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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Ilegalización de partidos y sindicatos, persecución de activistas, censura de prensa, espionaje generalizado, odio, tortura, asesinato, cárcel y exilio a la disidencia, son factores constitutivos de esas desgracias llamadas “revoluciones”, que en los siglos XX y XXI crearon sistemas absolutistas, a diferencia del XVIII. Los derrocamientos de dictaduras que no pretendieron derivar a un “nuevo orden social”, como el 23 de enero de 1958, “la revolución de las fantasías” según Domingo Alberto Rangel, afortunadamente no fueron revoluciones. Por cierto, la mayoría de las dictaduras se derrumbaron electoralmente, pese a lo que dicen las cherch

Que revolucionarios de izquierda y de derecha busquen clausurar la política no es casualidad, ya que Hegel y Marx, los dos más grandes pensadores del “fin de la Historia” concibieron que eso tenía que ocurrir. Marx, un utopista brillante, escribió que, como en el comunismo los trabajadores serían dueños de la riqueza y la sociedad se autogobernaría, no eran necesarios política ni Estado, pues el gobierno sería una mera administración de actividades y cosas. Para Hegel los fines que habían impulsado la marcha de la Historia, los ideales ancestrales de justicia y libertad, se habían materializado en el Estado prusiano.

Por eso en el siglo XX los marxistas y nacionalsocialistas implantaron a sangre y fuego el fin de la política, es decir, del pluralismo y la lucha por el poder. Lenin y Trotsky fundaron una monstruosa dictadura totalitaria y el primero, moribundo, descubrió que su discípulo más destacado, Stalin, garantizaba un futuro peor de lo que ya habían creado. Hitler se propuso explícitamente “destruir la herencia de la revolución francesa” y naturalmente no se refería a los abominables crímenes políticos y humanos de Robespierre.

Repetir el Terror

Disparaba a la etapa liberal que comienza con la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 y termina en 1793 con el Terror de Maximiliano Robespierre, al que más bien Hitler reproduce. La habilidad de los luchadores democráticos exitosos contra dictaduras, fue actuar inteligentemente y con cuidado extremo para reconstruir paso a paso algunos pilares del Estado de Derecho que condujeran a procesos electorales, en los que sucumbieron más de 90% de los regímenes autoritarios. En Venezuela ha ocurrido exactamente el proceso inverso, que pasará a la historia de la candidez humana.

Las fuerzas democráticas han actuado sistemáticamente a lo largo de 20 años para perder por torpeza y demencia, las garantías liberales que la revolución estaba desesperada por eliminar. Así como argentinos, chilenos, peruanos, uruguayos, brasileros, salvadoreños, comenzaban con comisiones de Derechos Humanos, fundaban periódicos o introducían sutiles planteamientos democráticos en los existentes, luchaban por la libertad de los presos hasta llegar a pedir elecciones, y luego ganarlas, en Venezuela ha sido al revés.

Incursiones irracionales, suicidas, dirigidas por improvisados y antipolíticos, y políticos ambilados, fueron sacrificando uno a uno los recursos de la democracia: periódicos, televisoras, emisoras de radio, Poder Judicial, fuerza militar, Pdvsa, gobernaciones, alcaldías, partidos políticos, acuerdos en República Dominicana, hasta llegar al colmo de los colmos: la abstención en las elecciones presidenciales este año. En actos de locura, como el toro que embiste contra el burladero y se desnuca, despalillamos las reservas de fuerza democrática. Nunca se ha visto nada semejante.

Absolutismo por las buenas

La izquierda revolucionaria trabajó para destruir la política, los mecanismos mencionados en los que cristalizaba la fuerza democrática, y la derecha revolucionaria ha hecho exactamente lo mismo al promover el abandono de los espacios institucionales. Hoy ya no existe política reformista, de centro, sino un gobierno absolutista e ilimitado, sin que haya costado una guerra civil, ni fusilamientos ni golpes de Estado, sino el auxilio al gobierno de radicales y abstencionistas. Ante la ausencia de política, el único enemigo de la permanencia del status es su incapacidad para darle una orientación medianamente normal a la economía.

Luego de largos meses de errores, hoy la comunidad internacional parece comenzar a comprender cómo la despolitización del abstencionismo atornilló al gobierno y liquidó la esperanza. Frente a la obscuridad, la Unión Europea, en lenguaje políticamente correcto, declara un núcleo importante: la necesidad de conseguir interlocutores e iniciar negociaciones para buscar salidas antes que el orden de cosas termine de fraguarse. Captaron que no promover el regreso de la política es sentencia de que las nuevas estructuras se hagan impenetrables. Pero el radicalismo opositor, responsable directo, evidencia su incapacidad para medianamente entender la realidad.

Lo único que hacen es repetir la frase lamentable, decúbito dorsal de la inteligencia: negociar es criminal. No son capaces de articular una idea útil, concreta, ni una aproximación seria a la realidad. Consignas huecas, vanidades ridículas, ambiciones, descomedimiento, fantasmagoría, sustituyen el mínimo mobiliario que debe tener la cabeza de alguien que pretenda dirigir a otros. Si por algún golpe de dados llegaran al poder, la desgracia de los venezolanos se mantendría y profundizaría. El final de la política.

@CarlosRaulHer

 3 min


Se habla, se escribe, se especula y también se calcula en algunos círculos y grupos sobre una transición; más bien sobre La Transición, por supuesto se trata del proceso (¿en marcha?) de la salida acordada - ¿por quienes?, no se sabe - del régimen chavista.

Sólo, si poderes fácticos de mucha envergadura, léase presión irresistible de la FAN y/o de los poderes internacionales es posible que esté en marcha y de manera bastante discreta una negociación para facilitar “La Transición”.

De no estar sucediendo lo arriba anotado estamos en presencia de una especie de leyenda urbana o de un ejercicio teórico de escenarios o de una sustitución de la realidad por unos deseos y deseos no empreñan, como se sabe.

Al respecto es pertinente plantearse si el régimen tiene incentivos para negociar su salida del poder, si percibe que la situación se lo puede llevar por delante, si su vocación de poder y su voluntad de resistir (una de sus principales fortalezas) comienzan a resquebrajarse sin remedio ni remisión.

No pareciera ser éste el posicionamiento de la nomenclatura chaviana. Saben que su situación es harto complicada y difícil, que están sentados sobre un volcán, cabalgando un tigre, pero dispuestos a quedarse.

La Dictadura confía en superar sus limitaciones y debilidades, de hecho lo ha venido consiguiendo, por la concurrencia de varias circunstancias: el mundo opositor- aunque mayoritario- es débil, está disperso, sumido en una crisis de representatividad y liderazgo, con algunos partidos perseguidos y parcialmente desmantelados, porque la creciente contestación social no es todavía lo suficientemente fuerte, extendida y articulada para amenazar la gobernabilidad. Porque el rechazo y las acciones de la comunidad internacional democrática no son suficiente para poner en riesgo su permanencia en el poder y porque saben que en el corto plazo es improbable una intervención militar internacional.

En definitiva, como dicen algunos, el régimen disfruta de una “estabilidad precaria” (pero estabilidad en todo caso), que para revertirse requiere la modificación de algunas situaciones y las mismas necesitan tiempo para madurar.

Vista las cosas así, es forzoso concluir que la verdadera transición en progreso es hacia la conversión de Venezuela en una versión endógena de la Cuba castro- comunista. Proceso que ha avanzado mucho y que el oficialismo, en una nueva jugada política, pretende consolidar mediante la constitucionalización de la dictadura.

Lo ocurrido con Fernando Albán y Loren Saleh es monstruoso. Albán a todas luces asesinado por disentir y Saleh (injustamente privado de libertad) desterrado para tratar de mitigar el rechazo internacional al asesinato de Albán. Una prueba más de dos cosas: el chavismo está dispuesto a hacer cualquier cosa para conservar el poder y de la cubanización del país.

Caracas, 16 de octubre de 2018

 2 min


En la última semana de septiembre tuvo lugar uno de los acontecimientos más señalados en el calendario diplomático internacional: el debate anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como es habitual, este debate reunió a una amplia nómina de líderes mundiales, aunque en los tiempos que corren el término «líder mundial» tal vez no deba utilizarse con tanta ligereza. Sin ir más lejos, el presidente de la primera potencia global ha dejado bien claro que no alberga ninguna ambición de implicarse en la resolución de nuestros problemas comunes y, desgraciadamente, no es el único que exhibe este tipo de inclinaciones.

Para quienes confiamos en la cooperación internacional como herramienta de progreso por su capacidad de ejercer de necesario complemento de la globalización económica, el debate de la Asamblea General dibujó un panorama desalentador. Salta a la vista que el interés cortoplacista de ciertos dirigentes, a menudo revestido de «interés nacional», es uno de los factores que están sumiendo a las relaciones internacionales en su período más convulso desde la Guerra Fría. Pero el auge de los populismos nacionalistas no es tanto la causa, sino más bien la consecuencia, de las fracturas que llevan tiempo gestándose.

Como todo proceso económico, la globalización posee una dimensión distributiva y, por ende, está abocada a generar frustraciones en determinados sectores de la ciudadanía. El centro del espectro político occidental ha tendido a infravalorar los agravios ligados al aumento de la desigualdad intraestatal y ha puesto el foco sobre los beneficios agregados de la apertura comercial, que ha contribuido a reducir la pobreza de manera muy notable. Pese a que estos avances no deben despreciarse, es lógico que no todo el mundo encuentre consuelo diario en ellos.

Por el mercado global no solo circulan bienes, servicios y capital. También circulan ideas. Esto suscita que la globalización —del mismo modo que la democracia— sea vulnerable a sí misma, al poner a disposición de sus oponentes una serie de herramientas que pueden utilizar para sabotearla. Consciente de ello, la «internacional nacionalista» impulsada por Trump y por sus correligionarios se ha apropiado de un malestar que comenzaba a hacerse crónico y se ha lanzado en una cruzada para globalizar (paradójicamente) su particular versión del discurso antiglobalización.

Ante la Asamblea General de la ONU, que pasa por ser el oficioso Parlamento mundial, Trump afirmó sin tapujos que «rechazamos la ideología del globalismo y abrazamos la doctrina del patriotismo». En su discurso, Trump no escatimó elogios hacia otros Estados que siguen su ejemplo, como Polonia. Mucho deben cambiar las cosas a lo largo de este mes para que Brasil no se suba, de la mano del ultraderechista Jair Bolsonaro, a esta ola nacionalpopulista que amenaza con arrasar nuestras instituciones multilaterales.

Que Trump contraponga globalismo a patriotismo es significativo. En realidad, el segundo concepto no está reñido con el primero, y su uso por parte de Trump no busca otra cosa que blanquear las tendencias nacionalistas y nativistas de la actual Administración estadounidense. Esta clase de trampas retóricas pueden cogernos con la guardia baja, sobre todo cuando quien recurre a ellas es un dirigente que tiene la reputación de presentar sus ideas sin edulcorar. Pero es evidente que a la Administración Trump también le preocupa guardar las apariencias.

Las muestras de ello no escasean. En la ONU, Trump trató de aplicar a su política exterior una pátina de coherencia, asegurando que se enmarca en la filosofía del «realismo con principios» (principled realism). El realismo es una teoría de las relaciones internacionales que ensalza el papel central de los Estados, relegando el derecho y las instituciones internacionales a un plano muy secundario. En esta visión del mundo, principios como los derechos humanos no suelen encontrar fácil acomodo, aunque pueden ser utilizados como arma arrojadiza de forma selectiva e interesada. Esto es precisamente lo que hace Trump al criticar la represión del régimen iraní, mientras se abstiene de denunciar estas mismas prácticas cuando se dan en otros países. No obstante, ningún realista que se precie sobredimensionaría la amenaza iraní basándose en prejuicios, ni permitiría que un intercambio de agasajos con Corea del Norte terminase nublando su vista.

Asimismo, Trump proclamó en Nueva York que “América siempre elegirá independencia y cooperación sobre gobernanza global, control y dominación”. Teóricamente, la cooperación no es incompatible con el paradigma realista. Desde este prisma, sería concebible que Estados Unidos tratase de contrarrestar el auge de China reforzando sus alianzas en Asia-Pacífico; fundamentalmente, las que mantiene con Japón y con Corea del Sur. Sin embargo, la Administración estadounidense ha puesto en duda el paraguas de seguridad que proporciona a estos países, a los que ni siquiera ha eximido de su ofensiva comercial (aunque la reciente actualización del acuerdo bilateral con Seúl parece haber calmado las aguas). Este desconcertante comportamiento se ha hecho extensible a otros aliados tradicionales de Estados Unidos, como la Unión Europea, revelando que Trump es extraordinariamente reacio a cooperar. Además, cuando lo hace, no acostumbra a priorizar las alianzas que más se adecúan a los intereses estratégicos de su país.

En lo referente a China, y pese a la relación de amistad que dijo mantener Trump con el presidente Xi Jinping, la diplomacia estadounidense habla abiertamente de competencia. La «guerra comercial» que ambos países están protagonizando, así como algún roce que ya se ha producido en el Mar de la China Meridional, hace pensar que esta competencia puede desencadenar una espiral incontrolable de confrontación. No obstante, este escenario (que podría pronosticar la escuela realista) no tiene por qué materializarse, especialmente si apuntalamos esas estructuras de gobernanza multilateral que tanto pueden ayudarnos a gestionar toda variación en los equilibrios de poder. Es evidente que la ya reemergida China no siempre se adhiere a las normas internacionales, pero la respuesta eficaz consiste en reivindicarlas, no en arremeter contra ellas. Lamentablemente, esto último es lo que está haciendo Estados Unidos en infinidad de materias, como la comercial.

Durante su discurso en la Asamblea General, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, no incidió en la realpolitik que China a menudo promueve, sino que mencionó en nada menos que cinco ocasiones el concepto win-win. Si Trump —junto con el resto de la «internacional nacionalista»— se sigue alejando de esta noción de beneficios mutuos, es de esperar que consiga ralentizar el crecimiento chino, pero también el estadounidense. Además, renunciar a la cooperación multilateral conlleva resignarse a perder batallas como la del cambio climático, una actitud negligente que la Administración Trump ya ha adoptado con absoluto descaro. Vista esta alarmante dejación de funciones, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿de qué le sirve a un país ser la primera potencia mundial si, ante los grandes retos mundiales, su Gobierno elige condenarse a la impotencia?

Oct 20, 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/powerlessness-of-most-power...

 5 min


Analítica.com

Todavía es recurrente escuchar menciones a las mal llamadas IV y V repúblicas, cuando en realidad solo deberíamos hablar de Venezuela.

La construcción de nuestra nación ha sido una labor preñada de sinsabores, aunque por momentos tuvo sus instantes de luz y de esperanza. Hoy, la mayoría de la gente no entiende lo que está ocurriendo, es como si un tornado hubiera arrasado con todos los referentes con los que nos identificábamos como país.

Algunos piensan, lamentablemente, que no hay futuro, que vamos inexorablemente de mal a peor y que nuestro destino es el de la pobre Cuba. Pues no, justamente porque lo ocurrido en los últimos años ha sido la destrucción y desintegración de nuestra nación, es que podemos y debemos empezar a pensar que aquí no hay vuelta atrás, que esta pseudorealidad que nos vendieron es contra natura y por lo tanto tenemos que aunar esfuerzos para dar el gran paso hacia adelante, que no es otro que reconstruir a una Venezuela en la que merezcamos vivir.

A veces, desgraciadamente, los pueblos tienen que atravesar períodos trágicos y llenos de calamidades para entender que la indiferencia, la pasividad y la falta de verdadero amor a lo que significa su nación, los condujeron hasta el borde mismo del abismo. Así fueron los casos de la Alemania nazi, de la URSS de Stalin, de la China de Mao y tantos otros ejemplos que podríamos enumerar, pero las circunstancias llevaron a estas naciones a reaccionar dando un giro a su realidad.

Hoy, los venezolanos de buena voluntad, debemos darle un alto a este proceso sistemático y absurdo de destrucción y desmembración y emprender la vía unitaria de la gran reconstrucción nacional, con una visión moderna de futuro, deslastrándonos de todos los mitos que nos llevaron a donde estamos en este momento y tener confianza que con esfuerzo, trabajo dedicación y sobre todo con amor, haremos de Venezuela el gran país que todos soñamos.

Octubre 19, 2018

Analítica

https://www.analitica.com/opinion/no-hay-vuelta-atras-2/

 1 min


Para el día después, que será el primer día de un nuevo período democrático para Venezuela, se debe tener un plan de acción para recuperar los sectores productivos del país. Uno de ellos es la agricultura, donde hay que considerar muchos aspectos y en esta oportunidad comenzaremos con los sistemas de riego.

Sistemas de riego

En Venezuela, la mayor actividad agrícola corresponde a lo que se conoce como agricultura de secano, la cual es aquella que depende de los ciclos de lluvia para el crecimiento y desarrollo de los cultivos. Es por todos conocido lo errático que pueden ser estos ciclos, tanto por la cantidad de agua que cae durante cada temporada de lluvias, como por la distribución de las mismas. Cada especie cultivada y en muchos casos cada “cultivar” dentro de cada especie, tiene unos requerimientos totales de agua muy particulares para llegar a alcanzar los mejores rendimientos. Esos requerimientos, además, varían a lo largo del ciclo de vida de las plantas, presentando períodos en los cuales son altos e indispensables para un buen rendimiento, por lo que se conocen como períodos críticos de los requerimientos hídricos de cada cultivo.

Cuando esos períodos críticos no se cubren con suficiente agua, los rendimientos disminuyen muy significativamente. Éste es uno de los grandes riesgos de la agricultura de secano, ya que es frecuente que durante las temporadas de lluvia se presente un prolongado período seco que coincida con un período crítico en los requerimientos de agua del cultivo, consecuentemente, el rendimiento será muy bajo y las ganancias del agricultor se pueden tornar en pérdidas del negocio agrícola.

Con la agricultura bajo riego se evitan los riesgos de las irregularidades de los ciclos de lluvia, ya que se dispone de agua para aplicarla a los terrenos sembrados según sus requerimientos y asegurar, en lo que al agua se refiere, un suministro adecuado para poder aspirar a una buena cosecha. Además, al disponer de riego se puede hacer un uso más intensivo de los suelos ya que se pueden cultivar prácticamente durante todo el año. Durante la época seca se pueden establecer cultivos que requieren atmósferas con baja humedad relativa, se pueden sembrar cultivos de alto valor y elevados costos de producción como es el caso de las hortalizas, donde los riesgos de la agricultura de secano pudieran conducir a grandes pérdidas de dinero. También se pueden sembrar aquellos cultivos que como el arroz, tienen muy altos requerimientos hídricos.

La combinación de una bien planificada agricultura de secano con una extensa y bien manejada agricultura de riego, debe conducir con bastante certeza hacia una pronta y amplia seguridad alimentaria para la población y en ese caso, poder decir con propiedad que realmente somos una potencia agrícola y que somos hasta capaces de poder exportar algunos excedentes.

El Estado Venezolano a lo largo de diversos períodos durante el siglo XX, construyó importantes obras de riego y drenaje, algunas grandes obras que podían servir a miles de hectáreas y otras de menores dimensiones hasta llegar a lo que se denominó Pequeños Sistemas de Riego.

Entre las grandes obras destaca el Sistema de Riego Rio Guárico, con una larga presa a la entrada de la población de Calabozo, estado Guárico, que almacena las aguas del rio Guárico y sirve para regar extensas zonas aguas abajo donde el principal cultivo ha sido el arroz. Luego le sigue el Sistema de Riego Cojedes-Sarare en el estado Portuguesa, conocido popularmente como Las Majaguas, con varias presas en una zona de cerros elevados, que permite el almacenamiento de las aguas de los ríos Cojedes y Sarare, a los que debe su nombre, y donde los principales cultivos han sido la caña de azúcar y el arroz.

Además de esas grandes obras, se han construido otras de menor envergadura pero no por ello menos importantes en los estados Cojedes, Aragua, Zulia, Falcón, Yaracuy, Sucre, Trujillo, Portuguesa, Barinas y otros. Algunos de estos sistemas de riego no almacenan agua de los ríos si no que éstas son derivadas hacia las zonas de regadío por medio de canales y tuberías, por lo cual se llaman sistemas por derivación. Dos de los más importantes sistemas de estas características son el del rio Boconó, que sirve a terrenos aledaños a la población de Sabaneta en el estado Barinas y cuyo principal cultivo actual es la caña de azúcar, y el del rio Guanare que sirve a terrenos aledaños a la ciudad de Guanare y su principal cultivo es también la caña de azúcar.

Otra opción de la agricultura bajo riego que se implementó en el país, fue la de los Pequeños Sistemas de Riego, los cuales consistían en dotar de riego a algunos asentamientos campesinos de la reforma agraria que tuvieran las condiciones para ello. Sus resultados iniciales fueron excelentes, pero ha sido otra política abandonada por los entes gubernamentales.

Muchos de los sistemas de riego del país no operan a su total capacidad por problemas de infraestructura dañada, errores de diseño o porque la infraestructura quedó incompleta desde el momento de su construcción. Entonces, para los sistemas de riego es preciso hacer las reparaciones que fuesen necesarias y estudiar la posibilidad de construir nuevos desarrollos para la agricultura bajo riego. En este sentido, hacia finales del siglo pasado, por medio del Ministerio de Agricultura y Cría se comenzaron las evaluaciones del estado actual de la infraestructura de algunos sistemas de riego, con la meta de extender esto a todos los sistemas de riego del país, y con el objeto de reacondicionarlos, corregir todas las fallas de infraestructura que afectaran su operación y luego transferir legalmente su administración, operación y mantenimiento bajo la responsabilidad de los usuarios debidamente organizados.

Este concepto fue muy acertado y había la experiencia de su éxito en otros países, pero desafortunadamente no pasó de los estudios previos para definir las obras necesarias para el acondicionamiento de cada sistema, ya que ocurrió el cambio de gobierno de la democracia representativa que veníamos disfrutando desde 1958, al régimen de Socialismo del Siglo XXI que impera desde el año 1999, el cual abandonó estos proyectos. Éste es un camino que debe revisarse para poner operativos al 100% los sistemas de riego existentes, analizar nuevamente la opción de transferir la administración, operación y mantenimiento de estas obras a los usuarios, y estudiar las opciones que puedan existir para la construcción de nuevos sistemas de riego.

Otra acción que pudiera tomarse para mejorar y ampliar la agricultura de riego en el país es revisar y continuar con los proyectos de Pequeños Sistemas de Riego, hoy en día con la posibilidad de utilizar sistemas de riego localizado, que al ser más eficientes utilizan menos agua por unidad de superficie y se han estado popularizando en todo el territorio nacional.

La mayor superficie regada actualmente en Venezuela se debe a desarrollos de particulares, quienes han establecido sus propias obras de riego. En los últimos años buena parte de estos riegos desarrollados por particulares se han orientado hacia el uso del riego localizado, con la aplicación simultánea de la fertirrigación. Éstos son sistemas de producción muy intensiva y pueden ser diseñados para agricultura a cielo abierto o para agricultura en invernaderos. Con la fertirrigación se hace un mejor uso del agua y, en el caso de los fertilizantes, éstos se manejan con extremada prudencia permitiendo eliminar prácticamente la lixiviación de nutrientes, en especial de los nitratos, que tienden a contaminar los acuíferos.

Para los desarrollos de riego localizado con fertirrigación, es recomendable realizar sesiones de entrenamiento y cursos intensivos teóricos y prácticos, para ilustrar a los futuros usuarios en este novedoso y eficiente método para regar y fertilizar al mismo tiempo. Esto debe ser una estrategia a seguir en muchas actividades agrícolas que sean novedosas, para que los agricultores tengan altas probabilidades de éxito con estos sistemas de producción.

Octubre de 2018.

 6 min


Chencho Adames Aponte

Teníamos los sueños recientes y ancha la imaginación cuando, por primera vez, el cine, que es una de las más altas maneras del hechizo, nos cambió el mundo. Creo que para bien. Pasamos entonces de los juegos simples de la calle, como los del escondido, policía y ladrón y otros también muy inocentes, a otros de más rango en la escala de los asombros. Y aquellos se fueron enriqueciendo con aportes de películas del lejano Oeste, o del imperio romano, de aquellas que llamábamos de ``capa y espada``, y así, la cuadra se fue poblando de personajes y paisajes escapados de la pantalla grande, que se hospedaron en nuestro corazón.

Y el cine se nos ofrecía como una selva virgen, ignota, que había que explorar. Y esas suertes de safaris –ah, ¿recuerdan esas expediciones que hacíamos a lomo de elefante de fábula en las películas de Tarzán con la mona Chita?- las realizábamos los domingos, con un despertar de campanas que repicaban en lo más hondo de la muchachada. La función de vespertina nos esperaba con su cargamento de fantasías, algunas de las cuales tenían que ver con los suplementos de aventuras que intercambiábamos a la entrada del cine y con la compra de cotufa, maní, algodón de azúcar, helado y otras maravillas de la dulcería popular.

Entrar al cine –en los tiempos aquellos en que la televisión todavía no le había enflaquecido el magín a la chiquillada-, era penetrar en universos infinitos de alucinaciones y deslumbramientos. Era como traspasar la puerta en el muro: al otro lado había una especie de paraíso, de país de las maravillas, que nos ampliaba el embeleso y nos estimulaba la capacidad de invención.

Por eso, y por innúmeros aspectos más, el cine de pueblo era la posibilidad de soñar al por mayor, de tener una feria permanente de ilusiones, un lugar en el cual habitaban todos los dioses de la imaginación. Olimpo de butacas de madera, con balcón y galería. Quien lo haya vivido no podrá olvidar nunca el vocinglerío en la penumbra, antes de comenzar la película del domingo por la tarde, ni la música (desafinada) del preámbulo, tal como, por ejemplo, La Leyenda del Beso o La danza de las Libélulas. Ni ese grito colectivo al apagarse las luces y quedar todos, boquiabiertos, a la expectativa, mirando discurrir las imágenes sobre tiniebla apasionante. Nos convertíamos en viajeros de mundos nuevos, en expedicionarios de la fascinación.

Los cines de Villa de Cura marcaron con su impronta de magia a varias generaciones. Uno se creía ya un adulto (o un hombre, como se decía antes) al pasar de la vespertina a la función de la noche. Cualquier rayoncito en la pantalla era rechiflado, lo mismo que algún intempestivo corte. Cuando había besos –dulces besos que en el cine han sido- fílmicos, los chamos hacían ruidos con la boca, se rechupaban, onomatopeyas del ósculo, en fin. ``Se quedaron pegados``, gritaba alguno cuando Gina Lollobrígida le daba un beso de aquí a la eternidad a Burt Lancaster. Y si por algún desperfecto técnico, se suspendía momentáneamente la proyección, entonces se armaba un despelote en la sala, que podía terminar con la silletería en pedazos, o en una fratricida con metras, cotufas, o fragmentos de helado. Macuto con linterna en mano pasaba revista para dar con los agitadores mientras Rómulo Bermúdez solucionaba la interrupción. Había cierta luminosa candidez en todo aquello.

Eran cuantiosos los encantos. Los cines, con sus taquillas atendidas por señoras, eran una convocatoria a vivir en permanente estado de embrujo, de apertura a numerosas atracciones. Sin salir del contorno urbano, uno se podía embarcar en el Nautilus, o en las naves de Ulises; o de la mano de Raquel Welch viajar por el interior del cuerpo humano, en un crucero de fantasía. Y nos íbamos aprendiendo nombres imborrables. En la plaza Miranda y en las esquinas hablábamos –y de algún modo misterioso queríamos imitar a diversos actores- de John Wayne, YulBrinner, Víctor Mature, Tony Curtis, Gordon Scott, AudieMurphi, Kirk Douglas… y nos enamorábamos de Claudia Cardinale, Sofía Loren, Liz Taylor, ajá y de la inolvidable Marilyn Monroe, caramba que el cine también nos llenó de amores de celuloide el alma juvenil.

Si es que era toda una aventura el poder mirar las carteleras, con sus fotos luminosas, en las cuales los actores nos invitaban a imaginar otros universos. Era como presagiar las emociones. Un abrebocas de la fantasía. Además, el cine era un lugar de encuentro para intercambiar sueños y sentir que el mundo iba más allá de las esquinas y las aceras, y se extendía hasta un cielo lleno de estrellas cinematográficas.

Esos locales, generalmente de elevados techos, con una entrada de afiches, silletería de madera burda –en la galería a veces con bancos de iglesia-, con una pantalla tan ancha como la imaginación de la muchachería, enaltecía al pueblo, le daba un aire de importancia. Para uno era un orgullo vivir en un pueblo con cine incorporado. Con ese templo para oficiar profanos asombros.

Hoy, todos los cines muertos (Ayacucho, Central, Sucre o Pineda) –y lo peor, sin esperanza de resurrección- han dejado en el pueblo una herida, que aún no cicatriza. Y que sangra en la nostalgia de cada uno. Sin embargo, siguen siendo como una hermosa vieja canción, o tal vez como el primer amor, que uno nunca olvida.

Revista Expresión, diciembre 1996

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Con voz propia

Mientras el Partido Comunista de Venezuela reconocía su fracaso en lucha armada y declaraba paz democrática, Fidel Castro persistía en la incursión. Y el publicitado como Guerrillero Heroico Ernesto “Che” Guevara, que proponía crear muchos Vietnam en América Latina, no logrado su propósito de venir para acá, se fue a Bolivia, donde fue ejecutado el 9 de octubre 1967, hace 51 años.

Auspició 2 invasiones. La primera denominada Operación Simón Bolívar, arribó por playas de Morrocoy (Falcón) el 24 de julio 1966. La comandó el venezolano Luben Petkoff con participación de 14 cubanos de absoluta confianza de Fidel, entre ellos el General Arnaldo Ochoa, «Héroe de la República de Cuba», jefe de misión militar en Angola, Nicaragua y Etiopía. Para conmoción fue enviado al paredón, es decir fusilado, por tráfico de drogas.

El escándalo explotó por denuncia de EEUU. Y como suele ocurrir con los narcos, responsabilizan a la prensa, incluido Granma. Le acusaron de utilizar espacio aéreo, suelo y aguas cubanas para el narcotráfico y al Ministro del Interior de operaciones con Cartel de Medellín. Según el diario oficialista, “Ochoa y sus cómplices, conspiraron para transportar 6 toneladas de cocaína, a cambio $ 3,4 millones. Idea loca que Pablo Escobar mandara lanchas rápidas que las recogieran en el Sur de Cuba y la llevaran a EEUU”, afirmó Fidel.

"Creo que traición a la patria y la traición se paga con la vida" respondió el enjuiciado. ​

La otra incursión fue el 8 de mayo 1967, por Machurucuto (Miranda). La integraron 4 venezolanos: Américo Silva, Moisés Moleiro, Héctor Pérez Marcano y Eduardo Ortíz, del MIR y Castro puso a 3 “de nuestros mejores hombres”: Raúl Méndez Tomassevich, Ulises Rosales del Toro y Silvio García Planas.

En 1963, para sabotear elecciones presidenciales, Fidel envió toneladas de armas, que dejaron en playas de Paraguaná y cayeron en manos del Gobierno.

Antes que guerrillero, Guevara realizó viajes a nuestro país, lo cual detallamos en libro por publicar. Uno lo hizo como estudiante de medicina.

Uno de los Vietnam que sumisamente le entregó a Castro la Fuerza Armada que su época de dignidad venció a la guerrilla, tributa el régimen en 40 años de su muerte.

“El Che es el bolivariano más sobresaliente que tuvo este continente en el siglo XX. Junto con Fidel, fue iniciador de la revolución bolivariana y martiniana”- arengó el entonces vicepresidente ejecutivo, Jorge Rodríguez

Le erigieron monumento en su honor en Mérida, en donde dejó impresiones de uno de sus viajes. Diez días duró la obra que destruyeron ciudadanos, como también lo hicieron al erigido en Machurucuto a los otros invasores.

En dicho aniversario Hugo Chávez, creó el plan Misión Che Guevara, “para la Formación Ideológica y Política y la Transformación de la Economía Capitalista en un modelo de Economía Socialista”.

Para Jorge Castañeda autor de La vida en rojo: una biografía del Che Guevara “resulta irónico que finalmente el sueño del Che en Bolivia se realice a través de los petrodólares de Chávez, el desempleo de la economía isleña y los kaláshnikovs de Putin. Es prueba de ácido: donde lo celebran y recuerdan, prevalece una izquierda anacrónica, autoritaria, nacionalista y estatista...descansa en paz el señor de las camisetas, con un epitafio que le corresponde: simbolizar una época -el 68- y un movimiento -el de la juventud sesentera- a los que tanto debemos, y no un ideario político obsoleto, que tantos rechazamos”.

Ese Che jamás imaginaría que la Venezuela por la cual quería luchar, a través de revolución militar, conformaría con su patria adoptiva un solo país, tal proclamó Chávez en Matanza en noviembre 2005.

Al MARGEN. Nicolás Maduro no pierde oportunidad para despotricar contra el Gobierno del país al cual le asignan su nacionalidad. Ya denegó de su padre que lo concibió en matrimonio con una colombiana, al declarase hijo de Hugo Chávez.

jordanalberto18@yahoo.com.

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