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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

Nunca hemos simpatizado con la definición de que la política es el “arte de lo posible y no de lo deseable”. Preferimos, hacer posible lo deseable. Sin embargo, no puede ser un dogma. Las enseñanzas del Arte de la guerra, de El Príncipe y de la realpolitik no pueden descartarse. Los principios y valores sí hay que defenderlos a capa y espada, pero ante un régimen dictatorial que se aferra al poder, a veces hay otros puntos en los que bajo protesta hay que tragar grueso y buscar mecanismos para neutralizar o al menos disminuir los efectos perjudiciales. Tal es el caso de la elección primaria del 22 de octubre, así como de la presidencial en el 2024.

En el caso de la primaria en el exterior, lo deseable es que puedan votar los jóvenes que por su edad y por haber emigrado, no se inscribieron en el Registro Electoral en Venezuela, y en el exterior hay muchos países en los que no hay Consulado. Tienen derecho a votar y el CNE no debería impedir que se inscriban por internet. La Comisión Nacional de Primaria (CNP) podría construir un registro propio; sin embargo, decidió no hacerlo para evitar impugnaciones. A regañadientes, aceptemos lo dispuesto por la CNP. También, esta decidió que el voto sea presencial, manual, solo en 21 países y en unas pocas ciudades. Preferimos que hubiese sido por internet y en todas las partes en que resida un venezolano con derecho a sufragar. Sin duda, estas disposiciones limitarán el número de compatriotas que voten. Es una lástima, porque uno de los beneficios de la primaria es que quien salga electo tenga un gran respaldo y que el volumen de votantes sirva de presión al régimen para que acepte condiciones de transparencia, que abra el registro electoral en el exterior vía internet y posibilite la votación por este medio.

Como las condiciones son adversas para lograr lo que deseamos y tenemos derecho, la manera de superarlas parcialmente es acudir masivamente a la convocatoria de la CNP. Requerirá vencer la reticencia a votar por candidatos que a muchos no terminan de convencer, pero entendamos que cualquiera de ellos es mejor que Maduro. Además, si queremos contribuir a la reconstrucción de la democracia, debemos hacer un pequeño esfuerzo desplazándonos a los sitios de votación seleccionados.

La primaria en Venezuela también requerirá el desplazamiento a los centros seleccionados. No es necesario que sea con la participación del CNE, ni con máquinas y captahuellas. Esto está demostrado muchos países. Sin embargo, esperemos la decisión de la CNP y no cometamos el error de abstenernos. Se ha dicho que los miembros de la CNP están sujetos a presiones de algunos de los partidos políticos que los designaron. Probablemente sea cierto, pero no hay motivo para dudar de que son ciudadanos honorables que tienen la buena intención de tomar las mejores decisiones en el marco de las restricciones existentes.

La elección presidencial es otra lucha que debemos dar. Como hemos escrito, la dirigencia opositora no logró ponerse de acuerdo para seleccionar un candidato de prestigio que tuviese aceptación. Escogió la vía tortuosa de la primaria, válida en otras circunstancias, pero no en las actuales. Ahora toca vencer muchos obstáculos. Debemos hacer lo que esté en nuestras manos para vencerlos.

En la reciente reunión del 25 de abril en Bogotá, 18 países aprobaron: “La necesidad de establecer un cronograma electoral que permita la celebración de elecciones libres, transparentes y con plenas garantías para todos los actores venezolanos. En este sentido, se mencionó la importancia de tener en cuenta las recomendaciones de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea de 2021”. Desde luego, esta importante declaración no garantiza que el régimen la cumpla. Con toda seguridad intentará burlarla. La primaria es un primer paso de esa confrontación en defensa de nuestros derechos. No le pongamos más peros de los que tiene.

Como (había) en botica:

Chávez y Maduro no solo destruyeron y endeudaron a Venezuela, sino que por las expropiaciones de Crystallex, Conoco-Phillips y de muchas otras empresas, además de la emisión de bonos de la deuda con garantía de Citgo, esta empresa está en gran riesgo de perderse. Hasta ahora, se ha mantenido por la defensa emprendida por los exprocuradores ad hoc José Ignacio Hernández y Enrique Sánchez Falcón, del expresidente ad hoc de Pdvsa Luis Pacheco y de Horacio Medina, y de Carlos Jordá, contando con un grupo de abogados. Siempre se ha intentado un acuerdo con los acreedores, pero estos han preferido esperar decisiones judiciales. Por lo pronto lograron que un juez suspendiera temporalmente el embargo.

Felicitaciones a la Académica Gioconda Cunto de San Blas, Premio Alma Mater 2023, otorgado por la UCV. También, al Dr. Ramón Duque Corredor por el premio de la UCAB Valores Democráticos “Francisco José Virtuoso 2023”, así mismo otorgado a Alfredo Infante , Roberto Patiño y a la Universidad de los Andes. Igualmente felicitamos a los académicos Nelson Hernández y Diego González por el premio Carlos Lee, otorgado por el Centro de Orientación de Energía (Coener).

Lamentamos los fallecimientos de Marielba Nava Arreaga y de Freddy de Jesús Mayor, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol, también los de los compatriotas atropellados exprofeso en Texas.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

9 de mayo 2023

 4 min


Benjamín Tripier

La GL 42, si bien en su estructura se refiere a los bonos de Pdvsa, la realidad es que, por un lado se refiere al bono Pdvsa 2020, que es el que tiene la garantía de Citgo, y por otro, le da un mensaje contundente al gobierno del chavismo, reiterando que no los reconocen, ni a ellos, ni a la Asamblea Nacional del 2020, pues ambos caen en el mismo paquete que ellos consideran ilegítimo, pues no reconocen los resultados de esas dos elecciones.

La realidad es que la Cumbre de Bogotá sirvió para poner en blanco y negro la distancia que hay entre los gobiernos de EE UU y Venezuela, pues, ya desde antes de convocarla, los corrillos en Washington hablaban de la molestia que los americanos tenían con las reacciones, comentarios y declaraciones, todas explícitas, de los tres declarantes principales, Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, siempre maltratando y agrediéndolos.

Mientras que, por el lado del gobierno de EE UU, las pocas declaraciones, arrancadas a presión por los medios, siempre eran esquivas en palabras y en pronunciamientos. Ellos siempre mantuvieron la posición de que querían ver resultados electorales primero, y recién luego, si ellos juzgaban que eran genuinos y transparentes, podían avanzar en flexibilización de sanciones.

Hace unos años, en una conversación, los americanos comentaron que colocar sanciones era expedito y entraban en vigencia inmediatamente. Mientras que levantarlas, podía tomar mucho tiempo, y hasta llegar a que alguna de ellas fuera casi permanente, y hubiera que andar aclarando cada vez que se cayera en la situación. Y, desde que se impusieron a Venezuela, hasta ahora, ninguna ha sido levantada.

Lo que sí ha ocurrido, y sigue ocurriendo, es la liberación de licencias, especiales y generales, para ciertos casos específicos porque de una manera o de otra responden a necesidades o situaciones concretas evaluadas en detalle y profundidad. Las GL41 y GL42, son una prueba del tiempo que toman y el detalle al que llegan… y los períodos cortos de duración que habilitan.

De todos modos, cada vez que corre un rumor de que se levantó esto o aquello, invito a los interesados a ingresar en la página web de la OFAC, y comprobarlo: todo debe estar reflejado ahí… y si no está es porque no existe.

Mientras sigan jugando todos, americanos y UE incluidos, al juego fantasioso de elecciones y cambio de poder en Venezuela, y no aterricen en el tema concreto que es el de la creación de condiciones objetivas que favorezcan una transición, todo será como una obra de teatro con una coreografía en la cual los diferentes actores se mueven en el escenario, tratando de no tocarse mucho, cambiando de posiciones y de situación, pero al final de la obra, siempre, hasta ahora, Maduro está en el poder y los opositores, con el actor principal que corresponda a cada caso, oponiéndose… más o menos… poco o nada.

Tanto los países que participaron en la cumbre como cualquier ciudadano común aquí, internamente en Venezuela, asume que el chavismo no entregará el poder. Y que cuando se fantaseó sobre el tema en el 2019, no fue relacionado con que lo entregue, sino con quitárselo… pero eso tampoco les funcionó.

Por lo que, la seguidilla que se viene con reuniones en Bogotá, y la expectativa de regresar a México, podrá contar con todas las opiniones favorables del mundo, pero mientras los americanos sigan considerando a Venezuela bajo gobierno chavista una “amenaza inusual y extraordinaria”, será difícil que algo más pase.

Desde que comenzó el esfuerzo revolucionario de enemistarse con EE UU a principios del siglo, fue destruyendo todos los puentes y las estructuras que los comunicaban; lo hicieron los dos, uno de cada lado. Lo cierto es que un altísimo porcentaje de nuestros ingresos petroleros dependían de EE UU en el año 2.000, y hoy, 23 años después, ocurre lo mismo: con los ingresos de Chevron el país se mueve, y sin ellos, se paraliza.

Por eso, la frase “tanto nadar para morir en la orilla” se refiere al esfuerzo gigantesco, aún a costa de la vida y el bienestar de millones de venezolanos y de destrucción de la infraestructura del país, para alejarse y pelearse con ellos, y finalmente quedar solos y aislados, dependiendo mucho más que antes de los americanos.

La gran diferencia es que ellos nos consideran un enemigo… y así nos tratan. No a los ciudadanos que son acogidos y bien recibidos, sino al gobierno y sus funcionarios que están afectados por sanciones y órdenes de captura que van desde los 5 millones de dólares, hasta los 15 millones de dólares por información que lleve a la captura de alguno de los de las listas que ellos manejan.

Otro mensaje que viene encriptado en la GL42, está dirigido a la oposición representada por la Asamblea Nacional del 2015, que es la única que ellos reconocen. Y en esa GL le asignan roles especiales que será difícil que puedan llevar a cabo. Porque ellos, los americanos, diseñaron el interinato para contar con una figura ejecutiva que pudiera gerenciar situaciones, que es algo que un órgano como esa AN está impedido de hacer… por su propia esencia, que es ser un ente legislativo, y no ejecutivo.

Por lo que puede leerse más como un gesto político que uno que vaya a tener efectos reales. Aunque hay que estar claros que, si el objetivo de EE UU es proteger Citgo, lo van a hacer buscando algún camino… que tal vez termine dejando por fuera a los venezolanos.

No hay que perder de vista que, entre los egos, la soberbia, y la incompetencia de la clase política de los dos lados, están las explicaciones de cómo es que llegamos a esta triste situación.

Político

Lo más relevante de la semana sigue siendo el tema de la corrupción confesada por el gobierno, esta vez por algunas nuevas detenciones, y por la gaceta de la Ley de Extinción de Dominio. La nueva perspectiva que estos eventos le están dando al tema de la corrupción administrativa, pone presión en el descenso dramático del perfil de ostentación que era casi una marca, que mostraba el éxito del sujeto.

Viajes, barcos, aviones, camionetas, escoltas, casas, nivel de vida y consumo, que, no más de tres años atrás, en muchos casos, eran imposibles de imaginar en esa persona. Posiblemente era un funcionario con un nivel aceptable de vida, quien, de la noche a la mañana comenzó a vivir de otra forma… lo que sí está claro, es que, para ese perfil de gente, que de lo poco pasó a lo muchísimo, el dinero no se puede ocultar. Eso es válido para parientes, amigos y relacionados de ese funcionario.

Estamos entrando en una etapa de bajo perfil y eso se va a notar. Hasta en la baja de asistencia a restaurantes y tiendas caras, algunos de los cuales, habían sido diseñados específicamente para ese público… algunos de ellos, van a tener que cerrar.

La Ley de Extinción de Dominio es un instrumento que, cuando entre en vigencia, se convertirá en una herramienta de redistribución… una capa de funcionarios será reemplazada por otra nueva que, si aprendieron algo, descubrirán nuevas maneras de hacer las cosas, y se cuidarán más. Difícilmente se suspenda la corrupción, porque en realidad, no ha habido ningún movimiento para evitar que siga ocurriendo.

Lo policial y el castigo y persecución de lo que ya pasó, demostró que no funciona en nuestra región. Porque muchos de los trajes naranjas saldrán de su detención habiendo conservado una parte importante de su patrimonio mal habido, y solo verán afectada, transitoriamente su reputación… que como decía alguien que conozco, “con el dinero que tengo, me compraré una reputación nueva”.

Cuando se vea que las instituciones de control funcionan, las auditorías internas, la separación entre el ministro y el presidente de la empresa de adscripción, las firmas cruzadas, las licitaciones públicas y abiertas, y en general evitar la discrecionalidad en la disposición de activos y bienes del Estado, así como de toma de decisiones para comprar o no comprar.

Todo lo anterior está relacionado con el gobierno, pues es el que, desde hace 23 años, maneja la economía del país.

Desde el lado de la oposición, con la salida de Juan Guaidó, del interinato primero y del país después, se acabaron los referentes formales. Hoy solo quedan dirigentes diciendo esto o aquello, pero no haciendo nada concreto como se había afianzado en la época del interinato.

La fantasía de las primarias pronto llegará a su llegadero y allí comprobaremos si sirvió para algo… porque es cierto que para la oposición, el CNE no es confiable, y ese argumento también debería ser válido para las elecciones presidenciales. No puede ser malo para las primarias, que no son vinculantes, y bueno para la verdadera elección. En fin… esa falta de coherencia mezclada con “los egos, la soberbia, y la incompetencia de la clase política” nos tienen como estamos, y como, casi seguro, seguiremos estando.

Social

Es posible que la reducción de la pobreza por la reactivación del año pasado se retrotraiga a anteriores niveles más bajos, porque la caída en la actividad de este primer trimestre que pasó, y lo que estamos viendo en este segundo trimestre que está transcurriendo, está liberando puestos de trabajo, formales e informales, porque los beneficiarios del boom en lo comercial transaccional de última milla que experimentamos, se está desvaneciendo.

Porque tenemos que estar claros en que las variaciones sobre más o menos pobres, en general tienen un perfil estadístico referencial, pero no llevan alivio a 81% de los pobres por ingreso, ni a aquellos que se van a dormir sin haber comido durante el día.

En cuanto a los ajustes de bonos y cesta ticket, no debemos perder de vista que solo cubren a una parte de la población que es la que tiene un empleo, una jubilación o una pensión. También es cierto que una gran masa de pobreza es alcanzada por los programas sociales del Sistema Patria, y aún así, hay una franja importante que queda por fuera.

Sería buenísimo contar con información dura como para poder plantear estrategias… pero no la hay, y a este paso no la habrá por mucho tiempo… eso es por diseño. Por lo que si, desde el sector privado se quisiera desarrollar un programa masivo de RSE, habría que armar números a partir de cada empresa o unidad de producción, levantando información desde sus zonas de influencia.

Y en cuanto al financiamiento, en el mundo hay fondos sociales suficientes, sin sanciones, como para que los organismos gremiales empresarios puedan trabajar sobre eso.

Lo anterior, debería ser tarea del Estado, como en cualquier país. Pero no somos cualquier país, y el Estado ya no puede asumir ese rol sin contar con ayuda. De hecho, con la emigración y la diáspora, estamos traspasando nuestras responsabilidades como Estado, a otros estados para que, por caridad, les presten a nuestros compatriotas, los servicios sociales –alimentos, salud, educación- que aquí no podemos prestarles.

Económico

La solución que encontró el gobierno para transferir poder de compra a los trabajadores, jubilados y pensionados, fue la de los bonos indexados que tienen un nivel de compromiso diferente al del salario. No solo por la exigibilidad, sino por todo el engranaje de acumulaciones y prestaciones que se derivan de allí.

Asociados a esta decisión están los contratos colectivos de las empresas básicas que son leoninos y no ajustados a la producción o a la productividad. Son los vestigios de una Venezuela que se extingue, pero sin darse cuenta. En algún momento habrá que cambiar en profundidad las leyes laborales y ponerlas en la perspectiva de que la gente tiene que ganarse lo que cobra; versus la “beca vitalicia” de cobrar así no se trabaje.

Entonces hay que entender como positiva esa solución de pago, alineándola a las restricciones de encaje y crédito, con una alimentación “por goteo” de las mesas de cambio. También hay que reconocer como un logro el cierre de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, permitiendo una cierta tranquilidad en el mercado.

Claro que se trata de un mercado tranquilo que se está achicando mas todos los días, arrastrado por el mismo driver de actividad, que fue el comercio, y ahora, al retrotraerse, nos cambia la dirección y se lleva el impulso y la inercia que se deriva, pero esta vez hacia atrás, y hacia abajo.

La manera de frenar la caída es entender el nuevo perfil del mercado y del consumidor; hay que lograr eficiencias tanto en la cadena de suministros como en la escala de operación, y en la aproximación al bolsillo del consumidor pobre, colocando a su alcance los productos en tamaños y presentaciones que ayuden a que pueda alinear su consumo con su flujo de ingresos, sin que tenga necesidad de tener que financiar envases grandes en vez de poder comprar lo que necesita para ese día.

Esta es una nueva Venezuela que tenemos que aprender a conocer y a entender. Mientras tanto, seguiremos enfrentando los desajustes y desbalances de un modelo político económico que ya perdió vigencia y pertinencia. Esto así no puede continuar, esto tiene que cambiar.

Internacional

Nuevamente China… Ya hacía tiempo que había salido del radar informativo de la propaganda del gobierno, que le supo sacar partido a la relación, hasta recibir 60 mil millones de dólares de préstamos pagaderos en petróleo (cuyo saldo pendiente hoy es de aproximadamente 12 mil millones de dólares) y un sinnúmero de proyectos que no llegaron a nada; también quedó Sinovensa en la Faja con una producción de 90.000 bdp.

Si bien nunca se fue del todo, se mantuvo por la cobranza, y tal vez esa sea ahora la razón principal de su reaparición.

Justo cuando EE UU arrecia su campaña para sacar a China de la región, China se atrinchera donde sabe que EE UU no puede alcanzarla… aquí, donde los americanos no pueden entrar porque fueron expulsados. En esta división del mundo en bloques, China y Rusia son enemigos de EE UU, y curiosamente amigos de Venezuela. Rusia no tanto por nacionalizar los fondos de Pdvsa, y China… bueno…aún hay que ver hasta dónde llegan.

Porque, así como Venezuela tendrá que tomar posición en este nuevo agrupamiento de buenos y malos, China también tendrá que hacerlo. Pero primero tiene que terminar de cobrar, y luego vemos.

Recomendación

  • Al gobierno: que comience formalmente un proyecto de modificación y cambio de las leyes laborales para que reconozcan las nuevas realidades que llegaron para quedarse. Flexibilizar el mercado y permitir las negociaciones directas entre trabajadores y patronos. Y que el tema sindical sea optativo de cada trabajador. Hoy en día, aquí en Venezuela, un trabajador es capaz de defenderse a sí mismo, mucho mejor que lo que podría hacerlo un sindicato. Para el primero el interés está puesto en su propio trabajo, y para el segundo, el interés es la permanencia del sindicato.
  • A la dirigencia opositora: que comience a trabajar en un plan B con la UE para asegurar que el sistema de votación que se use, tenga el consenso de todos. Ya no se trata de auditorías, sino de credibilidad y confianza, y eso hoy se ha perdido. Por lo que seguro, si no se presenta ese plan B, la abstención será la más grande, y el chavismo ganará por default.
  • A la dirigencia empresarial: que diseñe un proyecto de levantamiento de información nacional sobre pobreza, a partir de las zonas de influencia de las miles de unidades de producción que hay en el país. Y que consiga el financiamiento tanto desde las ONG como de organismos multilaterales. No olviden que los empresarios no están sancionados.

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Paulina Gamus

Desde tiempos inmemoriales, comenzando por las Tablas de la Ley con los 10 Mandamientos entregadas por el Altísimo a Moisés en el Monte Sinaí, las leyes tienen por objeto ordenar la vida en sociedad. Nuestro Andrés Bello, quien entre sus muchos talentos poseía el de respetable jurista, definió la ley como una declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite. Para Bello, lo decisivo para calificar un acto de ley es la forma en que se gesta y no la naturaleza de la disposición en él contenida.

No sé si en la historia legislativa existieron otras leyes dirigidas al odio, segregación racial, expoliación y exterminio de determinados grupos humanos como fueron las Leyes de Nuremberg promulgadas en 1935 por el régimen nazi de Adolf Hitler y las leyes raciales fascistas en la Italia de Benito Mussolini, a partir de 1938. En ambos casos, el grupo humano contra el que fueron dirigidas fue la «raza judía», considerada inferior y perniciosa. Aunque se extendieron a otros grupos considerados igualmente «subhumanos» como los gitanos, los homosexuales y los discapacitados, especialmente enfermos mentales.

La primera ley cuyo objetivo expreso era cobrar venganza fue la Ley del Talión. Conocida popularmente como ojo por ojo y diente por diente, esta ley fue incluida en el Código de Hammurabi, dictado por ese rey de Babilonia unos 16 siglos antes de nuestra era. Pero la venganza legal nada tenía que ver con política, era la reparación al agredido causando el mismo sufrimiento al agresor.

En el llamado trienio adeco (27 de noviembre de 1945) se creó el Jurado de Responsabilidad Civil y Administrativa para juzgar el enriquecimiento ilícito durante los gobiernos anteriores, desde el de Cipriano Castro hasta el de Medina y castigar el peculado. Bajo tales acusaciones fueron expulsados del país los expresidentes Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita y varios importantes exfuncionarios, como el exministro Arturo Uslar Pietri. La comisión no siempre actuó con equidad y se basó más en el propósito de retaliación política que en la justicia.

Quienes promulgan y se jactan de leyes vengativas suelen ser gobernantes con aspiraciones de eternidad en los cargos. Ignoran que en muchas ocasiones tales leyes tienen efectos bumerán. Veamos una ley venezolana de esta naturaleza promulgada hace apenas unos días: el 28 de abril de 2023: la Ley Orgánica de Extinción de Dominio.

Al jactarse de los prodigios de esa ley aprobada entre gallos y medianoche, Nicolás Maduro dijo: La calidad del debate que han dado ha permitido que tengamos esta novísima ley, poderosa ley, la ley orgánica de extinción de dominio que nos permite de manera acelerada castigar y quitarle el dominio de propiedades mal habidas a las mafias Gracias por esta ley, que en esta fase de la batalla que estamos dando por la moral y la ética, tremenda batalla intensa que vamos a radicalizar, viene a ser la primera ley para golpear durísimo a las mafias corruptas que han pretendido posicionarse en la vida política, nacional y en el escenario del Estado.

Como resultado de esta ley, añadió Maduro, se inició el operativo «caiga quien caiga» y, de paso, mencionó el conjunto de bienes recuperados. Pero no llegamos a saber quiénes cayeron; es decir, a quiénes pertenecían, su ubicación ni su valor. Los bienes incautados: seis edificios, 38 apartamentos de lujo, 28 casas mansión, 16 oficinas, cuatro grandes terrenos, siete empresas, una posada, un club, 13 complejos empresariales, cuatro fundos, 361 vehículos de alta gama, 52 camiones nuevos, nueve motos, nueve autobuses, 23 maquinarias pesadas, 19 aeronaves y siete embarcaciones.

Con respecto a casos y mafias del narcotráfico, apuntó que el dominio extinguido fue: 71 mansiones, un apartamento de lujo, cuatro terrenos, un complejo empresarial con galpones, 62 vehículos de alta gama, tres camiones, 26 maquinarias pesadas, 17 aeronaves, 10 embarcaciones, entre otros, en lo que va de año.

Y como la guinda de la torta, acotó: Sobre los casos de corrupción dentro del chavismo, hay un total de 1.007 bienes incautados hasta este momento. Aseguró que están detrás de recursos monetarios, sobre los cuales no tienen aún cifras concretas.

Según la alocución presidencial, esas propiedades (incautadas o confiscadas) serán distribuidas a los distintos niveles de Gobierno y formarán parte de proyectos para uso de la población venezolana.

Me asalta la curiosidad: ¿A cuáles niveles del gobierno les van a adjudicar las 71 mansiones? ¿Y a cuáles los 423 vehículos de alta gama? ¿Y las embarcaciones —es decir yates— y los aviones y los fundos, edificios, etcétera? ¿Servirá algo de lo expropiado para incrementar las pensiones de los jubilados, los salarios de los maestros, enfermeros, profesores universitarios y demás empleados públicos?

Quedan abiertas las interrogantes. Y es como un fresquito que le entra a uno saber que la ley del «caiga quien caiga» es, por ahora, una cuestion entre bandos o bandas chavistas, es igual.

Twitter: @Paugamus

Paulina Gamus es abogada, parlamentaria de la democracia.

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Fernando Mires

Hay momentos históricos que son resultado de procesos desencadenantes en donde las grandes personalidades no juegan ningún papel decisivo. Así sucedió en la Primera Guerra Mundial. Hay otros, en donde las llamadas condiciones objetivas son articuladas con la aparición de una personalidad dominante, como sucedió durante la Alemania de Hitler (y en cierto modo durante la URSS de Stalin). Hay, por último, otros en donde hechos dramáticos de la historia, como la guerra de invasión a Ucrania, no habrían sido posibles sin la aparición de una personalidad dominante. Por eso, esa guerra —cuyas consecuencias son todavía imprevisibles— ya es conocida como «la guerra de Putin». Sobre esos temas he escrito el presente artículo.

1. Desde que los humanos comenzaron a narrar sobre «lo pasado» nació la historia. Y aparte de las tradiciones orales que hoy ya casi no existen, la historia es historia escrita: historiografía. Pero no todo el pasado es histórico o digno de ser historiografiado. El mirlo azul que dividió la noche para comenzar el día con su vuelo fue muy bello, pero no creo que pase a la historia, ni siquiera a la personal, pues pronto lo olvidaré.

¿Cuál objeto del pasado es el de la historia? Ni los antiguos griegos, que fueron quienes primero comenzaron a historiografiar, pudieron ponerse de acuerdo.

Homero, quien pese a no ser historiador —era más bien lo que hoy llamamos un escritor de ciencia-ficción— nos escribe una historia en dos libros (la Iliada y la Odisea) cuyos capítulos transcurren entre la predestinación de los dioses y la libertad del ser. Más tarde, Heródoto —a quien algunos nombran el padre de la historiografía— se liberó de la tutela de los dioses, pero no del concepto de predeterminación, pues asumió en gran parte como historia la tradición oral (no había otra).

No es, por cierto, la de Heródoto una historia mitológica como fue la de Homero, pero la tradición, sobre todo la popular, está impregnada por mitos prehistóricos. Distinto fue el caso de su seguidor, Tucídides. Para el autor de Las guerras del Peloponeso la dignidad histórica era obtenida por los hechos cuando estos poseían una connotación trágica —puede que Tucídides hubiera sido aquí influido por las tragedias griegas– y como no hay nada más trágico que la muerte (o el morir), el objeto histórico elegido por el historiador fue la guerra.

Sin duda Tucídides influyó muchísimo a la historiografía romana, sobre todo en su predilección por historiar los grandes acontecimientos. La diferencia con Tucídides es que la línea romana formada por historiadores de la talla de Polibio, Plutarco, Flavio Josefo (judío romano a quien interesó un hombre descalzo llamado Jesús) pusieron énfasis en ensalzar a la grandeza de la Roma imperial, representada en las hazañas del emperador en favor de sus súbditos. Desde esos momentos los romanos nos legaron el problema que ha caracterizado a casi toda la historiografía moderna: ¿qué debe ser más importante para el historiador, los hechos o sus promotores?

Cuando Pascal dijo: «Si Cleopatra hubiese tenido la nariz más corta toda la faz de la tierra habría cambiado», puede que no haya bromeado. De hecho estaba planteando dos temas muy serios: el papel del ser humano en la historia y la contingencia del acontecer. Si Cleopatra hubiese sido más chata o más narigona, es decir más fea, no solo Dino de Laurentis no habría producido su portentosa película ni Liz Taylor y Richard Burton se habrían enamorado. Peor aún: las relaciones entre Egipto y Roma habrían sido menos armoniosas y hasta es posible que la decadencia de un imperio desangrado en guerras hubiese comenzado durante el gobierno de Julio César. Vista así, la historia no seguiría el mandato de una razón dialéctica como imaginó Hegel, ni una determinación condicionada por el desarrollo de las fuerzas productivas, según Marx. La historia en tonalidad romana no sería más que una sucesión de «accidencias» (Aristóteles), determinadas por esos seres tan azarosos que somos los humanos.

Estas divagaciones, aparentemente ociosas, surgen de preguntas nada ociosas que se hacen los historiadores al escribir sobre capítulos cruciales del pasado reciente. Una de las más quemantes es: ¿fue el nazismo obra de un genio maligno llamado Hitler o un hecho que, de una manera u otra, estaba destinado a suceder? O dicho así: ¿fue el nazismo una consecuencia de Hitler o Hitler una consecuencia del nazismo? Por supuesto, una pregunta imposible de responder. Pero, como suele ocurrir, aquí la pregunta es más importante que la respuesta.

Han ocurrido grandes catástrofes históricas sin la presencia de un genio maligno o benigno, entre otros, nada menos que una guerra mundial, la primera, la de 1914. En todo el transcurso de esa absurda guerra no nos es posible encontrar ninguna personalidad determinante. Todo comenzó cuando el serbio-bosnio Gavrilo Princip, sin recibir ordenes de nadie, disparó contra el príncipe austriaco Luis Ferdinand y su esposa (junio de 1914), provocando una reacción en cadena de naciones que se declaraban la guerra solo por cumplir antiguos tratados bilaterales, dejando detrás de sí millones de muertos en los campos de batalla. Pues bien, esa guerra declarada por imbéciles no tuvo a ningún personaje como principal actor. Tanto el presidente Poincaré de Francia, el zar Nicolás, el rey alemán Wilhelm II, eran personas pulsilámines, sin grandes ideas ni ambiciones. 1914 fue una sangrienta comedia que después se repetiría como sangrienta tragedia, cuando Hitler, rompiendo todos los tratados, decidió hacerse de los Sudetes (1938) e invadir Polonia (1939).

La Primera Guerra Mundial resultó de un escalamiento incontrolable. La segunda, en cambio, sucedió de acuerdo a decisiones de líderes político-militares como Hitler, Mussolini, de Gaulle, Churchill. ¿Qué nos demuestra esta diferencia? Algo simple: puede ser perfectamente posible que existan grandes acontecimientos históricos sin mediación de grandes actores, pero también hay otros en donde las decisiones de los actores son determinantes.

2. Repitamos entonces la pregunta: ¿fue Hitler la causa del nazismo o el nazismo la causa de Hitler?

La mayoría de los historiadores coinciden en una opinión: pocos acontecimientos históricos han ocurrido como consecuencia del entrelazamiento de factores objetivos y subjetivos de un modo tan claro como fue el ascenso del nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Hitler —sobre esto también hay consenso— apareció sobre un terreno abonado para la siembra del mal. La Alemania de los 30 no podía sobreponerse de la gran crisis mundial, la desocupación laboral y la inflación competían entre sí, aterrorizando a sectores sociales intermedios. Hambre, pauperización y, por si fuera poco, incompetencia administrativa, era la tónica de cada día. A la ruina económica sucedió la ruina moral. A quienes no gusta la aridez de los libros de historia sugiero leer la conmovedora novela de Erich Kästner, Fabian. La historia de un moralista. Ahí podrá verse cómo la honestidad y la decencia se convirtieron en rara mercancía durante la república de Weimar. Las élites intelectuales no paraban de hablar de la patria humillada (Tratado de Versalles) culpándose entre sí. Y por si fuera poco, aparecía la amenaza del imperio soviético, no ficticia, muy real.

Stalin repetía incansablemente que el próximo país comunista iba a ser Alemania. Socialistas contra comunistas y ambos contra los fascistas se apaleaban en las calles. En ese ambiente enloquecido comenzaba el ascenso de Hitler, señalando a los dos enemigos de su nación, uno interno y otro externo: la Unión Soviética y los capitalistas usureros, quienes pasaron a ser en su retorcida retórica una raza-clase: los judíos. En fin, las condiciones objetivas y las subjetivas se daban la mano para que Hitler llegara pacíficamente al poder con el cometido de «salvar a la patria» en contra de enemigos reales e imaginarios. Por eso, y por nada más, Hitler fue amado por su pueblo.

El fascismo fue populista, pero no todo populismo es fascista, escribió acertadamente Ernesto Laclau. En el caso de Hitler, se dieron todos los ingredientes del fenómeno populista: comunión del pueblo con el líder, interpelación irracional a las masas, sobrepaso de las instituciones del Estado, entre otros. Esa es la diferencia fundamental entre un líder como Adolf Hitler con quien ya muchos consideran su sucesor del siglo XXI, el ruso Vladimir Putin.

3. Hitler era populista, Putin no lo es. Esto último es fundamental para entender los peligros que estamos presenciando en estos días.

Recapitulando: mientras los sucesos que llevaron a la Primera Guerra Mundial no tuvieron hechores sobresalientes, los que llevaron a la segunda resultaron de la articulación entre realidad objetiva y subjetiva, representada esta última por Hitler y el grupo de orates que formaban su comando central (Goebbels, Himmler, Göring y otros). En los acontecimientos que hoy nos tienen al borde de una tercera guerra mundial también hay un hombre-centro como ayer fue Hitler. Pero se trata de uno que se antepone a todas las condiciones objetivas, un ser que ha transformado a su propia subjetividad en objetividad. Putin no es en términos exactos el Hitler del siglo XXl, es algo más: es Putin. A esa singularidad del fenómeno hay que prestar atención.

Que Alemania pre-Hitler estaba amenazada por Stalin era una verdad. Que la Rusia de preguerra estaba amenazada desde el exterior y desde Ucrania fue una mentira de Putin. Naturalmente, los putinistas de distintos colores argumentan que fue el avance de la OTAN la razón que «obligó» a Putin a invadir a Ucrania. La historia, sin embargo, nos relata otras cosas: la OTAN fue ampliada en la misma proporción en que Europa crecía después de la liberación de nuevas naciones del yugo soviético. Pero nunca la OTAN avanzó hacia territorio ruso. Tampoco intervino después que Putin anexara Chechenia y parte de Georgia y, cuando en el 2014 Putin anexó a Crimea, la OTAN miró hacia otro lado.

Putin jamás hizo un reclamo formal por la ampliación de la OTAN. Ni en vísperas de la invasión a Ucrania puso Putin como condición el fin de la ampliación de la OTAN. La ampliación de la OTAN como razón de la invasión a Ucrania carece de todo basamento histórico.

Que la situación económica y social que llevó a Hitler al poder era catastrófica es innegable. Pero nada parecido ocurría en la Rusia de la preinvasión. La economía, gracias a los grandes niveles alcanzados en la exportación de gas y petróleo hacia Europa, marchaba sobre rieles. Nunca la ciudadanía rusa se había sentido mejor que antes de la guerra a Ucrania, aceptando el contrato tácito de no meterse en política a cambio de un relativo bien pasar. Más aún: pese a un par de leves sanciones formales, las relaciones diplomáticas de Rusia con Europa transcurrían de un modo extraordinariamente amistoso. Los contratos comerciales se multiplicaban y, aparte de pequeños grupos de nacional-eslavistas que giraban alrededor de Alexander Dogin, las élites culturales rusas se sentían integradas a Europa. ¿Por qué Putin entonces inició una guerra en contra de Ucrania?

En la guerra a Ucrania no encontramos ni un escalamiento como el que llevó a la Primera Guerra Mundial ni tampoco una economía destrozada ni a una masa militarista y fanática como fue la del nazismo. Al fin, por más vuelta que demos al problema, no podemos sino llegar a una conclusión: la invasión y la guerra a Ucrania fueron el producto de la mente de Putin. Pocas veces, quizás nunca antes, las condiciones subjetivas han logrado imponerse en la historia con tanta fuerza sobre las objetivas.

La guerra de Putin a Ucrania y por ende a Occidente, no estaba programada en ninguna razón de la historia, en ninguna lógica militar, en ningún plan económico. Esa ha sido, es y será denominada «la guerra de Putin». La de un hombre dominado por nociones premodernas, un reaparecido déspota del siglo XVII, un comunista vuelto fanático religioso, un fantasma del viejo pasado enquistado en las inmediateces de la Europa posmoderna; en fin, un «imperialista posimperial», para decirlo con las palabras del historiador Timothy Garton Ash.

Probablemente los gobernantes europeos se dejaron engañar intencionalmente por Putin. Puede haber sucedido también que no hicieron ningún esfuerzo para entender su irracionalidad, o si se prefiere, su otra racionalidad. Putin es un devoto de la antigua Rusia zarista y, por lo mismo, un antipolítico radical. Sus valores son arcaicos: culto a la patria, a la religión, a la violencia. Piensa como un emperador medieval e imagina que la riqueza de las naciones está basada en su extensión territorial. Como en los tiempos de Maquiavelo, cultiva el asesinato político por envenenamiento y, últimamente, por desfenestración. Su odio a Occidente es un odio a la modernidad, no a la de la técnica —que como a Hitler, lo obsesiona— sino a la del libre pensamiento. Por eso ama al rusista Stalin y odia al europeizado Lenin. Y por eso mismo desprecia a la Europa de hoy, a su multiculturalidad, a su multisexualidad, a las instituciones que limitan el poder.

El poder de Putin es ilimitado, indivisible, incompartible. Probablemente imagina que él es Rusia y Rusia es él. Por lo tanto, los ucranianos, al desear ser europeos, son seres que han traicionado a los «lazos de sangre» (Putin dixit) que los ataban con Rusia, como escribiera en su confuso ensayo del 2021. La destrucción de ciudades ucranianas, asesinatos de niños y seres indefensos, no son equivocaciones en sus objetivos de guerra. Son el objetivo.

4. Cuando llegue el momento de historiar la guerra que comienza en Ucrania, puede que el concepto de historia cultivado por los griegos y por los romanos —centrado en los grandes acontecimientos y en los grandes hombres— no nos sirva demasiado. Putin está muy lejos de ser un gran hombre. Es, por el contrario, un ser pequeño (en eso sí se parece a Hitler) aunque situado sobre un poder inmenso. Las filosofías de la historia, ya sea en sus versiones hegelianas, positivistas, marxistas, centradas en la lógica interna de los procesos, tampoco nos serán muy útiles para analizar el poder unipersonal del Estado putinista, en algunos puntos tan cercano al hitleriano y al staliniano, pero también, en otros, muy distinto.

Quizás la persona que más se parece a Putin existe en la historia de la literatura universal y no en la historia de los grandes acontecimientos hstóricos: sí, me refiero al rey Macbeth.

Llegado al poder asesinando (miles de chechenios lo supieron), atizando intrigas palaciegas y deshaciéndose de potenciales enemigos, Putin, como Macbeth, ha alcanzado la cima del poder absoluto, rodeado de aduladores, entre ellos el miserable Medvédev. La diferencia es que Putin no es el Macbeth escocés de Shakespeare, sino uno internacional, rodeado por los dictadores de la era global. Pero, al igual que el Macbeth originario, solo puede ejercer el poder desde su propia soledad. Lo que no sabían Macbeth ni Putin es que el poder absoluto no fue hecho para los humanos y que, los que han llegado a alcanzarlo, al no encontrar a nadie ni nada que los sostenga, terminan por hundirse en el abismo de su propio vacío.

«El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente», fue una famosa frase de lord Acton. Modernizando las palabras del aristocrático historiador inglés y mirando desde lejos a Putin, podríamos decir hoy: «el poder enloquece, y el poder absoluto enloquece absolutamente».

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS.

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Alejandro J. Sucre

EEUU es el país luz de libertades. Soy hijo de profesionales graduados en EEUU. Siempre he tenido propiedades en EEUU. Soy graduado de pregrado y maestría en 4 universidades estadounidense.. Actualmente estoy cursando estudios de inteligencia artificial en una universidad americana. Paso la mayoría de mis vacaciones en EEUU. Me encanta su espíritu emprendedor. Su población es la gente mas generosa del mundo a la hora de aportar ayuda a los pueblos más necesitados. Son gente abierta, que abraza al emigrante. Tiene tanta gente creativa que le dan empleo al mundo. Son una locomotora del desarrollo mundial. Inventores de los fondos de capital de riesgo junto a los ingleses. Un pueblo que se construyó con los valores del trabajo y la generosidad. El “In God we Trust” lo ejecutan y convierte a sus ciudadanos en un pueblo esplendido y creador. Si alguien quiebra en un negocio le dan mas dinero para corregir las acciones y nada de traumas. Me encanta que sea un país tan atractivo para la inversión de todos los ciudadanos del mundo. Todo ciudadano que tiene dinero desea invertir en la bolsa de valores de ese país grandioso lleno de empresas fantásticas y nuevos emprendimientos. Veo que los lideres que oprimen a los ciudadanos de sus países usan a EEUU como chivo expiatorio o como enemigo imaginario para conculcar derechos a los ciudadanos bajo un supuesto falso de guerra fabricada con esa poderosa nación. China y Rusia nunca podrán ser verdaderos polos de atracción de inversiones ni de asentamiento de nuevas familias, como lo es EEUU y Europa, sus mismos ciudadanos invierten en EEUU.

No obstante mi admiración por los EEUU, donde normalmente los ciudadanos del mundo esperamos políticas internacionales que generen el bien común, veo que el gobierno del presidente Biden no representa esos valores en la Venezuela de hoy. La Administracion Biden ha realizado o mantenido contra Venezuela medidas muy crueles contra los ciudadanos venezolanos.

Biden mantiene la política de no permitir viajes directos desde Venezuela a su nación a ningún ciudadano ya por 4 años. En lugar de prohibir la entrada a personas sancionadas únicamente como lo hace Europa, sanciona a toda la nación. Cierra la posibilidad que Venezuela venda su petróleo a los países de occidente y obliga al gobierno de Maduro a vender de forma off récord el petróleo, lo que impide todo tipo de auditoría y hace caer los ingresos de la nación. No permite el pago de deuda externa, ni permite que Europa invierta en reestructurar operaciones y deuda de PDVSA. No permite la defensa legal ante acreedores, y ahora amenaza con repartir CITGO entre unos acreedores falso como Cristalex.

Con la política de sanciones económicas, Biden y sus colaboradores escogen a los dirigentes opositores y los apoltrona con dinero retenido de Venezuela en un exilio dorado y resta recursos al PIB con sanciones, lo que frena recursos de los ciudadanos para financiar a nuevos opositores en el terreno que sí van a elecciones. No permite que el pueblo venezolano elija libremente.

La Administración Biden debe levantar las sanciones económicas unilateralmente y ya sin esperar ningún acuerdo entre el chavismo y los opositores en el exilio dorado. Ni chavismo ni oposición en el exilio llegaran a acuerdos ya que ambas se benefician de la caja negra que generan esas sanciones. Las elecciones en Venezuela se realizan siempre y no necesitan la amenaza de la Administración Biden. Mas bien las sanciones dan excusa de posponer elecciones. La oposición venezolana ha demostrado que puede ganar elecciones aun en desventaja. En Venezuela nunca se han dejado de hacer elecciones bajo el chavismo. Tampoco el chavismo pudo cambiar la constitución del 1999. Así que sí hay fuerza democrática en Venezuela y no dependemos de los opositores exiliados ni del apoyo de la Administración Biden para realizarlas.

Es verdad, la Administración Biden debe cobrar el trabajo de sus fiscales por identificar y retener dinero robado al pueblo de Venezuela por los corruptos, pero no repartir todo entre los mismos corruptos a cambio de nueva información y los fiscales que los atrapan. Se convierte en un negocio que nada beneficia a Venezuela. La Administración Biden debe crear una cuenta custodia con el dinero recuperado para reinvertirse en Venezuela cuando haya elecciones. Biden con cinismo luego de debilitar la economía a un 20 % del PIB con sanciones petroleras, ofrece residencia también a los venezolanos capacitados para que atiendan su economía y manda ayuda humanitaria a los venezolanos arruinados. Así la Administración Biden debilita la economía con sanciones económicas, aumenta la fuga de talentos que genera la corrupción administrativa en Venezuela y se queda con el talento venezolano dejando a Venezuela con menos fuerza ciudadana para recuperarse. Y luego ofrece ayuda humanitaria. Un cinismo.

Pobre ciudadano venezolano: la Administración Maduro tiene grandes corruptos en sus filas, Colombia quiere Monómeros, Biden quiere Citgo, Guyana quiere el Esequibo, Putin le quita la clientela petrolera a Venezuela, China cobra deudas de dinero que nunca entraron al país. Con razón su pueblo pasa hambre. Lo increíble es que bajo la administración Biden, el ciudadano venezolano no se ve con esperanza a los EEUU como país promueve el desarrollo de otros ciudadanos del mundo. La Administración trata de matar ratones asfixiando a todos los ciudadanos con sanciones económicas al petróleo.

Twitter: alejandrojsucre

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Carlos Raúl Hernández

Homo sapiens sapiens, llamados por la antropología humanos modernos, con cerebro de Einstein y manos de Yuja Wang, mantienen la poderosa tendencia a expandirse, ocupar nuevos espacios y dejan África a cambio del mundo. Aun sedentarizados, continúan las migraciones para explorar y crear dominios más amplios, el primero de ellos, según los expertos, el imperio acadio, que menciona Conan, antepasado del exgobernador Schwarzenegger de California. Desde el siglo XXIV a. C, la humanidad vivió bajo los imperios, nada nuevo, ni etapa superior del kapitalismo, según Lenin, a menos que creamos que a General Motors la auspiciaron Akenatón y Nefertiti, o Agamenón, que atravesó el Egeo hasta Turquía para conquistar Troya. Desde entonces cada región, poblado, ciudad, estuvieron bajo el influjo de los imperios, con ciclos de desorden y reacomodo, al caer unos y comenzar otros. Cómo modelos puros o tipos ideales, se dividen en dos ramas: depredadores, a los que solo les interesa llevarse lo que pueden, y generativos, creadores de civilizaciones, sociedades estables, la prosperidad, en beneficio propio y extraño, según el filósofo español Gustavo Bueno, entre otros

Marx simpatizó con los imperios por ser consustanciales al desarrollo de la civilización y en 1850 dijo que, gracias al avance europeo, pronto en la Gran Muralla China alguien escribiría liberté, egalité, fraternité, y que se sepa, no lo acusaron de eurocéntrico o racista. En paralelo contradictorio (¿meridiano?) nace el nacionalismo europeo, con las revoluciones francesa, norteamericana y la independencia de Latinoamérica. Surge en medio del debate inconcluso e inconcluible, sobre el multívoco concepto de nación, analizado recientemente por mi admirado amigo Eduardo Jorge Prats. Se consolida, por un lado, la perspectiva romántica de nación o patria, acuñada entre otros por el filósofo alemán Johann Hamann, que un discutible poema inspirado por él, resume como “hijos en las calles, amores en la memoria y huesos en los cementerios”), el pueblo arraigado a la tierra por tradiciones, lengua, etnia y sentimientos, la identidad. Renan se burla y dice que “no podemos andar por las calles midiendo los cráneos a la gente, para gritarles ´¡eres mío!´”. En el derecho romano, uti possidetis iuris, (poseerás lo que posees) confiere un carácter estable a la soberanía, que pese al rotundo latín carece de universalidad, porque aplica solo con apoyo militar.

Hasta a victoria de Alemania en la guerra franco-prusiana (1871), Alsacia-Lorena pertenecía a Francia y el tratado de Fráncfort, una convención, la pasó al bigote enemigo. Luego derrotada Alemania en la primera guerra (1919), vuelve a manos francesas por otro tratado, el de Versalles. En los acuerdos a nadie le preocupa cuántos alsacianos hablan alemán o francés, si son protestantes, católicos, si ellos querían, o si cantan october festch schlager. En el ámbito internacional, el concepto de nación es constructivista y únicamente político, división territorial pactada entre estados y el patriarca del derecho constitucional, Hans Kelsen dice con frialdad ártica, al estilo de la primera constitución francesa (1791), que nación es “un conjunto de actos administrativos regidos por la ley”, simple y llanamente, sin cultura popular, ni niños muertos. Hasta la mitad del siglo XX, Ucrania era Rusia y territorios suyos habían sido polacos, pero hoy es un Estado independiente y la “operación militar especial” es según el derecho, violación de la soberanía, no importa cuántos ucranianos hablen ruso y el futuro lo regirán nuevos protocolos.

La soberanía territorial no reproduce la historia, sino las correlaciones de fuerza en ella, porque siempre hubo naciones más poderosas, agresivas, inteligentes, armadas, creativas, trabajadoras y productivas que se impusieron a otras. Si no, la mitad de EE. UU hoy sería de México. Pero el destino territorial es mutable: nadie podía pensar en 1800, que un siglo después EE. UU imperaría en el mundo, como si hoy alguien afirmara que en el siglo XXII la superpotencia será Suráfrica. La vida de los países atrasados cambió con la teoría del imperialismo, tejida por Rudolf Hilferding (El capital financiero) y Lenin (El imperialismo, fase final del capitalismo) quien la desplegó por el tercer mundo desde el imperio soviético, para odiar la riqueza kapitalista. María Elvira Roca señala una confusión epistemológica entre los conceptos de imperio y colonialismo que se desprenden del leninismo. Imperio define sistemas de expansión generativos, que no depredan, sino construyen instituciones, sociedades mestizas y estables, productivas, gracias a gobernabilidades consensuadas, las grandes civilizaciones, Mongolia, China, Roma, España, Rusia, EE. UU. Al florecimiento civilizacional en el imperio musulmán de los siglos VIII y IX, se le da la jerarquía de “primer renacimiento”, con la medicina, la arquitectura, Avicena, Averroes, las Mil y una noches, las danzas de vientre, las Rubayatas de Omar Al Khayyan.

Colonialismo o imperialismos depredadores fueron Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, en Asia y África. En el proceso judicial a Cristo, en cuyas irregularidades Roma declina participar, se transparenta el respeto a las instancias de justicia por el imperio romano. En cambio, Napoleón se tituló emperador por menos de los efímeros 11 años que terminaron en Waterloo, durante los cuales sus familiares fueron “reyes”. La teoría leninista, como dijo Carlos Rangel, da origen al tercermundismo, que concibe la relación entre los países desarrollados y subdesarrollados como contradicción antagónica, que solo resuelve la ruptura (el comunismo) y no como contradicción complementaria. Aunque en las relaciones entre naciones o entre personas no impera el bien a priori, sino intereses, que no son pocos ni trasparentes, las sociedades que convivieron con EE. UU, les fue mejor que a las hostiles, bloque soviético, Cuba, Norcorea, África socialista. Ahora le irá mejor al mundo si regresa a la convivencia EE. UU-China.

Hoy el factor dominante de las relaciones internacionales es la crisis hegemónica entre esas dos potencias, que no nace sistémica, aunque decisiones políticas miopes la convierten. Es la borrachera de sanciones de Trump y Biden, su actuación de capataces y no de líderes de la mayor potencia: rompen el acuerdo nuclear con Irán, siembran guerra en Ucrania y ahora en China, cubanizan o haitizan a Venezuela; presionan a Argentina para que compre aviones suyos más caros, vejan a Arabia Saudita, para luego visitarla, sacrifican a consciencia a Europa, imprimen desaforadamente moneda para financiar una política internacional torpe , afrontan la pandemia con irresponsabilidad financiera, hacen política económica interna populista para que luego la Reserva Federal eleve las tasas de interés, lo que promueve la crisis bancaria. Dicen que el arte de gobernar consiste “en impedir que todos se arrechen al mismo tiempo”, pero Trump y Biden no lo han oído. El peor daño se lo hizo EE. UU a si mismo al lanzar a su mejor aliado, OTAN, al abismo insondable, sin necesidad alguna, por seguir estrategias diletantes de Rand Corporation, y como escribí varias veces, permitir que se cerrara la brecha entre China y Rusia.

China era (y a esta hora todavía es) el primer socio comercial de “occidente” y desde su visita a Alemania en 2010, Putin hizo esfuerzos por también serlo. Planteó entonces una “comunidad de libre comercio desde Lisboa hasta Vladivostok”, respaldado por el ex canciller alemán, Gerhard Schroeder (socialista) y la canciller Angela Merkel (democristiana), quien declaró “hace tiempo que Rusia dejó de ser un enemigo, para ser un socio de la UE y de Alemania”. En la luna de miel, Europa celebraba de antemano un acuerdo entre la OTAN y Rusia “para construir el escudo antimisiles en Europa”. La Comisión Europea, desde Bruselas, declaraba que “ambas partes están convencidas de que ese acuerdo facilitará el ingreso de Rusia a la Organización Mundial del Comercio”. Todavía en 2018 la gran esperanza, según interpretaban masivamente los analistas, era el Nord Stream II, que resolvería el abastecimiento energético a un bajísimo costo para compensar la baja productividad de Europa por las amarras impositivas, poca innovación y inexistente capacidad de autodefensa.

El tubo cruzaría el Báltico, no Ucrania, porque para la U.E estaba era un Estado fallido, traficante de órganos, corrupto. Rusia y Alemania pactan el Nord Stream II, una infraestructura de 15.000 millones de dólares, no los dejan abrirla y luego la destruyen tranquilamente, una sentencia a la economía europea, aunque se lance en brazos chinos o de cheyenes. Lejos de incorporar a Rusia, decidieron hostilizarla y avanzar hacia sus fronteras, con el hito del golpe de Estado del Maidan en 2014, que hace huir de Kiev a la población rusoparlante para refugiarse en Dombass y Donets, donde los persiguen y se inicia la guerra civil. El mundo pende: guerra en Ucrania, provocaciones en Taiwán, hostilidades entre Israel e Irán, y entre EE. UU e Irán, crisis político-militar-humanitaria en Sudán y un poderoso bloque de naciones enfrenta al dólar. La izquierda aprovecha el hervidero nuclear, la exasperación de conflictos en todas partes para lavarse la cara y presentarse como nazarenos. No estoy seguro de donde provienen el cerebro de Einstein y las manos de Yuja Wang.

@CarlosRaulHer

 6 min


Roger Bartra

El gobierno de López Obrador ha dejado en la intelectualidad una estela oscura de pesimismos y ha ocasionado una gran alarma. Se ha extendido la idea de que hay una erosión de la democracia y que se desprecia el Estado de derecho. Se siente que hay una anulación de la opinión pública y que están cancelados los diálogos. Se observa que el pensamiento crítico no incide en el curso de la política gubernamental. Muchos perciben que, en medio de la abundante palabrería política, el silencio se cierne sobre ellos. El asombro por el desmantelamiento del aparato cultural y el abandono del apoyo a la investigación científica están generando una amargura acompañada a veces de autocensura. El desgarro del tejido social no parece preocupar a los gobernantes. La academia, amenazada, no responde críticamente de forma articulada. Aunque hay una crítica muy activa en los medios y en las redes, ello no parece hacer ninguna mella en las políticas públicas. Pareciera que predomina una crítica ferviente que no llega a ningún lado. Se cree que hay una sociedad civil inerte y estéril. Quienes buscan una salida temen que el espíritu crítico se ha quedado sin fuerza y las esperanzas en la izquierda que creció con la transición democrática se marchitan al darse cuenta de que esta ha quedado atrapada en un enredo ideológico. ¿Qué hacer? es la pregunta que surge con cierta desesperación.

En 2021 publiqué un libro que comparte este malestar y que trata de explicarlo. Mi pesimismo se cristalizó en Regreso a la jaula que, no obstante, intentó buscar alguna salida. Pensaba que enfrentábamos un populismo reaccionario que amenazaba con llevarnos a una peligrosa deriva autoritaria. López Obrador había llegado a la presidencia gracias a una profunda crisis del gobierno de Peña Nieto y del PRI, fruto de una gran corrupción y de una confrontación entre tecnócratas y nacionalistas. Podemos asegurar que el PRI y su gobierno fueron la clave del triunfo de López Obrador: lanzaron a un lamentable candidato a la presidencia, aniquilaron la fuerza de Ricardo Anaya, el contendiente panista, acusándolo falsamente de fraude y además estimularon un importante flujo de votos hacia López Obrador por medio de gobiernos estatales y sindicatos. Con ello el PRI impulsó una restauración política del viejo régimen de la peor manera: llevada a cabo por otro partido, Morena. Así se inicia en 2018 lo que he llamado un régimen retropopulista con inclinaciones autoritarias.

En las elecciones intermedias de 2021, ante el desastre retropopulista, resurgió en cierta manera el Pacto por México y se aliaron el PAN, el PRI y el PRD. Lograron impedir que el partido en el poder obtuviera una mayoría calificada en la Cámara de Diputados, con lo cual podían bloquear reformas a la Constitución. De cierta forma recuperaron el espíritu de la transición democrática. Tras el ridículo de una pseudo-revocación de mandato, convertida en una ratificación en la que hubo una abstención masiva, el presidente planteó su intención de impulsar tres contrarreformas: la energética, la militar y la política. No logró implantar la energética, pero impuso la militarización. Trató de cambiar la estructura del poder legislativo y las funciones del INE, pero fracasó. Ante el fracaso, siguió intentando implementar un dañino Plan B mediante cambios en las leyes, que ha sido frenado por la Suprema Corte.

Estamos ante una fuerte tendencia restauradora y esta no ocurre solamente por el impulso que le da un presidente con vocación caciquil que trata de instaurar mecanismos carismáticos. Las tendencias restauradoras que querían volver a los tiempos del nacionalismo revolucionario crecieron durante el gobierno de Peña Nieto como respuesta a doce años de gobierno del PAN. Fueron continuadas por el populismo reaccionario de López Obrador. Hay que reconocer que tienen una base social: son los agraviados por la rápida modernización capitalista y los resabios lastimados de sectores en proceso de desaparición en el campo, así como las tensiones de una masa rural que se desplaza a las ciudades en el contexto de una gran dislocación social y de desgarraduras en el tejido de la sociedad.

Como sabemos, en la historia no hay ejemplos de verdaderas restauraciones. Las clásicas restauraciones monárquicas en Francia no fueron auténticos retornos al pasado. Lo mismo está ocurriendo en México: la restauración del viejo régimen nacionalista revolucionario que duró más de setenta años es imposible. El intento restaurador es frenado por la presencia de un sistema democrático instaurado a fines del siglo pasado y por el hecho de que no existe una cultura política sólida que pueda ser el cemento de un regreso a tiempos idos. El presidente López Obrador intentó impulsar una revolución cultural contra sus adversarios, los conservadores que se imagina, en su espejismo mental, que se le oponen. Pero en realidad su intento de revolución cultural fue enderezado contra las esferas intelectuales, académicas y periodísticas que se fortalecieron durante la transición democrática, unas esferas culturales que no tienen nada de conservadoras. En estas esferas hay un gran pluralismo ideológico y político, pero no se observan en ellas tendencias retrógradas. Hay allí principalmente inclinaciones modernas del liberalismo, de la derecha, de la socialdemocracia y de las tecnocracias avanzadas. El presidente impulsó su revolución cultural bajo la forma de una llamada “constitución moral” carente de toda fuerza intelectual, sin ideas robustas y basada en una añeja moralina. López Obrador perdió claramente esta batalla. Ha sido un fracaso que ni siquiera llegó a ser estrepitoso. Hoy no quedan más que unas ruinas olvidadas de aquella revolución moral que pretendió.

Estamos ante una situación extraña. El proyecto de transformación del régimen carece de un discurso sólido, aunque en las mañaneras no deja de fluir de una manera incontenible una perorata, acompañada de actitudes agresivas, insultos, banalidades y mentiras. Este derrame constante al parecer tiene un atractivo efecto hipnótico en muchos, quienes, a pesar de darse cuenta de que se trata de una retahíla de absurdos, quedan atrapados en el discurso presidencial, que la prensa no deja de reproducir diariamente. Hay que agregar que López Obrador no tiene en su entorno un grupo de intelectuales preparados e inteligentes que puedan traducir el flujo elemental y primario de las mañaneras en un mensaje coherente. La derrama cotidiana de palabras tiene como objeto lo que el presidente llama el “pueblo”, que no absorbe discursos sofisticados, y no parece que nadie pueda traducirlo a una versión inteligente y lógica. El régimen carece de una intelectualidad orgánica fuerte: se reduce a unos cuantos comentaristas, a algunos caricaturistas y a muchos matraqueros que repiten los insultos y las agresiones presidenciales. Hay unos cuantos intelectuales que apoyaron inicialmente con entusiasmo el proyecto de la 4T, pero que paulatinamente han expresado ideas críticas y –en consecuencia– han sido marginados a una condición ambivalente e incómoda. Para resumir, el arsenal ideológico del régimen es muy precario.

Al meditar sobre esta situación, resulta intrigante el pesimismo reinante en los medios que se oponen al gobierno. Diríase que hay –en el terreno de las ideas– una enorme ventaja del sector crítico que se resiste a aceptar los discursos superficiales que emanan de los círculos oficiales. No me cabe duda de que esta peculiar situación provocará que, en el largo plazo, el presidente populista pase a la historia como uno de los peores gobernantes que ha tenido México. Y, sin embargo, estamos ante un líder cuya popularidad, medida por las encuestas, se ha mantenido elevada, por arriba del 60%. Esto impresiona e inspira pesimismo.

Pero esta situación no me parece suficiente para que tantas personas vean un futuro negro para la oposición. El futuro sin duda es oscuro para el país por las consecuencias de las equivocadas y erráticas políticas populistas. Hay otra explicación que permite entender el extendido pesimismo. Una gran parte de los comentaristas e intelectuales –así como un sector importante de la clase media y de la opinión pública– está convencida de que los partidos políticos de oposición se encuentran arruinados, carecen de ideas y no tienen líderes atractivos. Hay una generalizada actitud antipolítica que desprecia profundamente a todos los partidos. Estamos ante una situación paradójica: los principales partidos de oposición –el PAN, el PRI y el PRD– son los que a fines del siglo pasado pactaron la reforma electoral que abriría el paso a la transición democrática, con la fundación del IFE. Durante el periodo de transición solo surgió un nuevo partido, aunque calificar a Morena de ser una nueva formación política es un exceso, pues se trata básicamente de una continuación del PRD con otro nombre. El espectro de los partidos políticos hoy es esencialmente el mismo que teníamos antes y durante la transición. Podrá parecer un panorama lamentable, pero no hay otro.

Muchos ciudadanos han esperado una mejora y un cambio en los partidos políticos. Se ha deseado que el PAN adquiriese claramente posiciones liberales. También se ha querido que lo que queda del PRD se convierta en un partido socialdemócrata. Se esperaba que el PRI abandonara el nacionalismo revolucionario para distinguirse de Morena y distanciarse del pasado corrupto. Sin embargo, debemos deplorar que estos tres partidos, hoy en la oposición, no hayan logrado transitar plenamente hacia territorios nuevos. Sin duda hay muchas razones que justifican las actitudes antipolíticas. La alianza de tres partidos de oposición parece a los ojos de muchos como algo poco razonable, pues son grupos que provienen de tradiciones ideológicas diferentes. Cada uno de estos partidos arrastra lastres de corrupción. El PAN no ha resuelto el hecho de haber albergado a un funcionario tan despreciable como Genaro García Luna, que hoy está preso en Estados Unidos al haber sido declarado culpable de aliarse a los narcotraficantes. El PRI carga a cuestas la pésima imagen del gobierno de Peña Nieto, atravesado por la corrupción, y además sufre el desprestigio de haber sido el partido oficial durante los decenios de autoritarismo. El PRD acarrea la culpa de haber sido el partido que incubó el huevo del populismo reaccionario; sus corrientes socialdemócratas no se atrevieron a extirpar el mal a tiempo, por oportunismo o por ceguera. Estos hechos y muchos otros errores han contribuido a generar una pésima imagen de estos partidos políticos, pero no es este el lugar para hacer un balance de sus defectos y virtudes. No hay que olvidar que el PAN fue decisivo en el tránsito a la democracia, al ganar las elecciones del 2000. El PRI contribuyó a lo largo de los años a consolidar una institucionalidad política que hoy valoramos mejor al ver cómo el actual gobierno erosiona a las instituciones. El PRD colocó a la izquierda en las más elevadas órbitas de la política, aunque acabó desperdiciando el intento de fijar las ideas progresistas en el escenario. Hay que decir que los dos partidos aliados al gobierno, el Partido Verde y el Partido del Trabajo, son inmensamente más corruptos que los partidos de la oposición. Y el partido oficial está atado a la putrefacción del gobierno.

No pretendo pulir o abrillantar la imagen de los partidos políticos en México. Reconozco que tenemos una clase política de bajo calibre y muy contaminada por las toxinas propias de su oficio. La lucha por el poder y las ambiciones personales son un factor que deteriora la política. La grandeza de estadistas es un fenómeno raro en todas partes. Y, sin embargo, la democracia es inconcebible sin los partidos. Las divisiones que cruzan la sociedad se expresan en forma civil y organizada en las elecciones y en los mecanismos de representación. Todo demócrata sabe que estas son verdades fundacionales. La ciudadanía debe comprender que cuando se deterioran los partidos es necesario civilizarlos o, en las elecciones, apartarlos del poder. Pero las ciudadanías también en ocasiones se deterioran y con ello amenazan las bases de la democracia, por ejemplo, con la catastrófica influencia de los grupos de narcotraficantes y del crimen organizado. Hay muchas formas en que las ciudadanías se deterioran o se estropean. La que vemos además en México implica la compra de apoyos mediante programas clientelares de reparto de dinero. Este es el “pueblo” que le gusta al gobierno. Los populistas suelen despreciar a los partidos, que son la expresión de una sociedad dividida y no representan al “pueblo”, que es único, indivisible y se expresa a través del líder.

Estamos ante una contradicción. La parte más independiente y culta de la sociedad civil está ante partidos de oposición que le disgustan y, por otro lado, ante la fuerza de una crítica que razona con inteligencia su oposición al populismo gobernante. La paradoja aparece como alarmante cuando una gran parte de esta fuerza crítica menosprecia al sistema de partidos. Es evidente que, si queremos un cambio en las elecciones de 2024 para evitar que continúe el partido oficial en el poder, esta contradicción tendrá que ser resuelta. Los partidos podrían mejorar su imagen acercándose a la ciudadanía y los críticos deberían comprender que en tan poco tiempo los partidos no van a cambiar sustancialmente y que no hay más remedio que esperar que, aliados, logren un vuelco en la política. Si, como es previsible, se agudizan las amenazas provenientes del gobierno, la contradicción podrá, si no resolverse, al menos aceptarse con cierto estoicismo. Acaso será necesario un acercamiento de la masa intelectual crítica con los partidos de oposición. Espero que se acabe comprendiendo que la antipolítica y la alergia a los partidos llevan a un callejón sin salida.

Ya no solamente estamos ante un populismo autoritario y reaccionario que amenaza a la democracia, estamos entrando en una nueva fase de la situación política. Lo nuevo es que, ante el fracaso de la llamada 4T, el gobierno y su partido han iniciado un proceso de putrefacción política. Hay algo más que la conocida corrupción de funcionarios públicos que actúan ilegalmente para favorecer intereses privados a cambio de recompensas, cobrando sobornos, colocando a familiares en empleos públicos o dándoles contratos y apropiándose de bienes gubernamentales para beneficio personal. Esta clase de corrupción no se ha acabado. Pero hay una nueva forma: se están pudriendo el aparato gubernamental y el partido oficial. La falta de alternativas, el caos en la dirección política, la extrema ineficiencia, la austeridad exagerada y la falta de respeto a la ley están ocasionando una descomposición política sin precedentes. El sistema de la 4T está corrompido debido a que carece de alternativas transformadoras (nunca las tuvo) y las opciones que trata de imponer son la militarización cada vez más amplia y la agresión a la estructura del INE. El gobierno no tiene más objetivos que ganar las elecciones de 2024, para lo cual quiere afectar al sistema electoral e intenta pulverizar a los partidos de oposición. Es un esfuerzo por ganar el poder por el poder mismo.

Esto me lleva a otra paradoja. El gobierno de López Obrador es un poderoso motor cuyos ejes giran en el vacío. Al carecer de mayoría calificada en el Congreso, el gobierno se ha convertido en un poder impotente. Es una contradicción: se mueve con fuerza en el vacío provocado por el caos y la incoherencia. El movimiento populista se ha convertido en una fuerza infecunda. Pero no nos engañemos: esta vacuidad es amenazadora. El gobierno está perdido en un desierto sin ideas, muy estéril pero peligrosamente dañino, pues al girar la rueda presidencial de forma insensata en un vacío salpicado de tonterías pueden surgir momentos muy críticos y ocurrencias inesperadas que lastimen más al sistema democrático. Este poder impotente exhibe un furor antineoliberal, a veces con tonalidades de rancio antiimperialismo, con un carácter muy nacionalista. Pero no es un nacionalismo anticapitalista, carece totalmente de rasgos socialistas y aparece claramente como de derecha. El ejemplo más claro de este poder impotente es la amplia militarización que ha promovido el presidente: un poder militar muy acrecentado y extendido a funciones civiles pero incapaz de enfrentar a los narcotraficantes o de encargarse de la seguridad. Se trata de un poder castrado, muy fuerte pero inútil. La expresión que usa el presidente es reveladora: “abrazos, no balazos”. El ejército abraza una gran cantidad de funciones, pero no alcanza a detener con violencia legítima al crimen organizado.

En el panorama político vemos un enfrentamiento entre la vieja derecha patriotera contra la derecha moderna calificada como neoliberal. ¿Y dónde quedó la izquierda? Su presencia es casi imperceptible. La que subsiste dentro de Morena se encuentra marginada, es irrelevante y está atrapada en la maquinaria reaccionaria del régimen. Esta izquierda tuvo la esperanza de que el movimiento popular dirigido por López Obrador provocara cambios revolucionarios en el sistema. Nada de eso ha ocurrido; por el contrario, ese movimiento ha sido capturado por el partido oficial y usado solamente como fuerza de apoyo al presidente. Se ha convertido en una masa atrapada por las redes del clientelismo presidencial. El resto de la izquierda se encuentra disperso en la sociedad, en nichos académicos, en la prensa, en segmentos sociales politizados y en algunos grupos de oposición (entre ellos, el minúsculo PRD). La izquierda crítica parece perdida en un laberinto, pero algo similar ocurre con la derecha. Da la impresión de que la crítica se encuentra inscrita en una espiral que, a partir de un punto central, se va extendiendo. Quiero poner un ejemplo que he experimentado personalmente, junto con otros, y que ilumina con cierto optimismo la labor de los intelectuales críticos. Yo soy muy reacio al optimismo, pues con gran frecuencia lleva a fracasos y desilusiones. Así que el granito optimista que ahora expondré debe tomarse, como se dice, cum grano salis, es decir, con escepticismo.

En 2020 un puñado de intelectuales redactamos un texto que advertía que estábamos ante el riesgo de una deriva autoritaria. Su peculiaridad fue que lo firmaban intelectuales de muy diversas posiciones ideológicas y culturales. Logramos unir a escritores de las revistas Nexos y Letras Libres, que durante mucho tiempo habían cultivado cierto antagonismo. Se publicó como desplegado el 15 de julio de 2020. Lo firmamos solamente treinta personas, entre ellas Christopher Domínguez Michael, Antonio Lazcano, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, José Woldenberg y Gabriel Zaid. Habían apenas transcurrido veinte meses de gobierno y ya percibíamos amenazas. El manifiesto se tituló “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia”. El mismo día en que se publicó López Obrador, en un escrito, reaccionó coléricamente contra lo que decíamos. Dijo que “quizá lo único que pueda reprocharse a los famosos personajes es su falta de honestidad política e intelectual”. Ahora ya nos hemos acostumbrado a que el presidente conteste con insultos las críticas que recibe, sin que por ello dejemos de inquietarnos ante las diatribas que caen desde la cúspide del poder. Podría decirse que ese momento fue un punto central que inició el movimiento circular de una espiral.

Al año siguiente el mismo grupo de intelectuales logró convocar a más de quinientas personas para firmar un manifiesto por la democracia y las libertades. Se publicó el 31 de mayo de 2021 y en él llamábamos a vencer en las urnas, en la cercana elección intermedia para renovar la Cámara de Diputados, a la coalición oficialista, para detener la instauración de una autocracia y la descomposición institucional. En esas elecciones el gobierno populista perdió la mayoría calificada que le permitía modificar la Constitución. Los partidos de oposición se aliaron para lograrlo. La espiral había crecido y la crítica de los intelectuales fue recogida en amplios círculos de la política. En realidad, en aquella época aparecieron por todo el país varias espirales que daban vueltas y crecían en medios sociales muy diversos. Algunos de los que habíamos participado en los dos manifiestos nos acercamos a una de esas espirales, el Frente Cívico Nacional. Este Frente se alió a muchas otras organizaciones que convocaron a una marcha para defender al INE de una contrarreforma electoral con la que el gobierno pretendía lastimar seriamente los mecanismos democráticos. La marcha del 13 de noviembre de 2022 convocó a muchos miles de personas en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México y en muchas otras ciudades. La lucha contra la deriva autoritaria se había extendido enormemente en una espiral gigantesca. La consecuencia de esta marcha fue que el PRI, que había considerado apoyar la contrarreforma, cambió de idea y se opuso. Con ello fracasó el intento de introducir cambios antidemocráticos en la Constitución.

El gobierno respondió inventando una vía alternativa, conocida como el Plan B, para modificar leyes y afectar el funcionamiento del INE, algo que logró gracias a su mayoría parlamentaria. El carácter obviamente anticonstitucional de muchas partes de este plan provocó gran indignación y el mismo conglomerado de espirales críticas convocó a una concentración en el Zócalo el 26 de febrero de 2023 para pedir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que parase el atentado contra la democracia. La concentración fue enorme, desbordó con creces el Zócalo y ocurrió también en muchas otras ciudades.

No quiero decir que el detonador de la espiral crítica fue el manifiesto de treinta intelectuales en 2020. En realidad, ese fue uno de tantos detonadores que, en muy diversos medios de la sociedad, impulsaron espirales críticas que comenzaron a girar y a expandirse. Pero al mencionar la espiral convocada por intelectuales quiero afirmar la importancia del pensamiento de escritores, académicos y artistas en la gestación de una rebeldía contra el establecimiento aplastante del populismo autoritario. Hasta aquí mi granito de optimismo. A partir de ahora, y hasta las elecciones presidenciales de 2024, nos esperan, me temo, tiempos aciagos. Las tensiones políticas se multiplicarán. La agresividad del gobierno contra la oposición se exacerbará. La situación económica será difícil. Los candidatos de Morena a la presidencia –mencionados con el ridículo nombre de “corcholatas”– son de una mediocridad y sumisión extremas, han sido incapaces de emitir alguna idea inteligente y dependen totalmente de la voluntad del Gran Dedo que destapará a alguno de ellos. Ninguno de esos candidatos parece capaz de despertar un fenómeno carismático como el que logró López Obrador.

En la oposición las candidaturas presidenciales son un enigma y la forma en que se elegirá al candidato o candidata común de los tres partidos no está definida, aunque posiblemente habrá un acuerdo para seleccionar a unos cuantos, que harán una campaña y serán elegidos mediante encuestas. Igualmente importante será el programa que presente la oposición, más allá del imperativo obvio de detener el autoritarismo, defender la democracia y reconstruir las ruinas que ha dejado el populismo. Lo mejor sería un programa de corte socialdemócrata que impulse un Estado de bienestar. Asumo que el PRI y el PRD aceptarían un programa de esa naturaleza. En el PAN tal vez sea más difícil, aunque hay en este partido corrientes liberales sensatas que han avanzado hacia posiciones modernas y que comprenderían que la defensa del Estado de bienestar sería lo mejor para enfrentar la demagogia populista. En conclusión, pienso que las espirales intelectuales podrían tener un papel importante para inspirar una alternativa de esta naturaleza. ~

No.260 / mayo 2023

Letras Libres

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