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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Cada vez que una mujer aparece bajo la regadera en alguna secuencia cinematográfica, va a morir en manos de un terrible asesino, o por lo menos a pasar un buen susto hasta que el galán la rescate. Probablemente termine destripada a cuchillo limpio, marca indeleble dejada en el cine por Psicosis (creo). Pero ese es apenas uno entre otros ripios sin los que buena parte de las películas no existirían. Aquel clásico del humor, la serie Locademia de policía, las de Blake Edwards y las de Quentin Tarantino, entre otras, se dedican a burlarse de eso. En una de aquellas, el desalmado homicida entra a la sala de baño donde la regadera empapa a la desnuda e inocente víctima, que canta despreocupada Memory, la exquisita pieza de Cats, en la que el personaje declama la aspiración rehacer su corazón roto, en la inagotable y taquillera obra de Andrew Lloyd Webber.


Y en vez de tasajearla como se espera, el malencarado sicario termina cantando a coro la dulce melodía y llorando a lágrima partida un desengaño amoroso. ¿Qué sería incluso de grandes cintas, en las que todo dependió de que el protagonista rompiera unas cadenas con un buen tiro de pistola? Hay que pasar por alto que en la vida real la bala, al chocar con el implacable acero, debiera más bien desintegrarse, convertirse en talco de plomo y si fuera ella también de acero, desviarse y seguir su camino. ¿Qué pasaría sin la interesante propensión a explotar de los automóviles en Hollywood, al menor choque o volcamiento, lo que hace suponer que no llevan en sus tanques derivados del petróleo, sino nitroglicerina? ¿O quiere alguien un recurso más prodigioso para resolver situaciones sin que las manos del protagonista se manchen con un homicidio, que esa maravilla del golpe en la cabeza que desmaya al enemigo, lo mantiene fuera de servicio por el tiempo necesario y no deja secuelas criminales en el fúlgido héroe?

Este no tuvo así que matar un número exagerado de bandidos sino propinar un buen cachazo en la mollera y aquí no ha pasado nada. Son lo que llamaría un filósofo "cosificaciones", coágulos en el lenguaje cinematográfico que se presentan también en cualquier otro. Para hablar del hablado, hay que recordar que cuando la marabunta de gobierno aún estaba medio agazapada, produjo una epidemia de forúnculos lingüísticos, difundida por los más cultos del país, tales como "cuarta república", "puntofijismo", "cogollocracia", "soberano", "poder constituyente", "ilegitimidad", que rápidamente se hicieron del habla política de todos. Más tarde se introduce así el maquiavélico “los llamados” presos políticos –Lenin decía: “los llamados intelectuales; buen viento se lleve a esos cochinos”- complementado por “políticos presos”, retruécano maravilloso equivalente a panaderos presos o mecánicos presos. Esas jugosas carnadas verbales las mordieron hasta los demócratas (¿quedan de esos especímenes?: Jardier Poncela se preguntaba cándidamente, sobre si sobre la tierra “¿hubo alguna vez once mil vírgenes?")

Uno de los rasgos distintivos de la hegemonía cultural, es que torna su lenguaje en atmósfera. Durante el período democrático resonaron las frases y los conceptos de Rómulo Betancourt. "La violencia es el arma de los que no tienen la razón", "venezolano siempre, comunista nunca", "votos sí, balas no", “la democracia es la única manera de vivir decentemente”, hasta las "multisápidas hallacas". Hoy nuestra semiología política muere inane. Algunos dirigentes, de los que se esperan estrategias, planteamientos de fondo, recomendaciones para lograr objetivos, se presentan ante los medios con quejas, lamentaciones de barbería. O hablan- hablaron (ya ni siquiera hablan) el leguaje que les donó la revolución, como jacobinos del siglo XVII (legitimidad, constituyente, soberanía popular. Con las religiones, más que ideologías, posmodernas el lenguaje corroído por la “inclusividad” (palabra en sí misma sospechosa y de pésimo olor) cuajado de pequeños vómitos verdes, heteropatriarcalismo, micromachismo, interseccionalidad, pansexualismo, androcentrismo, misoginia, techo de cristal, transversalidad, empoderamiento, no binario, invisibilizar, género, perspectiva de género; discriminación indirecta y otro montón de gafedades patógenas.

¿Por qué repetir aquello tan pavoso del "granito de arena", que puede producir estornudos o urticaria, tal como llamar al agua “vital líquido”? Y el curiosísimo lo que es. Ya nadie dice "maté una cucaracha", sino "maté lo que es una cucaracha". El bicho, a la manera hegeliana, como cosa en sí y no cosa para sí, su coseidad, aclara que lo que se pega a la suela cuando pisas el insecto es el ente y no el ser. El asunto es de alta jerarquía filosófica, aunque se preste a raspar el zapato con la acera. Juan David García-Bacca dice que cualquiera sabe lo que es la vida, una presurosa y breve cadena de experiencias que todos tratan de amargarse entre sí, hacérsela lo más miserable posible, pero nadie o muy pocos saben qué es la vida, algo que hasta ahora carece de respuesta filosófica. Intriga que nadie dice el gobierno, sino el tema del gobierno, ni la inflación, sino el tema de la inflación. Precaución epistemológica, tal vez, pues como la realidad es básicamente incognoscible, decir tema alude un precinto racional y no la cosa en sí. ¡Quién sabe!

@carlosraulher

 4 min


Ismael Pérez Vigil

No es fácil seleccionar los hechos políticos más importantes de 2021; por lo tanto me limitaré a hacer un resumen de los mismos y referirme a aquel que me llamó más la atención y me pareció más relevante.

En el manojo y diversidad de acontecimientos políticos que ocurrieron en 2021, destaco los siguientes:

  • Juan Guaidó es ratificado como Presidente de la Asamblea Nacional (AN), y por consiguiente como Presidente del Gobierno Interino.
  • El Gobierno de los EEUU −del recién juramentado Joe Biden−así como el de Canadá, Gran Bretaña y otros Estados, así como el Congreso de los EEUU, reconocen al Gobierno Interino de Juan Guaidó; de igual manera la UE y el gobierno de los EEUU reconocen como legítima a la AN de 2015 y ambos, durante el año, ratificaron y establecieron nuevas sanciones contra funcionarios del régimen venezolano.
  • El Parlamento Europeo, reconoce también la continuidad de la AN 2015 e indican como única solución para Venezuela la de efectuar: “elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y locales que sean creíbles, inclusivas, libres, justas y transparentes…”.
  • No obstante, también se producen algunas desafecciones hacia el Gobierno de Juan Guaidó, como por ejemplo las de los gobiernos de Rep. Dominicana, Panamá, Perú y se va notando la desintegración del Grupo de Lima, que en años anteriores había brindado gran respaldo al Gobierno Interino.
  • Surge una nueva alianza en la oposición democrática, más amplia y con características más incluyentes: la Plataforma Unitaria, integrada por más de 40 partidos, grupos de la Sociedad Civil y los diputados electos en 2015.
  • La AN oficialista electa en 2020, instaló un nuevo CNE, con dos rectores provenientes de las filas opositoras: Enrique Márquez y Roberto Picón Hernández, pero conservando el régimen la mayoría en el organismo.
  • Se inician nuevas conversaciones o acuerdos de diálogo en Ciudad de México entre la Plataforma Unitaria, incluido el gobierno interino de Juan Guaidó, y el gobierno de Nicolás Maduro; tras la firma de un "memorándum de entendimiento" se realizan tres sesiones de diálogo, hasta que el régimen de Nicolás Maduro suspende su participación en octubre, en protesta por la extradición a los EEUU de Alex Saab.
  • Como mencioné en el punto anterior, es extraditado a los EEUU Alex Saab y permanecen detenidos en España Hugo Carvajal, ex jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar de Hugo Chávez y Claudia Diaz Guillén, ex enfermera y ex Tesorera de Hugo Chávez, a la espera de ser también extraditados a los EEUU.
  • Dos importantes informes sobre la situación de derechos humanos en Venezuela fueron presentados al Consejo de Derechos Humanos de la ONU; uno de ellos por la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en el que destacó la situación de los presos políticos, la continuación de la criminalización y judicialización en contra de los defensores de los DDHH, la continuación de las detenciones preventivas y el agravamiento de la crisis humanitaria, por efecto de la pandemia COVID19; el otro, fue el informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, que resaltó que el régimen de Nicolás Maduro: “no ha adoptado medidas tangibles, concretas y progresivas para remediar las violaciones a los derechos humanos”.
  • Karim Khan, nuevo Fiscal de la Corte Penal Internacional, tras su visita a Venezuela, informa su decisión de investigar formalmente, por crímenes de lesa humanidad, a funcionarios del Gobierno de Nicolás Maduro
  • El 21 de noviembre (21N) se realizan elecciones regionales y locales, en donde participa con la tarjeta de la MUD la alianza opositora que representa a la Oposición Democrática.

De todos estos acontecimientos políticos, sin duda las elecciones del 21N y sus resultados marcan, para tirios y troyanos, un antes y un después. Por mi parte, de raigambre optimista y que siempre veo el vaso medio lleno, los resultados de esa elección, sin ser como para lanzar cohetes, no me parecieron del todo malos para la oposición. Por ejemplo, los que dicen que el régimen tiene todo controlado y solo hace “concesiones” a la oposición, no sé cómo explicarán que “permitió” que se le escaparan de sus garras la friolera de 123 alcaldías y que más de la mitad, 63, quedaran en manos de la MUD, de la oposición democrática, que antes tenía menos de 25. Las cifras permiten todo tipo de acomodos y explicaciones, cada quien las amolda y adapta a sus intereses políticos, a su interpretación de los hechos, pero me parece que pasar de 25 a 63 alcaldías, y que el gobierno deje de controlar un total de 123, tiene algún significado, aun en un contexto de baja participación electoral.

Ese resultado del 21N fue para mí el hecho más resaltante de la política en este año, por todo lo que implica: Primero, la decisión opositora de participar en el proceso electoral y ojalá signifique que se deja atrás la suicida y perniciosa política de abstención, que solo beneficia al régimen, porque está en mejor capacidad de movilizar a sus seguidores a votar, con halagos o bajo amenaza; segundo, a pesar de la distorsión que produce la abstención, yo veo una recuperación en penetración popular de la oposición democrática, con estas alcaldías y concejos municipales que se le arrebataron al régimen; y tercero −lo más importante−, que para nadie es un secreto que la dirigencia opositora, centralista, se vio presionada a participar en el proceso electoral, por el empuje y la exigencia de las dirigencias locales y regionales de los partidos, que en conjunción con la sociedad civil, se embarcaron en una dura y desigual campaña y lograron recuperar esas alcaldías para el pueblo democrático.

Nadie espera que los alcaldes resuelvan el tema de la hiperinflación, el desempleo, la falta de producción nacional, el hambre y otros agudos problemas que acogotan a la población. No será a nivel local que se resuelva la crisis del país; pero, los alcaldes sí pueden contribuir a resolver muchos problemas cotidianos, dadas sus competencias, tal como las establece el artículo 178 de la Constitución, que invito a leer, pues no las voy a enumerar aquí. Para destacar la importancia de este resultado electoral, me basta con recordar que el alcalde y el concejal son los primeros funcionarios públicos, electos, que están en contacto con la gente y sus problemas cotidianos; además, que los gobiernos locales tienen ingresos propios, que no dependen del gobierno central.

Pero la tarea de la sociedad civil y los partidos políticos locales no concluye con estos resultados; de modo que no los pasemos rápidamente a la trastienda, pues bien sabemos que, dada la dificultad del gobierno central para controlar los ingresos y recursos de los municipios, emprendió en el pasado la persecución, destitución y encarcelamiento de los alcaldes. Toca ahora organizarse para evitar que eso pase nuevamente y también, no lo olvidemos, para contrarrestar la amenaza de una “ley de comunas” que ronda por allí, con la que se pretende, según su articulado, restar funciones y recursos a alcaldías y concejos municipales. Estas son dos de las tareas, políticas, que tiene la oposición para 2022.

Parte de los temas mencionados arrastrarán su influencia hasta el 2022 y varios muy importantes arrancarán en los primeros días del año; pero, entre todos ellos y los temas posibles que poblarán el próximo año, hay uno que quiero comentar, pues se debe estar decidiendo a finales de este año y principios de 2022 y mi próximo artículo saldrá el 8 de enero.

Y es que, tan pronto como comience el año, el 5 de enero, vence el llamado Estatuto de Transición, aprobado el 26 de diciembre de 2020 por la AN de 2015, y que dio origen al Gobierno Interino, presidido por Juan Guaidó. La discusión sobre este punto ya se está dando en este momento y seguramente se profundizará en los próximos días.

Paralelo a este tema está la discusión acerca de los aciertos y pifias del Gobierno Interino y la Presidencia de Juan Guaidó; discusión que se viene desarrollando informalmente y de manera muy dañina por prensa y redes sociales y que está lejos de resolverse. Es una discusión que entre sus aristas toca la de la estrategia opositora para enfrentar a este oprobioso gobierno; toca también el tema de la indispensable renovación de los partidos políticos y su anquilosada dirigencia, rechazada inocultablemente por muchos venezolanos; toca también la necesidad de rendir cuentas, dadas las alegaciones y discusión acerca del manejo de fondos y activos; en fin, es un tema pendiente y como sabemos, para cada una de estas cosas hay posiciones y propuestas, enfrentadas algunas y no en los mejores términos. No es el caso de reproducir ahora los argumentos de cada una.

Pero la disolución del Gobierno Interino y la presidencia de Juan Guaidó, en mi opinión, no son temas que se despachan fácilmente, dadas sus repercusiones internacionales y la posición de nuestros aliados −como los EEUU, la Unión Europea, Canadá, Brasil, Colombia y otros−, para quienes la AN legítima es la de 2015 y otros solo reconocen a Juan Guaidó, unos como Presidente Interino, otros como Presidente de la AN 2015 −única que consideran legítima−, y todos como líder de la oposición democrática. No creo que sea estratégicamente inteligente desplazar la estructura del Gobierno Interino de Juan Guaidó, sin tener claramente definida y con consenso, una estructura y una figura que los reemplace.

“Con esta entrega concluyo mis actividades por este año, que reanudaré el 8 de enero, deseando a todos unas muy Felices Pascuas y los mejores deseos por un venturoso 2022, en el que demos pasos decisivos para la liberación del país. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo a todos!”

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 7 min


Jan-Werner Müller

Sabes que organizaste una buena fiesta cuando quienes no estuvieron invitados la critican.

La Cumbre de la Democracia del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que ha reunido a más de 100 países en un foro virtual de dos días que inició el jueves, ha sido calificada por funcionarios chinos como una “broma” y como un caso siniestro de imperialismo. El embajador de Rusia se unió a su contraparte de China para criticar a Washington por su nueva “mentalidad de Guerra Fría”. Sin embargo, el verdadero problema con la cumbre es más trivial. Radica en plantear la disputa entre democracia y autocracia como una lucha por ver cuál de las dos puede cumplir las metas de crecimiento y estabilidad.

Ese enfoque promueve excusar a líderes de extrema derecha favorables a las empresas, como el primer ministro de India, Narendra Modi, y le sigue el juego a los líderes con aspiraciones autoritarias en las democracias occidentales, como Donald Trump en Estados Unidos y Silvio Berlusconi en Italia, quienes creen que un Estado se debe dirigir como un negocio. Lo más importante es que subestima a la democracia, un ideal basado en la libertad y la igualdad.

La cumbre se ha planteado una serie de objetivos, entre ellas combatir la corrupción y promover los derechos humanos. Se trata de metas honorables, claro. No obstante, también debería intentar hacer algo más simple pero indispensable en la competencia con los sistemas autocráticos: defender los valores fundamentales de la democracia, entendida como un sistema sólido en el que todos reciben el mismo nivel de respeto y consciente de la incertidumbre de la participación masiva.

La democracia no es solo valiosa instrumentalmente (si ese fuera el caso, podríamos optar por otros sistemas que nos ofrezcan más cosas). Es valiosa en sí misma.

¿Desesperadamente ingenua? Bueno, parece que esa discusión ya se zanjó. Incluso los detractores de la cumbre no critican a la democracia en abstracto; los autócratas simplemente la relativizan al insistir que ningún modelo se puede ajustar a todos. Los intelectuales en varios lugares, desde Budapest a Pekín, están listos para adornar esas aseveraciones interesadas con eufemismos sofisticados para referirse a la falsa democracia, términos como “democracia iliberal” y “democracia popular de todo el proceso”.

Es verdad, los conceptos centrales de la experiencia política moderna están sujetos a discusiones intensas. Sin embargo, los juicios sobre la democracia no son simplemente subjetivos. Como mínimo, según el politólogo nacido en Polonia Adam Przeworski, la democracia es “un sistema en el que, si los mandatarios pierden las elecciones, dejan el poder”.

Los autócratas hacen todo lo posible para evitar cualquier de esos dos destinos. Manipulan con cuidado las elecciones para que no haya dudas sobre los resultados y, si su poder está amenazado, parecen dispuestos a cambiar los procedimientos. Hoy, los aspirantes a autoritarios dentro de las democracias tradicionales siguen la misma estrategia, como muestra la maniobra —conocida como gerrymandering— del Partido Republicano estadounidense en la manipulación de la circunspección electoral de partidarios para subvertir los resultados electorales que no les gustan.

En la definición sucinta de Przeworski se deja ver algo más. Apunta, en primera instancia, a la certeza. Para que los mandatarios pierdan y dejen el cargo, es necesario que haya una aceptación común de los procedimientos democráticos, como las leyes de elecciones justas, que respalden todo el proceso. Pero también significa aceptar la incertidumbre. El candidato que ganó la última vez podría perder ahora: la imprevisibilidad es una característica, no un error.

En sí misma, la incertidumbre no es un valor: después de casi dos años de pandemia, se nos podría perdonar anhelar que el futuro fuera más estable. Sin embargo, la incertidumbre en la democracia es, en el fondo, el resultado de la libertad de los ciudadanos. No sabemos qué pasará, porque la gente puede cambiar de opinión o pensar en algo completamente nuevo.

Detrás de esto hay algo intrínseco a la democracia: la fe en los conciudadanos. Uno no deja de creer en las personas que considera sus pares políticos. Por supuesto, primero debes reconocerlas como tales. Entre otras cosas, muchos partidarios de Trump tienden a negar las derrotas electorales porque no consideran a las personas negras y morenas como parte de una mayoría legítima. Pero la señal de una democracia saludable no es que todo el mundo sea amable, porque los conflictos pueden ser caóticos. La señal es que no se hace distinción entre ciudadanos de primera y segunda clase, o entre la “gente real” amada por los populistas de derecha y el resto de las personas.

El matrimonio entre la certeza y la incertidumbre le confiere a la democracia su carácter distintivo. Alexis de Tocqueville señaló la peculiar coexistencia en las democracias del caos y la conmoción en la superficie, y una confianza de fondo que los ciudadanos tienen unos en otros y en su sistema político. No hay garantías, naturalmente. Una ilusión compartida por muchos occidentales después de la Guerra Fría era que las democracias siempre se iban a autocorregir y renovar. No solo no fue así, sino que también hemos aprendido por las malas que los líderes autoritarios pueden aprender de sus errores.

Lo que no pueden hacer es asegurarles a los ciudadanos un estatus político igualitario. Podrían generar prosperidad, pero no la sensación de un futuro abierto: la “estabilidad social” promovida por los intelectuales que apoyan al Partido Comunista Chino es una en la que el pueblo nunca podrá disfrutar de verdad de sus libertades porque los poderosos podrían volverse contra ellos de manera repentina. Las figuras autoritarias que fueron invitadas a la cumbre —como Modi y el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro— deben ser criticadas sobre todo por incitar al odio contra sectores de las poblaciones que lideran. A menos de que se declaren dictaduras, es difícil volverse más antidemocrático que eso.

Las democracias más longevas deben ser autocríticas no porque carezcan de estabilidad o padezcan de un “exceso de democracia”, como dicen los funcionarios chinos. Deberían preocuparse precisamente por lo contrario: que sus sistemas puedan cambiar muy poco y que algunos no gocen de igualdad política. En su país, Biden tiene mucho trabajo por hacer. Estados Unidos sigue amenazado por el populismo plutocrático, una combinación tóxica de guerra cultural en la base y, en la cima, unos ciudadanos ultrarricos que intentan cooptar el sistema político.

Ansioso con la posibilidad de que la cumbre no se convierta en solo una sesión fotográfica y tres minutos de sermones de 100 líderes, Biden les ha pedido a sus invitados que definan compromisos específicos que puedan ser examinados en una reunión del próximo año. Incluso si es difícil imaginar que Irak, Angola o, incluso, Polonia tomen medidas para incrementar la incertidumbre de los gobernantes de turno, Estados Unidos debería liderar el camino mediante el fortalecimiento del derecho al voto y haciendo que el poder político dependa menos del dinero.

Estas reformas concretas serían especialmente poderosas si se combinan con respaldo a las virtudes de la democracia que vaya más allá de una charla predecible de buena voluntad. Sí, es posible que la democracia no siempre entregue resultados inmediatos. Pero es el único sistema que puede asegurar una posición política igualitaria para todos, así como las contiendas políticas que no siempre ganen los mismos. Realmente no se puede poner precio a eso.

Profesor de política en Princeton y miembro del New Institute de Hamburgo, Alemania. Entre sus libros están ¿Qué es el populismo? y Democracy Rules.

10 de diciembre 2021

NW Times

https://www.nytimes.com/es/2021/12/10/espanol/opinion/cumbre-democracia-...

 5 min


David Marchese

Con la publicación en Estados Unidos de su libro Sapiens, en 2015, el historiador y filósofo israelí Yuval Noah Harari se situó en la primera fila de los intelectuales públicos, una posición que consolidó con Homo Deus (2017) y 21 lecciones para el siglo XXI (2018). El tema central de Harari es la idea de que lo que impulsa a la sociedad humana ha sido, en general, la capacidad de nuestra especie de creer en lo que él denomina ficciones, esas cosas —ya sean dioses o naciones— cuyo poder reside en que existen en nuestra imaginación colectiva; nuestra fe en ellas nos permite cooperar como sociedad. El amplísimo alcance de los textos de Harari, que abarca desde el pasado prehistórico hasta un futuro lejano y oscuro, le ha convertido en una especie de test de Rorschach andante. “La idea equivocada que se suele tener de mí”, dice Harari, que a los 45 años acaba de publicar, como coautor, Sapiens. Una historia gráfica, volumen 2: Los pilares de la civilización (Debate, 2021), dentro de una serie de adaptaciones de su obra a la novela gráfica, “es que soy el profeta del juicio final, o todo lo contrario, que creo que todo es maravilloso”. Cabe la posibilidad de que ambas cosas sean verdad. “Cuando el libro sale a la venta, dejo de controlar las ideas”, dice.

Pregunta. Algunas de las grandes ideas sobre la humanidad que usted ha contribuido a popularizar —que las ficciones y las construcciones sociales tienen poder político, o que el Homo sapiens puede estar acercándose a la obsolescencia por motivos tecnológicos— existen en diversas modalidades desde mucho antes de que escribiera sobre ellas. ¿Qué cree que tiene su forma de transmitirlas para ser tan convincente?

Respuesta. Una hipótesis es que el campo del que procedo es la historia, y muchos intentos recientes de crear este tipo de gran síntesis se han hecho desde la biología y la evolución o desde la economía y las ciencias sociales. En las últimas décadas parecía que las humanidades se habían dado por vencidas y que tratar de construir relatos complejos se había convertido casi en tabú. Pero la perspectiva de las humanidades es esencial. Muchas preguntas filosóficas que preocupan a la humanidad desde hace miles de años están volviéndose prácticas. Antes, la filosofía era una especie de lujo: podías dedicarte a ella o no. Ahora sí que hay que responder a cuestiones filosóficas cruciales sobre qué es la humanidad o la naturaleza del bien para decidir qué hacer, por ejemplo, con las nuevas biotecnologías. Es decir, quizá he llegado a la gente porque vengo de la perspectiva de la historia y la filosofía, y no de la biología o la economía. Además, mi idea central es sencilla. Es la autoridad de las ficciones, el hecho de que, para comprender el mundo, debemos tomárnoslas muy en serio. El relato en el que creemos configura la sociedad que construimos.

P. Cuando está trabajando en algo que implica llegar a conclusiones generales sobre la humanidad, ¿es difícil determinar si esas conclusiones son banales?

R. Bueno, he descubierto que, cuanto más banales son, más impresionan a la gente.

P. ¿Ese es el secreto?

R. Todo esto que digo sobre los relatos de ficción fue una de las cosas más importantes que aprendí en el primer año de la licenciatura en Historia. Pensaba que era un lugar común y que todo el mundo lo conocía. Y resultó que para mucha gente fue un gran descubrimiento saber que existían estas construcciones sociales y la realidad intersubjetiva. Yo pensaba que era la cosa más banal del mundo.

P. Ver que lo que usted consideraba lo más banal del mundo acaba siendo increíblemente popular, ¿le ha vuelto cínico?

R. No. Lo único que significa es que falla la comunicación entre grandes sectores de la comunidad científica y grandes sectores de la población. Cosas que la ciencia y los expertos saben desde hace muchos años siguen siendo novedades para la gente. Así son las cosas.

P. Un campo en el que la comunidad científica sí ha sabido comunicar claramente es la dimensión de la crisis climática, y lo que están diciendo los científicos y muchos otros es que es un problema increíblemente urgente. ¿Por qué cree usted, entonces, que sigue faltando la voluntad política mundial para abordar el problema de la manera que requieren las catástrofes al acecho?

R. Para elaborar un relato atractivo es importante tener unos enemigos humanos. Con el cambio climático, eso no existe. Y nuestra mente no ha evolucionado para absorber este tipo de historia. Cuando evolucionamos como cazadores-recolectores, nunca se planteó que pudiéramos cambiar el clima de manera perjudicial para nosotros, así que esa era una historia que no nos interesaba. Lo que nos interesaba era que algunos miembros de la tribu estaban planeando matarnos. Por eso tenemos un problema narrativo con el cambio climático. Por suerte, todavía estamos a tiempo de arreglarlo. Según las informaciones más fiables que he leído, si empezamos ahora a invertir el 2% del PIB anual mundial en desarrollar tecnologías e infraestructuras sostenibles, debería ser posible prevenir una catástrofe climática. Y lo mejor del 2% es que, aunque es mucho dinero, es perfectamente factible. Si necesitáramos el 20% le diría que es imposible, que es demasiado tarde. ¿Pero el 2%? Reasignar el 2% del presupuesto de una partida a otra es el trabajo de cualquier político. Sabemos hacerlo. No debemos caer en la posición apocalíptica de que se nos acaba el tiempo y es el fin del mundo, sino centrarnos en algo más práctico: el 2% del presupuesto. No hace falta más.

P. ¿Se puede crear un relato que cautive con la reasignación del 2% del PIB mundial?

R. Hablar del 2% del PIB no impresiona mucho, pero eso es precisamente lo que tiene de bueno. Es esperanzador. No hace falta que transformemos toda la economía y volvamos a vivir en una cueva. Basta con que reasignemos el 2%. Ya está. Me parece un mensaje muy potente. Y hay otros relatos. Si observamos movimientos como el de Greta Thunberg y todos los jóvenes, lo que están diciéndole al mundo es que estamos sacrificándolos en el altar de nuestra codicia y nuestra irresponsabilidad. No están hablando de algo confuso como la cantidad de CO₂ en la atmósfera. Es un drama humano en el que los viejos sacrifican a los jóvenes.

P. Ya sé que le hacen muchas veces esta pregunta u otra parecida, pero ¿cómo interpreta que sus obras sean tan populares en Silicon Valley? Como ha señalado usted, allí hay gente cuyo trabajo tiene consecuencias muy peligrosas. No es posible que su polaridad en ese mundo sea mera coincidencia.

R. Se pueden decir muchas cosas. Un motivo por el que creo que mi obra es popular en esos círculos es que, aunque critico varias cosas que hacen y digo que algunas representan un grave peligro para la humanidad, también destaco que esas cosas son quizá lo más importante que está pasando en el planeta. Por eso, si los criticamos pero también destacamos la importancia de lo que hacen, es halagador para ellos pensar que el futuro de la humanidad está hasta cierto punto en sus manos. Para ser algo generoso con estos personajes, diré que desde luego no creo que sean el Mal. Han hecho algunas cosas buenas. Conocí a mi marido a través de internet, en una de las primeras aplicaciones de citas para homosexuales de Israel, y estoy agradecido por ello porque, como hombre gay en una ciudad israelí pequeña y provinciana, ¿cómo iba a conocer hombres? Lo que sí diría es que en Silicon Valley no son conscientes de su enorme influencia. Tienen la intención y la esperanza de cambiar el mundo y cuentan con un profundo conocimiento de la tecnología, pero no tan profundo de la historia, la sociedad y la psicología humana. En definitiva, como historiador sé que los textos pueden adquirir vida propia. Si quienes escribieron el Nuevo Testamento pudieran ver lo que la Inquisición y los cruzados hicieron con las ideas de poner la otra mejilla y de que los mansos iban a heredar la tierra, seguramente se revolverían en sus tumbas. Pero así es la historia. Qué se le va a hacer.

P. ¿Hay alguna idea que esté todavía germinando y que quizá le parece demasiado radical para su público?

R. Le voy a dar dos ejemplos, uno grande y otro pequeño. Cuando escribí Homo Deus, lo que más me interesaba era qué hay después del humanismo y del liberalismo. Pensaba que el liberalismo y el humanismo eran los mejores relatos que ha creado la humanidad. Ahora tenemos que dejarlos atrás a causa de las revoluciones tecnológicas del siglo XXI, que ponen en tela de juicio sus ideas e hipótesis más básicas. Sin embargo, durante los cinco últimos años, he renunciado a avanzar en esa dirección debido a los acontecimientos políticos en gran parte del mundo. En lugar de ello he empezado a tener que librar batallas en la retaguardia para convencer a la gente sobre el humanismo y el liberalismo cuando lo que quiero, en realidad, es ver lo que hay después.

P. ¿Qué hay después?

R. No estoy seguro. No he conseguido avanzar mucho más allá de lo que escribí en Homo Deus. Ahí examinaba de qué manera se está desintegrando la revolución de la información al ser humano, el fundamento del humanismo y el liberalismo. Veía que el nuevo fundamento es el flujo de datos en el mundo, hasta el punto de cambiar incluso la comprensión de lo que es un organismo, lo que es un ser humano; el ser humano deja de ser este yo mágico, autónomo, con libre albedrío y capaz de tomar decisiones sobre el mundo. Ahora, el ser humano, como todos los demás organismos, no es más que un sistema de procesamiento de información que fluye sin cesar. No tiene características fijas. ¿Qué consecuencias políticas tiene este cambio? ¿Y sociales? No estoy seguro. Eso es lo que me encantaría investigar.

P. ¿Y el ejemplo pequeño?

R. Estoy leyendo un libro que trata de las nuevas teorías sobre personas transexuales, no binarias y todo eso. El libro que leí justo antes hablaba de los primeros tiempos del cristianismo. Y me llama la atención lo similares que son las dos cosas. Gran parte del debate actual sobre género es extrañamente similar a lo que discutían aquellos primeros cristianos sobre la naturaleza de Jesucristo y la Trinidad. Lo que se preguntaban era, en esencia, si Jesucristo era una persona no binaria. Si Jesucristo era divino, humano, o divino y humano, o ni divino ni humano. Veo en esto ecos de muchos de los debates actuales sobre la naturaleza del ser humano y la persona. ¿Podemos ser ambas cosas? ¿Podemos ser solo una? Y, si ese otro no piensa como yo, entonces es un hereje. En realidad, los héroes de los primeros cristianos eran los mártires y los monjes ascetas, como el famoso Simón, que pasó años encima de una columna. Estaban investigando los límites del cuerpo humano con lo que tenían a su alcance. Ahora, con las cuestiones de género, nos hacemos más preguntas sobre lo que podemos hacer con el cuerpo, si podemos cambiarlo de esta manera o aquella. Hay enormes diferencias entre las dos cosas, pero las neuronas de mi cerebro empezaron a mantener esta conversación sobre el cristianismo primitivo y los debates actuales sobre el género.

P. Por suerte, la historia nos enseña que todos los debates dentro del cristianismo se resolvieron de forma amistosa.

R. Lo que pasa es que, en aquella época, todas esas sectas cristianas que debatían eran diminutas, insignificantes. Pero después se vio que los debates sobre doctrina, quiénes fueron los ganadores y los perdedores, tuvieron una repercusión inmensa en la evolución de la historia humana. Y he aquí una reflexión más seria: creo que el motivo de que los debates sobre las personas transexuales, no binarias y todo lo demás generen tanto ardor es que la gente quizá tiene la sensación subconsciente de que los debates del futuro versarán sobre lo que podemos hacer con el cuerpo y el cerebro humanos; cómo podemos rediseñarlos, cómo podemos modificarlos. La primera realidad práctica a la que nos hemos topado con estos interrogantes es el género. Podemos decir que la gente es intolerante y muy susceptible cuando se habla de sexo y género, pero creo que, en realidad, sabe de forma subconsciente que este es el primer debate sobre el transhumanismo. Habla de lo que podemos hacer con la tecnología para transformar el cuerpo, el cerebro y la mente de los seres humanos. Por eso es por lo que los debates son tan acalorados.

P. ¿Qué dice de usted y de los relatos que le parecen más atractivos el hecho de que piense que los debates sobre género —de los que se puede muy bien interpretar que se ocupan de unos seres humanos que quieren que se los trate como a todos los demás aquí y ahora— son, en realidad, sobre la angustia a propósito del transhumanismo en el futuro?

R. ¡Es que esa es la cuestión! El transhumanismo es una reflexión sobre qué es ser humano. Quiero decir, hay distintos tipos, pero una interpretación es que el transhumanismo desarrolla al máximo las verdaderas posibilidades del ser humano. Y eso, por supuesto, depende de lo que pensemos que es un ser humano. Esa es la pregunta a la que queremos dar respuesta, y no es fácil.

© 2021, The New York Times Company.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

18 de diciembre 2021

El País

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Julio Dávila Cárdenas

Los Gobiernos se han constituido para la felicidad común, para la protección y seguridad de los Pueblos que los componen y no para beneficio, honor o privado interés de algún hombre, de alguna familia, o de alguna clase de hombres en particular que sólo son una parte de la comunidad. El mejor de todos los Gobiernos será el que fuere más propio para producir la mayor suma de bien y felicidad y estuviere más a cubierto del peligro de una mala administración, y cuantas veces se reconociere que un Gobierno es incapaz de llenar estos objetos o que fuere contrario a ellos, la mayoría de la nación tiene indubitablemente el derecho inajenable e imprescriptible de abolirlo, cambiarlo o reformarlo, del modo que juzgue más propio para procurar el bien público”. (Art. 191 de la Constitución Federal de 1811)

“Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad todo ciudadano investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Serán juzgados según esta misma Constitución y las Leyes expedidas en conformidad con ella los culpables de los hechos arriba señalados y así mismo los funcionarios de los Gobiernos que se organicen subsecuentemente si no han contribuido a restablecer el imperio de esta Constitución.” (Art. 250 de la Constitución de 1961)

La Constitución vigente establece: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.” (Art. 333 de la Constitución de 1999)

A la Constitución de la República Bolivariana - no se sabe por qué razón- se le eliminó la parte final que contenía el artículo 250 de la Constitución de 1961, que expresaba: “El Congreso podrá decretar mediante Acuerdo aprobado por la mayoría absoluta de sus Miembros, la incautación de todos o parte de los bienes de esas mismas personas y quienes se hayan enriquecido ilícitamente al amparo de la usurpación, para resarcir a la República de los perjuicios que se le hayan causado”.

Hermann Escarrá Malavé –a quien muchos venezolanos conocemos- opina que “el 250 constitucional consagra un Derecho de Resistencia que comprende: El Derecho a la Revolución; el Derecho a la Restauración Democrática; el Derecho a la Desobediencia Legitimada y el Derecho a la Disensión ante la actuación del Poder Estatal. Y en su Conclusión señala que: la hora aciaga que vive Venezuela no puede ser comprendida sólo a través de la crisis constitucional –como llaman algunos- o del modo de activar los mecanismos de defensa que la Constitución establece para restaurar la ordenación jurídica democrática, como preferimos decir otros.” (Hermann Escarrá Malavé. La inviolabilidad de la Constitución y el Derecho de Resistencia, págs. 38 y 39- Temas Constitucionales-Editorial Biblioteca Jurídica- Caracas, 1994).

Son citas al menos comprometedoras.

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Luis Ugalde

El padre Luis Ugalde, exrector de la Universidad Católico Andrés Bello, dijo que en enero del próximo año debe reactivarse la negociación entre la oposición agrupada en la Alternativa Democrática y el gobierno de Nicolás Maduro.

“Mi impresión es que, queramos o no queramos, en enero hay que activar la negociación. Pero, Venezuela no pensemos que se va a reconstruir con los no chavistas contra los chavistas. Eso es un disparate. Tenemos que reconciliarnos”, dijo el sacerdote jesuita en una entrevista con Circuito Éxitos de Unión Radio.

Ugalde manifestó que es el momento de la humildad para el chavismo y la oposición porque no se puede decir que el 21 de noviembre pasado “Salieron derrotados. Un gobierno que después de cuatro años todavía tiene una hiperinflación, no puede decir que ganó, y menos cuando tenemos la seguridad de que no puede ofrecer una mejoría.; y política y electoralmente, no llegó a 4 millones. No logró ni la mitad de lo que lograba. Y si la votación hubiese sido libre, ellos saben que no llegaban a 2 millones de 21 millones que tienen derecho a votar. Si usted quiere autoengañarse, engáñese, pero el país no se engaña. Los salarios son de miseria, 90% tiene ingresos con los que no se puede vivir, 75% es pobreza extrema, y eso lo experimenta el chavista y el no chavista”, afirmó.

“Se puede ganar”

“Pero también es el momento de la humildad para la oposición porque queda claro que, en conjunto, no hubo una visión y una conducción para el 21 de noviembre. Se tuvieron éxitos increíbles quizá en donde menos se esperaban. La buena noticia es la demostración de que se puede ganar. Nos dijeron que no vale la pena ir, que no vengan los testigos europeos, que no vaya nadie al Consejo Nacional Electoral y el 21 de noviembre la gran noticia es que el chavismo perdió y no pudo impedir esa pérdida en Zulia, donde se trabajó bien, en Cojedes, en Nueva Esparta”, agregó.

El historiador expresó que el gobierno de Maduro tuvo las elecciones para intentar blanquearse y que tuvo un comportamiento medianamente bueno para que la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea los aprobara. Añadió que las divisiones en la división provocaron que se perdieran muchos triunfos en los estados y alcaldías.

Señaló que el deterioro en Venezuela ha sido de gran calibre, hay necesidad de inversiones y que en las oportunidades de trabajo hay pagos realmente miserables. Esto, además, sin la capacidad de producción que contribuya a frenar la hiperinflación.

“No puede haber reactivación económica para dar un salto sin un cambio drástico en la relación con el conjunto del mundo democrático. Necesitamos ayuda internacional, apoyo, garantías democráticas y entonces vendrán las inversiones, nacionales e internacionales, y eso es una posibilidad real, pero tenemos que creerla. No se va a crear una posibilidad si no se cree”, expuso.

“Es importante que se sientan castigados”

El sacerdote afirmó que es importante que la dirigencia del chavismo y de la oposición democrática se sientan castigados por los ciudadanos.

“Saben que el país los repudia, que hay un rechazo y no a la política, sino hacia la manera concreta como se ha vivido. Y, por otro lado, todo está muy globalizado. Entonces Venezuela no se va a recuperar si no cesan las sanciones, si no se convierten en una colaboración amistosa de países. Pero no se van a quitar las sanciones si el gobierno que secuestró la Constitución, que no tiene presidente constitucionalmente electo ni Asamblea Nacional, que tiene presos políticos, partidos secuestrados, dirigentes fuera, es el paquete completo, no devuelve la democracia”, subrayó.

Ugalde enfatizó que debe haber un pacto social entre diferentes y una negociación. Así, respaldó la posición que ha tenido Gerardo Blyde, representante de la Alternativa Democrática en la negociación que se ha desarrollado en México con el chavismo, de que se deben negociar los puntos fundamentales.

Se sentaron en México, por el lado del gobierno y de la oposición, ambos lo necesitan en este momento. El gobierno preferiría no necesitar de ningún diálogo, pero si usted no puede controlar la situación en el país y la desesperación de la gente va a aumentar y el año que viene otro millón va a migrar y el sistema educativo, así como otros sectores, está por el piso, y la economía perdió mas de 70%. No hay más remedio que sentarse”, expresó.

16. de diciembre 2021

El Nacional

https://www.elnacional.com/venezuela/padre-luis-ugalde-en-enero-debe-rea...

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Fernando Mires

Han sido publicado recientemente solo algunos poemas, los pocos hallados. Probablemente Hannah Arendt escribió muchos más. Suele suceder a quienes no son en primer lugar poetas: no cuidan los poemas que escriben. Los anotan en cuadernos que se pierden, en papeles que van a parar al papelero, en cartas íntimas, a veces no respondidas, o no enviadas. Arendt no era una excepción.

Hannah Arendt no era poeta, o por lo menos nunca fue conocida como poeta. Fue una gran pensadora que, de vez en cuando, escribía poemas. Sin embargo, al leer sus 71 poemas recopilados, podríamos cambiar de opinión: Hannah Arendt era (además) poeta. Y en mi opinión, una gran poeta. Con sus versos alcanzó ella al umbral donde pocos poetas llegan: al de la belleza, palabra que nunca será completamente definible, pero siempre perceptible cuando su realidad asoma como una luz en medio de las tinieblas más oscuras. Entendemos mejor entonces las continuas veces que Hannah Arendt se refirió a la poesía en sus escritos, desde los comienzos de su vida intelectual.

Irmela von der Lühe, en erudito comentario al poemario de Arendt, anota certeramente que probablemente el amor a la poesía en Arendt provenía de sus primeros estudios sobre filología griega, cuando comenzó a leer a los grandes filósofos en su propia lengua, sobre todo a la Poética de Aristóteles. De los griegos la maravilló el ideal de la armonía la que para ser lograda debía pasar por la antesala del caos, así como el acuerdo pasa por el desacuerdo, la luz por la oscuridad, el concierto por el desconcierto. Esa era la unión que vio Nietzsche en la cultura pre-helénica, entre lo dionisiaco y lo apolíneo. Fue esa la razón – además del hecho de que Arendt continúa la línea romántica de Heine, Schiller y Goethe, pero sobre todo la de Hölderlin- por qué sus primeros poemas son métricos, rítmicos, muy bien rimados (traducirlos cuesta sudor y lágrimas).

Incluso en la prosa ensayística de Hanna Arendt hay un fondo poético que al buen lector no pasa inadvertido. Lo reveló la misma Arendt cuando, sin confesar que escribía poemas, afirmó en la ya legendaria entrevista que en 1964 le hiciera Günter Gaus, después recopilada en un libro bajo el título Yo quiero entender (Ich will verstehen): ”La poesía ha jugado un gran papel en mi vida”.

Creo que todos los que hemos leído intensamente a Arendt, sospechábamos que ella escribía poemas. No solo por sus permanentes alusiones a textos literarios, ni siquiera debido al hecho de que el trabajo concebido para su habilitación (optar al título de Privat Dozentin) Rahel Varnhagen, era una novela poética escrita en forma de ensayo (tres géneros literarios en un solo libro). En ese texto sobre la aforista y poeta judía del romanticismo alemán, Hannah está presente biográficamente. Rahel es Hannah, Hannah es Rahel.

Hannah Arendt había descubierto lo que muchos años atrás habían percibido Schelling y Hölderlin: si el pensamiento racional no abre las puertas al pensar poético, permanecerá siempre encerrado en su propia cárcel. La afirmación de Arendt, Yo quiero entender, debe ser entonces aceptada como una intención radical. Querer entender significa en sus palabras, avanzar con el pensamiento en desacuerdo con la orientación instrumental conferida al razonar. En ese punto Arendt continúa y en cierto modo supera un pensamiento de Heidegger, a saber que, para avanzar con el pensamiento, sobre todo cuando este se encuentra frente a caminos sin salida (los Holzwege de Heidegger) es necesario apelar al discurso de la razón poética. Vale decir, no a una razón irracional, sino a otra razón situada más allá de las percepciones sensoriales, en un espacio desconocido que no puede ser expresado con la gramática de uso cotidiano. Dicha temprana percepción la llevó a pensar y escribir sus tratados políticos y filosóficos (aunque ella no quería ser llamada filósofa, sí lo era) en contra del “cientismo” (para usar una denominación de Kal Popper). Quizás por eso nunca Arendt sintió atracción por las tipologías de Max Weber, pese a los denodados intentos que para ello hiciera su fiel amigo Karl Jaspers. Tampoco tomó nota de los textos sociologistas de Adorno y Horkheimer, mucho menos de los de Marcuse. Es lo más probable que, si hubiera seguido viviendo, tampoco habría brindado culto a las teorías sin personas ni a los acontecimientos sin suelo de un Habermas, ni tampoco al “sistemismo” casi autómata de un Luhman. Al revés también es cierto.

Los sociólogos y politólogos puros, los sociómetros de las disciplinas sociales, los que creen en las leyes universales de la historia, los que imaginan que existen estructuras y procesos pre-determinados, los que piensan que para explicar el mundo basta memorizar conjuntos de teorías causalistas, en fin, toda esa fauna academicista que ha echado a perder la vida a tantos estudiantes con talento, nunca podrán entender los textos de Hannah Arendt. Para esa academia ritualizada, Arendt fue y será siempre demasiado “retórica”.

Cabe aquí afirmar que la retórica para la academias sociométricas no es por supuesto lo que era para los griegos, el arte de formular de modo bello los pensamientos, sino más bien un anatema, una denominación para caricaturizar a quienes no son rigurosamente “científicos”. Ya en los tiempos de Arendt intentaron descalificar a los pensamientos de Walter Benjamin. Sin titubear, Hannah Arendt tomó partido por su querido amigo, marxista y filósofo. Lo que vio Arendt en la prosa fragmentada, en los pensamientos inconclusos, en las metáforas e imágenes de Benjamin, fue simplemente “otro” modo de pensar. El “pensar poético”, lo llamaría Hannah Arendt.

Pensar de modo poético no solo significaba para Arendt escribir poesías. Significaba, en primera línea, no pensar de acuerdo a objetivos pre-determinados, buscar el más allá de las cosas, establecer conexiones entre el ser y la nada, y por cierto, no desdeñar la belleza de la palabra cuando esta se desprende de su significación académicamente canonizada. Aceptar que en este mundo hay realidades no accesibles y no por eso inexistentes. Rendirse a la evidencia de que no todo puede ser explicado o sistematizado y que definitivamente no existen teorías universales válidas para todo tiempo y lugar. Suponer, en fin, que nunca el destino de la historia puede ser aprisionado en rejas conceptuales pues en sus aconteceres actúan seres imprevisibles y banales, librados a su pura contingencia, ya sea en los espacios íntimos, ya sea en los públicos. En otras palabras, Hannah Arendt intentó rescatar una concepción de la vida donde los acontecimientos condicionan su historia y no la historia a sus acontecimientos. Por eso los positivistas, los marxistas, los providencialistas, nunca podrán entender a Hannah Arendt. Para leerla no hay que racionalizar sino razonar y por supuesto, cuando es necesario y las palabras del diccionario no alcanzan, leerla poéticamente.

La compilación poética está dividida en dos secciones que a la vez son dos periodos: 1923-1926 y 1942-1961. ¿Qué pasó entre esos dos periodos? De acuerdo a la biografía de Arendt, la persecución, el exilio, su vida en Francia y en Israel, su desarrollo intelectual en los EE UU donde adquirió la nacionalidad norteamericana, la publicación de sus libros más importantes, hasta llegar a viajar a Europa, visitar Alemania, reencontrar su pasado y tratar de entender la nueva realidad sin traumas, pero tampoco perdones.

Seguramente Hannah, entre esos dos periodos de su vida, también escribió poemas. Por alguna razón que debemos respetar, no quiso, evidentemente, darlos a conocer. Al fin y al cabo ella fue una defensora ardiente de la intimidad. No sin motivos, una de las diversas definiciones que dio al concepto de totalitarismo fue el de regímenes que destruyen la línea divisoria entre lo privado y lo público. La poesía es siempre íntima, y cuando, con el permiso de su autor, es pública, tampoco deja de ser íntima.

La primera sección del libro testimonia la aparición de una niña convirtiéndose en mujer a partir de la apertura de su cuerpo al amor. Amor que inicialmente se expresa en un conjunto de sentimientos contradictorios con respecto a sí misma y su entorno. Alegría del estar, podríamos decir. Por eso, en uno de sus primeros poemas, de un modo dionisíaco, Hannah baila.

Yo también bailo, dice un verso elegido como afortunado título a su poemario: Pies flotando en patético esplendor. /Yo misma, yo también bailo,/ Liberada de la densidad hacia la oscuridad, hacia el vacío./ Espacios abarrotados de tiempos pasados. Y en otro poema: …..Oh, conocíais la sonrisa con la que me presenté/ Sabíais cuánto me impuse silenciosamente/ Para yacer en prados y ahí pertenecer.

Hannah sentía su ser juvenil en estado de expansión. No es casualidad que en sus primeros poemas recurriera insistentemente al verbo schweben. Literalmente schweben significa flotar en el aire. Pero en los poemas, schweben adquiere sentidos diversos, dependiendo del contexto y del lugar. En algunos momentos podemos traducirlo como volar, en otras, expandir, en otras, disipar. Hannah, eso es lo importante, siente que se le iba el alma del cuerpo ante la maravilla del mundo que la rodeaba y que con su caminar descubría paso a paso. Ahora, oh días flotantes/ dejadme extender mis manos hacia ustedes. /No escapen de mí/ no hay escapatoria al vacío/ y a la ausencia del tiempo.

Hannah siente incluso que su cuerpo no solo es de ella. Su mano, por ejemplo: Miro mi mano, terriblemente cercana a mí. /Y, sin embargo, es otra cosa más./ ¿Es ella más que yo?/ ¿Tiene un significado superior? En cambio, en otro poema, descubre, efectivamente que su mano es de ella, pero solo cuando aparece “un otro”, el sujeto del amor que desde algún lugar a ella viene. ¿Por qué me das la mano tímidamente y como en secreto?/ ¿Vienes de tan lejos, de un país extranjero,/ ¿no conoces nuestro vino?/ ¿No conoces nuestras brasas más hermosas,/ ¿vives tú tan solo? Hasta que llega el momento en el que ella sentirá en sí la presencia directa del amor. Verano tardío/ La noche me cubrió/ Tan suave como el terciopelo/ tan densa como el dolor/ Ya no sé como funciona el amor/ Ya no conozco los fuegos de los campos/ y todo quiere disiparse de sí mismo. Muy pronto el amor que invadirá a Hannah tomará cuerpo y vida, nombre y hombre, y si titubear escribirá, ya con voz de mujer: Pienso en él y lo amo/ Pero como si fuera de un país lejano/ Y el venir y dar me resulta extraño/ apenas sé lo qué me ata.

Después de 1926 no hay mas poemas, hasta 1942. En medio de esos años, la noche del terror, el dominio del mal, la muerte. La niña Hannah ha quedado atrás, perdida en el tiempo. El gran amor de su vida, el que la inició, también. Pero la joven Hannah continuará existiendo en Arendt, la mujer madura e internacionalmente conocida que ha llegado a ser. Aunque de vez en cuando escribe oculta, íntima, como su poesía, con los ojos mirando hacia atrás, como si nunca hubiera terminado de irse de su lugar natal. Sabe por cierto que el pasado no vuelve. Pero también sabe que el pasado nunca se va. Sabe lo que ha dejado atrás. Y sabe que todo eso ha quedado en ruinas. Cito unos de los primeros versos de su segundo periodo poético: La despedida: Esta es la llegada. / El pan ya no se llama pan/ y cuando al vino lo nombramos en lengua extranjera/ la conversación ya no es la misma.

Judía y cosmopolita, más que de una nación ha sido erradicada de lo que ella fue y de algún modo seguía siendo. Ha vivido la traición, y la volverá a conocer. Su vida está rodeada de muertos. ¿Cómo querer volver a lo que ya no existe? Imposible. Así escribe en su poema titulado H.B. Pero, ¿cómo se vive con los muertos? / Dime, ¿dónde está el sonido que debilita su transitar, cuando el gesto, dirigido a través de ellos, deseamos que la cercanía, en nosotros mismos fracase? Acosada por los muertos, los increpa a veces, como en este otro poema: Muertos ¿qué quieren? ¿No tienen ustedes un hogar y un lugar en el Orcus? /……… Bajo los botes de remos adornados con parejas amorosas / en estanques en el bosque, nosotros también podríamos mezclarnos/ silenciosamente, escondidos y embelesados / en nubes de niebla que pronto cubrirán la tierra, la orilla, el arbusto y el árbol/ esperando la tormenta que se avecina.

Arendt sabe, sin embargo, que el tiempo todo lo borra, pero sin olvidar nada. La vida es más fuerte que la muerte: La vejez viene y te guía de nuevo. / No vuelvas tu corazón y no te dejes conmover/ no te demores, despídete del tiempo/ y conserva en ti el agradecimiento y la dicha./ (aunque) Con la mirada desviada.

Vendrán otros amores, otros desengaños, otras despedidas. A veces la ira incontrolable que asoma en las palabras de una mujer traicionada como en su poema Maldición. En cada mujer me desconocerás, / en cada forma me llamarás en vano/ en cada distancia sentirás la cercanía/ .......... .. En cada mujer te desconoceré, / en cada forma te llamaré en vano, / en cada distancia te has ido, / en cada calma mi mano temblaba/. Pero cuando llegue el final/, ya no te recordaré/ Y cuando la otra vida sea demasiado lúgubre sin ti, / volveré para ahogarme.

Un día, el lejano pasado vestido de cartero, golpeó en la puerta de su casa portando, en forma de regalo, un presente en el presente, un libro escrito por un filósofo grandioso y débil al que de alguna manera -a su manera- siempre le fue fiel: a ese genio torpe al que nunca olvidó. Entonces ella, muy triste, escribió un poema: Ese libro te saluda desde la lejanía, / déjalo ser ahí, sin leerlo/. La proximidad también vive en la lejanía, / siempre (todo) es un haber sido.

Nunca pudo evitarlo. Hannah Arendt, gracias a, o a pesar de, su fina inteligencia, era, es, y sigue siendo -si feminizamos al título del libro de Nietzsche- humana, demasiado humana. Por eso, su pensamiento poético, o mejor dicho, su modo poético de pensar, nos seguirá acompañando.

Por los tiempos de los tiempos. Así sea.

15 de diciembre 2021

Polis

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