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Opinión

Daniel Eskibel

Los votantes no tienen personalidad. Eso parecen creer, por lo menos, muchos políticos e investigadores que no ven a las personas detrás de los votos. Ven lo más evidente: la edad, el sexo, la intención de voto, el perfil educativo, el nivel económico, la inclinación ideológica y la opinión sobre algunos temas de actualidad.

Pero se pierden lo decisivo: la personalidad, las emociones, lo inconsciente. Aspectos todos sobre los cuales la psicología tiene mucho que decir, por cierto.

Votantes, psicología y política

Carolina Valle me entrevistó sobre estos temas para la revista argentina Mustique. Me preguntó sobre la personalidad de los votantes y también me pidió algunos consejos para los electores de nuestro tiempo. Comparto contigo el diálogo completo con la periodista.

¿Se pueden clasificar los votantes según su personalidad?

La personalidad de los votantes es la gran olvidada de las campañas políticas. Pero es un factor decisivo. Tan decisivo que si conoces el perfil psicológico de los electores podrás comunicarte mejor con ellos. Con lo cual multiplicarás tu capacidad persuasiva y evitarás enormes gastos en publicidad no segmentada.

Claro que lo complejo es conocer ese perfil psicológico. La herramienta con la cual yo trabajo para ello es el Big Five, una de las construcciones teóricas de mayor consenso académico y de mayor utilidad práctica en múltiples áreas de aplicación.

El Big Five te permite investigar y perfilar al electorado en 5 grandes rasgos de personalidad que son Openness (apertura mental), Conscientiousness (escrupulosidad), Extraversion (extraversión), Agreeableness (amabilidad) y Neuroticism (estabilidad emocional). Es el modelo conocido como OCEAN.

Si clasificas al electorado en base a estos parámetros tendrás 5 tipos de votantes con características diferentes en cuanto a sus motivaciones, sus emociones, sus conductas y sus estilos cognitivos.

¿Cuáles son los 5 tipos de votantes?

Los 5 tipos específicos de votantes que identifico a partir de mi adaptación del Big Five a la política son los siguientes:

Votante emocional. Es un votante más impulsivo que elige candidato en función de la conexión emocional que siente con él. Esa conexión puede vincularse con la personalidad del candidato o con su estilo de comunicación política.

Votante social. Es un votante participativo, activo socialmente, que tiende a desarrollar una fuerte identidad partidista y que se siente a gusto en un contexto de campaña de mucha energía y muchos estímulos. Por lo general prefiere candidatos llenos de vitalidad y dinamismo.

Votante amable. Es un votante empático, cordial y tolerante. Huye del maximalismo, de la confrontación y de la comunicación incendiaria. Prefiere a los candidatos negociadores, tranquilos y moderados. Se instala más en las zonas grises que en los dilemas blanco versus negro.

Votante metódico. Es un votante que necesita que le presenten la información política de un modo ordenado y sistemático. Lo suyo son las estructuras claras para pensar. Sus preferencias van o bien hacia candidatos intelectualmente rigurosos o bien hacia campañas de comunicación muy metódicas y reflexivas.

Votante abierto. Es un votante imaginativo con gran apertura mental hacia lo nuevo. No se conforma con candidatos conocidos, partidos tradicionales o ideas ya establecidas. Busca la novedad, lo diferente, lo original. Y necesita estímulos complejos que lo alejen de lo convencional.

Si el votante no está 100 % convencido acerca de un candidato, ¿es preferible que vote en blanco?

Es muy difícil, si no imposible, estar 100 % convencido acerca de un candidato. El escritor alemán Günter Grass lo explicaba de un modo memorable. Decía que no estaba de acuerdo con su cara cuando se veía al espejo por las mañanas, que tampoco estaba de acuerdo con la mayoría de lo que él mismo escribía ya que al día siguiente descartaba el 90 %. Y agregaba que ni siquiera concordaba totalmente con sus amigos cuando conversaba con ellos. Así concluía que si no podía estar de acuerdo totalmente ni con su cara ni con sus amigos ni con lo que escribía…entonces era imposible que estuviera 100 % convencido acerca de un candidato.

De lo que se trata entonces no es de ese quimérico 100 % de convicción sino de realizar una elección razonable, fundamentada y que al elector le ofrezca ciertas garantías básicas en los asuntos que le resultan más importantes.

¿Las encuestas previas afectan la intención de voto?

Por un lado nos influyen en el sentido de que nos construyen un contexto y un marco interpretativo para pensar y decidir dentro del mismo. Un marco que establece quiénes son relevantes y quiénes no, quienes están creciendo y quiénes están bajando. Sería como una “prueba social” acerca del valor de los candidatos. Y esa prueba social es, como surge de las investigaciones de Robert Cialdini, uno de los 7 factores fundamentales de la persuasión.

Y por otro lado nos influyen en otro sentido que puede reforzar o contrarrestar al anterior. Y es que algunas personas tendrán la tendencia de ir en contra de la corriente y entonces votar por los que aparecen más débiles, mientras que otras personas tenderán hacia lo que se llama el bandwagon, el subirse al carro del vencedor.

¿Cómo ves la política en la Argentina? ¿Qué necesita?

Veo a la política argentina cayendo a menudo en la lógica del espectáculo. Esa lógica espectacular implica demasiado show mediático, cierta obsesión por el impacto de corto plazo, algo de descuido en la construcción de proyectos políticos sólidos y de largo plazo, y hasta ciertos énfasis cuasi melodramáticos en el lenguaje y la gestualidad, énfasis que subrayan y casi teatralizan las emociones.

Claro que no es la totalidad de la vida política argentina, pero es una tendencia bien visible y muy característica. Y claro que no es un rasgo exclusivo de la política argentina sino que aparece en buena parte del mundo occidental.

¿Qué necesita la política?

Desde mi punto de vista necesita liberarse de la trampa de la cultura del espectáculo.

¿Cómo se ve la Argentina desde la mirada internacional?

Debido a mi trabajo como consultor político estoy en contacto permanente con campañas electorales, empresas consultoras, partidos políticos y universidades de España y de varios países de América Latina. Y en todas partes se percibe cierta perplejidad acerca de la Argentina.

La frase que escucho con más frecuencia es “Argentina siempre está en crisis”. Y nadie puede comprenderlo porque al mismo tiempo se percibe la enorme riqueza de recursos materiales y humanos del país. ¿Cómo es posible que con tanto que los argentinos brindan al mundo, sin embargo estén con tanta frecuencia en situaciones de crisis políticas y económicas?

La mirada internacional es, pues, de creciente perplejidad.

¿Qué le recomendarías a un votante?

Son tiempos complejos para el votante. Tiempos de mucho stress y de pocos espacios para la reflexión. Tiempos donde el cerebro está saturado por un bombardeo sin piedad de información de dudosa calidad. Y tiempos en los cuales las fake news, la crispación emocional y la manipulación asoman por doquier. En ese contexto le podría recomendar al elector un mix de 5 puntos:

Liberar por lo menos un pequeño bloque de tiempo cada día para la desconexión, para colocarse aparte del incesante flujo de información. Porque los momentos más reflexivos van a ocurrir precisamente en esas pausas de desconexión.

Leer sobre política en unas pocas fuentes confiables que cada uno seleccione. Periodismo serio, equilibrado, veraz y que aporte ángulos diferentes para pensar.

Intentar descubrir en cada candidato a la persona detrás del personaje. La persona real, su vida, su personalidad, su trayectoria, sus logros, sus valores.

Alejarse de la política-show, de la política espectáculo, del rumor, de la banalidad y de la superficialidad.

Conversar de política con personas en las cuales confía. Conversar, sí. Directamente. Con la persona físicamente presente. Así de “old school”. Y donde dice “conversar” debe decir tanto hablar como escuchar. O tal vez escuchar más que hablar.

La personalidad de tus votantes

La entrevista de la revista Mustique finalizó con consejos para los votantes pero no para los políticos. Pero si eres dirigente político, candidato o miembro de un equipo de campaña electoral, entonces te diré que pienses en tus votantes, que los estudies y que intentes comprenderlos para poder comunicarte mejor con ellos.

Una recomendación, solo una: descubre las emociones y los tipos de personalidad de los votantes.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/personalidad-votantes/

 6 min


Manuel Ansede

Hace casi dos décadas, el microbiólogo español Francis Mojica bautizó con las siglas CRISPR a unas misteriosas secuencias repetidas que observó en el ADN de unos microbios que viven en las salinas de Santa Pola, en Alicante. Geli, su esposa, le advirtió de que CRISPR le sonaba a nombre de perro, pero aquel apelativo canino ha acabado dando nombre a una de las mayores revoluciones de la historia de la humanidad.

El último episodio de esta turbulencia científica son unas lagartijas blancas del tamaño de un dedo índice y con los ojos rojos. Son los primeros reptiles modificados genéticamente por el ser humano. Sus padres, de la Universidad de Georgia (EE UU), creen que estos animales servirán para investigar los defectos visuales asociados al albinismo en las personas.

Los científicos han utilizado la revolucionaria técnica de edición genética CRISPR

Detrás de este nuevo avance están una vez más las siglas CRISPR. En 2003, el equipo de Mojica descubrió que aquellas enigmáticas repeticiones, observadas en el genoma de arqueas y bacterias, incluían fragmentos de ADN de su principal enemigo: los virus. Era como una cartilla de vacunación. Ante un ataque vírico, las arqueas y bacterias recogían información genética de su atacante y la almacenaban en su propio ADN, al igual que la policía guarda fotos de terroristas en la entrada de un aeropuerto. Si el virus volvía a la carga, los microbios reconocían su ADN y enviaban una especie de tijeras moleculares para seccionarlo.

Los laboratorios de medio mundo han copiado esta idea de las bacterias y utilizan desde 2013 las herramientas CRISPR para editar cualquier genoma con precisión, cortándolo y añadiendo letras al gusto. El sistema, incluso, sirvió el año pasado para que el científico chino He Jiankui modificara el ADN de dos embriones humanos en un abominable experimento que acabó con el nacimiento de dos niñas gemelas, supuestamente inmunes al virus del sida. Los reptiles, sin embargo, se habían resistido a esta revolución científica hasta la fecha.

“Hemos estado batallando durante bastante tiempo para averiguar cómo modificar los genomas de los reptiles y manipular sus genes”, ha explicado en un comunicado el genetista Douglas Menke, principal artífice de los reptiles blancos.

Los animales utilizados, de una especie caribeña conocida como lagartijas chipojo o anolis pardo, presentan como todos los reptiles una biología reproductiva que dificulta el uso de las herramientas CRISPR. El experimento del chino He Jiankui consistió en modificar en el laboratorio embriones humanos de unas pocas células para después implantarlos en la madre. En reptiles, esta maniobra es aparentemente imposible porque es muy complicado transferir un embrión de reptil de unas pocas células, según explica Menke.

El genetista Douglas Menke predice que las lagartijas modificadas servirán para entender defectos congénitos humanos

La estrategia de los investigadores de la Universidad de Georgia ha sido aprovechar la membrana transparente que cubre los ovarios de las lagartijas para ver los óvulos en desarrollo, identificar los que serían fecundados y modificarlos mediante la inyección de las tijeras CRISPR a partir de una apertura en el flanco del reptil. El cambio genético es una mutación en el gen de la tirosinasa, similar a las detectadas en personas con albinismo. "Anticipamos que este enfoque se podrá aplicar en muchas otras especies de reptiles", afirman los autores en su estudio, que se publica este martes en la revista especializada Cell Reports.

“Las personas con determinados tipos de albinismo tienen una escasa agudeza visual debido a defectos en sus ojos. La principal causa de estos problemas de visión es que la fóvea —una depresión con forma de hoyo en el ojo humano que es importante para la visión con alta agudeza— está ausente o poco desarrollada”, explica Menke a EL PAÍS. “La mayoría de los animales utilizados en estudios genéticos, como los ratones, no tienen fóvea, así que no se pueden utilizar para comprender sus defectos. Sin embargo, las lagartijas con las que estamos trabajando cazan insectos y necesitan una gran agudeza visual. ¡Tienen fóvea!”, celebra el genetista.

Menke recuerda que hay muchas especies de lagartijas del género Anolis que han evolucionado en distintas islas del Caribe, presentando diferentes tamaños, formas, colores o comportamientos. “Con la edición genética, podremos investigar las secuencias de ADN que difieren entre estas especies para determinar cuáles de ellas son responsables de los rasgos observados. Esto nos ayudará a entender cómo se produce el desarrollo de los animales y a saber si los cambios en las secuencias de ADN similares en humanos contribuyen a defectos congénitos”, añade.

27 de agosto 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/08/27/ciencia/1566918612_852980.html

 3 min


Los grandes incendios en la Amazonia brasileña han acaparado la atención mundial, lo cual es positivo, pero hay una tendencia repudiable a politizar el hecho. Frecuentemente ocurren grandes incendios forestales, los más reciente en la provincia de Alberta, en Canadá, en California, Estados Unidos, y en las Islas Canarias, España, pero a nadie se le ha ocurrido culpar al Premier Trudeau, a Trump o a Pedro Sánchez. También se han producido en Bolivia y Paraguay. Por otra parte, en Venezuela el daño ecológico debido al llamado Arco Minero, que abarca 11.200.000 hectáreas y que incluye a los Estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro, no ha recibido la atención debida.

Ni la Amazonia, ni los otros bosques tropicales son “el pulmón del mundo”. No pueden serlo porque sus árboles producen oxígeno durante el día, por el proceso de fotosíntesis que les permite crecer, dar frutos y reproducirse, pero tanto en el día como durante la noche tienen que respirar, proceso en el cual producen dióxido de carbono. El balance puede a veces ser positivo a favor del oxígeno y otras veces negativo, pero en todo caso la diferencia no es significativa.

Desde luego que los bosques tropicales son muy importantes y no debe tolerarse su destrucción ya que, entre otros aspectos positivos, alojan muchas poblaciones aborígenes que subsisten gracias a los mismos, contribuyen a la regulación del clima, principalmente el ciclo del agua, permiten la existencia de numerosas plantas, muchas de ellas actualmente útiles a la humanidad y otras con un gran potencial cuando sean mejor estudiadas, así como de una gran diversidad de animales, todos ellos imprescindibles para la salud del ecosistema. Es fundamental su función de almacenar cantidades importantes de carbono, el cual es liberado a la atmósfera como dióxido de carbono cuando se queman o cuando son talados por el hombre y quemados para utilizar el suelo para la agricultura. Además, por la naturaleza de esos suelos, al desaparecer los árboles el paisaje se transforma en sabanas de menor diversidad biológica.

El dióxido de carbono es uno de los llamados gases que producen el efecto invernadero , responsable del calentamiento de la tierra para permitir que sea habitable. Como se sabe, los rayos del sol llegan hasta nosotros en una determinada longitud de onda, parte son devueltos a la atmósfera con una onda más larga y son atrapados por el dióxido de carbono y otros gases. En concentraciones normales de estos gases, el efecto es imprescindible para la vida, pero cuando su concentración se eleva por encima de un límite, el efecto es perjudicial ya que aumenta la temperatura a niveles indeseables, produciéndose el efecto invernadero.

Es importante recordar que el mayor número de incendios forestales es causado por la actividad, consciente o inconsciente del hombre. En el caso brasileño los incendios se han producido en muchos sitios diferentes, por lo cual habrá que esperar los resultados de las investigaciones.

El presidente Bolsonaro debe ser más cuidadoso con sus declaraciones y preocuparse más por el medio ambiente, pero realiza esfuerzos para controlar los incendios. En Venezuela sí se conoce que el régimen de Maduro es el causante de la deforestación de miles de hectáreas y solo contados ecologistas locales y del mundo lo han condenado. Al respecto hay que reconocer las valientes denuncias de nuestro diputado Américo De Grazia, entre otros. La explotación del Arco Minero la realizan 24 empresas, de venezolanos, inclusive de la Fuerza Armada, de Canadá, Italia, Estados Unidos, Suiza, Angola. Palestina, Turquía, Italia y Emiratos Árabes. No se realizaron estudios de impacto ambiental, ni la consulta a los aborígenes de la zona, tal como contempla la ley.

Nuestro país arde por los cuatro costados. Las llamas destruyeron Pdvsa, las empresas de hierro, de aluminio, de generación de electricidad y las empresas agropecuarias e industriales que fueron robadas al sector privado. Las cárceles arden por el clamor de los presos políticos torturados y hacinados. Los millones de venezolanos que tuvieron que buscar refugio en otros países arden de deseos de regresar. El Arco Minero arde por el crimen ecológico que se comete, por la contaminación, corrupción y por las bandas armadas protegidas por la Fuerza Armada. Nuestro país, como productor de energía fósil debe compensar en parte las emisiones de carbono que produce, lo cual le daría ventajas en la comercialización de su petróleo cuando aumentemos la producción. Al respecto existe al menos una propuesta a ser evaluada.

El régimen siente que las llamas lo alcanzaron debido a sus violaciones a los derechos humanos, corrupción e ineptitud. Lo positivo es que de esas cenizas brotará no el mismo Ave Fénix, sino un venezolano diferente, más consciente de sus derechos y, especialmente, de sus deberes.

Como (había) en botica:

Solidaridad con Emilio Lovera. La acusación de Héctor Rodríguez a Primero Justicia por la explosión de gas en Ocumare del Tuy es risible.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Cuando vemos que desde hace algún tiempo conspicuos voceros del régimen están negociando con los Estados Unidos, se supone que alguna salida –individual o general– a la crisis venezolana, es inevitable traer a la memoria la frase de Sir Winston Churchill, cuando en 1945 se le preguntó si estaría dispuesto a negociar la paz con Hitler y dijo que hasta sería capaz de “negociar con el diablo”; eso dirían hoy los EEUU.

No es de extrañar que el régimen emprenda esa y cualquier otra negociación, pues la búsqueda de la “gobernabilidad” es uno de los objetivos que persigue desde que aceptó negociar directamente con la oposición y ahora con los EEUU.

Ese objetivo, la búsqueda de la gobernabilidad, es lo que hace que el régimen persista en negociar con la oposición y persiga en las negociaciones el levantamiento de las sanciones internacionales a las que está sometido, especialmente contra PDVSA y el BCV. La dictadura está, desesperadamente, en la búsqueda de recursos.

Actualmente la proyección anual de ingresos del régimen no llega ni siquiera a 15 mil millones de dólares y esos ingresos se verán disminuidos por la aplicación de las sanciones. La dictadura sabe que con esos recursos no tiene para mantener las cosas que le importan, es decir: los “negocios”, demandas y exigencias de la coalición de poder –militares, “hombres de negocios”, altos funcionarios y jueces– que lo apoya y sostiene. Tampoco esos ingresos alcanzan para proseguir su proselitismo populista y mucho menos para cubrir el gasto normal del estado, por lo que se le hará mucho más difícil al gobierno usurpador mantener la gobernabilidad en el país. Solo le quedará, como está ocurriendo, sustentarse en la aplicación de la fuerza y la represión. Pero, cualquier libro de texto elemental de política nos dice que la única manera de gobernar, no solo la mejor, es aquella que cuenta con el consentimiento de los gobernados, no con el “temor” de los mismos, que parece que es el empeño de esta dictadura.

La gobernabilidad, la capacidad de gobernar, es un objetivo que persigue cualquier gobierno para garantizarse su existencia. Pero la gobernabilidad es el resultado de la combinación de dos factores; uno es la legitimidad de sus actos frente a los ciudadanos y el otro es la eficacia del gobierno en el desempeño de sus funciones; legitimidad y eficacia son pues las dos caras de la gobernabilidad.

¿Es este gobierno legítimo? Desde luego que no. La llamada legitimidad de origen no existe; lo ocurrido en mayo de 2018 es un acto ilegal, irrito e ilegítimo, desconocido por la mayoría del pueblo venezolano – al tenor de todas las encuestas– y por buena parte de la comunidad internacional; y por si fuera poco, a este gobierno –al tenor de la crisis económica– le resta muy poco de esa legitimidad que llaman de desempeño, que es aquella que se logra durante el ejercicio del poder, para fortalecer la legitimidad de origen obtenida en un proceso electoral, que como sabemos éste no es además el caso.

La continuación y exacerbación, violenta, de la crisis política por parte del gobierno y sus seguidores nos hace vislumbrar una creciente pérdida de la legitimidad y gobernabilidad, que por los cientos de manifestaciones diarias de protestas, por los más variados temas, hacen cada día más difícil la continuidad del régimen por vía pacífica.

Veamos ahora el segundo aspecto: ¿Es este gobierno eficaz?, sin duda tampoco, pues la eficacia es la capacidad de cumplir objetivos y no cabe duda que la ineficacia es una de las características fundamentales del chavismo/madurismo; en el país se ha dilapidado la friolera de más de 900 mil millones de dólares desde 1999 sin que se vean resultados y efectos significativos; todo lo contrario, lo que se ve es devastación, que han hundido y condenado al país a la peor crisis económica de su historia, perdiendo la oportunidad de los increíblemente altos precios petroleros que disfrutó este régimen, para impulsar al país a la modernidad y el crecimiento sustentable.

Todos los valores con los que pudiéramos medir la eficacia de un gobierno, en Venezuela están alterados; no hace falta enumerar los indicadores e índices que demuestran la total ineficacia del régimen que tenemos desde 1999, los resultados están a la vista de todos, hasta de ellos mismos. La dictadura no tiene forma de compensar la caída de ingresos que ha ocasionado en el país con su pésimo desempeño económico, por eso se concentra en buscar y tratar de lograr que se retiren las sanciones aplicadas por los EEUU y la Unión Europea, pues con la limitación de recursos en divisas y otras limitaciones financieras, económicas y comerciales que las sanciones acarrean, la posibilidad de “gobernar”, de mantener un cierto “orden”, un cierto apoyo popular sin acudir a la represión masiva, se vuelve cada vez más complejo.

Por lo pronto, la crisis económica desmiente la capacidad del régimen de alcanzar cualquier objetivo convirtiéndolo en el más ineficaz gobierno desde 1830. La ilegitimidad la “compensa” el régimen con represión y violencia; pero la ineficacia no es posible hacerlo con políticas económicas socialistas que han sido un fracaso en todo el mundo a lo largo de toda la historia y sin recursos económicos para hacer populismo, mucho menos; de allí el empeño de eliminar las sanciones para intentar paliar los efectos de la violencia que la dictadura se ve obligada a desplegar y de allí que ahora deban buscar una fórmula para regresar cuanto antes a la mesa de negociación de Barbados.

Pero hay un aspecto más a tomar en cuenta en este tema. Lo que tenemos a la vista, la crisis humanitaria y la hiperinflación, basta para conformar el cuadro de ineficacia que nos explicaría la pérdida de legitimidad de cualquier gobierno; pero tener conciencia de esto no es un proceso automático. La conciencia de la ineficacia es un problema de expectativas y de percepción subjetiva de cuál es la causa y raíz de un problema. Si no hay una conexión contundente entre la grave situación y la responsabilidad directa del régimen, no se producirá un cuestionamiento que lleve a continuar deslegitimando al régimen en los escasos sectores populares que aún lo apoyan.

Por lo tanto, dos son las tareas políticas del momento que la oposición al régimen debe emprender y continuar sin dilación: primero, lograr que los sectores populares, en general y sobre todo los que aún lo apoyan, hagan la conexión entre los problemas que nos aquejan y su responsable: la dictadura que usurpa el poder en el país; y segundo, comenzar a divulgar, masivamente, entre la población, cuáles son las propuestas de políticas y planes que tiene la oposición democrática para superar la aguda crisis en la que está sumido el país.

La organización o líder político que por el inmediatismo de asumir el liderazgo opositor, o por mezquindad en no reconocer el liderazgo de otros, no se concentre en las actividades mencionadas y en procurar que los responsables de ellas, la dictadura, sean señalados y paguen el precio político, está cometiendo un grave error político, del cual el pueblo –a él o a ellos– les pasará factura.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


A la revista digital POLIS – censurada por Facebook por incomprensibles razones - llegaron recientemente sendos artículos de autores a quienes por su ponderación y capacidad de análisis guardo personal estimación. Me refiero a Trino Márquez y a Simón García.

Dos artículos coincidentes en diversos puntos con los cuales el autor de estas páginas en muchas de sus líneas también coincide. Entre ellas: a) La necesidad de poner en forma un centro político frente a dos extremos, uno representado por el régimen y el otro por una fracción descentrada de la oposición (golpista e invasionista) b) La necesidad de restablecer una relación entre objetivos y rutas c) La necesidad de incentivar el diálogo como medio de comunicación política y d) La defensa del liderazgo frente a los brutales ataques que Guaidó recibe de ambos extremos.

En diversos textos me he expresado sobre esos puntos. Con respecto a la formación de un centro político he señalado que hay que diferenciar entre un centro geométrico formado espontáneamente por la aparición de dos extremos, de un centro partidario formado por partidos o iniciativas que se dicen de centro, y una centralidad hegemónica que surge del reconocimiento de las vías más adecuadas al momento político en que se vive.

Con respecto a la relación objetivo-ruta, he planteado que el mejor camino para destruir una alternativa es trazar objetivos sin ruta. Que proponer una triada en donde la celebración de elecciones aparece en último lugar mientras en primer lugar es propuesta una insurrección (cese de la usurpación) ante la que no existen medios para llevarla a cabo, linda con la irresponsabilidad política tal como fue demostrado en ese funesto y aventurero 30-A.

Con respecto al diálogo político, he planteado su imperiosa necesidad, siempre y cuando ese diálogo involucre al único tema sobre el cual se puede dialogar, a saber, el de la fecha y tipo de la agenda electoral. He agregado además que un diálogo puede ser en su contenido, secreto, no así en su temario. Y he enfatizado que cualquier diálogo no debe paralizar las iniciativas ciudadanas orientadas a apoyar justamente a las posiciones de los representantes que dialogan.

En esos tres puntos las coincidencias con los autores García y Márquez (no confundir con García Márquez) han sido más que las diferencias. Sobre el cuarto punto, el de la defensa del liderazgo, creo, sin embargo, que debo hacer un par de objeciones.

Debo antes manifestar mi pleno acuerdo con Simón García cuando escribe que Guaidó y lo conseguido durante su era oposicionista representa un gran capital político que no se debe dilapidar. El renacimiento de la esperanza después de la anomia política aparecida como consecuencia de la abstrusa abstención del 20-M, la identificación de Guaidó con la AN, elegida electoralmente por el pueblo, la solidaridad internacional anti-Maduro, son hechos inocultables. De ahí que el problema hay que plantearlo de otro modo: ¿cómo impedir que ese capital político sea dilapidado?

Del mismo modo no se puede sino estar de acuerdo con la necesidad de proteger a Guaidó de las sectas rabiosas que lo acosan las que, pese a ser minoritarias, ocupan espacios que ocupó el centro político hasta el 20-M. Pero ahí también hay que plantear el problema de otro modo ¿qué política levantar frente a una fracción que ha hecho de la agresión a Guaidó su programa y su doctrina? Tengo la impresión de que ambas preguntas están entrecruzadas. Para responderlas será necesario, por lo mismo, responder a otra pregunta previa: ¿qué significa el liderazgo de Guaidó?

Imitando el estilo de Max Weber, podemos distinguir dos tipos de liderazgos: uno de tipo arcaico o mesiánico y otro de tipo moderno o político. De acuerdo al primero, un líder lo es porque porta un carisma que le viene de la tradición, líder al que se supone poseedor de poderes sobrenaturales (es el caso de los líderes religiosos). De acuerdo al segundo, el liderazgo de tipo político es ejercido cuando el líder representa a intereses, a veces contrarios entre sí, pero que el líder está en condiciones de conciliar gracias a su capacidad de mediación. Ahora, independientemente a que vastos sectores de la población vean en Guaidó un líder arcaico al que hay que seguir simplemente porque el destino lo puso ahí, su liderazgo es moderno, vale decir, de tipo representativo. Y aquí se plantea el problema serio: ¿Qué hacer si ese líder deja en algún momento de representar los intereses e ideas de la mayoría de sus seguidores? Márquez no da respuesta a esa pregunta: afirma simplemente que hay que apoyar al líder sin cuestionar su política. García en cambio ofrece una alternativa: la de intentar presionar o convencer al líder para que, en lugar de representar posiciones extremistas que provienen de su propio partido, represente a las del conjunto de la oposición. Evidentemente, aquí podemos entrar en un círculo vicioso.

Por una parte, los partidos de la oposición que no creen en salidas extremistas no se oponen ni critican al líder para que este no vea lesionado su liderazgo, hecho que explica por qué los dirigentes de la mayoría de los partidos de la oposición han guardado hasta ahora un silencio estridente frente a los principales dilemas políticos de la nación. Por otra, al no proclamar abiertamente sus propias alternativas políticas, despolitizan, no solo a la oposición sino al propio líder. Y de este modo dejan desprotegido políticamente a Guaidó frente a los ataques de la oposición rabiosa que concentra toda su agresión no en la política sino en la persona del líder. La pugna entonces se transforma en un infructuoso “abajo Guaidó/viva Guaidó”. Con esto queremos decir que la mejor alternativa para proteger a Guaidó de sus enemigos de ambos lados es la de re-politizar a la oposición levantando un debate político en contra de los dos extremos.

Después de todo no hay mejor modo de desarticular a la oposición rabiosa que convertir los debates personales en debates políticos. El debate debe ser: o seguir en la política de las aventuras que convierten a institutos armados y a gobiernos extranjeros en sujetos políticos (y al pueblo en objeto) o convocar a la ciudadanía hacia la reconquista de su principal derecho: el de elegir a sus representantes. Todo lo demás es paja.

Al fin y al cabo puede haber política sin líderes. Lo que no puede haber es líderes sin política.

La oposición venezolana alcanzó sus mayores victorias (2007, 2015) en momentos en los que careció de liderazgo personalizado. Naturalmente, la situación ideal sería la de un movimiento político representado por un líder dispuesto a recorrer las rutas más reales y no las más imaginarias. Entre ellas la más real de todas, la de liderar las luchas por elecciones libres no solo para conseguirlas, sino como un medio que es un fin a la vez: el de organizar políticamente a la ciudadanía sin cuya participación todo liderazgo está destinado a desaparecer. Pero para que eso ocurra no hay que esperar a que Guaidó lo decida, sino todo lo contrario: hay que crear las condiciones para que Guaidó pueda, incluso deba, decidir.

PS. En medio de ese clima nublado que inunda a la oposición venezolana me parece advertir una luz. Veo a Mercedes Malavé, dirigente del histórico COPEI, caminar por las provincias, barrios y pueblos de su patria. Ella intenta recuperar la impronta de inspiración cristiana que fuera identidad de su partido, traduciendo las grandes ideas del social cristianismo en un lenguaje sencillo y perceptible, sin caer en beaterías, ni rezando, ni asistiendo a procesiones a la virgen de no sé cuanto. Para ella el nombre del liderazgo dista de ser el tema central. Habla y actúa con plena independencia, como debe hacer un líder de toda organización política. No se pronuncia ni a favor ni en contra de Guaidó. No es su tema. Simplemente escucha y habla sin apartarse un solo centímetro de la realidad que la rodea pero siempre pensando a nivel nacional. Es una luz. Diminuta, frágil como es ella. Pero brilla.

Referencias

Simón García - BARBADOS CON CORAZÓN

https://polisfmires.blogspot.com/2019/08/simon-garcia-barbados-con-coraz...

Trino Márquez - ENTRE EL CENTRO POLÍTICO Y LA FIRMEZA https://polisfmires.blogspot.com/2019/08/trino-marquez-entre-el-centro-p...

25 de agosto de 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/08/fernando-mires-me-permiten-un-p...

 6 min


Esta semana ha estado llena de noticias vinculadas a las negociaciones políticas entre gobierno y oposición, pero desde una perspectiva distinta. No me refiero a reportes de avance sobre las negociaciones facilitadas por Noruega, las cuales, por cierto, están hibernando luego de las sanciones secundarias de EEUU contra el gobierno de Venezuela.

Me refiero a otro tipo de negociaciones. Las directas, secretas, consentidas o no por todos los actores, que tienen como objetivo resolver la crisis negociando acuerdos, que podrían ir más allá del objetivo electoral de las negociaciones formales e incluyen casi cualquier escenario.

Estados Unidos ha dicho que ha tenido negociaciones con actores clave de la élite chavista y gubernamental y ha informado que no lo está haciendo con consentimiento oficial de Maduro sino buscando precisamente el desmarque y fractura interna de esas fuerzas, para sacarlo del poder. Maduro, por su parte, ha dicho que representantes de su gobierno y partido se han reunido con EEUU y otros países, con su pleno conocimiento y consentimiento, en la búsqueda de soluciones a la crisis. Los actores mencionados por ambas partes se han mostrado, luego de que salieran sus nombres a la luz, públicamente cerca de Maduro y otros personeros hiper sancionados, para enviar un mensaje (cierto o no) de unidad y respaldo.

Mi primera reacción a todo este embrollo fue preguntarme: ¿cuál será la sorpresa frente al hecho, obvio y evidente, de que todas las partes están negociando, en todos los planos, con todos los adversarios externos e internos, en todos los tipos de negociación posible, mientras que en paralelo se radicalizan contra sus adversarios para tratar de presionarlos y enviar también mensajes de fuerza y amenaza, que intenten evitar cualquier resquebrajamiento interno de su fuerza?

Más allá de las consignas principistas de los voceros radicales de ambos lados, que hoy quedan colgados de la brocha con las declaraciones negociadoras de sus propios aliados (a quienes paradójicamente no se atreven a criticar en sus tuits), resulta claro que todo es negociable. En efecto, la política es la ciencia de la negociación. Y no se negocia con los panas, sino con los adversarios, que por cierto, no los escoges tu, sino las circunstancias y no suelen ser confiables, decentes, prudentes y sanos, sino usualmente impresentables en función de tus propios valores y principios. Aún así, es con ellos que tienes que negociar e intercambiar cosas para resolver el conflicto. En un secuestro, no negocias con el cura de la iglesia, sino con el secuestrador, te guste o no. Y a mí me parece perfecto e importantísimo que ocurran esas negociaciones, aunque no necesariamente terminen en una solución deseada a corto plazo. A fin de cuentas, estoy convencido que el final de esta historia será negociado y mientras más se exploren todos los caminos de la negociación, más probabilidades de solución habrá.

Pero las negociaciones que pueden ser exitosas no son las que se anuncian, ni denuncian, ni revelan para “exponer” al negociante. Eso más bien indica que esos intentos fracasaron. Las negociaciones realmente importantes son las que ocurren detrás de las cámaras, comentarios y artículos de prensa y redes. Hay una realidad concreta. El gobierno no quiere negociar. Quiere comprar tiempo. La oposición y sus aliados tampoco quieren negociar. Quieren a Maduro fuera del poder. Pero ni uno, ni otro tienen altas probabilidades de lograr sus objetivos por una sola vía. Entonces, queriendo o no, se ven obligados a negociar. El tema es que no es posible proyectar el tiempo en el que esto puede cuajar en alguna solución relevante, si es que eso es realmente posible.

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Las noticias inundan las redes sociales, las ediciones digitales de los periódicos y las emisoras de radio. Crece exponencial la incertidumbre y la confusión reina. Ha sido una semana rica en especulaciones, informaciones no confirmadas y protagonismos. Entre las más destacadas resultan: Diosdado, se reúne con voceros del gobierno de EEUU; el Comando Sur listo para el bloqueo naval; pospuesta la ronda de reuniones en Barbados; el dólar se dispara al alza y la hiperinflación asciende incontrolada; empresas rusas y chinas suspenden compra de petróleo Venezolano; gana el peronismo en Argentina; EEUU, dice que se reúne con el gobierno a nivel muy alto; el salario mínimo mensual baja a 2,76 dólares, entre otras. En fin, apreciados lectores, aquí lo que hay es una verdadera explosión informativa, prosecución de una situación arto conocida. Vivimos en una profunda crisis política, económica y social. Y todo esto, es desarrollo de un proceso político que todavía no define su desenlace; manteniendo vigente cualquiera de las alternativas puestas en mesa.

Guerra de Cuarta Generación

Hay que tener presente que protagonizamos una guerra de cuarta generación. La primera, se inició con el uso de las primeras armas de fuego. La segunda, aprovechó los avances de la revolución industrial. La tercera, aparece con la Segunda Guerra Mundial. La cuarta, se basa en una guerra psicológica o bombardeo a la mente, dirigida a controlar, por expertos, la voluntad de las personas. Para eso se usan la guerra de guerrillas, la asimétrica, el terrorismo, la guerra civil, la propaganda –información-contrainformación– el uso de mentiras o fake news, (las bombas son las mentiras), la cibernética. No hay enfrentamiento entre ejércitos. Es una guerra económica, política y de violencia callejera. Entre los ejemplos de guerras de Cuarta Generación: la guerra civil China, conflicto armado de Colombia, Vietnam, Angola, Afganistán, Congo y Yugoslavia. El concepto de guerra de Cuarta Generación, es parte de la doctrina militar estadounidense.

Analistas y orientadores de opinión

Y para entender lo que esta pasando y por donde van los tiros, es necesario ponerse el lente de la objetividad. Y eso, va a depender del papel que usted juega en la guerra. Los primeros, son receptores pasivos y difusores de noticias favorables al bando en el que milita y aquellas negativas al adversario. Son fanáticos, fichas de partidos o repetidores consuetudinarios. Abundan entre la muchedumbre y copan extensos espacios en las redes, medios y en el boca a boca. No distinguen una noticia falsa de una verdadera. Mercado cautivo de campañas informativas y publicitarias. La carreta de los deseos va delante de la racionalidad. Por otro lado, los segundos, son aquellas personas que analizan –quitandose el cristal de los deseos- cada noticia, propuesta o juicio, para descubrir su fuente o intención. Altamente informados. Racionales. Poseen criterio. Estas personas tienen un alto nivel político y cumplen una función muy importante en los partidos políticos… Observan, oyen mucho y estudian. Advierten la importancia o necedad de una noticia. Son élite de grupos y orientadores de la opinión.

Diálogo y negociación a todos los niveles

Como se podrá observar, vivimos momentos dramáticos. La crisis se ha profundizado. Pereciera, a simple vista, que estamos en tiempos de desenlace o de pre conclusión. Esto es un enredo muy grande y los políticos se están moviendo en todas direcciones; semejando mina de bachacos, después de ser molestados. Corriendo en todas direcciones… hacia adelante y hacia atrás. Desorientados. Todas las organizaciones y personajes en un escenario de reuniones, diálogos y negociaciones. Nadie quiere quedar fuera. Buscan ser copartícipe de lo que pudiera dar con el traste a esta inaguantable situación. La credibilidad de los políticos se deteriora y pierden popularidad. La gente disminuyó la confianza en ellos. El desespero es tal que demandan una solución ya, sea la que sea. Estados Unidos, por su parte, acelera sus medidas y aumenta las sanciones. La sensación que dan es que trabajan en una linea central: sacar a Maduro de la presidencia. La amenaza del bloqueo naval pudiera ser la próxima acción. El Comando Sur, dice estar preparado, solo esperando la orden. Continúa girando el torniquete y la incertidumbre crece en la psiquis del venezolano. ¡Amanecerá y veremos!

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