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Opinión

Andrés Cañizález

Esta es una mirada personal de lo que estaría por venir en este 2022 en Venezuela. ¿Cambios políticos? No hay señales. ¿Avance económico? Lo más probable es que se trate de una pequeña apertura. Lo que sí es seguro es que habrá que gestionar acciones sociales para una mayoría que escapa o sufre por la necesidad y el hambre.

Recién inicia 2022. Como he hecho en otras ocasiones, en este espacio que me brinda El Estímulo, hago un ejercicio de lo que son mis pronósticos, mi mirada personal sobre el nuevo año, siendo –como soy- un venezolano viviendo en Venezuela.

Comienzo este ejercicio prospectivo, sin asumir que tenemos una bola de cristal para pensar el futuro común, desde lo que puede resultar lo más decepcionante.

El estatus quo político no va a cambiar

No hay ninguna señal, ninguna, de que el régimen de Nicolás Maduro esté debilitado, boqueando como se dice popularmente. El gobernante venezolano, ilegitimo, pero teniendo el poder fáctico, se encamina a permanecer otro año en el poder.

Las elecciones regionales, en las que Maduro logró colocar figuras de su confianza para gobernaciones y alcaldías, y que tuvieron observación internacional y no fueron descalificadas del todo, terminaron por representar un triunfo político del madurismo.

La campaña electoral, por otro lado, dejó en evidencia que Maduro simbólica y paulatinamente se ha deslastrado de la figura de Hugo Chávez, y al mismo tiempo ha logrado reducir el poder de Diosdado Cabello.

A lo externo, en 2021 el chavismo logró profundizar la fragmentación opositora. No se ven señales de que en 2022 haya incentivos para que el propio estatus quo opositor sufra un remezón significativo. Creo que, por largos meses, el país permanecerá observando a un Juan Guaidó y acólitos con respaldo de Estados Unidos, eso se traducirá en el manejo de activos y poder financiero, pero a lo interno la figura del joven exdiputado seguirá debilitándose, a menos que se aplique un cambio radical de estrategia.

Otras figuras opositoras, como Henrique Capriles o María Corina Machado, no se ven con capacidad para conectarse con una mayoría del país, más allá de los seguidores que ya tienen, pero que no terminan de ser mayoritarios.

Obviamente la esencia de la política es lo impredecible, y podrían ocurrir en 2022 situaciones totalmente inesperadas, pero comenzando el año no se ve con claridad un escenario de cambio. Al contrario, podría ser un año en el cual el poder establecido goce de un período de tranquilidad.

El protagonismo social será clave

El desmontaje paulatino de las políticas sociales del Estado, por parte de un chavismo que está enfocado no en hacer un buen gobierno, sino en permanecer en el poder, se traducirá en mayores niveles de desprotección social para la mayoría de la población venezolana.

No se avizora en Venezuela una reducción de la pobreza o la desigualdad. Para que ello ocurriera, necesariamente, requeriríamos de un gobierno usando los recursos del Estado para alcanzar tales fines. No es el caso del chavismo. La agenda depredadora que observamos, entre quienes ocupan el poder, no tiene incentivos para hacer algo distinto en 2022. El madurismo buscará, en primer término, seguir lucrándose y enriqueciéndose con la crisis.

El éxodo de venezolanos proseguirá en los próximos meses. No hay razones para pensar que pueda ser diferente. En 2022, Venezuela superará a Siria como la peor crisis migratoria global, tal como señalamos en un artículo anterior en El Estímulo.

Ante tal escenario, desde mi punto de vista, en este año será clave el protagonismo civil, social, para aliviar el padecimiento de millones de venezolanos. Activistas y organizaciones de la sociedad civil protagonizarán iniciativas buenas para canalizar una ayuda humanitaria creciente, por parte de la comunidad internacional, así como acciones propias pensadas para aliviar el sufrimiento que padece una mayoría amplia.

La economía mejorará, pero la recuperación será larga

Varios economistas, que son dignos de mi respeto, han coincidido en señalar que el proceso de caída libre que ha traído la economía de Venezuela en los últimos años se detendrá en 2022. Ni de lejos eso puede interpretarse como que el país se arregló. Eso, en este momento, es una quimera.

Tras varios años de caída libre, en materia económica, que tengamos en 2022 un mínimo crecimiento es sin duda una buena señal. El tamaño de la economía venezolana, la que teníamos en 2012, no se recuperará posiblemente en varios años, al menos que se tomaran las medidas correctas. Pero ya saber que se detuvo la caída, a mi modo de ver, es una buena noticia, especialmente para quienes vivimos en el país.

En el camino de la recuperación económica, que igualmente luce como un sendero incierto, influirá decididamente la política, a fin de cuentas, las decisiones que tome el régimen de Maduro.

En este año el chavismo se transformará por completo en capitalismo. Esta, que no es otra cosa que una predicción, me la lanzó en los primeros días de 2022 un chófer a quien conozco por largos años, dado que con frecuencia me presta servicios para traslados especialmente cuando viajo dentro de Venezuela por vía terrestre.

Está por verse si habrá en este año una apertura completa en materia económica, en la línea de lo que viene sucediendo especialmente en los meses de 2021.

Lo cierto del caso es que muchos productores, industriales, comerciantes venezolanos están cada vez más decididos a seguir adelante con sus actividades, pese a las adversidades y sin esperar que el gobierno haga o decida. Y eso, estoy seguro, rendirá frutos en 2022.

9 de enero 2022

El Estímulo

https://elestimulo.com/que-esperar-de-2022-en-venezuela/

 4 min


Fernando Mires

1. Raro pero interesante: las elecciones regionales venezolanas del 21-N no suscitaron interés en la prensa internacional. Cuando más una noticia en letra chica señalando que los contingentes del “socialista” Maduro habían derrotado a los “conservadores” (así entienden la política latinoamericana los diarios europeos). En cambio, las elecciones del 9-D en Barinas fueron cubiertas de un modo casi tan extenso como el avance de Rusia a Kazajistán. “Notable”, diría el historiador Elías Pino Iturrieta.

¿Cómo explicar tamaña discordancia? Quizás por la misma razón por la que los venezolanos concentraron en esas elecciones una enorme atención. La explicación es obvia: en un país donde se concede tanta importancia a los símbolos, la contienda electoral de Barinas debía ser muy simbólica. Para ambas partes. Barinas es la tierra de Chávez (y de la familia Chávez).

El triunfo sorpresivo de Freddy Superlano (VP) sobre Argenis Chávez, fue considerado por el PSUV como una afrenta a la memoria del líder totémico, y como tal debía ser vengada. De acuerdo a la religión chavista, la “tierra santa” había sido ocupada por los infieles. Y bien, como es sabido, la lucha por la apropiación de símbolos la ganó la oposición y su candidato Sergio Garrido (AD) con un aplastante 55 por ciento en contra del 41 por ciento obtenido por Jorge Arreaza, candidato del PSUV.

Aparentemente una victoria espectacular pero simbólica. Y así y todo, muy importante si consideramos que la lucha política tiene una dimensión simbólica. Más todavía si pensamos que la lucha por la apropiación de símbolos, dicho en estilo gramsciano, no está separada de la lucha por la hegemonía. A esa deducción podríamos agregar que los resultados abren nuevas condiciones, pero no para el gobierno sino para la oposición. La más clara, la más objetiva, la más real, fue que las elecciones no solo significaron una derrota simbólica del madurismo, sino una derrota de la línea abstencionista representada por Guaidó y su guía espiritual Leopoldo López: El fin del mantra que relegaba a las elecciones a un tercer lugar después de una fantasiosa caída de Maduro y de un imaginario gobierno de transición.

Los tiempos de Guaidó ya no pertenecen al presente. Atrás quedaron las ayudas sanitarias insurreccionales (Cucutazo), los desembarcos playeros (Macuto), los intentos de golpe de estado (30A, 2019), los drones artesanales, la promesa de una invasión extranjera nacida de la frivolidad de Trump y de sus diletantes expertos, y de cuanta locura pasó por VP, PJ y AD.

Cuando fueron dados a conocer los resultados, los mitos abstencionistas “votar no es elegir”, “no las llames elecciones”, “no con este CNE”, “quien cuenta votos gana” y tantos más, se vinieron al suelo. Barinas demostró de nuevo lo que las elecciones parlamentarias del 2015 ya habían demostrado: cuando hay claridad de objetivos, unidad política y participación masiva, no hay fraude posible.

En secuencia historiográfica, no fue Barinas la que liquidó el proyecto insurreccional de López y sus secuaces. Este ya había colapsado. Como escribió el economista Francisco R. Rodríguez: “La legitimidad de la presidencia de Guaidó es endeble, tanto legal como políticamente. Nunca ganó una elección nacional, su mandato como legislador expiró hace más de un año y sus cifras de aceptación en las encuestas son tan bajas como las de Maduro. Su interpretación de la Constitución es muy controversial, especialmente después de que expiró el mandato de cinco años de la Asamblea Nacional, el 5 de enero de 2021. La administración de fondos públicos bajo su responsabilidad ha sido objeto de intensas críticas, incluso por parte de los principales miembros de su coalición, por su falta de transparencia y los escándalos de corrupción en el manejo de compañías estatales en países que lo reconocen como presidente”.

El gobierno interino de Guaidó ya estaba en pleno descrédito antes de Barinas. Barinas solo lo evidenció. Gracias a esas elecciones, la oposición está ahora en condiciones de regresar a la línea que nunca debió haber abandonado: la democrática, constitucional, pacífica y electoral. Esa línea será, sin duda, un punto de partida: Un nuevo comienzo.

2. El camino que sigue es difícil de transitar, más si tenemos en cuenta que la de Barinas será la última elección antes de las presidenciales del 2024. Sin otras elecciones a la vista, las tendencias regresivas pueden retornar en cualquier momento. La oposición democrática ha obtenido una batalla en contra de Maduro y del abstencionismo de López/Guaidó. Pero todavía está lejos de ganar la guerra. La línea electoral es solo parte de una política que la trasciende y no una política en sí. De modo que si no hay elecciones ad portas, los otros tres puntos cardinales de la brújula opositora seguirán vigentes: el democrático, el constitucional y el pacífico.

El punto democrático supone representar al pueblo en las instituciones. Tarea difícil pues las principales están en manos del gobierno y por lo menos dos de ellas fueron regaladas por la oposición a Maduro. La presidencia le fue regalada por el abstencionismo del 2018, capitulación determinada por la incapacidad de la oposición para designar un candidato único. El parlamento (la AN) le fue regalado por el interinato. Difícil encontrar en el mundo una oposición tan generosa con el adversario como ha sido la venezolana.

Para decirlo con palabras más claras: Maduro no ha usurpado ningún poder. Todos los poderes que maneja los recibió de una oposición usurpada por el extremismo opositor. De la aceptación de esa verdad objetiva, deberá partir la oposición. Maduro, desde ese punto de vista, no es un usurpador. Su acceso al poder frente a una oposición que se negó a votar, fue legítimo y legal.

La lógica más elemental indica que toda oposición debe votar por un gobierno con el objetivo de derrotarlo. Pero para derrotar al enemigo hay que reconocer su existencia. Ahora bien, reconocer a Maduro para derrotarlo pasa necesariamente por el desconocimiento del interinato como gobierno paralelo. Eso significa: para derrotar electoralmente a Maduro, la oposición debe deslindase del gobierno interino (que no es gobierno ni interino). Esa, a su vez, es la razón principal por la cual el interinato se ha opuesto hasta ahora a la vía electoral pues de acuerdo a los tres pincipios de López/Guaidó, nació como organismo destinado a dirigir una insurrección popular en contra de, según ese discurso, una dictadura.

Al votar masivamente en Barinas, la oposición rompió aparentemente con el lema “en dictadura no se vota”. Pero solo aparentemente, porque el lema en parte es cierto. En dictadura, generalmente, no se vota. Pero no se vota porque la gente no debe o no quiere votar, sino porque toda dictadura, por definición, suprime al voto. ¿Quiere decir entonces que la de Maduro no es una dictadura? Efectivamente; desde el punto de vista constitucional no lo es. Este tema merece un comentario adicional.

El gobierno de Maduro no ha tenido, nadie lo puede negar, un comportamiento democrático. Hay cárceles, hay torturas, hay permanentes violaciones a los derechos humanos, todo denunciado en los informes que desde la ONU ha emitido Michelle Bachelet. Pero –y este es un punto teórico- no todo gobierno anti- o no-democrático es una dictadura. Por eso la mayoría de los analistas internacionales prefieren definir al de Maduro como gobierno autocrático, o simplemente autoritario. Quizás esas mismas razones explican por qué Teodoro Petkoff se negó siempre a calificar al gobierno de Chávez como a una dictadura.

Como hemos anotado en otros artículos, el de Maduro es equivalente a otras autocracias similares. Las más parecidas son las que rigen en países que bordean a la Rusia de Putin. Se trata de gobiernos que contienen en sí elementos dictatoriales, pero también otros que sin ser democráticos, son al menos republicanos. Dependiendo de las circunstancias, si una oposición busca una confrontación violenta, esos gobiernos muestran sus dientes dictatoriales. Pero cuando la oposición actúa políticamente, no tiene más alternativa, en muchas ocasiones, que actuar también políticamente. Ahora bien, la tarea de una oposición política y no militar, obvio, es llevar a los gobiernos anti o no democráticos, al enfrentamiento político (al cual pertenecen las elecciones) y no al militar. Solo a un ser tan antipolítico como Leopoldo López se le puede ocurrir una insurrección militar sin militares y enviar a las masas al sacrificio como intentó hacerlo en “la salida” y después con su golpecillo del 30 A. De todo ese lastre, la oposición democrática, si quiere reconstruir una vía política, deberá deslindarse. En parte comenzó a hacerlo en Barinas. Pero solo en parte.

3. Sabiendo que en un clima no- confrontacional no tiene nada que hacer, la camarilla que representa Guaidó ha optado por aceptar el triunfo electoral de Barinas, como si fuera la cosa más natural del mundo, como si siempre hubiera participado en elecciones, como si nunca hubiera llamado a la abstención ¿Un cambio de estrategia? La reciente experiencia histórica no lo indica así.

Cuando los extremistas reconocen triunfos electorales lo hacen solo para ponerlos al servicio de su extremismo. Así fue como el gran triunfo en las parlamentarias del 2015 les sirvió para usar a la AN como trampolín para el salto insurreccional. Basta recordar que el revocatorio del 2016 surgió como alternativa a un extremismo que apostaba por el “Maduro vete ya” de María Corina Machado o por aplicar el artículo 233. Las jornadas callejeras del 2017, surgidas originariamente en defensa de la AN fueron canalizadas por el extremismo para avanzar hasta Miraflores, oponiendo a los militares de Maduro, estudiantes con escudos de cartón.

Nunca, desde el año 2002 hasta ahora, el extremismo ha cejado en su empeño atajista. No hay ningún motivo entonces para suponer que esta vez no intentará usar el triunfo de Barinas como plataforma para buscar otro atajo anticonstitucional, antidemocrático y anti electoral. Entre esas aventuras ya comienza a asomar otro revocatorio. Su objetivo está claro: El revocatorio es un medio inventado por el extremismo para que la oposición no se reconstituya y siga adherida a la estructura de la política comandada por López/Guaidó y así esta no sea cuestionada.

El revocatorio es el otro nombre del abstencionismo. De ahí que una de las tareas inmediatas de la oposición democrática deberá ser la de bloquear al revocatorio antes de que se convierta en realidad. Importante sería en ese sentido que Sergio Garrido y otros políticos democráticos levantaran su voz en contra de las regresiones antipolícas que se avecinan.

La oposición democrática no está en condiciones de intentar ningún acto de derrocamiento. Pero –Barinas lo demostró- sí está en condiciones de derrotar a Maduro. Pero derrotar, hay que decirlo muchas veces, no es derrocar. Derrotar es vencer al enemigo con las armas de la política y no con la política de las armas. O como formulé en otro texto, derrocar es un acto de fuerza, derrotar es un proceso político. Un proceso que lleva no a la eliminación del adversario -para eso sería necesario una dictadura- sino, como dice Ricardo Sucre, a construir un camino que lleva a la alternancia en el poder.

El periodo no electoral puede ser utilizado por la oposición para buscar la comunicación con la ciudadanía, perdida después de tantas aventuras sin ton ni son. Conectar a la política con el pueblo es tarea fundamental. Abandonar la idea de que hay que seguir a algún líder iluminado, es decisivo. Apoyar proyectos de reconstitución social, como iniciativas civiles, derecho-humanistas, ecológicas, de género, de etnias, poblacionales, y tantas más, es impostergable. La política se hace sobre el suelo de la tierra y no sobre la base de ilusiones y fantasías.

4. No por último, la oposición democrática deberá rechazar las sanciones económicas impuestas bajo la presión del interinato a Venezuela. Los hechos han demostrado que intentar obtener réditos gracias al hambre de un pueblo, es definitivamente criminal. Para citar nuevamente a Francisco R. Rodriguez: “Poner de rodillas a una economía, arrebatándole su capacidad de comprar bienes para promover un cambio político es cruel, inhumano y contrario al derecho internacional. Es el equivalente moderno de un estado de sitio: el intento de someter a las ciudades de hambre, lo que hoy se considera un crimen de guerra. Los ataques deliberados contra la población civil no deberían tener cabida en la política exterior de una nación civilizada. La Unión Europea y Canadá, entre otros, se han limitado explícitamente a la adopción de sanciones individuales a los funcionarios del régimen, y los líderes europeos declaran explícitamente que nunca considerarán sanciones que perjudiquen a todos los venezolanos. Es vergonzoso que Estados Unidos sea un caso atípico en este tema”.

En un clima menos confrontacional, evitando incluso las provocaciones del gobierno, la oposición puede además colaborar en la reconstrucción de las organizaciones de los trabajadores, hoy prácticamente desaparecidas. Para que eso ocurra, y conectando con el mandato que legara el plebiscito del 2007 (la primera derrota propinada a Chávez y al chavismo) la oposición democrática estará obligada a convertirse en guardiana de la constitución. La oposición ha de ser constitucional o no ser.

En palabras finales, se trata de volver al trabajo árido y gris de la política diaria sin perder de vista las perspectivas históricas. Para que eso sea posible es necesario un mínimo de normalización o, para decirlo mejor, la existencia de algo parecido a una “sociedad”. Ello supone, guste o no, aceptar cierta coexistencia con el gobierno de Maduro. Todo lo tensa que se quiera, pero inevitable en tanto gobierno y oposición comparten un mismo territorio de lucha.

Por eso hay que reiterar: para enfrentar y derrotar electoral y constitucionalmente a Maduro, la oposición democrática deberá liberarse del insoportable peso del interinato. No hay otra alternativa. La continuidad política nunca, en ninguna parte, se ha dado sin rupturas.

12 de enero. 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/01/fernando-mires-venezuela-despues-de.html?utm_source=feedburner&utm_medium=emai

 10 min


Laureano Márquez

Entre el 15 y el 18 de febrero se celebrará en Venezuela la primera asamblea de exorcistas. Aunque el tema del demonio y el exorcismo se presta a las bromas y esta –supuestamente– es una página de humor, el exorcismo es un tema bastante serio y como tal lo asumimos. El diablo existe y sus acciones tienen consecuencias terribles. Si lo sabremos nosotros los venezolanos. Por eso, el hecho de que se celebre en nuestro país esta primera asamblea es sin duda, para quien esto escribe, una buena noticia.

Los primeros exorcismos fueron realizados por el propio Jesús durante el tiempo en que anduvo entre nosotros. Los evangelios así lo relatan. Luego, dentro de la Iglesia, el exorcismo se fue convirtiendo en una actividad cada vez más especializada, que solo puede ser realizada por las personas debidamente autorizadas para ello y que cuentan con la debida preparación.

Todos los de mi generación asociamos inevitablemente el tema con la película El Exorcista, en la que Linda Blair –cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia– es poseída por el diablo y se requiere de la presencia de sacerdotes especialmente preparados para la actividad de expulsar demonios.

Una de las primeras cosas que según los manuales debe hacer un buen exorcista es distinguir cualquier patología o trastorno psicológico de una posesión satánica. El proceso mismo adolece de algunos rasgos que claramente lo distinguen de otros tipos de males, por ejemplo:

  • El hablar o comprender lenguas desconocidas que la persona no ha podido aprender por cuenta propia.
  • Demostrar más fuerza física de lo normal para las características físicas de la persona poseída.
  • Proferir blasfemias y maledicencias. Es decir, tener aversión por lo sagrado.
  • Descubrir cosas que están ocultas o a mucha distancia.
  • En la posesión demoníaca, el Diablo se instala en el cuerpo de su víctima, haciéndole daño.

El exorcismo tiene dos formas, por así decirlo: el exorcismo simple y el complejo. Un ejemplo del primer caso es cuando durante el rito del bautismo, padres y padrinos –en nuestro nombre– renuncian a Satanás, a sus obras y tentaciones. Como recordaba el papa Francisco, los primeros cristianos, que se bautizaban ya grandes, lo hacían orientados hacia el este, por donde nace el sol porque «no creen en la oscuridad, sino en la claridad del día; no sucumben a la noche, sino que esperan en la aurora; no están derrotados por la muerte, sino anhelan a resurgir; no se arrodillan al mal, porque confían siempre en las infinitas posibilidades del bien».

No cabe duda de que el mal existe y tampoco de que se ha instalado en nuestra tierra de diversas maneras. Debemos luchar en su contra, dentro y fuera de nosotros. Como diría el Santo Padre: no sucumbir a la noche, sino prepararse para el amanecer que algún día tendrá que venir. Por tal razón, saludamos esta asamblea de exorcistas, con la grata noticia, además, de que se celebre en Guanare, lugar de aparición de la patrona de Venezuela, la Virgen de Coromoto.

Así que comenzamos este año diciendo: vade retro Satana +.

Twitter @laureanomar

Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.

 2 min


Diversas Individualidades Chilenas

En general la memoria es muy frágil y tiende a confundirse, más aún cuando pasa el tiempo. La historia se construye a través de los relatos que por naturaleza contienen diferencias y que pueden ir instalando una realidad respecto del pasado que es muy lejana a lo que realmente sucedió, por eso, parece necesario recordar el hecho, podríamos decir fundacional, de la estrategia que permitió la gesta del NO del 5 de octubre de 1988.

La lucha contra la dictadura ya llevaba varios años y se había dado en distintos ámbitos y por muchos actores. En ese contexto, para buscar su derrota, existían dos tesis centrales. Una proponía derrocar al régimen de facto por medio de la vía armada. La otra que representaba a la inmensa mayoría de la oposición política y social, se definía por ser pacífica y no violenta, y que, en su ejercicio, incluía la defensa activa de los Derechos Humanos, la construcción de acuerdos políticos convergentes entre las fuerzas democráticas de izquierda, centro y derecha, la movilización social generalizada y la acción internacional.

Luego de las fuertes movilizaciones sociales, comenzó a percibirse que todo lo realizado no bastaba para derrotar al régimen, dado que su poder estaba basado fundamentalmente en la fuerza.

En esta realidad se constataba una especie de impasse, que requería de análisis y definiciones consiguientes, ya fuera continuar con la estrategia de movilización social o agregar a esta una vía de acción de carácter más político y electoral.

Así surge la denominada “Tesis Aylwin”, que valorando todo lo realizado por la oposición política y social democrática hasta el momento, comienza a diseñar la posibilidad de instrumentalizar la Constitución, calificada como ilegítima, por la vía de participar en el Plebiscito, para precisamente de esta forma derrotar en las urnas a Pinochet. Es así como Patricio Aylwin va recogiendo el aporte de diversos actores en esta línea de salida política institucional, con lo que va construyendo teóricamente su manifiesto.

El lanzamiento de esta tesis se desarrolló en 1984 y si bien era muy criticada por algunos sectores de la oposición de entonces, fue finalmente la que logró llevar al país a una transición pacífica a la democracia, sin violencia y sin polarización.

El 27 y 28 de julio de aquel año, en los salones del Hotel Tupahue, el Instituto Chileno de Estudios Humanísticos (ICHEH) organizó un seminario denominado “Una salida JurídicoPolítico Constitucional para Chile”, destinado a debatir la fórmula para salir de la dictadura. En él expusieron connotados juristas como Carlos Briones por el Partido Socialista, Patricio Aylwin, Francisco Cumplido y Alejandro Silva Bascuñán por la Democracia Cristiana, Manuel Sanhueza y Enrique Silva Cimma por los radicales, Pedro Correa por la derecha republicana y Sergio Diez y Francisco Bulnes, partidarios del régimen.

El Seminario tuvo tres paneles de discusión; el primero fue entre A. Silva Bascuñán, Carlos Briones y P. Correa y versó sobre las bases de un régimen jurídico-político constitucional para las siguientes décadas. El segundo momento de discusión contó con el aporte de F. Cumplido, S. Diez y M. Sanhueza, quienes analizaron las Constituciones de 1925 y 1980. El tema de fondo del seminario fue reservado para la tarde del sábado 28 de julio, donde E. Silva Cimma, F. Bulnes y P. Aylwin debatieron sobre “Una salida jurídico política institucional para Chile”, título además del seminario. De hecho, el término “salida” en ese momento era bastante pretensioso, pero los organizadores del evento, conscientes de aquello, pusieron exprofeso dicho título al seminario. Es este el momento donde se comienza a diseñar la transición a la democracia en Chile. Aquí Patricio Aylwin desarrolla la que será su tesis para avanzar a la democracia y que finalmente sería el camino que tomaría la oposición democrática de entonces.

Aylwin sostuvo que, Chile era un país con el “alma trizada”, que se dirigía a convertirse en una “Torre de Babel”, sin entendimiento entre unos y otros, donde había sólo dos caminos; la violencia o una salida pacífica y esta última, considerando especialmente la cercanía a 1988, era solamente posible por la vía jurídico-política y electoral. En este sentido Patricio Aylwin señaló que: “Salida jurídico-política será, la que logre superar las divisiones sobre la base de descubrir y reforzar lo que nos une y sacrificar lo que nos separa. Se trata de ser capaces, con realismo, audacia, imaginación y coraje, mediante entendimientos políticos y fórmulas jurídicas, de provocar lo que Ortega y Gasset llama ‘la unidad de los contrarios’. El ex senador continuaba, con lo que se denominaría finalmente como “La Tesis Aylwin”, que en definitiva era lo siguiente: “Puestos a la tarea de buscar una solución, lo primero es dejar de lado la famosa disputa sobre la legitimidad de régimen y su Constitución. Personalmente yo soy de los que considera ilegitima la Constitución de 1980. Pero, así como exijo que se respete mi opinión, respeto a los que opinan de otro modo… ¿Cómo superar este impasse sin que nadie sufra humillación? Sólo hay una manera: el eludir deliberadamente el tema de la legitimidad”.

Era una respuesta a la desafiante y compleja realidad. Momentos que la historia evidencia el rol de los liderazgos capaces de convencer y conducir, aún con la formulación de polémicos planteamientos que son capaces de encauzar procesos y abrir puertas de participación y paz.

Patricio Aylwin, viendo las complejidades del momento y el contexto político y social en que se encontraba el país, señalaba que, “Un camino como el que sugiero no significa, en modo alguno, que la disidencia entre en el sistema. Significa, simplemente, que quienes creen en la legitimidad de la actual Constitución y quienes la consideramos ilegítima, sin renunciar a nuestros respectivos planteamientos, hagamos el esfuerzo de buscar coincidencias para llevar al país a la normalidad democrática”. Era un llamado directo a la civilidad.

Para él, el objetivo no significaba sacrificar la forma, que en el contexto de la polarización que vivía el país era muy importante, por lo que Aylwin creía que, “Si personas representativas de todos los sectores que realmente queremos el pronto retorno de Chile a la Democracia nos abocáramos seriamente a esta tarea, tengo confianza en que no sería un ejercicio inútil. Podría, por esta vía, llegarse a acuerdos sobre las modificaciones que es necesario introducir al régimen constitucional chileno para llegar a la Democracia” (Aylwin 1985: 145-154).

El acuerdo democrático que impulsaba Aylwin pretendía llevar adelante un cambio de la Constitución, camino que se había propuesto por el Grupo de los 24 y que, si bien era complejo, nos debería llevar a elecciones libres con el concurso del oficialismo y la oposición.

La Tesis Aylwin fue muy discutida, incluso en su propio partido, pero el siguió trabajando en su perfeccionamiento, lo que desembocaría después en la inscripción de los partidos democráticos y en la organización de la oposición, en lo que fue la Concertación de Partidos por el No, fundada el 2 de febrero de 1988, que definitivamente asume la tesis que significo:

  1. Movilización Político-Electoral para lograr inscribir más de 6.000.000 de chilenos en los registros electorales.
  2. Organizar la concurrencia y triunfo en el Plebiscito.
  3. Elaborar un programa de gobierno.
  4. Definir un candidato que liderara a la oposición.
  5. Constituir una coalición política democrática y mayoritaria, capaz de sustentar un gobierno nacional y popular.
  6. Reformar la Constitución.
  7. Iniciar una política de crecimiento con equidad, para el progreso de Chile y la disminución significativa de la pobreza.

La Tesis Aylwin, fue el inicio de una transición ejemplar que logró convocar y construir la alianza política más exitosa de la historia de Chile y que dio a nuestro país, democracia, libertad, crecimiento con equidad, estabilidad político institucional y un desarrollo humano que ningún país en América Latina posee.

La verdad tiene su hora y el triunfo del 5 de octubre de 1988 se debe fundamentalmente a que muchos y desde distintos ángulos asumieron la tesis de Patricio Aylwin, logrando socializar en la ciudadanía esta idea de democracia para reconstruir el “alma trizada de Chile”.

Válido es, cuando conmemoramos los 30 años del Triunfo del No en el Plebiscito de 1988, expresar nuestro recuerdo, valoración y reconocimiento al liderazgo y claridad de nuestro Ex Presidente Patricio Aylwin Azocar.

Santiago, 30 de septiembre de 2018. Firman este documento.

Soledad Alvear , Andrés Jouanette, Felipe Sandoval, Eduardo Saffirio, Cristóbal Acevedo, Eduardo Fuentes, Pilar Peña, Zarko Luksic, Oscar Pizarro, Gutenberg Martínez, Sebastián Morales, Alejandro Elgueta, Alicel Belmar, Carlos Bastias, Carlos Concha, Daniel Cárdenas, Daniel Romero, Eduardo Casanova, Eduardo Muñoz, Homero Videla, Iván Román, Jaime Garay, Jaime Vicencio, Javiera Torres, Jorge Maldonado, Jorge Muñoz, José Luis Moure, Juan Francisco de la Jara, Juan Francisco Malla, Juan Luis González, Juana Ojeda,Luis Zúñiga, Nicolás Anglas, Oscar Molina, Osvaldo Celedón, Patricio Lobos, Pedro Corral, Ramón Rozas, Ricardo García, Verónica Peñaloza, Zarko Luksic.

Comunidad en Movimiento.

 7 min


Humberto García Larralde

La animación de algunas actividades comerciales y la superación del desabastecimiento de muchos bienes --siempre que se tenga dólares--, ha sembrado la ilusión en más de uno de que, al fin, la economía empieza a recuperarse. La mayoría de los analistas coinciden en señalar que el año pasado hubo un ligero crecimiento o que, al menos, se detuvo la caída que venía ocurriendo desde 2013. Como sabemos, no se publican cifras oficiales al respecto. Después de siete años consecutivos de contracción, habríamos tocado, entonces, fondo --muy profundo, por cierto, ya que el PIB de 2021 fue menos de la cuarta parte del de 2013. Correspondería, ahora, la recuperación. En una sociedad acostumbrada en el pasado a que contingencias externas --la subida de los precios internacionales del crudo—la rescatasen de sus penurias, la ilusión de un esperado rebote no debe sorprender. ¿Pero, de qué “recuperación” se trata? Examinemos los motores de crecimiento de nuestra economía en el pasado para ver.

Los años de fuerte crecimiento en la segunda mitad del siglo XX se asocian a altas tasas de inversión, sostenidas por la captación de ahorro externo en la forma de rentas petroleras. Cifras del Banco Central muestran que, entre 1950 y 1978, la formación bruta de capital fijo promedió un 27% del PIB (precios corrientes), superando, en algunos años, el 30%. Son tasas comparables a las de los llamados “tigres asiáticos” en sus buenos años. La eficiencia o calidad de esa inversión puede discutirse, pero se registra un incremento sostenido y robusto de la productividad laboral durante el período. Distintos gobiernos invirtieron en infraestructura física, la provisión de servicios de cobertura nacional, la educación y la salud, que, junto a un mercado doméstico protegido e incentivos fiscales y financieros, estimularon la inversión productiva. Dependía, sin embargo, de la ampliación sostenida del mercado local, proveniente de un ingreso petrolero en alza. Invertir para exportar estaba vedado por la sobrevaloración del bolívar, salvo en pocos rubros con fuertes ventajas comparativas. Cuando los proventos del crudo llegaron a su nivel máximo, no pudieron ser absorbidos productivamente por la limitación del mercado interno --como señaló Asdrúbal Baptista--, disuadiendo nuevas inversiones. El motor del crecimiento (la inversión) se apagó. Las actividades económicas se estancaron y se fue abatiendo la productividad. Al caer los precios del crudo, el pesado fardo de la deuda externa sumergió al país en la llamada “década perdida”. Se había agotado el modelo de desarrollo hacia adentro, tan dependiente de la renta petrolera.

Cuando el siguiente gobierno (el segundo de Carlos Andrés Pérez, 1989-93) quiso revertir esta situación, buscó, de nuevo, activar la inversión productiva, pero ahora bajo condiciones que estimularan su competitividad. Significaba “destetar” al aparato productivo interno de los incentivos que habían ayudado su crecimiento en el pasado, financiados por una renta petrolera en aumento. El imperativo de un programa de estabilización que estimulase el emprendimiento, la innovación y la transformación competitiva de la economía implicaba eliminar las transferencias de renta que ya el Estado no podía sostener. Chocó con los intereses de aquellos que se habían beneficiado, de distintas formas, del anterior rentismo. Resultó en un cambio de cultura política y económica muy difícil de digerir. Lo combatieron frontalmente, logrando la defenestración de Pérez. El segundo gobierno de Rafael Caldera, su sucesor, a pesar de su intención inicial de volver al pasado, terminó aplicando la estrategia de aquél (con ligeras modificaciones, como el anclaje del tipo de cambio) para evitar el colapso. En vísperas del nuevo milenio, parecía estar claro que el país no tenía alternativa para resolver sus necesidades.

Lamentablemente, las ansias de controlar todo de Hugo Chávez, reforzadas posteriormente por sus ínfulas de instrumentar un “socialismo del siglo XXI”, destruyeron las instituciones que amparaban la iniciativa privada, provocando una situación de creciente incertidumbre y de acoso o expropiación de actividades productivas. La vulneración creciente de derechos humanos y la polarización deliberada de la contienda política por parte del caudillo, sumó a ello un clima de conflictividad política que sirvió de excusa para un mayor intervencionismo estatal en la economía. Le sacó las patas del barro a Chávez la segunda gran bonanza petrolera de nuestra historia –la primera fue durante el gobierno de CAP, 1974-78—que posibilitó programas extensivos de reparto, bajo su égida personal. Los precios del crudo frisaron los 100 dólares o más entre 2008 y 2014, salvo en 2009. El motor de la expansión económica (¿crecimiento?) pasó a depender de la ampliación de la demanda que deparó tan significativa renta, no de la inversión. Si bien ésta promedió 20% del PIB durante los años de gobierno de Chávez, su calidad fue más que dudosa. Fue notorio la cantidad de proyectos públicos no culminados –tren centro occidental, el de Guarenas, autopista a Cumaná, segundo puente para Maracaibo—, los sobreprecios y otras corruptelas (Odebrecht), cuyos montos fueron registrados como tal. Aun así, el socialismo petrolero de Chávez logró aumentar el consumo privado por habitante un 37% entre 2005 y 2014, gracias a los altísimos precios del crudo y la cuadruplicación de la deuda pública externa. Sin embargo, la productividad laboral apenas se movió durante estos diez años y los salarios reales cayeron.

Maduro, sin entendederas en materia económica, se refugió en las políticas de su mentor. Pero no puede prosperar el rentismo si cae la renta. El desplome de los precios del crudo en 2015 descubrió una economía arruinada por las políticas de reparto, pero sobre todo por la esquilmación de los dineros públicos y por las extorsiones y confiscaciones al sector privado, impulsadas bajo el intervencionismo “socialista”. Amplió la entrega de empresas, recursos minerales y demás oportunidades de lucro a los militares más corruptos, como a cómplices, de adentro y de afuera, en busca de apoyo, mientras reprimía ferozmente a la población. Al destruir sus bases de tributación, internas y externas (la industria petrolera), puso el pie en el acelerador de la emisión monetaria para financiar sus gastos, provocando una de las hiperinflaciones más severas y duraderas de la historia. El crédito internacional le estaba cerrado por el default que, de hecho, manifestó la república y PdVSA a partir de 2017, logró, así, el milagro de convertir una de las economías más prósperas de América Latina en la más pobre, en escasos años.

Al desaparecer las oportunidades de expoliar al país, más todavía con las sanciones impuestas contra su régimen, hizo saltar el socialismo del siglo XXI del “eterno”. Eliminó controles, permitió la dolarización de las transacciones y empezó a liquidar activos públicos a la sombra de una “Ley Antibloqueo”. Aplicó el peor ajuste posible para reducir la hiperinflación, reduciendo fuertemente el gasto público y achicando aún más la actividad financiera con encajes del 85%. Condenó, así, a los empleados públicos a sueldos de hambre, a la población entera al deterioro aún mayor de los servicios públicos y a las empresas a autofinanciarse. Mientras, invitó al ELN y otras bandas criminales, en complicidad con militares corruptos y Estados cómplices, a saquear las riquezas minerales de Guayana: oro, diamantes, coltan.

Maduro no ha instrumentado reformas para atraer la inversión y fomentar el empleo productivo. Si bien algunas empresas sobrevivientes han aprovechado la liberalización de la economía para importar insumos y otros incursionan tímidamente en la exportación –la mano de obra nacional es la más barata de la región--, lo que los optimistas ven como “recuperación” son los negocios montados para vender productos importados –bodegones—que deben pagarse en dólares. ¿De dónde vienen? Del saqueo de Guayana, de las remesas enviadas por los millones de exiliados a sus familiares, y por una subida coyuntural en los precios del crudo que pudo haber generado, en 2021, unos 10 millardos de dólares en ingresos por exportación. Son los estertores del rentismo: seguir consumiendo sin producir.

¿Y para aquellos –muchísimos—que rara vez ven un dólar? ¿Cuál es la recuperación?

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

ElNacional.com

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Joseph S. Nye, Jr.

A finales de 2021 Rusia había acumulado tropas cerca de su frontera con Ucrania, China llevó a cabo vuelos con aviones militares cerca de Taiwán, Corea del Norte continuaba con su programa de armas nucleares y los combatientes talibanes seguían patrullando las calles de Kabul. Frente a todo esto, mis amigos me preguntaron: «¿Qué pasó con el poder suave?».

Una respuesta es que podemos encontrarlo en otros eventos recientes, como la Cumbre Virtual para la Democracia convocada por el presidente Joe Biden, a la que asistieron representantes de más de 100 países. China, que fue excluida, recurrió a la radio, la televisión y las redes sociales para proclamar que tenía otro tipo de democracia, más estable que la ensalzada por Estados Unidos. Lo que veíamos era una competencia entre las grandes potencias por el poder suave, entendido como la capacidad de influir sobre los demás mediante la atracción en vez de la coerción o los pagos.

Cuando escribí por primera vez sobre el poder suave en 1990 buscaba superar una deficiencia en la manera en que los analistas pensaban en términos generales sobre el poder, pero el concepto adquirió gradualmente una resonancia más política. En algunos aspectos, la idea subyacente no es nueva; podemos rastrear conceptos similares hasta antiguos filósofos como Lao Tse. El poder suave tampoco se limita al comportamiento internacional ni a EE. UU. Muchos países pequeños y organizaciones también poseen la capacidad de atraer y, al menos en las democracias, el poder suave es un componente fundamental del liderazgo.

De todas formas, actualmente se suele asociar este concepto con las relaciones internacionales. Mientras la Unión Europea se desarrollaba hasta alcanzar su forma actual, los líderes europeos usaron cada vez más este término. Y desde 2007, cuando el entonces presidente chino Hu Jintao declaró que China debe desarrollar su poder suave, el gobierno invirtió miles de millones de dólares en esa empresa. El desafío actual para China es implementar una estrategia eficaz de poder inteligente. Si logra acompañar eficazmente su creciente poder duro con poder suave, será menos probable que provoque coaliciones que procuren funcionar como contrapeso.

El poder suave no es ni la única fuente de poder ni la más importante, porque sus efectos tienden a ser lentos e indirectos (pero ignorarlo o descartarlo es un grave error estratégico y analítico). El poder del Imperio romano no solo residía en sus legiones, sino también en la atracción de la cultura y la ley romanas. De manera similar, como alguna vez dijo un analista noruego, la presencia estadounidense en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial fue «un imperio por invitación». No fue una descarga de artillería la que echó por tierra al muro de Berlín, sino que fue demolido con martillos y topadoras por gente que había sido afectada por el poder suave occidental.

Los líderes políticos astutos saben, desde hace mucho, que los valores pueden crear poder. Si puedo lograr que alguien quiera lo que yo quiero, entonces no tengo que obligarlo a hacer lo que no quiere. Si un país representa valores que para otros son atractivos, puede ahorrar en el uso de premios y castigos.

El poder suave de un país proviene principalmente de tres fuentes: su cultura; sus valores políticos, como la democracia y los derechos humanos (cuando los respeta); y sus políticas (cuando se las percibe como legítimas porque su marco considera los intereses de los demás). Un gobierno puede influir sobre otros a través del ejemplo de su comportamiento local (como la protección de la prensa libre y el derecho a manifestarse), en las instituciones internacionales (consultando a los demás y fomentando el multilateralismo) y a través de su política exterior (por ejemplo, promoviendo el desarrollo y los derechos humanos).

Durante la pandemia de la COVID-19, China trató de usar la llamada «diplomacia de vacunas» para aumentar su poder suave, que se había visto perjudicado por su gestión secreta del brote inicial del coronavirus en Wuhan. Los esfuerzos del gobierno procuraron reforzar su Iniciativa de la Franja y la Ruta, que apoya proyectos de infraestructura en muchas partes del mundo.

Pero muchas encuestas internacionales muestran que los resultados fueron decepcionantes. En términos de su atractivo, China va a la zaga de EE. UU. en todos los continentes excepto África, donde ambos países están empatados. Uno de los motivos del menor nivel de poder suave de China es su intenso uso del poder duro en la búsqueda de una política exterior cada vez más nacionalista. Esto quedó claramente demostrado con las sanciones económicas a Australia y sus operaciones militares en la frontera del Himalaya con la India.

China tiene un problema de poder inteligente. Después de todo, es difícil llevar adelante simultáneamente la diplomacia de vacunas y una «diplomacia de lobo guerrero» (intimidación agresiva y coercitiva a los países más pequeños).

Es cierto, las encuestas internacionales muestran que el poder suave de EE. UU. también cayó durante la presidencia de Donald Trump. Pero, afortunadamente, Estados Unidos es más que su gobierno. A diferencia de los activos del poder duro (como las fuerzas armadas), muchos recursos del poder suave están separados del gobierno y solo responden parcialmente a sus propósitos. Por ejemplo, las películas de Hollywood que muestran a mujeres independientes o protestas de minorías inspiran a otros en todo el mundo. También lo hace el trabajo caritativo de las fundaciones estadounidenses y la libertad de llevar a cabo investigaciones en las universidades.

Las empresas, universidades, fundaciones, iglesias y movimientos de protesta desarrollan su propio poder suave. Algunas de sus actividades refuerzan las metas de la política exterior oficial, y otras veces se oponen a ellas. De cualquier modo, estas fuentes privadas de poder suave son cada vez más importantes en la era de las redes sociales.

La insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio estadounidense ciertamente perjudicó al poder suave de ese país. Pero quienes lamentan prematuramente la muerte de la democracia estadounidense deben recordar que las elecciones de 2020 tuvieron una participación sin precedentes a pesar de la pandemia. El pueblo estadounidense aún es capaz de derrocar a un demagogo en una elección libre y justa.

Esto no significa que la democracia y el poder suave de EE. UU. no tengan problemas. Trump debilitó muchas normas democráticas que ahora hay que recuperar. Biden fijó como una de las metas de su presidencia el fortalecimiento de la democracia tanto en el país como en el extranjero, pero los resultados aún están por verse.

Nadie puede saber cuál será la trayectoria futura del poder suave de un país, pero es indudable que la influencia a través de la atracción seguirá siendo un componente importante de la política mundial. Mark Twain tuvo una famosa ocurrencia: «los informes de mi muerte son muy exagerados», lo mismo puede decirse del poder suave.

Traducción al español por Ant-Translation

11 de enero 2022

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/whatever-happened-to-soft-p...

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Jesús Elorza G.

Nicolás, daba por descontado que todo el operativo revolucionario montado en Barinas, garantizaba un triunfo seguro para su pupilo Arreaza. En tal sentido y con la finalidad de festejar una nueva victoria, convocó a sus panas del gobierno y de la dirección del partido a una parrillada en Fuerte Tiuna desde el mediodía del domingo para esperar los resultados “irreversibles”. Para la ocasión, se vistió con un liquiliqui color verde oliva y contrató a varios conjuntos de música criolla para que amenizaran la dulce espera de los resultados.

Entre whisky y whisky, los presentes conversaban sobre sobre el operativo “Ezequiel Zamora” montado para asegurar la victoria: Movilicé 24.000 soldados y 10.000 milicianos dijo el Ministro de la Defensa. Sonriente, Diosdado señaló que la joya de la corona fue su plan de buscar a más de 20.000 barineses que residían en otros estados del país para traerlos a Barinas para que votaran. La orden a los gobernadores revolucionarios era que cumplieran al pie de la letra la orden de buscar a esas personas, montarlos en los autobuses chinos y trasladarlos a Barinas. Quien se niegue a ser trasladado lo meten preso y le quitan la cédula para que un miliciano vote por él.

Camaradas, es imposible perder. Brindemos, al pana Arreaza lo están bañando, repetía a cada rato Nicolás. A eso de la una de la tarde, comenzaron a llegar las informaciones del Exit Poll que mostraban una realidad distinta a la señalada por los ministros y los jefes del Psuv presentes en la parrillada. Los resultados daban 36% para Arreaza y 35.8 % para Sergio Garrido. Pero, la tendencia es a favor del opositor. Arreaza luce estancado.

Al escuchar aquello, Diosdado gritó furibundo ¿Qué vaina es esa? Menos de un punto porcentual de diferencia ¿Quién coño hizo esa encuesta? Y de inmediato, pidió que lo comunicaran con el jefe del G2 cubano para verificar esa información:

-Aló, aló, camarada infórmeme de los resultados que ustedes tienen en la Unidad de Inteligencia sobre encuestas a boca de urnas (Exit poll) en las elecciones de Barinas, porque ya los contrarrevolucionarios oligarcas están diciendo que la tendencia es favorable al opositor y eso camarada es imposible….revolucionario no pierde elección y menos con nuestro fabuloso operativo “Ezequiel Zamora”

-Óyeme tu camarada, los resultados que les presentaron fueron maquillados para que el impacto no fuera tan demoledor, respondió el cubano. Debo decirte, que la tendencia es irreversible…

Yo sabía, lo interrumpió Diosdado. Como coño vamos a perder con todo el poder del Estado a nuestro favor, no me jodan,

-Disculpe camarada, dijo el cubano, es irreversible la compra de alpargatas porque lo que viene es joropo. Sergio Garrido ganó ampliamente. Nos apabulló. Arreaza no va pal baile. Camarada, el triunfo es tan grande que no hay posibilidad alguna de modificar los resultados.

Al escuchar aquello, Nicolás quedo mudo, los ministros salieron en desbandada. Diosdado con una madre arrechera sufrió un conato de infarto al escuchar que los conjuntos de música criolla que habían contratado comenzaron a tocar inspiradamente la canción “Linda Barinas “que a su vez era repetida en todas las emisoras de radio del país.

El pueblo en las calles cantaba Linda Barinas / tierra llanera / la democracia recorre tus /caminos de palma y sol / con Sergio Garrido en su rol de triunfador.

Arreaza y Claudio Fermín se desaparecieron. Los vieron comprando alpargatas en la vía hacia Caracas.

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