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Opinión

Alejandro Oropeza G

Era una aventura maravillosa, pues significaba sumergirse a voluntad en un universo de conocimiento cálido y placentero de la mano y la orientación de la sabiduría sin soberbia; disponíamos de una guía celosa que nos conducía y nos alumbraba el camino a través de los laberintos de mil y un mares de saber. Navegábamos como si fuese un paseo por la experiencia de siglos que nos regalaba en aquellas tardes memorables en la universidad. Alegre y vivás; segura y certera; cercana y a la vez lejana, estimulaba la ambición sana del conocimiento que se conquista con el estudio y la investigación. Era Magistrado de la, para aquella época, Corte Suprema de Justicia y presidía la Sala Penal. Era toda ella, un torbellino de fe en el Derecho y transmitía lo que debería significar para los que estudiábamos profesar dicho magisterio. Nunca supimos su tendencia política, eso no tenía ninguna importancia: más su sino definitorio era que la justicia tiene necesariamente que fundamentarse en universos de conocimiento que den sustento a las opiniones y a los juicios que, como hombres y mujeres de ley, debemos pronunciar y asumir a lo largo de la vida. Ella era, cómo olvidarlo, la doctora Helena Fierro Herrera. Pálida, casi transparente como un papel bond, menuda y de paso ligero, alguna prenda negra siempre definía su vestimenta, mientras dos labios certeros rojos enmarcaban una sonrisa tranquila y espontánea. Su paso por la Facultad era un mar de saludos, un batir de melena de quien se sabe, por una parte poseedora de la racionalidad que otorga las noches de estudio; y, por otra, querida y respetada por la comunidad que revoloteaba en aquellos pasillos que alumbraba con su presencia.

La imaginábamos, en oportunidades la vimos, en su Despacho, al frente de los legajos, lectora de los errores humanos de otros, implacable en los juicios, justa en la trayectoria que recorre la caída ajena. Sus manos, menudas, tomaban la pluma con fuerza, apretando el destino que dependía de su trazo. Al levantar la mirada, unos cálidos párpados daban confianza, se sentía la presencia de la representante de un Estado que no castigaba sino que, en todo el significado que ello supone, impartía justicia.

En una oportunidad nos enseñó que un italiano pensó que las personas que delinquen se parecen físicamente a los delitos que cometen. Césare Lombroso se llamaba y fue uno de los fundadores de la criminología, nos hablaba de los “tres evangelistas”: Lombroso, Ferry y Garófalo; a los cuales estudiamos acuciosamente, casi con pasión aquellos días. Una pregunta surgió de mi curiosidad y era más o menos del siguiente tenor: Si, según Lombroso en sus teorías de la antropología criminal, los delincuentes se corresponden a ciertas tipologías físicas que los ubican en los delitos a los que están o son propensos a cometer; entonces, quienes no pertenecemos a ninguna ¿estaríamos exentos de cometerlos? Un silencio detuvo su mirada en mí y, casi implacable, me retó: No creo que Lombroso haya pensado en esa posibilidad según recuerdo; pero, quiero que presentes al curso una reflexión acabada en 4 semanas, pasa por mi Despacho en la Corte a buscar el material que necesitas.

Era la franqueza y la sencillez de quien se sabe segura de la solidez de sus criterios y de sus posibilidades.

A él lo conocí en una mesa de trabajo, en una reunión en dónde muchos adelantábamos ideas y propuestas, amparados por la bóveda que definía el sótano de una iglesia en la cual se compartían dos credos sobre Jesucristo. La presentación fue rápida y directa, al instante los ojos inquietos saltaron los ajenos mundos para ubicarse en pos de un objetivo que debía resolverse en el tiempo. Rápido y directo, certero y transparente, con la tranquilidad que otorga el conocer dónde está el Norte que guía y orienta los caminos, no importa la condición del tiempo y la oscuridad que reine. Aun así, no había atropello ni en sus reflexiones ni en la atención que ávidamente prestaba a los demás que compartíamos el espacio. Callado y sereno. Posteriormente, coincidimos en varias oportunidades, gracias a los avatares que fijan los caminos por la defensa de lo poco que sobrevive de la democracia nacional; y si dos palabras puede definir su universo ellas serían: ordenado y sosegado. Ese es: Roberto Picón. Nunca, repito, nunca le he escuchado expresarse displicentemente de persona alguna, aun cuando sea un adversario que utilice estos métodos con su persona. Siempre, aquella amable sonrisa, generosa y tranquila acude a apaciguar la discusión y, ello se acompaña de una capacidad de análisis y de decisión y ejecución a toda prueba. Padre de familia, venezolano hasta los tuétanos, demócrata convencido, consiente de sus alcances y de sus limitaciones, pero ello jamás es esgrimido como punto de base para la descalificación del otro o para la burla inhumana. Es algo así como la esencia del buen venezolano que aún anda y deambula por esos mundos de Dios.

Cuando me enteré de su detención, de su absurda detención, solo pensé: deben de temerle mucho a este hombre para que se proceda de modo tan miserable en su contra; deben estar conscientes de sus capacidades para tratar de sepultarlo en vida en una mazmorra del siglo XXI; deben de admirarlo y envidiarlo demasiado para entender que es menester sacarlo de la lucha. Y, cuando supimos que se le endilgaba el delito de traición a la patria, no dejó, en medio de la sorpresa y el asombro, de brotar una pertinaz sonrisa entendiendo la burla que la justicia suscribía.

Pero, me acordé de Cesare Lombroso y de las clases que hace más de treinta años recibí de la doctora Fierro: ¿se parecen las personas a los delitos que cometen? Y si no se ubican en tipología alguna ¿es imposible que los cometan? Así acudieron otras reflexiones a propósito de la ignominia: primero, ¿a cuál patria podría traicionar este venezolano, como tantos otros perseguidos por ese delito puesto de moda por el procerato pseudo-revolucionario? ¿Patria o régimen? ¿Son lo mismo? ¿Quiénes ciertamente están traicionando a la patria? ¿Es la estampa de Roberto Picón y su actuar abierto y honesto en el día a día, el de un traidor a la patria o a cualquier cosa? ¿Quién y cómo se define esta tipología que desde un gobierno desmantelado ataca a cuanto ser medianamente racional se le opone? ¿Desde cuándo por estos lares la incomodidad de la inteligencia ajena se castiga con el alegato hamletiano de la traición? ¿Quién o quienes, de ser esto posible, poseen la tipología de la traición en contra del universo de un Estado que se pudre en la corrupción, la ineficiencia y la torpeza?

No es Roberto Picón, como no lo fue jamás Helena Fierro, fruto del árbol de la miseria política que pretende arropar a Venezuela; no son los venezolanos, la gran mayoría de los venezolanos que adversan al régimen corrupto traidores, por el hecho de que no se arrastran al pie del trono del dictador y sus adláteres y de aquellos que se apostan para recibir las migajas del botín que no están dispuestos a dejar en nombre de los pocos violentos que los aclaman.

Yo, conozco a Roberto Picón, ¡sé la calidad de ciudadano, de padre, de profesional y de compañero que es! Y no aceptaré jamás que sea tildado por una caterva de mafiosos de traidor a nada. Lo podrán juzgar en esos tribunales de papel húmedo que les dan la espalda a la historia, pero jamás estarán en capacidad de hacerle justicia.

En este país podemos estar orgullosos de muchos venezolanos de valía que han dado y prestado sus servicios y puesto su conocimiento a favor del país y de otros, no nos olvidemos de ello. Hoy me he referido tan solo a dos de ellos: Helena Fierro y Roberto Picón.

¡Que viva la Venezuela que estos dos seres representan! Porque es esa la Venezuela del futuro y la que tenemos que construir cuando la pesadilla acabe.

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En Venezuela cada quien lee, ve, oye y entiende lo que quiere leer, ver, oír y entender y el tema de cómo interpretar el “mandato” del plebiscito del 16 de julio de 2017, no es una excepción.

El 16 de julio, en mi opinión, se dieron varios mensajes. El primero, ya lo he dicho, es que cuando se convocan eventos electorales o similares, la respuesta es masiva: millones de personas acudimos al llamado. Algo debería decir ese primer mensaje a nuestros líderes y la interpretación es que los venezolanos queremos enfrentar a la dictadura, que la rechazamos, pero no somos suicidas. Tras cuatro meses de enfrentamiento en las calles con la GNB/PNB/FANB y grupos paramilitares armados, no estamos dispuestos a seguir siendo acribillados y morir en las calles asesinados por los esbirros del régimen. Y no es una metáfora, lo hemos vivido. No somos soldados, somos ciudadanos, queremos elecciones, en las que podamos expresarnos y participar masivamente, además de votar.

El segundo mensaje, también fue claro en las respuestas a las tres preguntas del plebiscito, especialmente a la tercera, que reproduzco casi textualmente: queremos “la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución”, lo queremos en “elecciones libres y transparentes” y que se conforme “un Gobierno de Unidad Nacional para restituir el orden constitucional”. Esta ha tenido otra lectura por parte de algunos.

No hay en la tercera pregunta un lapso para hacerlo, una fecha para su ejecución, que además sería absurdo definirla frente a una dictadura que hemos visto dispuesta a mentir, reprimir y matar por mantener el poder. Pero sí hay en la pregunta un “modo”: renovando poderes, de acuerdo a la Constitución, mediante elecciones; y una finalidad, un “mandato”, para usar la palabra que les gusta a algunos: conformando un gobierno de unidad nacional. Es decir, que sea por decisión de la mayoría y que se incluya a todos en ese proceso.

Ahora bien, los poderes públicos se deben “renovar” de acuerdo con un procedimiento constitucional y legal, claramente establecido, porque de eso se trata, de “restablecer el orden constitucional” que ha sido violado, alterado, desconocido, por esta dictadura. Algunos, el Tribunal Supremo, CNE e integrantes del Poder Ciudadano, deben ser designados por la Asamblea Nacional (AN); otros –la propia AN y el Presidente de la Republica– deben ser electos por el pueblo en elecciones democráticas. Ya la AN desconoció al TSJ y nombró magistrados – casi todos hoy en el exilio– e inició el proceso para elegir rectores del CNE, que debió suspenderse cuando los candidatos retiraron sus nombres al ver lo que pasó con los magistrados del TSJ designados por la AN; además reconoció a la Fiscal General, también hoy en el exilio, y designó al Vice Fiscal. Pero la AN ha hecho mucho más: declaró la ausencia del cargo del Presidente de la República, desconoció la ANC, llamó a la FANB a restituir el orden democrático y desconocer a la dictadura, y llamó al pueblo a la desobediencia civil a través de los artículos 333 y 350 de la Constitución, organizando además un plebiscito popular, al margen del CNE, desconociendo en la práctica, a este organismo. Y varias cosas más, que sería largo enumerar.

¿Qué significa entonces cumplir el mandato del 16J? ¿Cómo lo hacemos? ¿Aplicamos una “caída y mesa limpia”? ¿Le pedimos a la AN que desconozca la Constitución y proceda a hacerlo de cualquier manera? ¿A la brava, como lo hace la dictadura, sabiendo, como sabemos, además, que la AN no tiene la “fuerza física” –léase bien, “fuerza física”– para hacer que se respeten sus decisiones?

Agradeceríamos a quienes sí han entendido “correctamente” el mandato del 16J que nos ilustraran acerca del Cómo y Cuándo, según ellos, se cumple el mandato del 16J y que ellos han entendido de una manera tan distinta y perentoria y que asuman la responsabilidad de lo que eso implica.

@Ismael_Perez

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Enrique Ochoa Antich
  1. Toda abstención es (objetivamente) un voto a favor del gobierno.
  2. El abstencionismo no deslegitima nada excepto a quien lo promueve.
  3. Mientras más gobernaciones gane el gobierno, más se legitima.
  4. El argumento pro-abstencionista que habla de la supuesta trampa electoral es una profecía autocumplida: quienes se abstienen porque creen que igual el gobierno ganará las elecciones, no se dan cuenta de que es su abstención lo que puede hacer que las gane (de hecho, aunque perderá la mayoría y las más importantes, la neo-dictadura burocrática del siglo XXI ganará algunas gobernaciones que no tendría por qué ganar si no mediara tanta prédica abstencionista).
  5. La principal responsabilidad (o en todo caso, corresponsabilidad) de que en los comicios para la ANC pueda haberse aumentado fraudulentamente la votación por los candidatos postulados recae en la oposición/MUD que, no contenta con cometer el colosal error de no participar en ellos, se ausentó imperdonablemente de las mesas.
  6. Resulta comprensible que no sea fácil para quien se creyó el engaño, la demagogia irresponsable y el delirio de que el 30J comenzaba “la hora cero” o “la etapa decisiva” (como algunos necios profirieron) pasar del 350 a la participación electoral en las regionales. Por eso todo combate contra la abstención es a su vez contra el extremismo que le sirve de caldo de cultivo.
  7. La re-moda abstencionista de estos días es, con los 130 asesinados y la ANC espuria, hija legítima y resultado directo de estos cuatro meses de ofuscamiento extremista-maximalista (todo ya). Cada quién que asuma sus culpas.
  8. El abstencionismo es expresión del maduroveteyaísmo y del todo o nada: excepto el cambio en el poder político central y fuera del desplazamiento del actual presidente de la república, ninguna otra lucha tiene sentido. “Esas gobernacioncitas, ¿para qué?”, parecen exclamar los majaderos. Así, el abstencionismo contradice la estrategia de la acumulación progresiva de fuerzas (políticas, electorales, sociales e institucionales) que le es esencial a la ruta democrática.
  9. La MUD nos quedó debiendo una auto-crítica de estos cuatro meses de calle violenta contra el diálogo y la negociación: sólo una autocrítica descarnada y la asunción de responsabilidades por parte de sus principales voceros podía hacer comprensible el golpe de timón del extremismo a la moderación, de la calle sin diálogo a la participación electoral con negociaciones.
  10. La participación electoral sin ser un dogma, es componente esencial de la ruta democrática que la MUD dice defender. Sería de esperar que quienes promueven hoy la abstención tengan la delicadeza de auto-excluirse de ésta en adelante.

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Lester L. López O.

El comentario de la semana

El acercamiento “exploratorio” entre el régimen y los representantantes opositores de la MUD-AN que debía continuar el pasado 27 en República Dominicana fue rechazado por estos últimos con la excusa de que el gobierno no había cumplido, otra vez, con las condiciones mínimas para que estos acercamientos pasasen al nivel de negociación que aspiran los opositores, que no un diálogo como lo plantean los oficialistas.

¿Cuáles eran esas condiciones mínimas? Dificil saberlo, ya que los voceros opositores se cuidaron, acertadamente, de especificarlos, manteniendo así la confidencialidad que estas conversaciones deben tener para que sean serias y conduzcan a algún resultado concreto, que es lo que se espera. Igual hicieron los voceros del régimen, aunque ellos si viajaron a Dominicana con el pretexto de que faltaba muy poco para llegar a un acuerdo, sin especificar tampoco a que acuerdo se referían.. Preservar esta confidencialidad es esencial en un proceso de negociación como el que se inicia, por lo que también pudiera ser una buena señal de que se está tomando en serio el asunto.

Por supuesto, la presencia internacional con representantes que no estan dispuestos a perder tiempo ante la gravedad y complicado del conflicto, va imponiendo tambien su peso específico para preservar sus reputaciones en el campo diplomático. En suma, pareciera que las conversaciones están bien dirigidas.

Pero volviendo a las condiciones difusas no cumplidas y las comunicaciones que los representantes de la MUD-AN enviaron al país anfitrión y al Secretario General de la OEA, pareciera que las mismas fueron aceptadas temporalmente y se le ha exigido al régimen que empiece a cumplir, si no quieren quedar desacreditado desde ahora.

Se puede suponer, con mucha certeza, que una de las condiciones era que se respertaran las elecciones regionales programadas y autorizadas por el régimen para el 15 de octubre, pero que ya el CNE había comenzado a sabotear procedimientos y candidaturas de la oposición con acciones que pudieran inhabilitar, a última hora, a alguno de los candidatos, como es el caso del aspirante del estado Vargas a quien le detuvieron al hermano y acusan a la esposa de hurto de un vehículo que conducía y que es de su propiedad, así de burdas son las maniobras intentadas. Igualmente se estaba hurdiendo una maniobra para que los candidatos que perdieron en la primarias no pudiesen adjudicar sus tarjetas al candidato ganador que fungiría como candidato de la unidad.

La no asistencia a la isla caribeña, con firmeza de criterios por parte de la unidad, hizo que el CNE se apresurara a solventar algunas de las peticiones opositoras, también que 22 de los 27 estudiantes de la UPEL detenidos desde finales de julio fueran finalmente liberados. Así, aparecen otras acciones del régimen como para dorar la píldora ante instancias internacionales, pero aún continua la incertidumbre de si el gobierno, finalmente, realizará las elecciones previstas donde, sin dudas, llevará la peor parte y le representa un alto costo político y de pérdida de poder.

De allí la necesidad de las fuerzas opositoras de seguir el esfuerzo eleccionario unitario y motivar a los electores para que acudan a las urnas el 15 O. Un éxito resonante en esas elecciones pesará enormemente en el éxito de las negociaciones para lograr el cambio hacia un gobierno de transición democrática.

@lesterllopezo 29/09/17

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El pasado jueves 21 de septiembre se conmemoró el Día Internacional de la Paz, establecido en el año 1981 por la Organización de Naciones Unidas, con el propósito de "conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo y entre ellos". Entre nosotros debió haber sido la ocasión para pensar en un tema que, seguramente es el más importante que confrontamos actualmente como sociedad.

El país, se sabe, está surcado por la violencia, acompañada por la impunidad, su hermana siamesa. No sé si exagere, pero pareciera que vivimos en un estado generalizado de violencia crónica. Es nuestra experiencia central de vida, asumida en buena medida, como una estrategia de sobrevivencia y expresada en diversas formas, por encima de las que resultan más visibles, por ejemplo las registradas en los homicidios, cuyas estadísticas dan vértigo, pero que representan apenas una proporción pequeña con respecto a otras manifestaciones del mismo fenómeno. Es (¿vuelvo a exagerar?) una violencia de todos contra todos, que cada cual ejerce según sus capacidades y necesidades.

La violencia ha penetrado todos los escenarios de la vida individual y social. No es solo un recurso extremo, del que se echa mano en situaciones límite, sino una forma común de relacionarnos, el medio para las transacciones nuestras de cada día, para zanjar diferencias y conflictos. Es una cultura, ayudada por reglas de juego perversas. Se nos extravió la ley y ahora todos nos encontramos sin paraguas ante ella, cualquier cosa le puede ocurrir a cualquiera. La nuestra es, hoy en día, una sociedad inhóspita y agresiva, mal tejida, precaria desde el punto de vista funcional. Un amigo antropólogo sostiene que deja ver visos de barbarie (¿será que él también exagera?). A todas éstas, el Estado se ha vuelto incapaz de satisfacer las demandas de paz. Pareciera desentendido de ellas y cuando las encara lo hace de manera equivocada. Por si fuera poco, invocando razones difíciles de entender, cedió, además, el monopolio de la violencia, un rasgo esencial, según los sociólogos, de la convivencia civilizada.

El país se ha desfigurado, se encuentra moralmente agrietado. Reconstruir nuestra sociedad, ladrillo a ladrillo, y organizar la vida colectiva en torno a otros valores y normas, a partir de la percepción del país como casa común, tal es la impostergable y complicada tarea que debemos realizar. Se trata, en fin, de establecer la paz del país consigo mismo, expresión que, si no recuerdo mal, se la leí a Juan Rulfo, el gran escritor mexicano.

HARINA DE OTRO COSTAL

No es la primera vez que sucede en la UCV, tampoco la última. Es tan sólo la penúltima, si hemos de hacerle caso a como están hoy en día las cosas. Nada hace pensar, así pues, que no volverá a ocurrir. Digo lo anterior porque durante el período vacacional fue desvalijada la Facultad de Humanidades y Educación. Una nota de la semana pasada hablaba de un hurto equivalente a mil millones de bolívares y de la imposibilidad de reparar del daño ocasionado, dados los recursos disponibles.

El saqueo en el medio académico es un rasgo más que se suma a la falta de profesores y de científicos, al deterioro de la infra estructura, al déficit presupuestario, a las medidas arbitrarias e ilógicas del gobierno, a la deserción de estudiantes y a otras cosas más, hasta completar el dibujo de una situación crítica que perjudica no solo a la UCV, sino también a las principales universidades del país

Cualquiera que mire hacia el futuro, que se encuentra ahí mismito, a la vuelta de la esquina, entra en pánico al observar que el mundo de nuestros días se va armando en torno a las grandes transformaciones tecno científicas, producto de la integración de lo físico, lo biológico y lo digital y con repercusiones radicales desde el punto de vista social, económico, ambiental, jurídico, ético y hasta religioso (aunque de esto último se hable un poco menos). Uno se asusta, digo, porque mientras esto ocurre, nuestras universidades ocupan buena parte de su esfuerzo institucional viendo a ver como se reponen unos aparatos de aire acondicionado que fueron robados.

El Nacional, miércoles 27 septiembre 2017

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Entre las opciones de votar o no votar en las elecciones del próximo 15 de octubre para elegir nuevos gobernadores, en mi opinión, hay que escoger la de votar; pues, el sufragio es la única arma con la que cuenta el pueblo para ejercer su soberanía; ello, independientemente de las condiciones existentes para el momento en el cual se vaya a hacer uso de ese derecho constitucional.

Por añadidura, estas elecciones permitirán indirectamente y por carambola, que el pueblo venezolano se pronuncie en cuanto a su preferencia por la tesis socialista del oficialismo o por la antítesis capitalista de la oposición. Y ese dato estadístico, aportará una información de trascendencia histórica.

Finalmente, alguien dijo por allí que psicológicamente es más soportable arrepentirse de haber votado, que recriminarse y lamentarse por no haberlo hecho...

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Buscando un correo electrónico traspapelado. No sé si esta expresión cabe también para los papeles virtuales, comencé a buscar en diversas carpetas de mi correo. Abrí los llamados “correos no deseados”, carpeta en la que casi nunca suelo meterme, porque, como su nombre lo indica, uno no desea saber de la gente que te escribe por allí. Casi siempre se trata de cadenas, con lo despreciables que estas siempre suelen ser. Para mi sorpresa, me encuentro con un correo en inglés suscrito por el CEO del Banco Central de Nigeria, Dr. Godwin Emefiele. Como es del dominio público, CEO significa “Chief Executive Officer” por sus siglas en inglés, como dice la gente instruida. En la comunicación Mr. Godwin –entiendo que su nombre tiene como primer componente a Dios y de segundo ganar, es decir, Diosgana– me dice lo siguiente: “your name with all your information from our central computer stating that abandoned fund worth of $25,000,000,00 (Twenty Five Million United State Dollars) belongs to you, Please; I want to know from you the reason why you abandoned such big fund here in our bank”.

Lo primero que me vino a la cabeza fue responder de inmediato con un breve: “pussy panita, I forgot those reales, Can you transfer them to me from one?”. Es decir: “coño, panita, me olvidé de esos reales, ¿me los puedes transferir de una?” Acto seguido, pensé, lo primero que debo hacer es buscarme en la lista de Trump a ver si aparezco, si es el caso, debo buscar un paraíso fiscal. Ni siquiera me pregunté de dónde vinieron esos reales ni cómo me los gané, entre bolichicos nunca nos preguntamos esas cosas. Entiendo que en Venezuela 25 millones de dólares es un choreo infantil de un aficionado menor, pero en mi vida pequeñoburguesa podría resolver, bien resueltas, a 25 generaciones de mis descendientes: el futuro de los Márquez asegurado hasta el año 3015, por lo menos.

Esto debe ser una broma de Emilio, fue lo segundo que pensé. Tengo que googlear a Godwin. Para mi sorpresa, el hombre existe y Google dice que con toda certeza es el “governor” del Banco Central de Nigeria, donde se encuentra mi cuantiosa fortuna, que tiene 54 años, la foto muestra un señor afrodescendiente, cosa que es lógica porque Nigeria queda en África (además yo también soy afrodescendiente, mis padres también eran africanos de Canarias, así que estamos entre paisanos), es cabeza de una bella familia. ¿Y si la vaina es verdad? y si tengo ese dinero abandonado por allá y este señor se ha tomado la molestia, ha tenido la finesa de ubicarme, para devolverme mis fondos –obviamente mal habidos– porque un pobre de solemnidad sabe exactamente cuánto tiene y dónde lo tiene y el esfuerzo que te ha costado cada céntimo ahorrado. ¿Por qué metí esos reales en Nigeria? ¿Seré un bolisonámbulo?, fue lo otro que me pregunté. Existen Caimán, Suiza y la celebrada Andorra, que está a punto de ser declarada como territorio venezolano, por la abundancia de nuestros fondos allá. Why Naiyiria? Am I an stupid? Yes I do.

Seguí leyendo. Me dice el pana Godwin que como yo no he aparecido a reclamar esos reales, me los han depositado en una ATM card a mi nombre. Es decir a una tarjeta de débito. Y hasta me manda la clave, cuyo pin obviamente no voy a revelar. Ni que fuera yo bolsa para decirles que la clave es 2116. Los bolichicos somos astutos. ¡Godwin de mi vida, me vienen los escraches! –pensé– que yo esté en el Peter Luger Steakhouse, de lo más tranquilo, enfrentado a una punta argentina con una botella de vino Protos, del bueno y se me pare alguien enfrente: “¡devuelve esa carne, corrupto!", y uno vomitando todo. Comencé a odiar a la oposición que tanto he defendido. Son unos traidores todos, es verdad.

Dr. Godwin me pide que le mande mis señas: dirección, teléfono, mi cuenta bancaria y mi firma escaneada. Por favor, que algún bolichico con más experiencia que yo, me ayude: ¿qué hago, le mando todo?

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