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Opinión

Matthew Wilburn King

Hace casi 250 años, el economista y filósofo Adam Smith escribió "La riqueza de las naciones", donde describió el nacimiento de una nueva forma de actividad humana: el capitalismo industrial.

Este conduciría a la acumulación de riqueza más allá de lo que él y sus contemporáneos podrían haber imaginado.

El capitalismo impulsó las revoluciones industrial, tecnológica y verde, remodeló el mundo natural y transformó el papel del Estado en relación con la sociedad.

Sacó a innumerables personas de la pobreza durante los últimos dos siglos, aumentó significativamente el nivel de vida y llevó al desarrollo de innovaciones que mejoraron radicalmente el bienestar humano, además de hacer posible ir a la Luna y leer este artículo en internet.

Sin embargo, su historia no es completamente positiva.

En los últimos años, las deficiencias del capitalismo se han vuelto cada vez más evidentes.

Dar prioridad a las ganancias a corto plazo para las personas significó en ocasiones que el bienestar a largo plazo de la sociedad y del medio ambiente se haya perdido, especialmente en momentos cuando el mundo se enfrenta a la pandemia de la covid-19 y al cambio climático.

Y como lo demostraron el malestar político y la polarización en todo el mundo, hay crecientes signos de descontento con el statu quo.

En una encuesta de 2020 realizada por la firma de marketing y relaciones públicas Edelman, el 57% de las personas en todo el mundo dijo que "el capitalismo tal como existe hoy hace más daño que bien en el mundo".

De hecho, si se juzga por medidas como la desigualdad y el daño ambiental, "el desempeño del capitalismo occidental en las últimas décadas ha sido profundamente problemático", escribieron recientemente los economistas Michael Jacobs y Mariana Mazzucato en el libro "Rethinking Capitalism" ("Repensar el capitalismo").

Sin embargo, eso no significa que no haya soluciones. "El capitalismo occidental no está irremediablemente destinado al fracaso, pero es necesario repensarlo", argumentan Jacobs y Mazzucato.

Entonces, ¿seguirá el capitalismo tal como lo conocemos en su forma actual o podría tener otro futuro por delante?

Enfoque en el individuo

El capitalismo generó miles de libros y millones de palabras, por lo que sería imposible explorar todas sus facetas.

Dicho esto, podemos comenzar a comprender hacia dónde se dirigirá el capitalismo en el futuro explorando dónde comenzó. Esto nos dice que el capitalismo no siempre funcionó como lo hace hoy, especialmente en Occidente.

Entre los siglos IX y XV, las monarquías autocráticas y las jerarquías eclesiásticas dominaron la sociedad occidental.

Estos sistemas comenzaron a desmoronarse a medida que la gente afirmaba cada vez más su derecho a la libertad individual.

Este impulso por un mayor enfoque en el individuo favoreció al capitalismo como sistema económico debido a la flexibilidad que permitía para los derechos de propiedad privada, la elección personal, el espíritu empresarial y la innovación.

También favoreció la democracia como sistema de gobierno por su enfoque en la libertad política individual.

El cambio hacia una mayor libertad individual cambió el contrato social.

Anteriormente, quienes estaban en el poder proporcionaban muchos recursos (tierra, alimentos y protección) a cambio de importantes contribuciones de los ciudadanos (por ejemplo, desde trabajo esclavo hasta trabajo duro con poca paga, altos impuestos y lealtad incondicional).

Con el capitalismo, la gente esperaba menos de las autoridades gobernantes, a cambio de mayores libertades civiles, incluida la libertad individual, política y económica.

Pero el capitalismo evolucionaría significativamente durante los siglos siguientes y, especialmente, durante la segunda mitad del siglo XX.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se fundó la Sociedad Mont Pelerin, un grupo de expertos en política económica, con el objetivo de abordar los desafíos que enfrentaba Occidente.

Su enfoque específico fue la defensa de los valores políticos de una sociedad abierta, el estado de derecho, la libertad de expresión y las políticas económicas de libre mercado, aspectos centrales del liberalismo clásico.

Con el tiempo, sus ideas dieron lugar a la escuela macroeconómica de la "economía de la oferta".

Esta se basaba en la creencia de que impuestos más bajos y una regulación mínima del libre mercado conducirían a un mayor crecimiento económico y, por lo tanto, a mejores condiciones de vida para todos.

En la década de 1980, junto con el surgimiento del neoliberalismo político, la economía de la oferta se convirtió en una prioridad para Estados Unidos y muchos gobiernos europeos.

Esta nueva cepa del capitalismo llevó a un mayor crecimiento económico en todo el mundo, al tiempo que sacó a un número sustancial de personas de la pobreza absoluta.

Pero, al mismo tiempo, sus críticos argumentan que sus principios de reducción de impuestos y desregulación empresarial hicieron poco para apoyar la inversión política en servicios públicos, hacer frente al desmoronamiento de la infraestructura pública, la mejora de la educación y la mitigación de los riesgos para la salud.

Desigualdad

Quizás lo más significativo es que en muchas naciones desarrolladas el capitalismo de finales del siglo XX contribuyó a una brecha significativa entre la riqueza de las personas más ricas y las más pobres, según lo mide el Índice de Gini.

TE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

En algunos países, esa brecha es cada vez mayor. Es particularmente duro en Estados Unidos, donde las personas más pobres no han visto un crecimiento real de ingresos desde 1980, mientras que los ingresos de los ultrarricos crecieron en alrededor de un 6% por año.

Casi todos los multimillonarios más ricos del mundo residen en EE.UU. y amasaron fortunas asombrosas, mientras que, al mismo tiempo, el ingreso medio de los hogares en ese país aumentó modestamente desde inicios del presente siglo.

La brecha de desigualdad puede importar más de lo que a algunos políticos y líderes corporativos les gustaría creer.

El capitalismo puede haber sacado a millones de personas en todo el mundo de la pobreza absoluta, pero la desigualdad puede ser corrosiva dentro de una sociedad, dice Denise Stanley, profesora de Economía en la Universidad Estatal de California en Fullerton.

"La pobreza absoluta es básicamente que las personas puedan obtener... US$4 por día por persona. Es una medida de umbral", explica, pero advierte que la pobreza relativa puede desequilibrar una sociedad a largo plazo.

Incluso si la economía está creciendo, la desigualdad de ingresos y el estancamiento de los salarios pueden hacer que las personas se sientan menos seguras a medida que disminuye su posición relativa en la economía.

Los economistas del comportamiento demostraron que "nuestro estatus en comparación con otras personas, nuestra felicidad, deriva más de medidas relativas y de distribución que de medidas absolutas. Si eso es cierto, entonces el capitalismo tiene un problema", dice Stanley.

Como resultado del aumento de la desigualdad, "la gente tiene menos confianza en las instituciones y experimenta una sensación de injusticia", según el informe Edelman.

Pero el impacto en la vida de las personas puede ser más profundo. El capitalismo en su forma actual está destruyendo la vida de muchas personas de la clase trabajadora, argumentan los economistas Anne Case y Angus Deaton en su libro "Deaths of Despair and the Future of Capitalism" ("Muertes desesperadas y el futuro del capitalismo").

Durante "las últimas dos décadas, las muertes por desesperación por suicidio, sobredosis de drogas y alcoholismo aumentaron dramáticamente y ahora se cobran cientos de miles de vidas estadounidenses cada año", escriben.

La crisis financiera de 2007-2008 agravó estos problemas. La crisis fue provocada por una desregulación excesiva y golpeó especialmente a la clase trabajadora en los países desarrollados.

Los subsiguientes rescates de los grandes bancos generaron resentimiento y "ayudaron a impulsar el surgimiento de la... política polarizada que hemos visto durante la última década", según Richard Cordray, primer director de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor de EE.UU. (CFPB) y autor de "Watchdog: How Protecting Consumers Can Save Our Families, Our Economy, and Our Democracy" ("Defensor del consumidor: Cómo proteger a los consumidores puede salvar a nuestras familias, nuestra economía y nuestra democracia").

Protestas anticapitalistas

Las democracias liberales pueden estar ahora en un punto de inflexión, donde los ciudadanos cuestionan las normas capitalistas de hoy con mayor intensidad política en todo el mundo.

J. Patrice McSherry, profesora de ciencias políticas en la Universidad de Long Island en Nueva York, observó este cambio en Chile, por ejemplo.

"La movilización social comenzó con un aumento en las tarifas del metro en octubre de 2019, lo que provocó protestas de base amplia que convocaron a más de un millón de personas en manifestaciones", dice.

"El movimiento social expuso las profundas fuentes del descontento en Chile: la desigualdad arraigada y creciente, el costo de vida en constante aumento y la privatización extrema en uno de los estados más neoliberales del mundo".

Esas quejas se remontan a finales del siglo XX, cuando el gobierno autoritario de Chile introdujo reformas constitucionales que "institucionalizaron la dominación económica y política del gobierno de facto y consagraron un marco neoliberal que borró el papel del Estado en las áreas sociales y económicas. Restringió la participación política, dio a la derecha (política) un poder desproporcionado e instaló un papel tutelar para las fuerzas armadas", escribe McSherry en un artículo para el Congreso de América del Norte sobre América Latina, una organización sin fines de lucro que rastrea las tendencias en la región.

De manera similar, el movimiento de los chalecos amarillos que comenzó en Francia en 2018 se centró inicialmente en el aumento del costo del combustible, pero se amplió rápidamente para incluir quejas similares a las de Chile, el costo de vida, la creciente desigualdad y una demanda para que el gobierno deje de ignorar las necesidades de los ciudadanos.

Y en EE.UU., el movimiento político que generó el trumpismo está posiblemente impulsado por la desigualdad económica tanto como por la ideología.

El gobierno de Trump obtuvo un amplio apoyo político para sus enfoques más cerrados del comercio mundial, incluida la retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y los aranceles de represalia sobre los bienes y servicios chinos, indios, brasileños y argentinos importados a Estados Unidos.

Incluso los aliados de Estados Unidos fueron el objetivo de esta agenda, incluidos Europa, Canadá y México.

Si bien una respuesta a las desventajas del capitalismo en su forma actual es que las naciones adopten una postura defensiva, buscando protegerse minimizando los lazos externos, el proteccionismo "es miope, particularmente en lo que respecta al comercio", según Anahita Thoms, Jefe de la Práctica de Comercio Internacional de Baker McKenzie en Alemania y Joven Líder Global del Foro Económico Mundial.

"Si bien puede traer algunos beneficios temporales, a largo plazo pone en peligro la economía global en su conjunto y amenaza con deshacer décadas de progreso económico. Es crucial mantener mercados abiertos favorables a la inversión", dice Thoms.

Un desafío central para los gobiernos en el siglo XXI será encontrar la manera de equilibrar estos beneficios a largo plazo del comercio mundial con los daños a corto plazo que la globalización puede traer a las comunidades locales afectadas por los bajos salarios o el desempleo.

Las economías no pueden divorciarse por completo de las demandas de las mayorías democráticas que buscan trabajo, vivienda asequible, educación, atención médica y un medio ambiente limpio.

Como muestran los movimientos chilenos, chaleco amarillo y trumpista, mucha gente está pidiendo un cambio en el sistema existente para que dé cuenta de estas necesidades, en lugar de solo enriquecer los intereses privados.

En resumen, puede que sea hora de reconsiderar el contrato social para el capitalismo, de modo que se vuelva más inclusivo de un conjunto más amplio de intereses más allá de los derechos y libertades individuales.

Esto no es imposible. El capitalismo ha evolucionado antes y, si va a continuar en el futuro a largo plazo, puede volver a evolucionar.

El futuro del capitalismo

En los últimos años surgieron diversas ideas y propuestas que apuntan a reescribir el contrato social del capitalismo.

Lo que tienen en común es la idea de que las empresas necesitan medidas de éxito más variadas que simplemente las ganancias y el crecimiento.

En los negocios, existe el "capitalismo consciente", inspirado en las prácticas de las llamadas marcas "éticas".

En política, hay un "capitalismo inclusivo", defendido tanto por el Banco de Inglaterra como por el Vaticano, que aboga por aprovechar el "capitalismo para el bien común".

Y en la sostenibilidad, está la idea de la "economía de la dona", una teoría propuesta por la economista y autora Kate Raworth, que sugiere que es posible prosperar económicamente como sociedad y al mismo tiempo permanecer dentro de los límites sociales y planetarios.

Luego está el modelo de "los cinco capitales" articulado por Jonathan Porritt, el autor de "Capitalism As If The World Matters" (Capitalismo como si el mundo importara).

Porritt pide la integración de cinco pilares del capital humano: natural, humano, social, manufacturado y financiero, en los modelos económicos existentes.

Un ejemplo tangible de dónde las empresas están comenzando a adoptar "los cinco capitales" es el movimiento B-Corporation. Las empresas certificadas se adhieren a la obligación legal de considerar "el impacto de sus decisiones en sus trabajadores, clientes, proveedores, comunidad y el medio ambiente".

Sus filas ahora incluyen grandes corporaciones como Danone, Patagonia y Ben & Jerry's (que es propiedad de Unilever).

Este enfoque se ha vuelto cada vez más común, reflejado en una declaración de 2019 publicada por más de 180 directores ejecutivos corporativos que redefinen "el propósito de una corporación".

Por primera vez, directores ejecutivos que representan a Wal-Mart, Apple, JP Morgan Chase, Pepsi y otros reconocieron que deben redefinir el papel de las empresas en relación con la sociedad y el medio ambiente.

Su declaración propone que las empresas deben hacer más que ofrecer beneficios a sus accionistas.

Además, deben invertir en sus empleados y contribuir a la mejora de los elementos humanos, naturales y sociales del capital al que Porritt se refiere en su modelo, en lugar de centrarse únicamente en el capital financiero.

En una reciente entrevista con Yahoo Finance sobre el futuro del capitalismo, el presidente ejecutivo de Best Buy, Hubert Joly, dijo que "lo que sucedió es que durante 30 años, desde la década de 1980 hasta hace 10 años, hemos tenido este enfoque singular sobre las ganancias que fueron excesivas y causaron muchos de estos problemas. Necesitamos relajarnos un poco de estos 30 años. Si tenemos una refundación de los negocios, también puede ser una refundación del capitalismo... Creo que esto puede hacerse, tiene que hacerse".

Una nueva dirección

Hace más de tres décadas, la Comisión Brundtland de las Naciones Unidas escribió en "Nuestro futuro común" que había amplia evidencia de que los impactos sociales y ambientales son relevantes y deben incorporarse a los modelos de desarrollo.

Ahora es obvio que estos temas también deben considerarse dentro del contrato social que sustenta el capitalismo, para que sea más inclusivo, holístico e integrado con los valores humanos básicos.

En última instancia, vale la pena recordar que los ciudadanos en una democracia capitalista y liberal tienen poder.

De manera colectiva, pueden apoyar a las empresas alineadas con sus creencias y exigir continuamente nuevas leyes y políticas que transformen el panorama competitivo de las empresas para que puedan mejorar sus prácticas.

Cuando Adam Smith estaba observando el capitalismo industrial naciente en 1776, no podía prever cuánto transformaría nuestras sociedades en la actualidad.

Por tanto, podríamos estar igualmente ciegos ante cómo podría verse el capitalismo en otros dos siglos.

Sin embargo, eso no significa que no debamos preguntarnos cómo podría evolucionar hacia algo mejor a corto plazo. El futuro del capitalismo y nuestro planeta depende de ello.

Consultor y conservacionista internacional basado en Boulder, Colorado, y presidente y director de Common Foundation.

2 junio 2021

BBC Future

https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-57291419

 12 min


​José E. Rodríguez Rojas

El hostigamiento a las universidades por parte del régimen chavista, es parte del acoso que el gobierno ha llevado a cabo contra las instituciones culturales y del conocimiento. El fundador del movimiento inició el desmantelamiento de estas instituciones, desatando la indignación nacional e internacional. Se trataba de imponer un pensamiento único para lo cual eran inconvenientes los gerentes culturales independientes con pensamiento propio como Sofía Ímber, fundadora del Museo de Arte Contemporáneo, y Virginia Betancourt, creadora del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas.

Los populismos latinoamericanos han sido de naturaleza fascistoide. El peronismo argentino simpatizó abiertamente con el régimen nazi y convirtió a la Argentina en un refugio seguro para los jerarcas del régimen, una vez concluida la segunda guerra mundial. La naturaleza fascistoide del chavismo ha sido planteada por estudiosos del fenómeno como el profesor Humberto García Larralde. Uno de los aspectos relevantes de esta dinámica ha sido, en el caso del chavismo, el hostigamiento a las instituciones de la cultura y a las generadoras de conocimiento como las universidades. En varios reportajes de reciente factura el diario El Nacional presentó los detalles del desmantelamiento a que fueron sometidas las instituciones culturales del Estado por el hijo prodigo de Sabaneta. En un acto transmitido por cadena de televisión, a inicios del año 2001, despidió a los gerentes de las principales instituciones culturales del país sometiéndolos al escarnio público, acusándolos de ser una especie de casta que manejaba las instituciones mencionadas para el beneficio de una elite. Era necesario, a juicio del Prócer de Sabaneta, una revolución cultural para poner estas instituciones al servicio del pueblo.

Previo a 1999 el Estado venezolano hizo un esfuerzo singular para el desarrollo de un conjunto de instituciones como el Museo de Bellas Artes, la Biblioteca Ayacucho, la editorial Monte Ávila y el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber, que se ubicaban dentro de las mejores en su campo en la región. A pesar de ello el Comandante Eterno, haciendo gala de su carencia de ideas sobre este y otros temas, procedió a destituir a los gerentes de estas instituciones en un programa televisivo, usando además una jerga beisbolera para tales propósitos. Entre los destituidos el nombre que provocó mayor indignación nacional e internacional fue el de Sofía Ímber cuya labor en el Museo de Arte Contemporáneo era reconocida nacional e internacionalmente. Los gerentes de la cultura defenestrados fueron sustituidos por profesionales que al poco tiempo renunciaron pues llegaron a la conclusión de que el régimen lo que pretendía era imponer un modelo autoritario de pensamiento único.

Algunos especialistas han venido insistiendo en que el desmantelamiento de las instituciones culturales no ha sido un proceso movido por una agenda ideológica, sino por la intención de esconder la incompetencia del régimen y su desconocimiento del tema. Esto se evidencia en el caso de Sofía Imber. El régimen ha tratado de destruir su legado y hacer desparecer cualquier rasgo que relacione al museo que creó con su nombre. A tal efecto el gobierno de Maduro en el año 2017 la puso el nombre de Armando Reverón al Museo de Arte Contemporáneo. Esta acción, según Luis Pérez Oramas es una escaramuza que lo que busca es esconder la mediocridad e incompetencia del régimen en lo atinente al manejo de los museos. Según el ex curador del MOMA de Nueva York, Sofía Ímber junto a Carlos Rangel con la solidaridad del Estado Venezolano, lograron crear uno de los mejores museos de Latinoamérica y hacerlo una institución referencial por la calidad de sus colecciones y sus muestras. Concluye Pérez Oramas que eso se ha perdido y no se va a recuperar con un cambio de nombre. .

En este contexto el régimen chavista también procedió a desmantelar la obra que Virginia Betancourt había llevado a cabo en la Biblioteca Nacional, actualizando y digitalizando los servicios de información, adaptándolos a normas internacionales; creando un sistema de bibliotecas públicas a nivel nacional que integró las bibliotecas locales y regionales a la Biblioteca Nacional y promoviendo la lectura entre la población, dándole rango de política de Estado. La obra de Betancourt ha sido reconocida por especialistas nacionales e internacionales. Entre éstos últimos figura Anabel Torres quien se despeñó como Sub Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia. Torres elaboró un informe donde hace un inventario de la obra desarrollada por Betancourt y señala los pormenores de la labor emprendida por asalariados del régimen para destruirla.

Recientemente, la nunca bien ponderada Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), reconoció la labor de Betancourt al publicar un libro en el cual la ex directora de la BN hizo una recopilación y defensa de su obra. El libro tiene por título “Sistema Nacional de Bibliotecas e Información de Venezuela (SISNAB) 1974-1998. Una experiencia exitosa en la formación de ciudadanos”. La obra posee siete capítulos en los cuales se muestra el andamiaje sobre el cual se creó el Sistema Nacional de Bibliotecas creado por Betancourt, incluyendo entre otros temas la organización, recuperación y acceso a la memoria nacional impresa y audiovisual, la promoción de libros y la lectura como política de Estado. Dicho libro fue editado por la editorial abediciones y presentado en la Feria del Libro del Oeste auspiciado por la mencionada universidad.

Referencias:

El Nacional. 2021. 20 años de los cambios en el bullpen con los que Chávez puso su bota sobre la cultura nacional. Enero 27.

EL Nacional. 2018. Pérez Oramas: Venezuela no se deja imponer el silencio de la muerte. 15 enero.

Torres, Anabel. 2010. La Biblioteca Nacional de Venezuela, núcleo de un sistema nacional de bibliotecas en el Siglo XX, camino a ser desmantelado en el Siglo XXI. IFLA FAIFE.( disponible en: www. ifla.org).

Profesor UCV

 4 min


Fernando Mires

Uno de los dos presidentes del Partido Verde Alemán, Robert Habeck (la otra presidente es la candidata a canciller Annalena Baerbock) después de haber conversado largamente con el presidente ucraniano Volodymyr Selensky y llegado al convencimiento de que frente a las ostensibles amenazas rusas, Ucrania carece de potencial defensivo (sobre todo en las costas del Mar Muerto y del Mar de Azov) decidió presentar públicamente la magnitud de un problema que, si se discutía, solo lo era a puertas cerradas, y bajo siete llaves.

En otras palabras, Habeck decidió politizar el tema de la vulnerabilidad de Ucrania frente a Rusia en la única forma en que era posible: a través de la vía pública. Probablemente su intención fue provocar un debate y así sacar a luz las controvertidas opiniones que mantiene la clase política alemana frente al expansionismo de Vladimir Putin.

Habeck es hombre de reconocido formato político. A diferencia de la candidata Baerbock, es buen conocedor de la política internacional. Por formación intelectual, sabe reflexionar de un modo político-filosófico sobre la realidad inmediata. De tal modo que probablemente contaba con que sus opiniones iban a desatar un vendaval de críticas tanto en la partidocracia alemana como en su propio partido el que, además de su carta de identidad ecologista, ostenta una línea pacifista. Más todavía en un tiempo pre-electoral, cuando los atribulados electores, recién saliendo del acoso pandémico, lo que menos quieren es saber de armas, de escenarios bélicos y de amenazas internacionales.

La petición de Habeck fue respaldada inmediatamente por el presidente de Ucrania Volodymyr Selensky. A través del Frankfurter Allgemeinen Zeizung dijo: “Habeck lo entendió”. Y agregó: “Alemania no nos ha prestado ninguna ayuda militar, pero podría hacerlo”. Y luego pidió ayuda. Directamente. Por la prensa. Un aterrado S.O.S.

Y evidentemente, si el presidente Selensky pide ayuda con ese inusual modo, es porque la necesita con urgencia. Todo el mundo sabe que las milicias pro-rusas en el Este de Ucrania son entrenadas, armadas y financiadas desde Rusia, algo que Putin nunca ha intentado ocultar. Es cierto que Ucrania no es un miembro directo de la UE, pero es candidata a serlo y como tal ha sido aceptada por unanimidad en el acuerdo de asociación de vecindad que incluye protección militar frente a amenazas externas. Desde ese punto de vista, la UE, y por ende Alemania, al no apoyar directamente a Ucrania, está incumpliendo ese acuerdo. Eso fue lo que quiso transmitir de modo público Habeck.

Que la petición Habeck- Selensky iba a chocar con uno de los fundamentos ideológicos de la política alemana había que presupuestarlo y, por lo mismo, contar con duros ataques desde las filas del partido Die Linke (La Izquierda) y de la socialdemocracia. La segunda presidente de los Verdes, siguiendo la línea y la tradición pacifista de Los Verdes, tomó distancia por primera vez en su vida de las opiniones de Habeck.

Uno de los pocos que apoyó a Habeck dentro de su partido fue el diputado verde Manuel Sarrazin, especialista en asuntos relativos a Europa del Este. Su argumentación tiene lógica: “La guerra contra Ucrania debe ser resuelta diplomáticamente”, dijo. Pero agregó esta frase clave: “solo si fortalecemos la defensa (militar) de Ucrania será posible una solución diplomática”. Argumentación que por ser inteligente no fue demasiado atendida. Aunque es evidente: soluciones diplomáticas sin respaldo militar nunca han llevado a ninguna parte. Selensky lo sabe en carne propia. Su país está objetivamente en guerra con el país de Putin. Y bien: esa guerra la está perdiendo.

Podemos diferenciar entonces tres posiciones en el seno de la política alemana frente al caso Ucrania. Una extremadamente minoritaria -es la que representa Habeck- supone respaldar las soluciones diplomáticas sin renunciar a la ayuda militar a Ucrania, única argumentación que parece entender Putin. La segunda posición es doctrinaria, más bien dogmática: la ideología pacifista prohíbe de modo casi sacramental todo intento de utilizar armas en el marco de las relaciones internacionales. Dicha posición es apoyada por la mayoría de los dirigentes de los Verdes y de la Linke, aunque esta última más bien la usa como chantaje (en el pasado reciente apoyó a Milosevic en la guerra del Kosovo y a Putin en el Oriente Medio y en los alrededores de Rusia, incluyendo Bielorrusia). La tercera posición basa su discurso en la lógica de la razón económica a la que adscribe el gobierno Merkel. Como por el momento es la posición oficial, puede ser importante prestarle atención.

Heiko Maas, quien usa frente a Putin un lenguaje cuidadoso, no vaciló en responder a la petición pública del presidente ucraniano con una arrogancia indigna de su cargo ministerial. No solo enrostró a Selensky la ayuda económica que presta Alemania a Ucrania (no venía al caso) sino, además, negó cualquiera posibilidad de traspasar armas a Ucrania frente a una intensificación de la agresión rusa. En el hecho notificó a Putin que Alemania no hará nada en contra -aparte de sancionar uno que otro producto de exportación ruso– si este decidiera invadir el Este de Ucrania.

Maas no habla por sí solo: él es miembro de un partido y de un gobierno que parecen compartir la creencia de que con un gobierno con el cual se mantienen buenas relaciones económicas, es el caso de Rusia, siempre habrá una puerta abierta para que problemas que eventualmente puedan surgir en el plano político, puedan resolverse de modo diplomático.

En cierto modo esa creencia del gobierno alemán está basada en “la tesis del dulce comercio” formulada por Montesquieu. En la sección de El Espíritu de las Leyes que se ocupa de cuestiones económicas, afirmaba el filósofo francés: “Es casi una regla general que dondequiera que haya costumbres sosegadas habrá comercio y dondequiera que haya comercio habrá costumbres sosegadas”. Tesis que ha demostrado ser cierta en los conflictos entre dos naciones regidas por un orden democrático. El hecho de que nunca, o casi nunca, ha habido guerra entre dos naciones democráticas, así lo comprueba. El “pequeño” problema es que Rusia no es una nación democrática. Y esto es lo que parece olvidar el ministro Maas: Ni Rusia es una nación democrática, ni Putin es un gobernante democrático.

Si se quiere entender a Putin no debemos leer a Montesquieu sino a Maquiavelo. Más aún: de todos los gobernantes de nuestro tiempo, Putin parece ser el más maquiavélico de todos. No solo porque ha sabido poner la “fortuna” a favor de la “virtud” (de poder), no solo porque prefiere ser más temido que amado, no solo porque no trepida en usar cualquier medio cuando se trata de conseguir un objetivo, no solo porque en lugar de poner su política al servicio de intereses económicos pone estos últimos al servicio de su política, sino sobre todo porque intenta convertir a su nación, Rusia, en una potencia territorial, tan grande o más grande que la que gobernaron Pedro el Grande y Stalin. Putin, en el sentido maquiavélico más estricto, es un príncipe de la guerra y no un heraldo de la paz.

Se equivocan Merkel y Maas si piensan que pueden controlar a Putin con la dulzura del comercio o con las menos dulces pipelinas. Putin solo retrocederá si su potencial enemigo es más fuerte y está decidido a mostrar su fuerza si el caso así lo requiere.

Merkel y Maas, así como los dirigentes de la partidocracia alemana, no parecen haberse dado cuenta de que para Putin, Ucrania -así como Bielorrusia y los países bálticos- es considerada miembro natural de la nación rusa. En tal sentido el presidente de Ucrania es visto por el ruso como un usurpador mantenido por occidente. En este caso, para Putin pareciera aplicar una máxima de Maquiavelo escrita en los discursos sobre las décadas de Tito Livio: “Es difícil que un pueblo que después de haber tenido el hábito de vivir bajo un Príncipe, cayó por una casualidad eventual bajo un gobierno republicano, permanezca en él”. Actualizando esa máxima podríamos leer: el destino de Ucrania -según la idea recibida por Putin de su maquiavélico consejero Alexander Dugin– sería regresar a la Gran Rusia.

Parece haber en fin dos tipos de pacifismo: el pacifismo romántico e ingenuo de los Verdes y de la izquierda en general, y el pacifismo utilitario del gobierno alemán y de la UE. Los dos tienen en común que, aplicados a la realidad práctica, ninguno puede asegurar la paz. Todo lo contrario. Ambos crean condiciones para un enfrentamiento mucho más dramático que el que se habría podido evitar si desde un comienzo los sectores políticos democráticos hubieran mostrado la decisión de poner límites al enemigo en cierne.

En 1983, uno de los más destacados políticos socialcristianos alemanes, Heiner Geißler, dijo: “el pacifismo de los años treinta hizo posible a Auschwitz”. No quiso decir que el pacifismo había causado a Auschwitz como intentaron difamar sus adversarios, sino que, como consecuencia de un pacifismo opuesto a todo tipo de violencia, y de otro pacifismo que intentaba meter a Hitler en un corset diplomático, fue demorada la inevitable guerra en contra de la Alemania nazi. Entre los críticos de Geißler se contaba el joven Joschka Fischer quien, años después, como ministro del exterior del gobierno de Schröder, hubo de defender la participación de Alemania en la guerra del Kosovo. También demasiado tarde. Cuando las tropas de la NATO entraron a detener a los esbirros de Milosevic, las “limpiezas étnicas” ya habían tenido lugar.

¿Qué esperan Alemania y la UE para mostrar a Putin la decisión de defender a Ucrania? La reacción del ministro Maas al negar abruptamente ayuda militar al gobierno de Ucrania ocurre en los mismos días en que Putin, después de haber ordenado a Lucashenko violar el espacio aéreo europeo, ha terminado prácticamente por anexar a Bielorrusia. Al mismo tiempo consolida su poder interno, prohibiendo a todos los partidos que defiendan a Navalny participar en las próximas elecciones. Como diciendo a Europa: “en vuestras ridículas sanciones yo me siento”.

Escribo dos semanas antes del encuentro que tendrá lugar en Ginebra entre Putin y Biden. Putin ya advirtió que no guarda expectativas para ese encuentro. Al fin y al cabo sus ambiciones territoriales no pasan directamente por sus relaciones con los EE UU. Cualquiera iniciativa que tome con respecto a Ucrania solo afectará sus vínculos con Europa. Y si Europa no reacciona, ese no puede ser un problema de los EE UU.

Europa, hay que llegar a esa conclusión, puede pero no sabe o no quiere defenderse. Esa es una “fortuna” para Putin. Su maquiavélica “virtud” será la de saber usar a su favor esa “fortuna”.

Europa está condenada a llegar siempre tarde. Y como dijo Michael Gorbachov: “quien llega tarde, será castigado por la historia.

3 de junio 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/06/fernando-mires-la-fortuna-de-pu...

 8 min


Daniel Eskibel

– ¿Es importante? -preguntó la candidata mirándonos desde la puerta recién abierta.

– Sí -respondimos con un pequeño coro de voces preocupadas.

La candidata respiró profundo y sonrió.

– Me voy porque hay un grupo grande de votantes esperándome y tengo que llegar a tiempo. Ustedes trabajen y me informan cuando terminen -dijo y de inmediato cerró la puerta y se fue.

Estábamos reunidos en su cuarto de guerra. La campaña electoral en aquel país de América Central estaba en su apogeo. Pero aquella candidata sabía lo que muchos políticos desconocen: gobernar su tiempo.

Consejos para gobernar tu tiempo

El recurso más escaso de una campaña electoral es tu propio tiempo, el tiempo del candidato. Porque el candidato es uno sólo, es el único imprescindible en la campaña y su día apenas tiene 24 horas como el de cualquiera. Optimizar esas 24 horas es siempre una de las principales metas para que la campaña electoral sea efectiva. Por eso necesitas, como candidato, aprender cómo administrar tu tiempo durante la campaña electoral.

A continuación te brindo algunos consejos para optimizar tus 24 horas de cada día de campaña:

• Reduce la cantidad de reuniones internas en las que participas. Jerarquiza: unas pocas son muy importantes y tienes que estar, algunas son menos importantes y puedes delegar, en muchas tu presencia es irrelevante y simplemente tienes que huir, y unas cuántas son solo rituales vacíos y ni siquiera deberían existir.

• Acorta la duración de tus reuniones. Establece de antemano su duración y sus objetivos. Evita que se salpiquen de pequeñas charlas intrascendentes y de grandes demostraciones de ego. Ayuda a que todos se concentren en las tareas y en los asuntos concretos. Son reuniones de trabajo, no charlas de café.

• Exige informes escritos sobre asuntos importantes y complejos. Nada de interminables presentaciones verbales. Informes escritos breves. Máximo dos páginas. Máximo, ya sabes. Si además te quieren adjuntar un anexo detallado para ampliar, pues bienvenido. Pero el informe principal de 2 páginas y nada más.

• Descansa. Duerme bien. Dedica un tiempo diario a la actividad que más te relaje. Mahatma Gandhi decía que si su jornada estaba mucho más cargada de actividades que lo habitual, pues entonces tendría que meditar el doble de tiempo. Lo mismo ocurre con el buen descanso: te hace mucho más productivo.

• Cuídate como si fueras un atleta de alta competencia. El ejercicio físico y la comida sana son vitales para recargar energías, mantener la mente clara y actuar con intensidad y eficacia. Y para mantener la disciplina, claro.

• Trabaja en equipo. Uno de los grupos más importantes de la campaña electoral está formado por 3 personas: tú mismo, tu chofer y quien lleva tu agenda. Ese es el equipo con el cual trabajarás más horas a lo largo del día. Por eso mismo tiene que ser muy eficaz y armónico.

• Delega con tranquilidad. Por algo elegiste a tu jefe de campaña, a tu consultor político, a los miembros de tu cuarto de guerra, a tu equipo político y a tus especialistas. Respira. Ellos están trabajando y saben lo que hacen.

• Concéntrate en lo que nadie puede hacer excepto tú. Primero que nada está la comunicación con los votantes. Y en segundo lugar la obtención de recursos económicos para la campaña. Los que votan y los que aportan recursos quieren verte y oirte. Ese es tu trabajo como candidato.

• Organiza tu día en bloques de tiempo. En cada bloque agrupa tareas similares. Al irte a dormir debes tener un panorama claro de la actividad del día siguiente. Respeta al máximo lo planificado. Respeta los horarios. Y modifica con flexibilidad cuando surgen los imprevistos.

• Evita las interrupciones y la multitarea. En cada momento tus energías deben estar todas a tope en una sola y única actividad. Disciplina a tus colaboradores para lograrlo. Disciplina tu uso del teléfono, también. Y disciplínate tú mismo.

Las campañas electorales son caóticas. Las contradicciones y los conflictos están presentes todos los días. Las urgencias también. Las emociones estallan. Y el tiempo nunca alcanza. Aplicar los consejos anteriores no es tarea fácil. Demanda esfuerzo, mucha decisión, mucha fuerza de voluntad y ajustes constantes. Es pelear cada día y cada minuto contra la inercia del caos.

Nada es perfecto. Pero cuánto más avances en la dirección aconsejada mejor será tu campaña y más cerca estarás de lograr tus objetivos.

Lo dicho: gobernar tu propio tiempo por supuesto que es difícil. Pero si no lo logras, ¿acaso crees que lograrás gobernar tu país?

Maquiavelo&Freud

info@maquiaveloyfreud.com

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Ricardo Lorenzetti

Naciones Unidas promueve un proyecto conjunto entre el Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado (UNIDROIT), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), con la finalidad de redactar principios jurídicos para mejorar la cadena alimentaria y el desarrollo agrícola a nivel global.

Me ha tocado dirigir ese proyecto donde participan juristas de todo el mundo.

¿Por qué razón estas organizaciones se enfocan en este tema?, ¿cuál es la importancia? La seguridad alimentaria se ha transformado en un tema de agenda porque la elaboración de los alimentos tiene una influencia directa sobre la salud y, a su vez, los cambios que se proponen, impactan sobre la manera en que se organizan los productores, sus costos, las cadenas globales de aprovisionamiento y las regulaciones nacionales e internacionales.

El modo en que nos alimentamos los humanos se ha convertido en un asunto importante en todo el Planeta. La carne o las verduras o la pasta que consumimos, se transforma en nuestra piel, nuestra sangre, o nuestros órganos. Las personas son cada vez más conscientes de este fenómeno y hay una revolución alimentaria, en la medida en que los ingresos económicos lo permiten.

Las empresas prestan atención a estos cambios de costumbres que obligan a cambiar la producción, distribución, y comercialización de productos. Los gobiernos también tienen interés porque impacta en la salud, en los sistemas sanitarios y tiene relevancia social, económica. Estos aspectos parecen muy obvios, pero no ha sido así en los últimos años. La producción masiva de alimentos ha provocado distorsiones.

Los peces, los cerdos, los pollos, los vacunos son alimentados artificialmente a los fines de lograr economías de escala. En muchos casos, no se logra respetar parámetros mínimos de cuidado y los peces, los cerdos, los pollos y los vacunos se pueden volver tóxicos causando enfermedades. Cada vez se presta más atención a este aspecto, como lo prueban también la cantidad de documentales que se van difundiendo (ej. Rotten; Cowspiracy, Seaspiracy) y literatura científica de todo tipo.

Las verduras, las frutas, los granos tienen cada vez más agregados, o modificaciones genéticas, o productos químicos lanzados sobre el campo. Los alimentos elaborados son, justamente, un producto industrial y contienen grasas saturadas, o combinaciones cuyos efectos finales no son muy conocidos.

Es claro que tenemos un problema importante que no sólo tiene efectos sobre la salud humana, sino también sobre la salud de la naturaleza. El impacto ambiental está comprobado. La deforestación para lograr el monocultivo, la emisión de gases con efecto invernadero y muchos otros aspectos colaterales es preocupante.

Todos estos temas transforman la visión que tenemos sobre la alimentación. Cuanto mayor es la información difundida, menor es la confianza del consumidor. En este punto interviene la publicidad inductiva, porque promueve el consumo de alimentos que son buenos para la salud. Es cada vez más frecuente escuchar o ver avisos, generalmente apoyados en dictámenes de médicos, universidades o científicos, que dicen que consumir tal o cual alimento es bueno o malo para el bienestar.

La frontera entre el alimento y el fármaco se hace borrosa y todo aquel que tiene el dinero suficiente, compra alimentos teniendo en cuenta si puede curar o enfermar. Pero la publicidad también puede ser engañosa o bien ocultar información como ha ocurrido con el tabaco durante sesenta años.

Esta breve descripción es suficiente para revelar que estamos en presencia de un problema importante que requiere un enfoque multidisciplinario y sistémico.

La relación con los consumidores requiere aumentar la información confiable. Una persona que desea comprar un alimento no está en condiciones de averiguar todo lo necesario para saber si es seguro, y si lo hiciera, estaría todo el tiempo investigando antes de comer.

Los denominados “costos de transacción” son muy altos y se termina confiando en la apariencia. Por eso es relevante la regulación de la publicidad, la información, los controles de calidad, la aprobación por parte de agencias especializadas que sean capaces de seguir la evolución del alimento en el mercado.

Los alimentos saludables son más caros, lo que actúa como una información de que se ha invertido en calidad.

El efecto adverso es que excluyen del mercado a quienes no pueden pagarlo, lo que genera un problema muy difícil que requiere un diseño jurídico y económico destinado a bajar costos y precios.

En la medida de que aumentan los requerimientos de calidad, también suben los costos de producción. En este contexto está amenazada la supervivencia de pequeños y medianos productores en numerosas regiones del mundo porque no pueden resistir las cadenas globales que los terminan absorbiendo, y se necesitan modelos normativos para establecer vínculos de cooperación.

El proyecto mencionado se enfoca en temas jurídicos. Pretende desarrollar principios de contratos adecuados para ayudar a resolver estos problemas. Se contemplan las nuevas exigencias regulatorias en distintos países; los escenarios de tecnologías innovadoras; mejorar el acceso al mercado, incrementar la cooperación entre los integrantes de las cadenas de producción, distribución y venta. También se tratará el problema de los incentivos para lograr mercados más eficientes e inclusivos.

Las urgencias cotidianas no deberían impedirnos enfrentar seriamente estos verdaderos desafíos del siglo XXI con políticas públicas y con normas jurídicas que puedan aportar soluciones antes de que sea una tragedia.

Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina

1 de junio 2021

Clarín

https://www.clarin.com/opinion/seguridad-alimentaria-agenda-mundial-naci...

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Ignacio Avalos Gutiérrez

En lo que comenzó siendo una investigación del FBI, sobre la evasión de impuestos y el blanqueo de dinero, termino revelando una gran corrupción ligada al futbol a propósito de asuntos tales como elecciones manoseadas y tramposas, sobornos en la designación de la distintas sedes para eventos internacionales ( no sólo las copas mundiales), manejos turbios en la firma de patrocinios con grandes corporaciones, sospechas en la contratación de los derechos comerciales para la televisión y paremos de contar. Se destapó, pues, el escándalo en torno a la poderosa FIFA, suerte de Vaticano del balompié mundial, llevándose por delante a sus directivos y generando graves secuelas en las federaciones de varios países, entre ellos Venezuela, en donde fue acusado y destituido Rafael Esquivel, quien fungía como máxima autoridad del futbol nacional desde hacía catorce años, signados por la arbitrariedad y no pocos desaciertos.

Corría el año 2015 y aprovechando el sismo que ocasionaron las pesquisas del FBI, Nicolás Maduro, ya en Miraflores, habló de la necesidad de “refundar” a la Federación Venezolana de Futbol (FVF), lo que por supuesto no ocurrió. Al contrario, el organismo pasó a ser presidido por Laureano González, la mano no derecha de Esquivel, hasta que renunció por motivos de salud en 2020, luego de cuatro años de mandato. Asumió el cargo, entonces, Jesús Bernardelli, directivo de la institución, quien al poco tiempo fue destituido tras algunas acusaciones por malversación de fondos.

La misma película

Llegamos así a unas elecciones para nombrar la directiva de la FVF, efectuadas a finales de la semana pasada, bajo la observación de una Comisión Reguladora escogida por la FIFA, e incomprensiblemente puesta bajo la coordinación del mencionado Laureano González. Algunos grupos, entre los que cabe mencionar a la organización Venezuela Vinotinto, han señalado que el proceso estuvo marcado por diversas irregularidades (alteración del padrón electoral, presiones, violación del secreto al voto, en fin), que no pudieron ser ventiladas ante los organismos competentes, dejando como saldo un evento dudoso en cuanto a su transparencia y legitimidad, repitiendo de este modo la historia de procesos anteriores. Por otro lado, no hay que ser demasiado suspicaz para presumir la intervención del gobierno, según lo indica, por ejemplo, el nombramiento como Vice Presidente de la FVF de Pedro Infante, ex Ministro y actualmente diputado del PSUV.

En suma, funciono el esquema electoral, que durante tres décadas dejó margen a muy pocas alteraciones en el alto gobierno del futbol nacional, el que apenas aparentaba guardar, por si acaso, ciertos gestos propios del “fair play” en cualquier tipo de comicios.

Triunfó, así pues, el continuismo. Varios de los integrantes de la nueva directiva cuentan con el respaldo de varios de quienes han conducido a nuestro balompié, durante lo que parece casi una eternidad. Lamentablemente, la FVF se seguirá pareciendo a la FVF de los últimos tiempos. El establishment del fútbol aún puede dormir tranquilo. Domina el escenario.

Imposible no mencionar, aunque sólo sea de paso, que lo ocurrido en el fútbol revela una fragilidad institucional que no es ajena a ningún espacio de la vida venezolana. Es fiel testimonio de su déficit de democracia.

Cambio generacional

Es urgente la necesidad remover los viejos cimientos del balompié criollo, una tarea pendiente desde hace rato, que toca todos sus espacios (fútbol profesional, fútbol femenino, fútbol sala, fútbol playa y fútbol menor), cada cual a su manera y en su grado, y refiere, desde luego, a la exigencia de cambios en su armadura institucional.

La nueva dirigencia de la FVF ha hecho suya la bandera la bandera de la transformación. Yo quisiera creer, entonces, que me equivoque en mis negativas apreciaciones derivadas de la manera como fueron designadas las nuevas autoridades, encabezadas por Jorge Giménez, el nuevo Presidente de la FVF, el más joven (33 años) en ocupar ese cargo a lo largo de la historia de la organización. “Hoy se concretó un cambio bastante importante. Un cambio generacional en el fútbol. Hoy nos toca a nosotros tener la responsabilidad de estar al frente de esta federación y de ser las personas que vamos a dirigir el fútbol por los próximos cuatro años”, expresó en sus primeras declaraciones.

Los signos de interrogación colocados en el título de este artículo asoman el beneficio de la duda, cobijan cierta esperanza. Equivalen a apostar a que la administración de Jorge Jiménez le de otra cara a nuestro futbol, abriéndole cauce a nuevas ideas, oyendo opiniones más allá de su entorno, rindiendo cuentas y asumiendo que la permanencia eterna en los cargos es una pésima costumbre.

Vislumbrar este horizonte es, en mi caso, ejercer el derecho constitucional al optimismo. Es creer que tal vez Jiménez resulte una sorpresa agradable para nuestro maltratado balompié. Ojalá sepa pararse en la cancha.

En fin, amanecerá y veremos, como dicen.

El Nacional, miércoles 1 de junio de 2021

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Albert Miró, Marc Valderrama Carreño

En 1982 se estrenó la película Blade Runner bajo la dirección de Ridley Scott. La película relata cómo, en el año 2019, la bioingeniería se había desarrollado de tal manera en Los Ángeles que hacía posible la fabricación de seres humanos artificiales, conocidos como replicantes.

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