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Agradecimiento, amistad y consideración sí, pero sumisión no

libertad
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Con los Estados Unidos (USA) tenemos un agradecimiento enorme y debemos tener amistad, consideración y hasta generosidad, pero de allí a entregarnos a su mandato y ser sumisos a él NO, por más que nos obliguen a serlo. 

Sin lugar a ninguna duda el hecho que el Presidente Trump, mediante su despliegue de fuerza, haya sacado a Maduro del poder y llevárselo preso y en juicio, compromete seriamente nuestra gratitud, y que nos ayuden para que la transición a la democracia se realice sin mayores inconvenientes y si es posible, hasta la estabilidad integra, igualmente lo estimamos en altísimo grado y pienso además que el nuevo gobierno debe atender las peticiones racionales y aceptables que el norte nos formule. 

Pero de allí a entregarnos a su designio para que USA disponga de nuestra política, de nuestra economía y seguramente querrá también de nuestra cultura, hay un trecho nada fácil de ignorar, sea por entrega o a la fuerza es algo que debemos tener muy en cuenta.

Cuando nosotros no decidamos sobre lo que nos pertenece, habremos perdido la libertad, la soberanía y el derecho a auto determinarnos, aunque ello sea a tiempo determinado, que con seguridad no seremos nosotros los que lo determinaremos.

Ratifico que creo firmemente que con USA debemos tener una relación muy cordial y si se quiere generosa hasta donde podamos llegar, pero todo ello dentro de nuestra independencia y autonomía como pueblo soberano que somos.

No salimos de un sometimiento para caer en otro, aunque el otro sea mucho mejor y nos haga favores. La libertad, la independencia y la auto determinación no tienen precio para un pueblo que viene de más de veinte años de sometimiento criminal, ni tampoco podemos entregarlos para pagar favores por muy altos que sean.

Planteo estas inquietudes con el deseo, entre otros, de despertar opiniones, porque cuando se trata del sagrado y más alto interés nacional todos estamos llamados a tener, aunque sea una palabra.

No planteo desconocer la realidad, que nos sacaría de la tierra, solo preservar lo que por siempre nos corresponde y estamos obligados a sostener.