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Opinión

César Pérez Vivas

Nuestro país vivió, en diversas etapas de su evolución histórica, crisis de naturaleza variada. En el último medio siglo se presentaron crisis políticas, económicas, naturales y sociales. Ninguna había alcanzado las dimensiones de la actual situación nacional. En estos últimos tres años hemos pasado de la crisis a la catástrofe. Si, a una catástrofe cada día más dramática, y con visos de profundizarse hasta niveles aún más letales.

Nunca antes, VENEZUELA había aventado de su territorio a millones de sus hijos, huyendo de la muerte generada por una criminalidad desbordada, por el hambre y la falta de medicinas. O dicho de otra forma por un sistema político y económico nocivo, destructor.

Nunca nuestro pueblo había sido sometido a tan variados procedimientos para acceder a los alimentos: terminal de la cédula de identidad, marcaje de los brazos, huellas dactilares, carnets partidistas y otras formas.

Pero sobre todo, nunca el salario había sido tan insignificante como en estos tiempos del “socialismo bolivariano”. Maduro pulverizó el salario y lo hizo el más miserable del mundo occidental.

Nunca en nuestra historia la delincuencia había dominado extensas porciones de nuestro territorio. El Sub mundo del delito abarca a todos los sectores sociales y a toda la geografía nacional.

Frente a esa catástrofe, la angustia se apodera del ciudadano. A diario la pregunta es recurrente: ¿hasta cuándo debemos soportar esta tragedia?

¿Cuánto más tiene que ocurrir, para que los responsables de este drama sean aventados de los espacios del poder?

Los venezolanos buscan afanosamente un desenlace a esta tragedia. Buscamos un orden social, político y económico diferente. Un orden auténticamente democrático, moderno, eficiente, equitativo y próspero.

Y no solo los venezolanos que no respaldamos a la camarilla destructora. Sino que ya ese anhelo está entre quienes aparentemente están en responsabilidades de gobierno, o cercano a los personajes que participan o sostienen a la dictadura.

Parte de la burocracia que soporta a la cúpula roja es consciente de la incapacidad de su gobierno para enderezar ese rumbo, para rescatar un mínimum de calidad de vida. Saben que no hay forma de conseguir superar la trágica situación que afecta a la nación, y de la que ellos y sus familias no escapan. Ellos también quieren escapar de su laberinto. Entraron allí y no pueden salir. Esperan un desenlace que les permita zafarse de un compromiso que los ha traído a un mundo al que jamás pensaron llegarían.

Por momentos densos sectores de nuestra sociedad pierden la esperanza en el anhelado cambio, y limitan su acción y su lucha. Piensan que estamos frente a la definitiva cubanización de nuestra sociedad, con una camarilla instalada en los aposentos del poder, que se conforma con sostener una logia de civiles y militares usufructuando los pocos recursos que pueden transar, para atender sus necesidades operativas y de vida, en medio de una población famélica y desesperanzada que ya no tiene fuerzas, ni para salir a ejercer el derecho a la pacifica protesta, mientras otros, sacando fuerza de sus entrañas y rematando lo poco que aquí puede tener, buscan salir por las fronteras terrestres a buscar vida en otros confines del continente.

Lo cierto es que Maduro y su camarilla ya no gobierna. No tienen capacidad, ni posibilidad de tomar decisiones para hacer medianamente viable la vida del país. Su presencia y la de su entorno político y militar son de mera subsistencia en los escenarios del poder. Allí medran, amparados solo en el control institucional de la Fuerza Armada, a la que le exigen “máxima lealtad” para un régimen que ha perdido toda su legitimidad en el desempeño del poder, y su legitimidad de origen, luego del monstruoso fraude del pasado 20 de Mayo de 2018.

El desenlace vendrá por la total paralización de la sociedad fruto de la destrucción de la infraestructura y los servicios: transporte, metro, agua, electricidad, salud, y educación. Y saltarán del mismo cenáculo del poder, los actores que abrirán las compuertas hacia un cambio político. Simplemente porque este modo de vida es inviable.

No seremos los actores políticos de la oposición quienes vamos a producir el desalojo físico de la camarilla de sus burbujas de poder. No somos nosotros quienes tenemos armas o ejercemos influencia en quienes las tienen.

Serán los mismos que hoy les cuidan las puertas y los muros de sus centros de poder, lo que crearán las condiciones para que se produzca ese desenlace.

Pero si nos corresponde la obligación ética y política de acompañar la lucha, la limitada protesta que se genera, y ofrecer una alternativa para trabajar en la reconstrucción de la patria, una vez que el desenlace positivo se produzca.

Mantener encendida la luz de la esperanza, el espíritu de lucha, y la voluntad de resistencia que repudia la inmoral actuación de la barbarie roja, es una tarea de todo venezolano de bien, que de verdad desea un nuevo amanecer.

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Arnold Toynbee, en su monumental obra “Estudio de la Historia” escribió que “Una civilización crece y prospera cuando su respuesta a un desafío tiene éxito y desaparece cuando no encuentra respuesta”. Con los países, instituciones y empresas debe suceder algo similar, aunque en el caso de estas dos últimas su ciclo vital es más corto. A veces la decadencia y muerte está escrita desde su propia gestación, por ser imposible su viabilidad a mediano plazo.

En otras la desaparición es por culpa de quienes toman decisiones. Cabe preguntar sobre el caso de Venezuela y de su empresa vital Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) ¿A qué factores debió su auge y cuáles determinaron su caída? ¿Pdvsa declinó porque Venezuela cayó o vice versa? El excelente libro de Ernesto Fronjosa titulado “Auge y caída de un petroestado” la historia del petróleo en Venezuela es de discusión obligatoria para entender nuestra historia reciente y decidir si el Estado debe seguir siendo el amo y señor de vidas y haciendas, así como si debe o no rescatarse su principal empresa.

La investigación de Fronjosa es la más completa que hemos leído sobre la historia de nuestra industria petrolera y tiene el mérito de presentar diferentes apreciaciones sobre temas polémicos, sin eludir proporcionar su opinión. Tiene seis capítulos: 1- Importancia del petróleo a nivel mundial, 2- Desarrollo de la industria petrolera en el mundo. 3- Una industria con antecedentes remotos. 4- El régimen de concesiones. 5- La industria en manos del Estado y 6- La inexorable politización. Aquí solo haremos algunos comentarios generales e instamos a leer el libro.

El petroestado se caracteriza, según este autor, por “la impresionante prosperidad económica que marcha a la par de una notable disminución de la diversificación económica. Además, esa riqueza es administrada exclusivamente por el Estado. Esto crea expectativas en la población que espera recibir prebendas. El medio político utiliza esta mentalidad con fines clientelares y la consecuencia es la injerencia de la política partidista en todo lo relacionado con el petróleo”. Nuestro Estado es rentista. Este hecho se deriva de que los dueños de la tierra donde se encuentra petróleo no participan de ningún beneficio. Además, desde 1934 la política fue mantener una moneda sobrevaluada, con lo que se perjudicaron las exportaciones no petroleras.

Antes de la estatización los conflictos fueron entre las empresas petroleras extranjeras y el Estado representado por el gobierno de turno. La Ley de Hidrocarburos de 1943 constituyó un hito importante. Las compañías recibieron el mensaje de que los venezolanos se preocupaban por su petróleo. Al momento de la nacionalización, en 1975, el 96,5% del personal era venezolano.

La nacionalización o quizá mejor dicho la estatización de la industria de los hidrocarburos ocasionó muchos temores y esperanzas. Hoy se discute si fue una medida favorable o perjudicial para el país. Fronjosa destaca que, por lo general en Latinoamérica se piensa que una empresa del Estado debe tener mayor contenido social, ser independiente de cualquier participación extranjera y que su aporte se deriva exclusivamente de los ingresos fiscales que genera. Debido a que nuestros gobiernos tienen una concepción primitiva de lo que es estratégico, se preocupan por garantizar que la estructura organizativa esté identificada con los lineamiento políticos del gobierno de turno, por lo que tienen la tendencia a ejercer control político sobre la organización. Además, señala el autor del estudio, “existe la opinión generalizada de que una organización con ese poder no puede restringir su actividad a aquella para la cual fue creada y es necesario dotarla de un mayor contenido social”.

Según esta apreciación, la cual compartimos, es evidente que más temprano que tarde alguien tomaría a Pdvsa y filiales por asalto para ponerlas al servicio de su proyecto político.

Fronjosa narra en forma amena las diferentes etapas de nuestra historia petrolera, con algunas anécdotas interesantes. Las concesiones y sus consecuencias, las leyes sucesivas mediante las cuales el Estado fue tomando cartas en el negocio petrolero. Las discusiones sobre las leyes de Reversión, de Nacionalización y sobre la llamada Apertura Petrolera. Los logros alcanzados como consecuencia de la adquisición de refinerías en el exterior para garantizar mercados, los Convenios Operativos y Asociaciones Estratégicas que permitieron obtener un petróleo que de otra manera estará todavía en el subsuelo. La eliminación de las filiales, con sus más y sus menos. Por último el conflicto del 2002, el cual era inevitable, y la consecuente destrucción. Pareciera que Pdvsa estaba condenada a caer en manos irresponsables, tal y como sucedió con el país. Sin duda todos fuimos culpables al permitir el deterioro gradual de las instituciones.

Fronjosa recomienda identificar oportunidades dentro del mercado petrolero, que los recursos obtenidos no sean para mantener el rentismo, sino para diversificar la economía, que sirva para darle mayor poder al ciudadano , desarrollar su sentido de emprendimiento, responsabilidad e independencia, que entienda que su bienestar no depende de dádivas del Estado.

Como (había) en botica:

Nuestra dirigencia sigue siendo sorda y muda ante el clamor de unidad. O atienden esta necesidad o inevitablemente pasarán a un segundo plano.

Lamentamos el fallecimiento del distinguido colega José Joaquín Villasmil, excelente profesor de estadística en LUZ y buen ciudadano.

También de la señora Hilda Mendoza, hija de don Eduardo Mendoza Goiticoa, quien fue un destacado ingeniero agrónomo que le renunció a Betancourt por estar en desacuerdo con la adquisición de carne de Argentina que introdujo la aftosa a nuestro país. También era tía de Leopoldo López

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

26/06/18

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Alberto Hernández

Nuestra metáfora: Piedra Roca. ¿Roca Tarpeya? Nuestra metáfora: la macana de Pedro. ¿Con el mazo dando? Nuestra estirpe vencida: carros destartalados, empujados con los pies. Venezolanos de Piedra Roca colgando de mastodontes de metal, arrasados por el sol y la lluvia. Ciudades desvencijadas. Y aunque no se trata del sueño juvenil hecho realidad de Joseph Barbera y William Hanna, nuestra realidad no tiene nada que ver con aquella ficción que nació en septiembre de 1960 en blanco y negro y nos llenó de alegría todas las tardes hasta 1966 cuando cerró la serie.

Se trata, nada más y nada menos que de una hipérbole que nos destroza. Se trata de un pantagruelismo que no tiene comparación en América Latina. Y mientras Pedro, Vilma, Betty, Pablo, Bam-bam y demás personajes se movían entre dinosaurios y casas empedradas, nosotros, los nuevos personajes, la metáfora que somos, aparecemos militarizados, cuestión que en Los Picapiedra no existía, porque el gobierno de los casi cavernícolas era el humor, una inteligencia para que los niños soñáramos con otro mundo, en pasado, pero mundo feliz, como el que decimos que hemos perdido pese a que muchos embozados se niegan a admitir que era muchísimo mejor que esta cosa prehistórica que nos jode la vida.

Que no vengan los antropólogos y sociólogos del reseco marxismo a inventar premisas, a desahogar sus ímpetus machistas en las páginas de nuevos libros. No, les queda saberse parte de ese mundillo criminal, infame, ladrón y desquiciado en el que han hundido a Venezuela.

No se puede concebir una Nación en la que un sujeto que se dice político aparezca con una macana en pantalla. Pues, Pedro Picapiedra era más civilizado. O una rolliza señora que insulta, entrevistada por un delincuente callejero que se hace pasar por periodista. O un sujeto que se dice jefe de estado mandando al carajo a todo el mundo que le lleva la contraria.

No se puede entender un estado (con minúscula) donde el atropello militar sea el diario plato de consumo. Donde ancianos y niños deambulen por las calles con la ropa ajada, con hambre y la miseria en sus ojos. Un país donde trabajar no vale nada. Un país esclavizado. Mientras las colas para adquirir lo poco que encuentran rebasan las aceras y los centros comerciales que ya no lo son.

Un país que ha sido arrollado por una manada de insensatos. Un país cuya cultura ha sido convertida en un diccionario de insultos y groserías, atropellos, disparos, empujones, degollamientos, incendios, linchamientos, asaltos, niñas a quienes premian por salir preñadas mientras abandonan las aulas escolares. Niñas que se venden en terminales de autobuses, en plazas y callejones para poder comer. Un país donde los intelectuales que apoyan al régimen sonríen y guardan el silencio más asqueroso.

Esa no Piedra Roca. Este país en Roca Tarpeya: una cárcel vigilada por soldados, policías y soplones. Un país mancillado, irrespetado, convertido en burdel y vendedores de ilusiones, desfalcadores, estafadores, hechiceros, curas perversos, mafiosos…todos protegidos por el poder de un régimen que se dice humanista.

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En la Cumbre de Desarrollo Sostenible, realizada del 25 al 27 de septiembre de 2015 en Nueva York, 193 países, Venezuela entre ellos, se comprometieron con 17 Objetivos Mundiales para lograr 3 cosas importantes e indispensables en los próximos 15 años:

  • Erradicar la pobreza extrema
  • Combatir la desigualdad y la injusticia
  • Solucionar el cambio climático

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible abarcan diferentes facetas del desarrollo social, la protección medioambiental y el crecimiento económico, habiendo sido establecidos de la siguiente manera:

  1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo
  2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible
  3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades
  4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos
  5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas
  6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos
  7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos
  8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos
  9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación
  10. Reducir la desigualdad en y entre los países
  11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles
  12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles
  13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos
  14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible
  15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica
  16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles
  17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible

A las puertas del tercer aniversario de la mencionada declaración todo el mundo debe estarse preguntando cuantos de los buenos e indispensables propósitos acordados han sido trabajados seriamente por los países signatarios y la magnitud de los avances alcanzados, si ese fuese el caso.

Si nos tomamos el tiempo para releer la lista de los objetivos y los contrastamos con el estado de los mismos en nuestra Venezuela encontraremos clara y sencillamente expuestas, 17 razones para ratificar sin temor a equivocarnos que el régimen ha fracasado de manera indiscutible y que cuanto más se prolongue su permanencia en el poder, más lejano estará nuestro país de poder ofrecernos lo que todo ser humano demanda para la sociedad en la que desea vivir.

El gobierno de transición, al que tendrá que llegarle su tiempo por mucho que algunos se empeñen en obstaculizarlo, puede ahorrarse mucho esfuerzo aclarándole a los que claman sobre “el que proponen”, que cumplir con la obligación asumida de instrumentar políticas para el logro progresivo de los objetivos del desarrollo sostenible es el único camino hacia el futuro que queremos, los venezolanos y la humanidad, ese todo del que somos parte, aunque muchas veces pensemos equivocadamente en clave singular.

https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

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Quizá sea el momento de decirlo con claridad: el turismo no es el sector o rama de actividad sobre el que deba sostenerse el crecimiento económico de un país. Tampoco es, entiéndase bien, una fuente de ingresos despreciable, todo lo contrario. Es un mercado que merece ser tenido en cuenta, porque proporciona ingresos considerables a los países que saben explotarlo. Ahí está el caso de Estados Unidos, Francia o España para demostrarlo; o países como Italia, que han hecho del turismo un arte de extracción eficiente de rentas. El problema es que la producción turística es incapaz de fundamentar un patrón de crecimiento sostenido en el tiempo y de alto valor añadido. La experiencia del caso español demuestra que el turismo captura ingresos muy necesarios para la balanza por cuenta corriente, pero genera negocios de estructura muy débil. Básicamente, una mayoría de esos negocios (las excepciones son obvias) progresan gracias al uso de empleo precario y no suelen sobrevivir en fases de recesión, como ha quedado demostrado en la última crisis.

Esta advertencia es necesaria para entender que la opción de poblar un país de empleo de discutible calidad y, por añadidura, del sector servicios, no es la mejor opción de futuro. Es un patrón de crecimiento poco recomendable. Ahora bien, es evidente que América Latina no ha explotado su capacidad turística potencial; no se ha fabricado un mercado turístico a su medida. Ni siquiera Brasil, porque extraer rentas de su litoral (las playas) equivale a quedarse en la superficie del negocio.

El turismo requiere una definición estratégica previa (sol y playa, ocio cultural, rural, ocio deportivo); la aparición de inversiones en infraestructuras privadas (hoteles, alojamientos, redes de transporte) y públicas (carreteras, redes de ferrocarril); y unas condiciones mínimas de estabilidad, entre las que destaca la seguridad. Pocas de estas condiciones se han cumplido en los países del área, con muy honrosas excepciones.

Hay un argumento añadido, aunque episódico: la recesión ha provocado descensos en la afluencia turística en el subcontinente. No obstante, es fácil establecer que no es la recesión ni la coyuntura económica lo que explica la debilidad del turismo en América Latina (apenas el 3,1% del PIB), sino la mencionada ausencia de infraestructuras y la falta elemental de redes de captación de visitantes. Los atractivos locales, que suelen ser el primer cebo para el turista, existen, están ahí. Hay materia prima para el turismo de sol y playa, para el monumental y para el cultural. Pero en ausencia de las estructuras necesarias, el esfuerzo final no puede realizarse o no tiene los resultados esperados. Así que puede decirse que las economías latinoamericanas no están orientadas hacia el negocio turístico... en general.

Si el turismo es o debe ser en el futuro un mercado estratégico para América Latina —aunque no su patrón de crecimiento— es lógico suponer que deben ser los estados quienes tomen la iniciativa para impulsarlo. En consecuencia, es obligado aplicar inversión pública a su diseño y desarrollo; y, por lo tanto, es necesario contar con recursos públicos excedentes con el fin de conseguir las infraestructuras deseadas. Y es en este punto donde aparece la realidad de fondo en las economías latinoamericanas: sufren de una debilidad fiscal congénita, porque carecen de instituciones estatales firmes para recaudar y no está extendida la cultura tributaria.

No hay Estado sin impuestos y, aunque suene heterodoxo, sin represión del fraude; y si el Estado realmente existente, con una estructura fiscal demediada, no puede actuar en los intersticios de la actividad económica privada, como estímulo o como estratega final, el aprovechamiento de los mercados básicos bien desarrollados en otras áreas económicas (dólar, euro) es insuficiente.

El País

24 de junio de 2018

https://elpais.com/economia/2018/06/21/actualidad/1529603185_937026.html

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“… si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.”

Blas de Otero

Ciertamente, no hay peor cuña que la del mismo palo. Durante varios días me dediqué a recoger las opiniones que algunos voceros de la oposición tienen de otra parte de esa oposición; por ejemplo, sobre la MUD o el denominado Frente Amplio, que son los blancos y las presas favoritas.

Solo he recogido aquellas expresiones que se publican en artículos de prensa en los principales medios impresos del país, pues en ellos aún existe cierto recato y moderación. Deliberadamente omití las denominadas redes sociales, especialmente “Twitter” ─convertido en el patíbulo de la opinión pública─ con lo que hubiera podido llenar una enciclopedia de términos y expresiones extremadamente escatológicas y soeces que no soportarían ningún tipo de autocensura o llamado a la decencia.

Ruego me disculpen aquellos de quienes no haya recogido ninguna expresión, o los que vean las suyas reflejadas y se sientan citados fuera de contexto; esto es solo una muestra con fines didácticos y lo que he podido recolectar es más o menos lo siguiente:

“Oposición oficialista”, “falsos opositores con razonamientos falaces”, “retórica derrotista”, “bufones”, “garantes de la dictadura”, “servidumbre voluntaria”, “políticos acomodaticios”, “recolectores de favores y prebendas sin patria”, “ilusos”, “títeres”, “colaboracionistas”, “oposición corrupta como la dictadura”, “legitimadores de la dictadura”, “claudicantes”, “arrogantes autocomplacientes morales”, “fundamentalistas del voto”, “oposición francamente gobiernera”, “quintacolumnistas”, “agrupación de zombis”, “carcamales del puntofijismo”, “neoburocracia política mezquina, regresiva y voraz”, “deshonestos”, “fracasados”, “sermoneadores demagógicos”, “ingenuos”, “cómplices del régimen”, “coalición incapaz”, “coalición viciosa”, “coalición putrefacta”, “oposición de accionar incoherente”, “oposición acomodaticia”, “oposición que emplea falsos mecanismos profundamente anti democráticos”, “falsos demócratas”, “improvisados”, “serviles”, “traidores”, “canallas”, “cómplices del asesinato de jóvenes”, “impúdicos”, “cooperadores con la tiranía”......

Y paremos ya la lista.

Como ven, algunos se esmeran en el insulto y hasta son ingeniosos, otros son simplemente despiadados, injustos y algunos términos y calificativos hasta inspiran compasión por lo comunes, ligeros y poco originales. Las expresiones que salen del lado de la barrera de quienes defienden a la MUD y el Frente Amplio hacia quienes han proferido los insultos que reseñé, no son para nada condescendientes o diferentes, pero ciertamente son menos frecuentes y en todo caso, aunque fueran iguales, para lo que quiero destacar y significar ─ya dije que esto tenía fines didácticos─ es suficiente con lo aquí recogido. Además, cualquiera de las partes se podría atribuir la autoría de los insultos y considerar a la otra merecedora de los mismos, pues lo que piensan los unos de los otros no es muy diferente.

Estamos en una época de fáciles y rápidas comunicaciones; emitir una opinión sobre algo o alguien nunca había sido tan fácil y las redes sociales hacen que esa opinión “viaje” y se difunda velozmente, pero también irresponsablemente y lo más impresionante es que parece lo normal, sin importar lo que eso significa.

Los juicios, las opiniones, la palabra misma ─como dice una buena amiga─ ha ido perdiendo significado, sentido y trascendencia. Nadie medita sobre lo que dice u opina sobre las posiciones de los otros o las consecuencias que pueda tener; simplemente lo lanza al viento porque lo considera su derecho, y si antes no era fácil que se difundiera, ahora es difícil de recoger.

Lo triste y lamentable es que ahora ─volviendo a nuestro tema inicial─ mucha gente, de los bandos opositores, espera que a quienes han endilgado semejantes epítetos, olviden todo lo expresado y lo que se ha dicho sobre ellos y contra ellos, sin reparo y se sienten y comiencen a conversar ─es tiempo de unidad, dicen algunos─ y a ponerse de acuerdo para desarrollar una sólida alianza que sea capaz de derrotar a esta dictadura, por el método que sea, elecciones, revuelta popular, alzamiento militar interno o internacional, renuncia presidencial, o lo que sea.

Ciertamente hay espíritus superiores, capaces de perdonar cualquier agravio, poner la otra mejilla ─por algo tenemos dos, se dice─ y haciendo de tripas corazón, poner por delante algún principio sublime y abstracto, olvidar todo lo dicho y pasado, como si no hubiera ocurrido, y estar dispuesto a comenzar de nuevo. Pero la realidad es que esa unidad solo se puede construir sobre la base de la confianza, que rutinariamente socavamos y destruimos día a día.

Tal vez quien ha sido insultado piense que como ese insulto nada tiene que ver con él, por lo tanto no se considere aludido u ofendido y no tendría ningún inconveniente en iniciar cualquier tipo de diálogo con quien ha proferido los insultos; pero lo que no logro entender es al “insultador”; ¿Cómo alguien puede sentarse a conversar y llegar a acuerdos con quien considera un traidor, un vendido, un cómplice de una dictadura asesina y corrupta? No va a ser nada fácil ponerse de acuerdo y unificar a una oposición que se ha endilgado mutuamente semejantes calificativos y epítetos, que han socavado la base de confianza y respeto sobre la que se deben apoyar.

Confieso que por más que trato de autoconvencerme que “la política es así” o que quien se meta a político tiene que tener la dura y áspera “piel del cocodrilo”, creo que queda hoy muy poca gente de esa “raza”; muy poca gente capaz de sobreponerse tras estar expuesto a algunos de esos insultos y actuar como si nada hubiera pasado.

Pero, si no los hay, pues habrá que inventarlos, como se suele decir, aunque no sea fácil, pues ciertamente hay que pasar por encima de diferencias y dicterios, para construir una opción que interprete y le llegue al país, le explique al pueblo la raíz de nuestros males y cuál es la opción que queremos construir, para la cual contamos con él.

Esa es la verdadera tarea y la difícil, para la que sí se requiere imaginación y templanza, para encontrar esa idea poderosa, esa palabra, ese discurso, ese mensaje que nos siembre en el corazón del pueblo venezolano y haga crecer en él la esperanza de que si es posible un futuro mejor que el oprobio en el que vivimos.

Esa es la tarea para la que se necesita ingenio, carácter, civilidad, y sobre todo buena voluntad y propósito, porque para insultar, mal hablar, gritar o decir lo primero que nos pasa por la cabeza, no hace falta mucho o quizás nada.

@Ismael_Perez

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Jeffrey D. Sachs

La crisis climática que hoy enfrentamos es el reflejo de una crisis mayor: una confusión global de medios y fines. Seguimos utilizando combustibles fósiles porque podemos (medios), no porque sean buenos para nosotros (fines).

Esta confusión es la razón por la que el Papa Francisco y el patriarca ecuménico Bartolomé nos estimulan a pensar seriamente en lo que es verdaderamente bueno para la humanidad, y cómo lograrlo. A comienzos de este mes, el Papa y el patriarca congregaron a líderes empresariales, científicos y académicos, en Roma y en Atenas respectivamente, para acelerar la transición de los combustibles fósiles a una energía renovable segura.

En gran parte del mundo hoy, los propósitos de la política, la economía y la tecnología se han degradado. La política es considerada como una lucha de poder sin limitaciones, la economía como una carrera despiadada detrás de la riqueza y la tecnología como el elixir mágico para un mayor crecimiento económico. En verdad, según Francisco y Bartolomé, necesitamos que la política, la economía y la tecnología cumplan un propósito mucho mayor que el poder, la riqueza o el crecimiento económico. Las necesitamos para promover el bienestar humano de hoy y de las generaciones futuras.

Estados Unidos puede ser el más confundido de todos. Estados Unidos hoy es un país rico más allá de lo que se pueda imaginar, con un ingreso mediano de los hogares y un producto interior bruto per capita igual, en cada caso, a casi 60.000 dólares. Estados Unidos podría tenerlo todo. Sin embargo, lo que tiene es una creciente desigualdad de ingresos, una caída de la expectativa de vida, una tasa de suicidio en ascenso y una epidemia de obesidad, sobredosis de opioides, masacres en escuelas, trastornos depresivos y otros males graves. Estados Unidos incurrió en pérdidas por 300.000 millones de dólares causadas por desastres relacionados con el clima el año pasado, incluidos tres huracanes inmensos -cuya frecuencia e intensidad han aumentado, debido a la dependencia de los combustibles fósiles-. Estados Unidos tiene un poder, una riqueza y un crecimiento enormes y, sin embargo, un bienestar reducido.

La economía y la política de Estados Unidos están en manos de los lobbies corporativos, entre ellos el de los gigantes petroleros. Se asignan recursos de manera implacable a desarrollar más campos de petróleo y gas, no porque sean buenos para Estados Unidos o el mundo, sino porque los accionistas y gerentes de ExxonMobil, Chevron, Conoco Philipps y otros así lo exigen. Trump y sus secuaces trabajan diariamente para socavar los acuerdos globales y las regulaciones domésticas que se implementaron para acelerar el cambio de los combustibles fósiles a la energía renovable.

Efectivamente, podemos producir más petróleo, carbón y gas. ¿Pero para qué? No para nuestra seguridad: los peligros del calentamiento global ya están entre nosotros. No porque no tengamos alternativas: Estados Unidos tiene recursos eólicos, solares e hídricos entre otras fuentes de energía primaria que no causan calentamiento global. La economía estadounidense, lamentablemente, es un gigante fuera de control, que persigue la riqueza petrolera y pone en peligro nuestra propia supervivencia.

Por supuesto, Estados Unidos no es el único en la búsqueda alocada de riqueza por sobre el bienestar. La misma confusión de medios y fines, centrada en el rédito inmediato, está haciendo que la Argentina, que será sede de la Cumbre del G-20 más avanzado este año, lleve adelante fracturación para extraer gas natural, con todos los riesgos climáticos y ambientales asociados, en lugar de aprovechar su potencial generoso de energía eólica, solar e hídrica. La misma corrupción de propósitos está haciendo que el gobierno canadiense garantice un nuevo oleoducto para exportar a Asia la producción proveniente de sus arenas petrolíferas contaminantes y costosas, mientras que sub-invierte en las vastas fuentes de energía renovable de Canadá.

En su reunión con los CEOs de las principales compañías petroleras y de gas, Francisco les dijo: "Nuestro deseo de garantizar la energía para todos no debe conducir al efecto no deseado de una espiral de cambios climáticos extremos debido a un ascenso catastrófico de las temperaturas globales, ambientes más inhóspitos y mayores niveles de pobreza". Observó que las empresas petroleras están empeñadas en "la búsqueda continua de nuevas reservas de combustibles fósiles, mientras que el Acuerdo de París claramente instó a mantener la mayoría de los combustibles fósiles bajo tierra". Y les recordó a los ejecutivos: "¡La civilización requiere energía, pero el uso de energía no debe destruir la civilización!"

Francisco subrayó la dimensión moral del problema:

"La transición a una energía accesible y limpia es una deuda que tenemos con millones de nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo, con los países más pobres y con las generaciones futuras. El progreso decisivo en este camino no se puede hacer sin una mayor conciencia de que todos formamos parte de una familia humana, unida por lazos de fraternidad y solidaridad. Sólo si pensamos y actuamos pensando constantemente en esta unidad subyacente que supera todas las diferencias, sólo si cultivamos un sentido de solidaridad intergeneracional universal, podemos encarar en serio y con determinación el camino por delante".

Mientras Francisco se reunía con los CEOs en Roma la semana pasada, Bartolomé congregaba a líderes de instituciones científicas, de agencias de las Naciones Unidas y de las principales religiones en Atenas y el Peloponeso, para trazar un camino hacia la seguridad ambiental. Bartolomé también subrayó la cuestión moral fundamental: "La identidad de cada sociedad y la medida de cada cultura no se juzgan por el grado de desarrollo tecnológico, crecimiento económico o infraestructura pública", dijo. "Nuestra vida civil y nuestra civilización están definidas y juzgadas principalmente por nuestro respeto por la dignidad de la humanidad y la integridad de la naturaleza".

Los 300 millones de fieles de las iglesias del Este lideradas por el patriarca ecuménico están en tierras que enfrentan los peligros extremos del calentamiento global: intensas olas de calor, crecientes niveles de los océanos y sequías cada vez más severas. La región mediterránea ya está asolada por el peligro ambiental y la migración forzada de las zonas de conflicto. Un cambio climático descontrolado -que ya ha contribuido al conflicto- sería desastroso para la región.

La conferencia de Bartolomé se inauguró en la Acrópolis, el corazón mismo de la antigua Atenas, donde hace 2.300 años Aristóteles definió la ética y la política como la búsqueda del bienestar. La comunidad política, escribió Aristóteles, debería apuntar "al bien supremo", que se alcance cultivando las virtudes de la ciudadanía.

Aristóteles es célebre por contrastar dos tipos de conocimiento: téchne (saber técnico) y phrónesis (sabiduría práctica). Los científicos y los ingenieros nos han dado el conocimiento técnico para pasar rápidamente de los combustibles fósiles a la energía de cero consumo de carbono. Francisco y Bartolomé nos instan a encontrar la phrónesis, la sabiduría práctica, para redirigir nuestra política y nuestra economía hacia el bien común.

Jun 18, 2018

Proyect Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/climate-change-pope-ecumeni...

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