “Puedo enfrentar la muerte, pero no dejaría a mi hermano sin sepultura” y comienza una secuela de horror y sufrimiento para Creonte, los suicidios terribles de Antígona, luego de Eurídice y Hemón, esposa e hijo de Creonte. Incontables debates filosóficos, jurídicos y morales, algunos muy necios, giran en la modernidad sobre la acción de los protagonistas.
Unos resaltan la condición tiránica y torpe de Creonte, y otros lo justifican “porque el día siguiente de una invasión extranjera no podía mostrar debilidades”. Otros culpan a Antígona de temeraria al enfrentar inútilmente el poder, aunque en defensa de leyes trascendentes que ni los reyes podían desconocer, como le señala su hermana Ismenia. Enterrar los cadáveres era requisito para que sus almas pudieran ingresar al Hades, el mundo subterráneo, y de no hacerlo quedarían vagando eternamente. Además, las aves de rapiña trasladaban pedazos de carne putrefacta a los altares, y los dioses airados rechazaban los sacrificios, como le grita el visionario Tiresias. La profanación del cadáver era un arranque de odio y no de justicia, porque enterrarlo no ponía en peligro a la ciudad.
Otros acusan a Creonte de hibris, soberbia, desmesura del poder por irrespetar la ley no escrita de los dioses, pérdida autocontrol, “salirse de sus casillas”. La heroína defiende derechos que según la tradición iusnaturalista, están por encima de otras leyes y más aún, de las disposiciones tiránicas. Para no controvertir sobre iusnaturalismo y iuspositivismo, los consagran la Declaración de Derechos de Virginia (1776, la Constitución norteamericana (1787); y la Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano (1789) decreta que… “La finalidad de cualquier asociación política es la protección de los derechos naturales e imprescriptibles del Hombre… la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”. Kant les da un fundamento no metafísico, pragmático cuando prescribe que hay que proceder como si cada acto de nuestras vidas fuera a convertirse en ley para toda la Humanidad.
Antígona defiende la constitución por encima de la eventual sevicia de un déspota contra leyes no escritas. Sófocles deja enfáticamente claro que Creonte es un político rígido e imbécil. Sus asesores insistieron sobre lo grave del crimen contra Antígona, y su hijo Hemón suplica por ella con argumentos políticos sobre los efectos públicos de violar la ley divina. El pueblo tebano estaba en favor del perdón y Tiresias lo advierte estremecedoramente de la desgracia que lo aguarda. Sófocles no deja espacio para dudas, porque Creonte se retracta de su torpeza, pero ya la siniestra maquinaria de muerte se había desatado. Y la catarsis, la reflexión deja claro que la brutalidad de Creonte causo la orgía de sangre, sus propias, terribles, destrucción y desgracia. Al final, arroja la corona y sale solitario de la ciudad. Por eso cuesta entender el rebuscamiento de algunos críticos o hipercríticos, para concederle “razón de Estado” a un déspota criminal y fracasado, azotado como merecía por el máximo poder.

@CarlosRaulHer

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