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Opinión

Maxim Ross

Puede decirse, con soberana razón, que el tema de nuestro tiempo es el de la desigualdad y no porque sea más importante que el de la libertad, que también lo es, sino porque logra ocupar todos los espacios de opinión pública y en la agenda de los organismos internacionales, especialmente por el impacto que ha tenido la pandemia en su empeoramiento. Ello sucede, probablemente, por varias razones. Una de ellas es que es más sensible y más cercano a los problemas cotidianos de la gente que aún están pendientes de resolverse a nivel mundial. Carestías, hambrunas, marginalidad, inmigración, etc. etc., siguen ocupando la atención internacional. Otra razón, puede ser, porque evidentemente la desigualdad se defiende con números que son más expresivos y convincentes que los informes y artículos que se publican sobre la libertad y esta es más difícil de conmensurar. En esta dirección los trabajos y el libro principal de Thomas Piketty (El Capital) han contribuido eficazmente a ponerlo en la agenda internacional y a levantar la alarma[1], pero: ¿Tiene razón Piketty?

LOS NUMEROS DE PIKETTY

La tesis principal del autor es que la desigualdad, vista como fenómeno generalizado, está aumentando inexorablemente en el mundo. Los números que respaldan su afirmación provienen de dos fuentes. Por un lado, dice que la proporción de las rentas del capital (utilidades, dividendos, rentas, e intereses) está creciendo más rápido que el crecimiento económico, por lo que todos los beneficios del capital ocupan una parte creciente del ingreso mundial, con lo cual este toma la mayor parte del total y por otro lado, los ingresos del trabajo van en dirección contraria.

Como consecuencia de ello los ricos se hacen más ricos, una muy pequeña parte de la población captura la mayor parte de la riqueza, los más pobres participan cada vez menos en el reparto y, desde luego, aumenta la desigualdad dentro de cada país e inter países. Obviamente, el razonamiento y las conclusiones del autor provienen del uso de los números de distribución del ingreso nacional entre capital y trabajo, reeditando, de alguna manera la visión clásica de la economía política.[2]

¿UN TEMA NUEVO PARA EL MUNDO?

Si realizamos un breve repaso en la historia económica nos encontramos con que su tratamiento ha sido extenso, desde la perspectiva de la economía política que lo ubicó entre los vestigios del colonialismo y sus legados en términos de distribución de la riqueza mundial, hasta su focalización en los argumentos del “centro y la periferia” que dominaron el pensamiento económico por los años sesenta y cerrar, mucho después, con la discusión sobre “convergencia y divergencia”, que estuvo vigente más recientemente, hasta la pregunta de si el subdesarrollo (simil de una distribución inequitativa del ingreso mundial) era producto de una ley “natural e inexorable” que lo perpetuaba eternamente.

Posteriores logros de crecimiento económico y aumentos del bienestar que se dieron después de la segunda guerra convencieron al mundo de una alta tendencia a la convergencia. Países “pobres” salieron del subdesarrollo y se hicieron más ricos. El tema había pasado de moda hasta que llegó el COVID, pandemia que terminó de recolocarlo en la agenda pública con demostraciones fehacientes de su efecto fulminante en los países y sectores de población más pobres y vulnerables. Sin embargo, con todo y ello reitero la pregunta:

¿TIENE RAZON PIKETTY?

Revisando trabajos e investigaciones relacionadas con el tema confirman la opinión que me estoy formando sobre el tema de desigualdad en general y no solo con respecto a la tesis de Piketty al que creo equivocado por la misma razón que voy a exponer. Puede ser cierto, como indica y lo revelan otros estudios de rango similar[3], que exista una mayor concentración del capital en el mundo, evidencia de su distribución inequitativa y también que ese hecho produzca un resultado similar en la composición de los ingresos totales y per cápita, al concentran más recursos en menores manos y en los sectores y países más ricos.

Lo que interrogo desde esta perspectiva es que el fenómeno se observa desde una perspectiva restringida de la actividad económica, esto es dentro del lado de la oferta y de las remuneraciones a los factores productivos, pero no de la ampliación de las actividades productivas que ha producido el capitalismo y tampoco de sus efectos en el campo de la demanda y del consumo, siendo que en esa esfera de la economía también se encuentran rasgos de igualdad o desigualdad.

Mi hipótesis es que, tanto Piketty, como los estudios citados, dejan de lado el profundo y equitativo cambio que produjo el capitalismo, no solo en el terreno de la apertura de las actividades económicas, sino también en la generación del consumo de toda la humanidad y estos elementos, sin duda, tienen que ser ponderados debidamente cuando se trata de medir desigualdad generalizada.

En mi opinión el drástico impacto que el capitalismo produjo en esos componentes, en la multiplicación del consumo y los servicios, inclusive medido por el exponencial crecimiento de estos en lo que va del siglo XVIII hasta ahora, debería ser evaluado a la hora de hablar de desigualdad, lo que implica que la utilización del concepto solo desde de ese lado de la oferta lleva a una caracterización errada del tema. Creo que Piketty comente ese error y no le ha sido cuestionado, al igual del tratamiento que hacen el Banco Mundial y otros seguidores del tema.[4]

LA HIPOTESIS QUE PRESENTO.

Creo que existe un argumento que no he encontrado expuesto y que, obviamente, expongo de manera hipotética y tendría que ser validada por la serie de datos correspondientes[5], pero de lo que no me cabe duda es que el capitalismo haya producido más igualdad en el mundo que cualquier sistema económico previo[6] y aun, en algunos países que han tenido que apelar a él para mejorar el bienestar de su gente y, desde luego, disfrutar de una mayor igualdad.[7]

Aunque la base de mi tesis es principalmente, cualitativa, existen datos relevantes que ilustran lo que defiendo, como por ejemplo que el ingreso y el consumo por habitante se multiplicaron consistentemente a partir de finales del siglo XIX y en todo lo que va del XX al XXI y nada mejor iguala que ese gran salto. La población que estaba concentrada en la agricultura encontró una nueva forma de laboriosidad en la industria y, luego, en los servicios, con lo que el empleo modifico la vida rural a la urbana. La cantidad de personas que tuvieron acceso al trabajo cambió radicalmente y, si bien los salarios no crecieron al igual que las ganancias, tal como defiende nuestro autor, de ese status a la esclavitud hay una distancia considerable.

La competencia, rasgo distintivo del capitalismo, abrió las puertas a millones de nuevos empresarios, cercándolo el paso a la elevada concentración de la riqueza, del ingreso, del poder económico y político del antiguo mercantilismo, igualando las capacidades económicas a un límite nunca visto, a pesar de las tendencias a monopolizar algunas actividades. La competencia, de nuevo, demostró ser el arma más eficaz contra ellos. La globalización, expresión más reciente del auge del comercio y de las inversiones interplanetarias, igualó naciones y áreas productivas nunca preexistentes.

El tema de la desigualdad, planteado solo del lado de la concentración de los ingresos del capital y el trabajo, lo que hace solamente, es reeditar el argumento de Marx, ya fuera de sintonía con el estado actual de la economía teórica, porque ya sabemos que no todo se puede reducir a capital y trabajo como creyeron los clásicos. Mucho menos sancionar la desigualdad con ese solo argumento.

Y ello sin mencionar el poderoso cambio, cuantitativo y cualitativo, que se está produciendo en el mundo con la era cibernética y digital, el cual no solo redefine actividades productivas, sino que termina difuminando las diferencias entre capital y trabajo en el mundo de hoy.

Esta es mi última entrega en el 2021. ! Con los mejores deseos para mi lectores en el 2022!

[1] Recientemente en una entrevista para el El País dijo que estábamos en situación parecida a la que precedió a la Revolución Francesa.

[2] Quizás, por la misma razón, su libro principal se llama El Capital, emulando el mismo título del de Carlos Marx.

[3] World Bank. 2021. “The Changing Wealth of Nations 2021: Managing Assets for the Future.” Summary Booklet. World Bank, Washington, DC.

[4] “Según estimaciones del Credit Suisse Research Institute, la mitad inferior de la población mundial posee menos del 1 por ciento de la riqueza total. Como marcado contraste, el 10 por ciento más rico posee el 88 por ciento de la riqueza mundial, mientras que el 1 por ciento superior por sí solo representa el 50 por ciento de los activos globales”[4] Credit Suisse (2017): Global Wealth Databook

[5] Una oportunidad interesante de investigación para la Academia y los “Think Tanks” especializados en el mundo.

[6][6] Las diferencias de concentración del poder económico y político entre el “ancíen Rėgime” (el medioevo, el mercantilismo y el colonialismo) y el surgimiento de la burguesía capitalista es más que evidente.

[7] De todos ellos el caso más indiscutible es el de la China, aunque, ahora le siguen Vietnam, Laos y otros. También la India puede ser incluida como ejemplo de esta transición al capitalismo.

 7 min


Américo Martín

Cuando AD llega al poder pone a Andrés Eloy y Augusto Malavé Villalba a dirigir la Asamblea Constituyente; presidente el primero, vicepresidente el segundo. Estaba respondiendo a lo que se esperaba del “partido del pueblo”. Poesía, humor, narrativa, teatro popular difundieron ampliamente esos tipos. Había un natural regodeo en ver al sindicalista que cambiaba la “l” por la “r” ocupando la vicepresidencia de la Cámara de Diputados. ¡El cojo Malavé en la curul donde habían pontificado José Gil Fortoul y otras eminencias! Ciertos sectores de la clase media se burlaban de los “alpargatudos”. Los adecos, imitando el estilo de su fundador, convertían el agravio en virtud:

En 1941 había nacido Acción Democrática. Casualmente, en la misma fecha Miguel Otero Silva fundó el periódico humorístico más popular y de mayor calidad que se hubiera leído hasta ese momento en Venezuela. Hablo del país donde habían brillado Leo y su Fantoches, Job Pim y antes Rafael Arvelo. Con Miguel estaban en El Morrocoy Azul excelentes humoristas y escritores: Kotepa Delgado, Aquiles y Aníbal Nazoa, Isaac Pardo, Víctor Simone de Lima y Andrés Eloy Blanco. ¡Un adeco de tan alto calibre trabajando en un instrumento periodístico fuertemente crítico y burlón, en su mayoría dominado por los comunistas! ¿Qué hacía Andrés Eloy en ese grupo? ¿Cómo se lo permitían los comunistas y los adecos?

Se lo permitían porque los intelectuales de la época eran más tolerantes que sus propios partidos, porque flotaban en el aire efluvios unitarios nacidos en la lucha contra el gomecismo, y porque se trataba de gente de gran talento y el talento de algún modo termina por ser reconocido y aceptado.

Simone de Lima, por cierto, hizo famosa su tira cómica El Bachiller Mujica. La evolución o involución de este personaje de ficción fue llamativa. De Lima se inspiraba en los plumarios que les traducían las barbaridades a sus jefes; en el caso de marras, el galleguiano general Pernalete. El bachiller Mujica se las acomodaba a formas legales o leguleyas, como se prefiera.

– ¡Mujiquita!

– A sus órdenes mi general, respondía atemorizado y derretido.

El éxito de De Lima fue inmediato porque la administración gomecista y todas las que lo han seguido, están repletas de estos pobres gusanos obsequiosos.

El problema vino con el cambio de gobierno. De Lima se amistó con la dictadura y, con la misma, el Bachiller Mujiquita se hizo más antiadeco. La involución no extinguió la chispa de De Lima. En sus tiras cómicas, su Bachiller parodiaba a Betancourt cual Bonaparte con una mano metida bajo el chaleco. ¡El Napoleón de Guatire! lo llamaba.

Noticias de los comunistas venezolanos

Alrededor de 1947 supe por primera vez de la existencia del Partido Comunista. En mi casa, como en la mayor parte del país, los comunistas eran pintados con ferocidad y no obstante su candidato, Gustavo Machado, era recibido con amabilidad y hasta simpatía. Su origen social, su distinción y gracia expresiva podrían explicar la paradoja. En mi familia, en el barrio y en el Colegio Los Caobos, los comunistas eran percibidos como una sombría amenaza que arrebataría propiedades, disolvería el vínculo familiar y desgajaría a los niños de sus padres. Nadie dudaba, por otra parte, que en un eventual conflicto EEUU y sus aliados derrotarían al oso soviético. Pero escuchando las jactancias que, como es natural, emitían los comunistas del mundo nos invadían las preocupaciones. El tema rebotó inevitablemente en el colegio. Armando Benacerraf pensaba en un resultado indeciso. Entre todos quisimos convencerlo, pero él, con una sonrisa confiada decía que los rusos invitarían a los norteamericanos a ingresar en su territorio:

  • Vengan, vengan, repetía reforzando las palabras con movimientos de las manos. Entre el frío y los ataques por sorpresa –insistía- se saldrán con la suya.

Él era tan anticomunista como podíamos serlo nosotros, pero disfrutaba en el papel del aguafiestas, dueño de secretos inalcanzables por sus ingenuos contradictores. Tiempo después descubrí que en aquel debate parvulario, Armando estaba reproduciendo la mala suerte de Napoleón Bonaparte. Seguramente su padre le había proporcionado el argumento. El confiado emperador quería vencer al enemigo con un solo golpe demoledor. Daba vueltas en el inmenso y helado territorio buscando el corazón de Rusia para destruirlo, pero aquel país no tenía un corazón sino muchos. Por ignorarlo, el emperador sufrió una catastrófica derrota.

@AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

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José Luis Cordeiro

¡Feliz año 1922! Sí, 1922 y no 2022. Este no es un chiste malo de navidad, sino la triste realidad de la Venezuela actual, lamentablemente.

Venezuela comenzará el año 2022 con un ingreso por habitante similar al de 1922, en bolívares constantes, basado en los pocos datos oficiales confiables. Los ingresos reales de la población no sólo se han estancado, sino que han retrocedido a los niveles de 1922. ¿Cómo es posible que un venezolano en el año 2022 gane lo mismo que otro en 1922? ¡Esto significa todo un siglo de desarrollo perdido!

En 1922, Venezuela era un país con un futuro promisorio, donde todo estaba por hacer. La economía crecía rápidamente y el país no tenía casi deuda externa, ni interna. El presupuesto público estaba balanceado y la inflación era tan baja que a veces llegaba a ser negativa (deflación). Un siglo más tarde, Venezuela es un país con un futuro incierto, un gobierno autista, una economía rentista en crisis, una enorme deuda externa, una creciente y no contabilizada deuda interna, un gran déficit fiscal y la inflación más alta del mundo.

¿Qué ha pasado?El fracaso económico (y se puede agregar también el fracaso político y social, además del gran fraude educativo y sanitario) no ha sido por falta de recursos. De hecho, la pobreza sigue aumentado aunque el régimen actual ha recibido enormes recursos petroleros: más de 1.000.000.000.000 de dólares desde que el chavismo llegó al poder. ¿Dónde están todos esos “reales”? ¿Qué pasa con los presupuestos millonarios que sólo han servido para crear más miseria? ¿Cómo se convirtió la Venezuela próspera y receptora de inmigrantes de 1922 en la Venezuela paupérrima y generadora de emigrantes de 2022?

En estas fechas de relativa tranquilidad, vale la pena reflexionar sobre lo mal que comenzamos este nuevo año. Cada año que pasa, Venezuela retrocede en términos reales. Reflexionemos abiertamente sobre cómo ya perdimos todo un siglo para que no perdamos también el siglo XXI. ¡Feliz año 1922!

www.cordeiro.org

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Carlos Raúl Hernández

En 2000 se descubrió el Evangelio de Bernabé también llamado Biblia de Turquía. En él, entre otras muchas cosas, se afirma que no crucificaron a Jesús, sino a Judas quien lo suplantó en el martirio, y engañaron así a María, a Magdalena, y a la Humanidad entera que no se dio cuenta. Tampoco Jesús era el Redentor sino un profeta al estilo de la creencia musulmana. En 2006 se conoció, después de largas peripecias, el Evangelio de Judas, que hace esfuerzos por reivindicar al símbolo de la traición con argumentos filosóficamente no desdeñables (cumplía una misión fijada desde la Eternidad). Cristo vino a la tierra a morir por los pecados del hombre, y Judas fue el instrumento de Su voluntad a conciencia de ambos. En 1945 hallaron 52 textos en Egipto, entre ellos el Evangelio de Pedro, Apocalipsis de Santiago y Evangelio de Tomás. Sobre el último se rodó Estigma (Wainwright:1999) con Gabriel Byrnie y Patricia Arquette.

Consiguieron fragmentos del Evangelio de Magdalena que la identifica como discípula más que favorita del Maestro y líder de los apóstoles. Los investigadores afirman que en el siglo II circularían más de doscientos evangelios, término cuya traducción real, más que buena nueva, es biografía de Cristo. Como sabemos Ireneo de Lyon establece el Canon de cuatro: Mateo, Lucas, Marcos y Juan. Los otros se denominan apócrifos, elaborados por grupos gnósticos que ponían en discusión los principios. Esta proliferación de textos indica que el cristianismo nació en medio de una intensa polémica, que lejos de cesar, se ha mantenido por dos mil años, desde el Evangelio de Tomás hasta las proclamas de Camilo Torres. A lo largo de veinte siglos hubo sectores empeñados en construir una institución estable y poderosa,

Sus antagonistas que odiaban el poder de la Iglesia, se dedicaron a cuestionarla e incluso destruirla, a nombre de una relación directa entre el pueblo y Dios, sin los recamados hábitos de los obispos ni riquezas materiales. En el apócrifo Tomás, ponen en boca de Cristo “búscame en una piedra o en un pedazo de madera y allí estaré”, leitmotiv de la película (entonces ¿para qué Iglesia?) Un convulso proceso político estableció los cuatro Evangelios canónicos y los, en total, veintisiete libros del Nuevo Testamento. El teólogo Orígenes fue el primero que intentó configurar un canon, pero su antisemitismo lo hizo excluir todos los documentos judíos en beneficio de los griegos. Esta ofensiva secesionista y herética hizo reaccionar a los activistas que organizaban las diócesis dispersas de Alejandría, Siria, Corinto, Roma, Atenas y Nicea.

Empuñaron los cuatro evangelios como arma ideológica para enfrentar a Orígenes. Cerca del año 180, en medio de una furiosa represión romana, Ireneo, Obispo de Lyon, en histórica demostración de liderazgo, confirmó los cuatro Evangelios y excluyó los demás. Para enfrentar torturas, asesinatos y piras, tuvo la genialidad estratégica de reforzar un credo unívoco y sencillo sin las dudas gnósticas que erosionaban la jerarquía, el liderazgo de los obispos, la Iglesia misma y hasta las bases de la fe. Mateo, Marcos, Lucas y Juan configuraban un programa político-ideológico y moral que daba fuerzas a cientos de mártires para morir heroicamente por él. A la mártir inmortal, Blandina (que de blanda no tenía un pelo) la sentaron en una silla de hierro calentada al rojo, mientras gritaba su fe. Más tarde, cuando las cosas cambiaron y el emperador Constantino se cristianizó, convocó el Concilio de Nicea en 326.

Habla suavemente. Allí se ordenó editar cincuenta ejemplares de la Biblia oficial para las cabezas de las iglesias locales, ahora bajo un comando único en Roma. A lo largo de veinte siglos, la Iglesia enfrenta en repetición borgiana, grupos internos que la ponen en la picota, con exponentes tan brillantes como Lutero y Calvino, que intentan desmantelar su estructura de poder. Una de las últimas fue la Teología de la Liberación, brazo cristiano del castrismo. Los primeros cristianos, entre decenas de grupos judíos que predicaban en el Imperio, se presentaban como una fuerza subversiva que amenazaba a los paganos con el infierno, el juicio Final, el Día de la Ira, la “explosión social”, cuando el pueblo tomaría venganza aterradoramente en las calles contra los gentiles. Pero en poco tiempo sus líderes conjugaron un discurso para ganar a los romanos y no para aterrarlos y cede la aterradora agitación apocalíptica.

Lograron éxito político universal gracias a la progresiva moderación de su perfil, y logran el milagro de suavizar a sus verdugos, los emperadores romanos. Más tarde Constantino (316) y Teodosio (380) se convirtieron a la fe y la hicieron religión oficial del Imperio. Si el paganismo era profuso en eróticas diosas que vivían intensidades pasionales con los humanos, el santoral cristiano se pobló de santas, vírgenes y ángeles. Entre Mateo y Lucas hay un importante y sutil cambio. De “bienaventurados los que tienen hambre” a “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”; y de “bienaventurados los pobres” a “bienaventurados los pobres de espíritu”, replanteamiento semiótico, invitación a los ciudadanos romanos y a los que no pertenecían a las masas de menesterosos que pululaban en Roma. Fuera la amenaza radical, llevan veinte siglos de hegemonía.

@CarlosRaulHer

 4 min


Werner Corrales

Con motivo del triunfo de Boric en Chile se despiertan nuevamente entre nosotros las poco racionales “discusiones de redes sociales” sobre lo mejor y lo peor que puede suceder a Venezuela (y a las sociedades latinoamericanas) cuando enfrentan la disyuntiva de votar por candidatos de izquierda o de derecha, viendo a esas opciones como arquetipos: la izquierda extrema destructora de instituciones y logros materiales, de un lado, y del otro la derecha retrógrada que rechaza toda evolución social y apela a la represión sistemática para mantener sus privilegios.

Ignorar así las características de cada país y cada candidatura resulta de la manipulación populista de imaginarios de los diversos grupos sociales, manejo que hacen todas las campañas comunicacionales que buscan polarizar. Y esa polarización alcanza no solo a los grupos de electores del país que vive los comicios, sino también a los “mirones” de otros países que recrean en aquellas elecciones sus propios temores y fantasmas.

En uno de los chats en que participo fui testigo (mirón de palo) de una discusión en la que un participante decía -palabras más, palabras menos- que en Chile hubo un “pecado original” de destrucción izquierdista (el gobierno de la UP), del cual derivaron 17 años de dictadura de derecha, la que enderezó los entuertos y encaminó al país al progreso material y a una democracia liberal que hoy Boric pone en peligro.

A mi manera de ver, semejante razonamiento ignora cómo y por qué llegó Allende al poder, en un país con enormes diferencias entre grupos sociales que ya advertían los partidos democráticos.

En fin, creo que en Venezuela y en toda América Latina hay diferencias sociales que ameritan reformas muy profundas, por ejemplo, en el acceso a la educación de calidad, en la atención de salud y en la seguridad social, que den a todas las familias oportunidades reales de progreso. No hacerlo genera cada día más razones para que la izquierda extrema gane elecciones; dedicarse a cazar brujas entre la izquierda reformista o a desmerecer las reformas necesarias con argumentos tecnocráticos, solo favorece a las opciones revolucionarias.

21 de diciembre 2021

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Gregorio García

Entrevista a Fernando Mires en el diario La Razón de España

1 ¿Ha sido una sorpresa el triunfo de Boric? Aunque él no es comunista, se dice que Chile es un país donde existe una impronta muy anticomunista...

Aún sin encuestas el triunfo de Boric se veía venir. Pues así como el sorpresivo triunfo de Kast en la primera ronda puede ser explicado como una reacción ciudadana a la violencia y al desorden que caracteriza a la “nueva izquierda”, el de Boric en la segunda vuelta puede ser entendido como una reacción ciudadana al discurso extremista, patriarcal y excluyente de Kast. Boric logró, mejor que su adversario, entregar una imagen de orden y amplitud, gracias sobre todo al apoyo que recibió de los partidos de la ex Concertación.

Podríamos decir que en la segunda vuelta, Boric dejó de ser solo el candidato del Frente Amplio para llegar a ser el de un “frente amplísimo”. A la vez, Kast obtuvo un apoyo muy condicionado de las derechas, demostrándose así que las grietas derechistas son por el momento más profundas que las de la izquierda. A ello debemos agregar la reciente trayectoria electoral de Boric. Ya en las primarias había derrotado al postulante comunista, Jadué, con un discurso orientado al centro político. Boric, por lo tanto, no tuvo que hacer grandes esfuerzos para demostrar que él era un demócrata de izquierda. Kast en cambio tuvo serios problemas para presentarse como un candidato no extremista. Nunca intentó separarse de la figura simbólica de Pinochet, de su talante autoritario y de su inflexibilidad ideológica. En una frase: Kast representaba mucho más al pasado que al futuro. Boric, más al futuro que al pasado.

2 ¿Cree que muchos votantes de centro le han apoyado en las urnas?

Si no hubiera sido por el apoyo de la centroizquierda, Boric nunca había logrado alcanzar la presidencia de Chile. Naturalmente, los votantes de centro, vale decir, la mayoría del país, escucharon las voces de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, dos mandatarios que jamás se movieron fuera del ámbito constitucional. Boric, en cierto modo, logró representar la continuidad histórica de la izquierda democrática y así fue visto por el electorado. No como un enemigo sino como un continuador de sus vivientes ancestros. La deuda que ha contraído Boric con la centro-izquierda es enorme.

En cierto modo Boric representa una alianza de la izquierda insurgente del siglo XXl con la izquierda democrática del siglo XX. Si esa alianza llegará a manifestarse a nivel orgánico, está todavía por verse. Ojalá sea así. No debemos olvidar que el estallido social de octubre del 2019 fue canalizado constitucionalmente gracias a los esfuerzos de la izquierda democrática. El plebiscito del 26.10. 2021 fue, para decirlo metafóricamente, un logro de los “mencheviques” y no de los “bolcheviques” chilenos. El triunfo de Boric cierra entonces un ciclo: el de la reconstitución política de la nación. El broche final será la nueva constitución, nacida teóricamente del pueblo. Para muchos será un desastre, para otros una revolución victoriosa. Probablemente no será ni lo uno ni lo otro. Lo que no se puede negar es que Boric será la representación presidencial de un nuevo ciclo histórico.

3 ¿Qué significa la victoria de Boric en un país como Chile, donde la estabilidad y la moderación han sido la bandera durante tres décadas?

No sé si muchos sectores lo habrán calculado, pero, paradojalmente, el candidato de las revueltas, Boric, logró representar mejor que su adversario la promesa de la estabilidad y de la moderación.

Kast, si era fiel a su ideología, estaba obligado a interrumpir el proceso que llevaba a la reconstitucionalización de Chile. Solo esa intención habría empujado al país a un enfrentamiento de fatales consecuencias, quizás al borde de una guerra civil. Kast – y no lo ocultaba - representaba la alteración de un curso político en marcha. Boric, su continuación.

La candidata Provoste, en una de las pocas frases felices de su pobre campaña electoral, dijo que “Kast representaba un orden sin cambio y Boric un cambio sin orden”. La incorporación de la centro-izquierda democrática asegurará el mínimo orden que necesita un país para reconstituirse de modo político.

4 ¿Cree que Boric tiene margen para hacer cambios importantes: fiscalidad, educación, pensiones..... teniendo en cuenta que no tiene mayoría clara en el Congreso?

Dependerá de muchos factores. En primer lugar, de los presupuestos. La transformación de un estado económicamente excluyente en un estado social no es cosa de un día. Tampoco es gratis. En segundo lugar, de la capacidad del gobernante para distinguir adversarios de primer y de segundo grado a fin de realizar con los segundos consensos que le permitan, mediante negociaciones, obtener mayorías puntuales. Para lograr ese objetivo, Boric necesitará del concurso de la centro-izquierda.

La extrema izquierda es muy útil para agitar las calles. Pero para gobernar, no sirve. No sé si Boric es consciente de que uno de los principios de una buena gobernancia es, y debe ser, “se hace lo que se quiere a la medida de lo que se puede”.

¿Cree que con la victoria de Gabriel Boric se consolida un giro a la izquierda en América Latina?

Desde épocas inmemoriales se escucha que toda América Latina se va a la izquierda, o que toda se va a la derecha. Yo no creo ni en lo uno ni en lo otro. En este momento podríamos decir que se ve una orientación hacia la izquierda, - y será más notoria si Petro llega al gobierno de Colombia - . Pero no hay que olvidar tampoco que los contingentes de Macri tienen sitiados a los dos Fernández en Argentina.

Por otra parte, me niego a calificar a las dictaduras de Cuba y Nicaragua, así como al autoritarismo de Venezuela, como de izquierda. Son gobiernos que de hecho no se dejan regir por la geometría izquierda- derecha. Equivalen más bien a las dictaduras autocráticas de Europa como las de Bielorrusia y a autocracias como la turca, la húngara y la polaca, todas mal calificadas como de “derecha”.

Izquierdas y derechas solo pueden existir en un orden democrático. Yo dividiría más bien a América Latina en dos franjas políticas: una anti-democrática y otra democrática.

En esta última, a la que pertenece Chile, existe la alternancia en el poder. Hoy priman los gobiernos de izquierda. Mañana, seguramente, primarán los de derecha.

20 de diciembre 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/12/fernando-mires-el-triunfo-de-ga...

 5 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Al poco rato de pisar diciembre, últimos días del año, uno sucumbe a la tentación de ensimismarse. Es una suerte de costumbre emocional que opera como reflejo condicionado y dispara la necesidad de reflexionar para ver cómo nos ubicamos en el marco de esta actualidad tan complicada, tan incierta.

Desde el murciélago hasta Bill Gates

Resulta imposible, así ´pues, discurrir por estos días sin aludir a ese animalito microscópico (el SARS-COV-2, como lo llaman los científicos), que ha bordado nuestra vida con una pandemia que poco a poco se nos va haciendo eterna. Inevitable, igualmente, hablar, de la confusión respecto a su origen, puesta en evidencia dentro un menú de explicaciones que van desde los cambios ecológicos hasta el castigo divino, pasando por un fulano murciélago, un ataque terrorista, la creación en un laboratorio, el nacimiento en un mercado chino y hasta la intervención, con quien sabe cuáles intenciones, de Bill Gates, el “filántropo perverso”, como algunos lo identifican. Todo ello ocurre a pesar de que diversos organismos internacionales (también el Gobierno de Biden), aseguran que no cejarán en su esfuerzo hasta identificar cómo y donde surgió el patógeno letal, pregonando a cada rato a que están a punto de hallar la respuesta.

En medio del panorama anterior, las dudas se extienden hasta los medios de protección recomendados, bien sean las vacunas (en sus distintas versiones), otros tipos de medicamentos (la cloroquina, por ejemplo), la mascarilla o incluso hasta la propia estrategia del confinamiento

La sociedad de la información muestra, así, algunas de sus ¿paradojas?, generando un exceso de datos, opiniones y noticias que a la postre deja muchas preguntas en el aire y alimentan nuestro enredo respecto a lo que ocurre y a lo que va a ocurrir. A propósito de ello, ante el surgimiento de la última versión del virus, algunos psicólogos indican que las alarmas han dejado de asustarnos, que la gente se está descuidando. Es, señalan, como si estuviéramos desarrollando “anticuerpos contra el miedo”, justo en el momento en que el Informe de Riesgos Globales, publicado este año por el Foro Económico Mundial (FEM), advierte que las enfermedades infecciosas a escala mundial ocupan ahora el primer puesto.

El síndrome del estadio vacío

La pandemia nos ha cambiado el rostro del tiempo. Los relojes apenas sirven, casi no importa que sean las dos o las cuatro de la tarde. Nuestra existencia es ahora digital y transcurre principalmente en las redes sociales, conforme a nuevos y muy distintos patrones, generando, por supuesto, perfiles diferentes de inequidad social que traslucen las disparidades de la “realidad real”.

La vida es “una locuacidad permanente”, como escribió Javier Marías. Uno echa de menos la época analógica, a la par que eleva el susto por el metaverso de Zuckerberg y otras ideas parecidas que asoman en el horizonte una suerte de realidad paralela, en donde, según los expertos, va a deslizarse la mayor parte de nuestras vidas, ojalá sea esto una exageración, ruega uno.

Afirma Menotti, gran entrenador argentino, que el mundo del fútbol gira alrededor de la relación del futbolista con la gente. Si no hay gente en un estadio, el futbolista no es futbolista. Algo parecido, creo, ocurre con nuestra vida en medio de la pandemia. Experimentamos, digámoslo así, el síndrome del estadio vacío.

La Casa ¿Común?

Desde principios del año 2020, cuando surgió la pandemia, el discurso dominante sobre su gravedad subrayaba la aparición de un problema cuya solución comprometía a toda la humanidad, que nos curábamos todos o que no se curaba nadie, dado que habitamos en una “Casa Común”, conforme a la expresión que popularizo el Papa Francisco. Pero, tal como lo predijeron algunos escépticos, las palabras no brincaron a los hechos, a pesar de que han cobrado forma algunas iniciativas importantes, representando sin duda una señal de esperanza.

En este planeta vertebrado por la desigualdad social, en el que el 10% de la población mundial con mayores ingresos concentra el 52% de la renta global y la mitad de la gente apenas recibe el 8%. Adicionalmente, las reglas que pautan el comportamiento de la economía han permitido que el minúsculo patógeno haya vuelto más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

No debe extrañar, entonces, que diez países concentren el 80% de las vacunas y que en África escasamente el 3% de la población haya recibido su dosis Cada país ha ido, entonces, resolviendo las cosas según va pudiendo, visto que los terrícolas no acabamos de entender la solidaridad, más que como una virtud, como una necesidad. Su “convivencia” se encuentra signada por el tribalismo, el sectarismo, la polarización, prueba de que no todos vamos en la misma lancha, remando en la misma dirección. En muchos lugares, demasiados, la política ha dejado de entenderse como un medio que hace posible que vivamos juntos. Se ha debilitado cada vez más el compromiso con lo común y la falta de los consensos básicos nos enfrenta unos a otros. El mundo continúa dibujado, en trazos muy fuertes, por conflictos que, a estas alturas, en este contexto, son un absurdo histórico.

Protección a cambio de vigilancia

Distintos estudios muestran que alrededor de dos tercios de la humanidad vive en países cuyo gobierno actúa en formato autoritario, el cual empieza a observarse también, en grado variable, en naciones que venían siendo identificadas como democráticas. En efecto, bajo el comprensible propósito de proteger a la población mediante las medidas requeridas para prevenir y curar, éstas han servido adicionalmente para reforzar un sistema de vigilancia social orientado controlar y manipular la vida de los ciudadanos, recogiendo y almacenando datos que permiten saber no solo adónde va y con quién se encuentra una persona, sino también para observar qué pasa en el interior de su cuerpo (su presión sanguínea, pulso del corazón, actividad cerebral). En esta dirección, el dictamen de Naciones Unidas y de otros organismos es muy claro respecto a la violación de los derechos humanos mediante el uso indebido de los dispositivos biométricos.

Conclusión: un jalón de orejas

La vida en el planeta azul venia revelando sus costuras desde tiempo. Numerosas advertencias que en algún momento sonaron alarmistas, son hoy en día difíciles de negar, salvo por algunos grupos de empecinados que sostiene que en lo del cambio climático, por ejemplo, hay mucha alharaca.

La pandemia ha colmado el vaso, aunque algunos añoran el regreso a la “normalidad”, ignorando que esta fue la que nos trajo hasta donde nos encontramos ahora. En efecto, el crecimiento eterno, en contextos sociales inequitativos, ha orientado el paso del desarrollo durante un tramo largo de nuestra historia en todas las sociedades, se califiquen de derecha, de izquierda o de centro. La pandemia es un jalón de orejas para los terrícolas, un llamado a que reinventen sus modos de vida como especie, conciliando lo local con lo global (“glocalización”, según los entendidos). La reinvención debe tener lugar en medio de los cambios tecnológicos que empiezan a moldear la sociedad desde otras posibilidades que aún no desciframos del todo.

Ante todo lo anterior, y como lo leí en Nexos, una revista mexicana, “Sólo hay una pregunta: ¿Cambiará la humanidad debido a los destrozos provocados por Covid-19?. Sólo debería haber una respuesta.”

El Nacional, miércoles 22 de diciembre de 2021

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