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Opinión

Amy Woodyatt

La población mundial probablemente alcanzará un máximo de 9.700 millones en 2064 y luego disminuirá a unos 8.800 millones para finales de siglo, a medida que las mujeres tengan un mejor acceso a la educación y la anticoncepción, según un nuevo estudio.

Para el año 2100, 183 de 195 países no tendrán las tasas de fertilidad requeridas para mantener la población actual, con 2,1 nacimientos proyectados por mujer, dijeron investigadores del Instituto de Evaluación y Métrica de Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington.

Unos 23 países, entre ellos Japón, Tailandia, Italia y España, verán la reducción de sus poblaciones en más del 50%, dijeron los investigadores.

Sin embargo, la población del África subsahariana podría triplicarse, lo que permitiría que poco menos de la mitad de la población mundial sea africana para finales de siglo.

El estudio de modelado, publicado el martes en The Lancet, también pronostica una disminución dramática en las poblaciones en edad laboral en países como India y China, lo que perjudicará el crecimiento económico y podría tener implicaciones negativas para las fuerzas laborales y los sistemas de ayuda social, dijeron los investigadores.

Pero a medida que disminuye la fertilidad, los investigadores señalan que la inmigración podría compensar la disminución de la población, particularmente en países con baja fertilidad, como Estados Unidos, Australia y Canadá.

“El mundo, desde la década de 1960, se ha centrado en la llamada explosión demográfica”, dijo a CNN el Dr. Christopher Murray, quien dirigió la investigación. “De repente, ahora estamos viendo este tipo de punto de inflexión en el que está muy claro que estamos pasando rápidamente del problema de tener demasiadas personas a tener muy pocas”.

Reducción de la población

Utilizando los datos del Estudio Global de la Carga de Morbilidad 2017, los investigadores predijeron que las poblaciones con reducción más rápida se encontrarán en Asia y Europa oriental y central.

Los autores del informe proyectan que la población de Japón disminuirá de alrededor de 128 millones de personas en 2017 a 60 millones en 2100, Tailandia verá una reducción de 71 a 35 millones, España de 46 a 23 millones, Italia de 61 a 31 millones, Portugal de 11 a 5 millones y Corea del Sur de 53 a 27 millones.

También se pronostica que otros 34 países, incluida China, verán una disminución de su población de hasta un 50%.

Murray dijo que no solo la población se reducirá, sino que la sociedad generalmente será más vieja, lo que tendría un impacto sustancial en el crecimiento económico.

“Hay más personas que necesitan recibir beneficios del gobierno, ya sea seguridad social o seguro de salud, y menos personas que paguen impuestos”, explicó.

Los investigadores proyectan que la población del África subsahariana podría triplicarse en el transcurso del siglo, de aproximadamente 1.030 millones en 2017 a 3.070 millones en 2100.

La región del norte de África y Medio Oriente es la única otra que se prevé que tenga una población mayor en 2100 que en 2017, con un pronóstico de 978 millones en comparación con 600 millones.

“Debido a que la fertilidad seguirá siendo alta por más tiempo, la proporción relativa de la población mundial que es africana aumentará considerablemente. Llegaremos al punto hacia el final del siglo en el que poco menos de la mitad de la población mundial será africana, siguiendo estas trayectorias”, dijo Murray a CNN.

Más mayores de 80 años que menores de 5

El estudio también predice cambios importantes en la estructura de edad global a medida que disminuye la fertilidad y aumenta la esperanza de vida, con un estimado de 2.370 millones de personas mayores de 65 años en todo el mundo en el año 2100, en comparación con 1.700 millones menores de 20 años.

El número global de personas mayores de 80 años podría multiplicarse por seis, de 141 millones a 866 millones. Mientras tanto, se pronostica que el número de niños menores de 5 años disminuirá en más del 40%, de 681 millones en 2017 a 401 millones en 2100.

Los investigadores dijeron que estas “reducciones dramáticas” en las poblaciones en edad laboral en países como India y China obstruirán el crecimiento económico y conducirán a cambios en las potencias mundiales.

“Ya está comenzando, es algo que no está en el futuro distante. La cantidad de adultos en edad laboral en China ya ha comenzado a disminuir”, dijo Murray a CNN.

“La profunda disminución de adultos en edad laboral que ocurrirá en un lugar como China significa que a largo plazo no podrán mantener el crecimiento económico al ritmo actual”, dijo Murray.

Los autores del informe dicen que las nuevas previsiones destacan los “enormes desafíos” que una fuerza laboral cada vez menor representará para el crecimiento económico y la alta carga que una población envejecida representará para los sistemas de salud y apoyo social.

El papel de la inmigración

Los autores sugieren que la disminución de la población podría ser compensada por la inmigración y que los países con políticas de inmigración liberales estarán en mejores condiciones para mantener el tamaño de la población y apoyar el crecimiento económico, incluso cuando la fertilidad disminuya.

“Si más personas mueren frente a las que nacen, la población entrará en declive. Y la única forma de contrarrestar eso es con la migración”, dijo Murray.

Los investigadores sugieren que la disminución de la población podría ser compensada por la inmigración, prediciendo que los países con baja fertilidad, incluidos los EE. UU., Australia y Canadá, mantendrán a las poblaciones en edad laboral con inmigración a medida que disminuya la fertilidad.

Si bien los autores del informe señalan que el que haya menos personas tendría “implicaciones positivas para el medio ambiente, el cambio climático y la producción de alimentos”, una población envejecida puede presentar sus desafíos.

Si se tratara solo de la cantidad de personas y no de todos estos otros efectos, podría ser un buen argumento para decir que podría ser algo bueno para el planeta, dijo Murray.

“El problema es que la pirámide de edad invertida es un problema real sobre cómo se organizan las sociedades y cómo funcionan las economías, cómo se pagan los impuestos”, dijo. “Lo que realmente necesitamos descubrir es cómo hacer la transición desde el estado en el que nos encontramos ahora”, dijo.

15 de julio 2020

CNN

https://cnnespanol.cnn.com/2020/07/15/la-poblacion-mundial-disminuira-probablemente-a-finales-de-siglo/?utm_term=15948951062259434754245bc&utm_source=5+cosas+16+de+julio&utm_medium=email&utm_campaign=226295_1594895106227&bt_ee=wu2eRGyRDnitndUIyhN8cRY0ihHvbwZMLPZsEC4k5pj2RUsX95Cuzzq1JVOVLtat&bt_ts=1594895106227

 5 min


Nicmer Evans

Un régimen que atenta contra valores, principios, normas, creencias, posturas, expresiones, en nombre de los pobres, mientras los hunde en más pobreza; un régimen que se ufana en afirmar que no cederá el poder ni con votos ni con balas, y lo deja saber por distintos voceros; un sistema que ampara la pérdida de soberanía en nombre de la solidaridad, entrega territorio a ejércitos invasores como el ELN y las FARC, entrega toda nuestra riqueza mineral dejando depredar nuestra inconmensurable biodiversidad y medio ambiente, un grupo de mafiosos que asesina, tortura, persigue, acosa, atemoriza, genera terror por pensar distinto, no incita al odio, odia.

El odio es un deseo de mal y cuando es consumado es maldad. Pero no se confunda, porque cuando uno desea justicia, y esta implica una pena después de un proceso judicial, desear y consumar la justicia no es odio, es justicia.

Estos, los que hacen el mal, hoy utilizan el aparato de justicia para consumar el odio contra los que piensan distinto, eso no es justicia, es la consumación de la mayor expresión de maldad desde el poder.

El cinismo de la maldad de quienes promueven el odio de Estado todos los días desde sus políticas excluyentes y destructuras, llega al nivel de tipificar el odio (deseo de mal) como delito, al afirmar que individuos u organizaciones instigan al odio cuando demandan justicia.

Desearle vida a quienes se han contaminado de covid-19 entre los jerarcas del sistema, para que en vida puedan pagar sus delitos de lesa humanidad producto de la acción de la justicia, o reconocer la valentía de ciudadanos que hartos de la ausencia de condiciones mínimas de vida arremeten contra las casas del partido terrorista que hace ejercicio del poder, pone en el debate un tema central: al no haber un sistema de justicia que defienda al ciudadano, el derecho de exigirlo se convierte en un deber.

La mayoría opositora hoy no promueve el odio, promueve la justicia, y es importante no confundir una cosa con la otra. Hoy quien no solo promueve el odio, sino que lo ejerce para hacer maldad, es quien tiene el poder y lo ejerce para preservarlo, burlando incluso a la Constitución.

Odiar no es viable para la oposición que quiere ser una verdadera alternativa, porque no es venganza con lo que nos debemos alimentar; si ellos odian y hacen el mal, nuestra respuesta debe ser justicia y más justicia, porque solo la justicia podrá reconstruir el tejido social roto por el odio expresado en el mal que durante años ha dividido, fragmentado y resquebrajado a las familias venezolanas.

La ausencia de justicia en el suelo patrio hoy demanda justicia internacional, y trabajar arduamente para que recobrado el Estado de Derecho y de Justicia y la democracia, veamos justicia en nuestro país, para ver a todos los responsables de la destrucción de la nación pagar sus delitos, uno a uno.

miércoles, 15 de julio de 2020

@NicmerEvans

https://www.elnacional.com/opinion/odio/

 2 min


La semana pasada, ¿gracias? a la pandemia, tuve la oportunidad de leer un excelente artículo que encara un tema inevitable en estos tiempos afectados por profundos cambios tecnológicos y que, por lo general, han sido examinados colocando el acento en sus implicaciones económicas. Sin que se soslayen estos últimos, el texto al que hago referencia observa el tema de Internet desde la perspectiva de la sociedad civil, seguramente su lado más descuidado desde el punto de vista académico e, incluso, político. Me refiero al ensayo “¡Vade retro Internet ¡Una evaluación crítica de Internet desde la sociedad civil” elaborado por Luis German Rodríguez, profesor de la UCV y Daniel Pimienta, Director de la Oficina del proyecto REDALC (Red para América Latina y el Caribe). Las siguientes líneas comentan libremente el texto sin que, en manera alguna, lo que escribo comprometa a los autores, salvo cuando expresamente así lo señale.

El poder de Internet

Más de la mitad de la población mundial ya se encuentra conectada a internet y el tráfico de datos anual se ha incrementado en más del 100% en poco menos de 3 años, De acuerdo a lo que se recoge en la literatura especializada, su importancia es función de varias características, entre las que cabe destacar a) su capacidad para transmitir y ejecutar múltiples formatos comunicacionales (voz, sonido, imagen, texto) en una sola plataforma, b) su estructura que acorta distancias y espacios, borra límites geográficos artificiales, c) su arquitectura distribuida que permite comunicación directa y descentralizada, d) su capacidad de almacenamiento y distribución de información y conocimiento que es accesible en todo momento y desde todas partes y e) su característica de creación y expansión desde el propio usuario. Estas características han propiciado nuevas revoluciones sociales, la emergencia de nuevos tipos de economía y producción de bienes y servicios, y la aparición de tipos de comportamientos y estructuras culturales diferentes, entre tantas otras cosas.

La cara distópica

Como lo registra su historia, los avances tecnológicos se presentan con dos caras: la de las utopías y la de las distopías. En su Utopía, escrita en 1516, Tomás Moro se centró en la gobernanza pública como medio para lograr satisfacer la felicidad de las personas. Más de cinco siglos después, las posibilidades de la digitalización son inmensas para esta gobernanza, para facilitarla y hacer más partícipes de ella a las sociedades a nivel local, regional, nacional y global. Sin embargo, actualmente se empieza a dibujar un escenario que representa lo contrario.

Como lo expresan en su escrito Rodríguez y Pimienta, cuando nació, a mediados de los años ochenta, Internet asomaba su rostro utópico a través de sus incuestionables beneficios como herramienta de la comunicación y la libertad de expresión y, desde luego, de la democracia.

Sin embargo, más adelante advierten cómo Internet se ha ido convirtiendo en un espacio dominado por el irrespeto, la difusión de noticias falsas y caldo de cultivo para el odio y el racismo. En resumen, en un entorno prácticamente sin reglas que ha contribuido de manera muy relevante a desmejorar la convivencia social al debilitar las posibilidades del diálogo. En un contexto fundamentado en el predominio del yo junto a la información vinculada a lo relevante a ese yo, en donde lo importante es, entonces, fabricar mi yo en las redes sociales y, así, existir en el mundo virtual. Así las cosas, la mayoría de los usuarios de las redes sociales se dedican, añaden los autores, a autopromocionarse y la sociedad global del conocimiento evoluciona hacia la sociedad del yo y abre paso a la sociedad de la desinformación, alojamiento de las así llamadas “verdades alternativas”, las “fake news”.

La gobernanza de Internet

Google nació, así ´pues, como una iniciativa académica que evolucionó hasta convertirse en un poderoso y rentable modelo de negocio en el campo virtual, a través de la creación de las condiciones mediante las que los usuarios pudieran convertirse en productos. Nos encontramos, entonces, frente al llamado “capitalismo de vigilancia”, vale decir la mercantilización de datos personales con fines de lucro (los “datos son el petróleo de hoy en día”, se suele afirmar). En función de ello, Google inventó las herramientas para saber cada vez más de lo que el propio usuario sabe de sí mismo, lo que no sólo tiene relevancia en el plano comercial, sino, y en grado creciente, en la política, incluidos los procesos electorales, y en el control ciudadano. Esta situación coincide con la inquietud del profesor norteamericano Nathaniel Persily, quien expresó, creo que fue en la penúltima reunión del Grupo de Davos, que “el gran reto de la democracia es ver si podrá resistir a la Internet”.

Según se describe en el artículo al que vengo refiriéndome, el destino de Internet en el mundo occidental está determinado por Google (con todo el conglomerado bajo el mando de Alphabet), al lado de las grandes empresas privadas (Facebook, Amazon, Apple y Microsoft). Juntas constituyen los actores que fijan el destino de la Sociedad Global del Conocimiento, por encima de los gobiernos, a diferencia de lo que ocurre en países como Rusia y China, que han creado empresas que rivalizan con las occidentales, a la vez que son parte esencial de la estructura de control sobre sus ciudadanos.

La pretensión de establecer reglas comunes para el ciberespacio mundial ha dado, hasta ahora, pocos resultados. No se ha tenido el éxito requerido en el propósito de lograr armonizar políticas e instituciones que reflejen la naturaleza transfronteriza de Internet. Los aún poco efectivos mecanismos para poner orden en el mundo digital han impedido la democratización de la información, el cierre de brechas sociales, la participación masiva, la cooperación, la autorregulación, además de otros atributos que se perfilaban en el rostro utópico de Internet.

Luce como si no se hubiese tomado en serio lo que han precisado diversos especialistas, alrededor de la emergencia de una ciudadanía digital, lo que implica, afirmaría Perogrullo, la creación de derechos digitales, frente a los poderes públicos y privados.

La sociedad civil e Internet

Con relación a los aspectos distópicos, asociados a la necesidad de regular los usos de internet, la sociedad civil, de acuerdo a los autores, se ha mostrado más bien displicente, siendo mucho más permisiva y tolerante con los gobiernos que con las grandes empresas.

Entre otros varios asuntos vinculados con lo anterior, en el ensayo se subraya la relevancia de la actualización de la alfabetización digital, la cual no se entiende meramente como la capacidad de tener la habilidad técnica sobre el funcionamiento digital, sino, sobre todo, como el dominio sobre sus repercusiones, la manera como contaminan los espacios públicos, permitiendo deformaciones y abusos como las derivadas de la manipulación de la información de los ciudadanos recogida sin su consentimiento, tanto por las grande empresas privadas, como por los gobiernos. En otras palabras, se considera que una cosa es saber usar las herramientas digitales y otra, muy distinta, contar con la facultad de procesar la información y convertirla en conocimiento, lo que supone distinguir entre lo cierto y lo falso, la validación de las fuentes y la apreciación para identificar manipulaciones, todo en medio de referencias éticas que permitan que lo que está ocurriendo son cambios tecnológico radicales que han ido modificando los patrones desde las que se piensan la vida y la propia humanidad. Nada de esto forma parte de la educación de los jóvenes, rematan Rodríguez y Pimienta.

La emergencia digital

A partir de temas como el anterior, el texto asoma, amén de otros asuntos significativos que trascienden el espacio disponible para estas líneas, la urgencia de que la sociedad civil modifique sustancialmente su visión y su patrón de funcionamiento de cara a la sociedad global del conocimiento. En esa dirección se propone que el planeta sea declarado en emergencia digital, en el mismo sentido y con la misma importancia como se ha planteado la emergencia ocasionada por el cambio climático. Se considera que ambos son temas, cada uno a su manera, que revisten la misma envergadura y trascendencia para el destino de la humanidad.

Uno termina de leer este ensayo de Rodríguez y Pimienta y no puede dejar de pensar que el futuro de Internet (con todos los beneficios que sin duda genera), puede tornarse muy oscuro al convertirse en la más poderosa herramienta de control y exclusión, jamás creada. Así las cosas, Vade Retro Internet pudiera parecerle a algunos un título desmedido, hasta desorbitado, pero no hay duda de que logra su objetivo: alertar con inteligencia en torno a la posibilidad de un escenario en el que los terrícolas nos jugamos mucho y, a la vez, recordar que se encuentra en nuestras manos impedir que ocurra.

El Nacional, miércoles 15 de julio de 2020

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Julio Dávila Cárdenas

Quizás sea que nos estamos acostumbrando a vivir en el extraño mundo de Subuso, en el que casi todo se hace al contrario de lo que indica la lógica, o lo que pareciera lógico.

El régimen se encuentra empeñado en tratar de legitimarse, a ver si el mundo comienza a reconocerlo y para ello utiliza todo lo que esté a su alcance. En ese afán trata de lograr una Asamblea Nacional que se ajuste a sus necesidades. Entonces acude a su tsj para que designe a un cne prácticamente incondicional. No contento con ello, esa misma “justicia” es la encargada de inhabilitar a las legítimas autoridades de muchos de los partidos de oposición y ordena que se proceda a designar como nuevas autoridades de esos partidos a individuos que por “extrañas razones” habían sido expulsadas de dichas organizaciones, o aparentaban continuar en las mismas, pero siguiendo las instrucciones del régimen.

Eso ocurrió con Primero Justicia, Acción Democrática, Copei, Voluntad Popular y algunas otras que escapan de mi memoria. Con este curioso proceder lograría, en primer lugar, que esas nuevas “autoridades” indiquen que sus organizaciones participarán en el “proceso electoral”. Luego, en el momento que corresponda designar a los candidatos a diputados de dichos partidos, quién los escogerá. Indudablemente que las “nuevas autoridades”. ¿A quiénes escogerían? No resulta difícil atinar: Individuos que respondan a los intereses del régimen. De manera que no habría obstáculo alguno para que, en el hipotético caso de ganar la oposición, quien obtenga el triunfo sea el mismo régimen. La victoria sería pírrica pero aparentemente legítima.

Mientras tanto, quienes supuestamente pertenecen a la oposición en ese cne, manifiestan que están dadas todas las garantías para que las “elecciones” sean limpias y trasparentes y por tanto, se debería concurrir a votar, bajo el pretexto de que si no se vota se estaría garantizando la victoria de los candidatos del régimen. Lo cierto es que el resultado de las mismas, sería “ganar, ganar”, pero para el régimen y para quienes resultaran electos diputados. Es decir, no importa si se vota por los candidatos a diputados de la “oposición”, porque en definitiva siempre ganaría el régimen.

De allí las declaraciones del militar que funge de ministro de defensa del régimen, en el sentido de que la oposición no volvería nunca al gobierno. Por supuesto que no, ya que todo está debidamente planificado para que cualquiera sea el resultado, el vencedor siempre sea el mismo. Lo que debería causar extrañeza es que los integrantes de las fuerzas armadas, no hayan reaccionado a esas declaraciones. Sobre todo si toman en cuenta lo establecido en el artículo 328 de la Constitución, que señala que la Fuerza Armada Nacional -que así se llama en la Carta Magna-, “constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política…” y en el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna.” Afortunadamente el artículo 333 de la misma establece que la Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

Como estamos en el extraño mundo de Subuso, no es de extrañar que todo se haga al revés y aparentemente nada suceda, salvo que algo esté por suceder

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Marino J. González

Al día de hoy, la característica más resaltante en la mayor parte de los países de América Latina, es la ausencia de control de la pandemia por covid-19. En los últimos siete días, nueve países de la región (Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, México, Panamá, y Venezuela) han registrado el número máximo de casos diarios.

Esto significa que se deben esperar tres semanas para saber si han alcanzado el control, esto es, en el mes de agosto (sexto mes de pandemia). Si a este grupo agregamos los países que han registrado el número máximo de casos en los últimos 21 días, tendríamos tres adicionales: El Salvador, Honduras, y Paraguay. Los únicos países con franco control en la región son Uruguay y Cuba.

Las dimensiones del descontrol de la pandemia se pueden estimar si comparamos la evolución en otros países. En Corea del Sur, por ejemplo, transcurrieron 73 días entre el primer caso y el control, es decir, cuando se alcanzó el 10% de los casos del día con la mayor cantidad. En España se requirieron 99 días.

Por el contrario, en muchos países de América Latina el número de días desde el primer caso ya supera los 150, y no se ha alcanzado el control. Brasil, país en el cual se registró el primer caso en la región, tiene 169 días de pandemia sin control.

Si bien es cierto que en los países que lograron el control en Asia y Europa, se han presentado nuevos brotes, estos se han manifestado después de un período en el cual se reportaron pocos casos. Esta situación permitió que se redujera la sobre-demanda de los servicios de salud, y se pudieran realizar los ajustes logísticos y de rutinas en preparación para la aparición de nuevos casos.

En la gran mayoría de los países de la región, la presión sobre los servicios no solo no ha disminuido, sino que en estos momentos se encuentra en la fase más crítica. El personal de salud ha debido enfrentar exigencias extraordinarias para garantizar la atención de los pacientes. Muchas veces en situaciones de alta desprotección para evitar las infecciones, con lo cual se han producido contagios y fallecimientos. Dada la especial gravedad de la pandemia en estas semanas, es de suponer que la desprotección también se encuentra en un punto muy alto.

La segunda implicación del descontrol es el efecto en la atención del resto de los servicios de salud. Esto afecta tanto a los pacientes con enfermedades transmisibles como aquellos con enfermedades crónicas. El diferimiento de consultas para diagnóstico y tratamiento es muy frecuente. Si a ello se suma que se han debido utilizar recursos para enfrentar la pandemia, antes asignados a otras áreas, es lógico esperar que este año disminuya la inversión neta, expresada en paralización de la creación de nuevos cargos, diferimientos en la construcción y dotación de servicios, entre otros aspectos. La asignación general de recursos, especialmente los de inversión, debe estar muy afectada en los sistemas de salud de la región.

Los impactos en la economía conforman la tercera implicación de la ausencia de control. En la práctica, las economías llevan seis meses de parálisis. De allí que la caída de crecimiento adquiere niveles nunca experimentados en muchos países de América Latina. El efecto de esta reducción de crecimiento se trasladará al próximo año, y afectará a toda la inversión pública, y en particular la relacionada con los servicios de salud.

Entonces se experimentan dos situaciones de shock para la gestión de los servicios. El primero, en curso, está asociado con los recursos previstos para este año. El segundo shock es de mediano plazo, y se extenderá hasta que cese la pandemia. Desde esta perspectiva, los efectos en la disminución de la protección financiera y en la cobertura de servicios serán altamente significativos.

La cuarta implicación se relaciona con las opciones de políticas disponibles. Todos los países de la región que no han controlado la pandemia, tienen en vigor políticas más rigurosas que las ejecutadas por Uruguay en la fase más crítica. Esto significa que, en algunos casos, por ejemplo, Guatemala y Honduras, no es posible aumentar la rigurosidad.

Si esos países no tienen control, y ya han llegado al tope de la rigurosidad, significa probablemente que las medidas no están funcionando desde hace varias semanas. Parece entonces que se ha perdido la capacidad de relacionar intensidad de las medidas con el impacto en el control de la pandemia.

En consecuencia, el deterioro de la capacidad para diseñar políticas también aumentará. Esta situación también afecta a los países que, sin tener altos niveles de rigurosidad, también tienen restricciones para aumentarla (por ejemplo, Colombia, Chile, y Perú),

Las implicaciones anteriores tienen un denominador común: el desgaste de la institucionalidad de las políticas públicas. Tal pareciera que la región está entrando en una etapa en la cual la pandemia afecta todas las áreas de políticas, hasta el punto que se ha convertido en el centro de la toma de decisiones.

Cada día son más evidentes los signos de la debacle social, económica e institucional que se están ocasionando. Lamentablemente, enfrentar ese deterioro requiere capacidades institucionales que la región no tiene desarrolladas. La pandemia ha puesto todas estas limitaciones en gran relieve.

marinojgonzalez@gmail.com

@marinojgonzalez

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Laureano Márquez

El 14 de julio de 1816 en el Penal de las Cuatro Torres del arsenal de La Carraca, muere el precursor de la independencia venezolana, Sebastián Francisco de Miranda. Antes había estado preso en Puerto Rico, en Puerto Cabello y en La Guaira, donde había sido entregado a las autoridades españolas por sus paisanos y compañeros de la gesta independentista, quienes consideraron que su capitulación ante Monteverde era una traición injustificable.

Como puede verse, las diferencias, la enemistad y el odio entre los que comparten una misma causa no es nueva en la historia nacional.

A uno le da cosa con Miranda: exitoso en todas las revoluciones de su tiempo, fracasó en la suya, la que siempre le había inspirado. Logró sortear todos los peligros, cambio de identidad varias veces para ocultarse de persecuciones, sobrevivió a expediciones y batallas, logró evadir la guillotina en la Revolución Francesa –cuya conmemoración es también, casualmente, el 14 de julio– pero no logró salir ileso de sus paisanos.

Sus últimos años fueron muy duros, las condenas de las que se libró de joven le cayeron juntas en su vejez. Michelena lo pinta en esa imagen que para nosotros es emblemática, meditando recostado en su catre en la celda de Cadiz, desde allí nos sigue mirando con una inescrutable tristeza que, a veces, según esté nuestro ánimo, parece decepción y otras la actitud interrogante de quien espera grandes cosas del espectador que le contempla, como diciéndonos: “¿y entonces? ¿Y la libertad pa’cuando?”

A Miranda tampoco lo hemos sabido reconocer bien post mortem. Sigue siendo el “hijo de la panadera”, que diría nuestra brillante historiadora Inés Quintero. No tiene tumba sino “cenotafio”, una palabra casi tan fea como xenofobia y que se usa para designar a una tumba vacía de alguien cuyos restos no se han encontrado (ni buscado mucho en este caso). La plaza Miranda frente a las Torres del Silencio es una de las plazas menos atractivas de Caracas para el transeúnte y la avenida Francisco de Miranda la de peor tráfico.

El estado Miranda es uno de los más complicados de entender, un estado que ocupa la mayor parte de Caracas, pero cuya capital está en Los Teques. Hasta con nuestro signo monetario a Miranda se le ha maltratado: si recuerdan los tiempos en que Venezuela tenía billetes, al que se le puso la imagen de Miranda fue al de dos bolívares y eso porque no había billete de menor denominación que asignarle. Hasta el chigüire* tuvo más suerte que aparecía en el de cinco.

En fin, este 14 de julio recordé nuevamente con gratitud y respeto a El Precursor, que desde su icónico catre de La Carraca nos sigue observando con esa enigmática mirada con la que Miranda mira.

(*)Para que no me vayan a caer encima en cambote: sé que no es un chigüire, sino un armadillo, el animal que aparecía en los billetes de cinco bolívares. Pero chigüire suena más gracioso. No sé qué magia tienen las palabras con “ch” (Chespirito lo sabía bien) que por sí mismas son graciosas y divertidas, con la sola excepción de un apellido que asociado a su dueño nos recuerda la peor tragedia de nuestra historia.

@laureanomar

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Maxim Ross

He leído mucho material sobre como recuperar la industria petrolera. Confieso que, siendo correcto y conveniente que se preparen varias versiones, especialmente por los especialistas, me gustaría encontrar uno que representara un consenso de lo que habría que hacer, si se produce el cambio político que todos estamos esperando. Mientras tanto, ¿Qué podemos hacer para evitar una destrucción completa de lo que queda de la industria? ¿Habrá alguna posibilidad de que todo el país se ponga de acuerdo en algunas ideas centrales que eviten ese colapso? ¿Tendrá alguna responsabilidad la sociedad civil venezolana[1] en esta materia?

Sabiendo que no soy experto petrolero, pero entendiendo lo que ha sucedido con nuestro país y, en especial en esa industria, me atrevo a proponer un grupo de principios generales, sobre los cuales nos podríamos poner de acuerdo y llegar a un consenso en el seno de la sociedad civil y de aquellos directamente vinculados a la industria. Estoy consciente de que muchos de ellos se han dicho y repetido, que no se trata de ninguna originalidad y quizás mi contribución es colocarlos juntos, de manera simple para hacerlos entender a los no especialistas. Ellos son:

Crecer. La experiencia y el sentido común nos dice que una empresa o una industria tiene como principio vital aumentar su producción, sus ventas y desarrollar mercados y que, cualquier estrategia distinta la lleva al suicidio, como sucedió en Venezuela. Sugiero entonces que el futuro de nuestra industria se focalice en ese principio, sujeto por supuesto a las condiciones actuales de los mercados internacionales que, sabemos, son hoy considerablemente restrictivas. Como consecuencia de ello, sin descuidar la materia, sugiero abandonar o atenuar la política de “sostén de precios” que sacrifica producción y mercados y focalizarla en un criterio de crecimiento sostenido.

Integrar. Si examinamos brevemente nuestra historia petrolera encontramos un patrón común: nunca estuvo integrada al país, a las regiones, a sus localidades, a la gente, comenzando por ese concepto ampliamente divulgado en nuestra historia de ensayos y novelas, cuando se le calificó, en unas de “enclave externo” y, en otras de “campamentos, casas muertas” y otras más, pero siguiendo con aquello de la “caja negra”, que se prolonga hasta nuestros días. Como alguien dijo una vez: lo mas cercano de ella al venezolano es la gasolina.

Pues bien, tomando en cuenta esa experiencia propongo que el segundo principio que rija nuestra industria futura, o lo que queda de ella por desarrollar, se ajuste a la idea de como integrarla de manera óptima a su mejor localización geográfica y, para ello, lo relevante es como puede provocar un entorno de mayor impacto en inversiones, empleos y capacidad productiva, esto es de maximizar el valor agregado o la “cadena de valor” regional o local. Sugiero que, en los planes y proyectos que se estudien, este sea un criterio rector por excelencia. A la vez, este criterio, podría ser el catalizador de inversiones de capital nacional, regional y local, lo cual la diferencia totalmente de la industria que tuvimos hasta ahora.

Si en el futuro logramos acercarnos al manejo de nuestra principal industria estaríamos dando un paso significativo con este principio. Diría: ¡imaginemos una Venezuela donde el petróleo, más allá de sus impactos fiscales y en divisas, se “derrama” ampliamente y deje de ser un “enclave más” en nuestro país!

Industrializar. Resulta inadmisible que un país petrolero como el nuestro haya sido incapaz de desarrollar toda la industria de transformación que origina, naturalmente, el petróleo y su sucedáneo, el gas. Si esto es así, no debería caber la menor duda de que el futuro de nuestra industria debería orientarse casi exclusivamente en esta dirección, por dos razones principales. De un lado, por la propia ventaja comparativa que tiene poseer los dos recursos y del otro, por la ventaja adicional de tener el potencial de energía barata que posee Venezuela. Adicionalmente estaría el hecho de que la restricción de mercados para el crudo, que existe hoy día, debería focalizarnos en esta ruta mas promisoria y con alto contenido de valor agregado.

Competir. Las reglas de la competencia y la competitividad deberían regular también la industria hacia adelante, regidas por estándares internacionales, lo cual automáticamente la condiciona para participar en los mercados internacionales y producir divisas, principio que va ligado al regreso a la especialización y al abandono de todo ese aparataje de para-Estado que recién se puso en práctica. A la vez, su aplicación desarrolla un principio interno que suprime toda posibilidad de continuismo al “clientelismo”, a la politización en su conducción y a eliminar todo tipo de contratación que esté fuera de aquellas reglas. Allí se le abriría una gran grieta al “amiguismo”, a la “adjudicación directa” y a todos esos sutiles métodos que tanto daño han hecho. La transparencia que brindaría el uso de la competencia agrega un activo de muy alto valor económico, político y social para la Venezuela que quiere desterrar la corrupción en su principal industria.

Rentar. Desde luego, consecuencia del anterior está la idea de que la industria tiene que ser rentable, pero aquí introduzco un principio que, si bien puede ser controversial, dada nuestra experiencia e inercia doctrinaria, nos orienta en un sentido distinto. Sugiero privilegiar las ganancias y los dividendos para la inversión por encima de la regalía del propietario, pues esta es la guía que mantuvimos desde sus inicios, salvo en aquellos momentos en que se ha sacrificado para atraer inversiones.

Pues bien, sugiero que este principio se utilice para sustentar el criterio anterior de aumentar la producción y conquistar mercados, cuando beneficia más al inversionista y menos al propietario del recurso, pero tendría, en mi opinión, un efecto mucho mas sustantivo si el tema de la regalía pasa a segundo plano y con él, el ya famoso tema de la renta y el rentismo, el cual ha calificado y caracterizado la Venezuela de los últimos 100 años. Además, para sustentar un criterio de rentabilidad, esta deberá regirse por patrones tributarios internacionales.

Participar. Muy probablemente estemos de acuerdo si sugiero que este habría de ser el principio fundamental a defender hacia futuro porque, si de algo podemos quejarnos los venezolanos es de nuestra total ausencia del manejo petrolero, desde que lo manejaron las “7 grandes”, hasta que lo hizo el Estado venezolano, lo cual no le quita méritos a los tantos profesionales que han participado en ella a lo largo de la historia. No se trata de eso, se trata de algo mucho más importante que está en el vértice de su conducción. Participar en la propiedad del recurso y en sus desarrollos se convierte en un hito de trascendental importancia para los venezolanos, sea como accionistas y dueños de las empresas que se constituyan. Si la resistencia politica se mantiene a un cambio de la propiedad del recurso, sugiero que, al menos, defendamos la participación de la sociedad civil en la Asamblea de Accionistas y en la Junta Directiva, si la empresa sigue estando en manos del Estado.

Ahorrar. Quizás estaría demás defender un criterio de ahorro a estas alturas en que la industria está tan disminuida y las posibilidades de crecimiento son muy limitadas en los mercados internacionales, pero ello no prescribe que dejemos de lado el principio de ahorro que nunca tuvimos presente. Está demás hablar de los daños que su no cumplimiento le ha infligido a Venezuela, porque si hubiéramos ahorrado no estaríamos viviendo el desastre y la destrucción actual.

Volviendo a la sugerencia se propone la creación del FONDO VENEZUELA[2], fundado en dos ideas centrales: la participación de la sociedad civil en su conducción y manejo y creando el Fondo con el retiro de los aportes al Fisco del 20% de los impuestos y la regalía petrolera en 5 años, hasta lograr que sean todos acumulados en dicho Fondo. En tal sentido, se daría cumplimiento a lo dispuesto en la actual Constitución, en el artículo relativo a la creación de un Fondo de Estabilización, con los añadidos aquí sugeridos. Tal medida persigue, el no menos importante principio, de que el Fisco venezolano dependa, única y exclusivamente, de los impuestos no petroleros.

Estas sugerencias se realizan sin quitarle merito a las distintas y valiosas propuestas que han circulado recientemente sobre las opciones que tendría el desarrollo petrolero en los próximos años y se hace, reiteramos, con el fin de proponer un debate para intentar construir un consenso sobre los criterios generales que deberían guiar nuestra principal industria.

Observamos, finalmente, que el centro de esos criterios está orientado, por un lado, a hacer de la industria una parte de estrechamente vinculada a la economía y a la sociedad venezolanas y, por el otro, dejar de lado aquello de lo estratégico y de lo geopolítico, con todos sus componentes de “soberanía e independencia” con que la ha venido caracterizando el mundo político y hacer de ella una industria más en nuestro país y similar a tantas otras que operan en Venezuela.

[1] La parte de ella que está organizada y es representativa de núcleos colectivos. Ver planteamiento de la “Plataforma Cívica”

[2] Sabemos que está en otras propuestas.

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