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Opinión

Alberto Barrera Tyszka

“A mí ya no me importan ni la oposición ni el gobierno. Yo lo único que quiero es que me dejen de joder”. Lo dice un venezolano que tiene un pequeño puesto de venta de empanadas cerca del centro de Caracas.

Me contó que en estas dos décadas ha sido de todo: votó por Hugo Chávez en 1998, se desilusionó, apoyó después a la oposición y terminó también decepcionado. Ahora solo quiere que lo dejen en paz, tratando de sobrevivir.

Se ha anunciado que el próximo viernes 13 de agosto comenzará, en México y con el acompañamiento del gobierno de Noruega, una nueva mesa de diálogo entre el gobierno y las fuerzas de oposición de Venezuela. La mayoría de la población, sin embargo, no ve este hecho con esperanza. Son demasiados años de desgaste.

Es evidente que el chavismo busca liberarse de las sanciones internacionales y que la oposición quiere recuperar sus espacios políticos. Lo que está menos claro es quiénes representan realmente a los ciudadanos. Cómo y de qué manera está presente en la negociación la realidad cotidiana de los venezolanos.

Salí de Venezuela en el año 2013 pero, por lo menos dos veces cada año, volvía y me quedaba un tiempo en el país. Estuve por última vez en enero de 2020, justo antes de que comenzara la pandemia. Acabo de pasar un mes en Caracas y, como siempre, vuelvo a sentir que el país es otro, que todo cambia demasiado rápido. Nunca antes había sentido un desinterés tan contundente por la política. La hipótesis de un escenario alternativo, la ilusión de posible salida del conflicto, está cancelada. La esperanza ha desaparecido del ámbito público, que se ha reducido a la legítima lucha por la supervivencia. Sobrevivir es también una forma de resistir.

Me asombra, por ejemplo, la naturalidad con que mis amigos o familiares se relacionan con la delincuencia uniformada. “Si vas a manejar —me advierten—, lleva todos los papeles, hasta el título de propiedad del carro”. “Pon un billete de diez dólares en la cartera, de todos, por si acaso”, también me dicen. El término es “matraqueo”. Se corresponde a la “mordida” mexicana. Es lo que hace o intenta hacer cualquier policía o militar que te detiene en una vía pública. Todos mis conocidos han tenido al menos una experiencia con uniformados que los paran en la calle y tratan de sacarles dinero.

Un sobrino trabaja en un restaurante. Salió a las once de la noche, iba a visitar a su novia. En el camino, dos motorizados los detuvieron, lo encañonaron con sus armas. Eran policías. Mi sobrino tenía todos los papeles en regla. Al rato, un poco cansado del trámite, uno de los policías se lo dijo claramente: “Pero ¿y entonces, chamo? ¿No tienes nada ahí para rescatarme?”. Terminó dándoles un sanduche que había preparado en el restaurante y que era la cena de su novia.

Me interesó la expresión “rescatarme”, el verbo: rescatar. Me explicó mi sobrino que es una forma más personal de pedir algo. Las autoridades —la supuesta representación de la institucionalidad— tratan a los ciudadanos de una manera similar que algunos delincuentes. Son rehenes que deben pagar un rescate.

Esa línea indefinida donde se cruzan la violencia y la legalidad apareció de manera más brutal una semana después. Durante tres días, un operativo de las fuerzas de seguridad del gobierno incursionó en la Cota 905, un barrio en el suroeste de la ciudad para enfrentarse con un importante grupo delictivo conocido como la banda del Koki. Los tiroteos dejaron un saldo de 33 muertos, la mayoría de ellos a causa de “balas perdidas o ejecuciones extrajudiciales”. Aunque se ofrecía una recompensa de 500.000 dólares, el gobierno no logró atrapar a los cabecillas de la banda.

Durante ese tiempo, traté de obtener algún tipo de información sobre lo que estaba ocurriendo. En las noches, los noticieros que vi no decían nada. En el día, algunas estaciones de radio mencionaron el enfrentamiento, pero siempre con aséptica prudencia, pero ofreciendo pocos datos y ningún análisis. Las páginas de los periódicos digitales que suelo acceder desde el exterior, estaban todas bloqueadas. Solo quedaba Twitter, que no es un medio de comunicación sino una red cuyas informaciones no son siempre confiables. Había una guerra pero era invisible. El chavismo, para variar, culpó a la oposición y al imperialismo. La oposición culpó del caos al abandono del Estado.

Para muchos venezolanos, ya no importa lo que diga un bando y otro. La política ha pasado a ser un relato ajeno, sin conexión con lo que ocurre. Enganchados en su dinámica polarizada, acusándose todo el tiempo mutuamente, los líderes parecen personajes inverosímiles, cada vez más alejados de la realidad concreta de la población. Mientras se anuncia el nuevo diálogo y una nueva reconversión monetaria, la desigualdad entre la extrema minoría que tiene dólares y el resto de la población se hace cada vez grosera y obvia.

En un bodegón, una tienda de productos importados, vi a un hombre joven que hablaba por su celular en voz alta empujaba un carrito lleno de alimentos y botellas de licores importados. Tras él iba su chofer (o tal vez su guardaespaldas) empujando otro carrito. A voz en cuello, el hombre ultimaba los detalles de una fiesta y, con pretendida graciosa complicidad, trataba a su interlocutor de “comandante”. Este tipo de escenas, muy frecuentes, deshacen cualquier retórica sobre el bloqueo y las sanciones. La burguesía revolucionaria hoy se exhibe sin temor y sin pudor. La dolarización y el aislamiento han hecho más evidente su reinado. Es una élite privilegiada en medio de una mayoría cada vez más pobre.

Una de las justificaciones centrales en la génesis del chavismo fue la condena a la represión al pueblo que reclamaba sus derechos. Después de más de dos décadas en el poder, el chavismo ha terminado siendo también mucho peor que cualquiera de los gobiernos anteriores. Basta mirar la persecución a las organizaciones civiles, a los sindicatos, a los periodistas y medios de comunicación independientes. Más allá de la política y de las fuerzas de oposición, el chavismo ha desarrollado un ataque a cualquier representación popular que no controle. Esta semana, metió presa a una enfermera que protestaba por un sueldo justo y por el derecho a vacunarse.

Todo esto también tiene que estar presente en la mesa de diálogo en México.

Por supuesto que cualquier posible negociación entre las fuerzas opositoras y el gobierno representa un avance en la solución del conflicto en Venezuela. Pero junto con el chavismo, que solo se representa a sí mismo y a su interés por permanecer en el poder sin sanciones internacionales, y a la oposición, que representa muy diversos grupos, divididos y desesperados por recuperar espacios y posibilidades de maniobra, también tienen que estar representadas la tragedia y el desencanto de la gente.

Ahí tienen que estar las víctimas de la violencia, de la economía, de la extorsión política, de la segregación, de la persecución estatal. Aquellos que ya no creen en nadie, en nada. Quienes solo quieren que los dejen de joder.

8 de agosto 2021

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2021/08/08/espanol/opinion/dialogo-venezuela-en-mexico.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20210810&instance_id=37529&nl=el-times&regi_id=69591975&segment_id=65830&te=1&user_id=2747f13685c783553ecfcc4aab3c7bd2

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Eddie A. Ramírez S.

Los catorce ceros que los rojos le han quitado al bolívar explican en gran parte el éxodo de más de cinco millones de venezolanos. En general, las dictaduras promueven crecimiento económico y controlan el hampa, por lo que solo emigran quienes son perseguidos por motivos políticos. La pacificación lograda por el dictador Juan Vicente Gómez, aunada a la escasa población y el disponer de una moneda fuerte fueron un imán para atraer inmigrantes. Sin esa inmigración, no hubiésemos alcanzado tan velozmente el desarrollo que tuvimos hasta mediados de la década de los años setenta del siglo pasado. La dictadura actual revirtió este proceso.

Durante el régimen de Pérez Jiménez, todos los exiliados soñaban con regresar al día siguiente de la caída del dictador. En los cuarenta años de una democracia imperfecta y con señales de deterioro, pero perfectible, la gran mayoría de quienes salimos a estudiar o a trabajar regresamos al país. En lo personal, recuerdo que cuando renuncié a mi cargo en un centro internacional en Costa Rica, el director me dijo: sabía que no durarías mucho, ustedes tienen demasiadas oportunidades en Venezuela ¡Cómo ha cambiado esta situación!

Lamentablemente, las malas políticas económicas del período democrático no permitieron alcanzar un desarrollo sostenible, pero, aun así, estábamos mejor que nuestros vecinos, los cuales siguieron atraídos por nuestra tierra. Sin embargo, algunos venezolanos con formación profesional empezaron a emigrar al percibir el deterioro gradual del país.

La llegada de Chávez, con su carga de odio, las expropiaciones, la inseguridad personal y jurídica, la pérdida de valor de nuestra moneda y la intolerancia política aceleraron la emigración de profesionales y empresarios. Algunos han tenido éxito, otros no han podido superar las vallas de la reválida del título y están desempleados o realizando labores fuera de su experticia. Cuando se presentó la escasez de alimentos, de medicinas, se dificultó conseguir empleo, se agudizó la falta de agua, de electricidad, de combustibles y el bolívar quedó pulverizado, millones de compatriotas, la mayoría sin formación universitaria, iniciaron un éxodo masivo, inclusive a pie.

¿Cuál será la consecuencia para el futuro de Venezuela de este éxodo de capital humano? Destacados investigadores han trabajado este tópico. Recién, la Academia de la Ingeniería y el Hábitat auspició la publicación del libro digital Diáspora de talento venezolano: características de una migración calificada, cuyo editor y coordinador es el distinguido profesor José Manuel Martínez Cabrera. Este libro es de lectura obligatoria para quienes les preocupa el futuro de nuestro país. Quien esto escribe no es el indicado para discutir el tema. Solo pretendemos llamar la atención para que políticos e investigadores evalúen los impactos positivos y negativos de la emigración sobre la recuperación de nuestro devastado país. Este libro contiene importantes contribuciones.

¿Esta emigración es una pérdida total para Venezuela? ¿Es posible recuperar a quienes emigraron? ¿Se puede aprovechar la experiencia de quienes se fueron? ¿Debemos hablar de circulación de talento y no de fuga de talento, como propone Tomás Páez? ¿Cuáles son las dificultades que encuentran los profesionales que emigran? ¿Es posible superarlas sin apoyo? ¿Cómo pueden contribuir quienes migraron asuavizar las penurias de quienes se quedaron?

Estas y muchas otras preguntas son debatidas en este importante libro. El mismo contiene artículos de distinguidos investigadores. Humberto García Larralde nos proporciona una clase magistral de lo que ha sucedido con nuestra economía. Tomás Páez postula la tesis de la circulación del conocimiento como consecuencia de los intercambios y esboza mecanismos para que no los perdamos. Ruth Castillo nos ilustra los casos de las emigraciones como consecuencia de la guerra civil española y de las barbaries del nazismo y del fascismo, y propone estrategias para apoyar a la ciencia venezolana en el exilio. Jassir Heredia nos informa de hermosos casos de organizaciones no gubernamentales que ayudan a quienes permanecen en Venezuela. Por último, hay once emotivas historias de las dificultades y éxitos de compatriotas en el exterior. Otros investigadores deberán emprender el estudio de los millones de emigrantes más recientes, muchos de ellos sin estudios universitarios, pero que eran importantes en nuestra economía.

Llorar o culpar a quienes se marcharon no tiene sentido. Es un hecho cumplido. El problema es grave por su elevado número y porque han pasado muchos años. Es difícil que regresen y sus hijos gradualmente van sintiendo a Venezuela como algo lejano. Lo mismo que les pasó a los hijos de los millones de emigrantes que llegaron a Venezuela y que la sienten como su única patria. Mis abuelos maternos Aarón Serfaty y María Benazar, judíos sefarditas emigrados de Tetuán y Tánger, respectivamente, murieron en Venezuela, al igual que sus hijos. Tristemente recuerdo, en una de las tantas marchas de protesta, a una abuelita chavista con un cartelón que decía Hijos de inmigrantes de m…. Tal es el odio que predicó el nefasto difunto La diáspora de talento no tiene que ser una pérdida total. Es posible aprovecharla con intercambios, que vengan a dictar cursos o conferencias y llevar proyectos conjuntos de investigación, intercambios culturales o simplemente de experiencias de vida.

Ojalá que regrese un grupo, como lo hizo Ulises a su Ithaca. Seguramente encontró a una Penélope no tan joven, con signos del tiempo. Quienes vuelvan a la patria no hallarán la Venezuela pujante que encontramos quienes regresamos del exilio en 1958, pero serán importantes para reconstruirla.

Como (había) en botica:

Lamentamos el fallecimiento en el exilio del distinguido general (GN) Régulo Díaz Vega, quien fue primero de su promoción y valiente defensor de la democracia. El régimen lo tildó de traidor en su foto colocada en la EFOFAC. Cabe preguntar ¿quién es traidor, el que protesta las violaciones a la Constitución y no acepta someterse a una dictadura o quienes como los generales Belisario Landis, Jesús Villegas Solarte, Lenín González Trómpiz, Nestor Reverol y Fabio Zavarce, señalados de haber violado los derechos humanos?

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


ANCO

La Alianza Nacional Constituyente Originaria- ANCO, ratifica al país y la Comunidad Internacional nuestro empeño fundamental de procurar y lograr el Gran Cambio del modelo político, administrativo y constitucional que se debe dar en Venezuela, cesada la usurpación de quienes ejercen ilegalmente el poder, sumiendo al País en la más injusta, desbastadora y terrible crisis política, social y económica jamás vivida en nuestra historia, con violación continuada de los derechos humanos, de nuestra soberanía y ser centro de actividades narcoterroristas, que hicieron del país un estado fallido, amenaza cierta de la paz, desestabilización democrática y seguridad del continente; ante lo cual expresamos y proponemos:
1.- ANCO señala, que han sido 21 años de secuestro y colonización a manos de lacayos sumisos del Foro de Sao Paulo, de sectores dogmáticos enemigos de la cultura occidental, de irregulares y terroristas que violan nuestra soberanía, ante los cuales han encontrado una oposición que no ha sabido interpretar el talante hegemónico de la dictadura; oposición que sobre el interés de la República privilegia “espacios” de conveniencia particular o partidista que no solucionan la crisis estructural del país. En ese sentido ANCO comparte, acompaña y apoya plenamente la opinión y posición de la Iglesia cuando señala: “Los oscuros nubarrones que se ciernen sobre el país y las consecuencias de malas prácticas políticas de los últimos años plantean la urgente necesidad de “REFUNDAR LA NACION”.

2.- ANCO propone, al país y la Comunidad Internacional, activar el proceso constitucional, democrático, incluyente y de reconciliación nacional idóneo y pertinente que precisa Refundar la Nación, representado por una CONSTITUYENTE DE CARÁCTER ORIGINARIO. Proceso donde el pueblo en ejercicio de la soberanía popular decida su presente y futuro y se dé un nuevo pacto social y político que haga posible el GRAN CAMBIO urgente y necesario que el país reclama. Proceso que parta de la afirmación de principios y valores de nuestra tradición republicana, privilegie el principio universalmente reconocido de Autodeterminación de los Pueblos y su protagonismo, todo contemplado en el texto constitucional; y que además privilegia la paz por sobre la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. QUE EL PUEBLO DECIDA!, ha sido nuestra exigencia y de la Comunidad Internacional para dar su apoyo invalorable a la causa de la libertad. Esta es una oportunidad única para demostrarlo;

3.- ANCO reitera, su rechazo y apoya a los venezolanos que en su gran mayoría han determinado su firme posición de NO respaldar el incoherente accionar de algunos factores colaboracionistas y cohabitadores de la “oposición”, decididos a participar en un proceso electoral fraudulento, ignorando, desacatando y haciendo caso omiso en evidente irrespeto a la voluntad soberana del pueblo emitida en las consultas vinculantes de julio de 2017 y diciembre de 2020, donde de manera concreta y directa expreso: Queremos que el régimen se aparte del poder que ilegítimamente ejerce. Queremos elegir democráticamente al presidente de nuestro país. Venezuela quiere democracia y asistencia internacional. Queremos que el poder regrese a las manos de su legítimo dueño: el Pueblo Venezolano”; elecciones convocadas por el régimen y un CNE ilegitimo, designado por una ilegitima Asamblea Nacional, desconocida por la Consulta Popular, la Asamblea Nacional legitima y por la Comunidad Internacional; siendo así espurias las decisiones y acciones que de ellas se derive. La cómplice participación legitima la usurpación y desconoce la Presidencia Encargada de Juan Guaidó Márquez;

4.- ANCO condena, la hasta ahora nefasta practica de negociaciones o acuerdos aislados entre representantes del régimen, opositores y supuestos representantes de la Sociedad Civil, seleccionados a voluntad de partes interesadas, que van con encargo expreso de privilegiar subalternos intereses por sobre el gran interés nacional, como hasta ahora ha sucedido con más de 13 eventos de esta naturaleza. No puede haber una solución negociada a la crisis, sin la participación de todos los factores involucrados en especial de la Sociedad Civil, donde se rechace iniciativas colaboracionistas de impune cohabitación que impiden resolver la dramática crisis institucional y humanitaria, y la prolongan mediante una libertad condicionada por la abyecta voluntad de quienes han hecho política de estado mediante un evidente y corrupto accionar, con sistemática violación continuada de los derechos humanos de los venezolanos;

5.- ANCO comparte, el aval que dieran los EEUU, Unión Europea y Canadá al proceso de negociación adelantado por algunos sectores de la oposición y el régimen, en el sentido de que “La solución pacífica a ésta profunda crisis política, social y económica debe provenir del mismo pueblo venezolano, a través de negociaciones de amplio alcance impulsadas por los venezolanos, en las que participen todos los actores interesados. Un proceso de negociación integral, con plazos concretos, debería posibilitar el restablecimiento de las instituciones del país y permitir que todos los venezolanos puedan expresarse políticamente por medio de elecciones locales, parlamentarias y presidenciales creíbles, inclusivas y transparentes”. Es necesario, entonces, comprender que la tramitación de un proceso de negociación política como el planteado por la Comunidad Internacional que ha impuesto sanciones a los jerarcas del régimen, debe trabajar propuestas que involucren a todos y cada uno de los venezolanos en la solución de la grave crisis que nos aqueja. Bajo esta iniciativa, sería el pueblo, la soberanía popular, el que colocaría sus problemas en los primeros lugares de la agenda nacional y decidiría el rumbo a tomar por el país”. De allí que una negociación que deje de lado la representación de la Sociedad Civil, como lo exige el acuerdo en referencia esta previsiblemente condenado al fracaso.

6.- ANCO suscribe y promueve, la propuesta del Consejo Rector de la Conferencia para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, hecha en representación de los más de 6,4 millones de venezolanos que participamos en la Consulta Popular realizada del 7 al 12 de diciembre de 2020, y actores interesados y dolientes de las resultas de este proceso, donde PROPONEMOS a la Comunidad Internacional, representada por los EEUU, la UE y Canadá, a los sectores representados por la oposición política encabezada por el Ing. Juan Guaidó Márquez, en su calidad de Presidente Encargado reconocido por la comunidad internacional, y al régimen que encabeza Nicolás Maduro Moros, que el proceso de negociación política exigido por la comunidad internacional, se lleve a cabo sobre las siguientes bases: a) Objeto de la negociación: la Convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter Originario; b) Participantes: Una negociación entre cuatro (4) partes: una delegación de la Comunidad Internacional firmante de la Declaración Conjunta del 25 de Junio (EEUU, la UE y Canadá); una delegación de los sectores de la oposición política que encabeza Juan Guaidó Márquez como Presidente Encargado reconocido por la comunidad internacional; una delegación del Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, como representación de los más de 6,4 millones participantes de la Consulta Popular de Diciembre de 2020; y una delegación del sector gubernamental que encabeza Nicolás Maduro; c) Puntos a negociar: 1) la designación de una Autoridad Electoral Ad-Hoc con la participación y apoyo de los organismos técnicos de la Comunidad Internacional, únicamente para la elección de los ciudadanos Constituyentes que representarán a todos los venezolanos en la Asamblea Nacional Constituyente; y 2) Las Bases Comiciales que regirán la elección de los Constituyentes; d) Garantías del proceso: las partes establecerán las garantías para que se cumplan los acuerdos y compromisos a los que se lleguen en el proceso de negociación;
7.- ANCO respetuosamente, expresa al ciudadano Presidente Encargado Ing. Juan Guaidó Márquez, en lo referente al proceso de negociación que se anuncia realizar en México, que no se trata de negociar con ilegítimos, condiciones de transparencia para participar en “elecciones medianamente libres”, como dijera un Rector del irrito CNE; sino se trata de NO legitimar un régimen que ilegitimiza al Gobierno Encargado que usted preside, y menos aún negociar o suprimir sanciones que desestabilizan la dictadura, porque hacerlo es trabajar a favor de la usurpación y no de los venezolanos; se trata de negociar la salida de Maduro y su entorno usurpador para ir a un proceso de transición que garantice condiciones mínimas de convivencia para convocar elecciones generales libres y confiables, con observación y apoyo efectivo de la Comunidad Internacional que avale y reconozca el proceso. Por otro lado, reiteramos, los venezolanos rechazamos las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre 2020 en la 2da pregunta de la Consulta Popular de diciembre y por lo tanto la designación de un nuevo CNE producto de ese parlamento ilegitimo. Si Usted afirma no participar en esas elecciones debería ser por esa razón y no otra. No porque hayan o dejen de haber “condiciones”, que nunca ocurrirán mientras Nicolás Maduro Moros continúe usurpando el poder, sino porque son ILEGITIMAS;

ANCO, finalmente desea expresar al Señor Presidente Encargado Juan Guaidó Márquez, con base a nuestra conducta y propósito de “constitucionalizar la acción política”, lo que resulta mucho más potente y seguro que la “politización de la lucha democrática”, que un proceso de Salvación Nacional, como usted lo ha advertido, no puede soportarse en acuerdos que se incumplan, soslayen y den continuidad a la impunidad generalizada, y la reiterada violación de los derechos humanos y políticos, con existencia de presos políticos, sin vigencia del Estado de Derecho, y tantos más que prevén su fracaso, a cambio de objetivos accesorios o subalternos que no garanticen la plena libertad y soberanía, prolonguen injustamente la agonía nacional, precipita la perdida de la República e impidan de manera inmediata y sin dilación alguna, acometer el urgente proceso de REFUNDAR LA NACIÓN. Por lo que, dada su alta investidura institucional y responsabilidad constitucional para con la Nación Venezolana, terriblemente agobiada, perseguida, criminalizada, víctima principal y directa de la tiranía, respetuosamente le exhortamos y solicitamos Sr. Presidente Juan Guaidó Márquez, a dar respaldo integral, firme y efectivo, desprovisto de politización o interés subalterno alguno, al mandato constitucional vinculante emitido por los venezolanos en las dos Consultas Populares celebradas, que en esencia se recogen en las propuestas expuestas en el presente documento, que son anhelo de suprema unión nacional, transparente libertad, justicia y progreso en el marco de un GRAN CAMBIO CONSTITUCIONAL.

¡Que el Pueblo Decida!
Alianza Nacional Constituyente Originaria, ANCO
Caracas 08 de Agosto 2021

 8 min


Werner Corrales

Para ejercer un liderazgo político efectivo, capaz de orientar a una nación, sobre todo a una que está prácticamente disuelta y con la mayoría de sus miembros en infame precariedad, es indispensable que los que pretendan aquel rol sientan empatía real con la gente, sus anhelos y sus penurias, que tengan una visión del país futuro a construir y de las estrategias, instituciones y políticas necesarias para hacerlo y que todo eso se refleje en sus acciones.

Si, eso tiene que ser más que un conocimiento o un sentimiento en el lider, tiene que ser la motivación fundamental de su quehacer para que la gente lo respete, lo reconozca y acuda a sus llamados.

Sobre esa base la lucha electoral es apreciada por los ciudadanos como un instrumento legítimo del liderazgo en cualquier circunstancia.

Pero cuando la motivación fundamental de un político o de la clase política de una nación en nuestras circunstancias es simplemente ejercer la competencia electoral, es ganar cargos de elección popular sin tener la visión de que hacer desde esos cargos y sin mostrar aquella empatía, no puede esperarse que la construcción de un nuevo país esté cercana a través de la guia de los dirigentes.

Yo creo que, lamentablemente, nuestro obstaculo principal para salir de la crisis radica en la ausencia de esas condiciones en casi toda nuestra élite política.

La gente de Venezuela estaría más dispuesta a la unidad que requiere su acción si reconociese a un liderazgo por su motivación y por aquellos rasgos.

El dilema no está realmente en ir o no a unas elecciones; está en contar o no con suficientes líderes merecedores del reconocimiento de nuestra sociedad.

6 de Agosto de 2021

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Ismael Pérez Vigil

La próxima semana se activan dos eventos políticos que seguramente agriarán aún más la discusión en el seno de la oposición: Se abre el proceso de inscripción de candidatos para las elecciones regionales, sin que la oposición mayoritaria −la representada por Juan Guido y el llamado G4− haya decidido si participará o no; y se dará un primer contacto en México entre los representantes del régimen y de la oposición, con la mediación o participación de Noruega.

En materia de negociación, al menos, finalmente dejaremos el mundo de las conjeturas, de lo posible, el oscuro terreno de la incertidumbre. Pero eso desatará una nueva oleada de críticas y comentarios entre los que se oponen a esta situación y los que estamos a favor de la misma. Los que se oponen se afincarán en su absoluta creencia de que se aproxima una nueva “traición”, “cohabitación”, “entrega”, de lo que llaman la oposición “falsa”, “oficial”, “entreguista”. Es inevitable que esto ocurra, como son inevitables las respuestas, con igual ácido, de los que favorecemos estas opciones.

No es ninguna sorpresa los análisis e interpretaciones de una buena cantidad de asesores, consultores y analistas sobre lo que ocurre en el país; sobre todo si observan desde la distancia −y no me refiero solo a la distancia física− porque desde la distancia, piensan, todo se ve distinto, mejor, más nítido, sobre todo los errores que comete la oposición; y si es la llamada “oposición oficial”, todavía más claro se ven los errores.

Las opiniones en contra o a favor de la participación electoral y de la negociación, al final de todo, oscilan entre argumentos de eficacia política y argumentos que podemos llamar de “principios” o “morales”. Pudiéramos seguir hasta el infinito, contraponiendo argumentos, que en definitiva no convencen a nadie, pues todos estamos cómodos en nuestra burbuja, en nuestro mundo de pensamientos y no queremos salir de allí. Eso es perfectamente humano, razonamos. Por lo tanto, más que referirme a los argumentos en contra, me referiré a algunas conclusiones preliminares a las que he llegado.

Con respecto a ambos temas, mi primer comentario es constatar, humildemente, que en el ya reducido mundo de los que tenemos alguna preocupación acerca de ambos, el grupo de los consultores, asesores, “opinadores” o los llamados “influyentes”, aunque debatimos duramente entre nosotros, somos un grupo realmente reducido. A estas alturas −yo, al menos− no estoy muy seguro de si nuestras opiniones llegan a alguna parte, sí tienen algún eco o si alguien las tiene en cuenta para tomar sus decisiones de acción política, que en definitiva es lo que cuenta.

Mi segunda consideración es que, en materia de negociación, tal parece que el régimen no es tan fuerte como parece o que la oposición no está tan debilitada; si el régimen fuera tan fuerte, ¿Por qué accedería a negociar? Con intensificar la represión y mantener la fuerza, que sin duda la tiene, le bastaría, no necesita hacer concesiones a un rival considerablemente más débil. Pero lo que no cabe duda es que esa fortaleza opositora o la “debilidad” del régimen que lo lleva a la mesa de negociación, descansa en la presión que ejerce la llamada “comunidad internacional”, de manera directa o mediante las sanciones económicas. Nacionalmente la oposición, como un todo, sigue en deuda con la presión interna que debe desplegar, en favor de cualquier opción: participar o abstenerse, negociar o no hacerlo.

También se argumenta que lo del régimen no es más que un “truco” para ganar tiempo y ver sí, de paso, le levantan algunas sanciones internacionales. Pero, para mí, el régimen, en realidad, tiene todo el tiempo que necesita, no hay premura, nadie lo está desalojando del poder de manera perentoria y, además, a pesar de las sanciones, ha logrado también manejarse para “sobrevivir”.

Mi tercer comentario tiene que ver con la incapacidad de los críticos, incluidos los supuestos líderes políticos que se oponen a participar electoralmente y a las negociaciones, en convencer a la población de la justicia o valor de sus propuestas. Son clásicos los análisis buenos, lógicos, eruditos, documentados; pero que dejan el problema en carne viva: si, como dicen, el gobierno, dictadura o régimen, es de la naturaleza que ellos describen, ¿cómo negociar con ellos?, pareciera claro que eso no es posible. Y surgen entonces dos alternativas, pero que nunca las dicen: una, que no hay que oponerse, no hay que hacer nada; o dos, que hay que buscar una especie de fuerza policial que se ocupe del régimen; pero, nunca dicen, ni proponen cual es esa fuerza policía y donde puede estar disponible.

Mi último comentario es que el liderazgo político, opositor, sea el ligado a Juan Guaidó y el llamado G4, o el que se denomina o autodenomina “radical”, ambos, están en deuda con el país en ofrecer una alternativa que signifique algo, que nucleé, le dé esperanza y objetivo al sector opositor del país, al que se considera mayoritario en todas las encuestas. Ese “¿Qué hacer?” no se puede seguir evadiendo, no puede seguir siendo una pregunta retórica.

Desde luego son aún más lamentables los que, últimamente, admiten claramente − ¿cínicamente? − que ellos no tienen ninguna alternativa acerca del “qué hacer”, pero no se arredran en criticar, sembrar dudas: sobre la corrupción de la oposición, sobre sus fallas y la mediocridad general de todos los políticos, sin excepción, aunque ellos −afirman− que no tienen una posición “antipolítica”; pero tampoco terminan de ofrecer una alternativa concreta. Solo vemos una retórica tan vacía como la que critican.

Los líderes opositores no son de plastilina, que pueden aguantar toda clase de embates e improperios; tampoco son frágiles piezas de porcelana que no resisten el mínimo impacto. Pero la crítica, inevitable y necesaria, debe ser fundamentada y, no habría ni que decirlo, que debe ser respetuosa y no ser personal, para que sea contundente, para que conduzca a la reflexión y a la rectificación oportuna, de ser necesario. ¿Mucho pedir?

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


Fernando Mires

1. Que el ser humano sea errático es parte de nuestra condición, por no decir naturaleza. Viene de nuestro más grande atributo: la palabra. La palabra que lleva al conocimiento, al saber, al pensar. Significa que estamos condenados a buscar la conexión entre las palabras y las cosas. Por eso erramos. No siempre la palabra se ajusta a la cosa. Vivimos desajustados.

Pensamos con palabras. Las palabras son instrumentos que nos llevan a vincular el cuerpo con el alma. Si no fuera por ellas jamás podríamos pensar. Estaríamos librados al orden que nos imponen nuestros instintos, pulsiones e impulsos. Tres palabras usadas como sinónimos pero cuya diferencia conviene explicar. Sobre todo debido al hecho de que los primeros psicoanalistas, Freud a la cabeza, tendieron a usarlas como sinónimos. Los traductores también.

Seamos simples: los instintos están integrados en nuestra naturaleza biológica o animal, sobre todo el instinto de vida o de supervivencia del que los demás son derivados. La pulsión, en cambio, se da cuando sentimos el llamado del instinto biológico representado, casi siempre de modo indirecto o sinuoso, como palabra o como imagen en el alma. El impulso, a su vez, sería el reconocimiento del objeto sobre el cual realizaremos nuestro instinto. Pongamos por ejemplo, para no hablar siempre de sexo, el hambre.

El instinto de comer forma parte del instinto de supervivencia. El instinto de comer para sobrevivir llama a su pulsión o apetito. El apetito busca a su objeto. En el impulso de comer lo que primero encontremos es la tercera fase. Elegir el objeto a comer, o a su representación psíquica, ya no tiene mucho que ver con el impulso sino con la cultura en la que vivimos.

Cuando una cultura no nos deja realizar nuestro impulso surge entonces, según Freud, un malestar: El malestar en la cultura. Significa que más allá del instinto, la pulsión y el impulso, han sido establecidas demasiadas transiciones. El malestar en la cultura es el síntoma inequívoco de una contradicción entre nuestra naturaleza biológica con nuestra naturaleza social, entre los deseos y los deberes, entre las pulsiones y sus objetos. El tributo que debe pagar nuestra condición humana para seguir siendo humana.

Somos los hijos de un segundo parto, ya no biológico sino cultural. Desde el momento en que entramos al campo de la cultura abandonamos la larva del lactante, renacemos, y eso significa: somos otros distintos a los que éramos. Freud lo entendió perfectamente cuando en su El yo y el ello escribió que existe un «algo» psíquico anterior al lenguaje, un «algo» que no necesita de las palabras para hacerse consciente. Y aquí viene la contradicción más grande: a ese «algo» no podemos acceder con palabras porque ese «algo», el del inconsciente, no se ajusta a nuestro lenguaje. O lo que es parecido, tenemos que dislocar nuestras palabras de sus objetos para aproximarnos a ese mundo que, según Freud, no es una fase preinfantil sino una que se desplaza desde la preinfancia hacia lo desconocido, hacia lo que no sabemos, hacia lo que no entendemos ni lograremos entender jamás y que, sin embargo, es real, real porque existe. Ese fue el hallazgo de Lacan. Por eso el vocabulario de Lacan no es el de los diccionarios.

El deseo, según Lacan, no es lo que deseamos sino lo que está más allá o antes del deseo, en una relación en donde el objeto no es un objeto sino un sustituto de un objeto que no sabemos lo que es ni donde está.

Lo real-lacaniano no es «nuestra» realidad. Si se quiere, es una metarrealidad. Es lo inaccesible. Tan inaccesible como es al analista la mente del paciente enloquecido, como los sueños a nuestras fallidas interpretaciones. Más inaccesible todavía porque a ese mundo, según el mismo Freud, no podemos acceder con nuestras palabras, pero que, por otra parte, posee un lenguaje desconocido por nosotros. Ese es un mundo que, siendo nuestro, siempre seremos extranjeros en él.

2. Hay momentos, sin embargo, en los cuales la metarrealidad deja asomar algunas diminutas puntas de su iceberg. Suele suceder en las no tan mal llamadas «situaciones límites». En eso pensaba al terminar de ver una serie danesa que en idioma alemán se titula Wenn die Stille einkehrt y que en español podría traducirse como «Cuando vuelve la calma». La serie está centrada en ocho personajes, cada uno con sus respectivos contornos familiares, sociales y culturales. El hecho desencadenante de la trama fue un sangriento ataque terrorista perpetrado en un restaurant muy concurrido. Después del atentado, la tragedia será presentada en las reacciones experimentadas por los ocho sobrevivientes. Pero no voy a contar la historia. Me limitaré a extraer solo un caso, justamente el que me llevó a pensar en el artículo que ahora estoy escribiendo.

Una conocida cantante y su novio cenan mirándose intensamente, ambos muy enamorados, hasta el punto de que para estar juntos aceptan comenzar una vida nueva rompiendo en parte con las relaciones familiares e incluso profesionales contraídas antes de conocerse. Pues bien, apenas irrumpieron los terroristas, el novio corrió a refugiarse en el WC del restaurant, dejando a su novia librada a su suerte. Después escapó aterrado hacia su casa, y de la cantante, si te he visto ni me acuerdo.

En nuestras palabras: el instinto de vida del enamorado despertó, se convirtió en una pulsión por sobrevivir y así consumó el impulso que lo llevó a esconderse y huir dejando a su novia abandonada. Días después sobrevinieron los remordimientos y comenzó a pedir disculpas a la cantante.

El comportamiento del enamorado contrastó con el del dueño del restaurant, hasta ese momento mostrado como un empresario calculador, sin muchos escrúpulos. Sin embargo, entre las balas, logró salvar la vida de la cantante. Volviendo a nuestra terminología: en la naturaleza del empresario yacía escondido un fondo moral y cultural del que el novio, un personaje culto y civilizado, carecía. Fue esa razón por la que la cantante, luego de pensarlo mucho, decidió abandonar a su enamorado para siempre.

En una situación límite, ese enamorado, en contra de sus propios deseos e ideales, se había mostrado como un cobarde. No obstante, lejos de juzgar al enamorado con las categorías morales de uso común, podemos afirmar que él solo reaccionó siguiendo el llamado de su primera naturaleza, la biológica. En cambio, el empresario ya había interiorizado, quizás sin saberlo, algunos elementos de una segunda naturaleza, la moral y la cultural.

El episodio narrado me llevó a recordar un texto de Levinas en donde el filósofo afirma que el don moral puede ser solo reconocido en situaciones límites. Pone el ejemplo de alguien que, de pronto, ve a otra persona ahogándose en las profundas aguas de un río. Sin pensarlo dos veces se lanza al agua a salvar al ahogado. Ese es el acto de un ser moral, según Levinas.

El que lo piensa dos veces ya es portador de alguna imperfección, pues entre el impulso moral y el hecho de salvar a alguien introduce el momento de la reflexión. Entonces, el impulso deja de ser un impulso y, aun en caso de que la decisión sea salvar al ahogado, solo sería un deber. Sin embargo, pienso yo, dicha conclusión no es tan simple si damos vuelta el ejemplo de Levinas en sentido contrario.

Imaginemos que alguien te ofende de modo brutal. Si tú respondes con un insulto peor, o con una bofetada, accedes al primer impulso que es el de defender tu integridad personal frente a un agresor. Pero, si en lugar de responder con insultos o una bofetada, no le haces caso o simplemente respondes con una frase civilizada, actúas, reflexivamente, de acuerdo con la moral social o cultural.

Podríamos llenar páginas y páginas con ejemplos parecidos. Al final concluiremos en que la moral no es una cosa en sí. Puede estar integrada en los impulsos primarios, pero también en la reflexión.

3. En la serie televisiva de referencia hubo otro caso que me llamó la atención. Se trata de una mujer llamada Elizabeth, una política de un partido democrático, tolerante y abierto a los cambios. Desde su cargo de ministra de Justicia, Elizabeth dedica casi toda su actividad a crear una legislación que amplíe los derechos de los emigrantes. Sin embargo, en el atentado fue asesinada su mujer, el amor de casi toda su vida. Después de ese acontecimiento, Elizabeth se convirtió en alguien radicalmente distinta a la que hasta entonces había sido: intolerante, con arranques lindantes en el racismo, capaz de descargar toda su furia sobre un pobre muchacho de origen palestino al que sin pruebas ella intentaba culpabilizar a todo precio.

Queda entonces la pregunta abierta: ¿quién era Elizabeth? ¿Era la representante de la tolerancia y civilidad que la caracterizaba antes del atentado, o esas virtudes eran un simple camuflaje ideológico y cultural para ocultar al energúmeno facho aparecido después del atentado? Fue en ese momento cuando recordé una de las más interesantes teorías de Donald Winnicott.

Según el destacado psiquiatra británico, todos somos portadores de dos yo. Winicott los llama el verdadero y el falso yo. El primero es el instintivo, el yo biológico, el de las pulsiones y el de los impulsos. El segundo es el yo social, cultural; y aquí agregamos: político.

Ahora bien, lejos de haber una contradicción entre ambos yo, Winnicott ve una relación de recíproco apoyo. Vista así, la tarea del falso yo sería la de brindar protección al verdadero yo. Esos dos yo, sin embargo, deben permanecer en comunicación. Si existe una separación muy grande entre ellos —o el primer yo queda librado a sus pulsiones— se convierte en un peligro para la sociedad y la cultura, o el segundo yo lleva a su portador a transformarse en un autómata sin sentimientos.

Como demuestra el caso de la ministra Elizabeth, el político ideal sería aquel que deja lugar para que ambos yo coexistan amistosamente en una persona. En ese sentido, si concordamos con Max Weber en que la política es lucha por el poder, ambos yo —y no uno solo— deben estar imbricados en los objetivos a lograr.

En países gobernados por dictaduras, o simplemente gobiernos autoritarios, la tarea política es desalojar del poder a los opresores, personas y grupos que impiden que los ciudadanos expresen su ser en libertad y democracia. La tarea del segundo yo, el llamado «falso» por Winnicott, sería la de encontrar los medios menos violentos y más políticos para lograr ese objetivo. En otras palabras, convertir la ira legítima del primer yo en una estrategia civil y democrática. Ese camino lleva a buscar el diálogo, directo o indirecto con los opresores, aceptar condiciones de lucha no ideales y a contraer compromisos ineludibles con el poder establecido.

El político, para ser político, debe saber mantenerse a sí mismo como político, y esa fue la falla del personaje Elizabeth quien, cuando fue acosada por sus impulsos más primarios, dejó de ser una mujer política, capitulando frente a la lógica de los terroristas. Esa es la diferencia entre los grandes políticos y los que ceden al embate de sus pasiones. Pues los demagogos y populistas no solo engañan, suelen creer en la verdad de sus impulsos. Para ellos solo existen fines, no medios. Es por eso que permanentemente proponen objetivos grandiosos, pero sin dar a conocer los medios para lograrlos.

Probablemente, Mandela nunca simpatizó con de Klerk. Quién sabe si alguna vez fue tentado por la idea de permanecer en prisión, esperando una revolución de masas que pusiera fin a la usurpación, asumiendo así un rol de mártir frente a la historia universal.

Seguro también que a Walessa tampoco le caía muy bien el general Jaruzelsky, quien mantenía en prisión a muchos de sus camaradas obedeciendo al mandato de la URSS. Eso no lo llevó sin embargo a rehuir el diálogo cuando descubrió que podía hacerlo. Por razones similares, los socialistas y comunistas españoles no sentían ninguna simpatía por el franquista Adolfo Suarez, pero decidieron deponer sus sentimientos y sus identidades ideológicas para contraer compromisos y llevar al restablecimiento de una monarquía erigida sobre bases republicanas y democráticas. Del mismo modo, los demócratas chilenos que fueron al plebiscito sabían que iban a una elección llena de fraudes y que probablemente era más digno gritar —como hacían los comunistas— «a Pinochet no hay que revocarlo sino derrocarlo». No obstante, decidieron renunciar a sus odios y venganzas en aras de la posibilidad democrática.

Esos ejemplos, y otros, nos muestran cómo la política no solo es el lugar de la exaltación, de las marchas sin destino, de las visiones moralistas, de las salidas apocalípticas.

Los cubanos, que recién hicieron su puesta en escena en contra de un régimen con muchas características totalitarias, ya aprenderán que corear «Abajo la dictadura» sin crear estructuras, afinar organizaciones y generar dirigencias, nunca podrán alcanzar los objetivos deseados. Ese «nosotros» formado por muchos individuos políticamente organizados no solo puede ser moral ni mucho menos moralista sino, además, político.

Los políticos son ciudadanos con máscaras. La máscara es la representación que ellos asumen frente a los demás. Pues máscara, nunca hay que olvidarlo, quiere decir en griego, persona. Y una persona no muestra en público sus instintos, sus pulsiones y sus impulsos. Su tarea es construir frases estructuradas en sujetos y predicados cuyo objetivo no puede ser otro sino ordenar el orden simbólico de la polis, la ciudad de todos. O dicho en otros términos: de lo que se trata es de imponer la lógica de la razón por sobre el mandato tiránico de los impulsos. Quien quiera vivir en democracia debe comenzar a practicarla consigo mismo.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), fundador de la revista POLIS, Escritor, Político, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol.

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Américo Martín

Fidel Castro era un hombre de acción, pero también de vacías frases para el bronce. Acuñó varias que pronto ganaron nombradía. Estaba el caudillo cubano en la cima de la popularidad, en olor de santidad, digamos, aunque de santo había dado repetidas pruebas de no tener nada. Patria o muerte fue la más notable, pese a que su revolución ya había recibido azotes de realidad.

Los barbudos ya habían hecho del «paredón» un arma de miedo y, no obstante, la rutina, la costumbre y el deseo de presentarse como modelo de militante leal a las consignas de turno. Pero no es dable imaginar que tan pobres mecanismos sean efectivos.

El caso ahora es que con el despertar de la disidencia cubana ha sido, igualmente, el punto de partida de una reactivación sorprendente de la lucha por la democracia y la libertad.

Casi por una brusca toma colectiva de consciencia, dada la intimidante atmósfera de sumisión y temor todavía imperantes, es también una vigorosa respuesta popular que anticipa la organización de una fuerza de cambio, en plan de abrirse paso en el cerrado sistema totalitario todavía imperante. Por eso hay que recibir como un excelente síntoma que de las gargantas de los cubanos haya emanado la muy apropiada consigna de Patria y vida, recibida con alegría y espíritu de reto, aparte de convertirse en la opción posible contra la oscura bandera de la muerte y, mejor aún, contra la intensificación de la represión y la multiplicación de asesinatos de portadores de disidencia que se expanden con alarmante rapidez.

¿Cómo saldrán Cuba, Venezuela, Nicaragua y otras naciones sometidas a semejantes condiciones?

Los signos expuestos reflejan el avance de una corriente de cambio en libertad, a la que hay que proporcionarle rápido y, sobre todo, eficiente respaldo. No se peca de optimista irremediable al afirmar que lo ya logrado en las impresionantes jornadas de Cuba parece francamente irreversible.

En las alturas del poder todo el espacio parece ocupado por robustos elefantes que se empujan unos a otros sin, por ahora, derribarse. No hay que conformarse con menos que un cambio democrático susceptible de abrir un nuevo capítulo de la historia.

Lo interesante es que la abrumadora y polifacética crisis, pese a su carácter hondamente regresivo, asoma un ángulo nítidamente vanguardista —califiquémoslo de esa manera— por su previsible impacto en las duras realidades del zarandeado continente. Tal como los fenómenos regresivos se intercomunican y son arrastrados en la decadencia, también lo hacen los procesos de auge. Se puede esperar que las señales positivas se retroalimenten en dinámicas de recuperación y alza.

El ímpetu de la cierta rebelión popular no se confina a determinados sectores sociales, partidos políticos. Comenzaría en ellos, pero se propuso dar y dio pasos más audaces y, por ende, de más consistente potencial de cambio. Especialmente llamativo y sorprendente el caso de los militares de alta graduación que han muerto sin que nadie pueda explicar en forma convincente por qué ocho generales de las FAR han fallecido, misteriosamente, uno tras otro. Se pretendió atribuirle esa hecatombe a la pandemia, pero ni un alma suscribió tan peregrina y oportunista tesis. El tiempo sigue corriendo y la desinformación continúa.

En paralelo de tan delicada tragedia, las inesperadas declaraciones del presidente Miguel Díaz-Canel han sido no menos descabelladas. En lugar de apaciguar reacciones, hizo un llamado al «pueblo revolucionario» de Cuba a disponerse a salvar la vigencia del castrismo, lo que encrespó los ánimos en su contra.

Díaz Canel es uno de los coautores de la línea estratégica elaborada en el VI Congreso del PCC, bajo la dirección de Raúl Castro, cuyos objetivos fundamentales son la apertura de la economía en una operación que recuerda el socialismo de mercado de China que, por cierto, ha colocado a esa potencia en los linderos del capitalismo. Y el segundo gran objetivo de la estrategia de Raúl Castro y sus estrechos colaboradores es democratizar en lo posible el cerrado y hermético sistema político cubano.

Es obvio que el liderazgo de Díaz Canel tenía que irritar a la población, así como los presuntos asesinatos de oficiales de la más elevada graduación han debido suscitar mucho malestar.

Todo lo que puede agregarse es que con disparates políticos o sin ellos, los dirigentes nuevos y viejos están obligados a devolverle la tranquilidad al pueblo, desterrando los métodos represivos, y abrir con energía las puertas del mercado y a respetar los derechos humanos.

Seguir el ejemplo del fenómeno chino supone emprender en Cuba una masiva venta de empresas del Estado a la iniciativa privada, lo que equivaldría a intentar repetir lo que han hecho de aquel vasto país, el que ha llegado más lejos en el mundo en lo concerniente a la desestatización de empresas públicas. Por supuesto, para coronar semejante obra, habría que brindar lo que todavía está en mora en la superpoblada nación asiática. Estoy pensando en la urgencia de garantizar los derechos humanos, en la medida en que lo hacen las naciones democráticas de Occidente.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

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