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Opinión

Luis Doncel

El premio Princesa de Asturias Ciencias Sociales 2021 augura que muchos de los parados por la crisis del coronavirus perderán también sus habilidades profesionales

Amartya Sen fue galardonado el pasado martes con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2021. Pocas horas después, desde su domicilio de Cambridge (Estados Unidos), sede de la Universidad de Harvard, el economista (Santiniketan, la India, 87 años) atendía a EL PAÍS lleno de agradecimiento hacia el jurado y destacando sus vínculos con la cultura española. Entre constantes llamadas telefónicas de felicitación, hablará sobre dos de sus grandes preocupaciones: una pobreza que vuelve a remontar fruto de la pandemia y la situación político-social india.

Sus investigaciones han influido durante décadas en las políticas contra la desigualdad extrema diseñadas en diversas organizaciones internacionales. Sin embargo, tras años de avances en esa lucha, la pandemia del coronavirus ha supuesto un serio retroceso. En un informe reciente, la ONU alertaba de que la peor recesión en 90 años había ocasionado la pérdida de 114 millones de puestos de trabajo y la expulsión a la pobreza extrema de unos 120 millones de personas.

“Esta crisis ha sido una noticia pésima en la lucha contra la pobreza. No solo por la pérdida de ingresos que ha generado en muchos trabajadores, sino también porque muchos de los que se han quedado sin trabajo perderán las habilidades que habían adquirido previamente. Cuanto más te aíslas, menos eficiente tiendes a ser”, responde al otro lado del teléfono.

Sen repite una y otra vez que el mayor golpe del coronavirus es la pérdida de vidas humanas. “Si no estás vivo, ya da igual que antes fueras rico o pobre. La gran tragedia es la muerte”, reflexiona.

El economista y filósofo no es muy pesimista sobre la salida de la crisis. Considera que no habrá que esperar demasiados años para recuperar el nivel de riqueza previo a la llegada del virus que ha puesto al mundo patas arriba. “La riqueza perdida podría recuperarse más o menos rápidamente, pero eso no devolverá la tragedia de que tanta gente haya muerto”, añade.

El flamante Premio Princesa de Asturias se muestra escéptico sobre la idea de que las políticas de impulso desplegadas por el presidente de EE UU, Joe Biden, vayan a cambiar el paradigma económico que nació en los años ochenta del siglo pasado con la revolución conservadora de Thatcher y Reagan: “No lo creo. No creo que estemos pensando de una nueva forma”.

Sen ha emergido estos años como uno de los grandes azotes del Gobierno nacionalista hindú encabezado por el primer ministro Narendra Modi. Ahora, con la trágica situación que vive el país por la expansión de la epidemia, el también premio Nobel de Economía cree que muchos de los males de las políticas impulsadas por el BJP, el partido nacionalista hindú en el poder, están saliendo a la luz. “La respuesta del Gobierno a la covid ha sido muy mala. No ha sido claro en sus políticas. Y ha tenido una actuación muy desagradable, sobre todo para los pobres, los que más están sufriendo la pandemia”, responde.

Pero las críticas a Modi van más allá de la gestión de los últimos meses. “Esta mala respuesta ha ocurrido también en otras decisiones políticas, como las políticas económicas, la falta de atención a la educación y la sanidad. La situación en la India es muy desigual y muy injusta. Y la pandemia no ha hecho más que agravar esta situación”.

Sen se ha hecho mundialmente famoso por su teoría de que las democracias están inmunizadas contra las hambrunas, ya que sus gobiernos tienen incentivos para evitar este tipo de grandes calamidades por su alto coste electoral. Pero ¿cree que ahora la catastrófica gestión de esta crisis en la India desvirtúa hasta cierto punto esta idea? “Mi argumento es que si el país que gobiernas sufre una hambruna, dejarás de ser popular y perderás las elecciones. Y por lo tanto harás todo lo necesario para impedir esa catástrofe”. Pero en su país se añade un elemento más a la ecuación. “En la India, el Gobierno ha logrado establecer un control férreo de los instrumentos del poder, enviando enormes cantidades de dinero de una forma asimétrica. El BJP ha logrado también apagar la voz de las protestas. Son cosas que la democracia debería evitar”, responde en un ataque frontal a los abusos cometidos en nombre de la preponderancia del hinduismo, la religión mayoritaria del país, sobre el islam.

“La desigualdad y la asimetría del poder tienen la potencia de erosionar las ventajas de la democracia. Y eso es lo que vemos en la India”, añade. ¿Diría entonces que su país va camino de dejar de ser una democracia funcional? “No. Sería erróneo afirmar eso. Es una situación muy compleja. Sí creo que el Gobierno ha usado instrumentos que hacen la democracia menos viable”, concluye el galardonado.

27 de mayo 2021

El País

https://elpais.com/economia/2021-05-28/amartya-sen-la-desigualdad-erosio...

 4 min


Jesús Elorza G.

El pasado día martes 25 de mayo, la sede del Comité Olímpico Venezolano (COV), podría decirse que se transformó en un “Dojo” para albergar la Asamblea de Asociaciones que había sido convocada para elegir a la Comisión Electoral que se encargaría del llevar a cabo las elecciones de la Federación Venezolana de Karate Do para el periodo 2021-2025.

En horas de la mañana, comenzaron a llegar atletas, entrenadores, personal técnico y dirigentes deportivos acreditados como representantes de las asociaciones para la referida asamblea. Pero, todos fueron sorprendidos al encontrarse que las puertas del Auditórium del COV ¡¡¡estaban cerradas!!! por orden de Arturo Castillo presidente de la Federación y Tesorero del Comité Ejecutivo del COV.

El personaje de marras, conocido como “El Pistolero Olímpico” por haber dicho públicamente que “tenía una pistola 9mm en su escritorio para echarle plomo a quien no estuviera de acuerdo con él” ni siquiera se hizo presente en la asamblea, ¡dirigió el cierre de las puertas y profirió sus amenazas, por video conferencia!, el culillo es libre, dirían algunos.

Con el paso de las horas, la situación se fue haciendo más tensa. El Auditórium prácticamente se transformó en un “Tatami”. Por un lado, dentro del recinto, se encontraban (de acuerdo con las fotos que circularon en las redes) ¡¡¡ocho personas!!! en representación parcial de cuatro (4) asociaciones. Si tomamos en cuenta, que de acuerdo con la Ley del Deporte y su Reglamento, son cuatro (4) representantes por asociación, las presentes deberían sumar 16 y solo llegaban a 8.

Fuera del recinto, se encontraban ¡cuarenta (40) personas debidamente acreditadas! en representación de diez (10) asociaciones que decidieron proceder, y de acuerdo con la Ley, realizaron la asamblea para la cual fueron convocados, eligieron la Comisión Electoral para la elección federativa, propinándole de esa manera, un “KO” fulminante, a todos aquellos que pretenden perpetuarse ilegal y arbitrariamente en la dirigencia deportiva.

El grupo minoritario, al verse superado, salieron huyendo del Tatami (Auditórium) por la puerta trasera y el Pistolero Olímpico cortó abruptamente su video conferencia.

El arbitrario e ilegal procedimiento, de impedir el acceso de los acreditados para el referido evento, representa una flagrante violación a los derechos constitucionales de participación política y sufragio, previstos y consagrados en los artículos 62 y 63 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, además de resultar contrario a los principios rectores del deporte, y a lo previsto en el artículo 3 de su propio Reglamento Electoral, al no garantizar el legítimo derecho a elegir a un grupo de electores debidamente acreditados.

Este intento demuestra una vez más el carácter totalitario y antidemocrático de las autoridades olímpicas, que pretenden imponer a la fuerza dirigentes federativos acólitos, sumisos a su manera de pensar y proceder, para perpetuarse dictatorialmente en el poder.

 2 min


Soledad Morillo Belloso

Churchill detestaba a Stalin. Y viceversa. A Churchill tampoco le hacía mucha gracia De Gaulle. Y viceversa. A Ike le ponía nervioso Monty. Y viceversa. A Patton no le gustaba mucho Ike. Y viceversa. Truman no se llevaba bien con MacArthur. Y viceversa.

Ramos Orta y Xanana Guzmão no eran «panas». De hecho entre ellos había muchas diferencias. Entre Tutu y Mandela no siempre había concordancia. Nehru y Gandhi desconfiaban el uno del otro y tuvieron sus muchos desencuentros. Betancourt, Villalba y Caldera veían la vida y la política de modo muy distinto. Juan Pablo II y Walesa tuvieron serios aunque callados enfrentamientos.

Todos esos entendieron y metabolizaron que por sí solos no podrían triunfar. Ellos definían triunfar como un logro, no como un conformismo. Todos se las vieron muy peludas. Ninguno creyó que la unidad se basaba en ceder; lo vieron cómo construir en conjunto. Sin restregárselo en la cara unos a otros, sabían que cada cual podía cantar eso de «yo sin ti no valgo nada» y «tú sin mí no vales nada».

Evito adrede poner en este texto los nombres de los que están enfrentados en las fuerzas de oposición. No por cobardía o conveniencia de mi parte, sino porque creo que poco ayuda quien se place en echarle leña a la candela. Poco suma y mucho estorba quien se pone al lado de cualquier dirigente y lo perturba y distrae azuzándolo, sembrándole dudas y casquillos.

Todos tienen muchas cualidades. Y también sus defectos. O mejor dicho, falencias. Muchas de esas debilidades pueden ser completadas por el otro quien seguramente tampoco tiene completo el portafolio de las fortalezas necesarias. La verdad es mucho más simple: ninguno puede solo. Ninguno tiene la fuerza suficiente como para poder hacer solo el tortuoso camino. Lo que a uno le falta lo tiene el otro u otros.

Y no, no se trata de esa bobada con patas de “es que no me cae”. Ni que estuviéramos hablando de una tarde de vermut y canapés en la que algunos se encuentren para departir y matar el aburrimiento. Se trata de aceptarse como son y pasar de la distancia a la cercanía. Y nada, absolutamente nada ni nadie es más importante que el país.

Contrariamente a lo que se podría pensar, yo creo que tenemos (algunos) buenos liderazgos políticos, tanto en territorio nacional como en el exilio. Y creo también que, como a dulces sobre la mesa, se les han pegado muchas moscas, muchos interesados en ganar indulgencia con escapulario ajeno, muchos arrimados sabelotodos que dictan cátedra pero que no ponen su propio pellejo en el asador, muchos engreídos que pontifican desde la comodidad de sus computadoras sin derramar ni una gotica de sudor y ni una lagrimita. Y a esos a veces los liderazgos políticos caen en el error de escucharlos más que a los dirigentes de base de sus partidos o sus organizaciones sociales, mucho más que a Casilda quien, acaso sin lenguaje rimbombante, puede decir más y de seguro reflejar mejor lo que siente y padece el pueblo. Sí, ahora pretenden algunos decir que está mal la palabra “pueblo”. El sifrinazgo que inunda redes convierte la narrativa política en un menjunge de palabrejas que ni mojan ni empapan y que Casilda escucha como oír llover.

Y así como el concepto de ‘ninguno puede solo’ es importante interiorizarlo, también lo es el segundo concepto: ‘nadie es indispensable y todos son necesarios’. Cuando eso se comprende, entonces cala la importancia del liderazgo compartido. En una situación como ésta, los que están en posiciones de liderazgo tienen por fuerza que saber trabajar en equipo, sin creerse un jefe más que otro y, claro está, sin caudillismo. La altivez no solo es inapropiada, es irrelevante. Se trata de articular unidades de pensamiento y trabajo entrelazadas, lo suficientemente flexibles como para ir creciendo y ofreciendo respuestas a los vaivenes de los cambiantes escenarios. Sin dramas cursis. Sin lenguaje de culebrón barato. Y sin narrativa churrigueresca que requiera traducción.

Repito: hay buenos en posiciones de liderazgo. No se trata de quién manda. Se trata de poder articular una estrategia de compromiso y acción que no deje a los ciudadanos gagueando fuera de la sala, sino que antes bien los seduzca y convenza que los esfuerzos, que no serán pocos, bien valen la pena. Al fin y al cabo, el pueblo es el centro de todo. Si eso está claro, el resto es sentarse a entenderse.

23 de mayo 2021

Guayoyo en letras

https://guayoyoenletras.net/2021/05/23/ninguno-puede-solo/

 3 min


Albert Sanchis

La pandemia ha acentuado la divergencia económica de las empresas en el mundo. Podríamos decir que las más grandes, esas supermegacompañías de la talla de Google, Amazon o la china Tencent tienen sus arcas a rebosar de billetes, mientras que los competidores más pequeños nunca han estado en una situación más precaria. Esta concentración del poder en un pequeño número de grandes empresas no es nueva en sí misma, lleva creciendo significativamente en los últimos años.

¿Por qué ha sucedido todo esto? Las nuevas tecnologías, la disminución del poder de negociación de los trabajadores y el fracaso de las autoridades antimonopolio son algunas de las causas. Y lo cierto es que una tendencia visible es que cada vez son más tecnológicas y chinas.

Más tamaño. La explicación del fenómeno es que durante la crisis económica extendida por la pandemia del coronavirus, muchas grandes empresas, y especialmente sus valores en el mercado de valores, han estado creciendo rápidamente mientras que sus competidores de pequeñas empresas se han enfrentado a un apocalipsis. Las 50 principales empresas del mundo reunieron $4.5 billones de capitalización bursátil en 2020, un valor combinado que representa el 28% del producto interno bruto mundial. Hace tres décadas, la cifra equivalente era inferior al 5%, según datos recogidos por Bloomberg en este artículo.

Más tecnología. El sector tecnológico domina la parte superior de la lista de empresas con más valor, y las de combustibles fósiles, con la excepción del buque insignia de Arabia Saudita, Aramco, han caído. Las empresas de tecnología representan 21 de los 50 primeros puestos. Pero eso trae consigo consecuencias. El extraordinario crecimiento de este sector en particular está impulsando la acción de los gobiernos ante la preocupación de su creciente influencia en todas las áreas, incluida la libertad de expresión y la gran cantidad de datos personales que acumulan de sus usuarios.

Políticos y reguladores en todo el mundo ya las miran de reojo. En China, los reguladores impusieron multas récord a sus afiliadas, incluida Alibaba Group Holding, y extendieron la represión a otros gigantes tecnológicos como Tencent Holdings. Europa ha estado trabajando en formas de gravar a empresas como Amazon y Alphabet según el lugar donde operan, en lugar de su ubicación.

Más China. La tendencia también apunta a un repunte de megacompañías chinas. Su participación en el top 50 ha aumentado, a expensas de Europa. Si nos fijamos en la última lista Fortune Global 500, China es el país más representado, superando a EEUU (124 a 121), y estando muy por delante del tercer lugar, Japón. Si volvemos la vista atrás, a principios de la década de 1990, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya comenzaba a emitir estimaciones del PIB calculadas por la paridad del poder adquisitivo que mostraban que la economía de China se acercaba al tamaño de Japón y Estados Unidos.

Durante las últimas dos décadas, el número de empresas chinas se ha multiplicado por doce, mientras que la proporción de empresas estadounidenses ha caído un tercio, del 36% al 25%. ¿Por qué? Básicamente porque muchas de ellas son de propiedad estatal. Las empresas más grandes de China en la mayoría de las industrias son empresas estatales, y 91 de los 124 miembros chinos de la última lista Fortune Global 500 también.

Más rentabilidad. El dominio y la acaparación trae consigo problemas para los más débiles: los trabajadores. Muchos economistas han atribuido el lento crecimiento de los salarios durante las décadas previas a la pandemia a la disminución de la competencia. Algunas empresas de tecnología tienen modelos comerciales que les permiten escalar sin agregar mucho personal. Otros, Amazon y Alibaba entre ellos, emplean a un gran número de trabajadores, pero a menudo en trabajos poco calificados y mal pagados. Lo hemos contado en Magnet.

Más impuestos. Las ventajas de las que disfrutan estas superestrellas son evidentes, lo cual es una de las razones por las que los gobiernos se coman la cabeza pensando en cómo domarlas. En Estados Unidos, la administración de Joe Biden busca aumentar los impuestos corporativos como parte de un esfuerzo más amplio para detener el largo camino hacia la desigualdad. ¿Cómo? Presionando por un acuerdo fiscal global que dificulte que las empresas más grandes reduzcan sus facturas al trasladar las ganancias a jurisdicciones de impuestos bajos.

Ese impulso ha atraído la resistencia de naciones como Irlanda, cuya baja tasa impositiva corporativa ha alentado a multinacionales como Apple Inc. y el propietario de Google, Alphabet Inc., a establecer sedes regionales allí.

Más Brecha. Y con todo esto llegamos a uno de los puntos más importantes: una gran brecha entre lo grande y lo pequeño. La diferencia en el rendimiento medio entre estos dos tipos de empresas eran del 15% en la década de los 90, pero recientemente se ha duplicado al 30-35%. Es decir, los gigantes se están volviendo más rentables, mientras que las pequeñas se vuelven precarias. Podríamos pensar: “Es algo normal: Amazon, Netflix y Microsoft fueron una vez pequeñas empresas también, pero alcanzaron el estrellato. Muchas de las empresas actualmente pequeñas seguramente se comportarán de manera similar”. Pues no.

El problema radica en que a las pequeñas empresas les resulta más difícil "escapar" de su clase. Mientras que, hasta el año 2000, entre el 15% y el 20% de las pequeñas empresas se convirtieron en empresas medianas o incluso grandes cada año, este porcentaje se redujo a la mitad en 2017. El proceso de crecimiento para capturar posiciones parece cada vez más difícil. Y, al mismo tiempo, parece menos probable que las grandes empresas cedan sus condiciones dominantes.

@asanchisull

21 de mayo 2021

https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/50-empresas-representan-28-eco...

 4 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

En la jornada de trabajo dedicada al Sistema Nacional de Ingreso Universitario “Bicentenario 2021″, en medio de su habitual desmesura épica Nicolás Maduro hizo un llamado, “ …al movimiento estudiantil revolucionario para consolidar la orientación de las nuevas carreras y el nuevo contenido de la educación universitaria, conectadas con el desarrollo venezolano y mundial …”, e hizo énfasis en que “…hay que ponerse en la vanguardia del mundo en educación universitaria”, esto último expresado sin siquiera parpadear. De paso, a propósito de las denominadas nuevas carreras, recuérdese que las mismas fueron anunciadas hace unos meses, excluyendo a las ciencias sociales y humanas, quien sabe si es porque se consideran inútiles o se perciben peligrosas.

Estas declaraciones referidas a la educación universitaria pública, más bien “oficial”, hay sumarlas al conjunto de medidas que durante años se han tomado en contra de las universidades autónomas, dando como resultado instituciones que hoy en día funcionan a un cuarto de máquina, siendo optimistas. Nada distinto, desde luego, a lo que viene sucediendo en todos los niveles de nuestro sistema educativo, cuya última novedad es que las escuelas deber “convertirse en centros de formación ideológica”, dejándonos en la duda acerca de si es en función del Socialismo Siglo XXI o del Capitalismo de Bodegones.

¿Habrá necesidad de decir, entonces, que el enfoque desde el que se trata de perfilar la educación venezolana apunta hacia un horizonte por donde es obvio que no sale el sol y que el mismo resulta obviamente inadecuado en estos tiempos rotulados por cambios tecnológicos globales, acelerados y profundos, que influyen en todos los espacios sociales, planteando un abanico complicado de preguntas que interpelan a todas las disciplinas científicas?

Tomar otra ruta

El contexto anterior obliga a repensar las universidades públicas autónomas, según otros propósitos y otra institucionalidad. Al respecto, los que han reflexionado sobre el tema tocan diversos aspectos, entre los que cabe mencionar la necesidad de revisar la autonomía universitaria haciéndola girar en torno a la defensa de la libertad académica y, por supuesto, a su participación social, manteniendo su independencia y su espíritu crítico.

Se refieren, igualmente, a la necesidad de examinar su papel dentro del nuevo ecosistema universitario, conformado asimismo por universidades privadas, empresariales y corporativas, colegios universitarios, universidades tecnológicas, institutos tecnológicos, universidades especializadas, etcétera, y de establecer mecanismos dirigidos a la integración en redes académicas de cooperación, tanto a nivel nacional como internacional, conciliando la mirada global con la local.

Por otro lado, se resalta la importancia de modificar los procesos de transmisión del conocimiento, trasladando el énfasis de la enseñanza hacia el aprendizaje y subrayando el rol del estudiante, además de reemplazar los currículos rígidos por programas elásticos capaces de abarcar los intereses de los alumnos.

Diversos autores plantean, además, el objetivo de fortalecer la educación virtual, regulándola y armonizándola con la educación presencial y la tarea de revisar la estructura académica universitaria haciéndola más dúctil, reemplazando la tradicional división de las facultades, escuelas y departamentos, por esquemas organizativos que abran paso al abordaje de temas y problemas desde la perspectiva interdisciplinaria. Hablan de encarar, así mismo, el tema de la ciencia abierta, la consideración del conocimiento como bien público y, en general el de la propiedad intelectual, cuestión que se encuentra desde hace un buen tiempo en la mesa de debate y cuya relevancia ha crecido en virtud de la globalización de la pandemia, suscitada por el coronavirus. Y por citar un último punto, proponen mirar con atención la diversificación de las fuentes de financiamiento, evaluando sobre todo la influencia que pueden tener en perjuicio de la autonomía académica.

Las líneas precedentes son apenas el esbozo de un asunto ineludible, pero creo que asoman razones de peso para mostrar la importancia de iniciar, con premura, la tarea de resignificar la concepción y funcionamiento de la universidad, aunque el ambiente nacional no sea el más propicio para llevarla a cabo.

Refrescar el liderazgo

Nuestras universidades públicas se han dejado tomar por la inercia, lo digo con profundo sentido auto crítico, pues soy parte de su comunidad de profesores. Lucen demasiado apacibles frente a los obstáculos que les pone el gobierno. Con importantes excepciones encarnadas en algunos grupos, instancias y personas que siembran la esperanza, parecieran encontrarse en modo “a ver qué pasa”.

Como es sabido sus autoridades no han sido renovadas en ninguno de sus niveles, a pesar de que hace rato se les venció el período contemplado en las normas. Cierto que el gobierno se ha sacado de la manga cualquier pretexto para impedir las elecciones, pero también lo es que no se ha hecho valer la autonomía para realizarlas a fin de refrescar su liderazgo y, a partir de allí, crear las condiciones requeridas para reconstruir la universidad, pero sobre todo para irla imaginando de acuerdo a las señales que, incluyendo sus interrogantes, va destapando el siglo XXI.

Ciertamente nos encontramos frente a un camino largo y empedrado, pero que debemos transitar porque es necesario y, sobre todo, porque se trata de una responsabilidad con las nuevas generaciones

El Nacional, miércoles 26 de mayo de 2021

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Eddie A. Ramírez S.

Colaboradores son quienes se reúnen, física o virtualmente, para realizar un trabajo. Para que la obra culmine exitosamente tiene que existir tolerancia entre los colaboradores. Cada uno debe aportar para que la suma de los talentos sea superior al de las partes. Es un hábito positivo que debe ser incentivado en nuestro sistema educativo. Por el contrario, un colaboracionista es un individuo que busca un beneficio personal y por esto colabora con los invasores de un país o con un gobierno títere impuesto por el enemigo.

Colaboracionistas en la historia: En la historia de la humanidad abundan los casos individuales y de poblaciones enteras que han colaborado con invasores, sea por interés personal o por afinidad ideológica. En la antigüedad, cabe recordar al tristemente célebre Efialtes, quien se vendió al persa Jerjes I facilitándole evadir el paso de las Termópilas. Durante la segunda guerra mundial abundaron los colaboracionistas con el régimen nazi: Quisling en Noruega, León Degrelle en Bélgica, Petain, Laval y Papon en Francia, entre otros, todos ellos traidores a sus pueblos. El uso de la palabra colaboracionista se atribuye a Petain, quien desde Vichy declaró que había que colaborar con los nazis. Después de la guerra, Quisling y Laval fueron fusilados. Petain y Papon estuvieron presos y Degrelle logró la protección en España del dictador Francisco Franco.

Colaboracionistas en Venezuela: En Venezuela, alguien desenterró esta palabra y algunos se la endosan a quienes se dicen de oposición, pero que se sospecha, con razón o sin ella, que directa o indirectamente apoyan a Maduro. Acusar sin pruebas se ha convertido en el deporte principal en nuestras redes sociales. Se ha abusado de ese epíteto. Sin duda que hay colaboracionistas, pero a veces se comete la injusticia de aplicarlo indiscriminadamente. Algunos acusadores lo hacen por percibir que determinada persona apoya al régimen por debajo de cuerda y pretende cohabitar con el mismo. Otros lo hacen para desprestigiar a alguien y no falta quienes se creen dueños de la verdad y consideran que cualquiera que piense diferente le hace el juego al régimen. Cuando las acusaciones tienen base, contribuyen a delimitar los campos, lo cual es deseable. Cuando carecen de la misma solo causan confusión en los ciudadanos y eso beneficia al régimen.

¿Quiénes son los colaboracionistas? No por negociar o por llamar a votar en las regionales se puede tildar a alguien de colaboracionista. Sí lo son quienes se dicen de oposición y predican que Maduro es el presidente constitucional y que su mandato finaliza en el año 2024. Son colaboracionistas los que reconocen la Asamblea Nacional usurpadora electa en diciembre del 2020. Son colaboracionistas los que promovieron que el TSJ removiera las directivas de Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Copei y Bandera Roja. Son colaboracionistas los ciudadanos Bernabé Gutiérrez, José Brito, Luis Parra, Gregorio Noriega, Miguel Salazar, Pedro Veliz, Jesús Gabriel Peña, Adolfo Superlano y Negal Morales, entre otros. También Enrique Ochoa Antich, quien defiende constantemente al usurpador Maduro. Ricardo Sánchez, Claudio Fermín y Timoteo brincaron la talanquera. Felipe Mujica y Henry Falcón tienden hacia el régimen. Así mismo son colaboracionistas los funcionarios, civiles y militares, que han permitido que cubanos castristas, iraníes y guerrilleros colombianos se hayan apoderado de nuestro país.

¿Quiénes no son colaboracionistas? Enrique Capriles y Eduardo Fernández no son colaboracionistas, aunque no son colaboradores en el trabajo de sacar al usurpador. No coincidimos con la posición de ellos, pero es injusto descalificarlos porque predican que hay que votar en las regionales y por no formar equipo con la mayoría opositora. Tampoco lo son Enrique Márquez y Roberto Picón, por haber aceptado ser rectores del CNE, aunque han debido esperar para ver si es posible una negociación integral. Mucho menos son colaboracionistas María Corina y Antonio Ledezma, aunque no son colaboradores, ya que están en constante desacuerdo con la mayoría opositora. Son luchadores valientes que quieren, con razón o sin ella, diferenciarse del resto.

El colaboraciómetro: No existe un colaboraciómetro para medir si alguien es colaboracionista o no. Tampoco para medir en una escala el grado de colaboracionismo. No hay medias tintas. O se es colaboracionista o no se es. También hay que considerar que cuando cesen las pasiones quizá nos daremos cuenta de que las percepciones de hoy no serán las mismas del mañana. Con toda seguridad no están en la lista de colaboracionistas todos los que son, aunque pareciera que sí son todos los que están. Al respecto cabe traer a colación el caso de la Malinche, la indígena mexicana que se casó con Hernán Cortés. Hasta hace poco era unánimemente condenada por colaboracionista, pero hoy se tiende a matizar su actuación. Por otra parte, después de la guerra, Papon fue considerado un patriota, hasta que se demostró que fue un colaboracionista responsable del envió de cientos de franceses judíos a campos de concentración y a la muerte. Por cierto, Efialtes todavía espera el pago.

Como (había) en botica:

Carlos Jordá, presidente de CITGO, presentó el Informe del primer trimestre de este año. En cambio, la Pdvsa roja no presenta sus resultados desde hace cuatro años.

Se cumplen dieciocho años del Acuerdo entre el gobierno y la oposición, con la OEA y el PNUD como facilitadores y testigos, en el que el gobierno se comprometió, entre otros puntos, a respetar la Constitución y nombrar un CNE independiente. Seguimos esperando.

El incapaz Padrino López demoró 20 días en enterarse de que la guerrilla colombiana tenía secuestrados a ocho militares venezolanos, y permanece mudo ante el ajusticiamiento, real o ficticio, del líder guerrillero colombiano Santrich, supuestamente ocurrido el 17 de mayo.

Felicitaciones al joven arquitecto Alejandro Vegas por su exposición en Madrid titulada Barricadas.

Lamentamos los fallecimientos de Nanci Guardia, Arlenis Arrieta de Rojas, Celestino Prada, Eduardo Cano y Tomás Pérez, compañeros de la Pdvsa Meritocrática.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

25-05-21.

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Jesús Elorza G.

En la jornada dominical de fútbol el tema central de conversación entre los jugadores, árbitros, entrenadores y público en general estaba relacionado con la “Copa América 2021”.

- No logro entender, dijo un jugador, como a menos de un mes para el inicio del torneo Colombia fue descartada como subsede del evento continental.

- Tiene razón el muchacho, señaló un árbitro, la inauguración esta prevista para el 13 de junio. Además, el gobierno colombiano había solicitado diferir para noviembre la realización del evento, alegando razones sanitarias debido a la pandemia de Coronavirus. Pero, la Conmebol negó esa solicitud, alegando razones relacionadas al calendario internacional de competiciones y a la logística del torneo. “Resulta imposible trasladar la Copa América 2021 al mes de noviembre”, indicó en un comunicado.

- Uno de los padres, al oír esos argumentos, intervino para decir que los dirigentes de la Conmebol son unos caraduras. Tiene un doble discurso. Recordemos que el año pasado 2020, con una situación sanitaria menos comprometida que la actual, aceptó diferir el torneo para el próximo año. Mi impresión, es que la negativa obedece a la situación político social que actualmente se vive Colombia con manifestaciones y represión policial y no quieren arriesgar los “negocios” qué derivan del evento.

- Pienso que Argentina como subsede, debería asumir la organización y desarrollo de la copa, expuso uno de los entrenadores, y así no habría que posponer el calendario.

Pero, no habían terminado de escuchar al entrenador, cuando las redes sociales informaban que el gobierno argentino decretó un duro confinamiento en principio por nueve días para hacer frente a la segunda ola de coronavirus, lo cual obligó a suspender los torneos de fútbol de todas las categorías.

- Un médico que asistía a un equipo, intervino para explicar que los hechos que giran alrededor de esta problemática ponen en evidencia los riesgos de organizar un certamen de esta magnitud en momentos en que Sudamérica se ha convertido en uno de los epicentros de la pandemia, que además de consecuencias sanitarias profundizó las tensiones sociales que la atraviesan por el retardo en la llegada de las vacunas y el impacto negativo de las cuarentenas radicales en la economía.

- No nos ahoguemos en un vaso de agua, dijo un dirigente deportivo, pensemos en Chile. Tiene a su favor una situación sanitaria menos dramática que sus vecinos por una tasa de vacunación que está entre las más alta en el mundo (62% de su población de 19 millones ya tiene la primera dosis) y el gobierno chileno ve con buenos ojos albergar el evento.

- El árbitro interviene nuevamente y, señala que esa propuesta está fuera de lugar y no puede ser aplicada puesto que Chile forma parte del grupo “A”, conjuntamente con Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia y en consecuencia para integrarse al grupo “B” de Colombia habría que hacer un nuevo sorteo y calendario, y no hay tiempo de aquí al 13 de junio.

- En base a ese razonable y técnico argumento, Uruguay y Paraguay, este último sede de la Conmebol, también quedarían descartados.

- No dejen por fuera a los “pescadores en ríos revueltos” dijo uno de los entrenadores.

- Explícanos eso, fue la solicitud unánime del grupo.

- A eso iba, cuando me interrumpieron. Acaso se les olvidó, que días atrás, concretamente el 14 de mayo, el señor Laureano González declaró, según lo señala Hernán Rodríguez (locutor deportivo) “Venezuela se ofreció a organizar la Copa América, si las protestas sociales en Colombia complicaban su realización, en adición a la crisis del coronavirus.

Pero posteriormente, el señor González desmintió esa información señalando que “Los imprevistos, pues siempre son imprevistos, pero hoy Venezuela no es candidata a sustituir a nadie”, indicó al programa radial. “Venezuela está, como el resto de los países de Conmebol, respaldando a Colombia (…). No podemos especular. Nosotros lo que tenemos ahora es solidaridad con la Federación Colombiana de Fútbol”.

- A ese señor no le quedaba más camino que desmentir su inicial sugerencia. Puesto que de llegar a asignarse la sede de la Copa América a Venezuela, de inmediato se iban a revivir los escándalos de la Copa 2007 en la cual, producto de los evidentes actos de corrupción que allí se dieron, varios directivos de la Conmebol fueron detenidos por el FBI y enjuiciados en los tribunales de los Estados Unidos y para ese momento el señor González era Secretario General de la Federación Venezolana de Futbol.

También se dice, según el periodista Esteban Rojas, de Conexión Goleadora “que fuentes federativas apuntan al Instituto Nacional de Deportes (IND) como impulsora de la propuesta venezolana para la Copa América”.

- En ese peloteo FVF-IND se pone de manifiesto la pelea por el control de la federación en las próximas elecciones. El Ministerio del Deporte juntamente con el IND, buscan alcanzar la presidencia del organismo rector del fútbol y en el otro lado, el señor González busca perpetuarse en el poder apoyado por el Comité Olímpico Venezolano. Ambos, como buenos pescadores en ríos revueltos, buscan los beneficios que pudieran traerles el montaje de la Copa América 2021.

Finalmente, dijo un dirigente deportivo, la Conmebol anunció que en “los próximos días” tomará una decisión sobre la relocalización de los partidos que debían disputarse en Colombia. Pero el tiempo apremia y la pandemia no da tregua.

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