En la historia de los pueblos siempre han existido falsos revolucionarios y mamarrachos, individuos ridículos, fantoches que dicen mentiras y cosas estrafalarias.
En la historia de la humanidad han sido muchos los que desde el poder planificaron la muerte de sus adversarios. En el caso de Venezuela, en el siglo XX tuvimos dictaduras de Juan Vicente Gómez y de Marcos Pérez Jiménez que asesinaron, encarcelaron, torturaron y exiliaron a unos pocos valientes que se atrevieron a enfrentarlos, a quienes consideraron podían poner en peligro a sus gobiernos.
Disparar apuntando con un ojo en la mira está pasado de moda. Lamentablemente, nos inclinamos por disparar desde la cintura. No lo practicamos para imitar a los famosos pistoleros Doc Holliday o a Hickok y tener más probabilidad de liquidar al enemigo, sino para adelantarnos en dar una noticia no comprobada o para interpretar determinado suceso sin disponer de toda la información.
Maduro y sus compinches están dispuestos a hundirse con tal de mantenerse unos días más en el poder. Son los kamikazes del siglo XXI. Los japoneses morían con pena, pero con cierta gloria. Quienes persisten en mantener al derrotado Maduro, morirán políticamente con él, sin pena, ni gloria
Todas las dictaduras han tenido cómplices, por acción u omisión, que les han permitido sostenerse. Desde el siglo XX a la fecha hemos tenido las de Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cada una con sus características y complicidades.