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Opinión

Jesús Elorza G.

Kenia, es la cuna de los mejores atletas de larga distancia del mundo. Por caminos de tierra, entre animales salvajes y a más de 2.000 m de altitud entrenan algunas estrellas como Eliud Kipchoge, el único hombre en romper la barrera de las dos horas en maratón o la atleta Brigid Kosgei, que tiene en su poder el actual récord femenino del mundo de maratón, con un tiempo de 2 horas y 14 minutos. En cantidad podemos señalar que, de los 5.517 atletas que han bajado alguna vez de 2h 16m 30s en maratón, 1.523 son kenianos, y 583 etíopes, sus vecinos del valle del Rift, que dieron vida al primer mito del maratón, Abebe Bikila.

En Kenia hay tantos atletas de fondo con talento que hay muchos métodos posibles para destacar siendo el más resaltante los “training camps”, centros de entrenamiento donde se vive para entrenar: se come, se duerme y se entrena (en ocasiones hasta tres veces al día). Se puede acceder a ellos pagando o por invitación y los más famosos son los que están a manos de las marcas deportivas o de los managers. Estar dentro de uno de ellos da derecho a entrenamientos guiados y, dependiendo del nivel del campo, material deportivo, tratamientos de fisioterapia, control médico y viajes a las competiciones y otros muchos extras.

En Iten, en Eldoret o en Kaptagat, esos campos que los turistas europeos o estadounidenses o japoneses visitan para pasar un par de semanas, vivir la vida ascética del corredor de fondo y acumular experiencias, miles de atletas kenianos se entrenan duramente para vivir del atletismo. Los crean, organizan y dirigen managers y agentes, en su mayoría europeos —Gianni Demadonna, Federico Rosa, Jos Hermens...—, que los preparan para que compitan todo el año, por todo el mundo. Son verdaderos hoteles con zonas de entrenamiento. Tienen todos los servicios. Son un lujo en un país tan pobre.

Sin embargo, llama la atención que en Kenia, conocida hoy en día como el pulmón del maratón mundial, no hay prácticamente semana en la que la Unidad de Integridad del Atletismo (AIU), la agencia independiente de lucha antidopaje en el atletismo, no informe de que uno o varios maratonianos kenianos han dado positivo. Marius Kipserem, Diana Kipyokei, Betty Wilson Lempus, Ibrahim Mukunga, Kenneth Kiprop Renju, Mark Kangongo o Philemon Kacheran son algunos de los nombres publicados en los últimos meses.

Kipserem, ganador del maratón de Rotterdam en 2016 y 2019, dio positivo por EPO, un producto que pocos se arriesgan a utilizar ya. Igual que Diana Kipyokei, ganadora del maratón de Boston en 2021, por el corticoide triamcinolona. Por su victoria percibió 150.000 dólares. Kacheran, suspendido tres años por testosterona, es uno de los mejores amigos de Eliud Kipchoge, con quien se entrena en Kaptagat.

A pesar, de los esfuerzos de las agencias antidopaje existentes hoy en día, queda en evidencia que la mayoría por no decir la totalidad de las personas sancionadas por el uso de sustancias prohibidas son los atletas y se pasa por alto a otros personajes o sectores que pudiesen estar involucrados en los casos de dopaje. Cabe preguntarse si existe o no responsabilidades en el personal médico que atiende a los atletas, en los entrenadores, en los gerentes que, administran o trabajan en esos campos de entrenamiento que bien pudieran llamarse hoteles de dopaje en el caso keniano.

A menudo se considera el dopaje como un delito cometido por una persona y a título individual. Sin embargo, la realidad es que un atleta que toma sustancias ilícitas que mejoran el rendimiento, no es más que una pieza dentro de una red delictiva más amplia.

Algunos de los medicamentos no permitidos en el deporte se encuentran en cualquier farmacia, pero la mayoría circula en el mercado negro y, principalmente, en Internet, que sin ninguna restricción ofrece todo tipo de sustancias.

Ninguna de estas drogas dice en sus empaques que son prohibidas para el deporte, todas tienen uso médico y son empleadas por pacientes que sufren, por ejemplo, de insuficiencia cardíaca, problemas con el crecimiento, hipertensión arterial, jaquecas, migrañas, entre otras afecciones.

Las sustancias dopantes se clasifican en seis grupos: los estimulantes, que mejoran la circulación y la respiración (atletismo, natación, ciclismo, triatlón); los esteroides anabólicos, que incrementan la masa, la fuerza y la potencia muscular (atletismo, fisiculturismo, pesas, judo, karate); los narcóticos analgésicos, para controlar el dolor (boxeo, judo, karate); los betabloqueadores, para elevar la concentración (tiro, billar, bolos); los diuréticos, que ayudan a bajar de peso y a diluir orinas (boxeo, equitación, ciclismo, lucha, fútbol americano) y las hormonas, que son inyectadas para aumentar los glóbulos rojos en la sangre y el crecimiento de músculos y huesos (ciclismo, atletismo, fisiculturismo, triatlón). Además de las sustancias, también hay métodos ilegales, como el dopaje sanguíneo o el dopaje genético que podría ser el más difícil para detectar.

La victoria en los deportes puede ser muy estimulante y/o lucrativa, lo que aumenta la motivación de los jugadores y de quienes los rodean para consumir estas sustancias. El uso de drogas para mejorar el rendimiento viola el espíritu del juego limpio y representa un problema significativo para la salud, por los efectos adversos que puede generar en quien las consume.

 4 min


EL TIEMPO

Después de seis años sin que los presidentes de Colombia y Venezuela sostuvieran un encuentro, Gustavo Petro y Nicolás Maduro sostuvieron un encuentro en el palacio de Miraflores, en Caracas, Venezuela.

La cumbre, a la que asistieron altos funcionarios de ambos países, se llevó a cabo pocos días después de la reapertura de la frontera entre ambos países. Y es clave para lo que se viene, como que el país vecino regresará a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y la recuperación de la frontera, que se abriría completamente el 1 de enero.

El mandatario colombiano fue recibido en el aeropuerto de Maiquetía por la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez. De inmediato se trasladó a Caracas y, al llegar al palacio de Miraflores, sede de la Presidencia, le esperó con honores militares el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Primero, los jefes de estado sostuvieron un almuerzo; luego se concentraron en su reunión privada que duró más de dos horas.

Seguido a esto, dieron una alocución en la que compartieron los temas claves del diálogo binacional: el regreso de Venezuela a la CAN, la recuperación de la frontera y el acuerdo conjunto en la defensa del Amazonas en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se desarrollará la próxima semana en Egipto.

Maduro expuso que la reunión fue fructífera y que pudieron abordar diferentes temas de cooperación bilateral: “Somos dos países que tenemos una marca en la historia para la hermandad y el entendimiento. Nuestro destino común está entre nuestros pueblos”. Y en ese sentido calificó como una buena noticia el regreso a la CAN.

“Estamos obligados a trabajar por el bien común de Colombia y Venezuela. Conversamos sobre los nuevos pasos hacia una cobertura comercial, el fortalecimiento de la comunidad de estados americanos, el fortalecimiento del tratado amazónico y de llevar una posición conjunta a la COP 27”, agregó.

Y concluyó diciendo que fue “un primer encuentro fructífero con buenos resultados y en lo que resta de año habrá buenas noticias para ambas poblaciones”.

Seguido a esto, el presidente Gustavo Petro agradeció a los presentes y expuso: “Aquí estamos para recomenzar un camino que es difícil y que hay que andar: todo inicia por recuperar la frontera que está en manos de la mafia y de las organizaciones criminales”.

Petro también expresó que en la reunión hablaron de los problemas internos hasta las situaciones más complejas del mundo: “Es antihistórico que Colombia y Venezuela se separen (…) alguna vez ocurrió, pero no debe volver a pasar porque lazos de sangre nos unen”, inició diciendo.

“Vamos a vivir una nueva fase que debe generar una verdadera integración americana en la práctica, en los hechos. Nos ayudaremos en una lucha humanitaria: la defensa y recuperación de la selva amazónica como un pilar fundamental para la existencia humana”, agregó. Además, destacó la importancia de la Comunidad Andina y dijo que instará a Chile, Ecuador, Bolivia y Perú para que acepten a Venezuela como miembro con todos sus derechos y deberes. “Queremos que Venezuela se integre también al Sistema Interamericano de Derechos Humanos”, afirmó el jefe de Estado colombiano.

Explicó que la región debe vincularse “al pueblo y poder alumbrar un nuevo siglo para gritar democracia y libertad, esa nuestra invitación (…) Gracias por estas horas y seguiremos en estas discusiones, debates y encuentros de una hermandad que nunca debió ser quebrada”.

Según los presidentes, esta cita selló un nuevo inicio entre Colombia y Venezuela después de “seis años de vacío político en la relación”.

El último encuentro de Maduro con un mandatario colombiano fue el 11 de agosto del 2016 con Juan Manuel Santos en Puerto Ordaz (Venezuela).

Petro y Maduro se comprometieron a seguir trabajando hacia la integración total de Caracas con la comunidad internacional. Para este objetivo, pactaron trabajar conjuntamente en diversas áreas, como la economía, el comercio, la migración y la seguridad binacional, entre otras.

Las carteras de defensa de ambos países también se reunirán para combatir el narcotráfico y luchar, especialmente, contra la banda criminal ‘Tren de Aragua’.

El lavado de activos y el control del paso fronterizo, asimismo, se trabajarán de forma binacional.

Si bien se habló de más puntos por abordar, hubo especial énfasis en el fortalecimiento de la cooperación entre la filial de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) en Colombia, Monómeros, y la petroquímica venezolana Pequiven.

Ambos gobernantes, tras el encuentro, emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su “alta complacencia”.

2 de noviembre 2022

eltiempo.com

https://www.lapatilla.com/2022/11/02/el-tiempo-lo-que-quedo-de-la-cumbre...

 3 min


Provea

Presentación del Informe Especial

Venezuela es un caso de estudio en las facultades de economía de las universidades del orbe.

Nuestro país, según diversas estimaciones, podría detentar la tercera caída más fuerte del PIB en la historia del capitalismo.

En tan funesto ranking, nuestra nación destaca por no haber sufrido ningún enfrentamiento bélico, ni guerra civil, ni una invasión militar.

Los otros dos países en el mismo podio sufrieron devastadoras conflagraciones (Liberia y Kuwait). La crisis en Venezuela no sólo estuvo exenta de combates armados, lo cual ya la convierte en un caso atípico, sino que la recesión fue precedida del auge rentístico petrolero más largo de nuestra historia.

Nadie se explica cómo se pudo caer tanto, y tan rápido. El meollo de la crisis es indispensable abordarlo muy brevemente en este trabajo.

Decimos: fugazmente, porque el estudio a realizar busca entender el devenir del: salario, el poder adquisitivo real y lo que podría ser el proceso de destrucción de condiciones de reproducción biológica a través del trabajo, más profundo en la historia global del último siglo.

De las múltiples aristas que se desprenden de esta cuestión, nos vamos a concentrar en los aspectos económicos fundamentales, dejando para otros investigadores ámbitos importantes que se escapan de nuestras capacidades, como los culturales y los relativos a la educación y a la salud.

En este ensayo tendremos como importante baza, el complejo entramado jurídico de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC), que dentro de sí incluyen los derechos a la alimentación, a la vivienda adecuada, a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la participación en la vida cultural, al agua y saneamiento, y al trabajo.

Todos los derechos humanos, ya sean civiles y políticos o económicos, sociales y culturales, están interrelacionado. Por ejemplo, las personas que no saben leer ni escribir suelen tener más dificultades para desarrollar todo su potencial que las que sí pueden encontrar trabajo o participar en la actividad política.

La malnutrición y el hambre son menos probables allí donde los individuos pueden ejercer efectivamente su derecho al voto e influir en las prioridades del gobierno.

Los DESC se encuentran reconocidos en el Pacto Internacional de los DESC, adoptado por los Estados parte del Sistema Universal de Derechos Humanos en el año 1966 (en vigor a partir de 1976) y ratificado por Venezuela en 1978.

La tarea a emprender requiere el volumen de un libro muy robusto. En esta ocasión haremos síntesis de los aspectos más interesantes que se desprenden de la investigación que hemos venido realizando.

También nos vamos a permitir formular algunas ideas en pro de la recuperación del poder adquisitivo y de los DESC (enfocados únicamente en la dimensión económica) conculcados.

La lucha política efectiva debe basarse en el conocimiento, es decir, la organización de la acción que conoce su potencialidad de transformación social, al entender las formas que despliega el desarrollo de las relaciones sociales que ahí se construyen.

Sólo la incesante construcción de conocimiento con potencialidades transformadoras puede dirigir la acción ciudadana que erija las bases que permitan sacar al país de una de las crisis más fuertes en la historia y recuperar la mancillada dignidad del trabajo.

31 de octubre 2022

https://provea.org/publicaciones/informe-especial-hiperinflacion-y-ausen...

El informe completo se incluye como anexo

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Javier Solana

“Esconde tu fuerza, espera tu momento”

Con esta frase, Deng Xiaoping establecía las bases estratégicas – el gradualismo, la flexibilidad ideológica y la discreción – del imparable ascenso económico del país asiático tras la muerte de Mao Tse Tung. Casi cincuenta años después de la presidencia de Deng, el estatus de China como potencia económica ya no es objeto de debate.

Los sucesores de Deng centraron su atención en el crecimiento económico, mientras China mantenía un perfil bajo a nivel internacional. A pesar de las incógnitas sobre el tercer mandato de Xi Jinping, ha quedado patente que en el concepto de la ‘revitalización de la nación china’ que promulga el actual mandatario chino no cabrá la discreción geopolítica.

Xi Jinping afronta su tercer mandato, que sin duda será ratificado durante el XX Congreso Nacional del Partido Comunista Chino que se está celebrando a lo largo de esta semana, en un momento delicado. Según Oxford Economics, la economía china crecerá aproximadamente en torno al 4.5 por ciento al año durante la próxima década, con una bajada del 3 por ciento de crecimiento económico anual para la década que empezará en el año 2030. Los datos de crecimiento económico de China en las últimas cinco décadas, que en numerosas ocasiones superaban el diez por ciento, pasarán a ser cosa del pasado.

Ante este escenario, no sería improbable asistir a una convergencia entre los datos de crecimiento económico de China y EE. UU., un acontecimiento que no ocurría desde 1976, el año de la muerte de Mao Tse Tung. Sin ir más lejos, hace unas semanas el Banco Mundial revisaba los datos de crecimiento de China para este año a un 2,8 por ciento, tan solo tres décimas por encima de la previsión del mismo organismo para la economía estadounidense.

En las últimas décadas, una parte importante del pensamiento occidental sobre China se ha centrado, acertadamente, en la necesidad de integrar al gigante asiático en la comunidad internacional para que su rápido ascenso económico fuese pacífico. En las próximas décadas, la comunidad internacional tendrá que prepararse para un escenario en el que las cifras de crecimiento del PIB de China no vayan más allá de un crecimiento moderado, incluso bajo.

Además, China asiste a un resquebrajamiento de su pacto social como consecuencia de las grandes desigualdades que ha generado su espectacular crecimiento económico. Aunque Xi Jinping quiera atajar este problema, quedará por ver cómo puede llevar a cabo su programa de ‘prosperidad común’ (common prosperity) sin que afecte demasiado a su principal fuente de legitimidad social, el crecimiento económico, o al espacio que tenga el sector privado para seguir participando en el desarrollo económico del país.

La salud de la economía global depende en gran medida de la salud de la economía china, y de su apertura comercial. El Puerto de Shanghái, el más grande del mundo en cuanto a volumen de comercio anual, ha estado parado durante meses como consecuencia de las políticas de cero-COVID, lo que ha resultado en una caída del PIB de la provincia de Shanghái de un 13.7 por ciento.

Durante este siglo, China no va a querer comportarse como un mero espectador de la coyuntura internacional. Los acontecimientos más recientes – como la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái en Samarcanda, en la que Putin se vio obligado a reconocer las ‘preguntas y preocupaciones’ de China respecto al conflicto en Ucrania – fueron un necesario recordatorio del papel que quiere jugar China en el orden internacional del siglo XXI.

Xi Jinping ha sido claro en su voluntad de que China sea un participante activo en la conformación de un nuevo orden internacional. Al fin y al cabo, es cierto que el actual sistema gobernanza global es una creación de los países que conformaban Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, que fundaron instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y que establecieron la primacía del dólar en la economía global.

Como argumenta Kevin Rudd, en su último libro The Avoidable War, China quiere participar en la creación de las normas globales que van a regir el orden internacional del siglo XXI. Aunque está por ver cómo pretende China reescribir estas normas, lo cierto es que difícilmente el orden internacional liberal surgido del final de la Segunda Guerra Mundial podrá perdurar sin modificaciones.

Más allá del próximo mandato de cinco años, resulta difícil predecir cuánto tiempo permanecerá Xi Jinping como presidente. Sin embargo, vistos los acontecimientos más recientes – como la tercera resolución emitida recientemente por el Partido Comunista Chino, en la que se eleva el estatus histórico de Xi al nivel de Mao Tse Tung y de Deng Xiaoping – una presidencia indefinida de Xi Jinping al frente del Partido no resultaría inverosímil.

Xi Jinping tiene sentido de misión histórica que podría ser catastrófico. En aras de asegurar su legado en la historia del Partido Comunista, Xi no esconde sus intenciones de ‘recuperar’ Taiwán. Sobre este asunto, es crucial que tanto China como EE. UU. sigan manteniendo las líneas de interacción diplomática abiertas para evitar ulteriores escaladas.

Las relaciones entre China y EE. UU. serán determinantes para el transcurso del siglo XXI. Su capacidad para hacerlo dependerá no sólo de las ambiciones geopolíticas de Xi, sino también del futuro político de Estados Unidos. Tras el Congreso del Partido Comunista, para tener una imagen más completa de la dirección que tome el siglo XXI, tendremos que esperar a las elecciones de medio mandato en EE. UU. que se celebrarán en unas semanas, y que pueden servir de termómetro de la salud política de la democracia estadounidense. También podrían tener un impacto significativo en el futuro de las relaciones sino-americanas.

Un decoupling entre las economías de Estados Unidos y China sería catastrófico para ambos países, por lo que es imperativo evitar ese escenario. Mientras que la salud política y económica de China y EE. UU. es fundamental para la gobernanza global, abordar problemas globales como el cambio climático será imposible sin la cooperación de ambas potencias. Si queremos construir un nuevo orden global adecuado a los retos del siglo XXI, deberán prevalecer la cordura y la sensatez.

21 de octubre 2022

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/china-xi-jinping-new-intern...

 5 min


Jesús Abreu Mena

Un viejo conocido retornará a la presidencia en Brasil a partir de enero de 2023. Luis Inácio Lula Da Silva, de 77 años, quien ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el pasado 31 octubre, volverá al poder gracias a la que se considera una resurrección política que era impensada hasta hace tres años, cuando el líder del Partido de los Trabajadores (PT) salió de la cárcel en noviembre de 2019 luego de pasar 580 días tras las rejas, condenado por cargos de corrupción.

Lula se impuso a Jair Bolsonaro, el gobernante de ultraderecha que aspiraba a la reelección, al obtener 50,9% de los votos válidos (60.345.999 voluntades) frente a 49,1% (58.206.354 voluntades).

La victoria de Lula en las elecciones más reñidas de Brasil desde el retorno de la democracia en 1985 completó una configuración del mapa geopolítico de la región en la que predominan gobiernos de tendencia socialista izquierdista, como en Argentina, Chile, Colombia, Perú y Bolivia.

En Venezuela, un país conocido por Lula quien durante sus mandatos consecutivos como presidente de Brasil, de 2003 a 2010, fue uno de los principales aliados del entonces presidente Hugo Chávez, está por verse cómo se desarrollará la nueva etapa de relaciones que defina la administración del líder sindical carioca.

Contexto diferente

El gobernante Nicolás Maduro adelantó que en conversación telefónica con Lula, tras su victoria electoral, acordaron retomar la agenda binacional de cooperación, una relación signada, entre otras cosas, por el paso de la constructora brasileña Odebrecht y el mecanismo de corrupción de esa empresa en territorio venezolano.

Un contexto político venezolano distinto, en el que destacan investigaciones por crímenes de lesa humanidad y señalamientos contra el propio Maduro, entre otros aspectos geopolíticos y regionales, condicionarán la relación entre Lula y el gobernante venezolano, de acuerdo con los internacionalistas Luis Peche y Félix Arellano consultados por El Pitazo.

En agosto, en la dinámica electoral de Brasil, al referirse a Venezuela, el político carioca dijo que unas elecciones libres y la alternancia en el poder son lo más deseable para el país.

«Tenemos que tratar a Venezuela con respeto, siempre queriendo que Venezuela sea lo más democrática posible», dijo Lula el 22 de agosto citado por la agencia de noticias Reuters.

Designaciones y señales

La aspiración de Lula para volver a la presidencia contó con el apoyo de diversas personalidades políticas y culturales de Brasil, como el respaldo que manifestó el político socialdemócrata Fernando Enrique Cardoso, expresidente brasileño.

De acuerdo con Arellano, las designaciones y nombramientos de Lula para su próximo gabinete serán un factor que debe considerarse para tratar de anticipar la orientación que tendrá su administración.

El analista internacional considera que Lula será más cauto y menos radical con respecto a su relación con el oficialismo en Venezuela y en particular con Maduro, pues entre otros elementos, la presencia de su compañero de fórmula y vicepresidente, Geraldo Alckmin, un político de centro y exgobernador de Sao Paulo, obligan a Lula a ser prudente.

«Visualizo a Lula con una postura cercana a la de Petro, sin un apoyo absoluto y mecánico, obligado a ser prudente porque no es el Lula del pasado aunque lo ayudó el pasado», refirió Arellano vía telefónica.

Peche, por su parte, considera que la postura de Lula ante el conflicto político venezolano será similar a la manifestada hasta ahora por el mandatario argentino Alberto Fernández.

«Puede llegar a ser una posición que ha sido más de solidaridad y de apoyo, tomando en cuenta que Lula ya tuvo dos periodos en el poder, en lo cuales formó parte de una coalición como el Foro de Sao Paulo. No creo que haya una denuncia de un nivel como el de Boric, quien sí ha exigido mejoras en cuanto a derechos humanos», agregó el internacionalista vía telefónica.

Arellano vaticina como probable que Lula designe un embajador de renombre para los asuntos vinculados con Venezuela para así «bajar las aguas en Miraflores sin ir mucho más allá».

Acercamiento entre naciones

Las relaciones diplomáticas entre Brasil y Venezuela, que no están rotas, comenzaron a deteriorase con el mandatario Michel Temer, quien en 2017 impulsó la salida de Venezuela del Mercosur. A esa situación se le sumó, en 2019, el reconocimiento de Bolsonaro al líder opositor Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

«No va a haber un show con grandes declaraciones, como en el pasado, porque a Lula no le conviene en lo interno ni en lo externo», dijo Arellano.

La situación de los DD. HH. en Venezuela y la relación de Brasil con Estados Unidos serán determinantes en el condicionamiento de la relación entre Lula y Maduro, según Arellano.

La victoria de Lula no solo fue motivo para que el oficialismo en Venezuela manifestara sus expectativas, la oposición que constituye la Plataforma Unitaria Democrática solicitó a la que será la nueva administración brasileña que mantenga la consistencia en las políticas de apoyo y solidaridad a los migrantes venezolanos que, de acuerdo con los últimos cálculos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), totalizan 365.387 venezolanos en suelo brasilero.

2 de noviembre 2022

El Pitazo

https://elpitazo.net/politica/que-implica-para-venezuela-el-retorno-de-l...

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Humberto García Larralde

Para muchos venezolanos la recuperación de la economía del país pasa irremediablemente por el petróleo. El bienestar que aspiramos restaurar más temprano que tarde, fue hechura, en buena parte, de lo que deparó en el pasado nuestra principal industria. Alimentó una visión económica y política que identificaba nuestra fortuna como venezolanos con los avatares del crudo criollo en el mercado petrolero internacional.

Esta idea se remarcó con la prédica de muchos políticos que rivalizaban por posiciones de poder durante la democracia: ¡somos un país rico, por lo que no debemos limitar nuestros horizontes! A pesar de la ignorancia de la mayoría respecto al manejo real de la industria –pocos han estado en un campo petrolero o visto de cerca al crudo—se cimentó la confianza de que, en última instancia, contábamos con el respaldo petrolero para nuestras aspiraciones de vida. En cierta medida y aunque fuese de manera inconsciente, nuestra particularidad como venezolanos la asociamos con el petróleo.

Hoy proporciona en muchos una sensación de seguridad de que, más temprano que tarde, habremos de superar el terrible bache en que nos encontramos. Pero la condición de salvavidas del petróleo venezolano, inmutable en la mente de tantos, ha experimentado últimamente cambios no desestimables que trastocan estas expectativas. Veamos lo que dicen algunas noticias recientes.

Una de ellas señala dos nuevos descubrimientos petroleros en el bloque Stabroek que explota la ExxonMobil frente a las costas de Guyana[1]. Con ello suben a 30 sus descubrimientos en ese yacimiento, llevando a esa empresa a alardear sobre la rapidez con que amplía sus operaciones ahí. Si bien sus dos primeros proyectos sólo han alcanzado los 360 mil barriles diarios, ExxonMobil confía en que, para finales de la década, su producción llegará al millón de barriles/día.

Dos cosas nos deberían concernir al respecto. En primer lugar, sobre ese bloque costa afuera Venezuela reclama soberanía, siendo parte del área en disputa por nuestro cuestionamiento al Laudo de 1899 que falló a favor del Reino Unido. Como sabemos, se dirime actualmente en la Corte Internacional de Justicia, a petición de Guyana. El destino de esta explotación se verá afectado, por tanto, por lo que ahí se decida. Pero si resulta favorable a Guyana y la ExxonMobil logra cumplir ahí con sus expectativas, el vecino país desplazaría la posición de la que tradicionalmente disfrutaba Venezuela como suplidor confiable de petróleo a EE.UU.

Se dirá que el país del norte es ya prácticamente autosuficiente y que la producción venezolana es el doble de la guyanesa en la actualidad, pero lo que importa aquí es la velocidad con que se desarrolla la explotación del crudo en esta parte del mundo, las garantías asociadas y lo que ello implica en cuanto a la confiabilidad como proveedor futuro a los países occidentales.

La capacidad de Venezuela de competir favorablemente en este ámbito pasa por atraer para el sector una sustancial inversión extranjera. El saqueo de que ha sido objeto PdVSA en manos chavo-maduristas y el deterioro de sus capacidades productivas la anulan como competidor en los mercados externos. ¿Y qué puede decirse de nuestra aspiración a atraer inversión privada? Un reporte de Reuters asegura que de las 44 compañías extranjeras que tenían empresas conjuntas con PDVSA, ocho transfirieron o cedieron su participación a partir de 2018, renunciando al cobro de lo que le adeuda la empresa estatal. Total y Equinor acaban de tirar la toalla en la región deltana. Otras siete ya se fueron y 15 proyectos están inactivos (aunque las sociedades, técnicamente, se mantienen) [2]. Se cansaron de tanta indolencia. Las condiciones imperantes bajo la gestión actual en absoluto favorecen a estos inversionistas. La producción nacional de crudo, en consecuencia, se estancó en torno a los 700.000 barriles diarios.

Para mayor desconcierto, el régimen acaba de suspender su acuerdo con las empresas Repsol y ENI para exportar petróleo a Europa y cobrarse, así, lo que se les adeuda. Tal acuerdo se debe a la dispensa de EE.UU. de las sanciones que impuso al comercio de petróleo venezolano, con miras a paliar la posible escasez de crudo en el viejo continente derivada de las sanciones a Rusia por su criminal invasión a Ucrania.

Por otro lado, la expectativa de un arreglo similar con Chevron, para que esta empresa exporte producción suya a EE.UU., cobrándose sus deudas, no da visos de concretarse. Es decir, el deseado rescate de la producción petrolera venezolana por la inversión extranjera, para volver a ser un actor importante en los mercados mundiales, parece cada vez más remoto. Al respecto, el presidente de la Chevron advirtió que la recuperación de su producción en Venezuela tardaría “meses y años para comenzar a mantener y restaurar campos y equipos y cambiar cualquier actividad de inversión”.[3]

En el plano global, el informe del World Energy Outlook correspondiente a 2022 asevera que la severa crisis energética desatada por la agresión imperial rusa a la vecina Ucrania estaría impulsando con más ímpetu la transición hacia energías renovables en los países europeos, Japón y EE.UU[4]. Si bien se acrecientan las alarmas por el incumplimiento de las metas acordadas por la mayoría de estos países en la contención de gases invernadero y por la expectativa de consecuencias aún peores del cambio climático, la emergencia bélica estaría provocando ahora –paradójicamente-- una respuesta más contundente.

Pareciera que las previsiones agoreras de los científicos y la acentuación de los desastres climáticos alrededor del mundo han logrado forjar, aunque tardíamente, una conciencia más comprometida con la disminución, cuanto antes, del uso de combustibles fósiles. Para el bien de la humanidad, ojalá así sea. Pero para Venezuela, representa un desafío crucial.

Es obvio que, de tener estos esfuerzos el éxito deseado, la demanda por combustibles fósiles, en particular, por petróleo, comenzará una tendencia sostenida a bajar en un futuro no muy lejano. Nuevos desarrollos como los de Guyana y las urgencias de Rusia por conquistar mercados que compensen los que habrá de perder en Europa, amén el interés de Irán (y de Venezuela) de recuperar sus niveles históricos de producción, implicarán una mayor competencia por un espacio que se estanca y empezará a estrecharse.

Parece asomarse una fecha de cierre de la ventana que les queda a los países petroleros por aprovechar sus recursos. Pero para Venezuela, quizás apenas se abra. Tanto por el marco institucional que rige el sector, la fuga de talentos y de personal calificado, el deterioro de las instalaciones y la ruina de PdVSA, Venezuela luce, hoy, muy mal preparada para salir airosa de esta contienda. A su favor cuenta con que una parte importante de costos fijos ya están invertidos, quizás más los referidos a los intangibles de la información y prospección de nuestra geología.

Es menester, entonces, contar con un plan cabal para el rescate del sector, que contemple el marco institucional requerido, estrategias promisorias de desarrollo, recuperación y repotenciación del sector conexo, de la mano de obra e incentivos para instrumentar tecnologías de captura y almacenamiento de carbono, para hacer de Venezuela un destino atractivo para los inversores extranjeros.

Es obvio que Maduro y compañía no están en condiciones –ni tienen el interés—de generar la confianza sobre la que tendría que descansar una estrategia como ésta. Lamentablemente, sin el músculo que representaría una industria petrolera repotenciada, será muy difícil conseguir los tan necesitados préstamos foráneos para atender la emergencia humanitaria, la insuficiencia de los servicios, el saneamiento del Estado y la reestructuración de nuestra cuantiosa deuda. Venezuela no es el único país ávido de fondos de la banca multilateral. Es imperativo, entonces, lograr el desplazamiento del chavo-madurismo cuanto antes. Olvídense, si no, de cualquier ilusión de “salvavidas” petrolero para nuestro futuro bienestar.

[1] https://oilnow.gy/featured/breaking-exxon-makes-two-more-discoveries-off...

[2] https://www.reuters.com/business/energy/venezuelas-oil-partners-head-exi...

[3] https://monitoreamos.com/destacado/chevron-advirtio-que-recuperacion-de-...

[4] https://iea.blob.core.windows.net/assets/c282400e-00b0-4edf-9a8e-6f2ca65...

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Fernando Mires

¿Por qué hay seres humanos que apoyan a Putin?

Es un dictador implacable, no respeta derechos humanos, manipula la información, la prensa, la radio, la televisión, gobierna sin ningún control, no se debe a nadie ni a nada, manda asesinar a sus opositores reales y potenciales, su poder reposa sobre la base de una oligarquía de millonarios corruptos, de agencias secretas, de un ejército cuyas tropas son reclutadas en zonas marginales, y de una secta “cristiana” estatal, un tirano que persigue no solo a enemigos políticos sino también a enemigos sexuales, intelectuales y religiosos, un asesino que ha cometido las más horrendas masacres del siglo XXl en Chechenia, Georgia y Siria y hoy invade y masacra a los habitantes de una nación europea jurídica y políticamente constituida como Ucrania, violando todos los acuerdos y convenciones internacionales, llevando a cabo algo que solo monstruos como Hitler y Stalin hicieron: elegir como blanco a la población civil, sobre todo a mujeres, ancianos y niños.

Y sin embargo hay seres humanos que aquí, en pleno Occidente, apoyan a Putin. Más todavía: hay gobiernos que lo apoyan. O lo que al fin es casi lo mismo: lo relativizan. En Europa son en su mayoría de derecha, en América Latina, en su mayoría, de izquierda (escribo derecha e izquierda sin comillas).

EL SER DEL NO-SER

“Criminales de guerra de segunda mano” denominó con justificada ira el legendario poeta y cantautor alemán Wolf Biermann a quienes proponen no enviar más armas a Ucrania con la ilusión de que después Putin los dejará vivir tranquilos. De un modo más objetivo los podemos ver como una parte de una revolución antidemocrática dirigida en contra de los principios y valores que algunos llaman democracia liberal, y otros simplemente democracia, a secas. Una ola antidemocrática que avanza hacia todo el Occidente político, a veces bajo la forma de antimodernidad, otras, como antinorteamericanismo, y casi siempre, como antioccidentalismo. Su forma más radical y cruel de expresión es el putinismo.

¿Cómo se llega a ser putinista? Esa fue la pregunta que me llevó a pensar en las relaciones que se dan entre el ser humano y sus representaciones (no solo) políticas. En efecto, nadie nace putinista como tampoco nadie nace demócrata. Se llega a serlo. El putinismo, como muchas otras opciones políticas es un llegar a ser, y las razones para llegar a serlo pueden ser múltiples y variadas.

Al fin y al cabo, en la vida casi todo lo que somos es porque hemos llegado a serlo. Un ser en sí mismo, es decir, alguien que es, y no un llegar a ser, no existe a escala humana. Solo a escala divina. En la Biblia la voz de Dios fue muy clara cuando al presentarse ante el atónito Moisés, desde la sarza ardiendo, dijo: Yo soy el que soy. Eso es justamente lo que no puede decir ningún ser humano. A diferencias del Ser de Dios, el del humano ha llegado a ser en el tiempo. Pues Dios, si existe, no tiene tiempo (de otra manera no sería Dios) Él, según toda teología, es el tiempo y a la vez está más allá del tiempo. Nosotros en cambio somos un siendo que llega a ser. Ser en el tiempo – esa es según Heidegger la condición humana - implica, por lo tanto, aceptar la posibilidad del ya no ser, ya sea parcialmente en la propia vida, ya sea después de la muerte.

Recuerdo que una vez, siguiendo su impulso feminista, Simone de Beauvoir escribió: “no nacimos mujeres, llegamos a serlo”. No hablaba, claro está, en un sentido anatómico sino de la incorporación de la mujer a roles cultural y socialmente asignados como femeninos. Anatómicamente se nace mujer u hombre (no hay una tercera posibilitad), quería decir de Beauvoir, pero social y culturalmente, no. Podríamos extender el ejemplo a muchas actividades que nos definen como lo que somos, ya sea por determinaciones de orígenes, ya sea por identidades adquiridas en el curso de la vida.

El ser es lo que cada uno ha llegado a ser en su vida y cada uno es, por eso, muchas cosas a la vez. Nadie se identifica con un ser puro sino con un ser formado en distintos ámbitos de la existencia, ya sea en las profesiones, en el estado civil, en la nacionalidad, en la adhesión a determinadas creencias, valores, ideas, ideologías, intereses. Cada uno de nosotros es portador de diversas identidades y esas no son idénticas entre sí. Y bien, esas identidades son las formas del ser en la vida.

Así como en cada uno habitan distintas formas de ser (formas del Ser, diría un heideggeriano) la vida en sociedad supone la coexistencia de diversas formas grupales de ser, vale decir, de grupos que se identifican entre sí por la adhesión a una determinada cultura, o religión, o política. Por eso Michael Walzer deducía que la llamada sociedad moderna debe ser multicultural (luego, multireligiosa y multipolítica) o no ser. Esas formas de ser conforman nuestras identidades, y a la vez cada uno es definido ante los demás en la escena pública a la que pertenece la política. En ese sentido podríamos diferenciar dos tipos de identidades (o modos de ser). A unas las llamaremos sólidas y a las otras, menos sólidas (para no decir líquidas como Sygmunt Baumann)

IDENTIDADES DEL SER

Hasta la primera mitad del siglo XX en Occidente, y hoy en naciones no democráticas, primaban las identidades sólidas (o inalienables). Entre estas últimas, las nacionales, las religiosas, las ideológicas, y por supuesto, las sexuales. Algunas de esas identidades conservan todavía su solidez originaria, pero lentamente sus tendencias son las de convertirse en identidades relativas.

Podemos cambiar de nacionalidad, de religión, de ideología, y en materia sexual, no asumir la condición anatómica con la cual llegamos al mundo, sino la representación mental de nuestro sexo. Por eso hoy se habla del género como algo diferente al sexo.

El sexo es inalienable, nacemos con sus dispositivos, y solo hay dos sexos. Hombre o mujer. El sexo anatómico, a no mediar una operación quirúrgica, es definitivamente inalienable. O como decía un reaccionario tuitero -también los reaccionarios tienen a veces razón- "es difícil que un hombre pida hora a un ginecólogo". El género, en cambio, así nos enseñan los militantes de los movimientos de género, es la representación mental del sexo. El sexo mental, o de género, es intercambiable. Más aún, en algunos casos es optativo. Eso significaría, siguiendo una ruta que va desde Platon a Freud, somos no solo lo que somos sino lo que creemos que somos.

Para los ayatolas, para Putin, para Orban, para Erdogan, la sexualidad genital debe corresponder exactamente con la sexualidad mental, pero para un gobernante democrático ambas sexualidades pueden ser sumatorias y, por lo mismo, legalmente aceptables. Así se explica por qué para los primeros el Occidente político es visto como un espacio de-generado.

De más está decir, en Occidente hay sectores que comparten la racionalidad anti-occidental, como a la inversa –lo estamos viendo hoy en Irán- hay multitudes de jóvenes de otras latitudes culturales que adhieren a la occidental. Estamos en medio de una lucha político cultural a fuego cruzado, una que tiene lugar en diversas naciones del globo.

Ahora, cuando son varios los que comparte similares representaciones mentales, la tendencia lleva naturalmente a su asociación incluyendo en ellas a las más aberrantes (pienso inevitablemente en los movimientos “anti-vacuna”). Una sociedad, para pensar de nuevo con Walzer, sería entonces un conjunto de asociaciones cuyos miembros participan de una comunidad de representaciones mentales, las que elevadas al plano de la política pueden llegar convertirse en ideologías, vale decir, en sistemas organizados de representaciones colectivas. Por eso existen ideologías de clase, ideologías nacionalistas, ideologías de género, y muchas más.

En fin, como occidentales podemos renunciar a nuestras identidades originarias e intercambiarlas por otras adquiridas. Lo que no podemos, o tal vez, no debemos, es renunciar a tener identidades. Sin identidades dejamos de ser alguien. Eso quiere decir, reiteramos, que el ser no se sostiene sobre sí mismo sino sobre su forma o modo de ser. Esa también esa la razón por la que personas que portan identidades precarias son las que más se aferran a las pocas que tienen, hasta el punto de intentar convertirlas en identidades sólidas, o duras, inseparables e irrenunciables.

Me atrevería a decir incluso que existe una tendencia predominante a transformar identidades optativas en identidades sólidas. Hay un ejemplo que podría ser ilustrativo. Me refiero al de los hinchas de fútbol. Para un seguidor del Barca, por ejemplo, sería más fácil cambiar de nacionalidad, de religión o de sexo, que convertirse en un hincha del Real. En el fútbol, una identidad que debería ser suave, convertida en identidad dura, es inofensivo (aunque a veces no tanto). Pero cuando esas identidades adquieren una solidez religiosa, nacionalista, racista, clasista, o de género, vale decir, excluyente con respecto a todas las demás identidades, ha llegado la hora de hacer sonar las alarmas.

¿Cuáles son las pre-disposiciones psíquicas o las encrucijadas biográficas o los golpes de la mala suerte que llevan a un ser humano a convertirse en fascista, estalinista o putinista? No lo sabemos. Pueden ser muchas. Lo que sí sabemos es que no son intrínsecas, sino adopciones de un ser que para ser necesita ser algo frente a sí mismo, y por cierto, frente a los demás. Sin esas adopciones, por más negativas que sean, irrumpen las fuerzas del no-ser. La psicología nos habla de depresión, de melancolía, y últimamente, de disforia: Un muy buen término.

DISFORIA POLÍTICA

El ser disfórico es el que no ha logrado insertar en sí una representación adecuada a su ser. Es el “desganado”, el que no encuentra sentido y razón a su existir y, por lo mismo, en caso extremo, el que puede llegar a pensar que ya no es. Por esa misma razón, cuando encuentra, o le es ofrecida una representación, suele abrazarla con pasión, o con una euforia que no es más que el otro polo de su disforia.

Aunque suene cínico decirlo: Un fascista, un estalinista, un putinista, es un ser que ha encontrado una “razón de ser” la que, por más detestable que nos parezca, lo protege frente a la monstruosa soledad de ser nada. Su representación mental, convertida en ideología, los salva de su disforia. Incapaz de pensar, ha decidido ser pensado por su ideología, la que para que sea efectiva, debe obedecer a un principio de programación simple.

Me explico: a diferencias de las ideas, las que al ser permanentemente pensadas no son garantías para sustentar ninguna identidad, las ideologías son construcciones cerradas y, por lo tanto, con un muy bajo nivel de comunicación con el mundo externo. Dicho en modo metafórico, las ideologías son ideas muertas, sin posibilidad de reproducción, y por lo mismo yacen petrificadas al interior de un sistema, valga la redundancia, ideológico.

IDEAS E IDEOLOGÍAS

Ahora bien, en el caso del putinismo latinoamericano su sistema ideológico se compone de tres elementos: 1) EE UU es el principal enemigo económico y militar de la humanidad. 2) Putin es el enemigo mortal de los EE UU. 3) Apoyar a Putin es ser antinorteamericano, y luego, antimperialista.

En el caso del putinismo europeo, los elementos también serían tres: 1) Occidente se encuentra en una profunda decadencia moral y cultural. 2) Putin representa el regreso del orden patriarcal, de la religión, el amor a la familia y a la patria. 3) Apoyar a Putin es defender los valores que en el pasado dieron grandeza a las naciones de Europa.

No hay, en efecto, peores enemigos para un orden democrático que los sistemas ideológicos de representación colectiva. A ellos pertenecen ideologías como la estalinista, la fascista y la putinista. Pero a la vez, cuando proliferan, podemos considerarlas como un síntoma de la crisis de un orden social que no ofrece muchas posibilidades de identificaciones racionales.

Las ideologías surgen de la carencia de ideas. Las ideas aparecen de la comunicación, primero entre uno mismo y su conciencia, y segundo, de uno con los demás (de la razón comunicativa, según Habermas). Las ideologías en cambio, de representaciones petrificadas de la realidad.

Podríamos decir entonces que en cada orden social, o en cada nación, occidental o no, hay una lucha permanente entre la irracionalidad ideológica y la razón de las ideas. La democracia, por lo tanto, no es solo una forma de gobierno, es una lucha permanente -sí, permanente- en contra de la irracionalidad política. Para oponernos a su avance nos organizamos en movimientos o en partidos y elegimos candidatos que nos representen frente al “asalto a la razón” (Así nombró Georg Lukács al fascismo de su tiempo). Por eso pensamos, discutimos, y a veces, también escribimos.

La democracia no se encuentra al final de la lucha sino en la lucha misma, y esa lucha no tiene final. Eso quiere decir, sin más ni menos, que la condición normal de la democracia es su agonía (lucha entre la vida y la muerte). O dicho en términos más pragmáticos: cada autocracia derrotada en cualquier lugar del mundo, será en última instancia una derrota para Putin. La mejor solidaridad que podemos ejercer con Ucrania -esta es la deducción- es derrotar a los autócratas y a los que quieren serlo, en nuestros propios lugares de vida (virtuales o físicos), allí donde somos, allí donde actuamos.

30 de octubre 2022

Polis

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