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Carolina Jaimes Branger

Los torturadores y sus jefes

Carolina Jaimes Branger

“Nuestras investigaciones y análisis muestran que el Estado venezolano se apoya en los servicios de inteligencia y sus agentes para reprimir la disidencia en el país. Al hacerlo, se están cometiendo graves delitos y violaciones de derechos humanos, incluidos actos de tortura y violencia sexual. Estas prácticas deben cesar de inmediato, y los responsables deben ser investigados y juzgados de conformidad con la ley”, dijo Marta Valiñas, presidente de la Misión Internacional Independiente de determinación de hechos sobre Venezuela de la ONU.

Todos los días, miles de personas son torturadas en comisarías, oficinas de seguridad y prisiones de todo el mundo. Las organizaciones de derechos humanos protestan contra la tortura y abogan por los sobrevivientes, pero ni ellas ni el público saben mucho sobre los torturadores.

Christopher Justin Einolf, profesor asociado del departamento de Sociología de la Universidad de Northern Illinois, a partir de un proyecto de historia oral realizado por el Instituto de Derecho de Derechos Humanos de la Universidad DePaul, que pertenecían al Proyecto de Historia de Irak, analizó las historias de catorce de los ex torturadores estadounidenses en aquel país, después de la caída de Saddam Hussein. Esas personas fueron entrevistadas sobre lo que hicieron y por qué lo hicieron.

No todos los testimonios coinciden con el estereotipo del torturador como un brutal interrogador policial, impulsado por un sadismo retorcido. Más bien se ha encontrado que los torturadores a menudo no son tan sádicos como personas normales que, bajo ciertas circunstancias, se hunden en una rutina de horror íntimo en la que hieren o mutilan a otro ser humano (pienso en particular en el caso de Linda Loaiza), mientras se mantienen al margen de los gritos y la agonía de sus seres humanos víctimas.

La mayoría de los hombres que fueron entrevistados expresaron pesar por lo que habían hecho. Algunos de ellos atribuyeron su elección de carreras a infancias traumáticas en las que soportaron la violencia de padres alcohólicos y abusivos. Uno explicó que odiaba mucho a su padre y “tenía un fuerte deseo de vengarse de él”.

La mayoría de la gente asume que torturar a otro ser humano es algo que solo una minoría es capaz de hacer. Abofetear o golpear a otra persona, exponerla temperaturas extremas, electrocutarla, requiere de otras personas activas que deben lidiar con niveles imponentes de contacto físico que violan todas las normas de interacción interpersonal.

Torturar a alguien no es fácil, y someter a otro ser humano a la tortura es estresante para todos excepto para los psicópatas. ¿Qué se necesitaría para que una persona común torturara a otra persona, quizás la electrocutara, incluso hasta el punto de la (aparente) muerte?…

Posiblemente en los experimentos más famosos de la psicología social, el difunto Stanley Milgram de la Universidad de Yale investigó las condiciones bajo las cuales la gente común estaría dispuesta a obedecer las instrucciones de una figura de autoridad para electrocutar a otra persona. La historia de estos experimentos se ha contado a menudo. Yo misma lo hice en estas páginas en un artículo titulado “Cuando las sociedades se vuelven locas”, publicado el 11 de enero de 2021.

Cuando la tortura se institucionaliza, se convierte en posesión de un grupo alojado en ministerios secretos y fuerzas policiales secretas. Bajo estas condiciones, los apoyos sociales y las recompensas están disponibles para amortiguar los extremos de comportamiento que surgen, y los actos se perpetran fuera de la vista del público.

En “Ninguno de nosotros éramos así antes” (2010), el periodista Joshua Phillips cuenta las historias de algunos de esos soldados estadounidenses en Irak, que recurrieron al abuso, el tormento y la tortura de los prisioneros. Una vez alejados del teatro de guerra y de la camaradería del batallón, lo que les vino a continuación fue una culpa intensa, duradera, muchas veces incapacitante. También padecen del trastorno de estrés postraumático y el abuso de sustancias. El suicidio no resultó raro como consecuencia.

Pienso -y espero- que los torturadores que han actuado en Venezuela, padezcan de todos estos efectos y más. Para los monstruos de sus jefes, que los mandaron a entrenar en los peores antros que hay para ello, y para quienes pudiendo evitarlo no hicieron nada, no espero otra cosa que cárcel de por vida, porque no fue que perdieron la brújula moral interna: también sus condiciones de seres humanos.

@cjaimesb

Hablando sobre Marx y los marxistas

Carolina Jaimes Branger

Un museo en Camboya relata el genocidio cometido durante el régimen de Pol Pot | Getty Images

¡Ojalá se les enseñara marxismo a los estudiantes de bachillerato! Los profesores tendrían que explicarles a los muchachos que en los regímenes comunistas existe el más salvaje de todos los capitalismos: el capitalismo de Estado. Este se adueña de todos los espacios y secuestra no solo la propiedad privada, sino también la de los medios de producción, que debería pertenecer a los ciudadanos.

Tendrían que explicarles que en 1917 una revolución puso fin a una monarquía absolutista, la de los Romanov en Rusia, para dar paso a otro absolutismo más esclavista, más tiránico y más depredador que el régimen de los zares. Primero Lenin y luego Stalin, uno de los peores carniceros de la historia. Tal vez nunca se sabrá el número de muertos, pero los indicios hablan de decenas de millones. Les explicarán a los estudiantes que los iconos que trataron de destruir, resurgieron a la caída del régimen con más fuerza que nunca y que hasta los miembros de la familia real asesinada son venerados como santos por un gran sector de los rusos. Y que hoy en día Vladimir Putin intenta reconstruir ese fracaso histórico teñido de sangre por todas partes que fue la Unión Soviética.

Tendrían que explicarles que el paralelo 38 divide dos Estados, Corea del Sur y Corea del Norte. Que el primero, capitalista, es una de las primeras economías del mundo. Que sus habitantes gozan de un alto índice de ingreso per cápita, la educación es una de las mejores del mundo y poseen un sólido sistema democrático. Que del segundo, sin embargo, más de 500.000 refugiados han huido desde 2000 y 4 millones de muertos es el saldo de la hambruna a raíz de la caída del régimen soviético. Un país pobre, rico en recursos naturales, víctima de un régimen autoritario que comenzó con Kim Il-sung, continuó con su hijo Kim Jong-il, investido de todos los poderes por la Asamblea Nacional y donde hoy su nieto, Kim Jong-un, un monstruo peor que su padre y su abuelo, manda a matar a quien le da la gana, por cualquier nimiedad. Corea del Norte es el país más aislado del mundo.

Tendrían que explicarles también que Mao Tse-tung construyó su régimen sobre el terror y que el exceso de trabajo y la hambruna que hubo entre 1958 y 1961 produjeron la muerte documentada de 38 millones de personas y muchos millones más que jamás pudieron contabilizarse. Que la violencia de Mao y sus acólitos, sucesora directa de la violencia estalinista de la mal llamada Revolución Cultural, dejó como saldo muchos más millones de muertos.

Tendrían que hablarles de los jemeres rojos (Khmer Rouge), un ejército de revolucionarios comandados por una de las figuras más monstruosas que haya producido la humanidad: Saloth Sar, mejor conocido como Pol Pot. El odio fue el motor de su vida y obra. La llamada Kampuchea Democrática marcaba el “año cero”. Todo el pasado capitalista, hasta el más mínimo vestigio, debía ser eliminado. Se quemaron industrias hasta que no quedó piedra sobre piedra. Todos los medios de transporte fueron también destruidos. La carreta de bueyes o mulas fue decretada como el medio de transporte nacional. Se quemaron escuelas, bibliotecas, laboratorios, se prohibieron todos los medicamentos, pues los “remedios” residían nada menos que en la sabiduría popular. Los ciudadanos perfectos eran los campesinos, pues no habían sido contaminados. Y bajo la orden de Pol Pot, de acabar con “todos los elementos subversivos” se ejecutó indiscriminadamente, previa toda clase de horrendas torturas que los hacían confesar cualquier cosa, a toda la clase media y culta, profesionales de todas las ramas. Llegaron hasta a asesinar a quienes usaban lentes “porque los lentes eran síntomas de intelectualidad”. La liberación para aquellos infelices era el tiro de gracia que acababa con sus vidas. “El que protesta es un enemigo, el que se opone, un cadáver” era el lema de Pol Pot.

Tendrían que contarles sobre los fusilados y los presos, sobre los que se fueron de Cuba y los que quedaron sin libertades en su propio país. Y por supuesto, hablarles de cómo una revolución inspirada en la cubana acabó con nuestro país.

Tendrían que hablarles de Marx, un misógino, maltratador de su mujer y sus hijos, que nunca trabajó sino en escribir sus teorías imposibles, llenas de odio y violencia, ha producido la mayor cantidad de muertos que haya conocido la humanidad, para, como decimos aquí, “curarles el sarampión desde chiquitos”.

@cjaimesb

Por qué sigo apoyando a Guaidó

Carolina Jaimes Branger

Antes de que le dé un ataque de mal de rabia, le pido que lea este artículo hasta el final. Ahí estará mi cuenta de Twitter si quiere insultarme. Pero hágalo después de leerme.

La oposición venezolana, la oposición de verdad y no el saco de gatos (¿o más bien saco de alacranes?) que quieren hacernos pasar como opositores, vive su peor momento. Cuando el G4 decidió ir a pesar de todo a las elecciones del 21 de este mes, no pudieron ponerse de acuerdo en nombrar candidatos únicos. Y por supuesto, no todos son Roberto Patiño, mejor dicho, la excepción fue Roberto Patiño, quien dio una lección de gallardía moral y coherencia política al declinar la postulación. Tampoco pudieron escoger a los candidatos más idóneos para los estados y los municipios. Hay unos que francamente están peor seleccionados que Vielma Mora en Carabobo, que ya es bastante decir. ¿Con qué autoridad critican al chavismo?

En este escenario tan desolador, permanece la figura de Juan Gerardo Guaidó Márquez, quien sigue siendo reconocido como el representante del interinato en Venezuela. Es el interlocutor válido con las democracias más sólidas del mundo. Pero en esta locura que vivimos, donde dudamos de todo y de todos, pero a la vez -y paradójicamente- creemos todo lo que circula por las redes, hay ciertos grupos que han decidido destrozar a Guaidó. Ya no necesitamos a los bots chavistas para que circulen informaciones falsas como las que aseguran que Guaidó se robó los fondos de la ayuda humanitaria o más recientemente, los de Monómeros, por ejemplo.

Me han dejado boquiabierta las declaraciones de Julio Borges, a quien en varias ocasiones he defendido a capa y espada. Por cierto, el viernes pasado el Procurador Especial Enrique Sánchez Falcón le salió al paso desmintiendo todas sus aseveraciones. Yo también tengo preguntas para Borges: ¿por qué si PJ tenía un representante en la Comisión de Administración del Interinato y había corrupción, no lo denunció sino hasta ahora? ¿Por qué si crees que “el interinato murió” sigues siendo el canciller?

En el caso de Monómeros, fue una diputada de PJ, Bibiana Lucas, presidente de la comisión especial de la AN que investigó el caso, justamente, quien aclaró que “Lo que nos arroja es que Monómeros no está quebrada, eso es muy importante. Nunca ha estado quebrada. Monómeros lo que tiene es un problema de flujo de cajas por el acceso al mercado de divisas o a las bancas, pero Monómeros es una empresa súper noble que no sé cómo ha resistido ante tanto ataque”.

Por eso, amigo lector, cuando usted retuitea furibundo informaciones que le llegan ¿se ha cerciorado antes de que sean ciertas? ¿Puede, con su conciencia tranquila, acusar de ladrón a alguien que quizás no lo sea? ¿Le gustaría que le hicieran eso a usted?

Guaidó se echó sobre sus espaldas la carga de sacar a un régimen que ha demostrado en un sinfín de oportunidades que no tiene límites de ningún tipo. Que está dispuesto a lo que sea con tal de mantenerse en el poder y cuentan con que dentro de la oposición nos estamos destrozando entre nosotros mismos. Es cierto que en 2019 no se cumplió el cese de la usurpación y que eso desmoralizó a muchos y engrosó la lista de la diáspora. Les recuerdo que a principios de 2020 entramos en pandemia, un escenario que no hizo sino darle un respiro al régimen de Maduro por un rato. Pero hoy estamos mucho más fuertes para negociar y exigir que en 2019. Las sanciones están resquebrajando al chavismo desde adentro. Hay quienes quieren negociar, porque se ven el agua llegándoles al cuello. Todos desconfían de todos, y no solo porque las cabezas de algunos tienen precio. La extradición de Alex Saab a Estados Unidos y el Pollo Carvajal cantando más que un gallo en España antes de ser extraditado, son temas que los tienen preocupados al máximo. Si se sentaron en la mesa de negociación en México era porque se sentían débiles. Patearon la mesa en un acto de malacrianza por Alex Saab, pero casi pongo la mano en el fuego de que van a volver a sentarse.

Guaidó es la persona, a pesar de todo, que tiene mayor porcentaje de aceptación en las encuestas. Pero de su mismo lado lo quieren defenestrar. ¿Acaso están jugando al “juego del calamar”? ¿No se dan cuenta de que en ese juego la mayoría sale muerta?…

Apenas la semana pasada, Guaidó se reunió con el jefe de la mayoría del Senado estadounidense, Dick Durbin, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Menéndez y el presidente de la Subcomisión de Relaciones Exteriores del Senado para el hemisferio occidental, Tim Kaine, quienes una vez más le expresaron su disposición a seguir presionando hasta conseguir elecciones presidenciales libres y a poner coto a la terrible crisis humanitaria que hay en el país. Y repito, Guaidó sigue siendo el representante del país que se niega a seguir bajo la garra del chavismo frente a las democracias más sólidas del mundo. ¿Es que acaso eso no tiene valor?

Aquí tenemos que navegar juntos. Y el capitán, les guste o no, es Juan Guaidó, que además necesita a su tripulación que trabaje de forma organizada y coherente. Estoy segura de que cuando esta pesadilla termine, tendremos que agradecerle su valor, su entrega y su trabajo. Y muchos tendrían que pedirle disculpas por haberle levantado falsos testimonios. Pero yo que lo conozco, sé que la libertad de Venezuela será su mayor recompensa.

@cjaimesb

Llamado a la sensatez

Carolina Jaimes Branger

Hay situaciones que no entiendo. Hay actitudes que tampoco. Lo que sí tengo meridianamente claro es que mientras la oposición democrática siga en esa guerra intestina que libra a diario, lo que logrará será darle respiración boca a boca a un régimen que está ahogándose en su propia ineficiencia, en su escandalosa corrupción y en su infinito odio y deseos de hacer mal. Por eso quiero hacer un llamado a la sensatez.

Mi primera llamada es para María Corina Machado. Eres brillante, preparada, valiente. Por favor, no te empeñes en continuar afirmando que la única ruta para salir de Maduro es el TIAR y que lo que ha hecho Guaidó hasta ahora no ha valido la pena.

¿Cómo que no ha valido la pena? Lo que ha logrado Guaidó en términos de apoyo, sanciones a funcionarios, precio a las cabezas del régimen y recuperación de activos nacionales, es mucho en menos de dos años: a mí no me queda duda de que es la primera vez que un régimen que vivía sobrado en todo sentido, se ha visto contra las cuerdas.

Que 60 países desconozcan a Maduro y que haya chavistas que antes se paseaban sobrados por el mundo derrochando sus riquezas mal habidas y que hoy no se atrevan a dar un paso fuera de Venezuela son grandes logros.

María Corina, tú misma has estado moviendo tus contactos en la OEA para la activación del tratado… ¡Sigue haciendo tus diligencias, pero ellas no excluyen que trabajes en equipo! El Grupo de Lima está conformado por países miembros del TIAR y todos han descartado de plano una invasión.

Estados Unidos también la descartó, María Corina, cuando les sugeriste que ellos podían ayudar a “des-invadirnos” (sacar a los cubanos) porque además de invadidos estamos catalogados como un estado narcoterrorista. En esta última semana dejaron claro que no están contemplando (por ahora) la invasión militar a Venezuela y encima, la pandemia ha venido a complicar todo.

Hasta los países más sólidos económicamente acusan el golpe a sus finanzas. ¿Quién va a enviar fuerzas para invadir Venezuela con el coronavirus haciendo estragos? Puede ser que suceda, pero las probabilidades son muy, muy bajas. Entonces, María Corina, ¡incorpórate al equipo! Todos tenemos que remar en la misma dirección.

La segunda es para Henrique Capriles. Yo te respeto mucho, Henrique. Me parecen injustas las acusaciones que te han hecho y te he defendido. Has sido un trabajador incansable en pro de la democracia y no te ha temblado el pulso a la hora de tomar medidas impopulares, lo que te convierte en una rara avis de la política venezolana.

Pero a estas alturas “abrir un camino” por tu cuenta… ¿no te parece que resulta aventurado? En particular si estás contando únicamente con tus partidarios y en un escenario donde el coronavirus hace cada día más estragos. Si vamos a abrir camino, deberíamos hacerlo todos juntos.

Pero me pregunto… ¿podrás abrir camino convocando a un pueblo que en su mayoría pasa hambre y que cada vez más se enferma, no solo de covid-19, sino de las siete o más plagas que pululan en Venezuela? ¿Una movilización? ¡Un pueblo en estatus de supervivencia no insurge! E ir a votar, Henrique -te lo dice alguien que siempre ha votado- en este momento es una locura. Creo que hay que hacer algo y estoy de acuerdo contigo en que quedarnos en la mera abstención solo nos volverá al 2005, el principio de todos nuestros males. Pero ese “algo” tiene que ser bajo la consigna de la unidad. Ya lo has hecho antes, Henrique. Te necesitamos.

La tercera es para Leopoldo López. Me gustaría conocer qué vas a hacer a corto plazo y a futuro. Me gustaría saber si estás consciente de que puedes colaborar proactivamente con todas las limitaciones que tienes y de forma exitosa.

Como la única certeza que nos queda es que Estados Unidos seguirá apoyando a Juan Guaidó y considerándolo presidente encargado hasta que cese la usurpación (y esperamos con razonable certitud que el Grupo de Lima y la Unión Europea se adherirán a la decisión) hay que unir esfuerzos. Guaidó necesita más apoyo que críticas y Venezuela necesita la unidad de sus líderes políticos. Todos sabemos lo que le sucede a un objeto que varias personas jalan hacia una dirección distinta: se queda en el mismo sitio.

Llegó el momento de la verdad. Demuestren cuánto aman a Venezuela. Guaidó es joven, le falta experiencia, pero tiene garra y ganas, valor y energías. Y a él fue a quien le tocó y lo ha asumido. Ustedes, María Corina, Henrique y Leopoldo son lo suficientemente preparados, políticamente corridos e inteligentes para saber qué hacer. Venezuela cuenta con ustedes.

@cjaimesb

Más que posible, probable

Carolina Jaimes Branger

Ahí estaban los cinco, en el búnker, sentados alrededor de una mesa ovalada. Yo también estaba allí, pero ellos no podían verme. No exagero cuando digo que vestían una suerte de trajes de buzos, con escafandra y todo. Además, cascos y chalecos antibalas. Pero eran los únicos que las vestían. Se habían cuidado de procurárselas cuando se dieron cuenta de que era inevitable el desenlace.

El personaje 1 se asomó a una de las ventanas. Lo único que vio fueron los cadáveres apilados en la calle. Había estudiado Medicina, pero toda la sensibilidad que rodea a esa carrera la había enterrado hacía muchos años, así como tendría que mandar a enterrar aquellos cuerpos antes de que surgiera otra epidemia. El personaje 2, una mujer que había tenido muchísimo poder, gritaba histérica. Todos tenían miedo. Si salían, morirían. Si no salían, morirían también. Sus leales los habían dejado cuando se dieron cuenta de que a ellos poco les importaba lo que les pasara. El personaje 3 les aseguró entonces tener las armas a buen resguardo, lo que les permitiría salir. El personaje 4 se había defecado en la silla hacía rato y el personaje 5 le reclamó que no se hubiera cambiado de ropa. Pero la realidad es que no podía moverse. Y sintió una vez más cuánto detestaba a aquel personaje 5 inútil y creído. Pero ahora todos dependían de todos. Más que nunca, tenían que permanecer unidos.

Afuera, lejos de donde llegaba el campo visual de quienes estaban en aquella sala del búnker, todo era tierra arrasada. Los saqueos habían acabado con todo, no solamente con la comida. El hambre ya era insoportable y la gente decidió salir... de todas formas, fuera por el virus, fuera por la falta de comida, no tenían alternativa: la muerte estaba al lado de ellos. Los militares jóvenes se les habían unido. Ellos también tenían hambre, miedo, desesperanza. Y los que habían sobrevivido a aquella catástrofe social, caminaban sin rumbo, sin saber qué hacer ni dónde ir. No había carros porque no había gasolina. Parecía que hubiera caído una bomba atómica.

Un bebé sentado en el piso al lado de una mujer muerta o sin sentido -imagino que era su madre- lloraba desconsolado. Y en el medio de aquel paisaje estaba yo, sin saber qué hacer. Cargué al bebé, pero éste desapareció repentinamente, como si se estuviera derritiendo entre mis brazos. Entonces grité... Una voz suave susurró en mi oído “despiértate, mi amor”. Era la voz de mi marido. Me abracé a él. Mi corazón palpitaba al galope. Finalmente pude volver a dormirme, pero en la vigilia pienso que ese sueño, más que posible, es probable...

@cjaimesb

https://www.eluniversal.com/el-universal/66487/mas-que-posible-probable

¡ Otra Navidad más !

Carolina Jaimes Branger

24 diciembre, 2018

Otra Navidad más de escasez, inseguridad, precariedad, desolación y muerte. Otra Navidad en la que los venezolanos no tenemos nada que celebrar y mucho que lamentar. Otra Navidad sin hallacas, sin pernil, ni pan de jamón. Otra Navidad sin luces, aguinaldos ni celebraciones. Otra Navidad sin Niño Jesús. Ya nada de “si la Virgen fuera andina y San José de los Llanos” porque los andinos están mal y los llaneros, peor.

Otra Navidad más con Maduro en el poder, destrozando lo que queda de país. Otra Navidad más llena de ilegalidad por todas partes. Otra Navidad llena de escándalos por los que ya nadie se escandaliza. Otra Navidad saqueando las pocas industrias y los pocos comercios que apenas subsisten. Otra Navidad en la que los ladrones más ladrones celebran el saqueo de Venezuela. Porque eso sí, ellos celebran. Comen bien (para muestra hay bastantes botones), se visten con ropa de firma (también hay muchos botones y botonas), viajan en primera (más botones y más botonas), llevan a sus niños a Disney (World, Landia o Euro y hasta Japón), porque no hay cosa que le guste más a un comunista enriquecido que Mickey Mouse.

Otra Navidad más con la familia desintegrada por todo el mundo. Otra Navidad más con las casas vacías, con los frugales puestos en las mesas vacíos, llenos quizás con lo que dio para comprar las remesas que de afuera enviaron. Otra Navidad más extrañando estar en Venezuela y llorando al escuchar la canción “Ven a mi casa esta Navidad”, que hace años nos parecía tan lejana y tan ajena y ahora es tan real que parece venezolana.

Otra Navidad más pidiendo al cielo salir de esto. Otra Navidad más en la que las esperanzas se hacen menos. Otra Navidad en la que las risas dieron paso a las lágrimas. Otra Navidad donde en vez de reflexionar se maldice. Donde la compañía es ahora soledad. Donde el país se volvió una caja de Pandora, sin esperanza en el fondo de la caja…

Otra Navidad que no parece Navidad. La Navidad de la Venezuela madurista es la No-vidad, porque es la negación de todo lo que habíamos vivido como Navidad.

Es una Navidad más, pero también es una Navidad menos. A todo cochino le llega su sábado y éstos de aquí no serán la excepción. Esperando que el año que viene ya no tengamos que decir “¡otra Navidad más”! les deseo paz, salud y armonía.

@cjaimesb

Esa Venezuela 2.0

Carolina Jaimes Branger

Viví en Maracay, Estado Aragua, durante 21 años. Durante ese periodo entendí que aquello que decían los caraqueños que “Venezuela es Caracas y lo demás, monte y culebra” es una falacia. Porque Venezuela es lo que está saliendo de Caracas, ya sea por Tazón, Guarenas o La Guaira. Todo, excepto Caracas. Lo mismo sucede con la Venezuela 2.0, donde se generaliza lo que se lee en las redes, pero ésa tampoco es Venezuela. Me niego a creer que sea una muestra de cómo actúa y siente el resto del país.

En la Venezuela 2.0 encontramos extremos: desde las más nobles actitudes de generosidad, como en el caso de conseguir y donar remedios para alguien que los necesite, hasta los insultos más denigrantes. A esa Venezuela histérica me quiero referir. A esa Venezuela que descalifica sin pruebas, acusa irresponsablemente, agrede, atropella, ofende.

Recientemente leí un tuit de un autodenominado “doctor” (mi papá siempre me aconsejaba huir de esos personajes que se auto alaban) denostando de Henrique Capriles con una visceralidad que me llamó la atención. Henrique Capriles es, sin que me queden dudas, una de las personas que más ha dado por el país, aún a costo de su salud, seguridad y vida privada. Fue quien evitó una masacre el año 2013, porque no llamó a la gente a salir a la calle a reclamar el triunfo en las elecciones. Hizo bien: Capriles no tenía todas las actas, porque no tuvo testigos en todas las mesas como le había asegurado su comando de campaña. Entonces, ¿cómo iba irresponsablemente a pedir a la gente que saliera a la calle, peor aun conociendo el grado de malandraje de quienes detentan el poder?

Pero no sólo es en contra de Henrique Capriles. Es en contra de todo aquel que por una razón u otra se destaque. No les alaban los logros, pero la forma de restregarles los errores es vergonzosa. No ahorran en calificativos y siempre encuentran algo peor que decir. Sin embargo, contrastan sus epítetos en contra de los opositores, con los que usan en contra del gobierno: son mucho peores los primeros. No sé por qué razón.

En esa Venezuela 2.0 se pasa de héroe a villano y de villano a héroe en un abrir y cerrar de ojos. No importa cuánto ni cómo se haya resteado una persona por una causa, un comentario lanzado a la ligera por cualquier irresponsable –muchas veces anónimo- la puede sumir en un mar de escarnio hasta que caiga otra víctima a quien destrozar.

¿Qué nos ha pasado a los venezolanos que caímos en esa vorágine que tanto nos lesiona? De ser los hermanos de la espuma, de las garzas, de las rosas y del sol, pasamos a ser los cófrades de la inquina, la rabia, los agravios y la maldad. Ciertamente hay quienes se merecen los insultos y las descalificaciones por el daño moral y material que le han hecho al país, pero otros, no. Lo más insólito es que los mayores improperios van dirigidos no a los mayores destructores, sino a quienes han luchado contra ellos. Llamar “cómplice” de delitos a una persona es una acusación grave que no debería hacerse si no se tienen todas las evidencias que la incriminan. Pero no, en la Venezuela 2.0 se dice de todo, se denuesta de todo, se cree todo.

Yo estoy segura de que vamos a salir de esta situación que tanto nos agobia. De lo que no estoy segura es con qué tipo de sociedad vamos a contar para la reconstrucción del país. Si la que se va a imponer es esa histérica 2.0, podemos volver a caer en algo incluso peor de lo que ya hemos vivido. Si ésa es la sociedad que se impondrá a la generosa y amplia, mejor paso y gano…

@cjaimesb