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Opinión

Moises Naim

Los expertos en seguridad internacional suelen preparar listas de los lugares más peligrosos del mundo. Cachemira, por ejemplo, siempre aparece en esas clasificaciones. Es un territorio fronterizo que se disputan la India, Pakistán y China y que ha sido motivo de conflictos armados. La India y Pakistán cuentan con armas nucleares, lo que aumenta el peligro de un enfrentamiento armado de menor cuantía que va creciendo hasta convertirse en una grave amenaza a la paz mundial. Siria, otro de los lugares peligrosos, también ilustra cómo conflictos locales que arrecian terminan afectando a toda una región y más allá. Estos días, vemos cómo Turquía aprovecha las circunstancias internacionales para conquistar nuevos territorios, alterar fronteras y someter a los kurdos. La península Arábiga, el golfo Pérsico, los países del norte del Cáucaso o la península coreana son algunos de los lugares donde conflictos locales o binacionales tienen el potencial de internacionalizarse.

Pero esta lista de los lugares más peligrosos del mundo hay que actualizarla. Hoy, el epicentro desde el cual se irradian graves amenazas a la estabilidad mundial es… Washington. Y, más precisamente, la Casa Blanca.

El presidente que se nos presentó como un maestro en el arte de negociar y como un perpetuo ganador no ha hecho sino perder y dejar que los dictadores más infames de nuestro tiempo lo manipulen. Su nuevo amigo, el sangriento dictador de Corea del Norte, le hizo creer que estaba dispuesto a desmantelar su arsenal nuclear a cambio de que Washington le quitase las sanciones. Mientras tanto, el tirano coreano ha seguido probando sus bombas nucleares y los misiles de largo alcance que las llevan. El autocrático presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, persuadió a Trump de que retirara las tropas estadounidenses de Siria y que dejara que fuerzas turcas invadiesen el norte de ese país y “neutralizaran” a las milicias kurdas. No le importó a Trump el decisivo rol que jugaron los kurdos en la feroz lucha contra el Estado Islámico. La concesión que Trump le hizo a su amigo turco le está costando caro dentro y fuera de su país. De hecho, el haber permitido la aventura bélica de Erdogan logró lo que hasta ahora había sido imposible: que los republicanos en el Congreso votasen abrumadoramente junto con los diputados demócratas criticando una decisión del presidente.

También es evidente que el presidente Trump se siente más cómodo con su otro mejor amigo, Vladímir Putin, que con el Congreso de su país. La última evidencia de esto fue su decisión de vetar una resolución propuesta por la Unión Europea condenando a Turquía por su invasión a Siria. ¿Otro país que vetó la resolución? Rusia. Trump tampoco ha tenido mucho éxito en su guerra comercial contra China, con la decisión de retirar a EE UU del acuerdo nuclear con Irán, en su manejo de la crisis entre Arabia Saudí y sus vecinos, en las negociaciones con los talibanes, en sus relaciones con sus aliados europeos y por supuesto en el intento de poner la política internacional de EE UU al servicio de sus intereses personales, tanto electorales como comerciales. En general, la pérdida de poder e influencia de EE UU en el mundo producida por las actuaciones de Trump pasará a la historia como uno de los más devastadores autogoles geopolíticos. Pero, a pesar de lo grave que es la inestabilidad que Trump ha provocado en el mundo, el mayor peligro que hoy emana de la Casa Blanca no es internacional, es doméstico.

Cada vez con más audacia y agresividad el presidente está poniendo a prueba la Constitución y las normas de las cuales depende la democracia estadounidense. Trump ha retado al Congreso, negándole a los diputados su derecho constitucional a obtener documentos o a ordenar la comparecencia de funcionarios públicos o ciudadanos que tienen información relevante. Los grotescos ataques del presidente a los políticos de la oposición, contra personas que trabajaron con él y terminaron repudiándolo, contra los medios de comunicación y sus periodistas, son constantes y crecientes. Estos no son simples excesos verbales de un político histriónico, son peligrosas conductas antidemocráticas.

Las amenazas que enfrentan las democracias fueron señaladas por un joven político estadounidense en 1838. Abraham Lincoln, con 28 años de edad, explicó que, para contrarrestarlas, la democracia de su país debía cultivar una “religión política” que enfatizase la reverencia por las leyes y la dependencia en la “razón, la fría, desapasionada razón”. Es obvio que Donald Trump no siente mayor reverencia por las leyes o los hechos y que Estados Unidos va a depender de sus instituciones y de sus líderes para preservar su democracia. Es mucho lo que está en juego.

Una fuerte democracia estadounidense no solo beneficia a ese país sino también al resto del mundo. Es por eso que los intentos de minar la democracia que hoy vemos en Washington hacen de esa ciudad el lugar más peligroso del mundo.

20 de octubre 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/10/19/opinion/1571496513_365404.html

 4 min


Trino Márquez

La severa decisión del Tribunal Supremo español contra los dirigentes separatistas catalanes, ha venido a poner las cosas en su lugar, luego de décadas de desmanes, provocaciones y agravios de un grupo fanatizado contra la Nación y el Estado de España.

En esos excesos tiene mucha complicidad un amplio sector de la élite política que ha conducido el Estado central durante las últimas cuatro décadas. Este grupo, para deslindarse del régimen franquista y mostrarse amplio y democrático, les dio numerosas concesiones indebidas a los separatistas catalanes.

Luego de que el Caudillo por la Gracia de Dios acorralara a los rupturistas y les prohibiera hasta hablar catalán a través de los medios de comunicación, estos cobraron venganza contra la democracia que comienza a establecerse a partir de la muerte de Francisco Franco en 1975. Potenciaron la leyenda según la cual toda España, especialmente los madrileños, viven a expensas del trabajo y el esfuerzo sostenido de los martirizados catalanes, los únicos “fajados” de esa holgazana nación. España esquilma a Cataluña, era la acusación. Puro invento: estudios económicos serios demuestran que el empuje catalán se debe, en gran medida, al crecimiento sostenido del resto del país. Si España no se hubiese modernizado y transformado a lo largo de estas décadas para acoplarse a las demandas de la globalización, Cataluña no habría progresado al ritmo que lo ha hecho. La relación entre España y Cataluña ha sido de enriquecimiento mutuo.

La Constitución de 1978 les otorgó amplias competencias a los municipios, provincias y comunidades autónomas. Sin embargo, para los extremistas catalanes nunca ha sido suficiente. Su objetivo consiste en quebrar la unidad de la sociedad y el Estado español. Exigieron e impusieron condiciones que en cualquier otra nación, por democrática que sea, resultarían inaceptables. Cambiaron la historia que aprenden los niños y los jóvenes en los centros de enseñanza. Difundieron el mito según el cual en el pasado Cataluña formaba un territorio independiente de España. Mentira. Se sabe que Cataluña durante la Edad Media era un condado del Reino de Aragón, y que al este fusionarse con el de Castilla, con la unión entre Isabel y Fernando, se constituyó el núcleo inicial de lo que luego sería España, donde se creó, al decir de Pérez-Reverte, el primer Estado moderno de Europa. Por lo tanto, Cataluña siempre ha formado parte de España. Jamás ha sido independiente. No se le arrebató ninguna autonomía originaria.

En las universidades públicas se habla y escribe en catalán, una lengua que únicamente se utiliza en esa región. Esta obligación incluye a los estudiantes extranjeros en pregrado y postgrado. Los documentos en las notarías deben registrarse el catalán. Los desmanes promovidos por el extremismo son numerosos. En los días recientes esos excesos han estado acompañados por la furia de los grupos violentos. Los disturbios no han sido condenados por la Generalitat. A esos sectores no les importa perder referendos y ser minoría en las encuestas que miden las aspiraciones del pueblo catalán. La animosidad contra España es la fuerza que los anima.

En la coyuntura actual, al parecer, el grupo que aprovecha más la irracionalidad de los separatistas es Vox, ubicado claramente en el campo de la ultraderecha nacionalista prounidad de España. El fantasma de Franco ha reaparecido y Vox lo toma de la mano para deslindarse sin ambigüedades de las posturas rupturistas. El Psoe, el PP y Ciudadanos, las opciones de centro, aunque desmarcados del separatismo, deben acentuar el alejamiento y la condena. La ambivalencia no les conviene. El ejercicio de la democracia no puede colocar en riesgo la cohesión del Estado. Con la sedición no se puede ser complaciente. El primer deber de unos dirigentes consiste en garantizar la supervivencia de la Nación y del Estado que la soporta. La democracia no puede transformarse en burladero por quienes buscan quebrar la unidad nacional. El provincialismo de los separatistas tiene que ser enfrentado con las herramientas proporcionadas por el Estado de Derecho. La inmensa mayoría de los españoles, y desde luego de los catalanes, desea una nación compacta.

La decisión del Tribunal Supremo representa un claro mensaje a los grupos rupturistas activos en Galicia, el País Vasco y otras provincias y comunidades autónomas. Sobre ese dictamen debe cabalgar la dirigencia política democrática para blindar la unidad de España contra todas las modalidades del parroquialismo separatista.

El mundo necesita una Europa unida y democrática. Las amenazas contra la libertad son numerosas y poderosas. Europa debe ser un muro de contención contra esos peligros. Una España y una Europa fragmentadas en micro estados resulta demasiado peligroso frente a los Putin, Erdogán y compañía, que surgen a cada rato.

@trinomarquezc

https://www.analitica.com/opinion/cataluna-miseria-del-parroquialismo/

 3 min


Edgar Benarroch

Transición es la acción y efecto de pasar de un estado a otro distinto. Se entiende que el distinto es mejor o debe ser al sustituido En lo político se debe entender que es para lograr mejores condiciones en la lucha por el Bien Común. El concepto implica un cambio en un modo de ser y de comportarse. Por lo general y de acuerdo a las características de lo cambiado, la transición debe extenderse en el tiempo hasta donde sea necesario; hasta que por lo menos se esté en la ruta adecuada para superar los males sustituidos.

Me muestro partidario que a este régimen usurpador y nefasto lo suceda uno de transición que convoque a las mejores inteligencias y voluntades del país nacional para enfrentar con éxito el inmenso compromiso de iniciar la reconstrucción de la Patria. Lo que vamos a recibir será un país destrozado, una economía en bancarrota con nuestro signo monetario vuelto sal y agua, con inmensa deuda pública, con nuestros parques industriales transformados en cementerios de galpones vacíos. Vamos a recibir un país políticamente desinstitucionalizado y con órganos del Poder Público deslegitimados en su origen y desempeño. En lo social nos encontraremos con el inmenso reto de volver a ser la sociedad solidaria, amistosa, cariñosa, bondadosa y bullanguera que siempre hemos sido y que esta gente se ha empeñado en sustituirla por el odio, la retaliación, venganza y desunión provocando enfrentamientos de unos contra otros. En lo cultural tenemos que rescatar nuestros valores, costumbres y tradiciones que han pretendido sustituir con antivalores y desafueros que no nos son propios.

La solución a esta enfermedad supone la aplicación de remedios amargos que seguramente provocarán malestar. No será indolora la acción de acomodar la nación. Se hace necesario aplicar correctivos y ajustes que como debemos entender causarán molestias momentáneas. Por la recuperación de la Venezuela que queremos se hace necesario la corrección. Lo que debemos hacer es que el dolor no llegue hasta los más vulnerables y necesitados ya bastante afectados. Hay que tratar que el dolor sea soportado por quienes todavía están en condiciones de soportarlo con la esperanza de vivir más adelante tiempos mejores. Ello supone que con la implementación de los correctivos y ajustes se diseñen políticas sociales y económicas de asistencia a los sectores más débiles y desposeídos de la población. La Justicia Social nos exige que la carga de más peso sea llevada por quienes tienen fuerza para hacerlo y que se tenga conciencia que el sacrificio que se hace es para vivir mañana mejor y también por ejercicio de la caridad con quienes no tienen la fuerza necesaria. Si la política es para servir entonces la transición será un momento estupendo para servir a quienes más necesitan de nuestra asistencia, de nuestra acción y de nuestra fuerza.

La transición debe estar en las mejores manos, de gente bien equipada y si es posible probada, de gente con valores bien colocados y de indestructible voluntad de servicio, de gente formada que entienda que su colaboración con la Venezuela de hoy es su entrega a los más altos intereses de la Patria, que no estén haciendo cálculos para el futuro ni diciendo lo que la gente quiere oír para congraciarse con todos, que no esté cuidando su imagen ni pendiente de las encuestas en torno a su grado de aceptación, que diga lo que el deber y la convicción le impongan y se comporte como un ciudadano integral. Necesario es decir y hacer lo que se debe decir y hacer por muy amargo que sea.

Dios quiera tengamos la inteligencia de seleccionar al mejor y a los mejores para enfrentar este delicado pero apasionante desafío. Gente preparada, equipada, con valores y probada tenemos y estoy seguro no se negarán. La historia nos enseña que países en tan delicada crisis como la nuestra voltean la mirada hacia aquellos probados y auténticos que han arriesgado su vida por la democracia y la libertad sin cálculos de ninguna naturaleza.

La institucionalización del país creo la podemos lograr relativamente a corto plazo, la economía tardará dos o tres años para estar en la ruta que deseamos, lo social nos reclamará mayor tiempo y dedicación. No debemos esperar que el gobierno de transición nos entregue un país modelo, pero sí una nación en la vía correcta para su corrección total. Cuando ello se logre estaremos en condiciones de entregarle al nuevo Presidente una casa ordenada y en vía a su desarrollo integral deseado por todos.

Con las características de los gobiernos tradicionales que conocemos será muy lento y difícil acomodar el país. Nos encontramos en circunstancias profundamente críticas y dramáticas y requerirá de medidas especiales para organizarlo; por ello la Asamblea Nacional deberá otorgarle poderes excepcionales al gobierno de transición para en medio de ellos adoptar las correcciones necesarias. Por el bien de la Patria y de todos debemos prepararnos para la excepción.

 3 min


Isabel Pereira Pizani

Es imposible eludir la pregunta que formula el Pollo Carvajal desde España: ¿qué pasa por la mente de esos generales que saben lo que está sufriendo el país? ¿Dónde está el general que tiene un territorio que vigilar y ve a la gente pasando hambre, sin electricidad ni agua ni medicinas, que conoce que los hospitales y las escuelas se están cayendo? Esta incógnita sobre el grado de conciencia de los generales nos lleva irremisiblemente a preguntar ¿cuál es la responsabilidad de quienes los dirigen? ¿En cuál institución se formaron estas conciencias?, ¿percibirán el dolor de las familias venezolanas? Por qué esta criminal indiferencia de las Fuerzas Armadas frente a esta profunda crisis que destruye nuestro país, si sabemos, con orgullo, que nuestras Fuerzas Armadas se nutren de hombres y mujeres de extracción humilde que se incorporan a esta institución como un camino para ser mejores seres humanos.

No hay dudas, a pesar de las deserciones de algunos militares y el encarcelamiento de muchos, opuestos moralmente a la destrucción del país dirigida por Cabello, Maduro y Padrino López, con mucha pena tenemos que reconocer que hasta hoy las Fuerzas Armadas han desconocido la hecatombe provocada por este trío infernal. Padrino López se atreve –violando sus compromisos éticos como militar– a confesar su vergonzosa adhesión al castrocomunismo, rodilla en tierra frente a Fidel, ferviente admirador de Ortega, el dictador de Nicaragua, como muestran sus serviles palabras: “Me honra recibir este reconocimiento de manos del presidente Daniel Ortega, heredero de la Revolución Popular y Antiimperialista de Augusto César Sandino: Venezuela y Nicaragua están unidas por la causa inquebrantable del respeto a nuestras soberanías, la dignidad y la libertad”.

Me pregunto dónde se formó Vladimir Padrino, cómo logró convertirse en fiel defensor de las dictaduras comunistas en América Latina, qué significan las palabras, “soberanía, dignidad y libertad” si su tarea real ha sido aniquilar estos preceptos.

Su biografía sería un capítulo de la Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges. Ante los sucesos del 30 de abril escribe por los medios sociales un mensaje cargado de cinismo: “Rechazamos este movimiento golpista que pretende llenar de violencia al país. Los seudolíderes políticos que se han colocado al frente de este movimiento subversivo han empleado tropas y policías con armas de guerra en una vía pública de la ciudad para crear zozobra y terror”.

Algunos señalan que es innecesario profundizar en este personaje ya que sus posiciones son fruto de su conocida descomposición moral, “el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, a quien le gusta el dinero y solo le interesa estar bien en el poder. Su gracia es mantener a la Fuerza Armada corrompida al servicio de Maduro, quien a su vez está al servicio de Cuba”.

Padrino López sabe que el país sufre, no ignora el éxodo de más de 4 millones de venezolanos. Tolera las torturas a los disidentes políticos. Conoce cómo asesinaron a Fernando Albán, al capitán de corbeta Acosta Arévalo, supo del acribillamiento sin piedad de Óscar Pérez, las torturas inclementes a Juan Carlos Caguaripano. Entregó a los cubanos la tarea de adiestrar militares en técnicas represivas contra sus propios compañeros. Causa de una profunda herida en el alma de nuestras Fuerzas Armadas.

¿Qué mueve a Vladimir Padrino? Un militar que cede ante el avasallamiento de nuestras Fuerzas Armadas por los cubanos, tolera la intervención de los rusos en asuntos internos del país y no se inmuta ante la tragedia que viven los hogares venezolanos.

Como aclara Carvajal, Maduro es un guiñol teledirigido por los cubanos, quienes ordenan cómo aplicar la política represiva, a cuáles dirigentes de la oposición eliminar, tal como lo demuestra la prisión de Requesens y Leopoldo. La DGCIM se convierte en centro de torturas a militares. Padrino asume las directrices sin siquiera pestañear, el uniforme no se arruga, siempre exhibe relojes valorados en miles de dólares, sale en defensa o excusa los peores crímenes. Mi dios, ¿de dónde salió este hombre?

Ante la muerte del capitán Acosta Arévalo declara: “El capitán Rafael Acosta Arévalo fue presentado ante el juez militar y antes de iniciar la respectiva audiencia se desmayó, razón por la cual el juez ordenó su traslado inmediato al Hospital Militar Dr. Vicente Salías, donde a pesar de brindársele la debida atención médica, falleció”. Y en el colmo del cinismo declara: “El ciudadano Nicolás Maduro (…) ha solicitado al Ministerio Público una profunda investigación, ratificando la política de indefectible respeto a los derechos humanos, del derecho a la vida consagrado en el artículo 43 de nuestra Constitución”. Los cubanos mandan en Venezuela, deciden, dirigen el ataque, designan a quién matar, Maduro obedece y Padrino ejecuta o voltea. Los militares, muchos jóvenes de humildes familias, son ahora torturadores, entrenados en Cuba; su tarea, violar los derechos humanos. Estos son algunos de los hitos del nefasto Vladimir Padrino López, vergüenza de nuestras Fuerzas Armadas.

20 de octubre de 2019

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/quien-es-vladimir-padrino/

 3 min


Los caminos se angostan. En enero de este año todo parecía propicio para un rápido final y una salida del régimen. El comienzo del nuevo período legislativo con la designación de nuevas autoridades y la definición de una ruta –cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres– junto con grandes manifestaciones y movilizaciones opositoras así parecía indicarlo, incluso para aquellos que pensábamos que la designación de un presidente por parte de la Asamblea Nacional no era una buena decisión política.

El tiempo nos ha ido diciendo que, al menos desde el punto de vista de liderazgo, aquella fue una decisión acertada, aunque después algunos de los errores cometidos alejaron la perspectiva de una salida como se veía en enero, fácil y rápida. Los mangos no estaban bajitos; con todo lo ocurrido aprendimos que no teníamos la fuerza a nivel interno, ni el apoyo internacional suficiente todavía, para que esa anhelada salida se pudiera concretar.

Hoy nos damos cuenta de que las minorías activas, manipulando la información y las redes sociales, imponen su opinión, frente a una gran mayoría que ha decidido guardar silencio. Ante esa situación los formadores de opinión –que hoy llaman: “influencers”, “bots”– tanto del gobierno como de la oposición extrema aprovechan la ocasión para estimular sus propias ideas; unos –los del régimen– tratan de convencer a los opositores diciéndoles que “no hay nada que hacer, todo está perdido, cualquier esfuerzo es inútil…”; y otros –los de la oposición extrema– que aprovechan para arreciar en contra de aquellos opositores que no comparten la ruta de salida en la que ellos creen y pretenden que han diseñado.

Pero todo esto ha tenido una virtud: que los campos se deslinden, que las ideas se aclaren, y que se vayan perfilando cuáles son las opciones en las cuales nos vamos alineando. Para el gobierno, la perspectiva es simple, en su afán de sobrevivir y teniendo claro que la fuerza opositora sigue siendo limitada, al menos en comparación con la fuerza física y bruta que él posee, trata de mover la perspectiva de adelantar elecciones, pero parlamentarias, que de todas formas ya tendrán que celebrarse en el 2020 que es lo constitucionalmente previsto. Obviamente trata de manipular la fecha, adelantándola para un momento que le sea propicio o menos desventajoso y que sea bajo sus “condiciones”, unas que le garanticen el triunfo o que impidan una derrota como la del 2015.

En la oposición –al no existir un pensamiento único que se impone por la fuerza, como en el régimen– la situación es un poco más compleja. Las vías de salida que algunos veían en enero se han ido cerrando. Ya tenemos plena conciencia que no contamos con una fuerza militar interna que restituya la legalidad constitucional. Tampoco se cuenta con una –indeseable– intervención extranjera de ningún tipo, ni siquiera con el TIAR, mucho menos con el mítico R2P. Algunos, sin embargo, todavía apuestan por una “insurrección popular” que de todas maneras nadie parece estar organizando y que podría ser muy peligrosa de producirse espontáneamente, pues cuando los pueblos están dispuestos a producir un cambio violento, pueden hacerlo en cualquier dirección, no necesariamente en la dirección deseada, de acuerdo con alguna doctrina, ideología o programa particular.

Nos va quedando una opción de la cual muchos no hablan porque levanta todo tipo de pasiones y de insultos: la opción de negociar una salida electoral. Eso supone en primer término tener la fuerza suficiente no solo para obligar a la dictadura a sentarse en la mesa de negociación, sino también para que acepte las condiciones que allí se le presenten; y, en segundo lugar, supone estar de acuerdo en las características de esa vía electoral y eso tampoco es tan sencillo.

Frente a la posición de negociar, la discusión en la oposición se debate en dos simples términos: hacerlo o no hacerlo. No voy a repetir aquí esa discusión, ni los términos con los que nos calificamos mutuamente quienes estamos por una u otra opción.

Sobre la opción más concreta de la vía electoral se presentan también varias posiciones en el sector opositor; una, la de quienes la rechazan de plano y se decantan por cualquier otra salida, muchas veces sin concretar o proponer ninguna. Dos, entre quienes aceptamos esta vía se presentan varias opciones también; está la de los que están dispuesto a aceptar cualquier proceso electoral que proponga el régimen, sin ningún tipo de condición y plantean asistir al proceso con una posición voluntarista, contando simplemente con que la oposición tiene la mayoría suficiente para ganar y el régimen “respetaría” ese resultado. Quiero pensar que en ese sector hay un grupo que considera que debe haber unas ciertas condiciones, mínimas, aunque en cualquier caso acepten ir a un proceso electoral sin mayores pretensiones.

Pero creo que hay un sector mayoritario de la oposición, que está silencioso y no se manifiesta, que apoya a quienes pensamos que se debe negociar una salida electoral, pero con condiciones mínimas que ya hemos expuesto en otras oportunidades; por ejemplo, un CNE imparcial, observación y supervisión internacional, que voten todos los mayores de 18 años, donde quiera que estén, en síntesis, y para no extenderme mucho, que se respeten las leyes electorales. Pero lograr eso supone dos elementos fundamentales: uno, la unidad opositora que enfrente a la dictadura como una sola fuerza o por lo menos como una fuerza mayoritaria y que logremos las alianzas internas suficiente que movilicen a la población para ir a votar y defender el voto; y dos, las alianzas internacionales que se constituyan en una fuerza que obligue al régimen a respetar los resultados que, sin duda alguna, no le serán favorables.

Lograr esta fuerza interna con movilización de la mayoría venezolana que repudia a la dictadura y lograr esa coalición internacional que nos apoye en una salida electoral, debe ser la estrategia política y las tareas prioritarias de la oposición, a la que debe dedicar todo su esfuerzo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Cuando intempestivamente anunció la retirada de las tropas norteamericanas instaladas en el norte de Siria (6.10.2019) no pocos imaginaron que el anuncio correspondía con eso que los periodistas llaman, excentricidades de Trump. No obstante, los pocos que siguen con atención la política internacional de los EE UU han aprendido que el presidente no es tan disparatado como a el mismo le gusta aparecer. De una manera u otra -lo hemos consignado en otros artículos- hay una línea Trump, una que se diferencia radicalmente de la de su predecesor Obama. En términos simples: mientras este último era intervencionista, Trump es un consumado aislacionista. Visto así el problema, no habría ninguna novedad en el frente.

Intervencionismo y aislacionismo han sido las dos líneas que han marcado la historia de los EE UU desde mediados del siglo XlX hasta nuestros días. Trump no es una excepción a la regla pues se encuentra en estricta continuidad con la historia de su país en donde el intervencionismo y el aislacionismo han coexistido de modo alternado.

Trump es, si se quiere, un aislacionista radical. Tanto como lo fueron los padres de la patria: Payne, Washington, Jefferson. En la simple fórmula de este último, la política internacional de los EE UU debería basarse en “paz, comercio y amistad honesta con todas las naciones, sin forjar alianzas con ninguna”. Incluso la Doctrina Monroe (1823) considerada por muchos como abiertamente intervencionista fue con relación a las potencias europeas, aislacionista. En las palabras de James Monroe: “En las guerras entre europeos, en asuntos que solo les conciernen a ellos, nunca hemos participado, porque no corresponde a nuestra política. Solo cuando nuestros derechos se vean dañados, o seriamente amenazados, será cuando nos resentiremos de nuestras heridas y haremos los preparativos para nuestra defensa”. Trump, al retirar las tropas de Siria dijo más o menos lo mismo, solo que de un modo menos elegante. Trump al fin es Trump.

El intervencionismo norteamericano es un neto producto de las conflagraciones bélicas a cuyas dos guerras mundiales EE UU acudió “con retardo”, recién a partir del momento en que sintió su soberanía nacional amenazada, viéndose obligado a romper el cordón aislacionista. A esa tradición, enraizada en los últimos confines de la historia norteamericana, pertenece Trump. Sus declaraciones emitidas al justificar el retiro de las tropas norteamericanas de Siria parecen venir desde lo más hondo del siglo XlX. Citemos: “Turquía, Europa, Siria, Irán, Irak, Rusia y los kurdos deben resolver la situación” ….“es hora de salir de ridículas guerras sin fin” ….. “solo lucharemos en nuestro propio beneficio” …. Frases que aun siendo despectivas, se ajustan plenamente al espíritu norteamericano de ayer y de hoy. Eso significa: EE UU está dispuesto a luchar militarmente solo bajo tres condiciones: que la lucha reporte beneficios inmediatos, que sea en defensa de los intereses de la nación, y si está amenazada la supervivencia de sus más íntimos aliados internacionales.

¿Qué los kurdos fueron aliados de los EE UU en la lucha en contra del terrorismo del IS? Claro que sí, pero esa fue, a los ojos de Trump, una simple alianza táctica y por añadidura -si se tiene en cuenta que IS nunca amenazó directamente a la soberanía de USA - no muy útil. ¿Qué con la retirada de las tropas Turquía avasallará al pueblo kurdo? Eso a Trump parece no importarle demasiado.

Como muchos empresarios-políticos comparte Trump una tesis darwinista: el mundo pertenece a los fuertes. En términos geo-políticos, a los estados bien constituidos, no a grupos tribales ni a naciones sin estado ni a estados sin naciones. Para Trump los kurdos son, para emplear la expresión hegeliana, “pueblos sin historia”. En cierto modo, los “pieles rojas” del Oriente Medio. “Maravillosos guerreros” los elogió el mismo Trump, pero – eso es lo que quiso decir - no una nación en forma como Turquía y Siria. Entonces que ellas arreglen sus problemas con los kurdos, ya sea en sus territorios, ya sea entre sí. Pero ese no puede ser un problema para los EE UU.

De tal manera, cuando avisó telefónicamente a Erdogan que abandonaba Siria, el autócrata turco entendió de inmediato que Trump lo invitaba cordialmente a ocupar el norte de Siria. ¿Cómo se explica entonces que Trump hubiera reaccionado en contra de Erdogan apenas tuvo noticias de la nueva guerra? ¿Teatro? Sí: teatro. Por una parte Trump intentó calmar a la oposición en sus propias filas, sobre todo a quienes le enrostraban su falta de lealtad con el pueblo kurdo. Por otra, aliviar la presión ejercida por la opinión pública mundial. Como es su costumbre, amenazó a Erdogan con sanciones. Pero todos sabemos para qué sirven las sanciones que impone Trump. Aparte de empeorar la calidad de la vida de los habitantes de las naciones sancionadas, para nada más.

¿No previó el equipo de Trump que el tirano al-Asad no iba a permitir que sus rivales turcos se pasearan en el norte de Siria como perro por su casa? Probablemente lo previó, y tal vez su objetivo premeditado es que Siria y Turquía se enfrenten entre sí para que resuelvan “el problema kurdo”. O que dialoguen o que se maten. Ese no es problema de Trump.

¿Pero no sabe Trump que Erdogan y al-Asad son aliados de Putin y por lo mismo este, ni corto ni perezoso, iba a tratar de mediar entre ambos ampliando su radio de acción en el mundo islámico? Por supuesto que lo sabe, y tal vez es lo que quiere: que la destartalada Rusia se desgaste en guerras territoriales sin fin y que Putin cumpla de una vez por todas su absurdo sueño de restituir el imperio de los zares.

Al fin y al cabo EE UU ya no es ni desea ser un imperio territorial como intentó serlo a comienzos y mediados del siglo XX. Su área de dominación está en otras partes: en el mundo de las finanzas, en el comercio, en la digitalización de la vida, en las galaxias. Si los EE UU todavía son un imperio, lo son en un sentido extraterritorial, supraespacial e incluso, virtual. Por eso a Trump las “guerras tribales” del siglo XlX lo tienen sin cuidado. En ellas no gastará ni un solo dólar ni en ellas morirá un solo marine. Su propósito no es redimir al mundo a lo Wilson, a lo Carter, a lo Bush, a lo Obama. El suyo es aislacionismo puro y duro, en el más clásico estilo de Jefferson y Monroe. Pero ay si alguno osa amenazar a EE UU y de rebote a Israel. Al-Asad, Rahoní, Erdogan y Putin están notificados y, por cierto, no lo intentarán. Probablemente eso ya está conversado entre Trump y Putin. De este modo Putin, quien sabe jugar muy bien al ajedrez entre los cadáveres, pasará a ser objetivamente una especie de alto comisionado informal de las Naciones Unidas en el mundo islámico. Por obra y gracia de Trump. La política internacional es cínica y Trump es un maestro del cinismo internacional. Putin también. Probablemente ninguno ha leído a Maquiavelo. Pero ambos son maquiavélicos hasta en los huesos.

Por ahora el gran vencedor de las sangrientas jornadas escenificadas por Erdogan en el norte de Siria, ha sido Putin. No terminaban de firmar los kurdos y el régimen sirio un acuerdo de acción común, cuando Putin declaró, por intermedio de su enviado Alexander Larentiev: “Rusia no permitirá un enfrentamiento entre Siria y Turquía” (15.10.2019) Más claro no pudo ser: “aquí el que manda soy yo”, quiso decir. Su propósito no es por supuesto pacifista. Las suyas son declaraciones que anticipan su mega-proyecto histórico, a saber: construir una duradera alianza entre el putinismo y el islamismo. Un nuevo eje del mal, habría dicho Bush hijo. Trump no lo dice: sus ambiciones, según su partitura, se encuentran más allá del bien y del mal.

En este momento la alianza entre Siria, Irán y Rusia es hecho consumado. Atraer a Turquía sería, a no dudar, un golpe mortal para la NATO. Erdogan deberá entonces elegir. O forma parte de un nuevo conglomerado geopolítico islámico con hegemonía rusa, o se conforma con ser una punta de lanza militar de occidente en el mundo islámico. Naturalmente, Erdogan se siente muy atraído por la primera alternativa. Solo dos factores lo impiden: su dependencia económica con respecto a Europa y los destacamentos políticos pro-occidentales (socialdemócratas y liberales) que han tomado fuerza al interior de las principales ciudades turcas.

Consignemos: hay dos grandes perdedores en el conflicto desatado por Trump: antes que nada los kurdos a quienes nadie ayudará en su tragedia. Los EE UU no quieren y Europa no puede. El segundo perdedor será la propia Europa. Sus gobiernos contemplan perplejos como Putin gana terreno frente a sus puertas mientras EE UU a través de Trump ha decidido abandonar a Europa a su suerte.

Europa se verá cada vez más obligada a recurrir a sus propias fuerzas. Pero ¿las tiene? Y si las tiene ¿está decidida a usarlas?

PS. 17. 10. 2019: Como era de esperarse, Erdogan y Trump (Pence) acordaron un armisticio. Armisticio no significa paz sino suspensión temporal de la guerra. Los kurdos de las “Unidades de Protección Popular“ (YPG) tienen cinco días para retirar sus tropas de la frontera. El control de la zona de seguridad será ejercido por Turquía (algo así como un perro cuidando salchichas). Ambos mandatarios pueden darse por contentos. Probablemente a Turquía le serán levantadas restricciones económicas. Después Trump dejará librados a los kurdos a su suerte. En los futuros litigios el árbitro será Putin. Al fin y al cabo él representa a la única potencia no islámica con presencia militar en la región. Aparentemente sin jugar, Putin fue el ganador de la partida de ajedrez. El número de vidas humanas que este juego ha costado no ha sido, ni probablemente será, dado a conocer. “Ha sido un gran día” - comentó Trump en Twitter.

Octubre 19, 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/10/fernando-mires-jugando-ajedrez-...(POLIS)

 7 min


​José E. Rodríguez Rojas

Las últimas décadas han constituido un escenario de debate y confrontación, donde líderes sin ideas han terminado por bloquear las iniciativas que se han planteado para reducir la dependencia de la renta petrolera. Uno de los más relevantes ha sido Hugo Chávez, quien asciende al poder con un libreto escrito por Luis Miquilena; luego del 2002 rompe con Miquilena y abraza el socialismo del siglo XXI, que obedece a una agenda para prolongarse en el poder, cuyos detalles lo elaboran los cubanos. No es una agenda para el desarrollo, por el contrario, nos embarcó en una ruta que al final condujo a la debacle económica y social que atravesamos. El chavismo al igual que su líder es un movimiento sin ideas, lleno de retórica, la cual es una mampara que ha buscado ocultar los propósitos reales de sus líderes.

Manejar un Estado es un asunto complejo, por ello los líderes políticos que aspiran a dirigir el mismo deben tener una formación básica que les permita formular planes económicos para enfrentar los retos que plantea la globalización a los Estados modernos. Así lo entendieron los dirigentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México y enviaron a sus jóvenes presidenciables a formarse en las mejores universidades de los Estados Unidos en gerencia y economía. Un miembro de esta generación fue Carlos Salinas de Gortari quien llegó a presidente de México a inicios de la década de 1990. En su administración se discutió y aprobó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mediante el cual México estrechó sus nexos con la economía de los Estados Unidos e impulsó al país petrolero a disminuir su dependencia de la producción de crudo y tomar la ruta al desarrollo que la convertiría en la onceava economía mundial (Rodríguez Rojas, José. E.2019. La exitosa ruta de México hacia un país no dependiente del petróleo. Digalo Ahi, n° 7, julio 23).

Una de las limitantes de nuestro país es que una parte de la elite política venezolana ha estado constituida por políticos lampiños de ideas, que han bloqueado las iniciativas que se han tratado de implementar para disminuir la dependencia de la renta petrolera. Ese fue el caso de los comisarios políticos de AD en la llamada “cuarta república” quienes torpedearon la propuesta de reformas económicas planteada por Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno. La propuesta del equipo de CAP incluía un conjunto de reformas dirigidas a incrementar la competitividad de la economía venezolana e impulsar las exportaciones no petroleras. Pero incluía también reformas orientada a fortalecer la democracia venezolana y disminuir la dependencia del poder ejecutivo central. Entre ellas figuró la elección directa de alcaldes y gobernadores. Como lo plantea la periodista Mirtha Rivero en su libro la Rebelión de los Náufragos, esta propuesta arruinó el negocio de los secretarios generales de AD, que en el viejo sistema tenían aseguradas las gobernaciones en cada región y con ello el acceso a los recursos públicos provenientes de la renta petrolera. De allí su reacción negativa a las reformas planteadas por CAP en su segundo gobierno.

Otro miembro de esta especie fue Hugo Chávez, el fundador del movimiento que lleva su nombre. Chávez andaba como un alma errante, después de salir de prisión, deambulando de pueblo en pueblo, denunciando a la democracia venezolana como corrupta y pregonando la abstención, a la espera de que dicho discurso alentara otro golpe de estado.. De este peregrinaje lo sacó Luis Miquilena quien lo convenció de participar en las elecciones y elaboró la agenda del movimiento que ambos lideraron. El proyecto de Miquilena hacía énfasis en consolidar la democracia venezolana y los elementos que le son característicos, como la separación de poderes, el fortalecimiento de las instituciones que garantizan el ejercicio de los derechos civiles, como la libertad de expresión; así como el control de la corrupción un tema que obsesionaba al veterano político izquierdista. El tema de la pobreza y las desigualdades no aparecía como un tema prioritario. Un planteamiento que cualquier persona sensata suscribiría.

Con esta agenda. Miquilena y Chávez convencen a buena parte de la élite del país de acompañarlos en su aventura. Una vez que ganaron las elecciones, Chávez y Miquilena lo que hicieron fue prolongar la Agenda Venezuela colocando en el ministerio de economía a un competente economista Felipe Pérez Martí, quien se encargaría de los detalles del programa económico. Pérez Martí continuó la agenda antiinflacionaria de Teodoro Petkoff conocida como la Agenda Venezuela que retomaba en términos gruesos las reformas económicas impulsadas por CAP previamente. El Banco Central continuó controlando la masa de dinero y el dólar siguió desplazándose en una banda como lo había hecho previamente. La inflacion continuó sus ruta descendente y la capacidad adquisitiva de los trabajadores y la clase media mejoró. La pobreza no aparecía como un tema prioritario.

A partir de la crisis del 2002 Chávez da un giro de 180 grados y abraza el socialismo del siglo XXI, asumiendo una agenda inspirada en la Cuba de los Castros. La relación con Miquilena se rompe cuando éste le advierte de la corrupción en su familia y discrepa de la ruta socialista. Miquilena, un experimentado revolucionario de izquierda, trata de convencerlo de que el ideario cubano no funciona, ni siquiera en Cuba, y busca la colaboración de Fidel Castro para convencer a Chávez de su desatino. Sin embargo el anciano dictador lo que hace, según Miquilena, es utilizar el enorme ego y vanidad de Chávez, lo halaga y lo continúa manipulando para continuar parasitando las arcas públicas venezolanas.

Se conforma la alianza con los cubanos y estos escriben el libreto de la nueva ruta para permanecer en el poder sin control institucional alguno: poíitica del terror contra la disidencia, control de las instituciones, estatización de la economía y manipulación de los pobres, a través de los programas sociales. En su alianza Chávez aspira beneficiarse de la aureola de Fidel Castro en América Latina y aprender del maestro como prolongarse indefinidamente en el poder sin contrapesos institucionales, como lo afirma Enrique Krauze en su obra “El poder y el delirio”. Un proyecto contrario al de Miquilena quien lo critica abiertamente. El nuevo libreto no es una agenda hacia el desarrollo pues, los cubanos carecen del capital humano para elaborar una agenda de esta naturaleza. El nuevo ideario nos embarca en la ruta hacia la debacle económica y social que atravesamos.

El extraordinario incremento de los precios del petróleo proyecta a Chávez como un líder regional, basado en el billete y los maletines que lo contenían. En un viaje a un congreso de mi especialidad celebrado en Quito, en el año 2007, un editor de una revista académica me comentó: °si no hubiera sido por los precios del petróleo, Chávez hubiera sido un personaje intrascendente en la historia reciente de América Latina y de Venezuela”.

La agenda adoptada por Chávez, diseñada por los cubanos, no es una agenda de desarrollo, al contrario contiene dos elementos que lo impiden. Por un lado la relación conflictiva que plantea con los Estados Unidos, y por otro el permanente hostigamiento hacia la iniciativa privada. Va en línea totalmente opuesta a la orientación liberal de las agendas que se han implementado en los paises mas exitosos de América Latina. La agenda busca como propósito prioritario eternizarse en el poder a través de un mayor control de la sociedad por el Estado y una sistemática política del terror, para anular la disidencia interna. Como una mampara se desarrolla una retórica revolucionaria donde las palabras pierden su contenido, donde las ideas son sustituidas por una retórica vacía y hueca que trata de esconder el propósito real de los que se esconden tras de ella. El chavismo tiene varios retos como movimiento político, uno de ellos es sustituir esta retórica por ideas que permitan conformar una agenda de desarrollo; personalmente no creemos que pueda hacerlo pues el peso muerto de su liderazgo fundacional lo impide.

Profesor UCV

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