Pasar al contenido principal

Opinión

Humberto García Larralde

La propuesta de negociación de un Acuerdo de Salvación Nacional con el régimen de Maduro, lanzada por Juan Guaidó la semana pasada, parece haber vivificado la política de la oposición democrática. Por lo menos eso es lo que se desprende de la controversia que ha suscitado. Se propone lograr:

– La convocatoria pública de elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales, con condiciones electorales adecuadas y reconocimiento internacional.

– La entrada masiva de ayuda humanitaria y de vacunas contra el COVID-19.

– Garantías democráticas para todos los actores políticos, tanto del chavismo, como de la oposición, lo que incluiría la liberación de todos los presos políticos y la consideración de medidas de justicia transicional, en un marco de reconciliación política y de reinstitucionalización del país.

– Un compromiso internacional para la recuperación de Venezuela, que permita el levantamiento progresivo de sanciones, sujeto al cumplimiento del Acuerdo.

Esta propuesta, como insistió Guaidó al anunciarla, sólo será posible a través de un proceso simultáneo de presión y negociación, nacional e internacional.

Para voces radicales de oposición se trata de una ilusión, cuando no de una traición, ya que obvia la naturaleza del régimen: éste no llegará a acuerdo alguno que pudiera contribuir a su salida. Por tanto, se estarían sembrando falsas expectativas a la población y a la comunidad internacional, que siempre ha apostado por una salida negociada, haciéndole el juego a Maduro para que alargue su permanencia en el poder. En tales términos, las opciones se reducen a una intervención extranjera o un golpe militar.

Pero despachar el análisis con descalificativos fáciles, además de injusto, es contraproducente, ya que impide evaluar seriamente los alcances de lo que se propone. No puede sostenerse, a estas alturas, que Guaidó y quienes lo acompañen desconozcan la naturaleza fascista del régimen.

El proceso de desengaño de los venezolanos sobre sus verdaderas intenciones ha sido demasiado duro, prolongado, amargo y costoso en lo humano. Lo que mueve a Maduro y los suyos no tiene nada que ver con el bienestar de sus compatriotas y, no obstante su retórica “revolucionaria”, no los anima proyecto alguno, sea socialista o nacionalista, que permitiría arribar a soluciones consensuadas con la democracia. Su objetivo central es, por encima de todo, perpetuarse en el poder para continuar expoliando el país.

De ahí que no rectifican sus ruinosas políticas ni les preocupa restablecer el ordenamiento constitucional porque, junto a la instauración de un régimen de terror contra la oposición, son consustanciales con este fin. La consecuente miseria, hambre y muertes evitables, les rueda. Si levantaron algunos controles de precio, permitieron la dolarización transaccional y aprobaron una “ley antibloqueo” para vender activos públicos, fue porque no les quedaba de otra. Acusar a Guaidó de desconocer la naturaleza del régimen solo busca descalificar todo intento de negociación y a él como líder.

Pero, entonces, ¿a cuenta de qué una negociación con estos personeros puede tener futuro? La razón está en que el régimen tiene tanto o más interés que la oposición en explorar salidas, porque su prolongada actividad parasitaria ha minado sus propias bases de sustento.

El régimen de expoliación instaurado es cada vez menos viable y expuesto a pugnas internas de todo tipo, en competencia por lo que queda de botín. Y, un poder que descansa sobre alianzas forjadas con militares traidores, bandas criminales y estados-paria para depredar a la nación, corre peligro cuando merman tan drásticamente los recursos a compartir.

Adicionalmente, Maduro y sus cómplices están imputados por fiscales de Nueva York y Florida de narcotráfico, lavado de dinero y terrorismo y tienen encima una investigación de la Corte Penal Internacional (CPI), además de la condena de los organismos de defensa de los derechos humanos de la ONU y la OEA, como de reconocidas ONGs. A muchos se les han congelado las cuentas que poseen afuera de dineros mal habidos. Más allá, Alex Saab habrá de ser extraditado a EE.UU. y se anticipa que, para disminuir su condena, divulgue los intríngulis de sus ilícitos con Maduro.

De ahí el interés en negociar, con la esperanza de que, al tomar una que otra medida en la dirección esperada y ceder en algún requerimiento, les sean levantadas las sanciones y consigan el ansiado respiro para seguir con sus “negocios”.

En este orden encaja la anuencia de Maduro, ¡al fin!, de permitir, la entrada de ayuda humanitaria del Programa Mundial de Alimentos, así como de vacunas anti Covid (a pesar de su saboteo inicial, ¡porque Guaidó había contribuido en concertar el programa COVAX para el país!); el nombramiento, por parte de la AN chavista, de dos demócratas como rectores principales del CNE; la concesión de arresto domiciliario, en lugar de cárcel, a los directivos de CITGO; la confesión, por parte de la fiscalía, de que el concejal Fernando Albán fue asesinado y torturado, estando preso en el SEBIN, que el capitán Arévalo también sufrió torturas (que produjeron luego su muerte), y que la muerte del estudiante Pernalete fue homicidio, perpetrado por un Guardia Nacional.

¿Esto nos lleva a creer que, por fin, Maduro está retornando al redil constitucional y que reconoce que ha vulnerado derechos fundamentales de los venezolanos? ¡En absoluto! Pero se ve forzado a abrirse a un proceso de negociación. De ahí los gestos referidos.

Pero no todos los de su bando están contentos con ello. El ansiado alivio presupone sacrificar o marginar a algunos. La apropiación de las instalaciones de El Nacional por parte del asaltante de caminos que ha revelado ser Diosdado Cabello, tendría explicación desde esta perspectiva. A él no lo ningunea nadie y toma medidas para demostrarlo.

Medidas retrógradas contra las ONGs y la amenaza de avanzar hacia formas de “estado comunal”, pudieran ser expresiones en el mismo sentido. En ese tinglado de mafias que viven del régimen de expoliación implantado –y que constituyen su principal apoyo—se agudizan las contradicciones. La muerte y captura de soldados en Apure, por parte de una disidencia de las FARC, son la medida de los riesgos involucrados en pactar este tipo de apoyos. Habrán de presentarse nuevas manifestaciones de ello.

Más indicativo, aún, de la desesperación que parece embargar el régimen por aliviar su situación es la revelación de su oferta por vender PDVSA “por piezas”, sin pasar por licitaciones públicas ni regulaciones legislativas, y que les proveería un monto que sumaría 77 millardos de dólares[1]. Pero tal oferta tendrá muy poca viabilidad si el régimen no logra negociar el levantamiento de sanciones.

De ahí la potencialidad de la propuesta de Guaidó. Vincula necesariamente una negociación de esta naturaleza con un programa de compromisos a cumplir, que desembocarían en unas elecciones presidenciales y legislativas creíbles y aceptables.

Por supuesto, lo clave está en jugar cuadro cerrado con los países democráticos que apoyan el retorno de la democracia en Venezuela y de quienes depende el levantamiento de estas sanciones.

Obviamente, Maduro y los suyos no darán su brazo a torcer, por lo que la amenaza de reforzar las sanciones y de interferir los apoyos de Rusia, Cuba, Irán y China, podrá ser decisiva. La negativa de las mafias a ceder debe traducirse en un costo inadmisible para sí.

En el plano interno, presupone limar las diferencias entre sectores de la oposición democrática y forjar los consensos y la unidad de propósitos que permitan alimentar la confianza de la comunidad internacional en su seriedad y responsabilidad. Si el acuerdo de salvación nacional es respaldado por todos y cuenta con un sólido apoyo internacional, habrá de debilitar aún más a los fascistas.

Desde esta perspectiva, la discusión, ahora divisiva, sobre si participar o no en los comicios regionales y municipales convocados pasa, por los momentos, a un segundo plano. Se subordina a la conquista de condiciones apropiadas para la realización de elecciones, esbozada como primer punto del acuerdo propuesto.

¿Es realmente positiva la designación de Enrique Márquez y Roberto Picón al CNE? Tendrá que ponerse a prueba en los próximos meses.

[1] https://www.abc.es/internacional/abci-maduro-pone-venta-pdvsa-para-recup...

 6 min


Laureano Márquez

Ningún periódico como El Nacional ha calado tanto, con perdón de la cacofonía, en el alma nacional de Venezuela. Desde su fundación en 1943 por Henrique Otero Vizcarrondo, este diario se convirtió en emblema del periodismo libre, no solo por su prestigio en el quehacer noticioso e informativo, sino también por ser referencia cultural del periodismo venezolano bajo la conducción de una figura destacada de nuestras letras: Miguel Otero Silva. En las páginas de El Nacional encontraron espacio los mejores representantes del pensamiento y la literatura, tanto de Venezuela como del resto del mundo, y, muy especialmente, los intelectuales latinoamericanos, tantas veces perseguidos e impedidos de publicar en sus respectivos países a causa de las atroces dictaduras que en ellos se padecían. El Nacional era insignia del pensamiento progresista en aquellos lejanos tiempos en los cuales en este latía un auténtico espíritu renovador.

Para quien esto escribe, El Nacional ha formado parte de su vida de la temprana juventud. Crecí en Maracay, hijo de agricultores canarios inmigrantes, dedicados al mayoreo de víveres y frutas importadas. En mi casa, pues, la cultura no formaba parte de nuestra cotidianidad. Ello incluía la ausencia de la prensa diaria. En La calle Páez de Maracay, entre López Aveledo y 5 de Julio, donde transcurrió mi infancia y adolescencia, estábamos rodeados de establecimientos comerciales. Uno de ellos era la Mueblería La Rosa. Por circunstancias de la vida y ante la muerte de su padre, se vio obligado a estar al frente de ella Luis Blanco, entonces recién graduado en Sociología en la UCV. Siempre que pasaba por frente a su mueblería haciendo con mi carretilla los repartos del negocio de mi padre, Luis me detenía e iniciaba conversaciones de naturaleza cultural e intelectual, de temas que yo desconocía. Me preguntaba si había leído a tal o cual articulista, si había oído hablar de un tal Marxienyel. Me regaló un diccionario de filosofía que aún hoy me acompaña. En fin, con sus pláticas Luis iba haciéndome tomar consciencia de la dimensión de mi ignorancia. Creo que él necesitaba con urgencia un interlocutor y quizá vio en mí inquietudes y condiciones –que seguramente yo mismo no alcanzaba a ver– para serlo (es demasiado estimulante cuando alguien es capaz de ver en ti la potencia aristotélica que tú no has visto, que de eso se trata ser un buen maestro). Recuerdo que una vez me dijo muy serio:

–Chico, tú tienes que comprar y leer El Nacional todos los días. Si, sí, claro, es fundamental.

Me explicó la importancia de la lectura del periódico para mi vida intelectual y especialmente lo que significaba El Nacional. Fue entonces cuando comencé a comprarlo en el kiosco de periódicos ubicado frente a la bomba del cruce de la Páez con la Sucre. Especialmente los domingos. En mi casa la lectura del periódico era considerada como un acto de holgazanería de quien no tenia nada mejor que hacer. Entonces lo leía clandestinamente, escondido de la mirada escrutadora de mi papá que cuando me veía leyendo me decía:

–¡Ah! ¿no estás haciendo nada?, ya te voy a buscar trabajo.

Es curioso, porque una de las viejas fotos que de él guardo es justamente leyendo El Nacional. Bueno, para hacerles el “cuento colto”, como dicen los cubanos. Pasaron los años, siempre leyendo este maravilloso diario que, además, los domingos traía un extraordinario Papel Literario; una vez al año, ediciones aniversarias gigantescas; artículos de la gente que había que leer, para luego comentar al día siguiente al inicio de cada mañana que comenzaba con un «¿leíste el artículo de…?». Especialmente en nuestros tiempos universitarios, siempre atentos a las opiniones de la gente que alimentaba la nuestra.

Un día Claudio Nazoa y yo, recién comenzada nuestra indestructible amistad, fuimos a la vieja sede de El Nacional de Puente Nuevo a Puerto Escondido, porque nosotros queríamos escribir allí. Hablamos con Argenis Martínez, recuerdo. Él amable, receptivo, nos dijo que comenzáramos escribiendo cartas. Y así fue, luego comenzamos a escribir artículos de vez en cuando, luego vino la página de humor y el inolvidable Pablo Brassesco, el premio al mejor artículo de humor en 1983 y finalmente, la consagración de la primavera: junto al amado maestro Pedro León Zapata, Mara, Claudio y quien suscribe, alcanzamos la gloria de Bernini humorística: la publicación de una página en El Nacional, que llevaba por título «El librepensador». Y lo dejo ya hasta aquí porque me están entrando muchas ganas de llorar.

Solo decir que el atraco y secuestro –tan propio de los tiempos delictivos que se viven– de que ha sido víctima la sede de El Nacional, no puede dejarnos indiferentes. Forma parte de ese anhelo, tan propio del poder arbitrario a lo largo de nuestra historia, de silenciar la opinión disidente, el pensamiento libre, el espíritu crítico y en definitiva, la libertad. Esos principios que a veces suenan como ideas remotas y cuya importancia se valora de manera particular cuando han sido conculcados, como es el caso de la Venezuela de hoy.

Porque este oficio se lo debo a El Nacional, pero sobre todo porque soy venezolano, elevo, de la manera más contundente, mi protesta por esta nueva agresión a la libertad de la que hoy somos víctima todos los ciudadanos de Venezuela, incluidos los que odian a El Nacional, aunque ellos mismos, en su ignorancia, no alcancen a comprenderlo.

 4 min


Américo Martín

Es cada vez menos inocultable la incidencia de las drogas, trátese de carteles en México o de los bloques en Colombia, fenómeno expandido en este último país, en los dominios de la política y las armas, posiblemente más que en cualquier otro. Siendo la guerra, según Clausewitz, la continuación de la política por otros medios, se entiende perfectamente que la atormentada nación colombiana haya sido rociada de fuego y drogas durante tanto tiempo. ¡Demasiado temple el de nuestros hermanos vecinos para mantenerse en pie desde el asesinato de Gaitán en 1948!, que es cuando pueden datarse correctamente los años de la violencia. 73 años casi ininterrumpidos de sangre, destrucción y lava ardiente.

Esa inmerecida desolación ha sido hija de políticas infames y lo peor es que no se vislumbren próximas las salidas negociadas entre los factores involucrados y, por el contrario, los desenlaces trágicos tengan una aguda propensión a proyectarse hacia Venezuela, a través de la frágil línea fronteriza horadada por quienes quieran hacerlo.

La muerte del líder de las FARC Jesús Santrich, quien es percibido por gran parte de la opinión internacional como estrecho aliado de Nicolás Maduro, es un síntoma del muy mal estado de las relaciones entre nuestros países, que desde la Emancipación habían sabido guardar fraternales lazos.

Si se confirmara la apreciación internacional que relaciona a dos jefes faristas de la envergadura de Santrich e Iván Márquez con autoridades venezolanas, no puede menos que considerarse de extrema gravedad.

El paramilitarismo ha ido ocupando grandes extensiones de Colombia y una cuota muy elevada de la droga que financia actividades militares y acuerdos políticos de toda laya.

Afortunadamente, centros de investigación universitarios, agencias de organismos internacionales y la Corporación Nuevo Arco Iris no han descuidado el seguimiento y cuidadoso estudio del crecimiento de la para-política, con el objeto de llevarle el pulso tanto a la expansión militar como a los acuerdos políticos forjados.

Estos cuidadosos esfuerzos intelectuales no solo nos han dado una muestra de realidades que se han tildado de «escalofriantes», las AUC, ya de suyo, configuran un peligro muy serio. Castaño, su jefe original, aprendió el manejo de la industria y comercialización de la droga con Pablo Escobar, temible jefe del Cartel de Medellín. El caso es que estos personajes se desenvuelven como peces en el agua.

La Corporación Nuevo Arco Iris, con ayuda de la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo, realizó una investigación sobre las negociaciones entre gobierno y los paramilitares con el fin de precisar las conversaciones adelantadas en San José de Ralito

Todas estas indagaciones pusieron en conocimiento de los investigadores la enorme expansión experimentada por las AUC entre 1997 y 2003. Zonas muy grandes e importantes cayeron bajo su influencia sin gastar mayor pólvora, el Magdalena Grande, Cundinamarca, Bogotá, Valle, Catatumbo, Norte de Santander, Meta, Casanare.

En el mencionado periodo de seis años, fue impresionante también el desarrollo de otros frentes de las AUC, y de modo llamativo en costa caribe, el piedemonte llanero, el sur y occidente. Esas zonas pasaron a denominarse Bloque Norte, Catatumbo, Centauros, Vencedores de Arauca, Bloque Pacífico.

Es sumamente importante tener en cuenta que en este acelerado crecimiento del paramilitarismo, las FARC se encontraban sometidas a las complejas negociaciones de paz, desarme y desmovilización con el gobierno del presidente Uribe y su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos; todo lo cual sin duda les complicaba mucho sus iniciativas y movimientos, con el agravante adicional de las exitosas victorias militares alcanzadas por Uribe y Santos, que produjeron un curso radicalmente distinto a la estrategia militar del sucesor de Marulanda, Alfonso Cano, e impulsaron definitivamente las negociaciones de paz con las FARC.

Es bien conocido que en la búsqueda de los autores materiales de la muerte de Jesús Santrich se cruzan interpretaciones. Se piensa en cazarrecompensas en dólares y en pesos. Desde luego, nada puede descartarse, pero si algo es evidente en este embrollo, es el peso del narcotráfico y las muy profundas vinculaciones entre ese factor, los bloques paramilitares, incluidos los desprendimientos de frentes guerrilleros de izquierda tradicional, tales como las FARC y el ELN y fragmentos escindidos de grupos residuales en activo proceso de atomización. Desde hace ya un tiempo aprendieron a manejar la compra venta de parlamentarios, concejales, alcaldes, gobernadores, ministros, funcionarios judiciales, sin dejar de lado militares que puedan ser útiles. Sin embargo, aunque sea fácil fabular sobre corrupción, conjurar estas prácticas no debería ser especialmente difícil, cuando son muchos los venezolanos honrados decididos a denunciar y contribuir a cerrarle el paso a la infecta corrupción.

Twitter: @AmericoMartin

 3 min


Carlos Raúl Hernández

La dignidad del pensamiento, encarnada en Sócrates, Giordano Bruno, Voltaire, Solzhenitsin, Sajarov, Havel, consiste en buscar “la verdad” y jugársela por ella. Eso es lo que da moralidad y jerarquía a la práctica teórica. No podemos ser ellos, pero tampoco sus antípodas. Callar, halagar a los que dirigen, acomodarse a pifias suicidas, es su caricatura, o mera incompetencia. Igual salir radiante como Venus del mar entre espuma del semen de Zeus a analizar el error consumado cuando ya es inútil. Después del fracaso ruinoso, el jardín se llenó de girasoles parlantes que nos pasmaron con su brillo dialéctico, precisión expositiva, clarividencia, por desgracia bajo tierra cuando eran necesarios contra el disparate y no vale comprar lotería después del escrutinio. Médicos que solo saben hacer autopsias. La razón práctica se debe imponer sobre la confusión, la crisis y el debate feroz.
Cuando caminabas por alguna plaza y te fijabas bien, descubrías alguno haciéndose pasar por árbol de acacia, o por ardilla y si lo saludabas se ponía el índice sobre los labios (sssssssshhh no digas que me viste) Max Weber pensaba que la función del político es buscar el poder, la del estudioso buscar el conocimiento y no deben confundirse. Los griegos dividen el pensamiento en doxa (opinión común) y episteme (saber sistemático o científico) La doxa es un físico nuclear que habla sobre las vicisitudes en el Medio Oriente y la episteme es un físico nuclear que habla de física nuclear. Los abajo-firmantes o los curiosos pueden decir cualquier simpleza y se entiende, “hablan con el corazón” pero los “doctos” están obligados a argumentar su silencio o su error. Llamar “presidencia provisional” un parapeto era sobre todo ridículo. Dante tenía un círculo del infierno para los malos consejeros.
Falta una antología de canalladas y calumnias contra quienes plantearon transar e ir a elecciones desde el primer momento, entre 2016 y 2019, con la potencia de 80% de apoyo popular. “Fundamentalistas del voto”, “cese de la usurpación”, “ya estamos cerca”, “Maduro vete ya”, “calle, calle y más calle” (muertos, muertos y más muertos), “¿cuánto te pagan tarifado?”, “solo se negocia con Maduro dónde se asilará”, “colaboracionistas”, “intervención militar democrática”, “si o si”, “presidencia interina”. Prohibido olvidar a los asesores estratégicos residuales que embaucaron activistas, gente de buena fe y a la comunidad de países, con demencias quijotescas, “ilegitimidad”, invasión extranjera, explosión social, sanciones que derrocarían al gobierno, aunque lo que derrocaron fue la energía de combate y ahora “se negociará” entre escombros. Moraleja: no hay que hacerse los locos ni adular cuando pulula el desvarío sino cumplir la responsabilidad de la razón.
Gafedades asesinas. Un debate académico es inocuo, nace y muere en su cápsula. Pero en la política real los intelectuales pueden contribuir en grandes tragedias colectivas o en evitarlas. Dicen que viene una proposición novedosa: la “constituyente”, en mentís a que “después de la caída cualquiera ve la piedra” y a favor de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y ya lo hicimos muchas veces. La demencia abstencionista de 2005 entregó a la revolución todo el poder para hacer lo que le diera la gana, y se repiten los traspiés en 2017, 2018 y 2020, lo que liquida las fuerzas de cambio en su actual postración. Después del majestuoso triunfo en 2015 contra rayos y centellas, presiones, terror y trampas, era el momento de negociar. Venían las regionales y locales que prometían otro triunfo clamoroso y un horizonte interesante en presidenciales de 2018. Había que dar garantías institucionales al gobierno, posiciones de poder, convencerlo de que la vida seguiría su ritmo y no vendrían vendettas disfrazadas de “justicia”.
No tenía clase. Eso hizo la sensatez en muchos países para que el cambio no se auto desestabilizara con cacerías (solo veamos a Iván Duque). Decidieron no ir a elecciones, derrocar a Maduro en las calles y vino la hecatombe. No sé si a algún historiador del futuro le interesará una “narrativa” (hablemos snob) tan bufa como la de políticos y asesores que en 2018, frente a un gobierno con 80% de rechazo, deciden abstenerse. “No hay condiciones” dijeron, pero la razón subliminal era que a Henri Falcón no lo aprobaba el sanedrín por falta de pedigrí. Hoy los teóricos del silencio, antaño a favor de los despropósitos que mataron al movimiento social, se explayan en hermenéuticas, porque ya no hay peligro de que las víboras muerdan y tutilimundi es alacrán, negociador o colaboracionista. Ojalá la experiencia de ir a tratar de hinojos con el gobierno después de despilfarrar los grandes esfuerzos y sacrificios de nuestra sociedad, abra las cabezas de roca. Incurrieron en los mismos errores de 2005, trece años después y no estamos libres de repetición. Hoy Maduro luce la pechera cuajada de medallas por las palizas que dio a la gafocracia.

@CarlosRaulHer

 3 min


Jacquelyn Turner

Una enfermedad amenaza los cultivos de la variedad de plátano más consumida en buena parte del mundo. Y aunque la edición genética ofrece una solución que podría salvarlos, también contribuiría a perpetuar prácticas que crean un terreno fértil para plagas feroces.

El plátano tal y como lo conocemos está en problemas. Informes recientes sugieren que la enfermedad más mortífera para esta fruta se ha detectado en Perú y Venezuela, dos de los mayores exportadores de plátano del mundo. Tras las infecciones confirmadas en Colombia en 2019, parece que la enfermedad se está propagando por América Latina y las medidas de bioseguridad destinadas a contener el patógeno no han tenido éxito. Así como la pandemia de covid-19 tomó al mundo por sorpresa, la industria bananera está mal preparada para lo que apunta a ser una destrucción catastrófica de los plátanos comerciales. En gran medida, la esperanza está puesta en una variedad genéticamente modificada de plátano, desarrollada recientemente, que promete salvar a esta fruta de la extinción comercial. Pero puede que no sea tan sencillo.

La raza 4 tropical o R4T, cepa del hongo Fusarium oxysporum que causa la fusariosis, que conduce al marchitamiento de los árboles de plátano, se ha extendido por el mundo durante las últimas décadas. Para los expertos que se preocupan apasionadamente por los plátanos y las personas cuyo sustento depende de ellos, ver los reportes de la propagación de la enfermedad ha sido como ver, en agonizante cámara lenta, un tren lleno de plátanos que avanza rumbo a una colisión inevitable. Pese a que los expertos han hecho sonar la alarma durante años, los mínimos esfuerzos de bioseguridad internacional han permitido que la enfermedad salte de una parte a otra del mundo, empezando en Taiwán y luego esparciéndose por Asia y África. Por décadas, los criadores de plantas han intentado desarrollar un plátano que complazca a los consumidores y que sea inmune al R4T. Probaron con plátanos silvestres e intentaron cruzar especies silvestres no comestibles con variedades comestibles sin semillas, para tratar de transferir rasgos de inmunidad. Según la mayoría de las fuentes, estos métodos han fracasado en gran medida.

Ahora la enfermedad aterrizó en América Latina, el principal exportador de plátano para Europa y América del Norte. Como la enfermedad a menudo pasa hasta dos años sin ser detectada, es probable que R4T exista en América Latina más allá del Perú, Venezuela y Colombia, esperando a ser descubierta mientras se extiende.

A finales de febrero llegaron buenas noticias, cuando investigadores australianos anunciaron un nuevo plátano modificado genéticamente para ser resistente al R4T. El equipo logró insertar en un plátano comercial el gen que le da resistencia a una de las variedades de plátano silvestre, y ahora esperan aumentar la inmunidad del nuevo plátano utilizando la tecnología CRISPR. Pero, ¿cómo llegó la industria a pensar en los organismos modificados genéticamente como su última y única esperanza?

Para responder, tenemos que volver a una época bananera distinta. Casi todos los plátanos que se importan a Estados Unidos y Europa son plátanos de la variedad Cavendish, y ha sido así durante décadas. Pero el Cavendish no tiene el mismo pedigrí que otros plátanos: se magulla con facilidad, su rendimiento por planta es menor que el de otras variedades y requiere una gran cantidad de insumos agroquímicos para crecer. En las regiones donde se consumen distintas variedades de plátano, como la India, el sudeste asiático y América Central, la popularidad del Cavendish es baja, simplemente porque no sabe tan bien como un plátano puede saber. Sin embargo, el Cavendish ha dominado en un área importante: la inmunidad.

En los años 50, el caballo ganador de la industria bananera era una variedad conocida como Gros Michel. Este plátano de ensueño era resistente, tenía frutos grandes y un sabor sublime. Pero casi fue aniquilado en las plantaciones latinoamericanas por el predecesor de la R4T: la raza 1 tropical que, como la R4T, pudría las plantas desde el interior y se propagaba a través del suelo contaminado. Nada podía eliminar el patógeno del suelo una vez que infectaba un plantío, y las esporas permanecen allí hasta hoy. Entonces, el plátano Gros Michel fue reemplazado rápidamente por el Cavendish, inmune a la TR1. Por desgracia para la industria bananera, la R1T resultó ser solo el primer patógeno mortal en amenazar a los plátanos tal y como los conocemos. La R4T surgió en Taiwán en la década de 1990, y afectaría especialmente a la variedad Cavendish. (En el camino surgieron la R2T y la R3T, que son menos virulentas y no atacan a la familia de los plátanos). Como los plátanos Cavendish no tienen semillas (los plátanos silvestres están llenos de semillas, pero a muchos consumidores no les gustan) y son cultivados por vástagos, los ejemplares son casi genéticamente idénticos y aún más vulnerables a la propagación de enfermedades. Para muchos científicos, la solución parecía clara: si nadie podía encontrar un plátano que fuera resistente a R4T y se ajustara tanto a las expectativas de los consumidores como a una industria basada en márgenes de producción estrechísimos, tendrían que fabricar uno.

Es aquí donde entra CRISPR, la tecnología de edición genética. La cobertura inicial de la tecnología CRISPR se centró en lo que podría significar para los humanos, con muchas referencias a la película Gattaca de 1997. Sin embargo, nuestros alimentos también son un blanco de esta tecnología. Poder cortar un gen que hace que un cultivo sea susceptible a un patógeno es el material de las fantasías y, en casos muy recientes, de la realidad de gigantes agroindustriales como Monsanto y Syngenta.

Si bien la mayoría del maíz y la soya en los supermercados estadounidenses están modificados genéticamente, estos alimentos están actualmente prohibidos en la Unión Europea. (Queda por ver si el Reino Unido mantendrá estas reglas después del Brexit). El Cavendish genéticamente modificado que desarrollaron los investigadores australianos tendrá un camino más fácil hacia los mercados de Estados Unidos, donde se estima que alrededor del 75% de los alimentos en los supermercados tienen al menos un ingrediente modificado genéticamente.

Aunque hasta ahora la investigación respalda la ausencia de efectos adversos para la salud ocasionados por los alimentos genéticamente modificados, hay muchas críticas válidas sobre la producción y regulación de la tecnología. Y pese a lo mucho que estos alimentos pueden ayudar, no logran aún cambiar muchos de los sistemas que provocan las crisis que luego son llamados a resolver. La producción de alimentos modificados genéticamente es costosa en la actualidad y, por lo tanto, requiere el respaldo de grandes corporaciones, cuyas prioridades radican en los rendimientos y las ganancias, no en la biodiversidad o la salud de los trabajadores y el medio ambiente. Como muchos monocultivos, los plátanos dependen en gran medida de la aplicación frecuente de agroquímicos. Esta práctica ha tenido efectos catastróficos y duraderos en la vida de los trabajadores de las plantaciones y los ecosistemas circundantes, pero la producción de plátanos en condiciones de hacinamiento también los ha hecho vulnerables, lo que permite que las enfermedades se propaguen rápidamente, sin el obstáculo que representan los suelos saludables y la biodiversidad que sirven como póliza de seguro del medio ambiente. El nuevo plátano que los investigadores están desarrollando sería uno que ocupe el espacio del Cavendish en este sistema, sin perturbar ni cuestionar ninguno de estos otros elementos.

El gigante bananero Fresh Del Monte Produce se asoció con la universidad australiana que desarrolló el primer plátano transgénico resistente al R4T para financiar un proyecto de cinco años para perfeccionar y probar la nueva variedad fuera de los invernaderos de laboratorio. Y aunque Del Monte aún no ha realizado ningún anuncio, no sería inesperado que este nuevo plátano sea patentado (como ya han sido patentados los genes resistentes a R4T), lo que significaría que, a menos que otras corporaciones bananeras como Chiquita y Dole desarrollen sus propias variedades, estarían en una desventaja significativa. Y el plátano resistente al R4T podría quedar fuera del alcance de cientos de miles de pequeños productores, para quienes el fruto representa la piedra angular de la seguridad alimentaria.

Los plátanos no son, desde luego, nuestro único monocultivo. Muchos de los productos alimentarios básicos se cultivan a partir de un puñado de variedades. Y aunque la modificación genética nos promete otra herramienta para combatir los patógenos, vale la pena reflexionar sobre cuán reactivo es este proceso. Al igual que con la pandemia que se ha extendido por todo el mundo el año pasado, prevenir la propagación inicial de la enfermedad habría sido mucho menos costoso que tratar de mitigarla cuando ya se había propagado por varios países.

¿Al cuánto tiempo de plantar Cavendish 2 deberán los investigadores comenzar a desarrollar otro plátano modificado genéticamente para resistir la raza 5 tropical? ¿Y la 6? Esto, por no mencionar los desafíos que enfrentan los plátanos bajo el cambio climático. Las cosechas podrían caer a nivel mundial hasta en 50% para 2050, y no está claro qué tan resistente podría ser un plátano transgénico en ese escenario.

Hay formas de cultivar plátanos y otros cultivos que apoyan la biodiversidad y la salud del suelo. Un ejemplo son los sistemas agroforestales utilizados por muchos pueblos indígenas en América Latina. Estos sistemas dejan espacio entre las plantas y cultivan múltiples variedades de banano, para que sea mucho menos probable que la enfermedad se propague. Pero la tentación de una solución tecnológica brillante –y las ganancias a corto plazo– a menudo acalla las conversaciones sobre cómo esas medidas podrían integrarse en la producción bananera a gran escala, o cómo los productos llevarse a los consumidores en el extranjero.

A menudo, los alimentos genéticamente modificados se consideran necesarios para alimentar a un mundo en constante crecimiento, pero se discute menos cómo las formas en que cultivamos esos alimentos en realidad exacerban nuestros problemas. La agricultura industrial elimina la capa superficial del suelo y exige el uso de insumos tales como los fertilizantes químicos para reemplazar los nutrientes perdidos. Cultivar plantas genéticamente idénticas juntas permite que los patógenos se propaguen rápidamente, diezmando cultivos enteros.

Si los plátanos sirven como caso de estudio sobre el futuro de nuestros alimentos, deberíamos pensar detenidamente cómo presentamos el argumento a favor de los cultivos genéticamente modificados. Si la prioridad es dar rendimientos y soluciones a corto plazo contra los patógenos rebeldes, la modificación genética es un paso correcto en esa dirección. Pero si ponemos la mira en la salud ambiental a largo plazo, vale la pena reconsiderar cuáles esfuerzos nos llevarán allí. Una solución real requerirá una combinación de estrategias. Para los plátanos, es crucial examinar los métodos de bioseguridad y monocultivo que permiten que estas enfermedades se propaguen tan ferozmente. Sin cambios significativos, solo podemos esperar que la próxima variante nos tome por sorpresa.

Este artículo es publicado gracias a una colaboración de Letras Libres con Future Tense, un proyecto de Slate, New America, y Arizona State University.

21 de mayo 2021

Letras Libres

https://www.letraslibres.com/mexico/ciencia-y-tecnologia/platanos-en-pel...

 8 min


Víctor Galaz

Los líderes de Silicon Valley nos dicen que la Cuarta Revolución Industrial traerá beneficios incalculables. Dicen que esta revolución ya está en marcha y que se está acelerando, impulsada por la inteligencia artificial (IA) y otras tecnologías, y advierten que nos quedaremos tragando el polvo que dejen los que tomen la delantera si no nos ponemos al día.

Esta conmoción – que también refleja el impacto de la robótica, la biotecnología y nanotecnología, el 5G y el Internet de las Cosas (IoT) – es una revolución con propósitos generales. Sus líderes y sus impulsores prometen que ayudará a las sociedades a hacer frente al cambio climático, abordar la pobreza y la desigualdad, y frenar la dramática pérdida de la biodiversidad.

Puede que la revolución se desarrolle así. O, puede que no.

Considere la revolución digital más reciente, que nos trajo Google, Facebook y Twitter, y cambió la forma en que fluye la información en todo el mundo. Al principio, la capacidad de conectarse a otros en línea, y de crear y compartir contenido digital sin problemas a través de redes sociales virtuales en constante crecimiento, parecía ser una capacidad claramente beneficiosa.

Pero hoy en día, la avalancha mundial de desinformación posibilitada por estas plataformas está dificultando la gestión de la pandemia COVID-19 y la lucha contra el cambio climático. Pocos se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo hasta que fue demasiado tarde, y ahora estamos lidiando con las consecuencias.

Por lo tanto, ¿cómo pueden las sociedades minimizar el riesgo de un uso involuntario, ignorante o deliberadamente malintencionado de la próxima generación de tecnologías?

Mi trabajo se centra cada vez más en la colisión de dos mundos. El primero de estos mundos es la tecnosfera que comprende el material que los seres humanos han creado, mismo que equivale a unos 30 millones de millones de toneladas, es decir, 50 kilogramos por metro cuadrado de la superficie de la Tierra. El segundo es la biosfera que es la fina capa que se adhiere a la superficie de la Tierra, donde prospera la vida y donde los seres humanos han disfrutado de un período de 10.000 años de clima relativamente estable.

Primero me interesé por la relación entre estos mundos mientras exploraba el crecimiento de sistemas de alerta temprana mundiales semiautomatizados para el control de enfermedades. Esto me hizo apreciar cuán profundamente la tecnología altera el comportamiento humano, organizacional y de las máquinas. A veces esa influencia es lineal, simple y directa. Pero la mayoría de las veces los efectos del cambio tecnológico son indirectos; se mueven a través de complejas redes de causalidad y se hacen visibles para todos nosotros sólo después de mucho tiempo. Las redes sociales son un buen ejemplo de ello.

La tecnosfera está a nuestro alrededor. Está en camino de convertirse en la llamada “infraestructura cognitiva”, con la capacidad de procesar información, razonar, recordar, aprender, resolver problemas, y, a veces, incluso tomar decisiones con una mínima intervención humana a través de una mayor automatización y aprendizaje automático.

En términos evolutivos, esto puede resultar ser un salto gigantesco. Pero las decisiones sobre el diseño y la dirección de la tecnosfera deben reflejar los objetivos sociales y la situación del planeta. La construcción de un futuro más sostenible, por lo tanto, nos obliga a repensar algunos supuestos profundamente arraigados sobre el papel que desempeñan la tecnología en general, y la inteligencia artificial en particular.

El mayor imperativo puede ser ampliar la narrativa dominante de “Inteligencia artificial para el cambio climático”. En su forma más simple, esta narrativa se centra en el uso de la IA para predecir el clima, o para optimizar los sistemas de energía o los flujos de tráfico. Pero el sistema climático está fundamentalmente conectado con la biosfera, con su biodiversidad, bosques, océanos y ecosistemas agrícolas. Desarrollar y desplegar la IA responsablemente para hacer frente a los urgentes desafíos de la sostenibilidad requiere aceptar esta conexión con el planeta vivo, y nuestro papel en él.

Además, enmarcar las contribuciones de la IA en términos de optimización y eficiencia es la manera equivocada de pensar en reforzar la resiliencia a largo plazo de las personas y el planeta. La resiliencia, que se define como la capacidad de recuperarse de los golpes y adaptarse a las condiciones cambiantes, requiere de diversidad y redundancia. Una ciudad con una enorme autopista que cruza su centro es vulnerable al embotellamiento si se ve golpeada por una inundación repentina o un ataque terrorista. Una ciudad que tiene muchas rutas que van de un lugar a otro tiene mayor capacidad de resiliencia.

Los sistemas que están optimizados para maximizar la producción (digamos, de un cultivo en particular) son propensos a sufrir crisis y circunstancias cambiantes. Optimizar las tierras agrícolas para obtener los máximos rendimientos mediante los análisis predictivos y la automatización es una estrategia tentadora, pero podría acelerar la pérdida de conocimientos ecológicos locales, amplificar las desigualdades existentes y aumentar la dependencia del monocultivo en respuesta a las presiones comerciales.

El potencial de la IA para ayudar a abordar el desafío climático no radica en optimizar los sistemas, sino en aumentar las capacidades de las personas para convertirse en administradores de la biosfera. Hoy en día se necesita urgentemente una visión más amplia. Pero hay dos grandes riesgos en el esfuerzo por dirigir máquinas inteligentes para fomentar la administración de la biosfera.

El primer riesgo es la exageración. A medida que aumentan las presiones sobre nuestro planeta y el sistema climático, también aumentará la esperanza de que las soluciones de IA puedan ayudar a “resolver” desafíos sociales, económicos y ambientales profundamente complejos. Nuestro conocimiento sobre si la IA realmente ofrece grandes beneficios climáticos (y a quién los ofrece) es limitado, y las evaluaciones existentes a menudo son tremendamente optimistas, dado lo que sabemos sobre la evolución tecnológica. Todas las afirmaciones deben probarse de forma rigurosa e independiente a medida que las tecnologías de IA evolucionan y se difunden con el pasar del tiempo.

El segundo riesgo es la aceleración. El despliegue de sistemas de IA y tecnologías relacionadas como IoT, 5G y robótica bien puede conducir a una pérdida más rápida de la resiliencia de la biosfera y a una mayor extracción de combustibles fósiles y de las materias primas que sustentan estas tecnologías. Por ejemplo, las empresas de petróleo y gas incrementan cada vez más su búsqueda de formas de reducir costos a través de la digitalización. Según una estimación, el mercado de servicios digitales en el sector de los combustibles fósiles podría crecer un 500% en los próximos cinco años, ahorrando a los productores de petróleo unos 150 mil millones de dólares anuales.

La digitalización, la automatización y la inteligencia artificial tienen un potencial sin explotar tanto para fortalecer la sostenibilidad como para optimizar la explotación. Para acoplar la Cuarta Revolución Industrial con la sustentabilidad, necesitamos empezar, ahora, a dirigir sus tecnologías en una mejor y más sólida forma.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

Victor Galaz is Deputy Director of the Stockholm Resilience Centre at Stockholm University, Program Director at the Beijer Institute of Ecological Economics at the Royal Swedish Academy of Sciences, and author of the forthcoming book Dark Machines (Routledge, 2022).

3 de mayo 2021

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/directing-artificial-intell...

 5 min


Ismael Pérez Vigil

Nadie se engañe con el título, aunque es en singular, en el país están en curso varias negociaciones, así, en plural, no es una sola, pero se pueden discutir bajo un mismo paraguas; e igualmente en torno al tema se desarrolla en la oposición una tensa polarización, valga decir discusión y diatriba, sobre su significado y sus protagonistas.

Nada de raro tiene que sean varias “negociaciones”, pues desde que el régimen parece haber tomado de nuevo las riendas de la iniciativa en la discusión política, como bien dice el periodista P.P. Peñaloza: “Valiéndose de la dispersión, el chavismo instala tantas mesas como factores de la oposición existen” (Tuit del 16/05/2021). No voy a repetir lo que se dice, en torno al tema en cada variante, solo me referiré a un par de aspectos de la discusión, que me llaman la atención.

Por ejemplo, sería interesante conocer cómo se responden a sí mismas las vestales de la anti negociación, algunas de las interesantes preguntas que ellas formulan para oponerse a la misma: ¿para qué?, ¿con quién?, ¿qué negocian? ¡Negociar, horror!, además ¿sin un plan? ¿Cuál es el plan?

Les confieso que yo no lo sé; no sé si hay o no un “plan”, espero que sí; pero, algo que siempre me ha intrigado es: ¿Cómo saben las vestales que niegan la negociación que no hay un plan? Podría aceptar que en el pasado hubo serias dudas acerca de la existencia de ese plan, o al menos que haya habido una “planificación” de la negociación −que no es exactamente igual−; pero, si fuera así, ¿Eso, de que no hay plan, es ya algo inmanente?, sí alguna vez no lo hubo, ¿significa que ya no lo habrá jamás?, ¿es algo así como una maldición?, ¿no cabe la posibilidad de que esta vez sí haya un plan, aunque antes no lo hubiera y que, obviamente, no se puede estar divulgando?

Descartando a los “alacranes” −de los que siempre diré que no son oposición y que, en todo caso, ya “negociaron” en el peor sentido del término− me extraña la satanización actual que se hace de la “negociación”, porque las tres fuerzas principales de la oposición democrática, hablan de ella y la proponen. Con cierta reticencia aun y temor a la palabra, con diferentes aproximaciones, objetivos, estrategias −o más bien, tácticas−, pero negociación al fin.

En orden de “magnitud” −verificada en votos y encuestas− la oposición Guaidó/G10 se plantea acordar un plan para la “Salvación Nacional”, que incluya al Gobierno, naturalmente a la oposición y a la comunidad internacional; obviamente a esta última, pues el apoyo de esta negociación −y en realidad, de todas− descansa en la comunidad internacional y sus sanciones. La oposición que encabeza Henrique Capriles, aunque la consultó, excluye la participación directa de la comunidad internacional −al menos la que apoya a Guaidó− y se plantea un plan más modesto: acudir a las elecciones regionales con algunas condiciones y garantías, para ir recuperando espacios y organizando a la oposición. Para fracción que encabeza María Corina Machado no es el punto más importante, pero no la descartan y tiene un objetivo más preciso, solo está dispuesta a dialogar y negociar con base en la salida de Nicolas Maduro y toda su gente, por supuesto apelando a la presión que pueda ejercer la comunidad internacional, bajo alguna forma de intervención directa (?) y con ese sentido de desalojar del poder al régimen actual. De manera que, como vemos, las tres facciones mayoritarias, representativas de la oposición, hablan de “negociar” y todas ellas, de alguna forma, descansan en la presión que pueda ejercer la comunidad internacional; pero, ¿son todas ellas igual de “diabólicas y perversas”? Ese es un punto que no me queda claro cuando escucho o leo a determinados voceros o personajes influyentes de una u otra opción.

En cualquier caso, todas las vestales anti-negociación vienen con la misma cantaleta, ¿Dónde está el plan? Y sin esperar respuesta, añaden a continuación: “¡No hay un plan! Luego, el plan es cohabitar, proteger sus propios intereses y legitimar al régimen”. Eso sí, cuando se les pregunta cuál es el suyo, se molestan, no les gusta que se lo recuerden, se ofenden y alegan que este no es el momento ni el lugar para exponerlo… y de pronto, tienen razón, porque ningún plan para derrocar a una dictadura se publicita, ni se ha publicado en la prensa o en las redes sociales. Lo que no es lógico es criticar a los demás por no dar a conocer algo que ellos tampoco están dispuestos a revelar.

Por su parte los “futurólogos”, que siempre abundan, ya “descubrieron” y advierten que eso de negociar, en el fondo lo que busca es darle “impunidad a los narcotraficantes, violadores de DDHH, de la dictadura”. Y los más “radicales”, haciendo caso omiso de que algunos de sus líderes también hablan de negociación, siguen blandiendo su “yo se los dije” y critican las propuestas negociadoras, indiscriminadamente, porque son la evidente demostración de lo que ellos siempre han dicho, que lo que quieren, Guaidó, el G10, y los otros “farsantes” opositores, es “continuar cohabitando con la dictadura”; y así sigue la polémica en los meandros de Internet, para evidente regocijo del régimen, que cada poco la aviva y estimula, desconociendo a unos, insultando a otros, aupando a terceros o rechazándolos a todos.

Nadie parece preguntarse ¿Por qué un régimen con tanto poder, que controla todas las instituciones, todas las policías y las fuerzas −legitimas e ilegitimas− del estado, especialmente las FFAA (en realidad, su único sostén), cede dos rectores principales en el CNE y accede a sentarse a negociar?; aun cuando dudemos de su buena fe, lo menos sería pensar que “algo” debe de estar pasando.

Pero todos sabemos que una negociación es algo abstracto, por lo lejano, porque puede darse o no, porque puede desarrollarse o fracasar de maneras insospechadas, porque muchos acontecimientos cotidianos la pueden influenciar; así que, apartémonos por un momento del tema de la negociación y ocupémonos de algo que si es concreto y que tenemos al doblar la esquina: las elecciones regionales. En este sentido, el tema de la anti-negociación no viene solo, viene lastimosamente adosado a otro igualmente “perverso”, la abstención; o, mejor dicho, la no participación electoral, porque algunos −los mismos mencionados más arriba− también se molestan si los llaman abstencionistas.

Ese es otro tema, la abstención, que implica otro conjunto de argumentaciones bastante peculiares y extensas, que no repetiré. Me referiré solamente a un aspecto que también me llama la atención. Es el caso de los que dicen que participar en los procesos electorales que se efectuaron contra las dictaduras −por ejemplo, la de Pérez Jiménez o la de Pinochet− estaba “justificado” y era “legítimo”; solamente participar en los procesos electorales de ahora, no está justificado ni es legítimo. Aquellos, al parecer, sí tenían el famoso “plan”; al menos hoy lo sabemos o suponemos −o así nos lo venden, la historia siempre la escriben los vencedores− pues esas dictaduras cayeron al poco tiempo; de lo que no estoy seguro es sí, en su momento, los que fueron a votar, y los que llamaron a hacerlo, sabían también que había un “plan” que daría ese resultado.

Pero ojo, lo anterior no es una crítica. En mi opinión, tan válido fue que se votara como parte de un “plan” para derrocar a esas dictaduras, o que se fuera a votar por mera “inercia” de la resistencia contra ellas durante tantos años, de tantos que ofrecieron sus vidas y su seguridad personal y que de pronto vieron un resquicio, una fisura, en regímenes que lucían imbatibles y se lanzaron a esa “aventura”, por algo tan efímero y abstracto como el deseo de vivir en democracia y libertad. Lo cierto, es que hoy, estando todos de acuerdo en que se debe abrir una vía para la negociación, lucimos más divididos que nunca y son cada vez más ásperos los argumentos y recriminaciones mutuas.

Dividir un conglomerado humano es muy fácil, lo difícil es volverlo a unir, lo que facilita la tarea de los que nos han privado de la libertad a todos y han destruido al país.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min