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Opinión

“La crisis llegó a las alcaldías”, dijo en el año 2014 Carlos Ocaríz, actuando como vocero de la Asociación de Alcaldes de Venezuela. En esa oportunidad, advirtió que el Gobierno nacional tenía como estrategia asfixiar financieramente a los gobiernos municipales presididos por alcaldes legítimamente electos en la plataforma de la Unidad democrática.[1]

Nuevamente, en el año 2016, se alertó que por falta de recursos para cubrir los gastos, el 80% de las alcaldías estaban en rojo, la denuncia la hizo en esta oportunidad Gerardo Blyde, actuando como presidente de la Asociación de Alcaldes de Venezuela.[2]

Complementan esos antecedentes varias declaraciones que a lo largo del año 2017 fueron registrándose en medios digitales y en las cuales se acusaba el impacto negativo sobre el presupuesto municipal de los diversos aumentos salariales aprobados por el gobierno nacional.

En ese sentido, el Municipio Hatillo[3], en septiembre 2017, se declaró en emergencia. El Municipio Libertador (Mérida[4]), también alzó su voz de alerta. Los secundaron las alcaldías opositoras ubicadas en el estado Táchira[5] y también reclamó por recursos públicos –ante lo que calificó de inminente quiebra– el alcalde del Municipio Marcano del estado Nueva Esparta[6].

¿Las elecciones municipales del 10 de diciembre 2017 sirvieron de marco para abordar entre candidatos de la Unidad y vecinos el tema del impacto de la crisis económica en las finanzas públicas municipales? ¿Esta rápida y atípica campaña electoral municipal, permitió a los vecinos entender el riesgo y la amenaza que hay sobre la propia existencia del municipio como unidad política primaria?

¿Cómo enfrentar la hiperinflación?, es una pregunta que se hace todo ciudadano y lejos de abrirse los espacios para discutir y debatir el tema, orientar y construir estrategias básicas para enfrentar el desafío financiero, no hay voces que estén haciendo una labor educativa e informativa sobre cómo afrontar la crisis. Es más, si vemos la campaña bajo la experiencia del municipio Baruta, el tema de la hiperinflación no parece haber golpeado los fondos de los diversos candidatos a esa Alcaldía.

El economista Luis Oliveros[7] dijo que experimentamos un “terremoto de gran intensidad y aún nos falta los efectos del Tsunami”. Para Oliveros, vivimos una hiperinflación con terribles costos para la sociedad en general, que directamente también impactará negativamente en las finanzas públicas municipales, pues principalmente esta realidad afecta la capacidad de recaudar impuestos, potenciando así el déficit fiscal.

Además del impacto negativo en el tema financiero, Luis Oliveros alerta que otra de las consecuencias de la hiperinflación es el incremento de los índices de pobreza. Estos dos elementos claramente plantean un desafío enorme para los alcaldes que serán electos el 10 de diciembre 2017 y supone un escenario muy grave para todos los vecinos de cada municipio del país, pues significa el deterioro de la calidad de vida. Para Luis Oliveros el principal reto es sobrevivir, en tal sentido, advierte que quien no actúe rápido y con inteligencia, simplemente pierde. Asdrúbal Oliveros, también economista, presenta la hiperinflación como un proceso destructivo que arrasa con todo, y del cual nadie sale inmune[8].

El 11 de diciembre el país amanecerá con nuevas autoridades municipales. Es decir, con una realidad política distinta, pero además, con una interpretación de la participación ciudadana en el proceso electoral y sobre la transparencia del Consejo Nacional Electoral en ese proceso. No podemos ignorar que hay unas condiciones económicas y sociales que se van agravando con el paso de los días y que según el FMI nos llevarán a cerrar el año 2017 con una inflación de 652% y un PIB del 12%. ¿Estamos conscientes los vecinos que nuestro municipio y su capacidad de respuesta se verá afectada por los efectos de la hiperinflación? ¿Estarán conscientes los candidatos sobre la necesidad de asumir una gestión en tiempos de enfermedad crónica de la economía venezolana?

Para el diputado y economista José Guerra[9], nos espera un futuro más negativo, principalmente porque el Gobierno no impulsa los cambios necesarios en la política de planificación central. Guerra advierte que llevamos 15 trimestres seguidos (desde 2014) de caída.

Los municipios están en riesgo, no sólo por el intento de implantar ese modelo político llamado estado comunal, sino porque ahora hay un componente económico que claramente obstaculiza e impide cualquier propuesta de desarrollo y sostenibilidad de gestión municipal. Alcaldes, concejales y vecinos necesariamente van a tener que encontrarse y debatir sobre la salud financiera del municipio, a los fines de aclarar las expectativas, pero también, a los fines de articular un plan de cooperación vecinal o de inclusión social, a los fines de enfrentar los desafíos que tenemos por delante.

El año 2017 se veía en el pasado como la oportunidad electoral y política de poner en la agenda nacional el debate sobre la descentralización como política de estado y la autonomía municipal como principio rector del desarrollo local. Ese round hoy está perdido. El esfuerzo que significó los “Lineamientos para la Gestión Municipal 2014-2018”, en las elecciones municipales del 2013, los resultados positivos que esas propuestas tuvieron a lo largo y ancho del país donde había un gobierno de Unidad, están allí como aprendizaje para valorar la importancia de pensar y actuar en Unidad.

Como dijo Ocaríz en el 2014: la crisis llegó a las alcaldías. ¿Estamos preparados?, guste o no, la sociedad civil tendrá que decir algo y exigir transparencia a los nuevos alcaldes, solicitando un diagnóstico sobre el presupuesto 2018, pues participando o no electoralmente el 10D, no podrán evitar sufrir las consecuencias de un municipio que podría verse claramente disminuido financieramente para responder a las necesidades básicas de sus vecinos y prestar los servicios que el ciudadano espera recibir.

PolitiKa UCAB.

Diciembre 8, 2017

https://politikaucab.net/2017/12/08/llego-la-crisis-a-las-alcaldias/

 4 min


Arichuna Silva Romero

«Mientras a consecuencia de las leyes y de las costumbres exista una condenación social, creando artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas del siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas; en tanto que en ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, los libros de la naturaleza del presente podrán no ser inútiles.»

Víctor Hugo (1802-1885) Los Miserables (1862), Prólogo

I

Qué valor hermenéutico podemos extraer de ese breve prólogo que introduce la gran obra universal: Los Miserables, que pueda extrapolarse al momento de opresión que vive Venezuela. Dos palabras claves emergen de su texto: ignorancia y miseria. Causa y efecto universal, del desmoronamiento social y su consecuente condena; óbices que detienen el desarrollo de cualquier comunidad humana; tinieblas que aturden a los pueblos y caldos de cultivos que propician regímenes apartados de las ideas de república y democracia; así éstos hayan llegados por el mecanismo del voto.

Todos esos estadios los padece nuestra patria. De todo ello, se ha escrito, analizado y debatido en cuantía. Su infortunio, es una perenne enfermedad a la que se le ha diagnosticado muchas veces; y para la cual, pareciera no existir cura. O no se le quiere dar cura. En consecuencia: ¿puede haber alguna cura?, ¿existe esa cura?, ¿dónde está? y ¿quién la tiene? Interrogantes por ahora, que pertenecen al campo de la complejidad, y que no son fáciles de responder; por lo que subyace en ellas.

Pero, lo que sí podemos y debemos comprender; es que, la ignorancia posee una dirección común en las esferas filosóficas, pedagógicas y jurídicas. Por ejemplo, en el sentido filosófico el «no saber que no se sabe», hace al individuo ingenuo, sin malicia. Por ello en Venezuela, luego de la llegada de la V República e implantado su modelo político, económico y social contrario a la Constitución, se observa una gran masa de venezolanos haciendo culto a la personalidad y alienados por el pensamiento único. Llevando franelas rojas y portando brazalete tricolor. Y pintando por doquier, las caras de Chávez, el Che, Zamora, Bolívar (la imagen creada en “revolución”) y Miranda.

II

Por otra parte, y visto en un sentido pedagógico: para qué Simón Bolívar nos pronunció en un párrafo de su Discurso de Angostura (1819): “La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades”.

Para que en el balance de la Venezuela del siglo XXI, y luego de haberle ingresado más de US$ 960.589 millones por la venta del petróleo que es riqueza de todos y para todos, se viera al semillero (nuestros niños) del país, limpiando vidrios en los semáforos, otros tantos mitigando el hambre con las drogas y desertando de las aulas, y muchos de ellos, pidiendo algo (dinero o comida) para comer; al cliente que paga en la caja y, diciéndole: “gracias señor, que Dios se lo multiplique…”. O, en el otro extremo del “orden social”, y después de dieciocho años, ver salir a la luz pública a los supuestos corruptos de cuello rojo (recordemos que en la IV República se le llamaba de cuello blanco). Los otrora ex Presidentes y Directivos de la primera industria (PDVSA) que nos da el pan de cada día. Sí, ese 95% de bienes y servicios que consumimos.

Y finalmente, se tiene el sentido jurídico: Ignorantia juris non excusat ("la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento"). A todos los venezolanos se nos dio un mandato a partir de la aprobación de la Constitución de 1999. Una carta magna que fue redactada más social a la de 1961, que ponía sobre los hombros del Estado mayores responsabilidades y deberes. Pero, que apeló a su vez, a la ciudadanía y a la sociedad organizada para que se movilizara y contribuyera de forma activa en la toma de decisión en el ámbito local y nacional. Es decir, se le dio el empowerment (empoderamiento) a cada ciudadano venezolano, para que opinara en la discusión de las leyes. Y dejara de tener una conducta limitada, sólo de votar.

III

Esta nación grande y profunda, tan llena del ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; vive un estado de miseria. Sus indicadores, se ven en las colas de los supermercados y en las estaciones de gasolina, en el anaquel vacío, en el precio que cambia velozmente por la hiperinflación, en la escasez, en el ser querido que se exilia, en la basura que nos ahoga, en el Metro colapsado, en el agotamiento del anciano, en la desidia, en la traición de los dirigentes políticos y en la pérdida de tiempo que nos han hecho pasar, deteniendo nuestro progreso (asfixia social, Hugo V.).

Pensamos que debemos ir de nuevo al Preámbulo del texto constitucional. Y desde su invocación y fines supremos (protección y visión) empezar a reconstruir la patria de la arepa, la hallaca, la gaita, el Auyan-tepui, el café colado y el gentilicio de su maravillosa gente. Haciendo la primera tarea que dejamos de cumplir.

IV

Nos hemos convertido como Estado y Nación, en uno de los miserables de Víctor Hugo. Aquel insigne autor que, desde el exilio y cuya cabeza se le puso precio –luego del golpe de Estado que diera Luis Napoleón el 02 de diciembre de 1851–, dejara cuestiones de alta trascendencia en su novelón, como se le describió.

Veamos a continuación, una interpretación que sobre el tema de la obra, hiciera el escritor Jacinto Labaila (1833-1895), expuesto en el aparte: Estudio Preliminar, Obras Completas (2004) de Víctor Hugo. Un motivo, que nos puede mover a la interpretación y comprensión (sentido hermenéutico) del fenómeno que vivimos y lo que pudiera hacerse. Veamos su parágrafo:

«Porque nadie puede dejar de advertir que esto no es un juego literario ni un desahogo personal, sino que aquí se discuten cuestiones de alto bordo. ¿Qué es la culpa y la inocencia? ¿Qué es la justicia, qué hay que entender por orden social, en qué consiste ser bueno?¿Existe la fatalidad en las conductas humanas y en los mecanismos sociales, o puede vencerse luchando por la regeneración, convirtiendo el mal en bien?» (p.14).

Tcnel. (Av.) (R) Arichuna Silva Romero

@asiromantis

 5 min


Jesús Elorza G.

Asombrados, como pajaritos en rama, quedaron los ministros enchufados, al escuchar a su camarada Nicolás informando sobre el nuevo signo monetario que se iba a implantar en el país. La solución a todos nuestros males y la derrota de la guerra económica impuesta por el imperio, llegará a su fin con la “Criptomoneda Revolucionaria”

-¿Qué vaina es esa?, preguntó La Fosforito.

Es un tipo de moneda digital, respondió el ministro de economía.

-Ahora menos entiendo, dijo medio arrecha la ministra de los Pranes. Lo único que yo conozco en esa materia son las huellas digitales de mis panas privados de libertad…..y ¿cómo es eso de plata digital?…..échenme una ayudaiiitta.

-Jaua, que estaba más perdido que el hijo de Lindbergh, intervino para hacerse solidario con su camarada…..yo tampoco entiendo un coño…. Si acabamos de empeñar el oro y los materiales preciosos con el llamado “Arco Minero” a las empresas transnacionales de nuestros solidarios amigos rusos y chinos, ¿con qué carajo, vamos a respaldar esa cripto verga?

- Hasta Jorge Rodríguez, perdió su maléfica y burlona sonrisita e intervino para preguntar ¿con qué divisas se van a respaldar esa nueva moneda? Los pocos dólares que nos ingresan no lo vamos a invertir en esa vaina….no joda, ni que estuviéramos locos para sacrificar esa teta. Déjenme decirles, que sin ser un experto en esa materia, que un Bitcoin según Dólar Today cuesta aproximadamente 12.000 dólares. Como ministro de cultura, iniciare una campaña para contrarrestar a los jodedores de la oposición que con toda seguridad comenzaran a burlarse de la criptomoneda “Petro” diciendo que nos inspiramos en el cantante colombiano Noel Petro y su éxito musical “El Burro Mocho”.

Tranquilos, exclamo Nicolás. Esto no es un problema económico; sus dudas son valederas pero no tienen cabida en la situación actual. Estamos hablando de una nueva agresión política por parte del imperialismo que debemos enfrentar y contrarrestar en lo inmediato.

-???????......ahora si es verdad que quedamos en el aire….dijeron todos los presentes. Camarada Nicolás, explique por favor, que nos quiere decir.

Bueno, el G-2 cubano y el Servicio Bolivariano de Inteligencia me informaron que Donald Trump en su desespero por acabar con nuestra revolución y ante el fracaso sostenido de su guerra económica, ha decidido enviar a “Superman” para que sea el encargado de una solución final al problema que genera nuestro modelo revolucionario. No se va a calar este peo, como lo hizo Kennedy con Cuba…Un cerco que durante años lo que hizo fue fortalecer al sátrapa de Fidel. Seguro está Trump, que el hombre de acero pondrá punto final al problema.

-Verga, nos jodimos camaradas, fue la expresión de los ahora asustados enchufados. Ahora ¿quién podrá defendernos?

Yooooooo, expresó Nicolás al estilo del Chapulín Colorado. Desde el mismo momento en que fui informado de esta agresión, inicie las consultas respectivas con los panas Rusos, Sirios, Coreanos (del Norte) y los combatientes del Estado Islámico (ISIS) quienes me orientaron para entrar en contacto con Alexander Joseph "Lex" Luthor un supervillano y el archienemigo de Superman. Este personaje, tiene en su poder el material de “Kriptonita” necesario para debilitar y derrotar al Hombre de Acero.

En consecuencia, una vez contactado y contratado el camarada Lex Luthor, procedimos a definir la estrategia para el combate final. Vamos a producir cantidades industriales de “Criptomonedas” para repartirlas entre todos los milicianos que tengan el Carnet de la Patria y en el momento en que se aparezca ese fulano de acero, se las lanzamos, como hacen los musulmanes en la ceremonia simbólica de la Lapidación del Diablo. Así, el mundo entero nos reconocerá como los Súper-revolucionarios.

-Aplausos, loas y felicitaciones llenaron el ambiente. Los enchufados recuperaron sus aires de arrogancia y daban por cierto que el plan de su camarada Nico, era infalible. Solo se atrevieron a sugerir una pequeña modificación: Cambiar el nombre de Petro por el de “Hugo” para que no sigan con la jodedera del “Burro Mocho”

Los mesoneros, encargados de servir a la reunión de los enchufados, no dejaban de comentar lo que estaban viendo y escuchando. Estos tipos, dijo uno de ellos, están locos e’ bola. Si la criptomoneda es de tipo digital, para lanzárselas a Superman van a tener que regalar computadoras o teléfonos inteligentes que jode, ya que estamos hablando de dinero electrónico no de monedas como las que actualmente están en circulación. Entonces cabría preguntar ¿La kriptonita digital tendrá efecto en Superman?.....o Maduro seguirá con su sarta de mentiras para distraer a un pueblo de los problemas socio-económicos que lo agobian.

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Termino de leer un libro que llego a mis manos gracias a un trueque. Di a cambio una novela que traía muy buenas referencias, pero que, luego de leerla, me dejo la sensación de haber perdido el tiempo. Todo lo contrario me resulto la Sociedad Decente, el libro que adquirí mediante el cambalache, escrito hace casi veinte años por el filósofo Avishai Margalit, un autor con el que topaba por primera vez.

Dicho pocas palabras, el texto señala que la sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas. Aquella, señala el autor, que combate las condiciones que justifican que quienes forman parte de ella se consideren humillados. O, como escribió recientemente Fernando Savater, aquella cuyas instituciones no lesionan el respeto que los ciudadanos se tienen a sí mismos ni excluyen a ninguna minoría moralmente legítima. La humillación es, pues, el robo de la condición humana.

El fin último de la política, escribe Margalit, es, por tanto, combatir la humillación, esto es, la degradación, el desprecio, el no-reconocimiento, en suma, exclusión de la comunidad humana.

Desde el libro que vengo comentando trato de entender a la Venezuela de estos días. Miro alrededor y observo varias cosas que le están dando forma a este país que ahora somos y que tienen en el Carnet de la Patria una terrible y dolorosa expresión de control institucional y que Margalit calificaría, sin duda, como un instrumento, por desgracia no el único entre nosotros, de humillación a los ciudadanos. Así las cosas, cabe añadir que como lo ha diagnosticado para diferentes latitudes y épocas el psicólogo Martin Seligman, podría asomar una situación de “indefensión aprendida”, en la que las personas empiecen a creer que no tienen ningún control sobre las condiciones que las perjudican, inhibiendo su voluntad para modificarlas.

HARINA DE OTRO COSTAL

Después de andar sin brújula por la Facultad de Derecho, a lo largo de casi tres años, un ataque de sensatez me llevo a la bendita decisión de cambiar de carrera. Me fui, pues, hacia los predios de la Facultad de Economía para estudiar en la Escuela de Sociología. Desde entonces, una vez graduado, me he dedicado a un oficio que si bien no me he enriquecido, me ha permitido atravesar la vida de manera interesante y agradable.

En este sentido, y a propósito de la reciente celebración del Día del Profesor, debo decir que entre mis actividades profesionales, me ha tocado dar clases en la UCV, cada lunes, durante unos cuántos años. No sé si tenga en mi vida un mayor privilegio. Ni cosa más entretenida y placentera - ¿jugar fútbol tal vez? -, a pesar del menú de medidas y anuncios del Gobierno Nacional orientados a entrabar el funcionamiento de las universidades autónomas y deteriorar las condiciones en las que se llevan a cabo sus diversas actividades, entre ellas las de docencia.

El Nacional, jueves 7 de diciembre de 2107

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En la agricultura se debe aplicar un grupo de insumos básicos para poder llevar a feliz término un cultivo, lo que en Venezuela, en los años recientes, ha sido un permanente reclamo de los agricultores por la ausencia de semillas, fertilizantes, herbicidas, insecticidas y otros, además de maquinarias y equipos en buenas condiciones, que se han ido deteriorando por la falta de repuestos y materiales para hacerles un adecuado servicio de mantenimiento.

El problema del suministro de insumos a nuestros productores agrícolas se inició el año 2010, cuando injustificadamente fue expoliada, y no expropiada, la empresa Agroisleña, C.A., en la cual se fabricaba y formulaba buena parte de los plaguicidas, estimulantes del crecimiento, fertilizantes foliares, fertilizantes hidrosolubles para fertirrigar, se generaban cultivares de cereales y se producía y procesaba semilla de excelente calidad, se elaboraban mezclas físicas de fertilizantes y se distribuía, en todo el territorio nacional, un buen porcentaje de los fertilizantes convencionales y maquinarias y equipos de uso agrícola. Además, se ofrecía una moderna infraestructura para la recepción, acondicionamiento y almacenamiento de cereales y otros granos; facilidades de transporte para la distribución de insumos y de la cosecha hacia los sitios de recepción; y un permanente servicio de asistencia técnica al productor a puerta de finca, complementado con actividades divulgativas tales como cursos, días de campo y seminarios, para el mejoramiento de productores y técnicos del agro.

Actualmente en el país, con el control de cambio y el control de todas las actividades productivas, lógicamente el “Papá Estado” tiene la obligación de suministrar los insumos necesarios para la agricultura, que actualmente son casi 100% importados porque no hay producción nacional, debido a que los ciudadanos no tienen acceso a divisas para importar materia prima o productos terminados, y además, cualquier importación tiene que ser autorizada por el gobierno. Recordemos que en Venezuela el único con injerencia sobre el manejo de los medios de producción es el Estado.

Qué quiere decir el señor Nicolás Maduro, según lo señalan recientes reportes de prensa, con su mensaje a los productores: “Papá Estado no les puede proveer de todo; tienen que buscar sus insumos”, y remata diciendo: “hay que parir compadre”. Es decir, con la estructura económica que tenemos, el presidente de la república en lugar de cumplir con sus obligaciones, motiva a los agricultores a buscar sus propios recursos para la producción, lo que tiene que ser realizado a dólar libre o paralelo ya que no hay divisas preferenciales para la agricultura, ni siquiera es posible adquirir las divisas por el sistema DICOM. Para entender esto veamos el siguiente ejemplo:

Cultivar una hectárea de maíz en el país, incluyendo todas las labores y todos los insumos hasta la entrega del grano en las plantas receptoras ronda los US$ 1.000,00. El precio internacional del maíz varía entre US$ 150,00 y US$ 200,00/tonelada. Si escogemos precio de US$ 200,00 para fines de este ejemplo, el punto de equilibrio se logra con un rendimiento de 5 toneladas/ha. Por lo tanto, para que el agricultor cubra sus gastos de producción ejecutados a dólar paralelo, le deben pagar el kilogramo de maíz a US$ 0,20, ya que el cambio paralelo es de cien mil bolívares (Bs. 100.000,00)/US$, resultando en un precio de Bs. 20.000,00/kg de maiz. Debemos añadir que para que un agricultor obtenga una ganancia modesta del orden de 10% sobre esos costos directos de producción, que equivaldría a recibir US$ 1.100,00/ha, tiene que alcanzar un rendimiento de 5.500 kg/ha. Por lo tanto señor Maduro, para compensar el parto de los agricultores, debido a que el “Papá Estado” también controla los precios de venta de los productos, tiene que regular el precio del maíz a Bs. 20.000,00/kg y hacer los ajustes diarios que la hiperinflación que nos está devorando reclama.

Vociferar estos asuntos con fines demagógicos es muy fácil, lo cual ha sido una costumbre del gobierno del socialismo del siglo XXI que finalmente nos ha llevado a la ruina. Por eso insisto en recomendar a las instancias oficiales que se asesoren adecuadamente, y que en los niveles directivos, quienes deben ejecutar las políticas agrícolas y dictar las directrices a seguir para la recuperación de nuestra agricultura, sean personas cabalmente preparadas

.Diciembre 2017

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

En Amazon está a la venta el libro del autor: “Fertilidad de suelos y su manejo en la agricultura venezolana”. Tiene información muy útil para mejorar la práctica de fertilización de los cultivos, con miras a una mayor productividad y a un mejor trato a los suelos y al ambiente en general, https:/www.amazon.com/dp/1973818078/

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política # 128

Aunque las inminentes elecciones municipales se realizaran con grandes expectativas de abstención, no por eso dejará de plantear algunas incógnitas que valdrían la pena mencionar.

La primera incógnita que despejarán las elecciones municipales será que no servirán para sacarnos de la crisis agobiante por la que atravesamos los venezolanos, en ese sentido, lo único que hará, ciertamente, es profundizarla e incrementar el número de víctimas causadas por la falta de insumos, medicinas y alimentos que afectan a la mayoría de los venezolanos.

Otra incógnita será el porcentaje de abstención, tanto de la oposición, como del régimen, que resultará finalmente. El gobierno, sin dudas, tratara de hacer un gran esfuerzo para demostrar su musculo electoral inflando las cifras de votantes en aquellos centros de votación donde la oposición no logró colocar testigos, y así, presentarlo como una fortaleza ante la comunidad internacional, ahora que tiene que asistir nuevamente el 15D a las negociaciones en la República Dominicana. En cuanto a los resultados de la oposición habrá que analizarlas por las alcaldías que se logren retener, más por iniciativa de las comunidades organizadas en algunos de estos municipios, que por la participación de los partidos políticos en las mismas, aunque algunos de ellos brindaron apoyo a candidatos a pesar de ir en contra de las líneas de su respectiva organización política.

Los partidos oposicionistas que decidieron participar para “defender el derecho del voto de los ciudadanos”, a pesar de lo fraudulento del proceso, también apreciaron que era la oportunidad de captar unos votos de los electores de los partidos mayoritarios que no participan, pero cuyos simpatizantes desean ejercer su derecho a votar. De esta manera, con votos en mano, a pesar de que no hayan ganado ninguna alcaldía, pueden presentarse ante una posible MUD resucitada o reorganizada con una contabilidad de votos “creíble” ante estos partidos que han mantenido la hegemonía en la mesa unitaria hasta ahora. Sin embargo, esto puede ser un cuchillo de doble filo para estas organizaciones si no logran los votos que les permitan presentarse como una organización política con una cantidad importante de simpatizantes, y más bien, queden en evidencia como “partidos de maletín”, como sería el caso de COPEI y el MAS, que desde hace tiempo se tiene la percepción general de que están en esta clasificación.

Para UNT y AP el reto es diferente. Ambos tienen la intención de participar con candidato propio en las elecciones presidenciales - o al menos en las primarias- del próximo año 2018 y, en consecuencia, deben pulsar sus simpatizantes a nivel nacional, aunque esto, también, puede revertirse en su contra y quedar como partidos regionales básicamente.

Otra incógnita que puede resultar será el caso de que el candidato a la gobernación del estado Zulia postulado por su partido UNT resulte ganador, por lo que se presentará un escenario con dos gobernadores electos de la oposición en esa entidad federal.

Pero la mayor incógnita que presentará el evento electoral será quién será mayormente favorecido con los resultados ante la comunidad internacional de cara a la siguiente ronda de negociaciones prevista para el 15D como se mencionó al principio. Sin dudas, eso dependerá del nivel del fraude que programe el régimen y no del número de alcaldías que logre ganar porque al final, todo será producto de un fraude que ya no se puede ocultar.

@lesterllopezo 09/12/17

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Jorge Castañeda

La reciente elección presidencial de Chile, junto con la contienda del 26 de noviembre en Honduras, señala el comienzo de un ciclo electoral que durará todo un año en América Latina. Para finales de 2018, Colombia, México, Brasil, Costa Rica, Paraguay y quizá Venezuela habrán elegido a nuevos líderes. Como sucedió en Chile y Honduras, habrá sorpresas, pero sin duda ciertos temas serán vitales en estos países: la corrupción, la delincuencia y la violencia; una enorme y profunda insatisfacción con la democracia y una creciente frustración con los desempeños económicos mediocres o absolutamente terribles.

Estos problemas pueden llevar a resultados muy variados. En algunos casos —México, Brasil y Colombia—pueden impulsar a candidatos que no son parte de la política tradicional o que son percibidos como tal. En otros, pueden generar un sesgo simple, tradicional o contra el gobierno: quizá en la inesperada segunda vuelta de Chile; en Venezuela —si en realidad se lleva a cabo una elección—, y posiblemente en Colombia —donde un presidente exitoso es muy impopular—. Por último, en un puñado de naciones, la continuidad superará al cambio riesgoso o peligroso, ya que los electores prefieren al malo por conocido que al bueno por conocer.

Recientemente, algunos comentaristas han especulado sobre la resiliencia de las instituciones democráticas latinoamericanas en el contexto de este popurrí electoral. En cambio, otros analistas se han preguntado si la inseguridad, la desigualdad y la impunidad rampantes desde hace décadas en la región no tentarán a los electores a elegir a candidatos autoritarios. O quizá se inclinen en la dirección antidemocrática, si sus candidatos prometen —ya no digamos cumplen— contener esas plagas. Otros han hecho énfasis en el persistente retorno de la derecha: muchos de esos votos indicarán, como sucedió en Argentina o Perú hace poco, un movimiento pendular que se aleja de los regímenes progresistas o de la “marea rosada” que se ha visto desde el comienzo del siglo hasta 2015.

De hecho, aunque estas preguntas y sus respuestas concebibles son perfectamente válidas, a pesar de ser especulaciones, puede que haya menos ahí de lo que se ve a simple vista. Por fortuna, la democracia latinoamericana se está tornando normal y resistente a grandes turbulencias. Si hay un patrón en esta sucesión de elecciones presidenciales se trata de una novedad saludable: la naturaleza monótona de la mayoría de los posibles resultados. Estas son buenas noticias para la región.

Un rápido resumen de los resultados reales o predecibles, según las encuestas en cada país, parece corroborar este patrón. A pesar de la indignación con la élite política, la participación en Chile en la primera ronda de la elección del mes pasado fue muy similar a la de hace cuatro años –de 6,7 millones– aunque menor que en 2009. El candidato favorito, el expresidente Sebastián Piñera, ya no tiene la victoria garantizada en la segunda vuelta del 19 de diciembre. Sin embargo, si gana, Chile habrá sido gobernado de 2006 a 2022 ya sea por Piñera o por la jefa de Estado saliente, Michelle Bachelet, lo que no está tan mal en términos de continuidad.

Los mexicanos, por su parte, están hartos de un sistema corrupto de partidos políticos. Pero, pese al desprestigio y poca representatividad de los partidos, los candidatos independientes —a los que por primera vez se les permitirá participar en una elección presidencial— están enfrentando dificultades para reunir las firmas necesarias para aparecer en la boleta electoral.

Los brasileños aborrecen a los políticos corruptos del Partido de los Trabajadores, que gobernó desde 2003 hasta el año pasado. Sin embargo, el expresidente y fundador del partido, Luiz Inácio Lula da Silva, está encabezando las encuestas de las elecciones del año próximo. Si se le permite competir a pesar de las serias acusaciones de corrupción, podría ser elegido para un tercer periodo.

Aunque Nicolás Maduro con cierta seguridad perderá una contienda presidencial en Venezuela en 2018, si se diera, su partido fue capaz de ganar o robar un número importante de gobiernos estatales. Sin duda, ha sorteado la tormenta creada por las protestas multitudinarias y las violaciones indignantes a los derechos humanos.

Por último, una contienda cerrada en Honduras ha dejado al mandatario actual en el limbo. El Tribunal Supremo Electoral anunció que un conteo especial le dio al presidente Juan Orlando Hernández una ventaja del 1,59 por ciento contra el candidato de la oposición, Salvador Nasralla. No obstante, la incertidumbre todavía nubla el resultado final: se sospecha un fraude generalizado, Nasralla exige convocar nuevas elecciones, los observadores internacionales exigen un recuento y el resultado final sigue en duda por la posibilidad de que el rival inconforme pueda conseguir todavía una victoria inesperada, tras haber contendido con una plataforma anticorrupción.

En Colombia, el voto —en las elecciones presidenciales de mayo— podría transformarse en un referendo sobre el acuerdo de Juan Manuel Santos con una organización guerrillera que desestabilizó al país durante más de medio siglo. De ser así, los defensores de ese acuerdo en la izquierda y en su propio partido podrían ser minimizados por los que apoyan al expresidente Álvaro Uribe, quien ha criticado con firmeza el acuerdo de paz. Sus sucesores podrían regresar al poder. Con todo, al margen de la guerra o la paz —que admitámoslo, no es un asunto menor —en muchos otros temas los candidatos de Santos y Uribe difieren solo en el tono. Habrá una novedad: los exguerrilleros de las Farc estarán en la boleta como el partido de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Se espera que reciban un porcentaje tan pequeño de los votos que solo llegarán al congreso porque el acuerdo de paz les garantiza los escaños.

Solo en México y Brasil —que tienen un peso enorme en la región— existe un miedo fundado de incursiones de candidatos que se consideran externos a la política tradicional. Cinco años de corrupción generalizada; diez años de una guerra sangrienta contra las drogas —exorbitantemente cara e inútil—; y 25 años de un crecimiento económico decepcionante podrían llevar, finalmente, a los electores mexicanos a la desesperación y a Andrés Manuel López Obrador. En esta tercera ocasión como el candidato, esta vez por el partido Morena, López Obrador, el ex jefe de gobierno de izquierda de la Ciudad de México, competirá contra los candidatos deslucidos del PRI y el PAN, cuyos gobiernos recientes han desalentado a todos. Obrador se dice un político marginal, a pesar de que desde hace mucho tiempo es tan miembro de la clase política como sus opositores. De ganar las elecciones será la ocasión de comprobar si las instituciones mexicanas son tan fuertes como se piensa y si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue sagaz al avivar el fuego del nacionalismo mexicano. La probable elección de López Obrador es el único caso atípico en el horizonte electoral de la región.

El peligro en Brasil viene del lado opuesto del espectro político. Jair Bolsonaro ciertamente no es una figura externa a la política —ha estado en el congreso desde 1990—, pero pertenece a la derecha, autoritaria —es un exparacaidista del ejército autoritario— que piensa, al igual que muchos brasileños, que el país se debe gobernar con mano dura. Están exasperados por una recesión que ha durado casi tres años y un escándalo interminable de corrupción que ha conducido a una destitución presidencial, además de llevar a la cárcel a políticos de primera fila y a algunos de los empresarios más prósperos de Brasil.

Parece poco probable que Bolsonaro sea presidente, aunque quizás sea solo por el sistema de segunda vuelta que Brasil adoptó sabiamente hace varios años. Por otro lado, se pondrán a prueba las instituciones, que son aparentemente sólidas, si este candidato de extrema derecha —que está a favor de la tortura, la “reeducación” de los homosexuales y el régimen militar de antaño— se mantiene en segundo lugar en la mayoría de las encuestas. Al día de hoy, Lula, en caso de que se le permita participar en las elecciones, y Geraldo Alckmin, gobernador de São Paulo y candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña en 2006, tienen las mayores posibilidades de ganar. Ambos pertenecen a la élite política tradicional.

¿Este escenario inédito —la “nueva normalidad”— quiere decir que los electores están contentos con el statu quo? De ninguna manera. Encuesta tras encuesta en toda la región —la de Latinobarómetro de Chile, el Proyecto de Opinión Pública de América Latina de la Universidad Vanderbilt— muestran que los latinoamericanos están insatisfechos con su democracia y su situación económica y social. También se percibe cada vez más resentimiento con Estados Unidos. Quizás no lo expresen en las encuestas, pero podrían volverse blancos de manipulación y explotación por alborotadores, mentirosos e incluso poderes extranjeros. Existen crecientes temores y sospechas de que, por ejemplo, Vladimir Putin, sus hackers y Russia Today estén tentados a inmiscuirse en las elecciones latinoamericanas: a favor del Partido de los Trabajadores en Brasil, el PRI o López Obrador en México y en apoyo a Maduro en Venezuela, si se lleva a cabo una elección.

Sin embargo, lo más probable es que las elecciones en América Latina el próximo año se desenvuelvan sin novedad. Y ese es un cambio bienvenido.

Ex secretario de Relaciones Exteriores de México de 2000 a 2003; profesor de la Universidad de Nueva York y miembro del consejo de Human Rights Watch.

6 de diciembre de 2017

The New York Times ES

https://www.nytimes.com/es/2017/12/06/hacia-donde-va-america-latina/?act...

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