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Opinión

Corruptos o perversos son quienes causan daño o engañan con mala intención. Maduro es corrupto, no solo por su responsabilidad por los asesinatos, torturas, exilios y otras violaciones a la Constitución, sino también cuando declara que “estamos listos para llenar a China de productos made in Venezuela” y que “llueve, truene o relampaguee exportaremos un millón de barriles por día a China”. El general Padrino y el almirante Ceballos son corruptos al sostener una narcodictadura y al pretender hacernos creer que nuestra Fuerza Armada puede impedir una invasión de los estadounidenses.

Rafael Ramírez es corrupto por su gestión al frente de Pdvsa y cuando declara que “Chávez prestaba mucha atención a las críticas y nunca hubo persecución política” y cuando anuncia impúdicamente que “si hubiera guardado los expedientes los tendría en salsa a todos”. Tarek Saab es corrupto al tratar de hacernos creer que Fernando Albán no fue torturado, como consecuencia de lo cual fue defenestrado o desesperado se lanzó por la ventana, así como cuando declara que es un delito hablar de asesinato, cuando el delincuente es él por no enjuiciar a quienes detuvieron ilegalmente al luchador social y, desde luego, a sus asesinos.

También son corruptos los jueces, fiscales y ministros que avalan las violaciones a la Constitución y otras irregularidades. Igualmente los embajadores que representan un régimen tiránico violador de los derechos humanos, que es rechazado por los gobiernos democráticos del mundo.

En la oposición hay muchos frustrados por las dificultades para salir del régimen narcototalitario. Quizá por esa frustración, que afecta tanto el bienestar mental, como el económico, leemos frecuentemente artículos y twitters de opositores que descalifican a quienes están en la misma trinchera, pero que difieren en cuanto a estrategias para sacar a Maduro y a su caterva de corruptos. Seguramente en la oposición hay algunos corruptos, pero son la excepción. Lo que sí abundan son los intolerantes.

Algunos piensan que no es conveniente votar con este CNE y con el control que ejerce el Ejecutivo sobre parte de la población. Otros consideran que, dado el arrodillamiento y corrupción del Alto Mando Militar y del TSJ ilegítimo, y la presencia de cubanos fidelistas, la única solución es la intervención militar extranjera. No falta quienes cifran sus esperanzas en el TSJ legítimo y en un gobierno en el exilio. ¿Acaso por ello son imbéciles, como los tilda un articulista? Por otra parte, otro grupo opositor predica que es necesario votar y rechaza cualquier intervención extranjera ¿Acaso por ello son colaboracionistas del régimen, como predica otro articulista?

Mencionamos los casos de los dos articulistas porque son ciudadanos con buena formación política y sin duda opositores. Tienen derecho a opinar, pero el lenguaje utilizado ocasiona daño a la unidad que requerimos como condición necesaria, aunque no suficiente para salir del régimen. Desde luego, también los twitteros recién llegados a la política deben opinar y criticar, pero ojalá sin insultar. No es constructivo, por decir lo menos, que se maltrate a ciudadanos de trayectoria democrática y firme opositores, como Eduardo Fernández y Moisés Naím, solo porque sus opiniones no sean del agrado de determinados articulistas y twitteros.

Somos partidarios de no votar si no se logra una presencia masiva de observadores internacionales dispuestos a denunciar las tracalerías y si no se habilitan a todos los partidos; pero si la decisión es no votar hay que presentar un plan de gobierno, seleccionar un vocero principal, seguir protestando y desnudando al régimen. Negociar no es un delito, mientras no se cedan principios y valores, se cuente con buenos negociadores y facilitadores y suficiente presión interna y externa para que el régimen ceda en lo fundamental.

Una intervención militar extranjera se justificaría por las violaciones a los derechos humanos, la necesidad de ayuda humanitaria, la injerencia cubana y por los problemas que el narcotráfico y la emigración causan a otros países. Sin embargo, esa acción pareciera no contar con aval internacional y produciría consecuencias políticas ulteriores indeseables.

Como (había) en botica:

La versión de los sauditas sobre la muerte del periodista Khashoggi es tan falsa como la de Tarek sobre la muerte de Albán. Tarek sacrificó la verdad para proteger a los esbirros del Sebin. Evidentemente ambos fueron asesinados.

Solo mucho después que las autoridades españolas actuaron contra el ex viceministro de Energía de Chávez, Nervis Villalobos, es que nuestra fiscalía solicita su captura a Interpol. Seguramente es para que no cante.

Excelente la ponencia de Allan Brewer-Carías en Seminario en la Universidad Carlos III de Madrid sobre “La demolición del Estado democrático en Venezuela”. En el mismo menciona la tesis doctoral “secreta” presentada en la Universidad de Zaragoza por Gladys Gutiérrez, ex presidenta del TSJ.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail

 3 min


Jesús Elorza G.

Como ha sido una reiterada costumbre, cada vez que finaliza un evento deportivo, nacional o internacional, la tertulia entre los entrenadores, atletas y dirigentes siempre gira en torno a ese acontecimiento. En esta oportunidad, el tema de conversación eran los recién finalizados “Juegos Olímpicos de la Juventud” celebrados en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

-Creo que se sigue repitiendo la misma historia de los últimos ocho años…. Colombia nos sigue jodiendo, dijo muy molesto uno de los dirigentes deportivos. Si revisan la tabla de medallas, podrán observar que los paisas nos duplicaron en medallas de oro (4 a 2) y en más de ocho en el total (10 a 2).

No solo Colombia, en el continente americano, quedamos por debajo de Argentina, Cuba, México, Brasil, Ecuador, Canadá y Puerto Rico. Y lo más sorprendente es que en número de medallas quedamos empatados con Jamaica y República Dominicana, dijo otro de los entrenadores.

-Un atleta, intervino para señalar que, con respecto a los resultados de los juegos del 2014. ¡¡¡retrocedimos cuatro lugares, del puesto #37 bajamos al #41 en el 2018!!! Vamos como el cangrejo…. Pa’tras.

No podemos pedirle peras al olmo. No olviden que desde hace más de seis años han estado suspendidos los Juegos Deportivos Nacionales Juveniles, lo que incide negativamente en la promoción de nuevos talentos deportivos para la restructuración de nuestras delegaciones deportivas……estamos y seguimos estancados.

-Un entrenador de alta competencia, intervino para señalar que desde hace cinco meses están sin cobrar sus salarios y las autoridades no le “paran” a los reclamos, alegando que somos trabajadores tercerizados y eso es problema de las federaciones…..pero resulta ser que el dinero para el pago proviene del Instituto Nacional de Deporte…..y en ese peloteo estamos sin cobrar. Otra cosa, es que prometen antes de las competencias unos Bonos por Medalla y al terminar los eventos se olvidan de cancelarlos y hay que sumarlos a las deudas impagables.

Hay algo que no entiendo, dijo otro de los atletas, las autoridades de Comité Olímpico y del Ministerio del Deporte, siempre salen anunciando unos pronósticos de resultados; pero al terminar los eventos se esconden y no dicen ni pío.

-Claro, esos “Pitonisos” con sus bolas de cristal, en términos de pronósticos de resultados, han sido el hazme reír de América y el mundo. No han pegado ninguna de sus afirmaciones. Por el contrario, creo que el nombre más adecuado para ellos debería ser el de “Profetas del Desastre”.

Por favor, dijo una de las atletas, podría alguno de ustedes explicarme las causas que provocan estos malos desempeños en eventos internacionales y que cada vez son más recurrentes los resultados negativos.

-Todo eso es consecuencia de la “cacocracia gubernamental”, dijo uno de los abogados presente en la conversación.

¿Caco….. qqqquuuuééééé? Preguntaron todos en la sala de reunión.

-Es el caso de los ineptos en el poder. Las cacocracias (los gobiernos de los malos) proliferan en sistemas políticos degradados y caóticos que repelen a los talentosos y les abren paso a los peores ciudadanos, o a los menos preparados, explicó el abogado.

-A eso hay que agregarle, los casos de corrupción evidenciados en la construcción de instalaciones deportivas, pasajes aéreos, divisas de Cadivi, maletinazos, el oscuro manejo de los recursos del Fondo Nacional del Deporte señalaron un grupo de atletas presentes en la reunión.

Obviamente, dijo el abogado, es posible que a veces se combinen los dos y el Gobierno no solo sea corrupto sino también incompetente.

La ceguera y oídos sordos de los incapaces se han hecho presentes y permanentes, impidiéndo la aprobación y posterior entrega de los recursos presupuestarios a las federaciones deportivas, para la ejecución de sus Programas Operativos Anuales (POA).

Dificultaron, en algunos casos, la entrega de divisas para las becas de los atletas que entrenaban en otros países. Además, impusieron criterios ideológicos, ya que solo tenían acceso a las divisas aquellos identificados con el régimen….. los demás que se jodan.

Los procesos electorales del sector deportivo son dirigidos personalmente por el propio ministro en asociación directa con el presidente del Comité Olímpico Venezolano, y esa política tiene como finalidad apoderarse del control federativo. Solo para recordarles, les diré que las federaciones de Bádminton, Boxeo, Pesas, Fevedes, Canotaje, Softbol, Coleo, Judo, Baloncesto, Béisbol etc, etc, etc. sufrieron los rigores de ver entorpecidos sus procesos eleccionarios con medidas judiciales, la no aprobación de sus estatutos, designaciones arbitrarias de comisiones reorganizadoras o reconocimiento a organismos paralelos.

En fin, esas aguas tumultuosas de los cacócratas, demagogos y corruptos nos trajeron estos lodos del desastre deportivo en todo el Ciclo Olímpico: Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos, Panamericanos y las Olimpiadas

-Nuevamente intervino la atleta para expresar, con mucho sentimiento, que si los ineptos del Ministerio del Deporte y del Comité Olímpico Venezolano tuvieran un mínimo de vergüenza deberán renunciar a sus cargos; no hacerlo es condenar al deporte venezolano a un estado permanente de incapacidad y corrupción. También, las Federaciones Deportivas deben romper los cercos de sumisión o complicidad para alzar su voz de protesta frente al desastre deportivo.

 3 min


Edgar Benarroch

La abstención es renunciar a hacer algo. En la ciencia política es el acto, por el cual un votante calificado para ejercer su derecho en una consulta electoral decide no hacerlo, ya sea en elecciones generales, regionales o municipales, o también en la ocasión cuando se le consulta sobre una materia de trascendencia nacional, regional o local.

En las pasadas elecciones del 20 de mayo de este año hubo estados como Táchira, Mérida y Zulia donde la abstención se registró hasta en un 73%. Por su parte los estados con menos abstención fueron Yaracuy, Cojedes y Delta Amacuro que alcanzó un promedio de 38%. Esta ha sido la abstención más alta que registra nuestra historia en comicios presidenciales.

Entiendo que en buena parte la abstención se produjo por el llamado formulado por distintas organizaciones políticas, pero también por desmotivación del elector, bien porque los candidatos no eran de su agrado o porque cree que su voto es susceptible de ser manipulado.

Las veces que hemos asistido a consultas electorales en UNIDAD Y ORGANIZADOS, con presencia en la totalidad de los centros de votación y en particular en las mesas hemos obtenido contundentes victorias. Ganamos la consulta que el Presidente Chávez sometió a consideración del país en torno a la reforma constitucional que presentó, hemos ganado las principales gobernaciones: Zulia, Carabobo, Miranda, Táchira, Mérida,Lara entre otras, la Alcaldía Mayor de Caracas e importantes Alcaldías del país. Lamentablemente en nuestro estado Aragua hemos estado muy cerca pero todavía no ha sido posible. La última gran victoria la obtuvimos no solamente ganando la mayoría de los integrantes de la Asamblea Nacional, si no que el pueblo soberanamente le concedió a la oposición dos tercios de sus miembros, que es la más alta mayoría calificada que contiene la Constitución. Sabemos también que donde hemos ganado, el gobierno coloca acabalas paralelas, como también convocó a la ilegítima y espuria, por tal inexistente Asamblea Nacional Constituyente con el único propósito de anular las competencias y facultades de la Asamblea Nacional.

Para desgracia del país el poder y la fuerza los detenta el régimen y en función de ello hace cumplir sus deseos legítimos o no. No respeta la Constitución ni la ley, simplemente con el dominio incondicional de los integrantes del Poder Público nacional hace cumplir sus decisiones. Solo dos poderes no controlan: La Asamblea Nacional y lo que es sagrado EL PODER CIUDADANO.

Queda claro que cuando hemos asistido en UNIDAD Y ORGANIZADOS con presencia en la totalidad del desarrollo del acto electoral hemos logrado importantísimas victorias. El gobierno lo sabe y por ello desde su macabro laboratorio se estudian y resuelven tácticas para evitar que nos unamos y organicemos como movimiento amplio de oposición.

La prédica de que el gobierno sabe por quién se vota y que el CNE está en capacidad para cambiar tu voluntad expresada en la urna electoral, son mentiras del tamaño de una inmensa montaña, simplemente lo propagan, a veces lamentablemente nos hacemos eco de ello, para desganarnos, desestimularnos y desentusiasmarnos. Por supuesto a quien le llega esta conseja y la cree, ninguna gana tendrá de ir a votar, pero repito tengamos en cuenta que ello es parte de la estrategia del gobierno en la que no podemos caer, como tampoco pensar que asistiendo al acto de votación estamos legitimando algo o a alguien. Solamente estamos expresando nuestra voluntad que es nuestro derecho y aunque en la vigente Constitución eliminaron el "deber" de votar y lo dejaron solo como un derecho, creo que sigue siendo un DEBER, si no previsto como tal en nuestra Carta Magna si debe estar en nuestra consciencia y en nuestra alma y ahora como nunca ese deber es con la Patria y con la historia.

Al final preguntémonos ¿Qué ha ganado el país y pensando en nosotros, qué ha ganado la oposición con la abstención? Creo que nada, al contrario y para lamentar hemos facilitado increíblemente las cosas al gobierno, hemos dejado que ellos solos se desenvuelvan en el campo ante el cruce de nuestros brazos. Ello es menos explicable cuando todos los sondeos de opinión señalan que más del 80% del país quiere cambiar este gobierno. Solo falta UNIÓN, ORGANIZACIÓN Y DISPOSICIÓN. En esta situación tan excesivamente dramática no es renunciable el derecho de votar. Si todos lo hacemos, la montaña de votos será tan gigantesca que no habrá organismo alguno capas de desconocer, además de estar enviando un mensaje bien claro a la estructura que sostiene este régimen para que no titubee a la hora de hacer cumplir lo que debe por derecho y justicia hacer cumplir.

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Carlos Raúl Hernández

Ilegalización de partidos y sindicatos, persecución de activistas, censura de prensa, espionaje generalizado, odio, tortura, asesinato, cárcel y exilio a la disidencia, son factores constitutivos de esas desgracias llamadas “revoluciones”, que en los siglos XX y XXI crearon sistemas absolutistas, a diferencia del XVIII. Los derrocamientos de dictaduras que no pretendieron derivar a un “nuevo orden social”, como el 23 de enero de 1958, “la revolución de las fantasías” según Domingo Alberto Rangel, afortunadamente no fueron revoluciones. Por cierto, la mayoría de las dictaduras se derrumbaron electoralmente, pese a lo que dicen las cherch

Que revolucionarios de izquierda y de derecha busquen clausurar la política no es casualidad, ya que Hegel y Marx, los dos más grandes pensadores del “fin de la Historia” concibieron que eso tenía que ocurrir. Marx, un utopista brillante, escribió que, como en el comunismo los trabajadores serían dueños de la riqueza y la sociedad se autogobernaría, no eran necesarios política ni Estado, pues el gobierno sería una mera administración de actividades y cosas. Para Hegel los fines que habían impulsado la marcha de la Historia, los ideales ancestrales de justicia y libertad, se habían materializado en el Estado prusiano.

Por eso en el siglo XX los marxistas y nacionalsocialistas implantaron a sangre y fuego el fin de la política, es decir, del pluralismo y la lucha por el poder. Lenin y Trotsky fundaron una monstruosa dictadura totalitaria y el primero, moribundo, descubrió que su discípulo más destacado, Stalin, garantizaba un futuro peor de lo que ya habían creado. Hitler se propuso explícitamente “destruir la herencia de la revolución francesa” y naturalmente no se refería a los abominables crímenes políticos y humanos de Robespierre.

Repetir el Terror

Disparaba a la etapa liberal que comienza con la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 y termina en 1793 con el Terror de Maximiliano Robespierre, al que más bien Hitler reproduce. La habilidad de los luchadores democráticos exitosos contra dictaduras, fue actuar inteligentemente y con cuidado extremo para reconstruir paso a paso algunos pilares del Estado de Derecho que condujeran a procesos electorales, en los que sucumbieron más de 90% de los regímenes autoritarios. En Venezuela ha ocurrido exactamente el proceso inverso, que pasará a la historia de la candidez humana.

Las fuerzas democráticas han actuado sistemáticamente a lo largo de 20 años para perder por torpeza y demencia, las garantías liberales que la revolución estaba desesperada por eliminar. Así como argentinos, chilenos, peruanos, uruguayos, brasileros, salvadoreños, comenzaban con comisiones de Derechos Humanos, fundaban periódicos o introducían sutiles planteamientos democráticos en los existentes, luchaban por la libertad de los presos hasta llegar a pedir elecciones, y luego ganarlas, en Venezuela ha sido al revés.

Incursiones irracionales, suicidas, dirigidas por improvisados y antipolíticos, y políticos ambilados, fueron sacrificando uno a uno los recursos de la democracia: periódicos, televisoras, emisoras de radio, Poder Judicial, fuerza militar, Pdvsa, gobernaciones, alcaldías, partidos políticos, acuerdos en República Dominicana, hasta llegar al colmo de los colmos: la abstención en las elecciones presidenciales este año. En actos de locura, como el toro que embiste contra el burladero y se desnuca, despalillamos las reservas de fuerza democrática. Nunca se ha visto nada semejante.

Absolutismo por las buenas

La izquierda revolucionaria trabajó para destruir la política, los mecanismos mencionados en los que cristalizaba la fuerza democrática, y la derecha revolucionaria ha hecho exactamente lo mismo al promover el abandono de los espacios institucionales. Hoy ya no existe política reformista, de centro, sino un gobierno absolutista e ilimitado, sin que haya costado una guerra civil, ni fusilamientos ni golpes de Estado, sino el auxilio al gobierno de radicales y abstencionistas. Ante la ausencia de política, el único enemigo de la permanencia del status es su incapacidad para darle una orientación medianamente normal a la economía.

Luego de largos meses de errores, hoy la comunidad internacional parece comenzar a comprender cómo la despolitización del abstencionismo atornilló al gobierno y liquidó la esperanza. Frente a la obscuridad, la Unión Europea, en lenguaje políticamente correcto, declara un núcleo importante: la necesidad de conseguir interlocutores e iniciar negociaciones para buscar salidas antes que el orden de cosas termine de fraguarse. Captaron que no promover el regreso de la política es sentencia de que las nuevas estructuras se hagan impenetrables. Pero el radicalismo opositor, responsable directo, evidencia su incapacidad para medianamente entender la realidad.

Lo único que hacen es repetir la frase lamentable, decúbito dorsal de la inteligencia: negociar es criminal. No son capaces de articular una idea útil, concreta, ni una aproximación seria a la realidad. Consignas huecas, vanidades ridículas, ambiciones, descomedimiento, fantasmagoría, sustituyen el mínimo mobiliario que debe tener la cabeza de alguien que pretenda dirigir a otros. Si por algún golpe de dados llegaran al poder, la desgracia de los venezolanos se mantendría y profundizaría. El final de la política.

@CarlosRaulHer

 3 min


Se habla, se escribe, se especula y también se calcula en algunos círculos y grupos sobre una transición; más bien sobre La Transición, por supuesto se trata del proceso (¿en marcha?) de la salida acordada - ¿por quienes?, no se sabe - del régimen chavista.

Sólo, si poderes fácticos de mucha envergadura, léase presión irresistible de la FAN y/o de los poderes internacionales es posible que esté en marcha y de manera bastante discreta una negociación para facilitar “La Transición”.

De no estar sucediendo lo arriba anotado estamos en presencia de una especie de leyenda urbana o de un ejercicio teórico de escenarios o de una sustitución de la realidad por unos deseos y deseos no empreñan, como se sabe.

Al respecto es pertinente plantearse si el régimen tiene incentivos para negociar su salida del poder, si percibe que la situación se lo puede llevar por delante, si su vocación de poder y su voluntad de resistir (una de sus principales fortalezas) comienzan a resquebrajarse sin remedio ni remisión.

No pareciera ser éste el posicionamiento de la nomenclatura chaviana. Saben que su situación es harto complicada y difícil, que están sentados sobre un volcán, cabalgando un tigre, pero dispuestos a quedarse.

La Dictadura confía en superar sus limitaciones y debilidades, de hecho lo ha venido consiguiendo, por la concurrencia de varias circunstancias: el mundo opositor- aunque mayoritario- es débil, está disperso, sumido en una crisis de representatividad y liderazgo, con algunos partidos perseguidos y parcialmente desmantelados, porque la creciente contestación social no es todavía lo suficientemente fuerte, extendida y articulada para amenazar la gobernabilidad. Porque el rechazo y las acciones de la comunidad internacional democrática no son suficiente para poner en riesgo su permanencia en el poder y porque saben que en el corto plazo es improbable una intervención militar internacional.

En definitiva, como dicen algunos, el régimen disfruta de una “estabilidad precaria” (pero estabilidad en todo caso), que para revertirse requiere la modificación de algunas situaciones y las mismas necesitan tiempo para madurar.

Vista las cosas así, es forzoso concluir que la verdadera transición en progreso es hacia la conversión de Venezuela en una versión endógena de la Cuba castro- comunista. Proceso que ha avanzado mucho y que el oficialismo, en una nueva jugada política, pretende consolidar mediante la constitucionalización de la dictadura.

Lo ocurrido con Fernando Albán y Loren Saleh es monstruoso. Albán a todas luces asesinado por disentir y Saleh (injustamente privado de libertad) desterrado para tratar de mitigar el rechazo internacional al asesinato de Albán. Una prueba más de dos cosas: el chavismo está dispuesto a hacer cualquier cosa para conservar el poder y de la cubanización del país.

Caracas, 16 de octubre de 2018

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En la última semana de septiembre tuvo lugar uno de los acontecimientos más señalados en el calendario diplomático internacional: el debate anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como es habitual, este debate reunió a una amplia nómina de líderes mundiales, aunque en los tiempos que corren el término «líder mundial» tal vez no deba utilizarse con tanta ligereza. Sin ir más lejos, el presidente de la primera potencia global ha dejado bien claro que no alberga ninguna ambición de implicarse en la resolución de nuestros problemas comunes y, desgraciadamente, no es el único que exhibe este tipo de inclinaciones.

Para quienes confiamos en la cooperación internacional como herramienta de progreso por su capacidad de ejercer de necesario complemento de la globalización económica, el debate de la Asamblea General dibujó un panorama desalentador. Salta a la vista que el interés cortoplacista de ciertos dirigentes, a menudo revestido de «interés nacional», es uno de los factores que están sumiendo a las relaciones internacionales en su período más convulso desde la Guerra Fría. Pero el auge de los populismos nacionalistas no es tanto la causa, sino más bien la consecuencia, de las fracturas que llevan tiempo gestándose.

Como todo proceso económico, la globalización posee una dimensión distributiva y, por ende, está abocada a generar frustraciones en determinados sectores de la ciudadanía. El centro del espectro político occidental ha tendido a infravalorar los agravios ligados al aumento de la desigualdad intraestatal y ha puesto el foco sobre los beneficios agregados de la apertura comercial, que ha contribuido a reducir la pobreza de manera muy notable. Pese a que estos avances no deben despreciarse, es lógico que no todo el mundo encuentre consuelo diario en ellos.

Por el mercado global no solo circulan bienes, servicios y capital. También circulan ideas. Esto suscita que la globalización —del mismo modo que la democracia— sea vulnerable a sí misma, al poner a disposición de sus oponentes una serie de herramientas que pueden utilizar para sabotearla. Consciente de ello, la «internacional nacionalista» impulsada por Trump y por sus correligionarios se ha apropiado de un malestar que comenzaba a hacerse crónico y se ha lanzado en una cruzada para globalizar (paradójicamente) su particular versión del discurso antiglobalización.

Ante la Asamblea General de la ONU, que pasa por ser el oficioso Parlamento mundial, Trump afirmó sin tapujos que «rechazamos la ideología del globalismo y abrazamos la doctrina del patriotismo». En su discurso, Trump no escatimó elogios hacia otros Estados que siguen su ejemplo, como Polonia. Mucho deben cambiar las cosas a lo largo de este mes para que Brasil no se suba, de la mano del ultraderechista Jair Bolsonaro, a esta ola nacionalpopulista que amenaza con arrasar nuestras instituciones multilaterales.

Que Trump contraponga globalismo a patriotismo es significativo. En realidad, el segundo concepto no está reñido con el primero, y su uso por parte de Trump no busca otra cosa que blanquear las tendencias nacionalistas y nativistas de la actual Administración estadounidense. Esta clase de trampas retóricas pueden cogernos con la guardia baja, sobre todo cuando quien recurre a ellas es un dirigente que tiene la reputación de presentar sus ideas sin edulcorar. Pero es evidente que a la Administración Trump también le preocupa guardar las apariencias.

Las muestras de ello no escasean. En la ONU, Trump trató de aplicar a su política exterior una pátina de coherencia, asegurando que se enmarca en la filosofía del «realismo con principios» (principled realism). El realismo es una teoría de las relaciones internacionales que ensalza el papel central de los Estados, relegando el derecho y las instituciones internacionales a un plano muy secundario. En esta visión del mundo, principios como los derechos humanos no suelen encontrar fácil acomodo, aunque pueden ser utilizados como arma arrojadiza de forma selectiva e interesada. Esto es precisamente lo que hace Trump al criticar la represión del régimen iraní, mientras se abstiene de denunciar estas mismas prácticas cuando se dan en otros países. No obstante, ningún realista que se precie sobredimensionaría la amenaza iraní basándose en prejuicios, ni permitiría que un intercambio de agasajos con Corea del Norte terminase nublando su vista.

Asimismo, Trump proclamó en Nueva York que “América siempre elegirá independencia y cooperación sobre gobernanza global, control y dominación”. Teóricamente, la cooperación no es incompatible con el paradigma realista. Desde este prisma, sería concebible que Estados Unidos tratase de contrarrestar el auge de China reforzando sus alianzas en Asia-Pacífico; fundamentalmente, las que mantiene con Japón y con Corea del Sur. Sin embargo, la Administración estadounidense ha puesto en duda el paraguas de seguridad que proporciona a estos países, a los que ni siquiera ha eximido de su ofensiva comercial (aunque la reciente actualización del acuerdo bilateral con Seúl parece haber calmado las aguas). Este desconcertante comportamiento se ha hecho extensible a otros aliados tradicionales de Estados Unidos, como la Unión Europea, revelando que Trump es extraordinariamente reacio a cooperar. Además, cuando lo hace, no acostumbra a priorizar las alianzas que más se adecúan a los intereses estratégicos de su país.

En lo referente a China, y pese a la relación de amistad que dijo mantener Trump con el presidente Xi Jinping, la diplomacia estadounidense habla abiertamente de competencia. La «guerra comercial» que ambos países están protagonizando, así como algún roce que ya se ha producido en el Mar de la China Meridional, hace pensar que esta competencia puede desencadenar una espiral incontrolable de confrontación. No obstante, este escenario (que podría pronosticar la escuela realista) no tiene por qué materializarse, especialmente si apuntalamos esas estructuras de gobernanza multilateral que tanto pueden ayudarnos a gestionar toda variación en los equilibrios de poder. Es evidente que la ya reemergida China no siempre se adhiere a las normas internacionales, pero la respuesta eficaz consiste en reivindicarlas, no en arremeter contra ellas. Lamentablemente, esto último es lo que está haciendo Estados Unidos en infinidad de materias, como la comercial.

Durante su discurso en la Asamblea General, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, no incidió en la realpolitik que China a menudo promueve, sino que mencionó en nada menos que cinco ocasiones el concepto win-win. Si Trump —junto con el resto de la «internacional nacionalista»— se sigue alejando de esta noción de beneficios mutuos, es de esperar que consiga ralentizar el crecimiento chino, pero también el estadounidense. Además, renunciar a la cooperación multilateral conlleva resignarse a perder batallas como la del cambio climático, una actitud negligente que la Administración Trump ya ha adoptado con absoluto descaro. Vista esta alarmante dejación de funciones, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿de qué le sirve a un país ser la primera potencia mundial si, ante los grandes retos mundiales, su Gobierno elige condenarse a la impotencia?

Oct 20, 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/powerlessness-of-most-power...

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Analítica.com

Todavía es recurrente escuchar menciones a las mal llamadas IV y V repúblicas, cuando en realidad solo deberíamos hablar de Venezuela.

La construcción de nuestra nación ha sido una labor preñada de sinsabores, aunque por momentos tuvo sus instantes de luz y de esperanza. Hoy, la mayoría de la gente no entiende lo que está ocurriendo, es como si un tornado hubiera arrasado con todos los referentes con los que nos identificábamos como país.

Algunos piensan, lamentablemente, que no hay futuro, que vamos inexorablemente de mal a peor y que nuestro destino es el de la pobre Cuba. Pues no, justamente porque lo ocurrido en los últimos años ha sido la destrucción y desintegración de nuestra nación, es que podemos y debemos empezar a pensar que aquí no hay vuelta atrás, que esta pseudorealidad que nos vendieron es contra natura y por lo tanto tenemos que aunar esfuerzos para dar el gran paso hacia adelante, que no es otro que reconstruir a una Venezuela en la que merezcamos vivir.

A veces, desgraciadamente, los pueblos tienen que atravesar períodos trágicos y llenos de calamidades para entender que la indiferencia, la pasividad y la falta de verdadero amor a lo que significa su nación, los condujeron hasta el borde mismo del abismo. Así fueron los casos de la Alemania nazi, de la URSS de Stalin, de la China de Mao y tantos otros ejemplos que podríamos enumerar, pero las circunstancias llevaron a estas naciones a reaccionar dando un giro a su realidad.

Hoy, los venezolanos de buena voluntad, debemos darle un alto a este proceso sistemático y absurdo de destrucción y desmembración y emprender la vía unitaria de la gran reconstrucción nacional, con una visión moderna de futuro, deslastrándonos de todos los mitos que nos llevaron a donde estamos en este momento y tener confianza que con esfuerzo, trabajo dedicación y sobre todo con amor, haremos de Venezuela el gran país que todos soñamos.

Octubre 19, 2018

Analítica

https://www.analitica.com/opinion/no-hay-vuelta-atras-2/

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