Pasar al contenido principal

Opinión

Carlos Raúl Hernández

Yulimar es…

​… grandiosa y expresa un cambio social que llega hasta Merkel, mujeres que han demostrado con trabajo, voluntad y capacidad, que el mundo les pertenece. Asistimos al “fin de la historia” de ellas, su triunfo, el triunfo de la razón. Inundaron el mercado de trabajo, las posiciones de dirección política, intelectual y empresarial, dominan varias áreas de la actividad social y la curva es ascendente. La reivindicación femenina ha sido corriente esencial para el desarrollo de la democracia, como el sindicalismo, el periodismo, los partidos políticos, el pluralismo, el antirracismo, las luchas de los homosexuales y el parlamentarismo. Hombro a hombro con reformistas socialdemócratas, socialistas y demócrata cristianos, doblegaron la reacción conservadora escandalizada por los cambios, y a la ultraizquierda, que históricamente desfigura las luchas para ponerlas al servicio de su “revolución”.
El feminismo democrático nace con una gran filósofa política británica, Mary Wollstonecraft, quien produjo su primera obra teórica, Vindicación de los derechos de la mujer (1792), un terremoto que se burla del tótem, Rousseau, amante brutal y vividor, quien excluía las mujeres de la vida pública (p.127). Lo ridiculiza al equiparar el “derecho divino de los reyes y el derecho divino de los maridos”. La genialidad la hereda su hija Mary, mujer del gran poeta romántico Shelley, quien a los 18 años escribió nada menos que Frankenstein, en competencia con amigos durante el veraneo en un castillo ginebrino. Wollstonecraft plantea que las facultades humanas se desarrollan sin distinción de clase, raza o sexo cuando hay libertad e igualdad.
“Débil”, “oscuro objeto de deseo” (frase inmortalizada por Buñuel), fueron estereotipos mientras vivió sometida a oficios domésticos, el “confinamiento en jaulas” en las que “aprendían un ideal femenino” falso. “Un constructo social”, frente al que Wollstonecraft vindica otro en el que “no exista coerción” para que “los sexos ocupen su lugar adecuado… ellas puedan ser médicos igual que enfermeras… y participar directamente en debates del gobierno” (p.252) Uno de los soportes intelectuales de la democracia, John Stuart Mill, en Ensayo sobre la igualdad sexual (1869) afirma que a las mujeres las inferiorizan las instituciones, pero cuando la represión cesa, despliegan el mismo potencial que los hombres. Presentó en el Parlamento un proyecto de ley para el voto femenino que rechazaron. La segunda ola histórica feminista viene con el sufragismo entre los siglos XIX y XX, de Hubertine Auclert, Emmeline Pankhurst, sus hijas Cristabel y Sylvia; Milicent Fawcet, sus seguidoras en Gran Bretaña y muchos otros países.
Encarceladas se declaraban en huelga de hambre y el gobierno las hacía comer a la fuerza, pero ganaron. Finalmente, Nueva Zelanda les otorgó el voto (1893), Australia (1902), Finlandia (1906), y en 1996 cedió el último rincón oscurantista, el cantón suizo de Vaud. La tercera ola arranca en los años 60 con la revolución sexual de la píldora anticonceptiva, la minifalda de Mary Quant, el triunfo del rock, cuando a Elvis y Jagger les lanzaban pantaletas. El mayo francés fusiló la virginidad como virtud femenina: “mientras más hago la revolución, más ganas me dan de hacer el amor… mientras más hago el amor, más ganas me dan de hacer la revolución”. Las universidades se llenan de ellas, igual que los puestos de comando en las empresas y el Estado. En los 2000 Latinoamérica tuvo cuatro mujeres al mando: Bachelet, Chinchilla, Rousseff y Kirchner, pero retoña la enfermedad totalitaria, antisistema y antihumanista de la ultraizquierda. Esta desprecia los cambios “dentro del sistema” y se propone una revolución. El ascenso femenino, su salto a la igualdad real, es reformismo burgués y a cambio propugnan el odio y el disparate. Otro mito socorrido, la diferencia salarial por sexo, la echó por tierra Google en un estudio global que comenzó por sus propios empleados y se extendió a mil empresas.
Wollstonecraft demuestra que sociedades anteriores crearon el arquetipo de la inferioridad femenina, pero la ultra pretende el disparate de que “el constructo” es el sexo mismo, que no es más que género, una abstracción creada. No importa que los humanos desde la infancia sientan atracción instintiva. Si se educa y viste niños como niñas y viceversa, “cambiaría su constructo sexual”, pero las experiencias terminaron en tragedia. Por eso combatir la homofobia y defender el derecho a que cada quien viva su sexualidad libremente, cualquiera sea, es un paño caliente reformista. La ultra declara guerra “al patriarcado” en sociedades que dejaron de tenerlo gracias a las tres oleadas feministas y al movimiento de la dignidad gay. Una conferencista española ultrosa pidió a los varones que oyeran el foro tres horas de pie para demostrar “vergüenza y empatía” con las mujeres. Declaró que cuando un hombre y una mujer se acuestan juntos, se repite la humillación histórica del patriarcado, el machismo y el capitalismo. Una joven le respondió: “señora… puedo vivir con eso”. Parece que hay cosas peores.
@CarlosRaulHer

 3 min


Editorial Nobbot

El consumo de agua embotellada ha ido aumentando considerablemente en los últimos años a escala mundial. Según investigaciones anteriores, esta tendencia puede explicarse en parte por factores subjetivos como la percepción del riesgo, el sabor, el olor, la falta de confianza en la calidad del agua del grifo y el marketing por parte de las empresas.

Ahora, un nuevo estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por la Fundación «la Caixa», es que, al menos en la ciudad de Barcelona, ​​el agua del grifo es la opción que ofrece más beneficios generales. Los investigadores se centraron en esta ciudad debido a la solidez de los datos disponibles y debido a que la calidad del agua del grifo puede diferir entre ciudades o países.

Los resultados mostraron que si toda la población de Barcelona decidiera cambiar al agua embotellada, la producción requerida tendría un peaje de 1,43 especies perdidas por año y un costo de 83,9 millones de dólares por año debido a la extracción de materias primas. Esto es aproximadamente 1.400 veces más impacto en los ecosistemas y 3.500 veces mayor costo de extracción de recursos en comparación con el escenario en el que toda la población cambiaría al agua del grifo.

AGUA DE GRIFO VS. AGUA EMBOTELLADA

“Nuestros resultados muestran que, considerando los efectos ambientales y de salud, el agua del grifo es mejor opción que el agua embotellada, que genera una gama más amplia de impactos”, dice Cathryn Tonne, investigadora de ISGlobal y última autora del estudio.

“La calidad del agua del grifo ha aumentado sustancialmente en Barcelona desde la incorporación de tratamientos avanzados en los últimos años. Sin embargo, esta mejora considerable no se ha visto reflejada en un aumento en el consumo, lo que sugiere que el consumo de agua podría estar motivado por factores subjetivos distintos a la calidad”, dice Cristina Villanueva, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio.

“Uno de estos factores subjetivos es la presencia percibida de compuestos químicos en el agua del grifo. Si bien es cierto que el agua del grifo puede contener trihalometanos derivados del proceso de desinfección y que los trihalometanos están asociados al cáncer de vejiga, nuestro estudio muestra que debido a la alta calidad del agua del grifo en Barcelona, ​​el riesgo para la salud es pequeño, especialmente si tenemos en cuenta los impactos globales del agua embotellada”, añade Cristina Villanueva.

En este sentido, los resultados estiman que un cambio completo al agua del grifo aumentaría el número total de años de vida perdidos en la ciudad de Barcelona a 309 (lo que equivale aproximadamente a una media de 2 horas de esperanza de vida perdida si se repartiese por igual entre todos los residentes de Barcelona). Añadir un filtro doméstico al agua del grifo reduciría el riesgo considerablemente, rebajando el número total de años de vida perdidos a 36.

06/08/2021

EDITORIAL NOBBOT

https://www.nobbot.com/personas/el-impacto-ambiental-del-agua-embotellad...

 2 min


Soledad Morillo Belloso

Supongamos que de aquí a unos meses logramos salir de esta pandemia, tarde, pero lo logramos. Será entonces tiempo de enfrentarnos con la cruda realidad.

El nuevo presidente de Fedecámaras, paisano, se estrena. Pasados los momentos de recibir las palmadas en el hombro, y luego de quedarse a solas, imagino que le llegó el momento de angustia. Porque por mucho entusiasmo que sienta, sabe él que el panorama no es nada auspicioso, ni para el empresariado ni para el país.

Es rigurosamente cierto que el régimen puede hacer cosas para destrabar el juego. Para empezar, puede tomar decisiones menos ideológicas. Hablamos de derribar barreras que el mismo régimen creo y que hoy son su peor enemigo. Claro, muchos en su propio círculo de asesores le advierten que tenga cuidado con cambiar el discurso y la narrativa, pues al hacerlo puede empezar a parecerse a la oposición. Eso no es cierto.

Vietnam. Luego de una guerra horrorosa, el régimen impuso su ideología. Así fue durante años. Hasta que llegó el momento de entender que así no se lograba nada. Y si bien no renunciaron en ese régimen al diseño político, pues rediseñaron el modelo económico. Hoy Vietnam no es ni parecido a lo que era en tiempos de la posguerra. Y seguramente de aquí a unos años, habrá además una reforma política que permita algo que se parezca más a un sistema democrático que a ese absolutismo de un partido que todavía priva.

No sabemos qué es primero, si el huevo o la gallina. No voy a decir que Maduro es capaz de conducir el viraje que necesita dar Venezuela. De veras que me parece que le falta lo elemental: conocimientos, destrezas y liderazgo. Pero me pregunto cómo acortar el camino de la reforma que obviamente necesitamos. Si me fijo en los que hablan de esperar un revocatorio o las elecciones presidenciales en la fecha que «tocarían», bueno, entonces tengo que apuntar que de aquí a allá el deterioro del país va a ser mucho peor que el que padecemos. Bien. Entonces hay que, o acortar los lapsos, o, lograr que las reformas económicas que son urgentes se produzcan antes que los cambios políticos.

Maduro no quiere soltar el coroto. Puede ser que los acontecimientos le pinten un escenario muy complicado. No son dos conchas de ajo lo que puede ocurrir en la CPI. Y nadie me va a convencer que en Miraflores y Fuerte Tiuna no están angustiados. Lo están. Pero también saben que eso, un posible proceso en esa instancia judicial tomará tiempo. No es la escena de una película, es una película larga y de muy compleja producción, con muchos actores.

Bien. ¿Qué hacemos? ¿Nos encerramos en nuestras casas y nos plantamos? Si hacemos eso, pues morimos. De mengua.

Las elecciones del 21N me dan grima. Son un pichaque. Y no hay un solo candidato que me mueva el piso. Para completar el tedio, el CNE anuncia que habría penalización con cárcel para aquellos ciudadanos que incumplan su «deber» de actuar como miembros de mesa, en caso de haber sido seleccionados para tal función. La torpeza de ese anuncio no hay cómo adjetivarla. Han sumado así una razón más al portafolio de razones para no votar. Porque a juro, nada. Ni votar ni ser miembro de mesa. Sin embargo, aún sin haber tomado una decisión en firme, es probable que yo el 21N vote. Y espero que de aquí a ese día algo inspire a las organizaciones y los candidatos para que digan algo mínimamente interesante y espero, también, que el CNE deje de hacer amenazas estúpidas y los rectores tengan un discurso menos cursi y relamido.

No sé si habrá negociación en México. Espero que sí. Y espero que esas conversaciones no se vuelvan un torneo de quién grita más o quién construye la declaración más escatológica. Es bueno que los que están en el poder en el régimen y los que están en posiciones de liderazgo en la oposición (en los varios pedazos que hay) sepan y entiendan que están todavía a tiempo. Que si el país se termina de hundir, pues los arrastrará al hueco. Y ese hueco es un barranco infinito

1 de agosto

Guayoyo en Letras

https://guayoyoenletras.net/2021/08/01/el-barranco-infinito/

 3 min


DW

Alrededor del 75 % de los cultivos mundiales que producen frutos y semillas para el consumo humano dependen de los polinizadores, como el cacao, el café, las almendras y las cerezas, según la ONU.

La exposición a un cóctel de agroquímicos aumenta netamente la mortalidad de las abejas, una situación subestimada por las autoridades encargadas de regular la comercialización de estos productos, según un estudio publicado en la revista científica Nature.

De acuerdo con la ONU, las abejas polinizan 71 de las 100 especies cultivadas que proporcionan el 90 % de los alimentos del mundo. En los últimos años, el colapso de las poblaciones de insectos polinizadores, muy vulnerables a los pesticidas, amenaza la producción agrícola.

Múltiples agroquímicos aumentan la mortalidad de las abejas

El estudio recoge decenas de investigaciones divulgadas durante los últimos 20 años. Se centra en las interacciones entre los agroquímicos, los parásitos y la desnutrición que afectan el comportamiento de las abejas.

Los investigadores concluyeron que es probable que el efecto combinado de diferentes pesticidas y otros productos químicos sea mayor que la suma de los efectos de cada uno.

Estas "interacciones entre múltiples agroquímicos aumentan significativamente la mortalidad de las abejas", señaló Harry Siviter, coautor del estudio, de la Universidad de Texas.

"Si no se aborda esta cuestión y se sigue exponiendo a las abejas a múltiples factores de estrés antropogénicos dentro de la agricultura, se producirá un descenso continuado de las abejas y de sus servicios de polinización, en detrimento de la salud humana y del ecosistema", concluye el estudio.

Amenazados por la agricultura intensiva

En un comentario publicado también en Nature, Adam Vanbergen, del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia, afirma que los insectos polinizadores se enfrentan a las amenazas de la agricultura intensiva, incluyendo productos químicos como fungicidas y pesticidas, así como a la reducción del polen y el néctar de las flores silvestres.

El uso a escala industrial de abejas melíferas manejadas también aumenta la exposición de los polinizadores a parásitos y enfermedades.

"Los reguladores deben considerar las interacciones entre los agroquímicos y otros factores ambientales estresantes antes de autorizar su uso", dijo Siviter a la AFP.

Los resultados del estudio "muestran que el proceso regulatorio en su forma actual no protege a las abejas de las consecuencias indeseables de la exposición a múltiples niveles a los agroquímicos".

Alrededor del 75 % de los cultivos mundiales que producen frutos y semillas para el consumo humano dependen de los polinizadores, como el cacao, el café, las almendras y las cerezas, según la ONU.

En 2019, los científicos advertían ya que casi la mitad de las especies de insectos del mundo están en peligro y un tercio podría extinguirse a finales de siglo.

Una de cada seis especies de abejas se ha extinguido a nivel regional en algún lugar del mundo. Se cree que los principales impulsores de la extinción de los polinizadores son la pérdida de hábitat y el uso de pesticidas.

6 de agosto 2021

https://www.dw.com/es/la-agricultura-y-sus-pesticidas-están-matando-más-abejas-de-lo-que-pensamos/a-58785271

 2 min


Jesús Elorza G.

El desempeño de los 43 atletas que nos representaron en los juegos de Tokio estuvo rodeado de una serie de factores que marcadamente influyeron en los resultados finales. A medida que se iban desarrollando las diferentes competencias, fuimos testigos de la entrega total de nuestros deportistas por alcanzar los triunfos en sus diferentes especialidades. Ganamos y perdimos, pero en su conjunto quedo plasmado el esfuerzo y la dignidad de nuestros representantes por dar lo mejor de cada uno de ellos.

Venezuela entera saltó con Yulimar, gritó con Rosa y Ahymara en cada lanzamiento, se elevó a las alturas con Peinado tensó sus músculos al igual que Mayora y Vallenilla al levantar sus pesas, acompañaron con muestras de asombro y alegría las piruetas de Dhers, sufrieron el no poder avanzar en la competencia de nuestros atletas en boxeo, voleibol, tiro, vela, saltos ornamentales, natación, aguas abiertas, esgrima, karate, judo; en fin, todos fuimos atletas en esos juegos saboreando los triunfos y aceptando las derrotas.

Pero, también hay que señalar la indignación que sentimos al ver como se manipuló con intención propagandística a uno de los ganadores de medalla, para que la ofrendara al conocido por todos como “El difunto eterno”. No se quedó atrás, el canal de televisión que trasmitió los juegos, cuando uno de sus “comentaristas” dijo que “el padre putativo de nuestra saltadora de triple fue Aristóbulo Isturiz” o cuando interrumpieron a Alfredo Loyo director técnico de deportes de combate del IND, en el momento en que señalaba “el esfuerzo de cada deportista para llegar a Tokio, pese a la falta de respaldo”. En ese preciso momento, uno de los entrevistadores pidió interrumpir la grabación para censurar ese fragmento. Fuera de sus cabales gritó a todo pulmón “No, no, no, este marico está loco. Interrumpe eso porque va a quedar como si el ministerio o el IND no le pararon bolas a los atletas”.

Estos hechos sirven para demostrar que el verdadero objetivo de las incapaces autoridades deportivas gubernamentales y olímpicas solo se circunscribe al efecto mediático propagandístico de los resultados, dejando de lado la implementación de políticas públicas que hagan posible el desarrollo deportivo del país.

Por el contrario, la “gerencia” de los incapaces ha conducido a la suspensión de los juegos deportivos nacionales, el abandono de las instalaciones deportivas, inasistencia a eventos internacionales por falta de pasajes, pasaportes y viáticos, la no dotación de implementos adecuados para competir como fue el caso de la nadadora Paola Pérez quien sufrió un ataque de hipotermia por no contar con un traje de baño adecuado, el no pago de las becas a los atletas y la inexistencia, a pesar, de estar en una situación de pandemia, de un programa de asistencia social integral (seguro HCM).

En lo referente a los entrenadores nacionales o extranjeros, hay que señalar que la política de los incapaces en esta materia se destaca por los salarios de hambre para los primeros y el incumplimiento de pagos para los segundos.

Especial referencia, es la de señalar, que ninguno de los 10.000 “entrenadores” cubanos aparece relacionado con la preparación de nuestros atletas.

En este duro y lastimoso cuadro, también hay que considerar a la diáspora, ya que en el área deportiva su impacto ha provocado la migración de atletas y entrenadores que buscan en otros países mejores condiciones de vida. En este punto destaca, el caso de la migración de más de 15 entrenadores de pesas. En particular hay que señalar el caso del entrenador Jorge Rivero, quien representó a Ecuador como entrenador del equipo de pesas femenino que ¡¡¡logró ganar una medalla de oro, una de plata y un diploma olímpico!!!. Cabría preguntarse ¿Por qué no pudo entrenar a las persistas venezolanas?

En el balance de los resultados, con las 4 medallas obtenidas pasamos a ocupar el puesto número 42 en la clasificación general. Pero, Ecuador ocupó el lugar 34 y Colombia cuantitativamente logró una medalla más que nosotros (ninguna de oro) y estuvo representada en un mayor número de competencias, nos indica que estos dos países continúan siendo nuestros fuertes rivales para el próximo ciclo olímpico: Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos.

Finalmente, los incapaces, corruptos y manipuladores que conforman las autoridades deportivas, por su destacada actuación en la crisis del deporte venezolano, merecen, sin lugar a dudas, la medalla de plomo.

Atletas y entrenadores cuentan con el reconocimiento pleno de un país. Alcanzar un mejor deporte es una tarea de todos.

 3 min


Humberto García Larralde

Una de las cosas que más frustra del actual régimen es que desafía flagrantemente –abofetea—lo que se supone es el deber ser de toda gestión: mejorar la fortuna de la gente. ¿Cómo es posible que el peor gobierno de nuestra historia, culpable de haber insistido en políticas que destruyen al país, que se encuentra en manos de crasos incompetentes que mienten a descaro y carecen de todo escrúpulo a la hora de cometer sus desmanes, que ha mostrado la mayor crueldad en el trato a sus compatriotas y, por tanto, se ha ganado el repudio mayoritario de ellos, continúe en el poder? Obviamente, porque se trata de un régimen de fuerza, de una dictadura. La imperiosa necesidad de acciones capaces de desalojarla obliga a una adecuada comprensión de los elementos sobre los cuales se sustenta.

El poder de un régimen político, como nos lo aclara Hannah Arendt, se nutre de su capacidad de concitar el protagonismo activo de los ciudadanos en apoyo a sus decisiones y ejecutorias. La filósofa judeo-alemana apuntaba a la polis griega como referencia, que conminaba, a quienes fungían como tales, a involucrarse en las decisiones sobre la cosa pública. En la época actual, en que la complejidad de algunas decisiones suele constreñirlas al ámbito de los especialistas y en la que la convivencia obliga a conciliar, bajo un marco institucional común, intereses muy variados y disímiles, tal protagonismo parecería ilusorio. Pero constituye el reto permanente de la democracia representativa liberal. Quizás la descentralización de la toma de decisiones, hacer que ocurra en contacto con los directamente afectados, sea la forma de aproximar el ideal de democracia directa que inspira esta concepción.

Ahora bien, la dictadura de Maduro está en el extremo opuesto de lo planteado anteriormente. La toma de decisiones se encuentra centralizada en manos de una oligarquía criminal reducida que no rinde cuentas, miente sobre sus acciones y padece de urticaria ante cualquier insinuación de consulta. El poder descansa, no en la ciudadanía, sino en su supresión, por medio de la violencia o la amenaza de aplicarla. Constituye un régimen excluyente, que rebaja a la población a masa informe, sujeta a los dictámenes de quienes detentan el poder político y militar. La despoja de su capacidad para organizarse y participar en la prosecución de sus intereses. Lo irónico de la jerga de la dictadura, es que ello es lo que permite conferirle su condición de “Pueblo” (con mayúscula). Es decir, lo que identifica al Pueblo como tal es su ausencia de organicidad; el estar convertido en masa, sometida a directrices y acciones impuestas por la jerarquía, instrumento irreflexivo de su vocación de poder.

La habilidad y el peligro del populismo extremista o, si se quiere, del fascismo, está en su capacidad de cultivar el afecto de una parte importante de la población con interpretaciones simbólicas acerca de sus frustraciones y querencias más sentidas, para capturar, a su favor, sus ansias de cambio. Un liderazgo carismático, usando una retórica maniquea que señala a los “culpables” de sus infortunios, canaliza para provecho propio las pasiones desatadas. El líder termina asumiendo que él es el Pueblo. Confisca, así, la voluntad popular. Por tanto, no se requieren mecanismos de representación alguna, pues la voluntad del Pueblo está incorporada en la actuación del líder. Al desmantelar las instituciones de la democracia liberal en nombre de una “democracia directa”, el líder y sus aliados aplastan los derechos individuales y desactivan toda participación. La ciudadanía deja de existir como tal.

Chávez mostró ser muy habilidoso en estos procederes, ayudado, claro está, por la enorme suerte que le tocó al cosechar los mayores precios conocidos jamás por la exportación de crudo. Ello limitó la necesidad de apelar abiertamente a la fuerza para imponer muchas de sus iniciativas. Maduro, carente de carisma, con precios petroleros menores y habiendo estropeado la economía y la industria petrolera, se ha visto obligado a acudir directamente a la violencia para asegurar su poder.

Conforme a la concepción arendtiana, el poder de Maduro sería precario, forzado a coaccionar a los venezolanos, y a eliminar sus posibilidades de movilización y expresión autónomas. Su dependencia de las armas implica concesiones significativas, convirtiendo a su régimen en una dictadura militar. Pero el ejercicio de la fuerza, o la amenaza de usarla, requiere de recursos --financiamiento y logística—y de una narrativa que procura legitimarla. Dada la destrucción de la economía y la imposición de sanciones por parte de EE.UU., la UE y otros países, Maduro, convertido en rehén de las apetencias de los militares más corruptos, enfrenta el desafío de asegurar estos recursos. Por ello insiste en reproducir un discurso antiimperialista desgastado que, no obstante, todavía tiene eco a nivel internacional. En particular, ha encontrado con ello un importantísimo apoyo en algunos países: Rusia, Cuba y China y, en menor grado, Turquía, Irán e India. Adicionalmente, el discurso antiimperialista concita una actitud benevolente, acrítica con respecto a sus desmanes, de una izquierda invertida, en tanto que defiende regímenes opresivos que deberían ser objetos de su denuncia. Finalmente, en el interior del país, el régimen se ampara en una realidad ficticia, construida con base en mitos y clichés, que blinda a sus ejecutorias de toda crítica y cuestionamiento desde el marco democrático.

De manera que podemos distinguir tres pilares sobre los cuales descansa el poder de la oligarquía militar – civil constituida en torno a Maduro: los militares corruptos, el apoyo de ciertos países y la construcción de una burbuja ideológica que refuerza su resiliencia y ciega su accionar frente a las críticas. Estos tres aspectos serán examinados en escritos posteriores.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

 4 min


Ricardo Sucre

Más que la cuña de Daniel Ceballos que apela a una “identidad política tachirense”, me sorprendió el estupor que causó. No es que no lo ameritara, pero a veces me pregunto si vivo y viví en el mismo país de muchos de los impresionados. Algunos son jóvenes, otros menos. Con los menos jóvenes el asombro es mayor ¿En cuál país vivieron o en cuál país viví yo?

No lo digo en un sentido peyorativo. Aunque la cuña apela a una identidad regional, tiene figuras que simbolizan –y fueron- gobiernos dictatoriales como Gómez y Pérez Jiménez. El autoritarismo es una constante en Venezuela. Por eso me extraña la sorpresa.

De muchacho, escuchaba que había una suerte de peregrinación de “venezolanos respetables” –que seguro hoy formarían parte de la legión de “indignados” en redes sociales y estarían en la “resistencia”- a la tumba del “Benemérito” en Maracay, para llevarle flores y enfurecerse por el deterioro causado “por la democracia”. Pérez Jiménez ganó un puesto como senador en las elecciones de 1968, pero no pudo ejercerlo. Su elección fue motivo para la enmienda Nº 1 de la constitución de 1961, aprobada en mayo de 1973. Su partido Cruzada Cívica Nacionalista sacó 4 senadores en 1968 y 1 en 1973. Luego desapareció del mapa político. También tuvo diputados. Recuerdo uno llamativo llamado Alejandro Gómez Silva, quien tenía un Mercedes Benz que en ese entonces simbolizó para mí el boato de los hombres públicos del perezjimenismo –el dictador tenía un Mercedes Benz de competencia que corría por lo que hoy es la “regional del centro”- frente a la austeridad en el poder de un Gallegos o un Betancourt.

Durante los 90, Venezuela saboreó el gusto por la cultura autoritaria. Célebres los alertas de Manuel Caballero –junto a Luis Castro Leiva por mencionar a dos importantes, con una angustia por la débil para ese entonces, salud de la democracia- y una expresión que el historiador repetía siempre, “el autoritarismo es una actitud, la democracia es una cultura”.

De manera que apelar a Gómez o a Pérez Jiménez no es nuevo. Desde 1993 el aeropuerto de San Antonio se llama “Juan Vicente Gómez”. No tiene el nombre de su hijo Florencio Gómez Núñez, quien tal vez hizo más por la aviación en Venezuela que su padre. Chávez coqueteó con Pérez Jiménez y el desfile del 5-7-2000 tuvo un “aire perezjimenista” con Chávez con su uniforme de gala y Marisabel de Chávez con un aire a lo “Doña Flor Chalbaud de Pérez Jiménez”, pero con sombreros tipo “Lady Di”, seguro recomendados por nuestras nunca bien ponderadas elites, hoy encolerizadas en redes sociales, las que en ese entonces tenían un experimento que fue tratar de cooptar a Chávez al verlo como un “buen muchacho de Sabaneta”.

En tiempos recientes, el conflicto político trajo una camada de “jóvenes perezjimenistas” y algunos no tan jóvenes que lo llevaban guardado durante la democracia AD-Copei. Varios de los chicos pro Pérez Jiménez fueron alumnos en la materia que doy -psicología social- en la Escuela de Estudios Políticos de la UCV.

Si lo veo a partir de lo que escribí en los párrafos anteriores, lo llamativo es lo tarde en que la cuña de Ceballos salió. El autoritarismo tiene por lo menos 30 años levitando en la conciencia nacional. Que ahora se use como mensaje electoral no tiene nada de extraño. Cuando la democracia de 1958 dejó de ser un proyecto nacional –durante los 80’s, abandonado por buena parte de las elites públicas y privadas- y la crisis económica trajo inseguridad en las razones morales para vivir que tiene cualquier pueblo del mundo, el autoritarismo se hizo visible para muchos en Venezuela. La seducción del autoritarismo es que promete seguridad y estabilidad para una vida inestable como la que se vive en una crisis. Y la Venezuela de los años 90’s en adelante es la de la crisis. El autoritarismo no exige mucho como la democracia. Es uno de sus atractivos.

Muchos intelectuales venezolanos –escritores, poetas, dramaturgos, artistas, historiadores, entre otros- lo vieron, pero el país entró en su “borrachera autoritaria” y hoy se levanta con el “ratón” de una cuña que lo sorprende.

La cuña de Ceballos me la tomo en serio porque desde hace tiempo, observo que hay “valores subterráneos” que se desarrollan en la sociedad venezolana. Todavía no procesamos “el trauma” de la crisis que arrancó en 2014, y pasamos de la escasez a una dolarización que ayuda a vivir, pero sin elaborar la experiencia de la crisis previa. No somos una sociedad “resiliente” como se afirma con tanto orgullo, sino una sociedad que vivió y vive una experiencia de crisis, pero sin procesarla, y la “parapetea” porque “pa’lante es pa’llá” y “sufrir no tiene sentido”. Esta negación produce fuerzas que no se ven en la superficie, pero de las que hay indicadores. Uno es apelar a las identidades locales. No diré que Venezuela sea parecida a la “España invertebrada” de Ortega y Gasset (1921), pero sí hay fracturas y clivajes que todavía no comprendemos completamente. Todavía estamos en la Venezuela de 1998 o, como mucho, en la de 2010.

El clivaje regional es uno de ellos. Que la cuña venga de Táchira tampoco debe sorprender. Un estado importante de Venezuela sumamente maltratado e irrespetado por el gobierno de Maduro, pero abandonado por la oposición con el discurso de “Chamberlain, Petain, Vichy” y pamplinadas de esas, junto a la foto trucada en la que aparecieron los gobernadores de la oposición que ganaron en 2017, “arrodillados” ante Delcy Rodríguez, en ese entonces presidenta de la ANC. Una foto de mentira pero que la opinión quiso creer para condenar a los gobernadores de “colaboracionistas” y justificar su incompetencia política frente a Maduro, expresión que hoy se le devuelve a quienes la promovieron. Hoy todos son “colaboracionistas”.

En Táchira, sus votantes sufragaron por la alternancia, al desalojar a Vielma Mora del poder y darlo a Laidy Gómez, quien sacó casi el 70% de los votos. Ojalá esa energía que hoy tienen para rasgarse las vestiduras con la cuña de Ceballos, la hubiesen mostrado para apoyar la decisión de los votantes tachirenses en octubre de 2017. Otra sería la historia. Tal vez la cuña no hubiese sido.

Irrespetados por el gobierno y estigmatizados por la oposición, el discurso político se vació. Ceballos es un político y de un partido muy ambicioso como Voluntad Popular, que cree en el arrojo como forma de hacer política. Ni Ceballos ni los dirigentes nacionales de VP son brillantes en la historia de Venezuela. No tendrían por qué serlo, tampoco, pero al menos exhibir algo de conocimiento. Pero es la lucha por el poder lo que define la política en Venezuela, y no una clase de historia. La generación de Ceballos y las que le siguieron –la famosa “generación de 2007”- fueron aupados por muchos de los hoy indignados por el video, para el “echabolismo” que encanta en la cultura venezolana, en este caso, en “el asfalto” que fue o es el terreno por excelencia de la política para buena parte de la oposición. No invitaron a “los chamos” –como le gusta decir a cierto público de la oposición, que exhibe su “kilometraje en la vida”- a estudiar historia, sino a “echarle un camión de bolas en la calle”.

No hubo un discurso nacional ni un proyecto para Táchira, solo el control, la represión, la censura del gobierno, o el “pobrecito” o los “gochos sí tienen bolas” –durante las protestas de 2014- de la oposición. Cuando no hay discurso político, el vacío también se llena y empleo una tesis algo vetusta; el “inconsciente colectivo” del que escribió LeBon para hablar sobre la “psicología de las masas”. Como el tánatos que emergió en Europa luego de la incompleta y abandonada paz de la Primera Guerra Mundial en 1918, abandono de los ganadores de la guerra que llenó el fascismo y el nacionalsocialismo hasta la destrucción de Italia y Alemania.

El mensaje de Ceballos apela a ese “inconsciente colectivo” no solo tachirense sino nacional en muchos sentidos. Para buena parte de la opinión pública de Venezuela, con Medina se venía en una “sana evolución” que fue truncada por la ambición “de los adecos”, la que abrió la puerta al posterior deterioro de Venezuela. El 18 de octubre de 1945 es como nuestro pecado original. Como la pregunta de Vargas Llosa “¿cuándo se jodió Perú?”, si se hace para Venezuela, un número no despreciable de personas responderá que se “jodió” el 18 de octubre de 1945. Veníamos en una “robusta evolución” muy neopositivista, pero destinada a la democracia. Aquí nace el anti-adequismo arraigado en buena parte de la población venezolana. No es la historia con sus métodos, no es la “verdad fáctica” de los hechos, sino en lo que amplios sectores del país quieren creer para compensar desde el punto de vista psicosocial lo que se considera perdido y arrebatado, “una historia bonita de Venezuela”.

Vengo de una familia que impulsó importantes obras públicas durante la democracia 1958-1998, pero crecí escuchando que “las obras públicas las hizo Pérez Jiménez, la democracia no ha hecho nada, solo llenar los cerros de ranchos” o “Durante Pérez Jiménez, si no te metías en política, podías dormir con la puerta de tu casa abierta”. Esa imagen quedó grabada en la representación social de todas las generaciones de Venezuela. La oí de forma constante de gente que, en teoría, debería saber, durante el boom de la democracia representativa durante los 70’s.

En esos años, Leopoldo Sucre andaba con lo que llamaba “estoraques” para explicar, con números, lo que la democracia había hecho frente a gobiernos no democráticos para mostrar que la modernización con democracia sí era posible, porque nuestra conciencia es que la democracia es bochinche, y la modernización solo es posible sin democracia. Leopoldo comprendió que defender a la democracia era con contenido, no con indignarse frente al perezjimenismo. Sucre Figarella debatió con los perezjimenistas pero también con los demócratas que pensaban que solo una dictadura puede hacer una autopista como la Caracas-La Guaira. No se limitó a responder, como los ofendidos de hoy, “a los perezjimenistas los bloqueo”. La democracia se defiende con argumentación, no con posturas.

El mensaje de Ceballos repite lugares comunes que todo el mundo –joven o viejo- tiene en el “inconsciente colectivo”, junto a otros como “sembrar el petróleo”, la “universidad es de todos o no es de nadie”, o “el mejor cacao –playas, café, o lo que usted quiera agregar- del mundo es el de Venezuela”. No apela a la historia como disciplina con un rigor en sus métodos, sino a un público agotado por el maltrato y que en la identidad puede hallar un motivo para sentirse seguro, a falta de un discurso político de nación que la oposición debería ofrecer, que comunique proyecto, sentido de país, integración, también seguridad, pero de la plenitud de la libertad.

Desde el punto de vista psicosocial, se “come” con la identidad, como mucha gente lo descubre con los atletas venezolanos en Tokio, presencia que despertó un “nacionalismo del mundo feliz de las elites”. Al abasto no se va “con Patria”, pero sí se “come psicosocialmente” con la idea de “Patria”. Las crisis empujan lo simbólico, el mundo ideal, al apelar a un estado de estabilidad que no se tiene pero se quiere

El “crash de 29” tuvo su caras deseadas, “el país que podemos ser”, en rostros como los de Marlene Dietrich, Greta Garbo, o las beldades de ese momento. El hambre identitaria se llena con comida de lo bello o bueno que fuimos o podemos ser. La belleza de la democracia es de otro tipo: no es acabada sino se construye, edificación que nunca termina. Los autoritarismos son para quienes se cansaron. En crisis, estamos cansados.

Venezuela es un laboratorio social en donde veremos manifestaciones algunas esperadas, otras inesperadas, pero que ya edifican el país del futuro, se quiera aceptar o no, con indignación o sin ella. En la negación no hay creación. El mensaje de Ceballos lo asumo como un alerta para comprender por qué aparece y asumo el riesgo del latiguillo de “quien comprende justifica”. También lo tomo como un desafío, como un reto que hace a los valores del poder limitado y de la austeridad republicana en los que creo. Lo interpreto como un desafío para involucrarme en lo público, y no limitarme a crisparme en redes sociales, furia que durará un día y será cambiada por otro tema, mientras los “valores subterráneos” dibujan a la Venezuela del futuro.

Prefiero la angustia de un Manuel Caballero ante manifestaciones de la época como fue “Luces contra el hampa” la que fue señal de ese “inconsciente colectivo autoritario” que es parte de nosotros y que ya daba sus vueltas en la Venezuela de los 90’s, al “sobrao” de hoy que afirma que la cuña de Ceballos no es relevante como manifestación sobre procesos que pasan en Venezuela, que no auguran la democracia liberal soñada por la “Venezuela decente” de las redes sociales que vive molesta, pero sin involucrarse en algo que canalice su crispación, justificada o no. Al menos, el aeropuerto de El Vigía, en Mérida, fue bautizado con el nombre de Juan Pablo Pérez Alfonzo. Referencias hay.

3 de agosto 2021

El Cooperante

https://elcooperante.com/la-cuna-de-daniel-ceballos-como-el-abandono-de-...

 10 min