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Opinión

Simón García

Los globitos, llenos de aire al borde de la nada son esferas vacías de duración generalmente efímera. Se forman por incrementos de tensión y agitación entre elementos diferentes.

Aunque Juan Luis Guerra inventa que sus burbujas nacen de un corazón “mutilado de esperanza y de razón”, frase que pudiera describir la situación de muchos de los que en el pasado tararearon su canción.

Ahora nuestra impaciencia, y la diseminada falta de cordura nos impulsan a buscar el “ancla imprescindible de una ilusión”. Pero la inducción polarizadora y una bien repartida desconfianza bloquean la mano a los cambios que el país requiere.

Frente a la terrible tragedia que nos carcome, nos regíamos en burbujas. La de mayor pompa es la de quienes gobiernan y desean perpetuar su poder, separándose escandalosamente del modo de vida que sufre la sociedad.

La nueva clase minoritaria, aplica una ideología autoritaria nutrida por el sueño de hacer posible una perfecta felicidad colectiva.

Pero sobre las paredes del descontento contra el gobierno tratan de elevarse otras burbujas formadas por al menos cuatro coaliciones opositoras remando contra si mismas, convertidas en fragmentos erráticos mientras se desintegran separadamente, sin unir fuerzas ni formular la estrategia para abrirle brecha a oportunidades de cambio hoy presentes.

Son burbujas de encierro, de aislamiento, de fuga hacia el fracaso y abandono de la tarea de forjar un acuerdo nacional entre un amplio espectro de actores capaces de dar algún aporte a la reconstrucción de las instituciones, de la economía, de los derechos y de un nuevo tiempo de bienestar en base al trabajo. Un acuerdo entre gobierno y oposición.

Si alcanzamos la virtud de pensar juntos el futuro podremos romper las burbujas y salir del agujero negro que amenaza disolvernos a todos.

Estamos en un momento propicio para iniciar una política transicional que una a los venezolanos: elegir un nuevo CNE en la AN y realizar elecciones bajo condiciones competitivas. Un primer golpe de timón para retornar al país que queremos.

Nos conviene salirnos del camino para mantener o intentar llegar al poder con los métodos de la ruralidad, el caudillismo y la violencia.

Ya no podemos vivir evocando el talento político de Betancourt, Caldera, Teodoro o la visión de ilustres independientes como Ramón Díaz Sánchez, Gumersindo Torres, Adriani o Picón Salas.

A esta generación le sale ser creadores de una nueva época. Y no vamos bien.

Junto a esta omisión no puede pasar inadvertida la presencia de una burbuja extremista y maligna para la democracia, con mucho poder virtual y apoyo internacional, que se comporta como una nueva derecha, entre nosotros y en otros países de América Latina. Ellos no pueden ser punto de desemboque de las crisis.

En los Discursos sobre la segunda década de Tito Livio, Maquiavelo habla de transiciones no sangrientas y cita el ejemplo de la caída de los Médici, cuyo costo fue su expulsión de Florencia en 1494.

Tantas centurias después necesitamos inteligencia y valentía para romper las burbujas que nos aíslan del siglo XXI y comenzar a restablecer los vínculos entre la política, la gente y el cambio social.

https://talcualdigital.com/romper-las-burbujas-por-simon-garcia/

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Noél Álvarez

En Venezuela, como en muchos países, hemos tenido, y en algunos casos mantenemos, algunas leyendas urbanas. otras han venido siendo superadas por la fuerza demoledora de la realidad. A través del tiempo, voy a ir comentando acerca de algunas de esas fábulas, vistas desde la subjetividad de mi perspectiva. En esta oportunidad relataré el intento de establecer forzosamente el uso de la Tarjeta de Débito Bancaria (TDB). Si los proponentes de aquella medida hubieran podido adivinar el futuro, se habrían sorprendido de la consolidación voluntaria que tendría este instrumento, con el transcurrir del tiempo.

Corría el año 2001, nuestro país se encontraba en plena efervescencia política y social, múltiples acontecimientos se suscitaban día tras día. Por los intersticios conflictuales se coló una disposición de la Asociación Bancaria, a través de la cual exhortaba a sus afiliados a no permitir la conformación telefónica de cheques menores a 50 mil bolívares, los cuales, para ese momento. equivalían a 70 dólares americanos.

En la Venezuela de comienzos del nuevo milenio, los mecanismos de pago más reconocidos eran: dinero efectivo, cheque personal y tarjeta de crédito. El fenómeno de las tarjetas de débito se encontraba en sus albores. El procedimiento para la conformación de un cheque personal era así: el cliente concurría a efectuar sus compras en un comercio de cualquier índole, al final de la compra entregaba el talón que se correspondía con el monto de la compra. El vendedor se comunicaba con el banco emisor y solicitaba un número de validación, el código recibido era anotado en el cheque y el banco procedía a inmovilizar el monto a favor del establecimiento, hasta tanto el instrumento le fuera presentado al cobro.

La medida aplicada por el sector bancario generó un enfrentamiento público con el sector comercial, ambos adscritos a Fedecámaras. Por el tono de la disputa, sin que se lo propusieran los actores en controversia, la Defensoría del Pueblo intervino en la contienda y llamó a una mesa de conciliación. Los asistentes a esa reunión fueron: Ignacio Salvatierra y José Antonio Gil Yépez por Asobanca; Edgar Dao por el Consejo Bancario; Germán Mundaraín por la Defensoría del pueblo; Antonio Toledo y Noel Álvarez por Consecomercio.

La reunión comenzó con la disertación del presidente de Asobanca donde analizó diversos tópicos, entre ellos los costos de transformación en que incurría la banca por el manejo de efectivo, los cuales serían minimizados con la sustitución de las chequeras por las TDB. Salvatierra hizo especial énfasis en que el manejo de las tarjetas era tan simple, que hasta un niño de corta edad tenía la capacidad de realizar operaciones con ellas, en los distintos cajeros automáticos.

A los representantes del comercio nos quedó claro que las trabas para la conformación de cheques sólo perseguían la masificación del otro instrumento financiero. Por supuesto que Consecomercio no se oponía al fortalecimiento de las TDB, pero su objetivo en esa reunión era lograr la flexibilización de la medida contra los cheques. Por lo que se pudo percibir, el objetivo que perseguía la Defensoría del Pueblo, al convocar la mesa de conciliación. era preservar el derecho que tenían los usuarios de utilizar los diversos mecanismos de pago.

El representante del Consejo Bancario Nacional, Edgar Dao, presidente del Banco del Caribe, llegó cuando la reunión estaba a punto de culminar. Dao, nos habló de la visión de su organización que apuntaba a lograr un entendimiento entre las partes, en beneficio de los consumidores. Explicó los beneficios de las TDB, sin embargo, nos dijo en tono de confidencia: “La verdad es que la utilización de estas tarjetas en los cajeros automáticos no es tan fácil. Mi chofer tiene todas las claves y es él quien realiza las operaciones en los cajeros porque yo no sé cómo hacerlo”. Toledo y yo no pudimos contener la risa y miramos a Salvatierra quien se removió con incomodidad en la silla. En ese momento pensé para mis adentros: a confesión de parte, relevo de pruebas. Con el comentario de Dao se cerró la reunión, no sin antes lograr que Asobanca aceptara disminuir el monto de no conformación de cheques hasta 20 mil bolívares.

Hace mucho tiempo que no conversó con Ignacio Salvatierra, pero en algún momento me gustaría recordarle que la realidad se impone sobre los mitos. En la Venezuela actual, se masificó tanto el uso de las TDB, que la gente, a voz en cuello, hasta vocea su clave “secreta”. Para que ocultarla, si las cuentas solo sirven para intercambios momentáneos. Por cierto, el tema de la no conformación de cheques llevó a Consecomercio a buscar alternativas: estuvo a punto de firmar un convenio financiero con su organismo homólogo colombiano, Fenalco. Pero de ese tema, incluido nuestro viaje a Bogotá, hablaré en otra oportunidad.

*Coordinador nacional del Movimiento Político GENTE
Noelalvarez10@gmail.com

https://www.lapatilla.com/2020/03/09/noel-alvarez-derrumbe-de-leyenda/

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Carlos Raúl Hernández

Calígula violó en público a un general y luego a su mujer, porque estaba aburrido. Chi Shi Wan Chi, creador del imperio chino, hacía enterrar vivos en masa a los niños de las provincias rebeldes. Enfurecido porque una colina “no dejaba pasar” al ejército, hizo talar todos los árboles y pintarla de rojo (color muy apropiado) devoraba mercurio porque, según sus médicos, lo haría inmortal cosa que lo mató. Hitler hasta la hora final, movilizaba batallones inexistentes y ordenaba fusilar oficiales “traidores”, entre ellos a Goering.

En plena convención del Baath que proclamó a Saddam Hussein dictador de Irak, la policía política detuvo decenas de dirigentes inconformes, y esa noche los asesinaron. En los 80 Castro reunió temblorosos y valientes intelectuales que pedían libertad de creación. “Que hable el que tenga más miedo”, y le respondió el enclenque Virgilio Piñera: “Fidel, seguro yo soy el que tiene más miedo. Quiero preguntarte es por qué debo temer”. Mesalina, la mujer del Emperador Claudio, se acostó una noche con doscientos hombres.

La emperatriz china Wu Zetian obligaba a los varones que iban al palacio a hacerle cunnilinguis, so pena de muerte. Son enfermos de la cabeza y dueños de cementerios personales. Gutiérrez Nájera es salomónico: “todos los dictadores están locos”. Son heterosexuales voraces, homosexuales, bisexuales, impotentes, paranoicos obsesivos, ansiosos, bipolares, introvertidos, cariñosos o crueles con sus familias y animales (mujeres e hija de Stalin y Hitler se suicidaron).

Joaquin Fest, Allan Bullock, Karl Schmitt, Isaac Deutscher, Jung Chang, Norberto Fuentes, Robert Service, el best-seller Sebastian Ellner (me ha sido duro hallar alguien que no diga haberlo leído) los estudiaron y una investigación norteamericana sobre Hitler de 1942, pronosticaba su suicidio, pero gozaron de inmensa popularidad y del apoyo, no solo “de las masas” sino de una intelectualidad que sabía muy bien que hacía.

Armaos los unos a los otros
¡Tantos manifiestos en apoyo a Stalin y a Castro! Para clasificar su malignidad hay un baremo sencillo: ¿cuánta sangre está dispuesto a derramar, incluida la suya, en plan de cambiar el mundo? Los más domésticos, cuando las cosas se tuercen, se meten en una embajada, huyen entre las brumas de sus millones y pasan la vida pegados de la prensa de su país a espera del mítico retorno. Otra estirpe más peligrosa tiene en la cabeza rellenos mesiánicos, los “revolucionarios”, marxistas, fascistas, suprematistas, islamofascistas.

Para ellos la vida de un hombre o de un millón no valen nada en el “huracán revolucionario”. Mao, por ejemplo, declaró que sacrificaría tres cientos millones de chinos para “derrotar el imperialismo” y en su etapa final dormía desnudo con grupos de niños y niñas. Su narcisismo les hace creer que tienen una misión. Pero ningún tratado comprende los tortuosos espíritus de estos emisarios del horror, como MacBeth de Shakespeare.

Incontables versiones penetran múltiples facetas del tirano y su terrible lady, pero tomamos para título de este artículo la del japonés Akira Kurosawa. Es apasionante su perspectiva porque las sociedades asiáticas solo conocieron tiranías hasta la llegada de los europeos. Un asiatólogo de las dimensiones de Alfred Weber, afirma que en Asia y África nunca nació la idea de libertad y que en sus lenguas ni siquiera existe una palabra equivalente.

Es una idea exclusivamente occidental que los hombres son “libres e iguales” “todos somos hijos de Dios”, gracias a la figura y la prédica de Cristo, “amaos los unos a los otros” (contra sociedades que creen en “armaos los unos a los otros”). El Sermón de la Montaña es la reivindicación de los pobres en su derecho de ser iguales, base de la democracia representativa. Y la libertad nace con la disidencia de Lutero en el siglo XVI, al reclamar “libertad de conciencia” para interpretar la Biblia.

Con pies de barro
En los dos fines de semana anteriores, la Fundación Humboldt nos ofreció un MacBeth protagonizado por el dramaturgo, narrador, director y actor José Tomás Angola con un equipo que lucha agónicamente por la cultura en este desolado país, en el que nuestro esfuerzo es agónico en sentido unamuniano: lucha por la vida, la justicia, la belleza y la democracia.

El personaje de Shakespeare no profesaba ninguna ideología moderna de las que hacen creer a los tiranos que encarnan al pueblo y tienen un destino predeterminado para salvar a los pobres, la nación o la raza. Pero también se sentía invencible, porque del más allá le habían convencido que ningún “hombre parido por mujer” podía derrotarlo y esa eventualidad era tan absurda como que “el bosque de Birnam se moviera hasta el castillo de Dunsiname” donde vivía la pareja del trono sangriento.

Las fuerzas oscuras engañaron al monstruo porque Macduff, el hombre que lo aniquiló, nació por cesárea y los soldados avanzaron al castillo camuflados con ramas de los árboles de Birnam. Antes de Freud, Lady MacBeth enloquece de remordimientos y se dedica a lavarse interminablemente las manos para limpiar la sangre que hizo derramar, y haberse lanzado, y a su marido a la perdición. Los dictadores son sangrientos, pero humanos, aunque crean lo contrario. Espero que, con ayuda de Stanislavsky, José Tomás Angola, convertido ese día en un cruento asesino, se haya salido del papel.


@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/63650/trono-de-sangre

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La existencia de dos juntas directivas de la Asamblea Nacional (AN) no impidió designar a los diez representantes de la sociedad civil que integrarán el Comité de Postulaciones Electorales, pues los diputados que respaldan a una y otra directiva avalaron los nombres propuestos. Sin embargo, los parlamentarios incurrieron en una infracción a la Constitución, porque nombraron a militantes de partidos políticos, de los cuales la mitad son además miembros de un órgano del Estado, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

El pasado 26 de febrero el diputado Stalin González, presidente de la subcomisión encargada de la designación de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), dio a conocer, a través de los medios de comunicación social, que habían sido seleccionados los diez representantes de la sociedad civil para el Comité de Postulaciones Electorales, tras recibir setenta y tres postulaciones por parte de 68 organizaciones.

González anunció que los seleccionados fueron Cruz Eduardo Castañeda, Alexis Corredor, Bussy Galeano, Mercedes Gutiérrez, Guillermo Miguelena, Orlando Pérez, Luis Alberto Rodríguez, Diana Carolina Rodríguez, Luis Serrano y Petra Tovar.

Acceso a la Justicia considera conveniente advertir que, si bien no se conocen los criterios, la metodología o el baremo utilizados por la AN para evaluar las credenciales de los aspirantes, debieron estar orientados por los principios de despartidización, imparcialidad y participación ciudadana, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 294 constitucional.

Sin embargo, el resultado deja en claro que esto no fue así, porque al revisar los currículos de los seleccionados se advierte que cinco (Petra Tovar, Bussy Galeano, Mercedes Gutiérrez y Alexis Corredor) son miembros de la fraudulenta ANC, que actualmente funge como un ilegítimo Parlamento nacional con poderes supraconstitucionales, dedicado a dictar medidas arbitrarias contra los adversarios al régimen de Maduro. Así, se puede concluir que son militantes del chavismo, porque en esa instancia no está representada otra tendencia política.

Pero el oficialismo no es el único que tiene una tajada en el comité, pues Guillermo Miguelena, Eduardo Castañeda Cruz y Luis Serrano aparecen como militantes de los partidos Acción Democrática, La Causa Radical y Primero Justicia, respectivamente.

La selección, sin duda, desnaturaliza, a la luz de los artículos 295 y 296 de la Constitución, la esencia misma del Comité de Postulaciones Electorales, además de violar los principios constitucionales de despartidización e imparcialidad ya señalados, al introducir representantes gubernamentales que son ajenos a la sociedad civil.

Haciendo memoria

Es conveniente recordar que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia en su sentencia n.º 656, del 30 de junio de 2000, caso Defensoría del Pueblo versus Comisión Legislativa Nacional,estableció que la sociedad civil «es una noción que para los efectos del artículo 296 [de la Constitución], se contrapone a la sociedad política, de allí que dicha norma establezca la no vinculación de los miembros a organizaciones políticas».

La intérprete de la Carta Magna razonó lo siguiente:

«La sociedad civil no puede ser representada por personas que se atribuyan tal representación sin respaldo alguno del conglomerado social; ni por representaciones de los partidos políticos, o por personas que han hecho de la política su actividad principal (…) la sociedad civil debe ser representada por instituciones transparentes en cuanto a sus objetivos y su permanencia en el tiempo en relación a esos objetivos, impidiéndose tal representación a grupos advenedizos o a asociaciones o sociedades civiles que esporádicamente vienen a actuar en la vida con fines muy precisos, como los electorales, así como a individualidades que se autopostulan, ya que al así hacerlo denotan carecer de respaldo colectivo».

Así las cosas, para Acceso a la Justicia la selección de cinco constituyentes de la ilegítima ANC refleja abiertamente la presencia de personas que son parte del Estado, y adicionalmente por integrantes de partidos políticos, quienes comprometen, sin duda, la imparcialidad e idoneidad del proceso de renovación del CNE.

Como se sabe, el Comité de Postulaciones Electorales es la instancia constitucional encargada de seleccionar a los candidatos a los cargos de rectores del órgano electoral, que conforme al artículo 19 de la Ley Orgánica del Poder Electoral (LOPE) está integrado por veintiún miembros, de los cuales once son diputados y diez son postulados por otros sectores de la sociedad civil.

Sin embargo, como ha advertido Acceso a la Justicia,la mencionada disposición legal no es cónsona con lo dispuesto en el artículo 295 constitucional, dado que el Comité de Postulaciones Electorales solo debía estar integrado por ciudadanos representantes de los diversos sectores que conforman la sociedad civil y no por diputados. Igualmente, el texto constitucional tampoco prevé la creación de un órgano previo al Comité de Postulaciones Electorales, es decir, la Comisión Preliminar.

Luego de todo lo expuesto, es obvio que los pasos dados para la elección de una nuevo CNE se están realizando de espaldas a los principios constitucionales, lo que compromete los resultados de ese proceso.

Aunque queda claro que la ley es inconstitucional, se esperaba desde Acceso a la Justicia que por lo menos esta se respetara, y que los diez miembros de la sociedad civil a que esta hace referencia fueran realmente tales. Puede ser discutible que los partidos políticos no sean parte de la sociedad civil, ya que son asociaciones de ciudadanos de índole privada con fines políticos, pero, los miembros de la Constituyente sin duda no son sociedad civil. Además, la Constitución en su artículo 294 es muy clara en que el CNE debe ser un órgano despartidizado, lo que deja claro que no es acorde a ella que los miembros de la sociedad civil del Comité de Postulaciones sean militantes de partidos políticos.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Si existe un elemento común entre los venezolanos es la necesidad de que se tengan elecciones con garantías de que el voto sea respetado, y una condición necesaria para que ello ocurra, sin duda, es que se nombre a un nuevo árbitro electoral en sustitución del actual, que ha sido tan cuestionado por su parcialidad a favor del oficialismo.

Por ello, es preocupante que en los nombramientos del Comité de Postulaciones haya habido un acuerdo entre oficialismo y oposición para evadir la participación de la verdadera sociedad civil, esa misma a la que tanto se invoca, por tirios y troyanos, pero a la que se prefiere mantener en la penumbra cuando de elecciones se trata.

Enlace a la nota: https://www.accesoalajusticia.org/comite-de-postulaciones-electorales-si...

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A veces es necesario hacer un paréntesis en los temas políticos cotidianos para tratar otros, igualmente políticos, pero seguramente menos polémicos; como por ejemplo este: las formas que adopta la discusión política en Venezuela.

En la oposición venezolana, acoto el lindero, en estos 20 años de resistencia y lucha contra un régimen “autoritario” –y no pienso entrar en la farragosa discusión de la caracterización del régimen– hemos aprendido algo que me parece importante destacar del momento que vive el país: la forma en que se lleva a cabo la discusión política. Hoy, en ciertos sectores de la llamada sociedad civil, cada día más amplios, aunque todavía no suficientemente generalizado, ni masivo, la discusión es pública y abierta, acerca de todos los temas que están o deben estar en la discusión política, en la negociación, con el perdón de la palabra.

Esta es una nueva práctica, una nueva característica de la política venezolana que ha llegado, espero que para quedarse, por la que nos debemos felicitar todos los venezolanos y a la que nos debemos habituar. Se trata de terminar la época de la discusión en cenáculos, en cúpulas cerradas. Donde solo cuentan los votos y las influencias, para buscar que cuenten más los argumentos.

Aunque ya hay cierto temor o precaución, todavía es común ver que en cualquier parte se discuta abiertamente y a viva voz: En reuniones sociales, fiestas, en la calle, en restaurantes, en asambleas de ciudadanos, reuniones partidistas, por la prensa escrita, en grupos y foros de redes sociales, discusión en Internet, en los escasos programas de radio, verdaderamente libres, que van quedando, etcétera.

En algunos círculos o grupos –reitero, hoy un tanto más precavidos por la creciente represión– se habla con toda franqueza de los temas más delicados del acontecer político nacional. La discusión, o diatriba, es intensa y se ventilan sin ambages todas las posiciones, desde las más radicales, hasta las que se consideran más anodinas. Todo es un hervidero y no hay tema ni ángulo que escape a la opinión de cualquiera. Es algo extraño, no ortodoxo, para lo que era la forma habitual de hacer discusión política y de contribuir al proceso de toma de decisiones, pero representa un signo importante de los tiempos que vivimos —el de la incursión activa de la sociedad civil en política— y de lo único que debemos tener cuidado es que la falta de temor y “respeto” al Gobierno, no nos haga caer ingenuamente en alguna trampa, o que nos distraigan en escaramuzas y que dejemos de lado los aspectos relevantes.

Creo que a nadie se le ocurre pensar que la decisión final será tomada en esas discusiones, como si se tratara de una asamblea permanente y abierta, la mítica “calle” tomando decisiones políticas. Creo que a la mayoría de los ciudadanos no les importa eso, no les importa si están en el momento o lugar en donde se toma la decisión, lo que les importa es que están discutiendo, y que se consideren esas opiniones como un aporte sustantivo para quienes deban tomar la decisión. Que estos lo hagan en la tranquilidad que les permita considerar todas las opciones y sopesar la que tiene mayor consenso.

Lo que importa es que nadie se sustraiga de este ambiente de reflexión y que nadie pueda dejar de “registrar”, de tomar en cuenta, cual es el consenso que se va imponiendo y que va susurrando o gritando su sabiduría a los actores políticos; porque si no es así, si no se toma en cuenta, o se hace a espaldas de la gente, la opción que se adopte será abortada irremediablemente, silenciosamente, considerada sin consenso, rechazada y la “mítica calle” seguramente buscara otra vía para expresarse e imponer su razón.

Por lo tanto, es de esperar que el saldo de la discusión política que se está llevando adelante en amplios sectores opositores del país, acerca de cual debe ser la estrategia en torno al tema electoral, concluya en una mejor y más contundente unidad de los sectores opositores al régimen.

Y esto es importante resaltarlo, porque la participación electoral no es el eje de la estrategia que está planteada, es apenas un medio, una forma de lucha. El eje de la estrategia es la unidad, al punto que si la decisión unitaria es que se participe o no se participe en el venidero proceso electoral, el parlamentario que esta planteado, todos debemos aceptar y defender políticamente esa posición.

La unidad es una idea poderosa, una estrategia poderosa, de hecho, el régimen le teme como la única estrategia de oposición que siempre lo ha derrotado; por eso la combate con todas las armas que puede desplegar, entre las cuales la “guerra sucia”, la intimidación y la violencia, juegan un papel importante.

El régimen sabe que esa estrategia de la unidad es frágil en un mundo democrático y diverso como el opositor, que presenta tantas versiones y fisuras. Se requiere de hábiles “tejedores”, que no abundan, pues es una verdadera tarea de filigrana armar la unidad opositora, sobre todo en torno a un tema electoral, tan espinoso como el que está planteado, después de que se ha predicado por años la existencia de fraudes y la política de la abstención, basados en que las actuales condiciones no garantizan una elección libre, justa, imparcial, competitiva, como todos la deseamos.

Por eso debo lamentar como negativo que el Comité Preliminar de diputados, que seleccionó a los “integrantes de la sociedad civil” para completar el Comité de Postulaciones que habría —o habrá— de evaluar y seleccionar candidatos para designar el CNE —a juzgar por el resultado— haya sido integrado por ex participantes de partidos políticos o muy cercanos a ellos, pudiendo haber seleccionado representantes más independientes, no ligados ni vinculados a ellos. Esto se podría ver como una pésima señal, demostrativa de la falta de renovación interna en los partidos, de su falta de confianza en el desarrollo y madurez de la sociedad civil. El saldo, en pérdida de confianza de la sociedad civil hacia todo el proceso, podría ser superior al supuesto beneficio que obtendrán los partidos con esa forma de selección de integrantes del mencionado comité y es además una estrategia algo absurda, de cada partido individualmente considerado, pensar que tener una mínima cuota de poder en ese organismo le va a garantizar algún tipo de influencia; lo que muchos pensamos es que ese tipo de acciones lo único que pueden garantizar es alguna capacidad de componenda, para formar mayoría con alguna otra agrupación, incluidas las que apoyan a la dictadura.

Cerrando este paréntesis, regresaremos la próxima semana al fragor de la discusión en el terreno político, cotidiano, que siempre nos ocupa.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com

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"1793". Libro no apto para personas que aman la tranquilidad espiritual y el dulce estar. Pero si usted quiere saber más acerca de esa cosa rara a la que llamamos condición humana - es decir, seres capaces de alcanzar la sublimidad de los ángeles pero a la vez una malignidad que avergonzaría al más satánico- debe leerlo inmediatamente.

De partida un bombón: un bulto en el agua que no es un bulto sino un cadáver mutilado, un ser a quien han sido arrancadas las extremidades, los ojos y las orejas antes de morir. Lo encontró semiflotando en inmundas aguas el guardia borracho Mickel Cardell quien llevó su descubrimiento a la casa Indebetousica (cuartel de policía) cuyo jefe encomendará las investigaciones a un abogado más cerca de la muerte que de la vida: el flaco, pálido y tuberculoso juez Cecil Winge.

La insólita amistad sellada entre Winge y Cardell -pareja octavonónica equivalente a la de Scherlock y Watson del siglo XX- comienza en la morgue cuando ambos coinciden en la contemplación del cadáver al que bautizan provisoriamente con el nombre de Karl Johan. Desde ese momento inician una larga búsqueda (casi 500 páginas) en busca del asesino, detalle formal que ha servido para incluir la mega primera novela de -anoten el nombre, cuesta aprenderlo – Niklas Natt och Dag a quien de ahora en adelante, para abreviar llamaremos NNoD. Búsqueda que inducirá a los supuestos entendidos a incluir "1793" en el género de la “novela negra”, lo que solo es parte ínfima de la verdad.

El tenebroso crimen y su descubrimiento cumple otros fines para NNoD. El más notorio, y así lo indica el título, mostrar una Suecia cuyas clases dirigentes comienzan a reaccionar con terror sueco al terror francés (no es juego de palabras). En enero de "1793" fue decapitado Louis XVl. En octubre lo seguiría María Antonieta. Los derechos humanos franceses nacieron empapados de sangre parricida, regicida y homicida. La monarquía del nuevo rey Gustavo lV, heredero del asesinado Gustavo lll en ese baile de máscaras que inmortalizaría la opera de Verdi, muestra signos de histeria. El antiguo régimen tiembla sin que aparezca la posibilidad de un nuevo régimen. Todas las personas cultas, racionales, lógicas, son sospechosas de abrazar el credo republicano. Es la hora de la represión, de los agentes secretos, de las torturas más infames. Chivatos, soplones, delatores, anidan por doquier y como suele suceder, son reclutados en los más bajos estratos, sobre todo en esas turbias tabernas que frecuenta Cardell, quien con su brazo de madera – un recuerdo de la idiota guerra que Suecia declaró a Rusia (1788-1790)– asesta golpes letales a los más renombrados matones. Todo eso nos indica que el carácter policial de la novela está muy por debajo de su carácter político, y a la vez, mucho más abajo de su carácter social. No es novela negra, es más bien roja: roja como la sangre.

Gracias a la prosa sencilla pero imaginativa de NNoD, nos enteramos de la horrorosa miseria que asola las capitales europeas. Estocolmo es solo una representante. Callejones oscuros, acumulaciones de basura, gente que hace sus necesidades en las calles, mierda por doquier, infecciones sin curación, gangrenas, infaltables pestes. Todo eso contrastando con una nobleza degenerada, cuyos vástagos sodomizan a la servidumbre, orinan en las bocas abiertas de sus víctimas, golpean, matan, pisotean. Los relatos del Marques de Sade, al lado de la Suecia de "1793", parecen una obra angelical.

Naturalmente, bajo esas condiciones, la profesión femenina hegemónica es el más desenfrenado puterío. Y existe en su más variada flora. Desde cortesanas superpintadas, pasando por el camuflaje de las vendedoras de frutas, hasta llegar a hembras escuálidas, obligadas a trabajar en los lugares más repugnantes que es posible imaginar. En las palabras de Cardell: “Aquí las niñas no han aprendido a andar cuando ya se están abriendo de piernas”.

La corrosión de los cuerpos no tarda en manifestarse en la corrupción de los hábitos. Por un momento parece que Estocolmo confirma aquella tesis de Aristóteles que dice: “Sin leyes que rijan su conducta, el ser humano es la más abyecta de las especies”. El problema es que leyes había, pero quienes debían hacerlas cumplir eran precisamente los seres más corruptos de la ciudad. Las leyes buenas no bastan si quienes deben hacerlas cumplir son gente mala, pequeño detalle que olvidó Aristóteles. Tampoco había moral, o algo parecido. Sus encargados religiosos parecían ser enviados del mal sobre la tierra.

Y sin embargo, aunque parezca imposible, NNoD cree en el ser humano. Nos muestra que, aún bajo esas abominables condiciones, como si fueran rosas nacidas del barro, hay seres rectos. El rudo y borracho Cardelll por ejemplo, mantiene una bondad natural que nadie sabe de donde le viene. Y el magistrado Winge (¡qué bien logrado personaje!) ha aprendido del siglo sus luces y no del terror jacobino desatado en nombre de la revolución. Un maestro del pensamiento, un abogado de la razón, un amante de la lógica y un servidor tenaz de la justicia. Un hombre capaz de abandonar a la mujer que ama para no hacerla sufrir con la muerte que lo cerca. Alguien con la capacidad intelectual para entender un monstruo humano criado por otro monstruo. Winge vive su vida como permanente agonía y, ni aún al borde de la muerte, desmaya.

Hay también mártires: el joven aprendiz de cirujano Kristofer Blix obligado a convertirse en asesino no pudo soportar su vida. Pero sobre todo, la niña Sanna Spina, simbolizada en la novela como la representante de una vida que termina imponiéndose sobre la muerte.

Uno lee la gran y grande novela (¡es solo el primer tomo!: ya ha aparecido el segundo: "1794") y no puedo sino pensar en la Suecia de hoy, ejemplo de sociedad justa, mantenedora de un estado de bienestar, en sus ciudades tan limpias y en sus tranquilos y silenciosos ciudadanos. Entonces uno se reconcilia con el mundo, cree en el desarrollo y en el progreso, e imagina que ese infierno del año "1793" ha quedado atrás. Todo muy bien, hasta que enciendo el noticiario en la tele.

Miles, cientos de miles de sirios huyen de una región incendiada por Putin y Erdogan. Veo los campos de concentración de los emigrantes. A pleno día por supuesto. Pero ¿cómo son esas noches ahí, donde no hay alcantarillas ni agua potable? ¿Cuántos tratantes de blancas se aproximan con sus camiones a contratar “carne fresca” destinada a satisfacer los instintos más perversos de los consumidores europeos? Los más jóvenes, mano de obra barata, podrán quizás saltar los cercos. Los mayores, las mujeres cargadas de hijos, no.

Hubo un tiempo en que esa gente tuvo hogares, modestas casas, tal vez gallinas, un par de vacas, algo que comer. Hoy vagan en interminables caravanas como sonámbulos en medio de implacables bombardeos. Son los deshechos de las guerras, los “daños colaterales”, los que nadie quiere en sus ciudades, los miserables, los pobres de la tierra, los abandonados, los parias de este mundo. Escucho hablar a un sirio flaco como un faquir: “los guardias turcos nos robaron casi todas las cosas que teníamos”. Luego agregó: “y las que nos quedaban, nos las robaron los guardias griegos”. Por mientras, VOX y otras monstruosidades políticas llaman a defender a Europa de “las nuevas invasiones bárbaras”. Termina el noticiero como comenzó: con el coronavirus. Vuelvo entonces a abrir el libro. "1793". Pienso entonces que después de "1793" ha habido muchos "1793". Quizás "1793" fue un año como cualquier otro en la historia humana. Tal vez 2020 es otro "1793": ¡annus horribilis!.

Niklas Natt och Dag es un hombre que no se parece demasiado a su novela. Bien parecido, de elegantes ademanes (proviene de una familia aristocrática) Es, además, un excelente músico y cantante. Su "1793" ha llegado a ser un éxito de primera línea en los países escandinavos, en Inglaterra, en Alemania y España. Con esa sola novela ya ocupa un lugar privilegiado en el llamado “boom” literario escandinavo (más bien noruego-sueco) donde figuran nombres de la talla de Henning Mankel, Stieg Larsson, Camilla Läckberg, John Ajvide Lindqvist, Jo Nesbo, Karl Ove Knausgard, y varios más. En esa elite faltaba sin embargo alguien que representara a la novela histórica. Ahora lo tenemos: Niklas Natt och Dag. Solo con “1793” es dueño indiscutible de ese espacio. Un verdadero fenómeno.

Marzo 05, 2020

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Pedro Benítez

En marzo de 2013 se anunciaba el fallecimiento oficial de Hugo Chávez; por entonces muchos dentro y fuera de Venezuela pensaban que un chavismo sin Chávez no era posible. Muerto el autor se acababa el proyecto. Han pasado siete años y contra todo pronóstico su sucesor y heredero, escogido en algún momento de 2012 en La Habana, ha sobrevivido en el poder.

Eso pese a la peor gestión que recuerde Latinoamérica. El caso de Nicolás Maduro como gobernante sólo guarda algún parecido con el paso de la familia Duvalier por Haití, aunque no las proporciones.

Bajo Maduro el principal exportador de petróleo del continente americano se ha hundido en la miseria. La economía es un tercio de lo que era en 2012, más de cinco millones de venezolanos han emigrado, el 60% de la población cayó en pobreza extrema (hambre) y casi el 90% está por debajo de la línea de pobreza general. Venezuela es el único miembro de la OPEP donde se ha desatado una hiperinflación, algo que los economistas nunca creyeron posible. El salario mínimo es hoy menos de 6 dólares diarios.

Ciertamente Maduro heredó junto con el poder una súper bomba de tiempo en términos macroeconómicos. El régimen chavista incurrió durante 2011 y 2012 en déficits fiscales de 18 puntos del PIB y en un endeudamiento externo masivo para crear la sensación de bonanza consumista que le asegurara la reelección a un hombre que se sabía no podría culminar su mandato presidencial. En su megalomanía Chávez se quería ir invicto al otro mundo.

Todo el petro-Estado venezolano se movió en la campaña electoral de 2012 contra el candidato de la unidad opositora Henrique Capriles. Fue el mayor ejercicio de populismo jamás realizado en la región del mundo caracterizada precisamente por su populismo.

Ya entonces la cotización de 100 dólares del barril de petróleo venezolano en el mercado mundial no alcanzaba para cubrir los subsidios masivos de alimentos, gasolina y servicios públicos, así como la entrega sin compensación ni esfuerzo personal de apartamentos, autos, artículos de línea blanca, dólares baratos, etc.

De hecho, según los datos que por esos días se podían consultar en las páginas web del Banco Central (BCV) y del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) todos los indicadores económicos y sociales se empezaron a deteriorar rápidamente desde octubre de 2012, mes de la reelección de Chávez.

En febrero de 2013 Maduro autorizó como presidente encargado su primera devaluación del bolívar. Evidentemente se le venía una crisis colosal. De pasó los precios mundiales del petróleo se desplomaron entre 2015 y 2017. Pero nada de eso puede explicar el nivel de destrucción que ha padecido Venezuela bajó su poder.

Y sin embargo, pese a todo lo anterior, Maduro lleva la mitad del tiempo que su antecesor en el despacho presidencial del Palacio de Miraflores. Por mucho menos de lo que ha ocurrido en este espacio de tiempo cualquier otro gobierno venezolano, no digamos ya de América Latina, hace rato hubiera caído.

No obstante, Maduro sigue allí. ¿Cómo se explica eso?

La respuesta probablemente sea la más sencilla: a Maduro se le ha subestimado. Se le subestimó de la misma manera que se subestimó a Chávez en 1998 con el argumento de que era un “militar bruto” que no duraría mucho en la Presidencia. Un error clásico en la política que se repite una y otra vez.

De Maduro en 2013 se hizo un juicio similar según el cual era un autobusero sin mayores luces que no duraría mucho en el poder; caería cuando se demostrara con alguna partida de nacimiento que había nacido en Cúcuta.

Con este tipo de afirmaciones se pretendía pasar por alto (por simple ignorancia o necedad) la magnitud de las fuerzas que estaban detrás del régimen chavista.

Pero además, en estos años Maduro ha puesto de manifiesto una serie de características personales que no se le conocían:

Determinación.

Insensibilidad.

Crueldad.

Tres condiciones necesarias en todo aspirante al ejercicio del poder despótico. En cualquier otra época de la historia hubiera sido el tirano perfecto.

No se le recordará como un administrador eficaz o por su visión de Estado, pero ha hecho lo que tenía que hacer para aferrarse al poder.

Ha engañado y simulado cuando tenía que hacerlo.

Ha maniobrado entre las distintas facciones civiles y militares dentro del régimen.

Ha repartido negocios.

Ha repartido espacios de poder.

Ha repartido las respectivas cuotas de represión contra sus adversarios fuera del chavismo.

Ha reprimido a factores puertas adentro del chavismo.

Ha reprimido a chavistas civiles y en particular a militares.

No ha bajado la guardia.

Su régimen es un fracaso absoluto, con esa sola excepción: sigue en el poder.

También ha tenido suerte y la suerte es fundamental en política.

Pero esa subestimación no sólo ha sido desde el campo del antichavismo. En la misma también se ha incurrido dentro del propio régimen. Rafael Ramírez, Miguel Rodríguez Torres y Diosdado Cabello también pensaron que Maduro no podría durar en Miraflores mucho tiempo. Que caería por su propio peso y entonces ellos a su vez heredarían el mando. También se equivocaron.

Esta ha consistido en que en varias ocasiones desde la oposición se la han emitido actas de defunción política por adelantado. Con lo cual los aspirantes a desplazarlo han gastado un tiempo y una energía preciosos en anularse mutuamente justo en los momentos en los cuales él ha estado más débil: 2013, 2016 y 2019. En cada ocasión Maduro aprovechó el tiempo para tomar un segundo aire luego de lo que lucía como un nocaut técnico.

Así por ejemplo, en la elección presidencial de abril de 2013 apenas superó por unos pocos miles de votos (si es que realmente ganó) al candidato de la unidad opositora Henrique Capriles, quien alcanzó una inesperada votación a los pocos meses de la amplia relección del comandante-presidente. Ese resultado tomó por sorpresa a los jerarcas del régimen. En el chavismo de base cundía el desaliento por lo que se apreciaba como la debacle de la “revolución”. Entre los jefes militares, las dudas (en julio de ese año Maduro reemplazó al almirante Diego Molero del Ministerio de la Defensa por ese motivo). Abundaban los reproches por la corrupción y por lo que se decía era la falta de liderazgo de Maduro. No calzaba los zapatos de su antecesor.

Pero la oposición no tenía una estrategia para rematarlo y este se escapó de su primer gran brete.

En 2016, luego de la abrumadora victoria opositora en las elecciones parlamentarias que igualmente tomó al chavismo por sorpresa, también se dio a Maduro por liquidado. Pero en esa ocasión lo salvó la campana porque el liderazgo opositor nuevamente carecía de un plan para desalojarlo de la oficina presidencial.

A inicios de 2019 se repitió la historia pero desde la Casa Blanca y el Palacio de Nariño. Maduro estaba caído. El descontento militar lo iba a sacar esta vez. Nuevo error fundamentado en la subestimación. Las amenazas de gente como Marco Rubio o John Bolton sólo contribuyeron a que el alto mando militar se cohesionara en torno a Maduro. Después de todo, un sector importante de oficiales del Ejército venezolano no quiere a Maduro pero se sigue identificando con el mensaje nacionalista de Chávez.

Ramírez aún no termina de asimilar que una persona con el nivel intelectual de Maduro le haya ganado la partida a él que se cree la reencarnación del padre de la OPEP, de Juan Pablo Pérez Alfonzo. Además, si alguien les podía garantizar el suministro de petróleo a los cubanos era él. Este sigue siendo uno de los argumentos en su plan conspirativo.

Ahora escondido en el exilio al menos le va mejor que al general Miguel Rodríguez Torres, quien después de haber sido el jefe de inteligencia de confianza de Chávez y del propio Maduro, y con todo y ser uno de los miembros más destacados de la logia militar del 4 de febrero, Maduro lo dejó correr hasta apresarlo justo en el momento para anular su influencia en la Fuerza Armada (FAN).

Por su parte aún sobrevive Diosdado Cabello, el enemigo al acecho. Si nos atenemos al anterior relato, Maduro está esperando el momento indicado para proceder contra él de la manera implacable que le caracteriza. En una dictadura hay una cabeza, no dos.

La única diferencia fundamental entre el Maduro de 2013 y el de este 2020 es que ya se le puede conocer. Claro, si es que alguien está dispuesto a aprender algo de los viejos errores.

Viernes 06 de marzo de 2020

AlNavio

https://alnavio.com/noticia/20543/actualidad/crueldad-represion-negocios...

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