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Opinión

Humbero García Larralde

La reciente visita de Delcy Rodríguez a la Asamblea de Fedecámaras, como la de su hermano en enero y la declaración de Maduro de rescatar el Consejo Nacional de Economía --ahora adjetivándola de “Productiva”--, pudieran indicar un cambio de actitud del régimen ante el sector empresarial, otrora ubicado en el campo enemigo. El colapso es tal que sienten la necesidad de ir a hacerle carantoñas, en aras de salir del hueco. Como gusta decir mi esposa, “oyen campanas, pero no saben de dónde vienen”.

Cuando llegó al poder, Chávez no tenía un proyecto económico elaborado, más allá de ciertas alusiones nacionalistas y de justicia social. Tan así, que conservó por año y medio a la ministra de Hacienda del gobierno anterior, Maritza Izaguirre. Es por razones políticas, al toparse con la resistencia de los empleados de PdVSA de ver vulnerada su cultura corporativa y con el hecho de que la agenda del sector privado no tenía por qué coincidir con la suya, que desata su ofensiva contra las instituciones que resguardan la actividad económica. Más pudieron sus ansias por controlarlo todo, impulsadas por ese inmenso ego de creerse heredero genuino de Bolívar, que consideraciones racionales acerca del manejo sano de la economía. Por demás, ahí estaba el petróleo que, creía, daba para todo.

Para ponerle la mano a esta fuente aparentemente inagotable de recursos, tendió la trampa que --confesaría luego—“justificaría” el despido de los gerentes, profesionales y operarios más cualificados de PdVSA, la mitad de su nómina. A pesar de los azarosos sucesos que provocó en abril, 2002, logró finalmente ufanarse ante los suyos de que, “Ahora PdVSA es de todos”. Transmutó la misión corporativa de la empresa por una de naturaleza política: financiar el socialismo de reparto que, a instancias de su mentor, Fidel Castro, debía instaurar. Entre 2003 y 2016 PdVSA desvió más de $ 250 millardos de sus ingresos para financiar misiones y fondos de desarrollo social. Encima, fue atiborrada de empresas de construcción, alimentarias, de servicios y manufactureras. Pero no sólo le creó una carga que terminó drenando sus recursos, sino que se privilegiaron criterios políticos discrecionales para la distribución de sus proventos, instaurando una dinámica que se fue apoderando, no sólo de PdVSA, sino del sector público en general. Precios del crudo en torno a los $ 100 por barril entre 2008 y 2014 (salvo 2009), parecían permitirlo todo. Chávez pudo comprar alianzas internacionales para evitar la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela por la OEA y subsidiar a la economía cubana. Pero, como lo atestiguan los escándalos destapados a cada rato en la prensa internacional, hubo destinos aún más turbios.

Maduro carece de la ascendencia, carisma e ideas de Chávez. Supo que su permanencia en el poder dependería de su capacidad de comprar a los mandos militares más corruptibles, haciéndolos cómplices de sus desmanes, traicionando su mandato constitucional. Además de ponerlos al frente de buena parte de las responsabilidades económicas del Estado, contratar con las empresas que ellos creaban, entregarles el control de puertos, aeropuertos y de la minería de Guayana, y otorgarles el monopolio de la importación de alimentos y medicinas, ¿qué mejor premio que entregarles también PdVSA? En 2017, nombró como su presidente al general Quevedo, sin experiencia alguna en la materia, con un resultado tan desastroso que el mismo Maduro, tres años más tarde, se vio en la necesidad de destituirlo.

El viejo John D. Rockefeller, fundador del imperio petrolero de la Standard Oil que, luego de ser desmembrada por la Ley Sherman (Antimonopolio), dio lugar a la Exxon, Socony, Mobil, Chevron y a otras empresas poderosas, solía decir que el mejor negocio del mundo era una empresa petrolera “bien administrada” y que el segundo mejor, una “mal administrada”. No vivió para apreciar la asombrosa capacidad destructiva de Chávez, Maduro y los suyos. ¡Es que hay que echarle bolas!

Lamentablemente, la acción destructiva no terminó ahí. La abundancia petrolera permitió subyugar aún más a la actividad económica privada. Los controles de precio, las expropiaciones y confiscaciones, y la sobrevaluación del bolívar oficial, junto a la ausencia de garantías de propiedad y procesales, acabó con buena parte del parque industrial y agrícola. En su reemplazo, Chávez cuadruplicó, entre 2004 y 2012, las importaciones, muchas exentas del pago de impuestos. Las empresas agrícolas, manufactureras y de servicio que confiscó fueron, en su mayoría, pasto de la depredación de sus nuevos administradores “socialistas”. La renta cubriría los faltantes. Al destruir a PdVSA y achicar la base impositiva doméstica, menguaron los recursos para sostener el gasto público. Se acudió, entonces, a la emisión monetaria del BCV, desatando una dinámica hiperinflacionaria que ha empobrecido brutalmente a los venezolanos.

Como hemos venido insistiendo, la terrible ruina de la economía venezolana no es (sólo) producto de la ignorancia y la incompetencia, aunque de estas ha habido a borbotones. Al desmantelar los resguardos institucionales que amparaban las actividades productivas y comerciales, y al supeditar lo económico a criterios políticos discrecionales --a cuenta de “revolución”-- se terminó asentando un Estado Patrimonial. Se fue conformando un régimen de complicidades, sobre todo con los militares corruptos, para expoliar la riqueza nacional, incluyendo también a bandas criminales, tanto nacionales como extranjeras. Independientemente de que Chávez y/o algunos de sus acompañantes hayan podido al comienzo creer en sus motivaciones justicieras, el “Socialismo del Siglo XXI” fue excusa para la parasitación del país por parte de los más poderosos, inescrupulosos y “vivos”. Con el canto de sirena de redimir al pueblo aboliendo las garantías constitucionales, nos construyeron una trampa-jaula que nos ha llevado a la pobreza más extrema. Lo irónico es que los chavistas se dan cuenta, ahora, que también los incluye.

La reactivación económica sólo será posible con base en la iniciativa privada. Requiere restituir al Estado de Derecho, con sus seguridades y previsibilidades, y sustituir el financiamiento monetario del gasto público con recursos externos para abatir la inflación, sujetos, claro está, a una reforma profunda del Estado para elevar la pertinencia, eficacia y eficiencia del gasto. Pero esto significa desmantelar las bases del régimen de expoliación sobre el cual descansan las alianzas mafiosas que sostienen a Maduro. ¿Cómo retornar al ordenamiento constitucional, reafirmando sus garantías civiles, políticas y económicas, y acceder a reformas que acaben con la discrecionalidad, falta de transparencia y la no rendición de cuentas si, con ello, desaparecen los privilegios que son la razón de ser de la dictadura? ¿Qué posibilidades hay de conservar el poder si la obtención de recursos para su sobrevivencia, ya sean aquellos provenientes del levantamiento de algunas sanciones y/o contratando financiamiento internacional, obliga a desmantelar el régimen de control social y de terror que mantiene sometida a la población y ampara sus desmanes? ¿Cómo sostenerse en un ambiente de medios de comunicación libres que exigen responsabilidades, que se enderecen las cuentas y se encaucen culpabilidades?

Y he ahí el conflicto existencial de Maduro y los suyos: luchar para mantenerse con un arreglo poco sostenible en el tiempo y con el riesgo de ser desalojados eventualmente del poder por cualquier medio, o acceder a las reformas requeridas para dotar a la economía de la estabilidad, confianza y viabilidad deseadas, a sabiendas que marcaría el fin de su cruel autocracia. De tanto destruir la institucionalidad para forjar el régimen de expoliación con el que se lucraron a sus anchas durante años, se encuentran ahora sin opciones. Sin percatarse, se incluyeron en la trampa-jaula que forjaron, y no saben cómo salir.

La Academia Nacional de Ciencias Económicas, como las demás academias, valiosos profesionales de la economía y especialistas de variadas disciplinas, tienen años señalándole al régimen las insuficiencias y errores de sus políticas, e instándole a corregirlas. Pero sus personeros prefirieron refugiarse en la excusa de una “guerra económica” para negar estos cambios y continuar depredando al país.

Todo apunta a la necesidad de una salida política que obligue a este régimen criminal a convencerse de que debe acceder a desmantelar sus privilegios e impunidades. ¿A qué precio?

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

En todas partes se cuecen habas. En las instituciones hay actores buenos y algunos no tan buenos. Hoy traemos a colación tres casos de actualidad.

En las Olimpíadas: La humanidad evidenció que la mayoría de sus integrantes están de acuerdo en competir deportivamente. Algunas delegaciones acudieron con muy pocos miembros y convencidos de que era muy difícil ganar una medalla, pero cumplieron con la máxima de que lo importante es competir en buena lid, aunque no haya aplausos.

La nota discordante la puso el argelino Nourine, quien decidió abandonar el evento ante la probabilidad de tener que enfrentarse a un judoca israelí. Probablemente la culpa no sea de este joven, que no es un caso aislado, sino de la prédica de odio de algunos dirigentes y de sistemas educativos que consideran enemigo a quien piensa diferente.

En Fedecámaras: Tradicionalmente el Estado ha puesto trabas a la libre empresa, y en los últimos veinte años hay que añadir las expropiaciones, mejor dicho robos, como dice la valiente María Corina. Este régimen se apropió de innumerables empresas privadas sin compensar a sus propietarios y las quebró a todas.

¿Cuál debe ser la actitud de Fedecámaras ante este régimen totalitario? ¿Asumir una posición frontal como lo hicieron sus valientes expresidentes Pedro Carmona, Carlos Fernandes y José Luis Betancourt? Algunos critican que Fedecámaras asumió una actitud beligerante en el año 2002, olvidando que esa reacción fue motivada a las violaciones a la Constitución y que el ambiente sociopolítico era propicio para intentar detener los atropellos. En las circunstancias actuales la percepción generalizada es que gran parte de la dirigencia política no hace lo posible para constituir un frente único que pueda facilitar la salida constitucional de los usurpadores. ¿Podemos pedirles a los empresarios que se inmolen en una lucha desigual con el régimen o debemos aceptar que intenten convivir con el mismo?

Lo procedente debería ser que, sin necesidad de asumir una actitud beligerante, los empresarios mantengan una posición firme, sin complicidades, entendiendo que el régimen quiere terminar de secuestrar al sector privado. Al respecto, fue lamentable la intervención del presidente saliente Roberto Cussano. Lo criticable no es que haya invitado a Delcy Rodríguez, sino lo que dejó de decir, como mencionó Ismael Pérez Vigil en excelente artículo. Le deseamos éxito a la nueva directiva y no descalifiquemos a esta importante institución, ni a la mayoría de sus miembros.

En la Pdvsa del Psuv y en la ad hoc: La Pdvsa roja no presenta su Informe anual de gestión desde el 2016. Lo que sucede en la misma se conoce por fuentes indirectas y por los casos de corrupción denunciados y por quienes se declararon culpables en tribunales del exterior. La Pdvsa ad hoc, cuya directiva fue nombrada por la Asamblea Nacional legítima y por el presidente Guaidó en el 2019, acaba de presentar su Informe del 2020 y del primer trimestre del 2021. En el mismo constan las gestiones realizadas para impedir, al menos temporalmente, que perdamos los activos en el exterior por demandas de expropiaciones de empresas; así como por emitir bonos de la deuda ilegalmente y obtener préstamos, con garantía de Citgo.

El régimen expropió sin razón a varias empresas, pensando que eso no traería consecuencias. Expropió la concesión otorgada a Crystallex, empresa canadiense propietaria de la mina de oro Las Cristinas. Esta empresa demandó por tres mil millones de dólares. Expropió la participación de la petrolera Conoco Phillips en una de las Asociación Estratégica con Pdvsa y esta empresa reclama una compensación por dos mil millones de dólares . Así mismo hay otros reclamos. Pdvsa emitió ilegalmente bonos de la deuda sin autorización de la Asamblea Nacional, violando la Constitución, que fueron garantizados con el 50,1 por ciento de Citgo y solicitó préstamos a la empresa rusa Rosnetf con garantía del 49,9 por ciento de Citgo. En total hay reclamos entre 17.000 y 21.000 millones de dólares, entre ellos los de 23 ciudadanos afectados por acciones terroristas de la Farc, las cuales fueron apoyadas por Chávez- Maduro.

Las directivas de Pdvsa ad hoc presidida inicialmente por Luis Pacheco y actualmente por Horacio Medina han dedicado parte de su tiempo a enfrentar y detener estas demandas para proteger nuestros activos, lo cual hasta ahora se ha logrado gracias a a las apelaciones y a decisiones del departamento de Justicia de USA. Debemos tomar en cuenta que cuando Pdvsa ad hoc se encargó del negocio esos activos estaban perdidos.

El Informe detalla los resultados operacionales y financieros de Citgo. Nuestras refinerías han tenido que enfrentar no solo los efectos del descenso de la demanda por la pandemia, sino también los huracanes Laura y Delta, y la tormenta invernal Uri. La empresa ha desembolsado 331 millones de dólares para reparaciones mayores y 179 en inversiones. También el Informe presenta resultados de la Fundación Simón Bolívar. Usted puede comprobar la diferencia entre las gestiones en Citgo de Rafael Ramírez, Nelson Martínez, Eulogio Del Pino y Asdrúbal Chávez versus las de Pacheco y Medina. También hay que reconocer la excelente y pulcra gestión de Carlos Jordá al frente de Citgo.

Como (había) en botica:

Las probabilidades de que el régimen salga por la fuerza son bajas. Las opciones son el referendo revocatorio, la Asamblea Constituyente y una elección presidencial adelantada. En estas circunstancias, ¿cómo podríamos estar en mejores condiciones de ganar? ¿Contando con algunas gobernaciones y alcaldías o que el régimen las tenga todas? ¿Contando con dirigentes regionales curtidos en la campaña electoral de noviembre en contacto con la gente o con dirigentes que por falta de acción estén alejados de los votantes? Desde luego que ni gobernadores, ni alcaldes podrán solucionar los problemas, pero es un paso importante para salir posteriormente del régimen.

Lamentamos los fallecimientos de Edgar Lugo y de Atilio Diaz, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Ismael Pérez Vigil

Lo ocurrido en la Asamblea Anual N° 77 de Fedecámaras el 20 de julio es motivo de una intensa polémica −o cayapa− que no baja de intensidad. Yo me referiré a los mensajes contenidos en los discursos de tres de los actores: la Iglesia, el Gobierno y Fedecámaras; obviamente tomaré en cuenta sus discursos, pero también lo que no se dice, pues en este tipo de eventos es tan importante lo que se dice como lo que se calla.

El mensaje de la Iglesia

Aparte de sus propias palabras −breves, profundas, trascendentes−, el vocero de la Iglesia, Monseñor Ricardo Barreto, Obispo auxiliar de Caracas, envió dos mensajes políticos importantes. El primero fue la ausencia del Cardenal Baltasar Porras; yo no puedo imaginar qué compromiso podía tener el Cardenal Porras en Mérida que fuera más importante que atender la invitación del máximo organismo empresarial del país, en su Asamblea Anual, a la que asistiría la Vicepresidente de la Republica. No voy a especular ni hacer conjeturas acerca de los motivos de Cardenal Porras para no asistir. Dejo simplemente mi duda.

El segundo mensaje fue la lectura de la carta del Cardenal Pietro Parolin al Presidente de Fedecámaras. Esta carta, obviamente, representa la posición de El Vaticano, del Papa Francisco, porque el Cardenal Parolin ejerce el cargo de Secretario de Estado. La carta contiene, en mi criterio, dos puntos importantes: La necesidad de que participe la sociedad civil como protagonista en la solución de los problemas del país; y que esto solo será posible mediante la disposición a negociar, de modo serio, por parte de los que tienen responsabilidades en el país.

La verdad es que por más que leo y releo la carta −que me parece bastante formal y anodina− no alcanzo a entender por qué la misma molestó tanto a algunas personas y de manera tan particular al gobierno y provocó tan duros comentarios y descalificaciones por parte del presidente Maduro, quien se refirió a la misma señalando que es “… una carta llena de veneno, de odio, de intrigas, de cinismo, de ataques» (¡?)

El mensaje del Gobierno

Obviamente el elemento que irritó y ha levantado todas las críticas en prensa y redes sociales fue la invitación y presencia en la Asamblea de la Vicepresidente Ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez. Si esto se considera un error, hay que decir que el mismo se cometió hace un año cuando el Directorio de Fedecámaras fijo la política de buscar una ruta eficaz: “Por una Nación incluyente y productiva”. En la búsqueda de esa ruta se han producido acercamientos con el Gobierno, reuniones, invitaciones, diálogos, mesas de trabajo, etc., que ya han sido motivo de críticas al organismo empresarial, muy en particular los intentos fracasados de diálogo que se produjeron en el mes de febrero de este año. Al respecto publiqué un artículo el 13 de febrero de este año, con motivo de aquel famoso y frustrado episodio; en una época en la cual está de moda desdecirse y recoger las palabras, yo ratifico todas y cada una de las ideas expresadas allí, sobre Fedecámaras, el diálogo y el papel del empresariado.

Por lo tanto, la invitación a la Asamblea de este año a la Vicepresidente Rodríguez es una consecuencia de esa política del organismo empresarial. Y sobre la inclusión de la Vicepresidente en la agenda caben solo dos interpretaciones: o bien los empresarios están de acuerdo con esa política o bien el sector que la promueve tiene mucha más fuerza que los que se oponen. No hay otra posibilidad y de nada sirve rasgarse las vestiduras al respecto. Queda por ver si el nuevo directorio, que asumió esta semana, continuará con esta política, la modificará o la abandonará. Por cierto, me recomendaron que escuchara el discurso de Carlos Fernández G., el nuevo Presidente de Fedecámaras, lo hice y se los recomiendo a todos.

Si algunos consideran que fue un error invitar a la Vicepresidente Delcy Rodríguez pues implica el reconocimiento a un gobierno, que muchos no reconocen. Hay que decir −como varios ya lo están destacando− que su presencia allí es también un reconocimiento del gobierno hacia Fedecámaras, como la expresión y representación del empresariado venezolano, gremio e institución que ha intentado destruir y reemplazar durante 20 años y no lo ha logrado. Esa resistencia es sin duda, un éxito de Fedecámaras.

De resto, las palabras de la Vicepresidente Rodríguez están en el marco de lo esperado, no suponen ninguna novedad. Fue un discurso, en mi opinión, poco estructurado, lo cual no quiere decir que fue improvisado o poco elaborado; todo lo contrario, creo que cada una de sus piezas fue cuidadosamente pensada. Contiene, eso sí, las exageraciones, calificativos y falsificaciones de la realidad que se podían esperar y a los que ya nos tienen acostumbrados.

Yo no voy a contribuir a destacar nada de su discurso; pero en todo caso, no cabe la menor duda que la Vicepresidente Delcy Rodríguez supo sacar partido a su presencia en la Asamblea de los empresarios.

El mensaje de Fedecámaras

Lo siento, pero lo menos que se puede decir del discurso de Ricardo Cussano, presidente saliente de Fedecámaras, es que fue desafortunado, en la forma y en el fondo. Que un “bajón de luz” le haya impedido terminar su discurso no creo que sea una excusa suficiente para la ocasión de que se trataba, su despedida como presidente de la institución empresarial del país, que hasta el propio régimen ya ha reconocido. Ciertamente fue un discurso inconexo, difícil de seguir. Cuesta reconocerlo en comparación con su discurso en la Asamblea pasada de Fedecámaras, la N° 76, de agosto de 2020.

Lo de menos es que Cussano haya dicho que se opone a las sanciones internacionales, pues es algo que −como él mismo señaló− ya lo había dicho el año pasado; y además, esa es una posición −la de oponerse a las sanciones internacionales, excepto a las personales, como el aclararía posteriormente− que es compartida por muchos empresarios y políticos en el país. Tampoco creo que sea criticable que haya señalado que está en favor de participar en el proceso electoral del mes de noviembre, pues igualmente hay muchas personas que favorecen esa posición y es un tema que aún está por definirse en la propia oposición; de manera que cualquiera puede argumentar su posición al respecto, por lo menos hasta que se defina una posición unitaria.

Omito referirme a sus alusiones a la importancia que le da al reconocimiento o no de la comunidad internacional o a lo de poner en pie de igualdad, porcentual, a los que estamos por uno u otro modelo de país; los atribuyo a comentarios desafortunados, dentro de un discurso poco elaborado o elaborado apresuradamente.

Más lamentable es que su discurso careció de contenido, de orientación específica, de planteamientos y propuestas. Creo que se quedó en señalamientos generales e insustanciales. Pero, en todo caso, el principal problema del discurso de Cussano el 20 de julio de 2021 fue que desaprovechó la presencia de la Vicepresidente de la Republica, para fijar la posición del empresariado en algunos puntos importantes, cruciales, para la institución y el país. Esa oportunidad, por lo menos él, no la volverá a tener.

Pero, como ya dije, en este tipo de eventos, es tan importante lo que se dice −en este caso el líder−, como lo que se calla. El expresidente Ricardo Cussano, en su discurso final en la organización que presidió durante dos años, en presencia de la Vicepresidente de un gobierno que ha agredido severamente al sector empresarial y que no participaba en un evento de Fedecámaras desde hace 20 años, perdió la oportunidad de decir lo siguiente:

– “Venezuela agoniza… Ya no es suficiente decir que está en crisis. … No fue suficiente el petróleo, el rentismo, la redistribución de beneficios que solo terminaron socavando todas las capacidades para invertir, para producir… para convivir.”

– “No tenemos instituciones ni referentes… ante la ausencia de propuestas y conducción política … El modelo de socialismo del siglo XXI desapareció casi 400.000 empresas. El afán controlador, la política expropiatoria y el exceso de burocracia y regulaciones levantaron enormes barreras a la producción… (completado con)…la colosal caída de la producción petrolera.”

– “de ser un país puntal en Latinoamérica…(hemos pasado) a ser hoy la economía más pequeña…con cerca de un 80% de venezolanos en pobreza extrema que no pueden cubrir la canasta alimentaria…. El salario mínimo… (es) inferior a los 1,25 dólares diarios fijados en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas… El 74% de los hogares vive en inseguridad alimentaria de moderada a severa y el consumo proteico promedio sólo llega al 34%…”

– “Todo esto ha ocurrido a la vista de un Estado desmantelado, incapaz de planificar ni aplicar un esquema ordenado de decisiones coherentes en política económica… (No hay)…un ambiente propicio a la inversión del sector privado, con políticas públicas coherentes y visión a largo plazo que respete la libre iniciativa y la propiedad privada…

– “Deben abrirse los espacios para los acuerdos políticos, donde cada actor pueda asumir el rol que le corresponde… privilegiar al país por encima de ideologías o intereses partidistas, garantizar una gestión pública eficiente con rendición de cuentas, sin corrupción, y con el objetivo superior de satisfacer las necesidades ciudadanas”.

– “No compartimos el modelo centralista ni rentista que trajo este desastre a nuestra puerta. Pero, tampoco queremos un modelo que limite nuestras libertades políticas, económicas y sociales en función de la centralización del poder y el control de la sociedad, nos negamos a transitar hacia un modelo como el chino o vietnamita…Sugerimos un modelo propio… Un modelo de desarrollo sustentable, con democracia, progreso y justicia social.”

– “El único proyecto político que apoyamos en Fedecámaras es el que respeta los derechos humanos y constitucionales que enarbolan la vida, el acceso a la salud, la educación, la alimentación, el respeto a la propiedad privada y la libre iniciativa, el derecho al voto; en fin, libertades plenas en lo político, económico y social.”

– “La sociedad que queremos no es compatible con la existencia de persecución y represión, con la permanencia de presos de conciencia o con el desmantelamiento de los partidos políticos.”

Todo lo presentado en el párrafo anterior está tomado, textualmente, del discurso de Ricardo Cussano ante la Asamblea N° 76 de Fedecámaras de agosto de 2020. No obstante, Fedecámaras −una institución democrática con 77 años de existencia, 22 de los cuales los ha vivido bajo el asedio y la amenaza de un régimen que ha tratado de eliminarla−, sobrevivirá a cualquier desafortunado discurso.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 8 min


Américo Martín

Si las partes de una pugna terminal se mantienen obsesiva, orgullosa o intransigentemente encadenadas a sus ideas o a sus caprichos, el desenlace tendría que ser el peor. Puesto que en la materia en cuestión se han invocado la invasión militar y una negociación profunda que sea capaz de poner todos los naipes sobre la mesa, pareciera que al final la salida militar gozaría del favoritismo, porque del lenguaje de los representantes de las aceras principales se está a la espera de soluciones inminentes, urgentes.

Las partes que se han pronunciado sobre el apasionado conflicto venezolano son –o serían– la oposición representada por la Asamblea Nacional presidida por Juan Guaidó. Hay otras corrientes opositoras que sin duda jugarán roles muy importantes, pero hasta ahora podría darse por seguro que correrían en los mismos rieles de Guaidó por ser la más trascendente y gozar del mayor y certificado respaldo universal.

El otro factor duro es el gobierno de Nicolás Maduro. Lidera el Ejecutivo Nacional, la FANB, las fuerzas policiales, de seguridad e Inteligencia. Pese al evidente desorden y desgaste reinante en estos cuerpos, le proporcionan un respaldo estimable al madurismo y su partido. Y la comunidad internacional, unida como pocas veces antes, alrededor de Guaidó y la Asamblea Nacional legítima.

El poder disuasivo de la comunidad internacional es colosal, pero claro, es para nada incondicional y muy bien que así sea.

Lo primero es que se brinda para presionar la democratización completa de Venezuela, como condición para dar por válidas las elecciones que se realicen en nuestro país; en caso contrario, los gobernantes que se impongan fuera de las estrictas condiciones democráticas exigidas por la comunidad internacional serán tachadas de inconstitucionales, en tanto que las sanciones no solo se mantendrán sino que se intensificarán.

Es lo más parecido a un juego «trancado». La comunidad internacional ha desestimado la peligrosa invasión. No la cree eficaz, no la cree útil, no la cree justa. Está volcada en su totalidad por la democratización de Venezuela como base para elecciones libérrimas, observadas mundial y nacionalmente. Una colosal fuerza al servicio de poner en los venezolanos la elección del gobierno que, mediante el sufragio libre, en condiciones de igualdad de participación, restablezca las reglas democráticas y elija voto a voto el gobierno que se eche al hombro nuestra abrumada patria.

En fin, preferible una limpia y garantizada salida electoral, antes que una sangrienta salida militar

Es verdad que el gobierno no termina de encontrar la salida de su laberinto. Varios de sus colabores dicen cosas para aumentar los desentendidos. Maduro, por ejemplo, ha dicho inequívocamente que irá a México a dialogar con la oposición. Parece que ha llegado a la nuez del problema. No obstante, nunca faltarán cercanos funcionarios suyos que busquen la manera de restarle fuerza a su declaración.

Decir, por ejemplo, que se acepta el diálogo, pero que tiene ser simultáneo con «todas las oposiciones», aunque suene natural y lógico, pretende complicar lo que ya de suyo es difícil. Lo ideal, por el contrario, es partir de lo que ya tenemos y es universalmente aceptado.

¿Qué es lo que tenemos? Una presidencia, una Asamblea y una comunidad internacional con inmenso poder propio.

En el reciente caso cubano, en paralelo con el nuestro, fue decisivo no el peso de una u otra personalidad sino poner a valer los grupos que se han formado alrededor de tesis en disputa.

Díaz-Canel en Cuba, por ejemplo, surgió del VI Congreso del PCC, en una relación sumamente estrecha con Raúl Castro y, entre los dos y algunos más, diseñaron la estrategia del viraje y la apertura que, lamentablemente, hasta ahora no han podido cristalizar y quizás sea esa la causa del impresionante sacudón político-social que tanta admiración colectiva ha despertado.

Si Nicolás Maduro ha tomado con la seriedad de un estadista el anuncio del diálogo, debería reunir a su lado a sus más cercanos colaboradores para poder emitir líneas nítidas que no sean perturbadas por interpretaciones provenientes de la espontaneidad o de la mala fe. No basta, aunque sea fundamental, convocar elecciones libres, transparentes, que sean acompañadas de negociaciones francas y plenas donde se solucionen los pormenores, precisamente, por ser «menores» se pueden ir entre las piernas sin terminar de resolver esta bendita vaina.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Nos acostumbraron a imaginar los grandes autores del pensamiento y la literatura como si en vida hubieran sido lo que son hoy, espíritus puros, fantasmas benevolentes (o terribles), ilustraciones sin carne ni sangre. Enseñamos de ellos pensamientos secos, descontextualizados, sin conexión con la vida real, y tienen tanta que palpitan en nuestros días y por eso son clásicos. Goethe escribió, refiriéndose a Sófocles, que dramas y pasiones humanos son siempre los mismos: amor, odio, violencia, celos, nostalgia, traición, envidia, y todo autor es hijo de sus sacudidas. Hoy mismo los siquiatras denominan “síndrome de Odiseo” casos de melancolía profunda. Durante el sitio a Troya, el héroe pasaba días enteros en la playa con la mirada en dirección a su querida y remota Itaca, mientras allá Penélope tejía y destejía.

En el siglo IV a. C no existía el término populismo, que surge en los finales de la Rusia zarista, pero Platón, Aristóteles, Aristófanes y otros crearon “demagogo”, que significa adulante del populacho. En fechas recientes hay un enredo con la noción de populismo por falta de rigor al elaborarla y su uso para cualquier cosa, hasta vaciarla de contenido. Conocemos las imágenes de Evita, rodeada de cientos de miles de trabajadores ante la Casa Rosada, decretando asuetos por el Día de San Perón y aumentos de salarios gigantes que lanzaron Argentina a la miseria. Al populista tipo, en cualquier país del mundo, no le preocupan los efectos de su irresponsabilidad, sino pulsar las cuerdas más primitivas de la ciudadanía enfebrecida para arrancar ovaciones. Su discurso trasuda xenofobia, patrioterismo, resentimiento social, odio a blancos, negros o latinos, la Iglesia cómplice, las clases medias, los explotadores.


Sorprende la actualidad de Platón en La República sobre el personaje: “su única enseñanza es devolver a las masas las opiniones de la masa misma, que se manifiestan cuando se reúne colectivamente… Los demagogos actúan exactamente como quienes crían una bestia vigorosa, y aprenden sus instintos y deseos para poder acercársele y acariciarla. Aprenden los secretos de su ferocidad y astucia, los sonidos que emite en diversas circunstancias, y aún más, los ruidos necesarios para calmarla o alterarla. Sabido esto por experiencia y una larga costumbre, lo convierten en técnica sistemática, en materia de enseñanza, e ignoran todo lo de bello y de feo, de bueno y malo, de justo e injusto que pueda haber. Así para el demagogo, el bien es lo que agrada a la bestia, y el mal lo que la molesta […]”.


En la cultura griega el epítome del demagogo es Cleón que nos recuerda a varios patanes contemporáneos y, solo por su estilo de relación comunicacional, entre otros a Trump, Pinochet, Velasco y Fidel Castro. Aristóteles lo presenta “él, primero, explota en alaridos e insultos desde la tribuna, y se dirige al pueblo (demos) vistiendo un delantal, mientras que todos los demás oradores se comportaban respetuosamente”. Hemos visto muchos como él, cuyo atuendo es deliberado para evidenciar su menosprecio por la dignidad de las instituciones. Platón y Aristóteles eran desafectos al régimen político de su tiempo y aquél cuestiona lo que hoy llamamos la antipolítica, con argumentos que reaparecen en el siglo XX en Walter Lippman y Joseph Schumpeter. La antipolítica no considera la política como un saber específico sino un oficio residual, refugio de los que no dominan otros más complejos y útiles, y por eso “el líder somos todos”. Cualquier persona educada puede gobernar mejor que los políticos.


Pero Platón dice que “un niño de quince años puede ser un gran matemático, pero no un buen político” (porque) la política es un “saber práctico” producto de la experiencia, como la medicina y otras. En otro diálogo contra el facilismo de los demagogos interroga sobre a quién preferiría un grupo de niños: al médico que le causa dolor para curarlos o al pastelero que les da golosinas. Solo durante el siglo XX a medias –no olvidemos precisamente a la antipolítica- se ha conceptualizado la relación demos-polis-politeia, y el líder en esa ecuación. Líder no es cualquier político, sino el estratego, el que ve más que los demás, prevé las consecuencias y corre riesgos para corregir la marcha. Paradójicamente esa relación aparece clara en el siglo VIII a.C en La Ilíada, muy anterior a Platón y Aristóteles.

El máximo jefe de los ejércitos griegos es Agamenón pero Odiseo, apodado “el de los múltiples senderos” era quién señalaba cuál seguir, como el ardid del Caballo de madera que decidió la guerra. Agamenón comete la torpeza de decir en la asamblea que pronto regresarían a casa y los guerreros se abalanzan a los barcos. Odiseo se dirige a cada uno de los jefes “con palabras amables” pero enérgicas para convencerlos, tranquilizarlos y exponer el plan. Luego habló a la asamblea en un tono duro increpando al tumulto. Odiseo ahí el antidemagogo, el líder que siempre desafía la estupidez colectiva y hace prevalecer la razón, el interés general de todos cuando no lo ven. No le interesan los aplausos inmediatos sino ganar. Cleón se hunde, Odiseo triunfa.

@CarlosRaulHer

 4 min


Daniel Eskibel

¿Puedes imaginar a Robinson Crusoe sin su isla?

Claro que no. Pues esa isla es un rasgo esencial de su propia identidad de náufrago. Sin la isla Robinson Crusoe no sería quien es.

Lo mismo ocurre con el votante del siglo 21: no lo podemos imaginar sin las pantallas que lo bombardean con información a cada instante. Esa relación íntima y permanente con sus pantallas lo define en gran medida y lo diferencia de votantes de otros tiempos. Es el primer votante de la historia que tiene que gestionar la sobredosis informativa que lo persigue desde smartphones, ordenadores y televisores.

Atado a esas brillantes superficies tal como Robinson Crusoe lo estaba a la isla, el votante de hoy es un desafío para la comunicación política.

Breve historia de las pantallas

En el principio era el mito, como suele suceder.

Allí está Narciso, mirando su propia imagen reflejada en un curso de agua. Enamorado de su propia imagen, el pobre Narciso se inclina hacia ella y cae en el agua. Se ahoga en su propia imagen. Se ahoga en esa pantalla del agua que refleja su figura.

Revisitando el mito en el siglo 21 podemos sospechar que el narcisismo desbocado es la fuerza interior que nos ata a las pantallas de nuestro tiempo. Nos buscamos a nosotros mismos en los smartphones, los televisores, los ordenadores y las tablets. Pantallas que tienen su historia, claro está.

Una pantalla es una superficie sobre la cual se proyecta una imagen. Esa imagen puede ser la propia reflejada en los ojos de otros seres humanos o en el curso de agua que tanto hechizó a Narciso. Pero también puede ser una imagen que solo está en la mente y que se proyecta sobre las formas irregulares de las nubes o sobre objetos en sombras.

Pero las pantallas en su sentido más actual surgen con el nacimiento del cine. Son pantallas de gran tamaño, ubicadas en recintos cerrados ubicados estratégicamente en las ciudades. Cada espectador está silencioso en medio de la oscuridad, percibiendo que cerca suyo hay otras personas que se mantienen a una distancia socialmente regulada, todos mirando en la misma dirección, como un ritual colectivo, como un trance hipnótico en el que todas las miradas siguen el mismo haz de luz que proviene de algún punto a sus espaldas y que estalla en imágenes sobre la pantalla.

Luego, a mediados del siglo veinte, surge la televisión. Ahora hay por lo menos una pantalla en cada casa. Su tamaño está en sintonía con el mobiliario y el espectador está cerca de ella, en un ambiente iluminado y en un contexto de conversación familiar. Es una experiencia cotidiana, ya no ritual sino hábito. La imagen proviene del interior mismo del aparato, frente al espectador, y la aparición del mando a distancia inaugura una modesta posibilidad de interacción con la pantalla.

En el tramo final del siglo veinte irrumpe el ordenador personal. Ahora la pantalla está no solamente en casa sino también en el trabajo. Y su propio tamaño y ubicación son adecuados para trabajar. Se ubica en un espacio personal, cerca del cuerpo. Las condiciones ambientales son también personalizadas. La experiencia de uso es otro factor que se vuelve muy personal y el teclado facilita una interacción mucho más rica. Tanto que la imagen parece surgir del propio teclado.

A comienzos del siglo veintiuno entra el smartphone en escena. La pantalla culmina su viaje hacia lo pequeño, se adapta al tamaño de la mano y se vuelve omnipresente. Está en todas partes y en todo momento. Ocupa un espacio íntimo y se presta a una relación más íntima aún con el usuario. Miles de millones observan obsesivamente esta pantalla mientras viajan en el metro, mientras caminan por la calle, mientras esperan, mientras cenan con su familia, mientras trabajan o estudian, mientras hablan o escuchan, mientras miran otra pantalla, mientras se duermen o mientras se despiertan. La interacción es directamente a través de los dedos, sin intermediarios. Y la imagen adquiere una cualidad casi mágica ya que parece surgir de la yema misma de los dedos.

Así llegamos a 2020. Estábamos en plena sobredosis de pantalla. Y la pandemia de Covid-19 nos multiplicó la dosis.

Efectos psicológicos de la sobredosis de pantallas

El cerebro humano mantiene las características esenciales que adoptó al configurarse en la ya lejana Edad de Piedra. Ese cerebro arcaico, limitado y lento dedica una parte importante de sus energías a procesar información.

Atención al verbo: procesar. Porque de nada le sirve al cerebro la simple acumulación, el tosco almacenamiento de información. Lo que vale es procesar esa información, elaborarla, analizarla, comprenderla, usarla en el mundo real.

Para procesar información el cerebro tiene que conectar lo nuevo con lo ya sabido, tiene que comparar y contrastar, tiene que establecer redes de significado, tiene que asimilar conceptos, tiene que concederse pausas y períodos de descanso. Nada de eso puede hacer si está bombardeado por miles de estímulos diarios, muchos de ellos simultáneos, muchas veces cargados de contenido emocional y otras tantas plagados de confusiones e imprecisiones. Sin mencionar las fake news, que ya son otro tema.

En suma: en la era de las pantallas el cerebro está bombardeado, saturado, inundado de una información que circula hasta el infinito, golpeado por datos imprecisos cuando no simplemente falsos y padeciendo dificultades extremas para procesar razonablemente toda esa avalancha informativa. Lo dicho: sobredosis informativa.

En este contexto el consumo de información asume algunas características cada vez más negativas. Por ejemplo:

• El consumo de información es ansioso. Todo debe ser rápido, inmediato, ya mismo. Lo cual conduce inevitablemente hacia personas pobremente informadas y altamente estresadas.

• Se privilegia la información breve, tan breve que en ocasiones la única pieza informativa que muchas personas toleran es apenas el título de una noticia. El resto se adivina, se supone congruente con los saberes previos. O con las opiniones previas.

• Se privilegia lo superficial frente a lo profundo. Más vale sobrevolar una información que ahondar en ella. No hay tiempo ni deseo de ir más allá, más aún pudiendo saltar de link en link sin detenerse en ningún lugar específico.

• El consumo informativo es fragmentario. Los hechos, las ideas y las personas estallan en pedazos y cada cual recoge algunos fragmentos y en muchos casos valora el todo por una parte muy pequeña que es la que conoce.

• El consumo de información es irreflexivo. No hay tiempo para reflexionar, no hay pausa, no hay silencio, no hay ese vacío informativo que es imprescindible para cualquier reflexión.

La sobredosis de pantallas facilita la desinformación y el encierro de cada cual en su propia burbuja de ideas. Además fortalece el sentido tribal, ese oscuro impulso a dividir el mundo entre nosotros y ellos, los propios y los ajenos, los amigos y los enemigos, los inmensamente buenos contra los satánicamente malos.

Cuando salimos de las pantallas el espejo se rompe. La realidad es siempre más compleja, más contradictoria y llena de matices. Esta ruptura del espejo deriva en desencanto, pasividad, muchas veces fanatismo y dadas ciertas condiciones hasta en violencia social y política.

Ya lo sé: los tiempos que corren son duros para la comunicación política.

¿Cómo comunicarnos en la era de las pantallas?

Hay un tsunami de información devorándonos desde las pantallas. De nada sirve si nos mimetizamos con ese maremoto y agregamos unas gotas de ansiedad, brevedad, fragmentación, superficialidad y falta de reflexión. Eso también se lo llevará el tsunami.

¿Cómo logras que tu mensaje político sobreviva al tsunami?

¿Qué puedes hacer para que tu mensaje se destaque entre miles de mensajes que van y vienen como enloquecidas estrellas fugaces? ¿Cuál es el camino para tu comunicación política en esta sociedad de las pantallas planas?

El camino de comunicación política que te sugiero tiene seis pilares básicos:

1. Investigación permanente acerca de los públicos con los cuales te vas a comunicar: por lo menos perfil demográfico, perfil de personalidad, emociones, hábitos de consumo de información y perfil político.

2. Creación y distribución sistemática de contenidos para esos públicos: artículos, libros, podcasts, vídeos, infografías, fotografías, juegos, reportes, canciones y cualquier otro formato que sea entretenido y atractivo en sí mismo.

3. Mensajes políticos segmentados por perfiles psicológicos de la población.

4. Mensajes políticos estructurados en base a propuestas de solución a los problemas específicos de cada target.

5. Creación y desarrollo de una potente imagen de marca del candidato y/o del partido.

6. Incorporación sistemática de las emociones a la comunicación política.

Solo desarrollando en profundidad estos seis pilares podrás comunicarte con mayor eficacia con ese Robinson Crusoe de las pantallas que es el votante de hoy.

25 de julio 2021

Maquiavelo&Freud

 6 min


John H. Cochrane

En Estados Unidos, la Reserva Federal, la Comisión de Bolsa y Valores y el Departamento del Tesoro están preparándose para incorporar la política climática en la regulación financiera estadounidense, luego de los pasos aún más audaces de Europa. La justificación es que “el riesgo climático” plantea un peligro para el sistema financiero. Pero es una afirmación absurda. Se está utilizando la regulación financiera para introducir a las escondidas políticas climáticas que, de otra manera, serían rechazadas por impopulares o inefectivas.

“Clima” se refiere a la distribución de probabilidad del tiempo –el rango de potenciales condiciones y eventos climáticos, junto con sus probabilidades asociadas-. “Riesgo” se refiere a lo inesperado, no a cambios que todos saben que están en curso. Y “riesgo financiero sistémico” se refiere a la posibilidad de que todo el sistema financiero se desintegre, como casi sucedió en 2008. No significa que alguien en alguna parte pueda perder dinero porque el precio de algún activo caiga, aunque los banqueros centrales rápidamente están ampliando su campo de acción en esa dirección.

Por lo tanto, en lenguaje sencillo, un “riesgo climático para el sistema financiero” se refiere a un cambio repentino, inesperado, grande y generalizado de la distribución de probabilidad del tiempo, suficiente para causar pérdidas que castiguen las reservas de capital y los amortiguadores de la deuda de largo plazo, provocando una corrida en todo el sistema sobre la deuda de corto plazo. Esto se refiere al horizonte de cinco años –o como máximo diez años- en el cual los reguladores pueden empezar a evaluar los riesgos en los balances de las instituciones financieras. Todavía no se han otorgado préstamos para 2100.

Un evento de esta naturaleza está más allá de cualquier ciencia climática. Los huracanes, las olas de calor, las sequías y los incendios nunca han estado ni cerca de causar crisis financieras sistémicas, y no existe ninguna posibilidad validada científicamente de que su frecuencia y severidad vayan a cambiar tan drásticamente como para alterar este hecho en los próximos diez años. Nuestra economía moderna, diversificada, industrializada y orientada a los servicios no se ve tan afectada por el clima –ni siquiera por los eventos que alcanzan los titulares-. Las empresas y la gente todavía se están desplazando del Cinturón de Oxido frío a los estados calurosos y proclives a los huracanes de Texas y Florida.

Si los reguladores en general les tienen miedo a riesgos inéditos que pongan en peligro el sistema financiero, la lista debería incluir guerras, pandemias, ciberataques, crisis de deuda soberana, crisis políticas y hasta ataques de asteroides. Todos excepto estos últimos son más probables que el riesgo climático. Y si nos preocupan los costos de las inundaciones y de los incendios, quizá deberíamos dejar de subsidiar la construcción y reconstrucción en zonas anegadizas y proclives a los incendios.

El riesgo regulatorio climático es ligeramente más verosímil. Los reguladores ambientales podrían resultar tan incompetentes como para dañar la economía al punto de crear una corrida sistémica. Pero ese escenario parece demasiado descabellado inclusive para mí. Una vez más, si el problema es el riesgo regulatorio, entonces los reguladores salomónicos deberían exigir un mayor reconocimiento de todos los riesgos políticos y regulatorios. Entre las nuevas interpretaciones de la ley antimonopolio de la administración Biden, las políticas comerciales de la administración anterior y el deseo político generalizado de “desguazar a las grandes tecnológicas”, los peligros regulatorios no son pocos.

Sin duda, no es imposible que algún evento terrible relacionado con el clima en los próximos diez años pueda provocar una corrida sistémica, aunque nada en la ciencia o economía actual describe un evento de esas características. Pero si ése es el temor, la única manera lógica de proteger el sistema financiero es aumentando drásticamente la cantidad de capital social, que protege al sistema financiero de cualquier tipo de riesgo. La medición de riesgo y la regulación tecnocrática de las inversiones climáticas, por definición, no pueden proteger contra incógnitas desconocidas o “puntos de inflexión” no modelados.

¿Qué pasa con los “riesgos de transición” y los “activos bloqueados”? ¿Las compañías de petróleo y gas no perderán valor en el traspaso a una energía con bajos niveles de emisiones de carbono? Seguramente que sí. Pero todos ya lo saben. Las compañías petroleras y gasíferas perderán más valor sólo si la transición es más rápida de lo esperado. Y los activos de combustibles fósiles tradicionales no están financiados con deuda de corto plazo, como las hipotecas en 2008, de manera que las pérdidas de sus accionistas y tenedores de bonos no ponen en peligro al sistema financiero. “Estabilidad financiera” no significa que ningún inversor nunca pierda dinero.

Asimismo, los combustibles fósiles siempre han sido riesgosos. Los precios del petróleo se volvieron negativos el año pasado, sin ninguna consecuencia financiera importante. El carbón y sus accionistas siempre se han visto perjudicados por la regulación climática, sin ningún indicio de una crisis financiera.

En términos más generales, en la historia de las transiciones tecnológicas, los problemas financieros nunca han surgido de industrias en decadencia. La crisis del mercado bursátil de 2000 no fue provocada por pérdidas en las industrias de las máquinas de escribir, los carretes, el telégrafo o la regla de cálculo. Fueron las compañías tecnológicas ligeramente avanzadas en su tiempo las que quebraron. De la misma manera, la crisis del mercado bursátil de 1929 no fue causada por el colapso de la demanda de carruajes arrastrados por caballos. Fueron las nuevas industrias de la radio, el cine, los automóviles y los electrodomésticos las que colapsaron.

Si a uno le preocupan los riesgos financieros asociados con la transición energética, los nuevos favoritos valuados astronómicamente como Tesla son el peligro. El mayor peligro financiero es una burbuja verde alimentada, como en bonanzas previas, por subsidios gubernamentales y el aliento de los bancos centrales. Las empresas exitosas de hoy son vulnerables a los caprichos políticos cambiantes y a las nuevas y mejores tecnologías. Si los créditos regulatorios se agotan o si las células de combustible de hidrógeno desplazan a las baterías, Tesla está en problemas. Sin embargo, nuestros reguladores sólo quieren alentar a los inversores a sumarse.

La regulación financiera climática es una respuesta en busca de una pregunta. El punto es imponer un conjunto especifico de políticas que no pueden prosperar mediante una legislación democrática regular o una potestad reglamentaria ambiental regular, que exige al menos la pretensión de un análisis de costo-beneficio.

Estas políticas incluyen desfinanciar los combustibles fósiles antes de que hayan sido reemplazados por otra cosa y subsidiar los autos eléctricos, los trenes, los molinos de viento y las células fotovoltaicas alimentados a batería –pero no la energía nuclear, la captura de carbono, el hidrógeno, el gas natural, la geoingeniería u otras tecnologías prometedoras-. Pero, como a los reguladores financieros no se les permite decidir adónde debería estar destinada la inversión y qué es lo que habría que despojar de fondos, “el riesgo climático para el sistema financiero” es un concepto ideado y repetido hasta que la gente lo crea, para hacer entrar con calzador estas políticas climáticas en los limitados mandatos legales de los reguladores financieros.

El cambio climático y la estabilidad financiera son problemas acuciantes. Requieren respuestas políticas coherentes, inteligentes y científicamente válidas, y pronto. Pero la regulación financiera climática no ayudará al clima, politizará aún más a los bancos centrales y destruirá su independencia preciosa, mientras que obligar a las compañías financieras a diseñar evaluaciones de riesgo climático absurdamente ficticias arruinará la regulación financiera. La próxima crisis tendrá algún otro origen. Y nuestros reguladores obsesionados con el clima una vez más no podrán anticiparlo en absoluto –de la misma manera que una década de comprobadores de resistencia nunca consideraron la posibilidad de una pandemia.

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/climate-financial-risk-fall...

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