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Opinión

Laureano Márquez

Tomás Camba es un joven venezolano que acaba de ganarse una beca para asistir a uno de los campamentos de ciencia más importantes de la organización Stardom Up, en los Estados Unidos. Se fue de Venezuela a los doce años –tiene 14– y han descubierto en él habilidades extraordinarias para la ingeniería. Tomás tiene diseños para teléfonos que funcionan con energía eólica, entre otras ideas que han llamado la atención de la gente de ciencia por allá, donde esas cosas importan. Es de esperar que este niño haga grandes cosas en el terreno de la ingeniería. Es nuestro, lo produjimos nosotros, pero difícilmente vuelva, dado lo que se atisba en el horizonte.

Este país nuestro tiene una increíble capacidad para producir gente talentosa en todas las áreas de la ciencia y las artes, gente que tarde o temprano debe salir del país para triunfar. Somos un semillero de inteligencia que no aprovechamos, porque inteligencia y honestidad son en estos tiempos, la principal amenaza para quienes nos gobiernan. La pregunta se hace ineludible: ¿cómo en un país que tiene tanta gente brillante los peores siguen en el poder? Federico Vegas habla, en un extraordinario texto escrito en el portal Prodavinci, de la “cagastocracia”, que él deriva de “kakistocracia”, el gobierno de los peores.

Esta cagastocracia nuestra surge de dos variantes que aunan esfuerzos: la extraordinaria incapacidad intelectual y la repugnante condición moral. No es solo, pues, la increíble habilidad para demoler con absoluta falta de sentido común todo lo que alguna vez funcionó en el país, en un constante pulso entre incapacidad y corrupción –que vienen a ser los únicos motores que ha encendido el régimen–, sino también el estado de bajeza moral que detentan los líderes de la cagastocracia en su proceder: no existe freno alguno para perversidades de toda naturaleza, para la crueldad y para la violación de cuanto principio ético la humanidad conoce. Estos 18 años de entrenamiento en la ruindad, rinden en estos tiempos sus más acabados frutos.

Me refugio en este joven, repito su nombre: se llama Tomás Camba. Cada vez que por causa suya nombren a Venezuela, será para bien, para que el mundo nos vea como gente inteligente. En medio de esta debacle, seguiré sintiendo que el país que fue capaz de producirlo a él, tiene esperanza y redención, que lo bueno sigue allí, esperando su momento, su oportunidad de brillar, de construir ese país que está en nuestros sueños, de bondad, inteligencia, desarrollo, cultura y –sobre todo– libertad. Inevitable pensar, cuando se ve el talento juvenil en acción, en todos los que perdieron la vida en estos tiempos, asesinados, también en los torturados y encarcelados con saña cruel, por quien no tiene sensibilidad alguna para reconocer lo noble y lo bello.

Me invade la misma angustia de Vegas por la inutilidad de cuanto se escribe. La palabra y los argumentos solo son provechosos cuando queda un rastro de pensamiento en el destinatario. Razón tiene Alberto Barrera cuando señala que más que mediadores necesitamos traductores. Las palabras son cascarones vacíos. En el diccionario del poder, las palabras cambian de significado cada vez que usan, fluctúan, se devalúan también.

Cumplo otra semana con mi compromiso de escritura, ya sin rastro de humor, en espera de la próxima jugada de la cagastocracia que nos rige.

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Aspirar que se pueda salir de esta dictadura totalitaria con acciones de comando como la ejecutada en la Brigada 41 es un espejismo. Anhelar que la Fuerza Armada derroque a este régimen es posible pero lo más probable es que sea otro espejismo. Ansiar salir del mismo votando también es un espejismo. Intentar cambiarlo con la abstención electoral es sin duda un espejismo. Pretender sacar a Maduro con acciones de calle como las realizadas es creer en espejismos. Entonces, ¿cómo lograrlo?

Por enfrentar una dictadura totalitaria apoyada por Cuba e infiltrada por el narcotráfico simpatizamos con cualquier acción que vaya en contra de la misma, aunque solo le proporcione un arañazo. En este sentido, aplaudimos parcialmente la toma momentánea de algunas instalaciones de la Brigada 41 en Carabobo. Sin embargo, no estamos de acuerdo con la sustracción de armas para entregarla a civiles. Tampoco podemos aprobar que militares o policías declaren que están entrenando a los jóvenes de la resistencia. Las armas deben ser de uso exclusivo de la Fuerza Armada y de los cuerpos policiales.

Recordemos los llamados que hicieron algunos cabeza caliente en la década de los sesenta para que la juventud se incorporara a la lucha armada. Intentaron tres estrategias: luchar frontalmente en contra del ejército en las zonas rurales, realizar actos de terrorismo y conquistar adeptos dentro de las Fuerzas Armadas. Todas ellas fracasaron. La lucha de los civiles tiene que ser pacífica porque en la lucha armada llevamos todas las de perder.
Se justifica una intervención de la Fuerza Armada, sin embargo, un alzamiento militar tiene muy pocas probabilidades de éxito, a menos que sea producto de una decisión del Alto Mando. No hay que temer que cambiemos una dictadura por otra, ya que no sería tolerada por los organismos internacionales, ni por los venezolanos.

En Venezuela, la única rebelión militar exitosa sin intervención del Alto Mando fue la del 18 de octubre de 1945. Logró su objetivo porque era un grupo de jóvenes oficiales muy decididos, pero también porque el general Medina no quiso que se derramara más sangre. El 24 de noviembre de 1948 el alto mando militar logró derrocar a Gallegos. Durante la dictadura de Pérez Jiménez hubo dos intentos para derrocarlo. El 23 de enero de 1958 toda la oficialidad le retiró el respaldo a Pérez Jiménez, quien tuvo que renunciar.

A partir de esa fecha hubo numerosos alzamientos militares, los cuales fracasaron: Rebelión del 7 de setiembre de 1958; toma del Cuartel Bolívar en San Cristóbal en abril de 1960, toma de la Escuela Militar y Palacio Blanco en febrero 1961; Barcelonazo en junio de 1961, Carupanazo en mayo 1962 y el Porteñazo en junio de ese mismo año. Los más recientes de febrero y noviembre de 1992. El 12 de abril del 2002 el alto mando le solicitó la renuncia a
Chávez y este aceptó, aunque por falta de comando de la jerarquía militar, los comandantes de tropa cometieron el error de regresarlo al poder. Por último, lo sucedido este mes en la Brigada 41.

Pretender salir del régimen mediante elecciones es una utopía, pero abstenerse es entregarse sin luchar. Las protestas de calle han tenido un alto costo por los asesinatos de más de un centenar de demócratas, la mayoría de ellos jóvenes; muchos pensaban que nuestra Fuerza Armada no arremetería en forma tan desalmada y que su desobediencia a reprimir causaría la renuncia obligada del dictador. Lamentablemente nuestra Guardia Nacional y la Policía Nacional han demostrado que en sus filas hay muchos chacales y los comandantes del ejército, marina y aviación han resultado ser unos alcahuetas del régimen.

Requerimos: 1- Continuar con las protestas y estrechar relaciones con gente del pueblo que sufre penurias económicas. 2- Votar incluso a sabiendas del fraude que intentarán y de que a nuestros gobernadores les quitarán recursos y funciones. 3- Exigir a la Fuerza Armada que respete y haga respetar la Constitución 4- Mantener la unidad a toda costa y lograr acuerdos mínimos con disidentes del régimen de Maduro. 5-Instar a los partidos políticos a que presenten a sus mejores candidatos y no insistan se con quienes ya han sido gobernadores y no salieron bien parados. Seguimos optimistas de que está próximo el fin de Maduro y sus compinches, pero para ello debemos aceptar realidades y olvidarnos de espejismos.

Como (había) en botica: Este es un régimen en el cual los militares torturan y vejan a sus propios compañeros de armas. Tal es el caso de los atropellos a los generales Baduel, Ángel Vivas, al capitán Jesús Alarcón Camacho, entre otros. Los defensores de derechos humanos deben velar por el capitán Caguaripano y el teniente García Dos Ramos. El último boletín de la OPEP del 10 de agosto informa que la producción de Venezuela es de solo 1.932.000 barriles por día, cifra que representa el 5,87% de la producción de esa organización. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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La última dinastía en gobernar el Imperio Ruso fue la Dinastía Románov, la cual finalizó con la abdicación de Nicolás II, el último zar. El zarismo es un sistema político que gobernó a Rusia desde 1547 hasta 1917, es decir, 370 años, durante los cuales desfilaron cerca de 30 zares. Zar era el título del gobernante o emperador y es una palabra que proviene del latín caesar (César), lo cual se considera muy apropiado ya que los zares eran autócratas, por lo tanto, dueños de todo el poder político y económico de su imperio.

En Venezuela desde 1999 se está tratando de instaurar una especie de sistema monárquico, donde el poder se hereda si hubiera una descendencia adecuada, o simplemente se designa el sucesor. Los gobernantes de este sistema son una especie de zares, ya que son autócratas, y dueños de todo el poder político y económico del país.

Nikolái Aleksándrovich Románov (1868-1918), conocido como Nicolás II, gobernó el Imperio Ruso desde la muerte de su padre en 1894 hasta su abdicación en 1917. Durante sus 23 años de gobierno llevó a Rusia a la debacle económica y militar, y protagonizó tantos episodios sangrientos que lo apodaron Nicolás El Sanguinario.

Por supuesto, el Zar Nicolás tenía el linaje de los Románov, era descendiente de zares, reyes, reinas y princesas; fue educado por tutores que le enseñaron idiomas (francés, alemán e inglés) y llegó a dominar el inglés a la perfección que decían que podía hacerse pasar por un profesor de Oxford. Además, estudió geografía y otras materias importantes. Viajó por Egipto, India y Japón para completar su educación formal. Su padre, el Zar Alejandro III, muere repentinamente de un problema renal a los 49 años, por lo que Nicolás tiene que sucederlo de forma imprevista sin tener la fuerte personalidad de su padre, ni la preparación mínima requerida para una Rusia convulsionada, y ese pobre dominio de la política acabó por llevar al caos a la Rusia Imperial.

Sabiendo Nicolás que iba a suceder a su padre, dijo: no estoy preparado para ser zar, nunca quise serlo. No sé nada del arte de gobernar, ni siquiera sé la forma en que debo hablar a los ministros. Sabía que carecía de la formación política y lo ignoraba todo acerca del gobierno del imperio, incluso su propio padre dudaba de su habilidad para administrar y mantener un territorio tan extenso.

Esas debilidades de Nicolás II facilitaron que fuera fácilmente manipulado por sus tíos y por el Kaiser Guillermo II, quienes se aprovecharon del nuevo e incapaz gobernante para sacar partido en favor de sus conveniencias. Los desastres de la I Guerra Mundial y las instigaciones de los Bolcheviques, provocaron una situación que Nicolás II fue incapaz de controlar y abdicó sus derechos y los de su hijo, terminando con la dinastía Románov en 1917.

En Venezuela, en 1999, comienza un nuevo gobierno con base democrática porque fue electo por una considerable mayoría de ciudadanos que lo apoyaron en aquel momento; sin embargo, este gobierno poco a poco comienza a desviarse del camino de respeto a los diferentes poderes, lo cual se afianzó con un holgado triunfo en unas elecciones con poca competencia para dominar, con inmensa mayoría, el Poder Legislativo. Con esto, progresivamente se fueron adueñando de los demás poderes, el Poder Moral, el Poder Judicial y el Poder Electoral, para convertirse en lo que tenemos hoy, un gobierno autocrático dominado por el chavismo, que al igual que el zarismo, es dueño del poder político y económico del país, apoyado y sustentado por el “Poder Militar” representado por los jefes de los diversos componentes de las fuerzas armadas.

Al zar venezolano le llega la muerte inesperadamente y el poder no es heredado porque no hubo un descendiente adecuado, por consiguiente, se designa un sucesor y el escogido es Nikolái Aleksándrovich Madúrov. Aquí tenemos la primera gran coincidencia, ambos Nicolás tienen exactamente el mismo nombre bautismal. Las coincidencias continúan cuando Madúrov tiene que suceder de manera imprevista al moribundo zar venezolano sin tener la fuerte personalidad de su predecesor, ni la preparación mínima requerida para una Venezuela convulsionada y esta falta de dominio en la política, esta marcada ignorancia de todo lo relativo al arte de gobernar, terminó llevando al caos a la Venezuela “Chavista”, donde la gente muere de hambre porque no hay alimentos, muere por la falta de medicinas o muere porque una bala o un puñal ciegan sus vidas impunemente. Terminó arruinando a uno de los países más ricos del mundo en cuanto a sus recursos naturales, con la inflación más alta de todo el planeta, y un indetenible porcentaje de pobreza extrema en la población.

Otra coincidencia entre los dos Nicolás es que además de llevar al país a una debacle económica y militar (el desprestigio de los militares, especialmente los de alto rango, es abrumador), en los años más recientes Madúrov, al igual que Románov, se ha convertido en un sanguinario al provocar los más absurdos enfrentamientos entre la Guardia Nacional y otras fuerzas de “orden público” y la población desarmada y desesperada por la situación de pobreza, que han resultado en la muerte de muchos compatriotas manchando de sangre nuestras calles.

La ineptitud de Madúrov también ha permitido, como ocurrió con el último zar de la Rusia imperial, que sea fácilmente manipulado por personas cercanas, pero muy especialmente por el Kaiser Castro II, quien desde una miserable isla del Caribe lo ha guiado para convertir a Venezuela en el más miserable país de América.

Por supuesto existen profundas discrepancias entre los dos Nicolás comenzando por la educación, ya que Románov hablaba varios idiomas a la perfección y Madúrov habla español de vaina, con un verbo muy limitado y repetitivo de expresiones vulgares y ofensivas. De geografía conoce poco, porque cree que la tierra tiene cuatro latitudes y cinco puntos cardinales (aunque creo que esto último es a propósito una manera de tratar de esconder su ignorancia). Románov fue sincero al reconocer que no estaba preparado para ser zar, mientras que Madúrov cree que gobernar consiste en las barbaridades que él está haciendo en lo social, económico, diplomático y demás áreas donde debe intervenir el gobierno.

Los venezolanos estamos a la espera de una pronta coincidencia entre los dos Nicolás, referida a que las instigaciones de los nuevos libertadores, de esa resistencia que lucha contra esta dictadura que avanza en Venezuela con un golpe de estado continuado, provoque una situación tal que Nikolái Madúrov sea incapaz de controlar y tenga que abdicar terminando con el chavismo en nuestro país. Tenemos la esperanza también, que al igual que el zarismo terminó en el año 17 del siglo pasado, el chavismo también termine en el año 17 de este siglo con la salida del último zar chavista.

Agosto de 2017

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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José Rosario Delgado

Venezuela siempre fue, es y será un país rebelde y de rebeldes. Ya lo decía “El Ilustre Americano” Antonio Guzmán Blanco en su tiempo: “Venezuela es como un cuero seco, lo pisan por un lado y se levanta por el otro”. Desde el mismo momento en que los españoles pisaron tierra venezolana, allá por Macuro, en 1498, comenzó el tábano de la rebeldía a carcomerles las batatas a los codiciosos visitantes. Guaicaipuro fue, quizá, el primero que se les sublevó a los auritraficantes, no sólo enfrentándolos de frente y cuerpo a cuerpo, sino que logró confederar a sus tradicionales y habituales enemigos aborígenes para plantarles pelea e intentar, en vano, sacarlos de nuestra incipiente nación.

De ahí en adelante comienza la historia de alzamientos, sublevaciones, tentativas, escaramuzas y conatos que nos llevan al 19 de abril de 1810, cuando a los organizadores de una junta protectora de los derechos de Fernando VII, creo, les salieron unos rebeldes con la Junta Patriótica que consideró pertinente iniciar el proceso de liberación del yugo español mediante la Declaración de Independencia por todos los medios, lo cual se hizo realidad el 5 de julio de 1811 con la firma del Acta.

Durante la guerra emancipadora también son históricos los empujones y traiciones por las jefaturas y, una vez lograda la hazaña, los encontronazos y pescueceos por la paternidad de las victorias y la orfandad de las derrotas, pero nunca han tenido pausa las rebeldías en esta Patria de Bolívar y de Páez, etcétera, incluyendo las pujas entre militares y civiles no sólo por las glorias, sino por el jugoso botín que durante siglos se comparte, parte y reparte y nunca se acabó, hasta que llegaron los sátrapas dizque bolivarianos a alzarse con el santo y la limosna dejando al pueblo en la más terrible ruina de necesidad y hambre vivida en toda nuestra historia.

Los oprobiosos autócratas llegaron al escenario criollo mediante un acto que pudiera catalogarse de rebeldía, incluso el felón mayor lo denominó rebelión y se atribuyó eso como un “derecho” de los venezolanos, sólo que su traicionera deslealtad acabó con los sueños y las esperanzas de quienes en él creyeron y de quienes, aun no creyéndole, dieron tiempo a la duda sobre lo que podía pasar, para bien o para mal, como en efecto fue para peor. Peor de lo mismo.

De modo que la rebeldía activa vistas en las calles, con una juventud resteada con la libertad y con la democracia, así como la rebeldía cómoda y pasiva de las redes sociales, forman parte de nuestro natural comportamiento porque los venezolanos somos rebeldes sin pausa, y ahora también con prisa…

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Muchas veces, cuando me apresto a redactar un artículo para exponer mi criterio sobre la realidad venezolana, quisiera estar equivocada; si hubiese sido así, probablemente viviríamos en libertad y prosperidad. Hoy, no es la excepción, pero la fuerza de los hechos no me permite escapar hacia el mundo de las ilusiones.

El régimen y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), conviven en perfecta simbiosis, entendiéndose como tal la «asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común.» (DRAE).

Si el régimen que asuela este hambreado País desapareciera hoy, la MUD no lo sobreviviría veinticuatro horas, pues desde siempre la savia que alimenta a esa organización multilateral es el antichavismo, la desesperada necesidad del venezolano común de poner pan sobre la mesa y esperanzas en el corazón.

Prueba irrefutable de que el chavismo es la fuente de vida de la MUD, es la forma en que una abrumadora mayoría de votantes lo hizo por los candidatos «opositores» el 6 de diciembre de 2015, aun cuando muchos de ellos eran desconocidas fichas de partido, cuyos nombres ni siquiera fueron averiguados por el votante.

El régimen tiránico de Nicolás Maduro es el río revuelto que le produce las ganancias a los pescadores de la MUD y, lo que es más, su razón de existir.

Entre el régimen y la MUD se ha generado una comunidad de intereses muy fácilmente apreciables: la MUD actúa como oposición simulada, copando el lugar que le corresponde a una verdadera; sirve como válvula de escape de la presión social y siembra ilusiones para aletargar el desespero popular; ladra y gruñe, pero no muerde y habla de paz mientras ofrece los tobillos del pueblo para que le sean colocados los grilletes de la esclavitud. Se niega a hablar de la nacionalidad de Maduro, como del carácter extranjero e invasor de su régimen.

Todo nos obliga a pensar que la asamblea nacional constituyente fue un invento consensuado para desviar la atención de lo que verdaderamente desea la gente: el fin de la tiranía y la vuelta a la prosperidad.

Antes de la absolutamente nula convocatoria a la ANC por incompetencia evidente del Órgano convocante, el régimen no tenía materia prima para negociar ni la MUD «demonio» al cual oponerse. La ANC no es más que un trapo rojo de tamaño heroico que le alarga la vida a los simbiontes e inmola en el altar de las mentiras a los hijos de Venezuela.

Si Maduro y su comparsa dejara de existir para el mundo político, de consuno desaparecería la MUD y con ella los efectos prácticos de su existencia: la candidatura presidencial única para el 2018; la desaparición del voto automático antichavista/promudista; el carácter omnímodo y omnipotente de «el dedo» para señalar candidatos a los cargos de elección popular; pérdida del escudo unitario detrás del cual se esconden AD, UNT, PJ y otros directa o indirectamente culpables de esta tragedia, por sus 40 años de malos gobiernos (No olvidar que UNT y PJ son desgarramientos de AD y Copei, respectivamente).

Muy a mi pesar, cada día se fortalece más el criterio de que régimen y MUD, más que adversarios, son socios atados por una comunidad de intereses vitales. Aparentan una enemistad inexistente y se dan empujones de utilería, cuidando de no causar daño alguno al adversario.

Cada día se hace más evidente que la MUD y el régimen desean llegar a las elecciones presidenciales de 2018 y al constitucionalmente programado traspaso de poder en 2019.

La irresponsable oposición oficial parece no recordar el arrebatón de que fue objeto en las presidenciales del 2013, o de la castración pública a que fue sometida la Asamblea Nacional con el retiro de los diputados de Amazonas.

Roguemos a Dios para que los olvidos de unos no se conviertan en la tragedia de todos.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

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En América Latina y el Caribe no hay condiciones políticas ni institucionales para una invasión de EEUU a Venezuela. Eso no ocurrirá. Lo que sí hay es un cambio drástico de política de Washington hacia Maduro y su régimen. Es una postura que se ha venido madurando a lo largo de los meses recientes y tuvo un punto de inflexión con la reciente llamada telefónica del senador Marco Rubio a Maduro en el pasado mes de julio, en la cual le planteó a nombre del presidente Trump que no era aceptable la Constituyente para la comunidad internacional y que él –Maduro- y Tareck El Aissami deberían renunciar para convocar unas elecciones presidenciales. Aunque el asunto se debatió ardorosamente dentro del procerato rojo, triunfó la tesis de la inmolación al costo de una desbordada represión y un final sangriento.

Esa llamada de Rubio fue el símbolo de la cancelación de los amagos de “diálogo” impulsados por Thomas Shannon, todavía alto jerarca del Departamento de Estado. El error básico cometido por Shannon fue que parece haber pensado que las relaciones personales con Maduro y su pareja eran buen punto de partida para un diálogo “constructivo”, como lo llamarían las buenas almas. No tomó en cuenta que una orgía de poder, terror, represión y saqueo no se va a detener por la apelación a “razones”.

Lo que sí está claro es que EEUU tomará todas las medidas para enfrentar las actividades de terrorismo, narcotráfico, corrupción, lavado de dinero, que afecten a sus instituciones y a sus nacionales. La opción militar no sería una invasión con Marines en Maiquetía sino el empleo de toda la fuerza para aislar o detener a los funcionarios, testaferros y amiguetes incursos en esas actividades.

Esa elevación del tono por parte de Trump no es un hecho aislado; ni siquiera es el autor original. Desde hace meses, en resonancia con las luchas en la calle del pueblo venezolano, se ha construido una poderosa opinión internacional de la cual participan la mayor parte de los gobiernos de América Latina y de Europa que apoyan los esfuerzos de la mayoría de los venezolanos que procuran la salida del régimen.

Las mafias y narcomafias andan de carreritas: no perdurarán. La comunidad de naciones impedirá la desestabilización regional. La protesta, el cerco internacional, los pronunciamientos militares, al lado de una Constituyente desbocada, construyen el anillo del cual Maduro no puede salirse.

Los demócratas, venezolanos y extranjeros, han llegado a una conclusión: el régimen de Maduro tiene que irse. Los ciudadanos no aguantan y la región tampoco.

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Orlando Viera-Blanco

Sergio Bitar, chileno ex Ministro de Allende y quien formó la coalición opositora que restituyó la democracia en Chile después del plebiscito contra Pinochet, es coautor del libro Transiciones democráticas junto a Abraham Lowenthal. Una obra de lectura obligada para entender los factores de poder que conducen al cese del totalitarismo: Diálogo, unidad opositora, movilización social, estrategia común y oferta constitucional. Un menú que nos cuesta mucho masticar en Venezuela.

Recién en Montreal, participamos en un conversatorio titulado “Si saldremos de esto”, grata y amablemente acompañados del ciudadano, Leopoldo Castillo y el profesor Fortunato González. La conclusión (sin haberla acordado antes) fue la misma. Debemos recibir con cautela otros “minotauros”, como el militar o la intervención internacional... pero la unidad es vital para lograr el cambio de régimen anhelado, asegurar la transición y un nuevo gobierno. De lo contrario podríamos ser historia repetida de gobiernos exprés, como los que vivió Bolivia, Argentina o Perú, en sus procesos de liquidación gendarme. Hoy nuestra unidad está amenazada por estrategias distintas, agendas separadas y visiones de país diferente. No somos fáciles diría el ciudadano…

En dicho conversatorio acuñé la frase de Rashi (Rabí Shlomo Yitzjaki/1040 DC): “Recibamos con simplicidad todo lo que nos ocurra.” Y hay cosas simples en política-temas de poder-que no estamos haciendo. Política en la República de Platón, que es ética y seriedad (spoude), pero en el realpolitic nos dice Bitar (ob cit), no es lo esencial. “Con la ética no ganamos”. Por eso el florentino Maquiavelo sugirió, “divide y permanecerás”. Política es pragmatismo (propaganda), momentum, visión unitaria de país, estrategia de masas, conexión con ellas. Hacer de la protesta no sólo un tributo de libertad (que lo merece) sino un derecho a nacer, crecer y morir dignamente. Comiendo, estudiando, viviendo bajo techo de cemento, no de cartón, sin sufrimiento sino con placer. Fabricando felicidad (Bentham)… La estrategia no es sólo un plantón de clases medias. Demanda penetrar las clases populares. Llevar esperanza a cada pueblo con una protesta social que lleve a cada barrio una luz de esperanza. Niños con piedras bajaron a las marchas a “ofrecer sus servicios”, cuando debe ser al revés. Ciudadanos organizados subiendo a los caseríos llevando una bolsa de harina pan. Entonces la movilización nos comentan Bitar y Lowenthal, no es sólo política, sino profundamente humana.

Habiéndose logrado unidad política, estrategia común y movilización social, cualquier régimen tiene que sentarse a dialogar, aceptando el cambio inminente. Esos momentos los hemos tenido… Pero los hemos perdido en diálogos invertidos e invertebrados (cuando y donde no se debían hacer), en discusiones inoportunas y muy manipuladas (votar o no votar) y en deslindes muy desenfados, quiero decir, por hacerlos en la cresta de la ola de las expectativas opositoras, en el momento más frágil de la gobernabilidad del régimen, por lo que desvanece la consistencia de lucha, reactiva la frustración opositora, y cuidado, reaviva la decepción de quienes ya habían migrado del chavismo despechado.

No quería entrar en el debate sobre ir o no a regionales por ser divisionista. Pero de cara a lo expuesto, ya sabéis mi posición. Imposible replicar o ajustar -respetuosamente- algunos argumentos sobre NO ir a regionales, que es menester poner en remojo: En términos de comunicación política la manera como Henry lanzó el tema, fue más un gañote que un zumo de naranja (digerible). Permitió que algunos argumentos tomaran vuelo en contra; ergo: “que la elección fraudulenta del 31J, se hizo para consolidar la dictadura”. Aseveración que es un falso positivo. Mal se puede consolidar una dictadura, “con 8MM venezolanos que no existieron”. También se incurre en un error tautológico por falaz, decir que el derecho a votar quedó atrapado por el fraude comicial. Precisamente es el derecho al voto uno de los leit motive de la lucha ciudadana e instrumento vital de resistencia. “Que me quieran matar no supone suicidarme para evitarlo” (Dixit Américo Martin) -sic.

Rómulo Betancourt y Ruiz Pineda en tiempos de Pérez Jiménez reconocieron que era un error abstenerse en las elecciones del 52. Abstenerse hoy sería validar que la estrategia oficial con su ANC sirvió; quedando la oposición huérfana, dividida e inmovilizada. Y ese congelamiento es la abstención. También se alega que el voto perdió “la virtud de ser el único instrumento que tenemos los demócratas para la acción política”. Objetar esta tesis es muy fácil: ¡El sufragio nunca perderá su valor ciudadano y grupal!

Se ha dicho peligrosamente que votar es traicionar a “157 mártires, a miles de presos y miles de heridos y torturados”. Nada más incierto por perverso y maniqueo. La libertad no tiene propietario, ni vivo ni muerto. Luchar por un país libre, cómo expone Bitar, “poseedor de un espíritu, de una fuerza muy grande, de un pueblo que persiste a la fuerzas del estado”, sugiere no allanarse de ningún modo o circunstancia. Hacerlo sería tropezarse por enésima vez con la misma piedra. Simplicidad decía Rashi... ¡Unidad! Simplísimo.

@ovierablanco

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