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Análisis de entorno: El venezolano está negado a que el chavismo se quede como solución estable

Artículos de opinión
Tiempo de lectura: 8 min.

El tablero político del país ha entrado en una fase de presión abierta donde las variables previas de estabilidad relativa carecen de vigencia práctica. Ante una crisis tridimensional —humanitaria, institucional y emocional—, los tiempos de espera tradicionales se han agotado, obligando tanto a las fuerzas internas como a la comunidad internacional a evaluar el costo real de sostener indefiniciones estratégicas en un entorno de alta volatilidad.

Tres escenarios actualizados

La transición política ha dejado de ser un proceso lineal y predecible para adentrarse en una dinámica de tensión abierta. Los factores que han caracterizado los últimos meses —el reacomodo en la industria de los hidrocarburos, la amnistía política, la presencia operativa y militar de los Estados Unidos y la movilización civil— continúan estando presentes, pero ahora operan en un ecosistema donde la catástrofe del terremoto y la pérdida del miedo han elevado de forma exponencial el costo de la ambigüedad.

Escenario A: institucionalización con ascenso de MCM — 45% de probabilidad

La transición deja de girar alrededor de la administración del chavismo residual y empieza a ordenarse en torno a una institucionalización acelerada, con MCM convirtiendo su capital social en conducción efectiva y en eje de reorganización política. Estados Unidos asume que la ventana para una ambigüedad prolongada se cerró y adapta su esquema para acompañar una salida con cronograma, garantías mínimas y reencuadre del poder real.

En este escenario, la emergencia no congela la democratización, sino que la vuelve más urgente. La reconstrucción pasa a ser un instrumento de legitimación institucional y no una caja de supervivencia para el viejo aparato.

Escenario B: renovación autoritaria debilitada — 10% de probabilidad

Este escenario baja de probabilidad. La idea de un chavismo reacomodado, con mejoría económica relativa, control del aparato y tolerancia internacional, pierde fuerza porque el terremoto hizo demasiado visible la desconexión entre poder y sociedad, mientras la pérdida de miedo eleva el costo de sostener una fachada de apertura sin transformación real.

Puede haber intentos de reciclaje autoritario, pero ya no como salida dominante, sino como maniobra defensiva y transitoria. Su límite es que está negado que el chavismo se quede como fórmula estable: o sube MCM en clave de institucionalización, o sube el pueblo en clave de levantamiento.

Escenario C: levantamiento popular con ruptura de control — 45% de probabilidad

El terreno está polarizado en un 90% de probabilidad combinada entre una salida institucional liderada por la oposición o un desborde autónomo de las calles, dejando apenas un 10% a una estabilización del esquema actual.

La presión social, el trauma, la indignación por la respuesta estatal, la represión contra rescatistas y periodistas, y la ausencia de una salida política suficientemente rápida empujan a una fase de levantamiento más abierto. MCM puede actuar como factor de conducción, pero la calle adquiere una autonomía mayor y obliga a todos los actores a reaccionar sobre hechos consumados.

Este escenario ya no debe verse como extremo, sino como uno de los dos desenlaces principales del momento. Su fuerza aumenta precisamente porque el escenario de renovación autoritaria perdió espesor y porque el país ya no procesa la crisis como resignación, sino como agravio acumulado.

La novedad principal de esta nueva versión es la reponderación de escenarios. El escenario de renovación autoritaria debe bajar claramente, e inclusive adelantar la salida de Delcy Rodríguez, lo cual significaría que saltaría el fusible 2 (el fusible 1 fue Maduro), quedando Diosdado en una resistencia violenta que no resistiría mucho tiempo.

Mientras el de institucionalización y el de levantamiento popular deben quedar en un plano similar de probabilidad, porque ambos responden a las dos energías reales del momento: la búsqueda de conducción política y la disponibilidad creciente de la sociedad para desbordar el miedo.

Dicho de forma directa: está negado que el chavismo se quede como solución estable. La definición pasa por dos rutas posibles: o se impone una salida encabezada por MCM con algún grado de institucionalización, o se impone la calle como fuerza desencadenante de una ruptura más abrupta.

La respuesta del poder y el factor María Corina Machado

En este contexto de emergencia, el despliegue operacional de Diosdado Cabello y de la Fuerza Armada adquiere un significado decisivo para la lectura del poder real. La percepción dominante en la sociedad no es la de un Estado enfocado en el rescate, ordenamiento o protección de las víctimas, sino la de una maquinaria concentrada prioritariamente en custodiar sus propios centros de detención, sus espacios de coerción y sus activos materiales estratégicos.

El hostigamiento activo contra rescatistas independientes, periodistas y redes de voluntarios de la sociedad civil en las zonas más afectadas refuerza la tesis de que el núcleo del chavismo residual prioriza su supervivencia y blindaje antes que el auxilio de la nación.

Esto demuestra que la estructura oficialista ya no actúa bajo una lógica de repliegue táctico, sino como un dispositivo defensivo que, ante una tragedia de proporciones nacionales, prefiere defender su sistema de infundir miedo antes que reconstruir su legitimidad por la vía del servicio público.

Esta conducta modifica la ecuación política tradicional, la cual históricamente se estructuraba de forma asimétrica: el régimen concentraba el aparato, la renta y las armas, mientras la oposición detentaba la legitimidad social, pero carecía de fuerza institucional.

Dicha asimetría ha comenzado a resquebrajarse debido a la pérdida del miedo ciudadano, la visibilidad internacional y el profundo deterioro moral del aparato represivo, factores que reducen el margen para mantener una transición congelada o indefinida.

Es aquí donde el retorno y el peso simbólico de María Corina Machado (MCM) adquieren una relevancia crucial. Su figura combina la presión social desde abajo con la interacción en tiempo real entre el liderazgo civil, la protesta callejera y la tutela militar externa.

Si MCM logra traducir exitosamente esa legitimidad social en una conducción política efectiva, integrándose activamente en la planificación y ejecución de tareas de rescate y reconstrucción, el escenario de una institucionalización democrática ganará densidad estructural; de lo contrario, la energía popular acumulada ante la precariedad y el agravio podría desbordar las intermediaciones políticas tradicionales, derivando en un levantamiento abierto y autónomo.

El dilema estratégico de los Estados Unidos

La aproximación original de Washington hacia el caso venezolano estuvo diseñada bajo criterios de estabilización pragmática: asegurar el flujo petrolero, administrar el vacío institucional, mitigar riesgos regionales y dosificar el ritmo de la transición.

No obstante, la combinación del terremoto y la quiebra de la obediencia pasiva en la sociedad civil obligan a una revisión profunda de sus planes. Mientras las consecuencias del sismo empujan a la Casa Blanca a priorizar la logística, el financiamiento y el control de daños, la pérdida del miedo social presiona en sentido opuesto, acelerando la demanda de definiciones políticas nítidas y reduciendo la tolerancia hacia la continuidad del chavismo residual.

La tensión estratégica para los tomadores de decisiones en los Estados Unidos es evidente e implica valorar dos rutas divergentes:

  • Por un lado, la opción de mantener el apoyo y la interlocución con Delcy Rodríguez y su círculo ofrece ventajas tácticas inmediatas, tales como la preservación de un canal de mando dócil y reconocible, la continuidad de las licencias petroleras y la capacidad de supervisar la reconstrucción mediante una intensa tutela político-técnica (asimilable a un esquema de "estado 51" de facto). Sin embargo, este camino acarrea un costo reputacional y moral altísimo, vinculando a Washington con una estructura criminal y represiva que depende del "aguijón" de Cabello, con el riesgo inminente de quedar del lado equivocado de la historia si se produce un estallido social.
  • Por otro lado, un respaldo irrestricto al retorno de María Corina Machado alinea de forma coherente la política exterior estadounidense con la fuerza de mayor legitimidad ciudadana en el país, permitiendo transformar la reconstrucción nacional en una plataforma sólida de reinstitucionalización democrática respaldada por un gran Plan Marshall.

El inconveniente de esta postura radica en la inevitable fricción inicial que generaría con el núcleo armado del chavismo, la posibilidad de enfrentar una escalada represiva a corto plazo y la necesidad de asumir costos adicionales en materia de seguridad, protección y coordinación política en una fase inicial de alta inestabilidad.

Conclusión y esquema operativo

El realismo informado exige reconocer que cualquier fórmula de permanencia chavista estabilizada carece de consistencia en el entorno actual. La comodidad estratégica que ofrece el esquema tutelar con Delcy Rodríguez representa, en el fondo, el principal riesgo de aislamiento y fracaso a largo plazo; mientras que la incomodidad de apoyar abiertamente la legitimidad propia de MCM constituye el costo inevitable para alcanzar una solución estructuralmente sólida.

Entonces, en resumen, los temas que hay que tomar en cuenta son:

  • El agotamiento de la zona gris: Está completamente negado que el chavismo residual pueda sostenerse como una solución estable o una fachada de apertura sin transformación real, reduciendo las opciones del segundo semestre a dos pulsos centrales: institucionalización o levantamiento
  • La reponderación de escenarios estratégicos: El escenario de una renovación autoritaria exitosa ha perdido probabilidad real, situando en un plano prioritario y de similar viabilidad tanto la transición democrática conducida por el liderazgo civil como la posibilidad de una ruptura abrupta por la autonomía de la calle
  • La prioridad de supervivencia del régimen: El núcleo duro del poder ha demostrado que ante la catástrofe su prioridad no es la salvación ni la reconstrucción del país, sino el ocultamiento, la coerción y el blindaje de sus sistemas de control material y penitenciario
  • La paradoja de la ayuda y la tutela de EEUU: Washington debe resolver la contradicción entre la administración corta y cómoda que provee el entorno de Delcy Rodríguez bajo una lógica de anexión tutelar, y la aceleración de una definición política junto a MCM, la cual exige mayor tolerancia al riesgo inicial, pero garantiza sostenibilidad democrática a largo plazo
  • La autonomía de la presión popular: La pérdida del miedo no implica que la sociedad civil haya conquistado el poder, pero sí que la fractura de la obediencia pasiva altera de forma irreversible la relación entre las calles, las cúpulas militares y la comunidad internacional.

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