Hace un par de años, seguía muy de cerca la DANA en Valencia (España). Mi hermanita y mi sobrino la habían sufrido, habían quedado damnificados. En medio de esa angustia, encontré una frase en valenciano que le atribuyen a Antonio Machado: "Només el poble salva al poble". Solo el pueblo salva al pueblo. En ese momento resonó en mí como una verdad profunda, pero no imaginaba que poco después la viviría en carne propia, en mi tierra, en mi Universidad.
Entonces vino el doblete sísmico. Dos terremotos, uno de 7.2 y otro de 7.5, con apenas 39 segundos de diferencia. El tiempo suficiente para que el suelo se abriera, para que los edificios se vinieran abajo, para que la vida de tantos cambiara para siempre. Y mientras las noticias confirmaban lo peor, en la UCV ya estábamos en movimiento.
Los estudiantes de la FCU anunciaron un centro de acopio. Y arrancaron. Pero lo que nadie esperaba era la respuesta del país entero. Venezuela tiene absoluta confianza en sus universidades, pero sobre todo en la UCV. Y las donaciones desbordaron el espacio de la FCU. Miles de voluntarios llegaron para recibir, ordenar, sistematizar y despachar. No había suficiente espacio, pero sí suficiente corazón.
El Anatómico se habilitó. El Instituto de Medicina Tropical abrió sus puertas para recibir insumos médicos y medicinas. Estudiantes y profesores del instituto, pero también de la Facultad de Farmacia, se apersonaron. Los médicos fueron a los hospitales. Otros bajaron a La Guaira a atender pacientes. La UCV se sostenía, nos sostenía y, sobre todo, sostenía a este país en medio de la crisis.
Las autoridades asumieron su rol de coordinación. Muchos estudiantes bajaron a La Guaira o estuvieron en Caracas levantando escombros, buscando a sus compañeros, sin más herramientas que un pico y una pala y la determinación más grande de la historia. Los de la escuela de artes resolvieron crear cojines, bolsos y más con la ropa que no podía ser entregada. La escuela de trabajo social, junto con sus egresados, ubicó refugios y centros de acopio, sistematizando información vital. Desde el jueves después de los terremotos, un grupo de profesores y estudiantes de distintas escuelas empezó a ubicar, recibir y sistematizar la información de los ucevistas desaparecidos, fallecidos y damnificados. Un trabajo durísimo, emocionalmente agotador, pero necesario.
Los estudiantes y profesores de computación desarrollaron los sistemas que se necesitaban: uno para reportar desaparecidos, fallecidos y localizados; otro para sistematizar de manera mucho más eficiente los insumos que entraban y salían del centro de acopio. La escuela de idiomas modernos convocó a sus traductores y egresados para que pusieran sus conocimientos al servicio de la crisis, traduciendo a los rescatistas internacionales que llegaron de todas partes del mundo. Los ingenieros se organizaron y dictaron talleres exprés para la evaluación de estructuras, saliendo a la calle a evaluar edificios y viviendas, ayudando a la población a conseguir sosiego con información calificada en una jornada titulada SOS Ingeniería.
La facultad de Medicina, además de tener a sus estudiantes y médicos atendiendo, creó una línea de Telemedicina para ayudar a desconcentrar los centros de salud. Los chamos de robótica (de la escuela de física) consiguieron alrededor de 25 antenas de Starlink y las ubicaron en sitios estratégicos para poder comunicar las zonas de difícil acceso. Se montó un centro de acopio y de atención primaria en la Escuela de Medicina José María Vargas. Los psicólogos se organizaron y bajaron a La Guaira, hicieron conferencias online y trabajaron en los primeros auxilios psicológicos. La escuela de trabajo social montó un chatbot para esos mismos primeros auxilios.
Los exdirectores de COPRED se convocaron y respondieron para evaluar la Ciudad Universitaria. Estudiantes de arqueología ayudaron a cuadricular los murales evaluados. Y algo que me conmovió profundamente: a los murales fracturados les pusieron gasas como mecanismo de contención. Nos estamos conteniendo. Los muros y las personas.Estudiantes de antropología forense están de voluntarios en el Senamecf. La directora de la escuela, una dura en antropología forense, está metida de cabeza en La Guaira identificando víctimas del doblete sísmico. También están los estudiantes de la maestría de restauración ayudando al COPRED con la evaluación de las obras de arte de la Ciudad Universitaria. Los ingenieros del IMME coordinan las revisiones de edificios afectados. El cafetín de FaCES nos ayudó cocinando para los voluntarios. Y no digamos quienes están siendo entrevistados: al menos dos tercios de los expertos en las diferentes áreas son ucevistas.
Y no solo los que estábamos aquí. Los egresados, allende nuestras fronteras, también se organizaron. Desde el exilio, desde la distancia, recolectaron insumos, gestionaron viajes de rescatistas, consiguieron amigos en el terreno y nos mandaron el dinero recolectado para comprar medicinas, insumos, higiene menstrual y todo lo que hiciera falta. La UCV no tiene fronteras. Donde haya un ucevista, hay un hermano tendiendo la mano.
Y los bomberos universitarios. Si no lo saben, son absolutamente voluntarios, no reciben sueldo. Y ahí estaban, bajando a La Guaira, metiéndose entre los escombros, arriesgando su vida sin más recompensa que la de servir. Pero no solo los de Caracas: los del campus Maracay también estuvieron en Turmero, donde las réplicas y el derrumbe también dejaron heridas, y trabajaron arduamente, sin descanso, sin pedir nada a cambio. Sin preguntar, sin dudar.
Y los veterinarios, y los estudiantes de veterinaria, también estuvieron ahí. Porque los animales también sufrieron el terremoto, también quedaron atrapados, también necesitaron atención, y ellos no dudaron en darla. En la escuela de agronomía, mientras tanto, se hicieron más de 500 arepas diarias para donar a voluntarios y damnificados. Porque el hambre no espera y el calor de una arepa recién hecha también es una forma de abrazar.
Hay profesores llamando a sus estudiantes. Aquí estamos, respondiendo según las necesidades. Estamos sosteniendo al país en medio de este desastre.
Es un buen momento para estar orgullosos de ser ucevistas. Somos, estamos y seguiremos. Porque somos más viejos que la república. Y cierro este texto con una frase de nuestro himno:
Alma Mater: Abierto Cabildo donde el pueblo redime su voz.
"Només el poble salva al poble." Solo el pueblo salva al pueblo. Y ese pueblo, hoy, tiene el nombre de la Universidad Central de Venezuela.