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Opinión

DW

Un 40 por ciento de productos cultivados para alimentar a la población global no acaban siendo consumidos, desperdicio que contribuye al 10 por ciento de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) junto con la cadena de supermercados Tesco y publicado el martes (20.7.2021) advierte que la producción de comida utiliza grandes cantidades de terreno, agua y energía. Todo ello contribuye a los gases de efecto invernadero el equivalente a casi el doble de las emisiones anuales de todos los automóviles en EE. UU. y Europa.

En términos absolutos, el informe estima que cada año se desperdician 2.500 millones de toneladas de alimentos, de los que 1.200 millones se pierden ya en el campo y más de 900 millones en los establecimientos de venta o en los domicilios. "Este informe muestra que el problema es probablemente más grande de lo que nos imaginábamos", declaró a el jefe de la Iniciativa mundial sobre pérdida y desperdicio de alimentos de WWF, Pete Pearson.

La pandemia agudiza el problema

Según Pearson, la pandemia ha empeorado la tendencia al causar "interrupciones masivas en las cadenas de suministro, forzando cancelaciones de contratos, cierres de restaurantes y dejando grandes cantidades de alimentos perecederos desperdiciados o dejados en las granjas que luego fueron inservibles".

La lucha global contra los desperdicios alimenticios

Unos 4,4 millones de kilómetros cuadrados de terreno y 760 kilómetros cúbicos de agua se utilizan para producir los 1.200 millones de toneladas de comida que se desperdician en el campo, antes, durante y después de la cosecha, o se desvían a otros usos como la alimentación animal o los biocombustibles. Para ponerlo en perspectiva, estas cantidades equivalen a un terreno más amplio que el subcontinente indio y un volumen de agua de 304 millones de piscinas olímpicas.

El informe confirmó que los países de ingresos altos y medios de Europa, América del Norte y Asia industrializada contribuyen con el 58 por ciento de estas pérdidas en las cosechas mundiales, a pesar de tener una mayor mecanización y mejores sistemas en las granjas.

Pese a que en el medio agrícola es donde se concentran las cifras más altas de desperdicio de comida, las políticas de los gobiernos se concentran más en la última cadena de suministro, la venta y el consumo.

El informe concluye que, para lograr una reducción significativa, los gobiernos nacionales y los mercados deben tomar medidas para apoyar a los agricultores de todo el mundo y comprometerse a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro.

Consumo de carne

Aunque el estudio se centra en la producción agrícola más que en la ganadera, en un momento en el que el debate sobre el consumo de carne está en la calle, Pearson dijo que diversos estudios globales han demostrado que hay una necesidad de reducirlo, tanto por el bien de la salud humana como para el medio ambiente.

Sin embargo, el responsable de WWF reconoció que, en algunos lugares, esto no es posible, y que cualquier reducción no debería de ser a expensas de la salud de las personas. "Proponer un único patrón de consumo o sistema de producción no lograría apreciar la complejidad de los sistemas de alimentación y la cultura, historia y ciencia detrás de ellos", declaró Pearson. "Donde se decida continuar consumiendo comida que viene de los animales, se tiene que asegurar que viene de sistemas de producción sostenibles", concluyó.

21 de julio 2021

DW

https://www.dw.com/es/desperdicio-global-el-40-por-ciento-de-alimentos-n...

 2 min


Humberto García Larralde

Se suele apelar a la fábula del alacrán con la rana porque señala una verdad aviesa: hay seres cuyas conductas desafían la razón porque está en “su naturaleza” actuar así. Quienes pensaban que, una vez manifestada su disposición a negociar con la oposición --bajo auspicios europeos--, el régimen se entregaría a ello como si se tratara de un juego de ajedrez, no tienen idea de con quién tratamos.

El fascismo no hace política; libra una guerra contra quienes no se le someten, porque esto los hace sus enemigos. Si negocia, es con la intención de ganar tiempo para reagrupar sus fuerzas o porque se ve forzado a ello para preservarlas, pero siempre con la intención última de aniquilar a los desadaptados. “Está en su naturaleza”. Aquello de labrar consensos mínimos en torno a ciertas ideas en aras de permitir acuerdos que favorecen al pueblo, no aparece en su manual. Éste se nutre de una realidad alterna, construida evocando mitos épicos que dividen a la sociedad –su campo de batalla—entre un “nosotros”, patriotas y “revolucionarios”, y un “ellos”, formado por la chusma de traidores contrarios a su dominación. Esta visión maniquea la alimenta incesantemente con nuevas fabricaciones. La mentira es un arma de guerra. El fascismo tiene que mantener siempre la ofensiva, tensando la confrontación con consignas sencillas que alebresten las pasiones de partidarios, prestos al combate, no su apego a la razón.

Las actuaciones recientes de Maduro y los suyos parecieran dirigidas a torpedear, deliberadamente, un posicionamiento favorable ante el proceso negociador, sobre todo a los ojos de sus garantes europeos. Al apresar arbitrariamente a Javier Tarazona y otros integrantes de la directiva de Fundaredes, luego a Freddy Guevara, y acosar a plena luz del día a Juan Guaidó, vuelven a mostrar las peores tretas del fascismo criollo. Y más bochornoso todavía es escuchar al fiscal usurpador o a los hermanos Rodríguez fabular acerca de la responsabilidad de estos y otros demócratas en la violencia desatada en Apure o en la Cota 905, ambas resultado de alianzas montadas por Maduro con la disidencia de las FARC y con el Koki, que se les fueron de las manos.

Sin el más mínimo sentido del ridículo, Maduro llegó incluso a denunciar que, desde España, Leopoldo López había armado al delincuente para atentar “contra el humilde pueblo venezolano”. Y Arreaza secunda la payasada culpando a Chile de recibir órdenes de los EE.UU. al cobijar en su embajada al dirigente opositor, Emilio Graterón, señalado, también, como supuesto promotor del tiroteo de la 905. No podía faltar la denuncia de que, por detrás, está la mano peluda del imperio y de la “derecha” colombiana, llegando al extremo de señalar a la policía del hermano país de suministrarle las armas al Koki. Reproducen, así, los funestos procedimientos de la Gestapo Nazi: detener a quienes se consideran enemigos para luego inventarles los cargos más funestos.

En perspectiva, sabemos que estas actuaciones en absoluto son anómalas en el proceder del régimen. Así lo recogen los informes de la Alta Comisionada de las NN.UU. para los Derechos Humanos, como de la misión especial designada por su Consejo de Derechos Humanos, y muchos reportes más. Roland Carreño tiene meses preso con base en similares fabulaciones, hace no mucho asesinaron a Fernando Albán y al capitán Acosta, estando ambos detenidos, siguen torturando a los militares dignos que no se doblegan e –imposible de olvidar—sus esbirros asesinaron a centenares de compatriotas que salieron a manifestar su derecho a la protesta entre 2014 y 2017. La confiscación arbitraria de las instalaciones de El Nacional por parte de Diosdado Cabello y tantos atropellos más, son parte de esta “naturaleza”.

Como hemos insistido, Venezuela ha sido un territorio conquistado para el saqueo por parte de Maduro, los militares corruptos y la dirigencia cubana. Pero se les está cayendo a pedazos. No hay forma de complacer las apetencias de las mafias sobre las que descansa su poder. El botín no alcanza. La alianza criminal empieza a mostrar peligrosas fisuras, como ha quedado manifiesto en Apure y en algunas zonas de Caracas, como la 905. De ahí la desesperación del régimen por que le levanten las sanciones.

Podía pensarse que el nombramiento de dos rectores demócratas en el CNE, la confesión de Tarek de crímenes cometidos por sus esbirros, la liberación de algunos presos políticos y el regreso de dirigentes exiliados, tenían como fin mejorar la posición negociadora del régimen y que, incluso, se cuidaría de violaciones como las antes mencionadas. Pero, no. Advertido de que tiene que crear condiciones electorales aceptadas internacionalmente para que sea considerado el levantamiento de algunas sanciones, Maduro reclama esto como condición previa a la negociación, junto a su reconocimiento como mandatario legítimo y el cese de acciones para desalojarlo del poder (¡!).

Destemplanzas como ésta y las disparatadas acusaciones referidas anteriormente, llevarían a dudar, en circunstancias normales, de que se está ante gente cuerda. Pero así es la “naturaleza” del fascismo.

Existen, desde luego, intentos por explicar esta conducta. Una, que Maduro le interesa sabotear la posibilidad de elecciones creíbles con la oposición, luego de conocer los resultados de las primarias del PSUV y sopesar que las fuerzas democráticas, si logran unificarse, le propinarían una paliza. En eso, estalló --¡al fin!— el formidable descontento social que sacude a Cuba. Sabiendo que el final de la tiranía antillana invariablemente pondría en peligro a la suya, el okupa de Miraflores se vio conminado a cerrar filas con sus jefes, reprimiendo “solidariamente” a la oposición venezolana. Está en la “naturaleza” de ambos regímenes.

Pero he aquí que, inesperadamente (¿o no?) aparecen apoyos internacionales, no de Rusia, China, Irán y Turquía, que siempre aprovecharán las oportunidades para meterle el dedo en el ojo a EE.UU., sino de sectores autoproclamados de izquierda o de avanzada en algunos países desarrollados. El PSOE gobernante en España se niega a calificar al régimen cubano de dictadura para no contrariar a sus socios de Podemos. Y Black Lives Matter (BLM) arroja por la borda la autoridad moral adquirida en su defensa del respeto por la vida de los afroamericanos en EE.UU., al repetir el cuento del “bloqueo” que le echa la culpa a este país del estallido social ahí. Con ello, exonera la falta de libertades y la ruina provocada por la tiranía cubana, su verdadera causa. En 2020, Cuba compró USD 157 millones en alimentos a este país “bloqueador”, apenas detrás de Brasil como proveedor, con USD 158 millones[1].

Difícil, entonces, que prospere una negociación orientada a abrirle espacios a una transición que permita recuperar las posibilidades de una vida digna, en libertad, para los venezolanos, con quienes conciben la política como una guerra. Ya la Unión Europea y Estados Unidos han hecho conocer de manera diáfana su oposición a las medidas represivas recientes, alertando que ponen en peligro la negociación de una salida pacífica a la tragedia venezolana. El fascismo responde atrincherándose en la mitología construida en torno a la revolución cubana –David contra Goliat--, a ver si logra, con algunos sectores izquierdosos de estos países, neutralizar tal apremio. Debe tenerse en cuenta que sin la presión de los países democráticos, será muy cuesta arriba forzar la aceptación de condiciones electorales apropiadas en Venezuela, el cese de la represión y el respeto por los derechos humanos.

La Unión Europea ha tolerado demasiado los desplantes de la tiranía cubana, bajo el chantaje de que debe cuidarse de no enajenar la voluntad de sus esbirros, porque ello impide llegar a acuerdos en favor de una población que tiene 62 años sufriendo las mayores privaciones. Es hora de que entienda que a la tiranía, esto les importa un bledo. Está en su “naturaleza”, como en la de la mafia de Maduro y sus militares corruptos, conservar el poder como sea. Un futuro de libertades y prosperidad en Venezuela y en Cuba, se verá favorecido con una postura realista, firme y consecuente de los países democráticos.

[1] https://www.elnacional.com/opinion/cuba-las-protestas-y-los-tontos-utiles/

https://www.elnacional.com/opinion/esta-en-su-naturaleza/

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Eddie A. Ramírez S.

¿Hay alguna relación entre las persecuciones recientes, la negociación entre el régimen y representantes de los demócratas, y las próximas elecciones? Según algunos, el objetivo de la dictadura es sabotear la negociación. Según otros es para desincentivar que los ciudadanos acudamos a votar. En ambos casos el argumento es que al régimen no le conviene negociar y que tampoco haya una votación masiva. Cabe preguntar ¿acaso las persecuciones, es decir los asesinatos, torturas y encarcelamientos son algo nuevo? ¿Podrían las recientes persecuciones impedir la negociación y desincentivar el voto?

¿A quiénes persiguen?: La política de este régimen es intentar perpetuarse en el poder aterrorizando a todos los sectores. Por eso atropellan a quienes defienden su propiedad, a articulistas que critican, a jueces que no se doblegan, a periodistas que informan la verdad, a políticos que luchan para restablecer la democracia, a defensores de derechos humanos que denuncian las injusticias, a tuiteros que divulgan abusos, a manifestantes que protestan por la escasez de productos y servicios, a militares considerados peligrosos y a quienes realizan labor social. Seleccionan a representantes de cada sector. Algunos muy conocidos, otros no tanto. Actúan como terroristas. Para perpetrar sus fechorías, los esbirros armados con fusiles cuentan con la colaboración de esbirros de toga y birrete, es decir de fiscales y jueces.

¿Les importa algo?: ¿Acaso les importó dejar morir a Franklin Brito, quien solo pedía que le dieran un pedazo de papel reconociendo su derecho sobre una pequeña parcela? ¿Acaso les importó asesinar a cientos de ciudadanos durante manifestaciones pacíficas, entre ellos a José Manuel Vilas, Evangelina Carrizo, Maritza Ron y a los jóvenes Génesis Carmona, Juan Pablo Pernalete y Rubén González? ¿Acaso les importó asesinar a ciudadanos presos como a Juan Carlos Sánchez, al capitán Acosta Arévalo y a Fernando Albán? ¿Acaso les importó torturar a la jueza Afiuni y a otros cientos de presos políticos? ¿Acaso les importó detener a miles de ciudadanos, civiles y militares, sin ninguna prueba, entre ellos a la tuitera Inés González, al comunicador social Roland Carreño, al defensor de derechos humanos Javier Tarazona, al dirigente político Freddy Guevara y al teniente coronel Igbert Marín, estos últimos cuatro actualmente secuestrados en las ergástulas del régimen? ¿Acaso les importan los cinco millones y medios de venezolanos que tuvieron que huir del país en búsqueda de seguridad y de mejores condiciones de vida? ¿Acaso les importa la hiperinflación y la escasez de gasolina, diésel y gas?

La negociación: A ciencia cierta nadie sabe si el régimen cederá en lo fundamental, como es permitir elecciones regionales acordes con normas internacionales de transparencia y la realización del referendo revocatorio presidencia sin trabas para la recolección de firmas, así como soltar a los presos políticos. Si no fuesen talibanes entenderían que está en su interés ceder, pero quizá se mantendrán en sus trece. Debemos apostar que sean ellos quienes se pongan en evidencia, una vez más, ante la comunidad internacional. Nada perdemos los demócratas con permanecer en la mesa el tiempo que sea necesario. Cierto que el régimen quiere ganar tiempo, pero nosotros no tenemos otra opción a mano.

Las elecciones regionales: Las elecciones tendrán lugar. A las mismas acudirá el sector rojo, los alacranes colaboracionistas y también los nuestros. ¿Cuántos de estos últimos? En estos momentos no se sabe. Hay argumentos válidos tanto para abstenernos, como para votar. El principal argumento para no votar es que eso sería reconocer al Consejo Nacional Electoral que no es independiente y a una Asamblea Nacional que lo designó y que no es legítima. Quienes quieren votar alegan que como los demócratas somos una mayoría aplastante, no importa el sesgo del CNE, siempre y cuando tengamos testigos en todas las Mesas. Lo sensato sería esperar a ver si la presión internacional logra condiciones electorales acordes con estándares internacionales. Si no se logran, la dirigencia tendrá que decidir si de todos modos convocará a votar. Un punto para considerar es que, nos guste o no, ya hay candidatos en la calle que son de oposición. También, evaluar si los ciudadanos se guiarán por lo que digan los políticos. Además, si no presentamos candidatos buenos apoyados por todos, el régimen no necesitará hacer trampas.

Las persecuciones son de vieja data y obedecen a que en una dictadura del siglo XXI solo se acepta una pequeña dosis de disidencia para intentar guardar las apariencias, siempre que no ponga en peligro su usurpación del poder. Solo tienen relación con las negociaciones y con las elecciones en la medida en que los demócratas comamos casquillo. Quizá sea oportuno parafrasear a Churchill: negociar y votar son las peores opciones, excepto todas las demás.

Como (había) en botica:

No estamos de acuerdo con la posible extradición de Rafael Ramírez Carreño, expresidente de Pdvsa. Hay suficientes motivos, pero en la Venezuela actual no tendría un juicio justo, como el que tiene derecho todo ciudadano. Tenemos que ser consistentes.

Solidaridad con los pueblos de Cuba y Nicaragua que exigen democracia.

Estudios sobre Petróleos de Venezuela y la industria petrolera nacionalizada 1974-2021, es otra importante contribución del distinguido jurista Allan Brewer-Carías. Está disponible en su Blog.

El coronel Rubén Darío Bustillos acaba de publicar Guerra entre narcos: el holocausto venezolano. Contiene importante información, está en Amazon.

Para quienes gustan de las novelas, el abogado José Luis Méndez publicó Techos rojos, también en Amazon.

Lamentamos los fallecimientos de Alba Carreño de González, Richard Rojas, Antonio Briceño Ruíz y Norbis Africano, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

20/07/21

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Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático

El Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático de Venezuela, representa un esfuerzo de la ciudadanía para articular soluciones pacíficas y constitucionales a fin de enfrentar la terrible y apabullante realidad en la que nos encontramos atrapados los venezolanos. De allí que el 19 de abril de 2021, en ocasión de una de las fechas cívicas más importantes de nuestra Nación, la Declaración de nuestra Independencia, más de 200 organizaciones de la sociedad civil y personalidades de los diferentes ámbitos del país y de diversas localidades en Venezuela y el extranjero, suscribimos el “Pacto para el Restablecimiento Constitucional y Democrático”, instrumento que da sustento a la Conferencia Ciudadana como órganos con investidura para hacer cumplir el mandato vinculante expresado en la Consulta Popular realizada desde el 07 al 12 de diciembre de 2020, como también el emitido en la Consulta Popular del 16 de julio de 2017, activando UN PROCESO CIUDADANO DE RESTABLECIMIENTO DEL ORDEN CONSTITUCIONAL, de conformidad con los artículos 01, 05, 62, 333 y 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, con el objetivo de lograr la vigencia del Estado Democrático, Social de Derecho y de Justicia, pactado en la Magna Carta. Este Pacto define una ruta protagónica y participativa de los ciudadanos en defensa de la unidad nacional, de nuestras familias, de nuestros hogares, de nuestros mecanismos de sustento y generación de riqueza, de una mejor expectativa para todos en los años por venir, que debemos llevar a cabo con firmeza y dedicación.

Dentro del marco de la definición de esa ruta protagónica y participativa del pueblo venezolano, principal doliente de la gravísima crisis económica, política, social y humanitaria que nos consume, el Consejo Rector se dirige a la Nación para expresar lo siguiente:

1. Para amplios sectores de la nación ha fracasado el reciente proceso de negociación adelantado entre los factores políticos de la oposición y gubernamentales, negociación que fuera avalada por la declaración emitida el 25 de junio de 2021 por el Secretario de Estado de los EEUU, Antony J. Blinken, el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá, Marc Garneau;

2. A pesar del fracaso del incipiente proceso de negociación, el Consejo Rector respalda y concuerda con la declaración de estos importantes factores de la Comunidad Internacional, los EEUU, la UE y Canadá, en el sentido de que “La solución pacífica a esta profunda crisis política, social y económica debe provenir del mismo pueblo venezolano, a través de negociaciones de amplio alcance impulsadas por los venezolanos en las cuales participen todos los actores interesados. Un proceso de negociación integral, con plazos concretos, debería posibilitar el restablecimiento de las instituciones del país y permitir que todos los venezolanos puedan expresarse políticamente por medio de elecciones locales, parlamentarias y presidenciales creíbles, inclusivas y transparentes” (resaltado nuestro).

3. Un proceso de negociación integral como el mencionado desarrollado dentro del marco constitucional vigente que no involucre a todos los venezolanos, como efectivamente lo exige el comunicado de la Comunidad Internacional, está condenado al fracaso. De allí que, al faltar la premisa fundamental sobre la que debía estructurarse el proceso de negociación, el resultado era previsible. Es necesario, entonces, comprender que la tramitación de un proceso de negociación política como el planteado por la comunidad internacional que ha impuesto sanciones a los jerarcas del régimen, debe trabajar propuestas que involucren a todos y cada uno de los venezolanos en la solución de la grave crisis que nos aqueja.

4. El Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, en representación de los más de 6,4 millones de venezolanos que participamos en la Consulta Popular realizada del 7 al 12 de diciembre de 2020, somos actores interesados y dolientes de las resultas de este proceso y, en tal sentido, PROPONEMOS a la Comunidad Internacional, representada por los EEUU, la UE y Canadá, a los sectores representados por la oposición política encabezada por el Ing. Juan Guaidó Márquez, en su calidad de Presidente Interino reconocido por la comunidad internacional, y el régimen que encabeza Nicolás Maduro Moros, que el proceso de negociación política exigido por la comunidad internacional, se lleve a cabo sobre las siguientes bases:

Objeto de la negociación: la Convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter Originario;

Una negociación entre cuatro (4) partes: una delegación de la Comunidad Internacional firmante de la Declaración Conjunta del 25 de Junio (EEUU, la UE y Canadá); una delegación de los sectores de la oposición política que encabeza Juan Guaidó Márquez como Presidente Encargado reconocido por la comunidad internacional; una delegación del Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, como representación de los más de 6,4 millones participantes de la Consulta Popular de Diciembre de 2020; y una delegación del sector gubernamental que encabeza Nicolás Maduro;

Puntos a negociar: 1) la designación de una Autoridad Electoral Ad-Hoc con la participación y apoyo de los organismos técnicos de la Comunidad Internacional, únicamente para la elección de los ciudadanos Constituyentes que representarán a todos los venezolanos en la Asamblea Nacional Constituyente; y 2) Las Bases Comiciales que regirán la elección de los ciudadanos Constituyentes;

Garantías del proceso: las partes establecerán las garantías para que se cumplan los acuerdos y compromisos a los que se lleguen en el proceso de negociación.

5. Esta propuesta va en estricta consonancia con la Declaración emitida por el Grupo Internacional de Contacto, de fecha 13 de julio de 2021, cuando expresaron: “2. Los miembros del GIC reiteran que la única salida de la crisis es la negociación política y establecer urgentemente un diálogo inclusivo dirigido por los propios venezolanos que conduzca a elecciones creíbles, libres y transparentes de conformidad con las disposiciones constitucionales y legales de Venezuela”.

También, en lo que atañe a los aspectos sustantivos de nuestra propuesta, hacemos nuestro el reciente Mensaje de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana, CEV, cuando señala, “No puedo dejar por fuera la necesidad de recomponer la política y quienes la ejercen”,.. y “Considerar la necesidad de enfatizar el protagonismo de todos y cada uno de los ciudadanos en el respeto a la soberanía nacional y a la participación equitativa de todos en la construcción de la sociedad”, lo que supone dar sentido, alcance y acatamiento a las disposiciones constitucionales que establecen la participación ciudadana y el protagonismo del pueblo, dando respuesta a “...la urgente necesidad de “REFUNDAR LA NACION”, planteada por la Presidencia de la CEV y que todos los venezolanos anhelamos;

6. En esta nueva ruta de negociación expuesta, ninguno de los participantes propuestos podría negarse a que sea el pueblo venezolano el que decida sobre su destino, gobierno y la crisis que le aqueja. Sustraer de la soberanía popular la construcción de la salida a la crisis venezolana, pondría la lápida en el entierro de nuestra República. Una Asamblea Nacional Constituyente, electa sobre bases libres y transparentes, con un árbitro ciudadano y bajo observación internacional, tendría la representación genuina de todos y cada uno de los sectores a nivel nacional, incluyendo los expatriados por la crisis, dándole una salida incluyente, plural, política y pacífica a todos los involucrados, en el marco de un proceso de negociación;

7. El Consejo Rector de la Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático se dirigirá formal y directamente a los representantes de cada una de las partes señaladas, en este nuevo proceso de negociación propuesto al país y al mundo, a los fines de lograr dar inicio a esta nueva fase por la recuperación del país, pero esta vez con la inclusión protagónica del Pueblo venezolano.

La Conferencia Ciudadana para el Restablecimiento Constitucional y Democrático

Venezuela, 17 de julio de 2021. Año 200 de la Batalla de Carabobo y año de inicio de la Refundación de la República.

https://ancoficial.blogspot.com/2021/07/el-consejo-rector-de-la-conferencias.html

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Fernando Mires

Ya existe suficiente información acerca del movimiento nacional, popular y democrático que irrumpió en Cuba el 11 de julio de 2021. Pertenece sin dudas a esa «especie» que en el vocabulario político latinoamericano conocemos como «estallido social».

Por razones que alguna vez habrá que hilar, los últimos tres años —sea en Chile, Ecuador, Perú (estallido electoral) o Colombia— han sigo signados por irrupciones multitudinarias que han conmovido los cimientos institucionales de cada nación.

El primero, el más emblemático, el de Chile, es denominado por algunos autores (Alejandro San Francisco, Andrés Velasco) como «revolución», término apropiado si se tiene en cuenta que el movimiento desatado por el alza de los precios de los pasajes del metro se transformó en una enorme demostración de masas en aras de una mayor igualdad social, para después culminar con el dictado de una Constitución cuya discusión ya ha comenzado entre constituyentes elegidos por votación.

Lo que nadie esperaba —y esa es la razón que convierte en apasionantes a las astucias de la historia— es que en la Cuba que Miguel Díaz Canel recibió como herencia de los hermanos Castro, también iba a tener lugar un estallido no solo social sino, además, político.

Tal como sucedió en Chile, el estallido social de Cuba irrumpió por acumulación de demandas sociales, sobre todo por la mala atención médica, por el desabastecimiento, por los apagones, por la falta de agua, por el alza de los precios; en fin, por todo ese infierno creado en Cuba en nombre de una revolución que nunca ha tenido lugar.

Las protestas comenzaron en la ciudad de San Antonio de los Baños al sureste de La Habana y luego se extendieron desde Santiago de Cuba, en el oriente, hasta Pinar del Río en occidente. En menos de dos horas, muchedumbres desfilaban a lo largo de todas las calles de la nación, demostrando una vez más que el pueblo de las calles no era el pueblo del régimen. Miles de humillados y ofendidos durante largos años de tiranía y oprobio. Cuba despertó. Nadie sabe por cuánto tiempo. Pero despertó.

Llama la atención la rapidez con que las consignas sociales y económicas (en el fondo simples petitorios) fueron cambiadas por consignas políticas: Libertad, Abajo la dictadura y, sobre todo, ese corear incesante de Patria y vida, magistral creación musical opuesta a la necrófila Patria o muerte del castrismo. Para que ese salto cualitativo de lo social a lo político se produzca se necesita en otros procesos de mucho tiempo, a veces de años. Pero los cubanos lo transitaron en horas. ¿Casualidad, magia, milagro? En ningún caso.

Para entender lo que pasa en Cuba necesitamos mirar un poco hacia atrás. Así podremos comprobar algo que no todos los periodistas —siempre comprometidos con el instante— no habían percibido, a saber: el movimiento social que tenía lugar en julio había efectivamente comenzado ya, en noviembre del 2020, pero bajo otra forma y con otros actores con el Movimiento San Isidro surgido bajo el calor de una demanda central: la libertad de expresión. Desde esa perspectiva podemos afirmar que el movimiento nació primero políticamente para después transformarse en un amplio movimiento social y luego retornar a su condición política hasta llegar a ser lo que ahora es: un estallido social y político a la vez.

Quiere decir: estamos frente a un estallido que integra a lo político y a lo social, pero no como dos compartimentos, sino conectados entre sí.

El de Cuba es un movimiento en donde confluyen dos vertientes: la política cuyos sujetos originarios fueron la mayoría de los artistas e intelectuales del país y la socioeconómica, cuyos sujetos son las masas volcadas en las calles. Noviembre del 2020 y julio del 2021 son dos capítulos distintos de una sola novela cuyo final se encuentra todavía muy lejos.

En el proceso de mutación del virus social en virus político, seríamos egoístas con Díaz Canel si no viéramos en él y en su torpeza infinita un agente no secreto que colaboró a impulsar políticamente al movimiento del 11 de julio.

Díaz Canel, en efecto, reaccionó como suelen hacer los dictadores. Primero, difamando a los manifestantes como delincuentes, enemigos de la revolución y, segundo, externalizando los problemas, culpando —¡cómo iba a faltar! — a los EE. UU. Fue el mismo Díaz Canel, no el pueblo, quien puso la legitimidad de la revolución en juego. Con ello se entrampó, pues si la revolución es identificada con el hambre y la miseria a los manifestantes no les quedaba más que levantarse en contra de esa revolución. Más todavía cuando Díaz Canel llamara a «los revolucionarios» a las calles a defender la revolución.

¿Revolucionarios? Todos los cubanos lo saben. Son personas que nunca han tenido nada que ver con una revolución. Se trata de un conglomerado corporativamente organizado, asalariados de la trinidad partido-Estado-ejército, seres sumisos que cada cierto tiempo, sobre todo en las festividades, son llamados a desfilar y corear como loros las consignas impartidas. En periodos de crisis —y estamos frente a uno de ellos— pueden jugar el papel de tropas de choque, bloquear las calles y amenazar a los manifestantes. Los «revolucionarios», en el más clásico estilo mussoliniano, son el brazo de represión civil de la nomenklatura militar y burocrática. Díaz Canel los conoce muy bien, pues él también es un «revolucionario».

Como todo «revolucionario» cubano, Díaz Canel nunca ha vivido una revolución. Pero peor: nunca ha desobedecido, siempre ha acatado lo que otros ordenan. Así lo ha hecho durante toda su carrera —la vamos a llamar con comillas «política»— desde que en edad menor fuera cooptado por las Juventudes Comunistas, donde llegó a ser dirigente juvenil en Santa Clara. En 1991 fue nombrado miembro del Comité Central. Luego, dirigente en Santa Clara y Holguín, hasta que al fin, a pedido de su mentor Raúl Castro fue nombrado ministro de Educación Superior. El 2015 asumió como vicepresidente de los Consejos de Estado para culminar su exitosa carrera burocrática en 2018, cuando le fue otorgado el título de presidente de Cuba.

Ingeniero electrónico de profesión, Díaz Canel piensa y habla como un robot. Un hombre oscuro, sencillo, inculto y sin imaginación, como hay tantos en este mundo.

Su trayectoria no se diferencia de la de un empleado de banco que asciende hasta que llega el día en que, sin darse cuenta, es nombrado director. Pero a diferencia de Díaz Canel, el director de banco no cree actuar en nombre de ninguna revolución ni tiene el poder para enviar al matadero a nadie. No obstante, la persona de Díaz Canel es solo una molécula visible dentro de un complejo sistema de dominación distópica. Su ideología, la única que tiene, es su supervivencia, tanto la personal como la de su casta. La «revolución» es el poder brutal del Estado ejercido sobre un pueblo inerme.

Tuvo razón Díaz Canel al decir, cuando le informaron que la gente había salido a las calles, que él estaba dispuesto a morir —eso quiere decir también a matar— por «la revolución». Su histeria se explica: sin el poder de una revolución imaginaria, ese empleadillo convertido en dictador sería solo lo que es: un nada. Recordando a Foucault, podríamos decir que Díaz Canel es una representación biológica de un poder que lo supera y lo trasciende. Ese poder que creó Fidel Castro alrededor suyo, hecho a la medida de su elefantismo corporal y de sus delirios de grandeza: un poder sostenido por balas, cámaras de tortura y selectiva represión. ¿Quién dijo que los demócratas cubanos la tendrán fácil?

Los acontecimientos de noviembre del 2020 y julio del 2021 son estaciones de un trayecto cuya extensión desconocemos. Solo sabemos que será peligroso, como por lo general han sido todos los procesos de democratización.

Sabemos que habrá confrontaciones, éxitos y retrocesos. Habrá rupturas, trizaduras y deserciones al interior del bloque de dominación. Ya hay signos: la casta estatal ya no es dirigente, solo dominante (distinción que debemos a Gramsci). Habrá también diálogos, compromisos, acuerdos y, en un momento determinado, elecciones. La eternidad existe solo para los dioses y Díaz Canel está muy lejos de ser uno de ellos.

Tal vez sea necesaria una advertencia. Puede que la democratización de Cuba sea resultado de procesos aún más complejos que los que llevaron al fin de las nomenklaturas comunistas de Europa del Este durante 1989-1990. Advertencia que se deduce de una observación. Por un lado, Cuba pertenecía a la familia dictatorial subordinada al imperio soviético, pero por otra, pertenece todavía a tradiciones dictatoriales de tipo latinoamericano. Desde su primera pertenencia, si la historia fuese razonable, la dominación castrista debería haber dejado de existir después del derrumbamiento del muro de Berlín. Estuvo a punto de ocurrir si no hubiera aparecido Hugo Chávez quien dio oxígeno (y petróleo) a la moribunda Cuba castrista, afirman algunos. No estamos muy seguros. Nadie puede opinar sobre lo no ocurrido. La supervivencia poscomunista también podemos verla desde una dimensión latinoamericana. Significa: Fidel y su hermano lograron construir un sistema de dominación «sui generis» que condensaba lo peor de las dictaduras comunistas de Europa y lo peor de las clásicas dictaduras militares latinoamericanas. Un híbrido. Fidel Castro fue la representación personal de esa dualidad histórica.

Por una parte, Fidel era el secretario general del partido-Estado, pero por otra, un caudillo populista y personalista como nunca hubo en los países comunistas europeos (el que más se acerca a Fidel Castro fue el yugoslavo Tito).

Los Castro, hijos de latifundistas al fin, gobernaron la Isla como si fuera su hacienda familiar, pero con una maquinaria burocrática y militar construida con materiales soviéticos.

Desde el punto de vista socioeconómico, el sistema es aún más complejo. A partir de la simbiosis gobierno-Estado-partido y, sobre todo, ejército, ha sido elaborada una relación de dominación vertical donde los «pequeños revolucionarios» controlan calles, comunas, escuelas, universidades, el abastecimiento, la medicina, el turismo, en fin, casi todo.

Con el tiempo han aparecido otros sectores sociales, adscritos informalmente al régimen. Entre ellos, una suerte de burguesía (compradora y vendedora) fluctuante entre Miami y La Habana, con instituciones paralelas funcionando discretamente al lado de las estatales. Más abajo, los trabajadores sindicalmente organizados, también subordinados al Estado. Y, más allá, una masa suburbana dedicada a la pura subsistencia y formada, según cuenta Leonardo Padura con macabra ironía, por los llamados «palestinos», otras veces «los orientales» (por venir en su mayoría de la provincia de Oriente).

Que el estallido social haya comenzado en centros alejados de las grandes ciudades, desde la Cuba miserable y profunda, no es entonces ninguna casualidad. Ese día 11 de julio tuvo lugar una unidad entre quienes se mueren de hambre («teníamos tanta hambre que nos comimos el miedo», escribió Yoani Sánchez) y sectores citadinos, principalmente juveniles, quienes luchan en primera línea por la libertad de expresión y de otras actividades ciudadanas.

Como hechos muy positivos hay que anotar la gran cantidad de artistas que han firmado documentos en contra de la represión desatada por Díaz Canel, entre ellos nombres de reconocimiento internacional como Leo Brouwer, Chucho Valdés, Adalberto Álvarez, Cimafunk, Haydée Milanés. La declaración de los obispos cubanos en defensa de los reprimidos también es muy importante. Cierto, ni artistas ni obispos tienen armas de fuego. Pero poseen otras armas. Y esas no las saben manejar los «revolucionarios». Por lo menos, con sus voces y con sus rezos, cantantes y curas llegan mucho más al pueblo que todos los «revolucionarios díazcanelistas» unidos.

Nadie sabe cómo terminará esta historia, pero lo que nadie puede negar es que esta historia ha comenzado. Es otra historia.

Fernando Mires es (Prof. Dr.), fundador de la revista POLIS, Escritor, Político, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol.

Twitter: @FernandoMiresOl

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Américo Martín

La supuesta vida eterna, rasgo que atribuyeron a todos los sistemas, y de manera especial a los de índole «comunista», todavía lo tendríamos entre nosotros en la fructífera compañía de excelentes politólogos, sociólogos, historiadores y líderes políticos de los que han proliferado con buenas razones en nuestra abrumada nación. Se permiten opinar, estos válidos intelectuales, sobre los retos que con cada vez más fuerza y sutileza ponen en duda la creencia interesada en la perennidad del totalitarismo y su implacable cobertura ideológica y, por tal motivo, ha sido más bien moderada la primera reacción frente a los sorprendentes acontecimientos que han sacudido al pueblo y al Estado cubano en su conjunto. Acostumbrados a sentir muy vivamente el severo ajuste represivo, cada vez que algún desajuste asoma el rostro, estaban formados para hacerlo encajar en la común normalidad revolucionaria.

Pero la cuestión asoma características nuevas que no pueden dejarse de lado. Lo primero es la participación popular masiva, alrededor de 60 ciudades y pueblos entre los cuales despuntan La Habana, Camagüey, Holguín, Marianao y suma y sigue. Es una enorme oleada humana a lo largo de toda la isla que ha salido a calles y parques, llega hasta los más intimidantes edificios y lugares públicos, como el Capitolio y no deja ni un espacio sin ocupar en el célebre malecón habanero y se expande sin cesar por todo el territorio.

Esa enérgica protesta esgrime la más emblemática de las consignas ¡Libertad, libertad, libertad!, que solo interrumpe el ritmo para intercalar ¡Abajo el comunismo!, revelador de un deseo angustioso de jugarse el pellejo para librarse de la piel de zapa balzaciana que los oprime con creciente vigor desde hace 60 años, sin pausa ni tregua.

Como solemos pensar en forma binaria, probablemente se ofrezca la vía bifurcada o disyuntiva que reinó durante varios años frente al gobierno madurista, que lo ha conducido a un vasto aislamiento universal y que puede sugerir la vía armada con respaldo solidario de otros poderosos conglomerados occidentales. Se trata de una fuerza demasiado grande e influyente con la cual lo mejor sería negociar una salida de paz.

¿Y acaso el presidente Miguel Díaz Canel estaría para hacer algo que pueda ser tomado como pusilanimidad suya?

No serán muchos los que puedan responder, especialmente ante la posible renuncia del viceministro del Interior Burón Tabit, en supuesta protesta condenatoria por la extrema severidad represiva. La noticia no podía tener más abolengo. Viene del nieto de Juan Almeida uno de los compañeros más cercanos de los hermanos Castro, que ostentó el rango de comandante histórico de la revolución.

La historia de la inexpugnabilidad o eterna duración del totalitarismo perdió vigencia y sentido desde la eclosión del sistema soviético, a partir de las invasiones militares autorizadas por el Tratado militar de Varsovia, primero contra Hungría y después contra Polonia, tras una intensa movilización obrera y popular que sacó a los comunistas del mando en ambos países, cuyo origen guarda algún parecido con las protestas sociales que mantiene el pueblo cubano. Los luchadores amantes de la libertad y la democracia proclaman ¡Sí se puede! Cuando se les pregunta y qué es lo que se puede, responden sin vacilar: derrocar el comunismo y el poder totalitario.

¡Hombre! Esos húngaros, búlgaros, polacos, rumanos, alemanes, checoslovacos, en fin, países comunistas sometidos al pacto denominado Consejo de Interayuda Económica, bajo la jefatura de Moscú, y al Tratado militar de Varsovia también conducido militarmente por los moscovitas. De ese modo se dirigía el comercio de la totalidad de la Europa oriental. Desde las alturas del Kremlin y sin aviso ni protesto.

Y desde aquel célebre edificio que habitó el feroz Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, llamado Stalin, gobernó con mano de acero el Ejército Rojo soviético y los de sus superarmados aliados. A ver si sería sencillo derrotar a ese monstruo totalitario mandado por un tirano sin mucho que envidiarle a Hitler.

Sobre los hiperfuertes cimientos de aquel sistema absolutista, se diseñó la teoría de la potencia eterna del totalitarismo, incluido, claro está, el construido casi personalmente por Fidel.

¿Y para qué necesitaría de mitos una fuerza implacable, sin igual en Iberoamérica como la exhibida por una pequeña isla del Caribe?

Complicada pregunta, pero tal vez para convencer a los centenares de miles de cubanos que no vale luchar contra la seducción de los mitos.

Bueno, el punto es que al menos los europeos, todos, tuvieron –para beneficio de la humanidad– la posibilidad de hablar y hasta de cambiar. Que Díaz Canel, o quien ocupe el poder frente a la plaza de José Martí, pueda hablar y cambiar con el temple y la sabiduría de aquel maestro y apóstol devotamente venerado en el continente americano, sería el mejor de los desenlaces. Un desenlace de estirpe europea, como el provocado por los pueblos que borraron del mapa las fórmulas absolutistas, para reencontrarse en la democracia y la libertad que reclaman las gargantas cubanas desde sus ciudades y calles.

Twitter: @AmericoMartin

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Carlos Raúl Hernández

¿Las mujeres pueden vestirse con preciosismo, perfumarse, pintarse, o esos son hábitos de la dominación heteropatriarcal? Suena descabellado en la posmodernidad, el reino de las estéticas paralelas, en las que cada quien es libre de vestirse y desvestirse conforme le salga del timo, pero lo planteó James Cameron al embestir a La mujer maravilla de Patty Jenkins, encarnada por la mega-ultra diva, Gal Gadot. Y decreta que es “un paso atrás” con respecto a Sarah Connors, madre de John el héroe de la saga Terminator. Dice que “Sarah no fue un ícono de belleza. Era fuerte, angustiada, una madre terrible… y se ganó el respeto por tener agallas… toda esta felicitación de Hollywood con la Mujer maravilla –decreta- es equivocada. Ella es un objeto sexual”. Gadot, en la vida real es instructora de combate del ejército de su país, Sarah Connors “de ha de veras”.
El planteamiento está claro: no ser terrible ni estar angustiado y ser bello, está mal visto (“a poco Ud. abusa de ser tan bonita cuando yo soy tan feo” dijo Cantinflas), pero otros acusaron a Terminator de “violencia fascista”. Nadie es perfecto ¿Las mujeres deberían andar como Sarah, como Gal, o como les dé gana? Cameron debe saber que sus actrices se calzan en la mañana un jean roto y por la noche un diseño de Yves Saint Laurent o No. Ghesquiere, y el ataque se debe más bien a que Wonder woman ese año desplazó a Titanic y Terminator del top histórico de taquilla. Spielberg hizo exactamente lo mismo en su momento contra Cameron, cuando Titanic se comió al Tiburón. ¿Tiene algo de malo ser objeto de deseo en una sociedad polimorfamente sexualizada desde Michellangelo, después que luchó más de mil años de medioevo para volver a ser como los romanos y los griegos?
Las ideologías revolucionarias, desde comienzos del siglo XX hasta los hippies y el transhumanismo, el superhumanismo y el “género”, rechazan la libertad de la sociedad democrática y aspiran imponer “una nueva civilización” totalitaria surgida de un grupo de pacientes clínicos no extranjeros, como piensa Macrón, sino muy consumidores de Camenbert y Reblochon. Demoniza la belleza y las “mujeres objeto” del molde kapitalista, enajenadas de su esencia y convertidas en cosas, instrumentos de dominación por diabólicas marcas Chanel, Revlon, Ange ou Demon, La vie est belle, Lanvin, Cartier, Crytal Noir, Armani. Durante los noventa, un filósofo polaco francés, Gilles Lipovetsky, escribió El imperio de lo efímero para bienvalorar todas esas pequeñas y efímeras satisfacciones, que endulzan la pequeña y efímera vida humana.
El sexo-amor es una de las pulsiones instintivas más poderosas y la literatura y el arte son sus archivos. Pero Judit Butler define las relaciones hetero “la última forma de opresión” y se deduce que todas las que el marxismo encasquetaba a la democracia, terminaron (dicho por una revolucionaria, el propio éxito kapitalista). Y ante el documento de 150 intelectuales contra los desvaríos de Me too, develó su verdadero crimen: “es un documento liberal, no de izquierda”. He ahí la clave del metooísmo. El epítome de esa cruel tiranía del Eros es la humillante penetración en la que se conjugan el patriarcalismo, el kapitalismo, la dominación, para deshumanizar a la mujer, pero Butler reconoce decepcionada que las humanas masivamente la desean y no parecen dispuestas a cambiar. El enamoramiento es una alienación, los participantes pierden la racionalidad y entran en una fase de cretinismo biunívoco.
Y tiene razón: ¿qué es esa cochinada de pasarse tragos de vino y caramelos de boca a boca sino acciones propias de chimpancés? ¿Cómo se le ocurre a alguien la falta de seriedad de agarrar discretamente las nalgas de otro con cruce de risitas? ¿Un revolucionario cabal y circunspecto lo haría? ¿Se imagina Ud. a Stalin y Beria en eso? (aunque Mao debía ser el santo patrón posmoderno, por su hobby de dormir con niños de ambos sexos desnudos) Lo “políticamente correcto” hace el ridículo, como en la Alemania del siglo XVII cuando la gente “distinguida” traducía su nombre al latín. También farsesco, hipócrita, tartufo. En los noventa, cuando despuntaba la corrección, fue un éxito aquella película Acoso sexual en la que Michael Douglas, con una respetable barriguita de señor, es objeto de la inexplicable concupiscencia de su jefa y ex novia la sideral Demi Moore.
Rechazó muy digno el asedio de actos repulsivos, invitaciones a tomar bordeaux en su cómoda oficina ya idos los empleados o detestables y abusivos cruces de pierna frente a él. Quería triunfar por sus méritos y no por palanca. En estos años los organismos multilaterales inician la apoteosis cursilógena y de erosión del lenguaje que podría llevarnos a cancelar o cambiar los títulos a obras que se llamarían en adelante así: Blancanieves y las siete personas con discapacidad de estatura. También Individuo con discapacidad distorsionante cervical de Nuestra señora de París. En vez de Cantar de ciegos, Cantar de personas con discapacidad visual absoluta. Y La cantante afectada de alopecia. Nos obligarán por ley a hablar todes como cretinos. Esperemos.
@CarlosRaulHer

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