Las dictaduras no negocian, imponen
Editorial
Una característica común de los regímenes autoritarios es su aversión a la negociación genuina. Cuando se sientan a conversar, con frecuencia lo hacen para ganar tiempo, dividir a sus adversarios o aliviar presiones, no para compartir el poder ni facilitar una transición.
La experiencia venezolana parece confirmar esa realidad. A lo largo de los años se han producido numerosas rondas de diálogo cuyos resultados concretos han sido escasos, mientras el objetivo fundamental del poder ha seguido siendo su permanencia.