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Opinión

Jesús Elorza G.

El pasado 8 de julio, fue inaugurada la Academia de “Deportes Electrónicos” (e.Sports) en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) con un partido de exhibición de FIFA 22 -el videojuego de fútbol más popular del mundo- en el cual participaron cuatro integrantes y el director técnico de la selección E-Vinotinto, equipo deportivo oficial creado por la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) para competir en esta disciplina.

Llamó la atención que, en las palabras de las autoridades presentes se manejara indistintamente los términos “Videojuegos” o “Deportes Electrónicos” tratando de establecer una relación inexistente entre ellos. Por ejemplo, para el rector de la UCAB, Francisco José Virtuoso, ¨la academia tiene doble importancia. Primero, porque representa la posibilidad de que jóvenes interesados en los deportes electrónicos tengan el espacio apropiado para formarse, practicar y competir. Segundo, porque es una muestra más de la diversificación e incursión de la universidad en áreas no tradicionales del conocimiento” Pero, para el vicepresidente de la Federación Venezolana de Fútbol, José Antonio Quintero, presente en el acto, la inauguración representa un importante avance en el impulso a la profesionalización de la práctica de los videojuegos en el país.

Carlos Martínez, gerente de Mercadeo Deportivo de Empresas Polar, en sus palabras destacó la importancia de impulsar los e.Sports porque es tendencia, es lo que está sucediendo en el mundo. Y cierra sus palabras, para asombro de todos diciendo que, ¡¡¡con los e.Sports, el deporte se traslada del terreno a una sala de juego!!!

Lo que más llama la atención, en el plano estrictamente deportivo, es la ambigüedad de los discursos al referir los videojuegos como deporte dejando de lado la diferenciación entre dos actividades importantes, afines y mundialmente extendidas, más no por eso idénticas, como son DEPORTE y JUEGO. Además, no será fácil para la comunidad deportiva en general, atletas, entrenadores y dirigentes aceptar que. un joven sentado frente a una computadora sea un atleta olímpico. Y no es difícil entender la postura de aquellos que defienden este argumento. Es más, basta escuchar el lema en el que están basados los juegos olímpicos para notar este choque ideológico: "Citius, Altius, Fortius", palabras en latín que significan: "Más rápido, más alto, más fuerte”, en evidente alusión al ejercicio físico que no encaja muy bien en el ámbito de los videojuegos. Admitir que los e-Sport o videojuegos son un deporte es una aceptación del sedentarismo. Bastaría preguntarse ¿a dónde vamos a llegar cuando una persona sentada en una silla frente a una pantalla pueda ser considerada un atleta?

Quizás, detrás de esta ingenua percepción de no querer ver la contradicción entre Deporte y Videojuego, existan otros intereses que, basados en investigaciones sobre la penetración de los videojuegos en amplios y masivos sectores poblacionales, ven una oportunidad de establecer negocios supermillonarios en el mundo de los Juegos Virtuales. Un reporte de la firma global de investigación de mercado KBV Research estima que el mercado mundial de los deportes electrónicos se ubicará en 3.547 millones de dólares para el año 2027 que involucra a más de 600 millones de personas.

No es casual, que el mayor patrocinante de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022 sea el gigante del comercio electrónico “Alibaba Group”, poderosa corporación china que anunció un acuerdo con la Federación Internacional de los e-Sports para conseguir que los deportes electrónicos sean olímpicos y reconocidos como deporte a nivel global.

En fin, es importante dar el debate sobre la parte conceptual para establecer o determinar las diferencias entre Deporte y Videojuego y no vernos atrapados en el cuento de Ali Baba en la UCAB. Igualmente, hay que dejar claramente establecido que participar de un videojuego no significa ser un atleta. Es oportuno, solicitarles a las autoridades universitarias de la UCAB una discusión sobre este tema para erradicar la ambigüedad de los discursos.

 3 min


Víctor Rago A.

En circunstancias ordinarias unas elecciones gremiales se limitan a despertar el interés de los afiliados. Es comprensible: ¿por qué tendrían que suscitar entusiasmo en quienes nada o poco tienen que ver con la colectividad que las celebra? Por lo demás, la finalidad de las elecciones es el recambio periódico del personal directivo, acontecimiento normal que jalona sin estridencias ni traumas la vida de un sinnúmero de instituciones y organizaciones modernas..., salvo que medien circunstancias no tan ordinarias.

Ese es precisamente el caso del proceso electoral en que se encuentra la Asociación de Profesores de la UCV desde el pasado 4 de abril y cuyo acto de votación tendrá lugar el próximo 6 de octubre, según lo previsto en el cronograma divulgado por la Comisión Electoral del gremio. ¿Qué hace singular el presente proceso? La UCV es una institución de incontestable relieve en Venezuela, por lo tanto es previsible que cuanto en ella acontezca atraiga la atención de la ciudadanía informada. En esta oportunidad, sin embargo, hay razones adicionales para que esta convocatoria comicial despierte vivo interés, sobre todo entre los ucevistas y especialmente en el cuerpo profesoral.

No ha habido elecciones desde hace largos años. La directiva actual se ha mantenido al frente de la APUCV y el Instituto de Previsión del Profesorado desde hace más de una década. Cualesquiera que hayan sido las causas de ese mandato excesivamente prolongado es hora de ponerle fin y así lo ha entendido la dirigencia gremial. A este respecto, su situación es análoga a la de las autoridades rectorales y decanales de la UCV (así como a la de los representantes profesorales ante los órganos del cogobierno universitario). La deliberada mora electoral guarda relación con las conveniencias políticas del régimen, organismo promiscual fruto del acoplamiento de Estado, gobierno y partido. Pero debe cesar para dar paso a la alternancia, una dinámica de recambio periódico inherente a todo ejercicio democrático. Aunque desacreditada por el régimen, que aspira confesamente a la perpetuidad, es no obstante el medio con que las instituciones se precaven de la patología patrimonialista desarrollada invariablemente por individuos y grupos entronizados en el poder o la función directiva por demasiado tiempo. Además, tanto para el gremio como para la institución académica la convocatoria electoral constituye, sobre todo en las circunstancias presente, un gesto autonómico de hondo significado.

Las elecciones de la APUCV se llevarán a cabo un poco antes que las de autoridades universitarias. Estas no tienen fecha todavía y ni siquiera es seguro que puedan celebrarse este año, según el comprensible deseo de tantos, pero es bien visible en los sectores activos que aún subsisten en la comunidad ucevista el sentimiento de que hacerlas es indispensable y ninguna vacilación a este respecto parece admisible. El propio Consejo Universitario, cuya trabajosa funcionalidad no siempre se aviene con la eficiencia, se ha mostrado sensible ante esa voluntad en expansión aprobando recientemente –sin la necesaria consulta, debe observarse- un reglamento electoral transitorio pergeñado para intentar responder a lo que casi todos experimentan como una sensación de urgencia electoral.

La generalización de aquel sentimiento ha creado en la universidad una especie de fervor sufragista que sirvió de marco a las elecciones estudiantiles de gobierno y cogobierno recientemente efectuadas (no sin problemas de variada índole, conviene señalarlo, pues dejaron ver las debilidades técnicas de la Comisión Electoral de la UCV y la descomposición de vastos sectores del movimiento estudiantil). El mismo estado de ánimo ha abrazado como un contexto propicio y alentador -perceptible en cierto efecto de movilización de la mayoritariamente inerte comunidad universitaria- las elecciones de representantes de los egresados al claustro, asambleas de facultad y consejos de facultad y de escuela, que habían sido convocadas para el 7 de julio. Tras su inesperada postergación a último momento por la Comisión Electoral, que adujo insuficiencia de recursos (acrecentando la fundada sospecha de incompetencia técnica), el Consejo Universitario las aprobó para el 13 de julio, con lo que la airada consternación general por el aplazamiento se trocó en renovado ímpetu electoralista.

La precedencia de las elecciones de la APUCV con relación a las de autoridades universitarias es más que un simple dato cronológico irrelevante o fortuito. Tienen por el contrario esas elecciones una importante significación ya que no solo rompen la prolongada abstinencia del voto, sino que simbolizan la recuperación de uno de los procedimientos democráticos de mayor valimiento en la vida de la universidad. Es imperativo entonces que el proceso electoral se desenvuelva impecablemente sin que ninguna contingencia por impericia o descuido lo perturbe y a salvo de toda suspicacia con relación al comportamiento de organizadores y aspirantes a cargos.

En lo concerniente a estos últimos, y de modo particular los candidatos a la presidencia de la APUCVIPP que provienen de un cuerpo directivo en ejercicio durante más de una década, hacer gala de máximas garantías de probidad y fair play constituye una exigencia básica. Bien es verdad que lo que no sin reservas pudiera llamarse «carrera gremial» es uno de los ámbitos de desempeño en el rico mundo universitario (donde conviene mucho acogerse a las precauciones que amparan contra el sindicalismo rudimentario). No faltarán, empero, motivos de un tipo u otro para que en una fracción importante del electorado subsista un fondo de crítica al continuismo. Los postulados, sabedores sin duda de tales reparos, tendrán la difícil tarea de conciliar la legitimidad de la propia aspiración con la que otorga el principio institucional de alternabilidad.

Corresponde también a los candidatos, sin ninguna excepción, evitar a toda costa el enrarecimiento de la atmósfera electoral. El discurso habrá de ser propositivo y realista en la prefiguración de la gestión (ni oferta demagógica, ni optimismo infundado), así como respetuoso entre quienes rivalizan en la interacción de la campaña (que da inicio oficialmente el 27 de julio, algo tardía y con las vacaciones en medio), al igual que en las manifestaciones tempranas que la anticipan. La sobriedad verbal es compatible con la firmeza de ideas, la promoción resuelta del propio programa y la crítica enérgica de los puntos de vista ajenos. A los electores debe reconocérseles sin regateos una dignidad intelectual que proscribe el formulismo huero de la publicidad electoral al uso. El contencioso gremial, tanto en el plano laboral como en el previsional, es de indiscutible complejidad. Por consiguiente se impone el doble repudio del esquematismo propagandístico y del señuelo de la oferta impracticable. En una universidad que a escala masiva ha prescindido del debate por desistimiento de su condición deliberativa y en cuyos lugares institucionales de enunciación han sentado sus reales la palabra adocenada, el lugar común y la frivolidad expresiva, una campaña electoral que obedezca a aquellos imperativos será decorosamente pedagógica y contribuirá a la exhumación de valores universitarios sepultados por años de automatismo burocrático y rutinas metabolizadas.

Cubiertos aquellos extremos cualitativos, el otro principal indicador de éxito de las elecciones de la APUCV vendrá dado por la concurrencia a las urnas el 6 de octubre. Una participación exigua representará un fracaso por razones obvias, como en cualquier proceso similar y tendrá un impacto material y simbólico tremendamente negativo para el gremio, no menos que para la universidad. Es lógico suponer que los contendientes comparten el interés por vencer el previsible riesgo de abstención arraigado en la espesa apatía y la desinformación del profesorado. Movilizarlo es fundamental por lo que conviene aprovechar el revitalizado espíritu que se ha adueñado de parte de la comunidad académica, apuntalándolo hábilmente con una intensa campaña informativa que atraiga votantes, mostrándoles la importancia gremial y las implicaciones académicas de la elección. Huelga decir que en este esfuerzo la Comisión Electoral tiene una responsabilidad de primera magnitud y no debería demorarse en asumirla de forma plena y sistemática.

APUCV, ¿simples elecciones? Con la convicción de sus actores principales, mucho más tendrán que ser: elecciones democráticas y lecciones de democracia en una UCV que parece estar emergiendo de marasmos antiguos y recientes mediante la confianza en el voto.

11 julio 2022

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Eddie A. Ramírez S.

Esta malquerida no es la joven Acacia, de la obra teatral de Jacinto Benavente. En el caso de la empresa Citgo, podría decirse que es malquerida por la mala voluntad que le tienen tanto el régimen de Maduro, como parte de la oposición. Afortunadamente, hay otros que la valoran y defienden. El Chavismo-Madurismo siempre se opuso a tener refinerías en el exterior, por ello vendió varias y endeudó a Citgo, no importándole que se pierda. Lo inaudito es que la mayoría de los diputados de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional 2015, es decir la oposición, no apruebe el presupuesto para cancelar los honorarios de los abogados que la defienden de las múltiples demandas en su contra, causadas por entuertos de Chávez y de Maduro.

El colmo del cinismo es que Julio Borges declare que “la defensa de esos activos ha sido un desaguadero de recursos y que en el parlamento se llegó a un acuerdo de que, si no había rendición de cuentas de lo gastado en esos juicios, nosotros no vamos a seguir aprobando recursos ”. Borges miente. El distinguido Procurador especial del gobierno interino, Enrique Sánchez Falcón, evidenció que rindió cuentas a esa Asamblea en sus comunicaciones PERP-274, PERP-392 y PERP-244. Pareciera que Borges y parte de la oposición apuestan más a perder Citgo y al fracaso del gobierno de Guaidó que a salir del gobierno usurpador.

Los demoledores que ocupan el poder desde 1999 se propusieron acabar con nuestro sistema de refinación en Europa y en Estados Unidos. Consideraron que era mejor negocio político participar en refinerías en Cuba, República Dominicana y Jamaica. Como se dice en criollo, cambiaron zapatos por alpargatas, con el agravante de que también perdimos las alpargatas. Los responsables son principalmente Hugo Chávez, Alí Rodríguez, Rafael Ramírez y Nicolás Maduro.

Cabe mencionar que el programa de internacionalización fue diseñado para colocar en el exterior nuestros crudos pesados y extrapesados que tienen menor demanda y cuyo aumento de producción estaba planificado por la Pdvsa meritocrática. Hoy, solo nos queda el complejo refinador de Citgo, integrado por las plantas de Corpus Christi, Lemont y Lake Charles, con una capacidad de procesar 769.000 barriles de petróleo por día y una capacidad de almacenar 23 millones de barriles; además, cuenta con tres plantas de lubricantes, 38 terminales activos y una red de oleoductos. El indebido endeudamiento de Citgo por parte de Maduro para dilapidar esos recursos en Venezuela, y las expropiaciones ordenadas por Chávez de empresas estadounidenses en Venezuela han ocasionado una serie de demandas en contra de esa empresa. Entre otras, cabe citar los Bonos Pdvsa 2020, Crystallex, Conoco-Phillips, Northrop, Russoro, títulos financieros Pdvsa -Dresser y Syracusse. Por si fuera poco, algunas víctimas de la Farc y del ELN también están demandando, alegando que Chávez-Maduro han protegido a esas organizaciones narcoguerrilleras. Hasta ahora, los acreedores se han mantenido firmes en sus demandas ante los tribunales.

Cuando los funcionarios designados por el gobierno interino asumieron el control de la empresa, la misma estaba a punto de perderse. Gracias a la excelente gestión operativa de Carlos Jordá, de su equipo gerencial y de los trabajadores, la empresa está generando ganancias, produce con récords de eficiencia y tiene premios por operar con seguridad. Las dificultades por heladas, huracanes, la pandemia de la Covid 19, escasez de petróleo pesado que ha obligado a realizar cambios para procesar crudos livianos y medianos han sido superadas por la capacidad gerencial y mística del personal.

Paralelamente, las gestiones de Luis Pacheco, anterior presidente ad hoc de Pdvsa, de Horacio Medina su actual presidente, de los integrantes de las directivas, la protección del gobierno estadounidense, la labor del Procurador Especial y del grupo de abogados que defiende a Citgo de los acreedores que desean cobrarse las deudas han evitado que la empresa sea embargada.

En webinar organizado por Venamérica y Venezuelan American Petroleum Association, Horacio Medina, apoyado por Carlos Jordá y Julián Cárdenas, presentó los resultados del 2021 y primer trimestre del 2022. En este último lapso hubo una ganancia de 245 millones de dólares. También Medina presentó los resultados de la Fundación Simón Bolívar, brazo ejecutor de Citgo para programas de responsabilidad social. La Fundación administró con pulcritud 3.401.692 dólares, en programas de salud en Colombia y Venezuela, apoyándose en la Cruz Roja Internacional y en centros académicos. Indigna escuchar opiniones que descalifican a esta Fundación, cuyo desempeño es auditado por el gobierno de los Estados Unidos.

Desde luego que, a pesar de los buenos resultados operativos y de las defensas ante los tribunales, todavía hay un peligro real de que podamos perder Citgo. Esperamos que no ocurra y, si llegara a suceder, la responsabilidad será del régimen de Chávez- Maduro.

Mientras otros realizan un gran esfuerzo para que la empresa continúe operando eficientemente y para ganar las demandas, el resto de los venezolanos debemos desmentir a los detractores, exigir a la Comisión Delegada de la Asamblea 2015 que apruebe los presupuestos y darle apoyo moral a quienes operan y defienden a Citgo y a su Fundación Simón Bolívar. Desde luego, toda la oposición debe formar un solo frente para defender a Citgo y que esta pueda salvarse. Conservarla es muy importante para la recuperación de nuestra industria petrolera cuando salgamos del régimen usurpador.

Como (había) en botica : Maduro y Daniel Ortega siguen arremetiendo en contra de defensores de derechos humanos y de Organizaciones No Gubernamentales. Chaves, el presidente de Costa Rica, pareciera estar dando pasos no apropiados. En actitud que no se corresponde con el cargo que ocupa, está sembrando dudas sobre la solidez financiera de La Nación, diario que lo adversó en su campaña ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Beatriz De Majo

Poco antes de las elecciones, el periódico de la Universidad Nacional de Colombia se refería a las inversiones extranjeras que pudieran llegan al país si el presidente fuera Gustavo Petro y aseguraba que “el marco regulatorio colombiano es lo suficientemente sólido como para garantizar la llegada de capitales extranjeros, incluso ante la incertidumbre que genera el cambio de gobierno”.

Lo cierto es que, hasta el presente, si cualquier país con los dramas de seguridad que existen en Colombia quisiera actuar como un imán para captar inversiones de fuentes externas no lo podría lograr. Colombia sí ha configurado un polo de atracción de capitales foráneos a pesar de que la inseguridad y la violencia representan un costosísimo rubro que castiga poderosamente los Estados financieros de cualquier empresa que opera en su suelo.

Hace muchos años- tantos que me cuesta recordarlo- me tocó trabajar en un nivel alto con un grupo empresarial colombiano con experticia en el sector petroquímico. Las necesidades de protección que era imprescindible contabilizar para rodear a las unidades fabriles, a sus operarios, planta profesional y directiva, a sus “tractomulas y dobletroques”, a sus ductos de trasporte de combustible y a sus puertos pesaban fuertemente dentro de las variables a considerar en el mantenimiento de las industrias existentes y en cada nueva instalación. No obstante, la seguridad jurídica de que gozaban tales inversiones de capital mixto, las facilidades otorgadas por las administraciones departamentales regionales y estatales, y el respeto al esfuerzo empresarial conseguían estimular nuevas y nuevas inversiones, aunque – es preciso decirlo-la tributación fuera un factor a deleznar, muy por el contrario.

El modelo de libre empresa en cada uno de los gobiernos que han tenido el turno para dirigir al país ha sido lo que ha imperado, y dentro de ese contexto, han sido formuladas normas para otorgar las seguridades indispensables para la entrada y salida de capital y beneficios, y han imperado parámetros normativos estables, aunque los mismos no siempre fueran sido compartidos por los empresarios, lo que es razonable. Los excesos del poder – léase expropiaciones, incautaciones, intervenciones ilegales por ejemplo- hasta el presente, no le han quitado el sueño a quien arriesga sus dineros en una actividad económica.

¿Será otro el cantar con Gustavo Petro? Sus señales, hasta el presente, no han estimulado la confiabilidad, lo que no quiere decir que no reflexione dos veces o que sus adláteres no lo orienten en el sentido de lo que más le conviene a Colombia.

Hay que decir que los mercados han venido protegiéndose de lo que se podía anticipar en lo electoral. Mientras en 2020 llegaron a Colombia 13.234 millones de dólares, 4% del PIB, ya en el 2021 la cifra descendió a 9.403 millones para configurar solo un 3% de participación en el Producto. Las cifras son del Banco de la República. Los anuncios sobre la manera de Gustavo Petro de ver a la industria extractivista durante la campaña electoral tienen en vilo a las empresas petroleras, justo en el momento en el que petróleo y gas son temas estratégicos, al igual que la minería.

No faltará, sin embargo, quien le haga ver al Jefe del Estado que los ingresos por la via de regalías e impuestos en estos sectores son los que financiarían en buena parte las políticas sociales que intenta emprender, y son los que facilitarían la inversión en infraestructura, gran generadora de puestos de trabajo.

El mismo cuidado debe prestarse al área tributaria. Los capitalistas del mundo y los colombianos por igual estarán atentos a los movimientos en este terreno antes de poner un dólar dentro de la geografía neogranadina pero estarán dispuestos a examinar con atención a propuestas razonables para el país y para sus actividades.

Las atareas del campo colombiano están, hoy por hoy, más devaluadas que nunca. Pero el Plan de Gobierno del presidente electo aspira a hacer de Colombia un país con autosuficiencia alimentaria. Las oportunidades son grandes dada la situación del desabastecimiento mundial, pero para intentar acercarse a esta meta y, a la vez generar rubros de exportación para países cercanos y los consumidores latinoamericanos, se requerirá de ingentes cantidades de recursos de los que el país no dispone, pero inversionistas propios y ajenos sí. No será tarea sencilla atraer inversiones con un gobierno de izquierda radical al frente del poder.

Así pués el momento es bueno si existen las garantías necesarias. De lo contrario la sequía colombiana en este terreno va a ser grande.

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Mibelis Acevedo Donís

¿Ser leales a las prácticas democráticas, aunque se esté inmerso en un régimen no-democrático? El dilema no ha dejado de azuzar a los venezolanos, ni dejado de asomar desafíos para una oposición que, tanto en lo prescriptivo como en lo operativo, está obligada a distanciarse de los modos autoritarios y excluyentes del gobierno. No hay pantano más fullero que la presunta legitimidad que fines virtuosos endosarían a medios éticamente cuestionables. Allí, nos consta, prospera el germen de la autonegación, la pérdida de límites entre la propia ambición y la del adversario, ya de por sí desbordada.

Cuando el gobierno es el caos, la oposición debe ser el orden; cuando aquel es violento, debe proponer la paz; si viola la ley, debe representar al Estado de Derecho”, recuerda Carlos Raúl Hernández. Un ejercicio tenaz de equilibrio y autorregulación, sin duda. Los esguinces de los últimos años, el enajenamiento identitario, dan cuenta que cómo el remedo distorsiona valores que inspiran el deber ser democrático, aquellos destinados a cristalizar en una praxis nunca libre de tensiones y yerros, sí, pero modulada por una irrebatible teoría. Como advierte Sartori, lo que la democracia sea no puede separarse de lo que la democracia debería ser. Para los ciudadanos, sujetos deseantes y aún así proclives a la elección racional (no simples creyentes) apreciar esa coherencia en la oferta política es vital. Porque, ¿cómo confiar en actores cuya contradictoria conducta los vuelve no sólo borrosos, no sólo indistintos respecto a sus demonizados rivales, sino del todo impredecibles?

Las preguntas surgen a cuenta de lo que aparentemente ya es una decisión tomada por parte de un sector opositor, el vinculado a la Plataforma Unitaria. Saltándose alertas y cuestionamientos, todo indica que el plan de convocar elecciones primarias intra-oposición en nombre de la auctoritas de una alianza hoy desmembrada -la MUD- seguirá desplegándose, contra todo trance. Contra el hecho, incluso, de que más allá de asuntos como la disputada representatividad o las discrepancias doctrinarias, la renuencia a sentarse a hablar con el otro es literal.

Aun con tan estrambótico arranque, cabría preguntarse por las características y alcances de un plan que pide consensos mínimos. En el mejor de los casos, se trataría de promover el ensayo de una elección libre y competitiva, crear una “burbuja” democrática operando en ese contexto no-democrático que, muy probablemente, seguirá vigente en 2024. Un proceso que, de entrada, no estaría exento de tanteos erróneos, de pujas intensas, del conflicto y la confrontación agonista que distingue la construcción colectiva de respuestas, siempre susceptibles de revisión. No se puede temer a esa imperfecta índole, sin embargo. “La única virtud esencial de la democracia es el amor por la incertidumbre”, señalaba Hirschman, y sobre ese punto importa alinear expectativas. ¿Cómo manejar la pluralidad para que esta sea anticipo de un proyecto de reforma política profunda; una que no sólo implique hacerse del poder, sino instaurar un gobierno sustancialmente mejor?

Si la idea es demostrar que hay compromiso con otra manera de hacer las cosas, asegurar el potencial inclusivo de estas acciones no es asunto menor. En este sentido, conviene recordar las observaciones de Anthony Downs. La calidad de la dinámica democrática, dice, emerge de un proceso competitivo que se funda en la interacción de la libre oferta de los partidos y el derecho de los votantes a participar en una elección exenta de coacciones (esto es, expresión del poder para gobernarse a sí mismo y escoger a quien se delegará ese poder). Aun eludiendo modelos “normativamente ambiciosos” a fin de priorizar lo posible frente a lo deseable, cuando los partidos compiten bajo el paraguas de estas saludables premisas se activa la infraestructura institucional de la democracia. Justo ese déficit que prevalece a nivel macro es lo que tocaría revertir en el lote de terreno que ocupa una fragmentada oposición.

Cómo conducirse para evitar que esa competencia cancele la normatividad democrática, algo que un utilitarismo anti-ético terminó justificando en su momento: esa es una prioridad. Allí, la calidad del liderazgo político -su intervención eficaz, sus extravíos o su trágica dejadez- sigue siendo medular. Si las condiciones formales que dan sustento a la dinámica democrática, como anunciaba Schumpeter, determinan el desarrollo de competencias que ostentarán los líderes, podríamos estimar que una situación no-democrática escamotearía esa irrupción. La clave entonces es apuntalar ese valor contextual mediante mecanismos que aseguren no sólo el reclutamiento de los agentes mejor dotados para la tarea en cuestión. También el dinamismo y flexibilidad en la toma de decisiones, la autodisciplina democrática que sirve de dique contra la corrupción, el aprovechamiento de lo políticamente diverso, la capacidad para sintetizar visiones opuestas y facilitar el relevo cuando sea necesario.

Quizás ese ejercicio de democracia competitiva supone renunciar a la comodidad de ciertos atajos procedimentales; de imaginar estructuras más idóneas, más inclusivas. No sólo más simples y expeditas. La racionalidad implícita en sistemas donde prevalece esta lógica, lleva así a detenerse en la dificultad que entraña no anular las pretensiones del deber ser; la “utopía concreta” expresada en equilibrios que permiten acoplar las complejas demandas ciudadanas y las ofertas electorales, el alma pragmática y el alma redentora de la democracia (M. Canovan). Para eso es indispensable una competencia que, más que a los contendores, conceda tribuna a las propuestas que ellos encarnan. Sobre las últimas, por cierto, hemos tenido muy pocas noticias.

@Mibelis

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Benjamín Tripier

Si ya estamos claros que “Venezuela no se arregló”, al menos debemos admitir que se respira un aire diferente; hay una especie de optimismo dudoso, no convencido, pero optimismo al fin; el cual genera endorfinas, que “son neurotransmisores opioides producidos en el sistema nervioso central”, que nos predisponen para cosas buenas. Tendemos a ver el vaso medio lleno, así la cantidad de agua sea poca.

Y hay un efecto contagio por derrame, que hace que, si la parte de arriba de la pirámide está optimista, algo de la parte de abajo tenderá a hacer lo mismo, pero sin estar muy seguros de por qué. Lo importante es que esa actitud permite ser constructivos y ver oportunidades en medio de los problemas, que, en nuestro caso, son muchos.

Porque los espacios de oportunidad siempre estuvieron allí. En la medida que caía en barrena el PBI desde 2014, se iban abriendo espacios que eran abandonados. Y como la desconfianza en el gobierno era –y sigue siendo- mucha, entonces la tendencia no era a tratar de ocupar y cubrir esos espacios, sino a abrir nuevos, por el éxodo y la incertidumbre.

Pero en 2019 comenzó una manera diferente de hacer las cosas por parte del gobierno, que, con algunas idas y vueltas, ha mantenido la consistencia. La dolarización, el control de la inflación, la liberalización de precios, la emisión monetaria, la licuación del gasto público, y las señales de disciplina fiscal; en un entorno de apertura al mercado de valores, ha hecho que cualquiera que estuviera medianamente informado, le diera un segundo pensamiento a la tendencia a irse, versus la posibilidad de quedarse.

Por lo que el segundo pensamiento generó también una segunda mirada a las oportunidades y los espacios vacíos. Y si bien el incremento de la actividad económica sigue concentrado en lo transaccional de última milla, y muy apalancado en importaciones, hay que observar un leve aumento en la utilización de la capacidad instalada de plantas industriales. Débil, pero cierta y real.

Sin desconocer nuestros inhibientes estructurales de falta de energías primarias y limitaciones de electricidad y gasoil; de problemas en las telecomunicaciones y en las carreteras y el transporte; en el suministro de agua y gas. Y si utilizamos productivamente lo que sí tenemos (sin poner tanto énfasis en lo que no tenemos) es posible que encontremos un camino para consolidar nuestra muy pequeña economía; y utilizarla como plataforma para buscar incrementos reales de la actividad, que vayan más allá del rebote pospandemia.

Desde el FMI que cree que vamos a crecer 1,5% este año, hasta CreditSuisse que cree que creceremos 20%, todos deben aplicarse sobre una base del 20% del PBI que teníamos en 2014; o sea que, si fuera 1,5% del 20%, daría un crecimiento del 0,3%; y en el mejor de los casos, significaría 4%. Pero cualquier crecimiento es mejor que ningún crecimiento.

Porque se trata de un crecimiento orgánico, financiado por el accionista y sin crédito, ni nacional ni internacional; y en medio de un aislamiento al que estamos siendo sometidos por el posicionamiento ideológico del chavismo. Con lo cual podríamos inferir que, con un cambio en las condiciones, nuestro crecimiento podría ser explosivo.

El siguiente paso en este camino al optimismo informado sería la consistencia y continuidad en las políticas públicas, reforzándolas con un marco jurídico que ofrezca garantías mínimas del respeto a la propiedad privada y a los derechos de las personas, las naturales y las jurídicas.

No se puede perder de vista que parte de los factores que impulsaron el optimismo fueron los relacionados con los rumores de levantamiento de sanciones y reactivación de la producción petrolera, los cuales nunca probaron ser ciertos.

A partir de las dos visitas del gobierno de Estados Unidos a Venezuela, se tejieron esos rumores, que perdieron de vista que el propósito principal de las visitas fue el rescate de rehenes; pues en las dos estuvo Carstens que es el negociador de rehenes americanos por parte de la Casa Blanca. El resto, lo de los diálogos y lo del petróleo, nunca pasó del campo de las especulaciones, siempre amarradas a alguna declaración aislada de algún funcionario de Estados Unidos.

La realidad es que nuestra distancia con Estados Unidos, que a veces pareciera que se acorta, está tendiendo a alejarse, tanto por lo de la cercanía con Rusia (visita del canciller a Moscú) como por el caso del avión iraní con bandera venezolana retenido en Buenos Aires, que nos retrotrae a las épocas de Obama con lo de la “amenaza inusual y extraordinaria”. Sin mencionar las noticias sobre maniobras militares conjuntas con Irán y Rusia; pareciera hecho a propósito para incomodar e irritar.

Cada vez se les hace más difícil a los demócratas de Biden que quieren el acercamiento lograr sus propósitos. Porque hoy en día la cantidad de petróleo que pudiéramos aportar al sistema mundial no es suficiente como para compensar el precio político que tendría que pagar el gobierno de Estados Unidos de cara a las elecciones de medio término.

La Ley de Zonas Económicas Especiales, como una continuidad de la Ley Antibloqueo, y de los anuncios de apertura al mercado de valores del capital de las empresas del Estado, es una manifestación clara de la búsqueda, por parte del gobierno, de inversiones para la reactivación del país.

Si hubiera que pensar en capas u olas de inversión, las primeras deberían apuntar a la infraestructura energética, pues esta se constituye en la plataforma habilitante de inversiones en cualquier otra área. Una vez avanzadas las inversiones en energía, ya se puede pensar en la industria y en el agro.

Desde el año 2019 el gobierno se encuentra construyendo una plataforma de confianza que va estructurando paso a paso, pero aún no a la velocidad que hace falta para atraer inversores. Porque es diferente decir “tengo confianza, pero las sanciones me impiden invertir”, a que “no invierto porque no tengo confianza, sin importar si hay sanciones o no”. La confianza es esencial y se construye con acciones que no vayan solo en lo económico, sino que se trata de algo integral, donde un ámbito realimenta al otro.

En sociología y psicología social la confianza es la creencia, esperanza y fe persistente que alguien tiene, referente a otra persona, entidad o grupo, en que será idóneo para actuar de forma apropiada en una situación o circunstancia determinada; la confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones y los valores.

Es difícil tener confianza solo-en-lo-económico, pero tener desconfianza en lo político, lo social o lo internacional.

Esa integralidad debe ser construida para poder aspirar a que, si se aliviaran las sanciones, las inversiones podrían llegar. Con un riesgo país de 33.000 puntos, habría que ofrecer una cantidad muy grande de ventajas para atraer un inversor.

Tal como ha venido ocurriendo, las inversiones que han ido llegando han sido para el segmento transaccional, de ciclo corto de recuperación, y provistas por venezolanos con fondos afuera. Porque hay que estar claros: solo venezolanos con dinero afuera serán los primeros en aventurarse… y siguiendo el camino que ellos abran, es que vendrán los demás.

En cuanto a la política interna, estamos en una meseta en la cual pareciera que no está pasando nada; pero la realidad, es que la “procesión” va por dentro. Tanto en el gobierno como en la oposición sacan cuentas y juegan nombres de cara al 2024, que pareciera el nuevo punto focal con elecciones presidenciales.

Sin olvidar que el gobierno, con el poder absoluto que tiene fronteras adentro, no tiene ninguna necesidad de ponerlo en riesgo, para darle la oportunidad de que lo tomen personajes que nunca han asumido riesgos para ganárselo.

Por supuesto, con la excepción hecha de los que estuvieron –y los que aún están– presos, y de Guaidó que expone su vida diariamente, llevando el catecismo de la democracia y la libertad. El gobierno no se prestará a elecciones si existe la remota posibilidad de perderlas, porque en eso les va la vida.

Pero también hay que asumir que un día de elecciones, cualesquiera que sean las condiciones, siempre puede deparar una sorpresa. Y mucho más en el ambiente de controles en el que vivimos donde se siente el poder del gobierno en cualquier ámbito de la vida del país; pero ese mismo control va generando zonas ciegas que no pueden ser vistas por el gobierno, y desde allí pueden venir las sorpresas.

Los números que le dan las encuestas al gobierno han mejorado desde que comenzó la sensación de optimismo. Aún el rechazo sigue siendo muy grande, más de 60%; pero la aceptación ha ido creciendo. Según la encuestadora de la que se trate, lo positivo pasó de 12% a 20%; de 18% a 25%; y de 30% a 38%; lo cierto es que habiendo abierto las compuertas de liberalidad que abrió, puede observarse un reflejo positivo en la percepción de la gente.

El mayor reflejo positivo está en el lado del chavismo y el menor en la oposición. Y si bien siempre se dice que lo económico es un gran condicionante del voto en una elección, en nuestro caso, por más “cosas buenas” que hagan, un opositor siempre tenderá a votar en contra. En pocas palabras, es poco probable que el gobierno pueda ganar una elección.

Profundizando un poco más en el pensamiento de la gente, en un mundo ideal, hay una tendencia a que ninguna de las ofertas existentes sea lo que la gente querría. Están como en votar por el menos malo, que para la gran mayoría es la oposición.

Pero si tuvieran la opción de algo diferente, disruptivo y novedoso, casi 70% se inclinaría por esa opción. Sería una opción no estatista, de libertades y respeto, muy apoyada en la empresa y en los mercados, y muy clara y transparente con relación a que el rentismo (y toda la filosofía asociada) ya se acabó y no volverá.

Quien se plante con una oferta de ese tipo (y nadie aún lo ha hecho) tiene todo el chance de quedarse con el 70% de una elección. Porque ya está claro que los pobres, si dependen del gobierno, nunca dejarán de serlo; mientras que el sector privado, que necesita imperiosamente que dejen de ser pobres y se conviertan en consumidores, hará todo lo que esté a su alcance por disminuir la pobreza.

Pasando al campo internacional, la reunión de la OTAN en Madrid dejó como corolario que las relaciones internacionales que pasaban por la ONU ahora pasarán también por la OTAN, que actuará como una opción paralela. La lectura ya no será solo pacífica, sino también militar…y las palabras, podrán ser consideradas como armas, y generar una respuesta militar si ese fuera el caso. El ámbito de acción se vuelve global, y el enemigo puede estar en cualquier parte.

Es posible que haya conflictos focalizados en paralelo al tema Rusia-Ucrania, como asegurando los laterales del canal principal que es el nuevo “eje” Moscú-Teherán-Pekín. Hay un antes y un después de Madrid.

Las comparaciones entre Hitler y Putin, y entre los prolegómenos de la II Guerra Mundial, y esta guerra que se nos viene, comienzan a parecerse; pero con el aditivo de las lecciones aprendidas. A Putin no le darán el voto de confianza que Chamberlain le dio a Hitler, y que le dio la oportunidad de reforzarse y conquistar territorios. A Putin ya no le creen.

La cohesión europea y mundial en contra de Rusia no tiene precedentes, y la reunión de Madrid sirvió para posicionar el concepto de 360 grados que les permite mirar hacia Latinoamérica, Norte de África y Medio Oriente.

No hay que olvidar que en marzo pasado los rusos nos pusieron, a nosotros los venezolanos, en el mapa de la guerra cuando su vicecanciller mencionó que ellos podrían poner misiles en Venezuela. Para los escenarios de la OTAN somos esa posibilidad y con ese lente nos observan.

La visita del canciller venezolano a Moscú, y el mencionado anuncio de maniobras militares conjuntas (¡sumando a los iraníes!) nos refuerza en esa posición. Que tal vez en el corto plazo no signifique mucho, pero cuando la guerra esté en desarrollo, nuestra posición, la de nuestro pasaporte y de nuestro pueblo, no será cómoda… de hecho será complicada.

Recomendación

Al gobierno:

  • Que extienda al ámbito político la estrategia de credibilidad que va logrando en lo económico. Es importante abandonar la estrategia de los compartimentos estancos y comenzar a trabajar en forma integral manejando, en conjunto, las variables económicas, políticas, sociales y económicas…y alinearlas con el campo internacional que hasta ahora ha sido la principal fuente de problemas y limitantes.

A la dirigencia de la oposición:

  • Que mejoren la estrategia de comunicaciones y redes de forma tal de difundir cuál es la estrategia del Grupo Guaidó, y cuál la de la Plataforma Unitaria. En qué coinciden y en qué difieren. Porque hoy pareciera que son lo mismo y que persiguen lo mismo, y la realidad no es así. Para evitar las confusiones en las bases opositoras que siguen desinformadas.

A los dirigentes empresarios:

  • Que hay que evitar que sigan cerrando empresas. Hay que armar fondos privados de rescate que aporten, más que financiamiento, prácticas gerenciales y finanzas corporativas para lograr optimizar recursos vía fusiones, adquisiciones y reestructuraciones, y evitar la improvisación del empresario quien, hasta ahora, en muchos casos, había mantenido su empresa por inercia y por olfato. En este tipo de circunstancias país hace falta gerencia profesional.

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Eduardo Fernández

Colombia nos sigue dando lecciones de política, de democracia y de civilización. Contra todos los pronósticos el triunfo de un candidato de izquierda no ha significado un cataclismo. Mucho menos han significado el inicio de una guerra civil entre los colombianos.

Gustavo Petro gana las elecciones después de un proceso muy conflictivo y sus primeras palabras son de apertura y de conciliación. Antes de haberse proclamado la victoria oficial del candidato vencedor, el otro candidato, Rodolfo Hernández, que no logró el triunfo electoral pero cuya votación se acercó al cincuenta por ciento de la votación nacional, se apresuró a llamar al candidato vencedor para felicitarlo por su triunfo. Petro no vaciló en tomar la llamada, agradecerla y manifestar su deseo de conversar con Hernández dentro de su propuesta de lograr un gran acuerdo nacional.

Hay que decirlo con toda claridad: Petro se comporta como un ganador democrático y civilizado que tiene conciencia de que recibió el voto de la mitad de los colombianos, pero sabe que la otra mitad no votó por él. Hernández se comporta como un político democrático y civilizado cuando llama a su adversario para felicitarlo por su triunfo a conciencia de que por él voto la mitad de los electores colombianos.

En seguida, el Presidente electo, Gustavo Petro se comunica con él líder más importante de lo que ha sido y seguirá siendo la oposición a sus propuestas, el expresidente Álvaro Uribe. Este último toma la llamada, acepta la invitación a dialogar y reunirse con el nuevo mandatario para conversar acerca de los intereses superiores de Colombia y de los colombianos.

Que gran demostración de cultura cívica, de conciencia democrática y de responsabilidad para con los ciudadanos colombianos, que en toda esta ecuación, son los más interesados en que Colombia avance y no retroceda.

En sus declaraciones luego de la reunión con el Presidente Petro, el ex Presidente Uribe habla en términos de concederle el beneficio de la duda, ofrece lo que el mismo llama una «oposición razonable» y mantiene un discurso de elevada textura democrática y ciudadana.

¡Qué gran lección para nosotros los venezolanos; ojalá seamos capaces de aprenderla, de asimilarla y de emularla! Ojalá la transición democrática que todos anhelamos para nuestro país, podamos lograrla en un ambiente civilizado, de diálogo constructivo, de aceptación de las reglas que impone la cultura democrática, de colocar los intereses de Venezuela y de los venezolanos por encima de banderías partidistas, de odios y de retaliaciones.

Seguiremos conversando.

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