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Opinión

Ricardo Hausmann

Supongamos que usted es una autoridad económica en un país en desarrollo. El ingreso per cápita de su país es una fracción del de Estados Unidos, Europa Occidental o Japón. Su economía ha crecido en los últimos 30 años, pero también han crecido las economías más ricas, lo que significa que la brecha de ingresos apenas se ha movido. Los jóvenes de su país están impacientes y sueñan con irse a otra parte, muchas veces a un alto riesgo personal, en busca de una vida mejor.

Ahora le dicen que, debido al dióxido de carbono emitido principalmente por las economías avanzadas, su país tendrá que adaptarse a un clima cambiante y restringir las emisiones de CO2, lo que se traducirá en un costo de la energía más alto y en un progreso económico más difícil. ¿Debería usted desestimar las cuestiones verdes y, en cambio, concentrarse exclusivamente en el desarrollo nacional?

No, no debería hacer eso. La razón es que la descarbonización transformará los patrones globales de producción y comercio de manera tan radical que las nuevas oportunidades de crecimiento sin duda aumentarán para los países astutos del Sur. Su objetivo no debería ser frenar el calentamiento global restringiendo las emisiones domésticas, sino más bien forjarse un rol en una economía mundial que se vuelve más verde a pasos acelerados.

Como sostiene Bill Gates en su reciente libro How to Avoid a Climate Disaster (Cómo evitar un desastre climático), producir electricidad verde y electrificar todo lo que se pueda, como el transporte, es esencial para cualquier estrategia destinada a alcanzar cero emisiones netas. Pero descarbonizar por completo el transporte –un desafío gigantesco– solo nos permitirá avanzar una cuarta parte del camino. El mundo también necesitará cambiar la manera en que produce acero, aluminio, cobre, cemento, fertilizantes, combustibles, calor y hasta alimentos y ciudades.

La buena noticia en el frente de la descarbonización es la caída drástica de los costos de la energía solar y eólica. El problema es que la intermitencia de estas fuentes de energía ha creado una amplia brecha entre el valor de la electricidad intermitente que está disponible cuando sale el sol o pega el viento y la energía despachable, que se puede generar cuando hay demanda y que es producida principalmente por centrales eléctricas de pico que queman gas natural.

La solución para el problema de la intermitencia es el almacenamiento. Las baterías de litio han sido la mejor opción para las tecnologías utilizadas en diversas cosas, desde teléfonos celulares hasta automóviles, mientras que las sales fundidas pueden almacenar energía solar como calor para un uso posterior en la generación de electricidad.

Una esperanza novedosa e importante para la descarbonización es el hidrógeno: utilizar energía renovable para descomponer las moléculas de agua produce tanto hidrógeno como oxígeno. Luego se puede quemar hidrógeno como combustible y emitirá sólo vapor de agua, o se lo puede colocar en un fuel cell para generar electricidad a demanda. Alternativamente, se puede utilizar el hidrógeno como materia prima para fabricar compuestos más densos en energía como el amoníaco, que puede funcionar como combustible en sí mismo o servir para fabricar nitrato de amonio para su uso en fertilizantes y explosivos. El hidrógeno también puede ayudar a fabricar metano, metanol, combustible para aviones o plásticos verdes. Todo esto es físicamente posible, pero para que sea económicamente eficiente hace falta innovación.

Otra solución para el problema es la llamada captura y almacenamiento de carbono (CAC). Hasta ahora, esta tecnología se ha instalado en lugares donde se producen emisiones como las centrales térmicas, pero en principio la CAC puede ocurrir en cualquier parte –preferentemente, cerca de lugares de almacenamiento subterráneo geológicamente apropiados–. En términos ideales, habría un mercado global para servicios de CAC, donde los emisores en un país puedan comprar CAC en otro. Ese mercado todavía no existe, pero se lo podría crear.

El grueso de la innovación, como siempre, resulta de aprender haciendo, a través de lo que los economistas llaman la Ley de Wright: los costos caen a medida que aumenta la experiencia en la producción, ya que la gente descubre mejores maneras de hacer las cosas. Quien logre ese aprendizaje determinará quién tiene lo que hace falta para participar de manera exitosa en las industrias verdes emergentes.

Sin embargo, existen razones para hacer el aprendizaje donde, por alguna ventaja natural, la tecnología existente ya es competitiva. Por ejemplo, los niveles más altos de insolación del mundo –la cantidad de radiación solar que llega a un área determinada– se encuentran en los desiertos de Australia, Chile y Namibia, tres países que actualmente están desarrollando estrategias de hidrógeno verde.

Todo esto abre nuevos caminos de desarrollo económico para los países del Sur, ya sea en la producción de energía y materiales verdes como en las cadenas de valor que los sustentan –incluidos insumos, bienes de capital, ingeniería, procura y construcción de infraestructura verde–. Los países que no les presten atención a estos cambios pueden quedar rezagados con productos “grises” que cada vez son menos demandados por un mundo que se enverdece, haciendo que el desarrollo nacional resulte más difícil.

En resumen, si bien los efectos del calentamiento global plantean una seria amenaza para los países en desarrollo, la descarbonización no es una mera causa de restricciones e imposiciones a las potenciales oportunidades económicas. También es un cambio que creará nuevas industrias, mercados y vectores de crecimiento.

Los gobiernos de los países en desarrollo, por lo tanto, deberían estudiar las cadenas de valor que están emergiendo detrás de las industrias que generarán la producción verde necesaria para reducir las emisiones. Con ese fin, deberían imitar a Israel y a Singapur y crear la posición de científico jefe para realizar la supervisión tecnológica y determinar cómo explotar las tendencias emergentes.

Las autoridades también deberían apuntar a desarrollar estrategias explícitas para atraer inversiones de las industrias verdes emergentes. Eso significa determinar qué partes de la cadena de valor hacen uso de las fortalezas de su país, ya sean las capacidades productivas existentes o algún recurso natural relevante como la radiación solar, el viento, la energía hidroeléctrica, el litio o lugares de almacenamiento de CO2 geológicamente apropiados.

Alcanzar la transformación necesaria exigirá crear una brecha de precios entre productos verdes y grises muchas veces idénticos. Una manera de lograrlo es a través de un impuesto al carbono global y homogéneo, pero es improbable que esto suceda. En consecuencia, surgirán reglas más complejas, ya sea a través de regulación o subsidios. Los gobiernos de los países en desarrollo necesitan estar presentes cuando se negocien esas reglas, ya sea en acuerdos globales como regionales, y deben defender allí sus intereses nacionales.

La agenda verde tiene que ver con prevenir una catástrofe global. Pero si los países en desarrollo la manejan bien, tienen la oportunidad de transformarla en nuevos vectores de desarrollo nacional.

Copyright: Project Syndicate, 2021.

www.project-syndicate.org

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Humberto Seijas Pittaluga

Ya hace algunos días, el tal Padrino —quien parece haber echado raíces en el MinPoPoDef— haciendo uso de la frondosa verborrea que en mala hora ha puesto de moda la robolución, informó que “fueron rescatados mediante la operación ‘Águila Centenaria’ los ocho profesionales militares secuestrados por grupos irregulares armados colombianos”. Al final, antes de la rúbrica, se desparrama en lo que es otro vicio oficialista: la ristra de frases manidas que comienza con aquello de que, según ellos, el pitecántropo sabanetense vive. Y que, informa, casi al final, con una frase tautológica hasta la cacha, que son “Leales siempre… Traidores nunca!”. De bola, si se es leal, no se puede ser traidor. Por eso digo que es tautológica (en la segunda acepción del mataburros: “Repetición inútil y viciosa”). Y el remate es de fantasía: “¡El sol de Venezuela nace en el Esequibo!”. Se refiere, supongo, a la Zona en Reclamación que no han sabido defender; la misma que Boves II dejó expoliar por los guyaneses para asegurarse el voto de estos en la ONU y la OEA.

Como es frecuente en mí, caí en una digresión (pero incurrí en ella porque quería darme el gusto de reprocharlos), por lo que debo regresar a lo que es importante a la luz del título que puse: el rescate. Antes, sin embargo, una aclaratoria necesaria que a lo mejor también tiene algo de digresión. No son como dijo el Padrino, con su usual ballyhoo, “LOS ocho”. No, fueron ocho de los diez que no habían regresado a sus cuarteles hasta ese día. Hay dos que siguen “desaparecidos en acción”, para emplear la terminología militar. Son dos venezolanos por los cuales no han respondido el MinPoPoDef ni el “almirante patilla”, verde por fuera y rojo por dentro. Si están vivos, hay que recobrarlos para el servicio y la vida cívica; si fueron dados de baja por los “disidentes de las FARC”, hay que conseguir sus cuerpos para que se les dé adecuada sepultura y para que los angustiados padres sepan dónde están sus hijos.

Ahora sí, entremos en materia. “Rescatar”, según el DRAE es: “Recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido…”. Puesto en otras palabras, nuestros alistados pudieron haber sido recuperados, una de dos, mediante el empleo de las armas o, más probablemente, por el pago de una “compensación”. Elástica, acomodaticia, la palabra que empleó el tal Padrino. No hay que quitarle méritos a quienes lo tienen: los cubanos del G2 que redactaron el comunicado saben su trabajo. Quien lo lee puede interpretar, que es lo que quiere hacerse ver, que fue a sangre y fuego que consiguieron liberar a los ocho muchachos. ¡Naaaa, para nada! Si hubiese habido una acción militar, hoy estuviéramos llorando más muertos aparte de los primeros dieciséis que fueron mandados como que si fueran para una excursión. Que descendieron de los helicópteros y fueron dejados en medio del monte sin que se hubiese hecho antes una acertada apreciación de la situación; y sin que hubiese (como aprendimos en las primeras clases de Táctica Elemental) una unidad de reserva para actuar si fuese necesario.

Según Ybéyise Pacheco, muy bien dateada periodista, “la entrega fue acordada”. Y “Las dos peticiones fundamentales fueron el despeje indefinido de la zona y el pago de 10 millones de euros. Ambas solicitudes se cumplieron”. Otra fuente, The Latam Post, explica que la exigencia fue el despeje por seis meses de una zona donde se encuentran las más importantes rutas y pistas clandestinas para el tráfico de drogas, y el pago de 20 millones de dólares. O sea, según el informativo, que “no pidieron ni más ni menos de lo que controlaban antes de que se iniciara el conflicto”.

En todo caso, estamos presenciando una bajada de pantalones por parte de los capitostes del régimen, que no tuvieron más alternativa que aceptar las condiciones que les impuso un “enemigo” que demostró ser más eficiente que las fuerzas bolivarianas (me niego a reconocerle que son “nacionales”) en el combate irregular. Esa capacidad de fuego y maniobra les ha permitido a esos grupos, desde hace varios años —y por la alcahuetería y hasta complicidad con esos “compañeros de ruta” por parte de personeros del régimen— enseñorearse en las zonas rurales y en pequeñas localidades del Llano. Solo que ahora, por un lado, los guerrilleros actúan más descaradamente y, por otro, la noticia le estalló en la cara a las “autoridades” y ya es de conocimiento general. Parece que por el Sur del Lago y por las riberas del Táchira la cosa es similar.

Duele, y mucho, percatarse de las desventuras que sufre la institución militar en Venezuela. Por la politización que se hizo de ella; por permitir que llegasen a los altos mandos personas que no son las más capaces, sino las más sumisas al poder; por la corrupción que se inyectó en ella, para ponerla al servicio del PUS, desde el Plan Bolívar 2000; ya el estamento militar no es ni la sombra de lo que fue. Es por ese desmoronamiento de la institución castrense que su cúpula necesita vender ante la opinión pública que el rescate de los ocho fue un triunfo de la FANB. Nada de eso, la verdad es que esta fue derrotada y humillada; que los soldados solo lograron regresar después de que se cumplió con las exigencias de los “disidentes”. No menos de 16 venezolanos fueron dados de baja por unos irregulares colombianos; otros tantos quedaron heridos, y cuidado si inválidos muchos de ellos. De dos de ellos no se conoce el paradero o si están vivos todavía. Además, la paz en la zona ha sido perturbada. Miles de paisanos nuestros tuvieron que abandonar sus hogares y comenzar la penuria del emigrante.

Aún así, el tal Padrino tiene la cachaza de sugerir que fue un triunfo. Faramalla inútil, vacía como todas ellas, cuando afirmó por Tweeter: “Nada nos detiene”. Pero será en las prosternaciones para seguir pegado a la teta de la res pública…

hacheseijaspe@gmail.com

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Eddie A. Ramírez S.

¿Cómo ha sido la actuación de nuestros militares, desde el siglo XX a la actualidad, en cuanto a violaciones de los derechos humanos y a la corrupción? ¿Qué los ha motivado a insurgir en contra de los gobiernos, democráticos o dictatoriales? ¿Qué factores han incidido en los cambios operados en la institución? ¿Cuál será el futuro de la Fuerza Armada cuando tengamos un gobierno democrático?

Represión y corrupción durante las dictaduras del siglo XX: En tiempos del general Juan Vicente Gómez la represión estuvo a cargo de la policía. La llamada Sagrada era temible. Gómez fue un gran corrupto y su entorno se enriqueció descaradamente con el otorgamiento de concesiones petroleras. El general Pérez Jiménez utilizó a la Seguridad Nacional como cuerpo represor. Una excepción, fue cuando unos campesinos protestaron en Turén con violencia y fueron reprimidos con uso desproporcionado de fuerza por guardias nacionales. Los hombres de uniforme no se mancharon de sangre. El dictador fue un corrupto, al igual que algunos de su entorno, pero este flagelo salpicó a pocos militares.

Represión y corrupción durante la república civil: Durante los cuarenta años de la república civil hubo torturados y desaparecidos en los Teatros de Operaciones militares para combatir a la guerrilla terrorista castrista. En los mismos también había funcionarios civiles de la Digepol y del Sifa. Por otra parte, la extrema izquierda califica inadecuadamente de masacre a los enfrentamientos del ejército con grupos armados, tales como en Cantaura. En el caso de El Amparo, sí pareciera haber evidencias de una masacre a pescadores. La represión con motivo del llamado Caracazo fue desproporcionada. Los saqueos desbordaron a la policía y los soldados no tienen entrenamiento para controlar estas acciones. Culpar a los oficiales es injusto. Nuestros presidentes fueron honestos, pero sí se produjeron casos de corrupción. La compra de armamento con comisiones estuvo sobre el tapete.

Represión y corrupción durante la dictadura del siglo XXI: A partir de los sucesos del 11 de abril del 2002, la Fuerza Armada se derrumbó como institución. El Plan Bolívar 2000 fue fuente inicial de corrupción de muchos militares, y el manejo de empresas del Estado dio pie a infinidad de casos de corrupción. Las violaciones a los derechos humanos se convirtieron en la regla, especialmente por parte de la Guardia Nacional y de la Dirección de Contrainteligencia Militar.

¿Cómo pudo suceder este cambio drástico? Para perpetuarse en el poder, el teniente coronel Hugo Chávez decidió purgar y corromper a una institución que se había profesionalizado y respaldaba la democracia. Para ello, puso presos, torturó, asesinó, obligó a exiliarse y pasó a retiro a cientos de oficiales institucionalistas; colocó a muchos en puestos administrativos para corromperlos y hacerlos sumisos, y ascendió a los mediocres.

Sobre el tema de los ascensos cabe recordar que entre 1941 y el 2002, solo Eleazar López Contreras había sido ascendido a General en Jefé. El 18 de octubre de 1945 fueron pasado a retiros numerosos oficiales que no eran de escuela. En esa fecha, solo había media docena de mayores. Pérez Jiménez llegó a general de división y los generales de brigada no pasaban de una docena, ascendidos por mérito.

La Constitución de 1999, le dio potestad al presidente de la república para ascender a coroneles y generales. El argumento fue que los oficiales hacían lobby ante los políticos para ser incluidos en la lista de ascensos. Lo cual fue cierto en unos pocos casos. Cabe mencionar que Chávez-Maduro han ascendido a siete generales en jefe y a cuatro almirantes en jefe. Los mayores generales, de división y de brigada, almirantes, vicealmirantes y contralmirantes abundan como la arena, ocupando cargos por debajo de su nivel o al frente de empresa estatizadas, todas quebradas.

Ese exorbitante número de generales mediocres ha permitido la politización de la institución y que la narcoguerrilla colombiana se apodere de parte de nuestro territorio. La derrota sufrida por nuestra Fuerza Armada en Apure es vergonzosa, casi tanto como las declaraciones del general en jefe Remigio Ceballos de que “Maduro lideró el rescate de los rehenes”. Allí no hubo rescate, sino destape, porque se destapó el contubernio con la guerrilla.

Los militares y la política: Alguien dijo que los militares aspiran que su último ascenso sea la presidencia de la república. Esta exageración se deriva de los numerosos intentos de golpes de estado. Desde la creación del ejército moderno, hubo muchas insurrecciones militares. Solo tres tuvieron éxito, el 18 de octubre de 1945, el 24 de noviembre de 1948 y el 23 de enero de 1958. Únicamente el primero fue sin participación del Alto Mando militar

Después de 1958 hubo dos tipos de insurrecciones militares. Las de Carúpano y Puerto Cabello fueron por influencia y participación de militares captados por la extrema izquierda guerrillera. Las otras fueron lideradas por militares descontentos con la situación política, que se levantaron en armas, equivocadamente, por creer que son los llamados a enderezar los entuertos de los políticos. Los militares solo deben intervenir cuando se viola la Constitución, como en la actualidad. Lamentablemente, el Alto Mando es todo rojo ¿Se requerirá otro 18 de octubre?

¿Qué debe hacer un nuevo gobierno con la Fuerza Armada: ¿Hoy el peligro no son los ejércitos de países vecinos? La gran amenaza es la narcoguerrilla colombiana y venezolana. El tipo de armamento debe ser adecuado a la nueva circunstancia, donde aviones Sukhoy, submarinos y tanques pesados no se justifican. Tenemos entendido que distinguidos oficiales retirados tienen propuestas al respecto. Habrá que enjuiciar a los corruptos, dosificar los ascensos de acuerdo con méritos y a las plazas vacantes y reducir el cupo de ingreso. Eliminarla no es conveniente.

Como (había) en botica:

Apoyemos a los valientes estudiantes que iniciaron las caminatas de protesta RutaXVzla. Rechazamos los atropellos al distinguido escritor Rafael Rattia. Lamentamos los fallecimientos de Jorge González, Edgar Bermúdez, Benigno Zambrano, Juan Carlos Rodríguez y Dagoberto Jordán, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

8/06/21

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Humberto García Larralde

La celebración reciente del Día Mundial del Ambiente es ocasión propicia para reflexionar sobre los desafíos y oportunidades planteados a la Venezuela futura por las transformaciones dirigidas a contener los efectos adversos del cambio climático. Una de las metas centrales al respecto es eliminar la dependencia de los combustibles fósiles como fuente energética. Los llamados gases de efecto invernadero que resultan de su quema, como la emanación de partículas contaminantes, han sido señalados como los enemigos a ser erradicados para preservar el ambiente, tan crucial para el bienestar futuro de la humanidad. Ello supone dos formidables retos para la Venezuela posible, una vez desplazadas las mafias destructivas que la han arruinado y puestas las palancas del Estado a cargo de un equipo competente y responsable, que la quiera.

El primer reto apremia a nuestros fundamentos económicos: la Venezuela moderna se amamantó con la renta obtenida por la venta de estos combustibles en los mercados mundiales. Ahora, a propósito de los Acuerdos de París de 2016, las economías principales se han propuesto superar el estilo tecnológico intensivo en energías fósiles, reemplazándolas por energías mucho menos dañinas del ambiente. Entre las metas asumidas está la emisión cero (neta) de gases de efecto invernadero para 2050. En su cumplimiento, países europeos se han comprometido a dejar de producir vehículos automotores de combustión interna para 2030. En algunas de sus ciudades, ya se está prohibiendo su circulación. Estados Unidos, China y Japón persiguen metas similares. Ello plantea una antelación de lo que, en la jerga del mercado petrolero mundial, se denomina “Peak Demand”, es decir, el momento a partir del cual comenzará a reducirse la demanda de estos combustibles en el mundo. Esto significa que se irá cerrando, a partir de entonces, la ventana para la venta de crudo en los mercados internacionales, fuente de sustento nuestro hasta ahora.

Por supuesto que la desaparición de la demanda por petróleo no va a ocurrir de la noche a la mañana. Pero Venezuela se encuentra muy mal preparada para aprovechar sus enormes reservas de crudo durante el período del que todavía dispondría. En primer lugar, porque la destrucción de la industria petrolera, en manos de Ramírez y de los militares que le sucedieron, ha reducido drásticamente su capacidad productiva. Elevar su producción actual (menos de 500.000 b/d) a más de 2,5 millones de b/d tomará, al menos, entre 6 y 8 años. Y requerirá atraer significativas inversiones extranjeras al sector, ofreciendo un marco impositivo bastante más laxo que el actual: Venezuela está lejos de constituir, hoy, “la última pepsicola del desierto” en materia petrolera. Muy posiblemente, la calidad de nuestros crudos –pesados y agrios– llevará a vender a descuentos, amén de que la época de precios altos difícilmente retorne. En consecuencia, el Estado percibirá mucho menos de la explotación petrolera, aún recuperándose el sector.

Por demás, la imperativa derrota de la inflación demandará sustituir el financiamiento monetario de los déficits públicos, por financiamiento internacional. Los organismos multilaterales capaces de proveer estos fondos –Venezuela está en default, marginada de los mercados financieros extranjeros– exigirán, como condición, una profunda reforma del Estado. Visualicemos, entonces, en lugar del petroestado tutor, paternalista, del pasado, con sus alforjas bien llenas para atender cualquier compromiso, a un Estado más pequeño, pero más eficiente, un Estado promotor capaz de dotar al país de condiciones propicias al desarrollo de una economía competitiva, inclusiva y sostenible, no basada en la renta petrolera. Y ello nos adentra en el segundo gran reto a enfrentar.

El “estilo” productivo y comercial del país ha sido, hasta ahora, altamente contaminante con relación al tamaño de su población. Nunca hubo reciclaje de desperdicios, el transporte colectivo deficiente hizo depender de medios de transporte individuales, el precio (prácticamente regalado) de los servicios públicos y de la gasolina llevó a su despilfarro abierto (cuando había). Nos acostumbramos a una economía muy dispendiosa en recursos y en energía.

Insertarnos provechosamente en las corrientes de cambio que están ocurriendo a nivel internacional implica, entre otras cosas, aprovechar recursos, talentos y potencialidades que, en su mayoría, siempre estuvieron ahí, pero desestimados por las facilidades que otorgaba el portentoso ingreso petrolero: el “Estado Mágico” del que hablaba el antropólogo Fernando Coronil. Ello permitiría un fuerte impulso a la agricultura de exportación –deliciosas frutas tropicales, cacao, camarones, arroz, café orgánico– en los cuales Venezuela mostró ser competitiva en el pasado. Adicionalmente, la variada geografía nacional ofrece una riqueza enorme en términos turísticos. Pequeños negocios en red –posadas, comida criolla, tours de aventura, artesanía—auguran “paquetes” turísticos muy atractivos. Piénsese en las oportunidades abiertas a operadores turísticos conectados con las fuentes del turismo internacional. Numerosas iniciativas exitosas al respecto fueron sepultadas en el pasado por la ruina chavista. Y, como insistió la Dra. Carlota Pérez en foro reciente, estas iniciativas tendrán mayores posibilidades de prosperar y la vida del productor del campo será mucho más atractiva, de contar con servicios eficientes de apoyo, tanto en lo personal (educación, salud), como comerciales, provisión de insumos y recreacionales, gracias a una red eficiente de servicios de Internet.

Luego está la enorme resiliencia de la industria manufacturera sobreviviente. Apuntalar sus fortalezas y al tejido industrial y de servicios complementario, y resolver los enormes cuellos de botella y demás obstáculos que han constreñido su expansión, debe estar en la agenda del Estado Promotor. En fin, existen numerosas oportunidades que sería irreal intentar resumir acá, que se le podrán presentar a Venezuela para un desarrollo posrentístico, competitivo, en sintonía con la preservación ambiental, de lograrse desplazar, cuanto antes, a la camarilla que usurpa el poder.

En esta reinserción fructífera a la economía mundial a partir de los retos y oportunidades que plantean los cambios instrumentados para contrariar el cambio climático, la existencia de un rico reservorio de talento en los más de 6 millones de venezolanos regados en diáspora por el mundo debe convertirse en un plus. Muchos quizás ya no regresen, aun produciéndose los cambios esperados, otros tendrán escaso interés, pero habrá bastantes dispuestos a ayudar en aspectos afines a la provisión de inteligencia comercial, distribución y promoción de productos nacionales. Otros, desde sus actividades actuales, podrán prestar asesorías y ofrecerse en proyectos conjuntos para resolver problemas locales. En fin, los venezolanos de la diáspora podrán convertirse en antena de los cambios que se están produciendo en el mundo y servir de canales para la transmisión de ese know-how al país. Su eslabonamiento con investigaciones de las universidades nacionales, donde sea factible, y con iniciativas privadas, será esencial.

En fin, el Estado Promotor al que nos referimos deberá propiciar el emprendimiento y el fortalecimiento de las capacidades innovativas y tecnológicas de distintos sectores. Descentralizar la toma de decisiones, auspiciando la corresponsabilidad de las comunidades organizadas y de la iniciativa privada en la provisión eficiente de servicios públicos, como en la contraloría social de su gestión, y proveer mecanismos expeditos, justos y ágiles para la solución de controversias, será central para un desarrollo inclusivo, de justicia social. Ello deberá inscribirse en el retorno al ordenamiento constitucional, tantas veces vulnerado, y al respeto pleno de los derechos humanos y de los compromisos asumidos en defensa del ambiente. Hacer de estas posibilidades una realidad implica desalojar a las mafias fascistas de Maduro y sus militares corruptos, del poder.

humgarl@gmail.com

junio 7, 2021

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/desafios/

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Américo Martín

«¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!». En la Carta de Jamaica consigna Simón Bolívar ese justificado deseo, eje también de una masa de deslumbrantes consideraciones políticas a la que el visionario líder de la emancipación de la América hispana debe los honores que le reconoce la humanidad.

El Libertador fue un gran guerrero y sobre todo un sólido analista político, cualidad que respaldaba con una tenacidad incomparable; pero dejemos los elogios, que por lo demás ya no necesita. Más interesa entresacar sus decisiones estratégicas de cualquier contenido que, certificadamente, hayan despejado el camino de la Independencia, fuentes de enseñanzas válidas para acometer tareas difíciles.

El fragmento arriba citado alude a dos istmos, muy separados en la distancia. el de Corinto, ubicado en la parte central de Grecia y con brazos de mar que lo conectan con el Peloponeso y el mar Egeo. El otro es más nuestro, geográfica e históricamente. Trata del istmo de Panamá, que enlaza la América Central conectándola con México y, por supuesto, es difícil no ver la notable importancia de semejantes territorios.

Panamá, mirando hacia dos grandes océanos desde el hallazgo de Balboa. En 1826 pudo reunirse el Congreso de los latinoamericanos, concretándose a medias el sueño bolivariano. Y Corinto, despejando la unidad de los helenos, sin la cual jamás habrían podido derrotar al poderoso imperio persa, acaudillado por Darío.

Panamá y Corinto, Corinto y Panamá, han sido percepciones tan clarividentes que quedaron sembradas en la imaginación quién sabe por cuánto tiempo.

Fueron muchos los pronunciamientos universitarios, siguiendo a Córdoba-1918. Rememoraré varios, que sirvieron para crear el nuevo liderazgo latinoamericano, que conservó la marca indeleble de la Reforma Universitaria argentina.

Pero hagamos una referencia final a Panamá. En 1926, la Federación de Estudiantes de ese país invitó con solemnidad «categórica» a las de la mayoría de las de la Región flameando banderas casi obvias, la unión latinoamericana para defender cada pulgada de territorio de cualquier contraofensiva colonial, hasta la conjugación de los dos istmos conforme a las palabras del Libertador supra mencionadas y para llevar a la cúspide la unidad.

En la retórica del estudiantado del istmo decir «unidad» era decir «independencia» y decir «independencia» sería nada sin codificarla con el nombre de Bolívar.

Los frutos de la reforma y la sucesión de Congresos Universitarios no se limitaron a la profunda transformación de la idea que, desde entonces, se implantó en la América hispana sino que propició un poderoso viraje hacia lo científico y humanístico y erradicó métodos primitivos y nada participativos. Se eliminó la tradición del magister dixit y se encendieron debates en las clases que permitieron aprovechar en más las grandes ventajas de la democracia. La realidad fue regulando su intensidad para evitar interrupciones infinitas.

La renovación de la dirigencia latinoamericana ha sido impresionante. En 1924 se reúnen en Perú las Universidades Populares «González Prada» bajo la orientación del joven líder Víctor Raúl Haya de la Torre quien no pudo estar presente por hallarse en el exilio, pero su influencia en el Congreso fue absoluta. Había fundado también el partido APRA, de índole socialdemócrata que rompió con el marxismo en aspectos ciertamente esenciales.

En Venezuela se legalizó, en 1941, el partido Acción Democrática, fundado por Rómulo Betancourt, cuya influencia llegó a ser torrencial y se le ubica ideológicamente en la socialdemocracia, a pesar de no ser dado a militar en organizaciones internacionales por ser celoso de su independencia funcional. Por confluencia natural y acuerdos políticos confluyeron hacia el cauce AD-Aprista, el Partido Socialista Chileno, el Partido Liberal Colombiano, el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Bolivia y el Partido Auténtico Cubano. Sin formalizar su registro como un solo partido, sus líderes estrecharon sus conexiones y, a ratos, suscribieron acuerdos que, pareciendo conferirles lo que cierta reluctancia a los partidos únicos les impedía ir más lejos, no obstante no ha dejado de concedérseles la pertenencia a una corriente bien definida del actuar político.

Estos desarrollos, desde los logros evidentes de la Reforma Universitaria entre 1918 y 1928, han forjado hegemonías alejadas del maximalismo, el dogmatismo y las corrientes marxistas. Por esa hábil previsión mantienen un hacer creativo interesante.

La idea es que el material creativo de las fuerzas democráticas sigue abriendo vías innovadoras. Es lo que explica la ligazón muy pertinente entre los nuevos proyectos de renovación o reforma universitaria que en este momento se han iluminado en casi todas las universidades venezolanas, siempre con el propósito de ampliar el marco y la funcionalidad de la democracia. De concretarse estos interesantes proyectos, avanzando, como es lógico, por la senda de una fuerte unidad con propensión a ampliar siempre más sus fronteras y un crecimiento de la democracia, sin vuelta atrás.

Twitter: @AmericoMartin

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Todo comienza con el verbo (el logos, el espíritu), dice el Génesis, vértice de la primera religión monoteísta que cambia la civilización en la Edad de Bronce, doce siglos a.C. Para algunas religiones las Escrituras son revelación, palabra de Dios, pero el cristianismo acepta cierta distancia con la textualidad, aunque la Arqueología con frecuencia confirma aspectos de lo escrito, igual que la Ilíada y la Odisea. Es el mito sobre el origen del Reino Unido de Israel-Judea que once siglos después los romanos llamaron Philistina, tierra de los ya desaparecidos filisteos. A la muerte de Salomón los israelitas se reparten en los dos reinos judíos.

Reciben su nombre de Jacob, hijo de Isaac, quien luchó toda la noche con un ente sobrenatural que no lo venció, y Yavhé le ordena llamarse Israel, “el que lucha con Dios”, territorio de varios pueblos, entre ellos cananeos, filisteos, judíos, samaritanos, y otros, e invadido por los imperios babilonio, asirio, egipcio, romano, otomano y británico. Los romanos querían exterminarlos porque temían a su dios único, innombrable, todopoderoso, feroz, hostil, frente a dioses grecolatinos, borrachos, enamorados, sensuales, humanos, que yacían con los mortales y entre sí.

En las dos guerras Roma aniquiló proporcionalmente tantos judíos como Hitler y le cambió el nombre a Israel por Siria–Palestina y borrar el espíritu nacional de esos santones amenazantes y peligrosos. Pasó a ser una dependencia marginal del Imperio, y llamaron a Jerusalén Aelia Capitolina. Las invasiones promovieron diásporas de los judíos por Europa, Asia y África. Son víctimas de la Inquisición, los deportan, acorralados en ghettos (lo que pasó en Varsovia). Pogromos (linchamientos, incendios) en Rusia, Polonia, Ucrania. Les prohíben producir bienes y se dedican a la banca, igual se enriquecen y viene más odio. El mercader de Venecia muestra que hasta un espíritu tan universal como Shakespeare se contagió de antisemitismo, el racismo con mayor número de crímenes en la historia.


Sobre Francia pesa el martirio de diez años al Capitán Dreyfus en Isla del Diablo, de la que lo libera el coraje de Emilio Zolá, quien se jugó hasta la vida por liberarlo. Tanto horror convenció al escritor húngaro Teodoro Herzl, luego de examinar opciones como Argentina, Siberia y Uganda, de que debían volver a la Tierra Prometida a crear un Estado laico para protegerse: eso es el sionismo. La Primera Guerra Mundial finiquita el califato Otomano, y Palestina, aquel anodino municipio romano, ya no era ni eso, sino un erial de algunos misérrimos judíos y musulmanes criadores de amantísimas cabras. Marc Twain se aventuró en esa geografía olvidada de Dios y relata que recorría horas sin ver un ser humano. En síntesis, pedir el “cese de la usurpación” judía del territorio del Canaan, es un sorprendente y común desconocimiento.

Truman y Stalin acuerdan en 1947 crear dos estados, Israel y Palestina, después del horror nazi y seis millones de muertes. La moción va a la ONU, que solo podía aprobarla con mayoría de 2/3. La votación estaba perdida por 3 ó 4 votos, pero cambia la balanza el apasionado y legendario líder socialista francés León Blum, jefe del gobierno del Frente Popular en 1936. Ben Gurión crea Israel en 1948, que no reconocen los países árabes. La noche de la celebración, como cuenta Shimon Peres, “quienes llegaban en la madrugada a sus casas, conseguían en las calles los primeros cadáveres del ataque musulmán”. Es la primera guerra de cuatro a la fecha, en las que Israel vapulea a los árabes y arranca territorio.


En 1967 el pavorreal tercermundista Gamal Abdel Nasser, bloquea la salida de Israel al Canal de Suez. En el Cairo agitan las masas con la amenaza de quemar, exterminar a los judíos, y en los semáforos ahorcaban muñecos de parodia. Mientras Nasser chillaba en las plazas y la radio, Moshe Dayan, ministro de defensa israelí, envía a los balnearios cientos de soldados y sus familias para engañar al alto mando enemigo. Mientras, sus cazas vuelan a quince metros del suelo hacia Egipto, desbaratan la aviación en tierra, y a Siria y Jordania. La misma alianza intenta ahora tomar por sorpresa a Israel en 1973, en la guerra de Yon Kippur, y se lleva otra paliza y pérdida territorial, pero les cuesta entender que lo único que no deben es atacar militarmente a Israel.

En 73 años dos países que nacen con igual derecho sobre sus territorios y debían convivir como los demás, prefieren matarse-vengarse-matarse-vengarse, la espiral del encono. En Gaza gobierna el terrorismo de Hamas, con el programa cada vez más tonto de destruir a Israel quien, de desarrollo similar a los árabes, escaló a potencia económico tecnológica global. Que Israel mantenga un ghetto en Jerusalén y colonice territorios ocupados, igual cierra las esperanzas. Las potencias democráticas han hecho esfuerzos inútiles por reconciliarlos, como los dos acuerdos de Camp Davies, el primero entre Carter, Beguín y Anwar Al Sadat en 1977 y el segundo en 2000 entre Clinton, Edhud Barack y Yasser Arafat de la OLP. Pero faltan la inteligencia política y las despreciadas vocaciones de libertad y democracia.

@CarloaRaulHer

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Ismael Pérez Vigil

La semana pasada hice una evaluación de la estrategia del gobierno y sus condiciones para el complejo proceso de negociación que está abierto y señalé que la de la oposición está dispersa en varias opciones, lo que para algunos la hace más confusa.

Resumen de la estrategia opositora

Que sea más dispersa y aparentemente menos clara no significa que no existe, todo lo contrario. Como ya vimos hace un par de semanas la propuesta opositora de negociación no solo existe sino que se despliega en tres vertientes, que podemos resumir de esta manera:

– Una vertiente que quiere negociar de manera “integral” y propone como moneda de cambio la eliminación de las sanciones; estrategia un tanto débil, para algunos, si partimos de considerar que el levantamiento de las mismas no es una decisión de la oposición venezolana; para otros, esa es precisamente su fortaleza, pues el levantamiento de las sanciones no es algo que pueda negociar la oposición.

– Otra de las vertientes es más limitada en su aspiración negociadora y propone como moneda de cambio su participación en el proceso electoral regional; para algunos ésta es su debilidad, dado el ambiente abstencionista en el país; para otros es su fortaleza pues aseguran que esa “matriz” de opinión estaría cambiando.

– La tercera vertiente aspira negociar la salida del régimen, de una vez, como condición previa a sentarse a la mesa, a la que solo lo haría para discutir “detalles” al respecto; esta propuesta se ampara en una fuerza interventora externa, sin proponer nada a cambio, quizás una cierta “impunidad” para algunos delitos; pero es una estrategia también débil, toda vez que la llamada “comunidad internacional” con capacidad para “intervenir” como fuerza externa, se ha negado de muy variadas formas a hacerlo.

A estas estrategias, se suma ahora otra variante −propuesta por un grupo opositor, diferente a los tres anteriores, de origen mayoritariamente chavista−, que promueve un referendo revocatorio, que hasta hace poco era una mera idea y que se encuentra con la resistencia de las dos experiencias anteriores, la primera en 2004, cuando la oposición fue derrotada y la del 2016, que ni siquiera se llegó a realizar, bloqueada la posibilidad por las marramuncias legales del régimen.

El ambiente de discusión interno

El ambiente de discusión en el país, al interior de la oposición, se ha enrarecido innecesariamente porque una buena parte de la población opositora se rasga las vestiduras con las condiciones que el gobierno ha puesto para negociar −y que analizamos la semana pasada −, con el consabido: “te lo dije, no hay intención sincera de negociar”, etc.; pero, olvidan que la oposición ha puesto unas condiciones que resultan igualmente “leoninas”, intolerables e irritantes para el régimen: nada menos que la salida del presidente Nicolás Maduro.

Solo a título de ejemplo, para recordar lo que algunos parecen haber olvidado, Juan Guaidó, quien representa el grupo opositor mayoritario y tiene la propuesta más elaborada en cuanto a las condiciones, presentó en su proyecto de acuerdo de Salvación Nacional, un mes antes de las condiciones solicitadas por el gobierno, un conjunto de propuestas bien duras y contundentes, difíciles de tragar por el régimen (Elecciones presidenciales, además de parlamentarias, regionales y locales; garantías democráticas y elecciones libres con observación y respaldo internacional; la entrada masiva de ayuda humanitaria y vacunas contra el covid-19; la liberación de todos los presos políticos y el regreso de los exiliados; la habilitación de políticos y partidos, y otras más).

Parte de la confusión con las propuestas opositoras es que pareciera que, siendo el objetivo salir del régimen y la estrategia, la negociación, el enredo mayor está en que lo que debería ser una mera táctica: el tema electoral. Es el que se convierte en el centro de las agrias disputas al interior de la oposición, pues las tres estrategias de negociación se presentan con dos variantes electorales: participar o abstenerse en las elecciones regionales, más la nueva variante que incluye un referendo revocatorio.

Una dosis de realismo

Mientras en la oposición nos deshacemos en agrias disputas, tal parece que no hemos entendido que aquí habrá un proceso de negociación decidido por el régimen y que lo efectuará a su manera, con quien esté dispuesto a sentársele enfrente.

Querámoslo o no habrá elecciones regionales en noviembre, porque el régimen, que ahora controla todas las instituciones, quiere arrebatar a la oposición algunas de las gobernaciones que perdió en 2017, sin tener que anularlas con el subterfugio de los “protectores” o quitando funciones y presupuesto. Los municipios y alcaldías son además una meta jugosa para el gobierno, pues tienen cierta autonomía financiera y recursos propios que al gobierno se le hace más difícil controlar y lo quiere hacer sin tener que apelar a perseguir y apresar a sus alcaldes o improbarles la gestión para destituirlos, algo que sin duda le da “mala imagen” internacional.

Querámoslo o no, el régimen, por muy ilegitimo que lo consideremos, controla los hilos del poder, controla los recursos del país, que si bien escasos para resolver nuestros problemas, son suficientes para enriquecerse y querer mantenerse en el poder. Por último, querámoslo o no, nos guste o no, aunque nuestros aliados también consideren “ilegitimo” al régimen, empieza a ser para algunos de ellos una referencia y lo es también para muchos organismos internacionales; y hay otros que se excusan en que ellos hablan con quién les “responda el teléfono desde Miraflores”.

Al parecer, por el tono de las discusiones, para algunos el objetivo no es salir de este régimen de oprobio, sino salir de él de la forma en que ellos dicen. Así el “negacionismo”, no al diálogo, no a la negociación, nos está llevando a un juego trancado y lo que nos quedaría es rendirnos, resignarnos o irnos, como ya lo han hecho casi seis millones de venezolanos. Pero esa no es una alternativa, mucho menos tras una resistencia obstinada de la oposición democrática y ciudadana después de 21 años. ¿Hay alternativas?, seguramente muchas, aunque no es el caso detallar aquí ninguna.

La tarea interna

Pero, todas las alternativas tienen que llevar a acorralar a la dictadura y que se vea obligada a negociar una salida. Se trata de una pinza, una tenaza, donde la presión internacional cumple con su función en este juego para quebrar la dictadura. Pero, un solo brazo no hace fuerza. La pinza necesita dos brazos y uno es el interno. Nuestra tarea es lograr que éste crezca y se fortalezca. Lograr que el régimen pierda el poco apoyo popular que le queda; que los sectores que ha enriquecido a base de privilegios, compartir ganancias y corrupción, se le volteen porque entiendan que esa es su mejor salida, para disfrutar sus fortunas mal habidas, antes que todo esto se derrumbe y los arrastre en la caída; que los sectores militares que lo apoyan −que son lo único que lo sostiene en el poder− dejen de hacerlo, lo obliguen a negociar o se mantengan neutrales; en fin, que se rompa ese “bloque hegemónico” −del que hablan los politólogos− en torno al poder dictatorial, en busca de salvar su pellejo, los que no hayan cometido delitos de lesa humanidad o contra los DDHH.

La salida electoral

No nos engañamos con que la vía electoral sea, hoy por hoy la salida inmediata, pues en las condiciones actuales sabemos que la tiranía no dejará el poder porque le ganemos unas elecciones, si es que respeta los resultados o tenemos la fuerza para hacer que los respete; pero, tras una negociación −o que se produzca por algún milagro la renuncia o la hoy imposible salida de fuerza con la que algunos sueñan−, la opción electoral es a la que llegaremos, en última instancia, y para la que tenemos que estar preparados y dispuestos.

Por supuesto no se trata de ir “practicando”, participando en los procesos electorales de cualquier manera. De hecho, ya nos hemos abstenido varias veces. Se trata, sí, de luchar por condiciones electorales aceptables que nos permitan participar y aprovechar esos procesos para organizar a la oposición para restarle fuerza al gobierno, arrebatándole espacios y obligándolo a presentarse ante el país y ante la comunidad internacional, como están de aislados y lo fraudulentos y tramposos que son para aferrarse al poder.

¿Dará eso resultado? Solo podemos decir que ha ayudado en otras partes; pero, en todo caso lo que si sabemos ya, positivamente, es que quedarnos cruzados de brazos, negando cualquier opción por imposible, no nos ha conducido a nada, salvo a la desesperanza popular y mayor división.

Esperamos en los próximos días ir conociendo detalles de las actividades concretas que cada uno de los grupos opositores va a llevar adelante, en apoyo a su propuesta y estrategia de negociación.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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