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Opinión

El año 2018 comenzó pésimo y terminó peor en Venezuela.

No me refiero solo a las elecciones presidenciales obsequiadas por la oposición a Maduro el 20-M, ni siquiera a la capitulación abstencionista que nuevamente y de modo radicalmente suicida ha cometido la oposición en contra de sí misma, el 9-D. Me refiero al hecho objetivo de que toda la oposición -o lo que queda de ella- se encuentra viviendo, gracias a los descarrilamientos de sus partidos, en un avanzado proceso de descomposición. ¿Qué mejor regalo pudo recibir un régimen dictatorial y/o autoritario en vísperas de navidad?

Hoy ni siquiera podemos hablar de “las oposiciones” como acostumbraba escribir un destacado opinador. Hoy solo existen voces destempladas, reclamos aislados, amenazas con una fuerza que nadie tiene, esperanzas infundadas en redenciones externas, interminables -y aburridas- exhortaciones tuiteras, lacrimosos llamados a la unidad en un frente de amigos donde dos honorables sacerdotes lanzan consignas radicales producidas por su incontrolada imaginación. Y los que pudieron haber sido líderes, abocados en un piadoso trabajo social, llevando samaritano consuelo a los pobres e invocando por un destino mejor. Anomia política, llamó Enrique Ochoa Antich con pertinencia al actual orden (o desorden) de cosas. El término, desde el punto de vista político, no pudo ser más apropiado.

Anomia. Concepto utilizado por Emile Durkheim en su libro Le Suicide (París, 1897) mantiene su vigencia en la sociología al designar a ordenes sociales desarticulados con respecto a normas y leyes. El término ha recobrado importancia como consecuencia de la ya larga transición que se da entre el descenso del periodo industrial y el auge de modos digitales de producción en los países de más alto desarrollo económico. Como toda transición, el nombrado periodo produce desarticulaciones personales, pérdidas de identidad social y por cierto, desocupación laboral.

El concepto de anomia fue recogido por Robert K. Merton en su libro Social Theorie and Social Structure (New York 1964) y llevado hacia el campo de la psicología individual. Generalmente se usa como sinónimo de disociación del ser con respecto al mundo real, por una suplantación de lo existente por lo simbólico y por la desviación de los deseos hacia objetos no equivalentes. Tales características llevadas al ámbito de lo político designan a movimientos o partidos cuando pierden relación con su contorno social y se transforman en entidades las que, igual que los individuos disociados, tienden a sostener su vida sobre la base de rituales destinados a mantener la unidad ficticia entre sus miembros.

En su forma más avanzada, la anomia – y este parece ser el caso de la oposición venezolana- lleva a la disociación de la política entre y dentro de sus representaciones. Esta es la razón que explica por qué, bajo el influjo anómico, la unidad entre los partidos es casi una imposibilidad. La superación de la condición anómica solo puede ser alcanzada, en consecuencias, mediante un proceso de recuperación de la política. No hay otra alternativa.

¿Cuándo los partidos de la oposición venezolana extraviaron su política? Difícil decirlo. Tanto en la psicología individual como en la social, el concepto de “trauma determinante” ha entrado en desuso. Cuando más pertenece a la literatura y a la cinematografía del siglo XX. Sin embargo, hay hechos que para un historiador han de ser más significativos que otros. Más todavía si se tiene en cuenta que el extravío político no solo es propio al inestable comportamiento de los partidos (2002 y 2005) sino, además, ha sido inducido por el propio gobierno. Maduro, conocedor de la oposición, ha tendido trampas a los partidos y estos han caído en ellas uno por uno. Como conejos.

Una trampa, quizás la más decisiva, fue la instalada el 30 de Julio por Maduro, en respuesta a la consulta popular inoficial y no vinculante del 16 de Julio realizada por la oposición en el punto más alto de las protestas del 2017. Consulta a la que la oposición pretendió dar un carácter simbólico pero a la vez insurreccional en la medida en que desconocía al TSJ y a la CNE. El de Maduro fue sin duda un megafraude, pero a la vez una respuesta maestra (en sentido dictatorial) al 16-J, fecha que adquirió para los sectores extremos de la oposición un carácter no solo vinculante, sino, además, sacramental.

El megafraude del 30-J correspondió al propósito abierto del régimen destinado a quebrar la voluntad de voto de la ciudadanía, incluyendo la de sus propias filas. Sin embargo, no haber sabido dirigir esfuerzos por recuperar esa voluntad en las regionales de diciembre de 2017, fue exclusiva responsabilidad de la oposición. Ese fue el comienzo del gran triunfo madurista: la voluntad de voto ciudadana dejó de existir.

Lo demás es historia conocida. La MUD asistió a un diálogo en Santo Domingo en busca de garantías electorales ¡sin siquiera tener una candidatura! Y al no aceptar las condiciones, en lugar de hacer de sus exigencias un magnífico programa de lucha, emprendió la retirada bajo el pretexto de una supuesta comunidad internacional que así lo exigía. Para decirlo en términos claros: la oposición se rindió.

Las recientes elecciones comunales fueron un simple corolario de las presidenciales. La oposición entregó las comunas del país a Maduro transformando con ello a Venezuela en una inmensa Baruta. Peor todavía: entregó al régimen las llaves para que impusiera una “democracia directa” a la cubana: el “poder comunal”, antiguo sueño de Chávez.

Evidentemente, la MUD no entendió el significado de las elecciones cuando estas tienen lugar bajo un régimen con pre-disposiciones dictatoriales. Pues bajo esas condiciones, votar no solo es un deber ciudadano. Votar es, en primer lugar, un medio de participación política activa a través de las campañas electorales, donde es posible llenar calles y ejercer el derecho a la protesta popular. Solo en segundo lugar las elecciones son un medio donde es posible ganar (o perder). Y en tercer lugar: son un medio para ejercer público reclamo post-electoral. Pues es evidente Watson: sin elecciones no hay fraude y sin fraude no puede haber apoyo internacional.

En los tres casos mencionados, las elecciones son un medio y no solo un fin de acción política. Por eso siempre he señalado: quien no participa en elecciones cuando es posible hacerlo, renuncia a la acción política. Así lo entendieron y lo hicieron en Sudáfrica, Polonia y Chile.

Sin participación no hay elecciones y sin elecciones no hay participación. La abstención en cambio, bajo cualquiera condición, deslegitima no solo a las elecciones sino, sobre todo, a la participación política de la ciudadanía.

No participar en elecciones para favorecer a una (no siempre desinteresada) opinión pública internacional, es un absurdo. La opinión internacional siempre apoyará a un sujeto político actuante. Por eso hoy la opinión pública internacional no tiene a quien apoyar. En nombre del apoyo internacional, la oposición terminó por desactivar al propio apoyo internacional que una vez tuvo o pareció tener.

Después de haber sido regaladas dos elecciones claves, las de arriba y las de abajo, las presidenciales y las del pueblo comunal, cunden en Venezuela – no podía ser de otra manera- la decepción y el desencanto. Muchos, al no tener más esperanzas, se van del país. Quiere decir: el origen de las más grandes migraciones que ha conocido Latinoamérica, las venezolanas, no solo tiene un origen económico. Hay también uno político. Al fin y al cabo nadie se va de su país cuando hay esperanzas de cambio. Y esas esperanzas las anuló la oposición al retirarse del espacio de la acción política.

Parece difícil que la condición anómica padecida por la ciudadanía venezolana pueda ser superada con una simple retoma del camino electoral. La abstención ya no es el resultado de una línea -aunque los grupos extremistas de la oposición se la adjudiquen – sino de la desconexión (anómica) entre pueblo y política. Puede ser posible incluso que, bajo ese estado de decepción generalizada, aún si la oposición llamara a participar, se encuentre con la sorpresa de que ha dejado de ser mayoría frente a una mayoritaria abstención.

Es evidente entonces que la superación del estado anómico requiere de algo más que un simple llamado electoral. Antes que nada es necesario que la práctica política recupere su credibilidad pública. Pero para que eso sea posible, los políticos deben reconocer los errores cometidos, no como un acto de constricción religiosa, sino trazando una línea divisoria entre una oposición dispuesta a recuperar las vías democráticas y una secta no solo anti-electoral, sino radicalmente antipolítica.

En otras palabras: Solo puede haber unidad política sobre la base de una ruptura con grupos y partidos que niegan a la política en nombre de actos simbólicos orientados a satisfacer su propia subjetividad onanista (fechas mágicas, por ejemplo). Así al menos ha ocurrido en todos los grandes procesos de democratización. Venezuela no tiene por qué ser una excepción. La unidad no es ni será de todos ni tampoco es y será para todos.

La recuperación de la unidad política no será por lo tanto fácil. La condición anómica -lo hemos visto recientemente- ha penetrado al interior de personas y partidos que en el pasado fueron reductos de centralidad y de cordura. Eso significa que la línea divisoria no solo deberá ser horizontal ni vertical, sino transversal.

Los bienintencionados llamados a una unidad por la unidad solo llevan a profundizar la condición anómica de la política venezolana. La verdadera unidad política es la que se alcanza a través de la lucha por la hegemonía, vale decir, a través de argumentos y debates que incitan y entusiasman a seguir a una opción y no a otra. La política, hay que aceptarlo, no es el lugar de la hermandad sino el de los antagonismos y de las diferencias.

Por último, deseo a mis amigos venezolanos -en la medida de lo posible- unas tranquilas navidades.

15 de diciembre de 2018

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2018/12/fernando-mires-venezuela-un-cas...

 7 min


El Frente Amplio Venezuela Libre, en su Manifiesto fundacional, se reconoce como una plataforma que integra diversas posiciones e ideas políticas que incluso, se han enfrentado en el pasado.

En el documento, se expresa que la unión de todos los actores está centrada en la decidida voluntad de salir de la trágica emergencia, reconstruir el país y lograr una sociedad y economía donde todos los venezolanos tengamos vida digna, en paz y respeto común, en donde todos los derechos sean para todos los venezolanos.

El Congreso Nacional, promovido por el Frente Amplio, en noviembre 2018, definió al Frente en sus conclusiones, como una nueva forma de organización del país democrático, resuelta a reconstruir una instancia de encuentro social y político a través de la cual pondremos en marcha el cambio político definitivo de Venezuela, a través de la Unidad Superior.

El Manifiesto Venezuela Libre, aprobado en ese Congreso Nacional, expresa que a través del Frente se pretende impulsar todas las acciones desde el consenso que resulten del debate eficaz y oportuno, organizar las fuerzas democráticas que componen a la sociedad venezolana, plantear las líneas estratégicas de la lucha por el cambio definitivo en la política nacional y, sobre la base de estas orientaciones, ser la voz que cuente la historia verdadera del proceso que estamos llevando adelante

Para el Frente Amplio Venezuela Libre el 10 de enero de 2019 se presenta como un hito histórico en esta etapa oscura de la vida nacional. Ese día vence el periodo presidencial vigente. Con ello desaparece por completo cualquier vestigio de legitimidad de un dictador totalitario que por la vía de los hechos ya carecía de ella, razón por la cual, a partir del 10 de enero, ocurriría una usurpación continuada del poder presidencial, pues quien pretende ejercerlo lo haría sin la legitimidad de origen que solo da la voluntad del pueblo.

El Frente ha sido llamado por el Congreso Nacional para promover el encuentro nacional para coordinar la protesta social y la defensa de la democracia, que tendrán como fin último la transición democrática.

Los actores políticos que hoy compiten por capitalizar las expectativas de la sociedad, sin duda deben contribuir con esa aspiración del Frente Amplio, en parte eso significa la Unidad Superior. ¿Qué han dicho algunos de ellos sobre el 10 de enero próximo?

María Corina Machado[1], hizo un llamado a la Asamblea Nacional para que esté a la altura de los venezolanos y de la historia del 10 de enero. Y recordó, que aún no se han cumplido con las exigencias del 16 de julio de 2017, en consecuencia, sugirió que la fecha es propicia para concertarlas.

Machado reiteró que Maduro es ilegítimo desde el primer día y recordó, no sólo que la gente está harta de posiciones contradictorias, sino que también, que el mundo ha entendido que este es un régimen criminal.

Por su parte Henrique Capriles[2], , insistió en la necesidad de una negociación y afirmó que a partir del 10 de enero, se abrirá una etapa desconocida para los venezolanos, porque cesa la legitimidad de Nicolás Maduro.

Julio Borges, tiene la convicción que se aproxima una fecha que puede ser definitoria, ya que el 10 de enero el mundo entero ha dicho que no reconocerá ese nuevo período de Maduro, por ser el mismo producto de un fraude electoral.

Está convencido Borges, que a partir del 10 de enero, muchos países van a tomar medidas fuertes que pueden conducir a que se fracture de una vez por todas la dictadura y podamos tener un desenlace democrático en el país"[3].

Antonio Ledezma[4], reitera que Maduro no tiene ni legitimidad de origen ni de oficio por fraude electoral, por no presenta cuentas en el Parlamento legítimo y además, recuerda que es el principal responsable de los crímenes de lesa humanidad en Venezuela. En tal sentido, se preguntó en una entrevista: ¿Qué más pruebas son necesarias para aplicar el principio de injerencia humanitaria internacional?, lo que hace alusión al tema de la intervención extranjera.

El diputado Juan Miguel Matheus[5] afirma que En Venezuela no hay nuevo Presidente porque no ha habido elecciones presidenciales libres y porque se desconoció las elecciones del 20 de mayo por ser ilegítimas.

El parlamentario señaló que a partir del 10 de enero Maduro “pierde toda apariencia de legitimidad, lo cual aumentará la crisis política y el aislamiento internacional”. Así mismo, advirtió, que Maduro incurrirá en usurpación de funciones si lleva adelante su juramentación.

Para Andrés Velásquez[6], el 10 de enero Maduro deja de ser presidente constitucional y la respuesta a su acto de impostura debe ser una huelga cívica nacional y para el padre Luis Ugalde[7], el 10 de enero Venezuela quedará sin un presidente legítimamente electo y la sociedad a través de la Asamblea Nacional, que son los representantes legítimos, tienen que proveer una junta de transición que represente a todos los sectores”

A un mes del 10 de enero 2019, tanto Henry Falcón como Claudio Fermín, no han ocupado medios digitales para fijar posición sobre el escenario del 10 de enero. Ambos fueron actores como mucha presencia en el debate público en las pasadas elecciones presidenciales y particularmente Falcón, luego de perder esas elecciones, prometió acudir a la comunidad internacional para demostrar la ilegitimidad.

Por su parte, un representante de la dirigencia política joven, el diputado Miguel Pizarro[8], afirmó que la AN debe instalar su directiva “sin divisiones, sin peleas y sin tonterías” el 5 de enero, no “pueden poner la torta”.

Por otro lado, sobre el 10 de enero, afirmó Pizarro que “no se puede crear expectativas que no sea capaz de realizar, pues de lo contrario vamos a tener que pagarlo nosotros porque seremos los únicos responsables de construir un sueño que no se materializó”.

Para Miguel Pizarro, si los diputados hacen “lo que tenemos que hacer el 10 de enero servirá como un hito para mejorar la presión interna, externa y construir la política alternativa”. ¿Pero qué es lo que tienen que hacer? No lo especificó en la entrevista que le hacen.

Por su parte para el diputado Stalin González, el 10 de enero se vence el período de Nicolás Maduro, pero “no hay que ponerse la fecha como un mito de que va a cambiar todo”[9].

Por último el Parlamento venezolano[10], de mayoría opositora, el pasado 13 de noviembre, sin unanimidad opositora y en medio de un conflicto público que evidenció diferencias y divisiones, declaró formalmente como inconstitucional que el dictador, Nicolás Maduro siga en su cargo a partir del 10 de enero de 2019 y pidió elecciones generales con condiciones democráticas.

La coincidencia en todos es el reconocimiento a la ilegitimidad de Nicolás Maduro luego del 10 de enero 2019. Así mismo, son pocos los que han planteado acciones concretas para esa fecha y han expresado la necesidad de plantearse el 10 de enero en términos reales sin grandes expectativas.

No hay mensajes y menos aún claridad sobre las acciones que se tomarán el 10 de enero 2019, pero hay expectativas creadas para ese día. ¿Logrará el Frente Venezuela Libre, ser el espacio de encuentro nacional de todos los actores de la sociedad civil para coordinar la Protesta Social y la Defensa de la Democracia, para abordar el desafío que impone el 10 de enero para la restitución del orden democrático y constitucional? Es todo un reto que en pocas semanas se podrá evaluar sus avances.

10 de diciembre 2018

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Joseph E. Stiglitz

Hace poco menos de diez años, la Comisión Internacional sobre la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social publicó el informe Mismeasuring Our Lives: Why GDP Doesn’t Add Up [traducido al español como Medir nuestras vidas: las limitaciones del PIB como indicador de progreso]. El título lo dice todo: el PIB no es una buena medida del bienestar. Lo que medimos afecta lo que hacemos, y si medimos la cosa equivocada, haremos la cosa equivocada. Si sólo nos concentramos en el bienestar material (por ejemplo, en la producción de bienes, más que en la salud, la educación y el medioambiente) nuestra visión se vuelve distorsionada, como son distorsionadas estas medidas: nos volvemos más materialistas.

Fuimos gratamente sorprendidos por la recepción que tuvo nuestro informe, que alentó un movimiento internacional de académicos, miembros de la sociedad civil y gobiernos en pos de la creación y el empleo de métricas que reflejen una idea más amplia del bienestar. La OCDE elaboró el Índice para una Vida Mejor, formado por una variedad de métricas que reflejan mejor aquello que constituye y promueve el bienestar, y creó un grupo de expertos de alto nivel sobre la medición del desempeño económico y el progreso social, continuador de la Comisión. La semana pasada, en el sexto Foro Mundial de la OCDE sobre Estadística, Conocimiento y Políticas, celebrado en Incheon (Corea del Sur), el grupo emitió el informe Beyond GDP: Measuring What Counts for Economic and Social Performance [Más allá del PIB: medir lo que importa para el desempeño económico y social].

El nuevo informe hace hincapié en varios aspectos (como la confianza y la inseguridad) que sólo se trataron brevemente en Medir nuestras vidas, y explora en más profundidad otros (como la desigualdad y la sostenibilidad). También explica de qué manera el uso de métricas inadecuadas llevó a la adopción de políticas deficientes en muchas áreas; otros indicadores mejores hubieran revelado los efectos sumamente negativos y posiblemente duraderos de la profunda caída de la productividad y del bienestar después de 2008, lo que tal vez hubiera permitido a las autoridades no obsesionarse tanto con la austeridad que, aunque redujo el déficit fiscal, más redujo la riqueza nacional (bien medida).

Los sucesos políticos de años recientes en Estados Unidos y muchos otros países reflejan el estado de inseguridad en que viven muchos ciudadanos ordinarios, y al que el PIB presta muy poca atención. Inseguridad agravada por una serie de políticas excesivamente centradas en el PIB y en la prudencia fiscal. Piénsese en los efectos de las “reformas” previsionales que obligan a las personas a asumir más riesgos, o en los de las “reformas” del mercado laboral que en nombre de aumentar la “flexibilidad” debilitan la posición negociadora de los trabajadores al dar a los empleadores más libertad para despedirlos, lo que a su vez conduce a salarios más bajos y más inseguridad. Como mínimo, unas métricas mejores sopesarían estos costos con los beneficios, y tal vez motivarían a las autoridades a acompañar esos cambios con otros que promuevan más seguridad e igualdad.

A instancias de Escocia, un pequeño grupo de países ha formado la Alianza de la Economía del Bienestar, con la esperanza de que los gobiernos prioricen el bienestar y redirijan de tal modo sus presupuestos. Por ejemplo, un gobierno neozelandés centrado en el bienestar daría más atención y recursos a la reducción de la pobreza infantil.

Métricas mejoradas también serían una importante herramienta de diagnóstico para que los países puedan identificar los problemas antes de que las cosas se salgan de control y elegir las herramientas correctas para encararlos. Si, por ejemplo, Estados Unidos hubiera pensado más en la salud, en vez de sólo el PIB, la disminución de la expectativa de vida entre los estadounidenses sin educación terciaria, y especialmente entre los residentes de las regiones desindustrializadas, hubiera sido evidente hace años.

Asimismo, fue hace poco que las métricas sobre igualdad de oportunidades expusieron la hipocresía de afirmar que Estados Unidos es una tierra de oportunidades (donde todos pueden progresar, siempre que sean hijos de padres blancos ricos). Los datos revelan que Estados Unidos está lleno de lo que se conoce como “trampas de desigualdad”: los que nacen abajo tienden a quedarse allí. Para eliminar estas trampas de desigualdad primero hay que saber que existen, y después determinar qué hechos las crean y sostienen.

Hace poco más de un cuarto de siglo, el presidente estadounidense Bill Clinton propuso “poner a las personas primero”. Es notable lo difícil que es hacer eso, incluso en una democracia. Diversos grupos de presión (corporativos y de otros tipos) siempre buscarán que sus intereses tengan prioridad. La inmensa rebaja impositiva aprobada en Estados Unidos por la administración Trump a estas alturas del año pasado es un ejemplo patente. La gente de a pie (la menguante pero todavía vasta clase media) tiene que soportar un aumento de impuestos, y millones perderán el seguro de salud, para financiar una rebaja de impuestos a multimillonarios y corporaciones.

Si queremos poner a las personas primero, tenemos que saber qué les importa y mejora su bienestar y cómo aumentar su suministro. La agenda de medición Más allá del PIB seguirá desempeñando un papel fundamental para ayudarnos a alcanzar estos objetivos cruciales.

Dec 3, 2018

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/new-metrics-of-wellbeing-no...

 4 min


Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

1.-

Renato Rodríguez o el personaje que lo representa, su otro yo, escriben desde las vísceras del país. No viaja a Nueva York. No se instala en California ni mucho menos recala en Berlín o Roma, París, Santiago de Chile o Madrid. Su personaje, ese Renato transfigurado, que cambia de nombre como colores el camaleón, sitúa sus fracasos, su ficción y realidad en el mapa de su país, en aquella Venezuela de la cual extrae los relatos de quienes con él viajan en una suerte de odisea en la que no faltan los obstáculos y el deseo de no hacer nada, de dedicarse a la vagancia, a la insensatez.

El fracaso o la dejadez existencial son el venero de esta pieza narrativa.

Aquí no está el maestro Giuseppe que lo enseñe o aconseje pero sí el abogado Antonio Gómez Spreller, quien lo usa en sus trabajos legales ni tan legales. O Aurelio, el ladrón de libros, quien estudia filosofía en la UCV, habla como filósofo, termina yéndose a Europa y regresa para suicidarse. Por aquí naufragan los habitantes de sus otros libros, alcanzados por distintos paisajes y situaciones, ubicadas en el país que lo vio nacer. Aquí están los personajes criollos y disfraces, los venezolanos que elaboran un constructo desde la mirada y los afanes de un actante que se desnuda frente a quien los aborda.

Esta novela, en la que hay fallas de edición porque no hubo revisión en cuanto a estilo y gramática, es una de esas obras que avivan la realidad del lector porque lo convierten en un agobiado visitante de sus páginas, donde se desdibuja y descoloca, quien concluye en una existencia en la que la estabilidad o la pertenencia no están presentes. Esta novela, que forma parte de nuestros más conocidos fracasos, descubre al venezolano que fue una vez y sigue siendo: el dedicado a la disipación, al juego riesgoso y aventurero con su propio destino, a la consagración del ocio inútil y de las trampas de una fe convertida en trasunto cotidiano.

Esta es la novela de las tantas que andan por allí donde el narrador/ personaje es un desdichado, un buscador de lugares comunes donde depositar su aliento. Se trata de un sujeto que no tiene futuro, que no le interesa el porvenir, que tiene en la vida y la muerte la misma escala de valores. Es decir, este personaje es el reflejo de tantos que dejaron sus huellas, sus pasos, en medio del desánimo.

“La noche escuece”, publicada por R.A. Rodríguez –RAR- en Caracas, en noviembre de 1985, constituye un yerro para quienes creyeron encontrarse con una novela idílica, dedicada a la contemplación de los astros durante la noche. Es una novela dura, escrita con un denso aliento y un profundo deseo de contar detalladamente: a veces las anécdotas se entremezclan y se pierden en el tejido narrativo, pero luego las recupera. Pero también muchas veces los detalles superan el hilo conductor de la pieza. Muchos de sus personajes se sostienen en diálogos muy elevados intelectualmente para el perfil que los representa como sobrevivientes o abandonados por sus propias decisiones o por su preparación académica o escolar. Por ejemplo, un “raterillo” de la provincia que aprendió a robar con “maestros” del delito menor, como si se tratara de un genio de la NASA, habla como un filósofo. El relato se llena de datos enciclopédicos, como si el narrador estuviese ansioso por darlos a conocer. Personajes suicidas, dislocados.

Personajes que se construyeron como se fue construyendo el país desde la caída de Pérez Jiménez. Personajes que comenzaron a formar parte de la corrupción partidista y empresarial, muy parecidos a los actuales, pero aquellos basados en una ingenuidad pueblerina, si se quiere.

2.-

Once veces menciona el narrador el escozor. En la presente edición, en las páginas 71, 156, 196, 198, 205, 209, 215, 224, 232, 243 y 249 aparece el malestar, la soledad, el vacío expresados con las palabras “noche” y “escozor”. Cada vez que el personaje se extravía (la mayoría de las veces vive perdido en su andar), pronuncia una frase para determinar que la noche lo perturba, lo acosa si no anda en una de aventuras, de desarraigo, porque el sujeto sufre de un exilio que lo sacude permanentemente: un hombre que recorre el país como luego recorrerá el mundo en otras de sus novelas.

Personaje isla como la isla que lo vio nacer.

Renato Rodríguez es autor de una sola obra: la que habita en todas sus páginas es una suerte de fantasma que trata de asirse de algo para no hundirse. El personaje de sus novelas, en la mayoría de los casos, es un tipo angustiado por no estar en un solo sitio. La excepción la observamos en “¡Viva la pasta!”, novela/ recetario en la que se dedica sólo a la cocina, pese a ser una suerte de “utility” porque sabe hacer de todo, desde trabajos de fontanería hasta mandadero y maestro carpintero. O amo de casa.

En sus cuentos también se observan personajes que no logran romper con el pasado y se instalan en la pesadumbre o vagar físico o mental.

Margarita siempre es el punto de partida. La isla de nacimiento aparece como recuerdo de infancia. Regresa por momentos a rozar la memoria familiar, pero su mundo es ancho, largo y no tan ajeno. Es dueño de su libertad porque ésta lo constriñe. Lo consume. La misma libertad lo convierte en esclavo de su andar permanente, de una dromomanía enfermiza, patológica.

En este largo relato trabaja con el abogado Gómez Spreller como “testigo falso”, siempre al borde del precipicio porque se trata de una labor en la que la ética y la legalidad se contrapesan. El sujeto tiene conciencia de lo que hace, por eso huye y regresa. Se convierte en campesino, en chulo de burdel, en ordeñador de vacas, en vendedor de ilusiones con un vidente, en ayudante de toreros, en delator inmobiliario, en burócrata de empresa privada, en taxista, conductor, viajero impenitente, en buscador de mujeres de las que vive y se refocila. Es decir, un personaje con múltiples caras. Y detrás de sus máscaras, el país que lo consume, lo habita, lo desenvuelve.

3.-

El escritor Renato Rodríguez, como en otras de sus novelas, se nombra, se señala, se menciona como personaje. Desde esa práctica metaliteraria –autobiográfica ficcional- nuestro autor es una impostura en la realidad que asume como creación. Es real en medio de personajes que ambulan como duendes. Y son tantos los personajes que toma y retoma, que se hace con ellos vertiente y afluente para algunos esbozos narrativos que descubren el afán de contar, lo que hace que pierda el centro de la atención. Y la tensión se diluye por algunos excesos.

Como toda novela ambiciosa, a ésta le sobran pedazos. Pero la vida también es así; vivimos de pedazos que son sobras de otros. Las novelas no son perfectas porque la vida no lo es, y Renato Rodríguez cuenta la vida de otros a través de la suya, de su hiperquinetismo, de su tembloroso ambular. De su nervioso tanteo entre seres que lo alejan y lo acercan, lo cercan o lo dejan libre.

En estas páginas aparecen referentes literarios nacionales: autores y artistas de la época, poetas como Sánchez Peláez, cantantes como Adilia Castillo, una larga lista de vocalistas populares y de piezas clásicas de diferentes escuelas o corrientes. Citas en diferentes idiomas. En latín por haber sido monaguillo a la vieja manera de oficiar la misa; en inglés, en alemán, en italiano. Es una novela que ambiciona la totalidad. Es una novela quijotesca porque para Renato Rodríguez Venezuela es La Mancha, ese lugar cuyo nombre vibra en su manía por saberse en una carretera, en una cama ajena, en un hotelucho, en un mabil bar de mala muerte, en un apartamento caraqueño o bajo el cielo sombrío o iluminado de su isla.

Una novela cuyos molinos de viento siempre salen vencedores.

4.-

Esta es la novela de un hombre que no se encuentra en su propia búsqueda, que quiere aprender idiomas y tocar bongó, pero culmina jugando con las primeras palabras de “Doña Bárbara”: “Un bongó remonta el Arauca”, lo que hace ver que su destino es el mismo de la doña, quien es devorada por la sabana, así como el personaje de Rodríguez es tragado por la soledad, el fracaso y la libertad, de la que tiene un sentido surrealista al cerrar con:

“¡Escogí la meningitis!”,

y allí comienza de nuevo la realidad para los lectores, tan confusa como la ficción que elaborarán con su silencio.

 6 min


Edgar Benarroch

La Segunda Guerra Mundial se inicia con la invasión de Adolf Hitler a Polonia en 1939 y concluye con la caída del Reich en 1945. Gracias a Dios ese fue el desenlace, de no haber sido así, hubiésemos presenciado otro holocausto, ya mundial y también los sobrevivientes estuvieran la esvástica tatuada en la frente. Hitler fue el anticristo del siglo pasado, otros se le aproximaron, pero ninguno lo igualó.

Más de 100 millones de militares fueron movilizados con equipos, naves, aeronaves y armas de las más sofisticadas y de alto poder destructivo.

Fue una guerra total (mundial como su nombre lo indica). Todos los países del planeta se vieron involucrados, unos más que otros, tantos que a la caída del Reich solo nueve se mantenían neutrales, entre ellos España, Suecia, Suiza, Dinamarca y Portugal. El mundo se dividió en dos bloques: Los Aliados, inicialmente formado por Francia, Reino Unido y Polonia, más adelante se sumarían los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El otro bloque fue La Fuerza del Eje, con Alemania e Italia en una alianza que llamaron Pacto de Acero.

Esta ha sido la mayor confrontación bélica que registra la historia, se estima en más de 70 millones las víctima humanas, que para 1944 era el 2.5 % de la población mundial, se alteraron las relaciones políticas, sociales, económicas y culturales del mundo, se afectó gravemente el ecosistema y la destrucción de edificaciones fue masiva, todas reducidas a escombros. Concluida la guerra se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el propósito fundamental de evitar futuros conflictos y cuando se presentaren tratar de resolverlos civilizadamente.

Los aliados se reunían con frecuencia para acordar estrategias y tácticas conjuntas y enfrentar al enemigo común: Hitler, que constituía una criminal amenaza no sólo para Europa sino también para la humanidad y en particular para los intereses de ellos. En febrero de 1945 - a punto de concluir la guerra - se reúnen en Yalta Roosevelt, Churchill y Stalin para llegar a acuerdos finales y hablar de la Europa de postguerra. Estos señores, connotados e indiscutibles líderes mundiales sin ninguna duda no sólo disímiles en política, cultura, ideales y estrategias sino verdaderamente enfrentados, resuelven dialogar y llegar a acuerdos para concluir la lucha con éxito ante el adversario común. La necesidad crea órganos y acuerdos en quienes sienten la urgencia de superarla, por el Bien Común o por razones e intereses menos elevados, que creo fue lo que privó en los aliados sin desconocer la dosis por el bien general que defendieron.

Al concluir la guerra, muy lamentable y cuestionablemente surgieron en los vencedores los apetitos expansionistas y de dominio y así se repartieron tierras, ciudades y pueblos enteros como botín de guerra, atrincherándose cada quien en sus nuevas posesiones. Hasta noviembre de 1989 se levantó el funesto muro de Berlín que dividió la capital alemana en oriental y occidental. La primera bajo dominio ruso y la segunda de Estados Unidos. Afortunadamente la sensatez se impuso y del muro lo que queda es un muy mal e ingrato recuerdo. Ahora Berlín es una sola donde todos sus habitantes se confunden y hacen vida social comunitaria.

También concluida la guerra se establecen dos trincheras, una capitalista, liderada por los Estados Unidos y Europa occidental y la comunista por la Unión Soviética y Europa del este. Ambas trincheras con inmenso poder bélico y pretensiones expansionistas y de dominio, ambas trincheras de vocación imperialista. Se inicia entonces la llamada "Guerra Fría" que gracias a Dios nunca se calentó, aunque estuvo a punto.

En 1948 por iniciativa de los Estados Unidos bajo la presidencia de Harry Truman se crea el plan "European Recovery Program" (Plan de Recuperación de Europa), mejor conocido como "Plan Marshall", para ayudar económicamente a países de Europa afectados por los estragos de la guerra. El plan invirtió más de 13.000 millones de dólares desde su creación y hasta 1952. La intención fue reconstruir zonas destruidas, eliminar trámites comerciales y restablecer y modernizar el parque industrial. La URSS se negó a participar en el programa y bloqueó la colaboración a países de Europa del este, por ello fue todo dirigido al occidente europeo.

Esta iniciativa de los "yankees" lleva el apellido del entonces Secretario de Estado George Marshall que fue su pionero, pensador y creador y que tocó el tema por primera vez en la Universidad de Harvard en 1947.

Este relato que se hizo extenso, aunque en gruesas pinceladas y guardando las diferencias es con el propósito de reflexionar sobre nuestro país. Si los tres grandes líderes del mundo en su época, enfrentados fuertemente entre sí fueron capas de dialogar y llegar a acuerdos ante el enemigo común, ¿Por qué nosotros no?

La historia es una fuente inagotable de enseñanzas y lecciones y en ella nos percatamos de la piedra para no volver a tropezarla, además encontramos soluciones a los problemas por muy altos que estos sean.

El gobierno que tenemos ha provocado un estado de necesidad desastroso y generalizado que nos constriñe a todos y amenaza con profundizarse. La única, responsable, efectiva y práctica vía para superar este drama es la UNIÓN de todos frente al enemigo común. Debemos postergar nuestras diferencias para luchar con éxito contra quienes han sumido al país en esta profunda crisis, aunque después regresemos a nuestra diversidad que debe ser una vez que la nación esté en vías de desarrollo o al menos estabilizada y por supuesto nunca pretender repartirnos el país que es de todos. Sé que el concierto de las naciones del mundo está dispuesto a ayudarnos una vez salgamos de este régimen y seguramente mañana respiraremos aire puro, viviremos en paz, justicia y progreso y tendremos razones para soñar.

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Luis R. Mendoza

Recuerdo de mi infancia y adolescencia, que en casa no se preparaban las apreciadas hallacas, hubo razones de peso para tal postura, lo económico fue fundamental, así como las ocupaciones laborales de mí apreciada-recordada madre, quien tenía que lavar a mano y planchar para honrar la responsabilidad adquirida con su clientela, razones que la limitaban. Sin embargo, no faltó en nuestra mesa la concebida hallaca y su contorno; gracias a la solidaridad tributada por familias amigas; como, las Méndez, Cirimelle, Calanche; asimismo, las que nos llegaban provenientes de la ciudad de Caracas, las exquisitas hallacas elaboradas por manos prodigiosas de las recordadas y estimadas señoras Laura y Pastora; entre otras.

Este marco introductorio viene al caso para recordar y valorar a nuestras hacedoras y hacedores de la gastronomía sanmateana; en especial, a cinco estimadas coterráneas que se distinguieron con sus manos, esfuerzo, voluntad, cariño, aderezos y sobre todo, aportaron al paladar de sus convecinos y familias, al ofrecer a la venta (Hallacas Bs 1 y Bollos Bs. 0,50) productos nutritivos y de calidad, como lo eran las “multisápidas” confeccionadas por las hermanas Bolívar Padrón. Ellas, de referencias certificadas por quienes tuvimos la grata oportunidad de probar el exquisito alimento navideño. En este sentido, nuestra remembranza a María, Benigna, Pancha, Isabel y Belén Bolívar Padrón, lamentablemente fallecidas, pero no olvidadas.

En este orden de ideas y para aunar en el tema, considero oportuno por su valía histórica, transcribir y socializar fragmentos de un excelente artículo publicado en diciembre de 1951, por el diario caraqueño El Universal, sobre el típico alimento en nuestras navidades; cuya autoría corresponde a la recordada Carmen Clemente Travieso, quien fue la primera mujer egresada de la Universidad Central de Venezuela en Periodismo y consecuente luchadora por los derechos sociales, económicos, políticos y culturales de la mujer. En este sentido, observemos parte de su contenido:

“La hallaca es un plato venezolano de fama mundial. Cuentan que durante, su visita a Caracas en las navidades de 1799 el sabio alemán Alejandro de Humboldt se relamió de gusto comiéndolas. Y que ya de regreso en su remota Alemania añoraba aquellos días en que había gustado un delicioso plato que no lo había saboreado jamás en ninguna otra parte del mundo. Y era que las mujeres de aquellos tiempos tenían fama de prepararla como delicioso pastel.

En Caracas es muy común el dicho “sin hallaca no hay pascuas”. Cada quien y cada región venezolana la prepara a su gusto…

La historia de este plato tradicional venezolano se pierde en el polvo de los siglos…

Un historiador venezolano dijo a este respecto, que después de haber oído las opiniones de todos los representativos de las diversas regiones nacionales, había llegado a la conclusión de que mejor hallaca era la de cada pueblo, porque estaba confeccionada con la sazón del lugar”.

Ver: Carmen Clemente Travieso, “La hallaca. Nuestro plato tradicional”, El Universal, Caracas, 17 de diciembre de 1951, p 24. Negritas nuestras

Así es, en relación a San Mateo, las hermanas Bolívar Padrón, son y serán referencias históricas en nuestras cocinas, por sus saberes, olores y sabores en el quehacer de las hallacas.

Con esta modesta nota, esperamos haber contribuido a recordar y estimar a nuestras cinco coterráneas. Al concluir, no me queda más que adherirme a la reflexión de nuestro apreciado amigo Dr. Germán Fleitas Núñez, Cronista de la vecina ciudad de La Victoria, al señalar: “El mestizaje pasó por los fogones criollos y difícilmente podríamos encontrar mejor manual de historia que nuestra “multisápida” hallaca¸ en sus ingredientes está resumida toda nuestra historia”.

San Mateo, 11 de diciembre de 2018

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I.

Al fin tuvieron lugar las elecciones de concejos municipales, con un año de retraso y tras dos convocatorias fallidas. Sin mayores explicaciones, el CNE decidió, así pues, que tuvieron lugar el pasado domingo 9 de Diciembre. Las mismas transcurrieron marcadas por diversas irregularidades – en este sentido puede consultarse en internet el informe elaborado al respecto por el Observador Electoral Venezolano (OEV) -, replicando lo ocurrido en los eventos celebrados a partir de la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que, en el ámbito electoral, tomo para sí decisiones importantes, indudable competencia legal del CNE. El pasado domingo no fue, por tanto, sino el último día de un proceso indebidamente conducido, desde que fue convocado

II.

Los resultados oficiales mostraron, como dato más importante, una gran abstención, por encima del 70 %, la segunda más alta en los últimos veinte años, ligeramente inferior a los comicios celebrados en el 2000. Cierto que la cifra se puede tratar de explicar por el hecho de que, en la cultura política nacional, estos comicios son estimadas como de poca significación. Cierto, incluso, que en algunos sectores posiblemente haya permeado la idea de que estos organismos serán reemplazados, o minimizada su importancia, por la figura de las Comunas colocada, según es rumor, en la nueva Constitución que cocina a fuego lento y en la clandestinidad, la ANC.

Pero si se ven estas elecciones junto a las que se han realizado últimamente, también con muy poca afluencia de votantes, pareciera que la explicación debiera tener otros ingredientes. Uno de ellos es, sin duda, la desconfianza que se ha sembrado en torno al sufragio, vistas las transgresiones en que incurre el árbitro electoral, al obrar casi de espaldas a los criterios que postula el manual universal de las elecciones limpias. Pero junto a lo anterior habrá que considerar, además y en grado aún más relevante, un creciente escepticismo político que ha llevado a muchos venezolanos a alejarse de las urnas y a hacer suyo la perorata de la anti política. En fin, la abstención no fue tanto un acto de protesta ciudadana, como de displicencia y desconcierto políticos.

III.

Así las cosas, lo acontecido el domingo pasado no es una buena noticia para nadie. No lo es para el Gobierno del Presidente Maduro, a pesar de que el oficialismo logró una mayoría holgada de los concejales, con lo que pasa a tener control casi absoluto de todos los cargos de elección popular, un control que, por cierto, no guarda ninguna relación con el apoyo popular, muy venido a menos. En efecto, los votos obtenidos, es preciso tenerlo en cuenta, son no sólo, pero si principalmente, generados por una maquinaria partidista bien aceitada y, simultáneamente, de medidas populistas, mezcladas en dosis importantes de presión a través de distintas vías, y con el carnet de la Patria sembrando la impresión de que Estado te vigila, según lo escribió Orwel y como efectivamente ya lo hacen, gracias a la magia del big data, en China y en otros países. La precaria, y encima discutible, victoria aritmética conseguida hace unos días, no hace sino reiterar, entonces, lo que se viene asomando en los últimos tiempos, esto es, el debilitamiento de un proyecto político que ya no deja ver ningún futuro medianamente aceptable, a cuyo cargo se encuentra un Gobierno engañoso que habla en modo revolucionario y actúa en modo Arco Minero y, encima, es visiblemente incompetente en la tarea de lidiar con una crisis que agobia a la gente y sólo cambia para ponerse cada vez peor, a ritmo de hiper inflación.

Los números del pasado domingo son mala noticia también para la oposición, que no ha sabido recoger el disgusto de la mayoría de los venezolanos con la actual gestión gubernamental, que no ha logrado leer adecuadamente la realidad nacional ni, en consecuencia, conseguido armar una estrategia común que le muestre a la gente una opción políticamente viable y convincente. De paso, frente a la actual situación del país, alegar diferencias para no unirse, es, por decirlo de manera elegante, de una sofisticación ¿estratégica? inexplicable.

Pero lo sucedido es, sobre todo pésima noticia para el país, porque prolonga y empeora sus graves dificultades, a la par de que lo deja sin puertas de salida a la vista. Hay, así pues, que resetear urgentemente la política, devolverle su eficacia, no digamos su dignidad, para despejar el horizonte de esta sociedad, cuyos habitantes se encuentran - todos, sean cuales sean sus preferencias ideológicas y si votan o no votan -, cada vez más abrumados por la sensación de que su vida discurre en una calle ciega.

El Nacional, jueves 13 de Diciembre de 2018

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