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Opinión

Santiago Montenegro

El pasado viernes, antes de detallar las conclusiones de la Misión del Mercado de Capitales, que él dirigió, el profesor Roberto Rigobón, del MIT, hizo uno de los preámbulos más conmovedores que jamás he escuchado. Frente al presidente Duque, el ministro de Hacienda y buena parte de los dirigentes de la economía, el profesor Rigobón contó que había llegado al mundo en uno de los barrios más pobres y violentes de Caracas, que era hijo de un taxista argentino, que apenas había realizado estudios de primaria, y de una costurera española, quien ni siquiera había terminado la primaria. Varios factores explicaban una parábola vital que, muchas décadas después, lo situarían a él frente a esa audiencia del hermano país. Primero, el amor y la decisión de unos padres por sacar su familia adelante, en un país que les abrió sus puertas y acogió también a centenares de miles de inmigrantes venidos desde diferentes partes del mundo. Porque Venezuela fue una sociedad abierta en donde, pese a sus innumerables problemas, con trabajo y dedicación era posible salir adelante y progresar. Segundo, porque Roberto Rigobón y su hermano lograron estudiar gracias al ahorro de sus padres y con empréstitos del sector financiero. Pero el tercer gran mensaje del profesor del MIT estuvo referido a Colombia. Dijo que tenía que aprovechar la oportunidad de hablar frente a esos testigos de excepción, encabezados por el jefe del Estado, para agradecer a nuestro país. Todos los venezolanos, afirmó, estaremos eternamente agradecidos con Colombia por haber abierto sus puertas para acoger a centenares de miles de venezolanos, obligados a tomar el camino del exilio para poder sobrevivir y escapar de las consecuencias abominables de un régimen dictatorial. Porque en Venezuela, dijo, sabemos lo que es acoger a los inmigrantes extranjeros, porque es parte de mi historia personal, quiero darles las gracias desde lo más profundo de mi corazón. No exagero al decir que, como respuesta, pocas veces había escuchado un aplauso más largo y atronador. Quizá porque tocó unas fibras muy sensibles de nosotros.

Por varias razones. Primero, porque dijo algo bueno de Colombia, un país en el que, desde hace décadas, muchos de sus intelectuales y analistas solo han argumentado que somos la historia de un fracaso tras otro. Segundo, porque habló de una actitud que es factualmente cierta y que se ha dado en todos los niveles. Desde las numerosas medidas del gobierno del presidente Duque para asistir a los inmigrantes y, por supuesto, por haber roto relaciones con el régimen criminal de Maduro, hasta la ayuda palpable que les ha prestado a nuestros hermanos venezolanos gente de todas las condiciones, hasta las más humildes, en las ciudades, en las carreteras y en las estaciones de buses. Pero quizá lo más notable es que, hasta ahora, ningún partido o movimiento se ha embarcado en una campaña xenófoba y nacionalista para explotar políticamente la inmigración, como sí ha sucedido en otras partes. Aunque lo nieguen los miembros de la escuela de la “fracasomanía”, esa actitud es consistente con una tradición republicana, liberal y pluralista que, esperemos, jamás la abandonemos.

Gracias por sus palabras, profesor Rigobón. Pero el agradecimiento es nuestro, porque jamás olvidaremos que, durante décadas, Venezuela acogió también a centenares de miles de colombianos, que viajaron a la tierra del “bravo pueblo” en busca de mejores oportunidades.

1 de agosto 2019

El Espectador

 2 min


Marino J. González R.

Las dimensiones de la crisis venezolana se siguen profundizando. La difícil situación política se suma a una contracción económica severa (seis años seguidos sin crecimiento), y al deterioro impresionante de las condiciones de vida. Las urgencias que deben afrontar diariamente las familias se suman a la inmensa incertidumbre en todos los frentes. A pesar de ello, la situación reclama identificar rumbos de acción para transformar estas tendencias.

Las alternativas para enfrentar esta debacle, sin precedentes en países no sometidos a conflictos bélicos, deben estar basadas en la identificación de las causas, así como en las reales posibilidades de superar esta situación. En el fondo de lo que acontece en la actualidad en el país, está un claro patrón de desarrollo. Quizás sea más adecuado hablar de patrón de “anti-desarrollo”.

De acuerdo con las estimaciones del Atlas de Complejidad Económica elaborado por la Universidad de Harvard, Venezuela es el país de menor diversificación productiva de América Latina (según las últimas cifras disponibles para 2017)

Eso significa, en la práctica, que es el país de la región más distante de las posibilidades de crear riqueza. Esto es, garantizar las condiciones para que los habitantes puedan, con el concurso de sus capacidades, ampliar los horizontes de producción de valor.

En este contexto, las posibilidades de transformación de la sociedad venezolana pasan directamente por la modificación sustancial del patrón productivo. Un círculo muy pernicioso se ha desarrollado a plenitud. Se manifiesta en la apuesta a la producción de petróleo como garante de los ingresos necesarios para el funcionamiento de la sociedad. Pero como tal orientación no hace sino disminuir las posibilidades de diversificación, fundamentalmente porque aumentan las dificultades para crear otros productos, entonces se estimula el control de la riqueza petrolera como política dominante.

Y esa mayor dependencia del petróleo contribuye a generar una organización del gobierno que impide las políticas de diversificación. No es azaroso entonces que muchas de las inversiones y empresas que podrían desarrollar la diversificación se hayan alejado del país.

Y para remate, la cultura política, tanto de las instituciones como de las personas, terminan reforzando el estatismo como premisa, y la anti-diversificación como correlato económico

La pregunta obligada, entonces, es cómo eliminar ese círculo vicioso. Una primera condición es que realmente se aprecie que este círculo vicioso existe. De lo contrario, podría imponerse la tendencia de que es posible, con los “arreglos básicos” requeridos, organizar una sociedad que siga dependiendo de la monoproducción de petróleo, pero que impida los efectos del estatismo.

Esta premisa no solo es contraria a los incentivos que se generan en una sociedad dependiente de la producción petrolera, sino que contradice la dinámica en la que se marcha en el siglo XXI, esto es, sociedades en las cuales el valor de cambio es la disponibilidad de conocimientos, entendidos como posibilidades de diversificación productiva.

De no apreciarse la existencia de este círculo vicioso, podría entonces afianzarse una visión según la cual basta con manejar la producción petrolera adecuadamente para que todos los desequilibrios desaparezcan. Es por ello que la agenda pública no se caracteriza precisamente por ofrecer consideraciones para enfatizar la diversificación productiva.

A ello se suma el hecho de que como estas variaciones en las políticas no se generan en tiempos cortos, los liderazgos políticos terminan sin hablar del tema de fondo (la manera de alcanzar la diversificación productiva). En consecuencia, se impone una lógica perversa: como cambiar lleva tiempo, mejor se dejan las cosas como están. La práctica indica, sin embargo, que los plazos no son tan largos, más bien se trata de explicar a los ciudadanos la dirección de los cambios necesarios.

En esa tradición de anti-diversificación, Venezuela ha pasado seis décadas (desde que es posible medir la complejidad económica). Modificar esta tendencia requiere asumir que la diversificación productiva es un objetivo central de las políticas. Y que por consiguiente la agenda pública debería incluir la explicitación de este objetivo.

Esperemos que esta premisa central tenga mayor relevancia en la discusión sobre las alternativas para Venezuela en pleno auge de las sociedades del conocimiento

De no cambiar esta situación, especialmente porque no se cuente con el compromiso de los liderazgos políticos para impulsar estos cambios, Venezuela continuaría muy relegada en la creación de riqueza. Otra forma de decir que el futuro de la sociedad seguiría seriamente comprometido.

marinojgonzalez@gmail.com

 3 min


Asdrúbal Aguiar

Las medidas de retorsión o contramedidas –según el derecho internacional– adoptadas por la Casa Blanca contra la empresa criminal transnacional que mantiene bajo secuestro a Venezuela y destruye sus fundamentos como Estado, lleva a algunos políticos de medianía, más que a los afectados, a reaccionar con indignación. ¡Algo muy extraño!

Cada uno es libre de tener sus afectos o desafectos con el mundo exterior, que en el caso de las naciones iberoamericanas es lo propio frente a Estados Unidos –no ocurre con las de origen lusitano, como Brasil– por razones intestinas, que nos vienen desde las guerras fratricidas por la Independencia.

Con aquel opera una suerte de doble rasero intelectual –lo constato en el mismo epistolario de Simón Bolívar, quien afirma que plaga a América de “miseria en nombre de la libertad” y a la vez recomienda hablar ante los Parlamentos copiando los discursos del “presidente de Estados Unidos”– lo que bien me resume un antiguo colega de la Corte Interamericana: Ustedes mueren y no van al cielo sino a Miami.

Lo cierto es que quienes más se rasgan las vestiduras para endosar otro traje como antiimperialistas de circunstancia o fingir vergüenza de admirar a esa gran nación del norte son los que sufren si el “imperio” les reduce sus privilegios e impide disfrutar de sus mieles.

Corren los años setenta del pasado siglo cuando, al concluir un conversatorio sobre Puerto Rico en la Universidad de Pittsburg, dos dirigentes fundacionales comunistas venezolanos participantes me piden llevarlos a conocer Nueva York, antes de regresar a Caracas. No olvido sus caras, creían estar en la presencia del Dios humanado.

Al caso y en nuestro caso, la mala memoria o la ingratitud –ambas herencias europea y española– omite hechos desdorosos de nuestro recorrido y el auxilio norteamericano siempre presente para sacarnos las castañas del fuego, sin que a cambio nos invadan.

Nos tiende la mano ante un Cipriano Castro que no honra sus deudas con las potencias del Viejo Mundo por daños causados a sus nacionales durante nuestras revoluciones, por lo que media para ponerle fin al bloqueo armado europeo de nuestros puertos; o al Inglaterra intentar quitarnos nuestro costado oriental hasta más allá de las bocas del Orinoco, coludida con los rusos.

El memorándum póstumo de Severo Mallet Prevost, nuestro abogado gringo –“albino” le llamaría Bolívar–, es el que remienda, en efecto, la última situación, que permite al gobierno de Rómulo Betancourt denunciar la corrupción habida durante el dictado del Laudo de París de 1897 y al gobierno de Raúl Leoni firmar el Acuerdo de Ginebra, abriéndonos espacios para la reclamación del Esequibo a partir de 1966; logro que tiran por la borda los felones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Rafael Caldera luego denuncia el Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos –que lo viola este para restringir sus importaciones petroleras– sin que nos agreda el Departamento de Estado; sabiendo, incluso, que perdían los beneficios de nuestra expansión comercial hacia Latinoamérica y el mundo andino.

Las contramedidas recién impuestas contra el usurpador Maduro y sus cómplices políticos y económicos –para impedirles vender, transar y robarse los bienes y dineros que hacen parte del patrimonio nacional de Venezuela– las protesta, con inenarrable cinismo, Europa. También Michelle Bachelet, la alta comisionada de la ONU, que ayer se escandaliza por los crímenes del primero. Olvidan que en su momento los europeos las adoptan contra Polonia (1980), suspendiéndole la ayuda alimentaria; también contra la Argentina (1982); así como Francia lo hace contra Suráfrica por el apartheid, en 1985.

Estados Unidos suspende sus ayudas públicas a los Estados que expropian bienes de americanos sin indemnización, durante los años sesenta, o que no respeten los derechos humanos, como lo decide Jimmy Carter entre 1977 y 1980; pues la retorsión es una medida nacional y territorial unilateral y legítima, según el derecho internacional. La ejecuta todo Estado afectado como respuesta apropiada, provisional, y proporcional ante el comportamiento internacionalmente ilícito de otro Estado –en el caso el comportamiento criminal de lesa humanidad, más que ilícito, del régimen usurpador de Maduro– a fin de hacerlo respetar y acatar las reglas que impone el mismo derecho internacional, y para que repare los daños causados.

Los límites que impone la doctrina jurídica internacional son precisos. Se cumplen esta vez. No pueden significar uso de la fuerza, o vulnerar derechos humanos y principios humanitarios.

Las contramedidas que comentamos tienen como propósito, justamente, ponerle coto al robo de los dineros públicos venezolanos y a las violaciones sistemáticas y generalizadas de derechos humanos que ejecutan el mismo Maduro y los suyos. Tampoco pueden –como lo dice el Instituto de Derecho Internacional– destruir la economía del país afectado, o poner en peligro su integridad territorial o independencia política.

Es palmario, es máxima de la experiencia silenciada a propósito por los europeos y la Bachelet, que la economía de Venezuela ha sido destruida de raíz por el régimen sancionado; que ha enajenado, además, la soberanía territorial e independencia política, entregándosela, para su canibalización, a grupos narcoguerrilleros y organizaciones criminales, a rusos, chinos y cubanos, y sometiendo sus decisiones al escrutinio previo de los gobernantes de La Habana. Extrañan, pues, tales protestas.

asdrubalaguiar@yahoo.es

 4 min


1. La confrontación, el diálogo y las elecciones son tres dimensiones fundamentales de la política moderna.

2. A diferencias de la política de la polis griega cuyo punto central era el lugar donde los ciudadanos se reunían para discutir los problemas de su ciudad en aras de la armonía, la de nuestro tiempo se encuentra mucho más cerca de la guerra. Decimos guerra en el sentido no-virtual del término.

3. La política moderna es un derivado histórico de la guerra. Una actividad pre-y post bélica y por lo mismo, espacio de confrontación pública dirimida en una democracia ideal por contrarios, por adversarios en una democracia normal y por enemigos en una no-democracia. Sin confrontación (de ideas, de pasiones e intereses) no hay política. La política, la que conocemos, es un campo de diferencias, de contradicciones y de antagonismos. En ningún caso es el lugar de la conciliación y mucho menos de la amistad.

4. Si una confrontación carece de diálogo y un diálogo carece de confrontación no podemos hablar de política. En el primero de los casos, aún sin uso de armas, nos situamos en el campo de la guerra. En el segundo de los casos en el campo de la no-política (sin confrontación no hay política). De lo que se trata en consecuencias es de evitar que la política -para que siga siendo política- se acerque al barranco de la guerra.

5. Una oposición que carece de medios militares no puede jamás plantearse la posibilidad de un enfrentamiento militar. Si no dispone de medios militares para acceder a la guerra, está entregando a sus seguidores a la matanza colectiva. Si en cambio delega la acción militar a supuestas fuerzas externas, sean nacionales o internacionales, obliga a sus seguidores a mantenerse en una situación de espera pasiva que, si se alarga, desemboca en la desintegración política y en la descomposición de los propios liderazgos. Tarea de una dirigencia política y no militar es entonces la de llevar al adversario al campo de la política obligándolo a abandonar el de la guerra. Hay que subrayar que tanto el golpismo cono la intervención externa son acciones de guerra y, por lo mismo, terminan por favorecer al enemigo el que en una autocracia o dictadura es siempre más militar que político.

6. Hay una pues una relación intensa entre diálogo y confrontación. Mientras más cerca está la confrontación de la guerra, mas necesario es el diálogo. Negar la confrontación en nombre del diálogo y el diálogo en nombre de la confrontación son dos decisiones que, por el contrario, terminan desarticulando los mecanismos de la lucha política. Esa es la razón por la cual la decisión de un diálogo debe ser tomada por los sectores democráticos en los momentos de alza de las movilizaciones populares, cuando el gobierno no-democrático no tiene más alternativa que dialogar. Buscar el diálogo en los momentos de baja movilización significa aceptar más condiciones que las que se pueden exigir.

7. El texto de los diálogos no puede ser público. Pero el tema de un diálogo sí. Ocultar el tema de un diálogo es actuar de espaldas frente al verdadero dueño del poder, el pueblo ciudadano. Es transformar el principio de delegación en un principio de autodeterminación. Más todavía si se supone que el pueblo ciudadano, al estar involucrado en la confrontación, requiere saber lo que se está discutiendo en su nombre.

8. La mayoría de los diálogos suponen negociaciones. Por lo tanto se entiende que en ellas no solo hay que recibir sino también conceder. Si en un diálogo se enfrentan dos posiciones extremas, se dan las condiciones para que en nombre del diálogo sea cerrada toda posibilidad de diálogo. De este modo el diálogo se convierte en un simulacro o en actividad fallida destinada a cementar condiciones anti-políticas en las cuales las fuerzas democráticas solo llevan las de perder.

9. Cuando el diálogo tiene lugar entre una fuerza política autocrática y una oposición democrática, el tema no puede ser otro sino el de la recuperación de los derechos ciudadanos, o lo que es lo mismo, el de la devolución del poder a su depositario natural y originario: el pueblo. El poder del pueblo es, sin embargo, delegativo. Eso significa que la restitución de ese poder pasa por restaurar el derecho del pueblo a elegir a sus delegados. En otras palabras: todo diálogo entre dos fuerzas disimiles, una más militar que política y otra más política que militar, debe estar centrado en el tema de la lucha por elecciones libres. Las más libres posibles dentro y bajo las condiciones no-democráticas bajo las cuales se lucha y dialoga. Si el tema de las elecciones libres no es hegemónico, no tiene sentido dialogar.

10. En la primera tesis señalamos que la confrontación, el diálogo y las elecciones son dimensiones de la política moderna. Pero ninguna de las tres puede existir sin la otra. La confrontación sin diálogo lleva a la violencia, un diálogo sin confrontación lleva a la capitulación, y sin lucha por elecciones libres, la confrontación y el diálogo carecen de objetivo, ruta y sentido.

Comentario final

En la mitología de los antiguos griegos existieron las “tres gracias”, hijas de Zeus, cuya representación corpórea inmortalizó Rubens. Las “gracias” de la política en cambio no son mitológicas, pero al igual que en la mitología griega, sin ellas el mundo sería una des-gracia.

Las tres gracias griegas representaban tres grandes virtudes de la vida privada: el hechizo, la alegría y la belleza. Las tres dimensiones de la política requieren en cambio de virtudes o “gracias” de la vida pública. En la confrontación, claridad de objetivos. En el diálogo, argumentos y perseverancia. En las elecciones, entusiasmo y decisión.

Virtudes o gracias que, como todos sabemos, no son muy abundantes entre los políticos de nuestro tiempo.

11 de agosto de 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/08/fernando-mires-las-tres-gracias...

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Muchos animales experimentan metamorfosis o cambios para llegar a ser adultos y poder reproducirse. Así, una insignificante y fea larva o gusano se transforma en una bella mariposa o en un colorido escarabajo; también un anodino renacuajo en una atractiva rana colorada. En el proceso evolutivo son metamorfosis positivas que permiten adaptarse a diferentes tipos de alimento y aumentar las probabilidades de supervivencia de la especie.

En el caso del ser humano, y concretamente en los venezolanos, pareciera que se ha registrado una metamorfosis negativa. Es lamentable decirlo, pero pareciera que hemos cambiado para mal. ¿O será que estábamos engañados y nunca cultivamos los mejores principios y valores? ¿Será cierto que los descendientes de los poco correctos “Viajeros de Indias” a los que se refirió Francisco Herrera Luque, nunca hemos llegado a ser buenos ciudadanos? ¿Será que también en cuanto a los principios vivíamos “una ilusión de armonía”, como escribieron Naím y Piñango refiriéndose a la estabilidad política y social y ahora, con la crisis, afloraron nuestros defectos como sociedad?

¿Cómo se explica tanta intolerancia, envidia, descalificaciones, odio, mentiras, corrupción y vulgaridad? Quizá muchos casos puedan explicarse debido a que la gente bota los tapones cuando el ingreso no cubre las necesidades mínimas, no consigue medicinas, ni repuestos, tiene deficientes servicios de salud, agua, electricidad y encima todos los días es pasto del hampa y de los atropellos de la policía y de guardias nacionales. También cuando debe emigrar enfrentado múltiples dificultades.

Sin embargo, otros casos son difíciles de entender. Hay compatriotas contrarios al régimen totalitario que sufren menos apremios o que por su nivel de educación deberían comportarse con mayor grado de tolerancia ante opiniones que no comparten, pero que provienen de personas del lado de la democracia. Pareciera que este grupo vuelca su rabia hacia su misma tribu ante la impotencia por no poder salir pronto del régimen criminal de Maduro. Sus armas son los tuiters, artículos de prensa, programas de radio o declaraciones a los medios. Disparan desde la cintura, sin importarles el daño que ocasionan tanto a personas, como a la causa de la democracia y de la convivencia ciudadana.

Quienes fungen de dirigentes, con mayor o menor mérito, deben ser los más cautelosos de no caer en este torbellino de descalificaciones. Algunos dan casquillo a sus simpatizantes o ellos mismos actúan como el titán Crono, quién según Hesíodo en su Teogonía y Ovidio en sus Metamorfosis, castró a su padre para imponerse y devoró a sus hijos por miedo a que lo destronaran. Así, cuando surge alguien que cuenta con aceptación y podría conducirnos a instaurar la democracia, lo descalificamos descarada o subliminalmente.

Durante los primeros años muchos practicaron el apaciguamiento, como describe magistralmente Martínez Meucci en su excelente libro. Algunos, por no entender la naturaleza del régimen, por cálculo político o por intereses personales criticaron los hechos del 11 de abril y del 2 de diciembre del 2002, alegando que los mismos fortalecieron al régimen y lo obligaron a radicalizarse; también que las abstenciones electorales fueron perjudiciales a la causa democrática, obviando que, gracias a la del 20 de mayo del 2018, el mundo democrático desconoció a Maduro y aceptó a Guaidó como presidente (e). El apaciguamiento aplicado por varios dirigentes políticos consolidó al régimen, que hoy controla la Fuerza Armada y un Tribunal Supremo de Justicia ilegítimo pero en funciones.

Por ello, no podemos esperar milagros, ni exigir a Guaidó que por decreto ponga fin a la usurpación o que el 187-11 y el TIAR permitan sacar a Maduro. Es muy probable que a través de la negociación no se logre la salida deseable pero hay que intentarla, entre otras razones, porque eso es lo que desean los países que nos apoyan y que no están dispuestos a sacrificar la vida de ninguno de sus ciudadanos. Por lo pronto hay que apoyar las sanciones que son en contra del régimen y que no incluyen prohibición de adquirir alimentos, medicinas y bienes de primera necesidad, seguir la lucha con mucho coraje, como predica la gran luchadora María Corina, quien merece el respeto de todos, aunque no se comparta su renuencia a aceptar que la negociación es una forma más de lucha.

Ojalá los venezolanos evolucionemos positivamente, transformando nuestros odios en comprensión de diferentes puntos de vista, pero siempre con el objetivo de salir de Maduro y su pandilla de corruptos y violadores de derechos humanos.

Como (había) en botica:

Al régimen le va a salir el tiro por la culata en su intención de desconocer a la Asamblea Nacional y convocar otra elección.

El intercambio entre Maduro y Rafael Ramírez acusándose mutuamente de corrupción y mal manejo de la industria petrolera recuerda el refrán de “cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo”.

Más de un año lleva detenido injustamente el doctor José Alberto Marulanda, quien además fue torturado en la Dirección de Contrainteligencia Militar.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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El país que se nos viene encima no será nada fácil, pero tendrá el orgullo de la reconstrucción. Desolados, sin dinero ni producción, con el peso de una deuda colosal, nos debemos preparar para un futuro próximo que nos trae como capital el derecho a construir un país nuevo en pensamiento, actitud y capacidad.

Dejará atrás a esta Venezuela asolada, fracasada, desierto achicharrado con sudor, lágrimas y frustración. No podemos reconstruirlo solos, pero sin cada uno de nosotros no podrá reconstruirse. Esa es la gran verdad que debemos admitir y el compromiso para el que debemos estar preparados. El único posible. Deberemos hasta el modo de caminar, como reza el refrán, pero tenemos que caminar a fondo cada paso para volver a ser realmente libres. No por las leyes ni por las deudas, sino por nosotros mismos, por cada uno de nosotros.

Es más que cuestión de fe, mucho más que una emoción. Es el horizonte lejano que sabemos que está allí, y al cual deberemos alcanzar con nuestro esfuerzo, con la certeza de que existe ya el horizonte pero que el camino, como dicen los versos de Machado, tenemos que hacerlo cada uno de nosotros.

Dejaremos de ser una nación en la cual se mezclan ingenuos, confiados, ladrones, narcotraficantes y asesinos -con sus respectivos políticos- para convertirnos en pueblo de hombres y mujeres que sudan la dignidad y el compromiso.

Eso y reconstrucción, o la desaparición.

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María José Iciarte García

«En el ADN del Venezolano esta el ser solidario »

Dicen que tomarse un café es la excusa perfecta para comunicarnos, para relativizar los problemas, sanar tristezas, soltar miedos y reírnos de las preocupaciones. No hay refugio más maravilloso que tomarse un café y deleitarnos de su sabor con una buena compañía. Por eso dicen, que quién te quiere bien… te invitara un café, por que es una especie de abrazo atrapado en una taza. Hoy abrimos dentro de DEVA, Blog de investigación para la Agricultura y la Alimentación, (http://devaagriculturayalimentacion.blogspot.com) nuestra sección: “Un Café con…” en donde nos tomaremos un café periódicamente, con una mujer venezolana especial, dado que Venezuela esta llena de mujeres que dejan huella diaria en sus haceres y en sus saberes, mujeres que nos han transformado por ser almas libres.

La Fundación José María Bengoa para la alimentación y nutrición, es una organización social sin fines de lucro, de acción pública, creada en el año 2000 por profesionales, investigadores y científicos venezolanos que se planteó como misión: Promover y desarrollar estrategias y acciones para mejorar la alimentación y nutrición de los venezolanos, en especial los grupos más vulnerables de la población: niños y mujeres. Fundación Bengoa ha sido una organización líder en establecer diagnósticos, lineamientos, y proponer soluciones en el mejoramiento de la situación alimentaria y nutricional de Venezuela, de manera seria y ética.

Así que lo primero que percibes de nuestra invitada es un gran entusiasmo, por su trabajo, por su familia y por la vida…pero sobre todo por Venezuela, y tuve que empezar preguntando,

¿Por qué Maritza Landaeta decidió trabajar en Nutrición, cual fue su motivación?

“En primer lugar, soy Margariteña, de Pampatar, pero desde muy pequeña mi abuela que era una mujer muy bondadosa, pendiente de los enfermos, me enviaba a llevarles algo de comida, pues creía que en el alimento estaba parte de la sanación. Ella me sembró la semilla de la solidaridad y del voluntariado. Luego vine a estudiar medicina en la Universidad Central de Venezuela y fui a trabajar al interior. En Coro, junto con un grupo de madres, en el centro materno, impartíamos educación en salud a las madres de la comunidad y les enseñábamos como preparar los alimentos para sus hijos. Regresé a Caracas y en ese momento salió el curso del CENDES de Planificación Alimentaria y Nutricional y como en la residencia de pediatría ya había tenido una grata experiencia en nutrición, opté por este postgrado. El Dr. José María Bengoa fue uno de mis profesores”

¿Y cómo se crea Fundación Bengoa?

“La Fundación Bengoa, viene de la antigua Fundación CAVENDES, la cual pertenecía al grupo CAVENDES, que fue intervenido por el nuevo gobierno y se afectó a la Fundación, que dependía de la entidad bancaria. Los integrantes de la junta directiva en ese momento, nos reunimos con el Dr. J.M. Bengoa quien había sido Director Ejecutivo de la Fundación CAVENDES durante más de una década, y le solicitamos si podíamos usar su nombre para una nueva Fundación, ya que no queríamos que se perdiera su importante labor, así nace la Fundación Bengoa con la aprobación del Maestro. Iniciamos con una directiva integrada por profesores universitarios e investigadores y una biblioteca especializada, a buscar recursos. Desde sus inicios, en el año 2000, ha funcionado a través de proyectos, asesorías y donaciones, para cumplir con la misión de contribuir a mejorar la alimentación y nutrición en las comunidades, gracias al compromiso del equipo técnico y del grupo de voluntarios.”

Sé que frecuentemente visita las comunidades ¿Que percibe de ellas?

“Un Investigador en esta área, no puede ser de escritorio, tiene que ir al campo, a las comunidades. Estamos viendo situaciones que antes no existían en el país. Yo he ido al campo desde los años 70, y la riqueza que obtienes como investigador, el hablar con la gente, es invaluable. Consigues vivencias, de esas que no están en los libros. Ese estimulo de ir a la comunidad es tu motor, de sentarte a conversar con la gente, con la maestra, con el líder de la comunidad, para que te cuente lo que está pasando y de su realidad. A veces pienso que, si los políticos estuvieran mucho más en contacto con la comunidad, cometerían menos errores. Es una vivencia totalmente distinta cuando estas sentada delante de la gente, de frente.”

¿Qué ha observado en esas comunidades?

“Parte del problema que tenemos los venezolanos es que nuestra formación en materia alimentaria es bastante débil. El mismo hecho de utilizar pocos alimentos en la dieta habitual, complica la posibilidad de hacer combinaciones y cuando falta uno de los alimentos principales, la vulnerabilidad nutricional aumenta. Por eso uno de los mecanismos para contrarrestar el problema es diversificar nuestra alimentación. Ahora el venezolano está incorporando más vegetales como forma de buscar sustitutos, diversificar la dieta y economizar. Si aprendemos a multiplicar las combinaciones de alimentos, se crean también alternativas para lograr con muy poco una adecuada nutrición.”

Una de las iniciativas que he observado en medio de esta coyuntura, es que en las comunidades se está fortaleciendo el valor de la solidaridad. Existen situaciones por supuesto muy negativas, sin embargo, la solidaridad tradicional del venezolano ha hecho que estas sean más llevaderas. El 75% de las personas están recibiendo las bolsas Clap (ENCOVI 2017) no regularmente. Tenemos reportes en algunas comunidades que las bolsas Clap, están llegando cada dos o tres meses. El estado ha priorizado la entrega por zonas, otorgando mayor regularidad a zonas más problemáticas. Hay zonas que presionan más que otras, por lo tanto, no hay igualdad en la adquisición de las bolsas, porque no se dan, se adquieren, las personas pagan por ellas.

La misma razón de ser de los venezolanos, hace que personas que no son afectas al gobierno estén recibiendo las bolsas Clap, a pesar de que el gobierno intente dividir. En las comunidades se ayudan para buscar medicinas y se comparten los alimentos, eso lo observamos frecuentemente. Esa actitud ha limitado profundizar la estrategia de convertirnos en enemigos y es que no se puede actuar contra el hecho de que en el ADN del venezolano está el ser solidario y tenemos reportes de comunidades que se protegen, eso no se dice, no se publica, no se comenta en las redes, pero está pasando. Pareciera que nos empeñamos en difundir más las malas noticias.

Las mujeres en este país a veces no la tenemos nada fácil, en especial en el sector agroalimentario, ¿Que le diría usted a una mujer en Venezuela que quiere abrirse paso en la investigación, en la ciencia, en el emprendimiento?¿Que le aconsejaría?

En primer lugar, hay que plantearse metas, pero hay que formarse y mucho, para alcanzar esas metas. Y siempre hay que tener como premisa hacer un trabajo serio, sobre la base de datos científicos, de evidencias que demuestran lo que se está diciendo. Esto hace que las investigaciones sean creíbles, sólidas y van construyendo una trayectoria seria. Lo otro es que evidentemente, los cargos de alta responsabilidad están desempeñados por hombres, sin embargo, algunas mujeres cuando se les ofrecen un cargo de alta jerarquía lo rechazan, porque piensan que se les va a complicar la vida, para compaginar la crianza de los hijos, la familia y el trabajo, sin embargo, todo es cuestión de organizarse y sobre todo de formarse y repito hay que tener claro la meta que deseas y luchar y perseverar para alcanzar la meta. No tienes que rendirte, cuando se cierra una puerta se abren tres, si las sabes buscar. Hay que encontrar esos nichos de oportunidades, es parte de una estrategia para poder llegar a conquistar lo que uno como mujer, como profesional y como madre puede alcanzar. ¡¿¿¿Yo con Cuatro hijos – volví a interrumpir, pero gritando…Cuatro??? pero si con uno estoy enredada! Pues fíjate, yo me dedicaba a mis cuatro hijos y a mi familia, hoy en día todos son profesionales, y trabajé medio tiempo hasta que estuvieron en bachillerato y luego empecé a trabajar mañana y tarde. Eso me permitió cumplir mis roles de madre y profesional porque quería ambos roles.

Pero ¿Sin culpabilidad?

SIN Culpabilidad! La culpabilidad es un mecanismo que tienen que saber trabajar las mujeres para poder salir adelante. NO existe una escuela para aprender a ser papa y mama uno va aprendiendo en el camino. Lo importante es hacer lo que uno cree que es correcto y formarlos como buenos ciudadanos. Con valores y ética y tu no renunciar a los roles en los que te quieras desarrollar.

Usted que es una mujer tan fuerte, que ha logrado muchas cosas, ¿Adonde quiere llegar Maritza Landaeta, que le falta lograr?

Pues fíjate, A mí me preguntan siempre. ¿Por qué no te vas? ¿Qué haces ahí? - allí interrumpí y grité otra vez! ¡A mí también! ¡Se la pasan preguntándome! ¡Pues, yo siempre les digo…Pero es que este es mi país! Yo vengo de un pueblo, y mi formación fue en instituciones educativas públicas, y quiero seguir dándole a mi país lo que yo creo que le puedo dar hasta que Dios me lo permita. Realmente, quisiera transmitir la satisfacción tan grande que siento al ayudar a mi gente, el poder lograr, que donde la Fundación llegue, ¡pueda contribuir a aliviar tanta necesidad y en especial, que la gente comprenda que su alimentación es Vida! y tiene que cuidarla desde pequeñito porque si no la hace no va a tener una vejez feliz. Lo importante no es llegar a Viejito, si no llegar con calidad de vida. Esto hay que enseñarlo y bueno mi aspiración es que podamos seguir construyendo y formando, en especial a las generaciones jóvenes, apoyarlas. En este momento es un deber transmitir nuestra formación democrática, que nunca imaginamos que tendríamos que defenderla de una forma tan fuerte como la que nos ha tocado y siento, que tengo un compromiso con mi país para ayudar a salir adelante.

¿Usted apuesta aun por Venezuela?

Yo sí. No sale públicamente en las noticias, por ejemplo, que la semana pasada hubo un evento donde estaban 400 jóvenes emprendedores planteando sus proyectos, ¿Qué te dice eso? Que hay un país que se está reconstruyendo y hay un sector que aún no se ha dado cuenta, claro por qué a través de las redes circulan muy poco esas noticias De allí la importancia de vivir el País y ese País es al que apostamos. La reconstrucción de este país se debe hacer sobre la base de nuestro gen solidario y el Gobierno no quiere que lo veas. Ellos quieren que veamos solo lo negativo. Como profesores universitarios e investigadores tenemos que ver más allá de la noticia y escapar de lo que pretenden imponerte, que es hundirte en la desesperanza, para paralizarte, inmovilizarte. Tenemos que exaltar las iniciativas buenas que están ocurriendo en el país y no solo lo negativo. No estamos viendo los mecanismos que se están dando, que muchas personas no conocen ni siquiera que se están produciendo como es la resiliencia, un mecanismo protector que permite resistir la adversidad, superarla y hasta salir fortalecido, eso está ocurriendo en nuestra sociedad, aunque se insista en que no esté pasando. Así como el emprendimiento y la solidaridad, que impiden que se profundice la desesperanza. Toda mi vida he apostado por Venezuela y por los venezolanos. Los venezolanos que estamos aquí y los del mundo, somos personas comprometidas con nuestro país, conocemos de sus fortalezas, debilidades y valioso potencial, por lo que continuamos trabajando en su reconstrucción.

Una vez concluido el café, me quede pensando… he encontrado una visión compartida… alguien que concuerda en mi pensar…no me lo podía creer, en especial porque si hay alguien que está en contacto con la realidad es ella. Fue el primer café, y de verdad quería que estos cafés fueran con mujeres de “almas libres”.

Soy afortunada, por que por ahí escuché…que había que luchar por no dejar de ser un alma libre, y me he empeñado en estudiar el tema, pero en medio de este descubrir, transcribí esta entrevista, y me he topado de frente con la máxima representación de un alma libre, de una mujer fuerte, llena de energía positiva, de pensamiento libre y soñador, la representación fiel de una mujer venezolana, que toma sus propias decisiones, que no solo acepta la adversidad si no que le da la bienvenida. Consciente, despierta, alegre, así descubrí a mi estimada y ahora muy admirada Maritza Landaeta, quien se rebelará siempre, ante la opinión colectiva, ante un “sistema”, ante una clase o ante cualquier tipo de autoridad, cuando vayan en contra de sus causas, de sus ideales profundos y de sus convicciones profundas que siente en lo más íntimo de su ser, cuando de bienestar social y propósitos elevados se trate. Creo que todos tenemos un poco de “Almas libres” pero hay que recuperarlo más…hay que trabajarlo más…Venezuela necesita almas libres. Gracias Maritza por este café. Que buen café.

DEVA, Agricultura y Alimentación-

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