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Opinión

Alejandro J. Sucre

Mientras Venezuela este bajo la dirección de Maduro, sus ministros y la ANC permanecerá en estado de declive. La razón para ésta afirmación es que ningún empresario venezolano, chino, ruso, turco e hindú y mucho menos latinoamericano, europeo o norteamericano, ningún funcionario público, ningún profesional, ninguno de los trabajadores en el país confía sus propiedades, ni sus mejores esfuerzos en el grupo que ejerce el poder. Ninguna institución de servicios del Estado funciona de manera normal. La corrupción con los prestamos de sus aliados rusos y chinos, el impago de deudas de Pdvsa, las expropiaciones sin previo pago, los controles de cambio y precios asfixiantes del pasado, el uso de fuerza y violación de DDHH para frenar protestas y cambios democráticos, la emisión de dinero inorgánico hace que a pesar del gran interés mundial que existe por invertir en Venezuela, nadie ni los propios aliados de Maduro inviertan. El gobierno bajo la gerencia de Maduro se ha convertido en un tapón que impide el flujo de actividades de la población nacional y extranjera. Si permanecen empresas abiertas en el país es porque creen que habrá un cambio político, o debido a que la administración de Maduro ha moderado sus ataques al sector privado o por que son amigotes del régimen. Inversiones nuevas, nuevos profesionales inspirados por el Socialismo y sus protagonistas no hay ni habrá hasta que haya un cambio político.

En este momento la estrategia del régimen es mantenerse en las riendas del poder y permanecer con un país vegetativo que se vaya reduciendo a lo que quede. Aprovechándose que la población venezolana no reclama sus derechos políticos con arrojo, excusándose en las sanciones estadounidenses, que no habrá intervención militar extranjera, y que los líderes de los países democráticos no se ponen de acuerdo en como enfrentar a Maduro y que pronto perderán elecciones, Maduro piensa que tiene tiempo de sobra y una ANC para ir manteniéndose como los Castro en Cuba sin importar el costo social. Por el otro lado, el presidente (AN) Guaidó aglutina una inmensa porción de apoyo de los ciudadanos del país, y define un plan de reactivación económica donde garantiza tasas de crecimiento de mas de 20 % anual y motiva a los capitales del mundo incluyendo China y Rusia y los grandes inversionistas de las industrias minera, energética, turística, manufacturera y agroindustrial a nivel mundial. Estos inversionistas globales y locales están dispuestos a invertir con entusiasmo centenares de miles de millones de dólares. Hoy una Venezuela libre con apertura a los inversionistas sería el polo de atracción de capitales e inversiones mas importante del planeta. Ningún país en el mundo hoy ofrece (a excepción del sector tecnológico estadounidense) mejores tasas de retorno a la inversión que Venezuela en las industrias de petróleo, petroquímica, minería, y demás sectores ligados a las industrias alimenticias y turística.

Pareciera que la reactivación del aparato productivo venezolano esta a punto de estallar y que el tapón que lo impide es la desconfianza en la ANC y en Maduro. Incluso EEUU arma un fondo de USD 10.000 millones y el FMI y el Banco Mundial hasta USD 80.000 millones sin sumar la inmensa cantidad de dinero de inversión que entrará a Venezuela vía inversión en el rescate de las empresas del Estado y otras inversiones. Ni Rusia ni China ofrecen similar plan de inversiones. Incluso el plan de inversiones de EEUU y Guaidó es lo que haría viable recuperar las inversiones de China y Rusia.

@alejandrojsucre

 2 min


El archipiélago opositor es una incongruencia que subyuga las posibilidades de derrotar al gobierno de Maduro. Es como si cada quien remara para su lado en un naufragio; sin rumbo fijo. Girando, como pollo sin cabeza. Una estampida alocada… Parecen no entender que más puede el todo que la suma de sus partes, en el conocido principio aristotélico. Pero, las rivalidades y las ambiciones crean muros de incomunicación y desacuerdo, que hacen crecer exponenciales las contradicciones y los antagonismos. No hay un solo camino y el número esta acoplado a personalidades y organizaciones (generales sin ejército), que hacen vida en solitario. Cabalgan sin compañía, pero hacen ruido mediático y en las redes, aparentando una fuerza que no tienen. En algunos casos estimulados por el gobierno. Ideas efectistas, oportunas y propuestas sesudas, se pierden en el laberinto de la trama inoficiosa. Remos antigregarios… ermitaños.

Timón y motor de la victoria

Pescando en río revuelto, pasan su tiempo negociando aquí negociando allá. Son piezas furtivas nadando a un lado y otro en el inmenso mercado opositor. No coinciden con nadie y son como las estrellas solas que titilan a lo interno. Son símbolos de una etapa paradójica e incomprensible donde reina la incertidumbre como bosque nocturno y empantanado. Satisfechos en sus afanes melodramáticos, andan, por el mundo político, tras un chance, para figurar y fantasear. Pareciera que no conviene la unidad, aunque fuera para derrotar a Maduro. El liderazgo reconocido por la mayoría, capitaliza en forma íntegra. Sin embargo, el objetivo de sacar a Maduro, con esfuerzo interno, demanda una acción unitaria. La situación de minusvalía de la actual participación colectiva, reclama una contundente estrategia unitaria, que eleve el optimismo, aliente la lucha y la movilización en la calle. La unidad total opositora es el timón y motor de la victoria.

Representatividad cualitativa y cuantitativa

Habida cuenta que el líder opositor, reconocido por la mayoría de los venezolanos y por el mundo occidental, es Juan Guaidó, a él corresponde un llamado a la unidad total, con propuestas de funcionamiento y liderazgo colectivo. Hay que integrar a todos en una plataforma política de dirección y lucha. Donde quepan todos, alrededor de un consensuado programa de gobierno y de unas líneas argumentales y propuestas centrales. A mi entender, este sería el principal esfuerzo de diálogo y negociación que se debe desarrollar en el país. ¡Antes, que con el gobierno! A la negociación promovida por el gobierno de Noruega asisten por primera ves “las oposiciones”, tal como lo dijo Maduro. ¡Buena esa, es un importante avance! No se debe ir a una guerra con una parte de las fuerzas. Ir fraccionado, decreta la derrota. Como se estaba haciendo, le daba ventaja, de entrada, al gobierno. Era igual a presentarse al campo de batalla enclenque o disminuida. La imagen de vigoroso o corpulento se lo da su grado de unidad. Su representatividad cualitativa y cuantitativa.

ANC, “Caballo de Troya”

Por conocer esa debilidad y raquitismo es por lo que el gobierno luce prepotente… amenazador. Ahora va por los diputados que aprobaron el TIAR, en la Asamblea Nacional. Desconociendo el fuero de la “Irresponsabilidad”. Y el carácter que tiene la cámara de enjuiciar a sus miembros. Mejor dicho, su objetivo es liquidar el único poder público y electo que tiene la oposición. Continúan las persecuciones, la violación de los DDHH, a los privados de libertad por posiciones públicas. Violando la Constitución y las leyes respectivas. La Asamblea Nacional Constituyente se convirtió en un “Caballo de Troya”, para la oposición. Desde allí y desde el TSJ, tienen a raya por “Desacato”, a la AN. Ni aprueba leyes ni controla la administración pública. Es simplemente un centro de desahogo o calistenia. Que reconoce el mundo occidental, pero sin efecto práctico en la institucionalidad democrática y en el funcionamiento del Estado de derecho. A mi entender, la prioridad es amalgamar en un solo proyecto a toda la oposición: líderes, cuadros medios, regionales, militantes y opositores al gobierno. Esta es la forma de levantar el espíritu de lucha y la confianza en el liderazgo. ¿Qué es una temática compleja? Estoy de acuerdo, pero para eso hay especialistas de gran capacidad mediadora y facilitadora. Métodos y técnicas eficaces que desarrollan procesos con resultados garantizados. El objetivo es común, cambiar el gobierno e instaurar uno de transición. ¡Manos a la obra!

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

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Carlos Raúl Hernández

La ciencia política habla de Estado fallido aunque en derecho internacional solo existen estados sin calificativos. Dos politólogos norteamericanos, Steven Ratner y Gerald Helman acuñaron el concepto hace casi 30 años. Son naciones en dramática disolución porque la vida es invivible, incapaces de satisfacer necesidades básicas, prestar servicios de salud, electricidad, agua potable o seguridad ciudadana. Grupos irregulares o delictivos arrebatan el monopolio institucional de la fuerza.

Robert Rotberg matiza que previos al precipicio hay estados en vías de fallar, fracasar, colapsar o desestructurarse. Venezuela va en ese tramo pero acelera con la actual dualidad de poderes que no parece proclive de resolverse porque se creó un statu quo y muchos intereses atravesados. No hubo hasta ahora una guerra civil con cisura territorial, porque las FF.AA no sucumbieron a la prédica de la intervención militar democrática, el quiebre militar.

No han funcionado coros de sirenas mitad humanos y mitad burros. Según estudiosos, Somalia es la tormenta perfecta, tanto que somalización equivale a Estado fallido, éxodos en masa, hambruna, guerra civil, terrorismo y desintegración territorial. Datos recientes indican que funcionaban apenas siete hospitales, habían robado el cableado eléctrico, todas las escuelas cerraron, no existía ya red de agua potable, ni policía, ni bancos, ni ejército regular.

Ni sistema de pasaportes, identificación, ministerios, ni aduanas. Cuestiona la idea de Estado fallido Noam Chomsky, uno de los más importantes semiólogos del siglo XX, pero también en sus análisis políticos, reo de estafa continuada y mentira con alevosía. Su disgusto nace de que casi todos los fallidos fueron plazas revolucionarias, satélites soviéticos o chinos. Una vez que se desintegró la URSS, la corriente se lleva a sus criadas e improductivas tiranías en África y Asia.

Socialismo fallido

Cuba se salva porque cuando queda sin subvención soviética y llamaba al hambre período especial, Chávez la adoptó. En esa morgue o cerca están: Somalia, Uganda, Ruanda, Burundi, República Centroafricana, Zimbabwe, Congo, Sierra Leona, Mozambique, Liberia, Sudán, Chad, Yemen, Irak, Libia, Afganistán, Birmania, Camboya, Kirguistán, Uzbequistán, Turkmenistán, Tayikistán, Siria et.al. El socialismo africano. Pese a las ensoñaciones diurnas las tropas extranjeras cambian cáncer por Sida

¿Cuántas intervenciones militares extranjeras llevan Haití y Somalia? En esos países el infierno se abrió cuando las guerras civiles dividieron al ejército y el país quedó en manos de bandas. La historia se repite: un bufón megalómano y pueril con cabeza cuajada de tonterías, vino a cambiar el mundo y lo logró, gracias a la trivialidad de las élites. A diferencia de Chomsky, organismos internacionales, de seguridad, y centros académicos, dan a la discusión primera magnitud y carácter de tragedia.

La CIA crea una Fuerza de Tarea en Estados Fallidos (SFTF) y un Comando Africano (AC). La OCDE tiene el Grupo para Estados Frágiles (FSG) Somalia se funda en 1960 con un régimen democrático que muy pronto comienza a ahogarse en la polarización política y el odio entre los grupos dirigentes. La incapacidad para establecer un consenso de convivencia trae la revolución encabezada por Siad Barré en 1969, alfil de la Unión Soviética que nacionaliza la economía e inicia hostilidades con la vecina Etiopía.

Una tiranía feroz e inepta, aplasta clanes y tribus a nombre del socialismo que abre puertas a la hambruna. El frente opositor derroca la república socialista a comienzos de los 90, pero incapaces de establecer acuerdos, estalla la guerra civil. En medio de la violencia a partir de 1996 cinco regiones se declaran autónomas o independientes. Una coalición de grupos islámicos toma la capital, y ante la anarquía los países vecinos, Burundi, Kenya y Etiopía, invaden Somalia para frenar el drama de millones de refugiados.

Sanchezcos

Como el ejército quedó destruido, EEUU, Europa y la Unión Africana deciden nueva intervención militar, que dura diez años, para respaldar y estabilizar “la transición”. Solo dieron a mafias, narcotraficantes y piratas argumento para acciones terroristas. Hoy el gobierno apoyado por occidente apenas controla la capital Mogadiscio y los funcionarios no pueden siquiera salir de la ciudad. Sin problemas étnicos ni religiosos, la moderna, petrolera y democrática Venezuela, se hunde y coquetea con disolverse.

Sus élites “alquilaron habitaciones en el hotel del abismo” diría Lukács. Empujaron y empujan la carreta hacia él durante tres décadas. En alguna religión de India, Leviatán es un espíritu no del mal, sino del caos. Derrocar del proyecto modernizador de Carlos Andrés Pérez instaló el caos en el gobierno y en importantes grupos de poder que luego fueron opositores a la revolución.

Veinte años atrás, amigos criptochavistas tomaban con sorna sanchezca las advertencias sobre lo que vendría. Hoy criptoradicales, las asumen de la misma manera. Hay tres puntos clave para frenar la locomotora sin frenos. Un acuerdo de conciliación que cierre la brecha, lo que implica seguridades mutuas. Mantener la unidad de la FF.AA; y que nuestros países amigos no apuesten a somalizarnos, a matarnos de hambre.

@CarlosRaulHer

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Deutsche Welle

Achim Steiner lleva dos años administrando el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Nueva York. Durante una década –entre 2006 y 2016– fue director ejecutivo del programa de la ONU para el medio ambiente (PNUMA), cuya oficina central está en Nairobi, Kenia. Y antes de eso llevó las riendas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), con sede en Gland, Suiza. Aunque estos cargos demandan una buena dosis de diplomacia, Steiner no tiene tapujos a la hora de señalar los obstáculos que dificultan la reconciliación de la economía con la ecología en el marco de la actual crisis climática. DW habló sobre este y otros temas con el político y ambientalista germano-brasileño de 48 años.

Deutsche Welle: La eficiencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es puesta en duda por cada vez más personas con cada vez más frecuencia. ¿Diría usted lo contrario? ¿Cree usted que la ONU cumple su cometido cabalmente?

Achim Steiner: ¿Somos la ONU y sus agencias individuales, sus fondos y sus programas el mejor ejemplo de eficiencia y efectividad? No, no lo somos. Por otro lado, los Estados miembros de la ONU no están contribuyendo a financiar su funcionamiento como se comprometieron a hacerlo. Y esa falta de recursos ha generado una crisis. Creo que el mundo entero se quedaría pasmado si supiera lo mucho que hacemos con tan poco dinero para conservar la paz en el planeta, proveer apoyo humanitario donde es necesario y ayudar a países a alcanzar sus metas de desarrollo. Estamos haciendo mucho para conseguir ser más eficientes.

¿Qué tan pequeño es el presupuesto con el que trabajan?

Permítame citar una cifra para hacer una comparación. Los ciudadanos de Nueva York pagan 2.750 millones de euros al año en impuestos para garantizar su protección. Eso es más o menos el equivalente de lo que el secretario general de la ONU tiene a su disposición para mantener funcionando su despacho y responder a las mayores crisis del mundo. En otras palabras, el presupuesto de la ONU es inadecuado.

¿Podría darnos un ejemplo de cómo el PNUD trata de garantizar la sostenibilidad del desarrollo de las naciones que reciben su respaldo? Con tantos problemas de escala global, ¿cómo blindar el progreso de los países no industrializados?

El sistema económico en el que estamos atrapados destruye nuestro planeta. Mientras tanto, el PNUD se destaca en el seno de la ONU como el mayor proveedor de asesoría para enfrentar el calentamiento global y sus secuelas. Nosotros contribuimos a que en más de 170 países se aceleren las acciones para responder al cambio climático, en beneficio de sus respectivos intereses de desarrollo nacional. Nosotros también lidiamos con la cuestión migratoria combatiendo directamente las causas de las migraciones masivas. La población joven del mundo sabe que existen oportunidades para prosperar fuera de sus países y, si estos no les brindan esperanza y perspectivas, ellos van a hacer sus maletas e irse a otro lado. Esos movimientos no los podemos controlar en este momento, pero lo intentamos.

A pesar de las contrariedades, usted es percibido como un optimista. ¿Qué factores lo frustran personalmente?

Mi mayor fuente de frustración es la falta de tiempo. Vivimos en una era donde el impacto colectivo de los humanos sobre el planeta está transformándolo de manera evidente y alterando las condiciones de vida en él. Y ese impacto ya no es producto de la ignorancia, sino de la autocomplacencia y la irresponsabilidad. Estas actitudes son una amenaza para el futuro de nuestros niños.

Reconciliar la economía y la ecología ha sido uno de los puntos más importantes de su agenda. De hecho, usted contribuyó a que el Acuerdo de París para frenar el calentamiento global se firmara. ¿Cree usted todavía que la meta fijada de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC pueda ser alcanzada?

Hay razones de peso para creer que podemos alcanzar esa meta. Pero nuestros líderes carecen del coraje y de la honestidad necesarias para comprometerse con sus comunidades y propiciar un cambio en la percepción de lo que significa tener responsabilidad sobre nuestros actos. Tener responsabilidad sobre nuestros actos implica tomar decisiones, hacer cosas y saber que, si no tomamos otro camino, estamos hipotecando el futuro de las próximas generaciones. Lo curioso es que estamos en el siglo XXI –una era en la que somos más ricos, estamos mejor educados y somos más capaces de actuar– y todavía votamos por líderes políticos que nos dicen que quizás este no es el momento indicado para actuar. Estamos viviendo en la era de la irresponsabilidad. Es necesario que eso cambie.

DW

https://www.dw.com/es/achim-steiner-nuestros-líderes-carecen-de-coraje-y-honestidad/a-49873993

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Raghuram G. Rajan

La independencia de los bancos centrales está otra vez en las noticias. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump viene criticando duramente a la Reserva Federal por mantener tasas muy altas, y se dice que exploró la posibilidad de forzar la salida de su presidente Jerome Powell. En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdoðan despidió al gobernador del banco central; su reemplazante adoptó una política de marcada reducción de los tipos de interés. Y no son los únicos ejemplos de gobiernos populistas que en los últimos meses pusieron en la mira a los bancos centrales.

En teoría, la independencia de los bancos centrales implica que las autoridades monetarias tienen libertad para tomar decisiones impopulares pero necesarias (en particular en lo referido a combatir la inflación y los excesos financieros), ya que no tienen que presentarse a elecciones. Enfrentados a decisiones similares, los funcionarios electos siempre tendrán incentivos para adoptar una respuesta más blanda, cualesquiera sean los costos a más largo plazo. Para evitarlo, delegaron la intervención directa en asuntos monetarios y financieros a los bancos centrales, que tienen amplitud para elegir con qué medios cumplir los objetivos fijados por el establishment político.

Este sistema aumenta la confianza de los inversores en la estabilidad monetaria y financiera del país en cuestión; la recompensa por esa confianza (recompensa que se hace extensiva al establishment político) es que los inversores aceptarán tipos de interés más bajos por la deuda. En teoría, al país le aguarda un futuro venturoso, con inflación baja y un sector financiero estable.

Tras mostrarse eficaz en muchos países a partir de los ochenta, la independencia de los bancos centrales se convirtió en mantra de las autoridades en los noventa. Los banqueros centrales pasaron a ser figuras prestigiosas, cuyas declaraciones públicas (muchas veces elípticas o incluso incomprensibles) se tomaban como palabra santa. Por temor a una recaída en la alta inflación de principios de los ochenta, los políticos les dieron amplio margen y se abstuvieron en general de comentar públicamente sus acciones.

Pero ahora parece que tres acontecimientos han destruido este consenso en los países desarrollados. El primero fue la crisis financiera global de 2008, que hizo pensar que los bancos centrales se habían quedado dormidos al volante. Aunque después de eso consiguieron rodearse de un aura de poder todavía más grande organizando una respuesta eficaz a la crisis, desde entonces los políticos lamentaron tener que compartir escenario con estos salvadores elegidos por nadie.

En segundo lugar, desde la crisis, los bancos centrales han sido reiteradamente incapaces de alcanzar sus metas de inflación. Esto podría interpretarse como que no han hecho lo suficiente para estimular el crecimiento, pero la realidad es que no tienen medios que les permitan una mayor flexibilización monetaria, ni siquiera con herramientas no convencionales. Cualquier indicio de expansión monetaria parece alentar más la toma de riesgos financieros que la inversión real. De modo que los bancos centrales se han vuelto rehenes del aura que ayudaron a crearse. Cuando el público cree que las autoridades monetarias tienen superpoderes, los políticos preguntan por qué no los usan para cumplir con sus mandatos.

En tercer lugar, los últimos años muchos bancos centrales cambiaron su estrategia de comunicación, pasando de emitir declaraciones crípticas a una política de plena transparencia. Pero desde la crisis, muchos de sus pronósticos públicos en relación con el crecimiento y la inflación resultaron errados. Que tal vez fueran las mejores estimaciones del momento no convence a nadie: lo único que importa es que se equivocaron.

Esto los vuelve triplemente culpables a ojos de los políticos: no previnieron la crisis financiera, y eso no les supuso costo alguno; no están cumpliendo con su mandato ahora; y no parece que sepan más que cualquier vecino sobre la marcha de la economía.

No sorprende que los líderes populistas estén entre los críticos más furiosos de los bancos centrales. Los populistas creen que tienen un mandato emanado del “pueblo” para arrebatar el control de las instituciones a las “élites”, y no hay nada más elitista que unos sesudos doctores en economía que hablan en jerga y se reúnen periódicamente a puertas cerradas en lugares como Basilea, Suiza. Para un líder populista que teme que una recesión le desbarate la agenda y manche su imagen de infalibilidad, el banco central es el chivo expiatorio perfecto.

Los mercados se muestran curiosamente tolerantes a pesar de estos ataques. En otros tiempos hubieran reaccionado presionando al alza sobre los tipos de interés. Pero al parecer, los inversores concluyeron que las consecuencias deflacionarias de la incertidumbre creada por las acciones heterodoxas e impredecibles de los gobiernos populistas superan con creces cualquier daño a la independencia de los bancos centrales. Así que prefieren que estos den a los líderes populistas lo que quieren, no para sostener sus políticas “maravillosas”, sino para contrarrestar sus consecuencias adversas.

El mandato del banco central le exige flexibilizar la política monetaria en tiempos de crecimiento vacilante, incluso si es causado por las propias políticas del gobierno. Aunque sigue siendo una entidad autónoma, en la práctica se convierte en un seguidor dependiente. Puede ocurrir entonces que el gobierno se vea alentado a emprender políticas todavía más arriesgadas, dando por sentado que el banco central rescatará la economía si fuera necesario. Peor aún, los líderes populistas pueden convencerse erradamente de que el banco central tiene más capacidad para remediar los efectos económicos de sus errores políticos que la que realmente tiene. Esos malentendidos pueden ser muy problemáticos para la economía.

Además, las autoridades monetarias no están a salvo de la crítica pública. Saben que una imagen negativa daña la credibilidad del banco central y su capacidad para reunir fuerzas y actuar en el futuro. Conscientes de que si la economía flaquea todos les echarán la culpa, es totalmente comprensible que las autoridades monetarias tomen recaudos adicionales para protegerse de esa eventualidad. En el pasado, el costo hubiera sido más inflación en el mediano plazo; hoy el costo más probable es más inestabilidad financiera en el futuro. Claro que esta posibilidad tenderá a deprimir más los tipos de interés del mercado antes que elevarlos.

¿Qué pueden hacer los bancos centrales? Sobre todo, tienen que explicar su función a la opinión pública, y que no se trata simplemente de subir o bajar los tipos de interés a voluntad. Powell ha sido transparente en sus conferencias de prensa y en sus discursos, y ha sido honesto respecto de las incertidumbres que los bancos centrales tienen en relación con la economía. Disipar la mística que rodea a los bancos centrales puede dejarlos vulnerables a ataques en lo inmediato, pero a la larga es lo mejor. Cuanto antes entienda la gente que las autoridades monetarias son personas comunes y corrientes que hacen un trabajo difícil con herramientas limitadas en circunstancias complicadas, menos esperará que la política monetaria corrija como por arte de magia los errores de los funcionarios electos. Y en las condiciones actuales, puede que sea la mejor forma de independencia a la que pueden aspirar los bancos centrales.

Traducción: Esteban Flamini

31 de julio de 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/central-bank-fall-guys-by-r...

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La pobreza y la supervivencia de la nueva democracia de Venezuela

Venezuela vive un trance que la comunidad internacional califica de Emergencia Humanitaria Compleja. Pero la gestación de esta crisis comenzó en las últimas décadas del Siglo XX con una involución del desarrollo que el país había experimentado por cincuenta años continuos, la cual llevó a una descomposición progresiva de su tejido social, es decir a la pérdida paulatina de la cohesión de los venezolanos, al desvanecimiento de su disposición a cooperar por el bien común y al incremento de los potenciales de violencia entre grupos sociales.

La ampliación de la pobreza iniciada en los últimos veinte años de la democracia es producto de aquella involución y es a la vez raíz y expresión de la descomposición mencionada del tejido social, llegando a convertirse por esa vía en una de las causas fundamentales de la pérdida de la democracia. La pobreza de ingresos pasó de ser menos de un 30% de la población venezolana en la década de 1970 a ser más del 60% en 1998, y como en otras sociedades, ese crecimiento de la pobreza se acompañó desde entonces de una degradación de la política, que año tras año profundizó el populismo clientelar, abandonando las prioridades que habían tenido las políticas de Estado de los primeros 20 años de la democracia, cuando se concentraron en la creación de capacidades y oportunidades reales de progreso. Este giro en el estilo de la política, y su correlato en el incremento de la pobreza, crearon el caldo de cultivo social y político que aprovechó el Socialismo del Siglo XXI para llegar al poder.1

La historia reciente es más conocida; durante el tiempo que ha transcurrido del presente siglo, la gestión del régimen revolucionario destruyó la economía productiva y las instituciones de la democracia liberal, lo que ha conducido a Venezuela al desastre económico y la pérdida total de las libertades; exacerbó la manipulación clientelar de los pobres y promovió activamente la confrontación al interior de la sociedad hasta deshacer el tejido social; y creó las condiciones objetivas que han magnificado la pobreza hasta alcanzar niveles superiores al 90 % de la población en la actualidad.

Reducir a un mínimo la pobreza y asegurar progreso real para todos los venezolanos es por encima de todo un imperativo ético del nuevo estilo de desarrollo al que se debe encaminar la reconstrucción de Venezuela, pero es además una necesidad política para preservar la democracia y no perderla nuevamente a manos del neopopulismo, una vez recuperada.

Los neopopulismos de izquierda y derecha, de vocación autoritaria e incluso de deriva totalitaria, están amenazando a las democracias liberales de todo el mundo, y es un hecho que los de izquierda radical sobrevivirán a la recuperación de las libertades en Venezuela. Apoyándose en las frustraciones propias de la pobreza, esos movimientos neopopulistas intentarán muy probablemente provocar tensión y violencia social para desprestigiar a la nueva democracia y llegar nuevamente al poder.

Resumen de la propuesta: un acuerdo nacional para el desarrollo y la superación de la pobreza

Un desarrollo con reducción significativa de la pobreza sólo será posible si la reconstrucción de Venezuela genera oportunidades efectivas para el progreso de todos. Ello implica otorgar prioridad real a la elevación de las capacidades de la mayoría de los ciudadanos para que ellos se hagan agentes de sus propias vidas, y conducir políticamente el proceso con la decisión de desterrar la manipulación populista que el Estado venezolano asumió como estilo en el pasado.

Por otra parte, para que la mayoría de la población desarrolle lealtad para con la nueva democracia, y para que no caiga nuevamente víctima del neopopulismo, el proceso de la reconstrucción debe garantizar dos condiciones con relación a esa alta proporción de los hogares venezolanos que está en la pobreza. En primer lugar, es indispensable que los hogares pobres experimenten logros reales de bienestar desde muy temprano y además vivan una experiencia de prosperidad continuada. En segundo lugar, es necesario que todos los sectores de la sociedad incluyendo su clase media, los empresarios y los trabajadores, se hagan presentes apoyando con su solidaridad activa el progreso de todos.

En fin, tanto por motivos éticos asociados a la equidad que debe tener nuestro desarrollo futuro, como por las razones políticas antes comentadas, es necesario iniciar tempranamente la aplicación de una estrategia de desarrollo que asegure el progreso de todos, en función de cuyo éxito la propuesta se basa en un Acuerdo Nacional para el Desarrollo y la Superación de la Pobreza que persigue la creación de capacidades humanas y oportunidades para el progreso de todos y la reducción de la pobreza.

El acuerdo propuesto busca comprometer a las organizaciones políticas democráticas, las organizaciones laborales y empresariales, las iglesias y las principales organizaciones comunitarias y ONGs, con un conjunto de acciones cuya ejecución está basada en los siguientes lineamientos estratégicos:

El primer lineamiento es asignar la más alta prioridad política a cinco conjuntos de reformas institucionales, políticas públicas y programas que se integren bajo una estrategia y un seguimiento común, dirigidos a asegurar el progreso de todos rompiendo las trampas que mantienen en la pobreza a la mayoría de la población venezolana:

• El funcionamiento de una economía de mercado con marcos regulatorios que propicien un crecimiento estable, de muy baja inflación y de alta generación de empleos formales, los cuales abran todos los sectores productivos a la inversión privada y a los emprendimientos de la economía solidaria y la economía privada popular, otorgando seguridad jurídica a sus agentes;

• El acceso efectivo de todos los niños y jóvenes de los hogares populares a la educación de calidad, lo que implica realizar importantes reformas en el sistema, e innovar para ampliar muy pronto la oferta de calidad. Las reformas deben incorporar la formación en valores, actualizar los curricula, fortalecer a los docentes y perfeccionar las opciones de capacitación y formación técnica. Las innovaciones para ampliar la oferta implican actuar en la organización, el financiamiento y los métodos de la educación pública en general, para incorporar nuevas ofertas de calidad originadas, entre otras fuentes, en organizaciones autónomas de educadores y en escuelas privadas;

• La creación e implementación de un sistema eficaz de salud y de seguridad social para pensiones y desempleo, que cubra a todos los venezolanos y que eleve progresivamente sus estándares de servicio;

• La elevación de la calidad del hábitat de todos los barrios populares del país a través de un ambicioso programa de 20-25 años que equipare en ese horizonte los estándares de esas zonas con los de las áreas reguladas de las ciudades; que dé cabida a alianzas público-privadas y a iniciativas de la economía solidaria y la economía privada popular, dirigido a la regularización de la tenencia de la tierra en favor de las familias de los barrios, la mejora del ordenamiento urbanístico y la elevación progresiva de los niveles de los equipamientos, infraestructuras y servicios públicos; y

• Una reforma institucional que ponga el Estado al servicio del ciudadano, que eleve el protagonismo del municipio y que destierre tanto las aberraciones del poder comunal impuesto en los últimos 15 años como el vicio del populismo clientelar que persiste desde hace cuatro décadas, y que abra vías de participación efectiva de los grupos populares en las decisiones de lo público que los afectan.

El segundo lineamiento radica en la incorporación al acuerdo de programas de solidaridad social activa que contribuyan a neutralizar los efectos de la siembra de odios que ha dominado la acción política del Estado en los últimos veinte años, a ser ejecutados en el corto plazo por la clase media, los estudiantes, los profesionales universitarios, los empresarios y otros grupos sociales específicos, para dinamizar tempranamente la creación de capacidades en niños y jóvenes de los hogares populares.

El tercer lineamiento consiste en que un Consejo Ciudadano del Acuerdo realice el seguimiento y la evaluación sistemática de los programas, en función de cómo se van logrando sus objetivos. El Consejo sería un órgano independiente de muy alto nivel político, que mantendría permanentemente informada a la población de las experiencias de solidaridad social activa y de las ejecutorias y logros de los programas en general, y que haría recomendaciones periódicas al (a los) poder(es) ejecutivo (y legislativo) y a los demás actores firmantes del Acuerdo, para realizar los ajustes que sean necesarios en ellos.

1 En las cinco décadas que van de 1929 a 1978, Venezuela progresó en todos los ámbitos, pero a partir de 1979 y hasta terminar el Siglo XX, nuestro desarrollo entró en una recesión que para 1990 había llevado la pobreza a ser superior a un 60% de la población, nivel en que se mantuvo hasta finales del siglo y que no se redujo en lo que va del Siglo XXI. Entre 1978 y 1998, el salario medio real del trabajador venezolano se redujo en un 65% y para 2017 la reducción acumulada ya era de un 93%; la pobreza creció de un 30 % a más del 60% y a un 87 % respectivamente en los dos lapsos, y la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes pasó de 10 a 20 entre 1979 y 1998 para superar los 80 en 2018.

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Jorge G. Castañeda

En estos días hay un debate en el interior del Partido Demócrata estadounidense sobre qué tipo de candidato puede derrotar a Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020. Un candidato centrista atraerá a los electores republicanos moderados, pero tal vez desmovilice a los demócratas jóvenes, con estudios universitarios y pertenecientes a minorías. Un candidato más emocionante, tal vez más radical, movilizará a los demócratas, pero ahuyentará a los republicanos moderados. Desde la perspectiva de un extranjero, el debate es una señal de un cambio histórico.

Desde la perspectiva de un ciudadano del país que probablemente ha sufrido más por las políticas de Trump, esta discusión interna es señal de un cambio histórico. A largo plazo, el viraje del Partido Demócrata a una identidad más socialdemócrata puede significar algo más que solo derrotar a Donald Trump en 2020. Este es el aspecto más interesante y atractivo de esta campaña presidencial estadounidense. Los recientes debates presidenciales democráticos revelaron que el centro de gravedad del partido se ha desplazado hacia la izquierda: los miembros más liberales parecen cada vez más socialdemócratas y los más moderados, cada vez más liberales.

El movimiento socialdemócrata se originó en Alemania a finales del siglo XIX, con Otto von Bismarck, el primer canciller de ese país. Después proliferó y floreció en Europa occidental como un antídoto contra la violencia de la Revolución rusa, el surgimiento del comunismo totalitario y la destrucción ocasionada por las dos guerras mundiales.

En Europa, y más tarde en América Latina, los gobiernos se enfocaron en la función del Estado para regular las economías de mercado, proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad, intentar reducir la pobreza y la desigualdad —en la medida de lo posible— con un modelo capitalista, defender el medioambiente y fortalecer los sindicatos, los partidos de los trabajadores y las instituciones progresistas.

Estados Unidos no siguió esa corriente, en gran parte porque no enfrentó los mismos desafíos. El modelo de libre mercado estadounidense —más desregulado, en el que cada quien actúa en aras de sus intereses— funcionó durante años sin partidos laboristas ni sindicatos fuertes, con una intermediación reducida y distante del Estado en el mercado y la sociedad, y con la exclusión de sectores importantes de los habitantes de esa sociedad.

El Nuevo Trato de Franklin Delano Roosevelt puede considerarse una respuesta semisocialdemócrata a la Gran Depresión; pero no perduró. Hasta la elección de Ronald Reagan en 1980, el crecimiento constante de la economía de Estados Unidos mantuvo la desigualdad a niveles bajos y la clase media prosperó. Los estadounidenses podían darse el lujo de tener un Estado benefactor más pequeño y menos costoso debido a su clase media rica. Después de la década de los ochenta, eso comenzó a cambiar.

Europa ha logrado controlar la desigualdad mucho mejor que Estados Unidos. Los sistemas fiscales redistribuyen el ingreso entre todos los países e incluyen beneficios generosos como seguridad social, servicios médicos y prestaciones por desempleo. Hoy, después de cuatro décadas de aumento de la riqueza y la polarización del ingreso, de mayor tensión racial y desafíos internos cada vez más grandes, un sector del electorado estadounidense por fin está buscando implementar lo que los europeos construyeron a lo largo del medio siglo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las condiciones que hicieron posible que Estados Unidos funcionara sin un Estado de bienestar extenso, generoso y costoso pero muy popular han ido desapareciendo poco a poco.

Paradójicamente, es posible que el auge de la socialdemocracia en Estados Unidos evite que muera en Europa. A excepción de España, los partidos socialdemócratas están perdiendo impulso en el Viejo Continente. Los experimentos socialistas moderados en Brasil y Chile han perdido terreno al sur del río Bravo, en tanto que a la versión mexicana no le está yendo bien.

La esperanza de que la socialdemocracia por fin llegue a Estados Unidos se deriva de posturas que están adoptando los contendientes que buscan la candidatura del Partido Demócrata. Por primera vez desde Roosevelt y el Nuevo Trato, los candidatos demócratas están proponiendo políticas enfocadas en reducir la desigualdad, ayudar a los pobres, impulsar a los jóvenes, proteger a los ancianos y considerar los problemas de raza en un contexto distinto. De hecho, ideas que en 2016 se consideraban radicales o extremas, ahora se han vuelto parte de la conversación de la corriente dominante.

Los servicios médicos universales o Medicare para todos, ya sea con un pagador único o mediante una opción privada para aquellos que lo prefieran, cuesta muchísimo dinero. Lo mismo puede decirse del cuidado infantil universal y gratuito, así como de la licencia parental para todos, prestaciones fundamentales ahora, cuando como nunca antes hay más padres y madres que trabajan fuera de casa. Casi todos los contendientes demócratas a la candidatura apoyan el aumento al salario mínimo a quince dólares por hora y la educación pública superior gratuita. El financiamiento de estas propuestas requiere medidas típicamente socialdemócratas: elevar los impuestos actuales o crear nuevos.

Es probable que, si un candidato comprometido con muchas de estas ideas resulta electo, no sea capaz de cristalizar estas promesas. Sin embargo, en conjunto, estas propuestas representan un cambio de 180 grados en la política estadounidense. En las elecciones intermedias, los votantes ya eligieron a dos congresistas que se identifican como socialistas. Una encuesta reciente de Fox News reveló que aumentar los impuestos a las personas que ganan más de 10 millones de dólares anuales tiene un amplio apoyo bipartidista. El nuevo pacto verde puede no ser tan aceptado como otras propuestas en muchos sectores del electorado, pero las encuestas demuestran que la mayoría de los posibles electores demócratas lo apoyarían.

Desde la Revolución rusa, el experimento socialdemócrata ha sido el antídoto más eficaz contra el socialismo autoritario: demostró que era posible tener una clase trabajadora próspera. Ahora, la posible llegada de ese mismo experimento a Estados Unidos bien puede ser la mejor respuesta al desafío autoritario y populista que está surgiendo en la derecha, desde Hungría hasta Brasil, desde el Reino Unido hasta Sudáfrica. La mejor respuesta a los innegables aspectos negativos de la globalización, la creciente desigualdad y el miedo al otro es más democracia, más políticas sociales, más igualdad.

1 de agosto 2019

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2019/08/01/socialismo-democracia/?action=clic...

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