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Mariana González de Tudares

Artículos de opinión
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Mariana González de Tudares, hija de Edmundo González, nuestro Presidente, tiene a su esposo, Rafael Tudares, detenido desde enero del año pasado. Ella acaba de declarar que asistió al arzobispado católico de Caracas, entiendo para que esa sede intercediera ante las autoridades en favor de la libertad de su esposo, encarcelado sin ninguna razón y para su asombro e inmensa preocupación, se encontró que el Arzobispo organizó una trampa donde le dijeron a Mariana que si quería la libertad de su esposo era bueno que intercediera ante su padre para que renunciara a la presidencia de la República y se abstuviera de actuar en política; igual petición, dice Mariana, le formularon en otras sedes oficiales. 

Esta denuncia que desesperada, preocupada y valientemente hace Mariana tiene la inmensa gravedad que viene de un alto pastor de nuestra Iglesia Católica, que debemos suponer es justo y defensor de la verdad muy lejos de la injusticia y de lo impensable por contrario a nuestra Fe y enseñanzas de Jesús de Nazareth. Será que este Obispo perdió la “chaveta” y se convirtió en el rey de las llamas, se pasó a las tinieblas. No existe ninguna razón para que un católico actúe como lo hizo el Arzobispo, menos él que, en autoridad de gobierno, está en el plano segundo, después del PAPA en la jerarquía eclesiástica. Este Arzobispo si por su condición sacerdotal y de pastor debía estar cerca del cielo, creo que con este deleznable gesto se aparta, no sé si definidamente, de la divinidad.

Un sacerdote católico, además de bautizado, debe tener Fe íntegra e inconmovible, recta intención, costumbres beneficiosas, poseer virtudes, para ejercer debidamente su condición de pastor. Por lo desgraciado y extremadamente muy lamentable ocurrido, creo que esos requisitos los tiene muy lejos el Arzobispo de Caracas y ello lo distancia de su condición sacerdotal. Los católicos nos sentimos humillados y sorprendidos por la conducta nunca imaginada de este señor, pero ,a pesar de todo, le ruego a Dios tenga misericordia de él a la hora del juicio.

Me da mucho asombro, preocupación y pena expresarme en estos términos de un alto jerarca de mi religión, pero estimo mejor soportar el dolor que quedarme callado.

Que un ciudadano cualquiera se preste para una jugada de esa estirpe es condenable, que lo haga un alto prelado de la iglesia católica es verdaderamente inconcebible y contrario a la Fe sagrada que profesamos.