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Opinión

Moisés Naím

Cada día, 1.500 millones de niños y jóvenes en todo el mundo acuden a edificios que se llaman escuelas o colegios. Y allí pasan largas horas en salones donde algunos adultos tratan de enseñarles a leer, a escribir, matemáticas, ciencias y más. Esto cuesta el 5% de todo lo que produce la economía mundial en un año.

Una gran parte de este dinero se pierde. Y un costo aún mayor es el tiempo que desperdician esos 1.500 millones de estudiantes que aprenden poco o nada que les vaya a ser útil para moverse eficazmente en el mundo de hoy. Los esfuerzos que hace la humanidad para educar a sus niños y jóvenes son titánicos y sus resultados son patéticos.

En Kenia, Tanzania y Uganda, el 75% de los alumnos de tercer grado no sabe leer una frase tan sencilla como: “El perro se llama Fido”. En la India rural, el 50% de los alumnos de quinto grado no puede restar números de dos dígitos, como 46-17, por ejemplo. Brasil ha logrado mejorar las habilidades de los estudiantes de 15 años, pero al actual ritmo de avance les llevará 75 años alcanzar la puntuación promedio en matemáticas de los alumnos de los países ricos; en lectura, les llevará más de 260 años.

Estos y muchos otros datos igual de desalentadores están en el Informe sobre el Desarrollo Mundial del Banco Mundial. El mensaje central del informe es que escolarización no es lo mismo que aprendizaje. En otras palabras, ir al colegio o a la escuela secundaria, y hasta obtener un diploma, no quiere decir que ese estudiante haya aprendido mucho.

La buena noticia es que los progresos en escolarización han sido enormes. Entre 1950 y 2010, el número de años de escolaridad completados por un adulto promedio en los países de menores ingresos se triplicó. En 2008, esos países estaban incorporando a sus niños a la educación primaria a la misma velocidad que lo hacían las naciones de mayores ingresos. Claramente, el problema ya no es la falta de escolaridad. No se trata de que niños y adolescentes no puedan ir a la escuela, el problema es que, una vez llegados allí, no aprenden. Más que una crisis de educación, lo que hay es una crisis de aprendizaje.

El Banco Mundial enfatiza otros dos mensajes: uno es que la escolarización sin aprendizaje no es solo una oportunidad perdida, sino también una gran injusticia. Los más pobres son quienes más sufren las consecuencias de la baja eficacia del sistema educativo. En Uruguay, por ejemplo, los niños de sexto grado con menores niveles de ingresos fracasan en matemáticas cinco veces más que quienes provienen de hogares más ricos.

Lo mismo sucede con las naciones. El estudiante promedio más pobre tiene un peor desempeño en matemáticas y lenguaje que el 95% de los estudiantes en los países ricos. Todo esto se convierte en una diabólica maquinaria que perpetúa y aumenta la desigualdad, la cual, a su vez, es un fértil caldo de cultivo para conflictos de toda índole.

Las razones para esta bancarrota educacional son múltiples, complejas y aún no plenamente entendidas. Van desde el hecho de que muchos de los maestros y profesores son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos, hasta que los alumnos sufren de malnutrición o que no tienen libros y cuadernos. En muchos países, como México o Egipto, por ejemplo, los sindicatos de trabajadores educativos son formidables obstáculos al cambio y, con frecuencia, la corrupción en el sector es alta. Partes importantes de los sustanciales presupuestos para la educación no benefician a los estudiantes sino a los burócratas que controlan el sistema.

¿Qué hacer? Lo primero es medir. Por razones políticas, muchos países se resisten a evaluar de manera transparente a sus estudiantes y profesores. Y si no se sabe qué estrategias educativas funcionan y cuáles no, es imposible ir mejorando la puntería. Lo segundo es comenzar a darle más peso a la calidad de la educación. Si bien es políticamente atractivo anunciar que un alto porcentaje de los jóvenes de un país van al colegio, eso de nada sirve si la gran mayoría de ellos aprende poco. Tercero: empezar más temprano. Cuanto más mejore la educación a edades tempranas, más capaces de aprender serán los estudiantes de primaria y secundaria. Cuarto: usar la tecnología de manera selectiva y no como una solución mágica. No lo es.

Quizás el mensaje más importante es que los países de menores ingresos no están condenados a que sus jóvenes no aprendan. Corea del Sur era en 1950 un país devastado por la guerra y con altos índices de analfabetismo. Pero en solo 25 años logró crear un sistema educativo que produce algunos de los mejores estudiantes del mundo. Entre 1955 y 1975 Vietnam también sufrió un terrible conflicto. Hoy sus estudiantes de 15 años tienen el mismo rendimiento académico que los de Alemania. Sí se puede.

@moisesnaim

El País

18 Feb 2018

https://elpais.com/elpais/2018/02/17/opinion/1518885620_434917.html

 4 min


El título de este artículo lo tomo del libro “Usurpación Constituyente (1999,2017), de Allan R. Brewer-Carías, de lectura obligatoria para quienes deseen conocer parte de los orígenes de nuestros males. El destacado jurista sostiene que “El mal manejo del petróleo, después de hacer depender absolutamente todo el país del mismo, será en definitiva, por la hambruna, lo que ocasionará el desenlace. Y eso será lo que producirá más temprano que tarde el colapso del régimen”.

El conocido profesor afirma que “tenemos un gobierno asambleario y tumultuario, que actúa sin Constitución, conducido por un reducido grupo de asaltantes del poder, sin control alguno, configurándose como el reino de la arbitrariedad”.

¿Cómo llegamos a esta situación? Pensamos que quizá el sistema bipartidista se terminó de desprestigiar a finales de los ochenta, bajo la presidencia de Lusinchi. Según Brewer, el detonante de esta situación ocurrió en 1993, cuando Acción Democrática defenestró a Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera descuartizó a Copei. La Asamblea Constituyente de 1999 “sirvió de vehículo para permitir el asalto al poder por parte de la logia militar que había dado el fracasado golpe de Estado de 1992, cuyos miembros se apoderaron de todas las instancias del poder para implantar un modelo de Estado totalitario y cleptocrático”. La Asamblea Constituyente del 2017 “terminó de destruir los últimos vestigios que podían aún existir del nunca estructurado Estado democrático ….quizá con el objeto de estructurar otro Estado siguiendo el modelo arcaico soviético y cubano”.

Para Brewer-Carías, el régimen está en estado de “apoptosis”, es decir que se está autodestruyendo, tal y como hace un organismo multicelular para desprenderse de células dañadas. Al respecto señala seis factores: 1-. El aislamiento internacional del régimen. 2-El fracaso de querer implantar una doctrina bolivariana. 3- La destrucción masiva de la institucionalidad democrática. 4- Las violaciones a los derechos humanos. 5- El fracaso económico y social de la gestión de gobierno y 6- El fracaso en el desarrollo de la industria petrolera.

En este artículo nos referiremos al último punto. Nadie debe dudar de la destrucción de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y sus filiales. En los primeros años del totalitarismo esta empresa siguió funcionando por la inercia natural de una actividad que fue bien manejada desde sus inicios. Poco a poco fueron surgiendo los resultados del despido masivo de casi 23.000 trabajadores, los cuales tenían un promedio de quince años de experiencia. Por el deseo de poner a la empresa al servicio del partido de gobierno, fueron despedidos el 67% de la nómina ejecutiva, 67% de la mayor, 29% de la menor y 27% de la nómina diaria, perdiéndose una inversión de 21 millones de horas-hombre de adiestramiento, con un costo de unos dos mil doscientos millones de dólares. A esto hay que sumar que los nuevos directores y gerentes fueron designados por su afinidad política al gobierno, quienes descuidaron el mantenimiento, no realizaron las inversiones para sostener y aumentar la producción, y eliminaron el centro de adiestramiento. Por si fuera poco, la corrupción se adueñó de la empresa.

Las cifras que suministra Venezuela a la OPEP y las que esta estima evidencian la caída de la producción. Las reseñas de la prensa ponen de relieve los accidentes en las refinerías y las paradas no programadas de las mismas. Así mismo, es relevante las renuncias masivas de trabajadores por falta de seguridad en el trabajo y deplorables condiciones socioeconómicas.

Ya los mismos rojos denuncian el deterioro de la empresa y la corrupción. El expresidente Rafael Ramírez semanalmente señala que las directivas que le sucedieron manejaron muy mal la empresa. Por su parte la espernible ministra Iris Varela lo acusa de “volver mierda” a la empresa. El expresidente Del Pino reconoció que “descuidamos el mantenimiento para favorecer los programas sociales”. El embustero Maduro dice que “desde el inicio de este año la producción aumentó en 250.000 barriles por día, cifra que dista de lo que informó el ministerio de Energía y Petróleo a la OPEP y lo que esta estima. Para completar el panorama, el usurpador Tarek Saab ha imputado por corrupción a unos 70 gerentes, inclusive a dos expresidentes de Pdvsa. A Rafael Ramírez, con el cual no tengo relación familiar como declaró la posesa Iris, lo tienen en caldo de ñame.

Coincidimos con Brewer-Carías en que el fin del régimen está cerca y en la vital importancia del petróleo en la economía venezolana. Quizá no será posible recuperar a Pdvsa y, en el mejor de los casos, quedará reducida a su mínima expresión. Sin embargo, la industria de los hidrocarburos tendrá que volver a florecer. La tecnología y la inversión se podrán conseguir sin mayores dificultades, pero el recurso humano será limitante. Desde luego el Estado tendrá que disminuir su participación debido a que los rojos lo tienen en la carraplana.

Como (había) en botica:

Más grave que el deterioro de la industria petrolera es la situación de nuestras universidades por la falta de recursos económicos y porque se están quedando sin profesores. También preocupa la cantidad de médicos que están emigrando. Padrino López tolera el maltrato a sus compañeros de armas, entre ellos a los generales Vivas y Baduel.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


La crisis prolongada y severa de las instituciones, expresión de la tragedia venezolana de los últimos tiempos, toma cuerpo en un sistema de justicia penal, en franca regresión al más descarnado proceso inquisitivo, sin garantías, marginado y sometido al poder de quien recibe instrucciones y las sigue al pie de la letra.

Se encuentra en juego el bien más preciado después de la vida, en un orden democrático: la libertad. Sencillamente, en este pobre ex país, podemos ir a prisión, sin conocer lo que se nos imputa, con actas policiales sin firmas, sin órdenes del juez y sin haber sido sorprendidos en un hecho con características de un delito grave de manifiesta comisión o flagrancia que imponga la privación de libertad como medida excepcional e imprescindible para garantizar la sujeción a un proceso.

Nadie puede ser molestado por sus opiniones, hay libertad de expresión consagrada en la Constitución y solo son delitos los hechos expresamente previstos en la ley. Pero nada de esto vale ante la orden superior que debe ser “obedecida ciegamente o a toda costa”.

El aparato de la “injusticia penal” es de extrema eficacia para un régimen intolerable ante la crítica. Los únicos que pueden expresar su pensamiento, arengar al pueblo y anatematizar a sus enemigos reales o virtuales son los representantes de la línea oficial que no admite disidencia.

Los tipos penales de expresión que sobreviven amenazando la protesta pacífica y legítima erigida en traición a la patria, las declaraciones políticas convertidas en rebelión o las ofensas a los funcionarios –delitos de desacato–, pero no así las ofensas de los funcionarios a los ciudadanos, que se encontrarían justificadas, son parte de la normativa real que efectivamente se aplica al amparo de la revolución.

Por su parte, el proceso penal, instrumento para la aplicación de las disposiciones que consagran delitos y penas, tiene sus caminos verdes por los cuales discurre según instrucciones superiores; se desestiman las denuncias contra los altos funcionarios comprometidos con el gobierno; se inician procesos con declaraciones de “patriotas cooperantes” contra los disidentes; las audiencias se presentan con la incidencia de una “llamada” que orienta y decide; la prisión preventiva es la pena cuando la investigación carece de todo fundamento fáctico y jurídico; y el diferimiento de las audiencias llena el vacío de un verdadero proceso que demanda un juez imparcial y la igualdad entre las partes.

Urge el rescate de la justicia penal; es necesario que las víctimas de homicidios, secuestros y atropellos a sus derechos encuentren respuesta a su clamor por la verdad en un juicio público y una sentencia oportuna; resulta imprescindible que la sociedad vea que, en definitiva, un auténtico árbitro dicte una sentencia acatada por todos y absuelva al acusado o lo condene a una pena que efectivamente se cumpla; y, por supuesto los órganos de administración de la justicia penal –fiscalía, tribunales y prisiones– deben abandonar la encomienda que nunca debieron asumir de ser los protagonistas y ejecutores de una persecución política encubierta bajo la apariencia de legalidad.

Sin duda, es un compromiso impostergable la lucha por una verdadera justicia penal.

19 de febrero de 2018

aas@arteagasanchez.com

@ArteagaSanchez

 2 min


Carlota Salazar Calderón

ABC de la política

Recibí un alarido angustioso de mí gran amigo José Gregorio Delgado, con este comunicado: “La sociedad venezolana vive, hoy, un estado de desastre próximo al colapso. Todas las dimensiones que constituyen su estructura global, experimentan profundos procesos sistémicos de desintegración.

Este desastre es el efecto inevitable del proyecto deliberado de implantación de un modelo totalitario, dictatorial, de destrucción nacional, encabezado por Nicolás Maduro y sus círculos de poder. Este proyecto y este modelo, como ha sido señalado por la Iglesia Católica, las academias, la universidades nacionales, instituciones de la sociedad civil y esclarecidas individualidades, ha causado (causa y causará si no se detiene) profundos daños antropológicos, en muchos casos irreversibles, que afectan la esencia de la parte del género humano que habita, desde hace siglos, el territorio venezolano y amenaza con la disolución de nuestra colectividad.

Existe solo una posibilidad pacífica para detener este proyecto inhumano: la reunificación nacional con el propósito de detener y desplazar del poder a la cúpula que lo impulsa y dirige. La actividad de reunificación de la nación debería comenzar por el ejercicio de una voluntad política que se plantee, de inmediato, un diálogo interno entre los factores políticos que adversan el proceso de destrucción y que debe permitir la formulación de una estrategia de acción conjunta de los factores democráticos.

Este diálogo debe abarcar a todos los ámbitos sociales y no debe ser postergado. Debe comenzar ya”. La gente dice: si no se unen no llegan a ninguna parte. Cada uno con sus razones, todas válidas: abstencionistas, institucionales, intervencionistas…pero lo importante es la UNIDAD.

La sociedad venezolana debe dar un paso adelante en este sentido, basta ver cómo a los pacientes de diálisis protestan les lanzan bombas lacrimógenas, los disuelven y no hacemos nada; saber que familiares mueren por falta de medicinas y no hacemos nada; ver, ya no son fotos, ver a la gente comer de la basura y no hacemos nada. La mayoría no está de acuerdo con esas sentencias de muerte progresivas, pero se conforman con un carnet, mentiras, espejismos, frases hechas, confrontación…pero ¿cómo no conformarse? Si no hay una propuesta alternativa ¿Por qué y para qué luchar? necesitamos un motivo para votar, protestar, para arriesgarnos… pero todos. Darle sentido y contenido a la lucha. Nadie va a arriesgar su vida por nadie, menos por Borges, Capriles, López…olvídenlo, dan su vida por su familia, por su futuro, por un mundo mejor.

Por estas razones, desde este pequeño espacio hago un llamado a los partidos políticos, gremios, movimientos sociales, grupos de opinión, personalidades, dirigentes sociales…todos erramos es hora de enmendar.

Construir un proyecto político de cambio real y sincero, que lo llevemos a todas las comunidades, sin egoísmos, sin exclusión, que genere esperanza en los venezolanos y cambiemos juntos esta tragedia.

A los inmediatistas, línea pensante, como la llama Luis Vicente León, les digo: no es mañana, ni pasado, hay que trabajar, no se puede hacer desde la comodidad de unas estructuras vacías, ni desde las redes.

Esto necesita de un gran esfuerzo y desprendimiento de todos.

Carlotasc@gmail.com

@carlotasalazar

 2 min


Alí Rafael Primera Rosell, de negra cabellera, ojos pardos, sensible y tenaz, de signo Escorpión y nacido un 31 de noviembre de 1942. Un día nos contó que su primer contacto con la música lo tuvo en el vientre de su madre, y que su primer recuerdo de infancia le quedo del campo, con una mata de semeruco que acaba de dar sus frutos.

Hoy quisiéramos hablar de nuestro Ali, el cantor, el poeta y su clavel rojo, pero dejemos que sea él mismo quien nos exprese, no solo su canto, sino sus reflexiones, ahora tomadas de sus propios escritos, compilados y condesado en su libro “No solo de vida vive el hombre”.

Allí el otro Ali, el fajador por sus ideales políticos, nos narra cómo en una oportunidad estando preso junto a un grupo de estudiante de la UCV, pudo constatar algo que lo marcaría para toda su vida: “la música cuando se pone a cabalgar en ella versos, donde el protagonista es el hombre hecho combate, cuando el amor que se nombra ya no es tan solo el individual, sino el amor solidario por todos los seres humanos, cuando el verso además de divertir proporciona elementos reflexivos, la canción se convierte en un arma popular”.

Alí Primera, solía decir que era revolucionario y cristiano, por eso hizo de esa fe militante su credo: “Creo en el canto, porque mi pueblo ha sobrevivido cantando, siempre. Creo en el canto, para que no nos llenen de silencios la esperanza. Creo en el canto, porque siempre ha navegado en las venas de esta tierra. Creo en el canto, por la necesidad de multiplicar y hacer inmenso el grito de los humildes. Creo en el canto todo luminoso y solidario”.

Nos cuenta Ali, que su primera canción la escribió estando preso en la temible Digepol, policía política del gobierno, y la tituló Humanidad: "humanidad, humanidad, hay motivos de alegrías, pero de tristezas hay muchos más. Pobre del niñito de la calle que sonriendo su carita pide una lochita para comer pan”.

¡No solo de vida vive el hombre! fue uno de sus acostumbrados remitidos. En él, nuestro cantor se expresa tal como fue en toda su existencia: “Siempre he enfrentado la vida con profundo agradecimiento de estarla viviendo. Contento de ejercer con plenitud y honestidad la hermosa tarea de poner en función del hombre y su combate, la canción que aprendí entre cantos de pájaros, los golpes de escardilla sobre la tierra seca, y la roja y silvestre cosecha de los semerucos, en mi amada Península de Paraguaná”.

Así era Ali, el del alma nacional, venezolano como el que más, y Paraguanero.

 2 min


La perplejidad parece inhibir respuestas claras ante el evento electoral convocado para abril. A pesar de estar groseramente adulterado con trampas y ventajismos descarados, no deja de sembrar desconcierto en fuerzas que han apostado por una salida electoral. Pero no podemos seguir con esta indefinición. Cabe, al respecto, una perspectiva estratégica sobre las implicaciones o consecuencias de participar o no. Donde no puede haber confusión es en el objetivo, sacar cuanto antes a las mafias que han secuestrado al país, con el menor costo posible en vidas humanas. Ello lleva a inquirir, cómo un régimen tan dañino para el país, tan inepto y tan cruel con sus ciudadanos, se mantiene TODAVÍA. ¿Cómo se sostiene, si tiene el rechazo del 80% o más de los venezolanos?

Conócete a ti mismo y conoce a tu enemigo y en cien batallas nunca serás derrotado"

-Sun Tzu, circa 500 ac.

Dos son los pilares que apoyan a Maduro: una secta fanática minoritaria, envenenada contra el resto de la población, y una jerarquía militar en control aparente de la fuerza armada. La secta quedó de su política de huir hacia adelante en la medida en que se le complicaban las cosas y disminuía su apoyo político. Es una colectividad que ha suplantado la vida con simbolismos que dibujan una realidad maniquea, en la cual ellos son los buenos y todos los demás, malos. Y asumen ello con una postura de superioridad moral para blindarse contra todo cuestionamiento. Si bien es cierto que contingentes minoritarios fanatizados han demostrado ser capaces de imponer sus designios sobre las mayorías – valgan las experiencias, bolchevique, nazi, del islamismo radical—lo han hecho encerrándose sobre sí mismos y cercenando sus posibilidades de permanecer en el poder que no fuesen por la aplicación del terror y la violencia. Es éste su Talón de Aquiles, pues destroza los mecanismos institucionales que permitirían perpetuarse por medios consensuados, convirtiéndose en rehén de las fuerzas armadas.

A la cúpula castrense se le ha entregado buena parte de la economía nacional1 y se ha puesto a militares “donde haiga”, concediéndoles el monopolio de la importación de alimentos y medicamentos con dólares preferenciales y el “custodio” de fronteras a través de las cuales se transan los negocios más lucrativas imaginables. Como guardianes del cumplimiento de leyes punitivas, se les facilita la extorsión y confiscación de comerciantes y productores. La cúpula militar ha sido comprada y hoy es cómplice – principalísima—del sistema de expoliación implantado. Pero se le baña con una retórica ideológica que la retrata de heredera de Bolívar, defensora del “pueblo”, de manera de poder reprimir sin cargo de culpa, pues el objeto de sus descargas --aun siendo por mucho la mayoría de la población-- no es “pueblo”.

Al apoyarse en tales mecanismos, las mafias que secuestraron al país han roto con el juego democrático y con todo entendimiento con fuerzas opositoras que no sea sobre la base de su entrega y sumisión total. Como todo fascismo, Maduro y sus cómplices apuestan a la conflagración final: o se imponen definitivamente o son derrotados, arriesgando perder sus fortunas mal habidas y largos años de presidio.

Estamos enfrentados a un juego suma-cero que será dirimido cuando la acumulación de fuerzas permita “quebrar” al adversario: no hay término medio ni convivencia posible. En el campo político, la correlación está a nuestro favor –potencialmente. En el campo militar sale favorecida, hasta ahora, la oligarquía chavo-madurista. Este es el contexto desde el cual preguntarse si se debe acudir o no a estas elecciones.

¿Contribuye a incrementar nuestras fuerzas y/o a reducir las del fascismo? Veamos.

Partiendo de que Maduro convocó estas elecciones con las condiciones que asegurasen su victoria, ¿podemos participar de manera de incrementar nuestra fuerza política, movilizando a la gente y denunciando las marramuncias cometidas para visibilizar aún más las costuras del régimen? ¿Se cuenta con la credibilidad y la confianza para acometer esta tarea? ¿Disponemos de un proyecto país claramente formulado que sea asumido como propio por la gente? ¿Existe un líder (o varios) en condiciones de galvanizar una fuerza electoral tan contundente que obligue al régimen a darle el palo a la lámpara para ganar? ¿Se tiene la capacidad organizativa para movilizar al país y poner claramente al descubierto la trampa para sacarle provecho políticamente? De no tenerse respuestas favorables, incluyendo la capacidad de materializarlas en tan poco tiempo, no puede esperarse que el rechazo abrumador a Maduro se convierta en visible mayoría política-electoral. El fascismo habrá ganado puntos realizando unos comicios con la anuencia de fuerzas opositoras desasistidas de un plan “B”.

La huida hacia adelante del Madurismo, creando la asamblea constituyente fraudulenta y luego haciendo que ésta convocase a elecciones trampeadas representó errores graves. Con ello se echó encima la opinión pública nacional e internacional, y le aplicaron severas sanciones. Pero las fuerzas democráticas del país no supieron cobrárselos. Sentadas, creían estar ganando un juego de ajedrez, cuando el fascismo “jugaba” artes marciales mixtas. Como no tenía cómo hacer valer la propiedad excluyente y exclusiva sobre un botín (Venezuela) que reclama suyo --al quedar en minoría--, tiró la parada de la constituyente. En torno a ella se juega el futuro del país. Ya controla elecciones, juramenta a electos, aprueba presupuestos y créditos adicionales, y hasta dicta leyes “constituyentes” que pretende ser cumplidas (¡¡!!). Encima, anuncia la alteración de la estructura del Estado a favor de la dictadura, redactando una nueva constitución. Su existencia asegura la confiscación de la soberanía popular, no sólo para expresar su voluntad en los comicios, sino para estar representada en la Asamblea Nacional. Ésta tiene sus días contados de lograr el fascismo consolidar y “legitimar” semejante esperpento.

La tarea inmediata es la de rescatar la confianza de la población capaz de capitalizar el enorme rechazo a Maduro. Ésta no se logra con ilusiones de un triunfo político o moral en el fraude electoral en ciernes que no estamos en capacidad de cosechar. Pero éste debe ser aprovechado para movilizar a la gente en la denuncia de la constituyente, de la pavorosa situación actual y de las trampa-elecciones. La posibilidad de que ello contribuya a resquebrajar el sostén de la dictadura descansa en cuatro factores:

1) Que sepamos recoger las angustias y arrecheras de la gente por la terrible situación que está padeciendo y transformarlas en una poderosa fuerza impugnadora del orden actual;

2) Que hagamos conocer, de forma sencilla, entendible y consensuada, los lineamientos básicos del proyecto alternativo de país que ofrecemos y que ya existe;

3) Que nos apoyemos en lo anterior para fortalecer la campaña en defensa del orden constitucional y

de elecciones como deben ser, con todas las garantías pertinentes.

4) Que proyectemos de manera clara, abierta y directa una política hacia los militares, alertándolos sobre las consecuencias para la institución y para sus personas de continuar apoyando la dictadura.

Es menester acumular la fuerza decisiva para el empujón final. A la oligarquía militar-civil se le ha puesto el piso chiquitico. Les han confiscado propiedades, no pueden viajar, el apoyo de Rusia es demasiado distante y el resto de los países de importancia para la región los repudia. Hay descontento en la fuerza armada y se agudiza la pelea interna por las migajas. No le sigamos haciendo el juego.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

1 Ver https://www.analitica.com/opinion/la-gran-componenda-criminal-el-reparto-de-venezuela-entre- cupulas-militares-y-revolucionarias/

 5 min


Roberto Casanova

Al menos cuatro principios estratégicos deben estar claros ya entre los demócratas que perseveramos en nuestra oposición al régimen que destruye al país. Primero, los venezolanos estamos inmersos en un histórico conflicto de poderes de escala internacional. Segundo, la minoría gobernante no abandonará el poder democráticamente sino en medio de una crisis política. Tercero, los demócratas debemos aprovechar cada coyuntura electoral para propiciar una crisis política. Cuarto, no podemos saber cuál crisis expulsará finalmente a la minoría gobernante del poder, aunque sí sabemos que sin presión, nacional e internacional, ello no ocurrirá. Debemos, en síntesis, pensar estratégicamente y actuar en cada coyuntura, como la planteada por la elección presidencial convocada por la dictadura.

1- Es inútil tener un candidato opositor “por si acaso”.

Varios dirigentes políticos defienden la idea de participar en la elección presidencial convocada por la dictadura. Claudio Fermín, por ejemplo, sostiene que debemos aumentar la presión para que el régimen mejore las condiciones electorales y organizarnos para garantizar la participación masiva de la mayoría que somos. “Vamos a ir a votar, no para convalidar la trampa, sino para derrotar la trampa”, afirma ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/10/claudio-fermin-presento-sus-ideas-de-gobierno-por-presidenciales/ ). Ello supone, desde luego, contar con un candidato pues ¿qué pasaría si no lo tuviésemos? Que la dictadura cedería en algunas de las condiciones que exigimos y, sin embargo, no sería de ningún provecho para los sectores opositores por no haber inscrito a un candidato.

El punto, sin embargo, es que si la oposición inscribe un candidato con potencial para vencer la dictadura simplemente hará lo necesario para que eso no ocurra. Si la abstención es alta, como es de esperar, esa tarea le resultará más sencilla. El escenario más probable, sin embargo, es que la oposición se divida entra quienes participarán y quienes no lo harán. El o los candidatos opositores que participen serán entonces fácilmente derrotados. Maduro ganará en cualquier caso y la oposición, escindida y desprestigiada, enviará una señal equívoca a la comunidad de gobiernos democráticos que la apoyan.

Es de suponer que Claudio, como político experimentado, entiende claramente esto. Frente a estas críticas, sin embargo, ha argumentado que no podemos cruzarnos de brazos y se pregunta: si no participamos ¿qué haremos el día después? Y este es un buen punto.

2- Luchar por las condiciones electorales es luchar contra la dictadura.

Trino Márquez plantea que los demócratas debemos centrarnos en la lucha por condiciones electorales y que si no logramos tener éxito en dicha lucha no debemos participar en el próximo evento electoral ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/14/elecciones-con-esas-condiciones-no-por-trino-marquez/ ). Difiere entonces de posiciones como las de Claudio, aunque no asume una posición abstencionista sin retorno pues, en su opinión, si las condiciones mejoran sustantivamente la participación tendría sentido. Al fin y al cabo la mayoría del país rechaza al régimen y debe aprovecharse cualquier oportunidad para que la opinión de esa mayoría se exprese.

Comparto con Trino que “a estas alturas, ya no es suficiente contar con un candidato de unidad, un programa de gobierno y una estructura organizativa bien engranada para ganarle a un gobierno, ciertamente impopular y nefasto, pero que ha transformado las elecciones en una forma eficaz de prostituir la democracia y el voto”. Participar implica perder. Y no solo una elección sino también la poca credibilidad del liderazgo opositor, al tiempo que desalinearnos de la estrategia adoptada por un creciente número de gobiernos democráticos. No participar, en cambio, puede convertirse en un hito en nuestra lucha por la integridad electoral. Maduro podrá ganar esta en esta farsa pero deberá pagar el mayor costo posible, abriéndose entonces escenarios que, eventualmente, lo desalojarían del poder.

La coyuntura electoral debe convertirse pues en una crisis política.

3- Un día de protesta pacífica y descentralizada.

Muchos hablan de la abstención activa aunque en este momento no sabemos, con claridad, en qué consistirá tal cosa. Esta es una tarea pendiente para el liderazgo.

Es claro que no participar no significa permanecer en nuestras casas. Pero tampoco significa salir a las calles, en marchas masivas, para ser otra vez víctimas de la represión de un régimen sin alma. De las duras y gloriosas jornadas de protestas del año pasado aprendimos cuáles son las tácticas de protesta más eficientes y de menor riesgo ante fuerzas criminales. Podemos sacar el coraje necesario, durante ese día, para enviar un mensaje categórico a la dictadura y al mundo.

Pero debemos estar claros: la reelección del dictador, aunque empañada, ocurrirá. Si no definimos entonces los siguientes pasos de nuestra lucha el efecto que ese hecho generará puede ser una nueva y profunda frustración. Justamente lo que espera el régimen.

4- Una elección alternativa al margen del CNE

Los demócratas debemos reencontrarnos. La complejidad de estos tiempos, la desconfianza entre nosotros, los errores sin responsables, la tarea de socavamiento de la dictadura nos han debilitado. Debemos hallar la manera de diseñar y ejecutar una maniobra estratégica que nos sirva para renovar la dirección política y para motivarnos.

En otro artículo he desarrollado la idea, impulsada por varios grupos ciudadanos, de realizar una elección al margen del actual CNE. ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/02/roberto-casanova-un-presidente-rebelde/). Esa elección constituiría un acto de rebeldía democrática del cual surgiría un “Presidente rebelde” o, para ser precisos, un líder opositor con amplio apoyo político.

La formidable experiencia de la consulta ciudadana del 16 de julio del 2017 nos demostró que somos capaces de organizarnos masivamente, dentro y fuera del país, en poco tiempo, para decidir sobre asuntos colectivos. Aunque sabemos que ello no fue suficiente pues las expectativas y agendas de ciudadanos y líderes no estuvieron realmente alineadas. El líder que elijamos democráticamente y el equipo que le acompañará tendrán entonces, entre otras cosas, la responsabilidad vital de unificar nuestros esfuerzos.

Podemos organizar una elección modélica: con voto manual, con observación internacional, con auditorías transparentes. Incluso con una doble vuelta instantánea (en la cual el votante ordena a varios candidatos, dos o tres, de acuerdo con sus preferencias, de más preferido a menos preferido). Ciudadanos inspirados y organizados, nacional e internacionalmente, podemos dar, de nuevo, una muestra memorable de vocación democrática.

Carmen Beatriz Fernández comparte el planteamiento y define esta elección alternativa como una “maqueta” para escoger al líder de la oposición. ( https://www.lapatilla.com/site/2018/02/09/la-maqueta-de-la-democracia-venezolana-una-replica-a-roberto-casanova-por-carmenbeat/ ). Argumenta, en tal sentido, con cierta razón, que la idea de un “Presidente rebelde” puede ser contraproducente. De su artículo se deriva, sin embargo, que esa elección alternativa podría ocurrir antes de la elección del 22 de abril y que participar o no en ésta última sería un asunto secundario. Pienso que concebida así la propuesta pierde fuerza porque se trata, insisto, de un acto de rebeldía democrática derivado de nuestro rechazo a la elección dictatorial. Es una opción para el día después.

5- La elección alternativa puede ser también una oportunidad para reinventar a la oposición.

La idea de crear un “frente” para enfrentar nuestros diversos desafíos aparece de nuevo en el debate público. La lucha en contra de la dictadura, la articulación de la protesta social, la atención a la emergencia humanitaria, la preparación de la estrategia nacional de reconstrucción y desarrollo exigen un esquema organizativo diferente al que hemos tenido hasta ahora. Hace poco más de un año ofrecí algunas ideas con respecto a la necesaria reinvención de la oposición. ( http://historico.prodavinci.com/blogs/oposicion-reinventada-por-roberto-casanova/ ), ideas que me permito resumir con algunos cambios.

La Mesa de la Unidad Democrática es, por diseño, una instancia político-electoral que ha operado según una lógica definitoria: dar forma y ejecutar acuerdos político-electorales. Sus decisiones en otros ámbitos están, inevitablemente, mediadas por cálculos partidistas. Y esto no es bueno ni malo: cada sistema tiene su razón de ser, su lógica. Pero es indiscutible que la MUD —como instancia político-electoral, insisto— no ha estado a la altura de nuestros otros desafíos.

El problema surge cuando se pretende que un sistema sirva a un propósito distinto al que lo define. Luego, nuestros otros desafíos requieren otros esquemas y otros participantes. La MUD debe dar paso al MUD. La Mesa debe convertirse en parte de un Movimiento de Unidad Democrática. No siempre evolucionar consiste en destruir para crear. En ocasiones evolucionar supone incluir para trascender. Nuestro reto no es acabar con la Mesa sino diseñar otras instancias, otros sistemas funcionales que atiendan a procesos que la Mesa, dada su naturaleza, no puede liderar.

La acción opositora debería contar pues con tres instancias, cada una con un ámbito de acción propio, aunque articuladas: 1) Procesos político-electorales, 2) Movilización social y Emergencia Humanitaria y, 3) Estrategia Nacional de Reconstrucción y Desarrollo. Estas tres instancias conformarían el Movimiento de Unidad Democrática (MUD).

Demás está decir que este esquema prefigurará a un futuro gobierno de Unidad Nacional. Uno que deberá surgir si la coyuntura electoral evoluciona hacia una crisis política definitiva.

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