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Opinión

Antes era distinto. Hablábamos de ella de otra manera. Nos quejábamos de que teníamos un país sucio, con montañas de desechos por todos lados y culpábamos a las autoridades competentes por no tener suficientes camiones ni rellenos sanitarios, además de carecer de la disciplina burocrática requerida para la prestación eficiente de un servicio que lucía elemental. Lamentábamos, así mismo, la precaria educación cívica, consecuencia, era el diagnóstico más a la mano, de nuestro poco sentido de la vida en común. Y, también, era ocasión para preguntarnos por qué en Venezuela no se reciclaba como se hace en otros países, abriendo el paso una actividad económica prometedora. En torno a estos temas, no sé si alguno más, transcurrían nuestras preocupaciones y chácharas sobre la basura.

Pero las cosas han cambiado. Ahora nuestras inquietudes son principalmente otras. Y como no van a serlas, por Dios, si se estima que la comida diaria de alrededor del diez por ciento de los venezolanos proviene de los desperdicios depositados en las bolsas colocadas en la calle, a la espera de que lleguen los vehículos del aseo urbano a recogerlas. Diez por ciento, digo, es decir, tres millones de personas, un dato estadístico frío detrás del que se encuentra una tragedia humana, que miramos con displicencia, sin reparar como se nos va volviendo parte indisoluble de nuestro tejido colectivo.

II

En Venezuela hay, pues, que resignificar la basura. Esta implica ahora a familias organizadas, inclusive con los niños, repartiéndose tareas y espacios para recogerla e ir aprendiendo en donde se ubica la “mejor”. Igualmente, ha dado lugar en ciertos lugares a gestos compasivos orientados a clasificar los sobrantes antes de deshacerse de ellos, colocando en paquetes más o menos distinguibles los que se encuentren en condiciones más “aceptables”. Mientras, en otras partes, se trata, por el contrario, de impedir el acceso a los depósitos, alegando el reguero de desperdicios que queda en el sitio. Y dentro de este cuadro no podía faltar esa visión sociológica, construida a pepa de ojo y más generalizada de lo que imaginamos, según la cual quienes tratan de proveerse la alimentación del día a través de la basura son “gente floja que no busca empleo porque no quiera trabajar”.

Resignificar la basura, reitero. Mirar, así pues, cómo ha dado lugar a la formación de pandillas que toman a la fuerza ciertas zonas, en una suerte de proceso de privatización, y ver entonces, por ejemplo, en una esquina del este de Caracas, a un joven hurgando en un envoltorio repleto de sobras y que alguien, presumiblemente armado, se le aproxime y le advierta con autoridad que “esta zona ya está reservada por nosotros, tú no puedes estar aquí”, al tiempo de que el joven amenazado esconde el miedo como puede y le grita que “la basura es de todos”, frase que versiona en modo caricatura, una de las consignas más distintivas y poderosas de los últimos diez y ocho años. Enterarse, por otra parte, de que en algunos mercados populares hay quienes se dedican a seleccionar lo “mejor” de la basura, guardarla en pequeñas bolsitas y venderlas, en lo que pudiera ser una expresión paradójica del capitalismo dentro del socialismo del siglo XXI. O, en fin, ser testigo de una escena espantosa en la que un grupo de chamitos y algunos perros, a veces con la presencia de unos cuantos gatos, se disputan los residuos de un “conteiner”.

Resignificar la basura, pues. Considerarla como el medio de subsistencia para muchos venezolanos.

III.

Así, sin darnos cuenta, cobra forma un grave fenómeno social. Mientras tanto el gobierno no dice ni pío y apenas asoma la idea de “carnetizar” a la población para permitirle el acceso controlado a la comida. Sigue en su afán de desdeñar la realidad y se refugia en el verbo frondoso de la revolución - manteniendo la impresentable tesis de la “guerra económica”- , trata de adivinar cuál diablos debe ser su posición frente a Donald Trump, se inventa a Fabricio Ojeda como prócer chavista, convierte a Zamora en un socialista que no sabía que era socialista, prohíbe hablar mal de Chávez (¡) y, lo más sustancioso de todo, trata de evitar a toda costa cualquier tipo de elección, esperando que desde las encuestas algún día soplen vientos más favorables y contando, además, con que la oposición siga en su despiste de los últimos tiempos.

En suma, en el radar oficial brillan por su ausencia tres millones de venezolanos, cuya cotidianidad transcurre junto a un pipote de desperdicios, siendo ésta la parte más visible, apenas, de un peligroso desacomodo social que, sin exagerar, adquiere visos de barbarie. ¿Cuantos más deberán ser, se pregunta cualquiera con sólo un poquito de sensibilidad, para que el país mire lo que está ocurriendo y se prendan todas las alarmas?

El Nacional, miércoles 1 de febrero de 2017

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Desentrampar la democracia es una responsabilidad de la ciudadanía, que es quien decide y tiene que hacer frente a la dictadura de Nicolás Maduro y al partido político en armas de Padrino López para acometer acciones previstas en la Constitución, como son la protesta, la resistencia civil y, de ser necesario, la rebelión ciudadana. El ambiente político real que vive el sistema político venezolano coloca a que la ciudadanía en el primer espacio del sistema reordene lo que no pudo hacer la tríada constituida por los 112 Diputados, la Asamblea Nacional y la MUD como consecuencia de su inconsistencia en el accionar político más el desconocimiento del ambiente político real, debido a sus luchas personales mezquinas por candidaturas que la barbarie de Nicolás Maduro trata de contener.

Desentrampar la democracia significa activar el sistema político desde el primer espacio para que el ciudadano que decide en democracia reemplace con su acción política a un grupo de operadores políticos que por ineptos o acobardados, no logaron el cambio político categórico solicitado por casi ocho millones de demócratas el 6D de 2015. Desentrampar la democracia significa que la masa societal es y será responsable como actor privilegiado ante la historia, para señalar que no tolera más el régimen del partido político en armas que instrumenta Padrino López para Maduro, asistido por una cúpula militar claudicante que no podrá imponer su dominación sobre el gen democrático de los venezolanos.

El gen democrático versus el proceso de dominación de la barbarie chavista es lo que muestra hoy el ambiente político real, donde se dibuja la incompetencia de los partidos políticos del siglo XX y los nuevos partidos del siglo XXI. El ciudadano activando su gen democrático, sin usar la violencia, pero empleando la protesta, la resistencia civil y la rebelión marcará un hito en la historia para el establecimiento de un nuevo orden social. Es entonces, desde el primer espacio del sistema político, en el cual una ciudadanía virtuosa convencida de los valores de la democracia, se enfrentará al grotesco militarismo y a la desgraciada militarización de la política y de la sociedad impuesta por un régimen autocrático y cobarde que se ancla en las bocas de fuego para consolidar una regresión política.

Regresión política inhumana y perversa que ha llegado a generar variaciones sociales cualitativas y cuantitativas, peligrosos desequilibrios sociales y económicos pero, sobre todo, una ausencia total de ética y ética política. Esta regresión política que hoy sufrimos muestra patologías psicológicas y sociales tales como la imposición de pasiones políticas, la invasión de un lenguaje grotesco y primitivo, la siembra del lenguaje del chavismo más el lenguaje escatológico y hasta la ofensa personal y social de quienes en posición de gobierno se atreven ofender al cuerpo social. ¿Quién reparará el proceso despoblacional, lo grandes niveles de hambre, pobreza y descuido en la salud de la sociedad venezolana?

El cuerpo social somos los ciudadanos del primer espacio del sistema político que, convencidos de la incapacidad de la tríada 112 Diputados-Asamblea Nacional-MUD, entiende su papel histórico como venezolanos y aceptó el reto de convertirse en poder ante la falta de responsabilidad y seriedad de quienes debieron hacerlo como operadores políticos. El cuerpo social como ciudadanía organizada accionará políticamemte para recuperar un nuevo equilibrio de participación política que agrupe a todos los demócratas, liderazgo social e instituciones comprometidas con la política para colocar en tiempo y espacio privilegiado a hombres y mujeres con cultura democrática y una nueva democracia.

Hombre y mujeres, jóvenes y adultos, que ya no soportan más el maltrato, el vejamen y la violación permanente y perversa de quienes han asaltado el poder, quienes maniobran y hacen maromas con soporte del cuerpo militarista, sin entender la magnitud de la ofensa que producen sobre el cuerpo social. En consecuencia, la mejor respuesta ha sido imposibilitar de un supuesto acompañamiento o diálogo maromero, en el cual se refleja la decisión ciudadana, además de coraje y convicción ética de los ciudadanos quienes desprecian al extremo al régimen militarista y al partido político en armas.

Hombres y mujeres son el cuerpo social lleno de energía política, consciente del momento histórico y dispuesto a revalorar el concepto de democracia. Democracia que se entiende como la restitución de la política por vía de un camino pacífico que construye, que participará un hecho electoral desentrampado, como lo está la sociedad en un ambiente político real explosivo que ronda… la explosión social. El cuerpo social de la Venezuela del siglo XXI tiene claro en su imaginario político que no se puede aceptar lo que se denomina el imaginario político real de un grupo de acomplejados marxistoides, que siguiendo las ideas de la década del 70, asumen la posición perversa de mancillar a la ciudadanía del cuerpo social venezolano.

Este cuerpo social frente al momento histórico ha decidido la vía excelsa del siglo XXI de la participación política contendiente para operar distante al simplismo del partidismo y cercano al compromiso ético, para lograr como grupo contener a los bárbaros que amedrentan, contienen y desvían a la mayoría democrática venezolana. El cuerpo social, es decir los ciudadanos que deciden, será capaz de desentrampar con su participación el ambiente político real mediante la protesta, la resistencia civil y la rebelión que conducirá inequívocamente a la reinstalación de la democracia y al establecimiento de un nuevo orden social.

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 31 de enero de 2017

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Considerando que el valiente Ciudadano preparó con su admirable estrategia el triunfo de la aspiración de los pueblos. Se decreta por cuenta del Estado designar para escribir y editar al historiador, Laureano Villanueva, una obra que reseñe la vida, los servicios y la gloria del Gran Capitán Ciudadano General Ezequiel Zamora.

Así comienza a tejerse para la historia y las generaciones futura la épica de este pulpero y después General de hombre libres, llamado por el pueblo “Catire cara e cuchillo”, ordenado precisamente por Ignacio Andrade desde EL Palacio de Gobierno del Estado, en Villa de Cura, aquel 10 de diciembre de 1896.

Según Villanueva, Zamora viene a ser la resurrección histórica del drama verdadero de sus vicisitudes, con sus coloridas y naturales formas; en que el pueblo le verá primero infatigable, pero sin ventura, en la guerra de montañas, por los años de 1846 ; atado al pie del patíbulo en 1847; y luego, ascendido por el Gobierno, para honrarle, en los años 1848 y 1849, a altas jerarquías en el Ejército ; y por último, en la campaña de la Federación, del 20 de febrero de 1859 al 10 de enero de 1860, la más ilustre de nuestras guerras civiles.

Nació Ezequiel Zamora en Cúa, por los Primeros años de 1817, hijo de Don Alejandro Zamora y Doña Paula Correa. Allí con los años en Villa de Cura montó una casa de víveres, en que mostró actividad y decisión por el comercio. Su vida juvenil, fue toda de ocupaciones mercantiles en Cura, San Juan, San Francisco, El Pao, San José, Calabozo y Apure.

Menos de treinta años contaba Zamora cuando empezaron las agitaciones públicas con motivo de las luchas de los partidos que se disputaban el poder; y afiliado en el partido liberal, se asoció al Licenciado Juan Martínez, para iniciar la propaganda por su partido en los pueblos y caseríos de San Francisco y San José.

No puede juzgarse a Zamora, sin conocer bien su tiempo. Aquella historia llena de magnos hechos, que nos enseñarán cómo se batían los partidos, cada uno con su bandera y su programa; de qué modo se comportaban los hombres, en lucha hasta morir, sin cometer ninguno el pecado de la deserción o la infidencia.

Lo cierto es que el “catire cara e cuchilla” surge como uno de los más activos representantes de liberalismo, bajo el liderazgo del Presidente José Antonio Páez, que dominaría la escena política hasta 1847, y quien estando al frente de la nueva República surgida en 1830, tomó una orientación netamente conservadora. Pero ya desde principios de los años 40, de la mano de ideólogos como Antonio Leocadio Guzmán y medios de difusión como El Venezolano, la oposición liberal hizo oír su voz y sus críticas hacia aquel régimen conservador que, no sin fundamento, juzgaban tan injusto como el de los tiempos de la colonia.

El 7 de septiembre de 1846 Ezequiel Zamora encabezó un levantamiento en la localidad de Guambra; bajo la consigna de ¡tierra y hombres libres!, el movimiento reclamó el respeto al campesino, la justa distribución de la riqueza y la expulsión de los godos de los puestos de poder. Al mando de un ejército campesino, el General del Pueblo Soberano, libró varios combates victoriosos, pero fue detenido y condenado a muerte por las autoridades judiciales de Villa de Cura. Un año después libra una espectacular fuga de su prisión y vuelve a la batalla con sus campesinos.

Ezequiel Zamora, desembarcó en la Vela de Coro el 23 de febrero de 1859, dando inicio con este nuevo levantamiento insurreccional a la Guerra Federal. Una vez lograda la misión en Coro, se trasladó hacia los Llanos y en el camino triunfó en el encuentro de El Palito. Luego tomó la ciudad de San Felipe. En marcha triunfal se dirigió hacia el centro del país atravesando Barinas donde libra La batalla de Santa Inés un 10 de diciembre de 1859, una de las más importantes de la Guerra Federal.

Laureano Villanueva cumplió su cometido redactando su primera Biografía titulada “Vida del Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora”, y que hoy recomendamos releer, como homenaje a este gran venezolano, odiado por los conservadores de su tiempo y los de este siglo XXI.

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Conversando ante la charcutería de un supermercado hoy convertido en “hipomercado”, una aguda e inteligente amante del teatro me formuló algunas observaciones después de ver El día que me quieras, sobre el personaje de Pío Miranda en la realidad y en el momento actual.

Cabrujas retrata en esta obra, con su proverbial agudeza, el cuadro venezolano, en la cual, en 1935, la visita de Carlos Gardel se inserta en el día a día de una familia caraqueña que vive el sueño del artista y el delirio de un fanático estalinista.

Pío Miranda es un convencido de la causa comunista más ortodoxa, un creyente en el hombre nuevo y un paraíso que seguirá a la desaparición del capitalismo y que, desprendido de la realidad, sin preocupación por el trabajo, solo aspira al mundo mejor que le ofrece su dogma en materia de fe política. Convencido de su causa, no tiene tiempo para enfrentar el duro trajinar que lo conecta con la vida y el quehacer diario. Mientras Elvira, María Luisa, Matilde y Plácido viven sus ilusiones y los avatares propios de su edad, Pío Miranda sólo piensa y discurre sobre las consignas del marxismo más elemental de los manuales de exportación de una revolución fracasada.

Los Pío Miranda de Cabrujas no constituyen una ficción y hoy adquieren las características que da el poder. Todos los hemos conocido, amparados y cubiertos por el manto de la democracia, formados como tantos venezolanos por una educación gratuita y becas de postgrado del Plan Gran Mariscal de Ayacucho, siempre defendiendo sus posiciones radicales en cafetines universitarios o en foros abiertos, con absoluto respeto por sus ideas y hoy ubicados cómodamente en el gobierno, usurpando el poder antes anatematizado, con olvido de su vieja posición, pero ocupados afanosa y compulsivamente en la invención de consignas “irrebatibles” que se afincan en los órganos que todo lo deciden “por el pueblo”.

Sería injusto no reconocer que hay revolucionarios de verdad que han sido consecuentes con sus ideas, críticos de la situación actual de Venezuela, que luchan por hacer realidad un sueño cuya inducción solo ha producido hambre, miseria, exclusión y abuso del poder. Pero los hay, no pocos, que pregonaban teorías en el pasado al amparo de las instituciones cuya destrucción anunciaban, que, simplemente, viven de espaldas a la realidad que no quieren ver, cómodamente instalados en el sistema y protegidos por “planes”, “interpretaciones” y “decretos con fuerza de ley” que solo protegen al poder.

La obra de Cabrujas y sus personajes nos dejan un mensaje y muchas reflexiones. La sociedad venezolana reclama el respeto a sus libertades. Tenemos derecho a vivir mejor, derecho a una existencia digna, derecho a no ser gobernados por déspotas revestidos de apariencia de legalidad; y tenemos derecho a soñar y a vivir con las ilusiones sencillas de El día que me quieras.

Y, por supuesto, la mirada, la voz y el canto de Carlos Gardel iluminan un camino de esperanzas que nada tiene que ver con el delirio de Pío Miranda, ni mucho menos con su encarnación en ilusos o en vivos de oficio, “enchufados”, que todavía hoy nos pretenden vender un paraíso en la tierra a costa de engaños, baratijas y vacías consignas que a nadie convencen, como las de una “revolución” para hundir más a los pobres y enriquecer a los poderosos; una “guerra económica” que en todo caso la perdió el gobierno; un “desacato” que se ha convertido en la perversa justificación para liquidar la representación del pueblo en la Asamblea; y un diálogo sin término que solo constituye el pretexto para no llegar a ningún resultado concreto, a la espera del milagro de una nueva engañosa “misión salvadora del pueblo”.

aas@arteagasanchez.com

30 de enero de 2017

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/pio-miranda-cabrujas-hoy_...

 3 min


José Vicente Carrasquero

Si alguna clase política ha mostrado unos altísimos niveles de disociación psicótica es el chavismo. En momentos en los que el país se hunde en el peor momento de su historia, a un militarete favorecidos por el proceso político se le ocurre imponer de manera fascista una instrucción que no se sostiene en la realidad. Pretende el individuo de marras que la gente no hable mal del responsable de que el venezolano esté sufriendo la peor calidad de vida de todo el continente americano.

La instrucción del militarcito demuestra algo muy preocupante. El espíritu golpista del 92 está vivito y coleando. Aquellos que de forma violenta intentaron derrocar a un gobierno democráticamente electo porque supuestamente coartaba la libertad de los venezolanos, pretende ahora impedir que la gente se exprese libremente y descargue su disgusto con quien al final es el responsable directo de su pésima situación.

Ya hemos visto a los compañeros de Chávez en aquellas aventuras golpistas comportarse como lo que verdaderamente son. Unos fascistas que pretenden imponer una forma de vivir, de actuar, de pensar y de obedecer. Estos primitivos que se colaron por el túnel del tiempo no tienen respeto alguno por los principios de la democracia. Ellos esperan poder seguir ejerciendo un poder omnímodo sobre la población para evitar rendir cuentas.

¿Y de qué tienen que rendir cuentas? Es sabido que el actual gobernador de un estado andino, mientras estaba recluido por los criminales intentos golpistas, escribía cartas a militares superiores pidiendo ayuda para no perder el apartamento que acababa de adquirir con un crédito hipotecario. ¿Cómo es posible que un tiempo después y habiendo solo ejercido cargos oficiales, este militar retirado muestre unos niveles de vida que no se compadecen con los emolumentos de un funcionario público?

He ahí un ejemplo trivial de las cuentas que no quieren rendir. ¿Cómo explicarle al país que se aparece en una lista de los Estados Unidos relacionados con el tráfico de narcóticos? ¿Cómo explicarle al país que se está en la lista de los sobornados por Odebrecht? ¿De qué manera se puede justificar el despilfarro de la riqueza más grande que haya tenido Venezuela desde el descubrimiento? ¿Cómo se le explica al venezolano que muchos niños murieron por desnutrición porque no hay suficientes alimentos?

Esta clase política que nos oprime es el conjunto de políticos más corrompido de nuestra historia. La corrupción no se mide solamente en la cantidad de dinero que se han robado. Se mide también en los hospitales que no cuentan con los suministros requeridos. En los números falsos de la misión barrio adentro para justificar el saqueo que los cubanos hicieron de nuestras riquezas, etc., etc.

La corrupción está en el ADN del chavismo. Habiendo el país recibido desde 1999 hasta ahora más del doble de la sumatoria de todo lo recibido por los gobierno de 1830 a 1998, no hay manera de explicar la situación menesterosa que vive la mayoría de los venezolanos. Lo que si se sabe es de cantidad de ex funcionarios chavistas y contratistas del gobierno que viven como grandes pachás en las principales ciudades de Europa y los Estados Unidos.

Es imposible no hablar mal de Chávez cuando uno se entera que los niños en Venezuela sufren desnutrición, asisten a escuelas de calidad cuestionable, no tienen acceso a la alimentación y mucho menos a una medicina de calidad. Abundan los casos de niños con cáncer que no reciben la atención que la constitución de Chávez supuestamente le garantiza.

¿Cómo no hablar mal de Chávez cuando se está una cola rogando que la comida no se acabe antes de que le llegue el turno? La sola mención de la guerra económica como explicación de las filas y la espera prolongada le recuerda a la gente que fue Chávez el que popularizó la orden ¡Exprópiese! Y que esas expropiaciones sirvieron para que unos cuantos se enriquecieran a costas del esfuerzo de quienes habían establecido empresas productivas.

Imposible no hablar del Chávez enemigo de la iniciativa privada. El que redujo dramáticamente nuestro aparato productivo. El que hizo imposible que Venezuela produzca los vehículos que necesita y peor aún los repuestos necesarios para que el parque automotor resista la tempestad chavista que nos empobrece.

¿A alguien en su sano juicio se le ocurre exculpar a Chávez de que seamos el país más pobre de las Américas? Que el ciudadano venezolano haya sido reducido a un individuo parroquial que gasta la mayor parte de su tiempo en lograr la supervivencia y no en el trabajo productivo y el crecimiento espiritual.

Imposible no culpar a Chávez del presidente a quien apoyó postreramente y que no calza los puntos para manejar siquiera una alcaldía rural. Un presidente limitado que carece la visión de un estadista del siglo XIX (19), no tiene nada que ofrecer en una época caracterizada por el rápido avance de la tecnología y la educación.

Lo escoltan militares golpistas responsables de las asonadas que en 1992 dejaron cientos de muertes en las calles. Personas que no tienen empacho en aplicar los métodos primitivos que buscaban imponer cuando quisieron acceder violentamente al poder.

El responsable de la desgracia que hunde a los venezolanos en la miseria es Hugo Rafael Chávez Frías. No puede esperar el tenientico que se benefició de la pasantía del comediante eterno por el poder, pedir a quienes salieron perjudicados que no ejerzan su natural derecho de despotricar del responsable de nuestros males.

Desde el terror que le produce tener que rendir cuentas, el tenientico barrunta tonterías insostenibles. Las encuestas hablan y lo muestran como lo que es. Un político que llegó al poder parasitando la imagen de Chávez. Quizás eso explique el que no quiera que hablen mal de él. De lo que estoy seguro es que los venezolanos no te vamos a complacer y seguiremos hablando mal de tu comediante eterno.

La mala noticia para el tenientico golpista es que el tiempo de rendir cuentas está llegando. Esperamos que el anaranjado te siente bien.

@botellazo

https://www.lapatilla.com/site/2017/01/30/jose-vicente-carrasquero-aquis...

 4 min


Perkins Rocha

Las instituciones venezolanas no se reconocen entre sí. Formalmente, no tenemos presidente porque hubo un acto parlamentario sin forma de ley, dictado por la Asamblea Nacional (AN), que tiene potestades exclusivas para hacerlo y en consecuencia, absolutamente apegada al texto constitucional (artículo 233 CRBV), el cual distingue entre la simple "ausencia física" del máximo representante del Ejecutivo al "abandono de las funciones" en que incurrió un sedicente presidente, el cual, además, se empeña en gobernar de facto ejecutando las leyes habilitantes que sin autorización legal, el se auto aplica; un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que omite su deber de tramitar las causas en el pendiente, entre otras la que lleva su Sala Electoral desde hace más de un año, en relación con la elección de los diputados del estado Amazonas, pero que los siete magistrados que conforman su Sala Constitucional deciden, irrespetando la propia doctrina de dicha sala, calificar de "desacato" la actuación de un órgano fundamental del poder público como lo es la AN, sin que exista norma constitucional ni legal que lo fundamente (toda vez que el famoso delito de "desacato" no existe como tipo punitivo en nuestro ordenamiento vigente); y por último, una AN que –tal como se dijo– habiéndole declarado el abandono del cargo al presidente, no ejecuta esta decisión ordenándole al Consejo Nacional Electoral, llamar en el plazo de treinta (30) días siguientes a la declaratoria de abandono, a una nueva elección presidencial.

Ante el anterior cuadro institucional, tenemos que arribar las siguientes conclusiones: primero, que tenemos un gobierno fallido que habiendo incumplido sus obligaciones ejecutivas y obrando fuera del orden constitucional, de manera forajida, burla y desobedece el acto público que lo declaró en abandono, resguardado por irregulares decisiones judiciales un TSJ no reconocido por los ciudadanos como legítimo, y por la sombra de una cúpula militar que descaradamente hace caso omiso de su deber de ser parte de una institución esencialmente profesional, sin militancia política, al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad alguna, tal como reza el art. 328 constitucional; y segundo, una AN que omite su deber de ejecutar y materializar sus actos políticos por el temor de que se los incumplan.

Frente a una fractura del orden institucional, a la sociedad civil no le queda otra opción que hacer uso de sus sagrados poderes creadores, pues constitucionalmente, "la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo", (art. 5 CRBV), y si a este pueblo, representado en casi 60% de los electores que participaron el pasado 6 de diciembre de 2015 en un acto comicial, se le ha cercenado las consecuencias del ejercicio indirecto de esa soberanía –al desconocerse "institucionalmente" la autoridad del órgano legislativo nacional que eligió, y al negársele su derecho de revocar a su gobernante– no le queda otro recurso como no sea el asumir la soberanía mediante su ejercicio directo.

Para retomar el orden constitucional que se niegan a reconocer las instituciones enfrentadas, creando un vacío que pudiera aproximarnos al vértigo de la eventual anarquía, es necesario acudir a las salidas que nuestro mayor y más sagrado pacto político nos ofrece. Habiendo transitado, hasta ahora sin éxito, por algunas de ellas, solo nos queda aquellas donde la influencia corrosiva de una praxis institucional prejuiciada por intereses políticos subalternos –sean de gobierno o de oposición– se minimice al máximo casi inexistente.

Esas salidas, que deben asumirse de manera concomitante y complementarias una de otra, son dos y se encuentran ubicadas en un mismo título y capítulo de nuestro texto constitucional (Capítulo III del Título IX), y son la asamblea nacional constituyente y el desconocimiento civil y legítimo del régimen existente. La primera nos permitirá revisar y proponer un nuevo grado de integración entre el actual modelo de Estado con su pregonado sistema democrático, hasta ahora basado en derecho y justicia. Ello permitirá que nazca un nuevo equilibrio del poder público venezolano que nos permita recomponer el orden institucional que las actuales autoridades públicas (oficiales y opositoras) se niegan a reconocer, y –lo mejor– que no podrán controlar, ni anular, ni impedir, pues está expresamente prohibido que lo haga el poder constituido afectado (primer aparte del artículo 349 constitucional). Y la segunda salida que debe plantearse aparejada con aquella, se encuentra en el tan temido “350”, norma incólume y vigente, nos permitirá desconocer, tanto al poder constituyente, como principalmente, al ciudadano, al actual régimen, por no solo haber contrariado los valores y principios democráticos vigentes, sino por haber menoscabado nuestros derechos humanos.

@PerkinsRocha

26 de enero de 2017

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/quiebre-institucional-momento-constituyente_77496

 3 min


Con caras amarradas y sentimientos de culpa, los directivos de la maltrecha MUD, acaban de anunciarle al país que ni el pasado 6 de diciembre ni el reciente 13 de enero, hubo ningún tipo de diálogo entre gobierno y oposición. Esta aclaratoria ocurre como consecuencia del incumplimiento a los compromisos contraídos por el Gobierno, tal y como lo expresara el Monseñor Pietro Cardenal Parolin. Hasta aquí, muy sobrada razón tendrá el liderazgo opositor para semejante anuncio, pero la otra parte del cuento no lo terminan de echar, porque saben que hay un país comenzando a dudar de sus asertividades dialogantes.

Sin necesidad de hurgar las lacerantes heridas de la unidad, el “agonizante” diálogo fue víctima de los ataques certeros de la candidaturitis presidencial, que embarga a quienes sin esperar el 2018, se precipitaron a escondidas de los agobiados por la crisis, como si el mandado estaba hecho y Maduro les iba aceptar la convocatoria a sus soñadas elecciones generales. Desde Capriles hasta el vecino más popular de Ramo Verde, todos sin excepción, colocaron primero sus deseos de vivir en Miraflores, que ir a las negociaciones a defender el mal vivir de los venezolanos.

Hoy quienes se niegan asistir a la mesa de negociaciones, como si no hubiesen roto un plato, nos anuncian que el régimen no tiene palabra, y que sin garantías no tiene sentido llegar a acuerdos con quien no tiene la menor intención de cumplirlos. Eso lo sabía hasta Ender mi vecino, quien es un adeco resabiao; sin embargo, nadie les ordenó haber suspendido la marcha anunciada hacia Miraflores y el enjuiciamiento político al engañifa y burlón Nicolás. Señalar ahora que en aquella oportunidad no existían mecanismos para la verificación y garantías del cumplimiento de acuerdos, es la simple confesión, de quien alega en defensa su propia torpeza.

Hasta ahora todas las marchas convocadas por la MUD han sido inspiradas en la mera reivindicación política, incluso, la última hacia el CNE este 23 de enero, donde llevaba el piquete del ilusorio llamado a elecciones generales. No podrán con esa sapiensa que los caracteriza para el error y el enfrentamiento interno, asumir que en este país no existe posibilidad alguna de avanzar hacia una salida de la crisis, sino marchamos, eso sí, por una Venezuela sin escasez ni colas por unas canillas de pan o tan siquiera convocar a marchar hacia las Gobernaciones y Alcaldías, para exigirles a estos mandatarios locales las ofertas incumplidas.

Nadie está pidiendo borrón y cuentas nuevas, ante este gobierno que lo único que hace es cumplir los asesoramientos de Raúl Castro y su G2 cubano, pero muy bien que pudieran asumir una actitud más cónsona con la realidad que atravesamos quienes vivimos diariamente las consecuencias de este calamitoso gobierno. ¿Habrá muerto en dialogo en verdad? o feneció la vieja forma elitista de asumir el liderazgo otorgado por la mayoría, hacia quienes hoy se asumen como los cuatros fantásticos de la gran alianza opositora.

A decir verdad, el diálogo no está nada moribundo, el sigue vivito y coleando; sólo que no podemos seguir poniendo los tiempos invertidos, rodeados de sueños y aventuras palaciegas. Primero, la lucha social, segundo, exijamos las elecciones de Gobernadores y Alcaldes. Y con Maduro, a ese no los quitamos de encima cuando corresponda constitucionalmente o cuando el pueblo así lo decida desde la calle.

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