El espionaje que no se fue con Maduro
En la serie estadounidense Vigilados (Person of Interest), una supercomputadora invisible procesaba cada rincón de la vida pública para detectar "sujetos de interés". En la Caracas de marzo de 2026, esa representación futura de la sociedad dejó de ser un guion de suspenso para convertirse en el aire que se respira. La diferencia es que, en nuestra acera, "la máquina" no busca prevenir tragedias, sino asegurar que el control político no se desmorone tras la mudanza forzada en Miraflores.
El informe Los vigilantes en la mira, elaborado por Conexión Segura y Libre y el Atlantic Council y divulgado este jueves 26 de marzo de 2026, confirma lo que se sospecha en cada esquina: la infraestructura de espionaje del Estado no se fue con Nicolás Maduro el 3 de enero. Aunque el país navega una transición compleja bajo la figura de Delcy Rodríguez, el entramado tecnológico permanece intacto; funciona como el sistema nervioso de un orden que se niega a soltar el mando.
El centro neurálgico del acecho
El informe describe cómo el sistema VEN911 se convirtió en el eje articulador del espionaje moderno. Lo que nació bajo la promesa de auxilio ciudadano es hoy una red de miles de cámaras con reconocimiento facial y detección de placas que permite rastrear a cualquier venezolano en tiempo real.
Este despliegue, que opera en un absoluto vacío legal, se complementa con el zumbido de drones de grado industrial que patrullan las noches de Petare o Catia.
No es vigilancia contra el hampa; es una táctica de guerra psicológica diseñada para que el ciudadano sepa que, en esta "tensa calma", el Estado nunca parpadea.
El músculo de los gigantes asiáticos
Esta arquitectura del miedo tiene proveedores con nombre y apellido. El informe identifica a los gigantes tecnológicos chinos Hikvision y Dahua como los artífices del hardware que hoy tapiza las principales avenidas del país. Estas empresas, junto con la estatal CEIEC, no solo vendieron equipos; suministraron el software y la capacidad de almacenamiento necesaria para procesar millones de rostros sin orden judicial.
Esta alianza tecnológica convirtió a Venezuela en un laboratorio de control autoritario donde los componentes importados de Asia sirven para rastrear, en alta definición, a quienes hoy intentan reconstruir la democracia.
El "sapeo" en el bolsillo
El control también viaja en el celular. Herramientas como el Sistema Patria y la VenApp institucionalizaron la delación comunitaria y transformaron la necesidad de bonos o servicios en un censo de sospecha permanente.
El informe de Conexión Segura y Libre y el Atlantic Council advierte que esta vigilancia digital termina en la "alcabala": registros forzados de teléfonos donde los funcionarios buscan palabras clave o contactos políticos para alimentar la extorsión o fabricar cargos de terrorismo. Incluso se detectó el uso de rastreadores GPS con micrófonos en vehículos de familiares de perseguidos, una señal de que la represión es un proceso automatizado.
El escudo del ciudadano común
Ante este despliegue, el ciudadano no debe entregarse a la indefensión. La seguridad digital es tan básica como cerrar la puerta con llave.
Los expertos recomiendan adoptar protocolos mínimos: usar exclusivamente aplicaciones de mensajería con cifrado (como Signal o los chats secretos de Telegram), desactivar el reconocimiento facial o la huella dactilar para desbloquear el equipo –obligando siempre al uso de una clave numérica– y, sobre todo, realizar una "limpieza" de chats y fotos comprometedores antes de transitar por puntos de control o aeropuertos.
Blindar las cuentas con verificación de dos pasos (pero nunca por SMS, que el Estado intercepta) es hoy la única frontera real entre la privacidad y el expediente arbitrario.
https://www.elnacional.com/2026/03/espionaje-digital-venezuela-maduro/