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Ellos ven socio, nosotros vemos continuidad

duda y lupa
Tiempo de lectura: 9 min.

Vitrina

Estados Unidos acaba de responder una pregunta que nadie le hizo y que, sin embargo, define el futuro inmediato de Venezuela: ¿con quién quiere hablar, a quién quiere sostener y sobre quién está dispuesto a olvidarlo casi todo? La respuesta tiene nombre y apellido: Delcy Rodríguez.

El reconocimiento formal de su gobierno como única autoridad legítima de Venezuela no solo entierra definitivamente la figura de la Asamblea Nacional de 2015, sino que también opera como una suerte de “blanqueo político” de quien fue uno de los rostros más visibles del desmontaje institucional, la destrucción económica y la represión en los últimos años.

Lo que está en juego no es solo un cambio de interlocutor diplomático, sino que es el inicio de una nueva etapa del régimen: un chavismo 3.0, recargado, más presentable hacia afuera, pero con la misma vocación de control hacia adentro.

La salida de Maduro ya había abierto el tablero y, en los hechos, favoreció a los Rodríguez. Ahora, la posibilidad de que Diosdado Cabello quede marginado o reducido en su poder interno convierte a Delcy en la aspirante natural al mando absoluto de la revolución bolivariana. La imagen es clara: donde antes teníamos un triángulo de poder (Maduro, Cabello, y en menor medida, Rodríguez), hoy el vértice que mira a Washington se llama Delcy.

Desde la lógica de muchos venezolanos, esto es un insulto doble:

  • Por un lado, a la justicia, porque quienes contribuyeron a la ruina del país no solo no pagan por sus actos, sino que son premiados con visado diplomático, alfombra roja y reconocimiento jurídico internacional
    • Por otro lado, a la idea de transición que se nos había vendido, durante años, que la presión externa y las sanciones tenían como objetivo justamente forzar una salida del chavismo, no su reciclaje
    • Primero, estabilidad: un país fracturado, sin mando claro, con facciones armadas compitiendo por territorios y rentas, es un riesgo para toda la región.  Delcy ofrece algo que a Diosdado y a muchos otros no se les reconoce, y es la capacidad de articular al Estado, negociar, firmar compromisos y cumplirlos al menos mínimamente y en forma favorablemente sesgada. Es el tipo de figura a la que se le puede decir: “Esto es lo que espero de ti en petróleo, seguridad, migración y alineamiento geopolítico”, y esperar que responda razonable y convenientemente bien
    • Segundo, orden sobre democracia. Para muchos venezolanos, la prioridad es una transición verdadera: elecciones limpias, justicia, instituciones creíbles, y alternancia. Para Washington, la prioridad inmediata pasa por otra lista: flujo estable de crudo, contención de la influencia rusa, china y cubana, y manejo de la migración. En ese esquema, una transición rápida y genuina puede ser vista como un riesgo, porque se abrirían interrogantes críticos: no se sabe quién gana, ni qué hace, ni si podrá gobernar. En cambio, un chavismo 3.0 con Delcy al frente, ofrece algo más predecible: autoritarismo administrado, reformas cosméticas, apertura económica selectiva y un relato de “cambio” que se puede vender en foros internacionales sin tocar el corazón del poder.
    • Tercero, un interlocutor fuerte antes que un sistema plural. Mientras la oposición democrática está fragmentada, desgastada y sin control sobre la fuerza real, Delcy concentra resortes institucionales y se proyecta como la llave de acceso a todo lo que importa: contratos, activos externos, arbitrajes, concesiones energéticas. Allí hay otra capa de “blanqueo”: cuanto más indispensable se vuelve para cerrar acuerdos y garantizar negocios, más difícil resulta imaginar un escenario en el que sea juzgada o desplazada. El reconocimiento de hoy es también un seguro político para mañana.
    • Decorado democrático: Estados Unidos reafirma “respaldo a la oposición democrática” y se fotografía con MCM para mantener narrativa de defensa de la democracia, aunque la hoja de ruta operativa esté en manos de Delcy
    • Válvula de presión: MCM sirve para recordarle al chavismo que hay costos si cruza ciertas líneas (represión, fraude, bloqueo total), y justificar sanciones selectivas cuando convenga
    • No es la protagonista del acuerdo: Trump ha dicho que duda de su capacidad para liderar una transición y la ha dejado fuera del diseño central del nuevo esquema, priorizando a Delcy como gestora del proceso
    • Mensaje hacia la base opositora: “No los abandonamos, pero tampoco les entregamos el timón”. Foto, reuniones, declaraciones… pero sin darle el poder de decisión sobre el rumbo
    • Efecto Cocuyo: Estados Unidos reconoce formalmente a Delcy Rodríguez como jefa de Estado interina de Venezuela.
      • El Departamento de Estado de Estados Unidos notificó al tribunal de Nueva York, que lleva el caso contra Nicolás Maduro, que reconoció formalmente a la encargada del régimen chavista, Delcy Rodríguez, como jefa de Estado de Venezuela.La declaración responde a una solicitud judicial del 12 de enero de 2026 en varios casos civiles y penales que involucran a Venezuela, como demandas por terrorismo, violaciones a derechos humanos y reclamos sobre activos de Pdvsa.
      • El reconocimiento busca facilitar una transición gradual hacia un gobierno elegido democráticamente, e incluye «salvedades»: Washington mantendrá escrutinio estricto sobre transacciones con el gobierno interino y conservará herramientas como la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para presionar por reformas
    • EFE: Hay 508 presos políticos en Venezuela en medio de un proceso de amnistía, según ONG Foro Penal
    • Monitoreamos: María Corina Machado intercambia saludos con mandatarios latinoamericanos en la investidura de Kast. El Nacional: María Corina Machado asistió al almuerzo oficial tras investidura de José Antonio Kast
    • El Nacional: María Corina Machado se reunió con el rey Felipe VI tras la investidura de Kast en Chile. La líder opositora agradeció al monarca por su solidaridad con la causa democrática venezolana. Ambos coincidieron en la toma de posesión presidencial en el Congreso chileno, en Valparaíso.
    • AP. Irán amenaza a su población con dispararles si se levantan contra el régimen: “serán enemigos”.
    • Cinco Días: La AIE acuerda liberar 400 millones de barriles en la mayor intervención de reservas de petróleo de la historia. El acuerdo para liberar reservas no aplaca el nerviosismo del mercado y el petróleo sube un 4,8%, hasta los 92 dólares.
    • QuéVenezuela “crece” al 8,6%, pero el salario de la gente se encoge llevando a una “recuperación sin consumidores”. Venezuela acumuló 51,9% de inflación en solo dos meses de 2026, con alimentos y comunicaciones entre los rubros que más suben, mientras el BCV presume 19 trimestres de crecimiento y un PIB que aumentó 8,66% en 2025. Dejando a la vista el contraste entre un relato oficial de “bonanza” y el deterioro silencioso del poder de compra de familias y pequeñas empresas, que deben lidiar con costos crecientes (alimentos, servicios, comunicaciones) sin un marco claro de protección de ingresos ni reglas de juego estables para planificar precios y salarios.
    • Ni que el petróleo sube, pero la panadería de la esquina sigue al borde: la recuperación que no baja a la calle. Analistas prevén que la economía venezolana podría crecer entre 9 y 10% este año impulsada por el sector energético, con proyecciones de producción petrolera de hasta 1,2 millones de barriles diarios y mejores condiciones de comercialización. Se celebra el boom petrolero, pero casi nadie pregunta cómo se traducirá en crédito, infraestructura, seguridad jurídica y demanda estable para el pequeño empresario y el comercio minorista, que aún operan con baja formalización, incertidumbre tributaria y débil capacidad de consumo en los hogares.
    • O que nos preguntamos qué ve Estados Unidos que nosotros no vemos; y tal vez la pregunta correcta sea otra: ¿qué está dispuesto Estados Unidos a no ver con tal de tener petróleo, orden y un interlocutor obediente en Caracas? Mientras los venezolanos sueñan con una transición, Washington parece haber firmado con Delcy un contrato de servicio: “tú me garantizas estabilidad y recursos, yo te garantizo tiempo y reconocimiento”. El reloj de la transición, por ahora, lo está marcando la Casa Blanca, no la calle venezolana. Se mantiene un equilibrio inestable: Delcy lleva la cara internacional y la economía; Diosdado conserva músculo armado, colectivos y aparato de miedo. ​ Estados Unidos apuesta a moderar a Delcy y aislar a Cabello, pero el costo interno es más represión selectiva y manipulación de reformas, alargando la transición indefinidamente.
    • Tampoco que Delcy va consolidando poder sin Diosdado, quien está siendo progresivamente desplazado, procesado simbólicamente o enviado a una “jubilación dorada”, mientras Delcy concentra institucionalidad, recursos y legitimidad externa. ​ Se pactan algunas reformas, elecciones controladas y liberaciones selectivas de presos políticos, suficientes para que la comunidad internacional hable de “apertura”, pero sin desmontar el control hegemónico sobre CNE, FANB y justicia. Sólo si el chavismo percibe que su supervivencia depende de abrir el juego y compartir poder real, podría negociarse una transición “lenta”: reformas constitucionales, garantías para cuadros clave, espacios limitados para oposición y sociedad civil. A corto plazo, este escenario luce lejano, pues la combinación de reconocimiento internacional, flujo de recursos y control interno le da a Delcy incentivos para quedarse y administrar, y no para irse.

Sin embargo, la señal de Washington va en otra dirección: el problema no es el sistema, sino que es el formato. El mensaje es: “Podemos convivir con el chavismo, siempre que venga en versión actualizada y más manejable”.

La pregunta entonces se vuelve inevitable: ¿qué está viendo Estados Unidos que no vemos nosotros? O, quizá más incómodo aún: ¿qué está dispuesto Estados Unidos a no ver con tal de asegurar sus intereses?

Desde la mirada de la Casa Blanca, la ecuación es fría:

¿Dónde nos deja esto como país? En un punto incómodo: con o sin Diosdado, el “plan” de Delcy parece ser quedarse en el poder; no como administradora de transición, sino como núcleo de poder. Y cuanto más se consolide su rol como puente entre la revolución y Estados Unidos, más lejos quedará la posibilidad de una transición verdadera, entendida como ruptura real con el modelo que nos trajo hasta aquí.

El temor es que se perfila algo diferente: una larga administración del daño, envuelta en un discurso de estabilización y “normalización”, mientras se reordenan las alianzas internacionales y se reconstruye lo suficiente para que el país funcione, pero no tanto como para que la sociedad sea políticamente autónoma.

Entonces, más que preguntarnos qué ve Estados Unidos que nosotros no vemos, tal vez debamos formular la pregunta al revés: ¿qué vemos nosotros que a Estados Unidos no le interesa ver? Vemos las colas en los hospitales, los salarios que no alcanzan, las cicatrices de la represión, el éxodo que vacía barrios y familias, el miedo que todavía decide qué se dice y dónde.

Vemos que una cara nueva al mando del mismo aparato no es transición, sino continuidad sofisticada. Y vemos, sobre todo, que la verdadera transición no vendrá como regalo ni de la Casa Blanca ni del Palacio de Miraflores.

La idea central que se va perfilando es que mientras Washington firma un contrato con Delcy para asegurar petróleo y estabilidad, millones de venezolanos siguen esperando un contrato distinto: uno que les ofrezca dignidad, justicia y futuro.

El riesgo es que, en nombre de la “normalización”, se cierre la ventana histórica de una transición auténtica y se consolide un chavismo 3.0 hecho a la medida de los intereses externos. La gran tarea, desde la sociedad, será no confundir el cambio de relato con el cambio de sistema. Porque hoy, nos guste o no, el reloj de la transición lo está marcando la Casa Blanca, pero el costo lo sigue pagando, minuto a minuto, la gente en Venezuela.

En paralelo, el apoyo simbólico de Estados Unidos a MCM podría leerse como pieza de equilibrio, y no como apuesta real a que gobierne; sería una especie de ficha de presión simbólica sobre Delcy y de contención de la frustración opositora.

Claves para interpretarlo

El apoyo a MCM en este momento, es más un tranquilizante moral que un proyecto de gobierno; Washington la muestra, pero negocia en serio con Delcy. Porque, hasta para los americanos de Trump-Rubio-Dogu, está claro que Delcy representa todo lo malo y MCM todo lo bueno.

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13 de marzo 2026

https://www.elnacional.com/2026/03/vitrina-ellos-ven-socio-nosotros-vemos-continuidad/