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Opinión

Elías Pino Iturrieta

Shakespeare, en el primer acto de Ricardo III, hace que el cortejo fúnebre de Enrique VII pase frente a su asesino. Cuando la urna está ante el homicida, el cadáver del rey se pone a sangrar. La obra, una de las emblemáticas de los tiempos modernos, recoge una tradición que remonta a Platón y fue difundida por Marsilio Ficino durante el Renacimiento, sobre la lenta separación entre alma y cuerpo que sucede después de la muerte.

Ya Ronsard había escrito sobre cómo los cadáveres sienten pasiones, alegrías y pesadumbres como las de los vivos, o como las que habitaron su cuerpo antes de dejar la existencia física. Esas pasiones, aseguró, “vienen por el aire para hacernos saber la voluntad de los dioses”. Además: “Aportan pestes, languideces, tormentas y rayos; hacen ruidos en el aire para espantarnos”. También delatan a los homicidas, como se ve en Ricardo III.

En la Antigüedad se consideraba que los muertos no estaban muertos del todo: podían hacer irrupciones, no pocas veces amenazadoras, en situaciones del presente.

Los difuntos, según algunos tratadistas influyentes, en especial cuando acababan de fallecer, se convertían en seres inmateriales y volátiles que podían asentarse a su manera en la realidad para cumplir propósitos pendientes, buenos y malos.

Agrícola, un médico famoso del siglo XVI, aseguró que se refugiaban en galerías subterráneas y que no solo se conformaban con mirar el desfile de los vivos: los podían atacar y maltratar, de acuerdo con su humor o con alguna cuenta pendiente. Pero, como se ve en el teatro de Shakespeare, podían hacer justicia.

Se vuelve sobre el punto porque tal idea se incorporó a los usos del derecho penal de Alemania, en cuyas regulaciones se aseguraba que las personas fallecidas, debidamente interrogadas, podían ofrecer pistas sobre el delito del que fueron víctimas. “El muerto prende al vivo”, afirmaban policías y jueces.

Sobre el peso que ha tenido la idea de la permanencia de los muertos en la posteridad, y de la necesidad de tenerlos presentes para evitar percances que pueden ser costosos, se encuentra evidencia en los juicios contra cadáveres archiconocidos, procesos que no fueron insólitos y se consideraron como imprescindibles.

Hay dos muy dignos de atención, trajinados por los historiadores. En 897 se desterraron de Roma los restos mortales del papa Formoso, quien fue exhumado para que los jueces leyeran expedientes sobre su nefasto pontificado y lo sentenciaran a ser ahogado en el Tíber. En Basilea, año del Señor de 1559, sacaron los despojos de un rico propietario llamado Jean de Brujes porque se descubrió que en realidad se trataba de David Joris, un activo promotor de la iglesia anabaptista. El descubrimiento de su identidad obligó a un juicio póstumo y a una ejecución del cadáver en plaza pública, que fue comentada durante años y divulgada en profusión de gacetillas. Si se ponían en el banquillo, era por compartir el postulado de que conservaban poder desde el más allá, o de que ese más allá podía permanecer en el más acá si no se metía la mano.

Pudiera completar tales anales la exhumación de Bolívar dispuesta por el comandante Chávez, ritual penumbroso para ver qué cualidades sacaba del santón nacional el desenterrador; novísima demostración de la influencia que la política concede a los difuntos, y de cómo los puede aprovechar, no sin temeridad, en sus planes de dominación.

Otras resurrecciones han promovido el comandante y sus sacristanes, pero no precisamente para buscar la concordia después de remover tumbas sino para traer los rayos, las languideces, las pestes y los ruidos que refería Ronsard. Mas, como ahora hablamos del más aparecido de los venezolanos, cuyas salidas de la tumba solo se han convertido en malignas después de las paletadas de tierra empujadas por los “revolucionarios”, quizá convenga dejar las cosas de este tamaño porque muchos seguirán con la esperanza de sentirlo de nuevo entre los vivos.

Debe recordarse que las danzas macabras que han prevalecido a través del tiempo son encabezadas por esqueletos que vencen el tiempo para atormentar a los hombres del porvenir; que el folklore del mundo está habitado por aparecidos amenazantes esperando en la penumbra a la vuelta de la esquina; que el cuidado de no visitar los cementerios de noche, ni a solas, se mantiene y respeta para que los durmientes no despierten, para evitar sus iras; y que, aunque no lo confesemos, rezamos y ordenamos misas tras el deseo de que los finados tengan realmente fin. ¿No son pruebas suficientes del miedo que provoca su segundo debut, aun en nuestros modernísimos tiempos?

3 de junio 2020

@eliaspino

https://runrun.es/opinion/409828/los-aparecidos-y-el-miedo-por-elias-pin...

 3 min


Entre las mejores cosas me han pasado en la vida está el haber estudiado en la UCV. Dejo en mí una huella, de esas que te marcan hondo para siempre y te ayudan a pararte bien en la cancha de la vida. Digo lo que digo porque el último día del mes de mayo se celebró, en medio de los límites que impuso la pandemia, el Día del Egresado, es decir, mi día y el de otros miles que han pasado por sus aulas hasta recibir su título, en mi caso el de sociólogo, tras haber cometido la equivocación – no me mal interpreten los abogados – de cursar casi tres años de derecho.

El gobierno y la universidad

La conmemoración de este día me ha dado la ocasión, gracias al tiempo que nos brinda la cuarentena, para pensar en los últimos tiempos de la UCV y, en general, de las universidades públicas. Tiempos duros y complicados, debidos en buena medida a un Gobierno que las ha adversado de diversas maneras. Es cosa conocida, pero no está de más recordar los presupuestos deficitarios que han afectado seriamente las instalaciones y los laboratorios, la remuneración del personal, el desarrollo de proyectos y otras actividades propias de la academia, dejándola en un estado de precariedad que traba su desempeño. Adicionalmente, su concepción de lo que es la universidad pasa por revisar el concepto de autonomía a fin de que “…esta sirva para construir hombres y mujeres libres al servicio de la patria….", frase que no es sino la retórica que esconde su convicción de ponerla bajo control oficial, inspirada en un credo incompatible con los que es más distintivo de la universidad : la libertad de pensamiento.

A lo anterior hay que añadir otros antojos ideológicos, entre los que cabe mencionar su pretensión, mediante una decisión que el TSJ se sacó de la manga, de cambiar las normas electorales que rigen en el ámbito universitario, lo cual llevó a su suspensión durante alrededor de una década, convirtiéndose obviamente en un elemento perturbador del funcionamiento universitario, en lo que ha ayudado, pues todo hay que decirlo, una actitud que resulta inexplicable por parte de las autoridades, con importantes excepciones, que se han dejado ganar por la inercia y agobiarse por la coyuntura. Así las cosas, tenemos una Universidad quieta que no encara los desafíos que pautan estos tiempos.

No es sólo cuestión de vacunas

El coronavirus nos ha puesto a pensar, a unos más que a otros. No podía ser de otra manera, se ha vuelto una advertencia, señal del desacomodo que sufre el planeta y de la necesidad de transformarlo a fondo, no valen los cosméticos para disimular, cambiando cositas por aquí y por allá, pero para que todo siga igual. El asunto va en serio y alude, dicho en breve, al modo de vida adoptado por los terrícolas desde hace al menos cuatro décadas. En este sentido, bastaría con mencionar que el problema del cambio climático, del cual hablamos mucho y hacemos más bien poco, nos ha convertido en una “especie en extinción”, frase lapidaria del profesor Jeremy Ryfkin, a quien suelo citar, dado que resume los que muchos identifican, mediante diversas argumentaciones y con distintos énfasis, como una crisis civilizatoria. En fin, no es cuestión de que se descubra la vacuna y nos alistemos para retomar, con algunas variantes, el camino que nos ha traído hasta aquí.

Dentro de este marco, la Universidad tiene mucho en que reflexionar para ajustarse al siglo XXI.

Repensar la Universidad

No hay quien dude que la Universidad actual requiere modificarse en sus propósitos, estructuras y modos de funcionamiento, para ponerse a tono con la época que corre, en función de circunstancias inéditas que en buena medida derivan del volumen y rapidez con la que hoy en día se generan y difunden los conocimientos; del espectacular acortamiento de los ciclos que van desde la creación del conocimiento hasta su aplicación; de la aparición de nuevas disciplinas y sub disciplinas y de su inter relación, haciendo parte de los llamados sistemas de innovación, constituidos por diversos actores sociales, en función de intereses tanto públicos como privados. Nuevas circunstancias, digo, que se desprenden, así mismo, de la globalización del conocimiento; de las posibilidades que abre la digitalización y, por citar un último aspecto, entre otros muchos, de las tensiones que plantean alrededor de la propiedad del conocimiento, tal como ha salido a relucir a propósito de la pandemia.

La universidad debe participar en la solución de los desafíos (económicos, políticos, educativos, éticos …), que emergen de distintos campos del conocimiento, como la cognotecnología, biotecnología, nanotecnología, optoelectrónica, superconductores, inteligencia artificial, inteligencia aumentada y robótica, entre otros, expresión de la integración de lo físico, lo biológico y lo digital, desde donde se empieza a dejar ver lo que los que investigadores de distintas disciplinas han llamado el trans humanismo.

En suma, la denominada sociedad del conocimiento, que es a la vez la sociedad del desconocimiento- ambas constituyendo el marco dentro del que la toca ubicarse la universidad contemporánea – están cobrando forma transformaciones tecnocientíficas que han resuelto problemas antes no comprendidos, pero también han sembrado incertidumbres y dudas en torno a problemas provocados por ellas mismas, dando como resultado una enorme complejidad de la que, de nuevo, la pandemia nos ha dado varios ejemplos.

Un nuevo ethos

En la tarea de entonar a la universidad con el siglo XXI, llevamos un considerable retraso. Salvo iniciativas muy valiosas que se dan en algunas facultades y escuelas, su transformación, creo, no la tenemos trazada en una agenda de trabajo que plantee su concepción en torno a un nuevo ethos, como tal vez lo expresaría un filósofo.

Como oí en una conferencia, no tendrá sentido enseñar lo que se cree que se debe conocer, sino desarrollar las capacidades para descubrir, aprender a aprender, generar y reproducir de manera cada vez más original y extensa, hasta construir un conocimiento de bien común, social y económico, en medio de lo que, sin duda, asoma como la organización de la vida humana de acuerdo a un nuevo paradigma.

Así las cosas, yo, profesor de a pie de la UCV, me sumo a las iniciativas que impulsen la redefinición de políticas y planes orientados a la búsqueda de distintos modelos de organización para la UCV con referencia a sus funciones, a sus ámbitos de actuación, a su gobernabilidad, a su calidad y al rol que deben desempeñar al servicio a la sociedad venezolana, en su condición de institución pública.

El Nacional 4 de junio 2020

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Comisión Europea

El pasado 20 de mayo de 2020, la Comisión Europea hizo pública su estrategia para alcanzar un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente mediante una forma novedosa de afrontar la producción de alimentos, su transporte, procesamiento, distribución, comercialización y consumo, en una realidad que obliga a la búsqueda de la sostenibilidad, hoy particularmente reforzada por las consecuencias del Covid 19.

“Esta estrategia tiene por objeto recompensar a los agricultores, pescadores y otros operadores de la cadena alimentaria que ya hayan superado la transición hacia prácticas sostenibles, facilitar la transición para los demás y crear oportunidades adicionales para sus empresas”.

Con la intención de contribuir a su difusión, nos permitimos incluir a continuación extractos del documento, el cual incluimos en extenso, así como su plan de ejecución, en anexos a este escrito, cuya lectura recomendamos a los interesados en el tema.

  • Existe la necesidad urgente de reducir la dependencia de plaguicidas y antimicrobianos, reducir el exceso de fertilización, aumentar la agricultura ecológica, mejorar el bienestar de los animales y revertir la pérdida de biodiversidad.
  • La transición hacia sistemas alimentarios sostenibles también es una enorme oportunidad económica.
  • Se desperdicia alrededor del 20 % de los alimentos producidos y la obesidad también está aumentando.
  • ….. los esfuerzos encaminados a endurecer los requisitos de sostenibilidad en el sistema alimentario de la UE deberían ir acompañados de políticas que contribuyan a elevar el nivel en todo el mundo, con objeto de evitar la externalización y la exportación de prácticas no sostenibles.
  • Procurar cadenas alimentarias que funcionen para los consumidores, los productores, el clima y el medio ambiente garantizando:
    • una producción alimentaria sostenible
    • garantizar la seguridad alimentaria
    • prácticas sostenibles de transformación de alimentos, comercio mayorista y minorista, hostelería y servicios alimentarios.
    • el consumo sostenible de alimentos y facilitar la transición a dietas saludables y sostenibles
    • la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos
    • luchar contra el fraude alimentario a lo largo de toda la cadena de suministro alimentario
  • Facilitar la transición mediante:
    • investigación, innovación, tecnología e inversiones
    • servicios de asesoramiento, intercambio de datos y conocimientos, y capacidades
    • la globalización de la misma
  • La transición hacia sistemas alimentarios sostenibles requiere un enfoque colectivo que implique a las autoridades públicas en todos los niveles de gobierno (incluidas las ciudades y las comunidades rurales y costeras), los agentes del sector privado de toda la cadena de valor alimentaria, las organizaciones no gubernamentales, los interlocutores sociales, el mundo académico y los ciudadanos.

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​José E. Rodríguez Rojas

La FAO quedó entrampada en una política de permanente reconocimiento de los logros del régimen bolivariano, ponderando las bondades de los programas alimentarios, a pesar de sus carencias; y generando reportes y estadísticas desactualizadas, que son de precaria utilidad para la caracterización y análisis de la crisis alimentaria que atravesamos. Esto se desprende de un documento suscrito recientemente por 54 organizaciones relacionadas con el sector agroalimentario.

Conocí a José Graziano da Silva hace varios años en un congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología Rural celebrado en Quito. Allí me enteré de que era uno de los cuadros profesionales, en el área agroalimentaria, del Partido de los Trabajadores de Lula Da Silva. Posteriormente, en el 2006, ascendió a Subdirector General de la FAO y representante de la organización para América Latina, estando el movimiento bolivariano en su apogeo. Luego fue designado como Director General. Como líder de esta organización comenzó una relación con el régimen chavista que se tradujo en varios reconocimientos al régimen por su lucha contra el hambre. Las últimas fueron en los años 2013 y 2015, siendo Maduro el presidente. Uno de los reconocimientos más notables fue el de otorgarle el nombre del Chávez a uno de los programas contra el hambre de la FAO. Estas distinciones probablemente fueron sugeridas por Lula Da Silva o algunos de los aliados políticos del movimiento bolivariano.

Mientras los precios petroleros se mantuvieron en alza la posición de la FAO reflejaba una realidad, el régimen chavista al igual que el de Lula en Brasil había emprendido un conjunto de programas sociales y alimentarios que aliviaron la situación de los más vulnerables y mejoraron sustantivamente la seguridad alimentaria, entendida como el acceso de la población a los alimentos. Después del año 2014 los precios del petróleo se desplomaron y todo el andamiaje que se había construido sobre los ingresos extraordinarios del crudo colapsó. La inflación se desbordó y los indicadores de pobreza y de la población en inseguridad alimentaria se dispararon. A pesar del desastre social y alimentario que el gobierno de Maduro ha generado, la FAO ha continuado su política de enaltecer los logros del régimen.

Ello se desprende del contenido del documento elaborado por 54 organizaciones gremiales, de investigación y consultoría relacionadas con el sector agroalimentario venezolano, en el cual se señala que la FAO sigue alabando las bondades de los programas alimentarios gubernamentales, a pesar de sus carencias y sigue generando estadísticas desactualizadas que corresponden al periodo de la bonanza petrolera (Tal Cual. 2020). A los burócratas de los organismos internacionales les es difícil elaborar estadísticas o visiones que contradigan las de los gobiernos que los financian, debido a ello la burocracia de la FAO no encontró otra solución que repetir la película de la bonaza petrolera una y otra vez para complacer al régimen que le da de comer y escabullirle el bulto a generar información que permita describir el desastre social y alimentario que atravesamos.

El documento suscrito por las organizaciones señaladas comienza haciendo referencia al “informe sobre los impactos potenciales de la pandemia del Covid 19” sobre la seguridad alimentaria en América Latina, preparado por la FAO a solicitud de la Coordinación Nacional de la Presidencia Pro Tempore de México ante la CELAC; en el cual se señala de forma adecuada la crítica situación alimentaria del país, pero luego celebra la “buena práctica” del sistema de abastecimiento gubernamental comprendido en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (ClAP). Las organizaciones alertan que destacar los CLAP como una “buena práctica” resulta paradójico pues el propio gobierno de Nicolás Maduro reconoció que hasta un 88 % de la población venezolana presenta problemas para adquirir las cajas o bolsas de comida lo que ha originado protestas por parte de los beneficiarios. El valor nutricional de estas cajas también es un tema a considerar pues contienen productos que ofrecen nutrientes desequilibrados y predominan los carbohidratos y las grasas, además de que los productos alcanzan para que una familia se alimente solo por cinco días. Destacaron también las denuncias en torno a os CLAP y el negocio corrupto que mantendrían los gobiernos de México, Colombia y Argentina con el chavismo a la hora de adquirir los productos (Tal Cual. 2020).

Muchas de las estadísticas de la FAO sobre Venezuela tienen el problema de que están desactualizadas y corresponden al periodo de la bonanza petrolera o son proyecciones de ese periodo y pasan por alto la crisis alimentaria que sobrevino después del año 2014. Es el caso del Global Nutrición Report al cual se refieren las organizaciones mencionada en su documento, el cual descansa sobre cifras que tienen 11 años de retraso. Se trata de proyecciones de revistas científicas, basadas a su vez en modelos de cálculos que utilizan cifras que no son consistentes con la situación actual del país. Las organizaciones señaladas ponen en tela de juicio también el Reporte Mundial de Crisis alimentarias 2020, ya que se basaron únicamente en el reporte de Unicef sobre la situación humanitaria del país, que no recoge información completa sobre el estado alimenticio de los niños más vulnerables sino de los infantes beneficiados por los programas, que es un número muy limitado pues se circunscribe a 100.000 niños, lo cual no es representativo de la situación nutricional de los niños más vulnerables del país (Tal Cual. 2020).

Por otro lado en el documento de las organizaciones mencionadas hacen un exhorto al gobierno y a las organizaciones internacionales a monitorear, sin opacidad, las necesidades de la población. Por lo tanto exigen que se emprendan mayores esfuerzos para comprender, actualizar y difundir la verdadera crisis alimentaria y nutricional que sufre el país (Tal Cual. 2020); ya que como es evidente con la información desactualizada aportada por los reportes y estadísticas de la FAO, es imposible tener una visión razonablemente cercana a lo que sucede actualmente.

Nota: Entre las organizaciones autoras del documento mencionado en el escrito se destacan las dedicadas a la investigación y la consultoría como el CIAAL de la ULA(Mérida), el Cendes de la UCV, la Fundación Bengoa y la Red Agroalimentaria de Venezuela.

Referencia

Tal Cual. 2020. “54 organizaciones exigen más pericia en informes sobre situación alimentaria en Venezuela”. 26 de mayo.

Profesor UCV

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Rafael Rattia

Cuando observé, -con tristeza y estupor- la fotografía de la quema de la biblioteca central de la UDO-Cumaná totalmente convertida en escombros no pude contener las lágrimas y rompí en un llanto quedo e interior pero no menos doloroso que el que cualquiera puede sentir ante una vomitiva barbarie como la que se cometió contra ese patrimonio cultural, artístico y científico-tecnológico del país.

Un libro que me marcó una huella indeleble mi insaciable espíritu de lector insobornable es: “Historia universal de la destrucción de los libros”. (De las tablillas creto-micénicas al libro electrónico) del poeta y ensayista venezolano Fernando Báez. En sus páginas leí que “ahí donde se queman libros, pronto se quemarán hombres”. No cabe un ápice de dudas; pues los libros son una extensión del hombre en toda la íntegra expresión del ser. Todo lo que puede pensarse se puede, en consecuencia, ponerse en un libro por escrito en los formatos de papel físico o de papel y tinta electrónica para solaz y beneficio espiritual de la humanidad.

El latinajo lo dice asaz bien: “verba volant escrip manent”; esto es, el verbo vuela a raudales y las palabras se las lleva el viento; mas lo escrito está y queda permanente para beneficio de las futuras generaciones de hombres y mujeres que inexorablemente vendrán en camino a recoger el testigo que portamos nosotros, simples o complejos lectores y obsecuentes o eventuales escritores.

Lo ocurrido en la biblioteca central de la Universidad de Oriente del núcleo Cumaná, no tiene otro nombre; se trata de un auténtico bibliocausto, es decir una inmensa pira hecha con libros de todos los tipos y tamaños que tratan sobre los más disímiles y extraños temas del saber humano. Muchos de ellos verdaderas joyas y reliquias bibliográficas que atesoraba la Casa más Alta del Oriente venezolano donde se ha formado grandes inteligencias científicas y profesionales de primerísima línea que han puesto el nombre de Venezuela en un privilegiado sitial de honor en el mundo.

Ejemplares únicos que no se volverían a imprimir más; libros incunables o manuscritos raros que alguna vez fueron hojeados, acariciados, leídos y fichados por docentes, investigadores y estudiantes a lo largo de su proceso formativo, hoy forman pilas de cenizas como viva expresión del odio más cerril contra el saber académico universitario.

La quema de la biblioteca central de la UDO tiene un oprobioso antecedente histórico y es la quema con alevosía y sevicia del Instituto Oceanográfico de la misma casa de estudios superiores. Ya antes de la comisión de todas atrocidades y salvajadas contra la UDO, hordas bárbaras habían incursionado en sus sagradas instalaciones y habían perpetrado desmanes y desafueros (iniquidades) en laboratorios, oficinas y baños rompiendo y desvalijando lavamanos, espejos y pocetas que luego “aparecían” como por arte de magia en las ventas del mercado secundario de los bachaqueros en Cumaná

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Jesús Elorza G.

La muerte del afroamericano George Floyd el 25 de mayo en Minneapolis, después de que el policía Derek Chauvin se arrodillara sobre su cuello durante unos minutos, ha sacudido al mundo entero, sobre todo a la sociedad estadounidense. Los deportistas a nivel mundial se solidarizan con el coro de voces que se manifiestan contra el racismo y la brutalidad policial en Estados Unidos.​

-Karem Abdul-Jabbar, el pívot que ganó seis anillos de campeón de la NBA, analizó los últimos acontecimientos en Los Angeles Times: “Tal vez la principal preocupación de la comunidad negra en este momento no sea si los manifestantes están parados a dos o cuatro metros de distancia o si algunas almas desesperadas roban algunas camisetas o incluso incendian una comisaría, sino si sus hijos, maridos y mujeres, hermanos y padres serán asesinados por policías solo por salir a caminar o conducir. O si ser negro significa refugiarse en casa por el resto de sus vidas porque el virus del racismo que infecta al país es más mortal que la covid-19”.​

-Jaylen Brown, jugador de los Celtics de Boston, viajó 15 horas en automóvil de Boston a Atlanta para encabezar una marcha pacífica de protesta. “Ser una celebridad, ser un jugador de la NBA no me excluye de ningún debate. Primero y ante todo soy un hombre negro y soy miembro de esta comunidad”​.

- El piloto inglés Lewis Hamilton (Mercedes) se mostró muy crítico con la actitud de sus compañeros en la Fórmula 1, a los que acusó de permanecer "en silencio en medio de la injusticia", en referencia a la falta de mensajes de condena tras la muerte de George Floyd en los Estados Unidos a causa de la brutalidad policial.​

"Veo a aquellos que permanecéis en silencio, algunos de vosotros sois las estrellas más grandes, pero permanecéis en silencio en medio de la injusticia. No hay una señal de nadie en mi industria que, por supuesto, es un deporte dominado por los blancos. Soy una de las únicas personas de color que está allí, pero estoy solo", escribió Hamilton la noche del domingo en su perfil de 'Instagram'.​

- Michael Jordan, el legendario jugador de los Bulls y ahora propietario de Charlotte Hornets. “Veo el dolor y la frustración de todos y me posiciono con todos los que se han levantado contra el racismo y contra la violencia contra la gente de color que está arraigada en este país. Ya hemos tenido suficiente. No tengo la respuesta, pero nuestras voces unidas nos dan fuerza ante la imposibilidad de ser divididos por los otros. No podemos dar la espalda a tanta brutalidad sin sentido. Nuestras voces unidas tienen que servir para presionar a los políticos para que cambien las leyes”.​

- Marcus Thuram, el jugador italo-francés del Borussia Moenchengladbach, celebró uno de los goles contra el Unión Berlín con una rodilla sobre el césped y la cabeza gacha. Es la misma pose que Colin Kaepernick, el célebre jugador de la NFL y activista, utilizó en un partido de los San Francisco 49ers a finales de 2016, mientras sonaba el himno de Estados Unidos, para protestar contra el racismo. ​

- El inglés Jadon Sancho, del Borussia Dortmund, mostró una camiseta con el lema “Justicia para George Floyd”.​

- En España, el Barcelona FC difundió en twitter oficial un comunicado en el que deja claro su rechazo a las conductas racistas.​

- Algunos entrenadores de la NBA se han pronunciado. Steve Kerr reaccionó cuando Donald Trump llamó matones a los participantes en las manifestantes contra la acción policial. “Esto es por lo que los racistas no deberían ser presidentes”, afirmó el entrenador de Golden State Warriors.-​

- El base de los Golden State Warriors, Stephen Curry, ha publicado la foto del policía con la rodilla en el cuello de George Floyd acompañada de un texto: "Si esta imagen no te molesta y te enfada, entonces no lo sé... George Floyd. George tiene una familia. George no merecía morir. George pidió ayuda y fue simplemente ignorado, lo que habla en voz alta y clara de que su vida negra no importaba. George fue asesinado. George no era humano para ese policía que le quitó la vida lenta y decididamente"​

- Coco Gauff, la tenista estadounidense de 16 años que devora marcas de precocidad y ya ha alcanzado dos veces los octavos de un Grand Slam, publicó un vídeo en las redes en el que aparece con la cabeza bajo una capucha negra, y mirando a la cámara se pregunta: “¿Seré yo la próxima?”. Y mientras se ven imágenes de George Floyd y otras víctimas negras de violencia, inquiere: “Uso mi voz para luchar contra el racismo. ¿Usarás la tuya para reclamar justicia?”. ​

- La estrella de la gimnasia mundial Simone Biles tuiteó una imagen con corazones rotos para subrayar que se necesita “avanzar hacia una América mejor”.​

- Frances Tiafoe , a raíz de la muerte del afroamericano Floyd, el tenista estadounidense se pronuncia en un vídeo "Basta Ya". Pero no lo hace solo. Le respaldan, manos arriba, Serena, Cori Gauff, Gael Monfils, Jo-Wilfred Tsonga, Naomi Osaka. Un total de 30 voces indignadas y hartas. La canadiense Ayan Broomfield, su pareja, también profesional, reclama: “Debemos unirnos, sin importar nuestro estatus social, género o antecedentes”. La jugadora posa con una camiseta con la inscripción equality (igualdad). ​

Y recupera una frase de Martin Luther King: “Nuestras vidas comienzan a terminar el día que guardamos silencio sobre las cosas que importan”. Luego, de forma simbólica, ambos depositan las raquetas sobre el suelo y levantan los brazos pidiendo paz, que se acabe la pesadilla que sufren históricamente los afroamericanos en los Estados Unidos. ​

Atletas, entrenadores y dirigentes, la lucha por la justicia recorre las calles del mundo y el deporte hace su presencia de manera activa y solidaria. Permanecer callados es darle paso al imperio de la injusticia, a la discriminación y a la represión. Elevemos nuestra voz de protesta.​

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Rafael Dávila Cárdenas

Desde niño oía y leía palabras que enaltecían el alma y fortalecían nuestra vida a causa de su esclarecedor significado. Nuestros maestros nos hacían repetirlas para que quedaran grabadas en la mente.

Una de ellas era patria. Para nosotros, la mayoría, ella hace alusión a lo que sería la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos afectivos, culturales, históricos y otros de diversa índole.

Para, en lugar de quienes comandan el régimen imperante en nuestro país, la patria solo incluye a los que se identifican con ellos. Es por esa razón que a quienes conformamos la inmensa mayoría del país, nos denominan apátridas; es decir, personas no reconocidas como ciudadanos conforme a su legislación sin nacionalidad alguna.

Se supone que todo miembro de una patria debe poner todo su esfuerzo en que ella y quienes allí moran sean protegidos y nadie la utilice en provecho propio. Todo patriota debe velar porque su país mantenga su soberanía e impida que ni individuos de otras nacionalidades expolien sus recursos, ni nacionales se confabulen con esas personas para arrasar a su propia patria. Surge entonces la pregunta: ¿quiénes son los verdaderos patriotas?

Otra palabra era, bolivariano. Por ella se entiende como referido a Simón Bolívar, su historia, su proceder personal y político en las diversas áreas en las que le tocó actuar. Su difusión y estudio es papel de todos, siendo uno de los principales puntales la Sociedad Bolivariana, creada en 1938. Desde entonces esa institución se ha caracterizado por el estudio y difusión del pensamiento de Simón Bolívar.

Los escritos de Simón Bolívar durante la lucha por la independencia de España son muy importantes para consolidar la base intelectual del proyecto "bolivariano". Entre las fuentes más influyentes están la Carta de Jamaica, el Discurso de Angostura y el Manifiesto de Cartagena.

Ahora bien, el llamado socialismo del siglo XXI ha tratado de sostenerse apropiándose de los escritos de Simón Bolívar. Pero su origen es más bien un collage de los principios revolucionarios de Jean-Jacques Rousseau y Karl Marx, según la opinión y las interpretaciones de Hugo Chávez. El régimen actual se ampara en la tiranía cubana y en gobiernos de países extranjeros como Irán, Siria, Rusia, China y Turquía, que no se caracterizan por ser democráticos. Entonces, ¿se pueden denominar bolivarianos?

Es por estas razones que esas palabras robadas han de ser devueltas a los verdaderos patriotas venezolanos y bolivarianos.

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