Pasar al contenido principal

Opinión

José Machillanda

El dislocamiento al cual ha sido sometido el sistema político venezolano y con ello el cuerpo social, es responsabilidad de una quebradiza clase política bien pudiera ser motorizado el ambiente politológico en Venezuela, por parte de un referéndum revocatorio. Ese referéndum revocatorio previsto en la Constitución y desconocido por un cuerpo de operadores político-partidistas que aún no entienden lo que significa hacer política. Ese grupo de líderes, de manera irresponsable, no han sabido responder a la política y a la ética ciudadana del venezolano, en consecuencia el Referéndum Revocatorio en esta oportunidad accionaría como un motor, con una fuerza política única, que podría darle al sistema político venezolana una expresión de participación sin que haya un proceso de manipulación. El Referéndum Revocatorio se convertiría en la vía para motivar y para motorizar a la sociedad política venezolana que reclama un cambio para modificar y crear un nuevo sistema político.

El Referéndum Revocatorio bien puede ser una expresión civilizada, una expresión civilizada superior que como camino y como vector democrático superior, estimule y anime a importantes masas democráticas para desplazar esta vergüenza que se llama Madurismo. El régimen ahora está acobardado, pero además acusado internamente y bajo vigilancia, teniendo que enfrentarse internamente al Referéndum Revocatorio. La masa democrática venezolana se abstuvo el 6D del 2020 y luego el 21N del 2021, pero frente a esta oportunidad, empleando el Referéndum Revocatorio crecería el gen democrático harto, expresión democrática para generar un protagonismo al inicio del año 2022 que podría orientar el camino definitivo del cambio político que requiere la República.

La sociedad democrática tiene claro que el Referéndum Revocatorio ganará tiempo, permitirá que crezca un momento político para que los demócratas decidan cívicamente la paz social. En consecuencia, orillará al partidismo, a la política de compra, se dimensionará como una fórmula cívica y civilista distante de la corrupción. La sociedad democrática tiene claro que con el Referéndum Revocatorio crearía un nuevo momento político para la Venezuela democrática. La sociedad democrática, además de ganar tiempo, potenciará nuevas agrupaciones, organizaciones cívicas y civiles, y hasta podrá enviar un mensaje claro y categórico al sinsentido de las bocas de fuego empleadas como medio para contener a los demócratas y a la democracia.

El Referéndum Revocatorio más la masa democrática pudieran ser dos grandes actores, políticos, reales y ciertos para reactivar la participación política contendiente de una nación democrática, subyugada por un régimen inmoral que ya no puede ni tiene argucias para hacer política. Y ello si será posible con el Referéndum Revocatorio como institución acoplada a la Constitución, a la política y cercana a la venezolanidad que está convencida que la democracia, es aquella ecuación donde el individuo está por encima de la comunidad y el Estado.

El Referéndum Revocatorio se convierte desde ya en la vía posible para representar a la mayoría democrática de la opinión, opinión que quiere decir vigilancia, vigilancia que tiene que ver con la libertad de prensa, libertad de prensa que tiene que ver con el sentido crítico de una masa de venezolanos que exigen, se comprenda, que la mayoría de los venezolanos en su sentimiento político y en su voluntad personal y grupal apuesta a la democracia. Democracia para un gobierno representativo, ajustado a la constitución, responsable porque Venezuela crezca y se desarrolle en paz y en armonía política, económica y moralmente. Esa masa cree definitivamente en la decencia y en la decencia de la política como ciencia y como arte y nunca más en la brutalidad, en el primitivismo, las bocas de fuego y el plan de machete y fusil.

La sociedad durante el doloroso y accidentado año 2021, se ha recordado del contrato social que recuerda y anima a la importancia de la ratificación de la igualdad y el complemento de la Constitución más el derecho a la desobediencia civil, si fuese que alguna porción, por creerse dentro de la nación estado poderosa, pudiese intentar perturbar o aplastar la voluntad ciudadana.

El Referéndum Revocatorio puede encausar un nuevo momento político para la democracia venezolana y para un importante y significativo número de venezolanos, que como líderes políticos emergentes, llenos de fe, ánimo y venezolanidad, emergen como líderes políticos para que con genio, se aparten del partidismo y desarrollen una nueva estructura política que tiene la responsabilidad, en este crítico y peligroso iniciar del año 2022, de motorizar a venezolanidad democrática. La sociedad venezolana es capaz de parar importante y crucial realidad nada fácil… pero sí un reto y una necesidad para la salud, desarrollo y evolución de la democracia en la Venezuela estado/nación que nació y debe recuperar su libertad apoyado en la real democracia.

Es auténtico,

Director de CEPPRO-CSB

@JMachillandaP

 3 min


Luis Arías

Propongo llamar “Efecto Barinas” a las consecuencias políticas que derivarán de la contundente derrota por paliza que le dieron los decididos e inteligentes barineses a los chávez, a maduro y a los chavistas este 9 de enero.

maduro y los chavistas quisieron hacer una gracia que los beneficiara, con el triunfo por escaso margen (178 votos) de Superlano y les salió una morisqueta con un margen de 44.000 votos de Sergio Garrido como gobernador del estado Barinas y, lo que es aún más importante, nos prepara para un triunfo de la oposición si seguimos su ejemplo y si es que la oposición abstencionista sale a votar y hacemos lo mismo con maduro y su régimen (Efecto Barinas)

Bastó con la inteligente decisión de votar de los barineses en contra de la apabullante campaña chavista, para la elección del 9 de enero, para obtener tan significativa y aleccionadora victoria, igual ocurriría si hacemos lo mismo para el revocatorio, si no nos lo escamotean, o para las presidenciales, si no patean la mesa después de la derrota, en cuyo caso quedarán en tan mala situación y reputación que no podrán mantenerse en el poder por mucho más tiempo y caerán como lo hizo la Unión Soviética, mucho mas potente y vigorosa.

La destrucción que han hecho del país en todos sus ámbitos y pormenores, obliga a la sensatez y a la unión como único mecanismo para lograr su rescate y reconstrucción y está visto que si no lo hacen los líderes y los partidos opositores, seremos, con el voto unitario, la ciudadanía opositora quienes lo lograremos (Efecto Barinas). Vivan los barineses, el resto de los venezolanos se lo agradecemos y se la debemos.

Tenemos que contribuir todos los venezolanos con el éxito de ese héroe en el que se constituye Sergio Garrido además de los barineses, quienes no la tendrán fácil con el régimen malandro que nos gobierna.

 1 min


Eddie A. Ramírez S.

Dicen los llaneros que cuando sopla el barinés, el Orinoco se encrespa. Este domingo sopló tan fuerte que se encrespó Venezuela y puso a trabucar a la curiara del régimen. Los barineses hicieron suya aquello de que “quien no carga machete, saca la miel con la mano”, copla de Florentino y el diablo, del gran Alberto Arvelo Torrealba. El candidato de la democracia, Sergio Garrido, logró vencer el ventajismo y las trácalas del régimen de Maduro. Bravo por él, por los barineses y por la democracia. Corresponde al régimen y a la oposición extraer lecciones de ese resultado.

Los dirigentes del PSUV tienen que haber entendido que han sufrido dos derrotas importantes, que indican claramente que para sobrevivir les conviene salir de Maduro. El 21N la oposición sacó más votos que el oficialismo y hace dos días el candidato del usurpador sufrió una derrota aplastante. De nada le valió utilizar recursos del poder central y de varios Estados, tampoco el ventajismo comunicacional, las dádivas de artefactos eléctricos, ni las amenazas por parte de los paramilitares rojos. El pueblo barinés evidenció su rechazo al régimen y a un candidato importado e insulso.

Ante estos resultados, producto de la mala gestión de gobierno, Maduro debería renunciar. Tiene que entender que ha empobrecido al país y tiene un rechazo mayoritario. Como probablemente no tomará esa decisión, a pesar de que sería la mejor para él, quienes lo rodean deben quitarle el apoyo, tal y como hicieron los generales chilenos a Pinochet. La vía menos traumática es que el Consejo Nacional Electoral modifique el abusivo reglamento relativo al referendo revocatorio presidencial, atendiendo el espíritu de la Constitución. La salida de Maduro es un requisito necesario, aunque no suficiente, para la recuperación económica de nuestro país, la libertad de los presos políticos, el regreso de quienes tuvieron que exiliarse y la reconciliación de los venezolanos.

Del lado de la oposición, no es momento de festejar en los campos de Capua, ni de soberbia, sino de realizar esfuerzos para convencer a los vencidos de la imperiosa necesidad de que faciliten la realización del referendo revocatorio presidencial contemplado en la Constitución. Además, debemos reivindicar el voto como medio para lograr el cambio. Una vez más, quedó demostrado que la trampa no está en las máquinas y que con una votación masiva, organización, buen candidato y con testigos entrenados se puede neutralizar el ventajismo del oficialismo. Basta ya del mito de que gobierno no sale por elecciones y de creer que Chávez no tenía mayoría. Cierto que hubo trampa cuando no tuvimos testigos, que utilizó indebidamente los recursos del Estado y tuvo a su favor las manipulaciones del CNE.

En otras oportunidades hemos escrito que a veces se justifica votar y en otras abstenerse. En el 2005, todos los dirigentes políticos comentaron en privado que no podían obtener más de una docena de diputados, porque había mucho desanimo a raíz de la derrota en el referendo revocatorio presidencial. Por ello. muchos pensamos que en esa elección era preferible abstenernos porque el costo político era casi nulo, y que con esa presión podríamos obtener un CNE acorde con la Constitución. Desde luego eso no se logró. Sin embargo, aún con un CNE sesgado hemos obtenido éxito en el referendo para cambiar la Constitución, en las parlamentarias del 2015 y en varias gobernaciones. Corresponde hacer un mea culpa sobre las causas de las derrotas sufridas. Estas van desde presentar malos candidatos, no ir unidos, la prédica de la abstención y no contar con testigos en todas las mesas. Nuestros políticos deben tener la valentía de reconocer los errores.

Confieso que pensé que era muy difícil, casi imposible, ganar el 9 E, ya que el régimen tenía mucho en juego. Por eso creí que Maduro daría otro zarpazo. Por fortuna, los barineses respondieron y nuestra dirigencia evidenció su apoyo a Garrido. La tesis de algunos de que Maduro presentó un mal candidato como Arreaza para golpear al chavismo, no tiene sustento. Arreaza es madurista, viene de ocupar importantes cargos en su gobierno y recibió todo el apoyo del Ejecutivo y de gobernadores rojos. La derrota es de Maduro.

El siguiente paso es presionar por condiciones constitucionales para poder realizar el referendo revocatorio presidencial.

Como (había) en botica:

Claudio Fermín puso la cómica. Es un alacrán sin ponzoña. También Daniel Ceballos.

El invento del régimen de que la producción de petróleo llegó al millón de barriles por día la desmonta contundentemente el experto Juan Szabo.

Lamentamos el fallecimiento del distinguido venezolano José Curiel. También el de nuestra amiga Berenice Gómez Tolosa de Delgado.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Agustín Hernández Aja

Nada nos parece más natural que el espacio publico. Siempre que hemos salido del portal de nuestra casa nos hemos encontrado con una calle o una plaza que compartíamos con nuestros vecinos.

Las calles y plazas de antes no estaban diseñadas, pero las hacíamos nuestras al sacar una silla, la comba o el balón. Solo estaban específicamente diseñadas algunas del centro del pueblo o la ciudad (tenían incluso bancos). Las de los barrios, o no estaban urbanizadas o solo contaban con acera y calzada. Peatones y niños andaban por ellas libremente aunque, eso sí, quienes tenían problemas para andar dependían de la ayuda de sus vecinos.

Así era cuando la ciudad se reducía al barrio. Había pocos autobuses y el metro, cuando lo había, era caro. La calle era un espacio doméstico, se salía a tomar el fresco, a hablar con las vecinas, a jugar al fútbol.

Hasta que un día empezaron a aparecer los coches. Primero fueron una novedad que solo obligaba a mover la silla o el lugar del juego pero, poco a poco, nos fueron sacando de la calle –aunque es cierto que a muchos no les importó porque la televisión llegó a nuestras casas–.

Ya no vivimos en las calles de nuestros barrios. El transporte al centro es barato y allí encontramos lo que antes teníamos próximo. Tenemos coches que depositamos en las calles, sin que nos sintamos culpables porque niños y abuelos no puedan usar el espacio que ocupamos como aparcamiento.

La aldea global nos provee, a través de los móviles y los ordenadores, de más contactos de los que nunca habíamos soñado tener. La calle va quedando para los coches y para los que tienen menos o viven en peores casas.

Las calles de hoy no son como las de antes

No todos los vecinos bajan o se sienten cómodos en las calles, ocupadas hoy por coches y por vecinos más pobres y ruidosos que los que se quedan en casa. Hace ya algunos años que nos dimos cuenta de que había que cambiar y mejorar la calle y nuestros ayuntamientos se pusieron a la tarea.

En los primeros años, el motivo era estético, la ciudad se había vuelto más fea y era necesario atraer al turismo. Mas recientemente, se determinó que había que actuar por motivos ambientales, para evitar la multa de la Unión Europea. Tenemos que reducir la contaminación del aire y la única forma de conseguirlo es reduciendo el número de coches y que no circulen por unas calles atascadas.

¿Cómo afrontaron las ciudades el reto? Abrumadas por la tarea, simplificaron el problema. Actuaron primero en el centro y en las zonas de más calidad, olvidando los barrios ya olvidados. El fin era que la inversión fuese reconocida por su calidad y diseño, y se decidió que lo mejor sería hacer concursos. Los premiados fueron los más espectaculares, pero pocas veces consultaron a los vecinos.

Los que vivían en el centro quedaron reducidos a un papel secundario. Sorprendidos por obras y mobiliarios vanguardistas solo vieron paliada una pequeña parte de sus necesidades.

Al ser proyectos para mejorar la imagen externa de la ciudad, las actividades más domésticas como jugar o sentarse a hablar no se consideraban. Nos acostumbramos a que tras las obras hubiese que corregir bordillos, bolardos y escalones, al no ser adecuados para quienes tenían problemas de movilidad.

Mientras tanto, en los barrios las obras se limitaban a las reparaciones. Echando una nueva capa sobre el asfalto agrietado o sustituyendo los bordillos de granito por otros de hormigón. Solo la lucha de las familias conseguía mejorar la acera en la entrada de un colegio. O un grupo de aguerridos vecinos recuperaba un solar como huerto o señalaba la necesidad de un semáforo.

Las calles no se adaptan a las necesidades

Nos encontramos ahora con unas calles urbanizadas que no se adaptan a las necesidades de los vecinos, que se convierten en fuente de conflictos. Vecinos que protestan por las terrazas que se instalan bajo sus ventanas, que se quejan de que un jardín abandonado lo usan solo pobres o marginados. Que tienen dificultad para moverse en un espacio diseñado para la movilidad motorizada y el consumo.

El Objetivo 11 de la Agenda 2030 nos impulsa a “aumentar la urbanización inclusiva y sostenible y la capacidad para la planificación y la gestión participativas, integradas y sostenibles”. Necesitamos reconciliar la belleza del espacio público con su funcionalidad, ecología y utilidad social, haciendo partícipes a los vecinos del proyecto.

Debemos reconstruir la noción de utilidad desde la vista de la cohesión social, hacer espacios donde todos puedan estar y todos se sientan a gusto. No se trata de un proceso sencillo en una sociedad que ha perdido el sentido de comunidad local. Estas necesidades no se pueden resolver sin un proyecto integral. Es necesario que los ayuntamientos abandonen la práctica de intervenir mediante concursos de proyecto y obra que se adjudican a la solución más barata.

¿Pueden las intervenciones sobre el espacio público dar respuesta al mandato de la Agenda 2030? Sí, si modificamos el procedimiento de diseño y ejecución. Tenemos que garantizar la mayor belleza y calidad del espacio, integrando la utilidad social y el reto de la sostenibilidad.

Las vecinas y vecinos tienen que participar tanto en el proyecto como en la gestión de su uso. Hay que prever una fase posterior de ajustes y mediación en los posibles conflictos. El espacio público es el espacio más democrático en el que se desenvuelven nuestras vidas, necesitamos por tanto reconocer al otro y sus necesidades en un espacio diseñado para ellos.

Catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

9 de enero 2022

The Conversation

https://theconversation.com/como-lograr-que-los-espacios-de-las-ciudades...

 4 min


Luís Ugalde, SJ

Siempre he sido contrario a las sanciones que se imponen como un castigo a una falta no existente. Millones de venezolanos sufrimos hoy víctimas de las sanciones. Hay sanciones legítimas e ilegítimas. Las que fueron injustamente impuestas deben desaparecer cuanto antes; de ello depende la vida de los venezolanos y el futuro de nuestra nación.

Sería lamentable que empezáramos el año resignados y con ganas de olvidarnos de las sanciones. No, por lo contrario, este año 2022 debe estar centrado en la rebeldía contra las sanciones, reafirmando la vida digna de todos los venezolanos y el acuerdo nacional para su recuperación.

Los sancionados de la dictadura

Primero fueron y siguen siendo los sancionados de la dictadura y sus disparatadas políticas económico-sociales. El que pone las causas es culpable de los efectos:

Sancionados los 6 millones de venezolanos expulsados del país y el millón adicional de 2022.

Sancionados los millones de empleados públicos castigados a sobrevivir con salarios de menos de 10 o 20 dólares mensuales.

Sancionados los millones de trabajadores sin trabajo, o con trabajo sin ingresos.

Sancionadas las víctimas de miles de empresas cerradas.

Sancionadas las universidades de financiamiento oficial condenadas a recibir menos del 10% del presupuesto necesario.

Sancionado todo el sistema educativo que viene en ruina desde antes de la pandemia con cientos de miles de educadores despojados de su sueldo vital.

Sancionados los médicos, las enfermeras y todos los venezolanos necesitados del sistema público de salud que tenían y, hoy en la ruina.

Sancionados los millones de venezolanos que cotizaron al Seguro Social, ahora obligados a vivir de la limosna.

Sancionados somos todos los que teníamos servicios públicos de: luz, agua, seguridad, transporte... y se nos han arrebatado.

Sancionados los agricultores condenados a no poder producir ni 30% de lo que producían. Sancionados los presos políticos maltratados y los políticos perseguidos, exiliados, escondidos y silenciados por graves amenazas.

Sancionada la población entera despojada de medios de comunicación social expropiados, cerrados y censurados.

Sancionados los militantes y dirigentes de los partidos políticos despojados para entregarlos a los amigos de la dictadura.

Sancionados todos los venezolanos despojados de su Constitución y de los Derechos Humanos consagrados en ella.

Como la lista es mucho más larga y no nos cabe en el artículo, recomendamos al lector que la vaya completando por su cuenta en sus ratos libres.

Las sanciones a los sancionadores

Esas violaciones sistémicas y sistemáticas han llevado a los gobiernos de EE.UU. y otros, a imponer al régimen venezolano duras sanciones contra los violadores, con la intención de obligarlos a devolver la vida a decenas de millones hoy secuestrados.

Necesitamos también liberarnos de las sanciones internacionales que afectan toda la nación y su recuperación. Más aún, necesitamos urgentemente de una decidida política de cooperación internacional con flujo de inversiones e intercambio económico libre y con garantías. Por duro que suene, hay que reconocer que con las sanciones de uno y otro lado no tenemos futuro con este régimen ni con otro.

Acuerdo, abrazo y reconstrucción

Venezuela ha sufrido momentos trágicos en su vida con guerras muy destructivas que se terminaron con el abrazo de quienes se estaban matando. Cito solo nuestra Guerra de la Independencia, la más fratricida de Las Américas; el increíble abrazo del General español Morillo y del Libertador Bolívar en Santa Ana, con su correspondiente armisticio fue el paso para la retirada definitiva del dominio español.

La Guerra Federal fue también de muerte y de episodios salvajes; pero agotadas las arcas y las fuerzas, ambos bandos entendieron que las lanzas, los fusiles, los machetes y el odio entre venezolanos prolongaban sin fin la cadena de muertes. Por eso concluyeron en el Tratado de Coche firmado por los representantes de Páez y de Falcón (24-4-1863). Acuerdo con puntos concretos para cambio de gobierno y de régimen. El Acuerdo de Coche incluyó tres puntos fundamentales:
1) Asamblea Nacional de 80 miembros, la mitad escogidos por el Presidente Provisional de la Federación (Falcón) y la otra mitad por el Jefe Supremo del Gobierno (Páez);
2) Renuncia del Presidente Páez ante esa Asamblea; y
3) Un Ejecutivo Transitorio. Con ello llegaron los liberales al Poder.

Hoy el Acuerdo necesario es para el regreso en serio de la Constitución que el mismo régimen elaboró hace 20 años y luego decidió violarla sistemáticamente, cuando el voto popular le impidió cambiarla.

Venezuela hoy no tiene más salida que el Acuerdo de México (internacionalmente asistido) donde las partes asumen la disolución de este sistema funesto restableciendo la Constitución con algunas reformas básicas acordadas, como volver al parlamento bicameral, eliminar la reelección, reducir el período presidencial de seis años. Esto significa eliminar las sanciones y las antisanciones, realizar elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas y emprender la reconstrucción económico-social, hoy disminuida a menos del 25% de su capacidad; reducida a la miseria.

Estoy seguro de que más del 90% de los venezolanos quiere esto en 2022, sabe que es imprescindible para recrear con esfuerzo renovado una Venezuela productiva, plural e inclusiva; es el necesario y esperanzado renacer de la República.
Es la Venezuela que nace de nuevo sin sanciones.

 4 min


Américo Martín

La aspiración de desarrollar un programa de gobierno de importante calado es legítima y comprensible pero la hegemonía de un partido, por muy popular que sea, por muy buenas que sean sus ejecutorias, puede restringir el alcance de la democracia y con ello incrementar los obstáculos interpuestos a una gestión eficiente.

La fuerza de la democracia reside en los compromisos contraídos en el marco del pluralismo. Es un singular rasgo íntimamente vinculado a los principios de la democracia pero también al éxito de los gobiernos no autocráticos. Un partido eternizado en el poder por la voluntad de los electores se hace víctima propicia de los factores de corrupción. Y adicionalmente levanta resistencias muy poderosas al logro de sus propias ofertas.

En cambio, un partido capaz de aprovechar las energías de las demás fuerzas al comprometerlas total o parcialmente en sus actividades de gobierno, puede mantener relaciones civilizadas y constructivas con todo el país, más allá de separaciones banderizas.

Leyendo España Invertebrada y La Rebelión de las Masas de Ortega y Gasset encontré una apropiada reflexión del gran pensador español. Esas obras fueron publicadas en fechas tan lejanas como 1921 y 1929 y siguientes. Están escritas en un tono muy pesimista. España se disgrega desde la periferia hacia el centro. Se expande la esperanza “salvacionista” en jefes militares victoriosos. Los políticos y sobre todo los parlamentarios, con sus eternas negociaciones, son mirados con desprecio si no burla. Levantándose sobre ese clima de negaciones, Ortega vierte opiniones hechas mías desde tiempos inmemoriales.

En su criterio la causa de la mala prensa de los políticos y los parlamentarios, en contraste con el prestigio de los jefes militares, se debe a su propensión a negociar acuerdos en nombre de los cuales se obligan a deponer parte de sus ofertas para salvar el avance unitario de los países. Los hegemones militares alientan en cambio el retroceso al intentar imponer su sola voluntad.

Era una época de guerras continuas y de generales galardonados. Cuando esos militares llegaban al poder no negociaban con nadie, imponían la totalidad de su pensamiento. Semejante abominación pasaba por “fidelidad a los principios”. En cambio los políticos en sus interminables intercambios podían entenderse con sus enemigos de ayer y arriar en consecuencia algunas de sus banderas tradicionales. Esa supuesta deserción pasaba por cobardía, falta de firmeza y oportunismo.

El problema es perfectamente lógico y claro. Querámoslo o no las sociedades son plurales, no idénticas a sí mismas Hay un océano de opiniones y un lago de teorías de gobierno. Así es la realidad, hostil en el fondo a quienes quieren dictar órdenes voluntariosas contra comunidades con el fin de “disciplinarlas” y someterlas.

El supremo objetivo de los partidos democráticos es desarrollar sus programas sin desarbolar a los demás, sin reducirlos al silencio, oyéndolos y aceptando sus aportes. No es dable ni justo gobernar para una secta homogénea. Obviamente, la gestión de gobierno deberá deponer algunas de sus ofertas para gobernar para todos.

¿Qué hacer entonces? ¿Aniquilar a quienes no piensan como uno para poner toda la carga a marchar sobre un riel de acero? O por el contrario entender la obligación de recibir y darle respuesta a la pluralidad de criterios, lo cual no puede lograrse sino mediante el diálogo y la negociación tan reprochados a los políticos.

El diálogo por cierto se justifica más cuando se trata de adversarios o enemigos. En otras palabras: el diálogo no es un ornamento, no es una concesión graciosa; es parte esencial de la gobernabilidad, forma de eliminar peligros, manera de avanzar en lo posible con toda la sociedad y no contra ella.

La imposición de una sola corriente de pensamiento tiende en cierto momento a darle rango a la fuerza del militarismo, la autocracia o la dictadura; y en cambio las negociaciones aproximan democráticamente pensamientos, aprovechan las energías de muchos, todo lo cual permite hacer avances efectivos, así puedan no ser deslumbrantes.

Citando esta parte del pensamiento orteguiano, me he permitido recordar un archiprobado resultado: la humanidad debe mucho más a los acuerdos y compromisos políticos que a las hazañas de militares impacientes y hostiles al pluralismo.

La Historia es curiosa, graciosa y misteriosa. Los temas de la preocupación de Ortega desde los años 1920, del mundo en la Segunda Guerra Mundial y de Latinoamérica militarizada a lo largo de la década de los años 1950, desaparecieron drásticamente en los siguientes 40 años, al punto de ser evocados ocasionalmente como simples curiosidades sepultadas en un lejano pasado. Y sin embargo, para escándalo colectivo, reaparecieron con fuerza inesperada durante la primera década y varios años adicionales del nuevo milenio. Por desgracia en el nuevo milenio los milagrosos hallazgos de la revolución informática-comunicacional y de la navegación espacial parecen volver a convivir con las malas costumbres de nuestras antiguas autocracias militaristas.

Sin ideas claras ni conciencia demasiado despierta, impactado por el antimilitarismo y con una formación doméstica y vecinal contraria a las dictaduras, entraré a la década de los años 1950. Ni imaginaba cómo habría de afectarme. En los primeros de esos años seré arrastrado a la política, a la bronca política donde reinarán otra vez militares y autócratas.

No imaginé jamás las duras experiencias político-personales que me tocaría vivir. Tenía vagos prejuicios antipolíticos, combinados con la admiración por líderes históricos y por ambientes de creatividad y humor populares. Tomaré mis pasos iniciales por el oficio como un juego transitorio, una especie de pasantía o –dicho en términos beisboleros– como una “clínica” para ampliar mi formación cívica.

¡Ah! Si hubiera sabido lo que me esperaba…

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 4 min


Alejandro J. Sucre

Hubo una vez que los inversionistas operaban bajo el modo de altos riesgos altos rendimientos. Y bajo esa concepción invertían en países emergentes. Pues ya eso no se cumple. Ahora economías como la estadounidense ofrece altísimos rendimientos y bajos riesgos y se convierte en una aspiradora de inversiones. Venezuela para atraer inversiones debe competir con países desarrollados. Para eso debe hacer mas atractiva la inversión extranjera. Esto quiere decir que los políticos venezolanos deben reducir el riesgo de invertir en Venezuela y abaratar los precios de los activos a privatizar para que sea atractiva. Sin inversiones para reactivar la economía, Venezuela no va a ningún sitio. El trabajo de los políticos venezolanos es atraer inversiones. No es robar el dinero de los venezolanos para ellos invertirlos a titulo personal en las grandes bolsas de las potencias del mundo. No es perpetuarse en el poder, ni pelear como malcriados contra ningún imperio como excusa para permanecer en el poder. El trabajo de los políticos es crear puentes con todos los imperios y empresas del mundo, con los ciudadanos venezolanos y atraer visitas de todos los talentos del mundo que nos ayuden a reposicionar y desarrollar nuestro potencial económico del futuro. Es hacer leyes, invertir en infraestructura sin corrupción, reducir tramites, cambiar actitudes culturales y estimular la educación en tecnología de manera que venga mucha inversión de todas partes. Si uno tiene una fabrica de caramelos no escoge si vende a los chinos o a los rusos o a los americanos. Los caramelos se los vende a todos. Así debe ser Venezuela, atractiva para todos. Los rusos, los chinos y los americanos invierten entre sus países. Los políticos venezolanos que tanto les gusta sentirse como libertadores y en los medios de comunicación deben llevar un registro de cuanta inversión atraen como parte de su campaña política. Deben destacarse no por su indolencia al hablar de otros políticos, sino por comunicar las bondades de invertir en Venezuela. Ningún dirigente venezolano debe pelear con el imperio ni con ningún otro país. Todo lo contrario. Debe atraer inversionistas de todos los países.

Venezuela tiene mucha posibilidad de inversión en áreas de la economía, pero nuestros políticos espantan a las inversionistas en sus peleas sin fin y en su competencia de quien roba mas o tiene mas fondos mal habidos en el extranjero. Esta polémica tan cruel e infantil entre la oposición G4 y el oficialismo termina llevando a los venezolanos al raquitismo, y a emigrar, mientras los ciudadanos de los países desarrollados viven en abundancia, alegría y trabajo. Venezuela no es el ombligo del mundo ni los países emergentes. Todo lo contrario, ya países como EEUU ofrecen rendimientos anuales de 25 % anual o más a quienes invierten en sus miles de empresas que listan en la bolsa de valores de ese país. Los inversionistas sin ningún esfuerzo, sin calarse la corrupción ni los discursos primitivos y egocentrista de ningún político o sus disparates ponen su dinero en un índice en la bolsa de valores de NY y se ganan un 25%, y si compran acciones de alto rendimiento hasta 200% o mas. Ya los países emergentes no ofrecen mejores rendimientos a más riesgo. Esa cultura marxista de que los países desarrollados explotan a los subdesarrollados es una falacia. Ya los países desarrollados buscan hasta sus propias fuentes de energía y materia primas. La Bolsa de valores de EEUU rompió ese mito. Ya la ecuación alto riesgo alto rendimiento se hizo obsoleta. Ningún país del mundo ofrece los rendimientos de Google, Amazon, Microsoft , Facebook etc.. Y los países emergentes que proveen materia primas también pasan a ser menos importantes. Con las nuevas tecnologías EEUU es una aspiradora de inversiones del mundo y crece más rápido que China. La Bolsa de Moscú creo que fue la única en el mundo que cayó de valor en el 2021.

Así que a dejar la confrontación tan tonta contra EEUU y a negociar entre políticos venezolanos para que el pueblo pueda crecer y ser feliz y participar del desarrollo mundial que solo llega con inversiones.

Existen 60 bolsas principales en el mundo que varían en tamaño, volumen de operativa y capitalización bursátil, la medida empleada más relevante. Todas esas bolsas ofrecen títulos valores interesantes a los fondos mundiales. Venezuela debe aprestarse para atraer inversiones en lugar de convertirse en paria y evitar enemistarse con otros países. Existen múltiples opciones para aprovechar los movimientos de estas bolsas, no solo como en las acciones en las decenas de miles de empresas que las conforman, sino también en los diferentes índices que existen dentro de su ámbito. Puede utilizarse, por ejemplo, las opciones para operar en índices como el NASDAQ, el FTSE 100 o Wall Street, así como para diversificar inversión en otros mercados y países en divisas o materias primas. Rendimientos a los inversionistas que ofrecen otras bolsas.

Bolsa de Nueva York (New York Stock Exchange) 27%
MSCI World Index 17 % recoge los cambios de las grandes bolsas del mundo en 23 países desarrollados.
Bolsa de Londres (London Stock Exchange) 14 .3%
Euronext 22%
Bolsa de Shangai: 3.7 % (Shenzhen Stock Exchange)
Bolsa de Moscu -3.76 %

Twitter: @alejandrojsucre

 4 min