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Opinión

Estamos en una guerra de poderes: el gobierno sustentado en la fuerza militar y la oposición en sus aliados internacionales. Es absurdo pensar que será una contienda fácil y rápida, que se gana en la primera batalla. Quienes así piensan subestiman las raíces de una revolución que ha estado en poder por veinte años. Pero eso no significa que no se deben esperar cambios. Eso sería subestimar la magnitud de la crisis, el deseo de la población y el compromiso de Trump en ese cambio, que tendrá mucho que ver a futuro con su reelección presidencial.

El evento de Cúcuta tuvo varios impactos derivados. Obligó al gobierno a pulverizar su imagen y usar abiertamente colectivos armados impresentables para defendieres, mientras mantiene a los militares lo más alejados posible del trabajo sucio, algo que por cierto no será sostenible. El resultado concreto, mas allá de la evaluación de impactos, es que Maduro sigue en el poder, pese a las expectativas sobredimensionadas que se habían generado en algunos segmentos de la población. Pero esto es lo normal en un conflicto de este tipo. La clave ahora es entender cuáles son las opciones a futuro para que la oposición siga su lucha. En mi opinión, hay tres escenarios de reacción: 1) Endurecer la estrategia de sanciones y colapso que adelantan hasta ahora, elevando el cerco diplomático contra el gobierno. Aquí se corre el riesgo de deteriorar mucho más la economía y la calidad de vida de la población antes de provocar el colapso del gobierno y en algún momento contaminar la imagen de la oposición y su nuevo líder. 2) mantener la presión actual pero abrir una estrategia directa de negociación política con el sector militar, para romper las limitaciones que impiden su desmarque y que no tienen que ver ni con la crisis ni con el temor de reprimir, sino con proteger sus recursos y seguridad. Este sector está hoy entre dos miedos. Uno, que llegue un nuevo gobierno y los destruya sin haber negociado, ni tener garantías reales de protección y amnistía creíble y el otro de levantarse contra Maduro, sin que esa fractura sea suficiente para expulsarlo del poder y que queden ensartados y destruidos por el mismo Maduro. Solo rompiendo esos miedos puede darse la fractura. Y eso requiere una difícil amnistía, no genérica sino negociada cara a cara, que logre la confianza para tomar el riesgo real de fracturarse o, con más probabilidad de ocurrencia, la opción de negociar un cogobierno en el que los mismos militares preserven el control de su fuerza como garantía de autoprotección. 3) La acción militar extranjera, que aumenta exponencialmente su fanaticada en los líderes políticos opositores y en la población en general y que va a tomar calor ante la imposibilidad de fracturar militares y sacar a Maduro del poder. Este escenario tiene dos bloqueadores relevantes. El primero es la negativa de la región a aceptar una invasión militar y la segunda es que si bien EEUU tiene la fuerza para sacar a Maduro, esto podría obligar a militares con armas y dinero, colectivos armados, atemorizados de ser destruidos y mafiosos que controlan zonas geográficas de país a generar anarquía y cambiar un problema por otro. Puede que el riesgo este sobredimensionado y el escenario termine cercano al de Panamá, pero el riesgo está vigente y mirar lo que ocurrió en frontera y hasta dónde está dispuesto a llegar el chavismo para protegerse, no obliga a considerar ese riesgo y creo que EEUU también lo tiene claro. Pero por supuesto que en el lado de los motivadores a que ocurra una acción más dura hay que poner el compromiso de Trump en resolver este problema antes de las elecciones y garantizar su reelección. Y eso hace pensar que cualquier cosa puede pasar menos mantener el Status Quo.

luisvleon@gmail.com

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Carlos Raúl Hernández

Actuamos con ideas simples, incluso necias. Suelen ser inofensivas como muchas bacterias bajo la piel que habitamos, hasta que se atraviesa un resfriado o un parpadeo inmunológico que las hace socialmente patógenas. En las sociedades cohesionadas están a raya por la actividad sistemática de los creadores de pensamiento, cuyo trabajo martilla que detrás de la obviedad suele haber un error, que lo real es complejo, toda simplicidad imaginaria, y que la simpleza y la obviedad son el no pensamiento. Pero las efervescencias colectivas apartan los razonamientos complejos, sustituidos por lo que Hayek llama “difusores de ideas de segunda mano”.

Son sofistas cuyo ser consiste en no ser, experticias imaginarias que contagian a otros y riegan la pandemia. En estas tres décadas varias veces el inicialmente inofensivo simplismo se trasmuta en colectividades movilizadas, y hasta en mayorías fanáticas en ciertos momentos. Es escalofriante recordar el trabajo incansable de grupos rencorosos y amargados para convencer de que el régimen democrático era una sentina y los partidos un basurero. Y los difusores de ideas de segunda, que no tienen instrumentos para discernir, lo convirtieron en verdad revelada.

Luego, que el “comandante” limpiaría la podredumbre. Y las caravanas de camellos de los difusores llevaron la mercancía contaminada de necedad a todas partes, así como también en 2016, 2017. La notable estrategia: abstenerse en 2018 para deslegitimar al gobierno y así vendría la solución desde fuera (frenemos ahí. Decía aquél: “la luz del entendimiento me hace ser muy comedido”). Es difícil enfrentar el vendaval de puerilidad de decisiones tomadas por simplismos, afectos, rabietas, ilusión, y ver cómo la ola arrastra gente en la crecida que antes era el comandante.

¡Devuélveme a mi mamá!

Los ladrones de cuerpos es una película de 1956, dirigida por el legendario Don Siegel que recibió grandes honores. Le han hecho tres remakes, algo inusual por no decir que extraordinario. Más tarde la incorporaron a la colección fílmica del Congreso de Estados Unidos. Cuenta que una pareja, el médico Bennell y su novia Becky descubren una invasión extraterrestre en un pequeño pueblo de California. Los usurpadores sustituían a las personas por unos dobles físicamente exactos y la gente pasaba por el momento aterrador, traumático, de descubrir que entes idénticos a sus padres, esposos, amigos o hijos, habían perdido su calidez, el élan.

Los críticos vieron en el film simbólicamente el contagio del fascismo y el comunismo en las masas. En nuestro país fue la inundación de simpleza que condujo de fracaso en fracaso. Si en la película los bichos se gestaban en unas vainas gigantescas, basta asomarse discretamente a algunas redes de “entendidos” para ver cómo proliferan los entes de la nadería flagrante. La suplantación avanza, imperan vaguedades, fantasías y desconocemos a nuestros seres queridos. Durante años se impuso la práctica de casar confrontaciones quiméricas.

Así se perdió la esencia del hacer político, quemaron las ventajas comparativas. Con ellas, victorias que habrían hecho del gobierno hoy un recuerdo y fueron a pelear donde quería el adversario, con la idea de sacarlo de un solo envión, con olvido de lo que ha pasado durante mucho tiempo, muchas veces y en muchas partes. A la fecha, algún entendimiento desnivelado nos hizo esclavos de una secuencia para mermados mentales con el fin de imponer a la realidad un prêt-pòrter que algunos han llamado jocosamente mantra: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Grupo de Lima reloaded

¿No se puede cambiar el orden de la cartilla para evitar menudencias como muertes y otras violencias porque impediría algún plan? Escribe Luis Mariano Rendón @lmrendon, dirigente social chileno, opuesto a Maduro: “esa trilogía (puede cambiar porque) no se la entregó Dios a Guaidó en la cima del Ávila…”. Salir del caos revolucionario… ¿armoniza con dar base por bolas a que Maduro ha propuesto elecciones dos veces? ¿No habría que arrancarle el guante frente a terceros, particularmente la U.E y el Grupo de Lima reloaded?

No deberá olvidarse lo ocurrido ese 23 de febrero del que Tarantino pudiera hacer Reservoir dogs II. Que desmanteló la policía de la felicidad creada por los difusores y que reprimía la crítica. El Grupo de Lima insiste en que no habrá intervención militar. Igual los tres grandes, México, Argentina y Brasil que no estuvieron en Cúcuta, y éste en notoria retracción de sus palabras hace un mes. Declaran sobre llamar a elecciones limpias y ese debería ser el tema de negociación y debate. Pero ¡asombro¡ algunos dicen invasión sí elecciones no (todos estamos siempre a un paso de la locura). Toca evitarla, corregir los errores y preparar el próximo movimiento.

La incertidumbre y el ambiente actual sirven para recordar un genial cruce de retruécanos entre dos de las más cortantes lenguas de la Gran Bretaña. Bernard Shaw invita al estreno de una de sus obras a Winston Churchill, y en la esquela no deja de sajarlo con su humor “…te envío dos entradas al estreno, para que vayas con algún amigo, si es que lo tienes”. Churchill le responde de inmediato “Querido Bernard me es imposible ir al estreno. Pero te garantizo que iré a la segunda función, si es que la hay”.

@CarlosRaulHer

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Gracias a amplias movilizaciones ante la Asamblea Constituyente de 1999, el Movimiento Cooperativo Venezolano logró incluir y conceder categoría constitucional al término Economía Social al igual que el de mutuales, y fortaleció la presencia del cooperativismo y sus actividades en el texto constitucional. El Ordinal 3º del Artículo 184º señala: “La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los Estados y los Municipios descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos vecinales organizados los servicios que éstos gestionen previa demostración de su capacidad para prestarlos, promoviendo: […] “La participación en los procesos económicos estimulando las expresiones de la economía social, tales como cooperativas, cajas de ahorro, mutuales y otras formas asociativas”.

Para quien estas líneas escribe “La Economía Social puede entenderse como el conjunto de actividades económicas privadas realizadas por organizaciones provistas de estatuto y valores, constituidas voluntariamente por grupos de personas que con recursos propios y democráticamente desean satisfacer sus necesidades comunes y las de sus comunidades sin intermediarios ni fines de lucro, produciendo bienes y servicios, asegurando o financiando, sin dependencia alguna de entes externos, remunerando el trabajo y con reparto de excedentes proporcionales a la labor o aportes de quienes contribuyan a conformarlo. Sus principales expresiones organizacionales son las asociaciones, las mutuales y las cooperativas”. Todas estas expresiones son entonces Organizaciones de la Economía Social (OESs),

Ahora bien, el Estatuto que rige la Transición a la Democracia para Restablecer la Vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a propósito de las Reglas de Gobernabilidad y Programa Mínimo de Gobierno señala en su Artículo 27 que “La Asamblea Nacional, previa consulta con la sociedad civil y con las organizaciones con fines políticos, aprobará mediante acuerdo parlamentario las reglas de gobernabilidad y las directrices del programa mínimo que, dentro de los principios de la economía social de mercado, ejecutará el Gobierno provisional”. Según el mismo Estatuto, ese programa respetará los principios del régimen socioeconómico y de la función del Estado en lo económico establecidos en el artículo 299 de la CN”, una economía fundamentada “en los principios de justicia social, democratización, eficiencia, libre competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad que asegure el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad”,

El término “Economía Social de Mercado” fue puesto en el tapete por Alemania con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial para denotar un sistema económico que acepta el mercado como mejor espacio para propiciar el progreso de los pueblos; un eje clave de esta economía es la cogestión o sistema decisional que permite que los trabajadores organizados tomen decisiones junto a los accionistas de las empresas bajo ciertas condiciones. El término es utilizado en otros países. En América Latina Perú lo consagró en su Constitución Política de 1979. Él precepto es liberal, condiciona el intervencionismo estatal estableciéndole la creación de condiciones para el desarrollo de actividades económicas privadas en condiciones de libre competitividad.

Sin dudas que estos preceptos de la AN concederán un giro a de 180 grados a las actividades económicas desarrolladas en estos dos decenios por el dúo militarista Chávez – Maduro; un desgobierno que gracias al facilismo petrolero construyó un Estado capitalista salvaje que aplastó la propiedad privada al extremo de ser dueño hasta de areperas que compiten con humildes vendedoras de empanadas.

Estado capitalista salvaje que quebró todas las empresas expropiadas, eliminó tres cuartos de las empresas privadas existentes para el 99; un Estado dirigido por el “obrero” que pasará a la historia como el destructor de los sindicatos que con su varita mágica, el BCV, convirtió en papelillo el salario de los trabajadores

Hoy se impone aunar esfuerzos hacia la resiliencia. Quien suscribe propone construir una República de Emprendedores que supere nuestra condición monoproductora; la amalgama de la resiliencia deben ser los emprendimientos asociativos. Con OESs se pueden enfrentar todos los problemas humanos; en época de crisis, de numerosos problemas comunes y con obvia escasez de recursos, solo con sus valores, con la unión de esfuerzos y recursos y con voluntad y acciones de equipos sobre claros planes, se pueden superar los problemas dejados por el populismo vacío del dúo.

Las OESs se complementan muy bien con las empresas públicas y privadas participativas y socialmente responsables y se insertan perfectamente en el marco de la Economía Social de Mercado. Alemania es buen ejemplo de ese binomio; sin entrar en detalles, en ese país el sistema financiero más importante es cooperativo: la Federación de Bancos Populares y Bancos Raiffeisen; también todos los productores agrícolas están asociados a alguna cooperativa sea de aprovisionamiento, producción o venta de productos. ¡Pero atención!: no cualquier producto: allá se produce con el sudor del trabajo de quienes si aprendieron a pescar ¡y pescan!; no con el sudor del lumpen paramilitar y del ejercito de pedigüeños generado por el dizque “socialismo del siglo xxi”.

oscarbastidasdelgado@gmail.com

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Esperanza Márquez/ Milos Alcalay (entrevista)

Milos Alcalay afirma que la política de Estados Unidos sobre Venezuela es apoyada tanto por los republicanos como por los demócratas, ambos quieren que el país recupere su democracia

MILOS ALCALAY Inició su carrera diplomática en 1970 como Tercer Secretario de la Embajada de Venezuela en París y en 1972 fue nombrado Jefe del Gabinete de Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue embajador de Venezuela en Brasil, Israel y Rumanía, además de haber ejercido como representante de nuestro país en el Parlamento Latinoamericano y en el Parlamento Andino. Fue embajador ante las Naciones Unidas. Uno de los diplomáticos más respetados de Venezuela a la que ha representado durante más de 30 años por todo el mundo.

– ¿Cuál es la diferencia entre cooperación internacional e intervención?

–La ayuda humanitaria es parte de la cooperación internacional aplicada a situaciones de emergencia sea por fenómenos naturales, terremotos, huracanes o cuando hay situaciones políticas de colapso como en el caso de Venezuela por la falta de medicamentos, de comida, desabastecimiento, etc. Ahora, la intervención se da para proteger esa ayuda al país de manera que no se convierta en un caos. Por eso es que vemos en algunos de esos reportajes internacionales cuando se va a repartir harina o medicamentos que hay intervención para proteger a los camiones de la Cruz Roja o de las Naciones Unidas que distribuyen la ayuda, para que no se generen problemas y para asegurar que esa ayuda llegue a quien debe llegar y que no vaya a haber un mecanismo mafioso que vaya a robarse los medicamentos, por ejemplo, y poner un poco orden.

La intervención humanitaria, que se ha venido señalando, no puede hacerse en detrimento de la solicitud de un gobierno, pero Venezuela es un caso atípico, es el único país que rechaza la ayuda humanitaria. Hemos visto, por ejemplo, países como Siria donde hay un genocida como Bashar al Assad que en los lugares donde sus enemigos tienen control en su territorio en esa guerra civil, el gobierno no rechaza la ayuda porque en el fondo es para los ciudadanos de su país, o guerras en África, ningún gobierno sensato las rechaza. En el caso de Gadafi rechazó la ayuda humanitaria y terminó como todos sabemos: el Consejo de Seguridad autorizó una intervención porque estaban acabando con los refugiados.

– ¿Quemar la ayuda humanitaria constituye un delito tipificado en el Derecho Internacional?

–Sí. El que sistemáticamente utiliza mecanismos que van en contra de la comunidad de su propia población, puede devenir en una situación muy grave porque la comunidad internacional no va a tolerar más situaciones como la de Ruanda, los países balcánicos. El artículo 7 del Tratado de Roma, que regula la Corte Penal Internacional, señala que cuando hay una sistemática acción en contra de la vida de los ciudadanos eso puede ser condenado como lesiones de Lesa Humanidad. Pero hay otras situaciones graves como violar protocolos como el derecho humanitario, el Acuerdo de Ginebra, los acuerdos de la cooperación internacional en una forma en que pone al régimen de Maduro en una situación que es rechazada porque viola la posibilidad de que los ciudadanos puedan sobrevivir a unos hechos que el mismo régimen ha producido.

– ¿Qué significa lo sucedido la semana pasada con el Grupo de Lima? ¿Detrás de esas resoluciones hay conversaciones privadas entre los miembros de cuyas discusiones no nos llegamos a enterar?

–Hay que tener en cuenta que el Grupo de Lima es un organismo informal no tiene la posibilidad de coordinar una acción militar en contra de un país determinado, el único que tiene la facultad expresa en la Carta de las Naciones Unidas para el uso legítimo de la fuerza es el Consejo de Seguridad de ese organismo. Es por eso que la reunión que se hizo este martes 26, en donde Venezuela cada vez se convierte en un tema recurrente como el de Siria, Isis, como la situación de refugiados en el Medio Oriente, Venezuela es hoy una piedra en el zapato porque cada vez más el Consejo de Seguridad se va a involucrar. También tiene otros mecanismos que permiten una intervención para salvaguardar la vida de los ciudadanos. Normalmente eso se da en caso de conflictos bélicos, pero Venezuela es tan peculiar que esto es una matanza de un régimen contra sus propios ciudadanos que no están armados, que son pacíficos, que buscan soluciones de paz y, sin embargo, el régimen los trata como una fuerza enemiga. Esta es una situación insólita, donde normalmente hay dos partes como en Libia o lo que está sucediendo en Siria. Aquí no, aquí es el régimen que dice que hay una guarra económica y la única guerra que hay es la del régimen contra ciudadanos pacíficos que lo que quieren es sobrevivir y por eso hay como consecuencia 3 millones de ciudadanos que tratan de hacerlo en otros países.

– ¿Qué significa: Todas las opciones sobre la mesa?

–Es evidente que ningún país va a anunciar que intervendrá militarmente, todo depende de lo que el régimen haga. Si el régimen convierte a Venezuela en una Ruanda, en una Libia, si la acción de los pranes hoy uniformados, junto a los colectivos, con unos militares que ya han perdido su rol institucional continúan masacrando al pueblo, sí tendría los efectos de una intervención y por eso es que se ha planteado tanto por el presidente Trump, con todos sus ministros, y el presidente encargado Guaidó que todas las opciones están sobre la mesa y no pueden no estar porque si bien es la búsqueda de una solución pacífica, diplomática, pero si hay una masacre, si hay un desequilibrio de un régimen en contra de sus ciudadanos hay mecanismos en el Derecho Internacional para buscar solucionar, prevenir el conflicto, el genocidio y prevenir las violaciones a los derechos humanos.

– ¿Qué otras presiones podría ejercer el Grupo de Lima sobre el gobierno?

–Hay una frustración en la calle de los ciudadanos que dicen que no se aprobó la intervención, la ayuda humanitaria no entró, pero la marcha de las situaciones internacionales lleva su ritmo. Yo coincido en que ha sido una barbaridad lo que estamos viviendo, el cinismo del gobierno es insólito, pero cada vez más el gobierno se está aislando y se comporta de una manera tan absurda que él mismo se cercena la posibilidad de solucionar los graves problemas que estamos sufriendo. Por ejemplo, cuando cierran la frontera con Colombia donde teníamos 7000 millones de dólares de comercio; cuando cierra las fronteras con Brasil, con el Caribe, con razones de otra índole con Guyana, tiene a Venezuela en una isla que depende de lo internacional ya que acabó con los empresarios, con el campo. Eso es darse un auto gol porque se está penalizando él mismo. Pero además, el Grupo de Lima está buscando mecanismos cada vez más fuertes para impedir que Maduro, que ha usurpado el poder, continúe y que el presidente Guaidó, reconocido por más de 60 estados democráticos, pueda ejercer su función de gobierno de transición que permita el cumplimiento de la Constitución y de los acuerdos internacionales.

– ¿Por qué la mayoría del Grupo de Lima rechaza una intervención militar?

–Ese es un tema muy delicado. Cuando se da una intervención militar no se anuncia, se da cuando se da. Es una acción que va a depender de la atrocidad que haga en incumplimiento de los acuerdos internacionales.

Todas las opciones están en la mesa y aunque digan que no están de acuerdo con la intervención militar, todo va a depender de cómo sea la situación y hay artículos, normas internacionales que permitirían venir en socorro de un pueblo donde hay una sistemática violación de los derechos humanos a través de los presos, de las torturas. Este es un gobierno que se pone a bailar cuando están masacrando a los pemones y cree que lo están haciendo muy bien, que es un triunfo cuando la comunidad internacional ve lo que nosotros durante varios años estamos sufriendo.

– ¿Existe la posibilidad de que Estados Unidos tome la iniciativa de intervenir unilateralmente en Venezuela?

–Ahí hay dos temas con respecto a Estados Unidos. Primero, que ha visto el gran respaldo de cada uno de los gobiernos de América Latina, muy firme, en rechazo al régimen. La forma como recibieron a Guaidó en Colombia con honores de jefe de Estado, mientras que a Maduro no lo recibe nadie. Estados Unidos ha tratado, y por eso fue el Vicepresidente Pence a la reunión del Grupo de Lima, de mantener una posición acorde con los países del hemisferio. El segundo tema es que, a diferencia de otros temas internacionales, hay una pugna feroz entre demócratas y republicanos en los casos de Corea del Norte, de Irán, Siria, Ucrania, pero en el caso de Venezuela es una política de Estado, demócratas y republicanos apoyan una acción de los Estados Unidos. Por eso todo depende de los acontecimientos, y en la medida en que el régimen siga insultando y tratando de vejar y de intimidar, creyéndose una Unión Soviética, lo que hace es alborotar el avispero y cada vez las posibilidades de una actuación no se descarta, como dice Trump, todas las opciones están encima de la mesa.

– ¿En vista de la cercanía de las elecciones en los Estados Unidos, el presidente Trump no nos estará utilizando para su campaña?

–Lo electoral puede ser un factor, pero los demócratas, Pelosi, el presidente Clinton, las declaraciones de la candidata Clinton, las posiciones que han adoptado en el parlamento también están a favor de una posición de solidaridad con Venezuela. El tema de Venezuela se ha convertido en una política bipartidista, en una política de Estado. Yo lo que quiero creer también, más que intereses electorales o petroleros, como afirma el gobierno, ahí lo que hay es un retorno a lo que Kennedy había hecho con la Alianza para el Progreso que es buscar una América Latina democrática, basada en los principios de la libertad, de los Derechos Humanos, del desarrollo. Venezuela era una isla en el continente, admirada por todos por su vocación democrática, hoy lamentablemente Venezuela es un cáncer, repudiada por las democracias de la región por sus vínculos con el narcotráfico, con el terrorismo y la destrucción que ha tenido en toda la estructura del estado convirtiéndose del país más rico de América Latina en el más pobre.

– ¿Qué viene ahora?

–Yo creo que en este momento tenemos la ventaja de que el joven presidente interino Juan Guaidó y Presidente de la Asamblea Nacional ha sido visto como el interlocutor de esa Venezuela en transición. Yo creo que en 30 días desde el 23 de enero la función de Guaidó ha sido sorprendente, no sólo por Guaidó sino porque es la expresión de un pueblo que quiere democracia, que quiere libertad. Tenemos ahora un director de orquesta y no diez voceros que cada uno va por su lado. Ahora, va a depender mucho lo que suceda, de nosotros mismos, de estar a la altura, yo creo que si usamos los mecanismos internos de la oposición para llevar adelante la transición vamos a tener un futuro glorioso, una democracia sólida y vamos a reconstruir lo que ha destruido la maldad y el odio de un régimen que ha querido excluir a todos los que no piensan igual.

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La ventaja de escribir sobre acontecimientos tras una semana de ocurridos es que permite decantar ideas y emociones después de escuchar y leer las opiniones favorables o encontradas de muchas personas.

Los titulares de la prensa mundial describían el día 24 de febrero como la dictadura en Venezuela detuvo a sangre y fuego, literalmente, la entrada de la ayuda humanitaria. Hubiéramos preferido otro titular; uno que anunciara al mundo el inminente desmoronamiento de la dictadura en Venezuela, como efecto de la entrada de la ayuda humanitaria. Pero no fue así. Y para muchos supuso una cierta frustración pues tenían la expectativa de que el 23F fuera, en un solo episodio, la caída del régimen oprobioso.

Pero superada la frustración inicial de que la ayuda humanitaria no llegara a su destino, se puede afirmar que a veces las victorias nos llegan por caminos insospechados. Como mínimo, todos esperábamos celebrar el triunfo político de la entrada de la ayuda humanitaria. Esperábamos que ésta entrara por todos los caminos de Venezuela; que nos llegara por tierra, por mar y por aire; y aunque fuera a aliviar solo parcialmente el padecimiento y el sufrimiento de los venezolanos, sin duda representaba una importante victoria política y una derrota contundente para la dictadura, al no poder detener esa ayuda. No fue así. Significó para algunos una pequeña victoria política de la dictadura que frustró la entrada de esa ayuda. Por ahora el usurpador se mantiene en Miraflores. Y ya sabemos, que este complejo proceso no se resuelve en un solo episodio.

Pero esa pírrica victoria hay que matizarla, pues la dictadura solo pudo detener la entrada de la ayuda humanitaria a sangre y fuego y con ello sello una nueva derrota en su haber, pues le mostró al mundo, una vez más, su talante tiránico, su carencia de sentimientos, su desinterés por el pueblo venezolano, su determinación de mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Lo que tenemos años diciendo, el mundo lo vio en directo, por televisión y por los ojos de miles de reporteros que se hicieron presentes en las fronteras de Venezuela.

La agresión de la dictadura fue un paso calculado, pues sabía que no encontraría mayor resistencia a sus desmanes; sabía que no había movilización de tropas en la frontera de Brasil y de Colombia, mucho menos soldados norteamericanos agazapados en las costas y dispuestos a “invadir” y por eso se ensañó cobardemente con la inerme población civil, que fue la que asumió como tarea propia la entrada de la ayuda humanitaria para socorrer al pueblo venezolano. Sí, como dijimos, se mantiene el usurpador en Miraflores, a costa de vidas humanas. Mientras sus mercenarios disparaban contra la población indefensa que pretendía meter comida y medicinas al país, el tirano bailaba salsa en una tarima y discurseaba a sus seguidores.

Con esta actuación, una vez más, la dictadura queda desnuda ante el mundo y queda como lo que es: un gobierno oprobioso y sanguinario al que solo le importa mantenerse en el poder y no le importa lo más mínimo la suerte del pueblo venezolano.

Lo fácil sería decir que con su acción la dictadura marcó un autogol, pero no fue así; no fue un autogol, pues fue el pueblo venezolano, la oposición venezolana, que una vez más le supo infringir una nueva derrota, como muchas otras que el pueblo le ha infringido y por la que se pagó un alto precio en sangre y lágrimas. Pero el precio político que pagará la dictadura será mucho mayor.

La dictadura venezolana ha ido cerrando todos los caminos. Cerró el camino electoral con los últimos procesos fraudulentos que organizó: la elección ilegal de una inútil ANC y una elección presidencial fraudulenta el 20 de mayo de 2018. Cerró el camino de las negociaciones y el diálogo con las farsas que montó en República Dominicana. Ahora todo indica que quiere cerrar el camino de una solución pacífica a la crisis venezolana. Pareciera que le está indicando al mundo, a la comunidad internacional, a los venezolanos, que no está dispuesta a abandonar el poder de manera pacífica. ¿Quiere obligar a una salida de fuerza? ¿Será eso lo que quiere la dictadura? ¿Alguien, algún asesor cubano, le habrá vendido ese “guion de épica”, a quien no tiene ninguna, ningún logro que mostrar, salvo una autoinmolación final?

Pero como por arte de magia este cerrojo que pretendió el régimen el 23 de febrero abre por el contrario todas las posibilidades. Ahora si es verdad y no porque lo diga el presidente de los Estados Unidos, que todas las opciones se colocarán sobre la mesa.

Pero hay otros logros más del 23F que se deben destacar. Si es cierto —y no tenemos por qué dudarlo, pues así lo aseguran fuentes confiables— que el régimen sacó criminales de las cárceles, además de apelar a sus colectivos, para enfrentar a la población civil que quería pasar la ayuda humanitaria, todo eso lo hizo porque no tenía confianza en que la Guardia Nacional, la Fuerza Armada, respondiera a sus órdenes. Ese es otro resultado neto del 23 de febrero en pro de la causa democrática y debe ser un punto en el cual tenemos que estar reflexionando y muy seriamente pues es un indicio claro de la fisura que hay en el bloque hegemónico del poder.

También es un indicio de esa fisura, no solo los 400 o más militares que desde el sábado 23 han venido cruzando las fronteras, para renegar de la dictadura y reconocer a Juan Guaidó como presidente constitucional, sino también es un indicio que se suma a los que no lo están haciendo públicamente, pero que desde hace algunos meses simplemente abandonan sus cuarteles y con ello a la dictadura.

Esos dos resultados, un mayor conocimiento de la comunidad internacional del carácter cruel, inhumano y sanguinario de la dictadura y la fisura que se evidenció en la fuerza armada, al enviar la dictadura a sus colectivos armados a balear a los manifestantes en la frontera con Colombia y Brasil, por temor a que las tropas regulares desobedecieran, son suficientes para pensar que la balanza de lo ocurrido el 23F se inclina del lado opositor y del presidente Juan Guaidó.

Con este saldo, el presidente Juan Guaidó regresa a ponerse al frente de la multitud opositora que supo estimular y motivar; no será un presidente en el exilio. Seguimos en la ruta ya definida –cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres– a la que se han agregado dos objetivos: mantener la movilización, para no perder apoyo de la comunidad internacional y dirigirnos a los empleados públicos, como se está haciendo con la fuerza armada. Nuestras acciones deben seguir sumando voluntades y apoyos dentro y fuera del país, hasta desalojar a la dictadura del poder, es solo cuestión de tiempo. 23F, Saldo positivo.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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​José E. Rodríguez Rojas

La producción de cacao, durante los recientes gobiernos de izquierda en Ecuador, se ha desarrollado en manos privadas, desde la producción del grano, procesamiento, hasta su colocación en los mercados internacionales. Mientras en Venezuela la cadena de cacao ha estado fuertemente intervenida por el gobierno, quien ha mantenido una política de hostigamiento al sector privado. En consecuencia, las exportaciones de cacao y derivados venezolanas alcanzan a duras penas a representar menos del 2% de las exportaciones ecuatorianas.

Según el sociólogo Trino Márquez de CEDICE, el 40% de la producción total de bienes y servicios (PIB) de los países del sur de América Latina provienen de pequeños y medianos productores empresariales, no de grandes empresas. Conscientes de ello los gobiernos de izquierda, como el de Evo Morales en Bolivia, han establecido con estos sectores una relación basada en el dialogo y han diseñado políticas de apoyo a los mismos. Ello se ha traducido en un aumento de la producción de estos países y en un incremento del apoyo electoral a los sectores de izquierda en zonas que son tradicionalmente conservadoras, como la de Santa Cruz en Bolivia. En esto influyó mucho la izquierda brasileña y Lula Da Silva quien promulgó en Brasil una política similar de acercamiento a los sectores medios.

En contraste el régimen chavista ha tenido una política de hostigamiento a los sectores medios y empresariales en Venezuela, muy influida por el régimen cubano, lo que produjo el rechazo de estos sectores y se ha traducido en un proceso de desinversión y contracción de la producción. Esto se evidencia claramente cuando comparamos la producción de cacao en Ecuador y Venezuela.

En Ecuador Rafael Correa posibilitó que los emprendedores privados, que dominaban la cadena de cacao, impulsaran sus negocios y la producción sin interferencia alguna, logrando que la producción de cacao y derivados alcanzaran niveles records. En Venezuela el régimen chavista hostigó a los empresarios privados de la cadena, deprimiendo las exportaciones a niveles insignificantes en relación a las exportaciones de Ecuador.

Los empresarios ecuatorianos están mercadeando su chocolate como el mejor del mundo. Así lo expresa el titular de un artículo del diario El País de España, que se refiere a la exportación de cacao ecuatoriano de la empresa Pacari liderada por el empresario Santiago Peralta, el cual produce un chocolate orgánico que está buscando posicionar en el mercado europeo y que aspira, según Pacari competir con los mejores chocolates de esa zona. El artículo describe un exitoso emprendimiento privado, y es un ejemplo de cómo la cadena de cacao en Ecuador está dominada por emprendedores privados, desde la producción agrícola, las labores post cosecha, la distribución y su posterior procesamiento industrial hasta su colocación en los mercados internacionales. Ello ha impulsado la exportación de cacao y derivados a cifras que sobrepasan los 900 millones de dólares según el reportaje mencionado (El. País. 2017). En este cultivo la prioridad gubernamental es estimular la exportación de grano y sus derivados, ya que el ingreso de divisas de la economía depende de la exportación de productos agroalimentarios. El 80% de su producción se exporta. En la medida que la economía esta dolarizada no existe control de cambio ni sobrevaluación de la moneda que reduzca la competitividad de las exportaciones como en Venezuela.

Mientras la cadena de cacao en Ecuador está dominada por emprendedores privados, la cadena de cacao en Venezuela está fuertemente intervenida por el Estado. La mayoría de la producción es generada por pequeños productores, el gobierno controla la asistencia técnica y los programas de asistencia sociales de apoyo a estos, que tienen una clara intención político clientelar. Luego, una parte sustancial del acopio y la distribución también están controladas por el Estado a través de un mamotreto burocrático llamado “Corporación Socialista del Cacao Venezolano”. La calidad del grano que llega a los mercados internacionales se ha deteriorado por las inadecuadas condiciones en que se realiza el almacenamiento y el transporte, lo que ha puesto en jaque a la marca internacional de Venezuela asociada a la calidad de los cacaos venezolanos, como la marca Chuao, tal como lo afirma la chef Fernanda Di Giacobe en un artículo publicado en Prodavinci (Di Giacobbe, F. 2016).

Bajo el esquema de control de cambio que priva en Venezuela el procedimiento de compra venta del grano también está intervenido por el Estado, el cual obliga a los exportadores a entregar al Banco Central de Venezuela el 20% de los dólares que reciben, a fin de conceder la licencia de exportación pertinente.

El régimen chavista ha mantenido una política de hostigamiento al sector privado en general y el caso de la cadena de cacao no es una excepción. Una finca de la empresa Chocolates El Rey fue invadida y expropiada. La concesión de las licencias de exportación se hace de manera caprichosa y el procedimiento de exportación se complica también de igual manera, ello ha ocurrido con la Casa Franceschi, una casa de larga tradición exportadora. Otro aspecto que ha complicado la exportación es que la política del régimen chavista ha sido la de priorizar el mercado interno no la exportación, debido a la cual se presiona a los productores a fin de que orienten su producción a los proyectos de chocolatería promovidos por los entes gubernamentales y no a los mercados externos.

Cuadro 1. Valor de la exportación de cacao y derivados de Ecuador y Venezuela (mil dólares). Año 2013.

Ecuador

Venezuela

Cacao en almendras

433.272

7.310

Manteca de cacao

30.504

1.360

Pasta de cacao

25.076

20

Polvo de cacao y torta

20.015

7

Productos de chocolatería

21.800

94

Total de cacao y derivados

530.666

8.791

Fuente: FAOSTAT (Disponibles en: fao.org)

El resultado de todo ello es que la exportación de cacao y derivados de Venezuela se ha reducido a la famélica cifra de cerca de 9 millones de dólares en el 2013, la cual no llega a representar ni el 2% del valor de la exportación de cacao y derivados de Ecuador, que alcanza a 530 millones de dólares según la FAO (Ver cuadro n°1). Ello refleja la pedida de mercados y la baja competitividad internacional del producto venezolano. Esto es particularmente grave en los actuales momentos donde la escasez de divisas ha llevado a reducir las exportaciones de medicinas y alimentos básicos creando una crisis humanitaria sin precedente.

Nota: los señalamientos del Sociólogo Trino Márquez fueron hechos en una entrevista que le hizo Vladimir Villegas en Unión Radio el 24 de agosto del año 2017, la cual está disponible en internet.

Referencias:

Di Giacobbe, F. 2016. ¿Qué está pasando con el cacao venezolano? Una reflexión de María Fernanda Di Giaccobe. Prodavinci, 16 de Julio.

El País. 2017. ¿El mejor chocolate del mundo? Es este, y es orgánico.

Profesor UCV

josenri2@gmaIl.com

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La salvaje represión del pasado 23 de febrero puso al desnudo las atrocidades del fascismo. Repudiado por la casi totalidad de los venezolanos y censurado por la comunidad democrática internacional por sus prácticas dictatoriales y delincuenciales, el usurpador Maduro se atrinchera con militares corruptos y malandros, cómplices en la depredación y ruina del país. Ya no intenta guardar las formas de un gobierno civilizado para legitimarse ante el mundo. Recurre ahora a colectivos fascistas –malandros empoderados por Freddy Bernal--, presos controlados por los pranes de Iris Varela y elenos mercenarios para asesinar a compatriotas desarmados y quemar suministros humanitarios de medicamentos y raciones alimenticias. Eleva la barbarie a niveles aún más perversos.

El fascismo quiere presentar este saboteo canallesco a la misión humanitaria como un triunfo épico contra el asedio de fuerzas imperiales empeñadas en acabar con su “revolución”. Y haciendo gala de una estupidez supina, denuncian que tales “fuerzas del mal” quieren ponerle la mano a nuestro crudo, cuando todo el mundo sabe que los EE.UU. están en vías de ser autosuficientes en materia petrolera y que el régimen fascista les ha estado vendiendo crudo con plácemes, pues son los únicos que le pagan chin-chin. Ahora ese “imperio codicioso de nuestras riquezas” muestra tan poco interés que le ha comunicado a Maduro que ya no le pagarán el crudo que tan desesperadamente quiere que le compren.

Lo que revela la salvajada del 23 no es ningún triunfo del régimen sino su descomposición terminal. Como quien va pelando sucesivamente las capas de una cebolla en mal estado, lo que ha quedado al descubierto a través de los años es un corazón pútrido, mafioso, rodeado por sus sicarios más leales y obsecuentes. Ya no confía que la Fuerza Armada seguirá reprimiendo en su defensa, como lo atestigua el coladero en que se convirtió la frontera colombiana. De ahí que, cual Pablo Escobar redivivo, Maduro se atrinchera con lo peor que tiene, los más desalmados, en señal más que clara que el poder que le queda es batirse a plomo para defender sus pillerías.

Lo trágico del fascismo es que construye una falsa realidad para “legitimar” su afán destructivo. Así ocurrió en Venezuela, con su población deseosa de creer en el futuro providencial ofrecido por Chávez. 20 años después, con ese futuro hecho una ruina total, caerse a embuste se ha convertido en necesidad vital para los propios capos, su última línea de defensa. Les libra de toda atadura moral, humanitaria, legal y ética que les impida asesinar y para compadecerse de sus víctimas. Maduro se hace filmar bailando, mientras sus bandas matan compatriotas, para obviar esa realidad, aislándose en su burbuja de fantasía. Interrumpe abruptamente la entrevista del periodista de Univisión y ordena su retención porque éste la perforó con un video de niños comiendo de un camión de basura. Y el payaso de Arreaza, sin vergüenza ni respeto alguno por sí mismo, aparece en la ONU alegando que la ayuda humanitaria no era tal, sino alambre púas y tornillos para crear barricadas (¡!) Es la famosa “banalidad del mal”, amparado en la construcción de un mundo ficticio perverso capaz de absolver los peores pecados.

El núcleo criminal del fascismo --Maduro, Padrino, Diosdado y los hermanitos Rodríguez-- no va a negociar su salida por las buenas. Se refugian descaradamente en sus mentiras, con los elementos más criminales de la sociedad, para defender su botín. No se dan cuenta que terminaron por “pelar las capas de cebolla”, desnudando toda su malignidad, y que ello los ha hecho mucho más vulnerables.

El apoyo internacional es ahora más decisivo que nunca. Nos enfrentamos a una contienda asimétrica, en la cual un pueblo democrático enfrenta con la constitución y con las banderas de la libertad y la justicia, a una banda mafiosa, dispuesta a todo para permanecer en el poder. De ahí la importancia de las sanciones que restringen su capacidad para seguir financiando a sus matones, y la presentación de una amenaza real y creíble que evite que crucen la raya, incluyendo una posible intervención militar. Lograr un acuerdo de la comunidad internacional en torno a esto último, hasta ahora renuente, es de primordial importancia, paradójicamente porque será la vía más segura para evitar que escale la violencia. En este orden, debe enviarse una señal clara a Cuba de que desista de meter sus manos criminales en Venezuela para defender a Maduro.

En su estado actual, la Fuerza Armada no aguanta siquiera un amago de intervención de una potencia como EE.UU. Se encuentra fragmentada, sin aprestos adecuados, sus líneas de mando intervenidas políticamente y con una logística debilitada. El fascismo está consciente de ello. Ante el estado de desmoralización en su seno, ¿estará dispuesta a dar su vida por mandos notoriamente corruptos? Desde luego, la proyección de una “invasión imperialista” como amenaza podría avivar cierta resistencia, pero eso es precisamente lo que debe evitarse. De ahí que la amenaza debe ser velada, parte de una ofensiva política que la dejaría entrever sólo como medida de última instancia si no se avanza perentoriamente a una salida negociada que asegure a los venezolanos posibilidades de superar la presente situación. Para ello existe el Plan País y los lineamientos políticos anunciados por el presidente (E) Juan Guaidó: Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones confiables.

Elemento central de la necesaria presión política y diplomática es la insistencia en llevar la ayuda humanitaria a los sectores más vulnerables. Debe esforzarse porque, en este empeño, los gobiernos amigos se comprometan para que ello pueda cumplirse. Continuar invitando a los integrantes de la fuerza armada para que abandonen al usurpador y defiendan la constitución sigue siendo, asimismo, crucial. Luego, es imprescindible rodear al presidente (E) Juan Guaidó con importantes movilizaciones para continuar mostrando que el apoyo multitudinario y combativo de los venezolanos a la democracia no va a cesar hasta cumplir con los lineamientos propuestos.

En los próximos días su regreso al país será una importante prueba, ante de la amenaza del dictador por apresarlo. De no existir una clara señal de los países amigos, en primer lugar, de EE.UU., Colombia y Brasil, de que ello no será tolerable, Maduro, en su desesperación, pudiera estar tentado a ello o, incluso algo peor, para “resolver” su situación. Es la clásica huida hacia delante de la que tanto han abusado dictadores y mafiosos.

Tengo mucho tiempo insistiendo en la naturaleza fascista del régimen y que, por tanto --invirtiendo a Clausewitz-- concibe a la política como una guerra por otros medios. Lamento haber tenido la razón porque, en el trance de perderlo todo, su imaginario los empuja a inmolarse en una conflagración final. Minimizar esta eventualidad no depende de que los convenzamos o apelamos a los intereses superiores de la nación. Han dado muestra fehaciente de que no les importa. El apaciguamiento a lo Chamberlain ante Hitler con un llamado etéreo a dialogar para encontrar una salida pacífica, sólo les regalará más tiempo para seguir destruyendo, con el trágico saldo de muertes por desnutrición, falta de medicamentos y violencia. Se envalentonarán más para cometer disparates como apresar a Guaidó y a los integrantes de la AN, o desaparecerlos, precipitando al país a niveles de violencia que deben evitarse. De ahí también lo importante de reforzar puertas de salida como la amnistía para aquellos que no estén incursos en crímenes de lesa humanidad. Esperemos que, a diferencia de Pablo Escobar, prefieran querer disfrutar de sus fortunas mal-habidas en Turquía o Bielorrusia.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

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