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Opinión

Cuando Florentino Quitapesares, el personaje principal de la novela "Cantaclaro" del Maestro Don Rómulo Gallegos llegó al rancho de Juan el Veguero con la intención de colgar un chinchorro para descansar un rato, se encontró con que el rancho estaba abandonado y a un costado cuatro cruces de palos rústicos. Esta deprimente visión produjo en Florentino un quiebre espiritual de tal magnitud, que lo llevó a una profunda reflexión:

¡Se acabó Florentino Quitapesares!

“Se acabaron los amoríos, la cantadera, la contrapunteadera, los corríos, las parrandas, los viajes sin rumbo y el patirrolismo. Hay que hacer algo muy serio para que, en este país, un Juan el Veguero no tenga tres hijos y una mujer y se les mueran todos de hambre y fiebre: ¡Hay que hacer algo, Florentino Quitapesares!”

Y ese angustiante "hay que hacer algo" de Florentino Quitapesares, no es más que la urgencia que tenemos los venezolanos para cambiar de mentalidad. En este sentido, pareciera pedagógico recordar que a lo largo y ancho de los 188 años que llevamos de vida republicana, se produjeron en Venezuela 166 revueltas armadas sin incluir los golpes de estado que se dieron en las madrugadas del siglo XX. Es decir, nos hemos acostumbrado a dirimir nuestras contradicciones dialécticas a través de la conducta bélica. Y esta forma de aspirar y luchar por el poder ha creado dentro de los hemisferios cerebrales del pueblo venezolano, una especie de inconsciente colectivo que poco a poco y lentamente nos ha traído hasta el intrincado laberinto donde actualmente nos encontramos.

Ahora bien, por esta circunstancia y por otras muchas más, es necesario que comencemos a limpiar nuestro inconsciente colectivo a través de una pedagogía del cambio fundamentada sobre un proceso de metanoia progresiva que sea capaz de hacernos modificar nuestra manera de pensar. En consecuencia, ojalá que un día de estos demos un giro de 180 grados a través de la aplicación de un proyecto educativo fundado en la lectura sistemática, el civismo, las matemáticas, la historia del hombre, los idiomas, el método científico, el trabajo creador, la labor social, los deportes, la música, el arte, los valores morales, las ciencias experimentales, las ciencias sociales, el desarrollo de habilidades manuales y el respeto por las leyes, con el objetivo específico de que al egresar de la escuela secundaria o bachillerato, los jóvenes venezolanos sean capaces de:

-Proseguir estudios universitarios.
-Incorporarse al mercado de trabajo.
-Hablar dos idiomas.
-Entender dos religiones.
-Explicar dos culturas.
-Dominar un oficio manual.
-Amar la libertad.
-Salvaguardar la democracia.
-Luchar por los derechos humanos.
-Manejar correctamente la computadora.
-Defender sus derechos constitucionales.
-Cumplir sus deberes constitucionales.
-Leer dos libros por mes.
-Practicar la convivencia.
-Dominar dos deportes.
-Interpretar dos instrumentos musicales.
-Diseñar su propia escala de valores.
-Y entre otros, elaborar su particular manera de filosofar.
Por añadidura y finalmente, para este proyecto educativo se debería solicitar asesoramiento en los ministerios para la planificación educativa de Japón, Suecia, Finlandia y Suiza.
Solo así, el drama de Juan el Veguero llegará a su final, la reflexión de Florentino Quitapesares se habrá materializado y Venezuela se convertirá en la tierra donde todo sueño será posible y hasta "el náufrago porque el tifón rompió sus velas, querrá que entierren su cuerpo cerca del mar en Venezuela"

Villa de Cura, lunes 18 de noviembre del 2019

 2 min


Sí me hubieran preguntado a mediados del 2019 sobre mis visiones para América Latina hacia fin del año, yo habría dicho que viene un periodo electoral en donde se decidirá si en Argentina la supremacía del neo-peronismo será absoluta o relativa, si el Frente Amplio uruguayo consolidará sus posiciones o si en Colombia, después del retorno a la guerra de una de las fracciones de las FARC, el uribismo saldrá fortalecido. Tal vez ni siquiera habría mencionado a Bolivia pues el triunfo de Evo Morales lo daba por descontado.

En Argentina retorna el peronismo a través de los dos Fernández, uno encargado del gobierno, la otra de la plebe. Macri logró ascender algunos puntos. Más allá de ideologías, Argentina ha optado por una suerte de bi-partidismo (Frente de Todos y Cambiemos) Por el momento el principio de la alternancia en el poder parece estar a buen resguardo. En Uruguay la decisión entre el frenteamplista Daniel Martínez y el conservador Luis Lacalle Pou ha sido postergada hasta el próximo domingo. Y en las regionales de Colombia ha emergido de modo impresionante un centro político que ha terminado por descolocar tanto al uribismo como a la izquierda pétrea. El triunfo de la candidata ecologista Claudia López en Bogotá, fue espectacular.

Y bien, estos tres eventos electorales, muy importantes, han pasado a un segundo plano debido a estallidos indígenas, sociales y políticos aparecidos en tres países: Ecuador, Chile y Bolivia. Justamente aquellos donde todo parecía estar bajo control. Habrá entonces que concluir: las agendas de la historia no se ajustan a planes pre-establecidos.

ECUADOR: EL ESTALLIDO INDÍGENA

Todo comenzó en Ecuador.

Cuando el presidente Lenín Moreno firmó el decreto 833 que fijaba un aumento del precio del diésel, lo hizo con la buena conciencia de que llevaba a cabo una razonable medida económica. Por una parte - así lo dijo expresamente su ministro de economía, Richard Martínez- era un alza que afectaba en primer lugar a los ricos. Por otra, Moreno continuaba una política de racionalización siguiendo las recomendaciones del FMI orientadas a reducir el gasto público elevado hasta las nubes por el distribucionismo demagógico de su antecesor, Rafael Correa. Con lo que no contaba Moreno fue que esa medida no solo afectaba a los “ricos” sino fundamentalmente a los campesinos indígenas quienes en su gran mayoría dependen del precio de la bencina para sus tractores y para el transporte de la mercadería agrícola.

De haber sido implementada el alza del diésel, esta se habría traducido muy pronto en un alza de los productos alimenticios o, en su defecto, en su escasez, hecho que habría obligado al gobierno a importar alimentos. Algo así como el chiste del alemán que abrió un agujero en el bote para que saliera el agua que entraba por otro.

Más allá de la simple racionalidad económica, lo que entendió Moreno fue que mantener el alza del diésel lo estaba llevando a enfrentarse con la CONAIE (Confederación Nacional Indígena de Ecuador) probablemente la organización indígena más poderosa de América Latina.

Como era de esperarse, el ex presidente Correa, desmontado políticamente por Moreno, iba a aprovechar la situación para intentar desenmascarar al “traidor”. Durante los doce días que duró el conflicto, el presidente ecuatoriano estuvo amenazado desde dos frentes: el de las comunidades indígenas a la que se articulaban estudiantes y trabajadores urbanos, y el “correismo”, aún latente en el propio partido de gobierno. Fue entonces cuando Moreno decidió realizar dos actos: dialogar y ceder. Este fue sin duda el hecho más significativo del proceso ecuatoriano de octubre.

Dialogar y ceder son prácticas que no forman parte del léxico político de los gobiernos latinoamericanos. De acuerdo al concepto de poder predominante, dialogar y ceder ante fuerzas contrarias muestra debilidad y eso, desde un punto de vista maquiavelista, es lo que jamás debe mostrar un jefe de gobierno. En un conflicto entre sociedad y gobierno un gobierno no debe ser derrotado. Así reza el mandamiento.

Lenín Moreno demostró que el camino contrario también es viable: ceder ante demandas sociales no es un signo de debilidad sino de aproximación entre sociedad y estado. Si hubiera elegido el camino de la represión podría haber derrotado a sus contrarios, pero al precio de romper las correas de transmisión que se dan entre gobierno y sociedad. Moreno hizo lo contrario, demostrando al mundo que dialogar y ceder son prácticas imposibles de ser descartadas del uso político.

Cuando el 13 de octubre en un diálogo sin estridencias ni ideologías, Lenín Moreno, presidente de Ecuador, y Jaime Vargas, presidente de la CONAIE, acordaron la supresión del decreto 833, Moreno pareció perder algunas cuotas de poder. Pero por otra parte ganó lo que pocos presidentes latinoamericanos ostentan: respeto a su autoridad. El gran derrotado en esta ocasión no fue Moreno. Fue Correa.

La crisis ecuatoriana dejó también otra enseñanza: cuando la razón política se enfrenta a la razón tecnocrática, un presidente ha de optar por la primera. Un país no es una fábrica ni una empresa así como un presidente no es un gerente. No haberlo sabido entender a tiempo costó a Macri la no-reelección en Argentina. A su colega Piñera de Chile, casi le costó el puesto

CHILE: EL ESTALLIDO SOCIAL

No terminaba Sebastian Piñera de pronunciar las palabras “oasis latinoamericano” para metaforizar a Chile, cuando estudiantes llenaron las calles protestando por el alza del pasaje del Metro.

Al comienzo parecía una manifestación estudiantil más, una de las tantas habidas en Chile. Pero los estudiantes, como muchas veces se ha dicho, fueron solo el detonante de un gran estallido, uno que a diferencias de el de Ecuador no se articuló en torno de ningún eje, ni social ni político.

El movimiento se fue conformando a través de un contexto multidimensional donde diversas vertientes confluirían hacia un solo río torrencial cuyas aguas inundaban las principales ciudades del país. A la dimensión generacional no tardó en sumarse una social constituida por casi todas las organizaciones laborales y junto a ellas, miles de descontentos por distintas razones, casi todas económicas.

Si bien algunos grupos del Frente Amplio intentaron aparecer como guías del movimiento, fue evidente que carecía de jefatura, de partidos y de liderazgo. No amorfo como dijimos en una ocasión, más bien polimórfico.

Vanos fueron los intentos de los académicos de la izquierda para encajonar al emergente movimiento en una determinada matriz ideológica. A pesar de que con su reducido vocabulario repetían que estallaba una protesta en contra del neo-liberalismo, las encuestas revelaban que había tantos motivos para protestar como manifestantes en las calles.

Precisamente la falta de conducción reveló rápidamente que en Chile existía una seria crisis de representación política. Vacío que explica por qué en medio de la borrasca emergieron otras dos dimensiones que en no pocas ocasiones se cruzan entre sí. Uno, la de los saqueadores, vale decir, lumpen social duro y puro. La otra la de los ultrarevolucionarios en sus variadas formas, desde guevaristas, maduristas, anarquistas, fachos de izquierda, sociópatas y pirómanos, intentando todos transformar al movimiento generacional y social en una fuerza insurreccional destinada a cambiar radicalmente el orden político. Fue entonces cuando aparecieron todas las consignas que han precedido a la instauración de las dictaduras de izquierda: desde la prédica de odio en contra de la “clase política”, la sustitución de la democracia parlamentaria por una “democracia directa”, la infaltable propuesta para una asamblea constituyente, hasta llegar a fantasiosos cabildos, versión siglo XXl del “crear crear, poder popular” del antiguo mayonesismo altamiranista. En fin, cualquiera cosa que no tuviera que ver con la democracia liberal, tal como la conocemos.

El gobierno: mal primero, mejor después.

Comenzó muy mal, con la absurda declaración de guerra declarada por Piñera al movimiento estudiantil. Peor, con la fuerte represión policial y mucho peor, con la salida de los militares, hecho que produjo terribles asociaciones en el traumatizado Chile. En un segundo momento, sin embargo, parece que se acercaron nuevos consejeros al desolado presidente. Quizás alguno hizo mención al diálogo con que Macron desactivó al movimiento de “Los Chalecos Amarillos” en Francia. Tal vez otro sopló al presidente que Lenín Moreno había accedido a las exigencias de los manifestantes. El hecho es que casi al unísono Piñera ofreció dos propuestas: acceder a las demandas económicas y sociales más perentorias y llamar a un diálogo de todos los partidos políticos.

Pese a que al comienzo los socialistas se mostraron renuentes, al final la gran mayoría decidió ponerse de acuerdo en torno a un tema: convocar mediante vía plebiscitaria una Nueva Constitución (NC). La convocatoria -que no pone en peligro las competencias del Congreso- contó con el beneplácito de las “fuerzas vivas” de la nación ¿Y colorín colorado este cuento se ha acabado? No, no se ha acabado.

No solo la dimensión ultraizquierdista continúa su obra destructiva. La derecha post-pinochetista dispuesta a atacar a Piñera por su debilidad frente a los “violentistas de izquierda” llamará a pronunciarse militantemente por un rotundo NO. Está en su derecho. Tendrán su oportunidad. Ya afilan sus consignas.

También hay opinadores que no entienden –y no sin cierta razón- por qué una movilización originada en demandas económicas debe cristalizar en una NC. Algunos agregan desde las dos puntas, las de derecha y de izquierda, que ninguna movilización se planteó una NC, y por tanto se trata de una maniobra de “la clase política” para ponerse a la cabeza del movimiento desvirtuando sus contenidos sociales. A ellos se suman voces eruditas aduciendo que no existe la llamada Constitución de Pinochet pues esta fue solo una enmienda a la de 1925. Y no por último hay quienes opinan que la Constitución de 1980 ya ha sido reformada durante los gobiernos de Lagos y Bachelet, hasta quedar más zurcida que un calcetín de pobre, lo que también es cierto. ¿Para qué una NC entonces?

Hay una razón, práctica y simbólica a la vez. Ella nos dice que el estallido social debe ser finiquitado políticamente. Desde ese punto de vista la NC sería el acta que une a todos los sectores democráticos, la señal escrita de que Chile deja atrás un capítulo de su historia. No importa cuantos incisos deban ser modificados. Lo que importa es el signo simbólico de que la NC fue aprobada por un pueblo soberano y no por una detestable dictadura. En fin, que a través de la aprobación popular de la NC -aunque ella sea la misma que la anterior, coma más coma menos- los habitantes de Chile decidirán reconstituirse políticamente para intentar un “nuevo comienzo”.

La política posee una enorme carga simbólica. Quienes no entienden de símbolos jamás entenderán de política. Pero quien solo ve símbolos sin considerar los hechos de donde provienen, tampoco.

BOLIVIA: EL ESTALLIDO POLÍTICO

Evo Morales pensaba seguramente que la simbología que él representa era mucho más importante que los resultados de las elecciones del 20 de octubre de 2109.

Las elecciones parecían ser pan comido antes de que tuvieran lugar. El presidente era favorito en las encuestas. Su carta de presentación no podía ser mejor. Bolivia experimentaba, gracias a acertadas medidas de ajustes no ortodoxos, un fuerte crecimiento económico. El único peligro que enfrentaba Morales era no obtener la mayoría absoluta frente a una oposición que había acordado presentarse fragmentada. En ese caso debería tener lugar una segunda vuelta. Si, como ya estaba acordado, la oposición se unía en torno al opositor con más votos, la continuidad del evismo sería puesta en peligro. Y así sucedió. Fue entonces cuando Morales, siguiendo las patologías propias a los socialistas del siglo XXl -las que imaginan que todo está permitido en aras del poder, que la democracia es un medio y no un fin en sí, y que siempre les asistirá la razón histórica– decidió robarse los votos cometiendo un horrible fraude electoral. Con ese paso, Evo Morales por segunda vez, después de haber violado escandalosamente el resultado del plebiscito de 2016 que le impedía presentarse a elecciones por cuarta vez, pasó a ser un presidente inconstitucional.

¿Hubo o no golpe de estado? Digamos lo que digamos, si lo hubo o no lo hubo, no está determinado por textos politológicos sino por la intencionalidad de las fuerzas en contienda. Los evistas dirán que lo hubo porque la decisión final provino de los militares. Los no-evistas señalarán que la intervención militar fue consecuencia directa de una movilización popular de tres semanas frente al fraude perpetrado por Morales (golpe a la Constitución, lo llamaría Luis Almagro).

Mas importante será atenernos a los hechos. El fraude revelado por la consultoría de la OEA es indesmentible. El fraude es un delito criminal cometido por un gobierno a sus ciudadanos. La lucha en contra de los dos fraudes, el del desconocimiento del referéndum de 2016 y el de las elecciones de 2019 se enmarcan perfectamente en un contexto constitucional frente a un gobierno devenido inconstitucional.

La razón constitucional estaba al lado de la oposición y por eso mismo, al lado de ella también se encontraba la legitimación de la lucha. O si se prefiere: en Bolivia hay una conflagración entre dos tipos de legitimidad: la que proviene del carisma de un caudillo y la que se deduce de la constitución y las leyes. Esa conflagración continúa y seguramente continuará después de la caída de Morales. En cierto modo expresa en versión boliviana la principal contradicción latinoamericana: la de una pre- política basada en el seguimiento a un guía mesiánico y la política que se deduce del poder de una constitución situada arriba y no debajo de los líderes.

Al escribir estas líneas, Bolivia padece la crueldad de esa contradicción. Desde su asilo mexicano el megalómano ex presidente ha optado por el camino insurreccional. En la oposición a su vez debaten dos sectores: Por un lado, liderazgos extremistas intentan pacificar al movimiento evista con la fuerza de las armas, antes de llamar a elecciones. Por otro, los constitucionalistas que comanda el ex presidente Carlos Mesa, buscan dialogar con los sectores más políticos del MAS y llamar a elecciones con participación del mismo MAS. Evidentemente, el sector constitucionalista cuenta con el apoyo de la OEA y de la UE. La voz de los EE UU, en cambio, no cuenta. Afortunadamente.

Lo más importante: en Bolivia ha estallado un movimiento político más que social. Ese estallido fue posible gracias a que la oposición decidió participar en elecciones las que, después de la violación del referéndum eran, desde sus orígenes, ilegítimas. Un mensaje que resonaría como un latigazo en Venezuela, país que sufre con intensidad cada vez mayor, las consecuencias de una política abstencionista que la ha llevado al más profundo de los abismos.

EL NO-ESTALLIDO VENEZOLANO

En clave de síntesis: a pesar de sus enormes diferencias los estallidos andinos tienen tres puntos en común: Primero: surgieron de modo imprevisto. Segundo: carecen de ideologías y liderazgos. Tercero: el tema constitucional ha sido puesto en el centro de los debates. En Ecuador, donde Moreno prefirió ceder a gobernar de modo inconstitucional. En Chile, donde la multiplicidad de demandas cristalizará en un plebiscito por una nueva Constitución. En Bolivia, en defensa de la Constitución violada por el ilegal Morales.

Ahora bien, ninguno de esos puntos ha sido relevante en la lucha que libra la oposición venezolana en contra del régimen encabezado por Maduro. En referencia al primero, todos los caminos emprendidos por esa oposición han sido pre-anunciados – ahí se nota la marca del leopoldismo-. La última convocatoria de masas, la del 16-N, llamando a un “levantamiento” nacional, fue hecha con más de un mes de anticipación (¡!). El problema más grande es que esos llamados no solo carecen de imaginación sino, lo que es peor, de objetivos. Estos los perdió la oposición desde el momento en que fue descarrilada por Maduro con la ayuda del G4 de su única vía: la electoral.

En segundo lugar, el líder en lugar de conducir ha sido conducido por los partidos supuestamente mayoritarios de la coalición opositora. Por eso mismo Guaidó ha sido condenado por esa misma dirigencia a ser el chivo expiatorio de sus continuos fracasos. De hecho, ya lo es.

En tercer lugar, la oposición ha sido incapaz de imponer a sus movilizaciones un sello constitucional. En ese punto la dirigencia opositora se ha sometido al anti constitucionalismo impuesto por Maduro.

La oposición venezolana ya no tiene ruta. Los que fueran llamados sus cuatro puntos cardinales -electoral, constitucional, pacífica y democrática- ya no cuentan. Al renunciar a participar en las presidenciales del 20-M, la jefatura eliminó la que había sido gran carta de la oposición durante las candidaturas de Capriles: su constitucionalidad. Por eso Guaidó, al establecer la primacía del cese de la usurpación, es decir, la insurrección como condición para que tuvieran lugar elecciones libres, dio al traste con el principio constitucional. Un fin de la usurpación por vía no electoral no puede ser, en efecto, constitucional.

Más todavía, al comprobar la dirigencia opositora que para la insurrección anunciada no tenía ningún medio, aparte de llamar a infructuosas manifestaciones de calle, terminó pidiendo a los cuerpos armados intervenir en contra de Maduro. O a gobiernos extranjeros invadir a la propia nación. Eso significa: el líder, en representación del G4, optó por favorecer a vías violentas sobre las cuales no poseía el menor control. De este modo, embarcados en terrenos conspirativos más que políticos, la dirigencia del G4 terminaría cerrándose sobre sí misma, bloqueando toda posibilidad de discusión y descalificando a quienes no acataban su mandato (la mesita, los colaboracionistas) rompiendo así con la democracia interna que había regido durante los tiempos de la MUD.

La línea de la oposición, si es que tiene una, ya no es electoral, ni constitucional, ni pacífica ni democrática. La oposición ha llegado así a ser parte del problema, no de su solución. El extremismo se ha apoderado del contexto opositor. En cierto modo lo ha usurpado. El problema no es por tanto que la dirigencia haya cometido uno u otro error. El problema es que toda la estrategia diseñada desde enero del 2019 hasta ahora, ha sido un gran error.

Venezuela vive así un doble drama: un gobierno paradictatorial, anticonstitucional y antidemocrático y una oposición desconectada de la ciudadanía, descarrilada de su única vía posible. Todo parece indicar entonces que un estallido social y político en contra del régimen de Maduro no puede ser posible si es que no existe primero un estallido al interior de la propia oposición.

En el 2020 tendrán lugar las únicas elecciones posibles, las parlamentarias. Frente a ese evento ya se anuncian diferencias. Hay quienes ponen como condición un adelanto de las presidenciales sin tener con qué imponerlas. Después, los que aguardan un momento propicio para levantar candidaturas de última hora. Y por cierto, al final, quienes intentarán recuperar la ruta perdida, la que no se debió haber abandonado nunca, la de los cuatro puntos cardinales que llevaron al 6-D.

De cara a las parlamentarias la oposición se verá obligada a mostrar públicamente divisiones internas que apenas disimula. Quizás sea mejor así.

Pues los opositores bolivianos ya lo demostraron: Mas vale una oposición dividida participando que una oposición paralizada frente al altar antipolítico de la nada.

Polis

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 15 min


Marc Bassets

Thomas Piketty (Clichy, 1971) se consagró hace cinco años como uno de los economistas más influyentes de su generación. Su libro El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica) contribuyó a colocar las desigualdades de rentas y patrimonio en el centro del debate en Europa y Estados Unidos. Piketty, profesor en la Escuela de Economía de París, publica ahora Capital e ideología (Deusto). A lo largo de 1.200 páginas que cubren casi medio milenio y cuatro continentes, disecciona las ideologías que han justificado las desigualdades. Y fija el foco en la propiedad privada: la llave que todo lo explica.

PREGUNTA. Habla usted de “superar” el capitalismo y la propiedad privada. ¿Superar es un eufemismo? ¿Por qué no abolirlos, directamente?

RESPUESTA. Prefiero “superar”. Si dijésemos “abolir” o “suprimir”, sería meramente negativo. Superar permite mostrar que se trata de un proceso, y obliga a decir con qué sistema lo superaremos.

P. ¿El resultado, se “supere” o se “suprima” la propiedad, no es el mismo?

R. El buen resultado es el que funcione. Defiendo un sistema de socialismo participativo. También se puede hablar de economía participativa o circular. La idea es que necesitamos la participación de todos, no solo en la vida política, sino también en la económica. No puede haber una hiperconcentración del poder en un número reducido de personas. El poder debe circular. Y este movimiento está en marcha: el capitalismo hoy es diferente al del siglo XIX. El capitalismo puro consistiría en concentrar todo el poder en los propietarios y los accionistas, poder despedir a quien uno quiera y cuando quiera, o triplicar el alquiler al inquilino de la noche a la mañana. Un capitalista del siglo XIX vería como una herejía las reglamentaciones actuales para limitar los derechos de los propietarios.

P. ¿Las cosas mejoran?

R. Hay una evolución hacia una mayor igualdad. Las desigualdades, aunque hayan aumentado desde los años ochenta o noventa, son menores que hace un siglo. El mundo del siglo XIX, con una propiedad concentrada en unos pocos, no solo era injusto, sino que producía menos crecimiento que el que hubo en el siglo XX con la clara reducción de las desigualdades.

P. Este proceso hacia una mayor igualdad, ¿no es atribuible también a la propiedad privada y al capitalismo?

R. La cuestión es qué capitalismo. La lección de la historia es que la propiedad privada es útil para el desarrollo económico, pero únicamente si se equilibra con otros derechos: los de los asalariados, de los consumidores, de las diferentes partes. Yo digo sí a la propiedad privada, mientras se mantenga en lo razonable.

P. Podría explicarse la historia de Capital e ideología por medio de ideas como la libertad o la innovación. Usted opta por la propiedad. ¿Por qué?

R. El desarrollo de la propiedad privada es una transformación fundamental, con una dimensión emancipadora, ligada a la libertad, y a la vez una dimensión de alienación y de dominio. El paso de las sociedades que llamo trifuncionales del Antiguo Régimen, compuestas por los clérigos, los guerreros y el tercer Estado, a las sociedades de propietarios en el siglo XIX, tras la Revolución Francesa, representa un progreso. El problema es detenerse a medio camino: desarrollar la igualdad formal ante el derecho de la propiedad sin ir hacia la igualdad real, hacia la verdadera difusión de la propiedad. En el momento de la Revolución, no se hizo una gran reforma agraria en Francia. No se dio a los campesinos 10 hectáreas, ni se limitaron las propiedades individuales a 200 o 500 hectáreas. Otras sociedades lo hicieron. Cuando se ofrece a la gente la posibilidad de trabajar la tierra para sí mismos, se mejora la productividad. Lo mismo vale en general.

P. ¿En qué sentido?

R. La propiedad privada es un buen sistema para coordinar las acciones individuales y permitir a cada uno realizar sus proyectos, con una condición: que haya acceso a la propiedad. Y, en algunos casos, la sacralización del derecho de la propiedad convierte las relaciones sociales en algo brutal.

P. ¿Por ejemplo?

R. En los debates sobre la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, intelectuales liberales como Alexis de Tocqueville consideraban que había que compensar a los propietarios de esclavos, en vez de a los esclavos. Y recuerde que en 1825 Francia hizo pagar a Haití —la mayor concentración de esclavos del mundo atlántico y la primera revuelta de esclavos en 1791-1792— el 300% de su PIB, con intereses enormes, por el precio de su libertad, y Haití lo arrastró hasta los años cincuenta del siglo XX. Ahí se ve la contradicción de la filosofía de la propiedad. Tiene una dimensión emancipadora y otra que sacraliza el derecho de la propiedad hasta tal punto que perpetúa las viejas desigualdades, incluso bajo su forma más brutal, que es la propiedad de seres humanos por otros seres humanos.

P. ¿Puede compararse la propiedad de esclavos con la propiedad de bienes no humanos?

R. El argumento entonces era que, si empezamos a redistribuir las propiedades, no sabremos dónde parar. Hoy, aunque las formas de propiedad sean diferentes, existe el mismo temor. Pienso que es posible debatir colectivamente para limitar la propiedad. Muchas personas lo rechazan diciendo, como Tocqueville, que, si se empieza a poner más impuestos a las personas que tienen mil millones, después serán los que tienen un millón y los que tienen 100.000 euros. Pero la historia muestra que, por medio de la deliberación democrática, se pueden encontrar límites a lo que es una propiedad privada razonable y lo que es una propiedad privada excesiva.

P. Propone un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los más ricos. ¿Por qué el 90% y no expropiarlos?

R. El objetivo es hacer circular la propiedad, permitir que todo el mundo acceda a ella. El impuesto sobre la propiedad permitiría financiar una herencia para todos de 120.000 euros a los 25 años. Ahora la mitad de la población no posee patrimonio. Aunque uno tenga un buen diploma y un buen salario, puede que una parte importante del salario sirva para pagar toda la vida un alquiler a hijos de propietarios y carezca de medios para crear su propia empresa.

P. ¿Todos propietarios?

R. Quiero una sociedad en la que todo el mundo pueda tener algunos centenares de miles de euros, y en la que algunos que crean empresas y tienen éxito tengan unos millones de euros, quizá a veces unas decenas de millones de euros. Pero, francamente, tener varios centenares o miles de millones no creo que contribuya al interés general. Hoy tenemos muchos más ricos con mil millones o más en Estados Unidos que en los años sesenta, setenta u ochenta. La promesa de Ronald Reagan en los años ochenta era que se reducirían los impuestos para los empresarios y que, aunque esto crearía más desigualdades, no sería grave porque habría tanta innovación y crecimiento que los salarios e ingresos aumentarían como nunca. Lo que se observó fue que el crecimiento se dividió en dos.

P. En Europa no hubo revolución reaganiana, pero tampoco la innovación de Silicon Valley.

R. El problema es que esta innovación tampoco se traduce en un crecimiento de los ingresos. Lo que me interesa es el crecimiento y los salarios, y el crecimiento en Estados Unidos se redujo a la mitad. Hay dos razones. Reducir los impuestos a los más ricos y tener más milmillonarios no aporta nada al crecimiento. Pero la verdadera razón fue que se estancó la inversión en educación. El resultado es que hoy muchas personas van a la universidad sin los medios que necesitarían. La lección es que lo que llevará al crecimiento en el siglo XXI es, ante todo, la educación.

P. ¿Por qué los milmillonarios deben pagar un 90%? ¿Por qué esta cifra y no otra?

R. Un 90% a quien tenga 1.000 millones de euros significa que le quedarán 100 millones de euros. Con 100 millones todavía uno puede tener un cierto número de proyectos en la vida. El objetivo es regresar a un nivel de concentración de la fortuna que era más o menos el de los años sesenta, setenta u ochenta en Estados Unidos y en Europa. Mi enfoque es empírico. Lo que queremos evitar es la sedimentación. Mark Zuckerberg tuvo una buena idea a los 25 años. Pero, ¿esto justifica que a los 50 o 70 años continúe decidiéndolo todo sobre una red social mundial?

P. Si no se hace nada ante el aumento de las desigualdades, ¿qué ocurrirá?

R. El riesgo es una explosión de la Unión Europea, otros Brexit. O bien una toma del control por parte de movimientos xenófobos. Puesto que no logramos regular el capitalismo, hacer pagar impuestos a los más ricos y tener una economía más justa, nos desatamos golpeando a los pobres de origen extranjero. Lo hemos visto en la historia europea, o de Estados Unidos con la segregación racial. Mejor no probarlo.

P. ¿Usted es propietario?

R. Sí. Pero el presidente Emmanuel Macron decidió exonerarme del impuesto sobre la fortuna [en Francia, el impuesto de solidaridad sobre la fortuna o ISF se suprimió en 2017 y se sustituyó por el impuesto de solidaridad sobre la fortuna inmobiliaria o ISI, que no se aplica al patrimonio financiero].

P. ¿Le habría gustado pagarlo?

R. Sí. Cuando uno escribe un libro como El capital en el siglo XXI, del que se venden 2,5 millones de ejemplares, no significa que sea mil veces mejor que aquellos de los que se venden 2.500 ejemplares. En parte es la suerte. Y me beneficié de las ideas de colegas y del sistema educativo francés. Es una ilustración perfecta de que las rentas y la propiedad siempre tienen orígenes sociales. No lo inventamos todo nosotros solos. Desde el momento en que uno obtiene altos ingresos, se ha beneficiado de muchas otras personas. Mi experiencia ha confirmado mis convicciones.

24 de noviembre 2017

El País

https://elpais.com/elpais/2019/11/22/ideas/1574426613_189002.html

 7 min


Adolfo P. Salgueiro

Seamos realistas. La movilización del pasado sábado 16 de noviembre habiendo sido importante distó bastante de ser la megamarcha que los organizadores habrían tenido en mente. Con millón y medio de personas en la calle como el 11 de abril de 2002 la posibilidad de ejercer presión determinante es mucho mas alta que con la concurrencia lograda en esta ocasión. Razones y explicaciones sobran: cansancio de la gente, desmotivación, desunión entre los convocantes, justificados temores de la gente ante las reiteradas y brutales represiones escenificadas en otras marchas y , no olvidarse, mas de cinco millones de emigrados de los cuales una sustancial mayoría hubiera engrosado las filas de quienes tienen una y mil razones para protestar.

Poco sirvió la reiterada y oportuna invocación para emular la gesta boliviana que tuvo lugar apenas días antes. El lamentable espectáculo de las agendas personales, el egoísmo político, la traición protagonizada por fracciones políticas de escasísima representación que se prestan para servir de comparsa a un régimen cuya estrategia es la mentira desenfadada y constante cobraron su precio.

Tampoco acompañamos a aquellos que desde diversos escenarios –preferiblemente el teclado- se niegan a marchar y sólo promueven soluciones de tipo final y definitivo cuando carecen de la fuerza y apoyo suficientes para obtener sus propósito por mas loables y compartidos que sean.

Apoyamos –por ahora- al presidente Guaidó en cuya buena fe confiamos y cuyo arrojo personal admiramos. Guste o no, Guaidó es la figura política con mayor aceptación popular en todas las encuestas de opinión que se adelantan. Apoyamos y admiramos el sacrificio humano de muchos otros –en su mayoría jóvenes- que desde la cárcel o el exilio sostienen la lucha con denodado esfuerzo.

Sin embargo la evolución de las condiciones nacionales se expresa hoy día en un escenario que no es el mismo del 2002 ni el de la revuelta estudiantil del 2008 o las sangrientas movilizaciones del 2016 y 2017 lo cual nos arroja la enseñanza de que con las mismas estrategias no se obtendrán diferentes resultados. Quien esto escribe no es un estratega político como para recomendar el camino a seguir pero sí es un ya veterano observador y estudioso de los acontecimientos que concluye que debe haber un cambio de estrategia y eventualmente de táctica siendo totalmente evidente que lo primero que hay que hacer es ampliar el panorama del activismo reduciéndoselo a los partidos políticos y transfiriéndoselo a la sociedad civil definida en los mas amplios términos.

Para facilitar esa transferencia se precisa que los tradicionales actores del poder político den mas margen de maniobra a Guaidó liberándolo de la camisa de fuerza que le tienen calzada los partidos que dominan en la Asamblea Nacional. Se precisa también que la “generación de relevo” que es la que viene aportando los muertos, los torturados y los presos tenga la amplitud necesaria para entender que ellos son los conductores naturales del proceso de transición, no los dueños del mismo. Se reconoce el sacrificio y el coraje pero se nota la falta de experiencia.

En la hora mas dramática de la Alemania nazi vencida en el campo de batalla tras la II Guerra Mundial fue Konrad Adenauer, con mas de setenta años de edad ,quien dio inicio al milagro alemán de la recuperación económica y política o Alcide de Gasperi y Robert Schuman quienes con casi setenta condujeron a la recuperación de Italia y Francia sumidas en la destrucción y el caos. Pareciera que las canas -para políticos, científicos, profesionales, empresarios, etc. son un pasivo insalvable siquiera para ofrecer sin interés subalterno, a los que deciden , la experiencia acumulada en bastantes luchas no todas invariablemente exitosas pero sí aleccionadoras.

A quienes aun sueñan con una intervención militar extranjera ya sea por la via del TIAR, el 187.11 o cualquier otro esquema favor quítense eso de la cabeza. Trump está en su campaña por la reelección, Duque está sumamente debilitado, Bolsonaro se ha enredado en sus inagotables disputas internas, Macri está de salida, Piñera está super enredado y hasta Superman se ha jubilado. Se pide a los que saben que inventen algo que incluya tal vez alguna de las estrategias ya ensayadas pero que incorpore innovaciones cuya elucubración y organización sea el resultado del esfuerzo e ingenio colectivo. Vea usted a Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania quien a sus cuarenta y un años de edad pasó de ser un cómico de la televisión que parodiaba al presidente de su país a ser él mismo el actual y hasta ahora respetado jefe del Estado jugando papel central en las relaciones Este-Oeste.

https://www.elnacional.com/opinion/16n-balance-e-interpretacion/

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Ángel Monagas

Muy probablemente suele decir un amigo, hay que despedir a los asesores de la MUD y G4, a todo ese aparataje de “coach”, comunicólogos, voceros, técnicos, expertos, consultores. Su única excusa por haber fallado, sería decir que no cumplen lo recomendado.

Sarcásticamente podríamos pedir entonces contratar a los que utiliza la dictadura. El problema es que la naturaleza del asunto no es tan simple, como sacar a unos y meter a otros. Seguramente el problema no es de asesoría sino de atención.

La salida de la crisis del país pasa por varios escenarios.

El tema de la implosión social es una de la cuatro (4) vías probables que tendríamos para salir de Maduro.

La que nosotros aspiramos sustituir por la de la rebeldía de todo un pueblo liderado por una unidad de todos los factores de la oposición, donde más allá de Guaidó que pudiera o no seguir liderando, deben estar muchas personas y líderes nacionales, hasta ahora desconocidos por los partidos Voluntad Popular, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia.

"Guaidó debe liberarse de las ataduras partidistas, colocándose la chaqueta de Venezuela."

EL régimen al ver está unidad, con un solo plan, sin agendas de grupos o individuales, recuperaríamos y sumaríamos más confianza en el mundo y eso obligará al régimen a negociar en términos aceptables para la opinión pública.

Si los “Malandros” no se ven acorralados, seguirán siendo un obstáculo para el cese de la usurpación. Ellos prefieren “disparar” que rendirse.

Solo cuando se ven caídos, es que pueden rendirse para el cese de usurpación, permitir un gobierno de transición y luego elecciones libre.

Pablo Escobar prefirió “matarse” con el ejército colombiano y seguramente en este gobierno algunos como Ghadafi, hasta su último suspiro morirán batallando. Esperemos que aquí la “sangre no llegue al río” y al verse acorralados los líderes de régimen negocien para irse.

Hasta ahora la oposición histórica con Guaidó al frente no lo ha podido hacer. Entre sus errores (quiero creer cometidos sin dolo) y la ausencia del resto de los otros factores de la oposición, luce difícil.

"Si Guaidó y el G4 permiten reinventar a la oposición, se lograría una verdadera unidad e incluso, Guaidó recuperaría su liderazgo y poder de convocatoria, cada vez más deslucido."

Realidad

Todos alguna vez y en repetidas ocasiones nos sentimos cansados, agotados, desanimados, lloramos, suspiramos, sufrimos al ver las necesidades, las injusticias. Llegamos a la misma conclusión.

De inmediato recuerdo todos los momentos cuando celebramos hechos, que supuestamente iban a terminar este sistema criminal. Por ejemplo, la elección de Guaidó como Presidente de la AN y su posterior asunción del poder ante la usurpación de Nicolás. La mayoría del pueblo venezolano se alegró. “Ahora sí” decían muchos. Más recientemente lo de la aprobación del TIAR, el diálogo de Noruega, la marcha del 16N y pare usted de contar.

El círculo de beneficiados, cada vez que Pence u otro funcionario de Trump declara, inundan a través de sus medios, portales y voceros, como respuesta.

La revelación del audio de dos funcionarios colombianos en Estados Unidos, ha corroborado todas y cada una de nuestras afirmaciones. Vale resaltar “Maduro está incomodo pero tranquilo”. Yo le agregaría “Guaidó está tranquilo pero muy incómodo”. Hoy dice sin retorno, mañana “el 17, 18…”, y los hechos lo llevan a un callejón sin salida.

¿Cuántas veces repiten “Guaidó es el hombre de confianza de los Estados Unidos”? Díganle eso al que asiste a un hospital, hace una cola de gasolina por varios días sin lograr aprovisionarse de combustible, pasa varias horas sin electricidad, sin agua, y un sinfín de problemas más.

¿Por qué ya no usan el “vamos bien”?

Por lo general después de esas explosiones de felicidad, al corroborar la triste realidad que con el tiempo no cambia, nos sacude una gran depresión. Una contribución en ello, han tenido algunas vedettes comunicacionales; Periodistas que desde el exterior y otros desde la propia Venezuela, ensalzando sobremanera los presuntos logros y avances. Han renunciado a ser periodistas y se han dedicado más bien a ser voceros.

Recuerdo una, sin nombrarla, esposa de otro periodista, que empezó siendo dura crítica y ahora es más “guaidosista” que la propia Fabiana.

"Es triste ver ejemplos de algunas figuras generacionales, que no reflejan los principios y valores de una juventud dispuesta a asumir el poder, por vías legítimas sino a través de los mismos vicios del pasado."

Muchos tuvieron que huir del país o refugiarse en embajadas, bajo la máscara de una presunta persecución.

¿Cuántos se retrataron con Gorrín, hoy uno de los más buscados por el gobierno de Estados Unidos?

Aquí nos conocemos todos y sabemos de qué diputados respondían a las líneas de los “bolichicos” y cuáles eran aquellos que a través de la extorsión, a empresarios y comerciantes, hicieron muchos “negocios”. Algún día se sabrán las verdades.

Por ejemplo, el caso de Luis Aquiles Moreno, lazarillo del “líder histórico” o “histérico” de AD. Su papel fue “fundamental” en la escogencia de los candidatos a diputados estuvo al frente de la comisión designada. Igual lo vemos en la Negociación, en la elección del CNE. Primero Justicia tenía a “Españita” hasta que les dejo la “peluca” y se fue con Timoteo. Ni hablar de Millan también de AD, o de Stalin Gonzalez de UNT.

El destino no espera, es inflexible y termina por alcanzarte.

Guaidó, él solito, se puso la soga al cuello: Antes del 2020, sacará a Maduro, aseguró.

De algo si estoy seguro. Uno de los dos se va con este año.

https://talcualdigital.com/guaido-o-maduro-uno-de-los-dos-se-va-con-este...

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Carolina Gómez-Ávila

Datos duros1: En octubre se registraron 1739 protestas en todo el país, lo que promedia casi 58 diarias. El 90% de ellas por reclamos laborales, servicios públicos, educación, salud y alimentos. Sólo el 10% fue por derechos civiles y políticos (las hubo opositoras y oficialistas) y por justicia y seguridad.

La interpretación más generalizada es que estas cifras confirman el gigantesco rechazo a Maduro, pero me parece una conclusión precipitada porque no se pormenorizan las exigencias ni el destinatario de cada protesta.

Protestar ante la empresa responsable del suministro de electricidad o agua potable para pedir que se modifiquen los horarios de racionamiento, no es lo mismo que protestar ante el déspota para reclamarle que se robaron todos los recursos que se debieron invertir en la modernización de los sistemas de generación y distribución y que, por el latrocinio y la incompetencia, se le exige abandonar el poder.

"En el primer caso el manifestante se somete, pide piedad; en el segundo, se rebela porque sabe que nada cambiará mientras no cambie el aparato de gobierno."

Protestar ante un organismo público pidiendo aumento de sueldo u otras reivindicaciones laborales, no es lo mismo que espetarle 20 años de catastróficas políticas públicas para repartir una riqueza que no generó jamás y que -habiendo agotado la heredada- ahora solo distribuye hambre, por lo que se le exige que abandone el poder.

En el primer caso el manifestante se somete, pide piedad; en el segundo, se rebela porque sabe que nada cambiará mientras no cambie el aparato de gobierno.

Protestar porque no encuentra sus medicinas o lo hace a un precio que no puede pagar, no es lo mismo que condenar a quien tomó las decisiones que dieron al traste con la atención médica y farmacéutica de calidad que tuvimos, haciendo pender nuestras vidas de un hilo.

En el primer caso el manifestante se somete, pide piedad; en el segundo, se rebela porque sabe que nada cambiará mientras no cambie el aparato de gobierno.

No, no es lo mismo protestar por un sistema que destruyó la educación de calidad y conminar al usurpador a abandonar el poder, que pedirle un poco de alivio para este o aquel sufrimiento. Ni es lo mismo exigir su renuncia porque destruyó el agro que pedirle algo de comida para poder conciliar el sueño. Esta es la diferencia entre someterse y rebelarse, entre conformarse con sobrevivir y reclamar el derecho a vivir en libertad.

1739 protestas de octubre equivocadas. Un enorme esfuerzo malbaratado, perdido porque no se enfocó en el cambio real. 1739 protestas de venezolanos que -no sé si se dan cuenta- lucen dispuestos a conformarse con el alivio caprichoso que les pueda ofrecer quien los esclaviza.

Sigo esperando que las protestas desistan de reivindicaciones puntuales, que se olviden de requerimientos parciales que supongan la permanencia en el poder de quien nos ciñó este yugo.

Espero las protestas que exijan lo único que representa una solución real: ¡un cambio de Gobierno por otro de distinto signo! Uno que emprenda la larga y dolorosa reparación de las políticas de destrucción que nos trajeron a esta miseria.

[1] Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, Conflictividad social en Venezuela en octubre de 2019.

https://talcualdigital.com/la-protesta-equivocada-por-carolina-gomez-avila/

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Edgar Benarroch

Lo recién ocurrido en Bolivia habla en voz alta e inteligible al mundo, muy especial a Latinoamérica y de manera particular a nosotros, los venezolanos.

El Sr. Evo Morales pretendió eternizarse en el poder y para ello se valió de argucias, trampas y componendas con la complicidad del Tribunal Constitucional de aquel país. El Sr. Morales perdió el referéndum consultivo sobre su reelección presidencial y en contubernio con la máxima autoridad judicial desconoció la voluntad popular y se propuso para continuar en el poder y como si fuera poco montó un aparato para construir un fraude que lo presentara como ganador de las elecciones, todo en contubernio con la autoridad electoral. El pueblo boliviano y los organismos internacionales que observaron y analizaron el proceso se percataron del inmenso fraude y desconocimiento de la voluntad popular y así lo proclamaron a todo pulmón. Le solicitaron a Morales su inmediata renuncia y nuevas elecciones. Al principio se negó, pero el pueblo masiva y decididamente en la calle y sin retorno logró que el artífice del fraude abandonara la Presidencia mal habida y el país. Hoy el Sr. Morales se encuentra en México exilado. Evo Morales no sólo afectó negativamente fundamentales valores democráticos y creó un ambiente político impropio, sino también al parecer y según declaraciones televisadas del Diácono Jorge Sonnante, su comportamiento fue inmoral y deshonesto. Afirmó el Diácono, que nos merece respeto y credibilidad, que el indio líder obrero tiene cuentas bancarias a su nombre en Europa por varios centenares de millones de Euros, suministró el religioso número de las cuentas y entidades bancarias. A los integrantes del organismo electoral se les ha abierto un juicio por desconocimiento y desacato de la voluntad de los bolivianos y alianza para delinquir.

El Sr.Morales como todo izquierdista extremo declaró que le habían propinado un golpe de estado , descalificando la rotunda y firme decisión del pueblo. Afortunadamente los cuadros armados de aquel país ante el grotesco fraude imposible de esconder, se colocaron a favor de la opinión ciudadana y coadyuvaron en la retirada y huida del inconveniente. Hoy está encargada de la Presidencia de Bolivia de manera transitoria una Senadora, con el compromiso de a la mayor brevedad y cuando las condiciones lo aconsejen, llamar al pueblo a una nueva consulta electoral para seleccionar un nuevo Presidente que se aspira y aspiramos reconstruya la democracia, la libertad y el imperio de la ley seriamente maltratados.

Estos extremistas cuando ganan es bueno pero cuando pierden o la voluntad popular los saca recurren al viejo y manido argumento del golpe de estado, en abierta burla a la voluntad ciudadana.

La experiencia que tenemos en Latinoamérica y en especial en nuestro país es que la reelección presidencial no es buena, nos ha traído más inconvenientes que bienestar, además es esencia y naturaleza de la democracia la alternabilidad y de ella tienen que tener conciencia los gobernantes salientes y lejos de pretender continuar en el poder deben ser promotores y auspiciadores de las nuevas generaciones.

Bolivia habló y habló con fortaleza y contundencia, se fue a la calle y no la abandonó hasta alcanzar su propósito. Los bolivianos sabían que asistían a un proceso en desventaja, sabían que iban a enfrentar la trampa pero resolvieron ir a votar y votaron, con la convicción que el voto es la más adecuada y mejor arma para poner y quitar gobernantes, en ningún momento pensaron en la abstención que es dejar el campo solo al infractor, es perder sin presentarse en el ring dejando solo al contenedor y la pelea es peleando. Nadie debe ni puede afirmar con propiedad que fulano de tal es un farsante por mera presunción, necesario es que se produzca el hecho. Si al régimen usurpador que tenemos se le ocurre tomar el atajo de desconocer la voluntad popular que la tiene en un 90% en contra, quedará al descubierto más aún y no habrá persona sensata civil o uniformada que desconozca la farsa, además que nos autorizaría acciones de calle concretas para restablecer la justicia. Ello es posible solamente participando con valentía y coraje en las consultas electorales que se avecinan. El comportamiento del régimen determinará el nuestro.

El extraordinario mensaje que nos transmite el pueblo boliviano es cumplir con entusiasmo con el irrenunciable deber de votar en cualquier momento y circunstancia, mientras más difícil y áspera sea la situación es más necesario el sufragio que es el civilizado instrumento para expresarnos en torno a nuestro presente y futuro y decidir en manos de quienes colocamos la administración del país.

Escuchemos la palabra boliviana y sigamos su maravilloso ejemplo, a la calle sin retorno hasta lograr lo que deseamos. Por supuesto todo debe ser en UNIDAD que es el camino que nos conduce a la victoria y garantiza la reconstrucción nacional.

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